09/03/10: Fondo concursable de Abriendo mundos
martes 9 de marzo de 2010
Raymundo Gómez (AIN, especial para ARGENPRESS.info)
El dolor y la tragedia haitiana por el sismo del 12 de enero ha tenido, dentro de sus mil marañas expresivas, una muy sobresaliente: el estoicismo de sus mujeres.
Sobre los hombros de ellas ha caído el peso principal de las pérdidas, en primer lugar, de sus seres más queridos, sean padres, hermanos e hijos.
Estas eran personas que ellas habían criado, alimentado, educado, vestido, curado o socorrido en múltiples oportunidades de la vida y que ya no estarán a su lado.
Vidas que se les fueron entre los amasijos de piedra y cabilla de las edificaciones derruidas, muchos cuerpos sin poder siquiera sacarlos y darles la merecida sepultura.
Inconmensurable su pérdida cuando se ha tratado del único vástago concebido, del fruto de su vientre que a duras penas logró que sobrepasara hambre, enfermedades, peligros sociales y naturales, hasta ahora.
Se le han ido entre las manos valores materiales obtenidos edificando, moldeando poco a poco junto a familiares, compañeros de la vida, amistades...
Recuerda a su madre, a su abuela, quizás hasta la bisabuela, que siempre le mostraron fortaleza ante las vicisitudes, de cuando no se sabía qué se tendría de alimento en el día, o de cómo curar la enfermedad del hermano, del tío, del abuelo, o a dónde ir por la pérdida del techo, o de constante emigrar en busca de trabajo.
Y hela ahora, con un presente desarticulado, sin señales propias o ajenas de cómo vivir en este día, en el de mañana, pero sin perder el ánimo, enfrentándose a todo el acontecer haitiano.
Por eso en cada amanecer da gracias al cielo, a los seres que antes y siempre le enseñaron había que respetar y adorar, siendo la primera en las tareas cotidianas, aun en peores condiciones, al aire libre, sin los utensilios de la cocina que ya no tiene, ni el agua común, ni los alimentos para su familia.
Y saldrá a las calles a buscar el sustento del día, a pasar horas agachada, con su típica vestimenta, de color oscuro y de amplias faldas, ofertando los artículos adquiridos después de un préstamo financiero que a duras penas consiguió, y que, al bajo ritmo de venta de los productos, le será muy difícil saldar en corto tiempo.
Continúa, en voz baja, para sus adentros a veces, repitiendo oraciones y el canto de plegarias, mientras mira sin ver lo que tiene por delante, pero fuerte, ecuánime ante tanta desgracia.
Fuente: Argenpress
Raymundo Gómez (AIN, especial para ARGENPRESS.info)
El dolor y la tragedia haitiana por el sismo del 12 de enero ha tenido, dentro de sus mil marañas expresivas, una muy sobresaliente: el estoicismo de sus mujeres.
Sobre los hombros de ellas ha caído el peso principal de las pérdidas, en primer lugar, de sus seres más queridos, sean padres, hermanos e hijos.
Estas eran personas que ellas habían criado, alimentado, educado, vestido, curado o socorrido en múltiples oportunidades de la vida y que ya no estarán a su lado.
Vidas que se les fueron entre los amasijos de piedra y cabilla de las edificaciones derruidas, muchos cuerpos sin poder siquiera sacarlos y darles la merecida sepultura.
Inconmensurable su pérdida cuando se ha tratado del único vástago concebido, del fruto de su vientre que a duras penas logró que sobrepasara hambre, enfermedades, peligros sociales y naturales, hasta ahora.
Se le han ido entre las manos valores materiales obtenidos edificando, moldeando poco a poco junto a familiares, compañeros de la vida, amistades...
Recuerda a su madre, a su abuela, quizás hasta la bisabuela, que siempre le mostraron fortaleza ante las vicisitudes, de cuando no se sabía qué se tendría de alimento en el día, o de cómo curar la enfermedad del hermano, del tío, del abuelo, o a dónde ir por la pérdida del techo, o de constante emigrar en busca de trabajo.
Y hela ahora, con un presente desarticulado, sin señales propias o ajenas de cómo vivir en este día, en el de mañana, pero sin perder el ánimo, enfrentándose a todo el acontecer haitiano.
Por eso en cada amanecer da gracias al cielo, a los seres que antes y siempre le enseñaron había que respetar y adorar, siendo la primera en las tareas cotidianas, aun en peores condiciones, al aire libre, sin los utensilios de la cocina que ya no tiene, ni el agua común, ni los alimentos para su familia.
Y saldrá a las calles a buscar el sustento del día, a pasar horas agachada, con su típica vestimenta, de color oscuro y de amplias faldas, ofertando los artículos adquiridos después de un préstamo financiero que a duras penas consiguió, y que, al bajo ritmo de venta de los productos, le será muy difícil saldar en corto tiempo.
Continúa, en voz baja, para sus adentros a veces, repitiendo oraciones y el canto de plegarias, mientras mira sin ver lo que tiene por delante, pero fuerte, ecuánime ante tanta desgracia.
Fuente: Argenpress
martes 9 de marzo de 2010
Oscar Escamilla (ANSA)
Las mujeres, los niños y los ancianos son las principales víctimas de la violencia intrafamiliar en Colombia, de acuerdo a las estadísticas del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses.
Según los registros de Medicina Legal, en 2008 un total de 46.922 mujeres fueron agredidas por sus cónyuges o compañeros sentimentales, en contraposición con los 5.742 hombres que recibieron maltratos de sus esposas.
En 2009, de acuerdo a esos mismos registros, la violencia doméstica afectó a 49.102 mujeres, frente a los 6.469 hombres que recibieron ese tipo de maltrato.
Claudia Mercedes Monroy, coordinadora División de Servicios Forenses del Instituto, explicó a ANSA que "la intolerancia, el alcoholismo, el machismo, los celos, factores económicos, religiosos, culturales y costumbres sociales" son las principales causas del maltrato en los hogares.
Monroy atribuyó además que varias de las mujeres víctimas no conocen ni reclaman sus derechos ante este tipo de agresiones y en varias se detecta una "baja autoestima", lo que facilita las circunstancias para convertirlas en blanco de esa violencia.
Agregó que "la incursión de la mujer en el campo económico y laboral crea un medio hostil de rivalidad con el género masculino que facilita la violencia contra la mujer".
El perfil de las mujeres que suelen acudir al Instituto, el organismo en Colombia destinado recibir este tipo de denuncias, para informar de maltrato en su contra pertenecen en su mayoría a estratos socioeconómicos bajos, poseen un precario nivel educativo, perciben salarios mínimos, tienen en promedio más de tres hijos y algunas son amas de casa.
Pero además de las mujeres, otras de las víctimas de la violencia intrafamiliar son los menores de edad, tanto niños como niñas.
Según las estadísticas de Medicinal Legal, en 2008 unos 10.901 niños fueron agredidos, principalmente por sus padres; mientras que en 2009 los niños violentados fueron 11.485.
El domingo es el día en que se registran el mayor número agresiones contra los menores, al igual que contra los ancianos, las otras víctimas también de esa violencia doméstica local, que en 2008 afectó 1.175 personas y en 2009 a 1.337.
