En los últimos meses, se ha vuelto común escuchar que existen empresas que forman parte de la denominada “Marca País”. La cual, tomo importancia a raíz de un video promocional elaborado por PROMPERU en el que personajes reconocidos del medio, viajaron a Perú, una ciudad en Nebraska - Estados Unidos, a fin de transmitirle parte de nuestra cultura a sus habitantes, partiendo de la premisa de que al vivir en Perú, también son peruanos como nosotros y tienen derecho a conocer lo que ello significa y las riquezas que poseemos. Esta proliferación del nacionalismo y el orgullo de haber nacido en el Perú, incluso se ha convertido en un signo figurativo, el cual se encuentra representado por la palabra Perú en letras rojas o blancas, impresas en fondo rojo o blanco, dependiendo, y en el que la letra “P” hace alusión a las líneas de Nazca (Ica).
Todo esto que parecería una política de marketing para fomentar nuestros recursos y promover el turismo e incrementar nuestros ingresos y con ello, la calidad de nuestra población, tiene un trasfondo aun mayor. La “Marca Perú”, forma parte de la llamada Diplomacia Pública (término acuñado por Edmund Gullion), la cual, a diferencia de la diplomacia tradicional, no busca entablar vínculos entre Estados o sujetos de derecho internacional, sino que se enfoca en la población civil, es decir, en personas naturales. Adicionalmente, la Diplomacia Pública, a diferencia de la propaganda, procura encontrar un receptor y generar una respuesta en este, que derive en una comunicación. Es por este motivo que se vienen reforzando las ferias internacionales, los intercambios culturales en gastronomía, la promoción de nuestra cultura y el turismo al interior del Perú. Es decir, una real Diplomacia Pública y no una política de marketing.
Debemos tener en cuenta que la cultura y la educación, son las columnas vertebrales de la Diplomacia Pública y en ellas se basa para obtener el convencimiento en una negociación sobre política exterior. Es decir, si nosotros consiguiéramos el reconocimiento mundial de que el Gallito de Las Rocas es un ave que vive en la Reserva Nacional del Manu, que es oriundo del Perú y único en su especie, a pesar de no tener registro oficial de ello, a nivel internacional, no existiría tercer Estado que pueda alegar lo contrario. A nivel macro, si obtenemos un reconocimiento mundial de las 200 millas peruanas de mar territorial, y así lo promocionamos y generamos conciencia de ello, en el supuesto que un tercer Estado tenga un interés geopolítico sobre el Mar de Grau, podríamos imponerlo eficazmente al procurar legitimizar una acción internacional.
Ahora, también es cierto que existen autores que asimilan la Diplomacia Pública con la economía y el militarismo, convirtiéndolo ya no solo en una herramienta del Soft Power, sino del Hard Power.
Entonces, se podría concluir que los engranajes de la política exterior peruana siguen trabajando, incluso a través de spots publicitarios aparentemente inofensivos. Contemos con que esta práctica se generalice y difundamos a gritos la suerte que tenemos de haber nacido aquí, en el Perú.
Todo esto que parecería una política de marketing para fomentar nuestros recursos y promover el turismo e incrementar nuestros ingresos y con ello, la calidad de nuestra población, tiene un trasfondo aun mayor. La “Marca Perú”, forma parte de la llamada Diplomacia Pública (término acuñado por Edmund Gullion), la cual, a diferencia de la diplomacia tradicional, no busca entablar vínculos entre Estados o sujetos de derecho internacional, sino que se enfoca en la población civil, es decir, en personas naturales. Adicionalmente, la Diplomacia Pública, a diferencia de la propaganda, procura encontrar un receptor y generar una respuesta en este, que derive en una comunicación. Es por este motivo que se vienen reforzando las ferias internacionales, los intercambios culturales en gastronomía, la promoción de nuestra cultura y el turismo al interior del Perú. Es decir, una real Diplomacia Pública y no una política de marketing.
Debemos tener en cuenta que la cultura y la educación, son las columnas vertebrales de la Diplomacia Pública y en ellas se basa para obtener el convencimiento en una negociación sobre política exterior. Es decir, si nosotros consiguiéramos el reconocimiento mundial de que el Gallito de Las Rocas es un ave que vive en la Reserva Nacional del Manu, que es oriundo del Perú y único en su especie, a pesar de no tener registro oficial de ello, a nivel internacional, no existiría tercer Estado que pueda alegar lo contrario. A nivel macro, si obtenemos un reconocimiento mundial de las 200 millas peruanas de mar territorial, y así lo promocionamos y generamos conciencia de ello, en el supuesto que un tercer Estado tenga un interés geopolítico sobre el Mar de Grau, podríamos imponerlo eficazmente al procurar legitimizar una acción internacional.
Ahora, también es cierto que existen autores que asimilan la Diplomacia Pública con la economía y el militarismo, convirtiéndolo ya no solo en una herramienta del Soft Power, sino del Hard Power.
Entonces, se podría concluir que los engranajes de la política exterior peruana siguen trabajando, incluso a través de spots publicitarios aparentemente inofensivos. Contemos con que esta práctica se generalice y difundamos a gritos la suerte que tenemos de haber nacido aquí, en el Perú.






