Archivo de enero 2010

Casa hacienda de Punchauca (identidadlocal.oblog.com)
Tras la conquista, el valle del Chillón fue repartido entre pizarristas y almagristas, bajo el sistema de encomiendas, en el que los indios se convirtieron en mano de obra forzada del encomendero. La llegada de enfermedades y el sistema de encomiendas, mermó gravemente el número de la población indígena. Luego, muchos de los indios de Carabaillo, por ejemplo, a través de la mita, fueron a trabajar y morir a las minas de plata de Arahuay (Canta), que administraba Gaspar Flores, padre de Santa Rosa de Lima.
En 1570, con el fin de tener un mejor registro de los habitantes y de los recursos de la zona, el virrey Francisco Toledo ordenó la creación de la “reducción” o pueblo de “San Pedro de Carabayllo”: fueron alrededor de 2,500 indios que fueron ubicados en calles trazadas alrededor de la iglesia y la plaza principal. Luego, el crecimiento de la Ciudad de Lima posibilitó la creación en este pueblo de algunos obrajes (talleres) donde se manufacturaron tejidos como bayetas y frazadas de lana y algodón. Estos productos tuvieron mucha demanda entre los indígenas y los trabajadores de las minas. Fue así como Carabayllo se convirtió en un polo que sustentó Lima por casi tres siglos. Además, el camino que iba al Norte pasaba por estas tierras: Por ello, cruzó por Carabayllo Santo Toribio de Mogrovejo (segundo arzobispo de Lima) para visitar su diócesis. También transitó por estas tierras Isabel Flores de Oliva, Santa Rosa de Lima, pues su padre trabajó administrando minas en el pueblo de Quives (Canta).
Testimonios coloniales cuentan que en un número importante de esclavos negros fueron a parar a las encomiendas de los valles del Chillón y Huaraz; en Carabayllo fueron braceros en las plantaciones de cañaverales, viñedos y algodonales. En el siglo XVIII se hicieron famosos los “palenques”, lugares apartados donde vivían los negros que habían escapado de sus amos y los que habiendo adquirido la libertad no deseaban vivir con los españoles. Era muy famoso por su peligrosidad el palenque de Carabaillo, donde los cimarrones, escondidos en la tupida vegetación, salían a asaltar a los viajeros o cometer fechorías alrededor de Lima. Finalmente, en tiempos de la independencia, en los antiguos linderos se encontraba la hacienda Aznapuquio (hoy, Los Olivos), se gestó el motín que depuso al Virrey Pezuela a favor de José de La Serna. Asimismo, en la hacienda Punchauca se llevó a cabo la conferencia entre don José de San Martín y el Virrey José de la Serna, en la que el Libertador expuso por primera vez su plan de establecer una monarquía en el Perú.
MONUMENTOS DE ORIGEN COLONIAL
La iglesia de San Pedro.- Es la iglesia más antigua de Lima Norte y una de las más antiguas del Perú. Como sabemos, San Pedro de Carabaillo fue una reducción de indios y en este pueblo se construyo la primera iglesia de Lima Norte, que hasta hoy brinda servicios a la población. En ella está el santo patrón del Distrito de Carabaillo, San Pedro. Según los documentos coloniales, fue el visitador Juan Martínez Rengifo quien, en 1571, señaló los espacios donde se debían construir los locales públicos del pueblo. Así, escogió un espacio en el lado suroeste para construir la iglesia, a la que se "bautizó" con el nombre de San Pedro. La construcción se inició en 1571 y culminó en 1632. También sabemos que en 1576 esta iglesia contaba con dos capillas, la de San Juan Bautista y la de Nuestra Señora del Rosario; ambas tenían sus cofradías de indígenas, los cuales eran sustentados económicamente por dos curacas. Asimismo, al no existir cementerios públicos en la colonia, al interior de la iglesia se enterraban los personajes principales y el común era enterrado en el lado exterior lateral izquierdo de la iglesia.
Un hecho relevante en la vida del pueblo de Carabaillo fue la visita realizada por el segundo Arzobispo de Lima, Santo Toribio de Mogrovejo, el 7 de julio de 1593. Según José Antonio de Benito, su llegada a San Pedro se realizó en la segunda visita a su arquidiócesis y de aquí pasó al pueblo de Quivi (Quites), en donde confirmó a Rosa de Lima, quien tenía 11 años. Durante la visita del Arzobispo, Carabayllo contaba con 245 habitantes: 62 indios tributarios, 8 indios reservados, 45 niños y jóvenes y 85 restantes "aptas para recibir la confesión".
La estructura de la iglesia sufrió graves daños en los terremotos de 1746 y 1828. El templo, luego de las refacciones financiadas por los mayordomos de la cofradía, reabrió en 1831. El mayordomo de la cofradía de "Nuestro Amo", don Julián Marquez, vecino del pueblo, donó una campana y se coloco en el único campanario que tiene la parroquia. La campana lleva una inscripción que dice: Me dio Julián Marquez para Nuestro amo únicamente; además, la campana tiene grabado el nombre de quien lo fabricó: Me hizo José Ulloa, año 183". En 1838, el cura José Antonio Correa, informa a sus superiores que se acuerdo al Padrón que realizó en el pueblo solo habían 24 hombres y 27 mujeres y decía que de estos (los hombres) la mayor parte no tienen de que subsistir (...) y no hay con quien contar para la obra (refacción de la parroquia) que demanda gente y dinero. Además, muchos pobladores se habían enrolado en las montoneras y luchaban por la consolidación de la Confederación Perú-Boliviana. Por su larga historia, la iglesia fue reconocida como Patrimonio Monumental de la Nación (1980). El paso de los años ha afectado sus estructuras y es necesario realizar una intervención arquitectónica; afortunadamente, la Arquidiócesis de Carabayllo tiene un proyecto de restauración.
La hacienda y casona de Punchauca.- La antigua hacienda “Santiago de Punchauca” se ubica en el kilómetro 25.2 de la antigua carretera de Lima a Canta; punchauca significa en quechua punchau (“día con sol”) y huaca (“lugar de adoración”). En 1980 fue declarada Patrimonio Monumental de la Nación. Según el historiador José Antonio Benito, esta casa hacienda ocupa alrededor de 1,400 metros cuadrados y está rodeada de tierras de cultivo donde se sembraban trigo, caña y algodón; asimismo, la casa poseía un huerto ubicado en la parte posterior, una botica, la casa del doctor, de las enfermeras y la servidumbre. También tiene un sótano instalado en las escaleras de las puertas de ingreso principal y era utilizado como calabozo. A pesar de lo deteriorado de sus instalaciones se deja percibir que en esta construcción predominan tres colores, el primer ambiente era de color mostaza, el segundo ambiente añil y por último blanco. Ya en 1932, el historiador Raúl Porras Barrenechea, denunciaba su abandono: En 1932 realicé con mis alumnos de Historia del Perú del colegio Raimondi una visita a este lugar histórico abandonado. La casa Punchauca está hoy deshabitada, pero a la distancia de los que llegan a ella ofrece una noble prestancia antigua. Restaurada en parte, ha conservado su antañona disposición, sus viejos balaustres torneados y sus puertas amplias y talladas de clásica hidalguía hispana…La sala principal donde se realizó la Conferencia está ahora ocupada por fardos de algodón y en la parte posterior de la casa hay una amplia galería que mira a un huerto abandonado en el que una para se retuerce con un gesto añoso sobre la impasibilidad del muro destartalado y polvoriento.
Por su lado, el padre Evaristo San Cristóbal describió su estilo arquitectónico cuando todavía seguía en pie: El núcleo central de la casa- hacienda Punchauca conserva, aunque con deteriores materiales de mucha consideración, las estructuras de dos grupos habitacionales entre los que se intercala un amplio patio central, y la diminuta capilla adosada a la residencia principal…En su conjunto, esta casa hacienda de Punchauca muestra un aspecto variado de noble sencillez, pero muy expresivo de la arquitectura virreinal propias de las casas señoriales del campo. Según José Antonio De Benito, esta hacienda es un modelo de arquitectura rural del siglo XVIII y fue construida sobre las bases de una “huaca”. Se levantó sobre este lugar sagrado para evitar que los indios siguieran rindiendo culto a sus dioses. Por orden del cabildo limeño, estas tierras del señorío de Collique, le fueron otorgadas en 1543 al primer burgomaestre limeño, Nicolás de Rivera “El Viejo”. La casona fue bautizada como Santiago de Punchauca, por su devoción al santo apóstol; para su culto se construyó una capilla interior, con una imagen en su honor de madera policromada. También se hallaba en este altar la imagen de Nuestra Señora de la Soledad, aunque algunos hablan de La Merced y de un lienzo con la figura de Cristo. Sea como fuere, lo cierto es que hasta hace diez años el altar y la imagen de Santiago todavía perduraban. Los pobladores del lugar dicen que la madera del altar fue arrancada y empleada como leña, en tanto que la imagen de Santiago montado en su caballo (de aproximadamente 50 kilos) fue encontrado semidestruido, y ahora es custodiado por uno de los vecinos.
A la muerte de Nicolás de Rivera, en 1593, su esposa Elvira Dávalos confirma la posesión de esta encomienda; sus descendientes la venden a Francisco Donoso. Después de pertenecer a varios dueños, la propiedad pasó a manos de don Antonio Jimeno, partidario del virrey Don José La Serna. En 1821 cuando Lima era conmovida por las guerras de independencia, esta casa cumplió un gran papel, pues fue testigo de las conversaciones entre el virrey José La Serna y el general Don José de San Martín. Fue a las tres de la tarde del 2 de junio de 1821 cuando La Serna llegó a Punchauca, donde lo esperaba el Libertador para exponer su propuesta monárquica. En este momento se decidió el destino del Perú. Tras días de espera finalmente el virrey la Serna después de haber estudiado el pensamiento y las pretensiones del libertador rechazó sus propuestas. Treinta días después, el 28 de julio, San Martín en Lima proclamó la independencia del Perú.
Luego de la Independencia, la casa cobró notoriedad durante la guerra con Chile, cuando el presidente Nicolás de Piérola, en su huida al centro del país comunica desde Punchauca al coronel Belisario Suárez, jefe militar de la Plaza se retire de Lima sin oponer resistencia para que la capital sea respetada por los chilenos. Luego, en el siglo XX, la hacienda fue propiedad de la familia Nicolini; en 1945 fue embargada y fue adquirida por la familia Dibós. Ellos fueron los últimos propietarios de este inmueble hasta que llegó la Reforma Agraria de Velasco Alvarado, cuando las tierras pasan a manos de los trabajadores, quienes recibieron sus títulos en 1974. Así, Punchauca se convierte en la Cooperativa Agrícola y de Servicio. Hasta hace poco, la hacienda era todo un basural hasta que la Municipalidad decidió limpiarla. Se encontraron valiosos objetos como monedas, clavos hechos a mano, una balanza romana, una herradura, una talla de madera de Santiago Apóstol, un mortero y otras piezas de artículos domésticos. También había fragmentos de cerámica, cristalería, vajillas de la época colonial y republicana.
La casa hacienda Caballero.- No muy lejos de Punchauca, en el kilómetro 31 de la carretera a Canta, se ubica esta casa hacienda, una construcción colonial abandonada en una zona que ofrece una vista privilegiada del valle del Chillón. La casona tiene tres niveles y paredes de adobe de casi medio metro de ancho, además de elementos traídos de Europa como sus baldosas, algunas de las cuales aún permanecen en su lugar original. Esta hacienda perteneció a Juan Caballero de Tejada (1611), uno de los hacendados más importantes de Lima en el siglo XVII. Esta propiedad se convirtió en una de las más importantes del valle por su producción de frutos y ganado, especialmente de toros de lidia. Antes de llegar a Punchauca para su entrevista con el virrey La Serna, San Martín visitó esta hacienda. Lamentablemente, durante la guerra con Chile, “Caballero” fue asaltada por los invasores. Luego del desastre, en 1918, el propietario de la hacienda fue la familia Calmet, quien además era dueña de la hacienda Huarangal, que se encuentra frente a Caballero, cruzando el río Chillón.
La hacienda Chocas.- Ubicada en el kilómetro 34 de la carretera a Canta, fue construida sobre un terreno llamado ychoca, cuya castellanización ha dado lugar a su nombre. De trazo colonial, su estructura ha sido modificada durante la época republicana destacando la escalera caracol con peldaños de mármol y pisos de losetas. La hacienda sirvió de hospedaje al presidente Nicolás de Piérola en 1881, luego de las batallas de San Juan y Miraflores. Hoy la hacienda se encuentra administrada por la comunidad campesina de “Chocas” que la utiliza como local comunal y hospedaje temporal para algunos visitantes.
La casa hacienda Infantas.- Se trata de una residencia de origen colonial que perteneció a Jerónimo Infante del Real, la cual ha sobrevivido al tiempo y se encuentra en la urbanización Infantas, cerca de la comisaría de Infantas, Comas. Ahora la casona está acorralada por diversas viviendas. En sus instalaciones funciona un nido, una agencia municipal y un comedor popular. Ni autoridades municipales ni pobladores se han dado cuenta del atractivo que sería para este barrio restaurar esta casona y convertirla en un lugar de visita para escolares y turistas. Según el portal de la Universidad Católica Sedes Sapientiae, "la Casa Hacienda Infantas viene soportando con poca fuerza el paso de los años y la indiferencia de todos; este bello exponente de la arquitectura rural formó parte de los bienes del convento de Nuestra Señora de la Concepción en el siglo XVI. Uno de los primeros arrendatarios de la casa fue Jerónimo Infante del Real, quien se comprometió en 1667 a pagar un canon de 3 500 pesos anuales por un lapso de tres vidas (padre, hijo y nieto) naturales. Por esos años, la hacienda comenzó a llamarse Infantas, nombre que provenía de la mala pronunciación de Infante. Esta hacienda, de más de 190 fanegadas de extensión (570 hectáreas), se dedicó a lo largo de la colonia a la producción de trigo (XVII) y caña de azúcar (XVIII), además del cultivo de alfalfa y crianza de ganado. Es durante el siglo XX que la hacienda reemplazó el cultivo de azúcar por algodón debido a la gran demanda internacional y al incremento de su precio. Pero el cultivo de caña de azúcar no fue desechado del todo, pues dependiendo de las fluctuaciones del precio del mercado europeo, los propietarios decidían cuando sustituir los cultivos de algodón por lo de caña de azúcar. La gran demanda de materias primas obligó a los propietarios a industrializar la producción. Para ello adquirieron modernas maquinarias y herramientas, las mismas que en la actualidad han desaparecido, al igual que los utensilios y demás enseres coloniales y republicanos. En la actualidad la casa está ocupada por un Centro Educativo inicial y un comedor popular, a pesar de la endeble infraestructura que está a punto de desplomarse. Estamos a tiempo de evitar varias desgracias: perder la valiosa infraestructura rural y perder vidas humanas" (estudio del Lic. Santiago Tácunan Bonifacio, dDocentedel área de historia de la UCSS).
La capilla de la hacienda PRO.- Ubicada cerca de las avenidas Los Próceres y Confraternidad en la asociación de vivienda Adjudicatarios de la Hacienda Pro. La capilla formó parte de la Hacienda Pro, propiedad de la familia Pro León-Colmenares por más de 150 años. En 1847, pasó a poder de la familia Larriva, quien también era propietaria de la hacienda Comas. A mediados del siglo XIX, esta propiedad incorporó trabajadores chinos debido a su especializada producción de azúcar y algodón destinada al mercado europeo. El piso original era liso y de roble que daba comodidad a sus ocupantes, pues la zona esta expuesta a fuertes vientos durante el verano y alta humedad en los meses de invierno.
La casa hacienda Garagay.- Se encuentra cerca al cruce de las avenidas Universitaria y Angélica Gamarra, en el ex fundo Garagay. Fue conocida durante los siglos XVI y XVII bajo el nombre de Nuestra Señora de Gracia y Villaseñor Baja. El nombre actual proviene de la mala escritura y pronunciación del apellido de Luis de Garayar, hacendado que arrendó la propiedad en 1785. Su principal producto agropecuario fue el trigo, alfalfa, aceite de oliva y los carneros de Castilla.
La hacienda Aznapuquio.- Documentos coloniales hacen referencia a Aznapuquio (asnapukyu o "manantial hediondo"), como una zona ubicada en el actual Cono Norte de Lima. A finales del Virreinato hubo en Aznapuquio una hacienda, cuyo propietario fue Ignacio Vargas; hasta el Censo de 1940, seguía registrada como hacienda. Su importancia en la historia peruana radica en los hechos que se desarrollaron allí antes de la proclamación de la Independencia. En noviembre de 1820, el ejército realista acantonó en dicha zona un batallón de vanguardia (Caballería) para detener el posible avance patriota; luego, se concentraron allí todas las fuerzas realistas, e inclusive se pensó hacer un reducto y centro de operaciones en caso de batalla (11 y 18 de diciembre). Pero el gran acontecimiento se daría al mes siguiente. El 29 de enero de 1821, en el
llamado "Motín de Aznapuquio", los generales realistas colocaron como jefe de las fuerzas realistas y último virrey, al general José de La Serna, destituyendo así a Joaquín de la Pezuela. No podríamos establecer dónde estuvo exactamente. Lo más probable es que se encontraba entre el Aeropuerto y el valle del Chillón, no lejos de los terrenos de Garagay, donde hoy está la huaca Aznapuquio.
NOTA.- Mucha de la información recopilada en las entregas sobre la historia de Lima Norte proviene del portal de la Universidad Católica Sedes Sapientiae y del libro que compiló el historiador José Antonio Benito, Pasado, presente y futuro de Lima Norte: construyendo una identidad. Lima, 2007.

Fortaleza de Collique (peruinforma.com)
Lima Norte tiene un pasado milenario. En los distritos de Carabayllo e Independencia, por ejemplo, se conservan restos arqueológicos del Periodo Formativo Temprano (3,500 años a.C.), como lo demuestran los objetos que se exhiben en los museos de Carabayllo y Ancón. La época de la que tenemos mayor información corresponde al Intermedio Tardío, cuando llegó a la zona la influencia chimú. Fue en este periodo en que se desarrollaron los Collecs o Collis (llamados “colliques” por los españoles), quienes formaron siete curacazgos: Chuquitanta, Carabayllo, Zapán, Macas, Guaraui, Guancayo y Quivi), teniendo su centro o núcleo en el cerro fortaleza Collique (hoy, al costado del hospital Sergio Bernales, Collique, Comas) y que fueron conquistados por las tropas de Tupac Yupanqui de manera violenta.
Según el diccionario de fray Domingo de Santo Tomás, el término colliruna significa “diligente”, y para Diego Gonzáles Holguín, kulliruna es de "mucho brío y esfuerzo por el trabajo, diligente e incansable". Según María Rostworowski, en Quivi (hoy Quives) se sembraba la mejor coca de la costa peruana. El extenso “Señorío de Colli” comprendía desde el litoral hasta la actual Santa Rosa de Quives, límite desde el cual comenzaban las posesiones de los “canta”. Ambos señoríos vivían en constante guerra por la tenencia de los cocales de Quives, pero los colli siempre lograron rechazar los ataques enemigos protegidos en su imponente fortaleza, donde según fuentes, contaban con extensos campos de cultivo y dos manantiales de agua que les permitía resistir el cerco prolongado del enemigo o burlar la desviación del cauce del río, estrategia utilizada frecuentemente por los “canta”. También sabemos que las posesiones del señor Colli no se limitaban al actual valle del Chillón, sino que en algún momento de la historia ocuparon por la fuerza parte del valle del Rímac.
La fortaleza de Collique.- El sitio arqueológico está ubicado en el Cerro Pirámide, a la altura del kilómetro 16 de la avenida Túpac Amarú, Comas. Lamentablemente, toda el área circundante al sitio se encuentra ocupada por construcciones modernas. Según el arqueólogo Jeffry Jonatthan Vera Roca:
1.- El sitio tuvo una doble función. Una, defensiva, por la presencia de murallas y ubicación; y la segunda, religiosa, por el carácter sagrado que implica tener una huaca.
2.- Según los datos etnohistóricos se dice que el sitio fue la sede o capital de los Collik, pero es difícil dar una respuesta de esa magnitud ya que no hay un estudio arqueológico que sustente esa idea; por lo tanto, el sitio debió pertenecer a un grupo serrano o mezcla de yunga con el anterior.
3.- En el sitio existen construcciones del periodo intermedio temprano; asimismo, hay presencia de arquitectura más tardía (inca), como las colcas o depósitos.
OTROS SITIOS ARQUEOLÓGICOS DE INTERÉS
Centro ceremonial Garagay.- Este importante sitio arqueológico está ubicado entre las avenidas Angélica Gamarra y Universitaria. Lamentablemente, durante los años ochenta, fue mal delimitado por el Instituto Nacional de Cultura, lo que permitió colocar una torre de alta tensión de más de 30 metros de altura sobre el montículo principal. El recinto sobresale no sólo por su estructura en forma de «U», sino también porque en el atrio de la pirámide central se ha encontrado un conjunto de frisos policromos, cuyas imágenes tienen representaciones zoomorfas y antropomorfas, muy vinculadas a las fuerzas de la naturaleza. Los frisos fueron descubiertos en 1974 por Roger Ravines. Las excavaciones arqueológicas han demostrado que el sitio es pre Chavín.
El Templo en U de Huacoy.- Se trata de uno de los restos prehispánicos más antiguos de Lima, un templo en forma de U, con una antiguedada de 1,400 años a. C. Lamentablemente, está a punto de desaparecer debido a “empresarios” que lo han lotizado para su venta; incluso, en un lote han levantado un cerco perimétrico de material noble, mientras que por un lado de la pirámide principal algunas casas están invadiendo la zona intangible. Huacoy es uno de los símbolos de Carabayllo. El complejo arqueológico abarca unas 27 hectáreas; la plaza delimitada por las tres pirámides que lo componen abarca un aproximado de 12 hectáreas. Fue declarado “Patrimonio Cultural de la Nación” en el año 2002. El templo de Huacoy se encuentra en la zona que, según los mitos, fue morada del dios Con, una divinidad norteña que, enojado con los hombres, convirtió la costa en desierto. La ubicación de estos templos junto al cauce de los ríos parece hacer referencia a este dios.
El Templo del Zorro o pirámide Buena Vista.- También en Carabaillo, según cuentan las leyendas, este templo se construyó para avisar a los sacerdotes de que ya era la hora de la siembra o la cosecha. Los cálculos arqueológicos dicen que el complejo se construyó hace cuatro mil 200 años. Robert Benfer, antropólogo norteamericano, encontró aquí (año 2005), según su opinión, el calendario más antiguo del Nuevo Mundo: un observatorio de cuatro mil 200 años de edad, construido con suficiente precisión para fungir como almanaque agrícola: Estaba mirando una escultura situada en una cresta encima del templo y me di cuenta de que todo se alineaba con las estrellas. Fue un momento sorprendente, declaró. La alineación significaba que al amanecer de cada solsticio de invierno, hace cuatro mil 200 años, estrellas clave aparecían alineadas con el templo, y alertaban a los sacerdotes que pronto el río se anegaría y sería tiempo de empezar a sembrar. El templo había sido edificado como un despertador para la comunidad.
Lo cierto es que los trabajos de Benfer sacaron del olvido una pirámide construida en el año 2,200 antes de Cristo, que evidenciaría que los antiguos habitantes de esta zona conocían los movimientos de las estrellas en fechas tan remotas. Benfer exploraba el valle del Río Chillón en busca de noticias relacionadas con la dieta precolombina y se encontró con una pirámide de casi diez metros de alto que en sus días estuvo pintada de blanco y rojo. El sitio, ubicado en el enclave arqueológico de Buena Vista, está dominado por dos edificios: la pirámide del norte, el Templo del Zorro, se construyó alrededor de una plataforma desde la cual los sacerdotes ofrendaban a los dioses. Se nota, por ejemplo, que a través de puertas angostas, el ofertorio miraba hacia una piedra labrada en forma de cabeza. La roca, de casi 2.5 metros de alto, está en la cresta de una montaña a unos 60 metros de distancia. Cada año, al llegar el solsticio de verano del hemisferio sur, el día más largo del año (21 de diciembre), una constelación que para aquel pueblo era el Zorro aparecía alineada con la piedra. Esto ocurría unos días antes de que el río Chillón, del que dependía su agricultura, se inundara. Según los mitos andinos, el Zorro enseñó a los lugareños las artes de la agricultura. El Templo del Zorro es 1.000 años más antiguo que cualquier otro recinto similar hallado antes. También es significativo, porque sugiere que la gente organizaba sus vidas alrededor de las constelaciones andinas y entrega evidencia del comienzo de técnicas más sofisticadas de agricultura, explicó Benfer. En la entrada de la construcción se encontró un mural con un zorro esculpido dentro de la imagen de una llama.
Restos del camino epimural de los Colli (urbanización Tungasuca).- En realidad, se trató de una extensa muralla que comenzaba en la ladera de Cerro Zorro, seguía paralela al río Chillón, hasta llegar al mar de Ventanilla, cercando Zancudo, Allpacoto, Chacra, Huacan-Llanco, Dacha Tambo, Huacas Templo y la Sede Fortificada Colli. Para algunos arqueólogos, esta muralla era una demostración del poder de este pueblo guerrero, los “colli”. Su construcción debió requerir el trabajo de miles de hombres y varios años de esfuerzo. Tenía una altura de 4.57 metros y el ancho del camino que formaba en su parte alta medía 3 metros. Servía para defender a los Colli Lluna y otros pueblos de los ataques de sus enemigos, los “cantas” y los “atavillos”, quienes peleaban por la posesión de la zona de Quivi (Quives), área que producía la mejor coca de toda la región. De esta extensa muralla, solo quedan algunos fragmentos que se han salvado del avance urbano. Uno de ellos es el que se encuentra en la Urbanización de Tungasuca, actual distrito de Comas.
El sitio arqueológico de Copacabana.- Se encuentra ubicado en la parte inferior de la cuenca del río Chillón, margen derecha y sobre el límite norte de los campos actualmente bajo cultivo, más allá de los cuales se extienden las llamadas "Lomas de Carabayllo". Por ello, se encuentra estratégicamente ubicado como punto de enlace entre la amplia planicie irrigable del bajo Chillón y Playa Grande (distrito de Santa Rosa) y Ancón, así como, con el valle del río Chancay más al norte. El acceso al sitio se logra a través de una trocha carrozable que parte de la carretera Panamericana Norte y se dirige hacia el este, ubicada aproximadamente un kilómetro después del "Ovalo de Puente Piedra".
El sitio corresponde a la Cultura Lima (“desarrollos regionales”, siglos II-VII d.C.). Hasta hace muy poco se encontraba completamente rodeado de campos de cultivo, pero actualmente está siendo sometido a un intenso proceso de urbanización. La configuración “urbana” del sitio se divide en dos grandes sectores. El primero de ellos concentra las edificaciones más imponentes (Sector A) con estructuras que llegan a alcanzar los 35 metros de altura. El sector B se extiende inmediatamente al este del sector A, sobre una terraza natural que bordea los terrenos de cultivo del valle y en el que se ubican estructuras menores que alcanzan los cinco metros de altura, entre estos pequeños montículos se emplazaban estructuras al parecer más precarias. El sitio fue ocupado de manera continua hasta el Horizonte Wari, sustentando su desarrollo en el dominio de una amplia zona agrícola y el uso extensivo de sistemas de riego.