En medio de toda esta violencia hay un segmento más de agredidos que Medicina Legal denomina "violencia entre otros familiares" y que corresponde principalmente a peleas entre hermanos, primos, cuñados y parientes en general que no hacen parte del núcleo familiar.
Allí también las mujeres fueron las mayores víctimas.
En 2008 Medicina Legal atendió 5.824 denuncias interpuestas por mujeres atacadas o maltratadas por sus parientes; frente a 4.865 casos de hombres lesionados o golpeados.
En 2009 la cifra de denuncias aumentó, pues 10.018 mujeres fueron agredidas y 5.450 hombres reportaron maltratos físicos en su contra.
Monroy dijo que "la explicación" para toda esta violencia "está en lo cultural: se aprende la resolución de los problemas a través de la violencia y se va transmitiendo de generación en generación", sujeto, además, al "gran arraigo del machismo" que se ejerce en el país.
La especialista dijo que las consecuencias de la violencia doméstica son por lo general de "tipo psicológico" además de "daños físicos, llegando en algunas ocasiones hasta las muertes violentas".
Según el Sistema de Vigilancia Epidemiológica de Medicina Legal, entre 2005 y 2007 se registraron 436 muertes producto de la violencia intrafamiliar.
Monroy explicó que, mientras los niños agredidos en sus casas "crecen con personalidades violentas y maltratadoras", también se hacen evidente que esa violencia repercute en un "bajo rendimiento académico", que a veces lleva a "la deserción escolar".
En tanto que "las mujeres crecen en un medio que estimula la baja autoestima, que aumenta su vulnerabilidad y desconocimiento de sus derechos, llevándolas a aceptar la violencia contra ellas como una situación normal", afirmó la experta.
Fuente: Argenpress
Oscar Escamilla (ANSA)
Las mujeres, los niños y los ancianos son las principales víctimas de la violencia intrafamiliar en Colombia, de acuerdo a las estadísticas del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses.
Según los registros de Medicina Legal, en 2008 un total de 46.922 mujeres fueron agredidas por sus cónyuges o compañeros sentimentales, en contraposición con los 5.742 hombres que recibieron maltratos de sus esposas.
En 2009, de acuerdo a esos mismos registros, la violencia doméstica afectó a 49.102 mujeres, frente a los 6.469 hombres que recibieron ese tipo de maltrato.
Claudia Mercedes Monroy, coordinadora División de Servicios Forenses del Instituto, explicó a ANSA que "la intolerancia, el alcoholismo, el machismo, los celos, factores económicos, religiosos, culturales y costumbres sociales" son las principales causas del maltrato en los hogares.
Monroy atribuyó además que varias de las mujeres víctimas no conocen ni reclaman sus derechos ante este tipo de agresiones y en varias se detecta una "baja autoestima", lo que facilita las circunstancias para convertirlas en blanco de esa violencia.
Agregó que "la incursión de la mujer en el campo económico y laboral crea un medio hostil de rivalidad con el género masculino que facilita la violencia contra la mujer".
El perfil de las mujeres que suelen acudir al Instituto, el organismo en Colombia destinado recibir este tipo de denuncias, para informar de maltrato en su contra pertenecen en su mayoría a estratos socioeconómicos bajos, poseen un precario nivel educativo, perciben salarios mínimos, tienen en promedio más de tres hijos y algunas son amas de casa.
Pero además de las mujeres, otras de las víctimas de la violencia intrafamiliar son los menores de edad, tanto niños como niñas.
Según las estadísticas de Medicinal Legal, en 2008 unos 10.901 niños fueron agredidos, principalmente por sus padres; mientras que en 2009 los niños violentados fueron 11.485.
El domingo es el día en que se registran el mayor número agresiones contra los menores, al igual que contra los ancianos, las otras víctimas también de esa violencia doméstica local, que en 2008 afectó 1.175 personas y en 2009 a 1.337.
En medio de toda esta violencia hay un segmento más de agredidos que Medicina Legal denomina "violencia entre otros familiares" y que corresponde principalmente a peleas entre hermanos, primos, cuñados y parientes en general que no hacen parte del núcleo familiar.
Allí también las mujeres fueron las mayores víctimas.
En 2008 Medicina Legal atendió 5.824 denuncias interpuestas por mujeres atacadas o maltratadas por sus parientes; frente a 4.865 casos de hombres lesionados o golpeados.
En 2009 la cifra de denuncias aumentó, pues 10.018 mujeres fueron agredidas y 5.450 hombres reportaron maltratos físicos en su contra.
Monroy dijo que "la explicación" para toda esta violencia "está en lo cultural: se aprende la resolución de los problemas a través de la violencia y se va transmitiendo de generación en generación", sujeto, además, al "gran arraigo del machismo" que se ejerce en el país.
La especialista dijo que las consecuencias de la violencia doméstica son por lo general de "tipo psicológico" además de "daños físicos, llegando en algunas ocasiones hasta las muertes violentas".
Según el Sistema de Vigilancia Epidemiológica de Medicina Legal, entre 2005 y 2007 se registraron 436 muertes producto de la violencia intrafamiliar.
Monroy explicó que, mientras los niños agredidos en sus casas "crecen con personalidades violentas y maltratadoras", también se hacen evidente que esa violencia repercute en un "bajo rendimiento académico", que a veces lleva a "la deserción escolar".
En tanto que "las mujeres crecen en un medio que estimula la baja autoestima, que aumenta su vulnerabilidad y desconocimiento de sus derechos, llevándolas a aceptar la violencia contra ellas como una situación normal", afirmó la experta.
Fuente: Argenpress
martes 9 de marzo de 2010
Adán Salgado Andrade (especial para ARGENPRESS.info)
Desde esta sexualizada Ciudad de México. Es tarde de domingo, algo de calor se siente, amainando ya los fríos que desde hace semanas se han estado sintiendo. Quizá porque sea el penúltimo día del tan anunciado evento sexual o porque al ser su tercera edición y asalte un curioso “¿cómo será?”, disponga ello a quitarse penas y tapujos y, muy decidido, se aventure uno a pagar los 200 pesos que sólo la entrada cuesta.
Pero, además, a formar una larga fila pacientemente, justo porque es domingo, permitir a un policía que revise bolsas de mano o de hombro, y luego avanzando “rapidito, para que no se le metan y se quede sin ver sexo”, casi indica otro uniformado… enseguida, ya en la entrada, mostrar el boleto, que muy serias e inexpresivas empleadas (no vaya a ser que despierten alguna preliminar pasión entre los “ardientes” asistentes) escanean con lectores ópticos. Una última revisión por parte de otras menos inexpresivas empleadas y… “¡Bienvenido sea usted a la feria del sexo, en donde puro placer hallará!”…
Mercantilisticamente hablando, pues es digamos que natural que se hiciera algo así. Hay feria del auto, feria de cómputo, feria del juguete, feria de la ropa, feria del empleo, feria de la artesanía, feria del hogar… una feria del sexo era más que obligada. “Es que somos y nos guiamos por el sexo”, podría ser el lema del evento, pero sus organizadores no han pensado en una justificación sociológica… a fin de cuentas la única justificación es que si ello incita al morbo, y satisfacer dicho morbo, más que a la sexualidad, vende y logra atraer a miles… adelante, que el sexo se vuelva un “sano entretenimiento” y que todos los sexomerciantes (¿se podrían llamar así los comerciantes sexuales?) vendan mucho y obtengan buenas ganancias, comenzando por los felices organizadores (es evidente que el evento resulta exitoso, pues ese día miles son los que asisten al lugar, el Palacio de los deportes, despojado de su original, olímpica utilidad, para convertirse en el lugar de las ferias para todo) …
Ah, y para asegurarse de que no vaya a haber desmanes, que algún asistente, al calor de las circunstancias, se le suban los ánimos y el temperamento y vaya a cometer un delito sexual, una panel de granaderos, muy a la orden (cuyas caras reflejan aburrimiento, pero también curiosidad por ver las bondades que con tanta pompa anuncia la publicidad del evento), espera en el estacionamiento la orden de atacar con toletazos y gases, cualquier intento de insurrección y sedición sexual que se salgan del programa previsto.
