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Categoría: Ellos y yo
Publicado por: rore
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Hoy he tomado un vaso de agua gigante. Son casi las tres de la mañana y todo lo que escucho es el eco de la noche aunado a mis pensamientos con sigilo. Recuerdo esta noche como única: recuerdo la orquesta planeada allí afuera, la carta escrita a puño y letra, las flores en su oficina, la caja de chocolates, la cena de lujo, sus amigos al lado, y luego la noche mía y suya al lado del mar, celebrando el año número veintiocho en su vida. Un pequeño pastel contendría un mensaje corto y exacto: Feliz cumpleaños...Sonreí ante la avalancha de recuerdos y escribí un par de capítulos cortos en el pequeño libro que preparo, a la vez que el sueño consumía mi cariño con cosas diversas sucediéndose por doquier. El rubro de mi libro marchaba seguro: una historia sobre Jack, pequeño hombre que pasaba su tiempo abriendo ventanas por doquier. Construía puentes y cosía ropa. Cocinaba con fuego y con inventiva. Al final de esa historia Jack inventa un par de alas, y se pierde en lo alto del infinito cielo para nunca más regresar.

Lo cierto es que podía recordar su risa confundida, y ese silencio que inundaba la vida de sosiego, mientras el vivía parte de ella misma conmigo. Soñé tanto y tan en voz alta que las cosas volaron ligeras.

Este diciembre está por irse y pienso encontrar al hombre que escribe en dirección opuesta a la mía...

Ojalá tuviera tantas cosas más cerca, siempre con un vino de lado, con un sitio por recordar, una canción por escuchar y un recuerdo por sentir...

CD

Discos que compré desde noviembre, esperando aquel catorce de diciembre que terminó de irse ligero


ps. y los sueños, sueños son.

01/03/10, 00:45 Voz y Sueño

Categoría: Ellos y yo
Publicado por: rore
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En efecto, cuando Ernesto aún estaba aquí, él me dijo que pronto despertaría yo del sueño. Pronto sus manos que empezaban a llenarse de surcos no tomarían el sendero como propio, pronto su voz callada no esbozaría monosílabos por el teléfono. Sus visitas ya no sucederían, su risa no acompañaría la mía y sus ojos de bosque pronto se fundirían en el recuerdo de lo que pude reconocer en su mirada aquellas tardes, mañanas y ocasos en que pude verlos con vida.

Una de las tardes en que fui a estudiar, el teléfono sonó. Escuché su voz y en unos minutos, después de acceder a verlo por una ráfaga de tiempo, su cuerpo delgado y enjuto apareció sentado en los banquitos que cruzaban la puerta de entrada. Había venido de Huancayo. Sonreía como siempre, y a lo lejos pude distinguir como miraba a la gente, esperando encontrarme entre ellos mientras uno a uno, se sucedían los muchachos y muchachas de ese centro.

Sacó de su bolsillo un gorrito pequeño y me lo dio -y cómo me emocioné- pues los regalos (sobre todo los cedidos en incauta sorpresa) siempre han sido mi deleite. Al instante lo puse a mi cabeza, y carcajeamos al ver lo pequeño que era en mí. Aquella tarde la brisa corría fuerte, los primeros vientos de otoño se hacían sentir con fuerza y los carros pasaban rápidos por la avenida. Nos sentamos por un rato, el sol se metía ligero, sus recuerdos quizás asomaron en melancolía extensa, cual siempre. Aquella biblioteca había sido testigo de nuestro primer encuentro hace diez años.. Aquella noche él llevaba una chompa azul gigante que aprisionaba su cuerpo. Yo tenía el pelo largo y las mejillas de acero, por el frío intenso.

Después de unos minutos, decidimos dejar todo e ir a casa. Entró conmigo y comenzó a proferir bromas miles, y encontró en mi risa la adición perfecta. Íbamos por los pabellones sin preocuparnos siquiera de la gente alrededor, diciendo yo cosas miles y enredada en su brazo, él como un chicuelo travieso contrariándome en todo lo posible y caminando a la par, sin deshilvanar el nudo que mi brazo hacía en el suyo propio.

Hizo un par de piruetas. Yo disfruté ver su cuerpo ágil impulsarse en lo alto del pasadizo. Frente a mi salón de clases, me dispuse a sacar mis cuadernos y bolso. Hice todo mirándolo a los ojos, culpándolo de aquella decisión - lo cierto es que estaba yo cansada también, y tenerlo como motivo era un pretexto imposible de abandonar.

Llevó mis cosas mientras el nudo seguía intacto en su otro brazo. Caminamos desde donde salimos. Me así a su cuerpo pues el frío comenzaba a recorrerme inclemente. Mis manos, libres, frías, contaban historias mientras caminábamos. Le dije a Ernesto tengo hambre y después de decirlo tantas veces, él seguía sonriendo.

Camino al restaurante, alguna observación suya en el taxi me molestó. El se reía, y comenzó a frotar mi espalda para intentar calmar mi furia. El rojo me subía intenso, la voz se me iba.

- No te enojes, cuando te enojas , lo haces en serio.. Vamos, era una broma.. ya estás enojada, no? estás muy enojada.. no te enojes..

Y mientras mis mejillas se llenaban de fuego, su mano calmando mi espalda apaciguó la hoguera.

Compramos la comida para llevarla a mi casa. Ernesto no tenía mucho tiempo. Había sido una visita corta pero bienhechora.

Camino a casa, él me contaba de su viaje. De sus ríos, de sus plantas, de su tierra. La Buena Tierra entonces iba tomando forma. Yo sólo sollozaba ligera, no sabía que decirle. Estuvimos un rato más en casa, en aquella tarde que se hacía de noche dolos recuerdos me aprontaron todos. Ernesto era imposible de definir a mis ojos. Pero algo en él que reconocía en todos mis libros y sueños me hacían recordar aquella prosa que escribía cuando recién entraba a la vida.

Ernesto ahora no está, la voz se me corta como hilos profundos. El único hombre que me podría imaginar en soledad... el único hombre que me podría imaginar escribiendo, aquel, ya no está.

Anoche soñé con él y en los brazos llevaba todas las cosas que yo tenía al momento de verlo. Me dijo: está bien, entonces te espero una hora pero nunca llegó esa hora porque desperté, tal y como lo hice la mañana siguiente al saberlo cruzar el mundo.

Una intensa llamarada me prende la vista de emoción. Tiene un libro mío. Yo, sólo llevo un suéter marrón largo, que en algunas noches de frío me cobija y me hace recordar lo extenso de la emoción en el cuerpo y el tiempo.

ps. Carta para ti, recordando el momento exacto en que dijiste "espero que ahora sí escribas de Ernesto en tu blog".

01/03/10, 00:44 Vuelta de tuerca.

Categoría: Ellos y yo
Publicado por: rore
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El dolor en mi espalda había aumentado. Eso ya lo sabía - me dijo.

Sonreímos, el café era fuerte pero había muy poco. Tomó mi mano intempestivamente y no la moví, ruboricé. Caminamos un par de cuadras y el frío del mar en Barranco soplaba fuerte. Mi nariz fría y sus ojos de bosque, inmensos. En ése momento su brazo rodeo mi cuerpo, me así a su lado, y comenzó a relatarme sus sueños en voz alta, como lamentando que yo hubiera estado lejos sin entender yo bien porqué. Extrañaba el olor del mar en La Punta, las mañanas heladas pero con el ruido de las gaviotas chillando en bandadas. Hacia la primera mañana se podía escuchar los propios pasos recorrer las cuadras mojadas de ése vaho musgoso y solitario: las casas de madera lucían opacas y todo alrededor daba un aspecto realmente sabatino a las esquinas: así de eterna era La Punta de mis años mozos.

Al golpe sobre la mesa, desperté de ese sueño y escuché mi nombre. En el palco improvisado (hecho de cartón quizás o algo de papel) había un letrero pequeño que decía PREMIACIÓN. Tenías las manos algo frías, nunca me expuse ante auditorios de más de veinte o treinta personas. Las botas me protegían del frío pero me distraje contando con los dedos de los pies los segundos que faltarían en anunciar mi nombre y me distraje del ensoñamiento de aquellos parajes en donde la última noche, mi mente había antojado de ir.

De pronto una marea de manos hicieron palmas y el silencio cayó cuando aún no estaba ni cerca de los hombres que habían hecho el escrutinio de las rimas y prosas presentadas. Acomodé mi cabello, no sin antes toser pues la saliva recorría mi boca ya seca de tanta impresión ajena. Allí, frente a todos en esas pequeñas gradas, me sentí el ser más pequeño y frío. Ellos no querían a la mujer en vestido, en botas y casaca. No querían ver a la mujer de ojos café - pensé. Quieren a la mujer que les habló de esa misma letra cada segunda mañana de más de un año. Quieren a la mujer para que les cuente como era todo exactamente. Quieren a la mujer que escribió del hombre, en frases diversas y sobre todo, quieren a la mujer que en líneas escritas, en verbos parafraseados y sustantivos inventados, hizo nacer una memoria.

Cuando estuve frente a todos ellos, recorrí la mirada rápida, como queriendo buscarlo.

"Quiero agradecer esta voluntad que me nace de la vida misma, y que sin ella, nada podrían hacer mis manos ni los verbos atados a mi existencia. Quiero dejar esta primera luz abierta en los ojos de quien me acompañó en estas historias y a quien dejé, como dice aquella prosa iel umbral de la puerta aquella noche, sin saber siquiera si debía cruzar aquel destino. Quiero decirles - muy tempranamente- que soy la semilla de mis abuelas y mis padres, la nostalgia de mi sangre mezclada de lenguas y hurtos al pasado, la mano asida a la historia de una mujer que apenas en su treintena de años,(re)juvenece. Soy sólo la mujer vertida en esta vida palíndroma y cartesiana, con su propia vuelta de tuerca. Agradecida de más estoy, sonrojo, y vuelvo a decirles, gracias. El hombre de las rimas y yo encontramos satisfecha la saciedad y rapidez de la fama."

Al instante bajé las gradas. Sostuve mi pelo entre mis manos. El ruido estalló rompiendo el silencio.

Y mi corazón retumbaba..

"...quédate todo el tiempo que quieras, pero huye cuando puedas porque tú eres una mujer de sueños locos que necesita libertad para escribir, vivir y por tanto producir más.."


Me acerqué a estrechar algunas manos, mi discurso improvisado pero esquematizado había resultado. Al instante una pregunta al aire resopló: "Quien es aquel B que es el protagonista de varios de sus cuentos?"

El mismo aire tosió mi serenidad y sonriendo - como las mejores cosas que en esta vida nos dan tanto placer - sólo pronuncié..

- Él aún está aquí conmigo, pero sin mí.

Me reí.

Camino a casa soplaba mis manos para mantenerlas calientes. A lo lejos divisé a B. en lo que pensé era un oasis de sal. No: Era él. Lo vi ausentarse al dar la vuelta a la avenida gigante, que parecía engullirlo. Recordé una noche sentados, él con sus zapatillas blancas, yo con mis zapatos bajos.

La noche era extensa, el diploma lo hice pedazos, cobré el dinero que por ese evento me dieron y lo gasté en un par de libros que empecé a leer desde esta mañana.

ps. "Quédate todo el tiempo que quieras.." - Palabras prestadas al tiempo...

01/03/10, 00:43 Abril en marzo.

Categoría: Ellos y yo
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Llegó a media tarde y despedimos la misma como nunca. No tengo palabras para describirla, pues como él mismo dijo, fue un sueño. Fue un sueño desde que lo vi a media calle y traía escondido bajo el brazo la caja de chocolates diciéndome que son buenos para el corazón, y mientras ponía su chompa verde al hombro puso un beso rápido en mi mejilla. Al igual que hace un año, abril fue el mes que lo vi.

Las horas pasaron y cuando por fin pudimos estar a solas, conversamos lo que estos diez años nos dejaron en el recuerdo. Emocionada, comencé a enseñarle mis libros uno a uno, y la luz se hizo en sus ojos pequeños. Le pedi comprar más libros y el accedió, y reímos al ver nuestra emoción sentida de ambición. De pronto preguntó por mí, por mis ojos, por mi corazón y mis escritos. Yo me puse seria, lo invité a la sala y de pronto olvidé todo lo de antes y viví, tal como dijera envilecido un vagabundo, viví ese único momento.

01/03/10, 00:42 En vilo.

Categoría: Ellos y yo
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......

01/03/10, 00:41 Sueños

Categoría: Ellos y yo
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Quizás han sido cuatro , no lo recuerdo.

El más próximo, el de éste amanecer. Increpé tres o cuatro cosas. Luego tomé la mano de alguien. Luego fui descubierta. El primero: completamente ebrio.

He despertado (o lo vengo haciendo) poco a poco, de una gripe larga, cansina, extensa, profusa. Parte de mis helechos se los ha llevado el viento. Me fui un día de estos al barrio chino y su nombre saltó en eco sobre mi rostro, en la boca de otra mujer.

Y ahora en que con algo de paciencia me enfrenta la rotación del nudo borromeo, la leyenda al pie de página...

- Imágenes: Boris Kozyreff

01/03/10, 00:40 La mujer del espejo

Categoría: Ellos y yo
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En efecto, Cr. había conocido a la mujer de este espejo. A veces,como esta noche, pienso que él fue testigo de lo que hace casi 7 años yo no era. Comenzaba a encaminar mis ideas, escribir en papeles diversos, mi ropa era la necesaria, tenía muchos miedos y estaba llena de deseos por verse concretar. A él le comenzaba a decir sobre mis pequeños planes, los que tomarían más fuerza ya más adelante. En sus ideas comencé también a traslucir desdenes y pasatiempos y no ha sido hasta algunos años después en que volví a reencontrar vagamente ésa familiaridad en otros mundos y en otros nombres, en otro tiempo y otro lugar como rezarían los más cursis.

B. escuchó de él más de una vez, y como diestro que es, entendió el vínculo y la añoranza que a Cr. me unía. B. supo de él (lo recuerdo yo bien) cuando cruzábamos una calle en Magdalena. No sabía si debía hacerlo pero ya dos veces me había preguntado de dónde había nacido mi interés por el portugués. Yo decidí que a la tercera vez que lo preguntáse se lo diría. En efecto, ésa tarde veníamos de San Antonio y al cruzar la calle, volvió a preguntarme lo mismo, no sin antes decirme que mi habilidad para los idiomas parecía innata en mí.

- Por un amigo, cuya madre hablaba en portugués, muy linda y muy amable ella, cuando iba a su casa...

Y el relato se extendió un par de cuadras más, él tomó mi mano pero luego yo pretendí recoger mi cabello. Solté la suya y no volví a buscar su mano hasta subir al carro. La última vez que vi a B., también mencioné a este amigo con quien me une un lazo difuso de amistad, recuerdo, desazón, sin razón. Siendo como es mi corazón, B. no aceleró ninguna palabra pero fue asertivo y fugaz.

- ¿Osea que hablaste del viaje con tu ex enamorado ?

