Archivo de 29 junio 2009
29/06/09: El rol actual de las monarquías
ENTREVISTA A SIMÓN DE BULGARIA. Fue rey cuando el país era una monarquía y primer ministro cuando era una república. Vivió exiliado en España durante cinco décadas y regresó aclamado por los búlgaros. Hoy, perdida la esperanza de volver a ceñir corona, vive en Sofía, donde su partido, el Movimiento Nacional Simeón II, concurre a las elecciones legislativas del próximo domingo.

Simeón de Sajonia-Coburgo, en el exterior del palacio de Vrana, en Sofía, la capital búlgara. Expropiado por las autoridades comunistas, le fue devuelto en 1998.
Simeón de Sajonia-Coburgo y Ghota (Sofía, Bulgaria, 1937) pasará a la Historia como el último monarca que tuvieron los búlgaros. Subió al trono en 1943, con tan sólo 6 años, y, tres años después, comenzó un largo exilio que se extendió más allá de la caída del régimen comunista en su país. Aquí, en España, permaneció durante 50 años, hasta que, en 2001, el partido político que auspició, el Movimiento Nacional Simeón II, obtuvo el respaldo de la mayoría de su pueblo en las urnas y él terminó jurando la constitución republicana como primer ministro. Ocupó el cargo hasta 2005, un comportamiento inédito para el representante de una dinastía como la suya. Hoy, el ex rey cree haber cumplido con lo que anhelaba para los búlgaros, al impulsar el ingreso de su país en la Unión Europea. Desea retirarse a descansar, consciente de que la reinstauración monárquica es un imposible y de que el empeño en volver al pasado carece de sentido.
La tarde en que llegamos al complejo de Vrana, en las afueras de Sofía, amenaza tormenta. Después de varios días de calor, los nubarrones espesan la atmósfera y entristecen el bosque que protege de los curiosos la casa con fachada revestida de madera oscura y trazas orientales donde reside Simeón, situada en un extremo del palacete.
Aparece impecablemente vestido, muy elegante, ofreciéndonos un refrigerio para reponer fuerzas. Es un anfitrión admirable, como corresponde a su esmerada educación, afable y cordial con los visitantes. Parece que le entusiasma la llegada de unos españoles porque representa la ocasión de desplegar su buen humor afinado en nuestro país. A pesar de su edad (el pasado 16 de junio cumplió 72 años), se mueve con sorprendente agilidad y encaja con agrado, y hasta con un punto de coquetería, el comentario que le hacemos sobre ese particular.
ENTRE BRUMAS. Comienzan a caer las primeras gotas de lluvia y nos tenemos que apresurar a fotografiarlo en el exterior. Simeón soporta la inclemencia del tiempo con calma y hasta con alguna sonrisa mientras capturamos su imagen entre las brumas de un bosque casi mágico. Nos explica que fue obra de su abuelo, el rey Fernando I, quien dispuso que se plantaran en Vrana casi 300 variedades de árboles y plantas, que tienen ya una antigüedad de más de un siglo.
Las edificaciones, por el contrario, provocan sensaciones contradictorias; durante la dominación comunista, Vrana fue un plató de cine y una parte del palacio quedó casi en ruinas. Seguramente, cuando fue residencia de los reyes, se escucharon allí, en veladas inolvidables dentro de salones amueblados al estilo art déco, la música de los maestros barrocos centroeuropeos y de los compositores rusos del XIX. Pero de aquel esplendor de antaño, del que no pudo disfrutar Simeón de Bulgaria porque vivió una etapa convulsa, apenas quedan huellas. Ahora, únicamente su presencia impide que el final de una época, y una manera de ser, se precipiten definitivamente en el más absoluto olvido.
P.¿Qué recuerdos afloraron cuando regresó aquí, a Vrana, después de tantos años de alejamiento forzoso del que fue su hogar?
R. ¡Imagínese! Al ver este lugar vacío, allá por el año 2000, en la que fue mi primera noche tras un larguísimo exilio, pensé en la gente que ya no estaba… En lo que significó marcharse en 1946, cuando era un niño, y volver siendo una persona muy mayor. Evoqué los momentos difíciles, porque, para mí, esta casa está relacionada más con los problemas que con los momentos de alegría. Aquí recuerdo la muerte de mi padre, los bombardeos… Las épocas más felices los relaciono con la casa que tenemos en la montaña, donde iba de vacaciones.
P. Fueron los británicos quienes bombardearon Vrana, ¿verdad?
R. Eso es, durante la Segunda Guerra Mundial.
P. Alguien de la familia bautizó el cráter que dejó uno de los proyectiles con el nombre de «Lago Churchill».
R. Fue mi tío, el regente, el príncipe Kyril, quien tuvo esa ocurrencia. La verdad es que era un agujero con un diámetro de 11 metros que se llenó de agua.
