Archivo de 31 julio 2009
31/07/09: Goya bajo sospecha
Policías y calígrafos buscan firmas escondidas en los lienzos del pintor aragonés, agentes de la ley entran en las casas de subastas a la caza de fraudes, cuadros dudosos son vendidos por millones de euros tras colgarse en el Prado...

Si Goya genera problemas es “porque Goya está todavía en el mercado y los juicios y atribuciones sobre su catálogo tienen notables influencias sobre el mercado”. El fondo del asunto está tan claro que hasta el director del Museo del Prado, Miguel Zugaza, admitía en 2008 que las tensiones con Goya son cuestión de pasta, de negocio. Tener en propiedad uno de los bocetos, dibujos, grabados u óleos del pintor más audaz, prolífico y lóngevo de la historia cambiaría la vida de cualquiera. Hablamos de unos de los artistas más cotizados del mundo.
El escándalo provocado el pasado año con El coloso –el Museo del Prado decidió quitar la paternidad de Goya en contra de la opinión de muchos expertos– sólo fue una chispa en un tupido lienzo de intereses donde hay historiadores del arte, expertos extranjeros, casas de subastas, funcionarios del Prado, coleccionistas privados y hasta científicos. En el fondo de este embrollo estarían las certificaciones de autenticidad de las pinturas de Goya o dicho de otra forma: ¿cuántas obras no catalogadas podrían ser del pintor y cuántas de las que cuelgan en prestigiosas instituciones no habrían salido de sus pinceles? Y más aún ¿quién decide lo que es o no auténtico? ¿Existe un lobby goyesco?
En el punto de mira se encuentra la conservadora de pintura del XVIII y Goya del Museo del Prado, Manuela Mena, funcionaria de la primera pinacoteca nacional desde hace tres décadas y presente de una u otra forma en casi todas las disputas.
Comencemos por un caso que llegará en 2009 hasta el Tribunal Supremo. En 2003 el fotógrafo Ramón Calvet compró Retrato de Antonio María Esquivel en una sala de subastas. “Me quedé fascinado. No soy experto pero me gusta analizar cada palmo. Vi con la lupa que había unas pequeñas grafías con la palabra Goya integradas en la tela”, comenta. Poco después firmó un contrato de venta con dos inversores particulares, los hermanos Jaume y Joan Font. El pago de 270.000 euros se realizaría después de que técnicos solventes acreditasen que esas microfirmas eran de Goya. La relación entre Calvet y los Font terminaría en los tribunales de Girona.
Entre los que certificaron que la obra era de Goya estaba Juan Ignacio de la Vega, director del Instituto Lizán de Investigaciones Goyescas y firme defensor de que el pintor zaragozano incluía firmas ocultas en sus lienzos.
Así mismo, dos peritos calígrafas judiciales le dedicaron cientos de horas al asunto, “sólo parábamos para comer”, cuenta la experta en falsificación de rúbricas Francina Alsina. “Nos pareció tan extraño –dice su compañera Inma Lidón– que nos metimos de lleno. Antes de ver la firma cuestionada, nos gusta empaparnos de las rúbricas auténticas” . Analizaron firmas sobre las que no existen dudas –evidentes o escondidas– de obras colgadas en el Prado y colecciones privadas, así como las recogidas en el Diplomatario de Angel Canellas, donde aparecen las que usaba para rubricar cartas.
Luego se pusieron con el cuadro en cuestión y “a simple vista, con una lupa, aparecían algunas grafías” (caracteres del apellido Goya que supuestamente integraba el pintor en la tela durante el proceso de creación para conformar sombras, toques de luz, perfiles…). Al pasar luz infrarroja localizaron varias firmas completas y grafismos sueltos. “Para nosotras era un sello personal, un rasgo de egocentrismo o de divertimento”.
Goya no firmaba todas sus obras, y menos cuando fue el primer pintor de la Corte. Todo el mundo sabía que él era el autor. Alsina y Lidón concluyeron en el juicio que “se habían localizado letras que se corresponden grafonómicamente con la letra auténtica del pintor de Fuendetodos” . El turno llegaba para los especialistas policiales y esta vez ante tres jueces de la Audiencia de Girona. En el informe pericial 381/08-G, los mossos no entraron a valorar la obra pictórica y aseguraron que los grafías “no son fáciles de percibir ya que se camuflan o confunden con los fondos del óleo” , pero encontraron al menos seis palabras completas con las letras Goya. Los policías ni afirmaron ni descartaron que las hiciese Goya.
Las peritos Lidón y Alsina pensaban que “todo el mundo las veía y luego nos dimos cuenta que aquí entraba algo más que una firma, entra el negocio del arte. Había grupos enfrentados” . A la par, la Escuela Politécnica de Mataró había desarrollado un software informático capaz de detectar las grafías (ver recuadro).
Al frente de los detractores de las firmas ocultas estaba Manuela Mena Marqués, jefe del área de conservación de la pintura del siglo XVIII y de Goya en el Prado. Para ella, el tema no es más que superchería.