Una vez cruzada la entrada, despojados todos de cualquier pena o reticencia – “aquí todos venimos a ver sexo”, sería el generalizado mensaje –, quizá la imagen mental de muchos de los asistentes de encontrarse con fornicadoras parejas de pornstars, de desnudas chicas dispuestas a materializar cuanta reprimida fantasía sexual se tuviera en el inconsciente… ya de perdida una tabledancera agitando glúteos o senos a ritmo de reguetón… se desvanece y se les coloca en la disyuntiva de entrar a uno de los dos pabellones (el poniente, W, y el oriente, E), en donde, es de imaginarse, ahí, sí, seguro que la ¡diversión comenzará!...
Pero si se tiene suerte, entonces se topa uno con algunas chicas que luciendo coqueta y tentadora lencería o vestuario que remite a fantasías sexuales (la chica vestida de sensual caperucita, de fogosa enfermera, de atrevida colegiala – para esas reminiscencias de pedofilía –, de erótica bombera, de ardiente danzante mexica –sí, por aquello de nuestras verdaderas raíces –, de sexy darketa…), comienzan a bailar y a contonearse muy provocadoramente, encendiendo la inicial lascivia de los ávidos asistentes, quienes no tardan en rodearla y, sin dudarlo, están dispuestos a pagar treinta pesos porque la chica en cuestión se fotografíe con ellos – la que previamente, claro, advirtió que las fotos cuestan, no son gratis, “sí, chavos, permitir que mi semidesnudo, cuasiperfecto cuerpo se inmortalice en una foto con ustedes, ¡cuesta!”, podría decir –, los abrace y, que los más atrevidos (o machos, para el caso), le aprieten muy “cachondamente”, los glúteos…
Y ahí se ve cómo todavía, a pesar de cuanta campaña existe a favor de la mujer, de su lugar en la sociedad, de que no se le debe de tratar como objeto sexual… en fin, de que se ha tratado de combatir al machismo mediante la razón, muchos de los asistentes, sobre todo hombres, toman como parte de la diversión y de los fetiches sexuales a las mujeres que allí trabajan, sean o no pornstars (aunque muchas más bien me parecen chicas que fueron contratadas por sus atributos físicos, sin que se trate de famosas pornoactrices). Y eso de que muchos hombres sólo ven objetos sexuales en las mujeres, lo vuelve a evidenciar una pareja que pasa delente de donde estamos, ella vestida de minifalda, de marcados rasgos indígenas, que a pesar de sus pocos atributos físicos, es digamos que presumida por su acompañante, un tipo muy caradura, quien para dejar constancia de que se hace acompañar de una escultural mujer (muy a su entender, claro), le soba muy orgulloso los glúteos a su chica, como diciendo “¡miren lo que traigo, cabrones!”, gesto que sólo produce una irónica sonrisa en quienes vemos tan machista acción.
Pero qué importan allí, en medio de tanto placer y sexo puro, esas consideraciones éticas y que a una mujer le palpen los glúteos frente a todo mundo. No, adelante… y para que se anime la cosa, a varios varones se les dan sus muestras gratis de estimulantes sexuales “¡para que tenga una super-erección y su pareja no se le aburra ni se le duerma!”. Claro, ahora viagras o sus equivalentes, son de las drogas más demandadas a nivel mundial. Tan sólo Pfizer, el fabricante de Viagra, tuvo ventas mundiales en el 2008 por 1900 millones de dólares y estima que cada año subirán un 10%. Así que la disfunción eréctil es un buen negocio para toda aquella empresa farmacéutica que ofrezca un medicamento similar, sobre todo más barato. Y productos como “power sex”, “the sensual tea”, “him”, supersex”, “ginseng sex”, “simi power”… y muchos otros sucedáneos son ofrecidos no sólo en las tiendas sexuales, sino en farmacias y hasta en tiendas naturistas, cuyo primer objetivo no es, precisamente, el potenciar sexualmente al hombre…
Y ya es entrar a uno de los pabellones, luego de rápidas disquisiciones, que la evidencia de que no todo lo prometido en la publicidad es cierto, se presenta crudamente… sí, llenan el espacio stands de parafernalia sexual, en donde, cuando mucho, alguna empleada en lencería, de no muy escultural figura, trata de atraer al ávido sexoconsumidor a su local para que compre ya sea un fetiche, un juguete erótico, un estimulante sexual, un potenciador, un video porno, una revista, un comic… “ándele, acérquese, aquí le vendemos desde una loción excitante, hasta un bonito y práctico pene… no se quede con las ganas y anímese a entrar… por ver no se paga!”, podría ser el pregón de estos sexomerciantes, reflexiono.
Ah… pero, sí, para que no digan, hay un show en el que aparentes pornstars, ataviadas como ardientes colegialas, se despojan de prendas superiores y dejan ver sus alicaídos pechos, pero una aglomerada multitud impide ver de cerca tan “sensual” espectáculo, muy metidos todos en filmar y fotografiar con celulares y telefónicos dispositivos a aquellas féminas, cual si fueran animales de exhibición… nadie se quiere quedar sin sus fotos o videos de aquellos pechos filmados en vivo – “¡esto cuándo lo iba a ver!” –, sí, que valgan la pena los 200 pesos de entrada, exclamaran los masivos fotógrafiantes y filmantes de pornografía en vivo (aunque no llega a eso, la verdad, pues ahora ya es hasta común desnudarse para protestar).
Ya más adelante, otra supuesta pornstar en bikini, acaba de elegir de entre el babeante público masculino a un voluntario, al que despoja de su ropa, dejándolo en calzoncillos y, acto seguido, procede a practicarle pornográficos agasajos que el excitado muchacho, lo evidencia su protuberante erección, quisiera consumar. Hay un breve intermedio, en el que los conductores del show, avientan condones, sí, para que no se diga que la feria está en contra de las medidas de higiene y sanidad sexual. Luego, la pornstar reanuda sus lujuriosos movimientos sobre su, en ese momento, esclavo sexual, y ya que le promete bajarle las estrellas y todo, le pide que cierre los ojos… y aparece una muy gorda, des-excitante mujer, vestida como enfermera, luciendo celulitis por todo su flácido cuerpo, que se le acerca por detrás y se le sienta encima, justo cuando el aspirante a pornoactor abre sus ojos, luciendo cara de desencanto y de ridiculez al mismo tiempo, al ser mofa de la burlona turba, que con sus risas y gritos, le remuele haberse convertido en el hazmerreír público.
