Archivo de 13 marzo 2007
El biodiésel es un combustible de origen vegetal que se presenta como una alternativa 'ecológica' en relación al petróleo. Se fabrica a partir de aceites vegetales provenientes de la canola, la palma, la soya, entre otros. La ventaja de su uso es la disminución de la emisión de monóxido de carbono, altamente contaminante y el hecho que por no tener compuestos de azufre no los elimina como gases de combustión dañinos también para el ambiente y la salud. Entre sus principales desventajas mencionemos que el biodiésel libera una menor cantidad de energía en la combustión, lo cual hace que la potencia del vehículo se vea reducida. Al no ser todavía reconocido como una alternativa para los fabricantes de automóviles, los motores no se han optimizado para su uso.
La demanda de biodiésel por parte de países del Primer Mundo como Estados Unidos y Alemania genera una expectativa que el gobierno peruano viene recibiendo con beneplácito y poca crítica. Es cierto que este combustible es menos dañino para el ambiente y que el Perú tiene posibilidades de exportarlo, pero los problemas que su producción generaría no están siendo debidamente evaluados.
Desde la década del 70, los países desarrollados han venido firmando diferentes acuerdos y compromisos para la reducción de los gases contaminantes. Esto implica la utilización de combustibles alternativos como el biodiésel; siendo éste uno de los factores para aumentar su demanda, los países del Norte han puesto sus ojos en Latinoamérica para satisfacerla. Sin embargo, la producción del biodiésel implica el incremento de cultivos oleaginosos que a su vez utilizan insumos derivados del petróleo: fertilizantes, insecticidas, combustibles para bombas de transporte y procesamiento industrial. Es decir, la generación de energía no contaminante, contamina el ambiente en su producción.
No sólo se trata de la contaminación sino también de la disputa por tierras de cultivo. La materia prima (canola, palma, soja, girasol, maní, arroz, algodón etc.) genera alrededor de 900 litros de biodiésel por hectárea cosechada. Esta es una gran desventaja en países con poca superficie cultivable como el Perú, debido a que la disputa por tierras se incrementaría junto con la demanda, dejando de lado la siembra de productos para el consumo humano.
El gas para el transporte
Por otro lado, Argentina, Bolivia, Brasil, Chile y Uruguay mantienen desde hace varios años una negociación con el Perú para la comercialización del gas proveniente de los yacimientos de Camisea (Cusco), que comenzó a ser explotado en agosto del 2004, veinte años después de su descubrimiento.
El gas, a diferencia del biodiésel, sí es un combustible que viene siendo empleado por los medios de transporte en el Perú. Su demanda crece sobre todo por su bajo precio y alto rendimiento. Sin embargo, en el país todavía no se venden autos a gas. Lo que existe es una conversión a este sistema de automóviles que utilizan otro tipo de combustibles. La adaptación al nuevo combustible implica una inversión de alrededor de mil cien dólares americanos. A la fecha, existen cuarenta y dos talleres de conversión a Gas Natural Vehicular (GNV) y más de seis mil vehículos convertidos circulan por las ciudades de Lima y Callao. Durante el 2007 esa cifra podría duplicarse. La creciente demanda del gas hace necesario el establecimiento de más estaciones de servicio para poder abastecer al mercado en expansión.
Ésta es una opción que algunos países latinoamericanos han implementado eficientemente en los últimos años. Paulo Sandroni experto en sistemas viales urbanos de Brasil afirma en una entrevista para el diario El Comercio de Lima que las primeras líneas de buses a gas en São Paulo funcionan desde hace 10 o 15 años y que en el Perú tomará un poco de tiempo para que el sistema sea adoptado cada vez por más transportistas. Además, el cambio de sistema implica otro tipo de factores contables que deben variar: “Cuando establecimos nuestra primera línea de bus a gas tuvimos muchos problemas. Era necesario mantener sistemas de fiscalización en los abastecedores porque a veces no llegaban con la misma especificación”. Es decir, si el gas tenía una pequeña variación en sus componentes podía dañar el motor y había que mejorar la tecnología en su procesamiento.
Sin embargo, a pesar de las ventajas del uso del gas, existen problemas relacionados con su extracción. En Perú en menos de un año sucedieron cuatro derrames de gas líquido debido al mal estado de las tuberías y a las deficientes soldaduras realizadas por empleados sin entrenamiento. Como resultado, profundos daños a la fauna de la zona y problemas de salud (respiratorios y estomacales) en la población, además de otros relacionados con los aspectos culturales de las comunidades nativas.
Más soluciones y menos problemas
Las fuentes alternativas de energía representan posibilidades de crecimiento económico pero todos sus aspectos deben ser previamente evaluados, no sólo por los efectos que éstas pueden tener sobre el medio ambiente, sino porque alrededor de su explotación giran intereses privados que no están tomando en cuenta a los efectos sociales que se producirán con el tiempo.
