Me había quedado dormido en el sofá con Mimi y me desperté diciendo esa embarazosa frase. Felizmente no despertó. ¿Cuántas horas habrían pasado? Ya era oscuro y no tenía mi celular a la mano. De repente me pareció que la casa estaba más tenebrosa que de costumbre. Mamá nos había dejado unas galletas y magdalenas en la mesita, y un peligroso y sospechoso jugo surtido. “¿Qué le habrá puesto esta vez?” me pregunté somnoliento y la sed no pudo impedir que me lo tomara todo. Miraba dormir a Mimi totalmente despeinada, roncando cada siete minutos. Le decía cosas al oído y sonreía entre sueños.
- No quiero ir al colegio, mami…
.jpg)