Ah, pero mientras se siguen recorriendo los sexopuestos, pueden verse otros minishows de chicas en lencería o de corpulentos stripers, quienes también se dejan fotografiar por el solicitante a cambio, claro, de los módicos treinta pesos que, parece, fue la cuota fija establecida – por aquello de la competencia desleal, si alguien cobra de menos, con tal de fotografiarse más, razono –… y los más abusivos también exigen no sólo la foto, sino apretar fuertemente a la chica de los glúteos o asumir pose sexual, pegándosele apretadamente al trasero de aquella, quien se inclina, con tal que el arremedo de fornicación sea lo más realista posible.
Pero para que no se diga que no hay arte y que el sexo también es arte, los organizadores tuvieron el tino de traer a “Picasso”, como se ha auto-nombrado un estadounidense sesentañero, cuya particularidad es pintar totalmente desnudo con su flácido pene. Una pareja que ha aceptado pagar ¡500 pesos! para que el peneal pintor les haga su caricaturizado retrato posa frente a él, sentados en un sofá, viendo como el hombre, muy diestro, manipula su pene sobre la paleta de colores y luego sobre el lienzo, y con gráciles peneladas va reproduciendo sus serios, posadores rostros. Y uno se pregunta qué tipo de colores empleará ese singular artista, con tal que no le provoquen daños a su salud… o por lo menos a la de su pene. Aunque de repente se me ocurre pensar que quizá era impotente y decidió darle alguna utilidad a su miembro… y se puso a pintar con él. Pues ya ven que si de records se trata y de hechos a la “aunque usted no lo crea de Ripley”, los gringos se pintan solos.
Tras haber contemplado un rato como ese fálico pincel formaba las caricaturas de los posantes, en una mezcla que raya entre lo grotesco y la fanfarronería, vamos al otro pabellón… en donde más de lo mismo espera: tiendas sexuales, chicas en lencería y stripers intentando vender fotos… y otro aglomerador show, esta vez con tres muy dispuestas voluntarias, a las que un supuesto striper estadounidense, a ritmo de energética melodía pop, se permite acosarlas y manosearlas (les sacude los pechos, recibiendo no una bofetada, sino una grácil sonrisa por su ansiado atrevimiento), que al fin que en ese momento de puro sexo y lujuria todo se vale, no están las mujeres en la calle o en el metro, siendo acosadas por un “delincuente sexual”… no, en ese momento son ellas para él… sí, las tres, venga, “ándale, cógenos frente a todos… sí, aunque sea con ropa, de a mentis, sí, no le hace… nuestros quince minutos de placentera fama”, frente a rumiantes machos que las fotografían y las filman y quisieran ellos ser quienes también se las agasajaran y simularan cogérselas, como el musculoso striper, quien ya está en pura tanguita y frota sus genitales encantos contra las caras de las chicas y sus partes pudendas… ¡sí, todo se vale, aunque sean ridiculizadas y vejadas públicamente… que al fin es la feria del sexo… y a eso vinieron!, ¿no?
Y ya, más que excitados, agobiados por tanta gente, por tanto manoseo voluntario o involuntario, sobre todo hacia nuestra acompañante, salimos de ese otro pabellón, algo hambrientos… pero no de sexo, sino de comida… y no hay muchas opciones, excepto por cara comida chatarra o fast food (pizzas, papas fritas, churros rellenos, burritos, refrescos)… más caros algunos que una dosis de Viagra o una dotación de condones…
Sí, esa es la feria del sexo, a la que a pesar de ya ser entrada la tarde, sigue visitando gente, siendo recibida por stripers y chicas en lencería, para que se tomen la cobrada foto… ¡y que disfruten del sexo a lo grande!... algo que si no se cuenta con dinero de sobra, “¡pues no, joven, sin dinero, mejor ni venga, que aquí hasta el agua le cobramos!”
Fuente: Argenpress
Adán Salgado Andrade (especial para ARGENPRESS.info)
Desde esta sexualizada Ciudad de México. Es tarde de domingo, algo de calor se siente, amainando ya los fríos que desde hace semanas se han estado sintiendo. Quizá porque sea el penúltimo día del tan anunciado evento sexual o porque al ser su tercera edición y asalte un curioso “¿cómo será?”, disponga ello a quitarse penas y tapujos y, muy decidido, se aventure uno a pagar los 200 pesos que sólo la entrada cuesta.
Pero, además, a formar una larga fila pacientemente, justo porque es domingo, permitir a un policía que revise bolsas de mano o de hombro, y luego avanzando “rapidito, para que no se le metan y se quede sin ver sexo”, casi indica otro uniformado… enseguida, ya en la entrada, mostrar el boleto, que muy serias e inexpresivas empleadas (no vaya a ser que despierten alguna preliminar pasión entre los “ardientes” asistentes) escanean con lectores ópticos. Una última revisión por parte de otras menos inexpresivas empleadas y… “¡Bienvenido sea usted a la feria del sexo, en donde puro placer hallará!”…
Mercantilisticamente hablando, pues es digamos que natural que se hiciera algo así. Hay feria del auto, feria de cómputo, feria del juguete, feria de la ropa, feria del empleo, feria de la artesanía, feria del hogar… una feria del sexo era más que obligada. “Es que somos y nos guiamos por el sexo”, podría ser el lema del evento, pero sus organizadores no han pensado en una justificación sociológica… a fin de cuentas la única justificación es que si ello incita al morbo, y satisfacer dicho morbo, más que a la sexualidad, vende y logra atraer a miles… adelante, que el sexo se vuelva un “sano entretenimiento” y que todos los sexomerciantes (¿se podrían llamar así los comerciantes sexuales?) vendan mucho y obtengan buenas ganancias, comenzando por los felices organizadores (es evidente que el evento resulta exitoso, pues ese día miles son los que asisten al lugar, el Palacio de los deportes, despojado de su original, olímpica utilidad, para convertirse en el lugar de las ferias para todo) …
Ah, y para asegurarse de que no vaya a haber desmanes, que algún asistente, al calor de las circunstancias, se le suban los ánimos y el temperamento y vaya a cometer un delito sexual, una panel de granaderos, muy a la orden (cuyas caras reflejan aburrimiento, pero también curiosidad por ver las bondades que con tanta pompa anuncia la publicidad del evento), espera en el estacionamiento la orden de atacar con toletazos y gases, cualquier intento de insurrección y sedición sexual que se salgan del programa previsto.
Una vez cruzada la entrada, despojados todos de cualquier pena o reticencia – “aquí todos venimos a ver sexo”, sería el generalizado mensaje –, quizá la imagen mental de muchos de los asistentes de encontrarse con fornicadoras parejas de pornstars, de desnudas chicas dispuestas a materializar cuanta reprimida fantasía sexual se tuviera en el inconsciente… ya de perdida una tabledancera agitando glúteos o senos a ritmo de reguetón… se desvanece y se les coloca en la disyuntiva de entrar a uno de los dos pabellones (el poniente, W, y el oriente, E), en donde, es de imaginarse, ahí, sí, seguro que la ¡diversión comenzará!...