Sonreí. Aseveré lo cierto: nunca fue algo mío debajo de ésa palabra. Cr. fue esa compañía inusual y esperada (a veces) mientras sus dedos tocaban los acordes de sus melodías brasileras, mientras sus manos se movían a la par de sus ideas y mientras su universidad y luego el amor poblaron su tiempo, que lejos me sentía de él. A veces las lágrimas me venían ante tanta incomprensión, pero ya en el exilio temporal (2005) comprendí que debía dejarlo ir. Mis cartas huyeron, mi rima y mi prosa ya no serían suyas, mis textos todos, mi ser..

Aquella noche en que B. me preguntó por Cr. , sentí un ligero rubor. El taxi pasaba casi a escondidas todas las calles, y me precipité a descubrir el viaje que pensaba hacer con B. , quien sólo sorprendió su rostro unos minutos ante tamaña anécdota. La invitación era a mi vida y mi tiempo, no en dinero. Pero la semana huyó y mi mente cambió su deseo. Cr. escuchó mi sentencia breve, lo escuché reir y me dijo que le parecía buena idea el que yo le dijera para realizar un viaje. Juntos. Él y yo.

Aquella noche en que B. me preguntó por Cr. no supe que decir. Sólo recordé el día en que escuché la Vals Creole en mis oídos. Cr. había querido compartirme ésa canción.

Tengo su portugués metido en el alma.

Así están las cosas, en estas lejanías mías.

ps. Y si....? (por segunda vez).

01/03/10, 00:40 Abril de marzo

Categoría: Ellos y yo
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Aquella noche entré a mi cuarto y saqué de mi dedo el anillo suyo que había estado conmigo todo el día. Cuando lo saqué, pensaba en todas las veces en que estuve a su lado, el día en que me lo dio (yo para variar, estaba triste y tenerlo fue un consuelo medio), recordé cuando fuimos a escoger las velas de mi torta de cumpleaños hace un año, cuando comimos en San Antonio y hablamos de miles de cosas, el dia en que nos besamos por vez primera camino al mar, el dia en que comimos con unos amigos mios (sin querer) y el dia en que se compró una super camisa y tomamos un jugo mirándonos frente a frente y riéndonos sin cesar. Recuerdo también las veces que estuvimos en el cine, nuestras caminatas nocturnas, la plaza Bolívar, sus zapatillas, la comida japonesa que tanto nos gusta, las horas en la noche al hablar y hablar, sus historias con su familia, su hermana recién llegada de USA, su hermano en Francia, sus compañeros de trabajo, su jefe, sus aspiraciones, sus metas, sus sueños y su futuro. Era una persona huída, llena de historias y de dudas, de decisiones y de errores también. Yo había aprendido a quererlo en esa incomprensión que me era familiar. Quererlo y respetarlo en sus tiempos, y comencé a hacer míos sus encantos. Jamás olvidaré la noche en que su mano rodeó mi cabeza y la apoyó contra la suya. La luna entraba fuerte por la ventana y sin sueños ni esperanzas, simplemente él y yo sumidos en ese nuestro propio mundo. ¡Qué invencible me sentí a su lado! - y tal cual siempre, sabía que todo tendría un fin.

La mañana del primero de abril fue diferente. La cabeza me daba mil vueltas, y en mi puño derecho tenía un brazalete de papel. Recordé por partes lo que había sucedido la noche anterior. Sonreí. Había bailado toda la noche, había olvidado la nostalgia... recordé que había servido el vino antes de salir de casa y me había sentado a la mesa con tres hombres que en ése momento se hicieron mis cómplices. Con uno de ellos bailé más que siempre y el sueño de ver mi pasado se disipó. El vino llenóme por completo al punto que mi alma, tal y como me dijera alguna vez Daria, sentía una breve hermandad con esas tres personas. Recuerdo más aún, incluso a quien me acompañó en esa noche bonita.

Dos noches después el pasado asomó. Pero yo ya era otra.

Aquel primer hombre me dijo que no estaba preparado para entrar en mi mundo. Evité estirar las palabras pero me era imposible. Él seguía hablando..

uno siempre cambia
yo me equivoqué
pues yo no soy así
en cosas como esas
porque antes que todo
tú eres
varias cosas
entre eso
mi amiga
y te fallé
y ahora veo el impacto
en tí y en mí


Pero supongo que la mejor descripción mía me la dio él, aquel hombre de pocas palabras, de mirada serena y tierna cuando está a mi lado..

vuelas
con tu nube
y llegas al cielo..

tomas las estrellas
y las dibujas en letras
escritas en un pedazo de piel
que dice rocío
esa eres tú...


La incomprensión de su rima me llenó de risas varias. Hay cosas que nunca cambiarán.



Todos esconden algo..Excepto él y yo.

01/03/10, 00:39 lluvia

Categoría: Ellos y yo
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La lluvia cayó densa tres veces mientras B. me decía historias que ambos tenemos y sabemos. Leí sus líneas rápidamente y de pronto, las cosas se sucedieron prontas y teniendo a la mañana viniendo ligera, sonreímos y dejamos venir a la mañana que me atrapó en este insomnio profundo de abril. B era el peñasco de cosas que terminó de caer aquella última noche de marzo. Yo desperté la mañana del primer día de abril sintiéndome diferente, con ganas de todo lo que en este mundo he podido sentir.

Soy una nueva mujer, con ganas de todo, con dos planes académicos inmediatos. Con mis universidades, mi hogar, mis amantes y libros todos.

La lluvia dejó un olor espeso de nocturnidad. La mañana ha prendido en sorbos.

Buenos días mundo, hasta mañana con todos esta vez.

01/03/10, 00:38 No fue así.

Categoría: Ellos y yo
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Aquella noche que nos encontramos de improviso, cuando estaba él a punto de ordenar la comida, noté que alguien distraía mi atención pues comenzaba a seguirme con la mirada y a imaginar sin suerte, la identidad del joven de camisa negra que iba a mi lado. En ese instante me incliné al hombro suyo, pasé mi brazo por su espalda, y le hice notar que iba acompañada y la alegría y la sorpresa poblaban mi ser. Pero nuevamente la mirada del hombre de blanco se posó en mí y mirándome fijamente, creo que intentó guiñarme el ojo, a lo que no respondí pues volteé la mirada a los ojos del hombre que me inspira cosas por miles. Ese muchacho que con la mirada quería predar mi atención, iba con alguien. Al instante ella me miró y yo sin saber que hacer, tomé la mano de B., caminamos al segundo piso y nos unimos a la mesa con los amigos que había dejado arriba.

Horas más tarde, B. me preguntó si alguien lo había visto. Le mentí en efecto, y le dije que alguien lo había mirado sobremanera y que éso había celado mi espacio. Sucedió pues la primera mentira entre ambos, pero noté que él durmió contento, con un vago rubor y huído halago. Para mí eso fue suficiente, a pesar de que mentí, la sonrisa en la cara de B. fue el reflejo de una noche algo larga, pues la acompañamos de palabras..

Pensé esa noche por qué aquel hombre no dejaba de mirarme. Su rostro no me era familiar. Su mirada inquisidora incluso al irnos del restaurante (B. y yo) no era amable. Sus ojos verdes me reclamaban algo que nunca sabré, aunque estoy casi segura que alguna vez lo conocí...

En fin. Eso recordé esta mañana, a propósito de la conversación con B. anoche.

01/03/10, 00:38 Marcha.

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Es sábado ya, y no he podido dormir como quisiera. Mi cuerpo está cansado, pero ha triunfado: tiene todo de su lado, ha vencido las obligaciones esta semana y no solamente eso, sino que además se ha dado el gusto de sonreírle a cosas que antes parecían ausentes. Tengo ya un nuevo lugar donde comenzar mi vida, mis palabras, mi mundo. Esta extensión de lo que ya se viviera me hace contemplar las mejores cosas en un porvenir (espero) cercano. ¿Cómo se acomodará todo? no lo sé. Pero sucederá.

He leído algo más que siempre, mis piernas me andaban molestando, he comido por noches un trozo de pan, algo de agua, café o té. Mañana domingo quizás pueda conversar con aquel con quien hace mucho no converso, podré fruncirle las orejas y mirar sus gestos. Mañana también seguiré estudiando, seguiré leyendo, seguiré construyendo esquemas y seguiré en realidad mi vida, nada más placentero que aquello. (Y mis libros de lado, desde luego).

Acabo de escuchar a mis padres reírse, mi madre sonrió y mi padre tomó la mano de ella, tosieron, se dijeron un par de cosas y comenzaron a reír.

Es la mañana de sábado para ellos y para todos, y me confieso muy humana al decir que yo quisiera eso parecido conmigo, mientras B. me despierta como sólo alguna vez lo hizo, besándome en la frente.

Sonriendo.

ps. Ausente.

01/03/10, 00:38 Mis Madrugadas..

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Terminé el día de hoy con ideas más cuajadas sobre mi propio devenir. También con dilemas, pero con más sensibilidades innatas. Hacia la mañana, ya muy temprano, había organizado mis propias cosas: eso me hizo sentir contenta, regresar a la universidad después de tanto tiempo, después de que mi huraño destino se hubiera dedicado a sustraerme sordamente y con sigilo de lo que para mí es la vida misma. Un taxi me trajo abruptamente pero rápido, y mientras cruzaba las calles pensaba en lo que haría durante el día, en los acontecimientos que incluían a mi hermana de por medio y la herida de mi pierna, que no termina de colorearse. Después de la reunión con el chico raro (D.) y establecer una dispar relación con él que ayudará a incrementar mi patrimonio y las pocas tardes de lucidez que tengo, reí a borbotones al ver el buen humor de mi profesor de linguística exhortándonos a no caer en lo sucinto de los vocablos mientras llenaba su boca de carajos y otras palabras tabú, todas aquellas denotando sexo o sexualidad.

Terminamos la clase antes, comí en una mesa con dos doctores a quienes inspeccioné con la mirada y sonreí al irme. Caminé de extremo a extremo, quería reconocer la universidad en sus mismos contornos, en sus jardines, en su biblioteca. Hacia la tarde tenía trabajo por hacer, también recordé a B. y me sabía suficiente ese sinsabor del recuerdo. Por la tarde mi hermana fue a recogerme del trabajo y cancelé un par de compromisos para salir con ella y tener a la noche como nuestra. Me dieron como 5 abrazos, un par de ellos muy cálidos y la noche cayó. Salimos pronto, cruzamos calles. Llegamos al cine, compramos las entradas, compramos la comida y gaseosa, entramos.

Me divertí mucho viendo la película, algo en mi corazón me dijo que la noche sería diferente, pensé en lo que tenía que hacer hoy ...

Despedí a la persona que encontráse en ése lugar clandestinamente, y sólo después de dos horas casi, pude estrechar su mano levemente, tenía una fuerte calentura y su nariz oteaba todas las gripes del mundo: así de resfriado sequé su frente, busqué en mi bolso un par de pastillas y se las puse en la mano, mirándolo fuerte y esperando a que tomáse las pastillas, quizás sin suerte.

Despedí a ésa persona hallada en la suerte misma, quien descubriera mi alegría en un eco de risa infinito...

Era B. y al irse, fugazmente sus labios rozaron los míos.

ps. Domingo.


01/03/10, 00:37 Noche de día

Categoría: Ellos y yo
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Anoche fui a encontrarme con L., después de todo ahora vive más cerca de la casa donde aún vivo. Extrañaba escucharlo y sentirlo cerca, hablándome. Siempre he admirado sus muchas cualidades, mucho de su raciocinio, mucho de su tesón y eso sumado a su fino sentido del humor.

Pues, siendo este su nuevo tiempo, me gusta ser parte de él. Hacia las diez de la noche nos encontramos en una esquina de una avenida principal. Sonreí. Nos dimos un buen abrazo y comenzamos a caminar las calles que para mí, todas, de noche, son perfectas. Traté de recordar el camino de regreso, pues aunque sin migas por dejar en mi rastro, sé que iré muchas veces más. Entonces recordé los tiempos en que recién empezamos a conocernos, sus poemas, su voz impasible. Nos conocimos en un buen momento. Luego no sé, la vida nos trajo hasta aquí. Con él hice un pequeño viaje el fin de semana, con él sollozé la primera vez que me sentí sobrecogida en un apego, ha sido una de las poquísimas personas que ha ido a mi casa, se ha sentado a la mesa, ha comido conmigo, ha conocido mis espacios. Jamás he llevado a alguien a mi casa como a él: con calidez, familiaridad, confianza, comodidad. Quizás anduvimos separados el tiempo justo para descubrir que podemos continuar con calma por esta vida.

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01/03/10, 00:37 Fruta.

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Días extensos. He ido poniendo las fichas en orden y mi juego de vida apenas empieza. En poco menos de quince días seré parte de lo que nunca dejé ir, y por todas partes seré reconocida como la contraparte de lo que soy por las noches. Mis libros están a la espera de ser abiertos (como ya dije, invertí parte de mi sueldo en hacer propias las lecturas de Ribeyro) y sin mucho ya por decir, sólo con sigilo, me pregunto si mis manos seguirán escribiendo tal y como lo hacen hoy en día...

Mi destino estaba cual suerte, echado como relataré líneas después.

Además, en un par de meses compartiré mi vida junto a la de una persona (mujer) que empiezo a conocer y me encanta por su serena sonrisa y cómplice porvenir. Me gusta que sea inteligente, que sea joven y de cierto modo, me gusta por ser como es y espero no arremeter mi mal humor de fin de mes porque me gustaría tomar muchos cafés con ella, charlar del trabajo, ir al teatro, hablar de los hombres, maquinar ideas solitarias pero cómplices... como ya lo dije, mejor compañera hasta hoy no pude elegir. Claro que la convivencia nos rasgará el ánimo muchas veces, pero para ésas cosas la vida se encargaría de sosegarme..

Con miles de obligaciones académicas por venir (deberían ver mis ganas de tomar al toro por las astas), mi mente apenas y me ha dejado espacio para soñar despierta. Yo soy un papel. Mi trabajo marcha a su propio ritmo. Mis piernas lentas pero seguras, comienzan a crecer raíces de nervios que me harán sentirlas nuevamente (con suerte) tal y como fuera en ése ayer, dónde eran tersas y fuertes.

Anoche, pensando cerrar el día, salí a comer. Saliendo, así como pensé, distraeré mi mente de aquel hombre cuyos-hombros-me-pertenecen y escribiré más y seguiré buscando la manera de proveerme más dinero para poder comprar más fruta los fines de semana. Sin embargo, llamó mi atención un hombre que llegó en plena noche a irrumpir el espacio de la velada. Comíamos, y cuando reconocí su milésima camisa negra sonreí, me acerqué y lo detuve antes de que se fuera. Mi corazón temblaba a mil. Nos preguntamos un par de cosas, un par de dimecomoestás y lo invité a formar parte de nuestra mesa, lo que pensé no aceptaría. Grande fue mi sorpresa cuando vi que sucedió diferente: en un par de segundos reconocí su olor característico y mi familiaridad para con él encontró su cauce: me sentía bien y sorprendida. Eso me gustó.

Despedí a mis amigos pasadas las once de la noche y luego, caminé con B. algunas calles. Lejos de ellos, ahora tenía su compañía cercana para conmigo. Pasamos una velada tan encantadora mientras la media noche se sucedía. Nada más sosegó mi interés. Luego de algún tiempo saqué de mi bolso la carta que le había escrito a razón del primer año de conocernos.

