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Jorge Horacio desde Buenos Aires envia :

ASESINATO DE NATALIA GAITÁN POR SER LESBIANA
El lunes 8 de marzo de 2010 cerca de las 20:00 hs. fue asesinada Natalia Noemí Gaitán, de 27 años. Vivía con su novia en la Ciudad de Córdoba. La familia no estaba de acuerdo con la relación, en particular su padrastro. La respuesta de Daniel Esteban Toledo ante la imposibilidad de forzar la realidad fue un disparo cobardemente por la espalda y a quemarropa. Natalia murió desangrada esperando la ambulancia.
Esta crónica se inscribe en reiterados y sistemáticos episodios de violencia homo-lesbo-trans fobica ocurridos en la provincia de Córdoba, el asesinato de Vanesa Ledesma, los golpes contra militantes de Encuentro por la Diversidad en Córdoba, el asesinato de Natalia, todos con expectativas de impunidad. Y tantos otros de los que no nos enteramos. Da lo mismo si son en Córdoba, Santa Fe, Salta, Neuquén, Buenos Aires, Capital. Los crímenes de odio son una realidad, tan concreta como la discriminación cultural, política y educativa que padecen muchos grupos sociales aparentemente marginables, supuestamente menospreciables. Tan reales y evidentes como la homo/lesbo/transfobia y la misoginia de la iglesia vaticana, la educación, la cultura hegemónica, y el discurso de algunos medios de comunicación.
El 8 de Marzo fue el Día de las Mujeres, de las Mujeres Trabajadoras, de las Mujeres en Lucha. Natalia y su novia eran luchadoras, luchaban por su amor, y la respuesta del machismo, encarnado en Daniel Esteban Toledo, fue la solución final. Natalia no solo era mujer, también era lesbiana y no tenía miedo de su visibilidad. Sabemos por Graciela Vázquez, su madre, que era una mujer trabajadora muy reconocida en la zona por su acción social. Triple crimen para el heterosexismo y el patriarcado, la respuesta fue, como tantas otras veces, la violencia, el asesinato cobarde.
Desde la CHA compartimos el dolor de la familia de Natalia, de su novia, de los/as compañeros/as de Córdoba, nuestra solidaridad está con todo/as ellos/as. No hay expresiones de repudio y condena suficientes. La única manera de honrar la memoria de Natalia es exigir justicia de manera inmediata. El Área Jurídica de la CHA esta a disposición de la familia de Natalia Gaitán, y de todos/as a los/as que la discriminación intenta convertir en víctimas. La CHA acompaña con sus reclamos y acciones el pedido de igualdad, justicia y abolición de la discriminación.
- Justicia para Natalia Noemí Gaitán. Investigación YA del accionar de la policía de Córdoba.
- Con discriminación no existe Justicia: inmediata reforma de la Ley Antidiscriminatoria que contemple a la diversidad sexual y haga explícita la no discriminación por orientación sexual e identidad de género y su expresión.
- Incorporación en el Código Penal de la figura legal de "crimen de odio" relacionado con lesbianas, gays, trans, travestis. Incorporación en el Código Penal de la figura legal de "femicidio" para los crímenes contra las mujeres.
- Derogación de los Códigos de Convivencia y Faltas represivos.
- Aprobación del 17 de Mayo como "Día de lucha contra la discriminación por orientación sexual e identidad de género" a nivel nacional y en la currícula escolar.
- Incorporación de la perspectiva de género y diversidad sexual en la efectiva implementación de una educación sexual no discriminatoria.”

Contactos:
César Cigliutti, Presidente, telef. 154-974-3035
Marcelo Suntheim, Secretario, telef. 154-444-4721
Pedro Paradiso Sottile, Coordinador Área Jurídica, telef. 155-428-0862
Luis De Grazia, Coordinador Área de Jóvenes, telef. 156-199-3008
Martín Lanfranco, Coordinador Área de Jóvenes, telef. 155-418-3391
Valeria Paván, Coordinadora Área de Salud, telef. 155-041-1024
Diego Trerotola, Coordinador Área de Cultura, telef. 4956-0952
Lic.Jorge Horacio Raíces Montero Psicólogo Clínico
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Hugo Huberman
Educador
Facilitador de Género, paternidades y familias.
http://hombrespadresfamilias.blogspot.com/
Coordinador Campaña Lazo Blanco
www.lazoblanco.org
Punto focal Men Engage
Buenos Aires
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Celular 0054 154 041 0518
Categoría: Género
Publicado por: a20034394
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Siento que en el aspecto de salud sexual reproductivo, todo el peso carga solo las mujeres, quizá haya excepciones pero no las conozco. Por qué no es posible que los hombres puedan compartir esta carga?
Personalmente no me gusta que mi esposa tome pastillas anticonceptivas o aplicarse inyecciones, felizmente no toma ni se aplica, pues veo en las mujeres que toman y se aplican para evitar el embarazo tiene algunas secuelas aparentemente inofensivas.