Pero si se tiene suerte, entonces se topa uno con algunas chicas que luciendo coqueta y tentadora lencería o vestuario que remite a fantasías sexuales (la chica vestida de sensual caperucita, de fogosa enfermera, de atrevida colegiala – para esas reminiscencias de pedofilía –, de erótica bombera, de ardiente danzante mexica –sí, por aquello de nuestras verdaderas raíces –, de sexy darketa…), comienzan a bailar y a contonearse muy provocadoramente, encendiendo la inicial lascivia de los ávidos asistentes, quienes no tardan en rodearla y, sin dudarlo, están dispuestos a pagar treinta pesos porque la chica en cuestión se fotografíe con ellos – la que previamente, claro, advirtió que las fotos cuestan, no son gratis, “sí, chavos, permitir que mi semidesnudo, cuasiperfecto cuerpo se inmortalice en una foto con ustedes, ¡cuesta!”, podría decir –, los abrace y, que los más atrevidos (o machos, para el caso), le aprieten muy “cachondamente”, los glúteos…
Y ahí se ve cómo todavía, a pesar de cuanta campaña existe a favor de la mujer, de su lugar en la sociedad, de que no se le debe de tratar como objeto sexual… en fin, de que se ha tratado de combatir al machismo mediante la razón, muchos de los asistentes, sobre todo hombres, toman como parte de la diversión y de los fetiches sexuales a las mujeres que allí trabajan, sean o no pornstars (aunque muchas más bien me parecen chicas que fueron contratadas por sus atributos físicos, sin que se trate de famosas pornoactrices). Y eso de que muchos hombres sólo ven objetos sexuales en las mujeres, lo vuelve a evidenciar una pareja que pasa delente de donde estamos, ella vestida de minifalda, de marcados rasgos indígenas, que a pesar de sus pocos atributos físicos, es digamos que presumida por su acompañante, un tipo muy caradura, quien para dejar constancia de que se hace acompañar de una escultural mujer (muy a su entender, claro), le soba muy orgulloso los glúteos a su chica, como diciendo “¡miren lo que traigo, cabrones!”, gesto que sólo produce una irónica sonrisa en quienes vemos tan machista acción.
Pero qué importan allí, en medio de tanto placer y sexo puro, esas consideraciones éticas y que a una mujer le palpen los glúteos frente a todo mundo. No, adelante… y para que se anime la cosa, a varios varones se les dan sus muestras gratis de estimulantes sexuales “¡para que tenga una super-erección y su pareja no se le aburra ni se le duerma!”. Claro, ahora viagras o sus equivalentes, son de las drogas más demandadas a nivel mundial. Tan sólo Pfizer, el fabricante de Viagra, tuvo ventas mundiales en el 2008 por 1900 millones de dólares y estima que cada año subirán un 10%. Así que la disfunción eréctil es un buen negocio para toda aquella empresa farmacéutica que ofrezca un medicamento similar, sobre todo más barato. Y productos como “power sex”, “the sensual tea”, “him”, supersex”, “ginseng sex”, “simi power”… y muchos otros sucedáneos son ofrecidos no sólo en las tiendas sexuales, sino en farmacias y hasta en tiendas naturistas, cuyo primer objetivo no es, precisamente, el potenciar sexualmente al hombre…
Y ya es entrar a uno de los pabellones, luego de rápidas disquisiciones, que la evidencia de que no todo lo prometido en la publicidad es cierto, se presenta crudamente… sí, llenan el espacio stands de parafernalia sexual, en donde, cuando mucho, alguna empleada en lencería, de no muy escultural figura, trata de atraer al ávido sexoconsumidor a su local para que compre ya sea un fetiche, un juguete erótico, un estimulante sexual, un potenciador, un video porno, una revista, un comic… “ándele, acérquese, aquí le vendemos desde una loción excitante, hasta un bonito y práctico pene… no se quede con las ganas y anímese a entrar… por ver no se paga!”, podría ser el pregón de estos sexomerciantes, reflexiono.
Ah… pero, sí, para que no digan, hay un show en el que aparentes pornstars, ataviadas como ardientes colegialas, se despojan de prendas superiores y dejan ver sus alicaídos pechos, pero una aglomerada multitud impide ver de cerca tan “sensual” espectáculo, muy metidos todos en filmar y fotografiar con celulares y telefónicos dispositivos a aquellas féminas, cual si fueran animales de exhibición… nadie se quiere quedar sin sus fotos o videos de aquellos pechos filmados en vivo – “¡esto cuándo lo iba a ver!” –, sí, que valgan la pena los 200 pesos de entrada, exclamaran los masivos fotógrafiantes y filmantes de pornografía en vivo (aunque no llega a eso, la verdad, pues ahora ya es hasta común desnudarse para protestar).
Ya más adelante, otra supuesta pornstar en bikini, acaba de elegir de entre el babeante público masculino a un voluntario, al que despoja de su ropa, dejándolo en calzoncillos y, acto seguido, procede a practicarle pornográficos agasajos que el excitado muchacho, lo evidencia su protuberante erección, quisiera consumar. Hay un breve intermedio, en el que los conductores del show, avientan condones, sí, para que no se diga que la feria está en contra de las medidas de higiene y sanidad sexual. Luego, la pornstar reanuda sus lujuriosos movimientos sobre su, en ese momento, esclavo sexual, y ya que le promete bajarle las estrellas y todo, le pide que cierre los ojos… y aparece una muy gorda, des-excitante mujer, vestida como enfermera, luciendo celulitis por todo su flácido cuerpo, que se le acerca por detrás y se le sienta encima, justo cuando el aspirante a pornoactor abre sus ojos, luciendo cara de desencanto y de ridiculez al mismo tiempo, al ser mofa de la burlona turba, que con sus risas y gritos, le remuele haberse convertido en el hazmerreír público.
Ah, pero mientras se siguen recorriendo los sexopuestos, pueden verse otros minishows de chicas en lencería o de corpulentos stripers, quienes también se dejan fotografiar por el solicitante a cambio, claro, de los módicos treinta pesos que, parece, fue la cuota fija establecida – por aquello de la competencia desleal, si alguien cobra de menos, con tal de fotografiarse más, razono –… y los más abusivos también exigen no sólo la foto, sino apretar fuertemente a la chica de los glúteos o asumir pose sexual, pegándosele apretadamente al trasero de aquella, quien se inclina, con tal que el arremedo de fornicación sea lo más realista posible.
Pero para que no se diga que no hay arte y que el sexo también es arte, los organizadores tuvieron el tino de traer a “Picasso”, como se ha auto-nombrado un estadounidense sesentañero, cuya particularidad es pintar totalmente desnudo con su flácido pene. Una pareja que ha aceptado pagar ¡500 pesos! para que el peneal pintor les haga su caricaturizado retrato posa frente a él, sentados en un sofá, viendo como el hombre, muy diestro, manipula su pene sobre la paleta de colores y luego sobre el lienzo, y con gráciles peneladas va reproduciendo sus serios, posadores rostros. Y uno se pregunta qué tipo de colores empleará ese singular artista, con tal que no le provoquen daños a su salud… o por lo menos a la de su pene. Aunque de repente se me ocurre pensar que quizá era impotente y decidió darle alguna utilidad a su miembro… y se puso a pintar con él. Pues ya ven que si de records se trata y de hechos a la “aunque usted no lo crea de Ripley”, los gringos se pintan solos.
