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Archivo de mayo 2011
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La Ermita y el Puente de los Suspiros en 1906

Cuenta la tradición, recogida por Juan de Arona, que esta iglesia era una sencilla capilla a la que acudían humildes pescadores y viajeros; su origen se confunde con la leyenda que dio origen a Barranco. ¿Cómo es la historia? Cuentan que, en el siglo XVIII, cierta vez salió un grupo de pescadores a cumplir con su faena pero, como era invierno y la neblina cubría todo el litoral, se desorientaron y se quedaron perdidos varias horas hasta que, a lo lejos, vieron una “luz” resplandeciente a la que se dirigieron logrando llegar a la orilla y salvarse. Al acercarse al lugar donde se originó aquella luz que los había guiado, vieron que se trataba de una cruz. Desde aquella vez, se convirtió en lugar de romería. La capilla primitiva fue erigida en adobe y quincha a mediados del siglo XVIII, gracias al benefactor Caicedo, un panadero cuya esposa era devota a la cruz que allí se veneraba.

Durante la Guerra del Pacífico, fue saqueada e incendiada por el ejército invasor; era el 14 de enero de 1881. Cuenta José Antonio del Busto: Siempre se escuchó, como algo sabido por muchos, que la ocupación de Barranco ocurrió entre las 7 y las 9 de la mañana, procediendo inmediatamente los chilenos a saquear la población. Hecho el robo, comenzó el incendio. Recién entonces los invasores repararon en la ermita. Su puerta fue rota con hachas, luego entró la soldadesca en busca del botín. No encontró –aparte del cáliz, el copón y la custodia- nada de especial valor. Defraudados los saqueadores trajeron leña y la apilaron contra los altares, brotó la chispa maldita y el holocausto empezó. Al momento del crepúsculo la ermita ardía, reverberaba. A las 8 de la noche el incendio del santuario continuaba y sus llamas producían un extraño fulgor. Una hora después se desplomó el techo y entonces los resplandores amenguaron por predominar las chispas y el humo. Así transcurrió el resto de la noche… Al siguiente amanecer la vieja Ermita era sólo un conjunto de muros ennegrecidos y vigas carbonizadas con algo de humo que subía con pesadez. De los altares e imágenes nada se pudo salvar. Con el retablo mayor se quemó la imagen del Santocristo de Barranco, escultura nada notable pero que representaba al Crucificado de la aparición fundacional. Todo estaba consumado.

Meses después, en 1882, fue reedificada por el capellán Manuel de la Fuente Chávez, gracias a diferentes donaciones y colectas públicas. Se levantaron los muros, el cuerpo y los brazos del nuevo templo. Así, estando la iglesia terminada, el ahora presbítero De la Fuente y la población barranquina pidieron, en 1900, que la iglesia sea convertida en parroquia independiente de la de Surco y de la vice-parroquia de Chorrillos. El Arzobispo aceptó la petición y el 12 de diciembre de 1903, el presbítero De la Fuente fue investido primer cura párroco de la nueva parroquia de la Santísima Cruz de Barranco. El párroco murió en 1913 y, según algunos testigos, en olor de santidad; tras su fallecimiento, se le atribuyeron predicciones y milagros. Le sucedió el padre Santiago roca, párroco entre 1914 y 1937 quien, según dicen, también falleció en olor de santidad. Cuando hubo el terremoto de 1940, la vieja Ermita quedó afectada, y se comenzó a considerar la necesidad de trasladar la parroquia a un nuevo emplazamiento que permitiera edificar una iglesia mucho más grande. Fue así como, en 1942, se solicitó al Arzobispado que autorice el proyecto de un nuevo templo parroquial en la plaza municipal. La nueva iglesia quedó lista y consagrada el 1 de junio de 1963 por el arzobispo Juan Landázuri. Actualmente, la Ermita, ubicada en la Bajada de los Baños, se encuentra en proceso de deterioro, por lo que la propuesta es parte de un proyecto ambicioso de conservación que incluye al espacio público circundante y el rescate de las zonas invadidas del conjunto religioso.

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Fotografía de 1924

Ubicada en la segunda cuadra del jirón Trujillo, mide apenas 8 metros de ancho por 12 de profundidad, por lo que muchos la consideran la iglesia más pequeña del mundo. Sin embargo, los más “puristas” o técnicos dicen que esto no es cierto: es la capilla de Lima que más se asemeja a una iglesia. La “Capilla del Puente” pertenece a la parroquia de San Lázaro, cuya iglesia está a dos cuadras de distancia. Es de adobe, quincha, madera y ladrillo y necesita una buena refacción. La imagen de Nuestra Señora del Rosario aparece en el retablo del altar mayor y sería del siglo XVII; debajo de ella está el Señor del Triunfo. En las paredes laterales encontramos las imágenes de San Judas Tadeo (con muchas placas de agradecimientos por milagros concedidos), San Hilarión, San Martín de Porres, Santa Rosa de Lima, el Señor Crucificado con la Virgen de la Puerta, Almas Benditas y la Virgen del Carmen. Todas estas imágenes también requieren urgente curación.

La placa de su puerta señala 1555 como el año de su fundación, pero no hay documentos oficiales que avalen esta información. Lo que sí sabemos es que recién en el siglo XVII se tienen noticias de ella como capilla, siempre dedicada a Nuestra Señora del Rosario. Ismael Portal, en su libro Lima religiosa (1924), señala que la capilla nació en la propiedad de una dama de abolengo y que, en su interior, arzobispos de Lima concedían indulgencias. Por su lado, Ernesto Ascher, en Curiosidades limeñas (1974), dice que la capilla se levantó en un tambo, pero en la propiedad de un duque. ¿Cómo sería esta historia? A mediados del siglo XVII, un español, que llevaba el título de Duque del Infantado, adquirió en la zona varias propiedades, entre ellas un tambo donde se veneraba la imagen de Nuestra Señora del Rosario. Cuando construyó su casa con capilla particular, la hizo con puerta hacia la calle para que, de esta manera, la imagen siga siendo venerada por viajeros y vecinos. La capilla está abierta de lunes a sábado, de 9 a.m. a 12:30 p.m. y de 4 p.m. a 8 p.m.; los domingos está cerrada.
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(fotothing.com)

Cuenta la tradición que, con motivo del robo de las Sagradas Formas de la iglesia del Sagrario de la Catedral y del hallazgo de las mismas al pie de un naranjo de la Alameda, se construyó, en 1710, la capilla de Santa Liberata, en un terreno donado por Antonio Velarde y Bustamante para la capilla de Nuestra Señora de la Buenamuerte, imagen que se instaló en el nuevo templo. La iglesia, según Jorge Bernales Ballesteros, demuestra un exquisito gusto y novedad en Lima: cúpula grande sobre pechinas que cubre un templete de 8 columnas que forman el altar mayor sobre cripta en la que se ve un hueco donde se encontraron las Sagradas Formas. A los pies del templo, doble puerta bajo el coro formando un pequeño vestíbulo; del coro nace una tribuna que recorre la iglesia sin crucero ni hornacinas laterales. Por fuera, una fachada de molduras y torrecillas laterales muy pequeñas, todo en adobe y caña, estucados y pintados en el color de Lima: el ocre rosa. En esta iglesia se venera la imagen de El Señor Sacrificado del Rímac, declarado el 15 de enero de 1940 “Patrón del distrito del Rímac”.

