Brenda tenía el pelo largo largo y negro. Le molestaba mucho su cerquillo porque yo la veía acomodárselo todo el día a través de las dos ventanas que nos separaban. Ella era muy callada y tenía muchas amigas que eran bulliciosas. Sonreía siempre, sonreía mucho y, cuando estaba seria, también parecía que sonreía como si recordara algo feliz o bonito o de colores. Brenda vivía en un mundo mágico dentro de su mente y sus ojos, cansados por las malas noches de insomnio, siempre podrían ofrecer una sonrisa sincera. Cuando yo me di cuenta que Brenda era tan linda, ya era demasiado tarde: ya solo pensaba en ella al llegar a mi casa, en ella y en su pelo largo largo y negro. Yo quería acariciarlo alguna vez pero eso podría ser algo problemático en esa edad. Ella era bonita.
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