Estiré mi mano hacia el resplandor, sabía que alguien estaba ahí, alguien a quien yo quería tener para mí. Encontré una mano entre mis dedos. La tomé y simplemente jalé con fuerzas, pero tiernamente. Apareció su rostro y sus brazos rápidamente se aferraron a mi cuello. “¡No me sueltes, por favor!” me dijo. ¿Cómo podría? No dije nada y la traje de vuelta a este mundo. Tenía lastimadas las rodillas, así que la cargué y empecé a caminar, no recuerdo hacia dónde ni por qué. En el camino empezamos a hablar otra vez.
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