Según Óscar Espinar la Torre, en su libro Estampas del Rímac, “Fernando de Hurtado de Chávez, mozo de veinte años, el día 20 de enero de 1711, entró a la iglesia del Sagrario (colindante con la hoy Catedral de Lima), y del altar mayor robó un copón de oro con numerosas hostias consagradas. Luego se encaminó a la Alameda. En la mañana del día 31, se descubrió la sustracción. S.E. el obispo D. Diego Ladrón de Guevara, virrey del Perú, echó en persecución del criminal toda una jauría de alguaciles y oficiales. Al ser capturado, Fernando Hurtado declaró que, asustado por la persecución, había enterrado las sagradas formas, envueltas en un papel, al pie de un árbol en la Alameda de los Descalzos. Sin embargo, la turbación de Fernando fue tanta, que le fue imposible determinar a punto fijo el árbol, cuando un negrito de ocho años de edad llamado Tomás Moya dice: Bajo ese naranjo vi el otro día a ese hombre. Las hostias fueron encontradas y el Cabildo recompensó al esclavo con cuatrocientos pesos. El virrey obispo, en solemne procesión, condujo las hostias a la Catedral”.
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Entre los días el 1 y 3 de junio del 2011 se desarrollará en Lima el Congreso Internacional “Abascal y la contra-independencia de América del sur”, en el que se expondrá y debatirá sobre el papel tomado por el virrey José Fernando de Abascal y Sousa (1806-1816) frente a los movimientos independentistas en América del Sur. Está organizado por la Universidad Católica del Perú y el Instituto Francés de Estudios Andinos. Las ponencias se desarrollarán en el Auditorio de Humanidades de la PUCP y Auditorio de la Alianza Francesa del Miraflores. El ingreso es libre, previa inscripción.

Listado de Ponencias

- Rossana Barragán (Archivo de La Paz)
“La Tea de la Revolución”: la construcción política del enemigo en el enfrentamiento de 1809 en Charcas.
- Christiana Borchart de Moreno
Palo y zanahoria. La política de Toribio Montes, presidente de la Audiencia de Quito.
- Beatriz Bragoni (Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza)
Identidades patrióticas en disputa: el Río de la Plata en revolución.
- Joëlle Chassin (Universidad de París-III)
La guerra de la información entre Buenos Aires y Lima (1808-1812).
- Marcela Echeverri (NY University)
Abascal, Cádiz y el realismo popular en Popayán.
- Cristián Guerrero Lira (Universidad de Chile)
Acción contrarrevolucionaria de Abascal en Chile.
- Jairo Gutiérrez Ramos (UIS, Bucaramanga)
Disidencia y lealtad en la nueva Granada en tiempos del virrey Abascal.
- Brian Hamnett (The University of Essex, UK)
El virrey Abascal y sus cinco homólogos novohispanos, 1806-16: un estudio comparativo.
- Elizabeth Hernández García (Universidad de Piura)
Autonomía y monarquismo en un espacio regional: Piura en la consideración de Fernando de Abascal.
- Jeffrey Klaiber S. J. (PUCP)
El clero ilustrado en vísperas de la independencia: México y el Perú.
- Georges Lomné (IFEA)
El expediente de Nuñez del Arco (Quito, 1813): un afán de pacificación absoluta.
- Itala de Mamán (Archivo de Cochabamba)
Acciones del ejército realista en la región de Cochabamba 1810-1816.
- Gabriel di Meglio (Instituto Ravignani. UBA-CONICET)
La participación popular en la política hispanoamericana durante la década de Abascal.
- Scarlett O’Phelan (PUCP)
Abascal y el fantasma de las conspiraciones.
- Paul Rizo Patrón (PUCP)
Un cuerpo militar noble: el regimiento de la Concordia del Perú y su conformación en tiempos del virrey Abascal.
- Jaime Rodríguez (Universidad de California)
El virrey de Perú y el Reino de Quito.
- Claudia Rosas (PUCP)
Opinión pública, periodismo y política contrarrevolucionaria en tiempos del virrey Abascal.
- Lizardo Seiner Lizárraga (Universidad de Lima)
Una rebelión a la deriva: fisuras y represión realista en Tacna, 1811.
- María Ximena Urbina Carrasco (Universidad Católica de Valparaíso)
Los chilotes fidelistas en la contra-independencia de Chile durante el tiempo del virrey Abascal.
- Juan Ignacio Vargas Ezquerra (Universidad Abat Oliba-CEU, Barcelona)
Las iniciativas de un ministro ilustrado.
- Geneviève Verdo (Universidad de París-I)
Guerra y soberanía: el noroeste del Río de la Plata durante la guerra de independencia (1810-1820).
- Fabio Wasserman (Instituto Ravignani. UBA-CONICET)
La revolución encuentra sus límites. De Suipacha a Huaqui: la política de Castelli en el Alto Perú (1810-1811
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(panoramio.com)

Lo que hoy es el Panteón de los Próceres, en el Parque Universitario, fue la iglesia San Antonio Abad, fundada por Antonio Correa, y que perteneció al Noviciado jesuítico del mismo nombre y que se ubicaba donde hoy está la Casona de San Marcos. Cuando se expulsó a los jesuitas (1767), se la bautizó con el nombre de San Carlos, en homenaje al monarca Carlos III, y fue el templo del antiguo Convictorio Carolino. La construcción que ha llegado a nosotros data de esa época, y es contemporánea a la iglesia de los Huérfanos (ambas, obra de Cristóbal de Vargas). Se llamó así hasta que, durante el Oncenio de Leguía, se decidió darle otro uso. Así, se “desacralizó” el templo para convertirlo en un “altar de la patria”, en el "Panteón de los Próceres". Según los arquitectos de la época, era, por su tamaño, forma, riqueza de líneas, obras talladas y por su situación contigua a la Universidad de San Marcos, la más apropiada para convertirse en el monumento que guardara las cenizas de los próceres de la Patria. Las obras de remodelación y adaptación para su nueva función, con motivo del Centenario de la batalla de Ayacucho (1924), fueron realizadas por el arquitecto Claudio Sahut, quien escogió el color de todas sus partes, los vitraux grabados en los dos extremos del crucero, las pinturas de José Sabogal, las decoraciones de azulejos polícromos, los bajo-relieves en bronce, el Cristo de Bistolfi, los bustos de San Martín y Bolívar de Tadolini y el tono de pintura que transformó el antiguo y casi desapercibido templo en una joya artística. Sabogal fue autor de los dibujos y pinturas de las pechinas de la cúpula, embellecida en su parte alta con decoraciones que representan las cuatro virtudes cardinales: Prudencia, Justicia, Fortaleza y Templanza.

Todos los trabajos de piedra artificial y su colocación, así como el de las escaleras, el piso de mármol de estas y el interior de la bóveda los ejecutó el arquitecto Martín Eloy. Carlos Wehril fabricó los mosaicos, azulejos y el viteaux que decoran el techo de la cripta y las dos ventanas del crucero; estos mosaicos muestran en el techo de la cripta los nombres de las jornadas de Pichincha, Zepita, Junín y Ayacucho. Daniel Casafranca, alumno de Bellas Artes, fue autor de los bajorrelieves que decoran los costados de la escalera que conduce a la cripta. Uno de los grandes representa la raza india dominada y el otro el instante de la libertad, que ostenta guerreros triunfantes. El tiempo que se empleó en todo el trabajo demandó cuatro meses y su costo fue de 25 mil libras peruanas.

