03/04/12: Transexualidad no es homosexualidad
El ser transexual es una cuestión de identidad de género. Para entenderlo es necesario distinguir entre: orientación sexual - hacia qué sexo te sientes atraído – e identidad de género, o sea, cómo te identificas.
Por Sergio Acosta
Escucha la entrevista con Anagloria Mora
“En un mundo ideal tu sexualidad al nacer, tus genitales al nacer, tu sexo al nacer, son de varón y tu identidad es masculina, y tu orientación es femenina, o sea te atraen las mujeres. Si naces con todos los órganos genitales femeninos y tu identidad es de una mujer y tu orientación es masculina, entonces eres heterosexual” explica Anagloria Mora, sexóloga clínica y psicoterapeuta de Miami, EE.UU.
La doctora nos dice que la coincidencia de la identidad y el género sexual no siempre se da: “ahí empieza lo que se llama la “disforia del género”, o la crisis de identidad de género, donde un ser humano nace con el sexo de un género pero se identifica con el opuesto. Esto no tiene nada que ver con la orientación sexual”.
Ignorancia de los latinos
Para Anagloria Mora éste es uno de los temas de mayor ignorancia entre los latinos. “Hay latinos piensan que un transgénero es el extremo más grande del recontra homosexual. Se trata de identidad de género, que son dos cosas totalmente diferentes.”
Lee también:
Ser transgénero en Ecuador
Según la especialista no hay educación sobre el transgenerismo entre los latinos, por eso ella quiere marcar la diferencia dando talleres, incluida la comunidad médica que no está al tanto de esto.
Complicado
Desde el punto de vista clínico se trata de operaciones muy complicadas tanto a nivel fisiológico y emocional como monetario. Al respecto la doctora Mora nos dice que: “Son carísimas todas estas operaciones y hay muy pocos cirujanos que se dedican a este tipo de operaciones a nivel mundial. Una de las metas de los que pertenecemos al WPATH ( World Professional Association for Transgender Health) es llevar el mensaje para que más personas de la sociedad médica conozcan, incluidos los endocrinólogos que son los que deben poner a un paciente en protocolo de hormonas o los cirujanos responsables de hacer este tipo de cambios de sexo. Hoy son muy pocos y contados”.
Sufrimiento
Los problemas psicológicos también son una cuestión a tener en cuenta, especialmente porque la mayoría no tiene la posibilidad de cambiar de sexo, explica la doctora: “Si los homosexuales tienen miedo salir del closet, por miedo al rechazo, imagínense una persona transgénero sobre la que se sabe menos todavía. El rechazo es aún mayor. Porque se le categoriza como recontra enfermo, como freak, y entonces estas personas pasan unos problemas emocionales tremendos, pero no porque sean transgénero, si no por la falta de comprensión y educación que hay hacia estas personas. Eso es lo que hace que la lleve a la depresión y a los trastornos de personalidad.”
Desafío para todos
La doctora Mora cree que los retos son varios: “Primero, poder encontrar un buen terapeuta que sepa trabajar con esta población, porque es algo muy delicado, hay criterios muy fijos que seguir y hay que saber hacer estas cosas. Un sexólogo tiene que saber evaluar el decidir poner un paciente en tratamiento hormonal o sugerir el cambio de sexo a través de la cirugía. Esto es un reto grandísimo que enfrenta un paciente.”
Anagloria Mora, sexóloga clínica y psicoterapeuta de Miami, EE.UU. concluye que encontrarse con un terapeuta y un profesional de la salud mental que sea capaz y tenga el conocimiento es muy importante. El reto más grande para la comunidad médica y de salud mental es poder proveer un adecuado tratamiento para ayudar a estas personas a que puedan vivir como siempre debió ser. El transgénero no es una nefermedad por lo tanto no hay que curarla hay que aliviar el grado de incomodidad y de angustia que vive la persona, para ayudarla a llegar a ese punto de llegar a vivir una vida completa, no una farsa, concluye la Doctora.
Por Sergio Acosta
Escucha la entrevista con Anagloria Mora
“En un mundo ideal tu sexualidad al nacer, tus genitales al nacer, tu sexo al nacer, son de varón y tu identidad es masculina, y tu orientación es femenina, o sea te atraen las mujeres. Si naces con todos los órganos genitales femeninos y tu identidad es de una mujer y tu orientación es masculina, entonces eres heterosexual” explica Anagloria Mora, sexóloga clínica y psicoterapeuta de Miami, EE.UU.
La doctora nos dice que la coincidencia de la identidad y el género sexual no siempre se da: “ahí empieza lo que se llama la “disforia del género”, o la crisis de identidad de género, donde un ser humano nace con el sexo de un género pero se identifica con el opuesto. Esto no tiene nada que ver con la orientación sexual”.
Ignorancia de los latinos
Para Anagloria Mora éste es uno de los temas de mayor ignorancia entre los latinos. “Hay latinos piensan que un transgénero es el extremo más grande del recontra homosexual. Se trata de identidad de género, que son dos cosas totalmente diferentes.”
Lee también:
Ser transgénero en Ecuador
Según la especialista no hay educación sobre el transgenerismo entre los latinos, por eso ella quiere marcar la diferencia dando talleres, incluida la comunidad médica que no está al tanto de esto.