El también llamado "Cono Norte", es el sector septentrional de Lima Metropolitana. Es la zona comprendida por 8 distritos que se ubican al norte de la ciudad de Lima. Se extiende en dos ejes, uno de ellos por el noreste a todo largo de la Cuenca del Río Chillón hasta el Kilómetro 40 de la carretera a Canta y el otro por el Noroeste, hasta el Kilómetro 43 de la Carretera Panamericana, abarca además parte de la cuenca del Río Rímac. Se une al Centro histórico de Lima a través de estos dos ejes viales: la Avenida Túpac Amaru y su prolongación, la Carretera a Canta y la Carretera Panamericana. Una tercera vía, la Avenida Universitaria, sirve de conexión con la zona de San Miguel. Su población estimada, según el censo del 2005, es de 1'524,252 habitantes, casi 43 habitantes por kilómetro cuadrado.
El termino Cono Norte, al igual que en otras metrópolis, fue acuñado inicialmente para distinguir los ejes de crecimiento urbano de Lima Metropolitana y los lugares donde se concentraban las poblaciones de pobreza y pobreza extrema de la capital. El termino Lima Norte es más reciente referido a esta misma zona geográfica nace en base a una redefinición del espacio urbano de la ciudad a partir de su desarrollo económico, urbano y factores de dependencia: La ciudad de Lima ya no tiene conos o extremos dependientes de un centro económico, sino esta constituido por centros de desarrollo económico independientes, uno de ellos y el de mayor crecimiento es Lima Norte. En efecto, Lima Norte ha adquirido mayor notoriedad en la vida nacional por su crecimiento económico a partir del año 2000. Prueba de ello es que los distritos de Los Olivos y San Martín de Porres han elevado sus categorías de sectores socio-económicos C y D hacia B y C respectivamente. Este relativo auge se refleja en la gran cantidad de negocios que se han desarrollado en los alrededores del centro comercial “Mega Plaza Norte”, considerado uno más prósperos de Lima; otro centro comercial de mayor magnitud, el “Plaza Lima Norte”, se encuentra en construcción. Finalmente, un nuevo eje de desarrollo comercial en Lima Norte se viene gestando desde hace algunos años en Puente Piedra, donde actualmente el comercio crece aceleradamente (esta información general es de wikipedia).
LA FORMACIÓN DE “LIMA NORTE”.- Hay consenso en señalar que a partir de la década de 1940, la sociedad peruana ingresa en una nueva etapa en su historia que se caracteriza por una fase de modernización e industrialización capitalista. Uno de los factores que impulsó ese proceso fue el incremento de la demanda de materias primas como consecuencia de al Segunda Guerra Mundial. Uno de los efectos directos de este proceso de industrialización fue el explosivo proceso de urbanización del país: aumento violento del flujo migratorio hacia Lima y, especialmente, la consolidación de la Capital como una metrópoli que terminaría por concentrar y centralizar casi toda la capacidad productiva y los recursos del país.
Los orígenes de Lima Norte se remontan a la década de 1930 con la construcción de los barrios obreros en Caquetá y San Martín de Porres, construidos durante el gobierno del general Benavides. Hasta allí, hubo cierta “planificación” en esta zona de Lima. Pero en la década siguiente, surgen las invasiones y las barriadas. A mediados de la década de 1950 ya están constituidas las barriadas “27 de Octubre”, “El Pedregal” y toda la zona de “Zarumilla”. La Panamericana Norte sería, junto a la carretera a Canta y al ferrocarril Lima-Ancón, un eje decisivo para el crecimiento de Lima Norte. A partir de la década de 1960 se produciría una sucesión de nuevos asentamientos: “Pampa de cuevas”, “La libertad”, “Comas”, “Carabayllo” e “Independencia”, entre otros.
El caso de “Ventanilla” fue distinto porque respondió al concepto de ciudad “satélite”. “Previ” (Proyecto Experimental de Vivienda), a la altura del kilómetro 19 de la Panamericana Norte, también respondió a este modelo, y forma parte del patrimonio urbanístico de Lima Norte. Pocos saben que “Previ” fue uno de los laboratorios de experimentación urbanística más importantes de América Latina y hoy es un foco de “turismo urbanístico”. Según Wiley Ludeña, el barrio es interesante por las propuestas y por la obra allí presente de arquitectos mundialmente conocidos, como james Stirling, Alexander Christopher, Aldo van Eyck, Charles Guerra, entre otros. Cada uno tiene una casa modelo construida. Previ debería formar parte del patrimonio urbanístico de la ciudad de Lima Norte. Son este tipo de evidencias e iniciativas que coadyuvan a dotarnos de una especie de autoestima por aquello que tenemos en este territorio valioso de Lima Norte.
En la década de 1990, concluyó un ciclo histórico y se inició otro: la barriada aspira a convertirse en ciudad. Deja de ser el “Cono Norte” y surge la “Lima Norte de hoy. Temas como el de la renovación, el ornato público y la instalación de un equipamiento urbano adquieren sentido para los nuevos distritos. Se inicia así un proceso de renovación urbana de la nueva-vieja periferia constituida por cientos de barriadas, muchas de las cuales aparecen hoy como demasiado viajas sin haber llegado nunca a ser ciudades nuevas. Como concluye Ludeña, para el caso de Lima Norte, creo que el gran desafío es restituir y configurar una centralidad urbana que pudiera afirmar una idea de ciudad radicalmente distinta, porque de una u otra manera esta piel que cubre a Lima Norte va a cambiarse y modificarse. Y este es un proceso que va generando transformaciones dramáticas en diversas zonas de Lima Norte. No nos referimos solo a la zona de Megaplaza Norte, sino a una serie de espacios donde surgen rápidamente edificios de cinco o diez pisos, así como grandes centros comerciales. El problema es que en el fondo, aun cuando detrás de este tipo de cambios existen normas o profesionales que la hacen aparentemente “formal”, sigue siendo un modo informal, caótico y espontáneo de hacer ciudad. Cambiar para no cambiar. Corregir esta tendencia histórica es el reto principal.

LOS USOS Y ABUSOS DE LA MEMORIA
Con La nación y la muerte, la profesora israelí Idith Zertal consigue lo que tal vez ningún otro ensayo sobre el conflicto de Oriente Próximo había logrado hasta ahora: interpretarlo como una experiencia de valor universal, de la que extraer conclusiones capaces de iluminar los riesgos potenciales de las relaciones de una sociedad con su pasado o con lo que sus dirigentes deciden consagrar como tal. Como bien señala Shlomo Ben Ami en el prólogo a la traducción española, publicada por la editorial Gredos, Zertal adopta una perspectiva infrecuente al tratar del Holocausto y su banalización: no la de criticar a quienes comparan cualquier tragedia con el exterminio de los judíos, sino la de desvelar las razones de su aparición en escena cada vez que el país se ha enfrentado a "problemas políticos y de seguridad cuyos costes y consecuencias, hasta ese momento, no ha querido asumir o afrontar". De ahí la paradoja, señalada por Zertal, de que al mismo tiempo que Israel insiste con toda razón en el carácter único del Holocausto, "el uso sistemático y descontextualizado" que han realizado sus Gobiernos y clases dirigentes sea "uno de los principales ejemplos de devaluación de la extraordinaria relevancia y magnitud de la Shoah".
A partir de esa constatación, Zertal traza un minucioso recorrido a través de las distintas funciones que el discurso político ha asignado al intento de exterminar a los judíos en los campos de Centroeuropa, empezando por la creación misma de Israel, a tenor de las intervenciones públicas de Ben Gurión en el momento de la fundación del Estado. Esas funciones han contribuido, por una parte, a interpretar la historia de los judíos como una sucesión de episodios que, desde los tiempos más remotos, prefiguraban la formulación de la utopía sionista a finales del siglo XIX y su realización en 1948. Pero han contribuido, por otra, a lo que Shlomo Ben Ami define en su prólogo como "la base ideológica de una sociedad de víctimas con inmunidad moral en su confrontación con el mundo árabe y con el mundo en general".
Este doble aspecto en el uso que los discursos políticos hacen de la Shoah ha dado lugar a conflictos de naturaleza simbólica en Israel, vinculados a la necesidad de definir un ser nacional. Zertal se detiene, entre otros, en la polémica en torno a la crónica de Hannah Arendt sobre el juicio a Eichmann y su expresión "la banalidad del mal", una de cuyas consecuencias fue que la filósofa no volvió a recibir invitaciones para impartir conferencias en Israel. Zertal analiza, además, las consecuencias estrictamente políticas, como las conexiones entre las referencias políticas a la Shoah y el desarrollo del programa nuclear israelí o las implacables reacciones a la Intifada.
La nación y la muerte puede ser leído, desde luego, como un ensayo que permite comprender la ideología detrás de las posiciones israelíes en el conflicto con los palestinos. Pero puede ser leído también, y ahí radica su excepcional valor y su carácter imprescindible, como una reflexión que trasciende los límites de su objeto, y que alerta sobre los usos y abusos políticos de la memoria. En esto Israel sólo sería un ejemplo extremo Tomado de El País de España).

Norka Rouskaya
La madrugada de domingo 4 de noviembre de 1917, el Cementerio General de Lima vivió un hecho inédito y escandaloso. El sábado, a las 8 de la noche, dos jóvenes, Alejandro Ureta y César Falcón, se habían presentado en la casa del señor Pedro García Irigoyen, inspector del camposanto, para solicitarle permiso a fin de que la bailarina rusa pudiera visitar, en la noche, el cementerio. Al principio, el señor inspector se negó pero los jóvenes alegaron que la señorita ya partía a su país y que quería conocer, de todas maneras, el Cementerio para llevarse algunas impresiones nocturnas de la ciudad. García Irigoyen terminó aceptando y llamó al administrador del Presbítero Maestro, el señor Valega, para que brinde las facilidades.
Lo cierto es que poco después de la 1 de la madrugada llegaron dos automóviles, descendieron los visitantes, entraron al camposanto y recorrieron algunas de sus calles. Al llegar a la avenida principal, el violinista Cáceres desenfundó su violín, se encendieron las velas y Norka Rouskaya, despojándose de sus vestiduras (quedó en malla y cubierta con una túnica gris) empezó a danzar bajo la luz tenue entre las tumbas, al son de la danza fúnebre de Chopin. Mientras el grupo de jóvenes, entre los cuales se encontraba José Carlos Mariátegui, estaba estupefacto del espectáculo, el administrador –escandalizado- impidió que continuara la bailarina pues el permiso era solo para una visita. Pero ni modo: la noticia se había esparcido por la ciudad. Llegó el Prefecto; más tarde los involucrados prestaron declaraciones pero había un vacío legal para cualquier acto de este tipo. Solo circuló el rumor que el Arzobispado había resuelto proceder a la reconciliación del cementerio pues había sido “profanado”.
La bailarina en la piscina de la hacienda Chiclín
26/01/10: El Sistema Métrico Decimal en Lima
Luego de varios intentos fallidos, que se remontaban a la segunda mitad del siglo XIX (un primer intento fue el del presidente Miguel de San Román en 1862), por fin, al menos en Lima, la Municipalidad hizo conocer el lunes 4 de septiembre de 1916, que el Sistema Métrico Decimal quedaba establecido obligatoriamente, en sus unidades de medida, para las transacciones entre vendedores y consumidores, ya sea al por mayor o al menudeo. La ordenanza municipal establecía el plazo de 30 días para la adecuación del nuevo sistema, en todas las tiendas y mercados de la ciudad, especialmente en el Mercado Central. El nuevo sistema reemplazó al sistema de pesos y medidas español que imperaba desde los años virreinales.

Antiguo Mercado Central de Lima

Antiguo Mercado Central de Lima
25/01/10: Caos en Machu Picchu y Aguas Calientes
Un verdadero drama se vive estos días en el Cuzco por las lluvias, los huaycos y las crecidas de los ríos. Aquí me permito compartir con ustedes algunas fotos que me han enviado hoy día desde el valle del Urubamba, a la altura de Aguas Calientes...





25/01/10: Los orígenes del balneario de San Miguel
El surgimiento de esta zona de Lima no hubiera sido posible sin la construcción de la avenida Brasil. Comencemos la historia. El 30 de abril de 1898, se decretó la apertura de esta nueva arteria que comenzó a llamarse “Piérola”; la obra fue inaugurada en marzo de 1899. Esta nueva avenida provocó el crecimiento de Magdalena Vieja, actual Pueblo Libre, el desarrollo del barrio de Magdalena Nueva (o Magdalena del Mar) para una clase media acomodada y luego, a partir de 1913, el del “Balneario de San Miguel”. Esta urbanización, semilla del futuro distrito de San Miguel, se inició alrededor de una obra muy singular realizada por el propietario de ese fundo, Federico Gallese. Consistía en la construcción de una gran piscina de agua de mar que se bombeaba desde el pie de los acantilados por medio de una electrobomba que era movida por los desagües de la piscina, de la urbanización y de las sangraderas de los fundos San Miguel y Orbea. El edificio que albergaba la piscina todavía existe, convertido ahora en escuela, frente a la plaza principal del distrito. Seguramente, el proyecto de esta piscina se hizo por lo complicado que es bañarse en el mar de San Miguel, con mucha piedra y las olas que revientan en los acantilados.
San Miguel en la década de 1920
San Miguel en la década de 1920
24/01/10: El Palais Concert

Foto antigua del Palais Concert, ubicado en el cruce de lo que es hoy e jirón de la Unión y Emancipación
Según algunas fuentes, el martes 29 de febrero de 1913, a las 6 de la tarde, en su famoso local de la esquina de la calle Baquíjano, se inauguró el Palais Concert, a imitación del Cafè de la Paix de París, por obra de los señores Visconti y Velásquez. Hecho a todo lujo y gusto, esta confitería y bar tenía cine, teatro de variedades y una orquesta –compuesta por señoritas- que tocaba valses vieneses. La decoración era extraña para los limeños de entonces: profusión de luces eléctricas, espejos en las columnas y paredes, lunas en blanco y amarillo que separaban los ambientes, las puertas y ventanas con lunas vitró, escaleras de mármol y palcos bien alumbrados. La ceremonia de inauguración estuvo presidida por el alcalde de Lima, Nicanor Carmona, quien, después de pronunciar un breve discurso, brindó con champán. El local, con sus modernas máquinas, fabricaba sus propios helados, pastas y confitura. Desde el día de su inauguración, el local se convirtió en el principal punto de encuentro de la sociedad limeña y su aforo era desbordado cuando se recibía el Año Nuevo. Según la revista Variedades, la pobre "vida nocturna" de entonces mejoraría notablemente con la apertura del Palais Concert, lugar de encuentro de la elite social e intelectual de Lima. En 1921, se hicieron cargo del negocio los señores Alberto Gamarra y Enrique Valenzuela hasta que cayó en la decadencia y cerró sus puertas en 1930.
Sin embargo, el diario El Comercio, da otra fecha respecto a la inauguración del famoso local entre las calles Baquíjano y Minería: "Ayer a las 6 de la tarde se inauguró la confitería Maury, situada en el piso principal y planta baja del hermoso edificio, recientemente construido, en la esquina de Baquíjano. Este nuevo establecimiento, uno de los mejores que hoy poseemos, es hecho a todo costo y lujo, con su cine, Palais Concert y teatro de variedades, responde a todas las exigencias de la vida moderna, con sus comodidades y buen tono. El ala principal de lainmensa sala está dividida en tres secciones: la confitería, el bar y el salón, elegantemente arreglado. En el fondo y al centro se encuentra la orquesta. La profusión de luces eléctricas es considerable y al reflearse en los espejos que tapizan las columnas y paredes, presenta un aspecto extraño y hermoso. La parte principal y la central de la sala, están separadas por una inmensa división de lunas de color blanco y amarillo. Forman las puertas y ventanas grandes lunas vitró, de caprichosas y bellas combinaciones. Cuatro escaleras de mármol conducen a la planta baja del edificio, a cuyo frente se ven dos pequeños escenarios: el del cine y el del teatro de variedades; en el centro los divide el lienzo de una bella alegoría. Las decoraciones han sido pintadas por el conocido escenógrafo señor Narváez. Al pie de los proscenios se encuentra la orquesta. Varios palcos, bien alumbrados, con buen número de ventiladores que contrarresten los rigores de la estación, harán de este punto de reunión de nuestra culta sociedad. Una moderna maquinaria y buen personal en el servicio, responde a la exquisita fabricación de helados, pastas y confitura. Apadrinó la ceremonia el alcalde del honorable Concejo Provincial, señor Nicanor M. Carmona, quien brindó, en ese acto, una copa de champaña con adecuadas frases. Crecida y selecta concurrencia, invadió hasta altas horas de la noche los varios compartimentos del Palais Concert, donde la orquesta de las damas vienesas dejó oír los acordes de una música, movida y retozona, que comunicaba a los nervios la vida de sus notas, o los suaves y sentimentales sonidos de los violines húngaros, que llegaban al alma intensamente. Allí esperó gran cantidad de gente el amanecer del año nuevo" (1 de enero de 1913).

Interior del Palais Concert
Abraham Valdelomar y un grupo de damas que actuaba en el Palais Concert
Todos los testimonios coinciden en que el plato popular por excelencia, el preferido por los limeños, era el sancochado, descendiente del puchero, de origen español. Desde el siglo XIX, para los trabajadores, comer carne (ingrediente fundamental del sancochado) implicaba algo más que experimentar “solidez” en el estómago. Para los médicos, el caldo que resultaba, si además se le habían echado los huesos y las carnes gordas, era un líquido muy nutritivo, incluso superior a la leche. Era muy corriente ver a los obreros consumir hasta dos platos de sancochado y hacer gala de su almuerzo. Tan enraizado era en Lima el consumo del sancochado que la ración diaria que recibía cada preso en la Penitenciería era “12 onzas de carne, 8 onzas de arroz, papas o camotes, 1 onza de fideos, ½ onza de manteca, 6 de menestras, 4 de pan y 2 de verduras” (nótese la preponderancia de la carne en el sancochado). El problema fue que, hacia la década de 1910, debido a la expansión de la agricultura de exportación en la costa (caña y algodón), las tierras (pastizales) que antes servían para criar ganado vacuno se vieron seriamente reducidas y bajó la producción de carne con el consiguiente aumento de su precio en los mercados. Cada año, por ejemplo, disminuía el número de cabezas sacrificadas en el “matadero” de Lima, mientras aumentaba la población capitalina. Con todo, hacia 1919, el consumo semanal de carne por habitante en Lima era de 913 gramos, casi un kilo, mucho más que en nuestros días. El sancochado seguía siendo el rey de la mesa popular.

Antiguo Matadero General de Lima

Antiguo Matadero General de Lima
22/01/10: El ángel de la iglesia de Santo Domingo
Seguramente, pocos limeños han advertido que en la punta superior de la torre del campanario de la iglesia de Santo Domingo hay un Ángel de cuerpo entero. Hasta 1940, la figura miraba hacia la iglesia de La Recoleta; es decir, su “mirada” se extendía por todo el largo de lo que es hoy el jirón Camaná, por el que desfilaba una famosa procesión de la Lima antigua llamada de los “Once Santos”, pues eran 11 andas las que formaban parte de ella. Sin embargo, luego del fuerte terremoto de 1940, el ángel dio un pequeño “giro” y hoy mira hacia la Catedral o Plaza de Armas.
Imagen del ángel cuando aún "miraba" hacia el jirón Camaná
Imagen del ángel cuando aún "miraba" hacia el jirón Camaná
Sabemos que cuando se derribaron las antiguas murallas de Lima se abrieron, en el trazo que ocupaban, amplias avenidas que debían tener forma de boulevar. Una de ellas es la avenida Alfonso Ugarte. Sin embargo, entre finales del siglo XIX e inicios del XX, se le conocía como “Carretera del Gas” porque sobre ella estaba la fábrica de gas que surtía de este combustible a la ciudad. El tema es que las cenizas que emanaba la fábrica caían sobre el suelo y lo impregnaban de una capa que impedía el crecimiento de cualquier planta. Era tierra muerta, de color muy oscuro y con fuerte olor a gas. Felizmente, cuando el alumbrado eléctrico se extendió, la empresa quebró. Poco después se inauguraba la "Alameda Circunvalación", rebautizada luego como avenida "Alfonso Ugarte" con un aspecto muy vistoso: por todo su trayecto fueron plantadas cuatro hileras de álamos.

Antigua postal de la "Alameda Circunvalación" (luego, avenida "Alfonso Ugarte"); al fondo, la plaza "Dos de Mayo"

Antigua postal de la "Alameda Circunvalación" (luego, avenida "Alfonso Ugarte"); al fondo, la plaza "Dos de Mayo"
21/01/10: La Lima que ya fue (3)
Entre finales de la década de 1930 e inicios de la de 1940, como apunta el arquitecto Juan Günter (en el libro Lima, que escribió junto al desaparecido historiador Guillermo Lohmann. Madrid: Mapfre, 1992), el municipio de Lima y la Dirección de Urbanismo del antiguo Ministerio de Fomento idean un plan para racionalizar el tráfico del centro histórico de la capital. Se trataba de la apertura de cinco vías que formaban un cinturón alrededor del centro. Estas nuevas aterias formaban una especie de pentágono cuya base era el Malecón del Rímac y cuyos demás lados consistían en el ensanche de los jirones Tacna y Abancay, así como la prolongación de las avenidas Wilson y Bolivia.
Lo cierto es que la ejecución de este plan hizo un enorme daño a la ciudad, pues se destruyeron muchos edificios coloniales, y crearon, con los ensanches, pésimos espacios urbanos que terminaron quitándole prestancia (belleza) al centro, como son las avenidas Tacna y Abancay. En otras palabras: el sacrificio no valió la pena, y lo vemos hasta hoy. Aquí un breve recuento de la destrucción perpetrada:
1. El ensanche de la avenida Abancay significó la desaparición total del convento e iglesia de Santa Teresa ("la mejor obra barroca de Lima", según Harold E. Wethey) y del Colegio San Pablo de la Compañía de Jesús; asimismo, la destrucción parcial de los conventos de la Concepción y San Francisco. Esto sin mencionar la desaparición de infinidad de casonas coloniales.
2. La construcción de la avenida Tacna, por su lado, destruyó la iglesia de Santa Rosa y parcialmente el convento de las Nazarenas.
3. La avenida Bolivia, finalmente, borró del mapa a la iglesia de Belén, antigua Recoleta Mercedaria.

Iglesia de Santa Teresa, demolida para abrir la avenida Abancay

Calle Trapitos, cuyos edificios fueron arrasados para construir la avenida Abancay

Antigua iglesia de Santa Rosa, destruida para dar paso a la avenida Tacna
Lo cierto es que la ejecución de este plan hizo un enorme daño a la ciudad, pues se destruyeron muchos edificios coloniales, y crearon, con los ensanches, pésimos espacios urbanos que terminaron quitándole prestancia (belleza) al centro, como son las avenidas Tacna y Abancay. En otras palabras: el sacrificio no valió la pena, y lo vemos hasta hoy. Aquí un breve recuento de la destrucción perpetrada:
1. El ensanche de la avenida Abancay significó la desaparición total del convento e iglesia de Santa Teresa ("la mejor obra barroca de Lima", según Harold E. Wethey) y del Colegio San Pablo de la Compañía de Jesús; asimismo, la destrucción parcial de los conventos de la Concepción y San Francisco. Esto sin mencionar la desaparición de infinidad de casonas coloniales.
2. La construcción de la avenida Tacna, por su lado, destruyó la iglesia de Santa Rosa y parcialmente el convento de las Nazarenas.
3. La avenida Bolivia, finalmente, borró del mapa a la iglesia de Belén, antigua Recoleta Mercedaria.

Iglesia de Santa Teresa, demolida para abrir la avenida Abancay

Calle Trapitos, cuyos edificios fueron arrasados para construir la avenida Abancay

Antigua iglesia de Santa Rosa, destruida para dar paso a la avenida Tacna
20/01/10: La Lima que nunca fue
Aquí vamos a desempolvar proyectos arquitectónicos que nunca se realizaron en Lima. Quizá el primer antecedente del siglo XX, fue cuando el presidente Guillermo Billinghurst, en 1912, propuso la construcción de un puente que uniera La Punta con la Isla San Lorenzo. La fuente es la revista El Arquitecto Peruano (1937-1977), fundada por el arquitecto y ex presidente Fernando Belaude Terry. Aquí los principales obras de la Lima “imposible”, según el estudio de hizo José Luis Villanueva Castañeda "Lima (im)posible. Proyectos no realizados publicados en El arquitecto Peruano" (Logo/topo, n°1, 2008):
1. La cúpula del Palacio de Justicia.- Ya la propia construcción de este edificio provocó una fuerte polémica por su poca originalidad, ya que era una copia casi fiel del Palacio de Justicia de Bruselas; la crítica también subrayaba su estilo anacrónico, propio del siglo XIX. Pero, contra viento y marea, la obra, realizada por Bruno Paprocky, continuó y la idea era que Lima contara con una construcción monumental, a la par de otras ciudades latinoamericanas (por ello, su estrecho parecido al Palacio del Congreso en Buenos Aires). El proyecto, inicialmente, contemplaba la cúpula, pero, por razones económicas, nunca se construyó.
b. El proyecto de una basílica para Santa Rosa de Lima.- Este fue el proyecto no realizado más comentado y difundido a lo largo de varios años. La primera referencia al proyecto data de 1939 (número del 18 de enero) cuando la revista publicó una serie de imágenes sobre la basílica. Iba a tener una gran portada coronada con la imagen de la santa limeña, precedida por una gran plaza y un sendero procesional hacia unas escalinatas de piedra. El proyecto era del arquitecto Héctor Velarde y se basaba en uno que había sido escrito por Manuel Piqueras Cotolí. De esta manera, se formó el Comité Nacional de Señoras Pro-Basílica Santa Rosa, presidido por Anita Fernandino de Álvarez-Calderón. ¿Qué pasó luego de este entusiasmo inicial? Uno de los primeros inconvenientes era su monumentalidad y el carácter indigenista del diseño. En efecto, el proyecto era demasiado indígena para los sectores conservadores en el poder, que además defendían la estirpe colonial de Lima. Además, la heredera de Piqueras Cotolí enviaron una carta al Comité para que no se utilicen los proyectos o ideas de su difunto esposo. Otro problema era dónde encontrar los 35 mil metros cuadrados que requería la obra según el diseño: 5 mil para la basílica y el resto para la plaza con sus jardines. Si la nueva basílica reemplazaba al actual convento y claustro de Santa Rosa (en la avenida Tacna), no solo se hubiera tenido que destruir ese templo sino usar 4 manzanas para montar la plaza. Por ello, se pensó como una posible ubicación el Cerro San Cristóbal. Finalmente, el 15 de abril de 1959, se declaró Monumento Nacional al convento de Santa Rosa y así se puso punto final al proyecto.
c. La nueva plaza de Acho.- El primer proyecto de reforma data de 1939 cuando el ingeniero Luis Velásquez (número de octubre) propuso rebajar el nivel del ruedo 50 metros para reducir su diámetro a 62 metros y ampliar la capacidad de sus instalaciones. Otro proyecto data de 1941 cuando el arquitecto Gabriel Tizón Ferreyros propuso elevar el aforo de la plaza a 25 personas. Finalmente, en 1944 se iniciaron los trabajos de remodelación de la plaza bajo otro proyecto, encabezado por los hermanos Fernando y Antonio Graña Elizalde y el ingeniero Alejandro Graña Garland.
d. Un nuevo Terminal terrestre.- En 1940 el arquitecto Fernando Dammert (número de noviembre) presentó un proyecto para dotar a Lima de un Terminal terrestre que hasta ahora requiera nuestra ciudad. Este proyecto estaba propuesto para ubicarse al frente de la Plaza de Acho, con diversas estaciones, áreas verdes y un edificio destinado al embarque y desembarque de pasajeros.
e. El nuevo Estadio Nacional.- La idea era que Lima contara con un gran Estadio Nacional, de acuerdo alas expectativas de los deportistas y las competencias internacionales. Así, en 1942, el arquitecto Félix Cárdenas Castro presentó la primera propuesta par revolucionar la infraestructura deportiva peruana. El nuevo estadio estaba emplazado entre Lima y callao, en la actual avenida Venezuela y se extendería en una superficie de más de un millón de metros cuadrados, más ambicioso que el actual Estadio nacional. En realidad se trataba de una gran Ciudad Deportiva, donde el estadio, para 100 mil espectadores, abarcaría 65 mil metros cuadrados. Al final, la obra del nuevo estadio se paralizó por problemas económicos y, años más tarde, el gobierno cedió ese inmenso terreno, con el estadio a medio hacer, para que se construya la Ciudad Universitaria de San Marcos.
f. El coliseo cerrado de Miraflores.- En 1966, tres arquitectos hicieron una propuesta para construir un coliseo cerrado en Miraflores aprovechando la pendiente en el Malecón de la Reserva. La idea era convertir al malecón de Miraflores en un gran centro de recreación, con áreas verdes y centros deportivos. La ubicación era estratégica pues los accesos podía ser desde las avenidas Armendariz y La Paz o desde el Paseo de la República; también se pensó en un puente para unir Miraflores con Barranco. El coliseo tenía capacidad para 12 mil espectadores y, dentro de él, podían practicarse tenis, básquet, vóley, boxeo, etc. Era una especie de polideportivo metropolitano.
g. La plaza Perú.- En 1938 (número de octubre) se publicó un gran proyecto urbano de tipo paisajista. Ideado por el arquitecto Bruno Paprocky, se trataba de una sucesión de 4 grandes plazas ubicadas en las manzanas del damero de Pizarro y que dejaban al descubierto, y frente afrente, el Palacio de Gobierno y el Palacio Legislativo, además de otros monumentos de carácter histórico, como la Estación de Desamparados y el convento de San Francisco. El proyecto hacía incapié en “La necesidad de construir una gran plaza en la parte central de Lima antigua que, embelleciendo una zona que daría frente a nuestros principales edificios públicos, al mismo tiempo que ayudaría a resolver el gravísimo problema actual del estacionamiento de carros al presente y para el futuro”. En efecto, el proyecto contemplaba la construcción de un gran estacionamiento subterráneo en las cuatro manzanas que abarcaba la Plaza Perú. Finalmente, cada plaza debía destinarse a representar una parte de la historia del Perú: el Incanato, el Virreinato, La Independencia y la República (en el proyecto, cada plaza debía tener una escultura central que la identificara y, en los jardines laterales, esculturas de diversos artistas de todo el Perú).
h. El megapuerto en la isla San Lorenzo.- Este megaproyecto no aparece en el Arquitecto Peruano; está en Internet (www.megapuerto.net) y es relativamente reciente, pues se remonta a finales de la década de 1990. Se trata de un proyecto integral, “llamado Mega Terminal Multimodal de la Isla San Lorenzo-Callao, que se conecta con el Corredor Interoceánico Pacífico-Atlántico, Perú-Brasil como partes de la cadena logística al servicio de súper naves post panamax (SPPS), ultra largas de contenedores (ULCS), súper cruceros (SCS) y súper aeronaves en actual operación en mas del 60% del transporte mundial y que para el año 2015 serán más del 80% transportando mas de los 1,200 millones de TM/año de carga de América Latina, que por exigencias de precios mas competitivos que los barcos panamax (naves diseñados para cruzar por el canal de Panamá inaugurado en el año1914 ), por demandas de máxima competitividad inherente a la globalización del transporte interoceánico y del comercio internacional insertados en macro economías de escala máxima, y por vital necesidad pública, por interés social de reducir sobre costos portuarios, navieros y aerocomerciales y por preferente interés nacional de superar ineficiencias, monopolios y riesgosa dependencia foránea del transporte marítimo y aerocomercial que comprometen la seguridad nacional y afecta nuestros estándares de desarrollo e integración”.
PROYECTOS CONCEBIDOS DURANTE EL "ONCENIO" DE LEGUÍA...

Así era el nuevo palacio municipal que quería construir Leguía, con cierto parecido al de Bruselas; el Museo de la Cultura Peruana, ubicado en la avenida Alfonso Ugarte, sí se llegó a concretar.