Fueron los restos mortales de Simón Rodríguez, maestro de Bolívar, los que primero se llevaron al nuevo Panteón (diciembre de 1924). Rodríguez estaba enterrado en la iglesia del pueblo de Amotape (Piura) y fueron trasladados y enterrados aquí en solemne ceremonia presidida por el presidente Leguía. Hoy ya no están, pues fueron repatriados a Caracas en la década de 1950 a pedido del entonces dictador venezolano Marcos Pérez Jiménez (el dictador peruano de entonces, Manuel A. Odría, accedió a la solicitud).
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Ubicada junto a la iglesia de San Pedro, fue construida en 1615 por la Cofradía o Congregación Mariana de Nuestra Señora de la Expectación del Parto, conocida como Nuestra Señora de la O (por la "O" admirativa con que comienzan las antífonas latinas del Magnificat los 8 días que preceden a la Natividad); el director de esta congregación era el padre Juan de Córdova. Su primera descripción corresponde al padre Bernabé Cobo, quien dijo que tenía 38 metros de largo y 16 de ancho. Contaba con una sola nave cubierta de madera a tres paños formando un semi-exágono decorado con florones, piñuelas, pinjantes y molduras doradas. Asimismo, zócalos de azulejos y, frente al altar mayor, tres tribunas en el sitio del coro con baluastres verdes y dorados; tres órdenes de asientos en forma de teatro, pues también era capilla para actos literarios; finalmente, añade Cobo, en el altar mayor, un magnífico Cristo Crucificado de la escuela montañesina (es decir, parecido al Señor de Burgos). Con los diversos sismos que ha soportado Lima, la Capilla ha recibido varias remodelaciones y hoy es casi irreconocible a la descripción que nos dejara el padre Cobo. Por ejemplo, los cambios al neoclásico (retablos) que le aplicó el presbítero Matías Maestro hacia 1798. Hasta la expulsión de la Compañía de Jesús (1767), el Colegio San Pablo, de la orden jesuita, la usó como capilla, aunque siempre se consideró que era propiedad de la Congregación Mariana de Nuestra Señora de la O. Es notable el magnífico lienzo de La Virgen de la Candelaria, del Bernardo Bitti, que se encuentra en la sacristía de la Capilla.
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La iglesia de La Soledad en 1910

Muy deteriorada debido a un incendio (5 de junio de 2005), ya en 1604 tenemos noticias de la existencia de esta pequeña iglesia, fundada por la Cofradía del mismo nombre. Por esos años, el templo era bajo, oscuro y avanzaba hacia la plazuela de modo que afeaba la vista y el conjunto franciscano. Por ello, según Jorge Bernales Ballesteros, el Comisario Cervela la mandó derribar y construir a la altura de la portería del convento colindante, y así la plazuela quedó amplia, empedrada y con perspectiva. La primera piedra fue colocada en 1664 por el virrey Conde de Lemos. La traza de la capilla se atribuye a Constantino de Vasconcelos, pero fue dirigida desde 1669 por fray Carlos de la Concepción y, como obrero mayor, estuvo fray Juan de Benavides. Según Bernales Ballesteros, los terremotos posteriores y la furia del neoclásico se recrearon en desfigurar esta pequeña iglesia, que pese a todo mantiene, con las magníficas portadas del conjunto franciscano, un digno aire de discreción, que no desdice de este evocador rincón limeño, uno de los pocos en los que todavía se puede vislumbrar la belleza de esa Lima de antaño. Pese al último incendio, podemos advertir que su interior es neoclásico; sus retablos y púlpito son atribuidos al presbítero Matías Maestro. La unidad estilística de su interior contrasta con el barroco de su arquitectura. En su altar mayor se encuentra la imagen fundadora de Nuestra Señora de la Soledad, una de las más veneradas de la ciudad desde hace cuatro siglos.
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(panoramio.com)

Ubicada al costado de la iglesia de San Domingo, fue construida en 1565 y se llamó capilla de “Santiago”; en 1570 cambió de nombre cuando pasó a manos de la Cofradía de la Veracruz de Caballeros del Perú (fundada por Francisco Pizarro) para rendir culto a un Lingun Crucis: guarda una astilla de la cruz en que fue crucificado Cristo, enviada por el Papa Pablo III en 1540 con la esperanza de que con la llegada de la reliquia terminaran las guerras civiles entre los conquistadores. Tuvo portada mudéjar, ejecutada por el maestro Alonso de Morales en 1570, toda de ladrillo visto; esta portada desapareció en 1613, cuando fue sustituida por la actual, labrada por Diego Guillén, al estilo Bajo Renacimiento (o clasicismo tardío) implantado en Valladolid por la iglesia de Nuestra Señora de las Angustias. Si bien no se ha mutilado del todo la portada, ha mantenido, hasta hoy, la sobriedad con que fue concebida. A fines del siglo XVII, se le añadió una gran cúpula que, según fray Juan de Meléndez, era “gran maravilla, por sus cuatro ventanas entre relieves, linterna y pechinas”. El terremoto de 1746 dañó sus bóvedas, pero respetó su vieja y austera portada, lo más interesante del templo. En 1806 fue restaurada en su interior, sin mayor valor artístico, salvo su altar de mármol (hay pocos en Lima de este material) y sus anodinos retablos. Es una de las pocas iglesias de Lima que no tiene torres.
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Cuatros y billetes. Crisis del sistema monetario peruano (1821-1879)
Alejandro Salinas
Instituto de Estudios Peruanos/ Banco Central de Reserva del Perú
IEP: Historia Económica, 12
ISBN: 978-9972-51-294-0
Páginas: 289
Nuevos Soles: S/. 35.00

El sistema monetario peruano tuvo una historia complicada e inestable a lo largo del siglo XIX. La apertura comercial y las importaciones generaron la fuga de la moneda del país. La salida de los españoles significó, además, el desorden en la emisión de monedas; la región andina fue inundada por la moneda feble boliviana, que contenía menor cantidad de plata que la oficial, pero sirvió para aliviar la escasez monetaria, consecuencia del desbalance del comercio exterior. Con el apogeo del guano nacieron los bancos y, con ellos, los billetes bancarios. Esto, junto con la difusión de la moneda feble, incubó una inflación de precios que perjudicó a los asalariados y perceptores de rentas fijas. En vísperas de la guerra del salitre, el gobierno se sumó al carnaval monetario y garantizó los billetes bancarios a cambio de préstamos para resolver su déficit, convirtiéndolos en billetes fiscales. La vida de estos terminaría inmisericordemente en la posguerra, acabando a la vez con la riqueza de muchas familias.

Alejandro Salinas Sánchez, historiador peruano graduado en la Universidad Nacional de San Marcos e investigador en esa casa de estudios, da cuenta de ese tema. La historia monetaria no es un género muy cultivado en el país, por lo que este volumen constituye un significativo aporte al conocimiento de nuestro pasado económico y del impacto que este tuvo en la configuración de nuestra realidad nacional.

Contenido

INTRODUCCIÓN

1. DEL “PERÚ LIBRE” AL “CUATRO” BOLIVIANO

MONEDAS Y BILLETES DE LA INDEPENDENCIA
LA MONEDA CONFEDERADA Y EL “CUATRO” SANTACRUCINO
POLÍTICA MONETARIA DEL CAUDILLISMO
CONVERSIÓN PARCIAL DEL “CUATRO” BOLIVIANO

2. DEL BILLETE DE BANCO AL BILLETE FISCAL

PRIMEROS BANCOS DE EMISIÓN
AUGE Y CRISIS DEL BILLETE BANCARIO
EL BILLETE FISCAL

CONCLUSIONES

BIBLIOGRAFÍA
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Calle del Cercado en 1921 con muro al fondo

Los orígenes de la reducción del Cercado se remontan a la segunda mitad del siglo XVI durante el gobierno del virrey Francisco de Toledo. Con el propósito de proteger y evangelizar a los indios dispersos de Lima, se fundó un pueblo autónomo y cercado con muros altos de adobe con tres puertas, las que se cerraban de noche para impedir que los indios salieran de noche para emborracharse o para evitar que sean molestados por los demás vecinos de la ciudad. De todo esto derivó el nombre de “cercado”. Los responsables de su administración espiritual fueron los jesuitas que, desde 1568, ya estaban establecidos en el Virreinato peruano.