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Publicado el : 10 de marzo 2010 - 5:23 de la mañana

| Por Carlos Cornejo (www.prosalud.ve)

Los aciertos y desaciertos en la inclusión de la píldora de anticoncepción de emergencia en las políticas estatales de salud reproductiva, han desatado una polémica en Perú.

En el 2006, el Tribunal de Garantías Constitucionales peruano autoriza la distribución de la Anticoncepción Oral de Emergencia, o píldora del día siguiente, en las políticas públicas del país. Hay presión conservadora. En el 2009 el mismo Tribunal decreta que la píldora es abortiva. En marzo del 2010, el Ministerio de Salud, en lo que el TC ha definido como desacato, decide volver a poner en circulación la píldora del día siguiente. Ésta es la historia.


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“Aún es incierto que la anticoncepción oral de emergencia no tenga un efecto abortivo o provoque daños secundarios,” informó en octubre del año pasado el Tribunal Constitucional peruano (TC). Además, lo señaló en términos de cosa juzgada, lo que, en concreto, significa que el tema no puede ser revisado nuevamente. En dicha sentencia, el Tribunal de garantías ordenaba que el fármaco conocido como el ‘levonorgestrel’, o “píldora del día siguiente”, no formase parte de las drogas que el Estado peruano utiliza y reparte gratuitamente en sus políticas de salud reproductiva.

Lo cierto es que el Constitucional no actuó de oficio. Según su propio mandato, lo debe hacer frente a demandas de inconstitucionalidad que pueden ser presentadas por cualquier ciudadano u organización de la sociedad civil. En este caso, lo hizo la ONG ‘Acción de lucha anticorrupción’, una organización casi desconocida en el país y con un enorme sesgo conservador, la que le pidió al Tribunal que se pronunciara sobre el tema. El objetivo era sostener que la Anticoncepción Oral de Emergencia es abortiva.

Para entender el perfil de los querellantes, son miembros honoríficos rectores de su organización: Yahvé, fuente del bien y autor de la vida.
Jesucristo: redentor, reconciliador y vencedor del mal
Espíritu santo. Paráclito, defensor de los derechos humanos.
María del perpetuo socorro: abogada nuestra y señora de todos los pueblos, según su página web. Esto explica el tira y afloja de sectores tradicionales, cercanos a grupos conservadores vinculados a la Iglesia, y grupos más tolerantes en relación a este tema.

Tras la decisión de octubre del 2009 sobre la anticoncepción oral de emergencia, se ha evidenciado al interior del Tribunal una importante influencia del sesgo conservador en la Institución. No sólo por la sentencia, sino porque además fue el mismo Tribunal de Garantías el que en un fallo del 2006, a través de una acción de cumplimiento, ordenó al Ministerio de Salud implementar la distribución gratuita de la Anticoncepción Oral de Emergencia, como parte de la política de Estado en materia de salud reproductiva. Es decir, había aceptado y reconocido el fármaco como útil, mas no le fue difícil cambiar la resolución tres años después.

El ministro de Salud tomó el revés del 2009 con deportividad aparente, pero no se quedó tranquilo y pidió a la OMS que elaborase un informe técnico que pudiese aclarar al Tribunal. El informe llegó esta semana a manos del ministro Oscar Ugarte, responsable de la cartera de Salud. El documento reafirmó la tesis que, sobre este fármaco, sostiene desde hace varios años la OMS: la píldora no es abortiva.

Es entonces cuando, ayer martes, el Gobierno peruano dispuso volver a distribuir gratuitamente la píldora anticonceptiva de emergencia en el sistema público del país. En su resolución, el ministerio citó los informes en los que la Organización Mundial de la Salud y la Organización Panamericana de la Salud señalaban que el principal mecanismo de acción de la pastilla -levonorgestrel- no era abortivo.