Complicado
Desde el punto de vista clínico se trata de operaciones muy complicadas tanto a nivel fisiológico y emocional como monetario. Al respecto la doctora Mora nos dice que: “Son carísimas todas estas operaciones y hay muy pocos cirujanos que se dedican a este tipo de operaciones a nivel mundial. Una de las metas de los que pertenecemos al WPATH ( World Professional Association for Transgender Health) es llevar el mensaje para que más personas de la sociedad médica conozcan, incluidos los endocrinólogos que son los que deben poner a un paciente en protocolo de hormonas o los cirujanos responsables de hacer este tipo de cambios de sexo. Hoy son muy pocos y contados”.
Sufrimiento
Los problemas psicológicos también son una cuestión a tener en cuenta, especialmente porque la mayoría no tiene la posibilidad de cambiar de sexo, explica la doctora: “Si los homosexuales tienen miedo salir del closet, por miedo al rechazo, imagínense una persona transgénero sobre la que se sabe menos todavía. El rechazo es aún mayor. Porque se le categoriza como recontra enfermo, como freak, y entonces estas personas pasan unos problemas emocionales tremendos, pero no porque sean transgénero, si no por la falta de comprensión y educación que hay hacia estas personas. Eso es lo que hace que la lleve a la depresión y a los trastornos de personalidad.”
Desafío para todos
La doctora Mora cree que los retos son varios: “Primero, poder encontrar un buen terapeuta que sepa trabajar con esta población, porque es algo muy delicado, hay criterios muy fijos que seguir y hay que saber hacer estas cosas. Un sexólogo tiene que saber evaluar el decidir poner un paciente en tratamiento hormonal o sugerir el cambio de sexo a través de la cirugía. Esto es un reto grandísimo que enfrenta un paciente.”
Anagloria Mora, sexóloga clínica y psicoterapeuta de Miami, EE.UU. concluye que encontrarse con un terapeuta y un profesional de la salud mental que sea capaz y tenga el conocimiento es muy importante. El reto más grande para la comunidad médica y de salud mental es poder proveer un adecuado tratamiento para ayudar a estas personas a que puedan vivir como siempre debió ser. El transgénero no es una nefermedad por lo tanto no hay que curarla hay que aliviar el grado de incomodidad y de angustia que vive la persona, para ayudarla a llegar a ese punto de llegar a vivir una vida completa, no una farsa, concluye la Doctora.
Fuente: radio Nederland
03/04/12: La prepotencia se aprende en casa
Martes 03 de abril del 2012 | 01:00
Hace muchos años, al ir a recoger a mi hijo al colegio, me atendió un hombre joven quien me preguntó: “¿En qué año está tu esclavito?”.
c.gonzalez@infonegocio.net.pe
Al ver mi sorpresa respondió: “¿Es que no te has dado cuenta que los niños son los últimos esclavos del mundo?”. Constantino Carvallo, ese maestro pleno de humanidad, tenía razón. A nadie se le trata con menos respeto que a un hijo: “Anda a lavarte los dientes”, “lávate las manos que están asquerosas, cochino”, “cállate y obedece”, “come todo y deja de estar jugando”, se le dice, en el mejor de los casos. En el peor, se magullan sus cuerpitos y se destruyen sus almas con insultos. Cuando los hijos nos despiertan emociones intensas, solo hay dos caminos para tramitarlas: o te das cuenta –con tu nuevo cerebro– lo que estás sintiendo y te vas calmando al pensar que nada bueno aprenderá con la violencia –porque, más tarde, no sabrá dialogar ni respetar a nadie, será un prepotente, autoritario, dictador, etc.– o das rienda suelta a tu cerebro ‘reptiliano’ y pegas, insultas, lloras o gritas. Te obedecerá por miedo, pero odiando y padeciendo un dolor infinito al no sentirse querido. Creerá que nada vale y además, se sentirá culpable porque pasada la agresión, le dirás, quizás:“Eres todo para mí”, “por mis hijos vivo”, “te quiero mucho”, o peor, “tú me haces que me ponga violento”.
Hace muchos años, al ir a recoger a mi hijo al colegio, me atendió un hombre joven quien me preguntó: “¿En qué año está tu esclavito?”.
c.gonzalez@infonegocio.net.pe
Al ver mi sorpresa respondió: “¿Es que no te has dado cuenta que los niños son los últimos esclavos del mundo?”. Constantino Carvallo, ese maestro pleno de humanidad, tenía razón. A nadie se le trata con menos respeto que a un hijo: “Anda a lavarte los dientes”, “lávate las manos que están asquerosas, cochino”, “cállate y obedece”, “come todo y deja de estar jugando”, se le dice, en el mejor de los casos. En el peor, se magullan sus cuerpitos y se destruyen sus almas con insultos. Cuando los hijos nos despiertan emociones intensas, solo hay dos caminos para tramitarlas: o te das cuenta –con tu nuevo cerebro– lo que estás sintiendo y te vas calmando al pensar que nada bueno aprenderá con la violencia –porque, más tarde, no sabrá dialogar ni respetar a nadie, será un prepotente, autoritario, dictador, etc.– o das rienda suelta a tu cerebro ‘reptiliano’ y pegas, insultas, lloras o gritas. Te obedecerá por miedo, pero odiando y padeciendo un dolor infinito al no sentirse querido. Creerá que nada vale y además, se sentirá culpable porque pasada la agresión, le dirás, quizás:“Eres todo para mí”, “por mis hijos vivo”, “te quiero mucho”, o peor, “tú me haces que me ponga violento”.
Fuente: Perù21