De acuerdo a los documentos, la fundación de este pueblo de indios y de su iglesia fue el 25 de julio de 1571, se allí su nombre Doctrina de Santiago del Cercado. Según el padre Bernabé Cobo, el día de la inauguración hubo una misa celebrada por el cura Alonso de Barzana, quien dio un sermón en español y quechua, a la que asistió el Virrey y todos los miembros de la Audiencia. Luego, en 1615, el virrey Francisco de Borja y Aragón fundaría en este pueblo un colegio para indios nobles, también encomendado a los curas de la Compañía de Jesús
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¿Qué fueron las reducciones? Las reducciones se terminaron de implantar en el Virreinato en la década de 1570. Se trataba de pueblos en los que se “reducía” a la población indígena para cobrarle el tributo, evangelizarla y enviarla a la mita. Era un sistema de control de población. Estos pueblos se ubicaron tanto en la sierra como en la costa y aún hoy podemos ubicar su trazo y ubicación en nuestro territorio. Según Waldemar Espinoza, las reducciones fueron fundadas siguiendo un modelo estandarizado, con calles angostas pero derechas, cortadas en ángulos rectos, como un damero o tablero de ajedrez. Había un espacio para la plaza, en cuyos contornos se levantaba el cabildo y la iglesia. El resto del vecindario estaba distribuido en barrios y, especialmente en las reducciones de la sierra, cada familia de indios tenía un terreno reservado para sus cultivos y pastos para el ganado.

En el caso del pueblo del Cercado de Lima, antes de su fundación, los pocos indios que sobrevivieron a la Conquista vivían dispersos; algunos trabajaban en modestos oficios, otros estaban desvalidos y vivían vagando o emborrachándose y unos pocos se dedicaban a la hechicería, tal como lo informó, en 1568, el gobernador Lope García de Castro. Por ello, según las autoridades, había que proteger a esos indios de los malos tratos de los españoles y reducirlos en un pueblo, tal como se venía haciendo en todo el territorio del Virreinato. En la nueva reducción, los indios podían aprender el cristianismo y estar a salvo de los españoles, quienes no podrían entrar al pueblo. Los primeros pasos para construir el Cercado estuvo a cargo de Alonso Martín de Anaya, corregidor de Lima, y del vecino Diego de Porres Sagredo. Sin embargo, como anotamos arriba, fue el virrey Toledo quien ordenó, finalmente, la construcción del nuevo barrio. Ahora los encargados de planificarlo y construirlo fueron nuevamente Diego de Porres y el doctor Cuenca, oidor de la Audiencia de Lima.

La otra muralla.- Antes de la construcción de la vieja muralla de Lima, ordenada por el virrey Duque de la Palata, a finales del siglo XVII, ya existía en la ciudad un barrio amurallado. En efecto, el pueblo de Santiago tenía un muro de 3 metros de alto, que rodeaba la reducción. Tenía 3 puertas de acceso (una hacia el lado de Lima y dos hacia el campo del valle de Ate) y se construyó para vigilar y controlar mejor a los indios. En su interior, había una plaza en forma de rombo, donde estaba la iglesia, y calles rectas y alineadas a esta plaza. Las casas tenían una sola planta con una pequeña huerta.

Las puertas del Cercado.- Estaban ubicadas a la altura de las siguientes calles:

1. La puerta principal estaba entre las calles del Prado y Carmen Alto (actuales cuadras 11 y 13 del jirón Junín). Antiguamente estaba, en esta zona, la ermita de Nuestra Señora del Prado, propiedad del español Antonio Poblete, al parecer, origen del Monasterio del Prado, que fundara Ángela de Iriarte y Recalde, monja de la Encarnación. En este monetario, en un nicho del presbiterio, fue sepultado el corazón del arzobispo de Lima Pedro de Villagómez, fallecido en 1617. Por su lado, el Monasterio del Carmen fue levantado sobre terrenos rústicos bajo la autorización del rey Felipe IV, solicitada por el vecino Diego Mazuelo; se inauguró el 18 de diciembre de 1643. Su construcción se hizo gracias a la donación de 100 mil pesos que dio Catalina Doria, ilustre dama de la noble familia Doria de Italia. Hacia 1670, en este Monasterio se formó el Hospital de la Convalecencia de Nuestra Señora del Carmen. En una casa de la calle del Prado nació Felipe Pinglo Alva.

2. La segunda puerta estaba en la calle Carmen Bajo (actual cuadra 10 del jirón Junín). Aquí había corrales y viviendas modestas de indios y mulatos. El nombre de “Carmen Bajo” se usó desde fines del siglo XVII, aunque algunos la llamaban “Carmen Abajo” o “Bajada del Carmen”.

3. La tercera puerta del Cercado estaba a la altura de la calle Peña Horadada, también llamada “Cuadra tercera del Cercado” (actualmente cuadra 9 del jirón Junín). Hasta el siglo XVIII, solo había aquí tiendas de oficios mecánicos y aposentos de indios.

La labor de los jesuitas.- Estos padres, administradores del Cercado, construyeron una iglesia (que luego el arzobispo Toribio de Mogrovejo consagraría a la Virgen de Nuestra Señora de Copacabana) y una casona con cuatro cuartos y una huerta.; asimismo, establecieron que las limosnas del colegio de San Pablo sirvieran para la manutención del lugar. Hobo también limeños, como Juan Martínez Rengifo en 1581, que realizaron donaciones para cumplir con este esfuerzo “civilizador”. Otro tema que debieron enfrentar los jesuitas fue el de la evangelización de los indios del Cercado. Comenzaron con un catecismo, muy didáctico, que luego fue mejorado y adaptado para otras reducciones. Era en castellano pero luego sería traducido al quechua por el padre Alonso de Barzana, doctrinero del Cercado, quien, además, llevaba los registros de todos los indios, por edades, condición civil y grado de evangelización. Lo cierto es que la reducción del Cercado se convirtió, por la eficiencia de los jesuitas, en modelo de evangelización y futuros doctrineros venían a ella por ser una buena “casa de lengua”, es decir, escuela donde se aprendía el quechua.

Una crónica anónima de los jesuitas, de 1600, nos cuenta que en la iglesia de Santiago del Cercado se formaron cuatro cofradías, pero solo no da el nombre de dos: Nuestra Señora del Pilar y Santísimo Sacramento. También nos dice que la segunda cofradía, en épocas de fiesta, especialmente en la del Corpus Christi, salía en procesión con muchos cirios y adornaban los altares con velas y flores. También nos advierte la crónica que los padres jesuitas controlaban en estas festividades a los indios para que no se embriaguen.

Otra de las labores que cumplieron los padres de la Compañía de Jesús fue la construcción de un hospital para indios. Se inició como una enfermería, fue creciendo hasta atender no solo a los indios del Cercado sino a de otros lugares, debido al esmero en la atención médica. También crearon una casa de reclusión para hechiceros o “dogmatizadores”, supuestos responsables de daños espirituales hacia la población indígena. La fundación de este recinto se hizo bajo el gobierno del virrey Francisco de Borja y Aragón, el Príncipe de Esquilache. Finalmente, en la escuela de la reducción, llamada Santa Cruz, los jesuitas enseñaban a los indios a leer y escribir, así como el adoctrinamiento de la moral y la doctrina cristiana para alejarlos de sus cultos idolátricos. La escuela de Santa Cruz, en síntesis, buscó concientizar y y propagar una educación católica y humanística, ya que también recibían instrucción en música y canto. Se sabe por ejemplo, que los indios del Cercado eran contratados en fiestas y misas de los alrededores en la que eran remunerados por sus servicios en diversos rituales. En padre Rubén Vargas Ugarte nos dice que era tan buena esta escuela que varios vecinos principales de la ciudad matricularon en ella a sus hijos.

El Cercado tras la expulsión de los jesuitas.- Lamentablemente, toda esta labor en bien de los indios se vio afectada cuando en 1767 la Corona española decidió la expulsión de la Compañía de Jesús, tanto en la Península como en las colonias. Luego de la infausta decisión, la reducción fue encomendada a los curas de la iglesia de Santa Ana, con lo que el Cercado quedó como vice-parroquia, situación que se prolongó hasta 1882, cuando nuevamente se levantó como parroquia. Lo cierto es que, con el retiro de los jesuitas, comenzó la decadencia moral del barrio: se descuidó la atención espiritual de los indios y el abandono material de su templo. También fueron destruidos los muros de adobe y el Cercado devino en un suburbio de Lima, poblado de gente pobre y espiritualmente abandonada. De otro lado, al encontrase el Cercado en una zona elevada, con buen clima, con huertas y campos abiertos, fue convertida por los limeños en zona de recreo o lugar para celebrar meriendas, pachamancas, baile y juegos; hasta riñas y algunas muertes se registraron por estos desenfrenos: Parece que el demonio había sentado sus reales en este lugar, comenta un cronista.