Así debía quedar el Paseo de la Repúiblica, con el Palacio de Justicia y su cúpula; abajo, el hall del Teatro Municipal, obra que sí se concluyó.

Esta fue la proyectada Avenida 28 de julio, que debía unir la Plaza de Armas con la Plaza San martín

Este es otro proyecto que nunca se realizó: un malecón sobre la margen izquierda del río Rímac
1. La cúpula del Palacio de Justicia.- Ya la propia construcción de este edificio provocó una fuerte polémica por su poca originalidad, ya que era una copia casi fiel del Palacio de Justicia de Bruselas; la crítica también subrayaba su estilo anacrónico, propio del siglo XIX. Pero, contra viento y marea, la obra, realizada por Bruno Paprocky, continuó y la idea era que Lima contara con una construcción monumental, a la par de otras ciudades latinoamericanas (por ello, su estrecho parecido al Palacio del Congreso en Buenos Aires). El proyecto, inicialmente, contemplaba la cúpula, pero, por razones económicas, nunca se construyó.
b. El proyecto de una basílica para Santa Rosa de Lima.- Este fue el proyecto no realizado más comentado y difundido a lo largo de varios años. La primera referencia al proyecto data de 1939 (número del 18 de enero) cuando la revista publicó una serie de imágenes sobre la basílica. Iba a tener una gran portada coronada con la imagen de la santa limeña, precedida por una gran plaza y un sendero procesional hacia unas escalinatas de piedra. El proyecto era del arquitecto Héctor Velarde y se basaba en uno que había sido escrito por Manuel Piqueras Cotolí. De esta manera, se formó el Comité Nacional de Señoras Pro-Basílica Santa Rosa, presidido por Anita Fernandino de Álvarez-Calderón. ¿Qué pasó luego de este entusiasmo inicial? Uno de los primeros inconvenientes era su monumentalidad y el carácter indigenista del diseño. En efecto, el proyecto era demasiado indígena para los sectores conservadores en el poder, que además defendían la estirpe colonial de Lima. Además, la heredera de Piqueras Cotolí enviaron una carta al Comité para que no se utilicen los proyectos o ideas de su difunto esposo. Otro problema era dónde encontrar los 35 mil metros cuadrados que requería la obra según el diseño: 5 mil para la basílica y el resto para la plaza con sus jardines. Si la nueva basílica reemplazaba al actual convento y claustro de Santa Rosa (en la avenida Tacna), no solo se hubiera tenido que destruir ese templo sino usar 4 manzanas para montar la plaza. Por ello, se pensó como una posible ubicación el Cerro San Cristóbal. Finalmente, el 15 de abril de 1959, se declaró Monumento Nacional al convento de Santa Rosa y así se puso punto final al proyecto.
c. La nueva plaza de Acho.- El primer proyecto de reforma data de 1939 cuando el ingeniero Luis Velásquez (número de octubre) propuso rebajar el nivel del ruedo 50 metros para reducir su diámetro a 62 metros y ampliar la capacidad de sus instalaciones. Otro proyecto data de 1941 cuando el arquitecto Gabriel Tizón Ferreyros propuso elevar el aforo de la plaza a 25 personas. Finalmente, en 1944 se iniciaron los trabajos de remodelación de la plaza bajo otro proyecto, encabezado por los hermanos Fernando y Antonio Graña Elizalde y el ingeniero Alejandro Graña Garland.
d. Un nuevo Terminal terrestre.- En 1940 el arquitecto Fernando Dammert (número de noviembre) presentó un proyecto para dotar a Lima de un Terminal terrestre que hasta ahora requiera nuestra ciudad. Este proyecto estaba propuesto para ubicarse al frente de la Plaza de Acho, con diversas estaciones, áreas verdes y un edificio destinado al embarque y desembarque de pasajeros.
e. El nuevo Estadio Nacional.- La idea era que Lima contara con un gran Estadio Nacional, de acuerdo alas expectativas de los deportistas y las competencias internacionales. Así, en 1942, el arquitecto Félix Cárdenas Castro presentó la primera propuesta par revolucionar la infraestructura deportiva peruana. El nuevo estadio estaba emplazado entre Lima y callao, en la actual avenida Venezuela y se extendería en una superficie de más de un millón de metros cuadrados, más ambicioso que el actual Estadio nacional. En realidad se trataba de una gran Ciudad Deportiva, donde el estadio, para 100 mil espectadores, abarcaría 65 mil metros cuadrados. Al final, la obra del nuevo estadio se paralizó por problemas económicos y, años más tarde, el gobierno cedió ese inmenso terreno, con el estadio a medio hacer, para que se construya la Ciudad Universitaria de San Marcos.
f. El coliseo cerrado de Miraflores.- En 1966, tres arquitectos hicieron una propuesta para construir un coliseo cerrado en Miraflores aprovechando la pendiente en el Malecón de la Reserva. La idea era convertir al malecón de Miraflores en un gran centro de recreación, con áreas verdes y centros deportivos. La ubicación era estratégica pues los accesos podía ser desde las avenidas Armendariz y La Paz o desde el Paseo de la República; también se pensó en un puente para unir Miraflores con Barranco. El coliseo tenía capacidad para 12 mil espectadores y, dentro de él, podían practicarse tenis, básquet, vóley, boxeo, etc. Era una especie de polideportivo metropolitano.
g. La plaza Perú.- En 1938 (número de octubre) se publicó un gran proyecto urbano de tipo paisajista. Ideado por el arquitecto Bruno Paprocky, se trataba de una sucesión de 4 grandes plazas ubicadas en las manzanas del damero de Pizarro y que dejaban al descubierto, y frente afrente, el Palacio de Gobierno y el Palacio Legislativo, además de otros monumentos de carácter histórico, como la Estación de Desamparados y el convento de San Francisco. El proyecto hacía incapié en “La necesidad de construir una gran plaza en la parte central de Lima antigua que, embelleciendo una zona que daría frente a nuestros principales edificios públicos, al mismo tiempo que ayudaría a resolver el gravísimo problema actual del estacionamiento de carros al presente y para el futuro”. En efecto, el proyecto contemplaba la construcción de un gran estacionamiento subterráneo en las cuatro manzanas que abarcaba la Plaza Perú. Finalmente, cada plaza debía destinarse a representar una parte de la historia del Perú: el Incanato, el Virreinato, La Independencia y la República (en el proyecto, cada plaza debía tener una escultura central que la identificara y, en los jardines laterales, esculturas de diversos artistas de todo el Perú).
h. El megapuerto en la isla San Lorenzo.- Este megaproyecto no aparece en el Arquitecto Peruano; está en Internet (www.megapuerto.net) y es relativamente reciente, pues se remonta a finales de la década de 1990. Se trata de un proyecto integral, “llamado Mega Terminal Multimodal de la Isla San Lorenzo-Callao, que se conecta con el Corredor Interoceánico Pacífico-Atlántico, Perú-Brasil como partes de la cadena logística al servicio de súper naves post panamax (SPPS), ultra largas de contenedores (ULCS), súper cruceros (SCS) y súper aeronaves en actual operación en mas del 60% del transporte mundial y que para el año 2015 serán más del 80% transportando mas de los 1,200 millones de TM/año de carga de América Latina, que por exigencias de precios mas competitivos que los barcos panamax (naves diseñados para cruzar por el canal de Panamá inaugurado en el año1914 ), por demandas de máxima competitividad inherente a la globalización del transporte interoceánico y del comercio internacional insertados en macro economías de escala máxima, y por vital necesidad pública, por interés social de reducir sobre costos portuarios, navieros y aerocomerciales y por preferente interés nacional de superar ineficiencias, monopolios y riesgosa dependencia foránea del transporte marítimo y aerocomercial que comprometen la seguridad nacional y afecta nuestros estándares de desarrollo e integración”.
PROYECTOS CONCEBIDOS DURANTE EL "ONCENIO" DE LEGUÍA...

Así era el nuevo palacio municipal que quería construir Leguía, con cierto parecido al de Bruselas; el Museo de la Cultura Peruana, ubicado en la avenida Alfonso Ugarte, sí se llegó a concretar.

Así debía quedar el Paseo de la Repúiblica, con el Palacio de Justicia y su cúpula; abajo, el hall del Teatro Municipal, obra que sí se concluyó.

Esta fue la proyectada Avenida 28 de julio, que debía unir la Plaza de Armas con la Plaza San martín

Este es otro proyecto que nunca se realizó: un malecón sobre la margen izquierda del río Rímac
19/01/10: La Lima que ya fue (2)
DEL SIGLO XIX AL SIGLO XX (1879-1940).- Desde la administración del presidente Piérola, Lima inicia un lento proceso de modernización urbano y arquitectónico, como el emprendido por el barón de Haussmann en París; además, el molde hispánico de las casas van a dar paso a los estilos francés e inglés, y. a partir de la década de la década de 1920, norteamericano; también los estilos neoprehispánico, neocolonial y el Art-Noveau. Asimismo, se prohíbe el uso de la quincha y el adobe por medidas de saneamiento, así como de los balcones de cajón por temor a los incendios.
a. La apertura de la avenida la Colmena y la construcción del Parque Universitario (1899).- Esta obra, impulsada por el presidente Piérola, en realidad, se realizó por etapas, en un periodo de 64 años, hasta 1963. Primero fue desde la plaza Dos de Mayo a la calle la Selva; luego hasta la calle San Carlos, lo que comprendía la estación de San Juan de Dios y el monasterio de la Encarnación; luego de la calle San Carlos a la avenida Abancay, con la construcción del Parque Universitario; finalmente, hasta la avenida Grau. Lo cierto es que la apertura de esta gran avenida tuvo como consecuencia la destrucción de numerosas manzanas de trazo virreinal y de numerosas casas, por no mencionar la división del monasterio de la Encarnación, anular el hospicio de San Carlos, descontextualizar el conjunto de la iglesia del mismo nombre, hoy Panteón de los Próceres. Quizá lo único positivo fue la creación del Parque Universitario, pero nunca podría compensar la pérdida de numerosos inmuebles. Por último, fueron numerosas las manzanas que se destruyeron para hacer llegar la nueva arteria hasta ala venida Grau que dividió en dos, a su paso, el cuartel de Santa Catalina.

Apertura de La Colmena desde la plaza Dos de Mayo

Parque Universitario a finales de la década de 1920

Hospicio Candamo, ya desaparecido (estaba donde hoy está "El Hueco", en el Parque Universitario)
b. La destrucción del conjunto monumental de la plaza de la Inquisición (1866-1910).- En 1866, se destruyó la capilla de San Pedro Mártir, anexa al Tribunal del Santo Oficio, para dar sitio a la estación de bomberos Roma Nº 1. Luego, en 1897, se cambió la fachada del local de la Inquisición por otra amanera de templo griego, con columnata y rematada con frontis triangular; afortunadamente, se respetó la sala principal con su espectacular techo artesonado del siglo XVIII. Finalmente, en 1905 se demolió el histórico local de la Real Universidad de San Marcos (donde funcionaba el Congreso desde los tiempos de San Martín) para dar cabida al actual edificio del Palacio Legislativo. Hoy, de la antigua Plaza de la Inquisición, solo queda la casona en esquina entre la Caridad y San Pedro Mártir con su balcón esquinero color verde.

Plaza de la Inquisición (al fondo, iglesia de la Caridad, ya desaparecida)
c. La alteración de la plazuela de San Agustín (1903-1908).- En la guerra civil de 1895, una bala de cañón dirigida por las tropas de Cáceres contra las huestes pierolistas dañó gravemente la única torre que le quedaba a la iglesia de San Agustín (la otra fue derribada por el terremoto de 1746). Esto sirvió de pretexto para que los frailes agustinos emprendieran una de las más lamentables reformas que sufrió iglesia alguna en Lima. Así, en 1902 se decidió reconstruirla. Se derribó todo el techo de la iglesia y se retiró el zócalo de azulejos. Del antiguo templo no quedó nada, porque hasta la pared del altar desapareció. Se alteró el interior y el exterior del edificio, se demolió la magnífica torre, se eliminó la cúpula y el crucero, se desmontó el techo, se destruyó la escalera imperial del claustro principal, en fin, se quitó todo lo bueno y se dejó la apariencia pobre y lamentable que hoy luce su interior.

Iglesia de San Agustín con su hermosa torre (siglo XIX)
OTROS MONUMENTOS QUE YA NO ESTÁN...

Puerta de Maravillas, en los Barrios Altos, camino al Cementerio

Finca y molino de Copacabana, propiedad de Micaela Villegas, en la Alameda de los Descalzos (hoy se encuentra allí la Backus y Johnsson

Antiguo Palacio Municipal, de origen colonial
a. La apertura de la avenida la Colmena y la construcción del Parque Universitario (1899).- Esta obra, impulsada por el presidente Piérola, en realidad, se realizó por etapas, en un periodo de 64 años, hasta 1963. Primero fue desde la plaza Dos de Mayo a la calle la Selva; luego hasta la calle San Carlos, lo que comprendía la estación de San Juan de Dios y el monasterio de la Encarnación; luego de la calle San Carlos a la avenida Abancay, con la construcción del Parque Universitario; finalmente, hasta la avenida Grau. Lo cierto es que la apertura de esta gran avenida tuvo como consecuencia la destrucción de numerosas manzanas de trazo virreinal y de numerosas casas, por no mencionar la división del monasterio de la Encarnación, anular el hospicio de San Carlos, descontextualizar el conjunto de la iglesia del mismo nombre, hoy Panteón de los Próceres. Quizá lo único positivo fue la creación del Parque Universitario, pero nunca podría compensar la pérdida de numerosos inmuebles. Por último, fueron numerosas las manzanas que se destruyeron para hacer llegar la nueva arteria hasta ala venida Grau que dividió en dos, a su paso, el cuartel de Santa Catalina.

Apertura de La Colmena desde la plaza Dos de Mayo

Parque Universitario a finales de la década de 1920

Hospicio Candamo, ya desaparecido (estaba donde hoy está "El Hueco", en el Parque Universitario)
b. La destrucción del conjunto monumental de la plaza de la Inquisición (1866-1910).- En 1866, se destruyó la capilla de San Pedro Mártir, anexa al Tribunal del Santo Oficio, para dar sitio a la estación de bomberos Roma Nº 1. Luego, en 1897, se cambió la fachada del local de la Inquisición por otra amanera de templo griego, con columnata y rematada con frontis triangular; afortunadamente, se respetó la sala principal con su espectacular techo artesonado del siglo XVIII. Finalmente, en 1905 se demolió el histórico local de la Real Universidad de San Marcos (donde funcionaba el Congreso desde los tiempos de San Martín) para dar cabida al actual edificio del Palacio Legislativo. Hoy, de la antigua Plaza de la Inquisición, solo queda la casona en esquina entre la Caridad y San Pedro Mártir con su balcón esquinero color verde.

Plaza de la Inquisición (al fondo, iglesia de la Caridad, ya desaparecida)
c. La alteración de la plazuela de San Agustín (1903-1908).- En la guerra civil de 1895, una bala de cañón dirigida por las tropas de Cáceres contra las huestes pierolistas dañó gravemente la única torre que le quedaba a la iglesia de San Agustín (la otra fue derribada por el terremoto de 1746). Esto sirvió de pretexto para que los frailes agustinos emprendieran una de las más lamentables reformas que sufrió iglesia alguna en Lima. Así, en 1902 se decidió reconstruirla. Se derribó todo el techo de la iglesia y se retiró el zócalo de azulejos. Del antiguo templo no quedó nada, porque hasta la pared del altar desapareció. Se alteró el interior y el exterior del edificio, se demolió la magnífica torre, se eliminó la cúpula y el crucero, se desmontó el techo, se destruyó la escalera imperial del claustro principal, en fin, se quitó todo lo bueno y se dejó la apariencia pobre y lamentable que hoy luce su interior.
Iglesia de San Agustín con su hermosa torre (siglo XIX)
OTROS MONUMENTOS QUE YA NO ESTÁN...

Puerta de Maravillas, en los Barrios Altos, camino al Cementerio

Finca y molino de Copacabana, propiedad de Micaela Villegas, en la Alameda de los Descalzos (hoy se encuentra allí la Backus y Johnsson

Antiguo Palacio Municipal, de origen colonial
18/01/10: La Lima que ya fue (1)
Lima, la antigua capital de los virreyes, que hoy cumple un año más de su fundación, albergaba, dentro de sus murallas, un invalorable patrimonio monumental que, lamentablemente, a lo largo de la época republicana, ha sido depredado por la irracional acción de sus propios habitantes en busca de un distorsionado concepto de modernidad. En otras palabras: la anulación irreversible de monumentos arquitectónicos de gran valor histórico y artístico, junto a la pérdida de la memoria de la ciudad. Gran parte, por ejemplo, de la Lima que apuntó Rugendas en sus acuarelas o que recogió Courret en sus fotografías, simplemente, ya no existe. Conventos, templos, casonas, palacios o colegios han desaparecido o se han degradado. Cabe subrayar que la “destrucción” sistemática del Centro Histórico de nuestra ciudad ha sido, básicamente, obra del hombre (planes urbanísticos, negligencia o incendios) y no de la naturaleza (sismos, huaycos o inundaciones). A continuación, sobre la base del estudio de Luis Martín Bogdanovich "Lima centro histórico. La destrucción como historia. Periodo 1822-1940" (Logo/topo, n°1, 2008) haremos una historia de los principales “hitos” de este triste proceso hasta la década de 1940.
EL SIGLO XIX (1822-1879).- La Lima virreinal llegó casi intacta hasta mediados del siglo XIX cuando, con el apogeo del guano, comienzan cambiar su fisonomía y costumbres. No solo desaparecen las “tapadas” sino que el espacio urbano cambia con la construcción de la Penitenciería de Lima, el mercado de la Concepción y el hospital Dos de Mayo; además, las plazas, plazuela y alamedas cambian con el ordenamiento des sus jardines y con la incursión de numerosas esculturas, como las que se instalaron en la Plaza Bolívar, la Alameda de los Descalzos o en la Plaza de Armas. Durante este periodo ¿cuáles fueron las principales destrucciones?
a. La demolición de un sector del convento Nuestra Señora de la Gracia para dar paso a la plazuela del Teatro (1822-1847).- En efecto, se produce la lenta demolición de un sector del convento de San Agustín para cederlo a otros fines. Se trata de la “desacralización” de un espacio para hacer una plaza y facilitar el estacionamiento de coches y carrozas frente al Teatro de la Comedia (donde hoy está el teatro Segura) sin obstaculizar el tránsito.

Plazuela del Teatro hacia 1868
b. La demolición del hospital e iglesia de San Juan de Dios (1848-1851).- Esta iglesia fue, junto a la de San Francisco, la primera obra plenamente barroca de Lima. Lo cierto fue que, el 6 de diciembre de 1848, el gobierno de Castilla decretó la construcción del ferrocarril Lima-Callao, lo que obligaba levantar la respectiva estación de tren. En otro ejemplo de “desacralización” del espacio urbano, tanto el hospital y la iglesia, ubicados en lo que es hoy la Plaza San Martín, fueron demolidos para dar paso a la construcción de la estación del ferrocarril Lima-Callao.

Iglesia de san Juan de Dios durante su demolición

c. La mutilación del monasterio de Nuestra Señora de la Limpia Concepción para dar paso al mercado del mismo nombre (1851-1855).- Desde los tiempos virreinales, el servicio público de basto de Lima se había dado en la Plaza de Armas. Luego se dio en la Plaza de la Inquisición hasta la construcción de un moderno mercado de abastos para la ciudad. El gobierno de Echenique convocó a concurso para levantar la nueva obra y se expropió una manzana, es decir, la mitad del monasterio de la Limpia Concepción. Este mercado sufrió un incendio en la década de 1960, durante la alcaldía de Luis Bedoya Reyes, y sobre su terreno se construyó el actual Mercado Central.

Remodelación del Mercado de la Concepción a inicios del XX (al fondo, la iglesia de la Concepción)
d. La demolición de las murallas de Lima (1869-1872).- En realidad, ya las murallas habían quedado muy dañadas por el terremoto de 1746, por lo que los ingenieros, contratados por el virrey Conde de Superunda, recomendaron al Cabildo su demolición. Esto no se llevó a cabo, como tampoco el traslado de la ciudad hacia las faldas del Cerro San Cristóbal (otra de las recomendaciones de los técnicos). Más adelante, en 1807, el virrey Abascal inicia las obras de reparación. Ya en tiempos republicanos, y como consecuencia también de la epidemia de fiebre amarilla de 1868, se decide la demolición de las murallas como una medida de higiene urbana y para permitir el crecimiento de la ciudad con otros criterios urbanísticos. En 1968 se destruye el tramo de la portada de Juan Simón hasta la portada de Guadalupe para dar paso al Palacio de la Exposición. Al año siguiente, se decreta la destrucción del resto de las murallas, con excepción de las portadas de Maravillas y del Callao. Finalmente, en 1871, el presidente Balta aprueba los nuevos planos urbanísticos y la venta de terrenos sobre lo que fueron las murallas levantadas por el Duque de la Palata a finales del siglo XVII. Cabe destacar, por último, que los restos que hoy se encuentran en el Parque de la Muralla no fueron incluidos en la demolición porque sobre ellos se alzaban casas que estuvieron allí hasta bien entrado el siglo XX.

Fragmento de la antigua muralla en los Barrios Altos hacia la década de 1920
OTROS MONUMENTOS QUE YA NO ESTÁN...

Iglesia de los Desamparados, detrás de Palacio de Gobierno

Iglesia de Belén, donde hoy se ubica un centro comercial dedicado a la informática

Portada que unía la calle Palacio con el Puente de Piedra y el jirón Trujillo
EL SIGLO XIX (1822-1879).- La Lima virreinal llegó casi intacta hasta mediados del siglo XIX cuando, con el apogeo del guano, comienzan cambiar su fisonomía y costumbres. No solo desaparecen las “tapadas” sino que el espacio urbano cambia con la construcción de la Penitenciería de Lima, el mercado de la Concepción y el hospital Dos de Mayo; además, las plazas, plazuela y alamedas cambian con el ordenamiento des sus jardines y con la incursión de numerosas esculturas, como las que se instalaron en la Plaza Bolívar, la Alameda de los Descalzos o en la Plaza de Armas. Durante este periodo ¿cuáles fueron las principales destrucciones?
a. La demolición de un sector del convento Nuestra Señora de la Gracia para dar paso a la plazuela del Teatro (1822-1847).- En efecto, se produce la lenta demolición de un sector del convento de San Agustín para cederlo a otros fines. Se trata de la “desacralización” de un espacio para hacer una plaza y facilitar el estacionamiento de coches y carrozas frente al Teatro de la Comedia (donde hoy está el teatro Segura) sin obstaculizar el tránsito.

Plazuela del Teatro hacia 1868
b. La demolición del hospital e iglesia de San Juan de Dios (1848-1851).- Esta iglesia fue, junto a la de San Francisco, la primera obra plenamente barroca de Lima. Lo cierto fue que, el 6 de diciembre de 1848, el gobierno de Castilla decretó la construcción del ferrocarril Lima-Callao, lo que obligaba levantar la respectiva estación de tren. En otro ejemplo de “desacralización” del espacio urbano, tanto el hospital y la iglesia, ubicados en lo que es hoy la Plaza San Martín, fueron demolidos para dar paso a la construcción de la estación del ferrocarril Lima-Callao.

Iglesia de san Juan de Dios durante su demolición

c. La mutilación del monasterio de Nuestra Señora de la Limpia Concepción para dar paso al mercado del mismo nombre (1851-1855).- Desde los tiempos virreinales, el servicio público de basto de Lima se había dado en la Plaza de Armas. Luego se dio en la Plaza de la Inquisición hasta la construcción de un moderno mercado de abastos para la ciudad. El gobierno de Echenique convocó a concurso para levantar la nueva obra y se expropió una manzana, es decir, la mitad del monasterio de la Limpia Concepción. Este mercado sufrió un incendio en la década de 1960, durante la alcaldía de Luis Bedoya Reyes, y sobre su terreno se construyó el actual Mercado Central.

Remodelación del Mercado de la Concepción a inicios del XX (al fondo, la iglesia de la Concepción)
d. La demolición de las murallas de Lima (1869-1872).- En realidad, ya las murallas habían quedado muy dañadas por el terremoto de 1746, por lo que los ingenieros, contratados por el virrey Conde de Superunda, recomendaron al Cabildo su demolición. Esto no se llevó a cabo, como tampoco el traslado de la ciudad hacia las faldas del Cerro San Cristóbal (otra de las recomendaciones de los técnicos). Más adelante, en 1807, el virrey Abascal inicia las obras de reparación. Ya en tiempos republicanos, y como consecuencia también de la epidemia de fiebre amarilla de 1868, se decide la demolición de las murallas como una medida de higiene urbana y para permitir el crecimiento de la ciudad con otros criterios urbanísticos. En 1968 se destruye el tramo de la portada de Juan Simón hasta la portada de Guadalupe para dar paso al Palacio de la Exposición. Al año siguiente, se decreta la destrucción del resto de las murallas, con excepción de las portadas de Maravillas y del Callao. Finalmente, en 1871, el presidente Balta aprueba los nuevos planos urbanísticos y la venta de terrenos sobre lo que fueron las murallas levantadas por el Duque de la Palata a finales del siglo XVII. Cabe destacar, por último, que los restos que hoy se encuentran en el Parque de la Muralla no fueron incluidos en la demolición porque sobre ellos se alzaban casas que estuvieron allí hasta bien entrado el siglo XX.

Fragmento de la antigua muralla en los Barrios Altos hacia la década de 1920
OTROS MONUMENTOS QUE YA NO ESTÁN...

Iglesia de los Desamparados, detrás de Palacio de Gobierno

Iglesia de Belén, donde hoy se ubica un centro comercial dedicado a la informática

Portada que unía la calle Palacio con el Puente de Piedra y el jirón Trujillo
17/01/10: Benedicto XVI visita la sinagoga de Roma

El papa Benedicto XVI saluda a las personas que se han reunido ante la puerta de la Sinagoga de Roma para presenciar la primera visita del Pontífice al templo judío de la capital italiana.
La comunidad judía italiana acogió este domingo al Papa Benedicto XVI con cálidos aplausos en su primera e histórica visita a la Sinagoga de Roma, casi 24 años después de la que realizó Juan Pablo II en 1986. El encuentro ha reflejado que la voluntad de paz, concordia y diálogo por ambas partes ha sustituido a dos mil años de humillaciones católicas contra el Pueblo de la Alianza. Pero también ha enseñado que restan importantes diferencias y heridas abiertas.
El acto, abierto con un minuto de silencio por las víctimas del terremoto de Haití, ha sido intenso y conmovedor, sobre todo por la presencia en el auditorio de un grupo de supervivientes de la Shoah. Cuando el presidente de la comunidad judía de Roma, Riccardo Pacifici, les ha citado en su discurso, Benedicto XVI se ha puesto en pie, y les ha aplaudido y saludado desde el altar en señal de respeto. En una jornada de gestos, quizá el más importante ha sucedido al inicio de la visita, cuando el Papa se convertía en el primer pontífice que colocaba una corona de flores en la lápida que honra la memoria de los 1.021 deportados romanos a la Alemania nazi, de los cuales solo volvieron vivos 17. Ante un templo mayor engalanado, las palabras del Papa alemán han sido interrumpidas varias veces con aplausos. La primera ha sido cuando ha condenado el Holocausto y ha recordado que en los últimos años la Iglesia ha pedido perdón a los judíos por las "plagas del antisemitismo", afirmando: "Ojalá que esas plagas se curen para siempre".
Luego, glosando lo dicho durante su visita a Auschwitz en 2006, Ratzinger ha calificado la Shoah como la "horrenda cumbre de un camino de odio", y la ha achacado a "una ideología que idolatraba al hombre y la raza para tratar de aniquilar a Dios". Hablando en tono mesurado, con su frialdad habitual, Ratzinger ha trasladado su estima y afecto a la comunidad "hermana". Pero el asunto más polémico en curso, la beatificación de Pío XII, no parece haber satisfecho a los judíos. Ratzigner ha evitado a toda costa corregir su visión apologética del Papa al que hace dos semanas nombró venerable. Al citar la deportación de miles de romanos desde el cercano gueto romano hasta la Alemania nazi, ha recordado que "algunos fueron indiferentes", pero que hubo otros "valientes católicos" que contribuyeron a dar refugio a los perseguidos. Y ha concluido: "La sede apostólica también dio su ayuda, a menudo de forma escondida y discreta".
Riccardo Pacifici, presidente de la comunidad hebrea de Roma, ha admitido que muchos religiosos "se jugaron la vida" ayudando a los judíos "sin pedir nada a cambio", aunque ha subrayado que el silencio del Papa Eugenio Pacelli "todavía duele". "Fue un error. Quizá no habría salvado a mucha gente de los trenes de la muerte, pero habría dado una señal fuerte de esperanza a otros miles de personas", ha dicho Pacifici. El líder hebreo ha recordado al Papa que debe abrir los archivos del Vaticano a los historiadores para poder llegar a un juicio histórico compartido y ponderado.
El rabino jefe de Roma, Riccardo di Segni, ha esbozado la milenaria historia de opresión por parte de los Estados pontificios contra la comunidad judía más antigua de Occidente y ha elogiado al Papa Juan XXIII y el Concilio Vaticano II, que en 1965 abrió el camino del perdón y la reconciliación. "Si se pone en duda el Concilio, no habrá posibilidad de diálogo", ha manifestado el rabino. "El Concilio es un punto de referencia que abrió una nueva etapa de diálogo y dio un impulso irrevocable a la amistad con la comunidad judía", ha respondido después Ratzinger. Segni ha defendido además la visita del obispo de Roma, que había sido criticada por algunos sectores judíos. A su juicio, el histórico encuentro con Wojtila logró que el Vaticano reconociera por fin el Estado de Israel poco después. Sobre ese tema, el Papa ha pasado de puntillas, y se ha limitado a pedir la paz para Tierra Santa (tomado de El País de España, 17/01/10).
17/01/10: Playa 'La Herradura'

Imagen de la playa a inicios del siglo XX
Los orígenes de La Herradura se remontan a los inicios del siglo XX cuando se perfilaba como una playa exclusiva de los sectores acomodados de Lima, ya que para muchos en esta playa "había sol hasta en invierno". Lo cierto es que alguna vez en esta playa la gente paseaba con traje como si estuviese en el Jirón de la Unión o en el Paseo Colón. A inicios del siglo XX, la llegada del tranvía y la construcción del túnel de La Herradura, hizo que esta playa fuera accesible. Incluso, en 1907, la empresa propietaria del Tranvía Eléctrico planificó construir casas de playa de dos pisos en la falda del cerro situado frente a a la playa; la vista y ubicación eran insuperables. Pero en 1912, la compañía quebró, las casas nunca se construyeron y a La Herradura solo se podía llegar en automóvil, un vehículo que solo tenía un puñado de limeños. Pero esto no impidió que la playa se convirtiera en un lugar deseado por los limeños de entonces, y cada verano crecía la fama de este lugar: "Era la primera playa de moda de la gente acomodada de Lima", cuenta el arquitecto Juan Günther.

