Siento algo extraño cuando la veo pasar, cuando la veo partir, con su abrigo largo, oscuro. Su caminar es mucho más pesado que el mío o del de cualquier persona que recuerde, sin embargo, se ve elegante, emocionada con algún secreto en su mente. Yo solo la veo partir o caminar de acá para allá. Si lograra arrancarle alguna palabra dirigida solo a mí sería, sin duda, el antídoto al veneno lento de su existencia. Sí, es ella y cuando se va siento que no quiero continuar el día. Solo espero que lento, muy lento, no pase el tiempo. No me quiero despedir.
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