El manicomio del Cercado.- El 16 de diciembre de 1859, por iniciativa del gran médico José Casimiro Ulloa, se abrió el Manicomio del Cercado, diseñado por el arquitecto Cluzeau. Antes de la inauguración de este moderno centro de atención de salud mental, los “insanos” de Lima eran atendidos en los hospitales de San Andrés (varones) y Santa Ana (mujeres) en condiciones escandalosas, a tal punto que la Beneficencia las calificó como “verdaderas pocilgas”. El nuevo manicomio representó un “avance de la civilización”, a la necesidad imperiosa de poner punto final a una relación con los enfermos mentales que venía desde antiguo, basada en el maltrato y la reclusión. La vocación humanitaria de Ulloa luego sería continuada por su discípulo Manuel A. Muñiz. Cuentan los testimonios que el nuevo centro funcionó en la antigua casa de formación y adoctrinamiento que fundaron los jesuitas. El local fue ampliado y acondicionado con camas, servicios higiénicos, ventilación, luz, alimentación regular y patios de recreo. Cuando la escritora argentina Juana Manuela Gorriti lo visitó, en 1876, dejó estas impresiones: En el lindo pueblecito del Cercado, lugar sombroso y romántico, situado como un apéndice de Lima, entre el circuito de sus murallas, elévase este suntuoso y lúgubre edificio rodeado de huertos, jardines y fuentes. Envuélvelo profundo silencio, tan solo interrumpido allá, de vez en cuando, por algún extraño grito que aleja a los paseantes de aquel ameno sitio, y desgarra el corazón a aquellos que vagan atraídos por el amor de seres queridos encerrados entre sus fúnebres muros. El manicomio del Cercado era considerado, a fines del siglo XIX, como uno de los mejores de América del Sur. Pero la situación del barrio del Cercado cambió cuando se inauguró, el 10 de mayo de 1920, el Asilo-Colonia de la Magdalena, más conocido como el Hospital Víctor Larco Herrera. El antiguo manicomio se mudó del Cercado.

Llegan los padres Carmelitas Descalzos (1920).- El 10 de mayo de 1920, durante el gobierno de Leguía, los padres Carmelitas Descalzos, liderados por el padre Hilarión, tomaron posesión de la Parroquia de El Cercado. El primer párroco fue el padre Eduardo de Santa Teresa y, en 1922, quedó constituida la primera comunidad. De esta forma, se iniciaron las reparaciones del antiguo templo (torres, fachada, y ventanas); también se construyó el convento donde vivirían los padres. Toda la obra se inauguró el 15 de mayo de 1927 y el diario “El Comercio” informó así: Agrada a la vista la fisonomía actual de la iglesia del Cercado. Se la ve renovada, pero felizmente sin haber perdido el encanto de sus pasados tiempos. La casa parroquial es amplia y desde todo punto de vista adecuada a la finalidad para que ha sido construida.

Desde el principio, los carmelitas dieron especial importancia a la catequesis dominical de los niños; en 1924, por ejemplo, se consiguió la primera máquina de cine, que se empleó en los catecismos parroquiales. La catequesis no se limitaba a la instrucción religiosa, sino también procuraba aliviarlos en sus necesidades, como darles libros escolares, visitas a los enfermos y proporcionarles medicamentos. Ese entusiasmo, les llevó a organizar la primera academia parroquial de mecanografía. Como vemos, los objetivos de la pastoral eran la atención espiritual y social a la feligresía de uno de los barrios más pobres y populosos de Lima. En 1934, comenzó a funcionar en el Salón Parroquial una Academia y, al año siguiente, un Centro Obrero de Madres de Familia. En 1936, se coronó la imagen del Niño Jesús de Praga y, en 1937, se modernizó el cine con un nuevo equipo parlante. Finalmente, con el fenómeno de la migración interna, a la parroquia del Cercado le nacen nuevas barriadas y población que atender: El Agustino, Independencia, Progreso, Santoyo y Ancieta, lo que duplicó el trabajo de los padres.

Las necesidades obligaron, en 1967, al padre José María Goicoechea, a abrir el Colegio Parroquial, que llegó a tener más de 500 alumnos; hoy sigue funcionado, gracias al trabajo de las Carmelitas Misioneras. En 1979, se aprovechó un local abandonado detrás de la iglesia y se construyó una Posta Médica; hoy sigue funcionando, gracias a la Vicaría de la Caridad. Finalmente, en 1985, el padre Félix Perea construyó y organizó, en la barriada de Santoyo, anexo a la Capilla existente, un Comedor Infantil, en el que se daría diariamente desayuno y almuerzo a más de 200 niños; esta actividad continúa, gracias a la colaboración de las Carmelitas Misioneras.

La plazuela y la iglesia del Cercado.- Ubicada en el cruce de los jirones Conchucos y Desaguadero (Barrios altos), la historia de esta plazuela se remonta a finales de la década de 1560, cuando el gobernador Lope García de Castro ordenó instalar el pueblo de indios. El Cercado, como sabemos, era una pequeña ciudadela que se extendía desde la puerta principal del barrio hasta la plaza de Santa Ana (hoy Plaza Italia.). La plazuela aparece en los primeros planos de Lima y tenía forma circular, con una gran cruz de madera al centro; luego, se cambió la cruz por una pila para el abastecimiento de agua del vecindario. A principios del siglo XX, se colocaron en las esquinas de plaza cuatro bellas esculturas de mármol italiano (falta una) que originalmente estuvieron en el antiguo Parque de la Exposición. Asimismo, en uno de sus extremos se ubica el templo, de clara matriz barroca, de Santiago Apóstol del Cercado, que sufrió grandes daños por el terremoto de 1940. Fue reconstruido y hoy la plaza luce, en su parte central, la antigua fuente de bronce. En esta iglesia fue bautizado Felipe Pinglo Alva.

Durante el mandato del arzobispo Toribio de Mogrovejo (1581-1606), se consagró la iglesia del Cercado a la modesta Virgen de Nuestra Señora de Copacabana. Este culto representó un símbolo de integración social para muchos indios e indias de Lima, a través de un secretismo religioso: el poder femenino se proyectó en la figura de María en sustitución de las antiguas divinidades, como la Pacha Mama (o Madre tierra), cuyo culto es pan-andino y de origen muy anterior a los Incas. La percepción de María como intercesora y mediadora de las comunidades nativas ante la Santísima Trinidad revela el aumento de la devoción popular en la Lima de finales del siglo XVI.

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Por Germán Carrera Damas, historiador venezolano
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En enero de 2005 dirigí a mis compatriotas, y especialmente a mis colegas historiadores, el primero de los que he denominado Mensajes históricos. Lo titulé “En defensa de las bases históricas de la conciencia nacional”. Su objetivo era llamar la atención sobre la necesidad de enfrentar una grave amenaza. Ésta consistía en que: “El minado de la conciencia histórica de los venezolanos ha venido adelantándose de manera constante y progresiva. Lo que inicialmente parecía ser disparate historicista se ha revelado como parte de una estrategia ideológica dirigida a despojarnos del orgullo derivado del haber creado, como pueblo, la porción más sentida y significativa de nuestro pasado inmediato, el régimen sociopolítico democrático, nuestra obra fundamental del siglo XX.”