Túnel de La Herradura
En los años treinta, en el lugar donde hoy está la clausurada salsoteca “La Máquina del sabor” se construyó el club “Palm Beach”, donde había un restaurante con vista al mar y la única piscina con agua salada de Lima. A mediados de los años 50, se construyó el afamado edificio “Las Gaviotas”. De los años 60 también se remonta la iniciativa de un grupo de tablistas, liderados por Carlos Dogni Larco, que construyó el club Samoa, otro centro de reunión de veraneantes. Pero antes del “Samoa”, ya eran conocidos locales como “El Nacional” y “El Suizo”, este último inaugurado en 1937 por Rodolfo Castillo y la pareja de suizos Albert Frischknecht y Catalina Gfeller, que se hizo conocido por sus choritos en salsa de tomate, el cócktail de fresa, las butifarras y el ceviche. En sus paredes cuelgan, como trofeos o medallas de prestigio, fotos de algunos famosos como Mario Vargas Llosa, Alfredo Bryce y Doris Gibson. Contra todo pronóstico, “El Suizo” ha resistido el paso del tiempo y hoy es administrado por las dos hijas de Rodolfo Castillo, Lucy y Carmen. La gente nostálgica recuerda que si en el “Palm Beach” había fiestas con orquesta, “El Suizo” se distinguía por su piano de cola. Cabe destacar que, amediados del siglo XX, había un muelle donde la gente iba a pescar.
Hoy, por desgracia, el legendario “Palm Beach” ya no existe, los restos del club “Samoa” se transforman en una salsoteca de mala muerte y los cimientos del edificio “Las Gaviotas” son socavados por las olas del mar y un olor a orines y eses se enseñorea en ese rincón tan venido a menos. “El Suizo”, como vimos, es el último reducto que se resiste a desaparecer. Con toda seguridad, es lo único que vale la pena visitar en La Herradura. Como si esto fuera poco, Pablo Gutiérrez, alcalde de Chorrillos durante los 80, le hizo un daño tremendo a La Herradura cuando dinamitó una zona de rocas para hacer el camino hacia La Chira. Miles de fragmentos de las rocas dinamitadas fueron arrastrados por el mar hacia la playa y La Herradura perdió sus 100 metros de playa, su encanto y los veraneantes se fueron. La única manera de evitar que la playa se llene de más piedras es haciendo un espigón, así volverá a tener arena y se podría recuperar.

El club "Samoa"

Una imagen de los años cincuenta

En los años sesenta

La playa y el edificio "Las Gaviotas" en los años sesenta

Foto antigua de la Iglesia en la avenida Abancay
La base para la creación de este monasterio, el segundo de nuestra ciudad, fue la fortuna íntegra de Inés Muñoz de Rivera. Su fundación data del 18 de marzo de 1573 y fue aprobada por el papa Gregorio XIII el 5 de octubre de 1578. Según algunos datos, en 1687, el número de profesas era de 309, 14 novicias, 18 legas y 27 donadas, sin contar las demás personas que habitaban en el monasterio, unas mil en total. Su local se levantó en la quinta cuadra del actual jirón Huallaga (esquina con Abancay) y ocupó varias manzanas que poco a poco han sido expropiadas. Hasta bien entrada la República, este Monasterio era enorme: comprendía casi todo el actual Mercado Central (construido porque la Municipalidad de Lima expropió parte de los terrenos). Luego de esto, el monasterio se dio cuenta de que era una buena oportunidad para que el resto de su propiedad sea convertida en galerías. Transformaron hasta el mismo convento y trasladaron el Monasterio hasta Chosica porque vieron la lógica del comercio en el Cercado de Lima. También se deshicieron de propiedades en Barrios Altos y al avenida Tacna. Nombre y dirección actual: Monasterio de la Inmaculada Concepción (avenida Balaguer s/n, lote 8-A, Naña).

Antiguo claustro de la Concepción
15/01/10: Haití, más de dos siglos sangrando

Miembros del «Ton Ton Macoute», una fuerza paramilitar, marchan en apoyo del dictador «Papa Doc»
Las decenas de miles de muertos provocados por el devastador terremoto de Haití, que ha reducido a escombros su capital y llenado de cadáveres las calles, no es más que la gota que colma el vaso de un país cuya historia, de 206 años, se resume en una sucesión de catástrofes naturales y golpes de Estado con las que ha ido desangrándose hasta hoy.
«De repente, me vi atrapada por una gran oscuridad, mientras los escombros caían sobre mí y escuchaba a la gente gritando y pidiendo ayuda. Creía que el mundo se estaba acabando», contaba a EFE Saski Litali, de 16 años. La misma oscuridad que ha reinado en el país antillano desde que, a finales del siglo XVIII, un cruel sistema esclavista impuesto por Francia –que ayer envió dos aviones con ayuda humanitario y personal– hacia que 12.000 hombres libres llenaran las arcas de París a costa del trabajo de 500.000 esclavos. En una época en la que se produjo, en 1770, el segundo terremoto más devastador de su historia, sólo superado por el que el martes arrasó Puerto Príncipe.
De aquel golpe aún tuvieron fuerza de levantarse los haitianos, cuando Jean Jacques Dessalines, un antiguo esclavo, expulsó a las tropas francesas tras la Batalla de Vertierres y declaró la independencia de Haití... acosta, eso sí, de 60.000 vidas.
Era 1804 y el país vivía uno de los pocos momentos de felicidad de los últimos dos siglos: se había convertido en el segundo país de América en conseguir la independencia y el primero del mundo en abolir la escalavitud, cuyos descendientes se arrastran hoy por los escombros pidiendo ayuda.
Pero con la independencia, tampoco levantó la cabeza. Dos siglos de continua inestabilidad política, dictadores asesinos, invasiones extranjeras, más de 30 golpes de Estado y una serie interminable de huracanes, terremotos y tsunamis han convertido a Haití en el país más pobre del hemisferio occidental: la esperanza de vida apenas sobrepasa los 52 años, más del 40% del presupuesto del país procede de la ayuda internacional, cada haitiano sobrevive con poco más de dos euros al día, el 60% de sus nueve millones de habitantes está en paro, el 80% vive bajo el umbral de la pobreza y más de la mitad bajo la raya de la miseria… un panorama histórico con la pobreza como único horizonte.
Sólo dos años después de conseguir la independencia, Dessalines fue traicionado y asesinado por sus propios colaboradores, Alexandre Pétion y Henri Christophe, quienes dividieron el país e iniciaron la primera guerra de su historia independiente. Desde entonces, los conflictos políticos internos no han traído más que rápidos cambios en el gobierno, más de 60 hasta 1994.
Y cada vez que el país parecía ver el sol, huracánes como «Georges», «Jeanne», «Beulah», «Ines» o «Dennis» convertía a Haití en un cementerio, en el que se sembraban muchas más muertes que en cualquiera de los países vecinos, a los que ayudaba, sin duda, la falta de voluntad de sus políticos. «Muchas de la víctimas de la capital haitiana, principalmente campesinos y habitantes de la “villa miseria” que la circundan, perdieron la vida ahogados o aplastados al derrumbarse las precarias casas en las que vivían», podía leerse en ABC, en noviembre de 1994, tras el paso del huracán «Gordon». Las invasiones extranjeras tampoco ayudaron. En 1915, y aprovechando la inestabilidad política endémica de la república negra, Estados Unidos ocupa militarmente Haití, dejándolo en la bancarrota y a merced de acreedores extranjeros, en 1957.
Y aún pudo Haití, después, dar otra vuelta de tuerca a su negro destino: «En Haití, hundida en caos política, cayeron en poco tiempo varios presidentes, y ahora gobierna el doctor Duvalier a merced de cualquier cuartelazo», contaba ABC en 1959. La Saga de los Duvalier, los dos dictadores más crueles que han soportado los haitianos, convirtieron a la nación, hasta 1986, en una enorme fosa común de la que aún no había salido: primero «Papa Doc», que asesinó a más de 200.000 personas en una salvaje represión, y después «Baby Doc», que condujo al país a una decadencia aún mayor.
Y con la Constitución de 1987, nuevos disturbios y centenares de muertos, y un sinfín de golpes de Estado hasta la llegada del sacerdote Jean Bertrand Aristide, un «visionario», y René Préval, que rompieron con la funesta tradición de los caudillos militares, pero inundaron el país de corrupción, falta de institucionalidad y violencia política. En 2004, en plana «tempestad» política, las inundaciones acabaron con la vida de 2.668 haitianos, en mayo, y las tormentas tropicales con otros 1.330, en septiembre, además de 1.056 desaparecidos y 300.000 damnificados. «La situación de Haití es pavorosa, hay que reconstruir todo el país», dijo entonces el embajador de España en Puerto Príncipe. Pero en 2008, otros cuatro huracanes causaron 800 muertos más y 300 desaparecidos… una «pequeña» broma macabra que parecía avisar del que sería el mayor golpe de su historia (tomado del ABC de Madrid, 15/01/09).
15/01/10: Otros dos monasterios limeños
Monasterio de San Miguel Arcángel (trinitarias).- Hay que recordar que la Orden de la Santísima Trinidad y Redención de Cautivas fue fundada por San Juan de la Matta en Francia hace más de 800 años. Su presencia en nuestra ciudad se debió a la labor de sor Juana de la Santísima Trinidad y del séptimo Arzobispo de Lima, Fray Juan de Almoguera. Sus trabajos se iniciaron en 1681 y está ubicado en la cuadra 7 del jirón Ancash, en Barrios Altos. Hoy el convento forma en la vida religiosa a jóvenes, provenientes, básicamente, de las regiones de Cajamarca y Amazonas. Su iglesia es un ejemplo monástico de la Lima del siglo XVIII. Las líneas barrocas de su portada y las espigadas torres con cúpulas influenciadas por el rococó austriaco forman un impresionante y hermoso conjunto arquitectónico. En el interior posee una sola nave, corta, de ancho crucero.
Monasterio de la Cruz del Buen Pastor (Contemplativas del Buen Pastor).- Esta congregación, aprobada por el papa Gregorio XVI el 16 de enero de 1835, fue fundada por santa María Eufrasia Pelletier, quien vivió desde 1796 a 1868. Llegó al Perú en 1871 con 6 hermanas misioneras de origen canadiense que fundaron la congregación en el Perú. Después de mucho trabajo se instalaron en una antigua fábrica de tejidos y empezaron a desplegar su trabajo apostólico con niños (as) y jóvenes abandonados (as). En Lima tienen 8 casas, así como su sede en Salamanca. La orden se divide en monjas activas y contemplativas (Los Abetos 196, Salamanca de Monterrico, Ate-Vitarte).
Monasterio de la Cruz del Buen Pastor (Contemplativas del Buen Pastor).- Esta congregación, aprobada por el papa Gregorio XVI el 16 de enero de 1835, fue fundada por santa María Eufrasia Pelletier, quien vivió desde 1796 a 1868. Llegó al Perú en 1871 con 6 hermanas misioneras de origen canadiense que fundaron la congregación en el Perú. Después de mucho trabajo se instalaron en una antigua fábrica de tejidos y empezaron a desplegar su trabajo apostólico con niños (as) y jóvenes abandonados (as). En Lima tienen 8 casas, así como su sede en Salamanca. La orden se divide en monjas activas y contemplativas (Los Abetos 196, Salamanca de Monterrico, Ate-Vitarte).

La canonización de Santa Rosa (12 de abril de 1671) hizo que varias jóvenes piadosas de Lima decidieran reunirse para imitar a la Santa y, desde 1678, ocuparon, a manera de “beaterio”, una casa próxima a la iglesia de santo Domingo y vistieran el hábito dominicano. Como el número de "Beatas Rosas" (así se llamaban) fue creciendo, se pensó erigir un Monasterio. De esta manera, se pidió al Rey licencia para la fundación y, el 26 de enero de 1704, por la Real Cédula, concedió Felipe V de Borbón que el modesto “beaterio” fuese elevado a la categoría de Monasterio. Sin embargo, no fue hasta 1708 en que se inauguró el nuevo Monasterio. Se dice que las donaciones que recibieron las “beatas rosas” (unos 400 mil pesos) influyeron mucho en el ánimo del Rey para inclinarse a conceder la fundación.
Cuentan que la inauguración fue un acontecimiento notable en la ciudad. El Arzobispo de Lima, monseñor Melchor de Liñán y Cisneros, ordenó el traslado de tres monjas del Monasterio de Santa Catalina al “beaterio”, que ya no se encontraba junto al Santuario sino en la cuadra de San Sebastián. En procesión solemne, el Prelado fue acompañado por casi toda Lima. Recibió en la rígida clausura de las dominicas a las tres monjas que fueron destinadas para dirigir el nuevo Monasterio y a Josefa Portocarrero, hija del virrey Conde de la Monclova, la cual esperaba en Santa Catalina el momento de fundarse el nuevo Monasterio.
Como mencionábamos, el “beaterio” de Santa Rosa quedaba ubicado en una casa cercana al actual Santuario, en la calle de San Sebastián. Parece que allí mismo se intentaba edificar definitivamente el Monasterio, pero se desistió por ser un sitio malsano, como lo atestiguó un médico de la época. Se pensó, entonces, en un nuevo traslado. Las gestiones las hizo el padre Alonso Messía para convencer al virrey, el Marqués de Casteldusrius, entregar la casa de la familia De la Maza, donde santa Rosa vivió sus últimos años; la orden fue del 2 de enero de 1709. Lógicamente, gran alegría produjo en las monjas la entrada a este nuevo local, que tenía el recuerdo de los últimos momentos de la Santa. Tenemos noticias que el 29 de julio de 1709 tuvo lugar la ceremonia pública de ingreso de las monjas Rufina Catalina de Loreto, Leonarda de San José yb Josefa Portocarrero Lazo de la Vega al nuevo local. A ellas se les unieron 12 del “beaterio” de Santa María. Otra fecha importante para el Monasterio fue el 17 de mayo de 1710, cuando tuvo por primera vez Priora propia. Concedida la licencia para la elección de Priora, todas pusieron sus ojos en Doña Josefa Portocarrero Laso de la Vega, quien fue nombrada Priora por el reverendo Francisco Alonso Garcés. El ejemplo que dio la Priora fue decisivo para que muchas jóvenes de la elite limeña se animasen al llamamiento a la vida contemplativa. Más adelante, el 5 de mayo de 1718, el arzobispo Soloaga nombró priora a Sor Ana María de Jesús. Se dice que hoy el Monasterio cuenta con una joven descendiente de la familia de Santa Rosa. Se trata de Laura Flores de Oliva, llamada Sor Laura de San Joaquín, hija de Gaspar Flores de Oliva e Isabel de Arsave (jirón Miro Quesada 605, Lima 1).

Señor del santuario de Santa Catalina de Siena
La creación de este monasterio se remonta al año 1589, cuando María de Celis, abuela del Arzobispo de México y de dos provinciales de la orden de los dominicos del Perú, trató de fundar un monasterio de monjas dominicas en Lima, ya que no existía ninguno de esta orden en la capital del Virreinato. Así, doña María comunica su proyecto al Provincial de los Dominicos, el padre Domingo de Valderrama, quien delega el tema al Padre Procurador para que lo ejecute. Se inician los trámites para obtener las licencias necesarias, lo cual no fue tan complicado pues, tanto el papa Sixto V como del rey Felipe II, las otorgan sin mayor dificultad. Pero mientras se estudiaba cómo dar comienzo a la construcción del Monasterio, doña María de Celis muere y los trabajos se detienen por falta de presupuesto.
Pasaron los años y, en 1607, aparece la figura de Rosa de Lima, quien interviene afirmando que, de ser monja, lo sería en el nuevo Monasterio que pronto se ha de fundar. Pero Rosa no solo se conforma con anunciar la fundación. Hizo todo lo que estuvo a su alcance para cumplir el objetivo. Obtuvo, por ejemplo, parte del terreno para la construcción del Convento y encarga, por medio de los frailes dominicos en Roma, una imagen de Santa Catalina de Siena, la que hasta hoy se exhibe en el coro del Monasterio, pues dijo: "es deseo del Señor, que la nueva casa de oración se ponga bajo esta advocación”. Cuenta la leyenda que en una oportunidad, en sus misiones de caridad, Rosa "se encuentra" con una señora llamada Lucia Guerra de la Daga, de 30 años de edad, y con tres hijos, en quien la Santa vio ser el instrumento elegido por Dios para la fundación del nuevo Convento; y se lo anuncia. Sigue la tradición que, a pesar de la resistencia de Doña Lucia para aceptar el mensaje que Rosa le da de parte de Dios, pasan los años y de pronto se suscita en ella un fuerte impulso para realizar esta obra. De esta manera, se tramitaron nuevamente las licencias y, una vez conseguidas, cede por escritura pública todos sus bienes para el servicio del nuevo Monasterio, y se empieza la construcción.
Lo cierto es que la obra se culmina el año 1624 y se escogieron 33 jóvenes de las muchas que esperaban la apertura de este nuevo monasterio. Al mismo tiempo, el Arzobispo solicita al convento de la Concepción 5 religiosas y 2 del monasterio de Santa Catalina de Arequipa para colaborar en esta fundación. Así, el 10 de febrero de 1624, se abren las puertas de la nueva casa de oración. Para la ocasión, se organiza una gran grandiosa procesión, desde la Catedral, presidida por el Virrey, seguido por el personal del Cabildo y el pueblo limeño. Al día siguiente, teniendo como testigos al Arzobispo y al Provincial de los dominicos, toman los hábitos, para iniciar su noviciado, las hermanas Lucía y Clara Guerra de la Daga, según la Regla de la Orden de Santo Domingo de Guzmán. Al tercer día, visten el hábito otras 33 muchachas. Un año después, las fundadoras, hacen su profesión religiosa. Desde entonces, quedó elegida como Priora del Monasterio Lucía Guerra de la Daga. De esta manera, las religiosas de la Concepción y las del Monasterio de Santa Catalina de Arequipa regresaron a sus respectivos monasterios.
En sus primeros 10 años, el Monasterio de Santa Catalina llegó a tener hasta 300 monjas. Nota curiosa es que en 1629 recibió a la madre de Santa Rosa, con lo que se cumplió otra de sus “profecías” de la Santa: "vos misma, querida Madre, seréis una de las monjas del Convento que se ha de fundar después de mi muerte". Vistió el hábito y tomó el nombre de Sor María de Santa. María. Se conservan en un oratorio especial los restos de esta religiosa ejemplar. En 1708, a pedido del Arzobispado de Lima, salieron de Santa Catalina, 4 monjas para ayudar en la fundación del nuevo Monasterio de Santa Rosa de Santa María de Lima. Hace poco tiempo, en 1996, 5 monjas cooperan en la fundación de un monasterio en Quillabamba, Cusco. Hoy el monasterio cuenta con casi 30 hermanas y se ubica en el jirón Andahuaylas 1183.


El monasterio en los años 30
El 19 de marzo de 1603 se inauguró este monasterio con el nombre de Recoletas Descalzas de San José, de la orden de la Inmaculada Concepción. Su primera abadesa fue Leonor de la Santísima Trinidad, hermana del Marqués de Monatará. La historia cuenta que las impulsoras de esta casa religiosa, desde 1594, fueron Inés de Castro y varias amigas, y que la inauguración fue suntuosa. Las Descalzas de San José se mudaron del Centro, vendieron sus propiedades y lograron tener en efectivo, en 1948, cerca de 1 millón de dólares, lo que significaría en la actualidad unos 20 millones de dólares (el antiguo templo, que data del siglo XVIII, queda en la cuadra 7 del jirón Junín y es de estilo barroco mestizo). Hoy el monasterio se encuentra en la calle Reynaldo de Vivanco 691, urbanización Santa Teresa,Surco. A continuación, algunas imágenes del nuevo local:






La iglesia, según grabado de 1849
Entre los jirones Camaná y Moquegua hay un templo y un monasterio que pocos conocen. Quizá el contraste entre la fachada de la iglesia, muy austera, y su interior es la respuesta. La fachada, como decíamos, es muy sencilla, con torres pequeñas y tres hornacinas vacías. Definitivamente, no llama la atención. Sin embargo, en su interior hay retablos muy decorados, dedicados a San Cayetano, San Ildefonso, del Calvario con Cristo en la Cruz, de San Francisco de Buenaventura y el del Corazón de Jesús. A su vez, el altar mayor, de un elegante barroco, presenta la Sagrada Familia y algunas imágenes en las hornacinas.
La historia del monasterio se remonta al siglo XVII cuando unos esposos utilizaron una vivienda para recoger a niños huérfanos y jóvenes abandonados. Él, nacido en Chiclayo y sastre de profesión, se llamaba Nicolás Ayllón; su esposa se llamaba María Jacinta Montoya. Con el tiempo, fueron conocidos como Nicolás de Dios y María Jacinta de la Trinidad. Nicolás murió en 1677 y no vio cómo creció su casa, que ya contaba con un pequeño oratorio. Como la casa siguió aumentando, y los recursos no alcanzaban para cubrir los gastos, un vecino adinerado, Francisco Mendoza Cisneros, donó un terreno donde se levantó una capilla, la que entró en servicio el 1 de abril de 1678. Dos meses después, el 17 de junio, un sismo afectó los templos de la ciudad y, nuevamente, Francisco Mendoza y Cisneros donó un sector grande de su casa para construir una nueva capilla, con sacristía, enrejado, coro y comulgatorio. Desde entonces se llamó capilla de Jesús, María y José. El crecimiento de la capilla fue muy rápido y el beatario se convirtió en monasterio. Luego, varios benefactores dieron donativos para continuar la obra y, cuando a inicios del siglo XVIII, llegaron las monjas capuchinas, ya los trabajos estaban muy avanzados (jirón Camaná 765, Lima 1).
10/01/10: Monasterio de Santa Clara (Lima)

Iglesia de Santa Clara (grabado de 1849)
Según algunas fuentes, el origen de esta casa religiosa se remontaría al 10 de agosto de 1592 cuando Toribio de Mogrovejo, segundo Arzobispo de Lima, la fundó como beaterio; el Papa la sancionó en 1596. Las monjas vinculadas a su creación fueron Justina de Guevara, Ana de Illescas, Bartola de la Vega e Isabel de la Fuente. Como era de rigor en estos acontecimientos, la fiesta y procesión por esta inauguración fueron solemnes. La fundación oficial del Monasterio fue en 1606 por santo Toribio de Mogrovejo, en 1606, quien impulsó personalmente su construcción.
Ubicado en un extremo de los Barrios Altos (jirón Jauja, cuadra 4), este Monasterio nació con un perfil humilde, pues estaba destinado para las mujeres nativas que quisieran vivir en clausura dedicadas a la contemplación. Se construyó con las limosnas de los indios, los antiguos limeños y, especialmente, por el aporte del portugués Francisco de Saldaña. Cerca de él había un molino donde habría estado –según María Rostworoski- una piedra redonda que sería un ídolo, el famoso "dios que hablaba", es decir, un oráculo. Recordemos que a unas cuadras está la roca horadada. El monasterio es grande y su iglesia está en emergencia. Las clarisas actuales han sido precavidas y han retirado del templo las imágenes, las bancas y lo han dejado vacío. En su antiguo relicario se guardaba el corazón Santo Toribio, que así lo pidió antes de que encontrara la muerte en Saña. Es famosa también la capilla del Señor de Burgos, una escultura con leyenda y se mantiene por fortuna; los fieles entran por una pequeña puerta que da al exterior. Dicen que en 1765 su imagen se apareció en una visión cuando rezaba en el huerto la madre priora Sor Jerónima de Jesús, y le dijo que quería que se le hiciera en ese lugar una capilla. En la noche ella lo vio nuevamente en sueños indicándole que no se preocupara en buscar escultor que éste lo llevaría. La sorpresa de la madre no tuvo límites cuando se presentó un agustino y le dijo que le traía una talla de un Cristo Crucificado: su precio era de 400 pesos. La madre reunió 300 y le rogó un descuento. Aquel dijo que la imagen era una buena talla y que se la habían pedido para Chile pero no pudo llevarla porque cada vez que embarcaba el mar se encrespaba. No había trato y quiso levantarlo para llevárselo pero no pudo. La imagen había duplicado su peso. Buscó unos hombres y cuando quiso moverlo, la cruz se enraizó en el piso de la portería, de los brazos y del cabezal salieron ramas frondosas y comenzó un tremendo vendaval. Asustado, el autor aceptó la cantidad ofrecida y lo dejó. Actualmente, los devotos de los Barrios Altos visitan la capilla del Señor de Burgos, sobre todo en Semana Santa, y rezan también por la causa de la venerable Úrsula, una novicia negra que –dicen- hizo muchos prodigios. Asimismo, en ocasiones muy especiales, cuando alguien necesita agua bendita, las madres sacan uno de los clavos de los pies del Cristo, lo ponen en agua y rezan tres credos; también limpian sus llagas con algodón para curar a los enfermos. Por último -cuenta la tradición- cuando sale en procesión, abre los ojos y elige a las solteras que ingresarán a la orden. Las Clarisas se mantienen haciendo trabajos de repostería, alfajores, turrones y panteones, pero, lamentablemente, no les alcanza para contratar expertos en restauración (jirón Jauja 449, Cercado de Lima).

Antigua fotografía del claustro de Santa Clara


La historia de este monasterio se remonta a 1720 cuando el monarca español, Felipe V, autorizó la fundación del Monasterio de las Nazarenas; la decisión fue también aprobada por la Santa Sede el 27 de agosto de 1727, mediante Bula del para Benedicto XIII. Las monjas observarían la regla de las Carmelitas Descalzas y vivirían, como era el deseo de la madre Antonia Lucía del Espíritu Santo, como nazarenas. Así, el 18 de mayo de 1730, salieron de la iglesia del Carmen Alto, en presencia del virrey José de Armendariz, marqués de Castelfuerte, tres monjas: Bárbara Josefa de la Santísima Trinidad, como priora; Grimanesa Josefa de Santo Toribio, superiora; y Ana de San Joaquín. En solemne procesión, se trasladaron al nuevo local, donde actualmente están. A partir de esta fecha, quedó establecido el Monasterio, con todos los privilegios y normas de las hijas de Santa Teresa.
Nacida en Guayaquil, Antonia Lucía Maldonado del Espíritu Santo fue una piadosa que intentó fundar un beaterio. Nació el 12 de diciembre de 1646 y, muerto su padre, se instaló con su madre en el puerto del Callao. Aquí se casó con Alonso Quintanilla, pero después de algunos años de matrimonio convinieron en separarse. Él entró en los franciscanos y ella fundó un beaterio que denominó Colegio de Nazarenas, que fracasó por exigencias excesivas de los donantes. Después de un breve paso por el beaterio de Santa Rosa de Viterbo, inició otro nuevo en 1683 en el barrio de Monserrate, junto a un grupo de devotas. En este beaterio permanecieron durante 17 años, y aquí redactó Antonia las constituciones. Según éstas, la finalidad específica de las beatas allí reunidas había de ser la imitación de Cristo paciente, doloroso y afrentado. La expresión interna de esta imitación sería la meditación continua de la Pasión, padecer, sufrir y callar para gloria de Dios y salvación de las almas; y la manifestación externa, el hábito de color morado, una soga pendiente al cuello y la corona de espinas que habían de traer siempre. Salvada esta peculiaridad, en todo lo demás seguirían la Regla y Constituciones de las Carmelitas Descalzas (jirón Huancavelica 515, Cercado de Lima).


Esta orden se remonta al siglo XVI cuando Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz dieron inicio a la nueva familia del árbol del Carmelo (inspirados en los ermitaños del Monte Carmelo). Por ello, desde el convento de las Madres Carmelitas Descalzas de Cartagena, llegaron las seguidoras de Teresa a la Capital del Virreinato para fundar un nuevo monasterio a petición del obispo Agustín Ugarte y Saravia, y de Diego Gómez de Silva y su esposa, Catalina María Doria. Así, el 20 de julio de 1643, las monjas María de San Agustín, Juliana de la Madre de Dios y Lucía de Santa Teresa de Jesús iniciaron su largo viaje y, luego de 3 meses y 21 días, llegaron a Lima el 17 de diciembre de 1643, fecha en que se funda su nuevo Monasterio, siendo el sexto de su tipo en la América Hispana y el convento “madre” de las fundaciones en el Perú. El templo abre sus puertas todos los días, especialmente el mes de julio, consagrado a la Virgen del Carmen. El 16 de julio sale en procesión la imagen de la Virgen del Carmen (jirón Junín 1100, Lima 1).


