Archivos de mayo,2009

AL FINAL DE ESTE VIAJE

mayo 05, 2009
Al final de este viaje

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José Antonio del Busto Duthurburu, historiador, catedrático y acaso el estudioso que mejor conoció la historia de la Conquista del Perú, falleció el 2006. En “Memorias de un Historiador” (Fondo Editorial PUCP), libro póstumo presentado el 1 de abril en el Instituto Riva Agüero, deja testimonio de una intensa vida.

Por Raúl Mendoza
Fotos: PUCP

José Antonio del Busto Duthurburu siempre llevó un diario personal con datos y observaciones que no quería que borrara el olvido. Así nacieron sus memorias. Pero cuando ya había terminado el trabajo de ordenarlas y tenía escrita una introducción para ese futuro libro, la muerte lo alcanzó en diciembre del 2006. Ahora el libro ha sido publicado, con un título sin retórica: “Memorias de un Historiador”. “Es el recuento de mi vida, una vida no valiosa, pero acaso de alguna utilidad”, escribió en las páginas iniciales, justificando sus recuerdos antes de partir. En palabras de quienes lo conocieron, su vida sí fue enormemente valiosa por todo lo que investigó sobre nuestra historia, las varias generaciones de peruanos que formó y los libros que escribió.

De él se ha dicho que escribía con la precisión y elegancia de un cronista de la Conquista. Su obra es una prueba de ese estilo: transparente en la exposición de ideas, exacto en datos, conciso como pocos. En su último libro tampoco hay adornos. Es muy sincero al narrar su biografía. “Nací sano, tras una gestación sin problemas y dentro de un tiempo normal. Me contaron que como párvulo era feo. No fue el decir de unos cuantos, fue opinión general. Poco a poco, sin embargo, me fueron descubriendo virtudes. Por ejemplo, solía dormir toda la noche y solo despertaba al amanecer. Fue la primera valoración de mis méritos personales”.

Su memoria es detallista para cientos de episodios que aparecen en más de trescientas páginas de recuerdos. Allí está su descripción del Barranco de comienzos del siglo XX, con sus caídas de agua, campanillas de flores violeta en los acantilados, y cañaverales al borde del mar. Para él Barranco “era un pueblo disfrazado de ciudad”. De esa época recuerda amablemente al poeta-símbolo del distrito: “Algunas tardes salimos del barrio y fuimos al malecón Pazos a volar cometas. (…) Allí se divertía viéndonos remontarlas el poeta José María Eguren; menudo, sentado, vestido de oscuro y con su bastón chaplinesco, pasaba varios cuartos de hora mirando cómo elevábamos en el aire los pandorvos, pavas, barriles y estrellas”.

La historia

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¿Cómo llegó José Antonio del Busto a la historia? Su primer recuerdo de este tipo está asociado a la gastronomía. Su madre lo animaba a comer diciéndole que el arroz eran los españoles y los frejoles eran los indios, que comiera una cucharada de cada uno y la última decidía quien ganaba. “No recuerdo si ganaron los indios o los españoles, pero sí que a partir de entonces mi madre descubrió la fórmula para lograr que yo comiera. (…) Así nació mi dormida vocación de historiador. Reconozco el hecho como el antecedente prevocacional más remoto, directo y decisivo. Se debió al amor de mi madre, al momento preciso y al peruanísimo plato de arroz con frejoles”.

Luego ese interés se reforzaría en el colegio con los hermanos Maristas y en la Universidad Católica donde estudió Letras, para acabar en Historia. Dos maestros importantes recuerda José Antonio del Busto como aquellos que imprimieron a fuego la vocación por los hechos históricos en él: Guillermo Lohmann y José Agustín de la Puente y Candamo. Al primero, toda una autoridad en los siglos XVI y XVII de nuestra historia, “gustaba de creerle el doble”. Y al segundo, que dirigía el Seminario de Historia en el Instituto Riva Agüero, le reconoce el haberle enseñado la disciplina necesaria para investigar y aprovechar de la mejor manera los datos obtenidos. Fue en esta etapa que decidió hacerse historiador.

