29/10/06: Vacío
En el lugar de siempre,
allí donde me esperabas
para encerrarme
entre licores y momentos
ahora sólo queda
un gran
espacio
vacío.
(R.I.P. Zuka, Larcomar)
29.10.2006.
23/10/06: ¿Poesía? Sí, yo también
Cuando yo estaba en el colegio, más o menos en 1991, escribir poesía era considerado casi una aberración, poco menos que un síntoma de mariconada crónica. Más aún si consideramos que mi colegio era sólo de hombres y, en esa época, cuando yo bordeaba los 13 años, cualquier síntoma de sensibilidad y de afición por el romanticismo era punto negativo en cualquier escala social interna que se precie. Una cosa era declamar, claro, porque en los juegos florales, los mejores declamadores ganaban puntos para el salón, lo cual era algo bien visto, pero escribir... Eso ya era otra cosa.En ese entonces, yo ocultaba mis textos. Mis primeros contactos con la poesía vinieron desde pequeño, desde que algún familiar tuvo la genial idea de dejarme un libro lleno de poemas y cuentos, no recuerdo de qué autor o autores, pero historias geniales, poemas maravillosos que hacían volar a la imaginación y la llevaban, directo y sin escalas, a mundos raros con personajes exóticos e historias futuras, pero apasionantes. Después de eso, mi madre dejó en mi cuarto, aún no sé por qué, una compilación de poemas llamada "Hablemos de Amor", fruto de un programa radial de no sé qué país de Latinoamérica. Este libro estaba lleno de poemas en español y, a través de él, tuve mi primer contacto con Vallejo, con Juan de Dios Peza, con Sor Juana Inés de la Cruz, con Darío, con Neruda y tantos otros. Mis ojos de colegial primarioso se abrieron como platos, como si hubiera descubierto el Árbol de la Vida.
Mi pasión por la poesía me llevó a ser uno de los mejores declamadores de mi promoción, participando - y ganando en más de una ocasión - los concursos de declamación en los juegos florales. Sin embargo, conforme fui creciendo, el temor de mostrar al mundo que yo también escribía crecía, debido al ambiente represivo en el que todos nos encerrábamos. Dejé de escribir.
Años más tarde, con más lecturas en mi haber, en un retiro espiritual, en un momento que estaba solo conmigo mismo, me volvió a golpear en el rostro esa fuerza que me decía que yo tenía que decir, que quería decir, contar mis historias de una manera no tan narrativa. Esa misma tarde, escribí mis tres primeros poemas que aún guardo. Poemas toscos, sentimentales, primerizos. Lo sentimental primaba sobre lo estético, no había ni por asomo huellas de un trabajo serio de imágenes ni de ritmo; sin embargo, allí estaba yo otra vez frente a la hoja en blanco, tratando de arrancar un nuevo discurso. Alguien entró a mi cuarto y me descubrió. Recuerdo que me puse rojo y traté de cubrir lo que estaba haciendo, casi como por acto reflejo, pero después desistí. "Al diablo", me dije y, cuando me preguntaron qué había estado haciendo, dije "escribiendo poemas".
Hasta ahora recuerdo la cara con la que me miraron. Pero lo que más recuerdo fue la cara que puso mi compañero cuando me dijo, casi temblando: "¿tú también?".
Poco a poco, la individualidad de la expresión adolescente, ya entre los 15 y los 17 años, hizo más aceptable mi afición. De hecho, más de un compañero me pidió un poema para "su hembrita". Esos poemas por encargo, que no guardo, cumplieron con el fin para el que me los habían pedido y, si bien no me siento orgulloso de ellos, contribuyeron a hacer más aceptable el hecho de que yo escriba poesía en un entorno en donde la fuerza bruta y la habilidad con la pelota y con las chicas era lo que determinaba el valor social de uno.
Sin embargo, aún no me terminaba de sentir cómodo con esta afición. Era un hobby casi secreto, por así decirlo, conocido por mis amigos más cercanos, hasta que ingresé a la universidad y se me abrió un mundo nuevo de experiencias y de lecturas. Poco a poco, conocí a más de uno que también, como yo, había hecho sus primeros pininos con las letras, había sufrido por ellas y ahora decía orgulloso "yo escribo".
Han pasado ya años de eso. Aún no me considero un escritor de poesía consumado. No tengo ni un libro ni un proyecto, sólo un blog en el que publico algunos trabajos realizados y borradores de lo que voy escribiendo ahora. Gracias a la magia de internet, he ido conociendo a más personas que han hecho de la palabra tallada su forma de expresión. Sin embargo, me considero más cómodo con el hecho de que me gusta expresarme de esa manera. Sí, por alguna razón se me dio por este camino. No sé si me eligió o yo lo elegí, pero es algo que me gusta hacer, que me llena el alma del pecho cuando puedo golpear las palabras y convertirlas en polvo para armar un castillo de arena y jugar en él. Ya no me avergüenzo de decirlo.
Sí, yo escribo poesía. Y si tú lo haces, me gustaría que lo dijeras.
El Doc.
En el arte, como en el amor, la ternura es lo que da la fuerza
~ Oscar Wilde
(Si quieres verlo, puedes encontrar parte de mi trabajo aquí: Just the two of us...)