En junio del mismo año 2005, reforcé el Mensaje que acabo de citar con otro, el 3º, titulado Recordar la Democracia, dirigido a recomendar la actitud que debíamos adoptar los patriotas ante la amenaza sobre la cual había alertado: “Los venezolanos tenemos una democracia moderna que recordar, y ha quedado fuera de dudas que nuestro recuerdo de la democracia lo vivimos como voluntad de defensa y rescate de la que debemos considerar la obra sociopolítica fundamental de la Venezuela independiente. Esta actitud, que ha sido demostrada masiva y tenazmente, en gigantescas manifestaciones callejeras y en el ejercicio de derechos ciudadanos, perdura y aprovecha las oportunidades de expresarse. Así lo han comprendido también quienes hoy intentan secuestrar la sociedad venezolana y privarla de su más sentido recuerdo. Es lo que explica la doble estrategia fraguada por los secuestradores: Mientras se esfuerzan por desacreditar la democracia recordada, negándole toda virtud, siembran el totalitarismo al excluir de la ciudadanía activa a más de la mitad de la población, y al someter a un estado de humillante mendicidad a la otra mitad.”

Nada de circunstancial hay en el hecho de que me permita hoy evocar estos mensajes. Lo hago porque creo oportuno que reflexionemos sobre el alcance de dos preguntas, necesitadas de consideración por todos y cada uno de nosotros:

La primera pregunta plantea la necesidad de un examen de conciencia: ¿Cuánto éxito ha tenido la estrategia totalitaria de perversión de la conciencia histórica de los venezolanos?

La segunda pregunta se deriva lógicamente de la respuesta que le demos a la primera: ¿Qué debemos hacer para reparar el daño causado y derivar de ello nuevas fuerzas para fortalecer nuestra conciencia histórica, y honrarla con nuestra acción presente?

No se le escapará a quien esto lea que al formular estas preguntas parto de dos comprobaciones. En primer lugar, la de que se ha dañado la conciencia histórica del Venezolano. En segundo lugar, la de que podemos reparar el daño y derivar de ello fuerzas para honrarla. Queda claro así que asumo la responsabilidad de explicar tales comprobaciones.

Séame permitido el que antes de entrar a explicar la primera comprobación, consistente en que la conciencia histórica del venezolano patriota ha sido dañada, fundamente, apelando a los recursos de mi oficio de historiador, los términos de la explicación que intentaré ofrecer. Los fundamentos caben en una sintética fórmula en tres tiempos: 1º En la Historia, escrita con mayúscula no existe el pasado; existe el tiempo histórico, en el cual se conjugan los que convencionalmente denominaos pasado, presente y futuro. 2º Esto es aún más cierto en el caso de la Historia de una sociedad recién nacida, como lo es la republicana venezolana. Por algo estamos conmemorando que cumplimos lo que un orador oficial ha denominado “nuestros primeros doscientos años de Independencia”, persuadido, supongo, de que habrán segundos doscientos años. Todo confluye en mi certidumbre histórica, expresada en términos convencionales, de que el futuro de la recién nacida sociedad republicana venezolana está en su pasado.

Molesta mi entendimiento, y sacude mi conciencia histórica, el escuchar a dirigentes políticos ¿influidos por algunos científicos sociales y políticos, analistas y encuestadores? sentenciar que no se pretende volver al pasado, al bipartidismo puntofijista, a la cuarta. Tengo derecho a preguntarme si lo hacen adoptando, irreflexivamente, la conceptualización de nuestro pasado republicano democrático utilizada como arma por el enemigo al que, sin embargo, combaten. Vienen al caso algunas puntualizaciones:

En primer lugar, al rechazar, esos dirigentes políticos, el volver al pasado, su determinación significa, quiéranlo o no, negarse el derecho a rescatar la libertad y la democracia, como única fórmula, históricamente comprobada, de erradicar el despotismo; mal que nos acosa desde que rompimos la República de Colombia, en 1830. ¿O es que carecen de sentido histórico, hasta el punto de incurrir en el infantilismo intelectual de imaginar un régimen sociopolítico que no suscite reparos y objeciones? ¿O es que los suscitados por el despotismo resurrecto son más llevaderos que los suscitados por la Democracia?

En segundo lugar, al rechazar, los dirigentes políticos aludidos, el bipartidismo puntofijista, ignoran tres hechos comprobados: 1º En la Venezuela democrática nunca hubo bipartidismo. No se conoce un caso en el cual la competencia democrática entre partidos no desemboque en que sobresalgan dos de ellos, según los resultados electorales. 2º La consolidación de la República liberal democrática, que ocurrió a partir del 31 de octubre de 1958, se inició cuando fue suscrito el denominado Pacto de “Punto Fijo” por Jóvito Villalba, en representación de Unión Republicana Democrática; Rafael Caldera, en representación del Partido Social Cristiano Copei, y Rómulo Betancourt, en representación de Acción Democrática. Más importante aún, ese Pacto dio origen al Programa mínimo conjunto de gobierno, suscrito el 6 de diciembre de 1958 por Rómulo Betancourt, Rafael Caldera y el Contraalmirante retirado Wolfgang Larrazábal. 3º Estos acuerdos interpartidistas sentaron las bases del Gobierno de Coalición, que llevó a cabo la liquidación de la agobiante herencia de la Dictadura, tanto en lo político como en lo social.

En tercer lugar, quedó así comprobado que la consolidación de la República liberal democrática resultó del entendimiento en Nueva York, en 1957, de los tres esclarecidos dirigentes políticos que acordaron los documentos fundacionales mencionados. En términos más directos: tres hombres fueron capaces de interpretar las aspiraciones democráticas de los venezolanos, como quedó demostrado en la altísima participación electoral. ¿Tuvieron necesidad de consultar a la opinión pública? ¿O, de su parte, lo hicieron con la militancia de las organizaciones políticas que representaron? ¿Invalidó el no haberlo hecho lo socialmente acertado y beneficioso de sus acuerdos y decisiones?

La sociedad democrática venezolana está abocada a otro momento decisivo de su historia. Tendrá que asumir decididamente la defensa de la República, reafirmando su vigencia plena, basada en el libre ejercicio de la Soberanía popular como principio inmanente tanto a la formación como al ejercicio y la finalidad del Poder público en una República liberal democrática. ¿Para estos fines, cuál experiencia le servirá de guía, si no de modelo? ¿Dónde buscarlo? Puedo afirmarlo rotundamente: no hay una experiencia que supere la edificada por el pueblo venezolano y que hoy pueden y deben recordar y rescatar el pueblo y sus orientadores sociales y políticos.

Al decir esto último no me refiero a términos más o menos lejanos, sino a los que de hecho seguimos viviendo en el tiempo histórico, porque el haberlos vivido condujo a la más importante realidad de nuestro tiempo sociopolítico: la Democracia ha dejado de ser, en Venezuela, un propósito y una determinación nacidos del patriotismo y la lucidez de un puñado de hombres bien intencionados, y del modo ejemplar como ejercieron el Poder público. La voluntad democrática se ha convertido en una fuerza que brota de la sociedad y determina la conducta a seguir por los dirigentes políticos y sus partidos.

Es difícil concebir una modalidad más viable de acatamiento de este cambio histórico fundamental de la sociedad venezolana que la actualmente practicada. Una trascendental unidad democrática, integrada por las más diversas fuerzas, sociales y políticas, que luchan por la preservación de la República, el restablecimiento pleno de la Democracia, y la adopción del procedimiento de las elecciones primarias para escoger el candidato presidencial de la unidad democrática, -aplicando en esto lo propuesto por la histórica Comisión Presidencial para la Reforma del Estado, COPRE-, marca el nivel más alto concebido para conseguir la plena vigencia de la Soberanía popular.

¿Es razonable, en estas circunstancias, seguir repitiendo, inadvertidamente, que debe prescindirse del pasado histórico para determinar el porvenir de la sociedad democrática venezolana? De pretenderse seguir por ese imposible camino, que, sin embargo, algunos predican, el objetivo no sería posible ni siquiera escogiendo un candidato que no tenga más de 12 años cumplidos, o que haya hibernado, en ausencia virginal, hasta la actualidad.

Permítanme terminal haciendo votos porque prevalezca la sensatez histórica.

