Desde hace algunos meses se está produciendo un debate universitario alrededor de la “Responsabilidad Social Universitaria” (RSU) a nivel latinoamericano. Desgraciadamente, como nuestro medio sigue dominado muchas veces por académicos que no han sabido todavía hacer caer su Muro de Berlín interno, la RSU es vista con sospecha como hija ilegítima de la RSE (Responsabilidad social Empresarial) y desata las iras de todos los que quieren salvar a la autonomía de la Universidad pública de los países pobres frente a la invasión del Gran Capital internacional que quiere mercantilizar a nuestro bien público educativo. Así, para contrarrestar la peligrosa RSU, considerada como obra del demonio neoliberal, América Latina prefiere hablar del “Compromiso Social Universitario”.
Desde un punta de vista teórico, cualquier "compromiso" necesita responsabilizarse por su cumplimiento, y la "responsabilidad" implica forzosamente "compromiso" para no ser mera palabra. Pero el debate entre los del Compromiso y los de la Responsabilidad no es teórico sino ideológico. Y las posiciones de poder de los del compromiso son bien asentadas: la “Declaración del Congreso Internacional de Rectores Latinoamericanos y Caribeños: El Compromiso Social de las Universidades de América Latina y el Caribe”[1168clicks] (Belo Horizonte, Septiembre 2007) rehúsa hablar de RSU. Sucedió lo mismo en el IX CONGRESO IBEROAMERICANO DE EXTENSIÓN UNIVERSITARIA (Bogotá Noviembre 2007) y sin duda sucederá lo mismo en el evento de la CRES 2008 organizado IESALC/UNESCO por celebrarse en Cartagena en estos días de Junio 2008, puesto que el texto de referencia de dicho Congreso en cuanto a pertinencia y responsabilidad social universitaria, CALIDAD, PERTINENCIA Y RESPONSABILIDAD SOCIAL DE LA UNIVERSIDAD LATINOAMERICANA Y CARIBEÑA (José Dias Sobrinho)[2358clicks] sigue en la misma nota. Cada vez, el discurso es el mismo:
1. Se reduce la Responsabilidad Social a la Responsabilidad Social Empresarial
2. Se confunde la RSU con RSE (a pesar de todo lo que vamos repitiendo contra esta confusión).
3. Se critica a la RSE como necesariamente engañosa puesto que viene de las empresas que son necesariamente malas y engañosas.
4. Se agita el espectro de la mercantilización internacional de la Enseñanza superior como nuevo imperialismo de los países del primer mundo (amenaza real por cierto y no conozco ningún defensor de la RSU que esté de acuerdo con la OMC al respecto, pero la RSU no implica ninguna mercantilización de la Universidad en ningún momento).
5. Se defiende heroicamente a la educación como Bien público que se encarna naturalmente en la Universidad pública nacional cuya autonomía necesitamos proteger contra las invasiones internacionales del Gran Capital.
6. A partir de ahí, el “Compromiso social” de la Universidad se expresa en su misión genuina de institución al servicio del pueblo y se desarrolla el mismo blablá de siempre (viejo como la Reforma de Córdoba del inicio del siglo XX) acerca de la pertinencia social de la Extensión universitaria. Aquí se dicen grandes verdades con las cuales todo el mundo está de acuerdo, pero nunca se dice cómo pasar del discurso a los hechos, ni por qué razón las Universidades pocas veces practican lo que dicen.
Es obvio que no asistimos a una simple guerra de términos, sino a un conflicto de enfoques. Las palabras no importan, pero los modelos, sí. Podríamos estar de acuerdo entre todos si los académicos que defienden el "compromiso" supiesen reconocer:
(1) Que la Universidad está en crisis desde su propia GESTION, ha reproducido todas las enfermedades de la burocracia, la incomunicación institucional, la inflexibilidad que dificulta el autoaprendizaje organizacional, la separación tajante entre academia y administración. Tiene grandes problemas de transparencia, incluso a veces de corrupción, falta de rendición de cuentas, de procesos democráticos, despilfarra y es ambientalmente irresponsable, etc. Esto, el ex director de IESALC, Claudio Rama, sí lo reconocía y subrayaba (ver aquí[3339clicks]), pero esta capacidad autocrítica me parece dormida actualmente. Ojalá me equivoque.
(2) Que más que parte de la solución a los problemas sociales la Universidad es ante todo parte del problema social que contribuye en REPRODUCIR a diario desde los salones de clases con sus malas prácticas académicas de docencia e investigación (currículo oculto), con sus decisiones epistemológicas e institucionales solapadas que reproducen sin cesar la “inteligencia ciega” (monodisciplinariedad superespecializada incapaz de tratar los problemas en forma compleja e inteligente), la “irresponsabilidad científica”, la dicotomía entre humanidades y ciencias, la soberbia deontológica del experto, etc. La Responsabilidad Social de la Universidad empieza mucho antes que su "compromiso social", porque ella debe primero hacer su mea culpa, diagnosticar sus incongruencias internas (la mayoría de ellas ocultas e involuntarias, pero reales), empezar por casa antes de querer ir a arreglar el mundo.
