
Archivos de febrero,2008
Frutas del campo
febrero 29, 2008
Despertar y tomar el desayuno. Bostezar lentamente con la boca abierta porque nadie me ve mientras la piel se pone como de gallina por la pequeña brisa que entra por la ventana entreabierta. El olor de mar entraba y el sueño volvía así que, con un poco de pereza y mucha libertad, me dejé caer sobre la almohada como un peso muerto y caí en un verde césped. El cambio de aire me terminó de despertar. Abriendo los ojos y tocando el suelo con los brazos, sentía nada más que fresco y un aroma hipnotizante de frutas del campo. De pie y mirando el cielo, diferente, un paso adelante y uno más.


La persona para mí (IV)
febrero 26, 2008
La veía mirar la hora pacíficamente, mientras acomodaba su cabello. Parecía molestarle la vista y, sin embargo, sonrisas y más sonrisas. Aquella vez yo la observaba en secreto mientras alguien me preguntó algo acerca de ella. Mi respuesta distraída atrajo su atención y me dijo con la mirada “Ay, Taka” y yo pensaba en que mejor hubiera sido si ese día yo hubiera permanecido en silencio. En silencio y a su lado, enamorándome con cada respiro, con cada palabra no dirigida a mí. Pero no. Mejor no. Todo estaba bien. Así, yo me sonreía mientras la miraba luego en silencio, diciéndome: “Ay, Taka”.

Pensamientos en borrador
febrero 22, 2008
Un “te amo” hizo que la tarde se congelara y mientras las miradas de ambos estaban suspendidas en un a punto de decir algo, el grillo hizo ese ruido gracioso y un mosquito picó en el brazo. Y es que cuando miras a los ojos a alguien que tú quieres y de repente sientes (no “crees”) que tus metas, tus anhelos y tus más personales planes están tan solo a la vuelta de la esquina, es porque de alguna u otra forma sabes que el destino está próximo y las más cálidas expresiones te serán devueltas, sobre todo, cuando llegue el siguiente día. El “te amo” sostuvo el tiempo y me hizo recordar cosas que yo antes había contado en historias que alguna vez yo etiqueté, con ayuda de Chii, como “la persona para mí”.

Examen
febrero 18, 2008
Las letras y las palabras se inclinaban más, más, más y más sobre el papel y mientras ella finalizaba su carta de amor, pensaba “muero de sueño”. Las letras y palabras dejaron de ser lo que son para convertirse en simples líneas curvas de carbón y ella durmió con la esperanza de despertar muy temprano al día siguiente, para estudiar un poco más antes de la mañana. Pero… la imagen de él no la dejaba pensar mucho. Su sonrisa y el calor de su brazo cuando lo ofrecía al momento de caminar. “No, no, es su colonia, ese aroma...” y durmió luego de dibujar sonrisas con lo ojos cerrados.

El secreto del camino
febrero 12, 2008
Miraba mientras habías volteado. Te miraba porque te vi un momento, sin dejar de pensar que tan solo… era un espejismo en el camino. Y tú no me veías. A veces, soy un secreto y, a veces, tan solo un fantasma. Nadie puede saber lo que estoy pensando realmente pues confundo, entre risas e ideas sin sentido. Despisto, pues pienso que hay muchas cosas que si salieran de mi mente, causarían un gran desbalance en el mundo, destruyendo todo orden del que se ha escrito y puesto en “reglas”. Por eso te miraba. Te miraba porque te vi tan silenciosa que pensé: “Tal vez haya algo que ella quiere decir… y yo quiero ser el que escuche”. Nadie me vio y nadie lo supo pero… yo di un paso hacia donde estabas tú y la tierra empezó a temblar.

Un regalo inesperado
febrero 06, 2008
Abrió la caja y ¡oh sorpresa! No había nada. Solo el papel lustre arrugado por las manos de una señorita malgeniada que envolvió la nada, preguntándose tal vez “¿por qué?” o pensando “hombres… hombres… son unos tontos, no saben nada”. Yo la miraba mientras me daba risa. Siguió perfectamente mis instrucciones: “Quiero esa bolsa de papel y ese color de papel lustre. Sí, ése. Gracias. Ahora has como si envolvieras un regalo pequeño y véndeme la caja”. Me preguntó si hablaba en serio. “Siempre hablo en serio, señorita”. Me miró y pensaba “hombres… no saben nada”. Yo me reía porque seguramente ella jamás le había envuelto un regalo a un hombre de verdad. Porque un hombre de verdad nunca hace que su mujer suspire: “Hombres…”