Tras haber contemplado un rato como ese fálico pincel formaba las caricaturas de los posantes, en una mezcla que raya entre lo grotesco y la fanfarronería, vamos al otro pabellón… en donde más de lo mismo espera: tiendas sexuales, chicas en lencería y stripers intentando vender fotos… y otro aglomerador show, esta vez con tres muy dispuestas voluntarias, a las que un supuesto striper estadounidense, a ritmo de energética melodía pop, se permite acosarlas y manosearlas (les sacude los pechos, recibiendo no una bofetada, sino una grácil sonrisa por su ansiado atrevimiento), que al fin que en ese momento de puro sexo y lujuria todo se vale, no están las mujeres en la calle o en el metro, siendo acosadas por un “delincuente sexual”… no, en ese momento son ellas para él… sí, las tres, venga, “ándale, cógenos frente a todos… sí, aunque sea con ropa, de a mentis, sí, no le hace… nuestros quince minutos de placentera fama”, frente a rumiantes machos que las fotografían y las filman y quisieran ellos ser quienes también se las agasajaran y simularan cogérselas, como el musculoso striper, quien ya está en pura tanguita y frota sus genitales encantos contra las caras de las chicas y sus partes pudendas… ¡sí, todo se vale, aunque sean ridiculizadas y vejadas públicamente… que al fin es la feria del sexo… y a eso vinieron!, ¿no?
Y ya, más que excitados, agobiados por tanta gente, por tanto manoseo voluntario o involuntario, sobre todo hacia nuestra acompañante, salimos de ese otro pabellón, algo hambrientos… pero no de sexo, sino de comida… y no hay muchas opciones, excepto por cara comida chatarra o fast food (pizzas, papas fritas, churros rellenos, burritos, refrescos)… más caros algunos que una dosis de Viagra o una dotación de condones…
Sí, esa es la feria del sexo, a la que a pesar de ya ser entrada la tarde, sigue visitando gente, siendo recibida por stripers y chicas en lencería, para que se tomen la cobrada foto… ¡y que disfruten del sexo a lo grande!... algo que si no se cuenta con dinero de sobra, “¡pues no, joven, sin dinero, mejor ni venga, que aquí hasta el agua le cobramos!”
Fuente: Argenpress
Publicado el : 9 de marzo 2010 - 8:55 de la mañana
| Por Redacción InformaRN
Pulse aquí para ingresar
Hizo carrera con el Partido Republicano de Estados Unidos atacando a las minorías sexuales hasta que lo sorprendieron saliendo de un bar gay.
Roy Ashburn es un senador republicano del estado de California que se caracterizó por oponerse a los derechos de la comunidad gay. Pero ahora hace noticia en Estados Unidos por admitir públicamente su homosexualidad.
“Soy gay. Esas palabras han sido muy difíciles de decir para mí durante mucho tiempo (...) Siempre pensé que podía separar mi vida personal de mi vida pública. Pero con mis propias acciones he hecho que mi vida personal sea pública”, reveló en una entrevista para una radioemisora de Los Angeles.
Y es que este padre divorciado de cuatro hijos no le quedó otra cosa que admitir sus verdaderas tendencias sexuales, tras ser arrestado cuando salía de un bar frecuentado por homosexuales en la ciudad de Sacramento.
El legislador de 55 años defendió su actitud frente a los gays alegando que su papel era representar a sus electores y no sus orientaciones sexuales. El año pasado votó en contra de una iniciativa que quería establecer el 22 de mayo como el día de Harvey Milk, el activista homosexual asesinado y cuya vida interpretó el actor Sean Penn en la película Milk.
Fuente: Perú21
Roy Ashburn es un senador republicano del estado de California que se caracterizó por oponerse a los derechos de la comunidad gay. Pero ahora hace noticia en Estados Unidos por admitir públicamente su homosexualidad.
“Soy gay. Esas palabras han sido muy difíciles de decir para mí durante mucho tiempo (...) Siempre pensé que podía separar mi vida personal de mi vida pública. Pero con mis propias acciones he hecho que mi vida personal sea pública”, reveló en una entrevista para una radioemisora de Los Angeles.
Y es que este padre divorciado de cuatro hijos no le quedó otra cosa que admitir sus verdaderas tendencias sexuales, tras ser arrestado cuando salía de un bar frecuentado por homosexuales en la ciudad de Sacramento.
El legislador de 55 años defendió su actitud frente a los gays alegando que su papel era representar a sus electores y no sus orientaciones sexuales. El año pasado votó en contra de una iniciativa que quería establecer el 22 de mayo como el día de Harvey Milk, el activista homosexual asesinado y cuya vida interpretó el actor Sean Penn en la película Milk.
Fuente: Perú21
09/03/10: La no violencia: mito y realidades
por Domenico Losurdo *
Un libro que sale a la venta hoy en Italia, « La non-violenza. Una storia fuori dal mito », del profesor Domenico Losurdo explora el concepto de no violencia y su uso en la historia contemporánea. Dejando de lado las ideas preconcebidas, muestra también sus ambigüedades. Lo que a menudo ha sido una exigencia de carácter pacifista, también puede ser una manera de huir de las responsabilidades y se convierte hoy en un disfraz de la propaganda para justificar todo tipo de injerencias. El profesor Domenico Losurdo responde a las preguntas de Marie-Ange Patrizio sobre este tema.
Marie-Ange Patrizio: El concepto de no violencia nos hace pensar inmediatamente en Gandhi. ¿Qué piensa usted de esa gran personalidad histórica?
Domenico Losurdo: Hay que separar la evolución de Gandhi en dos fases. Durante la primera fase, Gandhi no tiene para nada en mente la emancipación general de los pueblos colonizados. Por el contrario, lo que hace es exhortar a la potencia colonial, Gran Bretaña, a no confundir el pueblo indio –que, al igual que los ingleses, proviene de una antigua civilización y cuyos orígenes raciales son «arios»– con los negros, ni tampoco con «los rústicos cafres, quienes tienen la caza como ocupación y cuya única ambición consiste en reunir cierta cantidad de cabezas de ganado para conquistar una mujer y llevar posteriormente una existencia de indolencia y desnudez» (sic).
En aras de obtener la aceptación de la raza dominante, del pueblo de señores (arios y blancos), a principios del siglo 20 Gandhi llama a sus compatriotas a ponerse al servicio del ejército imperial, que había emprendido por aquel entonces una feroz campaña de represión contra los zulúes.