(3) Que el paradigma de la “Extensión universitaria” y del Voluntariado social estudiantil fuera del tiempo académico es ahora inadecuado tanto para la formación ciudadana como para la participación social universitaria. Que necesitamos "academizar" la extensión, para que deje de ser la quinta rueda del coche universitario; que necesitamos articular alrededor de un mismo proyecto institucional los 4 procesos universitarios que son la Gestión, la Docencia, la Investigación y la Extensión. Y dejar de considerar a la Gestión como un subproceso, un medio nomás, si en realidad es el corazón mismo de la institución, y constituye el modelo ejemplar de la enseñanza oculta que se le da al estudiante.
Si estuviéramos todos de acuerdo en estos puntos, podríamos avanzar rápidamente en América Latina hacia la reforma social de nuestras Universidades, no desde una imposición legal exterior, sino desde un proceso interno de autorreflexión y autodiagnóstico participativo, que permitiría profundos cambios con muy pocos recursos externos. Es lo que propone el modelo RSU al cual he participado en los últimos años.
Por el momento, el movimiento del “compromiso social”, en cambio, no ha propuesto nada nuevo. Apenas critica un poco las insuficiencias de la Extensión, pero no quiere ver el tema de la gestión, rehúsa por completo la necesidad de accountability (rendición de cuentas) refugiándose detrás de la "autonomía universitaria" (que nadie niega, pero que no debe significar libertinaje social), no hace dialogar las partes interesadas internas, es decir que, de entrada, no ataca el corazón del problema, condenándose así a no proponer ningún cambio relevante.
Otro problema del modelo del “Compromiso social” es que rechaza de antemano (únicamente por motivos ideológicos) todas las herramientas de gestión que el movimiento de la Responsabilidad Social ha creado en los últimos años (GRI, AA 1000, SA 8000, ISO, etc.) puesto que sataniza a la empresa. Así, pasa al lado de temas tan importantes como del CAMPUS SOSTENIBLE, no mira el tema del CLIMA LABORAL interno, desconfía de los procesos de benchmarking que la internacionalización de indicadores de diagnóstico podría permitir, etc. Al negarle pertinencia a la Responsabilidad Social, y al seguir reduciéndola a la empresarial, se separa de muchas cosas sin aportar ninguna nueva.
Mientras tanto, el modelo de la RSU está avanzando:
- Hemos distinguido claramente la RSU de la RSE, pero reconociendo el parentesco de espíritu en cuanto a la GESTION de IMPACTOS y la PARTICIPACION de los STAKEHOLDERS.
- Hemos producido una definición procedimental (y no dogmática) de RSU que indica un camino de cambio y mejora continua pero sin encasillar todas las Universidades hacia un mismo modelo, sino al contrario orientando procesos de autodefinición genuina de la misión de cada Universidad según su contexto e historia. Esta definición es aplicable a Universidades públicas como privadas.
- Hemos empezado a producir herramientas de autodiagnóstico institucional participativo para que los actores universitarios internos y externos puedan recuperar el poder de decisión y reflexión sobre el quehacer de la institución universitaria.
Lo que más necesitamos ahora es que los tenores del “compromiso social universitario” dejen de tener una versión maniqueísta de la Responsabilidad Social y satanizadora del mundo empresarial. Que se pongan a estudiar las herramientas y las corrientes de Responsabilidad Social para verificar que muchas ONGs, Sindicatos, Organizaciones internacionales, están en la dinámica, luego que no es un asunto propiamente empresarial, sino un experimento mundial que implica muchas voces y actores de todos los sectores. Y que si es verdad que muchas malas prácticas cosméticas se dan en nombre de la Responsabilidad Social, no es una razón para rechazar en bloque lo que aspira a ser un nuevo modelo de gestión organizacional para el desarrollo sostenible de nuestro pobre planeta, modelo que está recién en sus inicios, tratando de encontrar su fundamento y su práctica idónea. Más que de la soberbia y la ironía de los medios académicos, la Responsabilidad Social necesita de su atención, crítica constructiva e imaginación, para consolidarse en un nuevo “Contrato Social” entre las Organizaciones (todas, incluso las Universidades) y su entorno.
Como dice el proverbio francés: “No se debe botar al bebé junto con el agua sucia de su baño”.
Botemos al agua sucia de la Responsabilidad Social que son todas estas prácticas cosméticas de marketing que quieren tapar los daños que las organizaciones hacen a sus entornos sociales y ambientales, así como a su propia gente. Pero no botemos al bebé mismo, que necesita de nuestro cariño más que nunca.
Habrán entendido, espero, que el tono polémico de estas líneas está hecho para crear debate, con cariño!
Mitakuye Oyasin
François Vallaeys