Antiguo edificio del monsterio de la Encarnación
Fue el primero de Lima y se fundó (en la calle Concha) el 25 de marzo de 1558 por Leonor de Portocarrero y su hija, Mensía de Hernández Girón, y auspiciado por el padre agustino Andrés de Santa María; gozó con la protección del virrey Andrés Hurtado de Mendoza. Inicialmente tuvo el nombre de Nuestra Señora de los Remedios. Fruto de las donaciones y del prestigio de sus recluidas, la comunidad de monjas pudo comprar la huerta de la Encarnación al capellán de ellas, Diego Sánchez. Así, el 21 de junio de 1562 pudo inaugurarse el monasterio con gran ceremonia. Lima vibró con este acontecimiento. El virrey Conde de Nieva, el arzobispo Jerónimo de Loayza y miles de limeños, en fastuosa procesión, celebraron el inicio del monasterio.
A lo largo de la Lima virreinal fue el convento más poblado. En 1631, por ejemplo, contaba con 233 profesas de velo negro, 37 de velo blanco, 18 novicias, 45 donadas, 34 seglares hijas de nobles y más de 400 mestizas, mulatas, negras y esclavas al servicio de las monjas. Este convento también es considerado el Alma Mater de todos los conventos de clausura que se fundaron en la capital del Virreinato. Prueba de ello es que de él salieron monjas para la fundación del Monasterio de la Concepción (18 de Agosto de 1573); para reedificar y renovar el de monjas Bernardas (21 de febrero de 1579) y para fundar el Monasterio de Santa Clara (10 de septiembre de 1605).

Claustro del desaparecido local del monsaterio de la Encarnación
El problema es que el local del monasterio vivió presionado por el crecimiento de la ciudad, por lo que su área original fue disminuyendo. En 1858 perdieron la mitad del terreno para dar lugar a una estación del tren a Chorrillos en lo que es hoy la Plaza San Martín. Luego, en 1910, le fueron expropiados 3.325 metros cuadrados para prolongar la avenida Nicolás de Pierola. Finalmente, el terremoto de 1940, al que el siguió un devastador incendio, destruyó de tal forma el convento y la iglesia que obligó a las religiosas a vender todo y trasladarse a su nuevo emplazamiento en la cuadra 17 de la avenida Brasil donde, desde el 6 de marzo de 1943, pasó a vivir la comunidad. El nuevo local fue diseñado por el arquitecto Alfonso G. Anderson, los padrinos de la obra fueron el presidente de la república Manuel Prado y Ugarteche y su esposa Enriqueta Garlad, y fue bendecido por el monseñor Pedro Pascual Farfán, obispo de Lima.

Vista interior del actual local del monasterio de las monjas agustinas de la Encarnación en la avanida Brasil (Pueblo Libre)

Monjas de clausura de las Carmelitas Descalzas
Uno de los temas recurrentes en los informes enviados por las autoridades virreinales a España fue la alusión al excesivo número de conventos construidos en Lima, tanto de órdenes masculinas como femeninas. Casi un tercio de la población limeña estaba formada por curas y monjas, por lo que la historia de nuestra ciudad, en los años del Virreinato, estuvo muy ligada a lo que ocurría dentro y fuera de los muros de estas casas religiosas.
¿Qué estatus tuvo una monja durante el Virreinato? Recordemos que hubo una efervescencia de la religiosidad en el Perú entre fines del XVI y mediados del XVII. En 1700 solo en Lima había 13 monasterios de monjas y 6 beaterios o recogimientos que, según Margarita Suárez, representaban la quinta parte del espacio físico de la ciudad y una fracción similar de la población femenina. Bernad Lavallé establece que el 18,8% de las mujeres limeñas de origen europeo habitaba en los conventos (820 religiosas de 4.359 españolas, sean peninsulares o criollas). A ello habría que sumar el número de sirvientas y esclavas que vivían al interior del claustro y que en muchos casos superaba el número total de monjas.
Si el matrimonio era visto como un estado que permitía la integración social de los géneros, el estado religioso no significaba menos que ello. En teoría, las mujeres adquirían en los conventos una posición social superior a la de una mujer soltera o viuda y equiparable a la de una mujer casada (recordemos que muchas viudas terminaron recluyéndose en estos monasterios para redefinir o “mejorar” su papel en la sociedad).
En 1560 se fundó, formalmente, el primer convento de monjas: Nuestra Señora de la Encarnación. Dos años atrás, era un humilde beaterio y las relaciones entre las fundadoras y la orden de los agustinos (que las protegían) fueron armoniosas, pero, al poco tiempo, estalló entre ambas partes un grave conflicto que aceleró la fundación del convento. ¿Qué ocurrió? Dos hijas mestizas del mariscal Alonso de Alvarado solicitaron se admitiese su ingreso en el futuro convento, para lo que ofrecieron una dote de 20 mil pesos y el compromiso de legar al convento sus herencias. En vista de que la norma prohibía la profesión de monjas de velo negro a todas aquellas que no fuesen hijas de padre y madre españoles, los agustinos ordenaron que se despojase a ambas del hábito y se les devolviese la dote. Hábilmente, las religiosas utilizaron una estrategia eficaz: acudieron al Arzobispo de Lima quien prohibió cualquier tipo de discriminación y el nuevo Monasterio se “independizó” de los agustinos y pasó a depender de la autoridad del Arzobispado. Todo por velar su patrimonio. En adelante, así sería el estatuto de los demás monasterios femeninos que se fundaron en Lima.
El modelo religioso de femineidad se difundió a través de las obras de Luis Vives y fray Luis de León (siglo XVI) y de fray Antonio de Herrera (siglo XVII). Todos partían de la suposición que la mujer tenía un papel esencial en la familia y la sociedad que merecía una cuidadosa atención. El modelo de buena monja difundido por estos moralistas incluía las cualidades deseables en toda mujer: obediente, devota, modesta, discreta, vergonzosa, silenciosa, grave, etc., pero en grado sumo.
Los conventos de monjas adquirieron mucho prestigio y poder. Además, fue el espacio ideal para que estas mujeres ejercieran un manejo efectivo de sus vidas, sortearan la tutela masculina e incluso compitan con los hombres (se podían enfrentar al Virrey, al Arzobispo y a las órdenes masculinas). Como nos recuerda Pedro Guibovich, el poder de estas casas religiosas se notaba cuando había elecciones para votar por la nueva abadesa. Se formaban facciones, había discusión interna y toda la ciudad estaba pendiente del proceso; incluidas sus autoridades. Los conventos fueron unos de los pocos espacios donde hubo libertad de sufragio.
¿De qué vivían estos monasterios? A lo largo de su existencia, recibían dotes, herencias y diversas ayudas, tanto en dinero como en otro tipo de bienes. Casi todas las familias importantes de la ciudad tenían a uno de sus miembros allí. Un monasterio no solo tenía su local sino podía ser propietario de más inmuebles o, incluso, huertos, chacras o haciendas. Lima estaba rodeada de estas unidades agrícolas y muchas pertenecían a estos conventos. Lo producido allí no solo servía para el sustento de las monjas y sus criadas sino también para el comercio. No hay que descuidar, por último, que estas monjas producían y vendían dulces, panes y otros artículos artesanales como ropa o vestidos.
Debido a que estas mujeres se consagraban a Dios (y, por lo tanto, eludían los rigores del matrimonio, la maternidad, la lactancia o cualquier labor doméstica o manual), su expectativa de vida era mayor a la de las demás mujeres. Algunas llegaban a vivir más de 80 o 90 años, edad impensable para una mujer que tuvo que parir media docena de hijos, lactarlos y criarlos.
Actualmente, en la Arquidiócesis de Lima, hay 10 Monasterios de vida contemplativa, con casi 300 monjas consagradas al servicio de Dios; en su mayoría, estas casas religiosas tienen origen colonial.
05/01/10: Historia de Chancay (2)

Hacienda Huando
La hacienda Huando.- Esta famosa hacienda, ubicada a 3 kilómetros de Huaral, fue propiedad de la familia Graña y por la Reforma Agraria se convirtió en Cooperativa desde el 24 de Junio de 1969. Huando aún se recuerda por sus naranjas sin pepa, por la llegada de grandes toreros que realizaron faenas en el Toril de la hacienda, por sus caballos de paso, por su casa-hacienda de tipo español y su hermosa capilla. La historia de Huando se remonta al siglo XIX cuando era propiedad de Marco Reyes. Luego, llegó un ciudadano español de apellido Graña, quien se casa con la hija de Reyes, dando origen de los Graña Reyes, Antonio y Francisco. Mientras Francisco se va a Lima y trabaja en el Hospital Italiano, Antonio se queda a cargo de la hacienda. En 1919, Antonio Graña Reyes trajo los primeros cítricos, en especial la variedad “Washington Navel”, conocida luego como naranja “Huando”, típica del valle Chancay -Huaral. Don Antonio forma su familia con una dama de apellido Elizalde, de donde salió la rama Graña Elizalde: Carlos, Antonio, Fernando, Victoria y Jorge y Rafael (mellizos). Los hermanos Graña Elizalde, especialmente Fernando, se dedicaron a estudiar las técnicas del manejo de los cultivos (injertos, formación, podas y propagación); también se dedicaron a la crianza de caballos de paso, toros de lidia y gallos de pelea. Los visitantes que ahora llegan a Huando pueden probar los productos que ahora elaboran los trabajadores de la cooperativa, como licores a base de uva, naranja y mandarina, miel de abeja, pecanas, y espárragos. También se puede pasear por el pequeño museo, llamado “Museo Arqueológico Antonio Graña Elizalde"; esta colección cuenta con gran cantidad de ceramios, objetos, telas y una momia llamada “Rosita de Huando”.
El “Castillo” de Chancay.- La historia de este emblemático monumento histórico se inicia con doña Consuelo Amat y León Rolando, nacida en Lima en 1896, hija del coronel Manuel Amat y León, descendiente del virrey Manuel Amat y Juniet. Esta señora se casó con Rómulo Boggio Klauer, el 8 de enero de 1915, en la Capilla del Colegio Belén; su esposo era propietario del fundo La Calera, al norte de Chancay. De aquel matrimonio tuvieron seis hijos. Lamentablemente, cuando falleció don Romulo, Consuelo quedó sin ninguna herencia, por la muerte súbita de su esposo. Así, emigra a Europa a estudiar y se convierte en una mujer polifacética: arquitecta, matemática, poetiza, escritora y abogada.
Cuando regresó al Perú, compró un terreno donde fundó el hotel “Villa Madre Perla”. Ella vivió allí cuando por ese entonces ir de Lima a Chancay era una aventura de un día completo. Ya que doña Consuelo vivía en la avenida Arequipa, de allí tenia que ir a la estación de tren de Desamparados, tomaba el tren hasta Ancón; de Ancón tomaba el otro tren a Huaral y de allí tomaba una carreta que la llevaba a Chancay. Su gran visión fue hacer el que es ahora “El Castillo” de Chancay, frente al mar, en un acantilado rocoso en honor al recuerdo de su esposo. Ella misma diseñó los planos y contrató 30 albañiles, quienes tuvieron que preparar aquella zona rocosa a punto de cincel y comba. Así, dirigiendo ella misma la obra, este Castillo tuvo, en su primera fase, seis alas diferentes, una para cada uno de sus hijos.

Construir el “Castillo” no fue fácil. Doña Consuelo, a pesar de contar con pocos recursos económicos, ahorrando todo gasto adicional, logró aquel sueño que –dicen- tuvo desde pequeña. Lo cierto es que la construcción del “Castillo de la familia Boggio”, como se le llamó en un inicio, duró poco más de 10 años, de 1924 a 1935. En ese entonces, contaba con 250 habitaciones, tenía cuatro niveles y lo conformaban terrazas, torreones, miradores, escalinatas y pasadizos que nos conducían al mar. El estilo que presenta es medieval de influencia castellana.
Hace poco tiempo, Juan Barreto Boggio, nieto de doña Consuelo, después de 30 años de abandono que sufrió el “Castillo”, decidió su reconstrucción. Ya el “Castillo” había tomado el nombre de Castillo de Cancay”, ya que los chancayanos habían creado un sin numero de historias en su entorno una de este monumento. Juan Barreto, decidió su transformación y remodelación, tomando los planos ideados por su abuela, guardando sus lineamientos originales, con el propósito de transformarlo en un resort, ahora muy de moda, siempre guardando el estilo medieval.
La Covadonga.- La goleta Virgen de Covadonga, conocida también como Covadonga, fue uno de los buques protagonista durante la Guerra del Pacífico, como parte de la escuadra de la Armada de Chile. Perteneció a la escuadra española, pero fue capturada por Chile en el Combate Naval de Papudo, en el contexto del conflicto entre las repúblicas del Pacífico Sur contra España en la década de 1860.
Durante la Guerra del Pacífico, la Covadonga participó en el bloqueo del puerto de Iquique y en el combate de Iquique (21 de mayo de 1879), cuando consigue que la fragata peruana Independencia encalle Punta Gruesa; asimismo, al mando del capitán Manuel Jesús Orella, participa en el combate naval de Angamos y en el bloqueo de Arica desde abril de 1880. Después de la batalla de Arica, se le envía al Callao para participar, el 21 de agosto de 1880, en el bombardeo de Ancón. El 1 de setiembre se le comisiona el bombardeo de Chancay para relevar a la cañonera Pilcomayo. A los pocos días, el capitán Orella deja el mando de la Covadonga para asumir el de la corbeta O'Higgins, quedando a su mando el capitán Pablo de Ferrari.
Así, el 13 de septiembre de 1880, la Covadonga estaba a 500 metros de la playa de Chancay disparando para destruir el puente ferroviario pero, al no divisarlo, decidió disparar sobre una lancha y un bote que estaban a 300 metros del puerto. A las 3:40 de la tarde todavía quedaba el bote a flote, por lo que el capitán Ferrari mandó a examinarlo y mientras se izaba la embarcación, explotó a su costado (había sido sembrada de dinamita por los pobladores de Chancay). La Covadonga se hunde en tres minutos. En esta acción mueren su Comandante Pablo Ferrari y 31 hombres de su tripulación. Fueron hechos prisioneros 48 sobrevivientes y otros 29 se salvaron en un bote que llegó hasta Ancón a las 10 de la noche. Hoy la Covadonga sigue hundida en el mar de Chancay.

La Covadonga
El club Sport Unión Huaral.- Este popular club del “norte chico” se fundó el 20 de septiembre de 1947, por iniciativa de un grupo de muchachos reunidos en la casa de Nicolás Pintado; fue un equipo de barrio que se formó para enfrentarse a los equipos de las haciendas y barrios vecinos. Don Nicolás fue su primer presidente y los huaralinos decidieron adoptar los colores del Atlético Chalaco, ya que la mayoría de sus fundadores eran simpatizantes ese club porteño. En sus primeros años, en la segunda división huaralina, los grandes “clásicos” eran los partidos entre el Unión Huaral contra el Deportivo Huando y el White Star. Luego, el UH llegaría a participar en la Copa Perú. Fue así que, en 1974, tras ganarle a 17 equipos de Lima y derrotar en un tercer partido en cancha neutral al Sider Perú de Chimbote, el UH obtuvo el título regional Lima-Norte y con ello lograba su ansiado ascenso a la primera división. En su primera temporada en la elite del fútbol nacional, alcanzó el subcampeonato lo que le permitió jugar la Copa Libertadores en 1975 contra Universitario y los uruguayos Peñarol y Montevideo Wanderers, destacando en el plantel de esa copa Eusebio Acasuzo, Luis Pau, Hipólito Estrada y el genial Pedrito Ruiz, máximo ídolo del UH. Asimismo, fue el primer equipo provinciano en conquistar un campeonato nacional, en 1976, tras vencer en la final jugada en el Estadio Nacional de Lima al Sport Boys. En 1989 lograría un nuevo campeonato derrotando al Sporting Cristal en el Estadio de Alianza Lima.
Al UH se le conoce como el equipo naranjero por pertenecer la ciudad de Huaral, una zona importante de producción de naranjas. Finalmente, el símbolo del Club es "El Pelícano" ya que se cuenta como algo anecdótico que los hinchas del Club en Huaral, se reunían frente a la tienda de los Okumura y se sentaban en un tronco que ahí había, algunas veces conversando, otras celebrando y otras "descansando" y no faltó alguien que pasó y dijo: "Ve ahí están igualitos que los pelícanos en Chancay que están todos "arrumados"; y fue de esta manera que "El Pelícano" se hace el símbolo oficial del Club, y Alex Vía creó la caricatura.

Unión Huararal (1973-1974)
La presencia japonesa.- Como sabemos, los japoneses –al igual que los chinos- fueron traídos para realizar labores agrícolas en las haciendas azucareras de la costa. De allí que la fuerte presencia japonesa en los valles de Barranca, Chancay-Huaral, Huacho, Cañete, Ica, Sayán, Pisco o Laredo es numerosa. La disciplina y la unión de los silenciosos japoneses fueron de vital importancia para que conservaran sus costumbres, su idioma, su religión y sobre todo su rica gastronomía. A diferencia de los chinos, no fueron tan revoltosos ni belicosos. Esto sirvió para que a partir de 1923 –durante el gobierno de Leguía- se les permitiera ingresar como inmigrantes libres.
Durante las primeras décadas del siglo XX, los hacendados de Chancay optaron mantenerse como rentistas y entregaron sus haciendas en arrendamiento. Entre los arrendatarios aparecieron dos antiguos inmigrantes japoneses, arribados en 1899: Ikumatsu Okada y su socio, Hatsusaburu Motonishi. Ambos, inicialmente peones, se convirtieron en arrendatarios y con la participación de numerosos inmigrantes japoneses, como “yanaconas” , transformaron la estructura económica del valle, expandiéndose, además de la agricultura, a la actividad comercial. De esta manera, consiguieron una notoria influencia social no solo en Chancay sino en todo el “norte chico”.
Las actividades de Okada en Chancay se iniciaron en 1909 cuando llegó como peón a Palpa. Luego montó un tambo (bodega) y consiguió algunas parcelas en “yanaconaje”. Con él, el número de japoneses en el valle se incrementó en forma acelerada. A partir de 1923, Okada arrendó varias haciendas: “La Huaca”, “Jecuán”, “Caqui”, “Miraflores” y “Jesús del Valle”. Todas las transformó, desde la instalación de luz eléctrica y agua potable en las rancherías o viviendas de los trabajadores hasta la apertura de escuelas, cines y tambos; asimismo, la modernización de la administración y la producción. De alguna manera, cambió la explotación individual por una empresarial con el desarrollo de la mecanización, la horticultura intensiva, la introducción de nuevos cultivos y la racionalización de la administración. Finalmente, junto a sus actividades agrícolas, Okada incursionó en el comercio con el apoyo de la comunidad japonesa de la zona. La mayor parte de los japoneses trabajaba como “yanaconas” y, en las haciendas de Okada como empleados en la administración. El resto de la población japonesa estaba en el comercio y logró tener negocios exitosos en Huaral, donde desplazaron a los chinos.
En la década de 1930, además de la Negociación Okada, operaban en Chancay las empresas “Perú Menka Kabushiki Kaisha”, “J. Hechima” y la “Sociaedad Agrícola Retes Ltda.”; estas tres últimas, de capitales japoneses, controlaban las haciendas de palpa, Pacasmayo y Retes-García Alonso. En resumen, de las 19 haciendas del valle, 6 estaban en manos de antiguos inmigrantes y 3 de inversionistas japoneses, además de las numerosas parcelas en posesión de los “yanaconas” de origen japonés. En 1941, las actividades de Okada y su podere n el valle habían logrado tal éxito que llegó un enviado del emperador Hirohito para otorgarle la máxima condecoración civil del Imperio. En ese tiempo, Okada tenía dos grandes empresas: “Negociación Agrícola Okada” y la “Sociedad Industrial Japonesa”, además de algunas subsidiarias. Todas ellas controlaban las desmotadoras de La Huaca y Jesús del Valle, una fábrica de aceite, 6 haciendas (La Huaca, Jesús del Valle, Caqui, Miraflores, Jecuán, Laure), el fundo El Chical, más parte del comercio mayorista de abarrotes. Lógicamente, el poder económico y social de Okada dieron la imagen de dominio total de la estructura del valle por los japoneses, lo que ocasionó la envidia de otros sectores y fue el caldo de cultivo de la lamentable persecución que se desató en el contexto de la Segunda Guerra Mundial. Esta guerra marcó el receso de las actividades de los japoneses en Chancay, ya que sus propiedades fueron confiscadas y la gran mayoría de ellos fueron expulsados. Okada fue deportado y enviado a un campo de concentración en los Estados Unidos y murió años después en el Japón.
A manera de resumen, podríamos decir que en el caso de Chancay, los japoneses se adaptaron a las costumbres locales. Los nuevos inmigrantes trajeron un pequeño capital que lo invirtieron en establecer pequeños negocios como bodegas, peluquerías, cafetines y restaurantes. El espíritu de trabajo, la cultura del ahorro y la unión familiar, hicieron que los japoneses rápidamente crecieran. El antiguo peón agrícola pudo adquirir una parcela y trabajar la tierra para su propio beneficio. Entonces se fundaron clubes, asociaciones, mutuales que los agrupara, con la finalidad de apoyarse solidariamente (En 1927, por ejemplo, nació la Fundación de la Sociedad Central Japonesa de Chancay). Esta práctica fue beneficiosa para todos, lo que les permitió progresar en poco tiempo y, lamentablemente también, despertar la envidia de algunos grupos.

Escuela de japoneses en Chancay (1924)
04/01/10: Historia de Chancay (1)
El vocablo “chancay” viene del quechua chanka ayllu, que significa “clan familiar o ayllu de origen chanca”. Al parecer, la población que encontraron los españoles en este lugar, a 70 kilómetros al norte de Lima, eran familias provenientes de Ayacucho, de origen chanca, trasladadas allí durante el Tawantinsuyo. Hoy, es una ciudad relajada, grande pero sin mayores apuros. Tiene un buen número de casas antiguas y una bonita plaza de armas. Chancay también se le conoce a cierta especie de bizcocho, muy esponjoso, preparado a base de harina y huevo, y ligeramente aromatizado con unos granos de ajonjolí y anís. Su elaboración fue, durante un tiempo, la especialidad del pueblo del mismo nombre; por ello, se le llamaba bizcocho de Chancay. Se cuenta que el primer “bizcocho de Chancay” fue elaborado en 1917 por el señor Luis Ruiz, natural del distrito de Chancay.
Los tiempos prehispánicos.-De su historia prehispánica, destacamos dos momentos, uno de la época del precerámico y otra del Intermedio Tardío: el templo “Las Shicras” y la cultura Chancay.
El templo de “Las Shicras”.- En el año 2006, el hallazgo de un templo de 4.800 años de antigüedad, llamado Las Shicras, podría dar un vuelvo a las investigaciones arqueológicas si se comprueba que es más antiguo que Caral, la civilización más vieja de América. Su reciente descubrimiento ha abierto una nueva ventana para el estudio de los orígenes de la cultura andina, según su descubridor, el arqueólogo Walter Tosso. El templo está ubicado en el valle de Chancay y tiene suma importancia pues revela que los antiguos peruanos presentaban, en una época temprana, un complejo nivel de organización a nivel colectivo. Según estudios realizados, los restos vegetales encontrados en el templo han permitido conocer que su construcción data de 2.500 a 2.800 años antes de Cristo, la misma época en que floreció la ciudad de Caral.
La historia de este nuevo hallazgo se remonta al año 2003, cuando un grupo de 'huaqueros' excavó erróneamente en el valle e hizo dos profundos huecos que luego abandonaron. Ese mismo año, Walter Tosso encontró las enormes excavaciones e inició, junto con la Municipalidad de Huaral, un trabajo de protección para evitar su depredación. En junio del 2006, con el apoyo de la fundación privada peruana Museo Amano, el arqueólogo encabezó una primera excavación oficial que le permitió descubrir evidencias del importante descubrimiento. Según las investigaciones preliminares, el templo, levantado en piedra. cuenta con ocho niveles construidos en cuatro fases, lo que revela que allí se realizaban rituales religiosos. Por medio de estas ceremonias practicadas hasta la llegada de los españoles, en 1532, se tapaba un templo antiguo para construir uno nuevo en su lugar, simbolizando que lo nuevo crece sobre las cenizas de lo viejo.

