
En primer lugar, me chocó negativamente lo feo del lugar: un galpón que parece una fábrica, frío, impersonal, enorme para las pocas cosas que alberga y bastante poco iluminado. No quiero comparar, se que somos un país de escasos recursos, pero después de haber visto los museos para niños de New York o Chicago, y sin ir muy lejos, los que hay en Chile o México, la verdad es que da una pena enorme ver lo pobres que somos. Creo sin embargo que se podría hacer más con lo que hay: ¿no se puede cubrir el piso, por ejemplo, con algún material que le de mayor calidez al espacio, en lugar de ese horrible piso de cemento pulido que tiene? Algo más blando para los niños, que le de color al ambiente y refleje mejor la luz, a la vez que amortigüe las caídas. Alternativas poco costosas hay a montones y habría que poner a funcionar, tal como figura en el nombre del parque, la creatividad e imaginación.
Los aparatos y experimentos que hay son interesantes, pero ya están deteriorados, lamentablemente. Por la carencia de alternativas que tenemos en Lima en cuanto a actividades para los niños imagino que mucha gente asiste a ese parque, y el uso excesivo debe haber maltratado sus instalaciones. La verdad es que duele verlas tan viejas: las cosas desgastadas, con áreas ya sin pintura. Las telas muy sucias, tanto, que hasta daba un poquito de asco acercarse y tocarlas. El material tampoco ayuda mucho, pues es mayormente de fierro y eso lo hace poco cálido para los niños. Y como que evidencia mucho el deterioro.
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