18/06/09: El Carmen
Uno de los distritos más visitados de la provincia de Chincha es El Carmen, distante a diez kilómetros hacia el sudeste de la capital provincial, este valle agrícola por excelencia, despierta gran interés turístico por su población mayoritariamente afro descendiente y la singularidad de sus expresiones culturales, sus danzas y bailes, su música y su idiosincrasia alegre y colorida. En contraste con esa sensualidad que la gente morena muestra, los orígenes carmelitanos están ligados a la opresión y al abuso: Cuando los Jesuitas se instalaron en estas tierras a fines del siglo XVII, necesitaron mano de obra para los cultivos de caña de azúcar y sus derivados, cómo los indígenas no les alcanzaban, trajeron hombres y mujeres de raza negra para completar sus cuadrillas, practica común en el proceso de colonización europea. Así se formo está pequeña aldea, que con el tiempo y luego de la expulsión de los Jesuitas de todo el territorio Español —colonias incluidas— sirvió de refugio los negros cimarrones, a los inválidos y a aquellos que por su edad, o algún defecto físico ya no eran útiles para el trabajo.
Con el tiempo los antiguos esclavos siguieron siendo peones de campo generalmente mal tratados en las grandes Casas-haciendas (San José, San Regis, Larán y Hoja Redonda) donde trabajaron hasta mediados del siglo XX en condiciones inhumanas. Posteriormente el caserío creció, la esclavitud real o disfrazada terminó, y esta gente morena se asentó definitivamente en este poblado rural, dedicado por muchos años al cultivo del algodón, la yuca o el frejol, y posteriormente a los cultivos agroindustriales de exportación.
Hoy en día el Carmen es un pueblo pequeño que busca la modernidad, que ha hecho de su cultura su mayor atractivo, sobre todo del ritmo afro peruano, uno de los acervos culturales más importantes del país, ritmo que se expresa en las décimas, como las que recitaba Nicomedes Santa Cruz, o en sus bailes en base a instrumentos de percusión, como el cajón, la caja, la quijada de burro, y en las danzas como el landó, el festejo, el panalivio, la zamacueca, el alcatraz; o el zapateo, que se practica desde la infancia, con el acompañamiento del violín y el cajón en competencias de contrapunto, en los que era legendario el patriarca Amador Ballumbrosio .
Es gracias a El Carmen que Chincha es considerada como cuna del folclor negro, el que tiene en el Festival Verano Negro su mayor expresión turística, en el mes de marzo, y en las danzas del Atajo de Negritos las de tradición popular. Refiere el profesor Guillermo Santa Cruz que en las veinticuatro danzas que ejecutan los negritos, participan niños, jóvenes y adultos, quienes visiten traje blanco, banda de colores, gorros de diversos colores, chicotes y campanillas; organizados en cuadrillas recorren el pueblo durante la navidad visitando los nacimientos. Allí al compás de la música de un violín, danzan y cantan villancicos.
La mayoría de las danzas que practican los negritos son el producto de la confluencia social y religiosa, en devoción y adoración al niño Jesús, así como también de veneración a la Virgen del Carmen; se baila el veinticuatro y veinticinco de Diciembre por la navidad y el veintiséis y veintisiete de Diciembre por las festividades de la Virgen, continuando con las representaciones el seis de Enero con la bajada de reyes, que coincide además con las celebraciones por el nacimiento de Melchora Saravia, la beatita Melchorita.
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Con el tiempo los antiguos esclavos siguieron siendo peones de campo generalmente mal tratados en las grandes Casas-haciendas (San José, San Regis, Larán y Hoja Redonda) donde trabajaron hasta mediados del siglo XX en condiciones inhumanas. Posteriormente el caserío creció, la esclavitud real o disfrazada terminó, y esta gente morena se asentó definitivamente en este poblado rural, dedicado por muchos años al cultivo del algodón, la yuca o el frejol, y posteriormente a los cultivos agroindustriales de exportación.
Hoy en día el Carmen es un pueblo pequeño que busca la modernidad, que ha hecho de su cultura su mayor atractivo, sobre todo del ritmo afro peruano, uno de los acervos culturales más importantes del país, ritmo que se expresa en las décimas, como las que recitaba Nicomedes Santa Cruz, o en sus bailes en base a instrumentos de percusión, como el cajón, la caja, la quijada de burro, y en las danzas como el landó, el festejo, el panalivio, la zamacueca, el alcatraz; o el zapateo, que se practica desde la infancia, con el acompañamiento del violín y el cajón en competencias de contrapunto, en los que era legendario el patriarca Amador Ballumbrosio .
Es gracias a El Carmen que Chincha es considerada como cuna del folclor negro, el que tiene en el Festival Verano Negro su mayor expresión turística, en el mes de marzo, y en las danzas del Atajo de Negritos las de tradición popular. Refiere el profesor Guillermo Santa Cruz que en las veinticuatro danzas que ejecutan los negritos, participan niños, jóvenes y adultos, quienes visiten traje blanco, banda de colores, gorros de diversos colores, chicotes y campanillas; organizados en cuadrillas recorren el pueblo durante la navidad visitando los nacimientos. Allí al compás de la música de un violín, danzan y cantan villancicos.
La mayoría de las danzas que practican los negritos son el producto de la confluencia social y religiosa, en devoción y adoración al niño Jesús, así como también de veneración a la Virgen del Carmen; se baila el veinticuatro y veinticinco de Diciembre por la navidad y el veintiséis y veintisiete de Diciembre por las festividades de la Virgen, continuando con las representaciones el seis de Enero con la bajada de reyes, que coincide además con las celebraciones por el nacimiento de Melchora Saravia, la beatita Melchorita.