Fardo de la cultura Chancay
La cultura Chancay.- Ubicada cronológicamente en lo que se denomina el Intermedio Tardío (1200-1450 d.C.), la cultura Chancay se manifestó desde Huaura hasta la parte baja del río Chillón, donde se encuentran sus restos arqueológicos más significativos. Su núcleo fue el valle del río Chillón. Según las investigaciones, Chancay debió ser una sociedad densamente poblada, a juzgar por el gran número de sitios arqueológicos y por la gran cantidad de cementerios. Sus sitios más representativos fueron Pisquillo Chico y Lauri, como centros administrativos-ceremoniales; Pancha La Huaca, como complejo palacio-residencial; y Tronconal, como un pequeño asentamiento. Chancay se diferencia de las otras sociedades de la costa central por tres rasgos:
a. Un sistema ceremonial y cosmológico complejo, materializado de la mejor manera en sus prácticas mortuorias y caracterizado por el tratamiento de los fardos funerarios, las réplicas de cabezas puestas en éstos, los rostros embadurnados de pintura, las ofrendas, la deformación craneana, las muñecas y las máscaras.
b. La cerámica, que se caracteriza por su plasticidad, elegancia y sobriedad, sobre todo en sus cántaros llamados popularmente “chinos”. De esta cerámica, se destacan principalmente los cántaros de forma ovoide con rostros humanos y pequeños relieves con las extremidades del cuerpo humano y también los ídolos de tamaño reducido, llamados “cuchimilcos”, de forma antropomorfa representando a figuras humanas con una destacada mandíbula, con los ojos pintados en negro.
c. La textilería, de gran logro tecnológico y artístico, pudiendo considerársela como creadora e innovadora en muchos aspectos. Destacan las llamadas gasas, los bordados y las telas pintadas y, entre los materiales, el algodón y la lana. Los Chancay enfardelaban a sus difuntos, especialmente con tejidos llanos y con una falsa cabeza de tela rellena de hojas de palta con pigmento rojo. Tuvieron un arte textil muy desarrollado: tapices, gasas complejas, telas teñidas, telas llanas con decoración listada, telas con plumas; con decoración de brocados y algunos bordados. Su arte se caracteriza también por las muñecas y escenas de muñecas hechas de tela y las representaciones de árboles con ramas de caña enrolladas con hilos multicolores (Ojo: la mejor colección de textiles Chancay está en el Museo Amano de Miraflores).
Conquista y virreinato.- La fundación española de Chancay corresponde a Luis Flores, según indicaciones del virrey Conde de Nieva (16 de noviembre de 1562). Su primer nombre fue Villa de Arnedo, en recuerdo del fundo que tenía en Virrey en España. Desde sus inicios, se establecieron aquí hidalgos españoles y los jesuitas fundaron la hacienda Jesús del Valle, dedicada al cultivo de la caña y la vid. Según documentos coloniales, ya desde finales del siglo XVI, Chancay abastecía al mercado de Lima con productos como vino, trigo, maíz, melones, manteca de cerdo y otros productos de “panllevar”. En 1757 el Cabildo de Justicia Mayor y Regimiento, dio el nombre de Chancay a esta Villa Colonial en reemplazo de Arnedo. En los archivos, Chancay aparece descrita como una “villa de españoles”, pero el censo de 1792 calculó su población en casi 3 mil habitantes, de los cuales solo 369 eran españoles. En realidad, la mayoría eran negros esclavos (1,600); los demás eran indios (502), mestizos (114) y otras castas (366).
Independencia y época republicana.- En 1813 la Villa de Chancay y sus alrededores contaba con la Iglesia Parroquial Nuestra Señora de la Virgen Santísima Inmaculada Concepción, el Convento religioso San Buenaventura, la Iglesia Nuestra Señora de los Dolores, en el Hospital Real y 15 Oratorios en las haciendas. Por esta gran actividad, y el apoyo de su población, el bando patriota decidió que Chancay era el lugar adecuado para establecer los acantonamientos del Ejército Libertador en 1820. En 1821, el general San Martín dictó el Estatuto y Reglamento Provisional en el que estableció la nueva demarcación territorial del Perú. En él se determinó que el lugar tome el nombre de "Distrito de Chancay" o "Corregimiento de Chancay", sobre la base de la anterior demarcación (más adelante, Ramón Castilla, el 2 de Enero de 1857, lo ratifico como tal, para los efectos de las Elecciones Municipales). Cabe destacar que por los servicios que su población prestó a la causa de la Independencia, una Ley del 16 de abril de 1828 le otorgó a Chancay el título de “fidelísima villa”.
Entre finales del XIX e inicios del XX, el valle bajo de Chancay estaba formado por 13 haciendas muy prósperas, 7 medianas propiedades y 500 pequeños fundos. Las haciendas ocupaban la parte central y más rica del valle, mientras que las medianas y pequeñas propiedades se ubicaban en zonas marginales. Chancay y Huaral eran pequeños centros poblados. Según el censo de 1876, la ciudad de Chancay contaba con 1,825 habitantes, mientras que Huaral, solo con 535; Huaral era apenas una estación de ferrocarril, construida desde la hacienda Palpa hasta el puerto de Chancay para el traslado de caña de azúcar al mercado internacional. El crecimiento de Chancay y Huaral era lento y sus haciendas vivían aisladas de la economía nacional pues toda su producción, caña y algodón, se orientaban ala exportación.
Pero hacia 1890, mientras Chancay se recuperaba de la destrucción dejada por la guerra con Chile, Huaral, a pesar de ser un caserío muy modesto, fue experimentando un cambio radical respecto a 1879 debido a al incremento del comercio y a la formación de su primera barriada, “La Huaquilla”, integrada por negros e indios. Los negros que vivían en este nuevo habían ganado su libertad en tiempos de Castilla y era ex trabajadores de haciendas como Huando, Retes, Boza o Pasamayo.
Gran parte de la “calle derecha”, vía principal de Huaral, así como la Plaza de Armas, se encontraban empedradas. Los domingos afluían al pueblo gran cantidad de peones asalariados, yanaconas y dueños de pequeños fundos. De la hacienda Palpa llegaba la locomotora llamada “Cafetera de Palpa”, llena de indios vestidos de colores y cargados de paquetes y costalillos con víveres. Estos convertían sus productos de “panllevar” en libras de oro y abastecían las tiendas, de los numerosos chinos que habitaban en Huaral. Otros chinos se dedicaban ala servidumbre o llenando los puestos de aguadores desde la acequia del puente.
La creación del distrito de Huaral.- Frente a este relativo crecimiento de Huaral, los hacendados del valle, especialmente los hermanos Del Solar, dueños de la hacienda Esquivel, interesados en el comercio de la zona y el aprovechamiento de su espacio residencial, vieron la necesidad de darle independencia administrativa a este sector, anexo al distrito de Chancay, capital de la provincia del mismo nombre. Para ello, los hermanos Del Solar gestionaron, através de su padre, Pedro Alejandrino Del Solar, entonces vicepresidente de la República en el gobierno de Remigio Morales Bermúdez, la creación del distrito de Huaral, el 31 de octubre de 1890. Paralelamente a este hecho, con el auge de los cultivos de caña y algodón, se dinamiza aún más con la construcción del ferrocarril nor-oeste, en su ramal Ancón-Huacho (1907-1911) debido a que esta línea atravesaba buena parte del valle y su estación estaba en Huaral, mientras que Chancay queda aislada y, en cierta forma, sufre por esta postergación.
A partir de la década de 1920, la presencia de grandes capitales extranjeros por la presión del mercado internacional provocó una alteración general en el cultivo de toda la costa del país. En el valle de Chancay este proceso, luego de la crisis del maíz debido al cólera porcino, generó la expansión del algodón. Los antiguos terratenientes fueron sustituidos por una nueva burguesía agraria que canceló el antiguo nivel rentista para invertir directamente en la producción. Este cambio determinó el auge del yanaconaje y la incorporación de mano de obra asalariada, que reemplazó a la tradicional mano de obra extranjera (chinos y japoneses), los que, con el correr del tiempo, se convierten en comerciantes y propietarios agrícolas hasta su casi total dominio del valle en las décadas del 20 y 30.
Así, las haciendas se convierten en unidades muy activas, principalmente en épocas de cosecha del algodón; asimismo, hay un importante flujo migratorio de los valles vecinos de la costa y de las comunidades serranas del valle. Además, Huaral se beneficia por la construcción de la carretera de penetración a la sierra en los años 20, por iniciativa de los hacendados para atraer a estos comuneros serranos como peone sasalariados. En cambio, Chancay solo logra dinamizarse a partir de los años 30 con la construcción de la Panamericana Norte (1935-40), vía que también vinculó a Huaral por un ramal asfaltado de 8 kilómetros.
Población de Chancay y Huaral
(1876-1993)
AÑO CHANCHAY HUARAL
1876 1825 535
1940 2761 5001
1961 5192 11491
1972 10065 19960
1993 23500 54199
Si bien la Carretera Panamericana, construida durante el gobierno de Benavides, hace renacer el comercio en Chancay, la ciudad es destruida por el terremoto de 1940. Pero, a pesar del sismo, Huaral y Chancay seguirían siendo las principales receptoras de migrantes. En 1966, otro sismo de 6,2 frente a Chancay causó graves daños al conocido norte chico, y al área de Lima-Callao. En Chancay hubo 30 muertos y 4 mil damnificados. Hasta el 15 de septiembre de 1988, la actual provincia de Huaura se llamaba Chancay.
La plaza de armas.- Esta plaza de considerada “histórica” no solo por los acontecimientos que en ella ocurrieron durante la independencia o la guerra con Chile sino porque, desde 1999, exhibe, como trofeo, restos de la cañonera chilena Virgen de la Covadonga, hundida por los chancayanos, al mando del teniente Decio Oyague, el 13 de septiembre de 1880. Se trata de las siguientes piezas: el ancla, una parte del cañón y 20 metros de cadena; el conjunto está en una esquina de la plaza. En la parte central, hay una antigua glorieta de tipo colonial. Finalmente, tenemos la iglesia matriz de la Inmaculada Concepción, de origen colonial y de formas barrocas, con su altas dorado. Está la imagen de al Virgen Dolorosa que, según la tradición, defendió Chancay del bombardeo chileno al producir una tupida neblina en el puerto de la ciudad. El 8 de Julio de 1913, el médico Luís Felipe Del Solar envía al entonces alcalde de Chancay, Benjamín Vizquerra, un oficio en el que le dio a conocer su voluntad de donar a Chancay un Kiosco para ser colocado en el centro de la Plaza de Armas. El ofrecimiento es autorizado y se inician los trabajos. La inauguración de la hermosa Glorieta fue el 12 de abril de 1914; su padrino fue el empresario Teodoro Gauthier. Desde entonces, la glorieta ha servido como punto de importantes reuniones religiosas, culturales y políticas. El 10 de febrero de 2000 fue declarada por el INC Monumento integrante del Patrimonio Cultural de la Nación.

Plaza de Chancay
Los tiempos prehispánicos.-De su historia prehispánica, destacamos dos momentos, uno de la época del precerámico y otra del Intermedio Tardío: el templo “Las Shicras” y la cultura Chancay.
El templo de “Las Shicras”.- En el año 2006, el hallazgo de un templo de 4.800 años de antigüedad, llamado Las Shicras, podría dar un vuelvo a las investigaciones arqueológicas si se comprueba que es más antiguo que Caral, la civilización más vieja de América. Su reciente descubrimiento ha abierto una nueva ventana para el estudio de los orígenes de la cultura andina, según su descubridor, el arqueólogo Walter Tosso. El templo está ubicado en el valle de Chancay y tiene suma importancia pues revela que los antiguos peruanos presentaban, en una época temprana, un complejo nivel de organización a nivel colectivo. Según estudios realizados, los restos vegetales encontrados en el templo han permitido conocer que su construcción data de 2.500 a 2.800 años antes de Cristo, la misma época en que floreció la ciudad de Caral.
La historia de este nuevo hallazgo se remonta al año 2003, cuando un grupo de 'huaqueros' excavó erróneamente en el valle e hizo dos profundos huecos que luego abandonaron. Ese mismo año, Walter Tosso encontró las enormes excavaciones e inició, junto con la Municipalidad de Huaral, un trabajo de protección para evitar su depredación. En junio del 2006, con el apoyo de la fundación privada peruana Museo Amano, el arqueólogo encabezó una primera excavación oficial que le permitió descubrir evidencias del importante descubrimiento. Según las investigaciones preliminares, el templo, levantado en piedra. cuenta con ocho niveles construidos en cuatro fases, lo que revela que allí se realizaban rituales religiosos. Por medio de estas ceremonias practicadas hasta la llegada de los españoles, en 1532, se tapaba un templo antiguo para construir uno nuevo en su lugar, simbolizando que lo nuevo crece sobre las cenizas de lo viejo.

Fardo de la cultura Chancay
La cultura Chancay.- Ubicada cronológicamente en lo que se denomina el Intermedio Tardío (1200-1450 d.C.), la cultura Chancay se manifestó desde Huaura hasta la parte baja del río Chillón, donde se encuentran sus restos arqueológicos más significativos. Su núcleo fue el valle del río Chillón. Según las investigaciones, Chancay debió ser una sociedad densamente poblada, a juzgar por el gran número de sitios arqueológicos y por la gran cantidad de cementerios. Sus sitios más representativos fueron Pisquillo Chico y Lauri, como centros administrativos-ceremoniales; Pancha La Huaca, como complejo palacio-residencial; y Tronconal, como un pequeño asentamiento. Chancay se diferencia de las otras sociedades de la costa central por tres rasgos:
a. Un sistema ceremonial y cosmológico complejo, materializado de la mejor manera en sus prácticas mortuorias y caracterizado por el tratamiento de los fardos funerarios, las réplicas de cabezas puestas en éstos, los rostros embadurnados de pintura, las ofrendas, la deformación craneana, las muñecas y las máscaras.
b. La cerámica, que se caracteriza por su plasticidad, elegancia y sobriedad, sobre todo en sus cántaros llamados popularmente “chinos”. De esta cerámica, se destacan principalmente los cántaros de forma ovoide con rostros humanos y pequeños relieves con las extremidades del cuerpo humano y también los ídolos de tamaño reducido, llamados “cuchimilcos”, de forma antropomorfa representando a figuras humanas con una destacada mandíbula, con los ojos pintados en negro.
c. La textilería, de gran logro tecnológico y artístico, pudiendo considerársela como creadora e innovadora en muchos aspectos. Destacan las llamadas gasas, los bordados y las telas pintadas y, entre los materiales, el algodón y la lana. Los Chancay enfardelaban a sus difuntos, especialmente con tejidos llanos y con una falsa cabeza de tela rellena de hojas de palta con pigmento rojo. Tuvieron un arte textil muy desarrollado: tapices, gasas complejas, telas teñidas, telas llanas con decoración listada, telas con plumas; con decoración de brocados y algunos bordados. Su arte se caracteriza también por las muñecas y escenas de muñecas hechas de tela y las representaciones de árboles con ramas de caña enrolladas con hilos multicolores (Ojo: la mejor colección de textiles Chancay está en el Museo Amano de Miraflores).
Conquista y virreinato.- La fundación española de Chancay corresponde a Luis Flores, según indicaciones del virrey Conde de Nieva (16 de noviembre de 1562). Su primer nombre fue Villa de Arnedo, en recuerdo del fundo que tenía en Virrey en España. Desde sus inicios, se establecieron aquí hidalgos españoles y los jesuitas fundaron la hacienda Jesús del Valle, dedicada al cultivo de la caña y la vid. Según documentos coloniales, ya desde finales del siglo XVI, Chancay abastecía al mercado de Lima con productos como vino, trigo, maíz, melones, manteca de cerdo y otros productos de “panllevar”. En 1757 el Cabildo de Justicia Mayor y Regimiento, dio el nombre de Chancay a esta Villa Colonial en reemplazo de Arnedo. En los archivos, Chancay aparece descrita como una “villa de españoles”, pero el censo de 1792 calculó su población en casi 3 mil habitantes, de los cuales solo 369 eran españoles. En realidad, la mayoría eran negros esclavos (1,600); los demás eran indios (502), mestizos (114) y otras castas (366).
Independencia y época republicana.- En 1813 la Villa de Chancay y sus alrededores contaba con la Iglesia Parroquial Nuestra Señora de la Virgen Santísima Inmaculada Concepción, el Convento religioso San Buenaventura, la Iglesia Nuestra Señora de los Dolores, en el Hospital Real y 15 Oratorios en las haciendas. Por esta gran actividad, y el apoyo de su población, el bando patriota decidió que Chancay era el lugar adecuado para establecer los acantonamientos del Ejército Libertador en 1820. En 1821, el general San Martín dictó el Estatuto y Reglamento Provisional en el que estableció la nueva demarcación territorial del Perú. En él se determinó que el lugar tome el nombre de "Distrito de Chancay" o "Corregimiento de Chancay", sobre la base de la anterior demarcación (más adelante, Ramón Castilla, el 2 de Enero de 1857, lo ratifico como tal, para los efectos de las Elecciones Municipales). Cabe destacar que por los servicios que su población prestó a la causa de la Independencia, una Ley del 16 de abril de 1828 le otorgó a Chancay el título de “fidelísima villa”.
Entre finales del XIX e inicios del XX, el valle bajo de Chancay estaba formado por 13 haciendas muy prósperas, 7 medianas propiedades y 500 pequeños fundos. Las haciendas ocupaban la parte central y más rica del valle, mientras que las medianas y pequeñas propiedades se ubicaban en zonas marginales. Chancay y Huaral eran pequeños centros poblados. Según el censo de 1876, la ciudad de Chancay contaba con 1,825 habitantes, mientras que Huaral, solo con 535; Huaral era apenas una estación de ferrocarril, construida desde la hacienda Palpa hasta el puerto de Chancay para el traslado de caña de azúcar al mercado internacional. El crecimiento de Chancay y Huaral era lento y sus haciendas vivían aisladas de la economía nacional pues toda su producción, caña y algodón, se orientaban ala exportación.
Pero hacia 1890, mientras Chancay se recuperaba de la destrucción dejada por la guerra con Chile, Huaral, a pesar de ser un caserío muy modesto, fue experimentando un cambio radical respecto a 1879 debido a al incremento del comercio y a la formación de su primera barriada, “La Huaquilla”, integrada por negros e indios. Los negros que vivían en este nuevo habían ganado su libertad en tiempos de Castilla y era ex trabajadores de haciendas como Huando, Retes, Boza o Pasamayo.
Gran parte de la “calle derecha”, vía principal de Huaral, así como la Plaza de Armas, se encontraban empedradas. Los domingos afluían al pueblo gran cantidad de peones asalariados, yanaconas y dueños de pequeños fundos. De la hacienda Palpa llegaba la locomotora llamada “Cafetera de Palpa”, llena de indios vestidos de colores y cargados de paquetes y costalillos con víveres. Estos convertían sus productos de “panllevar” en libras de oro y abastecían las tiendas, de los numerosos chinos que habitaban en Huaral. Otros chinos se dedicaban ala servidumbre o llenando los puestos de aguadores desde la acequia del puente.
La creación del distrito de Huaral.- Frente a este relativo crecimiento de Huaral, los hacendados del valle, especialmente los hermanos Del Solar, dueños de la hacienda Esquivel, interesados en el comercio de la zona y el aprovechamiento de su espacio residencial, vieron la necesidad de darle independencia administrativa a este sector, anexo al distrito de Chancay, capital de la provincia del mismo nombre. Para ello, los hermanos Del Solar gestionaron, através de su padre, Pedro Alejandrino Del Solar, entonces vicepresidente de la República en el gobierno de Remigio Morales Bermúdez, la creación del distrito de Huaral, el 31 de octubre de 1890. Paralelamente a este hecho, con el auge de los cultivos de caña y algodón, se dinamiza aún más con la construcción del ferrocarril nor-oeste, en su ramal Ancón-Huacho (1907-1911) debido a que esta línea atravesaba buena parte del valle y su estación estaba en Huaral, mientras que Chancay queda aislada y, en cierta forma, sufre por esta postergación.
A partir de la década de 1920, la presencia de grandes capitales extranjeros por la presión del mercado internacional provocó una alteración general en el cultivo de toda la costa del país. En el valle de Chancay este proceso, luego de la crisis del maíz debido al cólera porcino, generó la expansión del algodón. Los antiguos terratenientes fueron sustituidos por una nueva burguesía agraria que canceló el antiguo nivel rentista para invertir directamente en la producción. Este cambio determinó el auge del yanaconaje y la incorporación de mano de obra asalariada, que reemplazó a la tradicional mano de obra extranjera (chinos y japoneses), los que, con el correr del tiempo, se convierten en comerciantes y propietarios agrícolas hasta su casi total dominio del valle en las décadas del 20 y 30.
Así, las haciendas se convierten en unidades muy activas, principalmente en épocas de cosecha del algodón; asimismo, hay un importante flujo migratorio de los valles vecinos de la costa y de las comunidades serranas del valle. Además, Huaral se beneficia por la construcción de la carretera de penetración a la sierra en los años 20, por iniciativa de los hacendados para atraer a estos comuneros serranos como peone sasalariados. En cambio, Chancay solo logra dinamizarse a partir de los años 30 con la construcción de la Panamericana Norte (1935-40), vía que también vinculó a Huaral por un ramal asfaltado de 8 kilómetros.
Población de Chancay y Huaral
(1876-1993)
AÑO CHANCHAY HUARAL
1876 1825 535
1940 2761 5001
1961 5192 11491
1972 10065 19960
1993 23500 54199
Si bien la Carretera Panamericana, construida durante el gobierno de Benavides, hace renacer el comercio en Chancay, la ciudad es destruida por el terremoto de 1940. Pero, a pesar del sismo, Huaral y Chancay seguirían siendo las principales receptoras de migrantes. En 1966, otro sismo de 6,2 frente a Chancay causó graves daños al conocido norte chico, y al área de Lima-Callao. En Chancay hubo 30 muertos y 4 mil damnificados. Hasta el 15 de septiembre de 1988, la actual provincia de Huaura se llamaba Chancay.
La plaza de armas.- Esta plaza de considerada “histórica” no solo por los acontecimientos que en ella ocurrieron durante la independencia o la guerra con Chile sino porque, desde 1999, exhibe, como trofeo, restos de la cañonera chilena Virgen de la Covadonga, hundida por los chancayanos, al mando del teniente Decio Oyague, el 13 de septiembre de 1880. Se trata de las siguientes piezas: el ancla, una parte del cañón y 20 metros de cadena; el conjunto está en una esquina de la plaza. En la parte central, hay una antigua glorieta de tipo colonial. Finalmente, tenemos la iglesia matriz de la Inmaculada Concepción, de origen colonial y de formas barrocas, con su altas dorado. Está la imagen de al Virgen Dolorosa que, según la tradición, defendió Chancay del bombardeo chileno al producir una tupida neblina en el puerto de la ciudad. El 8 de Julio de 1913, el médico Luís Felipe Del Solar envía al entonces alcalde de Chancay, Benjamín Vizquerra, un oficio en el que le dio a conocer su voluntad de donar a Chancay un Kiosco para ser colocado en el centro de la Plaza de Armas. El ofrecimiento es autorizado y se inician los trabajos. La inauguración de la hermosa Glorieta fue el 12 de abril de 1914; su padrino fue el empresario Teodoro Gauthier. Desde entonces, la glorieta ha servido como punto de importantes reuniones religiosas, culturales y políticas. El 10 de febrero de 2000 fue declarada por el INC Monumento integrante del Patrimonio Cultural de la Nación.

Plaza de Chancay
03/01/10: 50 años de la muerte de Albert Camus

Para Albert Camus no sólo la vida era absurda: tampoco su muerte hace 50 años pudo ser más absurda. El automóvil en que el escritor y filósofo viajaba a París como acompañante chocó el 4 de enero de 1960 contra el único árbol que había en el camino, después de que reventara un neumático trasero. Camus tenía 46 años.
La pregunta por el sentido de la vida erigió a Camus en filósofo del absurdo y la rebeldía, y su sublevación contra el absurdo del mundo lo moldeó como el inconformista que aún hoy tiene millones de seguidores. Entre ellos, el presidente francés, Nicolas Sarkozy, que hace poco propuso trasladar la sepultura del escritor al famoso Panteón parisino, con motivo del 50 aniversario de su fallecimiento. Pero la propuesta del mandatario generó críticas enérgicas porque, en vida, Camus rehuyó cualquier subordinación y homenaje. "No le gustaban los homenajes. El Premio Nobel de Literatura en 1957 sólo lo aceptó por motivos financieros", explicó su hija Catherine, que a comienzos de diciembre de 2009 publicó un libro sobre su padre.
El título Solitaire et solidaire ("Solitario y solidario") expresa dos lados esenciales de su progenitor, que marcaron a Camus como un marginado entre los intelectuales franceses. Camus era alguien comprometido con la política, al tiempo que rechazaba un pensamiento posicionado en un solo espectro político y las ideologías. Detestaba la violencia, también aquélla usada para imponer objetivos políticos. Criticaba el fascismo, tanto el español como el alemán, así como los campos de trabajos forzados en la Unión Soviética de Stalin.
'El hombre rebelde'.- Como redactor jefe del periódico clandestino de resistencia Combat condenó el lanzamiento estadounidense de la bomba atómica sobre Hiroshima y la represión del levantamiento húngaro en 1956 por parte de los soviéticos. Su ensayo crítico con el comunismo 'El hombre rebelde' fue para la izquierda una señal definitiva de que Camus se había convertido en un disidente reaccionario y derivó en el quiebre de la relación amistosa e intelectual que lo unía a Jean-Paul Sartre y muchos amigos de antaño.
Camus provenía de un hogar pobre. Nació en 1913 en la argelina Mondovi, hijo de un empleado de bodega y una empleada doméstica de origen español que casi no sabían leer y escribir. En 1914, su progenitor falleció en la Primera Guerra Mundial. En 1957 Camus fue distinguido con el Premio Nobel de Literatura por su no tan vasta obra literaria y filosófica, en la que se destacan 'El extranjero', 'La peste', 'La caída', 'El hombre rebelde' y 'El mito de Sísifo'. Sus obras tratan de la búsqueda del sentido de la vida y el desgarramiento interno del ser humano. A menudo la fachada es el paisaje argelino y mediterráneo que para él era muy importante. Sin embargo, no calificó de autobiográfica ninguna de sus obras. "Las obras de una persona a menudo reflejan la historia de sus pasiones o sus tentaciones, pero casi nunca su propia historia", consideraba el filósofo (DPA).
03/01/10: Notas sobre Lima hacia 1900 (2)

Estación del tranvía en Los Descalzos (Rímac)
El cinematógrafo.- sábado 2 de enero de 1897 se llevó a cabo la primera función pública de cine en el “Jardín de Estrasburgo”, célebre confitería ubicada en la Plaza de Armas de Lima. El aparato usado fue el Vitascope, patentado por Thomas Alva Edison en 1896. La función, a la que asistieron el presidente Piérola, ministros e invitados, duró dos horas y se inició a las 9 de la noche. Dos días después el cine fue mostrado al público; los limeños pagaron entonces, por primera vez, para asistir a un espectáculo cinematográfico. Un anónimo operador filmó, hacia 1899, las primeras vistas del Perú y el 23 de abril de 1899, en el teatro Politeama de Lima, se proyectaron veinte vistas entre las que se encontraban tres llamadas La catedral de Lima, Camino a La Oroya y Chanchamayo. Fueron tal vez las primeras imágenes de la geografía peruana proyectadas por un aparato cinematográfico.
De otro lado, la proyección de películas nacionales en estos años fue escasa, sin embargo, a pesar de que el cine era un oficio muy nuevo, esto no impidió que se lograra realizar algunos films como Las salidas de misa de 11 am. De la iglesia de San Pedro (1904), Corridas de toros en la Plaza de Acho (1904), Ejercicios de fuego de la batería de Alfonso Ugarte del Callao (1904), Los centauros peruanos (1911), Negocio del agua (1913), Del manicomio al matrimonio (1913) y otros más. El cine, sin embargo, no estaba todavía en condiciones técnicas para competir con el teatro y la ópera porque era un cine mudo, con muchas imperfecciones, un espectáculo que demandaba ciertos gastos de instalación.
Finalmente, si los limeños miraban a Europa no fue difícil la excepcional acogida que dio la ciudad al curioso aparato, proveniente del soñado París, que mostraba los cafés de los Campos Elíseos, el Arco del Triunfo o la Torre Eiffel. Como sostiene Giancarlo Carbone, el cine ayudó a ensanchar el horizonte visual local, introdujo nuevas costumbres, trastocó y rompió antiguas morales sociales, presentó noticias sobre flamantes rumbos políticos y sobre todo inyectó una modernidad en una sociedad que a pesar de haber entrado a un nuevo siglo parecía aún estancada en los moldes sociales coloniales. Es, pues, bajo el signo del cine que hemos ido modelando nuestra cultura y construyendo nuestro imaginario y nuestros sueños.
El hipódromo de Santa Beatriz.- Si bien la afición por la hípica había crecido a lo largo del último tercio del siglo XIX, Lima no contaba con un recinto lo suficientemente moderno para albergar a todos los entusiastas por las carreras de caballos. Por ello, el jueves 11 de junio de 1903 se inauguró, gracias al esfuerzo del Jockey Club de Lima, el nuevo hipódromo de Santa Beatriz, ubicado en el actual Campo de Marte. El hipódromo fue durante muchos años una de las construcciones más hermosas y modernas que pudo exhibir la capital. Su elegante arquitectura, una curiosa mezcla de estilos afrancesados y arabescos, y su perfecta ubicación, en un inmenso campo verde, ofrecieron el marco adecuado para que los altos círculos limeños lo tomaran como uno de sus lugares favoritos de reunión. Memorables fiestas y eventos se celebraron en sus instalaciones. Una de las más recordadas fue la carrera de gala con motivo de la visita del general argentino Roque Sáenz Peña, futuro presidente de su país, en 1905. Los domingos y feriados sus tribunas de madera se abarrotaban de público por lo que fue necesario luego abrir la avenida Guzmán Blanco para facilitar el acceso desde el elegante Paseo Colón y la novísima Plaza Bolognesi.
La llegada de la bicicleta.- Fue uno de los grandes inventos de finales del XIX, como medio de locomoción y de pruebas ciclísticas (de velocidad o resistencia). En Lima fue una gran novedad cuando, el 5 de septiembre de 1888, El Comercio anunciaba la venta del velocípedo Bicycle en la mueblería de C. Krug, en la calle San Martín del Callao. Sabemos también que los hermanos Luis, Antonio y Miguel Miró Quesada fueron los primeros en montar bicicleta en el jirón de la Unión; las “bicis” fueron bautizadas como las “arañas”. La afición creció y las primeras competencias se hicieron a lo largo de las calles Mercaderes y Espaderos (cuarta y quinta cuadras del Jirón fe la Unión). Esta fiebre llevó a fundar, en 1892, un Club de Bicicletas. Luego, el Club Francés, el 14 de julio de 1893 (día de la independencia de Francia) organizó, en un campo detrás del Parque de la Exposición, 5 carreras de entre 15 a 20 velocípedos. Como es lógico, gran impulso al ciclismo dieron las tiendas destinadas a la venta de bicicletas de diversas marcas y modelos de procedencia norteamericana, francesa, inglesa, alemana o italiana. También había agencias destinadas al alquiler de bicicletas. El 21 de mayo de 1898, por ejemplo, en El Comercio se anunciaba: “A 4 centavos la hora. Se alquila en la forma siguiente: Una bicicleta para señora o caballero, por un día de 24 horas S/. 5; una bicicleta por una semana, S/. 12; por dos semanas, S/. 20; por un mes, S/. 30”. Este sistema daba facilidades a las personas carentes de dinero, pero que sentían la afición y apego por el deporte del ciclismo. ¿Cuál era el precio promedio de una bicicleta nueva? Por ejemplo, una tienda de la calle Mercaderes 140 vendía modelos Corona a 150 soles.
Progresos en la salud: llegan las vacunas.- Los limeños, como los habitantes de otras ciudades del planeta, sufrieron de muchas enfermedades comunes que, eventualmente, se convirtieron en epidemias. Esto se explica, en gran parte, por las precarias condiciones de higiene que presentaba Lima. A pesar de los esfuerzos modernizadores, el acelerado crecimiento la ciudad no estuvo acompañado de una mejora sustancial en la construcción de viviendas ni en los servicios urbanos. Las viviendas eran insuficientes e insalubres. Al lado de las mansiones de las familias de la elite estaban los célebres callejones que fueron la expresión más viva del hacinamiento. En ellos se aglomeraban las familias y la suciedad. La mayoría de sus viviendas tenían silos poco profundos, paredes huecas, amplias cavidades entre el entablado de las habitaciones y el suelo, además de combinar muchas veces el adobe de la planta baja con la quincha en la planta superior. Respecto a los servicios de salubridad estos dejaban mucho que desear. Es cierto que se renovaron algunos básicos como el agua, desagüe y alumbrado público eléctrico. Pero, por ejemplo, las 60 toneladas de basura que producían los limeños hacia 1900 eran depositadas en los muladares ubicados en las márgenes del Rímac. Allí se alimentaban los cerdos que luego eran sacrificados en un matadero cercano. No había un adecuado servicio de baja policía. Además casi no había alcantarillas cerradas; la mayoría de las acequias eran abiertas y recorrían las estrechas calles. Todo esto favoreció, por ejemplo, la multiplicación de las ratas. Recordemos que, entre 1903 y 1904, la antigua capital de los virreyes fue castigada por una epidemia de peste bubónica.
En resumen, la carencia de higienes en las calles, la secreción de aguas inundadas de las acequias y la mala calidad de los alimentos que se vendían al público hizo que al fiebre amarilla y la tuberculosis hicieran estragos en la población, especialmente la última, que ocasionaba el 25% de las muertes en Lima. Asimismo, el clima, cargado de humedad, hacía que los limeños padecieran las clásicas enfermedades respiratorias como asma, asfixia, neumonía, pleuresía, bronquitis, angina y catarros. Los malos hábitos alimenticios, por su lado, eran causantes de cólicos, diarreas, lombrices, gastritis y diversas indigestiones, el popular “empacho”. Pocos, además, asociaban que las altas dosis de grasas en los alimentos desencadenaban trastornos cardiovasculares.
Frente a este panorama un tanto desolador, afortunadamente, en 1895, una junta de notables estableció en Lima, con carácter municipal, un instituto de vacuna. Luego, el 22 de mayo de 1896 se creó, por fin, el Instituto Vaccinal (o Instituto Nacional de Vacuna), a cargo del doctor Ricardo L. Flores, que funcionó en el Palacio de la Exposición. Según el médico Juan B. Lastres, “el virus remitido por el Instituto de París, (el cual) sirvió para preparar la vacuna, pasándolo de ternera a ternera, obteniendo siempre buen éxito”. Como vemos, el rol del Instituto fue el cultivo de la vacuna animalizada, conservarla y distribuirla a “preservar la salud, controlar las epidemias”. Hubo vacunas para combatir la TBC pulmonar, viruela, fiebre tifoidea, gripe influenza, sarampión, infección puerperal, difteria, tos ferina y fiebre amarilla.
Al mismo tiempo, el Gobierno estableció la vacunación obligatoria, lo que aumentó las inoculaciones en los 10 distritos de la ciudad. Luego de seis meses de la implantación de la vacuna, el Médico Evaluador Municipal remitió a la Inspección de Higiene un parte de atenciones de Vacunas y Revacunas a partir del 1 de junio al 31 de diciembre de 1896. Las vacunas se suministraban todos los días de 3 a 5 de la tarde en el local de la Exposición. Luego, se habilitaron oficinas en los mercados de la Concepción, Baratillo y Aurora.