Del Busto tenía, lo reconoce en su libro, una mirada arcaizante. Es decir nostálgica de lo pasado. Lo mismo admiraba Madrid que el Cusco e hizo del mestizaje uno de sus recurrentes temas de reflexión. Fruto de ello fue “Pizarro”, quizá su libro más celebrado.

Como profesor, enseñó en varias instituciones, pero su trayectoria está marcada con su paso por las aulas de la PUCP. Aquí se describe sin concesiones: “Como profesor fui más querido que odiado, pero más temido que amado. Nunca fui popular. Conocido, sí; reconocido, también, pero ídolo jamás. Mi amor a la soledad me hacía un tanto ajeno a la consecución de amigos, de seguidores y de admiradores”. Sobre la universidad señala: “Le confieso mi adhesión total y la proclamo, sin recortes, mi Alma Mater”.

Letras intensas

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Este recuento no deja de lado el amor, la familia, los hijos, los amigos, las aficiones, los viajes, la enfermedad, la muerte. Sobre su familia hay pasajes realmente intensos. Esto es lo que dice sobre su esposa: “Teresa es la musa de mis libros, el agua de mi sed, el remanso existencial. Hoy el amor persiste transformado en cariño y la paz en gratitud. (…) Unidos en las buenas y en las malas, en holguras y estrecheces, en salud y enfermedad, seguimos juntos hasta que la muerte nos separe. Todo hace pensar que yo moriré primero. Pero si por esos avatares sorpresivos muriese ella antes, en su tumba no solo enterraré su cuerpo, sino también mi corazón”.

Hay algunos objetivos que no se cumplieron en su vida, pero los reconoce sin dolor. No pudo tener un hijo varón, no consiguió el título de Amauta que creía merecer y no conoció la China. Ya a mediados de los 90 empezó a sufrir de cáncer al esófago y aunque pudo superarlo, el mal volvió a aparecer el 2005. Esta vez se había extendido. Cada vez que recibía quimioterapia, se refugiaba en un fundo que la familia tenía en Pachacamac, para recuperarse. Allí también escribió sus memorias apelando a esos apuntes que realizó a lo largo de su vida. Lo estimularon los amigos, los ex alumnos, los colegas. “No fue fácil de redactar. Era el protagonista principal y eso me creaba escrúpulos que no tenía en mis trabajos de historia”.

La muerte aparece, sutil, en los últimos párrafos. “Hemos llegado al final de la jornada. Falta poco para terminar el camino. No sé si se trata de días, meses o años...”. “Memorias de un Historiador” es el perfil de un hombre culto y apasionado por la historia, la descripción de una forma singular de ver el mundo y un texto muy bien escrito. Esta es la síntesis que José Antonio del Busto hace sobre sus memorias: “Hoy, que las he terminado, las leo y las releo con cierta satisfacción. Me veo retratado por mí mismo, pero falta saber el retrato que de mí tienen hecho los demás. En cualquier caso no he mentido, he querido decir la verdad”.

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*Publicado en el suplemento Domingo de La República 5/04/09

EN BUSCA DEL ORDEN PERDIDO

mayo 05, 2009
ENTREVISTA. JUAN OSSIO

Crónica de un mundo al revés

EL ANTROPÓLOGO LLEVA CUATRO DÉCADAS TRAS LA PISTA DEL CRONISTA AYACUCHANO FELIPE GUAMAN POMA DE AYALA, UN DESVELO LLEVADO AHORA AL PAPEL EN SU MÁS RECIENTE LIBRO: EN BUSCA DEL ORDEN PERDIDO

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Por: Enrique Planas

Los misterios en la biografía de Felipe Guaman Poma de Ayala lo han desvelado durante cuatro décadas. Por ello, no es exagerado decir que en su libro En busca del orden perdido. La búsqueda de la historia en Felipe Guaman Poma de Ayala, el antropólogo Juan Ossio ha pintado el retrato más completo del cronista ayacuchano: su visión del orden social, su visión del tiempo y del espacio, su concepción del orden político y, compartiendo datos inéditos, su fascinante biografía.

