El pícaro pez del lago. Aquél que siempre sonreía maliciosamente, como ocultando algo en sus acciones, con una mirada como invitando a los demás a adivinar qué trama. El pícaro pez del lago no tenía nada entre manos (o aletas), solo la conciencia de los demás le otorgaban culpa o temor a algo sin concluir. Pero el pícaro pez del lago sentía que algo realmente grande iba a ocurrir ahí, porque siempre, cuando menos lo espera el mundo, algo ocurre y alguien (o algo) se convierte en héroe. Porque así es el mundo, así es la vida. Ah, mundo mundo.
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