16/03/10, 14:44 Almuerzo
Hoy comí en principio sóla. Lo lamenté en un inicio porque necesitaba escribir y vivenciar. Deseé que las sillas removidas me dieran el espacio para invitar a alguien a mover una silla. Diez minutos después, mientras me preguntaba que haría más tarde sucedió: un muchacho joven, quizás de mi misma edad, interrumpió mis ideas y con una sonrisa grácil me preguntó si podía sentarse conmigo. Asentí con una sonrisa curtida, moví los libros que traía de lado, pero él se movió en dirección contraria, así que tuve que regresarlos a donde estaban. Tenía una sonrisa como hace mucho no había, la clase de sonrisa que me prendaba a los quince o dieciséis años, mientras recorría el centro de Lima para poder estudiar. Tenía pecas salpicadas en ambas mejillas, las suficientes como para hacer sus gestos temiblemente encantadores. Su rostro pulido de blanco, cabello marrón: sí, el prototipo que abandoné de mis gustos al recién ingresar a la universidad porque me distraje en diversos personajes de quienes hoy sólo me agarra el recuerdo.
Luego él se retiró, hizo un gesto que me dió a entender que necesitaba atención, y con la comida en la mano regresó a la mesa. Me mencionó cosas inmediatas pero comencé a ganar sus gestos y seguí el ritmo de sus palabras. Jamás me había sentido tan silvestre como para iniciarle conversación alguna a alguien que no conozco de la nada, pero en seguida él sonrió, y fue allí donde le pregunté algo que pensé él no replicaría. En el preciso momento un amigo suyo le dio alcance, se sentó con nosotros y mis esperanzas se poncharon cual globo en el aire (a propósito de la metáfora y de D.), sólo moví mi pelo a un lado y deseé el hiciera algo. Sentí que por dentro mi voz gritaba, entonces volví a girar mi pelo y callé discreta, no sin evitar soplar al aire ideas que gesticulaba con las manos o los labios, como ya dije, en completo silencio.
Me dispuse a arreglar mis cosas y él se percató que me iba. "¿Habrá sido posible que él notáse que yo quería saber su nombre?" - pensé. Su amigo hablaba de gente y semestres, yo iba distraída por pensar de donde podía haberlo conocido. Respondí una llamada, y cuando colgué, con toda la rabia de ser tan estúpidamente tímida, lo miré a los ojos, sostuve la mirada y sólo prorrumpí un vacío y hueco nos vemos a lo que él respondió - chau cuídate.
Las consecuencias de aquel suceso corto me dieron una rara felicidad por dentro. Sé que está aquí también donde yo estudio, sé que puede tener mi edad, y si el destino no es tan terco conmigo, con suerte, además de volver a verlo, podré saberlo sin relacionamiento alguno.
ps. Y si lees esto, muchacho de las pecas y del arroz con lentejas, mi nombre es Rocío, mucho gusto.
Luego él se retiró, hizo un gesto que me dió a entender que necesitaba atención, y con la comida en la mano regresó a la mesa. Me mencionó cosas inmediatas pero comencé a ganar sus gestos y seguí el ritmo de sus palabras. Jamás me había sentido tan silvestre como para iniciarle conversación alguna a alguien que no conozco de la nada, pero en seguida él sonrió, y fue allí donde le pregunté algo que pensé él no replicaría. En el preciso momento un amigo suyo le dio alcance, se sentó con nosotros y mis esperanzas se poncharon cual globo en el aire (a propósito de la metáfora y de D.), sólo moví mi pelo a un lado y deseé el hiciera algo. Sentí que por dentro mi voz gritaba, entonces volví a girar mi pelo y callé discreta, no sin evitar soplar al aire ideas que gesticulaba con las manos o los labios, como ya dije, en completo silencio.
Me dispuse a arreglar mis cosas y él se percató que me iba. "¿Habrá sido posible que él notáse que yo quería saber su nombre?" - pensé. Su amigo hablaba de gente y semestres, yo iba distraída por pensar de donde podía haberlo conocido. Respondí una llamada, y cuando colgué, con toda la rabia de ser tan estúpidamente tímida, lo miré a los ojos, sostuve la mirada y sólo prorrumpí un vacío y hueco nos vemos a lo que él respondió - chau cuídate.
Las consecuencias de aquel suceso corto me dieron una rara felicidad por dentro. Sé que está aquí también donde yo estudio, sé que puede tener mi edad, y si el destino no es tan terco conmigo, con suerte, además de volver a verlo, podré saberlo sin relacionamiento alguno.
ps. Y si lees esto, muchacho de las pecas y del arroz con lentejas, mi nombre es Rocío, mucho gusto.