Fuentes oficiales de la más importante pinacoteca española explicaron a Interviú que “ni la señora Mena ni nadie del Museo del Prado va a hablar sobre este tema” ni sobre el resto de cuestiones planteadas por la revista telefónicamente y vía corre electrónico. Cuando se solicitó su opinión sobre obras de la pinacoteca, como el controvertido El Coloso, y sobre las que ella sí ha publicitado su opinión en medios de comunicación, el Prado remitió a lo expuesto en su web.
Aunque Mena –habitual de los medios de comunicación y casada con Norman Rosenthal, vinculado a la Royal Academy of Arts de Londres– rechazó el ofrecimiento de esta revista, sí podemos conocer su opinión por los escritos enviados al juzgado y los vídeos que se grabaron cuando acudió como testigo a Girona.
Mena asegura que Goya firmaba sus obras “en lugar bien visible”, y en el juicio insistió en que la firma siempre es “clara, perfecta y aparente”, algo que se desmiente en algunas obras que están en el Prado como El Pavo muerto o El Dos de mayo (conocida como La Carga de los Mamelucos), pintura en el que se encontró, durante una reciente restauración, la palabra Goya en el filo de un puñal.
En 2003, y antes de intentar vender la obra, los hermanos acudieron a la aseguradora Axa Art, que no puso ninguna pega en contratar una poliza por valor de 1.803.000 euros. Pero meses después, una responsable de Axa les dijo que habían consultado con un “experto en Goya reconocido a nivel internacional” y que el valor del cuadro bajaba a 12.000 euros. En la misiva, Axa Art comunica que “los únicos certificados de autenticidad que aceptaría nuestra compañía serían de las expertas Doña Manuela Mena o Doña Judith Wilson”. Cuando hablan de Judith se refieren a Juliet Wilson-Bareau, especialista en Goya y compañera de Pierre Gassier, quien en 1974 elaboró uno de los catálogos más completos de la obra del pintor español, en total 1.870 obras. Juliet Wilson y Manuela Mena se han convertido en las expertas más infalibles sobre Goya, sobre todo para las casas internacionales de subastas (ver recuadro).
Los hermanos Font acuden al Prado para que Mena les explique qué pasos tienen que dar para la certificación de su retrato, Mena les contesta que como funcionaria no puede emitir informes para particulares, que no conoce el cuadro de Esquivel y tampoco quién es Juan Ignacio de la Vega. Curiosamente, en 2006, en uno de los escritos remitidos al juzgado, Mena sí admite que tres años antes sí había emitido un informe para un privado, en este caso para Axa. “El informe verbal, que se dio desde aquí en su día a la compañía Axa iba en el mismo sentido de que no se trataba en modo alguno de una obra de Goya”, decía Mena.
Mena califica de invención la teoría sobre las firmas escondidas, “un intento de fraude” para que se eleve el precio de esas obras en el mercado. Ella, con su actitud, ha provocado en ocasiones el mismo efecto. Poco después de retirar la cartela de Goya de El Coloso, el prestigioso especialista Nigel Glendinning, visitó el Prado y aseguró que si Mena había anulado la paternidad de El Coloso sin publicar ninguna investigación seria no entendía por qué había incluido en la exposición Goya en tiempos de guerra el retrato El príncipe Alois Wenzel von Kaunitz. El historiador dijo que un año antes ese retrato estaba en el mercado, que lo vio junto con Juliet Wilson y otros especialistas en la sede de la casa de subastas Sothebys en Londres, y que no pensaba que fuese de Goya “porque la banda y la cruz estaban abocetadas”, la cara le parecía muy floja y en esa época Goya ya no pintaba para gente privada.
Glendinning explicó que al incluir Mena ese cuadro su valor se incrementó notablemente. La única certificación es una “atribución antigua”. Seis meses después de la exposición, Sothebys cifró su precio entre 3 y 5 millones de euros, argumentando que el Prado lo había incluido en una muestra. Miguel Zugaza, director del Museo, tuvo que admitir que no le gustó lo sucedido
Fuentes de toda solvencia conocedoras de este proceso aseguraron que con Goya “sólo se está dando credibilidad al Prado y no debe ser así porque al final todo lo que se cuelgue en el Prado, documentado o no, se revalorizará al momento. Todo es un problema de mercado. La institución no debe estar en ese mercadeo. En la Biblia se dice que hay que echar a los mercaderes del templo. El problema es cuando los mercaderes están dentro del templo. Manuela Mena piensa que es una cruzada contra ella, por eso ha montado un sistema de mordaza en el Museo, nadie puede hablar excepto ella”.
Es tal el embrollo que en diciembre de 2006 la Policía intervino horas antes de su subasta un lienzo titulado Santos adorando el Santísimo Sacramento, atribuido a Goya y valorado en más de un millón de euros. Días antes de la subasta, la Junta de Valoración y Calificación de Bienes del Patrimonio Histórico –dependiente del Ministerio de Cultura– se había reunido y había concluido que la autoría de la pintura era dudosa. José Luis Pascual, propietario del cuadro y seguidor cabal de la obra de Goya, poseía un informe del historiador José Manuel Arnaiz, uno de los más reputados especialistas en Goya. El informe de los pigmentos, las radiografías y otro informe técnico del también experto Antonio Perales apoyaban esa atribución.
