Así que es preciso que llegue el tiempo para reflexionar en que nos ha enseñado nuestro Señor a aquellos que llevamos tiempo en un ministerio universitario, y a los que recién empiezan, pues también es necesario que conozcan qué significa el ministerio universitario.
Hace aproximadamente 64 años que nació en los corazones de jóvenes universitarios un anhelo de llevar el evangelio al resto del mundo. Aquel deseo, fundado en un genuino amor y una completa consagración, fue el motor de un sueño: "Estudiantes alcanzando estudiantes"
Sin embargo yo me pregunto si aquel sueño de aquellos jóvenes que fundaron la "Intervarsity Fellowship of Evangelical Students" ha decaído, o si incluso ha fallecido en el transcurso de los años...
Con todas mis fuerzas y todo mi corazón deseo que la respuesta sea "NO", porque el sueño que unos tuvieron no puede morir simplemente en el tiempo, no cuando ese sueño ha sido fundado e inspirado por nuestro Señor Jesucristo. Por ello es desafiante nuestro pasado, un pasado que ignoramos, uno que despreciamos, o que simplemente no creemos que sea realidad.
Jóvenes cristianos se están levantando, y miles de ellos caen en pecado, aquellos que imaginamos serían intachables, caen en cosas que juramos nunca ceder. El pecado nos acecha, la cultura nos manipula, la carne nos seduce, y a todo esto, nunca nos atrevemos a mirar al cielo y creer que ya existieron aquellos referentes que nos pueden dar una vez más la ilusión de vivir conforme al ejemplo de un hombre que jamás pecó, pero que tampoco jamás dudó, porque su Fe estaba en su Santidad.
Ahora bien, nosotros, aquellos que se levantarán, aquellos que soñarán, ¿Qé estamos dispuestos a sacrificar, a recordar, a decidir, a realizar? Que sea nuestro fervor nuestro primer Amor, pero sea nuestra pasión nuestra convicción y nuestra Fe de que el mundo puede cambiar, de que nada es inmutable, y de que como cristianos, y en especial (permítanme especificar) varones de Dios no solo podemos sino que debemos reinvindicar el sueño de nuestros Padres, de nuestros Hermanos, de nuestro Dios. Seamos los misioneros que impacten no solo nuestras universidades, sino nuestras casas, nuestras iglesias, nuestras naciones. Seamos Hijos de Dios, y llevemos aquél título con orgullo y con responsabilidad, caídos o no, levantémonos y corramos, no pensando en el futuro, sino viviendo el ahora, soñando con un presente distinto, actuando por cambiar el día de hoy, nuestros instantes, no soñando con un futuro lejano que ni sabemos si concebiremos.
¿Cuál es nuestro rol en la universidad? Es simple, es ser nosotros mismos, ser cristianos. Y no hablo de conocimiento, ni de palabra, ni evangelizadores, ni siervos, no hablo de características, hablo de que nuestra esencia nosotros sepamos con completa y total convicción que somo Hijos de Dios, que nuestra vida entera, cada área, es gobernada por Dios, y que no existe razón o motivo o excusa para ser diferentes de Jesús, seamos tan santos como Él, tan pastorales como Él, tan inteligentes como Él, tan responsables como Él, tan valientes como Él, tan sabios como Él. Seamos Cristo, ni pequeños ni grandes, seamos simplemente CRISTO. Ese es nuestro rol, que la universidad te conozca, es decir que conozca a Cristo, el Viviente.




