
Archivos de junio,2008
Yuki
junio 27, 2008
Yuki tiene una extraña manía, muy parecida a la mía, por las mañanas. Bosteza con los brazos estirados hacia arriba, se lava la cara y hace unas morisquetas graciosas, molesto, cara de idiota, cara de dolor y mirada de modelo de Saga Falabella. En ese orden. Muy parecido a mis hábitos frente al espejo, solo que yo a veces estiro mi cuello y muestro los dientes, me paro el pelo. Aún era verano, con dos amigas más nos fuimos lejos de casa. Nunca había pensado en Yuna cuando me voy a viaje, solo una vez, pero ya no me acuerdo. Escondía perfectamente mis ganas de dormir en una sonrisa y en mi faceta de extraversión que hace que nadie me haga preguntas serias. Quise escribir algo y Yuki me interrumpió.

Mi primer Invierno
junio 22, 2008
El otoño pasó algo rápido, como Junio y como ese extraño viento que a veces se encontraba con mi melancolía. Es tan romántico, el otoño. Como un piano triste cuando estás buscando algunos suspiros en el aire. El invierno es parecido en donde vivo. Gris, llovizna y una luna que no se deja ver muy seguido, como si me dijera “jeje, espérame tres meses más”, pero no es otoño porque no está ese manto que se encuentra entre todas las personas que caminan en la calle. En otoño tal vez se añora el verano, pero en invierno se anhela la primavera. Y como en otoño yo me enamoré por primera vez, pues me imagino que es mi estación favorita. En todo caso, para mí el invierno tiene otro significado.

Labios de línea recta
junio 18, 2008
Me despertó ese frío que se mete en la cama cuando no se cubren bien los hombros cuando se duerme, helándome las manos poco a poco y, a manera de conversación, empecé a pensar en voz alta algunas cosas que había recordado de la caminata del día anterior. Antes de dormir, recordaba, me había hecho “rollo” con la frazada y me preguntaba cuando finalmente podría dirigirle la palabra a esa persona. Siempre estaba sentada con un aire afligido, hablando por teléfono con esa hermosa posición que, cuando contesta, mira hacia el piso dejando que su cabello lacio cubra su rostro, sin saberlo, ante la secreta mirada de reojo mía a través de la puerta entreabierta. Es sumamente seria y callada, pero cuando sonríe se siente como si me envolviera una canción y cuando habla, su voz discreta me hace querer escucharla diariamente.

Diálogo en la terraza 3: Yuki
junio 16, 2008
Me había convertido, sin querer, en una especie de gran pared en la cual ella podía apoyarse cuando deseara y, multicolor a veces, monocromática casi siempre, pensaba día y noche si aquello era bueno o malo, ya que podría estar cerca de ella – solo cuando a ella se le antojara – pero, por otro lado, imposibilitado de si quiera dirigirle la palabra, hacerme escuchar, hacerme ver. Por unos días más viví en posición fetal al lado de su sitio en la almohada y en el desvanecerse lento pero seguro del perfume que yo tanto odiaba. Sus ojos me habían tenido sin cuidado ya demasiado, así que opté, sin ganas, a buscar otros. No hay nada más sincero con uno mismo que decidirse abandonarlo todo por encontrar si quiera un refugio momentáneo y fue así como sus contadas canas fueron perdiendo su lugar en mi mente.

La persona más especial
junio 07, 2008
Fue una conversación secreta, la del otro día, pero muy agradable. Empezaba a pensar que aunque el tiempo pase y las sonrisas jóvenes se conviertan poco a poco en expresiones desgastadas, era siempre un momento hermoso encontrarse con alguien muy querido. Aquella vez pude notar un ligero cambio en la manera en cómo me miraba. Esos ojos ya no estaban llenos de energía sino a medio abrir, así como añorando mi viejo “yo” o tal vez, pensando un poco en positivo, ilusionando mi nueva vida y preguntándose si “ahora, tal vez”. Tenía ganas de decirle algo como “he cambiado, pero sigo siendo el mismo”. Lo hice y me sonrió, quizá la alivié y la conforté con mis palabras, coloqué mi mente en su brazo y pude recordar ese aroma que tanto me encanta de ella.
Dedicado a “Luna”… mi luna, mi luna.
Dedicado a “Luna”… mi luna, mi luna.

Diálogo en la terraza 2
junio 02, 2008
Ayer sí que hizo frío en la terraza. Hablemos en pasado, es más interesante, suena como si ya no se pudiera cambiar nada en este relato, sin embargo, es como si lo que ya ha pasado fuera acomodándose a nuestras mentes patéticas y hambrientas de más soledad. Otra cosa interesante de hablar en pasado es que simplemente podemos pensar aún más en las cosas que ya dijimos y no atormentarnos, como a veces les pasa a los humanos, con las cosas que estamos a punto de decir. Ayer fue deliciosamente gris, pero el frío provino de otro lugar. Tal vez de las palabras, de las voces o tal vez de lo que se escapó de la libertad, quedándose encerrado en nuestras mentes. Compartamos entonces, hoy, todo aquello.