"Un sismo que alcanzó los 6.4 grados en la escala de Richter se dejó sentir esta madrugada en varias ciudades de la costa peruana y algunas del surandino. (...) Este es el mayor movimiento telúrico que se registra en el Perú durante el 2006. Según el reporte del Instituto Geofísico del Perú (IGP), este nuevo remezón se registró a las 05:48 a.m. (hora peruana) y logró una intensidad de 5 grados en la escala modificada de Mercalli en las provincias de Chincha y Pisco." (De El Comercio, 18.10.06)

A decir verdad, esto no habría tenido mucha importancia en mi rutina diaria, de no ser sido porque el inicio del movimiento telúrico en cuestión -que a mí sólo me provocó una apertura e inmediata cerrada de ojo- no hubiese estado seguida de un inmediato:
- TOC TOC TOC TOC TOC TOC TOC TOC TOC TOC TOC!!!!! (porrazos en mi puerta)
- Aaaaaahh....? (dicho por mí con voz de ultratumba)
- Dani, Dani... ¡¡¡TEMBLOR!!!
- Sí, mamá, YA ME DI CUENTA.
Este amoroso y muy sentimental diálogo, llevado a cabo a las 5:50am, anuló cualquier rezago de posibilidad de que pudiera cerrar el ojo nuevamente, así que no me quedó otra que abrir mi puerta, salir a ver a mis papás, tranquilizar a mi madre y sentarme, con cara de 'me ca...igo de sueño' pero ya sin la posibilidad de continuarlo, en mi laptop, la cual había dejado prendida porque había estado trabajando en ella la noche anterior.
Por supuesto, siendo las 11:35am, estoy empezando a creer que mi laptop de la oficina es blandita y podría servir muy bien de almohada.
No sé ustedes, pero a mí los temblores nunca me han causado mayor terror. Nunca me he visto en un terremoto, el último que ha habido en estos lares ocurrió unos 4 años antes de que naciera, pero tengo varios temblores fuertecitos en mi haber. Más aún considerando que he sido de los privilegiados que, durante bastante tiempo, ha vivido en edificios (actualmente vivo en un octavo piso) y trabajado en torres (hasta hace poco, trabajaba en un octavo piso también, pero de allí bajé a un cuarto piso). Por lo tanto, experiencia con remezones fuertes tengo. Es muy gracioso ver cómo, ante un buen sacudón de nuestra Pachamama, la cara se le transforma a varios compañeros de la oficina y dejan lo que sea en busca de la escalera más cercana.
En lo particular, yo me paro y me alejo de cualquier ventana o fluorescente pero, más allá de eso, no hago nada. Si la cosa sigue de largo, empiezo a caminar tranquilamente hacia la salida. Si la cosa es sólo un sacudón, en cambio, me quedo en mi sitio y sigo con lo mío, como si nada hubiera pasado. De hecho, salvo el sacudón, no ha pasado nada, ¿verdad? Mi mamá, en cambio, es de las que realmente se aterra. En casa, era comprensible con mi abuelita -cuando estaba enferma- y ahora con mi papá, quien se mueve en silla de ruedas; sin embargo, aún en la oficina, mi mamá realmente se paniquea con un temblorcito. Está en su carácter y en sus miedos, ¡qué se le va a hacer!
Lamentablemente, lo anterior significa que, en casa, un temblor puede reemplazar perfectamente a un despertador y a su correspondiente café mañanero, gracias a mi amada progenitora. Por cierto, y por favor, alguien alcánceme un bidón de café y una vía que vaya directo a la yugular.
Definitivamente, tengo que mandar a hacer un cartelito que diga: "En caso de sismo... FAVOR NO JOD...".
~ El Doc
Antisísmico, pero telúrico
16/10/06: Escribir...
Escribo porque quiero decir.Ok, eso es casi tautológico, pero es cierto. No sé si no tenía mucho qué decir en estos días o si es que no sabía cómo decir las cosas hasta ahora. En general, decir, expresar, gritar mi voz al mundo aunque sea desde este pequeño rincón y los otros en los que derramo mis palabras.
La escritura es una especie de catarsis, una forma de susurrar al viento y esperar que mis frases alcancen su oído. El mundo envuelto en unas cuantas letras, tal vez. La magia de la palabra y la memoria, como alguna vez escribió un amigo en un cuento, lograr crear un puente indestructible como Benedetti, cerrar la distancia, hacer que cuando diga pan, pueda comer. Gracias, Ángela, por ser tan precisa con tu frase.
Sin embargo, es más que eso. Escribir, tallar mis ideas en forma de textos y darles forma, es a su vez una expresión de mis deseos y mis sueños en el mundo. Es un compromiso hecho hoy con lo que me comprometo, con lo que juro y a lo que me entrego. ¿Puedo cambiar? Sí, puedo, mas no puedo arrepentirme de lo dicho, no debo, porque es lo que soy, hoy y completamente, tal como me percibo.
El tiempo puede hacer muchas cosas, claro. La vida da vueltas y tal vez lo dicho hoy ya no sea lo mismo mañana, pero eso no le quita su pedacito de verdad.
Pues bueno, entonces es eso, la clave que abre cada una de mis líneas:
Escribo, luego existo. O mejor dicho, lo que escribo, es lo que soy.
He escrito.
~ El Doc
La libertad es la capacidad de entregarse a un compromiso sin más atadura que la que uno mismo desea imponerse.