Sin embargo, para el catedrático principal de la PUCP aún queda mucha tinta por imprimir. "Guaman Poma aún me sigue atrayendo enormemente, pero estaba obligado a publicar las reflexiones que había hecho durante los últimos 38 años", explica. "Si bien es cierto que en 1970 quedé satisfecho con lo que había publicado en mi tesis, nunca me quedó clara su biografía. Con el correr del tiempo, la información comenzó a llegarme", añade.

En efecto, a partir de la década del 70 empezaron a aparecer importantes hallazgos relacionados con el autor del manuscrito autógrafo El primer nueva corónica y buen gobierno (1616). Entre ellos, la publicación de Y no hay remedio, documento en el que Guaman Poma figura como colaborador de un sacerdote en las reparticiones de tierras en Ayacucho y que ofrece lo que quizás sea uno de los principales hallazgos del antropólogo limeño: el haber demostrado la estrecha relación entre Guaman Poma y el cronista español Fray Martín de Murúa, lo que trajo por tierra las teorías surgidas en Italia en los 90 que negaban la autoría del ayacuchano en la Nueva crónica, otorgándosela al sacerdorte jesuita Blas Valera. "Yo no les di importancia, estaba convencido de que Guaman Poma fue un indio que vivió intensamente en Ayacucho y Apurímac, pues toda la información ofrecida en la ?Nueva crónica? corresponde a esa región", dice Ossio.

¿Cuanto más se sabe de Guaman Poma hoy, con relación a sus primeras investigaciones?
Muchísimo más. Cuando comencé había poquísimos trabajos. Dominaban el de Raúl Porras Barrenechea o las investigaciones de Julio C. Tello sobre las edades del mundo. Pero, la verdad, la bibliografía de entonces era muy parca. En el año 70 compartí mi tesis con Nathan Wachtel como un gesto de reciprocidad porque él me había prestado su texto sobre la visión de los vencidos. Él luego citaría mi investigación en un artículo muy conocido, titulado ?Pensamiento salvaje y aculturación?, en el que compara a Guaman Poma con el Inca Garcilaso de la Vega. A partir de este trabajo, y de mi libro sobre ideología mesiánica, el tema de Guaman Poma resucita entre los especialistas. Poco tiempo después, la lingüista estadounidense Rolena Adorno publicó sus trabajos, luego Raquel Chang y Julio Ortega. Es curioso que sea gente de literatura, y especialmente semiólogos, quienes más se han interesado por Guaman Poma.

Usted llama ?quechuañol? al castellano que Guaman Poma utiliza en su ?Nueva crónica?...
Quien me abrió los ojos sobre eso fue precisamente Porras, quien analizó la ?Nueva crónica? desde una perspectiva estrictamente occidental. Porras, familiarizado con los estándares de la historiografía del siglo XVI y XVII, estaba horrorizado por la forma de escribir de Guaman Poma. Porras hablaba de "jerigonza", de un lenguaje incomprensible, de inexactitudes históricas. En efecto, si lees a Guaman Poma en voz alta, descubres que su castellano tiene una sintaxis quechua. Eso es fundamental. Porras llegó a enormes excesos en su perspectiva europea, al juzgar que Guaman Poma sufría de ?behetría mental?. ¡Lo acusaba de tener un caos en la mente!