El Tribunal Constitucional ha reaccionado airadamente, sin aceptar la decisión del Ministerio de Salud, por considerarla un desacato, un golpe de Estado.

Para los magistrados del TC, por mucha autoridad que posea la OMS, un informe técnico no puede reemplazar en el país una sentencia del Tribunal. Más aún cuando ese tipo de evidencias ya fue presentado durante el proceso. Hay, por tanto, un tema de forma y de fondo en el caso. De fondo, por no querer aceptar la siempre autorizada voz de la OMS y su veredicto sobre el tema. De forma, porque el proceso ya tuvo su momento y este nuevo informe es atemporal.

Mientras la polémica continúa, datos de organizaciones vinculadas al sector de la salud demuestran que cada año se producen 376.000 abortos clandestinos en el país, y que sus complicaciones son la tercera causa de mortalidad materna. Son las cifras de la vergüenza.

Fuente: radio Nederland
Categoría: Género
Publicado por: a20034394
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El primer día de este año, la libertad cumplió dos siglos de vida en el mundo. Nadie se enteró, o casi nadie. Pocos días después, el país del cumpleaños, Haití, pasó a ocupar algún espacio en los medios de comunicación; pero no por el aniversario de la libertad universal, sino porque se desató allí un baño de sangre que acabó volteando al presidente Préval. Haití fue el primer país donde se abolió la esclavitud. Sin embargo, las enciclopedias más difundidas y casi todos los textos de Educación atribuyen a Inglaterra ese histórico honor.

Es verdad que un buen día cambió de opinión el imperio que había sido campeón mundial del tráfico negrero; pero la abolición británica ocurrió en 1807, tres años después de la revolución haitiana, y resultó tan poco convincente que en 1832 Inglaterra tuvo que volver a prohibir la esclavitud.

Nada tiene de nuevo el ninguneo de Haití. Desde hace dos siglos, sufre desprecio y castigo. Thomas Jefferson, prócer de la libertad y propietario de esclavos, advertía que de Haití provenía el mal ejemplo; y decía que había que “confinar la peste en esa isla”. Su país lo escuchó. Los Estados Unidos demoraron sesenta años en otorgar reconocimiento diplomático a la más libre de las naciones.

Mientras tanto, en Brasil, se llamaba haitianismo al desorden y a la violencia. Los dueños de los brazos negros se salvaron del haitianismo hasta 1888. Ese año, el Brasil abolió la esclavitud. Fue el último país en el mundo.

Haití ha vuelto a ser un país invisible, hasta la próxima carnicería. Mientras estuvo en las pantallas y en las páginas, a principios de este año, los medios trasmitieron confusión y violencia y confirmaron que los haitianos han nacido para hacer bien el mal y para hacer mal el bien.

Desde la revolución para acá, Haití sólo ha sido capaz de ofrecer tragedias. Era una colonia próspera y feliz y ahora es la nación más pobre del hemisferio occidental. Las revoluciones, concluyeron algunos especialistas, conducen al abismo. Y algunos dijeron, y otros sugirieron, que la tendencia haitiana al fratricidio proviene de la salvaje herencia que viene del África.

El mandato de los ancestros.
La maldición negra, que empuja al crimen y al caos. De la maldición blanca, no se habló.

La Revolución Francesa había eliminado la esclavitud, pero Napoleón la había resucitado: –¿Cuál ha sido el régimen más próspero para las colonias? El anterior. Pues, que se restablezca–. Y, para reimplantar la esclavitud en Haití, envió más de cincuenta naves llenas de soldados. Los negros alzados vencieron a Francia y conquistaron la independencia nacional y la liberación de los esclavos. En 1804, heredaron una tierra arrasada por las devastadoras plantaciones de caña de azúcar y un país quemado por la guerra feroz. Y heredaron “la deuda francesa”. Francia cobró cara la humillación infligida a Napoleón Bonaparte.

A poco de nacer, Haití tuvo que comprometerse a pagar una indemnización gigantesca, por el daño que había hecho liberándose. Esa expiación del pecado de la libertad le costó 150 millones de francos oro. El nuevo país nació estrangulado por esa soga atada al pescuezo: una fortuna que actualmente equivaldría a 21,700 millones de dólares o a 44 presupuestos totales del Haití de nuestros días. Mucho más de un siglo llevó el pago de la deuda, que los intereses de usura iban multiplicando. En 1938 se cumplió, por fin, la redención final. Para entonces, ya Haití pertenecía a los bancos de los Estados Unidos.