Caracas, mayo de 2011.
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Entrevista a Juan Luis Orrego en Biblioteca Imprescindibles Peruanos publicada por el diario El Comercio
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La obra en prosa de González Prada es una consecuencia de la guerra con Chile. ¿Se puede decir que con la derrota nace tanto el Perú contemporáneo como su primer pensador moderno?

Históricamente sí, pues el Perú moderno nace después del fracaso de la primera república, marcado por el caudillismo, el derroche del guano y la derrota contra Chile. Horas de lucha se termina de escribir, a pesar del criticismo de su autor, cuando nacía lo que Basadre llamó la “República Aristocrática”, un periodo marcado por el consenso político, la estabilidad institucional y un crecimiento y desarrollo autónomos. Ahora, si bien es cierto que antes de la Guerra del Pacífico hubo algunos políticos e intelectuales que denunciaron la decadencia o la inmoralidad (Fernando Casós, por ejemplo), Gonzáles Prada se presenta como un “libre pensador” convertido al anarquismo, al anticlericalismo e, incluso, al ateísmo; no hay duda que es tributario de una pensamiento que le era ajeno a cualquier crítico precedente. Es también moderno porque se perfiló en uno de los intelectuales de mayor trascendencia en el desarrollo de las ideas políticas del siglo XX peruano. Influyó notablemente en el pensamiento de la Generación del 900 y en las ideas de Haya de la Torre y Mariátegui.

José Carlos Mariátegui escribió: “González Prada no interpretó este pueblo, no esclareció sus problemas, no legó un programa a la generación que debía venir después. Mas representa, de toda suerte, un instante –el primer instante lúcido– de la conciencia del Perú”. ¿Considera que esta es una apreciación correcta?

Si tenemos en cuenta que el estilo de Gonzáles Prada se quedó en el discurso, el ensayo o el estilo panfletario, la opinión de Mariátegui se ajustaría a lo correcto. No hay en el autor de Páginas libres un libro orgánico, una investigación sólida y documentada sobre un tema en particular o un programa político integral y de largo aliento para el país. El libro que comentamos aparece en 1908 y, aun año antes, en Francia, Francisco García Calderón ya había publicado Le Pérou contemporain, primer libro de interpretación de la realidad peruana desde la óptica del civilismo más “progresista”. Para algunos, su figura tampoco calzaría en el perfil de maestro, pues su espíritu libre le impidió formar un grupo o una generación de discípulos. Sin embargo, sus ideas, que eran como latigazos a la conciencia nacional, su espíritu hipercrítico, casi incendiario, y su lucidez para captar lo que otros no veían o no querían poner por escrito, lo colocan como referente del intelectual que es percibido como la “reserva moral” de un país.

A través de su vida González Prada fue positivista, liberal, librepensador y anarquista. ¿De él se puede decir que legó una ideología o de un espíritu de denuncia?
Más que una ideología, nos legó un espíritu de denuncia, una voz de alarma, por ejemplo, ante la mediocridad y la corrupción públicas. De allí su ascendencia, especialmente en los jóvenes (como en el caso del joven Haya de la Torre), por ese espíritu de rebeldía ante el orden establecido.

Es notoria su influencia en la obra de Mariátegui y Haya de la Torre, sobre todo en lo que respecta al problema del indio. ¿Cómo se puede evaluar la importancia de Páginas Libres y Horas de Lucha en el derrotero del siglo XX peruano?
En efecto, para nuestro autor el Perú estaba formado, básicamente, por una multitud de indios diseminados en la Cordillera. El problema del indio –añadió- había sido creado por la Conquista por la crueldad y la ambición de los invasores. El indio, sin embargo, no era inferior al blanco o al mestizo. Su problema se resolvería dándole educación de calidad e independizarlo de las tres “autoridades” que lo explotaban (el gamonal, el prefecto y el cura) para que logre mejores condiciones sociales y económicas en la vida nacional. La república criolla, concluyó Gonzáles Prada, no había cambiado el estado de postración del hombre andino. Estas ideas tuvieron enorme influencia no solo en Haya o Mariátegui sino también en la generación de intelectuales indigenistas de la década de 1920. Asimismo, al afirmar que los grandes problemas del Perú, provenían del legado de España, una nación atrasada a la que había que olvidar si queríamos construir un país moderno, fue uno de los precursores, también a nivel intelectual, de lo que luego las ciencias sociales, en la segunda mitad del siglo XX, llamó la “herencia colonial” para explicar la realidad peruana.

Nada escapa del fuste de Horas de Lucha. ¿Cómo encajó la sociedad peruana este ataque contra ella?
A corto plazo, en casi nada. La “República Aristocrática”, dominada por el civilismo, siguió su curso, sin grandes sobresaltos, hasta 1919. El modelo económico, orientado a la exportación, y la situación del indio, a pesar de la rebelión de Rumi Maqui (Puno, 1915), se mantuvieron casi inalterables. Por su lado, la Generación del 900, encabezada por José de la Riva-Agüero y los hermanos Francisco y Ventura García Calderón, si bien en un inicio se entusiasmó con las ideas del ilustre librepensador, no encontró sitio en el Partido Civil. Los García Calderón se fueron del país antes de la publicación de Horas de lucha y Riva-Agüero, luego de la creación de un partido que no tuvo arraigo popular y del golpe de Leguía, se autoexilió y, de su liberalismo inicial, emigró a posturas más conservadoras. En todo caso, las luchas obreras que se dieron durante estos años sí estuvieron teñidas por las ideas anarquistas defendidas por Gonzáles Prada y algunos inmigrantes europeos, especialmente italianos, asentados en Lima.

Luis Alberto Sánchez señala que la obra de González Prada ha pasado por diversos procesos de apreciación y negación. ¿No es una ironía de la historia hacer de él un autor “oficial”? ¿Ha terminado siendo más importante para la literatura que para la política?
Desde muy joven, Luis Alberto Sánchez fue admirador de las ideas de Gonzáles Prada y, cuando escribió su historia de la literatura peruana, lo incluyó en un lugar protagónico. Para bien o para mal, sabemos que la obra de Sánchez estableció el canon de los autores y las obras que debían formar parte de la literatura nacional. De allí que aparezca un escritor tan contestatario (y solitario) formando parte de la lista “oficial” de autores peruanos.

En Horas de Lucha se aprecia el germen de varias corrientes que no aflorarían sino hasta varias décadas después, como el feminismo, el vegetarianismo, el laicismo y hasta incluso un indigenismo más sociológico que romántico, por llamarlo de alguna forma. ¿Qué tan adelantado estaba González Prada a su época?
No sé si “adelantado”, aunque por lo menos bastante “actualizado” con las corrientes ideológicas e intelectuales de su época. Su formación académica, su estancia en Europa y el deseo de estar al día con las nuevas ideas hicieron de él también un hombre cosmopolita. Cuando leemos Horas de lucha constatamos su gran dominio de la historia, de los autores clásicos y los pensadores de su tiempo.

¿Por qué un peruano debería leer Horas de Lucha ahora? ¿Cuál es su vigencia más de cien años después?
Porque nunca debe perderse el horizonte crítico, la capacidad de rebelarse o de indignarse frente al atropello, la corrupción la explotación o la inoperancia. Esa es, en el fondo, su vigencia. Frente al acomodamiento, a la mirada al costado o a la contemplación pasiva, Horas de lucha es un llamado a la reflexión y a la acción. También es un llamado a la honestidad intelectual, a la coherencia entre el pensamiento y la vida práctica.



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ENTREVISTA AL HISTORIADOR VENEZOLANO GERMÁN CARRERA DAMAS
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Caracas, 06 de Mayo ( Noticias24).- En el marco de la celebración del Bicentenario de vida independiente y soberana de los países latinoamericanos, la Universidad Monteávila organizó, entre el 3 y el 6 de mayo, las II Jornadas sobre las “Reflexiones de la Venezuela Histórica”; las cuales trataron temas acerca de Venezuela y sus orígenes republicanos, centrando su atención específicamente en los hechos ocurridos el 5 de julio de 1811. Noticias24 tuvo la oportunidad y el placer de entrevistar a uno de sus más importantes expositores, al gran historiador Germán Carrera Dama, quien ilustra de una manera muy jovial y práctica, la evolución y desarrollo histórico del país.

