Imaginemos lo siguiente:

Sistema solar de Copérnico
Un niño de 10 años aprendió en la escuela la teoría de Copérnico. El niño aprendió la lección, puede repetirla sin dejar fuera ningún detalle. Sin embargo cuando le preguntan si cree en esa teoría se muestra poco convencido y dice que no cree en ella, que las cosas no son así en verdad.

La presentación de Adrián Dongo en las VIII Jornadas de Psicología Educacional, que se llamó Educación y construcción del conocimiento. Problemas y desafíos, nos ayuda a entender que en la situación anterior no hubo mayor aprendizaje: lo nuevo está solamente yuxtapuesto a lo anterior, no logra integrarse y diferenciarse en la estructura cognoscitiva del niño, no hubo recreación para esa nueva información, ni asimilación de ella a la estructura previa del sujeto, ni acomodación de dicha estructura.

La tesis central de Adrián es que una educación que pretenda promover realmente la construcción del conocimiento deberá garantizar una relación pedagógica distinta, verdaderamente constructivista y dialógica entre profesores y estudiantes.

Adrián empezó su presentación haciendo una crítica epistemológica sobre los orígenes del conocimiento, criticando tanto al empirismo que considera la experiencia como algo que se impone por si misma directamente en el organismo sin la actividad organizadora del sujeto, como al apriorismo que plantea que el conocimiento consiste en la explicitación gradual de estructuras pre-formadas que no son dinámicas ni constructivas (yo misma he hablado aquí y aquí de esta crítica). Luego de esto presentó los descubrimientos de la Psicología y Epistemología Genéticas de Jean Piaget, cuya novedad respecto a los modelos anteriores consiste en buscar las fuentes del conocimiento no en formas estáticas sino en los esquemas de acción, que son sistemas que se transforman y suceden de forma histórica según necesidades adaptativas.

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