Lo más importante es que, durante la Primera Guerra Mundial, el presunto campeón de la no violencia decide reclutar 500 000 hombres para el ejército británico. Pone tanto celo en esa tarea que incluso envía una carta al secretario personal del virrey: «Me parece que si me convirtiera en reclutador en jefe, yo sería capaz de sumergirlo de hombres». Al dirigirse a sus compatriotas y al virrey, Gandhi insiste de manera casi obsesiva en su propia disposición a asumir el sacrificio del que todo un pueblo está llamado a dar prueba: hay que «ofrecer al Imperio nuestro apoyo total y decidido»; la India debe estar dispuesta a «ofrecer, en el momento crítico, sus hijos sanos para que se sacrifiquen por el Imperio», a «ofrecer en este momento crítico todos sus hijos aptos para el combate como ofrenda al Imperio»; «en defensa del Imperio debemos dar todos los hombres de que dispongamos».
Dando muestra de una coherencia de acero, Gandhi expresa el deseo de que sus propios hijos se enrolen y participen en la guerra.
Marie-Ange Patrizio: En ese sentido, usted contrasta la actitud de Gandhi con la del movimiento antimilitarista de inspiración socialista y marxista y el que sale mejor parado [en la comparación] es precisamente este último.
Domenico Losurdo: Sí. Yo refuto el mito de que el marxismo es sinónimo de culto a la violencia. Como ejemplo cito en particular a Karl Liebknecht, quien fue posteriormente uno de los fundadores del Partido Comunista alemán, antes de ser asesinado con Rosa Luxemburgo. Después de haber luchado durante mucho tiempo contra el rearme y contra los preparativos para la guerra, al ser llamado a partir para el frente, antes de su arresto por pacifista, Liebknecht envía a su esposa y sus hijos una serie de cartas: «No voy a disparar […] Yo no voy a disparar aunque me lo ordenen. Podrán fusilarme por eso».
Marie-Ange Patrizio: Queda el hecho de que Liebknecht acaba por saludar la violencia de la Revolución de Octubre, dirigida por Lenin.
Domenico Losurdo: No hay que perder de vista que al principio de la Primera Guerra Mundial, Lenin, lejos de celebrar como Gandhi el valor de la vida militar y de la lucha en el frente, expresa su «profunda amargura».
La esperanza, que reviste un carácter moral antes de ser de carácter político, renace en él gracias a un fenómeno que pudiera quizás frenar la infernal máquina de la violencia: se trata de la «fraternización entre los soldados de las naciones beligerantes, incluso en las trincheras». Lenin escribe: «Está bien que los soldados maldigan la guerra. Está bien que exijan la paz. La fraternización puede y debe convertirse en fraternización en todos los frentes. El armisticio de hecho en un frente puede y debe convertirse en armisticio de hecho en todos los frentes».
Desgraciadamente, esa esperanza no se cumple. Los gobiernos beligerantes tratan la fraternización como una traición. Es en ese momento que se plantea la necesidad de escoger, no ya entre la violencia y la no violencia, sino más bien entre la violencia a través de la continuación de la guerra o la violencia de la revolución llamada a poner fin a una carnicería carente de sentido.
No existe diferencia alguna entre los dilemas morales de Lenin y los dilemas morales que enfrentan, en Estados Unidos, los pacifistas cristianos de las primeras décadas del siglo 19 (mi libro parte de ese momento de la historia). Contrarios a cualquier forma de violencia así como a la esclavitud de los negros (que constituye en sí misma una forma de violencia) en momentos en que se perfila y finalmente estalla la guerra de Secesión, los pacifistas cristianos se ven ante una trágica disyuntiva: ¿dar su apoyo directo o indirecto a la continuación de la forma particularmente horrible de violencia que es la institución esclavista o unirse a esa especie de revolución abolicionista que acaba siendo la guerra de la Unión? Los pacifistas más maduros escogen la segunda solución. Adoptan una posición similar a la que más tarde habrá de caracterizar a Lenin, Liebknecht y los bolcheviques en su conjunto.
Marie-Ange Patrizio: Dejamos a Gandhi en su papel de reclutador al servicio del ejército británico. Usted mencionó una segunda fase. ¿Cuándo y cómo se produce?
Domenico Losurdo: Dos acontecimientos lo condujeron a ella: uno de carácter internacional y otro nacional. La Revolución de Octubre y la difusión de la agitación comunista en las colonias y en la propia India imprimen un formidable impulso a la ideología de la pirámide racial y convierte en algo obsoleto la aspiración a obtener la aceptación de la raza blanca o aria, que se verá entonces ante la rebelión generalizada de los pueblos de color.
Pero el factor decisivo es una experiencia directa y dolorosa para el pueblo indio. Este último esperaba mejorar su condición luchando valientemente en las filas del ejército británico durante la Primera Guerra Mundial. Sin embargo, apenas terminadas las celebraciones por la victoria, el poder colonial comete la masacre de Amritsar, durante la primavera de 1919.
Esa represión no sólo cuesta la vida a cientos de indios desarmados sino que constituye además una terrible humillación nacional y racial ya que se obliga a los habitantes de las ciudades rebeldes a arrastrarse a cuatro patas para regresar a sus casas o salir de ellas. Como dice el propio Gandhi, «hombres y mujeres inocentes fueron obligados a arrastrarse como gusanos, sobre el vientre».
El resultado es una ola de indignación provocada por las humillaciones, por la explotación y la represión impuestas por el Imperio británico. Su comportamiento es un «crimen contra la humanidad, posiblemente sin paralelo en la historia». Todo eso hace que desaparezca entre los indios el deseo de ser aceptados como miembros de una raza dominante que ahora les parece odiosa y capaz de cualquier infamia.
Marie-Ange Patrizio: ¿A partir de qué momento toma Gandhi realmente en serio su compromiso con la no violencia?
Domenico Losurdo: En realidad, en el segundo Gandhi la disposición a llamar a sus compatriotas a lanzarse a los campos de batalla al lado de Gran Bretaña no ha desaparecido en lo absoluto, sólo que ahora pone la independencia de la India como condición a ese llamado a las armas.
Resulta sin embargo difícil imaginar a ese segundo Gandhi promocionando la participación de sus compatriotas en la represión de una rebelión como la de los zulúes (pueblo cruelmente oprimido por el colonialismo). A partir de la Revolución de Octubre y de la represión de Amritsar el movimiento independentista indio se convierte en parte integrante del movimiento de liberación de los pueblos oprimidos. Y Gandhi se identifica plenamente con ese movimiento, sin hacer ningún tipo de distinción entre violentos y no violentos.
En junio de 1942, Gandhi expresa su «profunda simpatía» y su «admiración por la heroica lucha y los infinitos sacrificios» del pueblo chino, decidido a defender «la libertad y la integridad» del país. Se trata de una declaración contenida en una carta dirigida a Chiang Kai-Shek, por entonces aliado del Partido Comunista Chino. Todavía en septiembre de 1946 –o sea cuando ya Churchill había comenzado la guerra fría con su discurso de Fulton– Gandhi expresa su simpatía por el «gran pueblo» de la Unión Soviética, dirigido por «un gran hombre como Stalin».
Marie-Ange Patrizio: Usted hace un juicio muy positivo sobre el segundo Gandhi, pero se muestra muy crítico con respecto al Dalai Lama, tan celebrado en nuestra época como heredero de la tradición no violenta.
