Archivo para junio de 2009

14 jun '09-17:56
Docentes y Quemados (Primera entrega)

El desgaste psíquico emocional de los docentes llega a tener un amplio rango de manifestaciones por demás curiosas y que realmente muchos individuos no llegan a reconocer ni entender. Estudiar por lo tanto las manifestaciones del Síndrome del Desgaste Laboral o Burnout es un tema verdaderamente pertinente en estos tiempos. Esto que ahora ofrezco es un ensayo sobre el burnout, y en esta primera entrega hago una descripción de siete individuos reales (nombre cambiado), con los que yo personalmente tengo trato desde una manera frecuente hasta otra más esporádica. Estas personas muestran una serie de comportamientos y conductas –por llamarlas- amargas, que antes no las manifestaban. Estos colegas –y quizá algunos, ex amigos- merecen ayuda, para que vuelvan a encontrar un optimismo y gusto por su trabajo y su vida, pero al desconocerse el proceso que padecen, en cambio, ganan día a día un rechazo de parte de colegas y alumnos.

Descripción de casos

1.- Salvador, 53 años, empleado de Pagaduría

Tenía bastante tiempo que no pasaba por la oficina de pagos en la administración del magisterio donde trabajo hasta que me llegó la necesidad de hacer un trámite. Apenas iba llegando cuando reconocí a Salvador quien estaba en la puerta. Él y yo éramos conocidos desde hacía más de diez años, de hecho cuando comencé a trabajar en la docencia -y mientras mi situación se regularizaba- constantemente tenía que acudir a la oficina, donde Salvador me atendía siempre amablemente.

Así que apenas noté que me reconoció lo saludé afectuosamente:

-¡Hola, Salvador! ¿Cómo has estado?

Sin embargo, él, sin mostrar emoción alguna de haberme vuelto a ver después de años, me respondió secamente sin contestar el saludo siquiera:

-¿Sí? ¿Qué se te ofrece?

2.- Tomasa, 43 años, docente de secundaria

Cada vez que tenía la oportunidad de encontrarme con Tomasa ella se caracterizaba por sus afectuosos saludos hacia mí. Además, podíamos trabajar en equipo de manera amena y nuestras reuniones laborales eran muy productivas. Sin embargo, después de dos años de estar yo de permiso sin ejercer como docente, nos encontramos en una oficina bancaria. Si apenas levantó la mano para saludarme a dos metros de distancia y me dijo como si estuviera molesta:

-¡Ah! Ya Volviste.

Un mes después finalmente nos encontramos en una academia de profesores, donde ella (su organización escolar) era la anfitriona. Bajo el pretexto que tenía que supervisar se la pasó ausente de la reunión; entraba y salía cuando quería y, cosa curiosa, ni siquiera se comprometía con las tareas del colectivo, ahora se dedicaba a delegar y dar indicaciones de adonde y con quien teníamos que dirigirnos para sacar fotocopias o solicitar materiales.

Imagen de internet
Imagen tomada de: http://surrealisme.ouvaton.org/IMG/jpg/Martine_Roux.jpg


3.- Carlos, 55 años, docente

En su trigésimo año de servicio, el profesor Carlos parece se propuso tener una o dos discusiones por semana. Todo el año se hubo caracterizado por sus comentarios despectivos hacia cualquiera del personal y sus modales extremadamente groseros con los alumnos. Si bien él formaba parte de un equipo de labor social, ante sus constantes críticas hacia el colectivo mismo pero poca disposición al trabajo hizo que otro docente renunciara a ese puesto de carácter simbólico; una vez él a cargo, siguió con sus querellas ahora con los miembros restantes generando más y más problemas.

Nunca se caracterizó siquiera por ser buen maestro, no tenía control de grupo; pero ahora para los alumnos resultaba peligroso crear indisciplina porque Carlos los insultaba inmediatamente. No distinguía siquiera en cuanto a género. Varias jovencitas comenzaron a llevar quejas a la Dirección ya sea por sus groserías… o por descarados comentarios de índole sexual hacia su persona.

Fueron precisamente alumnos varones, hijos de familias disfuncionales (por ende, abusados por sus violentos padres) quienes empezaron a manifestar constantes respuestas agresivas hacia él. Y Carlos, a pesar de su mala reputación de grosero hacia los alumnos, iba y se quejaba del trato que los alumnos le daban, de donde de agresor pasaba a víctima

4.- Silvia, 49 años, docente

Silvia en los últimos tres años en su trabajo simplemente no manifestaba nunca una sonrisa o un interés hacia algún colega o alumn@ siquiera. Su cara había adquirido una dureza casi criminal. Sus clases ahora consistían en realizar “proyectos” en los cuales ella solamente definía el objetivo, después prácticamente se deslindaba de los alumnos y no volvía a tener contacto con ellos hasta la revisión y evaluación del trabajo.

