Sin embargo, Lucía también se caracterizaba por ser una mujer muy celosa de su vida privada. Inclusive sus amistades más cercanas desconocían detalles de su vida familiar. Ella por su parte muy rara vez hablaba de sus hijos, y cuando lo hacía era para comentar que necesitaba apoyarlos en sus estudios (ya en niveles pre o universitarios). De su esposo, en cambio no decía nunca nada.
En cierto momento ella comenzó a decir que tenía muchos problemas, que se sentía cansada y preocupada; sin más detalles. No les tomó a sus amistades mucha imaginación para suponer –acertadamente- que ella se estaba divorciando. A pesar que su secreto a voces ella seguía sin socializar con alguien cercano su vida privada.
Y justo en esa temporada, a Lucía le tocó cosechar logros de preparación; consiguió un grado académico que la confirmaría como coordinadora en la prestigiosa organización donde trabajaba, recibió invitaciones para ofrecer conferencias y hasta proyectos de publicación le ofrecieron. Cada nuevo compromiso que le llegaba ella lo tomaba como un reto, y además pensando que con ello iba a sobrellevar de mejor manera su separación.
Lucía se comenzó a olvidar de descansar, de salir con amistades, de darse un tiempo de ocio exclusivo para ella.
Sus amistades comenzaron a notar un cambio muy marcado en ella. Se estaba volviendo intratable: sus charlas giraban a “no saben cuántos problemas tengo” mas nunca mencionaba en qué consistía su situación. Tenía un paradigma de desconfianza enorme, temía que si alguien conociera algún detalle de su vida familiar este detalle se volvería público y eso afectaría su prestigio y por lo tanto ponía en riesgo su trabajo y estabilidad económica.
Cierto aumento en su consumo de café y de cigarros la comenzó a sorprender. Si bien un par de tazas y dos cigarrillos al día para otro tipo de personas no significan nada, ella misma sabía que eso no era común.

Además, ya no era capaz de tolerar comentarios banales de parte de sus conocidos, mucho menos alguna broma. Comenzó a expresarse para con ellos con frases despectivas del tipo: no seas idiota; no estoy para tonterías; yo sí tengo compromisos; (se refería a algún conocido como) estúpido o (en caso de una invitación) yo no voy a ese tipo de sitios. Frases como las anteriores no se le habían escuchado antes.
Sus pocos conocidos a los que trataba de esta nueva manera comenzaron a guardarle distancia.
Reflexiones
En la trayectoria de vida de Lucía le tocó enfrentar un evento mayor como lo es el divorcio. Precisamente el divorcio es uno de las situaciones que más pueden estresar a una persona, y más cuando se han vivido varios años de relación y hay hijos de por medio. Aunado a la cantidad de compromisos laborales, académicos y todos aquellos que le ofertaron, a Lucía el estrés empezó a modificarle ciertos rasgos de su personalidad de manera negativa.
El estrés afecta en la calidad de relaciones que podemos tener con los demás, paradójicamente el hecho de afectar estas relaciones a su vez estresa más todavía. Por ciertos rasgos de neuroticidad, Lucía no aceptaba que necesitaba apoyo para sobrellevar su divorcio y una nueva vida. En cambio, pensaba que con una vida llena de compromisos y éxitos laborales y ganancia económica saldría avante. Pero entre más compromisos asumía más tensiones extras se iba ganando. La idea de descanso le parecía peligrosa, quizá temía deprimirse en lugar de distraerse y mostraba posturas defensivas argumentando una superioridad de clase social.
¿Cómo acceder a una persona encerrada en su vida? Es una pregunta una compleja de contestar. Quizá sea necesario tenga una crisis mayor que le afecte la salud o le conlleve cierto fracaso laboral para que finalmente acepte que debe buscar apoyo para superar su divorcio y entonces encontrarse nuevamente consigo misma.
ESTA OBRA ES PROPIEDAD INTELECTUAL DE JOSÉ ZAVALA ZAVALA BAJO LICENCIA DE CREATIVE COMMONS









