Luego de un largo periodo sin escribir, lo que no quiere decir que no haya nada por ser plasmado en un papel -o en un blog, mejor dicho-, no puedo contener las ganas de publicar sobre esas situaciones que nos marcan con cada día que pasa, y que nos hacen pensar más de lo usual.
Este post habla sobre muchas situaciones distintas, pero con algo en común, llaman a la reflexión: salir de improviso con tus mejores amigos para celebrar a lo grande, con sólo unos vasos de chicha morada, el fin del verano y el nuevo inicio del ciclo en la "u"; sin embrago, pocas semanas más tarde, ver a tu padre -al cual nunca has visto llorar- hacerlo ante la impotencia de no lograr reunir el dinero suficiente para matricularte en el semestre, a pesar del esfuerzo; luego, darte cuenta que el mayor tesoro del mundo, tu familia, siempre ha estado allí, junto a ti, abrazándote para protegerte del sufrimiento, que inevitablemente algún día tenía que llegar; después, tras años tratando de conseguir un trabajo desde el colegio, sales de tu casa con los besos de tu mamá y de tu abuela en la frente -y las bendiciones respectivas- a presentarte incrédulo a un puesto laboral, y regresas de la entrevista a abrazarlas porque sus rezos fueron escuchados por El de Arriba; y finalmente, dirigiéndote con el pecho bien en alto a tu primer día de trabajo, del primer trabajo de tu vida -qué ocioso he sido hasta ahora no?- piensas distinto que anteriormente, luego de pasar por tantas cosas, finalmente eres consciente que tu futuro ya no depende de tus padres, ni de tus abuelos, ni de nadie más que tú, de tu decisiones, de tus errores y aciertos, y sobre todo, de lo que saques de cada uno de ellos.
Estos hechos parecen una historia, una historia que no sólo tiene momentos felices y de éxito, también hay momentos difíciles, dolorosos, críticos... que gracias a Dios, nos hacen aprender: a valernos por nosotros mismos, a valorar lo que tenemos, a disfrutar cada detalle, a ser fuertes cuando la situación lo amerite, a pedir ayuda cuando sea necesaria, a no herir más con nuestras palabras, a estar siempre agradecidos, y a conservar la fe cuando todo parezca perdido.
Porque como una vez leí en un panel publicitario: "Es en la oscuridad donde brillan las estrellas". Seamos esa luz en el camino, tanto nuestro como ajeno. Creo que las palabras sobran, cuando se es un joven que busca volver a su universidad con la frente en alto, consciente que fue él mismo quien con esfuerzo ha dado un paso más adelante hacia una de sus mayores metas: ser periodista.






