Con especial sobre uno de nuestros más preciados bienes: el agua
ACABA DE PUBLICARSE LA REVISTA DEBATES EN SOCIOLOGÍA
Dirigida y editada por Guillermo Rochabrún, publicación llega a su número 34 durante más de 30 años de existencia
En este número:
Artículos
Distribución del agua en el Perú desde una perspectiva de cuenca
Ana Sabogal
Ambiente natural, agua y sociedad: en torno a los recursos comunes
Luis Soberón
Políticas neoliberales de agua en el Perú.
Antecedentes y entretelones de la Ley de Recursos Hídricos
María Teresa Oré y Edwin Rap
¿Arar en el desierto?:
tres casos en la agricultura costeña de la región Lima
y algunas reflexiones
Diego Geng
Grupos de regantes y acción colectiva en la distribución
del agua en el valle de Virú
Ismael Muñoz Portugal
Nota
Una mirada a las empresas prestadoras de servicios de saneamiento (EPS)
Mariel Mendoza
Controversia
El pan del futuro: cambio climático, agricultura y alimentación
en América Latina
Héctor Maletta
Discutir sobre temas religiosos siempre ha sido una de mis pasiones. Con mi padre, ateo de polendas, siempre racional y contrario al miedo numinoso de las religiones, tuvimos intensos diálogos después de nuestros almuerzo sabatinos. Mi padre, criado en el más nefasto y tradicional catolicismo provinciano, se separó de toda creencia en la medida que centraba sus propuestas en la Razón, sí, así con mayúsculas, a quien le daba la centralidad ética del origen de las prácticas morales. Para él, sin duda alguna, lo racional era la armonía entre la mente del ser humano y la naturaleza. Por eso mismo, y siempre me lo repetía, lo irracional es la ruptura de esa armonía y pasto que alimenta la estupidez humana. Para mi padre ciertas prácticas religiosas eran pura magia, solo que controlada por el poder de una iglesia, y basadas muchas de ellas en la necesidad de percibir un castigo, de asirse a una esperanza o de encontrar que hay algo que nos trasciende.
A los 17 años me volví una atea irredenta: solo la Razón y nada más que la Razón deberían guiar mis prácticas y mis pensamientos. Y lo viví con intensidad. Sin embargo, algunos años más tarde, esta postura me llevo a un nihilismo que de inmediato me colocó, en medio de un país que se desangraba por cierto, inactiva frente a la insignificancia de la vida humana que me golpeaba la cara día a día. La depresión, esa náusea existencial que puede llevarnos a la catatonia, se instaló cómodamente en mis fueros más internos. Es así que, por un lado y otro lado y otro, busqué de nuevo en la necesidad de mis diálogos apasionados sobre religión una nueva interpretación de la trascendencia. Y felizmente me encontré con un hombre que, precisamente por el camino de la Razón pero también de la Esperanza, me llevó a pensar más allá de la quietud. Me refiero a un sacerdote jesuita, a quien admiro y tengo mucha confianza y que es sin duda, una de las personas que más sinceramente medita sobre la trascendencia del ser humano en medio de las ínfimas luchas electorales de nuestro país. Me refiero a Alberto Simons S.J., quien desde hace años escribía un solo libro y no lo publicaba. Arequipeño por vocación y nacimiento, Simons es un sociólogo que devino en filósofo, y ahora se ha asentado con fuerza en la teología latinoamericana al publicar finalmente ese gran compendio de su pensamiento: Ser humano, un libro sobre cristología antropológica.
¿Cristoloquécosa? Cristología, es un área de la teología, y se refiere al análisis de la vida y pasión de Cristo. En este caso, y a pesar de mis distancias sobre varias de sus posiciones, debido precisamente a mis antecedentes, creo que Simons ha logrado con este contundente libro, una propuesta teológica para estos tiempos de individualismo, neocapitalismo y rapacidad moral. Para Simons el enigma de nuestra humanidad puede hallar respuestas en la vida y pasión de Cristo, no solo para los cristiano y católicos, sino también para los no creyentes. Porque para Simons el pecado es, precisamente, deshumanización tanto para el autor como para la víctima y lo que plantea Cristo es una ligazón más allá del pecado. En este sentido, la restitución de la humanidad, está vinculada con el perdón, la reconciliación y el entendimiento que el otro es la medida del nosotros. Para Simons la resurrección implica que, todo lo que vale en nuestro mundo, la paz, la justicia, la fraternidad y el amor, tienen un componente de eternidad. Por eso, “todo el que ama ya ha vencido a la muerte”. Estas palabras que nos sirvan para amar, no desde una perspectiva individualista, sino con un amor social y transversal.
Publicado en la versión impresa de Domingo del diario La República el 24 de abril de 2011 (no sé por qué no han subido la versión electrónica, apenas lo hagan, actualizo la entrada).
Un Jesús humano
Un acercamiento a Jesús desde los Evangelios. El padre Alberto Simons Camino acaba de publicar el libro “Ser humano. Ensayo de antropología cristológica” (Fondo Editorial PUCP y UARM, 2011), en el que realza la dimensión humana de la máxima figura del cristianismo.