Porras no supo entender a Guaman Poma?
No lo entendió. El hecho de que no hubiese manejado las técnicas historiográficas de la época, y de que no hablara bien el español, no nos debe llevar a pensar que tuviera un "caos mental". Yo pensé que había que verlo desde otra perspectiva, por eso mi primer artículo lo titulé "Nueva crónica o carta al rey". Desde ese punto de vista, podíamos entender mejor su pensamiento indígena. En verdad, en la "Nueva crónica", Guaman Poma no tiene mayor interés por dejar constancia de los acontecimientos del pasado. Lo que él quería era transmitirle una información al rey de España para que este restableciera el orden. Erigiéndose como un intermediario entre los indígenas y el monarca, Guaman Poma no ve al rey de España solo como un líder político, sino más bien como un rey metafísico, una especie de inca capaz de restablecer el orden social y natural. Guaman Poma pensaba que, tras la conquista española, se había producido un cataclismo cósmico.

Esa mirada mesiánica nos hace entender lo ingenua que resultaba, políticamente hablando, la intención del autor al escribir al rey?
No solo eso. La suya es una carta al rey pidiéndole la restauración del orden sobre la base de una separación de los indios y de los españoles. Que los invasores vuelvan a España y que dejen a los indios en paz. ¡Es una locura pedirle al mismo rey de España que deje sus territorios! Lo que sucede es que Guaman Poma, desde su mirada mesiánica, separa al rey de España de su dominio político sobre las indias y lo convierte en una categoría metafísica con la capacidad de restablecer el orden cósmico.

En la "Nueva crónica" conviven lo mesiánico y lo pragmático.
Así es. Guaman Poma es una persona que ha auscultado la sociedad colonial, que conoce la legislación y las contradicciones entre la teoría y la praxis. Precisamente, estas contradicciones lo angustian y lo llevan a decir que el mundo está al revés. Para él, el orden social viene de la eternidad, y los individuos no tienen derecho a alterarlo. La llegada de los españoles alteró el ordenamiento jerárquico existente, y por eso se queja de que los "indios bajos" quieran subir de jerarquía, o que las mujeres indias intimen con españoles. Él fue un enemigo del mestizaje, un convencido de la endogamia social, que guarda correspondencia con la orientación social que aún existe en el mundo andino, donde está muy arraigada la vieja noción de contrastar lo local con lo foráneo, lo legítimo con lo ilegítimo. Ese mismo sentimiento marca las relaciones interétnicas andinas.

El cronista Fray Martín de Murúa fue maestro de Guaman Poma, pero años después fue su enemigo. ¿Por qué se rompió la relación entre ambos?
Sospecho lo siguiente: en un primer momento hubo una absoluta relación de colaboración. Guaman Poma hizo cerca del 80% de los dibujos de la primera versión del libro de Murúa "Historia general del Perú". Aquellos dibujos reunidos por Murúa tienen el trazo indígena muy semejante al de los dibujos de la "Nueva crónica". La desavenencia podría haber aparecido cuando Murúa decide dejar de lado el primer manuscrito y se embarca en la redacción del segundo. Tengo la impresión de que eso debió frustrarlo mucho. Por eso, a partir de ese momento Guaman Poma toma una actitud beligerante frente a Murúa, en los años que vivieron en la provincia de Aymaraes, en Apurímac, entre 1604 y 1606.

Ha sugerido la teoría de que Guaman Poma podría haber necesitado de todo un taller para la realización de su manuscrito. La tesis ha generado todo un escándalo?
Rolena Adorno es la que más me ha criticado. La verdad, tengo como modelo el caso de Murúa. La primera versión de su crónica la hemos estado estudiando en el centro Getty de California los dos últimos años y encontramos que los dibujos de su manuscrito presentan varias manos. Por lo menos hay un autor europeo y un autor indígena. Se han encontrado hasta cuatro estilos caligráficos. ¿Qué revela todo eso? Pues que Murúa utilizó a muchas personas para sus obras. Una de ellas fue Guaman Poma. ¿Porque él no podría haber hecho lo mismo?

EL DATO
Guaman Poma en la red
La Biblioteca Real de Copenhague ha digitalizado la ?Nueva crónica? de Guaman Poma. Búsquela en el sitio
www.kb.dk/permalink/2006/poma/info/es/ontpage.htm0


Fuente: El Comercio