“En Goya parece que hay dos vacas sagradas, Mena y Wilson, que actúan de manera monopolística. Ellas son las únicas que pueden dar o quitar la bendición oficial a una obra aunque el resto de expertos diga lo contrario. Su criterio es subjetivo, es su ojo, ¿cómo puede ser el único válido?”, comenta Pascual, quien también tiene dudas sobre el papel de las casas internacionales de subastas.
Fuentes de Sotheby’s España admitieron que aunque con Mena hay discrepancias, su opinión es muy bien valorada. “Goya necesita ya un catálogo razonado y actualizado”, dijeron.
La actuación de la policía llevó al juzgado a Pascual, acusado de intento de fraude, pero el juez archivó el caso al no encontrar pruebas de ese supuesto delito. Semanas más tarde, Cultura renovó a casi toda la Junta de Calificación de Bienes. Fuentes de Cultura no quisieron vincular la renovación con el caso de la subasta, pero sí se supo que en aquella reunión no estuvieron presente todos los miembros de la Junta, que los defectos de forma fueron evidentes.
José Luis Pascual no esconde su enfado: “afirmo públicamente que el mercado de las obras de Goya funciona como una mafia. Wilson y Mena han creado un monopolio e implantado una norma por la cual si ‘ellas’ dicen que una obra no es de Goya, aunque lo digan los demás expertos e historiadores, no habrá forma de acceder a la venta de esa obra a nivel internacional, ya que las dos casas internacionales de subastas, que controlan el 90 por ciento del comercio, dirán que no es de Goya” .
El experto José Manuel Arnaiz, que trabaja rodeado de cientos de libros sobre Goya y autor de numerosos artículos sobre el pintor, admite que “es muy difícil decir si un cuadro es o no de Goya, pero en el Prado tienen la manía de perseguirle. Personas con un currículum mediocre se han ido haciendo dueñas de una mina llamada Goya” (tomado de Interviu).

Si Goya genera problemas es “porque Goya está todavía en el mercado y los juicios y atribuciones sobre su catálogo tienen notables influencias sobre el mercado”. El fondo del asunto está tan claro que hasta el director del Museo del Prado, Miguel Zugaza, admitía en 2008 que las tensiones con Goya son cuestión de pasta, de negocio. Tener en propiedad uno de los bocetos, dibujos, grabados u óleos del pintor más audaz, prolífico y lóngevo de la historia cambiaría la vida de cualquiera. Hablamos de unos de los artistas más cotizados del mundo.
El escándalo provocado el pasado año con El coloso –el Museo del Prado decidió quitar la paternidad de Goya en contra de la opinión de muchos expertos– sólo fue una chispa en un tupido lienzo de intereses donde hay historiadores del arte, expertos extranjeros, casas de subastas, funcionarios del Prado, coleccionistas privados y hasta científicos. En el fondo de este embrollo estarían las certificaciones de autenticidad de las pinturas de Goya o dicho de otra forma: ¿cuántas obras no catalogadas podrían ser del pintor y cuántas de las que cuelgan en prestigiosas instituciones no habrían salido de sus pinceles? Y más aún ¿quién decide lo que es o no auténtico? ¿Existe un lobby goyesco?
En el punto de mira se encuentra la conservadora de pintura del XVIII y Goya del Museo del Prado, Manuela Mena, funcionaria de la primera pinacoteca nacional desde hace tres décadas y presente de una u otra forma en casi todas las disputas.
Comencemos por un caso que llegará en 2009 hasta el Tribunal Supremo. En 2003 el fotógrafo Ramón Calvet compró Retrato de Antonio María Esquivel en una sala de subastas. “Me quedé fascinado. No soy experto pero me gusta analizar cada palmo. Vi con la lupa que había unas pequeñas grafías con la palabra Goya integradas en la tela”, comenta. Poco después firmó un contrato de venta con dos inversores particulares, los hermanos Jaume y Joan Font. El pago de 270.000 euros se realizaría después de que técnicos solventes acreditasen que esas microfirmas eran de Goya. La relación entre Calvet y los Font terminaría en los tribunales de Girona.
Entre los que certificaron que la obra era de Goya estaba Juan Ignacio de la Vega, director del Instituto Lizán de Investigaciones Goyescas y firme defensor de que el pintor zaragozano incluía firmas ocultas en sus lienzos.
Así mismo, dos peritos calígrafas judiciales le dedicaron cientos de horas al asunto, “sólo parábamos para comer”, cuenta la experta en falsificación de rúbricas Francina Alsina. “Nos pareció tan extraño –dice su compañera Inma Lidón– que nos metimos de lleno. Antes de ver la firma cuestionada, nos gusta empaparnos de las rúbricas auténticas” . Analizaron firmas sobre las que no existen dudas –evidentes o escondidas– de obras colgadas en el Prado y colecciones privadas, así como las recogidas en el Diplomatario de Angel Canellas, donde aparecen las que usaba para rubricar cartas.