A cambio de ese dineral, Francia reconoció oficialmente a la nueva nación. Ningún otro país la reconoció. Haití había nacido condenada a la soledad. Tampoco Simón Bolívar la reconoció, aunque le debía todo. Barcos, armas y soldados le había dado Haití en 1816, cuando Bolívar llegó a la isla, derrotado, y pidió amparo y ayuda. Todo le dio Haití, con la sola condición de que liberara a los esclavos, una idea que hasta entonces no se le había ocurrido. Después, el prócer triunfó en su guerra de independencia y expresó su gratitud enviando a Port-au-Prince una espada de regalo. De reconocimiento, ni hablar. En realidad, las colonias españolas que habían pasado a ser países independientes seguían teniendo esclavos, aunque algunas tuvieran, además, leyes que lo prohibían. Bolívar dictó la suya en 1821, pero la realidad no se dio por enterada. Treinta años después, en 1851, Colombia abolió la esclavitud; y Venezuela en 1854.

En 1915, los marines desembarcaron en Haití. Se quedaron diecinueve años. Lo primero que hicieron fue ocupar la aduana y la oficina de recaudación de impuestos. El ejército de ocupación retuvo el salario del presidente haitiano hasta que se resignó a firmar la liquidación del Banco de la Nación, que se convirtió en sucursal del Citibank de Nueva York.

El presidente y todos los demás negros tenían la entrada prohibida en los hoteles, restoranes y clubes exclusivos del poder extranjero. Los ocupantes no se atrevieron a restablecer la esclavitud, pero impusieron el trabajo forzado para las obras públicas. Y mataron mucho.

No fue fácil apagar los fuegos de la resistencia. El jefe guerrillero, Charlemagne Péralte, clavado en cruz contra una puerta, fue exhibido, para escarmiento, en la plaza pública. La misión civilizadora concluyó en 1934. Los ocupantes se retiraron dejando en su lugar una Guardia Nacional, fabricada por ellos, para exterminar cualquier posible asomo de democracia.

Lo mismo hicieron en Nicaragua y en la República Dominicana. Algún tiempo después, Duvalier fue el equivalente haitiano de Somoza y de Trujillo.

Intervención norteamericana
Y así, de dictadura en dictadura, de promesa en traición, se fueron sumando las desventuras y los años. Aristide, el cura rebelde, llegó a la presidencia en 1991. Duró pocos meses. El gobierno de los Estados Unidos ayudó a derribarlo, se lo llevó, lo sometió a tratamiento y una vez reciclado lo devolvió, en brazos de los marines, a la presidencia. Y otra vez ayudó a derribarlo, en este año 2004, y otra vez hubo matanza. Y otra vez volvieron los marines, que siempre regresan, como la gripe. Pero los expertos internacionales son mucho más devastadores que las tropas invasoras.

País sumiso a las órdenes del Banco Mundial y del Fondo Monetario, Haití había obedecido sus instrucciones sin chistar. Le pagaron negándole el pan y la sal. Le congelaron los créditos, a pesar de que había desmantelado el Estado y había liquidado todos los aranceles y subsidios que protegían la producción nacional. Los campesinos cultivadores de arroz, que eran la mayoría, se convirtieron en mendigos o balseros. Muchos han ido y siguen yendo a parar a las profundidades del mar Caribe, pero esos náufragos no son cubanos y raras veces aparecen en los diarios. Ahora Haití importa todo su arroz desde los Estados Unidos, donde los expertos internacionales, que son gente bastante distraída, se han olvidado de prohibir los aranceles y subsidios que protegen la producción nacional.

En la frontera donde termina la República Dominicana y empieza Haití, hay un gran cartel que advierte: El mal paso. Al otro lado, está el infierno negro. Sangre y hambre, miseria, pestes. En ese infierno tan temido, todos son escultores. Los haitianos tienen la costumbre de recoger latas y fierros viejos y con antigua maestría, recortando y martillando, sus manos crean maravillas que se ofrecen en los mercados populares. Haití es un país arrojado al basural, por eterno castigo de su dignidad. Allí yace, como si fuera chatarra. Espera las manos de su gente.

Eduardo Galeano
Argenpress/Visiones Alternativas

Fuente: LA Primera
Categoría: Política
Publicado por: a20034394
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