Luego no sé. Sonrió. Hablamos. Fraternizamos. Estuvimos en silencio. Conversamos tanto que mi voz apagó su eco y entonces comencé a soñar. En el sueño iba con B. a lugares que no reconozco, pero eran caminos largos y sinuosos. Al final del sueño él me miró fijamente y me dijo que dejase todo fluir, porque todo estaba sucediendo de manera buena y que él era feliz con éso. Y cogió mi mentón y justo cuando me iba a besar, tomé su mano.

Al despertar escuché que alguien repitió el eco de mis buenos días.
Para mí esa fue la mejor parte de la historia.

ps. Jamás me sentí más papafrita, como diría Mafalda, que anoche..


01/03/10, 00:36 Sí, es.

Categoría: Ellos y yo
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En estos momentos precisos, tengo doce onzas de café con leche (más café que leche) en el estómago. Mis ideas durante la noche no ausentaron, al contrario, quien me viera no reconocería lo que mis cuatro paredes encierran: furia. La furia, sentir tan humano y reacción tan imponente, consume mi ser en espacios variopintos donde probablemente veré la tarde caer y ese sentir irá creciendo aún más (he leído sobre aquello, y sí, está probado) y crecerá tanto y temo me llegue a agotar hasta su punto más extremo (entonces sí que Dios me acoja aunque no me confiese porque mi vida será una dulce letanía).

Aunque la noche de ayer, ya sóla, parecía sentirme más cuajada y más calmada en mis agonías, este sentir se ha venido acrecentando cual bola de nieve en el invierno más ajeno. Un inocente fin de semana me aguardó esperando este desenlace tan dispar, tan deseado pero temido.

No reconozco este cuerpo mío, este sentir, acaso estoy sintiendo amor (me pregunto y vuelvo a callar y vuelvo a caminar y vuelvo a echarme agua al rostro y un par de carajos arremeten mis labios de esa furia que no cesa y que no veo marchar)... no sé porqué me molesta tanto, pero a veces quisiera arrancar de mi mente este sentir y volver a la calma de mis propias y mansas aguas, donde mis pasos marchan solos. Esta es la razón de mi furia: estoy enamorada. Lo confieso a esta edad en que los pudores sólo son helechos de lo que le quedó por recorrer a mi adolescencia. Me he enamorado y no me reconozco.

Esto ya me da pavor. No es lo de siempre, no es la sonrisa, no es la virtud de saberse correspondida en una palabra, no es la persona que recibe mi mano cuando andamos juntos, no es su ausencia, no es la canción que tenía que tararear antes de irnos ("yo soy quien no te quiere más"), no es su mirada de costado al verlo dormir, no es la conversación como antesala al quererlo, no es la palabra suya en mis noches de consejo, no es su evidente grado de celo respecto a las miradas y nombres ajenos, no son sus zapatos nuevos y bonitos, no es porque coma papel, no es porque tenga unos hombros espléndidos y fuertes, no es porque guste del fútbol, no es porque quiera vivir con él y él piensa (acaso) en aquello, no es porque su nombre sea ruso y para mí sea una buena señal, no es porque siempre seamos frapuccino y té chai, no es porque me diga muñeca y mi corazón tiemble de emoción, no es porque sepa imprimirme la fuerza necesaria al besarme, no es porque admire como trabaja, no es porque admire la manera como habla de su madre, no es porque su padre escriba (probablemente), no es porque guste de las frutas y los dulces, no es porque adore el mar (y por ende, eterno compañero mío), no es porque me admire a mí como mujer, no es porque me de protección, serenidad y motivación, no es porque me lea, no es porque admire mi esencia, no es porque me comparta su mundo y su privacidad sin darse cuenta.

En realidad es por todo lo dicho antes.

Y es por eso que (ya) no miro de soslayo al recuerdo pues este es mi aciago (dulce y exquisito) presente. Así que... la furia me avasalla. Me siento muy humana.

ps. Sí, es.

01/03/10, 00:36 Nostalgia

Categoría: Ellos y yo
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Estas tardes me hacen recordar el mismo invierno que ya vendrá con sigilo en un trio de meses más. Las mismas botas calzaran mis pies, mis ilusiones serán ya realidad (si es que todo resulta como veo está sucediendo) y siendo como es, me encantaría ver a B. hoy, en esta tarde, regalarle un beso y escucharlo como siempre, sonriendo, anhelando, quizás hasta pasando la tarde en lo que será muy pronto, mi casa.

Sin embargo mi extraño rebelde ser quiere estar solo ahora.

Sola.

01/03/10, 00:35 Balcón

Categoría: Ellos y yo
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Desde uno de los extremos de lo ancho del mar, pude ver a B. mirando hacia el horizonte donde el sol parecía engullir la tarde invadida por lenguas de fuego y oro que prendían en el cielo. Vi su mirar hacia ese sol quimero pero fuerte y vigoroso. Las paredes de la casa estaban pintadas de verde, un ventanal extenso las cubría y mis pies sentían la arena mientras caminaba con sosiego sin alejar B. la vista del mar. Miró hacia abajo y sonrió al verme, con un gesto me hizo entender que esperaría dentro mientras yo subía y se acercó al balcón. Sus brazos fuertes y jóvenes se asieron al tabique de acero que ayudaba a esperar la puesta de sol, apoyado de lado. Sin embargo B. no se reclinó, sólo vi sus manos sostenerse al borde y seguía el recorrido del sol a manera de soslayo, pues algo me decía que sus esquemas mentales se formaban como el rayo de luz que terminaba de irse.

Cuando subí, vi mucha gente. Todas esas personas querían entablar conversación con él y conmigo. Querían conocernos. Querían poner rostro a esa B de alfabeto castellanizado en mi emoción y la suya propia, querían hacerme exponer su real identidad. Me negué. La gente y su impotencia me generaba más emocion aún, entonces pasé una sala gigante y B. estaba echado a un lado de la cama, descansando y en sigilo me puse a escribir mientras lo sentía cerca. Las paredes por dentro eran rosadas. Pero la casa estaba rodeada de verde, los ventanales, los marcos de las puertas de la casa eran todos marrones y los filos de las ventanas y el balcón eran de fierro puro coloreado de plata opaco.

Al verme B. despertó, salimos a ver las calles y caminar y coincidimos con gente que nos conocía y que quería nuestra amistad. Querían saber quien era B. y nos dijeron que habían venido a verlo a la casa del balcón.

B. y yo sonreímos, seguimos de largo y tuve que toser. Al instante, abrí los ojos y gané la mirada de B. aún cerrada por la noche y las horas y las semanas..

Me fue suficiente saberlo de lado sin embargo para seguir durmiendo como él y horas después, le conté del sueño, de las paredes verdes y los ventanales gigantes que me habían impresionado sobremanera.

Esta es la antesala de lo que narraré en los siguientes días, a propósito de un año a favor.

ps. Lo erguido de B. y la curvatura de sus hombros y brazos al asomarse al oceáno para mí fueron las imágenes más impresas de esa premonición de tiempo y espacio juntos.

Oro

01/03/10, 00:35 Algo..

Categoría: Ellos y yo
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Eran casi las diez treinta de la noche. La luz se había ido sorpresiva, poblando las calles de una soledad eterna y duradera. Las voces corrían rápidas, los carros huían en las avenidas, presurosos. No tenía mucho en mente, a decir verdad me acompañé a mi misma y mis propios pensamientos, recordando en lo que haría los días siguientes. Mi humor era distinto, variando entre la incomprensión de una sonrisa y el silencio de la rutina. Estaba hastiada, aburrida, cansada. Ver las luces ausentes fue para mí (lo creí en ése momento) un buen cierre de día.

Mientras venía a casa, mi mirada tras el auto y la gente siempre atrás, pensé que ya había tenido suficiente. Ya lo había visto venir porque mi corazón y mi ser cansan su origen en la lucha vacía, en la esperanza hueca sin fondo. Algo, como reza la canción, algo , simplemente.

Extraño su sonrisa, esa clásica imperdible que cierra cualquier silencio nuestro, su mano firme al sostener la mía mientras caminamos, su paso seguro, sus hombros anchos y muy míos, su mirada posada en mi energía al sonreírle, su rostro al amanecer... la magia de verlo ausente hace que recobre en el espíritu una suerte de sed y de interés que rara vez me funcionaría, pues soy un ser inquieto y rebelde, y son pocas las veces en que puedo andar despacio y en mutismo.

Mi noche se extendió. Busqué a B. en su propia voz y al tener eco, proseguí. Reímos, charlamos, dudamos, tosimos, quedamos en silencio, lejos en distancia pero no en eternidad. Algo en mi ser (todo este tiempo) me hacía seguirlo a pesar de que he marchado de él muchas veces y él de mí. Algo, en ésa energía nueva cuando se juntan nuestras ideas y anhelos. Algo, creado en ésa suerte nuestra de años y nostalgias, de desazones, de tristezas y alegrías. Algo, cuando entramos a un cine, cuando salimos a comer, algo en ésa fuerza que imprime en mi pecho al abrazarme, algo en hacerme suya con tan sólo mirarme (éso no lo sabía él, hasta hoy).

La conversación siguió hasta entrada la mañana de la noche anterior huída. Mis sueños se convirtieron en verdades: El día llegará en que nos sentemos, con una buena botella de vino (el mejor sino el más fino) y le abriré estas historias que guardo en mí. El día y la noche en que lo haga echaré de mí las otras letras del alfabeto, y lloraré y reiré y él conmigo. Cuando decida yo dejar la turbulencia y el desorden de otras miradas y decida él abandonarse en mí, ceñiré mi destino al suyo y entonces seré más invencible que hoy. Y él, aún más fuerte, junto a mí.

Sin embargo, estaba cansada. Cansada de que Barranco y sus calles me parecieran lejanas, cansada de que el sol en Chosica huyera sin que yo lo pudiera detener. Ausentes las flores para decorar mi pelo, estaba cansada de escuchar música sin estar a su lado y la espera, en el contexto más burdo, desespera. Por éso decidí no llamar, porque mi corazón es traidor si lo alejan, mis recuerdos se marchan y mi ser se deja robar el aliento por otros nombres sin saber o no si soy correspondida.

Hace dos noches B. me dijo que leía mis líneas, y yo, con firmeza, lo sabía.

L. (muy buena amiga mía)me había dicho que dejara todo con B. Que dejara y me fuera, que no valía la pena. Sonreí. Y al momento nombres antiguos aparecieron, tentándome en una suerte de vaivén dulce y sereno. Sóla no estoy, pero sóla con B. sí. Ella misma me preguntó que virtudes veía en un ser tan dispar y con tanta ajenidad. Y de pronto recordé el sabor de su boca en nuestro primer beso, la noche cerca al mar, su mochila al hombro, su bitacóra llena de esquemas, su hambre, su computador, sus historias de trabajo, mis manos atravesando el contorno de su rostro y su pelo, su torpeza al no saber como secar mis lágrimas, sus golpecillos sordos en mi brazo para cambiarme el ánimo, su brazo rodeando mi cuerpo, su voz, sus anécdotas, nuestro infaltable Starbucks, su amor...

Le dije a L. que no podía en efecto poner nada en un lado u otro de la balanza. Me era imposible. Y a decir verdad B. es un ser muy silvestre. L. sólo sonrió y me dijo...

- ¿Pues él no lee lo que tú escribes? ¿Qué persona no quisiera que hablaran así de uno?

Como ya dije, B. lee estas líneas.

Y todas estas (mis) líneas son para él.

ps. Y es la primera persona que se queda tanto tiempo en mi vida, y a quien he dejado quedarse en mí, y a quien quiero... sin saber realmente qué es querer.


Algo...

01/03/10, 00:34 Sí, es.

Categoría: Ellos y yo
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En estos momentos precisos, tengo doce onzas de café con leche (más café que leche) en el estómago. Mis ideas durante la noche no ausentaron, al contrario, quien me viera no reconocería lo que mis cuatro paredes encierran: furia. La furia, sentir tan humano y reacción tan imponente, consume mi ser en espacios variopintos donde probablemente veré la tarde caer y ese sentir irá creciendo aún más (he leído sobre aquello, y sí, está probado) y crecerá tanto y temo me llegue a agotar hasta su punto más extremo (entonces sí que Dios me acoja aunque no me confiese porque mi vida será una dulce letanía).

Aunque la noche de ayer, ya sóla, parecía sentirme más cuajada y más calmada en mis agonías, este sentir se ha venido acrecentando cual bola de nieve en el invierno más ajeno. Un inocente fin de semana me aguardó esperando este desenlace tan dispar, tan deseado pero temido.

No reconozco este cuerpo mío, este sentir, acaso estoy sintiendo amor (me pregunto y vuelvo a callar y vuelvo a caminar y vuelvo a echarme agua al rostro y un par de carajos arremeten mis labios de esa furia que no cesa y que no veo marchar)... no sé porqué me molesta tanto, pero a veces quisiera arrancar de mi mente este sentir y volver a la calma de mis propias y mansas aguas, donde mis pasos marchan solos. Esta es la razón de mi furia: estoy enamorada. Lo confieso a esta edad en que los pudores sólo son helechos de lo que le quedó por recorrer a mi adolescencia. Me he enamorado y no me reconozco.

Esto ya me da pavor. No es lo de siempre, no es la sonrisa, no es la virtud de saberse correspondida en una palabra, no es la persona que recibe mi mano cuando andamos juntos, no es su ausencia, no es la canción que tenía que tararear antes de irnos ("yo soy quien no te quiere más"), no es su mirada de costado al verlo dormir, no es la conversación como antesala al quererlo, no es la palabra suya en mis noches de consejo, no es su evidente grado de celo respecto a las miradas y nombres ajenos, no son sus zapatos nuevos y bonitos, no es porque coma papel, no es porque tenga unos hombros espléndidos y fuertes, no es porque guste del fútbol, no es porque quiera vivir con él y él piensa (acaso) en aquello, no es porque su nombre sea ruso y para mí sea una buena señal, no es porque siempre seamos frapuccino y té chai, no es porque me diga muñeca y mi corazón tiemble de emoción, no es porque sepa imprimirme la fuerza necesaria al besarme, no es porque admire como trabaja, no es porque admire la manera como habla de su madre, no es porque su padre escriba (probablemente), no es porque guste de las frutas y los dulces, no es porque adore el mar (y por ende, eterno compañero mío), no es porque me admire a mí como mujer, no es porque me de protección, serenidad y motivación, no es porque me lea, no es porque admire mi esencia, no es porque me comparta su mundo y su privacidad sin darse cuenta.

En realidad es por todo lo dicho antes.

Y es por eso que (ya) no miro de soslayo al recuerdo pues este es mi aciago (dulce y exquisito) presente. Así que... la furia me avasalla. Me siento muy humana.

ps. Sí, es.

01/03/10, 00:34 Sol de ayer

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Nobles ideas me acompañan estas tardes, pero más aún el sol, el mar aún lejano, Ribeyro, el libro que acabo de comprar... las manos de B., las palabras de Cr. anoche, los escritos de Ernesto, la esperanza, las tardes en sí.... mar de conturbaciones quizás en apariencia, pero aún todo en calma extraña.

sun sun sun here it comes..