Luego se pusieron con el cuadro en cuestión y “a simple vista, con una lupa, aparecían algunas grafías” (caracteres del apellido Goya que supuestamente integraba el pintor en la tela durante el proceso de creación para conformar sombras, toques de luz, perfiles…). Al pasar luz infrarroja localizaron varias firmas completas y grafismos sueltos. “Para nosotras era un sello personal, un rasgo de egocentrismo o de divertimento”.
Goya no firmaba todas sus obras, y menos cuando fue el primer pintor de la Corte. Todo el mundo sabía que él era el autor. Alsina y Lidón concluyeron en el juicio que “se habían localizado letras que se corresponden grafonómicamente con la letra auténtica del pintor de Fuendetodos” . El turno llegaba para los especialistas policiales y esta vez ante tres jueces de la Audiencia de Girona. En el informe pericial 381/08-G, los mossos no entraron a valorar la obra pictórica y aseguraron que los grafías “no son fáciles de percibir ya que se camuflan o confunden con los fondos del óleo” , pero encontraron al menos seis palabras completas con las letras Goya. Los policías ni afirmaron ni descartaron que las hiciese Goya.
Las peritos Lidón y Alsina pensaban que “todo el mundo las veía y luego nos dimos cuenta que aquí entraba algo más que una firma, entra el negocio del arte. Había grupos enfrentados” . A la par, la Escuela Politécnica de Mataró había desarrollado un software informático capaz de detectar las grafías (ver recuadro).
Al frente de los detractores de las firmas ocultas estaba Manuela Mena Marqués, jefe del área de conservación de la pintura del siglo XVIII y de Goya en el Prado. Para ella, el tema no es más que superchería.
Fuentes oficiales de la más importante pinacoteca española explicaron a Interviú que “ni la señora Mena ni nadie del Museo del Prado va a hablar sobre este tema” ni sobre el resto de cuestiones planteadas por la revista telefónicamente y vía corre electrónico. Cuando se solicitó su opinión sobre obras de la pinacoteca, como el controvertido El Coloso, y sobre las que ella sí ha publicitado su opinión en medios de comunicación, el Prado remitió a lo expuesto en su web.
Aunque Mena –habitual de los medios de comunicación y casada con Norman Rosenthal, vinculado a la Royal Academy of Arts de Londres– rechazó el ofrecimiento de esta revista, sí podemos conocer su opinión por los escritos enviados al juzgado y los vídeos que se grabaron cuando acudió como testigo a Girona.
Mena asegura que Goya firmaba sus obras “en lugar bien visible”, y en el juicio insistió en que la firma siempre es “clara, perfecta y aparente”, algo que se desmiente en algunas obras que están en el Prado como El Pavo muerto o El Dos de mayo (conocida como La Carga de los Mamelucos), pintura en el que se encontró, durante una reciente restauración, la palabra Goya en el filo de un puñal.
En 2003, y antes de intentar vender la obra, los hermanos acudieron a la aseguradora Axa Art, que no puso ninguna pega en contratar una poliza por valor de 1.803.000 euros. Pero meses después, una responsable de Axa les dijo que habían consultado con un “experto en Goya reconocido a nivel internacional” y que el valor del cuadro bajaba a 12.000 euros. En la misiva, Axa Art comunica que “los únicos certificados de autenticidad que aceptaría nuestra compañía serían de las expertas Doña Manuela Mena o Doña Judith Wilson”. Cuando hablan de Judith se refieren a Juliet Wilson-Bareau, especialista en Goya y compañera de Pierre Gassier, quien en 1974 elaboró uno de los catálogos más completos de la obra del pintor español, en total 1.870 obras. Juliet Wilson y Manuela Mena se han convertido en las expertas más infalibles sobre Goya, sobre todo para las casas internacionales de subastas (ver recuadro).
Los hermanos Font acuden al Prado para que Mena les explique qué pasos tienen que dar para la certificación de su retrato, Mena les contesta que como funcionaria no puede emitir informes para particulares, que no conoce el cuadro de Esquivel y tampoco quién es Juan Ignacio de la Vega. Curiosamente, en 2006, en uno de los escritos remitidos al juzgado, Mena sí admite que tres años antes sí había emitido un informe para un privado, en este caso para Axa. “El informe verbal, que se dio desde aquí en su día a la compañía Axa iba en el mismo sentido de que no se trataba en modo alguno de una obra de Goya”, decía Mena.
Mena califica de invención la teoría sobre las firmas escondidas, “un intento de fraude” para que se eleve el precio de esas obras en el mercado. Ella, con su actitud, ha provocado en ocasiones el mismo efecto. Poco después de retirar la cartela de Goya de El Coloso, el prestigioso especialista Nigel Glendinning, visitó el Prado y aseguró que si Mena había anulado la paternidad de El Coloso sin publicar ninguna investigación seria no entendía por qué había incluido en la exposición Goya en tiempos de guerra el retrato El príncipe Alois Wenzel von Kaunitz. El historiador dijo que un año antes ese retrato estaba en el mercado, que lo vio junto con Juliet Wilson y otros especialistas en la sede de la casa de subastas Sothebys en Londres, y que no pensaba que fuese de Goya “porque la banda y la cruz estaban abocetadas”, la cara le parecía muy floja y en esa época Goya ya no pintaba para gente privada.
