Archivo de 01 agosto 2009
01/08/09: Hoy 1 de agosto: Varsovia conmemora el 65 aniversario del levantamiento contra la ocupación nazi

Varsovia conmemoró hoy el 65 aniversario del levantamiento contra la ocupación nazi con varios actos festivos en los que participaron veteranos que sobrevivieron a la revuelta que costó la vida a dos centenares de miles de personas. Tras un cambio de guardia solemne en el monumento de recuerdo a los héroes y víctimas del levantamiento, varios cientos de veteranos desfilaron ante la tumba del soldado desconocido. En el acto participaron también el primer ministro, Donald Tusk, y el presidente, Lech Kacyznski, cuyo padre murió en el levantamiento. Pese a que la revuelta acabó con una derrota, los polacos pueden sentirse orgullosos de esta fecha pues, con su levantamiento, los ciudadanos de Varsovia defendieron la libertad de Polonia, destacó el presidente en su intervención. Para las 15.00 GMT está previsto que suenen las sirenas de alarma y que haya un minuto de silencio en todo el país, en recuerdo de la hora en que comenzó el levantamiento.
El 1 de agosto de 1994, unos 40.000 hombres y mujeres del denominado ejército nacional-polaco "Armia Krajowa" atacaron edificios ocupados por los nazis, en un intento de liberar Varsovia de las tropas alemanas ante la prevista llegada del ejército soviético. Lo que en un principio todos pensaban sería breve acabó prolongándose por 63 días, con un saldo de unos 180.000 civiles muertos, además de los 18.000 insurgentes polacos y 17.000 soldados alemanes caídos o desaparecidos. Tras la capitulación de los insurgentes el 2 de octubre de 1944, los nazis expulsaron a medio millón de ciudadanos de Varsovia; en señal de venganza, Adolf Hitler ordenó la destrucción total de la ciudad, lo que acabó consiguiendo en un 95 por ciento (EFE).