¿Basado en los hechos históricos, Venezuela es un país que logrará alcanzar la estabilidad social, económica y política?
No es que la alcanzará, Venezuela había logrado un alto nivel de estabilidad política, económica y social. Ha entrado en una fase crítica por una errónea conducción, tanto de la sociedad, como de la economía… Pero ya ha acumulado una experiencia y ha formado de tal manera una fuerza social, que a mí no me cabe la menor duda que prevalecerá pronto y yo diría con mayor eficiencia que antes. Si ustedes estudian lo que es el comienzo de la Venezuela moderna, se darán cuenta que eranmuy escasos los recursos, tanto materiales como humanos con que se contaban. Ahora no, Venezuela es un país rico, no por su petróleo, sino por los venezolanos que no solo han adquirido experiencia para su desarrollo profesional, sino que han adquirido algo muy importante que es la conciencia democrática, como no existe en ningún otro pueblo de América Latina.

¿Cuál es la importancia de que los venezolanos conozcamos nuestra propia historia?
Todo régimen de carácter totalitario, como es este régimen militar-militarista establecido en Venezuela, necesita no ya confundir, sino incluso borrar la conciencia histórica para darle a la gente la impresión de que ellos están haciendo la historia. Por eso, todo ese esfuerzo por borrar lo que ellos llaman la IV República y crearse su propia visión de la historia. Igual hicieron los nazis, igual hicieron los soviéticos, igual hicieron los chinos… y ¿Qué queda de ellos? ¿Quién se acuerda de un historiador del nazismo? … ¿y en Cuba?, ¿dónde está la historiografía cubana?… en las universidades norteamericanas. Este es un hecho real. Esos regímenes totalitarios, que intentan sustituir la conciencia histórica de un pueblo como el nuestro, están condenados al fracaso.

¿Qué opina del llamado Socialismo del siglo XXI?
Yo no me ocupo de mitología.

¿En qué se diferenciaría el sistema monárquico del sistema de gobierno actual en Venezuela? ¿Habría alguna similitud?
Es más grave la situación, nosotros estamos todavía como pueblo en una fase de liquidación de la conciencia monárquica, hemos avanzado mucho y la prueba es que la mayoría del pueblo venezolano es democrático, vota, quiere tener libertad, etc… Pero todavía una parte de la sociedad venezolana, perdura a ciertos hábitos que son directamente heredados de la sociedad monárquica. ¿No se han fijado de cuántas personas serias, honorables y respetables dicen: “es que el Presidente no sabe lo que está pasando, si el Presidente supiera… que venga el Presidente a ver lo que está sucediendo” .

¿Qué pasaría, por ejemplo, si a un granjero norteamericano, al que se le inunda la finca, dice: “el presidente Obama debe venir a ver lo que me está pasando a mí”?, lo considerarían loco. Sin embargo, todavía en Venezuela hay mucho resabio, como es resabio la idea de que elJefe del Estado es una especie de soberano omnipotente, que está por encima de toda consideración, no solo social sino incluso legal.
Yo diría que estos regímenes militar-militarista están más cerca de la monarquía absoluta, que de la República, a pesar de tener una Constitución, pero que la ignora olímpicamente. También Fernando VII anuló la constitución del 12.

¿Si tuviera que recomendar algunos de sus libros al venezolano de a pie, cuál sería y por qué?
Esa es la pregunta más difícil, porque casi estoy a punto de decirle ¡el próximo! (risas). Pero, para ser justos, hace casi medio siglo yo publiqué un libro que se titul“El culto a Bolívar”, de ese libro ya se han hecho 8 ediciones y yo no he cambiado ni una letra de esa primera edición. Pero ese libro no fue simplemente un ejercicio intelectual, ni siquiera académico (aunque fue mi tesis doctoral), era algo más. Yo pretendía prevenir a los que estabanreinstaurando la democracia en Venezuela en el año 59, y pretendía advertirles que era necesaria una nueva lectura de este bolivarianismo que había servido de una manera tan eficaz para todos los gobiernos dictatoriales, incluso el que acababa de terminar con Marcos Pérez Jiménez, mostrándole cómo en el pensamiento atribuido y en el uso del respeto que el pueblo de Venezuela tiene a Bolívar, que es genuino y es auténtico, había un instrumento poderosísimo que iba a servir para manejar y manipular al pueblo, llevándolo por caminos que podrían ser tan nefastos como el que estamos viviendo. Fíjense que este régimen nació bajo la égida del “bolivarianismo-militarismo”. Lamentablemente aquel libro (bueno… fue ilusión mía), pensé que podía ser leído por quienes dirigían la política… Yo no pretendo darle direcciones a los políticos, pero tengo la impresión de que no fue leído, no porque el libro valiera mucho, sino por el asunto de lo que trata, que merecía una reflexión muy seria como creo que ahora sí lo tiene un buen número de hombres que han desarrollado esas ideas en una forma que me hace a mí sentir muy orgulloso, no de lo que hice sino de lo que han hecho. Estoy hablando de Manuel Caballero, Elías Pino Iturrieta y de todos aquellos que han desarrollado, en una forma creativa, que a mí me produce la satisfacción de haber estimulado un poco eso. Pero sí lamento que no haya habido una reflexión política de lo peligroso que puede llegar a ser el culto a Bolívar.

¿En una palabra, cómo definiría a Venezuela?
Venezuela para mí, primero, no requiere definición, en el sentido que yo he sido un absoluto venezolano. He vivido más de la mitad de mi vida en el exterior, estuve 10 años exilado por Pérez Jiménez, he trabajado en universidades en muchos sitios, pero siempre, siempre, mi objetivo estuvo claro: Estar en Venezuela y trabajar en Venezuela, tratando de contribuir aunque fuera modestamente como profesor, a que los venezolanos empeñados por su esfuerzo en construir un gran país, pudieran hacerlo quizás con más fuerza. Venezuela es fundamentalmente un pueblo que quiere construir una sociedad democrática, ese es el valor que tiene para mí el venezolano.

En su ponencia indicó lo siguiente: Los pueblos no se mueven por las ideas, sino por las creencias. ¿Podría explicarnos un poco esa afirmación?
No pretendo decir que las ideas no tengan significación, lo que pasa es que vistas en un nivel de los intelectuales y los investigadores, las ideas son proposiciones que requieren explicación, ya esta se escriba en libros para justificar una idea, pero cuando la idea entra ya en lo que llamaríamos la conciencia común, la conciencia social, pierde ese carácter de proposición por demostrar y se convierte en una creencia. ¿Qué quiere decir esto? Es algo que se admite y se asume sin necesidad de comprobación, este es el principio de todas las religiones. ¿Cómo se llama la oración básica del cristianismo católico? El credo. Efectivamente eso tiene una razón de ser y una razón de ser muy profunda. Nosotros creemos que los hombres luchan por las ideas y sí, es posible. Hay hombres que han sido mártires por sus ideas, pero la masa de la sociedad cuando defiende alguno de estos valores que han sido formulados con ideas, lo hace dentro de una diversidad de interpretaciones, que pueden resultar hasta contradictorias, es decir, de 10 personas, 10 tienen una idea diferente o propia de lo que es la democracia y de lo que es la libertad. Pero lo sienten igual. Yo les puedo decir que con todo los años de historiador que tengo, me he puesto a estudiar a los jóvenes, y he encontrado que el más claro, el más fecundo y el más comprensivo de los programas políticos que se han presentado en esta Venezuela en lucha contra el totalitarismo, es el que han formulado los jóvenes cuando dicen “democracia y libertad”.

(Por José Luis Mijares / Noticias24)