Glendinning explicó que al incluir Mena ese cuadro su valor se incrementó notablemente. La única certificación es una “atribución antigua”. Seis meses después de la exposición, Sothebys cifró su precio entre 3 y 5 millones de euros, argumentando que el Prado lo había incluido en una muestra. Miguel Zugaza, director del Museo, tuvo que admitir que no le gustó lo sucedido
Fuentes de toda solvencia conocedoras de este proceso aseguraron que con Goya “sólo se está dando credibilidad al Prado y no debe ser así porque al final todo lo que se cuelgue en el Prado, documentado o no, se revalorizará al momento. Todo es un problema de mercado. La institución no debe estar en ese mercadeo. En la Biblia se dice que hay que echar a los mercaderes del templo. El problema es cuando los mercaderes están dentro del templo. Manuela Mena piensa que es una cruzada contra ella, por eso ha montado un sistema de mordaza en el Museo, nadie puede hablar excepto ella”.
Es tal el embrollo que en diciembre de 2006 la Policía intervino horas antes de su subasta un lienzo titulado Santos adorando el Santísimo Sacramento, atribuido a Goya y valorado en más de un millón de euros. Días antes de la subasta, la Junta de Valoración y Calificación de Bienes del Patrimonio Histórico –dependiente del Ministerio de Cultura– se había reunido y había concluido que la autoría de la pintura era dudosa. José Luis Pascual, propietario del cuadro y seguidor cabal de la obra de Goya, poseía un informe del historiador José Manuel Arnaiz, uno de los más reputados especialistas en Goya. El informe de los pigmentos, las radiografías y otro informe técnico del también experto Antonio Perales apoyaban esa atribución.
“En Goya parece que hay dos vacas sagradas, Mena y Wilson, que actúan de manera monopolística. Ellas son las únicas que pueden dar o quitar la bendición oficial a una obra aunque el resto de expertos diga lo contrario. Su criterio es subjetivo, es su ojo, ¿cómo puede ser el único válido?”, comenta Pascual, quien también tiene dudas sobre el papel de las casas internacionales de subastas.
Fuentes de Sotheby’s España admitieron que aunque con Mena hay discrepancias, su opinión es muy bien valorada. “Goya necesita ya un catálogo razonado y actualizado”, dijeron.
La actuación de la policía llevó al juzgado a Pascual, acusado de intento de fraude, pero el juez archivó el caso al no encontrar pruebas de ese supuesto delito. Semanas más tarde, Cultura renovó a casi toda la Junta de Calificación de Bienes. Fuentes de Cultura no quisieron vincular la renovación con el caso de la subasta, pero sí se supo que en aquella reunión no estuvieron presente todos los miembros de la Junta, que los defectos de forma fueron evidentes.
José Luis Pascual no esconde su enfado: “afirmo públicamente que el mercado de las obras de Goya funciona como una mafia. Wilson y Mena han creado un monopolio e implantado una norma por la cual si ‘ellas’ dicen que una obra no es de Goya, aunque lo digan los demás expertos e historiadores, no habrá forma de acceder a la venta de esa obra a nivel internacional, ya que las dos casas internacionales de subastas, que controlan el 90 por ciento del comercio, dirán que no es de Goya” .
El experto José Manuel Arnaiz, que trabaja rodeado de cientos de libros sobre Goya y autor de numerosos artículos sobre el pintor, admite que “es muy difícil decir si un cuadro es o no de Goya, pero en el Prado tienen la manía de perseguirle. Personas con un currículum mediocre se han ido haciendo dueñas de una mina llamada Goya” (tomado de Interviu).
31/07/09: El primer aviso nazi
VIENA, 25 DE JULIO DE 1934. Un comando nazi asesina al canciller Dollfuss. Hitler muestra sus cartas a Europa: no se conforma con Alemania.

La imagen es un adelanto del futuro próximo. La desnudez de ese cuerpo resulta obscena, porque ese señor es de los que usan siempre camiseta, camisa y chaleco, y se acuestan con su mujer llevando el pijama abotonado hasta arriba. Desnudarlo sin miramientos por las urgencias de un médico que intenta cortar la hemorragia es casi una agresión; un colofón a la que han perpetrado los pistoleros.
La imagen tiene dos chocantes contrapuntos que la hacen aún más violenta. Le han dejado puestos los pantalones, lo que agudiza la desnudez del torso, y no está sobre una camilla o una mesa de autopsias, sino sobre la floreada tapicería de un fino sofá del palacio de la Cancillería, lugar de lo más inapropiado para morir . Hasta esa época la prensa no solía publicar fotografías tan descarnadas, pero el nazismo y la Segunda Guerra Mundial acostumbrarán al público a una violencia gráfica en prensa y pantalla que, antes, se hubiera considerado insoportable. Esto es lo que viene.