Nunca ofrecía palabras de aliento. Sus comentarios eran siempre de naturaleza negativa; críticas a todo aquello que faltaba y cero logros o aspectos a valorar de los trabajos. Los alumn@s comenzaron a quejarse de ella. Sentían injusta la manera de evaluar, pero desconfiaban tanto de ella que ni siquiera se atrevían a enfrentarla. Acudían con algunas personas a quejarse de la situación, haciendo de esto algo muy comentado en la organización.

Imagen de internet
Imagen tomada de:
http://www.toxel.com/wp-content/uploads/2008/11/tishida13.jpg

5.- Manolo, 47 años, docente

Manolo trabaja en una escuela ubicada a media hora de la ciudad. Como en un principio él no disponía de auto propio buscaba la manera de tener a alguien que lo llevara y trajera, acordando ayudar en el pago de la gasolina. A veces recurría a solicitar el “aventón”. Un par de años más tarde pudo hacerse de un vehículo propio, y entonces llegó a buscar quien viajara con él para ayudarse en los gastos propios del auto de motor grande que pudo comprar… En ambas situaciones ocurrían situaciones tanto extrañas como similares: muchos de sus compañeros evitaban viajar con él.

Decían que cuando se llegaba a la escuela o a la ciudad quedaban muy alterados emocionalmente; cansados, enojados.

Porque Manolo sólo sabía quejarse; criticar amargamente cualquier situación de la escuela; emitir comentarios hostiles, negativos y destructivos…

Manolo terminó quedándose solo. Y para él esto en el fondo le afectaba, sin embargo en su apariencia se empeñaba en mostrar una dureza y un argumento “que más valía solo”.

A sus veinticinco años de servicio y justo en el año que se estrenaba como delegado sindical, Manolo sufrió una serie de dolencias en su salud que terminaron llevándolo al quirófano un par de veces. Más de cuatro meses de incapacidad médica.

Con tanto tiempo de recuperación (pero de una recuperación complicada y penosa) él comenzó a declarar que extrañaba la escuela, el trato con sus colegas y alumn@s. Sin embargo, en la escuela NADIE lo deseaba de regreso.

6.- Patricia, 50 años, secretaria

Durante los veinticinco años de servicio de la escuela, Patricia ha sido parte del personal. De hecho allí conoció a Leo, el profesor que sería su esposo y, con él pudo compartir años de trabajo juntos. Inclusive llegaron a tener a sus propios hijos estudiando en esa misma escuela.

Fue Leo el primero en tener un comportamiento de frustración. Y durante años este profesor se dedicó a quejarse, a criticar y a agredir a otros del personal. Patricia, siempre fiel, lo apoyaba en cada nueva querella contra todos. Hasta que después de años con esta conducto, su esposo rebasó los límites y tuvo que salir de la escuela, quedando Patricia sola.

Fue entonces cuando ella comenzó a cambiar de actitud.

Una gran parte de su tiempo laboral la ocupaba en “chatear” desde su computadora, conociendo hombres de su edad, intercambiando teléfonos y comunicándose con ellos constantemente. Y como en su organización nunca le reclamaron este descuido de calidad hacia su trabajo, ella siguió con esta práctica. Cada alumno o cada docente que solicitaba algo de su parte tenían que decírselo de manera rapidísima, porque ella ni siquiera colgaba su teléfono. “¿Sí, qué quieres?” y “Regresa al ratito” eran sus frases comunes.

Patricia poco a poco –o quizá demasiado pronto en un espacio de un año- comenzó a hacer menos y menos para su organización y a aislarse más. Sus quejas hacia su trabajo y los demás disminuyeron un poco, porque ni siquiera tenía con quien compartirlas.

Imagen de internet

Imagen tomada de: http://www.20minutos.es/data/img/2007/06/20/610777.jpg

7.- Alfredo, 48 años, docente

Con veinte años de trayectoria en la misma escuela, y ocho de estar casado Alfredo de pronto dejó de ser el maestro optimista y sonriente que solía ser. Poco a poco comenzó a distanciarse del compromiso que como docente lo caracterizaba dentro de una escuela sumamente conflictiva. Aunado a esto, su semblante comenzó también a degradarse con un prominente vientre y una cara de actitud agria.

Al perder esa simpatía y ese “aire de buena gente” sus alumnos comenzaron a rechazar sus clases, haciendo que su materia fuera motivo de ausentismo. A pesar de esto, Alejandro atendía sus clases teniendo menos de la mitad del grupo y sin reportar siquiera al prefecto encargado de disciplina el faltante de quince alumnos. Un espiral de desgano y de reprobación comenzó a afectar a la persona de Alfredo, que se volvía otro apático docente más en una organización agonizante.

Fin de descripción.

En una próxima entrega un primer análisis de estos casos.

ESTE TRABAJO ES PROPIEDAD INTELECTUAL DE JOSÉ ZAVALA BAJO LICENCIA DE CREATIVE COMMONS