Por David Sulmont

De acuerdo con los resultados la última encuesta del Instituto de Opinión Pública de la Pontificia Universidad Católica del Perú, realizada en marzo del 2007, el 71% de los limeños entrevistados consideran que la sociedad peruana es “muy” o “bastante” machista (ver resultados de la encuesta aqui). Hace un año, en la encuesta de la Universidad Católica de fines de febrero del 2006, se obtuvieron exactamente los mismos resultados. Resulta interesante señalar que en agosto del 2004, el Estudio para la Defensa y los Derechos de la Mujer (DEMUS) realizó una encuesta donde se hizo una pregunta similar y se encontró que, en Lima, el 74% de los entrevistados consideraban que la sociedad peruana era muy o bastante machista (para ver informe del estudio de DEMUS, hacer clic aqui).

Como resulta comprensible, las mujeres son más sensibles que los hombres respecto de este tema: 80% de las mujeres entrevistadas en la última encuesta consideran que somos una sociedad muy o bastante machista, en contraste con 63% de los hombres. Esta evaluación diferenciada según el género tampoco ha cambiado significativamente a lo largo del tiempo.

Por lo visto estamos ante una situación donde la percepción de que el Perú es una sociedad machista no sólo está bastante difundida en la población (particularmente la femenina), sino que no ha variado de manera sustantiva en por lo menos los últimos 3 años y medio. Ello a pesar de que más del 70% tanto de hombre como mujeres entrevistadas en marzo del 2007 consideran que en el Perú las mujeres tienen las mismas oportunidades que los hombres de conseguir un buen empleo, ganar un salario similar, acceder a una buena educación o asumir la responsabilidad de un cargo público.

Aparentemente existiría una percepción paradójica en la opinión pública: por un lado no se aprecian mayores cambios en relación a qué tan machista es la sociedad peruana; mientras que al mismo tiempo se opina que en determinados ámbitos públicos (el trabajo, la educación y la política) existiría una relativa igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres. Sin embargo, no debemos olvidarnos que el terreno donde se juega la igualdad de género generalmente se encuentra más bien en el ámbito privado y doméstico. Allí, a pesar del crédito que los varones parecen querer atribuirse, en su gran mayoría son las mujeres las que siguen asumiendo las tareas que permiten que una casa y una familia funcionen. El día en que aprendamos a compartir entre hombres y mujeres con equidad estas responsabilidades esenciales, tal vez empecemos a percibir (sobre todo las mujeres) que nuestro país va siendo “poco” o “nada” machista.