Si yo tuviera el poder administrativo de evitar que la copa FIFA ingrese al Perú, hace rato le hubiera cerrado las fronteras del país. No lo haría por malo, déspota o dictador sino por justicia, por buscar una reflexión en la opinión pública sobre la calidad de nuestro fútbol.

Que el fútbol peruano es una basura, es algo incuestionable; lo demuestra la última tabla de posiciones para la clasificación al mundial de Sudafrica 2010. Los peruanos somos unos masoquistas cuando de fútbol se trata: perdemos y perdemos cada vez peor y seguimos apoyando a un deporte que no le ofrece nada al país sino a unos cuantos interesados que obviamente viven del fútbol (dirigentes, comentaristas, periodistas deportivos, aguateros, masajistas, etc.). Es su modo de vida y sería bueno que con la mano en el corazón y llenos de sinceridad critiquen el mal manejo de los clubes y de la selección nacional. Es todo un sistema apoyado en otro más grande llamado Federacion Internacional de Fútbol Asociado que es de carácter supranacional, goza de inmunidad por lo que no puede ser tocado por ninguna acción del Estado.

Entonces, ¿Para qué vino la Copa FIFA al Perú?

Como somos unos masoquistas, la única explicación sería que nos la trajeron para rompernos el corazón. Para esperanzarnos falsamente; y eso no puede permitirse. Como dije arriba, NO LE ABRIRÍA LAS FRONTERAS A ESA COPA PARA QUE TOQUE SUELO PERUANO; y lo haria como una demostración de indignacion hacia el futbol nacional y también como una reaccion que tendría la finalidad de incentivar una necesaria autocrítica relacionada con la paupérrima calidad del fútbol peruano. Hasta ahora me fastidia recordar el rostro de Mendoza riendo ante su imposibilidad de anotar un gol, la conchudez de su rostro resumía toda la impotencia histórica de ese fútbol mediocre que estamos acostumbrados a espectar desde los 80's.

El Perú no tiene valores futbolísticos, vivimos del pasado, de imágenes en blanco y negro de los goles de Cachito Ramírez, de Casaretto marcando a Maradona, de la hoja seca de Cubillas, de los golazos de Oblitas o las magistrales jugadas del poeta César Cueto. Pero nada más. Imágenes de segundos de magia y habilidad que no necesariamente resumen la historia del futbol nacional. Vivir del pasado es perder el tiempo y cada vez que pasan estas imágenes tengo la sensación que los medios tiran agua al océano.

Realmente, no merecíamos que esa copa viniera aqui. El Perú no merece que esa copa nos haya visitado. La visita de esa copa es una situación indignante. Una vez más lo digo: el fútbol peruano debe morir.