Domenico Losurdo: Yo cito en mi libro a un ex funcionario de la CIA que declara tranquilamente que la no violencia era una «pantalla» que el Dalai Lama utilizaba para las relaciones públicas de la revuelta armada que él mismo estimulaba en el Tibet, gracias al financiamiento y las armas provenientes de los arsenales estadounidenses [1]. Pero esa revuelta fracasó porque carecía del apoyo de la población. Este ex funcionario de la CIA agrega que, a pesar de su fracaso, aquella operación arrojó, para Estados Unidos, una serie de enseñanzas posteriormente aplicadas «en lugares como Laos y Vietnam», o sea en guerras coloniales que clasifican entre las más bárbaras del siglo 20.
Mientras que el Dalai Lama era recompensado en Washington con reconocimientos y homenajes, Martin Luther King organizaba la oposición contra la guerra de Vietnam y acababa muriendo asesinado precisamente por esa causa.
No menos clara resulta la total contradicción entre Gandhi y el Dalai Lama. El primero habla de «métodos hitlerianos» y de «hitlerismo» al referirse al bombardeo atómico contra Hiroshima y Nagasaki. Abramos ahora el Corriere della Sera del 15 de mayo de 1998. Junto a una foto del Dalai Lama, en la que aparece con las manos unidas como para rezar, encontramos un pequeño artículo muy claro desde el propio título: «El Dalai Lama se pone del lado de Nueva Delhi: “Ellos también tienen derecho a la bomba atómica”», para que sirva de contrapeso –según se precisa después– ante el arsenal nuclear chino. Por supuesto, no aparece [en ese artículo] ni una palabra sobre la amenaza que representa el arsenal nuclear de Estados Unidos, frente al cual se concibió el modesto arsenal chino.
Y así pudiéramos seguir citando ejemplos similares...
Domenico Losurdo: La identificación de Gandhi con el movimiento anticolonialista es tan fuerte que el 20 de noviembre de 1938, al denunciar la barbarie de la Noche de los Cristales Rotos y las «persecuciones antijudías» que «parecen no tener precedente en la historia», Gandhi no vacila en condenar la colonización sionista en Palestina como «incorrecta e inhumana» y contraria a todo «código moral de conducta».
No creo que el Dalai Lama haya expresado nunca simpatía por las víctimas de la colonización sionista, y no puede ser de otra manera ya que los protectores estadounidenses de «Su Santidad» son los principales responsables, junto a los dirigentes israelíes, del interminable martirio impuesto al pueblo palestino.
Marie-Ange Patrizio: Además del Dalai Lama, usted expresa también bastantes críticas sobre las «revoluciones de colores», cuyo origen sitúa usted en los incidentes de la Plaza Tiananmen.
Domenico Losurdo: Los documentos hoy disponibles, y que fueron publicados y celebrados en Occidente como la revelación final de la verdad, los llamados Tienanmen Papers, demuestran sin que quede sombra de duda que las manifestaciones que se desarrollaron en Pekín (y en otras ciudades de China) durante la primavera de 1989 fueron cualquier cosa menos pacíficas. Los manifestantes utilizaron incluso gases asfixiantes y disponían de medios técnicos tan sofisticados que les permitieron falsificar la edición del Diario del Pueblo. Fue claramente un intento de golpe de Estado [2].
Las sucesivas «revoluciones de colores» [3] han explotado aquel fracaso creando técnicas más sofisticadas, que se exponen y se enseñan con pedagógica paciencia en un manual estadounidense traducido a los diferentes idiomas de los Estados a los que se pretende desestabilizar y que se divulga gratuita y masivamente [4]. Este manual es una especie de «Instrucciones para el golpe de Estado», que se ponen en práctica con ayuda de las embajadas y de ciertas fundaciones estadounidenses y occidentales. En mi libro lo analizo minuciosamente.
Yo me interrogo –en referencia también a los recientes acontecimientos de Irán [5], y utilizando siempre mayoritariamente fuentes y testimonios occidentales– sobre el significado estratégico que han adquirido actualmente, en el marco de la política de los cambios de regímenes, herramientas como Internet, Facebook, Twitter, la telefonía móvil, etc. [6]
Marie-Ange Patrizio: En su libro usted analiza también el debate teológico y filosófico sobre la violencia, debate que viene desarrollándose desde el siglo 20 y cuyos protagonistas son grandes teólogos, como Reinhold Niebuhr y Dietrich Bonhoeffer, y grandes filósofos, como Hannah Arendt y Simone Weil. Da la impresión que las simpatías de usted van hacia los teólogos...
Domenico Losurdo: Sí, reconozco el encanto de Dietrich Bonhoeffer quien, a pesar de haber sido por un tiempo admirador y discípulo de Gandhi, al enfrentar el horror del III Reich conspira para organizar un atentado contra Hitler, lo cual lo llevará al patíbulo. A quienes tratan de tildar de orgía de sangre el episodio histórico que comenzó en Octubre de 1917 y que prosiguió con las otras grandes revoluciones del siglo 20, yo quisiera sugerirles que reflexionen sobre la polémica Bonhoeffer con aquel que «prefiere el asilo de la virtud privada».
En realidad, es solamente «engañándose a sí mismo [que puede uno] mantener pura su propia irreprochabilidad privada y evitar que esta se manche al actuar de forma responsable en el mundo». Esa es la actitud –afirma el teólogo cristiano– del «fanático» que «se cree capaz de oponerse al poder del mal con la pureza de su voluntad y de su principio». En realidad, «está poniendo su propia inocencia personal por encima de su responsabilidad para con los hombres».
Marie-Ange Patrizio: Partiendo del Dalai Lama y de las «revoluciones de colores», usted denuncia la transformación del lema de la no violencia en una ideología de la desestabilización, del golpe de Estado y, a fin de cuentas, de la guerra. Pero, ¿contiene su libro un mensaje positivo?
Domenico Losurdo: El libro concluye con un llamado a imprimir un nuevo impulso a la lucha por la paz a través de la reactualización de la gran tradición del movimiento antimilitarista. Posiblemente nunca, a través de la historia, el homenaje a la no violencia haya sido tan insistente como en nuestros días. Rodeado de una aureola de santidad, Gandhi goza de una admiración y de una veneración indiscutidas y universalmente reconocidas.
Los héroes de nuestra época reciben la consagración en la medida en que, en base a motivaciones reales o a cálculos de realpolitik, se les incluye en el panteón de los no violentos. Pero la violencia no ha disminuido por ello y se manifiesta no sólo en las guerras y en las amenazas de guerra, sino también a través de bloqueos, embargos, etc. La violencia sigue expresándose, incluso bajo sus formas más brutales.
Recientemente pudimos leer en el Corriere della Serra a un ilustre historiador israelí que mencionaba tranquilamente la posibilidad de «una acción nuclear preventiva por parte de Israel» contra Irán. La paradoja reside en que, para ser eficaz, la lucha por la paz tiene que ser capaz de desenmascarar la transformación, promovida por el imperialismo, de la no violencia en una ideología llamada a justificar la prevaricación y la ley del más fuerte en las relaciones internacionales y, finalmente, en guerra.
Filósofo e historiador comunista, profesor en la universidad de Urbino (Italia). Última obra publicada en francés: "Nietzsche philosophe réactionnaire: Pour une biographie politique".
Fuente: Red Voltaire.net