En realidad, la fotografía no es más que un reflejo certero de la realidad, porque el asesinato del jefe del Gobierno austriaco es también un avance de los acontecimientos, como el tráiler de una película. Si alguien en Europa se despreocupaba por el ascenso al poder de Hitler , si pensaba que eso era cosa de los alemanes y allá ellos, el magnicidio de Viena debería abrirle los ojos.
Muchas cosas podrán decirse de Hitler, pero no que disimulara sus designios. Hacía sólo año y medio que se había convertido en canciller de Alemania, catorce meses desde que el Parlamento le otorgara poderes dictatoriales; todavía tenía por encima de él la autoridad del presidente de la República, el mariscal Hindenburg... Y ya había puesto en marcha los planes anexionistas que en cinco años arrastrarían al mundo a su peor tragedia.
El intento de golpe de Estado en Viena de 1934 anunciaba claramente la anexión de Austria, la de Checoslovaquia, el ataque a Polonia en 1939, la invasión de países neutrales y pacíficos como Dinamarca, Noruega u Holanda e incluso de aliados como la Rusia de Stalin. Como un escorpión loco, el nazismo tiene que agredir a quienes están a su alrededor, y como cada vez se expande más, nuevos vecinos se irán sumando a su lista de víctimas. “Europa se halla ante un programa de agresión, cuidadosamente preparado y calculado al minuto, que se viene ejecutando etapa tras etapa”, avisará Winston Churchill algún tiempo después del asesinato de Dollfuss .
Austrofascismo.- Engelbert Dollfuss , jefe del Gobierno de Austria desde 1932, era el líder del Partido Social Cristiano y representante de la ideología católica conservadora, cuyo tradicional enemigo eran los marxistas. Para enfrentarse a ellos –muy fuertes en Viena, donde controlaban el Gobierno local-, se alió con el príncipe Ernst Rudiger von Starhemberg, un admirador de Mussolini que dirigía una organización paramilitar de extrema derecha, la Heimwehr , ultranacionalista y pangermánica. El régimen que salió de esa alianza sería conocido por austrofascismo , pero tenía grandes diferencias con el nazismo. Entre otras cosas no era antisemita, sino que incorporó a la burguesía judía y, sobre todo, no quería que Austria fuera absorbida por Alemania.
Sin embargo, los partidarios de Hitler iban creciendo en Austria como una pandemia, y Dollfuss impuso una dictadura porque era consciente de que si había elecciones, los nacionalsocialistas las ganarían, como había sucedido en Alemania. La dictadura sirvió también para acabar con la fuerza del socialismo: hubo una auténtica pequeña guerra civil, con cientos de muertos, en la que el ejército aplastó a las milicias obreras, y luego una fuerte represión. Por desgracia para Dollfuss , no llegó a aplicar ese tratamiento brutal a las milicias nazis.
Antes de que lo hiciese, fueron los nazis quienes dieron el golpe. El 25 de julio de 1934, disfrazados con uniformes de la organización del príncipe Starhemberg , que formaba parte del régimen, o de la policía, dos grupos de asalto tomaron Radio Viena y el palacio de la Cancillería. Capturaron a Dollfuss y al ministro de Seguridad Pública, y desde la emisora anunciaron la dimisión del canciller. Dollfuss , sin embargo, no se había plegado a sus exigencias. El canciller era un hombre tan bajito que no lo admitieron en el ejército para luchar en la Gran Guerra, pero tenía coraje. Intentó escapar de sus captores, que le dispararon sin piedad. Murió desangrado por falta de atención.
Los asaltantes eran pocos y fueron reducidos por el ejército, pero no se trataba de una acción suicida. Contaban con estar poco tiempo detenidos, pues su golpe de fuerza, teledirigido desde Berlín, era sólo el prólogo al Anschluss , la anexión de Austria. El Führer sabía que la doctrina del “apaciguamiento”, imperante en Inglaterra y Francia, les haría tragar con la expansión del Reich por el “espacio germánico” antes que meterse en una guerra, de modo que tenía preparadas sus fuerzas para entrar en Austria y sacar a hombros de la cárcel a los golpistas.
Hitler se arruga.- Inesperadamente, quien salvó a la pequeña Austria de la amenaza nazi fue Mussolini . Desde la óptica actual, sabiendo cómo se desarrolló la reciente historia de Europa, resulta paradójico que Mussolini le parase los pies a Hitler , pues siempre les hemos visto como una pareja artística en la que el italiano se supeditaba completamente al alemán. Sin embargo, las cosas eran distintas en 1934.
Mussolini llevaba 12 años en el poder y era el inventor del fascismo, de modo que para él Hitler era un aprendiz recién llegado. El Duce tenía muchos imitadores en Europa, podía elegir a cuál protegía, a cuál promocionaba. El austrofascismo de Dollfuss estaba ideológicamente tan cerca del régimen mussoliniano como el nacionalsocialismo de Hitler, pero Austria estaba más cerca de Italia que Alemania. No sólo por su carácter católico, sino por la geografía.