01/03/10, 00:30 La mujer del espejo

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En efecto, Cr. había conocido a la mujer de este espejo. A veces,como esta noche, pienso que él fue testigo de lo que hace casi 7 años yo no era. Comenzaba a encaminar mis ideas, escribir en papeles diversos, mi ropa era la necesaria, tenía muchos miedos y estaba llena de deseos por verse concretar. A él le comenzaba a decir sobre mis pequeños planes, los que tomarían más fuerza ya más adelante. En sus ideas comencé también a traslucir desdenes y pasatiempos y no ha sido hasta algunos años después en que volví a reencontrar vagamente ésa familiaridad en otros mundos y en otros nombres, en otro tiempo y otro lugar como rezarían los más cursis.

B. escuchó de él más de una vez, y como diestro que es, entendió el vínculo y la añoranza que a Cr. me unía. B. supo de él (lo recuerdo yo bien) cuando cruzábamos una calle en Magdalena. No sabía si debía hacerlo pero ya dos veces me había preguntado de dónde había nacido mi interés por el portugués. Yo decidí que a la tercera vez que lo preguntáse se lo diría. En efecto, ésa tarde veníamos de San Antonio y al cruzar la calle, volvió a preguntarme lo mismo, no sin antes decirme que mi habilidad para los idiomas parecía innata en mí.

- Por un amigo, cuya madre hablaba en portugués, muy linda y muy amable ella, cuando iba a su casa...

Y el relato se extendió un par de cuadras más, él tomó mi mano pero luego yo pretendí recoger mi cabello. Solté la suya y no volví a buscar su mano hasta subir al carro. La última vez que vi a B., también mencioné a este amigo con quien me une un lazo difuso de amistad, recuerdo, desazón, sin razón. Siendo como es mi corazón, B. no aceleró ninguna palabra pero fue asertivo y fugaz.

- ¿Osea que hablaste del viaje con tu ex enamorado ?

Sonreí. Aseveré lo cierto: nunca fue algo mío debajo de ésa palabra. Cr. fue esa compañía inusual y esperada (a veces) mientras sus dedos tocaban los acordes de sus melodías brasileras, mientras sus manos se movían a la par de sus ideas y mientras su universidad y luego el amor poblaron su tiempo, que lejos me sentía de él. A veces las lágrimas me venían ante tanta incomprensión, pero ya en el exilio temporal (2005) comprendí que debía dejarlo ir. Mis cartas huyeron, mi rima y mi prosa ya no serían suyas, mis textos todos, mi ser..

Aquella noche en que B. me preguntó por Cr. , sentí un ligero rubor. El taxi pasaba casi a escondidas todas las calles, y me precipité a descubrir el viaje que pensaba hacer con B. , quien sólo sorprendió su rostro unos minutos ante tamaña anécdota. La invitación era a mi vida y mi tiempo, no en dinero. Pero la semana huyó y mi mente cambió su deseo. Cr. escuchó mi sentencia breve, lo escuché reir y me dijo que le parecía buena idea el que yo le dijera para realizar un viaje. Juntos. Él y yo.

Aquella noche en que B. me preguntó por Cr. no supe que decir. Sólo recordé el día en que escuché la Vals Creole en mis oídos. Cr. había querido compartirme ésa canción.

Tengo su portugués metido en el alma.

Así están las cosas, en estas lejanías mías.

ps. Y si....? (por segunda vez).

01/03/10, 00:30 Mis días (por-venir)..

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01/03/10, 00:29 Bolivar con B. (2)

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Después de la llamada salí en dirección al café. Él me dijo que lo esperáse en el segundo piso del centro comercial, y que no demoraría mucho. Mi intención primera fue la de ver una película, había estado trabajando durante la tarde y salir a ésa hora me pareció una buena idea.

Cuando llegué, llevaba música en mis oídos. Caminé un par de pisos, y mientras pasaba por esos lugares, lo vi sentado por milésima vez con la misma camisa negra con la que alguna vez lo conocí. Ahora era más robusto que antes, siempre lo veía encorvado revisando su teléfono y esta vez no fue la excepción. Lo vi apenas subí al segundo piso, pero pasé de largo, porque quería caminar ante él, quería pasar inadvertida sintiendo que su mirada en algún momento coincidiría con la mía. Mientras caminaba quise detener la respiración para mostrarme calmada, pero era inútil: B. me inspira las mejores cosas en el pecho y me inunda con una alegría diferente. Así que cuando volteé el había seguido mis pasos, quise abrazarlo y prorrumpir en gestos pero sólo le di un beso ligero y admito que los primeros minutos al vernos fueron tiesos y bizarros. Luego acomodamos nuestro ser a la noche y proseguimos caminando, vimos un par de cafés, entramos a uno y comenzamos a hablar y sonreirnos y compartirnos, como si ninguna ruptura hubiera sucedido.

Sentados frente a frente, sentí su mirada. Yo veía mis ojos al espejo del lado contrario y me vi radiante y vivaz. El movía sus manos de lado a lado, yo llenaba la noche de ironías y en algún momento el comenzó a hablar. No lo detuve y cuando quise, no pude. Dejé que me abriera parte de su mundo y así me enteré que su alma estaba teñida de música y religión, de costumbres y moral, y aquellas historias como las muchas otras las atesoré en mi mente para poder escribir de ellas, para cuando ese tiempo llegue. Comimos y tomamos algo ligero para calmar el hambre y después de un par de horas de charla, lo llevé conmigo sin que él preguntase.

Ya en la avenida, paré un taxi. Le hice una seña para subir al mismo, momento en el que sorprendido miró mi rostro y sonrió. El bar sería nuestra siguiente parada, y en realidad no tenía un motivo exacto para verlo. O quizás sólo verlo a él, quizás eso ya era para mi inspiración suficiente.

Este fue el primer momento que quedó grabado en mi mente aquella noche. Barranco y el restaurant japonés eran nuestros siguientes destinos en esta travesía.

ps. Y las llaves que quizás algún día caerían en sus manos, aún más.


01/03/10, 00:28 Sobre los hábitos

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En efecto, conforme se habían sucedido los días, mis recuerdos acerca de todo aparecían intermitentes. Hoy hasta altas horas de la madrugada mis tíos nos hicieron carcajear a mis hermanos y a mí, y conforme pasaba el tiempo, comprendí con alegría que las copas llenas de pisco y vino eran tan sólo un pretexto para seguir riendo hasta las tres de la mañana y más.

Hoy temprano, zambullida en el agua, sentí la libertad como hace mucho ( par de meses atrás tan sólo) no sentía. En efecto, después de B., la vida era certeramente diferente. Siempre pensé que él me significaría una pérdida en el alma. Lo cierto es que su rostro ahora se confunde entre los miles de recuerdos y presentes que acogen este enero mío, sin atreverme a aseverar el destino de los siguientes meses. Recordé la manera en como B. engullía la comida, lo torpe de sus palabras sucediéndose unas a otras, sus aseveraciones sobre la vida (equivocadas muchas veces), lo mucho que hablaba (y que atenta escuchaba aprendiendo de cosas que ignoro medianamente hasta hoy), las muchas mentiras que descubrí la noche última que vi su rostro y nunca se lo dije, las noches perdidas en el cine, mis lágrimas huídas y su torpeza al no saber que palabra pronunciar o que gesto esbozar. Aquella noche en que decidí no quedarme más tiempo, detesté todo de él. Mi hartazgo había minado los buenos momentos, la comida en el restaurante japonés, sus besos caída la noche, su cuerpo a mi lado yendo juntos por las calles, mis cartas de puño y letra, su sigilo cerca al mío, sus historias, su sonrisa, su mirada... Pero sus destellos habían desaparecido. Me acusaba de ser distinta a su lado, de tener y poseer el tiempo de una mujer diferente. Ahora ya lejos puedo decir que dejé espacios para que él fuese quien realmente era conmigo. Creo que nunca se dio cuenta que yo veía en él a un hombre (en nuestro primer tiempo) único. Era excepcional. Admiraba cada retazo de minuto a su lado, sus manos, los garabatos en su cuaderno al construir sus ideas y era en este enero donde mi vientre crecía una alegría diferente y nueva.

Ciertamente su vida llena de mutismos me llenó de decepción. El había amado y todo aquello por lo que en su momento comprendí, no existió jamás. Atrás había quedado el hombre de la noche de aquel sábado enfundado en su abrigo plomo largo. Atrás estaba el beso que le di, diciéndole quizás en secreto que estaba ansiosa de amar y sentirme amada, como luego sucedió. Atrás, más atrás que siempre quedaba el hombre que, gigante a mis ojos, me compartió su mar, sus historias de familia, aquellos buenos momentos donde reíamos de la comida, de los gestos, de las palabras. Sentí que su mano encajaba tan bien en la mía que cada pedazo de vida suyo para mí era inspiración.

Aquella noche en que me encontré con un amigo suyo sin embargo, mi temple sucumbió ante el deseo de saber que había sucedido en realidad. Me obligué a un par de menesteres y la respuesta a mis interrogantes había quedado resuelta. El gran hombre que había aprendido (quizás) a tener tacto a mi lado, era un dominó cayéndose poco a poco, derribando la primera noche cerca al mar donde saltó la emoción, las historias de fantasmas de su familia, nuestros innumerables té chai en Starbucks. Aquel 23 de diciembre mintió y fue descubierto cuando iba a dejarle una nota en su cuaderno: allí yacía la hora y el lugar donde reemplazaba una tarde con la mujer que en ése momento perdió todo el respeto por él.

Sin embargo, sin ánimo de herirlo y saberlo descubierto, callé y mi fe ya no estaba puesta en su ternura. Mi mirada lo veía como un ser ínfimo a su lado y maldije el momento en que nos engañó a ambos en una encrucijada de ocho meses que me hicieron abandonar un amor al que en umomento dañé sin querer.

Vino enero y pensé lo iba a extrañar. La última noche en aquel taxi, hablamos de mi futuro de escritora. Mientras el hablaba de los lugares y las cifras de dinero que haría si me dedicase a aquello, yo sonriendo le decía que tenía un empleo que podía pagar aquello. Mentí cuando le dije que más del noventa por ciento de mi blog hablaba de él, pues contrario a aquello, esta página habla de mis diversos mundos donde B tenía un universo aparte en ése propio cosmos. No sólo se jactó de hacerme mejor persona (jamás lo sentí así) sino me dejó un sinfin de recomendaciones que por dentro hicieron eco en una carcajada infinita de tristeza.

Sé que muchos años pasarían cuando él notase la mujer que se fue de él, la que en enfermedad lo abrazó a pesar de que él nunca se asomó a la clínica donde mis pasos enmudecieron su sendero. Aquella noche de noviembre aposté todo por la simpleza y poco arte de sus actos, por sus manos toscas y su falta de tacto. En secreto su única frase (aunque lo diga por última vez: te quiero princesa ) fueron el empeño para creer en él. Y B., siendo como es, estas líneas van para ti. No van con amor, ni con falta de aquel..

Esta mañana me sentí libre y asumí que quizás sería por mucho tiempo así, dado mi desinterés en abandonar lo que siempre me rodea (algunos pocos saben porqué no abandonaría aquello).

Esta mañana escuché aquella canción en portugués que tenía él en su computador y que ponía para escucharla juntos. Su anillo ya no estaba conmigo. Mis cartas ya no son para él.

He decidido buscarlo en seis meses desde enero.

Estas líneas son para B, a quien siempre tendré conmigo, pero él ya sin mí.







01/03/10, 00:24 Sobre los hábitos

Categoría: Ellos y yo
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En efecto, conforme se habían sucedido los días, mis recuerdos acerca de todo aparecían intermitentes. Hoy hasta altas horas de la madrugada mis tíos nos hicieron carcajear a mis hermanos y a mí, y conforme pasaba el tiempo, comprendí con alegría que las copas llenas de pisco y vino eran tan sólo un pretexto para seguir riendo hasta las tres de la mañana y más.

Hoy temprano, zambullida en el agua, sentí la libertad como hace mucho ( par de meses atrás tan sólo) no sentía. En efecto, después de B., la vida era certeramente diferente. Siempre pensé que él me significaría una pérdida en el alma. Lo cierto es que su rostro ahora se confunde entre los miles de recuerdos y presentes que acogen este enero mío, sin atreverme a aseverar el destino de los siguientes meses. Recordé la manera en como B. engullía la comida, lo torpe de sus palabras sucediéndose unas a otras, sus aseveraciones sobre la vida (equivocadas muchas veces), lo mucho que hablaba (y que atenta escuchaba aprendiendo de cosas que ignoro medianamente hasta hoy), las muchas mentiras que descubrí la noche última que vi su rostro y nunca se lo dije, las noches perdidas en el cine, mis lágrimas huídas y su torpeza al no saber que palabra pronunciar o que gesto esbozar. Aquella noche en que decidí no quedarme más tiempo, detesté todo de él. Mi hartazgo había minado los buenos momentos, la comida en el restaurante japonés, sus besos caída la noche, su cuerpo a mi lado yendo juntos por las calles, mis cartas de puño y letra, su sigilo cerca al mío, sus historias, su sonrisa, su mirada... Pero sus destellos habían desaparecido. Me acusaba de ser distinta a su lado, de tener y poseer el tiempo de una mujer diferente. Ahora ya lejos puedo decir que dejé espacios para que él fuese quien realmente era conmigo. Creo que nunca se dio cuenta que yo veía en él a un hombre (en nuestro primer tiempo) único. Era excepcional. Admiraba cada retazo de minuto a su lado, sus manos, los garabatos en su cuaderno al construir sus ideas y era en este enero donde mi vientre crecía una alegría diferente y nueva.

Ciertamente su vida llena de mutismos me llenó de decepción. El había amado y todo aquello por lo que en su momento comprendí, no existió jamás. Atrás había quedado el hombre de la noche de aquel sábado enfundado en su abrigo plomo largo. Atrás estaba el beso que le di, diciéndole quizás en secreto que estaba ansiosa de amar y sentirme amada, como luego sucedió. Atrás, más atrás que siempre quedaba el hombre que, gigante a mis ojos, me compartió su mar, sus historias de familia, aquellos buenos momentos donde reíamos de la comida, de los gestos, de las palabras. Sentí que su mano encajaba tan bien en la mía que cada pedazo de vida suyo para mí era inspiración.

Aquella noche en que me encontré con un amigo suyo sin embargo, mi temple sucumbió ante el deseo de saber que había sucedido en realidad. Me obligué a un par de menesteres y la respuesta a mis interrogantes había quedado resuelta. El gran hombre que había aprendido (quizás) a tener tacto a mi lado, era un dominó cayéndose poco a poco, derribando la primera noche cerca al mar donde saltó la emoción, las historias de fantasmas de su familia, nuestros innumerables té chai en Starbucks. Aquel 23 de diciembre mintió y fue descubierto cuando iba a dejarle una nota en su cuaderno: allí yacía la hora y el lugar donde reemplazaba una tarde con la mujer que en ése momento perdió todo el respeto por él.

Sin embargo, sin ánimo de herirlo y saberlo descubierto, callé y mi fe ya no estaba puesta en su ternura. Mi mirada lo veía como un ser ínfimo a su lado y maldije el momento en que nos engañó a ambos en una encrucijada de ocho meses que me hicieron abandonar un amor al que en un momento dañé sin querer.

