Hace algún tiempo atrás caminamos juntos un momento y me dio palmaditas en la espalda. Sus manos se sintieron cálidas y aquella extraña sonrisa somnolienta conquistó mi corazón. Pensé que rodearía mis hombros con sus brazos, pero eso no sucedió, aunque pensé que casi. Me gusta cuando se ríe y me lanza miradas inquisidoras cuando cree que no me doy cuenta. Aún así, es un tanto extraño sentir su presencia. Es como si quisiera estar donde esa persona está, como si quisiera hacer las cosas que esa persona hace, reír, sonreír, pensar y hablar por teléfono a escondidas y sin quererlo.
Leer más »