Mussolini soñaba con hacer de Austria un satélite, un protectorado. Demostraría así su grandeza de estadista, dándole la vuelta a la Historia, pues hacía menos de un siglo media Italia se hallaba bajo ocupación austriaca. De modo que el Duce envió cuatro divisiones al paso del Brennero, que separa Italia de Austria, listas para entrar en auxilio de ésta si a Hitler se le ocurría atravesar la frontera. Y Hitler se arrugó.
Esta historia parece hecha para sacar un moraleja. Al mal hay que atacarlo al principio, antes de que crezca y se haga fuerte. Si las democracias, Francia e Inglaterra, se hubieran molestado en frenar y neutralizar a Hitler al principio, cuando se arrugaba ante el irrisorio ejército italiano, no se habría convertido en el peor castigo de la humanidad (adaptado de la revista El Tiempo de España).

La imagen es un adelanto del futuro próximo. La desnudez de ese cuerpo resulta obscena, porque ese señor es de los que usan siempre camiseta, camisa y chaleco, y se acuestan con su mujer llevando el pijama abotonado hasta arriba. Desnudarlo sin miramientos por las urgencias de un médico que intenta cortar la hemorragia es casi una agresión; un colofón a la que han perpetrado los pistoleros.
La imagen tiene dos chocantes contrapuntos que la hacen aún más violenta. Le han dejado puestos los pantalones, lo que agudiza la desnudez del torso, y no está sobre una camilla o una mesa de autopsias, sino sobre la floreada tapicería de un fino sofá del palacio de la Cancillería, lugar de lo más inapropiado para morir . Hasta esa época la prensa no solía publicar fotografías tan descarnadas, pero el nazismo y la Segunda Guerra Mundial acostumbrarán al público a una violencia gráfica en prensa y pantalla que, antes, se hubiera considerado insoportable. Esto es lo que viene.
En realidad, la fotografía no es más que un reflejo certero de la realidad, porque el asesinato del jefe del Gobierno austriaco es también un avance de los acontecimientos, como el tráiler de una película. Si alguien en Europa se despreocupaba por el ascenso al poder de Hitler , si pensaba que eso era cosa de los alemanes y allá ellos, el magnicidio de Viena debería abrirle los ojos.
Muchas cosas podrán decirse de Hitler, pero no que disimulara sus designios. Hacía sólo año y medio que se había convertido en canciller de Alemania, catorce meses desde que el Parlamento le otorgara poderes dictatoriales; todavía tenía por encima de él la autoridad del presidente de la República, el mariscal Hindenburg... Y ya había puesto en marcha los planes anexionistas que en cinco años arrastrarían al mundo a su peor tragedia.
El intento de golpe de Estado en Viena de 1934 anunciaba claramente la anexión de Austria, la de Checoslovaquia, el ataque a Polonia en 1939, la invasión de países neutrales y pacíficos como Dinamarca, Noruega u Holanda e incluso de aliados como la Rusia de Stalin. Como un escorpión loco, el nazismo tiene que agredir a quienes están a su alrededor, y como cada vez se expande más, nuevos vecinos se irán sumando a su lista de víctimas. “Europa se halla ante un programa de agresión, cuidadosamente preparado y calculado al minuto, que se viene ejecutando etapa tras etapa”, avisará Winston Churchill algún tiempo después del asesinato de Dollfuss .
Austrofascismo.- Engelbert Dollfuss , jefe del Gobierno de Austria desde 1932, era el líder del Partido Social Cristiano y representante de la ideología católica conservadora, cuyo tradicional enemigo eran los marxistas. Para enfrentarse a ellos –muy fuertes en Viena, donde controlaban el Gobierno local-, se alió con el príncipe Ernst Rudiger von Starhemberg, un admirador de Mussolini que dirigía una organización paramilitar de extrema derecha, la Heimwehr , ultranacionalista y pangermánica. El régimen que salió de esa alianza sería conocido por austrofascismo , pero tenía grandes diferencias con el nazismo. Entre otras cosas no era antisemita, sino que incorporó a la burguesía judía y, sobre todo, no quería que Austria fuera absorbida por Alemania.
Sin embargo, los partidarios de Hitler iban creciendo en Austria como una pandemia, y Dollfuss impuso una dictadura porque era consciente de que si había elecciones, los nacionalsocialistas las ganarían, como había sucedido en Alemania. La dictadura sirvió también para acabar con la fuerza del socialismo: hubo una auténtica pequeña guerra civil, con cientos de muertos, en la que el ejército aplastó a las milicias obreras, y luego una fuerte represión. Por desgracia para Dollfuss , no llegó a aplicar ese tratamiento brutal a las milicias nazis.
Antes de que lo hiciese, fueron los nazis quienes dieron el golpe. El 25 de julio de 1934, disfrazados con uniformes de la organización del príncipe Starhemberg , que formaba parte del régimen, o de la policía, dos grupos de asalto tomaron Radio Viena y el palacio de la Cancillería. Capturaron a Dollfuss y al ministro de Seguridad Pública, y desde la emisora anunciaron la dimisión del canciller. Dollfuss , sin embargo, no se había plegado a sus exigencias. El canciller era un hombre tan bajito que no lo admitieron en el ejército para luchar en la Gran Guerra, pero tenía coraje. Intentó escapar de sus captores, que le dispararon sin piedad. Murió desangrado por falta de atención.