Por: Jorge Paredes
(Domingo 24 de Abril del 2011)
Los Evangelios no nos dan pistas sobre cómo era Jesús físicamente: si era blanco o negro, si era alto o bajo, si era delgado o gordo. Tampoco nos dan demasiados datos sobre cómo vivía o cuáles eran sus gustos o aficiones; sin embargo, nos dicen algo esencial: “Jesús fue un hombre igual en todo a nosotros, excepto en el pecado”.
Esta frase es el punto de partida del padre jesuita Alberto Simons Camino para escribir un libro que rescata la dimensión humana del exponente máximo del cristianismo, a partir de lo que dicen los Evangelios.
La humanidad de Jesús como un elemento clave para entender su misión divina en el mundo. “Solo si aceptamos y tomamos en serio la humanidad de Jesús, es posible que nos diga algo válido para nuestra propia humanidad. Es más, solo así es posible el cristianismo, porque ser cristiano significa ser como él en el lugar y tiempo que nos ha tocado vivir, con nuestra personalidad determinada (diferente a la de Jesús) y con todas las limitaciones de un ser humano. Pero si no tenemos claro que Jesús fue un hombre ‘igual en todo a nosotros’, como señala el Nuevo Testamento, será una figura muy admirable, pero poco imitable (o, más bien, seguible); peor aún: el cristianismo, como tal, se torna imposible”, escribe.
Como nosotros
Según el padre Alberto Simons existen tres formas de entender a Jesús: primero, como lo hace buena parte de la humanidad actual, que lo ve solo como un hombre extraordinario, como un genio religioso, pero como un hombre al fin y al cabo; segundo, identificándolo sin más con Dios, e incluso usando como sinónimos los términos Dios y Jesús; y tercero, percibiéndolo como una figura mitológica, es decir mitad hombre y mitad Dios. Estas tres maneras nos impiden, sin embargo, entender a cabalidad el significado de su mensaje y de su misión en el mundo. Por eso una buena forma de acercarse a él –sugiere el autor de este libro– es hacerlo como lo hicieron los apóstoles, sus primeros seguidores: “Estos vieron en Jesús a un ser humano como ellos y poco a poco fueron descubriendo toda la riqueza que se escondía en ese hombre, su trascendencia y su misterio”.
Hijo del hombre
Es curioso pero en algunos pasajes bíblicos, cuando le preguntan a Jesús quién es, él no afirma ser hijo de Dios, sino se reconoce a sí mismo como “hijo del hombre”. “Era su modo de referirse e identificarse con el hombre en cuanto hombre […]. La identidad de Jesús es la humanidad, su ser de hombre”, escribe Simons.Esta idea queda demostrada en la Carta a los Filipenses: “No retuvo ávidamente el ser igual a Dios sino que se despojó de sí mismo tomando la condición de servidor, haciéndose como todos los hombres y presentándose como un hombre cualquiera”.
Justamente, esta identificación con lo humano le permitió andar por los rudos caminos de Galilea y Judea en un tiempo difícil, de crisis de fe, y no alejado del mundo como un anacoreta o como lo proponía el propio Juan el Bautista, a quien Jesús siguió en un primer momento.
Como dicen los Evangelios, Jesús se sentaba en los banquetes con los pecadores; estaba al lado de los pobres, de los abandonados, de los niños, de las mujeres, de todos aquellos que no eran tomados en cuenta por las autoridades religiosas de su tiempo. Esto lo hizo peligroso para el poder establecido. “Va a los hombres y vive con ellos. En cierto sentido puede decirse que es un hombre mundanamente abierto. Para él el mundo es la buena creación de Dios, sus bienes son dones de Dios para el hombre. […] Sin embargo, no es un exaltado y fanático; su seriedad no es jamás dureza. […] No enseña ni una técnica religiosa ni una casuística moralista. Llama a Dios ‘su padre’, cuyo amor hace saltar todos los esquemas”, escribe Simons, citando al teólogo W. Kasper, autor de “Jesús el Cristo”.
Tentaciones
En el Nuevo Testamento se dan varios indicios de la humanidad de Jesús, de cómo fue asaltado en más de una ocasión por la duda sobre el camino que debía seguir, de su indignación, pena y dolor; de su decepción e ira; y de cómo, finalmente, tuvo que aceptar su muerte, algo incomprensible que lo llevó a pronunciar en la cruz ese “Dios mío por qué me has abandonado”. “En Jesús –escribe el padre Alberto Simons– encontramos la aceptación plena de un ser humano, con todas sus limitaciones, pero también con todas sus posibilidades. En él no vemos a un ser disminuido, sino a alguien en uso de todas sus potencialidades de inteligencia, libertad y afectividad”.
En síntesis, se trata de una humanidad completa que nos revela en el fondo el misterio de la encarnación de Dios y su apuesta infinita por el hombre.