Es posible que la implementación de alternativas a la producción masiva del biodiésel como la elaboración artesanal y a pequeña escala, no sea la más atractiva para los inversionistas pero es una opción que, según algunos especialistas, podría evaluarse tomando en cuenta que será beneficiosa para la población de la zona, para los transportistas, e inclusive, los países del Primer Mundo.
07.03.07 | Por Eiko Kawamura, exclusivo para Mosaico Social
La demanda de biodiésel por parte de países del Primer Mundo como Estados Unidos y Alemania genera una expectativa que el gobierno peruano viene recibiendo con beneplácito y poca crítica. Es cierto que este combustible es menos dañino para el ambiente y que el Perú tiene posibilidades de exportarlo, pero los problemas que su producción generaría no están siendo debidamente evaluados.
Desde la década del 70, los países desarrollados han venido firmando diferentes acuerdos y compromisos para la reducción de los gases contaminantes. Esto implica la utilización de combustibles alternativos como el biodiésel; siendo éste uno de los factores para aumentar su demanda, los países del Norte han puesto sus ojos en Latinoamérica para satisfacerla. Sin embargo, la producción del biodiésel implica el incremento de cultivos oleaginosos que a su vez utilizan insumos derivados del petróleo: fertilizantes, insecticidas, combustibles para bombas de transporte y procesamiento industrial. Es decir, la generación de energía no contaminante, contamina el ambiente en su producción.
No sólo se trata de la contaminación sino también de la disputa por tierras de cultivo. La materia prima (canola, palma, soja, girasol, maní, arroz, algodón etc.) genera alrededor de 900 litros de biodiésel por hectárea cosechada. Esta es una gran desventaja en países con poca superficie cultivable como el Perú, debido a que la disputa por tierras se incrementaría junto con la demanda, dejando de lado la siembra de productos para el consumo humano.
El gas para el transporte
Por otro lado, Argentina, Bolivia, Brasil, Chile y Uruguay mantienen desde hace varios años una negociación con el Perú para la comercialización del gas proveniente de los yacimientos de Camisea (Cusco), que comenzó a ser explotado en agosto del 2004, veinte años después de su descubrimiento.
El gas, a diferencia del biodiésel, sí es un combustible que viene siendo empleado por los medios de transporte en el Perú. Su demanda crece sobre todo por su bajo precio y alto rendimiento. Sin embargo, en el país todavía no se venden autos a gas. Lo que existe es una conversión a este sistema de automóviles que utilizan otro tipo de combustibles. La adaptación al nuevo combustible implica una inversión de alrededor de mil cien dólares americanos. A la fecha, existen cuarenta y dos talleres de conversión a Gas Natural Vehicular (GNV) y más de seis mil vehículos convertidos circulan por las ciudades de Lima y Callao. Durante el 2007 esa cifra podría duplicarse. La creciente demanda del gas hace necesario el establecimiento de más estaciones de servicio para poder abastecer al mercado en expansión.
Ésta es una opción que algunos países latinoamericanos han implementado eficientemente en los últimos años. Paulo Sandroni experto en sistemas viales urbanos de Brasil afirma en una entrevista para el diario El Comercio de Lima que las primeras líneas de buses a gas en São Paulo funcionan desde hace 10 o 15 años y que en el Perú tomará un poco de tiempo para que el sistema sea adoptado cada vez por más transportistas. Además, el cambio de sistema implica otro tipo de factores contables que deben variar: “Cuando establecimos nuestra primera línea de bus a gas tuvimos muchos problemas. Era necesario mantener sistemas de fiscalización en los abastecedores porque a veces no llegaban con la misma especificación”. Es decir, si el gas tenía una pequeña variación en sus componentes podía dañar el motor y había que mejorar la tecnología en su procesamiento.
Sin embargo, a pesar de las ventajas del uso del gas, existen problemas relacionados con su extracción. En Perú en menos de un año sucedieron cuatro derrames de gas líquido debido al mal estado de las tuberías y a las deficientes soldaduras realizadas por empleados sin entrenamiento. Como resultado, profundos daños a la fauna de la zona y problemas de salud (respiratorios y estomacales) en la población, además de otros relacionados con los aspectos culturales de las comunidades nativas.
Más soluciones y menos problemas
Las fuentes alternativas de energía representan posibilidades de crecimiento económico pero todos sus aspectos deben ser previamente evaluados, no sólo por los efectos que éstas pueden tener sobre el medio ambiente, sino porque alrededor de su explotación giran intereses privados que no están tomando en cuenta a los efectos sociales que se producirán con el tiempo.
Es posible que la implementación de alternativas a la producción masiva del biodiésel como la elaboración artesanal y a pequeña escala, no sea la más atractiva para los inversionistas pero es una opción que, según algunos especialistas, podría evaluarse tomando en cuenta que será beneficiosa para la población de la zona, para los transportistas, e inclusive, los países del Primer Mundo.
07.03.07 | Por Eiko Kawamura, exclusivo para Mosaico Social