Vino enero y pensé lo iba a extrañar. La última noche en aquel taxi, hablamos de mi futuro de escritora. Mientras el hablaba de los lugares y las cifras de dinero que haría si me dedicase a aquello, yo sonriendo le decía que tenía un empleo que podía pagar aquello. Mentí cuando le dije que más del noventa por ciento de mi blog hablaba de él, pues contrario a aquello, esta página habla de mis diversos mundos donde B tenía un universo aparte en ése propio cosmos. No sólo se jactó de hacerme mejor persona (jamás lo sentí así) sino me dejó un sinfin de recomendaciones que por dentro hicieron eco en una carcajada infinita de tristeza.

Sé que muchos años pasarían cuando él notase la mujer que se fue de él, la que en enfermedad lo abrazó a pesar de que él nunca se asomó a la clínica donde mis pasos enmudecieron su sendero. Aquella noche de noviembre aposté todo por la simpleza y poco arte de sus actos, por sus manos toscas y su falta de tacto. En secreto su única frase (aunque lo diga por última vez: te quiero princesa ) fueron el empeño para creer en él. Y B., siendo como es, estas líneas van para ti. No van con amor, ni con falta de aquel..

Esta mañana me sentí libre y asumí que quizás sería por mucho tiempo así, dado mi desinterés en abandonar lo que siempre me rodea (algunos pocos saben porqué no abandonaría aquello).

Esta mañana escuché aquella canción en portugués que tenía él en su computador y que ponía para escucharla juntos. Su anillo ya no estaba conmigo. Mis cartas ya no son para él.

He decidido buscarlo en seis meses desde enero.

Estas líneas son para B, a quien siempre tendré conmigo, y quien (ya) está sin mí, listo para su propia jungla.

garabatos

Garabatos de B, en uno de sus propios pendientes..



01/03/10, 00:23 Medio día

Categoría: Ellos y yo
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Apenas han pasado las horas... he tenido un descanso reparador. Un par de canciones se me quedaron en la mente, y como todos los lunes, es momento de recomenzar. Aún tengo los reflejos del fin de semana vividos, las palabras, la conversación con S. , llena de dudas y misterios que sólo me provocaron risa y una pena infinita. En efecto, el viernes tan largo y tan eterno cambió de repente. Eran las dos de la mañana y vi a ése hombrecillo pequeño (incluso más que siempre), de anteojos, con el pelo entrecortado, parado frente a donde habíamos acordado vernos, sonriendo tímido, y ya nada me provocaba. Se había perdido en el tiempo lo poco que me había agradado la primera vez que lo vi fuera tomando un café. En ese entonces, su amigo también nos acompañó. La noche pasó con una cerveza de lado que tomé y que pretendí afectó mis sentidos, cuando en realidad no fue así. Tenía que saberlo, tenía que ir al final, tenía que quedarme con la verdadera historia. Horas más tarde, pretendí debilidad, pretendí desprotección. Sentí al instante todo el control de la noche en mis manos y no necesitando más compañía que la propia, después de un par de palabras, comencé a indagar. Pregunté porqué ése amigo suyo, con el que alguna vez nos reunimos en un café (los tres), le pregunté porqué pretendían ser tan unidos, y S., tan poco precavido, comenzó a enterarme de detalles que me dejaron boquiabierta. Por entre mis manos deslicé mi teléfono. Toda la conversación comenzó a imprimirse de circunstancias, de lugares, de modos, de tiempos... entonces me dijo que aquel hombre que alguna vez había conocido, era demasiado moderno.

Esto comprueba lo que siempre he dicho, que siempre me entero de cosas que nunca deseo saber.

Es increíble... pero es cierto. El hombre que se jactaba de tanto, el hombre de soportes.. ja, no es tan hombre después de todo.

ps. Texto dedicado con todas sus letras a B., cuya modernidad provoca una ironía profunda en mí.

01/03/10, 00:22 Y al cuarto día.

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Para mí, el cambio de la primera semana del año fue intensa. A decir verdad, los primeros días del año. He ido tan lejos de casa, después de haber pasado tres días casi durmiendo, moviéndome de lado a lado. En un sólo día me reencontré con más de cien personas en diversos lados y a todas les prodigué un holaquetal. Hacia media mañana conversaba con un amigo en la parte trasera de su auto y él escuchaba mis historias de fin de año. Nos despedimos con un abrazo fuerte. Luego marché a un café, apenas cinco o diez minutos todos marcharon y me quedé con mi más querida amiga, aquella que también es madre para mí. Después de una charla corta, nos despedimos, y salí a trabajar. El mediodía era intenso, pero pasadas un par de horas me distrajo la gente a mi alrededor. Comí una manzana, y pensaba en lo que tenía que hacer. Pasé por el restaurante de comida japonesa, que ya no me provocaba recuerdos. Después de la mentira hallada en la parte final de aquel cuaderno, todo asunto relacionado a ésa experiencia me daba igual(. Sin embargo tenía fechas diversas en mente: tres exámenes por venir, reincorporaciones, estudios, trabajo, actividades de tiempo libre, sueño y la llegada de gente importante a mi vida, mas aún mucho de ello significa un reto para mí.

Después de estar cinco horas bajo presión, marché al baño. Gente iba y venía. Eché agua a mi rostro, vi mis mejillas. Mis ojos, brillando intensos. La noche llegó tenue y mis pasos, allá tan lejos de casa, fueron guiando mi propio ritmo. Pasé calles diversas, mientras distraía el hambre con una mordida de manzana, fui caminando y en una esquina próxima me detuve. Me sorprendí de estar en ése preciso momento en ése pedazo de tiempo y espacio lejano de todo.

Comencé a fotografiar gente y lugares, pero ésta esquina se me quedó grabada mientras la brisa ausente de verano sobrecogía mis deseos que ahora son gigantes, ahora más aún que siempre.

Hay tanto por contar pero ahora, voy a trabajar.

Calles..


ps. La mañana de nuevo año, el escritor apareció tan usual y de repente.

01/03/10, 00:22 Mi herencia

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Cuando veníamos por las calles, le dije a B. que en efecto, tenía una herencia. Más allá del alcance económico que eso pueda producir en cualquier oyente, lo cierto es que tengo una herencia de la que soy directa receptora, y no es una contrariedad pues quienes me conocen saben que mi apego económico está más restringido a una suerte de dominación adictiva por la compra de libros por doquier. Lo acepto, con mucha humanidad.

En fin, paseábamos por las calles y nuestra motivación era conversar. Después de todo, ya iba siendo yo misma con él pero no completamente. Pues sí, con él era toda yo, pero una relación (entonces) significaba algo más de lo que yo no estaba enterada.

No quiero extender esta primera entrega, pues tengo su rostro, un memorándum, el recuerdo de su cuerpo inclinado a punto de marcharse, la mañana de hoy. Y la pregunta suya:

- ¿Por qué crees que soy yo el indicado?


Una respuesta corta sucedió a mis lágrimas que se hicieron una sal muy amarga durante los primeros minutos de la película. Renegué. Sollozé. Yo quiero a ése hombre - pensé . Entonces fui al baño, contesté el teléfono, me miré al espejo, acomodé mi pelo y miré mi cintura. Regresé a la sala y entonces mascullé un breve tengo frío. Y me así a su cuerpo.

mejor mujer
Anotación en su cuaderno al promediar las dos de la mañana, escrita a hurtadillas..algo que me hizo única en esencia.


ps. Abrí el cuaderno para callar sus palabras... y al final del mismo descubrí su tarde de 23 de diciembre. Y recordé que mientras yo estaba cansada por la noche, él había mentido. Fue ahí donde decidí irme.

01/03/10, 00:21 Anoche

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Anoche, y la madrugada de hoy, sin quererlo, me llenaron de ideas. Tengo toda esta emoción bravía de poner mis ideas por escrito, ordenarlas, pero me falta el más grande motor de mi vida por fuera.

Hoy por la mañana despedí a B. con un beso apresurado en los labios y puse una barra de cereal en su mano. Él sonrió. Mientras mi teléfono sonaba y los minutos volaban también puse muchas cosas en sus manos, cosas etéreas, cosas que sólo se sienten cuando el tiempo está con él. El dolor en mi espalda agudizó ésta mañana, su mirada yacía inflamada de cansancio y preocupación. Me habló de un tema pasado (un hombre inexistente) y quise despertar sus celos, cosa que hice quizás aunque nunca lo noté. B. es mi lector más asiduo, mi cariño más constante, mi motivador externo por excelencia. Pueden estar todas las letras del alfabeto juntas, mis recuerdos pueden estar atados a nombres diversos. Pero cuando la noche crece sustantiva y genial, cuando encuentro los mejores momentos de todo, recuerdo a B., a su risilla boba encajonando una pirueta o desazón, sus palabras, comentarios, sus manos..

Aún no he terminado de escribir.

Voy a trabajar, la tarde crece en sol que se convertirá en frío llegada la noche.

ps. recuerdos que llegan por costumbre y ocio.

01/03/10, 00:20 Si tú no estás.

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Han pasado los días y su ausencia me reflejaba nostalgia. Hoy en la mañana recordé su rostro al despertar y sólo pude sonreír. Sí, lo extrañaba. No iba a dejar que ése recuerdo (y más que recuerdo, esa sensación de sentirlo cerca) se me escapara de la mañana. El sol nacía fuerte y extenso, sentí mis piernas estirarse en la cama... y al instante las impresiones de éstos días me llenaban el pecho de emoción y de un no-sé-qué imposible de describir.

Estos días, así también, me han inundado demasiadas cosas la mente y las horas. Han habido tres cumpleaños sucediéndose coetáneos: Cr. invitándome al suyo después de una ausencia de mi vida por cerca de cinco años o más, ayer el cumpleaños de J. a quien en un escueto mensaje a su teléfono (sin respuesta desde luego) quise decirle todo lo que ya no me inspira y a quien había planeado ofrecerle el día más feliz con música incluída (y sonreí porque jamás tendrá idea de la mujer que marchó de él), y hoy el cumpleaños de Ernesto, cuyo nombre real ( F.) me evoca al ideal de su padre y me hace guardar nostalgias gigantes... y por sobre ellos esta sensación de B. que supera mis propias expectativas. El trabajo sigue su ritmo, pero el cariño por B. es una incógnita. Sin embargo, yo no me veo sujeta a otro sentimiento más que el propio reto de sentir esta mezcla rara de... paciencia.

Y ya lo he dicho, la paciencia (para quienes me conocen) no es una virtud en mí. Pero si estoy cuestionando esta suerte de fe ciega, de cariño, de palabra, de lema... me es suficiente saber que B. está ahí. Estas semanas también me escribieron un par de personas preguntándome por la identidad real de B. , y con mucha alegría les respondí que sí, que B. está en mi vida casi ya un año... y que si pasean con la nocturnidad en Plaza San Miguel, podrán encontrarnos en algún café juntos, sonriendo, estrechando nuestras manos, enamorándonos más. Esa boca que me besa, esa palabra que llega a mí, esa sóla promesa de saberlo conmigo y sin mí es mi punto de partida. Claro, si el tiempo aciago termináse por hacer mis minutos simples hiatos, entonces B. me sabrá huída, me sabrá lejana e ignota.

Es extraño, pero es la primera vez que en palabras no puedo poner lo que sé él siente por mí. Nuevo misterio de sentirlo en mí.

Y sí, él es asiduo a estas palabras mías. Así que toda yo, mis escritos y mis días, hoy, como ayer, están dedicados a él, por ser parte mía.

Como ayer, un día, un mes.



Canción que a su lado escuché dos veces exactas, y en las dos veces lo sentí más cerca de mí que siempre..



carta


Carta para él, ésta la escribí por nuestro primer mes...



01/03/10, 00:20 Noche de día.

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Anoche vi que J. jalaba a modo de carrito su equipaje. La verdad es que extrañaba nuestros días cuando él era la persona que nunca esperé conocer. Esas noches en que se esmeraba en escribir a pesar de su pobre caligrafía, las noches en que se quedaba hasta tarde y deslucía su sueño por compartirme parte de sus días. Quise acercarme (impulso vacío desde luego) y darle un abrazo esgrimiendo un holacomo estás. La última noche en que él había decidido ser parte de mi vida lo había despedido con un beso y sentí sus labios fríos. Aprendí luego que su mirada era diferente y que por un error del que nunca seré parte, él echó por la borda días de afecto. Luego todo fue efecto del peor dominó de divorcio habido y del peor tino habido: el hombre antes mis ojos henchido de fuerza, historias y emoción era simplemente una bolsa sin fondo, de donde la admiración se había ido escapando y de donde los escrúpulos fueron huyendo sin cesar. Luego, así como anoche, el hombre que calza ése cuerpo es un desconocido para mí. Es extraño como ver el sentimiento humano transforma la emoción en lástima. Ayer me entró ésa pena profunda de ver vida donde sólo hay desierto. Ante los ojos del mundo no lo sé, pero sólo yo y esos días sabemos quién es realmente. Desearía no verlo más, porque recuerdos buenos no me trae. Pero tampoco malos en sí, lo vi marcharse en un taxi y sonreí en plena nocturnidad. Es cierto, podía haberme casado con ése hombre. Juego peligroso el de la vida, sueño eterno el de la muerte...

Sin embargo, mucho antes de salir a mi noche (otra más), pensaba en Boris. Cuando iba en el bus, pensé en el día en el que lo volveré a ver. Esa espera hizo nacer una lágrima furtiva en mi sonrisa. A través de la ventana del auto, pensaba en que cuando lo vea, correré a sus brazos y asiré mi calor a su cuello. Pensé en la felicidad inmensa que me nacería en ése momento... la sóla idea me gustó. Creo que sería un gran momento, único, la sóla idea de revivir ésa emoción ahora me hace sentir una alegría extensa, como bien dijo él...

Es tu esencia muñeca..


01/03/10, 00:18 Bolivar con B. (3)

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Entonces, de la nada, le hice la pregunta... Dime B. , ¿tú me quieres?, esperando como siempre su cara de sorpresa y remilgo, pero a diferencia de aquello, pudo responder aquella pregunta que hace tiempo seguramente no escuchaba de mí, sonrió (¡espléndida sonrisa la suya!) y finalmente lo dijo.

- Claro, porqué voy a negarlo, sí te quiero sabes Rocío..

Después reímos tanto ambos que no supe llegar a cansarme, y mi dedo empuñó tantas veces tantas frases en su frente y él reía y carcajeaba y así pasamos los minutos, las horas, la noche, el vino crecía en mi sangre y disfruté como nunca cada segundo de ése reencuentro y que inútil se me hacía resistir a ése hombre que quizás idealizo pero materializo en mis días. En el futuro yacía el viaje a Brasil o Arequipa juntos, mi semana de cumpleaños, un fin de semana cualquiera, un día prestado al destino...no importaba. Quería que las cosas se sucedieran una a una, tal y como está sucediéndose toda esta vertiginosa libertad e independencia mía. Mi propio lugar estaba construyéndose de a pocos, el trabajo crecía, los estudios se agigantaban, el tiempo acortaba espacios de ocio y las lecturas y los escritos poblaban mis vértices. Esta fue la segunda cosa sempiterna para mÍ: La mirada de B. refundida en este matiz de imposible que algún día quizás pueda materializar.