Historia. "Hay que admitir que la historia de España es bastante compleja y por ello existe una cierta pereza a entrar en su estudio o en su análisis. En ese sentido, nuestra colección intenta combatir esa pereza y buscamos a un lector que busque seguridad en el conocimiento". Así de didáctico se muestra Ramón Villares, catedrático de Historia Contemporánea y ex rector de la Universidad de Santiago de Compostela, que ha coordinado junto con Josep Fontana la primera obra, en décadas, con voluntad de ser una referencia. Cuando esta historia de España -que podríamos llamar de Josep Fontana y Ramón Villares- ha pasado ya el ecuador de haber publicado 7 de sus 12 títulos previstos, ya queda claro para los estudiosos y los aficionados que se trata, nada más y nada menos, del esfuerzo de toda una generación de historiadores progresistas para ofrecer una inmensa obra de síntesis. "Hemos intentado", señala Fontana, uno de los pocos historiadores considerados maestro por sus colegas, "una visión abierta y no dogmática, desde la tradición de la historia social y desde un enfoque plural, sin caer ni en el nacionalismo español ni en el antinacionalismo. Hemos elegido además a profesores de categoría indiscutible y que se hayan distinguido por sus investigaciones en los años recientes".
Desde Antonio Miguel Bernal a José Álvarez Junco, desde Pedro Ruiz Torres a José Manuel Sánchez Ron o Santos Juliá, pasando, por supuesto, por los coordinadores que han asumido los volúmenes de La época del liberalismo, en el caso de Josep Fontana, o Restauración y dictadura, en el caso de Ramón Villares junto con Javier Moreno Luzón, la lista de los especialistas en las distintas épocas procede en buena medida también de las nóminas de las editoriales Crítica y Marcial Pons, dos veteranas de la alta divulgación histórica y responsables de esta obra. Precisamente esa vocación de buscar un público ilustrado, pero amplio, subyace en el enfoque. A juicio de Fontana, "es lógico que exista mucho interés en España por las lecturas sobre historia porque representa una demanda que no siempre ha sido bien atendida". "Muchos historiadores", aclara el profesor, "publicaban y publican para su propia tribu y alejan de esta forma a los lectores. Tenemos aún mucho que aprender de los anglosajones o de los alemanes, que son capaces de escribir bien, ser rigurosos y trasladar sus conocimientos".
Esta necesidad de entender nuestro propio pasado, de contar con instrumentos para analizar el presente y de disfrutar del inmenso placer de la historia bien contada se acentúa en España por un sistema educativo que ha marginado o adulterado esta disciplina básica. Esas carencias, que proceden de la enseñanza de la historia en institutos y universidades o incluso de los medios de comunicación, han coincidido además con un final del siglo XX donde los acontecimientos se han sucedido a un ritmo vertiginoso que requiere del reposo de un libro, de un ameno y buen ensayo. "Nadie confía en el futuro y sólo se confía en el presente. Además la tradición ilustrada entró en crisis cuando terminaba el siglo pasado con esa implosión que incluyó la caída del muro de Berlín, el auge de los fanatismos religiosos y la desaparición de la guerra fría con su secuela de conflictos y de surgimiento de nuevos Estados. En una palabra, vivimos una época, y más desde el famoso 11-S de 2001, donde predominan la incertidumbre y la perplejidad. En la medida de nuestras posibilidades, los historiadores debemos contribuir a clarificar ese panorama, aunque nuestra misión no consiste en predecir el futuro".
Una y otra vez, tanto Villares como Fontana alertan sobre los sucedáneos de la novela histórica -que son pura ficción y no acercamiento investigador y científico- y sobre los revisionismos que pretenden reescribir la historia desde una ideología conservadora y sectaria. Formados todos los autores de esta colección en la historia social de España, Josep Fontana enarbola de nuevo esa bandera de un relato de la colectividad, de los acontecimientos que protagoniza toda una sociedad y no sólo de los hechos que afectan a una minoría elitista. "La historia de España", agrega Fontana, "no es en modo alguno una sucesión de reinados o de reuniones de consejos de ministros, sino de procesos sociales". O en palabras de Villares, "que el individuo haya regresado al relato histórico con un peso mayor de las conductas o las vidas cotidianas no significa que renunciemos a una investigación que contemple a las sociedades en su conjunto".
Desde Antonio Miguel Bernal a José Álvarez Junco, desde Pedro Ruiz Torres a José Manuel Sánchez Ron o Santos Juliá, pasando, por supuesto, por los coordinadores que han asumido los volúmenes de La época del liberalismo, en el caso de Josep Fontana, o Restauración y dictadura, en el caso de Ramón Villares junto con Javier Moreno Luzón, la lista de los especialistas en las distintas épocas procede en buena medida también de las nóminas de las editoriales Crítica y Marcial Pons, dos veteranas de la alta divulgación histórica y responsables de esta obra. Precisamente esa vocación de buscar un público ilustrado, pero amplio, subyace en el enfoque. A juicio de Fontana, "es lógico que exista mucho interés en España por las lecturas sobre historia porque representa una demanda que no siempre ha sido bien atendida". "Muchos historiadores", aclara el profesor, "publicaban y publican para su propia tribu y alejan de esta forma a los lectores. Tenemos aún mucho que aprender de los anglosajones o de los alemanes, que son capaces de escribir bien, ser rigurosos y trasladar sus conocimientos".
Esta necesidad de entender nuestro propio pasado, de contar con instrumentos para analizar el presente y de disfrutar del inmenso placer de la historia bien contada se acentúa en España por un sistema educativo que ha marginado o adulterado esta disciplina básica. Esas carencias, que proceden de la enseñanza de la historia en institutos y universidades o incluso de los medios de comunicación, han coincidido además con un final del siglo XX donde los acontecimientos se han sucedido a un ritmo vertiginoso que requiere del reposo de un libro, de un ameno y buen ensayo. "Nadie confía en el futuro y sólo se confía en el presente. Además la tradición ilustrada entró en crisis cuando terminaba el siglo pasado con esa implosión que incluyó la caída del muro de Berlín, el auge de los fanatismos religiosos y la desaparición de la guerra fría con su secuela de conflictos y de surgimiento de nuevos Estados. En una palabra, vivimos una época, y más desde el famoso 11-S de 2001, donde predominan la incertidumbre y la perplejidad. En la medida de nuestras posibilidades, los historiadores debemos contribuir a clarificar ese panorama, aunque nuestra misión no consiste en predecir el futuro".
Una y otra vez, tanto Villares como Fontana alertan sobre los sucedáneos de la novela histórica -que son pura ficción y no acercamiento investigador y científico- y sobre los revisionismos que pretenden reescribir la historia desde una ideología conservadora y sectaria. Formados todos los autores de esta colección en la historia social de España, Josep Fontana enarbola de nuevo esa bandera de un relato de la colectividad, de los acontecimientos que protagoniza toda una sociedad y no sólo de los hechos que afectan a una minoría elitista. "La historia de España", agrega Fontana, "no es en modo alguno una sucesión de reinados o de reuniones de consejos de ministros, sino de procesos sociales". O en palabras de Villares, "que el individuo haya regresado al relato histórico con un peso mayor de las conductas o las vidas cotidianas no significa que renunciemos a una investigación que contemple a las sociedades en su conjunto".
* Historia de España. Josep Fontana y Ramón Villares, directores. Editoriales Crítica y Marcial Pons. 33 euros cada volumen. Los últimos aparecidos han sido Hispania antigua (Domingo Plácido) y Restauración y dictadura (Ramón Villares y Javier Moreno Luzón). Tomado de "Babelia", suplemento de El País.
01/08/09: El hospital 'Guillermo Almenara'

El Hospital Obrero en1940
Desde 1981, el antiguo Hospital Obrero, inaugurado por el presidente Benavides en su segundo mandato (ver en nuestro blog las obras sociales del régimen de Benavides), se llama “Guillermo Almenara Irigoyen”. ¿Quién fue Guillermo Almenara? El doctor Almendara fue hijo de Francisco Almenara Butler, destacado médico, profesor de la Facultad de Medicina de San Marcos y fundador de la cátedra de pediatría; su madre fue Elvira Irigoyen. Don Guillermo hizo sus estudios primarios en el San José de Cluny y luego se trasladó a La Recoleta, donde culminó la secundaria. A los 16 años, ingresó a la facultad de Ciencias Naturales de San Marcos donde, cinco años más tarde, se graduó de bachiller; un año después obtuvo el grado de Doctor en Ciencias Naturales. Simultáneamente estudió Medicina; se graduó de bachiller en 1915 y obtuvo el título de Médico Cirujano.
En 1939, el presidente Benavides nombró una comisión integrada por el doctor Guillermo Almenara y los abogados Edgardo Rebagliati y Juan José Calle para presentar un proyecto que sentara las bases de la seguridad social en el Perú. Así nació la Ley de la Caja Nacional del Seguro Social Obrero Ley 8433, la primera norma de seguridad social en nuestro país. En 1940 se le encomendó a Almenara la organización del Hospital Obrero de Lima. Para culminar la obra adquirió equipos médicos de Estados Unidos e introdujo las técnicas mas avanzadas en procedimientos asistenciales y de administración hospitalaria. Cuando dejó la dirección del Hospital Obrero fue nombrado Superintendente General de Hospitales de la Caja Nacional de la Seguridad Social, cargo que ocupó hasta 1958. El doctor Almenara falleció en 1974, a la edad de 84 años. Desde 1981, en su memoria, el hospital que él organizó lleva su nombre.