Instituto de Vacuna, en La Exposición
Los médicos y el avance de la cirugía.- El pionero de la cirugía peruana fue el doctor Lino Alarco quien, a su regreso de Europa, practicó, por primera vez en el Perú, una operación quirúrgica a una mujer, que consistió en la extirpación de los ovarios. Fue en 1878. Utilizó como analgésico el cloroformo y un conjunto de medidas para esterilizar el recinto donde se practicó la operación. Otro médico importante fue el doctor Néstor Corpancho, también especializado en cirugía de mujeres, considerado el precursor de la ginecología en el Perú. Este “médico de señoras” atendía en su consultorio particular y en el Hospital de Santa Anita.
Otra autoridad fue el doctor Constantino Carvallo (Huacho 1853-Lima 1919) quien no solo fue catedrático de la Facultad de Medicina de San Marcos sino que introdujo la estufa seca poupinel para las esterilizaciones y los guantes de goma de Halstear y Chaput. También fue él quien trajo, en 1896, el primer aparato de Rayos X para tomar radiografías. Las primeras placas que se tomaron fueron a los huesos de la mano del presidente Piérola y del escritor Ricardo Palma. Carvallo atendía en la Clínica de Ginecología del Hospital de Santa Ana y en su clínica privada, ubicada en la calle Filipinas 159 (su teléfono era el 416); las consultas eran de 12:30 a 3:00 pm.
Otros médicos famosos de la época fueron el italiano Ernesto Mazzi, nacido en Florencia, gran oculista y que atendía en el Hospital Italiano, en la alameda Grau, cerca de Santa Sofía (hoy Politécnico Pardo). Otro médico italiano fue José Azzali, profesor de la Facultad de Medicina, pionero de las operaciones en los órganos abdominales y de riñones; trabajó también en el Hospital Italiano y su consultorio privado estaba en San Cristóbal del Tren (al costado de la estación de San Juan de Dios nº 11). Por su lado, Juvenal Denegri fue el pionero de la otorrinolaringología; fue profesor en san marcos, atendió en el Hospital de Santa Anay su consultorio estaba en la calle Boza nº 322 (su teléfono era 579). También tenemos al doctor Wenceslao Molina, especialista en cirugía de mujeres y profesor de oftalmología; atendía en el Hospital de Santa Ana y su consultorio se ubicaba en la calle de la Moneda nº 261 (Teléfono 403). Finalmente, citamos al doctor Esteban Campodónico, nacido en Chiavari (Italia), cirujano y oftalmólogo; trabajó en el Hospital italiano y las consultas particulares en su domicilio de la calle Fresa nº 263.
Fábricas y obreros.- En estos años, se produjo un interesante en la economía urbana pues buena parte de los beneficios de la exportación se invirtieron directamente en la capital. La industria, los servicios públicos (agua, luz y teléfono) y la banca experimentaron una rápida expansión. Lima era la única capital latinoamericana cuyos servicios básicos pertenecían en su integridad al capital nacional. En este proceso destacaron tanto importantes familias de la oligarquía como inmigrantes extranjeros, especialmente los numerosos italianos que llegaron desde finales del siglo XIX. Es la época en que se formaron grupos económicos de inversión siguiendo el "efecto demostrador" recibido de las compañías extranjeras. Esto permitió que las técnicas empresariales de los extranjeros influyeran sobre los miembros de la élite nacional. Igualmente, muchos peruanos estudiaron métodos empresariales británicos, franceses y norteamericanos en el exterior, o fueron empleados por compañías extranjeras que operaban en el país. En este sentido queda demostrado que la élite fomentó el desarrollo económico nacional y promovió un proceso de industrialización autónomo.
A partir de 1895 el ritmo de creación de industrias se acelera. La mayor parte de ellas está destinada a producir bienes de consumo ligero. En 1896 se creó la “Sociedad Nacional de Industria” y el “Instituto Técnico e Industrial del Perú” para servir al gobierno como órgano consultivo y al público como centro de información en técnicas industriales. De las diversas ramas, la textil fue la que alcanzó mayor desarrollo y progreso, especialmente la industria manufacturera de tejidos de algodón. En Lima se encontraban las principales fábricas como Santa Catalina (1888) y San Jacinto (1897). De otro lado, inmigrantes italianos fundaron las fábricas de helados D'Onofrio en 1897 y de elaboración de harina como Nicolini Hermanos en 1900. En 1906 había en Lima 7 fábricas de fideos y 12 en provincias. La producción de galletas estuvo monopolizada por Arturo Field. La industria cervecera, establecida desde mediados del siglo XIX, estaba representada por Backus y Johnson en Lima; en el Callao, Fábrica Nacional de A. Kieffer que luego pasaría a la familia Piaggio. Las fábricas de bebidas gaseosas incluían a La Higiénica, Las Leonas, Nosiglia, La Pureza, de R. Barton; en 1902, Manuel Ventura introdujo la Kola Inglesa. En Arequipa estaban las de Yura y D. Gutiérrez. De otro lado, en 1898, se establecieron dos fábricas de fósforos: El Sol y La Luciérnaga.

Este pequeño boom industrial reabrió el debate sobre el proteccionismo. El economista Alejandro Garland dijo que el país no debía apoyar la existencia de “industrias amparadas”. En su opinión, el proteccionismo estancaba el progreso industrial porque elimina la competencia. El país no debía pagar el costo de proteger industrias ineficientes y de altos costos; la importación de manufactura es una “corriente civilizadora”. Por su lado, Felipe Barreda y Osma, presidente de la Sociedad Nacional de Industrias, defendió el proteccionismo. En realidad, era un debate entre los propietarios (Barreda) y los intelectuales de la época (Garland). Al final, la política económica se inclinó al liberalismo comercial.
Asimismo, es en esta época cuando los obreros y artesanos de Lima llegan a tomar consciencia de grupo, influidos por el anarquismo. En 1901 se convocó al Primer Congreso Nacional Obrero en el que se trató de analizar la problemática social de los trabajadores y su vinculación con los empresarios. Asimismo organizan sociedades de auxilio y ayuda mutual. Todas ellas lucharon por mejorar la condición de vida de los obreros, apoyándose algunas veces en medidas de fuerza como las huelgas. Es también en este contexto que el civilismo se interesa por la presión laboral y encomienda al congresista José Matías Manzanilla varios proyectos de índole social para ser debatidos en el Parlamento. Una de las más célebres huelgas fue la de los jornaleros del Callao quienes en mayo de 1904 presentaron un petitorio común a las autoridades del puerto reclamando mejoras salariales y otros beneficios sociales; hubo enfrentamientos con la gendarmería, siendo herido mortalmente el obrero Florencio Aliaga, primera víctima de la lucha sindical. Es necesario mencionar que el periódico que expresó de manera más lúcida las ideas y reivindicaciones de los obreros fue La Protesta que apareció en 1911.

Fábrica de cerveza Backus y Johnson hacia 1900
02/01/10: Notas sobre Lima hacia 1900 (1)

La Municipalidad de Lima en 1900
Cuando culminaba el siglo XIX o, mejor dicho, se iniciaba el XX, la elite limeña miraba a Europa en su mentalidad y vida cotidiana. El modelo de ciudad era París; por ello, Lima, empezaba a transformarse y las avenidas principales, la Colmena y el Paseo Colón, terminaron poseyendo una fisonomía parisina que era signo y norte de un modo de existir. Esta cultura, entonces, estaba totalmente europeizada o, en otras palabras, afrancesada. En este sentido, la llegada del cinematógrafo, con sus imágenes, trasladaba imágenes del Viejo Mundo a las mentes limeñas. Esas imágenes en movimiento hacían posible que la gente pudiera saber cómo eran los países europeos o los Estados Unidos. Podían ver cómo vestían sus gentes, como calzaban, cómo caminaban, qué tipo de sombrero llevaban, cómo eran sus bares o restaurantes y es bastante probable que fue de esta forma como la élite asimiló costumbres y comportamientos. El cinematógrafo, en síntesis, cumplió, una eficaz función -como ahora podrían ser la televisión por cable o la Internet- de vehículo de transmisión de estas influencias foráneas, más modernas o “civilizadas”.
A Lima llegaban, además del cinematógrafo, el automóvil, el teléfono, el aeroplano o las vacunas que fueron lo que la computadora, un producto de punta de la tecnología moderna, representa para el momento actual. De otro lado, en una ciudad todavía muy pequeña, la elite ejercía sobre los demás grupos una suerte de tolerancia paternalista fruto de la educación y la moral de su tiempo. Asistían a las procesiones, a las corridas de toros, a los paseos por las lomas de Amancaes, a ciertos espectáculos deportivos y también al cine. Eran actitudes típicas de principios de siglo donde los grupos superiores se entremezclaban con el pueblo para obtener legitimidad y consenso.
La moral por esos años era sumamente tradicional. Una cultura patriarcal en la que el espacio público (la calle o la política) estaba reservado para los hombres; el espacio privado (la casa), en cambio, era el reino de la mujer. La mujer era una especie de “objeto sagrado” que se conservaba al interior de las paredes del hogar y representaba la virtud y la moral de una familia. Sin embargo, poco a poco, la llegada de las imágenes a través del cine o las revistas introdujeron nuevos comportamientos. Las nuevas actitudes amorosas, por ejemplo, que los peruanos pudieron ver en el cinematógrafo afectaron profundamente las relaciones entre hombres y mujeres. Si hasta 1900 las mujeres llevaban vestidos muy largos y los hombres trajes muy pesados, poco a poco la gente se va a despojar de todo lo que es indumentaria inútil, inadecuada para establecer una mejor relación el tipo de clima de la costa. Se inicia una especie de racionalización de la vida cotidiana, es decir, la gente quiere comportarse de manera más práctica.
Lima tenía poco más de 100 mil habitantes. Los cálculos destacan un alto porcentaje de población “blanca”, un 25%, debido, básicamente a la llegada de inmigrantes europeos, en su mayoría italianos e ingleses y norteamericanos, estos últimos trabajadores de empresas mineras, que iban y venían de la sierra central (Cerro de Pasco), por la estación de Desamparados.
Este movimiento poblacional obligó, por ejemplo, que nuestra ciudad tuviera un adecuado servicio de alojamiento. A los antiguos tambos o pasadas (el más concurrido era uno que estaba en la calle Polvos Azules), que eran casas de huéspedes para los viajeros pobres, se añadían los “grandes hoteles” de entonces: el Grand Hotel Maury, el Hotel France e Ingleterre (en 1880 estaba en la Plazuela de Santo Domingo, posteriormente ocupó el anexo del Maury, en la esquina de Bodegones con Judíos 204, la misma calle del Maury, mirando hacia la Plaza de Armas y al Palacio de Gobierno), y el Hotel Santa Apolonia (calle Santa Apolonia 355, jirón Lampa, atrás de la Catedral de Lima). En un segundo orden estaban el Hotel Central (calle Palacio 48); Hotel Europa (calle Jesús Nazareno 7); Hotel París (Plaza del Teatro); Hotel Comercio (calle de la Pescadería) y Hotel Italiano (calle de Trujillo 216).
Cabe destacar que según la Guía Mignon de Lima (1913), de Carlos B. Cisneros: “En Lima no hay hoteles que ofrezcan el confort de aquellos de primer orden en estados Unidos o Europa, a pesar que cada hotelero da título de primera clase al suyo. Los de la ciudad recuerdan por su organización lo de segundo orden de Francia o Italia; sus propietarios se esfuerzan por colocarlos a nivel de las exigencias modernas. En ellos se paga aun por solo un día, el precio de pensión, que comprende: la habitación, la luz, el servicio, el almuerzo y la comida. El desayuno a menudo se cuenta aparte. El alimento, por lo general, es bueno y abundante, sobre todo la comida, compuesta por un menú en que se mezclan guisos de la cocina criolla, italiana y francesa. El personal, aunque nacional, habla o comprende el francés e inglés. El mobiliario de las habitaciones y limpieza dejan mucho que sedear. El personal, frecuentemente, es negligente y poco servicial no comprende las exigencias del extranjero, fuera de las costumbres del país. Hay que soportar con resignación la costumbre peruana de fumar en todas partes. Las casas de huéspedes y posadas son albergues menos que mediocres. El precio de la pensión varía según esté situada la habitación; si se halla al interior o con vista a la calle fluctúa entre Lp. 1 y $6. El almuerzo se sirve por lo general de 11 am. a 1 pm. Y la comida de 7 a 9 pm. El vino se paga aparte. Hay algunos vinos nacionales regulares pero muy alcoholizados. En el salón de lectura se encuentran periódicos ingleses, americanos, alemanes, italianos y franceses. Hay que tener cuidado con la lencería fina y de color, pues toda la ropa se leva por lo general mecánicamente. En Lima no hay Boarding Houses ni Pensions de Familles”.
A parte de este servicio, Lima, como toda ciudad moderna, ya contaba con otros como:
Alumbrado eléctrico.- Desde el 14 de febrero de 1884, por resolución del Ministerio de Gobierno, algunos sectores de la ciudad y pocas casas particulares empezaron a gozar de este avance de la tecnología. La empresa prestadora de este servicio era la Peruvian Electrical Construction and Tripply and Company. Aparte la Plaza de Armas, los jirones Carabaya (desde Bodegones hasta la exposición) y Unión (hasta el Palacio de la Exposición) tuvieron luz artificial. Desde 1886, el servicio se amplió a otros sectores, incluso llegó a algunos barrios de Abajo el Puente. La energía venía de una central a vapor, un caldero y un motor de 500 caballos (es decir, un “grupo electrógeno” con la tecnología de entonces), ubicado a la entrada de lo que es hoy el paseo de la República. Luego, la “Empresa de Gas” reemplazó a la Peruvian en el suministro hasta que fue absorbida por sociedades industriales.
El teléfono.- El 15 de febrero de 1887, el Congreso dio la ley para implantar el servicio telefónico. Al año siguiente, se establecieron las cláusulas y se convocaron las licitaciones. El servicio podía vincular una o varias poblaciones a la vez, se ofrecía libertad para al importación de los aparatos y la tarifa estaba en función del costo de cada kilómetro de vía telefónica. Al final se formaron dos compañías, “Peter Bacigalupi y Cìa” y “The Peruvian Telephone Company”. La primera, con postes propios, estableció una línea de servicio de Lima a Chorrillos, con ramificaciones para Miraflores y Barranco; la segunda, establecía la conexión entre Lima y el Callao. En 1890, las tarifas de abono de la “Peruvian” eran de 90 soles para las casas comerciales y de 50 soles para las particulares.
El telégrafo.- Sabemos que, desde 1855, por iniciativa de Santiago Lombardo y con el apoyo del Estado peruano, Lima tuvo este servicio. En 1888, el gobierno de Cáceres canceló las licitaciones y declaró libre el establecimiento de líneas telegráficas.
Las máquinas de coser.- Su llegada fue un suceso histórico, pues absorbió paulatinamente el trabajo artesanal. Vino la producción en serie y la especialización. A finales del siglo XIX, el mercado limeño estaba invadido por varias marcas. De ellas, las más conocidas fueron Domestic (importada por “Crosby Hermanos”, de la calle Bodegones nº 67, Carabaya) y, sobre todo Singer, que al final fue la única que subsistió. Inventada en 1850, las primeras Singer llegaron a Lima en 1875. En 1897 había las de aparar, poner elásticos y agujas, lanzaderas, etc., así como toda clase de repuestos para las máquinas. El lugar de venta estaba en la calle de la Peña Horadada nº 278. Luego también llegaron otras clases de máquinas, tanto de pie como de mano, lo que diversificó el campo de las costuras, al poder realizarse todos los puntos de costura y bordado. De otro lado, las fábricas de calzado e industrias del cuero también se adelantaron con el concurso de la moderna máquina.
La máquina de escribir.- No hay duda se que su llegada significó un valioso aporte a los hombres de letras y a los funcionarios del estado. A Lima llegaron en 1890. Se vendieron en la librería y útiles de escritorio de J. Newton y eran de la marca The World. La de lujo, en caja niquelada, costaba 25 soles; la simple, 20 soles. Con los años, llegaron más marcas, unas en cajas de madera; otras en estuches de cuero. A veces, solo la maleta, pesaba unos 7 kilos. Sin duda, la marca que se terminó imponiendo fue Remington, primero vendida por la casa importadora alemana C.M. Schooder & co., que tenía locales en Lima y el Callao. Luego, fue vendida por la Casa Morakski Hermanos (calle Mercaderes nº 205), que se convirtió en su único agente en nuestro país.
Los automóviles.- El primer automóvil que circuló en el Perú no lo hizo en Lima. Llegó a Huaráz en 1899 y lo trajo desde Europa, en cajas para ser armado, el minero Arturo Wertheman; era un “Gardner Serpollet” a vapor que tuvo un notable desempeño al circular a más de 4 mil metros de altitud, sin duda un récord mundial. En 1903 paseó por Lima el primer automóvil; fue un Locomobil a vapor de origen europeo, importado por Ricardo L. Florez. El primer auto a gasolina llegó en 1904 y, en 1905, llegó el primer auto norteamericano marca Reo, traído por Abraham y Miguel Elguera quienes se convirtieron en los primeros comerciantes de venta de autos en Lima. Un hecho sin precedentes ocurrió en 1907 cuando 25 autos y una moto, casi todos los que existían en Lima por esos años, realizaron un rally desde el Paseo Colón hasta el balneario de La Punta; el segundo gran rally, cubrió la ruta de Lima a Ancón. Un hecho histórico ocurrió en 1908 cuando el ingeniero Alberto Grieve diseñó y construyó el primer auto en el Perú; el modelo llevó su nombre. La importación cada vez mayor de automóviles permitió la realización de algunas “proezas”.
El tranvía.- En 1877 se había inaugurado en Lima el tranvía con tracción animal o también llamado “tranvía de sangre”. Ahora, en 1903, ese viejo tranvía se trasformó en eléctrico y facilitó el transporte de la población capitalina. El primer “eléctrico” comenzó construirse en 1903 y unía a Lima con Chorrillos (14 kilómetros que atravesaban Miraflores y Barranco); la velocidad máxima que alcanzaba era de 40 a 60 kilómetros por hora. Al año siguiente otro tranvía unió a Lima con el Callao. Por esos años el alcalde de la capital era Federico Elguera, de notable gestión pues durante su administración (1901-1908) la ciudad se trasformó al modernizarse todos sus servicios públicos. Sin embargo, el entusiasmo por el nuevo sistema de transporte quedó ensombrecido por un temprano accidente. En febrero de 1904 un coche que cubría la ruta a Chorrillos sufrió un desperfecto a la altura de la Bajada de Armendariz, en Miraflores, cuando el vehículo se desconectó del cable de electricidad y quedó detenido a oscuras con todos sus pasajeros a bordo. Pocos minutos después, un segundo coche de tranvía de la misma ruta, colisionó con el averiado sin saber, obviamente, que se encontraba detenido. Cuentan que las rápidas maniobras del conductor evitaron una tragedia mayor. Por ello, felizmente solo hubo heridos y pérdidas materiales en ambos coches. Este accidente obligó a los responsables del tranvía a tomar medidas de seguridad y se construyeron teléfonos en determinados tramos de la ruta para avisar inmediatamente de cualquier situación de emergencia.

Juan Casusol, fundador del tradicional local, dejó de existir en los primeros minutos de hoy a los 97 años de edad. Pocos minutos después de que el reloj marcara el inicio del Año Nuevo, Juan Casusol, dueño del bar "Juanito" de Barranco, dejó de existir. Así lo confirmó su hijo Rodolfo. "Mi padre falleció de un paro cardíaco. Ya estaba un poco delicado, pero nadie se esperaba este desenlace. Estábamos preparados para recibir el Año Nuevo, pero indudablemente tuvimos que cerrar el local", manifestó. Juan Casusol falleció a las 0:25 horas de hoy a los 97 años. Su hijo Rodolfo manifestó que su estado era delicado, ya que tenía problemas renales.
El bar "Juanito" se fundó el 16 de junio de 1937. Está ubicado en la Plaza de Barranco, uno de los barrios más turísticos y populares de la capital peruana. Antes de ser lo que era un almacén donde se vendía desde abarrotes hasta productos de ferretería, pero Casusol le dio un vuelco al negocio cuando colocó mesas y empezó a servir bebidas alcohólicas y platos fríos que lo hicieron famoso en Lima. "Juanito" ha sido frecuentado por ilustres visitantes como el cantante español Joaquín Sabina en los últimos años o el salsero Óscar de León, que acudía al bar a finales de la década de 1970. También era habitual encontrarse con la diva peruana de la world music, Susana Baca, o con el actual presidente del país, Alan García, quien en "sus tiempos mozos" acudía a jugar al futbolín, según Rodo. Sus restos son velados en la iglesia Virgen de Fátima y mañana será enterrado al mediodía en el cementerio Jardines de la Paz de La Molina (fuente RPP). Ver más información sobre el JUANITO de Barranco en este blog (post "Bar Juanito").