Canción que me llena la piel de un ligero rubor al pensar en esta condición tan humana, imponente, tan...bah...


Ps. Maldita sea, estoy enamorada (?).


null

Tarde de hoy, seis horas y media.

01/03/10, 00:17 Sopa de Pollo

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Caminamos en dirección al restaurante después de bajar del taxi, pero ésta vez sin sostener yo su mano. Después de escoger que plato con carne comeríamos (demoramos creo yo más de media hora en decidir), ordenamos casi al unísono lo mismo: "pollo, por favor". Sonreímos, y en ése momento deseé tener un libro de cocina de donde pudiera copiar la mejor receta de sopa de pollo para hacerla funcionar en su cuerpo y hacerlo sentirse mejor, pues una gripe llenaba su cuerpo de frío y debilidad. Mientras comíamos, él me contó lo que había sucedido en los meses en que yo me encontraba ausente: una muerte, un viaje, y sus vacaciones forzadas. Escuché todo atentamente, atesorando las impresiones de su rostro al contármelas. Sólo me cuestioné, mientras él las decía, por qué nunca me dijo todo ésto cuando sucedió. Y dejé de pensarlo cuando me di cuenta que en efecto, me estaba compartiendo su mundo, y todas esas historias suyas que ya eran parte de nosotros aquella noche. La comida de por sí era algo tensa porque era la entrada de la conversación que no quería (ninguno de los dos) comenzar. Comimos bien, el seguía hablando, yo lo escuchaba pero no dejó de ser inoportuno a veces y no podía creerlo. Sólo asentí sus ideas y recuerdo que dije que nunca sería lo suficientemente buena para él. Él no supo que decir, mis ojos se llenaron de ésa agüita de sal que me nubló la mirada, pedí permiso para ir al baño y lo dejé consumido en su propia duda mientras mi paso dejaba rastros de su propio eco al referirse a mí. Se me hizo demasiado difícil creer que ése hombre sentado en el extremo opuesto del restaurante era el hombre que me había dicho querer noches antes, que había hecho planes junto a mí sin decírmelo, que le dolía ver que estaba a un paso tan sólo para irme de su vida, que yo era esa mujer que él llamaba princesa en silencio...Ése era el hombre al que le daba una oportunidad de matizar mi mundo con el suyo propio: la verdad era que había empezado a quererlo y mucho, pero mi corazón no podía develar ese misterio que crece con los días y las noches, con el tiempo..

Regresé del baño, y no fui a empolvarme la nariz. Cuando entré a ese cuarto pequeño vi mi rostro en el espejo y en mis ojos veía el fuego de la furia más gigante contra todo lo que pasaba. Un haz de culpa me rodeaba la mirada, pero estaba hecho: lucharía por ése hombre allí afuera, sentado, pensando sabe dios en qué. Lucharía en la medida en que él de verdad lucháse por mí. Y para luchar no me hacía falta un beso, tan sólo su mano conmigo. Eché agua a mi rostro, sonreí, acomodé mi pelo y salí. Caminé el largo pasillo hacia él y cuando me senté, estaba aún incomoda. Recuerdo que le dije por qué reaccionaba así conmigo... y tomé su mano que estaba en la mesa, y él tomó la mía y no me importó nada más. Él imprimió tal fuerza que la sangre me corrió como línea de pólvora en las venas. Así, sostuve su mano con fuerza y comencé la conversación, nuestro verdadero porqué estamos aquí. Pidió la cuenta, movió la silla para que me levantáse y salimos, aún sin sostener nuestras manos, perdidos en la inmensidad de la noche.

Caminamos para comprar algo pues yo lo veía mal y débil. Y compramos algo para mí también, porque por alguna razón que no entendía los ojos me ardían. Entramos a la farmacia, y después de un par de bromas que rompieron el momento anterior (en el trayecto dijimos cosas que sólo sabemos él y yo), al pagar me acerqué a él. Le di un beso cerca a los labios, y posé mi cabeza cerca a su cuello. El me asió a su lado, pagó, puso su nariz en mi mejilla y salimos. Lo curioso es que cuando estuve a punto de besarlo él se encontró con una mujer que comprendí no era una desconocida. Mientras el hablaba noté en cada uno de sus movimientos silencio, poca discreción. Hablaría él de ella más tarde, y yo le volvería a decir lo mismo que ése sábado 14 de noviembre, noche en que me pidió ser su enamorada..

- Tú sabes lo que haces, sabes ahora también que no estás sólo. De algún modo lo que tú hagas me hace parte de ti y si haces algo, piensa también que yo soy parte de eso... (aunque en ésta corta sentencia quiero aclarar que aquella mujer diáfana no me dio ningún pensamiento mayor al que me siguió al minuto siguiente en mi propio silencio... Ja, miren quien sostiene la mano del ingeniero hoy.)

Caminamos cuadras oscuras, y lo vi cerrarse en tos, en estornudos, en escalofríos. Tomar un café como en un inicio pensé haríamos, no se hizo realidad. Antes de entrar al café yo estaba congestionada por la sal de mis propias tristezas, mis lágrimas caían al sostener yo su mano y él hizo que me sentara afuera, donde el viento silbaba urgente y fuerte, donde yo le decía que no sabía a donde más mirar. Me tomó la mano, y hablamos de cosas que guardaré en mi corazón siempre. Yo lo veía empeorar, y con un beso le pregunté si me quería. Sonrió. Yo también. Nos abrazamos mientras las luces de la noche crecían y los autos cruzaban la avenida a velocidad y en segundos. Esperamos a las dos de la mañana. Un carro me esperaba.

Dejé su mano en la inmensidad de lo dicho, compartido... me dio un beso y sentí sus labios en los míos. Él estaba aún frío, enfundado en un abrigo que le calzaba muy bien al cuerpo. En ése momento mi corazón y algo dentro cambió.

Llegué a casa al promediar las tres de la mañana. No prendí la luz para dormir.

Cerré los ojos y entre las sombras de la noche, vi su anillo sobre mi mesa de noche. Una lágrima rodó por mis mejillas. Me parecía increíble en ése momento saber que éramos enamorados pero era así. Ahora yo tenía a ése hombre en mi vida, después de ocho meses.

Y más aún, él me tenía a mí.

01/03/10, 00:15 Los días por acá..

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Esta mañana amanecí con un dolor de cabeza huído ya desde hace mucho. No presté atención, aunque supuse se debía a un ligero malestar después de la inoportuna conversación con un personaje desconocido. Luego de éso, mis órganos aligeraron su consistencia y hacia el medio día mientras el agua me cubría las rodillas, pensé que era sólo mi idea.

Hacia las dos de la tarde mi estómago había empujado restos de comida y restos de discusiones casi cinco veces en menos de treinta minutos. Mis ojos estaban hinchados, mis párpados ausentes, no podía ver bien y temí que todo fuera a mayores. Traté de levantarme de la banca en el vestidor de mujeres y me dio un mareo que me hizo sospechar que no era un malestar tan sólo. Me grité por dentro, vamos Rocío, déjate de cosas, bota el malestar, sal a ganar, a trabajar, a triunfar...... Empuñé un golpé a mi estómago lo que sólo empeoró todo: mi estómago volvía a encogerse por más de diez veces ya. Llamé al Chino, muy avergonzada por fallarle cuando más me necesitaba (lo que remediaré en unos días sin pago de por medio), y me dirigí a urgencias en la clínica más cercana. Arrastré los pies y cuando llegué mostré mi carnet. Sonrieron. Les iba a decir qué me traía allí, pero tuve que correr porque mi estómago encogía mi serenidad nuevamente. Con la cara hecha trizas le dije que no sabía que me sucedía.

- Dígame que fue lo último que comió.
- Mmmm , no lo recuerdo. Pan con algo, en el desayuno...
- ¿Última relación sexual?
- (Permanecí en crudo silencio).

Me tomaron la presión. Pulsaciones: 61. No había fiebre. Punzadas. Mi estómago a punto de colapsar. Me pusieron suero y después de quince minutos, esperé diez por un par de antiácidos.

- Si se siente mal regrese inmediatamente.

Con esa medicación inútil pero exacta, el regreso a casa fue un recuerdo de calles y sueño. Dormí la mayor parte del camino y vi la tarde de un fin de semana como nunca la había visto: opaca, gris, mustia, ausente en pleno verano.

Llegué a casa y mi estómago volvió a crujir por cinco veces más. La cabeza me estallaba. Tomé lo que me dieron y caí en cama. Ahora héme aquí, recién despierta, viendo el reloj que quiere llegar a media noche... mi salud cierra así éste día, esperando que mañana sea diferente.

01/03/10, 00:14 Sentires

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Aquella noche, quería extender las horas y perderme en aquellos pasajes de tiempo que siempre he tenido para mí en el recuerdo. Las luces fuertes caían sobre la mirada de B., y él seguía hablándome ensimismado, conversándome de miles de cosas, abriéndome su mundo. Yo lo vi cerrar la noche mientras mi mano tomaba la suya, mientras su brazo rodeaba mi cuerpo... aquella noche escuché miles de historias que alguno de estos días escribiré aquí.

Desde aquella noche de sábado, aquel catorce (viendo en el calendario)...

Desde ésa noche B. y yo nos quedamos abrazados por largo rato, yo con mis lágrimas cayendo por entre mis alegrías escondidas. El sólo me dijo te quiero. Y tomó mi mano fuertemente.

Y desde allí, soy una nueva mujer cada día.

01/03/10, 00:13 B de Babel.

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Ya desde hace varias noches quería escribir. Ayer fue cuando recién retomaba mis lecciones de quechua con paso calmo, y así, encerrada en la profundidad de la noche, el libro de antropología que también leía para mis cursos, el libro y las ideas que deben empezar ya, perdí conciencia brevemente. Y comencé a escribir.

T. había por fin dado el gran paso: lo que significaba que aunque lejos, se destinaría cierta cuota de dinero y él como garante, nos lanzaríamos a la aventura de concretar parte de mi trabajo. Escribir.

Por la noche de hace algunos días, el fin de semana se estiraba. Parecía un sueño los nuevos universos crecidos a fuerza de palabras sólamente. Toda la mañana de sábado estuve inmersa en clase, y por la tarde, después de caer el sol, un par de mensajes confirmando todo, B. me dijo que estaría fuera a las siete de la noche, hora en que yo salía de la larga y rutinaria sesión de clases. Y así fue.

Fuera ya, con un abrigo largo y grueso que cubría casi hasta su mentón, pude reconocerlo. Las luces no me dejaban distinguirlo muy bien pero en efecto, era él. Parecía una eternidad no haberlo visto, no haber ganado sus torpes palabras o su risa encogida tosiendo a cada palabra o situación cualquiera. Se acercó, dióme un beso en la mejilla. La cabeza seguramente le daba vueltas, como comprobé más tarde cuando sentí sus manos frías. Encontrarlo así fue nuevo para mí.

Ocho meses habían transcurrido desde la primera vez en que lo viera. Siempre la misma risa, el mismo gesto en los ojos.

Aquella noche última de verano en que vino hasta mi casa hace meses, el camino hacia el mar era largo. Nuestras palabras nos detuvieron con un beso y luego pasamos parte de la noche contando nuestras vidas mientras el mar recogía su rumbo una y otra vez, al chocar contra la orilla.

Ahora el estaba a mi lado, como lo había prometido. Fuimos a comer y noté su rostro pálido y cansado. Allí me dijo que quizás había tenido fiebre, malestar intenso y todo lo propio en cualquier proceso respiratorio.Comimos. Reímos. Hablabámos. Fue ahí cuando mencionó algo fuera de contexto y mi mirada lo desaprobó. Fue tarde para cuando quiso reformular sus palabras. Me entraba la nostalgia, él lo notó. Lo miré, puse mi mano sobre la mesa. El acercó su mano. En ese momento sujeté su mano con fuerza, él hizo lo propio. Fue tanta fuerza que no entendimos porqué lo hacíamos, sólo que sucedió. Salimos. Fuimos a la farmacia, y como no podía ser diferente, hizo un par de bromas que a mí me sonrojaron. Lo miré fijamente a los ojos con seño adusto. Yo también tenía un problema en los ojos, ignoraba el porqué. Compramos algunas cosas. Y antes de salir le di un beso en el mentón. El sonrojó: Estábamos a mano.

Caminamos un par de calles, nos sentamos fuera de un café. La noche larga -¡cómo gemían las voces de sábado!- y nosotros con todo lo dicho por los sucesos acontecidos. Gruesas lágrimas que nunca salieron se confundieron en mis palabras y éramos toda yo, los hechos, mis recuerdos, y el final.

Ah, aquella noche el babel de B. por fin pudo ser descubierto por mí. Cada gesto, cada palabra, cada incomprensión. Cada cariño, cada admiración. Ahora recién podía creerle, pero no ausentarme. Sabía que nuestra amistad permitiría con los años una suerte de confianza amabilísima, y cerramos la noche con una sensación de amistad infinita. Así yo lo sentí, después de meses, B. había dejado a su razón florecer. El tiempo me causa expectativa. De aqui a veinte años espero aún vivir y más aún... Noches como ésa, donde las palabras y la experiencia de vida renacen en compartir...son únicas.

01/03/10, 00:12 Fin de semana..

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El día sábado llegué a la universidad en taxi, media hora tarde. Toqué la puerta y el profesor me recibió con una mirada austera. Mi pelo ocultaba mi sueño y mis lentes para leer, mis ojeras. Me senté a un extremo de las carpetas. No conocía a nadie allí, pero sin embargo comencé a reconocer algo de familiaridad en todos los rostros. Me sentí como en casa. Un par de horas después los compañeros me hacían reír, intercambiamos números de teléfono con algunos de ellos y comencé a escuchar Chío en cada rincón del salón. Celebramos un cumpleaños con un pedacito de torta, y despedí al muchacho homenajeado con un fuerte beso en la mejilla.

- Creo que ya no te volveré a ver, pero ¿sabes? ... Que lindo haberte conocido.

En efecto, un sólo gesto suyo ganó mi mirada en él.

Había pasado la hora del almuerzo. Todos cantamos, tomé unas fotos y conversamos de cosas dispersas. Entonces el chico que cumplía años dijo gracias y lanzó la noticia: "no volveré porque iré a USA a trabajar". Todos aplaudieron más fuerte, lo abrazaron y a pesar de ser una extraña, sentí un deseo inmenso de abrazarlo y llevarme algo de su alegría conmigo, que de por sí ya estaba naciendo en mi sonrisa mientras se ocultaba la tarde. Ese beso sin embargo llegaría al día siguiente, en pleno mediodía de domingo. El sol rompía fuerte. El estaba con unos amigos. Lo miré, y lo miré tan fijamente que me acerqué y mi corazón lleno de deseos buenos y nobles le habló. El me extendió el abrazo. Me separé, extendí mi mano y le dije...

- "Que bueno haberte conocido".
- " A ti también.."

Y me alejé con la música a los oídos. Estaba llena de huaynos, de soledades, del quechua que mi abuela hablaba, de mis historias, de escritos y música. La comida no tenía sabor pero mi estómago calló su hambre. Dejé más de la mitad de lo que me sirvieron... pensaba en esos dos soles, en el poniente y el saliente, en B. y J., pensaba en mi vida propia, en lo que haría, en mi campo de estudio, en mis lecturas, en mis madrugadas largas... en todas mis soledades, como leí de alguien.

