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Archivos de octubre,2005
octubre 25, 2005
En agosto del 2005, Perú cumplió 50 meses de crecimiento consecutivo, los primeros 38 a un ritmo promedio de 4,2% y los últimos doce meses a un ritmo más acelerado de 5,9%. Sin embargo, algo que caracteriza este período expansivo es el moderado crecimiento del consumo privado que, por ejemplo, entre el 2003 y el segundo trimestre del 2005 creció a un ritmo promedio (3,5%) menor que el PBI (4,7%). En contraste, en el mismo período la inversión privada ha registrado tasas de crecimiento mucho mayores (7,9% en promedio).
Esta particular dinámica de los últimos años podría ser reflejo de una tendencia de varias décadas en la distribución del PBI según tipo de ingreso. Una de las maneras de medir el valor agregado de una economía es por el método del ingreso, a través del cual, se mide el pago a los factores de producción: capital y trabajo[1]. Si bien sólo se cuenta con estimaciones al 2003, esta estadística muestra que cada vez un menor porcentaje del valor agregado se destina al pago de remuneraciones y un mayor porcentaje es excedente de explotación (utilidades) o retorno del capital[2]. Esto implica un menor impacto de cada sol producido sobre el consumo de la mano de obra (consumo privado) pero un impacto mayor sobre las utilidades (y posibilidad de ahorrar e invertir).
Esta tendencia, que genera un crecimiento sin presiones inflacionarias pero que afecta la distribución del ingreso y la percepción de las familias acerca de los beneficios del crecimiento económico, parece haberse mantenido entre 2004 y 2005. Así lo reflejaría el fuerte crecimiento de las utilidades de las empresas que cotizan en la Bolsa de Valores de Lima y el moderado crecimiento de la masa salarial.
Según información del INEI, la masa salarial real en Lima Metropolitana creció 0,9% en el 2004 y a septiembre del 2005 creció 1,9%, tasas muy por debajo del crecimiento del PBI (4,8% en el 2004 y cerca de 6,0% en el 2005). Se podría consolidar este tipo de crecimiento pro inversión y con efectos moderados sobre el consumo privado si se mantiene el crecimiento en la productividad laboral actual (no remunerada y en parte gracias a más horas trabajadas) y el excedente de mano de obra (desempleados y subempleados).
[1] Además de la depreciación del capital usado en la producción y del pago de impuestos.
[2] Para una serie desde 1950 ver el libro Bonanza Macroeconómica y Malestar microeconómico de Jürgen Shuldt.
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octubre 25, 2005
En Perú, sólo el 11.6% de la Población Económicamente Activa se encuentra aportando a alguna de las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP)[1]. Esto quiere decir que la mayor parte de trabajadores peruanos carece de protección previsional. Por esta razón, es interesante analizar la propuesta que las AFP han presentado a la Comisión de Seguridad Social del Congreso, con la finalidad de incentivar y atraer a los trabajadores independientes hacia el Sistema de Pensiones Privado (SPP).
Así, se plantea obligar a los trabajadores independientes a aportar a algún sistema de pensiones, incrementar la tasa de aporte al sistema de 8% a 10% del salario, la eliminación de ciertos requisitos con la finalidad de incentivar el ahorro voluntario, la posibilidad de que las AFP se encarguen de la administración de los aportes por Compensación por Tiempo de Servicios y la deducción de los aportes para el cálculo del Impuesto a la Renta. Por el momento, la propuesta está siendo revisada y habrá evaluar tanto la viablidad política para implementar dichas medidas como sus efectos sobre el sistema ya que, por un lado, podría servir para ampliar la cobertura del SPP de tal forma que se protegerían a más trabajadores frente a la pobreza durante la vejez; pero, por otro, podría incentivar mayor informalidad para evitar retenciones.
[1] Según la Asociación Internacional de Organismos de Supervisión de Fondos de Pensiones (AIOS), Boletín Estadístico N 12.
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octubre 25, 2005
Los mercados financieros mundiales se encuentran atravesando un contexto de bastante incertidumbre. Entre los principales factores que vienen contribuyendo con generar este escenario, se puede mencionar a los siguientes: i) creciente déficit fiscal y en cuenta corriente en EE.UU., ii) lenta recuperación de las principales economías del mundo; iii) encarecimiento de las materias primas.
Respecto al déficit comercial norteamericano, entre enero y agosto de este año éste fue de US$463.366 millones (+17%). En cuanto al déficit fiscal, hasta septiembre de este año éste se ubicó en US$318.600 millones, menor a los US$412.800 en que se ubicó en similar periodo del año anterior, aunque la cifra sigue siendo elevada y, en particular, preocupa que ésta sería financiada a una tasa de interés más alta.
No obstante, hasta el momento el mayor requerimiento de financiamiento de EE.UU. ha podido ser financiado gracias al incremento de las tasas de interés de referencia en dicha economía (actualmente en 3,75%), que se mantienen por encima de las correspondientes a las vigentes en la Unión Europea (2,0%) y en Japón (0,10%). Adicionalmente, los débiles indicadores económicos en estas dos últimas economías, respecto a EE.UU., han contribuido a generar un mayor ahorro en las mismas, las que sumadas a las de economías emergentes, particularmente de Asia, también se habrían destinado al financiamiento del déficit norteamericano. Así, en los últimos meses se ha apreciado un mayor flujo de capitales hacia instrumentos de deuda, nominados en dólares, particularmente a plazos largos (los demandados mayormente por fondos de pensiones).[1]
Sin embargo, la pregunta es hasta cuándo esta situación puede continuar ya que si bien en EE.UU. se espera que siga subiendo la tasa de interés referencial para contener presiones inflacionarias, ello podría ocasionar un fuerte debilitamiento de su economía. Al respecto, cabe señalar que si bien el índice de precios al consumidor, sin considerar alimentos ni energía, acumula en el año un incremento de 2%, el índice de precios general acumula un incremento de 4.7% (el mayor valor desde mayo de 1991), lo que refleja que los productores estarían absorbiendo los mayores costos de materias primas, situación que no necesariamente será sostenible de manera permanente.
[1] Un efecto secundario ha sido la mayor fortaleza del dólar frente a otras monedas. Así, en lo que va del año, el euro viene perdiendo 11.2% frente al dólar, mientras que el yen lo hace en 12.5%.
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