Los asaltantes eran pocos y fueron reducidos por el ejército, pero no se trataba de una acción suicida. Contaban con estar poco tiempo detenidos, pues su golpe de fuerza, teledirigido desde Berlín, era sólo el prólogo al Anschluss , la anexión de Austria. El Führer sabía que la doctrina del “apaciguamiento”, imperante en Inglaterra y Francia, les haría tragar con la expansión del Reich por el “espacio germánico” antes que meterse en una guerra, de modo que tenía preparadas sus fuerzas para entrar en Austria y sacar a hombros de la cárcel a los golpistas.
Hitler se arruga.- Inesperadamente, quien salvó a la pequeña Austria de la amenaza nazi fue Mussolini . Desde la óptica actual, sabiendo cómo se desarrolló la reciente historia de Europa, resulta paradójico que Mussolini le parase los pies a Hitler , pues siempre les hemos visto como una pareja artística en la que el italiano se supeditaba completamente al alemán. Sin embargo, las cosas eran distintas en 1934.
Mussolini llevaba 12 años en el poder y era el inventor del fascismo, de modo que para él Hitler era un aprendiz recién llegado. El Duce tenía muchos imitadores en Europa, podía elegir a cuál protegía, a cuál promocionaba. El austrofascismo de Dollfuss estaba ideológicamente tan cerca del régimen mussoliniano como el nacionalsocialismo de Hitler, pero Austria estaba más cerca de Italia que Alemania. No sólo por su carácter católico, sino por la geografía.
Mussolini soñaba con hacer de Austria un satélite, un protectorado. Demostraría así su grandeza de estadista, dándole la vuelta a la Historia, pues hacía menos de un siglo media Italia se hallaba bajo ocupación austriaca. De modo que el Duce envió cuatro divisiones al paso del Brennero, que separa Italia de Austria, listas para entrar en auxilio de ésta si a Hitler se le ocurría atravesar la frontera. Y Hitler se arrugó.
Esta historia parece hecha para sacar un moraleja. Al mal hay que atacarlo al principio, antes de que crezca y se haga fuerte. Si las democracias, Francia e Inglaterra, se hubieran molestado en frenar y neutralizar a Hitler al principio, cuando se arrugaba ante el irrisorio ejército italiano, no se habría convertido en el peor castigo de la humanidad (adaptado de la revista El Tiempo de España).
31/07/09: La sinagoga '1870' (Lima)

El origen de esta sinagoga se remonta a la “Sociedad de Beneficencia Israelita 1870”, fundada en el siglo XIX por los primeros inmigrantes judíos llegados a nuestra ciudad. Se reconstituyó como una nueva entidad con la llegada de inmigrantes alemanes desde 1933. Así, se institucionalizó el 21 de octubre de 1935 conformando la “Sociedad Israelita de Socorros Mutuos de Judíos de habla Alemana” y posteriormente fue inscrita en la “Asociación de Personas Jurídicas”, el 30 de junio de 1938, con el nombre de Sociedad de Beneficencia Israelita 1870 (antes de que se abriera esta sinagoga, los miembros de la “1870” se reunían a rezar en la casa de Leopoldo Weil, en la calle Juan Fanning 320, Miraflores).
Asegurada la inscripción ante el Estado peruano, la “1870” pudo abrir su sinagoga. Esto ocurrió ese mismo año, en 1938, cuando alquiló este local de la calle Libertad, distrito de Miraflores, a la Beneficencia Británica; quedó como rabino Leopoldo Weil. Luego, con el aporte de los asociados, la compra definitiva del mismo local se produjo en 1948. Se trataba, en realidad, de una vieja casona miraflorina que fue adaptada a las necesidades de una sinagoga. La comunidad de esta Asociación fue creciendo y el local, ya muy viejo, no podía atender convenientemente las necesidades de la “1870”. Fue así que en 1999 se demolió totalmente el antiguo local y se edificó este nuevo, cuya inauguración se realizó el 10 de mayo del año 2000.
Es importante destacar que la “1870” alberga población judía de origen ashkenazí, en su mayoría alemana, por lo que el rito que utiliza es de estilo germano. Desde su fundación, esta sinagoga contó con el liderazgo de lo siguientes rabinos: Leopoldo Weil (1938-40), Michael Siegel (1941-56), Lothar Goldstein (1957-66), David Spritzer (1967-69), Claudio Kaiser (1970-76) y Zoev Goldik (1977-84). Desde el 24 de abril de 1985, la sinagoga está a cargo del rabino Guillermo Bronstein, de origen argentino. Actualmente, la “1870” cuenta, como miembros, con unas 220 “unidades familiares” (que pueden ser de 1 persona hasta 9 ó 10); un cálculo de mil personas, aproximadamente. La sinagoga está ubicada en la calle Libertad 375, en Miraflores.