Hacia las cuatro de la tarde, escribí un mensaje a B. Me dijo que se sentía mal. Las posibilidades de venir eran nulas por lo que pude presentir. Rabié. Necesitaba completar el círculo. Le propuse ir a verlo. Me dijo que vendría. Dieron las seis de la tarde y me sentí nerviosa pero deseosa de verlo. Habían pasado las semanas y ya no éramos los mismos.

Caminé hacia la salida. Entradas las siete de la noche, pude distinguirlo entre las luces de las calles y los autos. Pero volteé. Estaba muy nerviosa de verlo nuevamente, de ver su sonrisa de papel donde yo pude escribir tantas veces deseos y sueños sin decírselo. Cuando dejó aquel hola impreso en un beso sobre mi mejilla, lo sentí frío. Me dio la mano al subir al taxi y sentí su mano fría. Algo no estaba bien. En efecto, me dijo que la garganta le dolía mucho, que tenía dolor de cabeza, su nariz no paraba de gotear. Lo vi enfundado en un abrigo que le calzaba muy bien a los hombros, aunque con centímetros de redondez en su vientre. Sonreí. Su pelo ensortijado escondía su malestar. Sus ojos miraban cansados. El agua fría sobre su cuerpo podía haber causado el efecto contrario.

Hacía frío. Y él ya tenía decidido comer carne. Entramos al restaurante, y después de casi veinte minutos decidiendo, pedimos algo de pollo. Nuestra comida fue una reunión negociable de recuerdos. Disfrutamos éso, pero luego el comenzó con su imposible humor. No llevar pulseras de tela cuando visto algo de metal.

- Nunca voy a ser lo suficientemente buena para ti eh?

Y ya la suerte estaba echada para ambos. El renegó de sí mismo. Yo puse mi mano sobre la mesa, busqué su mano y la presioné fuerte. El hizo lo propio, era como un pequeño adiós.

Caminamos, paseábamos buscando lugares interesantes, recogimos palabras y ya sentados fuera de un café, con el aire haciéndole daño y yo con la noche yéndose fugaz, comenzamos. Hablamos con el corazón, la noche se cerraba. Recordarmos Febrero, donde el comenzó a recordarme mi calidad de buena mujer, estatus que empieza a preocuparme. Tomé su mano quizás por última vez. Él simplemente era otro ahora.

Después de algunas horas, mi papá llamó para recogerme. Caminamos un par de cuadras. Me confió algo suyo y posé un beso de despedida en él.

Era de tarde cuando él entró a mi vida... y como por ahí dicen, la vida fue hecha para vivir.

En fin, es ya de noche, y he empeñado mis recuerdos al tiempo.


birthday


El muchacho a quien despedí el mismo día en que lo había acabado de conocer. Viste un polo rojo.

01/03/10, 00:11 Fin de semana

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Vivo.

Esa experiencia, el vivir, me ha llevado por cientos de lugares en mis palabras, en mis pasos día a día, y en mis propias rimas escondo versos que casi nadie entiende, pero que me dejan vivir tranquila y feliz cada mañana siguiente. Después de cada uno de los acontecimientos de este fin de semana, la mitad de ellos provocados por mis palabras y mis manos, por la noche y sus retazos de tiempo, no me ha quedado más que poner mis pies en agua fría, descansar mi voz en un silencio impropio y desear que mañana lunes, nada en ese mi propio universo haya trasladado su usual movimiento en dirección diferente a la propia. No se crea que soy una mujer infeliz, muy al contrario, tengo tanta felicidad que me consume y a veces me hace sentir culpable, con un sabor ligero a no-sé-qué-sucederá por el simple hecho de sentir así...

Ese viernes, ésa noche, ese tiempo y ese sentir se consumirán en el olvido. Y muy al estilo de nomeimportaelquédirán lo cierto es que me importo mas yo. La rapidez de los acontecimientos hace difícil enumerar o describir los momentos previos al breve desenlace.

En fin, es la semana de cumpleaños de B. y ahora en que conversamos por breves espacios de tiempo, lo recuerdo en la inmensidad de los días con sus meses... tengo un regalo pensado, junto con otros dos gestos más...

Y tengo la carta aquí, conmigo...

Y miles de palabras por escribir en éstos días, más por hoy, hora de volver al trabajo y terminarlo para distraerse de todo lo ajeno.


Categoría: Ellos y yo
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Anoche un dolor repentino de cabeza minó mi tiempo. Sin saber por qué en realidad, revisé un par de documentos y me fui a dormir. Una sensación de frío me recorrió el cuerpo y sin saber muy bien qué hacer (eran poco más de la medianoche) fui la última en ir a dormir, por tanto, recorrí antes la casa para apagar todas las luces, revisar las puertas que debían estar cerradas, apagar la tele, sacar todo de mi cama para poder dormir. Apagué la luz, y a tientas me metí a la cama, envié un par de mensajes desde mi teléfono y encontré respuesta en ellos.

Tuve intención de escribir aquí desde que encontré a B. aquella noche pasada, en la que pudimos conversar a tientas y reir un par de veces. Tenía tantas ideas e incluso cuando nos despedimos con una sensación de alegría a cada lado, pude percibir que si permanecía más tiempo comenzaría a interesarme más en sus metodismos, practicidades, en sus guantes (ignoro el porqué) y darme de bruces con la realidad austera de saber que él no valoraría esos pensamientos míos. Mientras iba a casa y el carro recorría el camino usual, pensaba en esas cosas. Pensaba en las veces en que decía mi nombre por puro nerviosismo - ja ja ja - y pensaba en sus sentencias dichas meses atrás, y a pesar del momento compartido, no deseaba esos retazos. Así que decidí marchar mi propio rumbo, y al instante apareció aún un conversador más interesante...O que al menos me interesa más por ahora, en intervalos de tiempo.

Conocí a R. hace algunos meses atrás. Y a pesar de no saber mucho de él (excepto cosas externas que todo el mundo a su alrededor también sabe) nunca conversamos del modo en que lo hicimos el fin de semana. Me sorprendía conocer a un diferente R., siendo irónico pero siguiendo mi pensamiento, replicando mis frases o acaso manteniendo silencio mientras dejaba que yo pronunciara sentencias breves replicando sus líneas. Debo reconocer que esta faceta suya mantiene una ligera curiosidad que veré (quizás) satisfecha en las siguientes semanas. No sé si tenemos cosas en común además de las usualmente conocidas debido a nuestra cercanía de edad, no sé si haya más por conocer en él. Por el momento, un té chai satisfaría alguna curiosidad inmediata. Eso sí: su falta de memoria me impresiona a veces. Será cuestión de tiempo ver que tanto recuerda. En fin, R. se ha convertido (o está camino a serlo) en esa compañía inesperada ya caída la noche...

En fin, ideas cortas, mi día empieza caída la tarde... aún la pérdida de quien yo asomaba como una figura inspiradora me conmueve, tantos deseos incumplidos.. Ernesto apareció estos días y temo que mis palabras sólo servirán para fruncirle el seño y quizás hasta minar su aparente serenidad, pero no puedo ocultar mis sentires. Sin embargo, saber que Ernesto está ahí, desde lejos, escribiendo, leyendo, pensando, fotografiando.. son cosas que me hacen pensar que las cosas siguen su rumbo, y que por la memoria del padre escritor, aunque no pueda ir y llorarlo en una tumba a solas, aunque no pueda decirle que sus sueños no son fantasía, aunque no pueda darle esta segunda carta... aunque Don V. ya no me pueda ver ni yo a él, mientras mi corazón tenga vida, jamás podré olvidarlo. Mis hijos sabrán de él, quizás a forma de mito...mito que fue realidad alguna vez, en los ojos de esta mujer que alguna vez recibió su abrazo sincero en forma de cariño infinito.

Eucalipto


Julio 2004

Esta foto fue tomada por el padre escritor, a insistencia suya, con el árbol que Ernesto cultivase hace mucho. Algunas hojas de éste árbol las guardé conmigo, otras se fueron cuando terminaron de arrancarlo hace ya algún tiempo.
Categoría: Ellos y yo
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No sé si el corazón cambie de parecer por antojo o por emoción, por extrañez o vicisitud. Dentro de lo que cabe, mi corazón ha sabido entrenar el sinsabor con una gran sonrisa. En efecto, ayer por la noche, B. y yo conversábamos como si nada hubiera sucedido. Este nuevo despertar me gusta, me gusta saber que es lunes y que como una dieta o como un libro, nuestro tiempo sea único. Hasta ayer la culpa me invadía, el recelo me recorría las venas, la ausencia me provocaba naúseas. Hoy siento el agua correr en mi cuerpo, mis manos tocar el mundo y soy increíblemente feliz en la voz propia y en compañía del hombre cuyos tequieros racionalizados en tiempo y contexto, son únicos. Estas dos semanas fueron el fin de semana que muy a su medida John Lennon tomó por sorpresa alguna vez en ocho meses y algo más. Pero B. no es tan famoso (o sólo lo es para mí) y yo soy, como el dijera alguna vez, un personaje público. Cierto o no, lo que construímos a fuerza de tiempo, tiene una ternura única que me invade por entero. Como el dijera anoche...

- "Muñeca ( ...) mañana hay que trabajar".

Y así cerramos la media noche, cada uno en su mundo, y conviviendo en libertad.



Canción para B. , quien me enseña cada día la magia de saberlo diferente..

01/03/10, 00:10 (Sin mirar) Atrás.

Categoría: diario
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Aquella noche en que terminábamos de hablar, Boris (no confundir con B) me dijo -entre otras cosas- que me cuidara. Hablamos de algo-del-tiempo que se había sucedido ligero, tiempo que no nos habíamos visto. Yo sabía que él estaría en el mismo lugar donde solía encontrarlo. Y quizás en esas noches en que yo no tenía más que el techo mirándome helado y solitario, sin poder correr y buscar lo que extrañaba, recordé las conversaciones tan extensas que sosteníamos, las palabras que usábamos, su torpeza al intentar buscar sinónimos a mis aseveraciones, sus manos girar de lado a lado, rápidas, fuertes... sus ojos no solían mirarme cuando me hablaba... pero cuando encontraba su mirada, entonces me gustaba guardarla exacta y precisa. Fue así que cuando me quitaron el paso y la libertad por aquellos días, sólo intenté quedarme con lo bueno de todo lo vivido. Egoísta quizas, pero muy humano.

Eran las dos treinta de la tarde cuando terminaron de ajustar un par de botas a mis pies. Las vendas me cubrieron los muslos. Sólo veía a una lámpara que colgaba del techo, sobre mí, inmensa. Comencé a sentir escalosfríos y la piel se me helaba. Mi espalda no dejaba ir su dolor, pero al instante me sentí abandonada a mi propia suerte. En ese momento entendí que éramos yo y mi vida, solas las dos, viendo nuestro propio destino. Repasé -probablemente- en menos de un minuto, mi niñez, mi juventud primera, mi primer día de trabajo, el día en que mi abuela murió, mi primer beso, el día en que nació mi hermana, mi primera vez viviendo sóla en un país ajeno... El temor se llenó en mi sangre y mientras las agujas atravesaban mi cuerpo, quise dejar atrás algunas penas de más. Recordé a B. mientras las noches de verano dejaban sus últimos rastros, el día de mi cumpleaños, la primera sonrisa, el anillo que aún guardaba conmigo, las cartas que le escribía... en ése entonces, rendida a mi destino y a la nueva ventura del mismo, una gruesa lágrima cayó hacia el costado de mi almohada. La enfermera la limpió ágil, sonrió y cogió mi mano, apretándola suave y con un cariño infinito a pesar de ser una completa extraña para mí. Entonces me quedé en la memoria con B., con su risa atorada y confundida, con las lágrimas que me consumieron el día en que sabía no lo tendría más a mi lado como yo quería. Sentí su mano coger la mía y me sentí tranquila, y un raro calor me invadía el pecho. Me persigné dos veces. Me encomendé a mi abuela. Soñé sentir cerca a B., y fue ahí cuando los cirujanos dijeron que habían cosas imprevistas que complicaban mi estado. Allí fue cuando una aguja se incrustó en mi muñeca, entró a mis venas y la anestesia recorrió todos mis espacios, quemándome viva. Luché para no dormir, tuve temor (algo natural creo yo), miré hacia atrás y la vista se me nublaba, me exasperé y tosí. Cerré los ojos. Corrí largo, B. estaba al fondo de un parque. Cuando lo vi de cerca B. desternillaba de risa, y nos sentamos cerquita a un pocito de agua, comenzamos a contarnos historias, pero fueron tantas que él me interrumpió y me dijo que se nos hacía tarde. Después de llamar su rostro en sueños, B. me llamaba desde lejos, y cuando desperté, la anestesia luchaba inútil por salir de mi cuerpo. Tenía oxígeno llenando mi aliento, llamé a la enfermera. Me limpió la frente suavemente, la miré a los ojos, con señas le dije que no podía hablar. Retiró el oxígeno y lo primero que dije fue si ya habían avisado a mi familia. Me sonrió asintiendo. Tosí. No sentía mi pecho latir, podía apenas y mover mis pies, los muslos los tenía fríos, estaba semidesnuda. Con dificultad vi el reloj en la pared, eran las nueve de la noche. Dormí y en ese sueño corto, B. me dijo que despertara porque -nuevamente- se nos hacía tarde. Sentí que me movían de lugar, pude ver el rostro de mi madre hacia las diez de la noche, mirándome tierna, aliviada, diciéndome mientras tocaba mi frente...

- Tal como dijiste hija, esta será la noche más difícil...pero lo superaremos...

Dos días después soñé con B. nuevamente.

Todas estas cosas (y más) se las había contado a Boris, persona distinta para mí. No sé que pensó, yo sólo enajenaba su tiempo escribiéndole más y más, a prisa, con temor, angustia, felicidad, emoción, con todas las rabias habidas y alegrías encontradas.. él repetía es tu esencia y yo sin saber que decirle, en el silencio más pleno y bienhechor del momento, supe que le hablaba a una persona distinta, como ya dije, para mí.

B. sólo dijo aquella vez:

- Estuviste conectada a mí siempre...

Un nudo de saliva en la garganta evitó una lágrima. Unos cuántos meses (sin embargo) no han evitado que lo olvide.

Ps. Nótese el nombre completo de una persona en mis líneas. Primera de pocas veces.




Canción que escuchaba mientras escribía estas líneas, mientras recordaba recordar...

01/03/10, 00:08 Bolivar con B. (1)

Categoría: diario
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Cuando nos adentramos al corazón de esa pequeña ciudadela, mis ojos descubrieron una foto perfecta. Nos acercamos a donde estaba un Bolívar sin ojos, y sonriendo, mirando de lado a lado cada esquina de esa pequeña plaza, nos sentamos en un banco de piedra y nuestros pies jugaban al azar en aquellas baldosas quebradas. La noche caía, las luces también, los árboles en redor y B. a mi costado, acusándome de ser una lechuza. En efecto, mi alma nacía con la noche. Las luces cortaban fugaces y los autos corrían rápidos por las avenidas. Es un bonito sitio este - me dijo. Comenzamos a quedarnos solos en plena noche con la luna que ya se iba. El vino nos estaba esperando a la vuelta de la esquina (literalmente). Habíamos venido de comer algo ligero, la noche a cuestas. En una breve sentencia uní tres o cuatro ideas, él sonrió, lo tomé de la mano y nos fuimos de golpe. Se convirtió en mi lazarillo por un par de calles aledañas, y ninguna sensación me invadió. Eramos B. y yo , nada tan simple como éso. No pensé en nada a decir verdad, me ofreció su brazo y mi corazón se alegraba al asirme así a su cuerpo, al compás de sus pasos y sus zapatillas Reebok blancas. Este fue el tercer momento genuino de nuestra velada venidera.

