Todo se inició cuando abrí el almanaque universal 1998 que me regalaron y comenzaba a hojear, cuando me detuve en una página gráfica que mostraba los acontecimientos internacionales de 1997: en Argentina, muchos fotógrafos realizaban una marcha de protesta con sus instrumentos de trabajos colgados al cuello y llevando pancartas con el fotoretrato de Jose Luis Cabezas que enfocó lo no fotografiable: una playa desenfocada y una pareja paseando. El hombre de la foto era el empresario Alfredo Yabrán, que a su vez apoyaba el gobierno de Carlos Menem, y también estaba en transacciones económicas muy oscuras, ligadas con la corrupción y el narcotráfico.La foto en sí, es en un lugar de veraneo en la provincia de Pinamar, donde en ese balneario se reunen todos los políticos y empresarios, o sea, hay más de una persona tomando el sol en plena playa pública. Como playa pública que es, cualquiera puede fotografiar a las personas, y cabezas, que para ese momento estaba trabajando para la revista Noticias, encargándose de ese seguimiento al empresario que estaba involucrado con la política, en negociados muy oscuros y de bajo perfil para los medios, es el personaje perfecto para una fotografía caminando con sus acompañante femenino.
Tan singular fotografía resultó ser mortal para Cabezas, pues “Don Alfredo” el empresario, estuvo tan iracundo que decidió que tan indiscreto fotoperiodista tenía que morir. Cuando Cabezas iba a abordar su auto, unos hombres e lo llevaron a la fuerza, lo enmarrocaron y de dispararon dos tiros en la sien. Al subirlo muerto al carro, lo incendiaron, no sin antes dejarlo en la carretera del balneario.
Lo que me hace pensar es que si tomo una foto, así sea en un sitio público ¿tendré que atenerme a las consecuencias? ¿Las personas le tienen miedo a la imagen plasmada? ¿O por ser personas públicas tendrían el derecho de la impunidad?
Yo creo que no. Si contacto con una persona que hace una actividad cotidiana, yo debo de pedirle permiso, pues invado su privacidad. Todo lo contrario para una persona pública, ya debe ser conciente que a quien le va a rendir cuentas es a la ciudadanía y no a sus propios intereses.
Pero si se trata de amordazar, amedrentar, amenazar y hasta matar al causante de la imagen, la fotografía queda y vale más que mil palabras o daños. El fotoperiodismo no se va a extinguir por los manejos del poder; precisamente los que están en el poder deben rendirles cuentas a la nación, y por medio de los periodistas, y si los personajes y su escenario son fotografiados, mejo, pues ahí está la prueba fehaciente de que sucedieron los hechos.
Cabezas, es al fin y al cabo un foto retratista. Contrastando a los personajes con el entorno escénico que los rodea, José Luis los retrata de manera de que en sus trabajos nos trata de mostrar lo que hay detrás de las caras de las personas. Con Alfredo Yabrán hizo una controversia: Un hombre que se negaba siquiera a hablar con los periodistas, menos habría de sacarle una foto. Pero lo hizo, reflejando así a un hombre oscuro para la sociedad pero visto a través de la lente, y fue por mostrarle la verdad al público por el que falleció este fotógrafo.
Si esto sucedió en la argentina de Saúl Menem, ¿Por qué no habría de pasar en el Perú de los Fujimori y de los Garcías?
Ya comprobado su prepotencia y autoritarismo en diversos contextos de sus respectivas presidencias, también pudieron haber abatido así a cualquier fotógrafo, si alguno de sus allegados sintiera el flash de una cámara como un disparo de francotirador. Ojala no haya algo así en el futuro.