Célebre caricatura en la que aparecen el fundador del "Juanito" y sus hijos
01/01/10: Recuerdos de la década de los 80
Hasta principios de los años 80, el mundo estaba ya acostumbrado al conflicto ideológico y militar llamado “Guerra Fría” entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Sin embargo hacia mediados de esta década, se inició un proceso que nadie había previsto: el fin del comunismo. Todo empezó en 1985 con la perestroika de Gorbachov en la fenecida Unión Soviética y se consolidó en 1989 con la caída del Muro de Berlín y la reunificación alemana. Ni el más optimista defensor de los valores de Occidente hubiera podido imaginar un desplome del socialismo en tan poco tiempo.
Pero estos también fueron los años en que la medicina registró una nueva enfermedad contagiosa, el SIDA, que habría de marcar decisivamente la conducta sexual y la visión del mundo de nuestro tiempo. La gente demoró en tomar conciencia de la moderna “plaga” que, los más conservadores, consideraron “bíblica”, es decir, un castigo de Dios ante tanta promiscuidad y libertinaje sexual. La Humanidad tomó conciencia también de otra amenaza sobre el planeta: el agujero de la capa de ozono crecía en ambos polos. Por ello, en los ochenta cobró mucha fuerza el movimiento ecologista.
Una nueva máquina revolucionó el mundo de los negocios y la vida cotidiana. Hablamos de la PC o computadora personal. El mundo pronto se dio cuenta del océano de posibilidades del moderno procesador. De allí en adelante, las computadoras se modernizaron cada año y su manejo fue cada vez más simple. Las ventas no hicieron sino aumentar. Hoy por hoy, no manejar el “ordenador” es como no saber leer ni escribir.
El contexto nacional.- En las elecciones de 1980 Acción Popular, con Fernando Belaunde, obtuvo una mayoría de 42%. El APRA, sin Haya de la Torre, logró el 28%, un revés político muy serio. El PPC alcanzó un magro 11% y todos los grupos de izquierda sumaron el 16%. La escena política tenía algo de familiar. Belaunde era otra vez presidente pero sin la obstrucción del APRA en el Parlamento. Su reelección era también una suerte de reivindicación: los militares lo habían depuesto en 1968 y ahora le garantizaban su vuelta a la presidencia.
Belaunde se comportó como un político de la vieja escuela. Prometía el progreso mediante nuevas obras públicas, como complejos habitacionales y la Carretera Marginal. También proponía reducir el papel del estado en la economía, fortalecer la empresa privada y garantizar la inversión externa, especialmente en el tema petrolero. Sus ideas en favor del libre mercado le permitieron refinanciar la deuda y su gobierno parecía bien encaminado al fomentar la diversificación de las exportaciones.
Todo sin embargo era un espejismo. En 1981 el crecimiento del PBI fue de 3,1% pero en 1982 cayó a menos del 1% y en 1983 se desplomó un 12%. El descalabro se debió a razones externas y a los efectos devastadores del Fenómeno del Niño que provocaron inundaciones en la costa norte y sequías en la sierra sur. El manejo económico ahora se hizo con criterios de emergencia. Se tuvo que volver a negociar la deuda externa y el régimen entró en un escenario de ingobernabilidad. La situación se agravó, además, por el surgimiento del terrorismo. Sendero Luminoso, movimiento maoísta surgido en los años 70, inició su guerra contra el estado desde la sierra de Ayacucho proponiendo una utopía igualitaria. Asaltaba pueblos, asesinaba autoridades y mantenía un absoluto secreto acerca de su estructura interna. Tras lamentables titubeos, Belaunde ordenó una ofensiva militar que dejó una peligrosa huella de represión brutal. SL no se amilanó y se extendió por otras provincias hasta Lima.
A pesar de que en 1984 hubo un repunte en el crecimiento económico, la inflación se reavivó: en 1985 llegó a un 130%. El país estaba descontento con la gestión de Belaunde. Con el terrorismo y la crisis económica a cuestas, el camino estaba allanado al APRA. Alan García, un líder joven con grandes habilidades retóricas, se presentaba como el gran salvador de la nación. En 1985 obtuvo el 46% de los votos y la izquierda, unida por vez primera, alcanzó el 22%. El APRA se hizo con el control del Parlamento lo que le permitió a García tener amplia base política. En castigo, Acción Popular casi desapareció del mapa electoral.
García defraudó todas las expectativas. En un inicio, su populismo lo empujó a elevar los salarios, recortar algunos impuestos y los tipos de interés, congelar los precios, ofrecer crédito agrícola y devaluar la moneda. Al aumentar la demanda su equipo económico esperaba reactivar la industria. Esto no sucedió. El gobierno no se dio cuenta que se enfrentaba a una economía mundial demasiado hostil. Además, García desafió a los acreedores extranjeros al incumplir con los pagos de la deuda y el Fondo Monetario Internacional expulsó al país del sistema financiero mundial.
Hacia 1987, la economía estaba resentida. García intentó nacionalizar la banca y multiplicó su descrédito. SL seguía en auge: las matanzas de campesinos en la sierra y los apagones en Lima demostraban la fuerza del terrorismo, ahora alimentado por la acción de otro movimiento subversivo, el MRTA. La población estaba agotada: 20 mil muertos y pérdidas materiales difíciles de calcular. Como si esto fuera poco el PBI se desplomó y la hiperinflación alcanzaba el 3.000%. El país se encontraba casi en bancarrota.
Notas sobre la vida cotidiana el Perú.- En 1980, cuando acababa de morir el historiador Jorge Basadre y se establecía la televisión a color, el Perú retornaba a la democracia. Había mucha expectativa en que el país podía mejorar al enmendarse los errores del régimen militar de los 70. Nada ocurrió pues la aparición del terrorismo y factores como el Fenómeno del Niño y la abultada deuda externa dejada por los militares impidieron el despegue.
Fue una decepción el tener que vivir no solo sin mucho dinero en el bolsillo sino también bajo el terror de un coche bomba, un apagón por la voladura de alguna torre de alta tensión o leyendo la noticia de una matanza de campesinos en la sierra. Así pasamos los ochenta: viendo cómo el terrorismo avanzaba, cómo los políticos se desprestigiaban y cómo miles de peruanos abandonaban el país en busca de mejores horizontes.
Quizá las dos visitas del Papa (1985 y 1988) o la medalla de plata en las Olimpiadas de Seúl (1988) conquistada por nuestro equipo femenino de vóley atemperaron los ánimos. Sí, se equipo, liderado por Cecilia Tait, Gaby Pérez del Solar y Natalia Málaga, logró la mayor hazaña deportiva nacional. Asimismo, en los ochenta, se puso de moda ver películas de Francisco Lombardi; bailar el rock en español; ir de campamento a las playas del sur; ir a fiestas con grupo electrógeno; ver los programas cómicos como Risas y Salsa; ir a comprar a Polvos Azules y a otros mercadillos de informales; cambiar dólares en la calle; llegar temprano a la casa por el toque de queda; aprender algún programa de computación; escuchar música digital gracias al disco compacto; ir a los pubs de Barranco; o gastar de acuerdo a la inflación. A finales de los ochenta, los precios subían día a adía y la inflación llegó a 7 mil por ciento y el tipo de cambio se duplicaba en un mes. Todo un desastre que fue corregido por el tremendo fujishok en 1990.
El boom de la economía informal.- La informalidad no es un fenómeno exclusivamente peruano. Ha sido la “solución”, por intuición y por necesidad, que han encontrado los sectores menos favorecidos de los países subdesarrollados frente a sus estados, sus gobiernos o sus élites que, en las últimas décadas, se han ido alejando de sus necesidades y expectativas. En el Perú, la economía informal (llamada en otros países “economía negra”) se empezó a desarrollar a partir de los años setenta con las sucesivas crisis económicas y el colapso de un Estado que se veía desbordado en su papel de control, planificación y ordenamiento nacionales debido a la penuria de sus fondos y a la incompetencia, y corrupción, de su burocracia cada vez más numerosa. La empresa privada, por su lado, afectada por las crisis, también limitaba su inversión y la generación de nuevos puestos de trabajo.
La nueva masa urbana, integrada en su mayoría por migrantes, quedó abandonada a su suerte. La falta de trabajo, el crecimiento del costo de vida, los bajos niveles salariales, el nulo acceso al crédito bancario, el aumento desesperado de impuestos dictado por un Estado carente de ideas y los famosos “papeleos” burocráticos para obtener licencia a fin de montar un negocio o construir una casa, con “coima” de por medio, hicieron que miles de peruanos optaran por la informalidad para poder sobrevivir. Se calculó, por ejemplo, que registrar debidamente un taller demoraba 289 días de gestiones y una suma de 1.231 dólares, es decir, 32 veces el sueldo mínimo vital; este ejemplo demostraba que “legalizar” una pequeña industria estaba fuera del alcance de cualquier persona con modestos recursos. La “solución”, entonces, era obviar al Estado y a su enmarañado y corrupto orden legal para poder salir adelante y crear su propia fuente de ingresos.
El vendedor ambulante se convirtió en el prototipo del “informal”, es decir, una persona que vendía productos en la calle a precios más bajos que en las tiendas formales porque no pagaba impuestos, además de no dar factura o garantía alguna por lo vendido. Pero lo que en principio no era claro es que ese vendedor, que no era tan ambulante sino que tenía su puesto o incluso su tienda aparentemente formal, no era sino la culminación de toda una cadena que empezaba en la proliferación de micro-empresas informales, con una organización casi siempre familiar, que producían una amplia variedad de artículos. Estas pequeñas fábricas funcionaban sin licencia en algún inmueble de los nuevos distritos populares y daba trabajo a más de una decena de personas y, al amparo de la clandestinidad, no pagaba beneficios sociales a sus operarios ni los impuestos de ley al Estado. Otra vía que abastecía al mercado informal fue el cada vez más creciente ingreso de productos por las fronteras o puertos marítimos sin pagar impuestos, es decir, el contrabando. De esta manera esta economía al margen de las normas vigentes fue extendiéndose y absorbió, directa o indirectamente, a buena parte del mercado laboral. Invirtió y permitió que muchas familias sobrevivieran. Los consumidores de esta economía, por su lado, veían el único refugio para poder cubrir sus necesidades dado su cada vez menor capacidad adquisitiva.
Pero la informalidad se extendió por otras esferas de la vida cotidiana. Las invasiones de terrenos; la construcción, por partes, de viviendas sin licencias, sin la participación de un técnico especialista sino con la ayuda vecinal; las líneas de microbús, o los servicios de taxis; el “pirateo” de cassettes, discos compactos y libros sin pagar derechos de autor; el acceso al crédito a través de préstamos familiares, “juntas” o “pirámides”; las conexiones clandestinas de luz eléctrica y de servicio de televisión por cable; y, en fin, tantos otros ejemplos, veces no tan edificantes, terminaron formando parte de la informalidad. Incluso las empresas formales recurrieron a estas estrategias para no pagar tantos impuestos, reducir sus costos y no quebrar. En menos de 30 años, el Perú se convirtió en un país de informales, es decir, en una sociedad donde la mayor parte de sus habitantes vivía directa o indirectamente de la economía informal.
En un famoso libro, el economista Hernando de Soto (El otro sendero, 1985) sostuvo que cuando se hablaba de una economía informal se pensaba en un problema. Se veía a esos empresarios y vendedores clandestinos como promotores de industrias o negocios que no estaban registrados, no pagaban impuestos y no se regían por el orden vigente; eran competidores desleales de las empresas y tiendas que trabajaban en la ilegalidad; y, al evadir los impuestos, privaban al Estado de los recursos necesarios para atender sus obligaciones como vivienda, educación o salud. Paradójicamente, el libro concluía que el problema del país no era la economía informal sino el Estado. Decía De Soto que esta respuesta popular, espontánea y creativa, era frente a la incapacidad estatal para satisfacer las aspiraciones o necesidades más elementales de los pobres. La tarea, entonces, era formalizar a los informales, incluirlos en un sistema que los excluía sistemáticamente. De esta manera se iniciaron programas en otorgar títulos de propiedad en los barrios populares, exoneraciones o incentivos tributarios a los que quería formalizarse y se simplificaron algunos trámites administrativos para obtener todo tipo de licencias.
La “chicha”, fenómeno musical de los setenta y los ochenta.- "…surgen géneros nuevos que hibridan culturas. De ellos, la chicha, cumbia peruana o guraracha andina, es el más importante y ha llegado a ser el segundo ritmo musical popular, después de la salsa, desde su nacimiento en 1968. Es una fusión musical de la cumbia colombiana, la guaracha cubana y el huayno serrano, tropicalizando la música andina y ejecutándolo con instrumental electrónico (guitarra, batería y órgano). Es una creación urbana y actual de los barrios populosos y de las barriadas. Surge del patrimonio traído por el migrante andino, pero se arraiga en el residente ya antiguo y en las segundas y terceras generaciones urbanas. Es un ritmo de juventudes que homogeniza su estilo a nivel nacional y supera los regionalismos tradicionales del arte peruano. Un solo conjunto ha logrado vender, en tres años, algo más de un millón de disco del “Aguajal”, un huayno en ritmo de chicha. Los chichódromos y salsódromos, locales donde se baila y se vende legalmente cerveza y gaseosas, y drogas de modo ilegal, han terminado por ocupar para la segunda generación de nuevos limeños, el mismo nivel de importancia que tuvo, para la primera generación de migrantes, el coliseo folklórico de la década de mil novecientos sesenta… Desde el punto de vista de un indigenismo purista, la chicha puede significar un cierto empobrecimiento de la rica vertiente musical andina sometida al influjo de los medios modernos. Es, sin embargo, indudable que expresa un nuevo patrón cultural en ascenso. Su presencia y avance constituyen una muestra notable del peso que han llegado a tener los migrantes y la cultura que portan, en la decisión de la dinámica viva de la cultura metropolitana y en la formación de una conciencia nacional unitaria" (José Matos Mar).
Los apagones y Radio Mar.- La cobertura radial durante los años de los apagones y el terrorismo no la inicia, "Radioprogramas", sino "Radio Mar", una estación de música y entretenimiento popular. Una noche, allá por 1981, se produjo un gran apagón en Lima, que se extendió a una buena parte de la costa peruana (las estaciones radiales no tenían sistemas de generación eléctrica de emergencia; tampoco la emisora del Estado ni las del circuito privado, lo que con los días fue duramente censurado por la opinión pública porque bien podía tratarse de un terremoto o alguna otra emergencia). Lo cierto es que aquella noche de apagón terrorista sólo surgió una emisora de radio para intentar brindar información y tranquilidad a la población: "Radio Mar". En medio de un apagón, la emisora no tenía reportes ni recomendaciones sobre como actuar. Simplemente tuvieron operativo su generador eléctrico y las voces de Luis Delgado Aparicio y de Lucho Muro, con disco de risas para celebrar sus ocurrencias, que intentaron, a su modo, llevar tranquilidad a tantos y tantos millones en una Lima asustada, mientras las bombas sonaban por doquier. Cabe recordar que “Radio Mar" fue, por años, la emisora más escuchada de Lima, basada en la difusión de música salsa y programas populares, cuyo locutor estrella fue Román Gámez "El Ronco".
El “nombre” de los años:
1980 "Año de los Deberes Ciudadanos"
1981 "Año del Bicentenario de la Rebelión Emancipadora de Tupac Amaru y de Micaela Bastidas"
1982 "Año de los Derechos del Minusválido"
1983 "Año del Bicentenario del Nacimiento del Libertador Simón Bolívar"
1984 "Año del Sesquicentenario del Natalicio del Almirante Miguel Grau"
1985 "Año del Centenario del Sacrificio de Daniel Alcides Carrión"
1986 "Año del Cuatricentenario del Nacimiento de Santa Rosa de Lima"
1987 "Año del Bicentenario del Nacimiento de Don José Faustino Sánchez Carrión"
1988 "Año de la Regionalización"
1989 "Año del Cuatrocientos Cincuenta Aniversario del Nacimiento del Inca Garcilaso de la Vega"
La televisión durante los 80.- En 1980, el gobierno de Belaunde devolvió los medios de comunicación a sus respectivos dueños, se liquida la estatal Telecentro y los grandes competidores de la TV nacional América Canal 4 y Panamericana Canal 5, quedaron listos para competir libremente. Este mismo año, la TV deja de lado el blanco y negro para producirse en su totalidad en color. En 1982, inicia su señal de prueba la Compañía Latinoamericana de Radiodifusión, Canal 2, al igual que Andina de Radiodifusión, Canal 9. Asimismo, Panamericana Producciones crea una empresa anexa para la realización de producciones dramáticas CINETEL. Se realiza el concurso Miss Universo en el Perú, así como la Copa Mundial de Voley Femenino, siendo Panamericana TV la cadena oficial encargada de dichos eventos. El 23 de enero de 1983 se fundó Frecuencia Latina y el 18 de abril se inaugura Canal 9, el “canal con sentido”; el 14 de junio Inició su transmisión oficial Canal 27 UHF, el primer canal con señal codificada. Este emblemático 1983, Panamericana TV reinicia la producción dramática con diversas series, la más sonada “La Pensión”, con Pilar Brescia y el brasilero Lauro Corona. En 1984, Panamericana produce su primera telenovela en la nueva década: “Páginas de la Vida”, con Pilar Brescia, Víctor Hugo Vieyra y Gloria Maria Ureta.
CINETEL produce “Gamboa”, la primera serie policial peruana con Eduardo Cesti; la división dramática de Panamericana produce otra serie policial “Barragán”, basada en la Guardia Republicana. Otro año emblemático fue 1985 cuando CINETEL y Panamericana producen “Carmín”, la telenovela top de los 80’s y que puso a la fabrica de telenovelas del 5 nuevamente en posición exportadora. “Carmín” conquista mercados, con récords de audiencia en Estados Unidos, Ecuador, Nicaragua, Venezuela e Italia. Aparece también al aire la señal en prueba de UNIVISION, Canal 13, quienes, antes de oficializar sus emisiones, por problemas internos, deciden cerrar y cancelan sus transmisiones.
En junio de 1986 se inauguró Stereo 33 UHF, de la Empresa Radiodifusora 1160. “PROA Productores Asociados” nace como una nueva propuesta para la telenovela peruana; su primer producto fue “Bajo tu Piel”, que trasmitió Canal 9. El 22 de diciembre del mismo 86, reaparece el Canal 11, ahora bajo la batuta de Ricardo Belmont hijo y bajo el nombre de RBC Televisión, bajo el polémico modelo de “accionariado difundido” (1 dólar la acción). En 1988, Panamericana TV inicia transmisiones por el PA NAM SAT, haciendo una gran ceremonia con transmisión desde Quito y Santiago, demostrando el alcance de su nueva señal con calidad internacional. Finalmente, en 1989, la crisis económica ahoga las producciones locales y Panamericana inaugura el Estudio Maestro del Amauta para la realización de nuevas producciones, comenzando con “El Hombre Que Debe Morir”, con Diana Quijano y el mexicano Raymundo Capetillo en los roles estelares. Ese mismo año, Compañía Radiodifusora 1160 deja la frecuencia 33, cambiando por la de Canal 13; América TV también inicia transmisiones satelitales por el PA NAM SAT.
Entre los programas de televisión, no podemos dejar de mencionar la aparición de “Buenos Días Perú”, “Panorama” (con Guido Lombardi), “Gigante Deportivo (Con el inolvidable Pocho Rospigliosi), “Risas y Salsa” (número 1 en sintonía) y “Aló Gisela” (aparecido el 28 de octubre de 1987), todo en Panamericana; en el mismo canal, continuó en vigencia “Trampolín a la fama” con Augusto Ferrando. Asimismo, las clásicas “teletones”, organizadas por Ricardo Belmont en beneficio del hospital San Juan de Dios.
Miss Universo en el Perú (1982).- El concurso se desarrolló en pleno invierno limeño y a la organización, por ejemplo, no le importó que las candidatas posaran en bikini en la Plaza de Armas en plena mañana con harta neblina. Además, casi se tuvo que retrasar el mundial de voley porque Panamericana no había desmontado el escenario en el Coliseo Amauta y no se podía armar la cancha. Tampoco nunca se supo cómo la pasaron los asistentes al espectáculo porque todo fue en inglés y la traducción de Pepe Ludmir era solo para la TV. También se recuerda que las “misses” desfilaron en autos deportivos descapotables (Fiat RX/7) saludando a los limeños en un desfile mismo de 28 de julio por la Plaza de Armas. La candidata peruana fue María Francesca Zasa (era del Colegio Raimondi), pero la que se llevó el trofeo fue la canadiense Karen Dianne. Vino a darle el premio la Miss Universo del año anterior, la espectacular venezolana Irene Saez. Un hecho muy comentado fue que el novelista Mario Vargas Llosa estuvo entre los miembros del jurado (se le criticó su “frivolidad”). La revista Monos y Monadas hizo una parodia en la que pusieron al entonces joven ministro de Energía y Minas de entonces, Pedro Pablo Kuczinski como animador, ya que Miss Universo siempre se narraba en ingles. En los programas cómicos, como “Risas y Salsa”, se hacían bromas sobre el sistema computarizado del concurso: “Las computadoras ya están computadas”, decían. También hubo un mini-escándalo que cierta prensa quiso explotar: un supuesto romance entre Miss Guam y un cholo peruano.
El rock de los 80.- El rock de esta década quedó marcado por dos sucesos casi ajenos a la música: el asesinato de John Lennon, a manos de un fan desequilibrado (8 de diciembre 1980) y el nacimiento (1 de agosto de 1981) de la cadena MTV, el primer canal musical de televisión con una programación de 24 horas. Esta emisora, basada en la emisión de videoclips, necesitaba 200 mensuales para renovar su programación, y esto dará impulso a la producción de estos videos musicales que sustituirán al single radiofónico. Por ello, el videoclip significó el predominio de lo visual sobre lo musical.
Respecto al rock en inglés, la década se caracterizó por la amplia diversidad de música en estilos, propuestas, formas y estética, gracias al nacimiento de varios subgéneros del rock (como el new wave, post-punk, techno, dark, electrónico, rap, breakdance, dark metal, new romantic, entre otros). Durante la primera mitad de la década, destacó el trío británico “The Police”, nacido del punk pero que había evolucionado y transformado su sonido con una mezcla de rock, reggae y jazz. “The Police” se convirtió en la mejor banda del mundo, hasta que se separaron en 1985, justo cuando experimentaban su punto más alto. Ante su desintegración, los tomaron la posta fueron los irlandeses de U2, que para finales de la década ya se habían convertido en el grupo de rock más importante del mundo.
El rock en español cobra fuerza al promediar la década. En México, “El Tri” decide continuar con su rock visceral. En España, una corriente llamada la Movida Madrileña presenta a bandas de tecno-pop como “Mecano” (que incluía la sensual voz de la cantante Ana Torroja) y “Alaska y Dinarama”, sin dejar de lado el rock pesado que ve nacer a los “Héroes del Silencio”. En Argentina arrancan “Soda Stereo” con su mezcla de brit-pop y pop/rock latino, “Los Enanitos Verdes” y el ska/rock de “Los Fabulosos Cadillacs”. En Chile, “Los Prisioneros” emergen en medio de un convulsionado ambiente social, del que se desprende el sentido de la mayoría de sus canciones. En el Perú, la década fue inaugurada por el grupo “Frágil” y su tema Avenida Larco. Los siguieron “Río” y “Dudó” y, al final de la década, se formó “Arena Hash”. Entre los solistas, el que más destacó, por su apuesta por la fusión, fue Micky Gonzáles (Lola, Akundún, Vamos a Tocache).
La jerga.- Según el lingüista Enrique Carrión, la jerga enriquece nuestro lenguaje, porque multiplica las dimensiones de la creatividad, vulnerando los patrones establecidos. Es un signo del ingenio de la gente y eso es bueno porque el ser humano demuestra que no es un simple cumplidor de un ritual ya trazado. Aquí un breve listado de la “jeringa” ochentera:
agarre.- relación sin compromiso
cabro.- hombre afeminado
calentao.- relación adicional a la oficial (la “otra”)
causa.- amigo
chamba.- trabajo, oficio
chancha.- colecta entre amigos
chela.- cerveza
chupódromo.- cantina, bar de baja categoría
fallo.- cigarrillo
fercho.- chofer
fumón.- quien consume drogas
hembrita.- chica, pareja sentimental
jato.- casa
jonca.- cajón de 12 botellas de cerveza
ladilla.- pesado, insistente
monse.- zonzo, quedado
mostro.- espectacular, asombroso, bonito; antes era “Qué paja”
ñoba.- baño
pacha.- chica fácil
pichanga.- partido de fútbol o fulbito por entretenimiento
terruco.- terrorista
triquear.- llevar un curso por tercera vez
villegas.- billetes, dinero
yunta.- amigo íntimo
zampón.- intruso, invitado no deseado
Los centros comerciales.- Sin duda alguna, el centro comercial emblemático de esta década fue Camino Real, en San Isidro, que inició sus operaciones en 1980. En sus inicios, su éxito se basó en la novedad (decenas de tiendas, estacionamientos y cines); sin embargo, el no contar con un modelo centralizado de administración provocó su debacle. Esto le impedía reaccionar y adaptarse a las nuevas tendencias que modificaron el concepto del negocio en la década de los 90. En efecto, Camino Real se fue a la quiebra porque cada uno era dueño de su local (eran más de 200). Además, a diferencia de los malls de ahora, no había “tiendas ancla”, es decir, establecimientos que atraigan una gran cantidad de clientes; además, había pocos estacionamientos y la tarifa por hora era muy elevada.
A pesar de estar ubicado en un lugar estratégico, para los nostálgicos de los 80, ir ahora a este inmenso local es como estar en un pueblo fantasma. En síntesis, ¿cuál es la gran diferencia entre los centros comerciales de los 80 como Camino Real, Arenales, La Gran Vía con los de ahora? Simplemente el control de la propiedad por una administración central. Los malls de ahora no se venden, sino se administran y se promueven.
Un nuevo concepto de salas de cine.- La historia empieza allá por 1979 cuando se inauguran los cines “Romeo” y “Julieta” en Miraflores. Este novedoso sistema se caracterizaba por ofrecer dos películas en un mismo complejo. En contra de la tendencia de la sala tradicional, cuando los cines eran amplios, con platea y “mezanine”, estas salas eran de un tamaño mucho menor. Luego vendrían el “Real 1” y el “Real 2”, en Camino Real, y el “Ámbar” y “Jade”, en el Centro Comercial Arenales. Pero tendría que pasar mucho tiempo antes de que estos conjuntos de dos salas se convirtieran en lo que conocemos actualmente como “multiplexes”. Los primeros cambios comenzaron como una subdivisión de salas de cine existentes durante la crisis económica de los ochenta, cuando muchos teatros no supervivieron y se convirtieron en iglesias. Hay que recordar que el fenómeno de los multiplexes se popularizó en Estados Unidos durante la época del presidente Carter, en la segunad mitad de los 70, cuando la crisis económica generó una gran cantidad de metros cuadrados desocupados en los centros comerciales. La popularización del VHS, de otro lado, y la amenaza terrorista, por otro, también contribuyeron a la crisis de las salas de cine en el Perú durante los 80.
El terrorismo y la guerra interna.- La llamada “lucha armada” por parte del Partido Comunista del Perú-Sendero Luminoso (PCP-SL), liderado por Abimael Guzmán, se inicia formalmente el 17 de mayo de 1980, día de las elecciones, en el pueblo de Chuschi (Ayacucho). El periodo comprendido entre 1980 y 1993 fue el más violento y traumático de todo el conflicto armado interno. La cantidad de muertos y desaparecidos reportados en este periodo representa casi el 90% de todo el conflicto. El primer gran hito mediático de un hecho de violencia fue el asesinato de ocho periodistas en el poblado ayacuchano de Uchuraccay (26 de enero de 1983). En 1984 otra agrupación, pero esta vez proveniente de la nueva izquierda peruana y de la experiencia guerrillera latinoamericana, el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA), se alza en armas. Poco después, ocurre otro hito de violencia, la llamada matanza de los penales (18 y 19 de junio de 1986). Los senderistas de los penales de Lurigancho, en Lima, y Santa Bárbara y El Frontón en el Callao, se amotinaron el 18 de junio. La respuesta de las fuerzas del orden fue devastadora, y se calcula que murieron más de 200 reclusos.
En la segunda mitad de la década, ocurrió un despliegue nacional de la violencia, el PCP-SL abrió frentes en Puno, Junín y el valle del Huallaga, mientras que priorizó los asesinatos selectivos de autoridades en Lima. El MRTA abrió un frente guerrillero en el departamento de San Martín en 1987 y organizó una exitosa campaña publicitaria que fue aprovechada por los opositores del gobierno. Por otra parte, se desarrollaron trabajos de inteligencia en la Dirección contra el Terrorismo (Dircote), al formarse el Grupo Especial de Inteligencia (GEIN) que se dedicaría al seguimiento y espionaje con la finalidad de capturar a los líderes de las organizaciones subversivas. Mientras tanto, la espiral de la violencia causó estragos a nivel nacional, sucesos tristemente célebres como el enfrentamiento en Molinos entre miembros del MRTA y del ejército en 1988, el ataque al puesto policial de Uchiza por miembros del PCP-SL en 1989, la aparición del Comando Rodrigo Franco, el desarrollo de la comunidad senderista de Raucana en las afueras de Lima.
El cine peruano: “La boca del lobo” (1985).- Es la película peruana sobre la que más se ha escrito y discutido, ya que fue la primera que trató el tema del conflicto armado interno desde su inicio, en 1980, por lo cual existía una expectativa en diversos sectores preocupados por los acontecimientos de violencia que estaban ocurriendo. Su posición crítica a las estrategias contra subversivas provocó que sectores sociales y políticos que pedían una mayor mano dura en el conflicto se pronunciaran en diversos medios de comunicación. El debate y polarización sobre el tema de La boca del lobo contribuyó a generar expectativa en el público cinematográfico local. El filme, hasta el día de hoy, es uno de los más taquilleros de la historia del cine peruano, con alrededor de un millón de espectadores. Si bien es cierto que una película peruana siempre despierta expectativas, el delicado tema tocado en La boca del lobo despertó un gran interés no solo por ver el filme, sino por comentarlo y sentar una posición sobre él. Junto a La ciudad y los perros, Gregorio o Juliana es la película local que más peruanos han visto o que más les ha gustado, en parte por la constante repetición que ha tenido en canales de televisión abierta, donde es de proyección obligada cuando se realizan ciclos de cine peruano.
El Fenómeno del Niño (1983).- Todavía se recuerda el caluroso y desastroso verano de 1983, con racionamiento de agua y desastres naturales, como las inundaciones en la costa norte y sequía en la sierra sur. Fue una clara demostración de la falta de previsión y de organización para contrarrestar los impactos negativos producidos por el llamado “Fenómeno del Niño”. En efecto, las pérdidas y daños ocasionados a personas, actividades, ciudades y regiones evidenciaron cómo el desconocimiento y ausencia de preparación magnifican enormemente las consecuencias negativas de este fenómeno natural, hasta convertirlos en una verdadera catástrofe de proporciones nacionales. A continuación, algunas cifras del desastre:
1 millón 330 mil personas afectadas
120 mil hectáreas afectadas o inundadas
2 millones 600 mil cabezas de ganado sacrificado por sequía
2 mil 600 kilómetros de carreteras destruidas o afectadas
122 kilómetros de calles destruidas
56 kilómetros de alcantarillas averiadas
Total de pérdidas directas: 900 millones de dólares, aproximadamente
Ante semejante panorama, al gobierno de Belaunde no le quedó otro remedio que emitir los famosos “Bonos de Reconstrucción Nacional” (parte del sueldo de los trabajadores era pagado mediante estos papeles que la gente corría a venderlos en las casas de cambio) para financiar el problema.
El sufrido deporte nacional.- Empecemos por el llamado “equipo de todos”, la selección nacional de fútbol. Durante la primera mitad de la década el fútbol peruano nos dio algunas satisfacciones, fue el último tramo de la mejor generación de futbolistas que tuvo el Perú, aparecida entre finales de los sesenta e inicios de los setenta. Nos clasificamos al mundial de España 82 luego de una brillante eliminatoria frente a Colombia y Uruguay (todavía se recuerda el partido en el Centenario de Montevideo en el que con goles de La Rosa y Uribe derrotamos a Uruguay por 2 a 1). Ya clasificada al Mundial, la selección hizo una gira europea en la que ganó varios partidos (el más célebre fue el triunfo frente ante la Francia de Platini en el Parque de los Príncipes de París por 1 a 0, con gol de Oblitas) y en la que el equipo demostró su mejor nivel. Parece que se cansaron y se sobraron con tantos partidos y triunfos, porque la participación en el Mundial fue casi desastrosa. Por último, al Mundial de México 86 no fuimos por un pelo. Aún se recuerda el triunfo frente a Argentina en Lima por 1 a 0 (con gol de Oblitas y el marcaje de Reyna a Maradona) y el injusto empate ante la misma Argentina en Buenos Aires. Por ello, esa eliminatoria, en 1985, cerró todo un ciclo en la historia del fútbol peruano.
Pero, sin duda alguna, en el deporte colectivo, las palmas se las llevó el vóley femenino, con una brillante generación de jugadoras lideradas por Cecilia Tait. Entre los numerosos triunfos o hazañas de estas chicas, resaltan el subcampeonato en el Mundial de 1982 (12 al 26 de septiembre), jugado en Lima, y la triste, injusta y trágica medalla de plata en las olimpiadas de Seúl en 1988. Todo el Perú lloró con ellas aquella recordada mañana del 29 de septiembre. El recibimiento en Lima a las muchachas fue apoteósico.
Entre los deportes a nivel individual, destacamos la famosa pelea de box entre nuestro crédito Orlando Romero y Ray “Boom boom” Mancini en el Madison Square Garden de Nueva York, el 15 de septiembre de 1983, por el título mundial de peso ligero; lamentablemente, a pesar de haber tumbado por unos segundos a su contendor, “Romerito” cayó por KO en el noveno asalto. Mucho se habló del “Síndrome Romerito” en el deporte nacional: el fatalismo de tener que perder. Se podrá estar cerca, se llegará al “casi”, se jugará como nunca, pero se perderá como siempre. A nadie le sorprenderá la derrota (algo semejante le ocurriría al vóley en Seúl). El otro acontecimiento fue la medalla de plata en tiro (modalidad “fosa olímpica”) que obtuvo Pancho Boza en las Olimpiadas de Los Ángeles (1984), cuando contaba con tan solo 18 años.
OTROS ACONTECIMIENTOS Y COSTUMBRES EN LOS AÑOS 80
1. En 1981 el embajador peruano Javier Pérez de Cuéllar en elegido Secretario General de las Naciones Unidas.
2. La muerte de Chabuca Granda (8 de marzo de 1983). La compositora falleció en un hospital de Miami, su entierro fue multitudinario.
3. La visita del papa Juan Pablo II (1985), primera vez que un pontífice visitaba nuestro país. Los acontecimientos más recordados durante este multitudinario acontecimiento fueron su visita a Villa El Salvador, la apoteósica concentración en el Hipódromo de Monterrico y su discurso en la castigada Ayacucho.
4. Se legalizó y liberalizó el dólar, naciendo el mercado paralelo de “Ocoña” que luego se extendió por todas las ciudades del país. También se recuerdan las irregularidades cometidas durante el mandato de García con el célebre Dólar MUC (Mercado Único de Cambio).
5. El cometa Halley pasa por el Perú (1986).- Cientos de personas viajan al departamento de Ica para contemplar el paso del cometa pero no vieron nada.
6. Acudir a la Feria del Hogar y quedarse al “estelar de la Feria” por donde pasaron Celia Cruz, Gloria Stefan (Miami Sound Maching), Héctor Lavoe y Charlie García, entre otras estrellas internacionales y muchas de nuestro medio.
7. Fue la época en que empezaron a entrar en decadencia supermercados como Scala Gigante, Tía, Todos y Monterrey, así como Seas y Oeschle, tradicionales tiendas por departamentos.
8. El alcalde de Lima, Eduardo Orrego, convirtió el jirón de la Unión en paseo peatonal y reubicó a los vendedores ambulantes. Nació así el mercado “Polvos Azules”, reino de la informalidad.
9. En 1988, en plena crisis económica y auge del terrorismo, aparece el primer supermercado “E. Wong”, que innovó este tipo de negocios al poner énfasis en la atención al cliente.
10. Parte de la pequeña clase media limeña se benefició con los nuevos conjuntos habitacionales impulsados por el segundo belaundismo, las famosas “torres”: San Borja y Limatambo, las más emblemáticas.
11. Alfonso Barrantes Lingán, primer alcalde socialista elegido por sufragio en América Latina, inauguró su famoso plan de ayuda social denominado el “Vaso de Leche”.
12. Entre los jóvenes se puso de moda el peinado tipo punk y algunas marcas de ropa como OP, Lightingbolt y Ayllu (estas prendas podían encontrarse en “Galerías Persia”, en la avenida Larco).
13. Debido a los apagones, en las fiestas, especialmente en Año Nuevo, había que contratar “grupo electrógeno”; asimismo, debido al “toque de queda” decretado por el gobierno de García, resucitaron las fiestas de “toque a toque”, como en la década de los setenta.
14. Otra opción para los jóvenes en Año Nuevo o Semana Santa fueron los campamentos a las playas del sur (antes de ser lotizadas y privatizadas como ahora). En realidad era una manera de asegurarse una juerga de varios días sin necesidad de contar con grupo electrónico.