01/03/10, 00:07 El tiempo y la noche

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Tosió leve por unos minutos, luego guardó silencio.

Pero B... siempre tenía esa mirada en los ojos, esa picardía que le dejaba huir un par de sonrisas y ese extraño modo de analizar las cosas a tal punto que me hizo estallar en pena dos veces seguidas, sin poder evitarlo.

La noche anterior (noche segunda, noche aún ajena) estuvo a punto de abandonar el tiempo. Iba a hacerlo, lo sentí en mis venas. La pena me invadía de a pocos e indefensa, sin poder evitar recordar, guardé silencio.

No pienso callar - parecía decir. No pienso dejarte ir- le dije.

Hoy desperté con una somera tristeza, sueño, cansancio (dormimos apenas dos horas o quizás tres) pero como ayer, mi primer pensamiento estuvo con su nombre en un eco breve de esperanza...

Ya cae la noche, ya cae el silencio y como el dijo, mañana (hoy) será otro día..

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Desperté algo más tarde que siempre. Las piernas me dolían, pero enseguida reparé en el reloj y no de un brinco pero sí algo más rápido, salí de la cama. Sujeté mi cabello hacia arriba, un moño mal hecho, pasé mis manos dos veces por mis mejillas. La hinchazón había desaparecido, como pude ver en el espejo. Las ideas me habían poblado los pensamientos antes de ir a dormir la noche anterior. Una breve carta que leí entrada la media noche, me había hecho sonreir. Mirando sobre mi techo a todo lo que se tiene en un sólo segundo, recordé la torpeza de la última llamada telefónica y lo poco que dije en ella. Es una anécdota muy extraña y rápida de contar. Recibí un mensaje de texto y por la hora en que lo leí, noté que podía ser urgente (dado que ésta persona, amigo mío, jamás había actuado así conmigo). La poca luz de la noche, mis sábanas, mis ojos a punto de cerrarse y dejarme completamente ciega apenas y me permitían escribir. Un mensaje a tientas (sí, eso hice) y pulseé repetidas veces una misma tecla. Recibí respuesta. Volví a responder y desperté tres horas y algo más tarde. Un baño tibio, un par de zapatos y mientras la calle aún oscura me recibía, pensé en ése amigo y su pequeña pena pasajera. Volví a reescribir algunas ideas cortas. No obtuve respuesta.

Como a media tarde, recibí una llamada suya.

- "Rocío, te escribí anoche, no sé, quizás te incomodaste, comprendo que no hayas respondido"
- (sorprendida) ¿Cómo? carambas, te respondí dos veces, intenté llamar y se colgó y ...

En ése momento un vago escalosfrío me recorrió el cuerpo y le dije que volvería a llamar pues ya entraba otra vez a trabajar. Fue entonces cuando apuré el paso hacia el corredor, me dirigí al extremo más opuesto y a las ocho y treinta de la noche (quizás minutos menos) me di cuenta de que justamente envié esos mensajes a la persona equivocada. Equivocada y no errada, y aunque sinónimos, me costó reconocer esa confusión. Llamé a la persona a la que por error había informado de los problemas de mi amigo. Hubiera sido mejor no hacerlo, como comprendí al segundo siguiente de colgar el teléfono. Era un ser parco e inanimado, involucrado en su propio quehacer. Lejano del hombre que yo alguna vez había conocido.

Entonces, mientras me alejaba hacia la salita contigua a recoger un par de libros, sentí un calorcito tibio en mis mejillas. Un rubor que no fue más de cariño sino de desazón, de incomprensión. La gente sonreía, yo asentía con la mirada pero detesté lo intempestivo de ésos segundos, esa llamada, ese recuerdo. Hubiera deseado no haber sentido el impulso de disculpar mi equivocación, pero a más de pensarlo, ya se había hecho.

Decidí detener mis recuerdos y todo ese viernes, para echarme en la cama y ver los días siguientes venir. Abrí el cajón que esconde algunas cosas mías y el anillo estaba aún allí. ¿Quién obsequia un anillo al marcharse? ¿Con qué fin? ¿En qué mundo?

Más aún... ¿Quién lo guarda a modo de silencio ?

Sin embargo, al mover los papeles de lado a lado, y buscar entre mis cosas una sóla respuesta, una alegría me poseyó por entero.

Es por eso que desde ese momento somos esa vida y yo, en estos diversos mundos. Mundos donde no hay nombres, excusas, tiempos ni intentos de algo. La respuesta tardó, pero la alegría no contenida me hacían desear llegar a ese horizonte tras el mar del que hace mucho no escuchaba eco.

Prendí la música y ya al ritmo de dos latidos, ésa nueva vida en mi vientre anunciaba un nuevo y diferente otoño en mi ser. Para siempre.

otoño nuevo


ps. Ahora todo es diverso, es una nueva etapa... y el miedo no asoma. Una rara fuerza me posee, un orgullo inmenso, alguna vez escuché a mi madre llamar a ésto felicidad...

01/03/10, 00:06 Símbolo

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Aquella tarde, después de todos los discursos que tuve a bien esbozar para no perder lo que apenas y me estaba siendo dado, B. esquivó mi mirada repetidas veces. La noche anterior había disfrutado su sonrisa amplia, sus palabras mientras el aire corría por nuestras espaldas, el té caliente que me dejaba entrar un sorbo de aliento a todo aquel frenesí y finalmente, aquella llamada que irrumpió de la nada, pero que llenó muchos espacios..

- "No, eh..... no no. No puedo. Estoy con una persona a la que estimo mucho"

Después de ésas palabras mi voz enmudeció y nuevamente me puse a escuchar sus historias, y en cada una de ellas, un matiz, un color diferente me poblaba la sonrisa y el alma de curiosidad. No tenía más excusas, más lejanía ni espacio: él estaba allí, riéndose y escabulliéndose entre los encantos que mis ojos reflejaban y la emoción de la noche. Caminamos después de un rato y no recuerdo en qué momento tomó mi mano. Cruzamos las avenidas, y las luces se cortaban entre el eco de nuestros pasos y el correr de los autos en casi medianoche. Llegamos al cine. Salimos.

La media mañana de domingo fue el cierre de ese ciclo. Allí, empujé mis palabras después de escuchar el discurso más extenso sobre los dulces. Fijó su mirada repetidas veces en mis muslos, el contorno de mis mejillas, el surco de mi silueta, mi sombra, el rubor de mis pechos, y quizás observó más, pero lo ignoro. Empuñé mi mano repetidas veces en mis propias palabras, enterrando con ira la oportunidad que se nos iba. Un nuevo sentimiento se llenó en mi mirada y con rabia sollozé escondida y a tientas. Allí estaba él presagiando todas las sensaciones que en mi rostro veía.

Sin embargo, reíamos. Salimos ésa tarde y en los últimos minutos, el sol huyendo de prisa, con su mano sosteniendo la mía y una ráfaga infinita de besos sucediéndose a medida de nuestro cariño, en la medida en que el tiempo desaparecía, puso en mis manos el símbolo de mi ausencia, que se haría curiosamente presente cada vez que viera la falta de ese anillo en su mano izquierda.

Y, es irónico, quizás acabo de perderlo..

simbolo
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Estaba inundada de recuerdos y era jueves. De pronto vi a Ernesto en línea, y nuestras conversaciones usuales aprontaron rápidas y ligeras. El computador tan frío, pero la memoria tan impresa en todo aquello que nos unió cuando firmó su regreso tercero a esta tierra, pero el matiz era diferente: su padre, el gran escritor, ya había marchado. Por eso Ernesto esta vez tenía en los ojos un ligero sollozo mudo, una tristeza perenne y diferente. Sentados uno al lado del otro alguna vez, en el lugar en que ahora vivo, él me prohibió hablar de su padre pues sentía que lloraría. Allí me confesó que su padre lo había querido quizás más cuando todo el frenesí universitario y/o académico se había ido en años de estudios y diligencias. Las reuniones con los alumnos, los techos de tejas y barro, las lluvias, las lecturas, los nombres diversos y los corazones entusiasmados: ya todo se iba quedando atrás. Esa tarde, mientras mis ojos lloraron amargamente saber que su padre no estaba entre nosotros, comprendí lo mucho que había aprendido a quererlo en las palabras de Ernesto: cada historia sobre su padre se acopió en mi mente y no ha habido un momento siquiera (incluso ahora) en que quisiera haber tenido mayor tiempo a quien vi un par de veces ofrecerme su mano y un sincero abrazo. Ese abrazo lo guardo conmigo y lo haré siempre, pues yo, mujer extraña en aquel tiempo (como ahora) gané el tesón de un hombre que me miró con ternura y me dio un beso en la frente. Recuerdos de aquel día, miles.

Era jueves ya y Ernesto estaba en la cocina. Yo preparaba algo ligero, me quejaba del vaivén de la vida y sus miserables- giros de tuerca- , me quejaba de tenerlo sí, pero lejos. Me quejaba de sentirlo real cuando ahora era sólo un sueño y su nueva vida comenzaba allá. Sólo aseveró..

- Vamos, siempre tendrás aquí a otro solitario que te hará compañía cuando más triste te encuentres..


Su rostro era el mismo: cuando le abrí la puerta de la casa aquella tarde de abril, mi corazón encabritado saltó de alegría en compases desconocidos para mí. El me abrazó con fuerza y apenas pude cerrar la puerta: yo lo sujeté fuerte hacia mí y me sentí tan bien y en familia: él estaba de mi lado, era mi amigo, era el hombre cuya tristeza asomaba intermitente y cuya dureza lo llevaron a construir un propio castillo de arena que se fue diluyendo con las olas de aquellas islas y los ocasos infinitos, muchos de los cuales yo también vi.

- Sabes? cuando voy por esas playas, el mar rompe sus olas, me alejo y estoy solo y me siento triste, pienso en ti Rocío y tú estás allí, conmigo, sólo lo pienso..

He hizo pensamiento tal vez el eco de un deseo anclado en un futuro incierto: la casa de atardecer y sol serrano que sólo sabe mentir, el chasquido de los ríos, los montes solitarios y su cuerpo reclinado mientras los balaustres cercan lo extenso de los sueños y la libertad. El escritor en su guarida, leyendo. Y la lectora en su morada: escribiendo. Todo ello mientras el rojo del cielo se hundía en las últimas horas del día y el viento, con sigilo, montaba sobre los árboles, cimbreándolos de lado a lado...

Aquel jueves se quejó. Mis cartas no remitían su nombre y mis palabras escritas no tenían eco en él.

En efecto, así fue, pues en ese entonces y hasta algo después, escribía a un hombre cartas de puño y letra, detallando a veces lo inmenso de su mirada en mi propio verso, la fuerza de sus manos, aquellos incólumes hombros que cargaban siempre miles de anhelos hechos realidad. Escribí tantas cartas que algunas se me perdieron sin querer. Escribí a la vida que por él sentía era vivida más intensamente, escribí de su madre mujer a la que nunca conocí pero me hizo admirar en su rima propia. Escribí sobre sus días, sobre su presente del que poco sabía y del futuro que algún día llegaría. Escribí sobre nuestro amor, sobre sus tardes en cañete (escrito a puño y letra que nunca le hice llegar) y en cada párrafo alguna vez le dije él era tan único, como una espada en el aire.

Él admiraba mi prosa y al leerla y verse en esas líneas, sonreía. Su cariño me alcanzaba con brevedad: acariciaba mi cabeza con ternura aunque algo torpe, y sintiendo su fuerza tocarme, sonreía. Otras veces sólo me dejaba un beso en la frente.

La mayor de las veces sonreía y para mí, era el soporte necesario que me hacían desear una vida larga a su lado, imaginando lo buen hombre que llegaría a ser: sus sueños relatados me hicieron soñar despierta. Deseaba ver todo ese trayecto, como un proyecto. Lo conocí un verano. Me conquistaron su potencia y sus metas.

Casi siempre me tomaba de la mano y que bien sentía esa protección. Siempre quise decirle que él era el único hombre que siempre me importó. Pero la vida en sus mares y sus ríos miles, me dejó alejar mi sendero.

Aquella noche dejé a Amidey (seudónimo amable) y no volví la vista atrás. Aún en estas noches y mañanas negras (porque tienen mucho de noche) lo deseo cerca y sonriendo, como siempre lo hacía, carcajeando una historia y recorriendo las calles de mi mano..

Ojalá supiera como arreglar la medida de los días, sus conteos depresivos, sus segundos aislados.. Ojalá ese chico regresase.

Ojalá mi sendero no hubiera sido tan accidentado, y ojalá él no hubiera tenido el corazón de metal, para poder sentir como sentí yo la noche en que me confesó que me quería y que quería que yo fuera feliz.

ps. F

01/03/10, 00:01 marzo en abril

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Claro que celebré mi cumpleaños pensando en las memorias que siempre me han acompañado en esta veintena de años y algo más. He sonreído a las historias que se sucedían unas a otras y he vivido tanto que, pensé -quiero seguir viviendo aún más. De las cosas que se vienen no lo sé, puedo predecirlas vagamente en un haz de luz que me abre el horizonte infinito por donde las esperanzas se filtran y los sueños se hacen palabras..

El domingo B. anduvo cabizbajo las calles que caminó tomado de mi mano. Yo lo noté en su mirada, minutos antes risueña. En esa sombra que ocultaba pude encontrar sus sentimientos callados, su incomodidad y la mía se hacían una y quedamos en silencio hasta que él irrumpíó.

- Me siento extraño...
-¿Incómodo? - le dije.
-Sí, es una sensación...

Y en ese mundo de las sensaciones él era un extraño.

Hoy fue la última -sospecho- celebración de cumpleaños. Un pedazo de pastel a la memoria (pensé). Un pedacito de dulce que quitase la desazón de perder lo que no se tuvo y ya no se quiere de vuelta, un sentir, una canción.

Esta mañana se empezó con algo de música. Veía el día empezar. Cerré los ojos. Todo tuvo su punto de hartazgo. Allí en una lista no tan larga estaban todas esas letras anónimas, todas sus palabras, estaban sus risas y sus conocimientos, estaban sus detalles y sus actitudes, sus miradas, sus ideas, todos esos hombres de los que siempre me he llevado lo mejor (ellos sin saberlo desde luego) y todos esos hombres que regresan para encontrar un rocío inexistente... tantos recuerdos y hoy sólo se me ocurre un blanco infinito de firmamento.

Y no hay marcha atrás.

ps. Ajá. Por mí B. se puede ir a ése lugarcito tibio del que Dante habló con tanto frenesí en su libro. El habló de tiempos...yo hablo de emoción.

amanecer