P. ¿Considera que la sociedad búlgara, con la llegada de la democracia, ha sido generosa al restituirle las propiedades que confiscaron los comunistas a la familia real?
R. Fue una decisión del año 1998, que tiene su precedente en 1992, cuando se acuerda hacer lo mismo con cualquier ciudadano búlgaro. Yo no pedí nada nunca y, a pesar de que me sugerían que lo hiciera, siempre consideré todo perdido. Fue una iniciativa del fiscal general, que trasladó la cuestión al Gobierno, y éste la remitió a la Corte Constitucional. En la máxima instancia legislativa, los 12 magistrados, sin excepción, se manifestaron a favor de la devolución de los bienes privados a la familia, es decir, de las propiedades que no tenían nada que ver con la corona. Y había bienes recuperables y otros que ya no lo eran, por ejemplo, porque se habían construido inmuebles sobre los terrenos. Luego, mi hermana y yo donamos las 98 hectáreas del Parque de Vrana al Ayuntamiento de Sofía en agradecimiento por poder volver a nuestra tierra.
P. Cuando, en 1996, regresó a Bulgaria por primera vez, justo 50 años después que se iniciara su exilio, y comprobó el fervor con el que fue recibido por sus compatriotas, ¿pensó que era factible la restauración de la monarquía?
R. Le diré que soy terriblemente pragmático y terriblemente realista y, a pesar de ver enardecida a la gente, pensé en lo arriesgado que era utilizar emociones de manera no racional. Consideré que si la gente estaba contenta con la república, después de soportar un régimen totalitario comunista, por qué proponer la restauración monárquica.
P. Lo dice, ahora, desde la distancia y con lo que ha conocido más tarde tras su incursión en el terreno político.
R. No, no, es cierto. Miré a mi alrededor. Y ni en Italia ni en Grecia ni en Serbia ni en Albania ni en Rumanía había monarquía… Entonces, por qué, de repente, iba a ser válido aquí, ¿porque había un recuerdo y me tenían simpatía? Lo que sí supuso un desafío grande para mí fue el triunfo aplastante que conseguimos en las elecciones del año 2001…
P. Y, entonces, ¿no se lo replanteó con un respaldo de la mayoría contrastado en las urnas?
R. No, a lo hecho, pecho, a pesar de que yo no había sido educado para ser primer ministro. No podía defraudar a la gente que había depositado en mí sus esperanzas. Y decidí, desde la república, servir a los búlgaros, algo, que en principio, era difícil de entender. No aprovecharse del poder es algo tan poco común, por desgracia. Pero yo quería servir a la patria, no a un sistema de gobierno.
P. Cuatro años después perdió la mayoría, aunque su formación de centro-liberal, como usted la califica, se incorpora al gobierno de coalición actual. ¿Pecó de ingenuo cuando prometió que mejoraría el nivel de vida de los búlgaros en 800 días?
R. Es el plazo que se establece en el mundo de la empresa y los negocios, del que yo procedía. No es nada más. Si la Administración me hubiera seguido, habría sido posible cumplirlo. Y con 1.000 días lo logramos, más o menos.
P. ¿Va a continuar en la política partidista?
R. Mire, ya tengo edad de retirarme, eso me gustaría, pero mi partido concurre a las elecciones parlamentarias del 5 de julio, y soy el líder de esa formación.
P. Mientras no abdique formalmente, muchos le seguirán considerando el rey de los búlgaros.
R. ¡A mi edad! Bueno, sí. Creo que ya nadie lo discute, incluso los enemigos se refieren a mí como el rey porque, en el fondo, es parte de nuestra historia. Pero otra cosa sería que hubiera un cambio de sistema dentro de la Unión Europea. Eso es ciencia ficción.
P. ¿Kardam, su hijo mayor, príncipe de Tírnovo, sigue siendo el heredero?
R. Sí, pobre…
P. Por cierto, ¿cómo se encuentra del accidente de tráfico que sufrió el año pasado en las cercanías de Madrid?
R. Muy mal, créame que estando tan lejos y… En fin, son pruebas que le pone la vida a uno… Un largo silencio interrumpe la conversación. Simeón de Bulgaria controla a la perfección lo que dice y desea decir. De súbito, se hace casi de noche en Vrana mientras cae un aguacero. Simeón se ha emocionado al recordar a su hijo Kardam, hasta el punto de recostar la cabeza sobre la pared. Tarda varios segundos en recuperarse y evitamos continuar con el asunto que tanto parece afectarle. Nos encontramos en un rincón de una sala presidida por los retratos de sus padres: Boris III y la reina Juana de Saboya.
P. ¿Por qué sigue en Bulgaria y no regresa a España, donde vive la mayoría de su familia y tiene tantas amistades?
R. He nacido aquí, y en búlgaro decimos que «la sangre no se hace agua». Además, estoy contento de haber ayudado a que este país se encuentre donde está ahora. Mientras no podía venir a Bulgaria, estuve muy agradecido por poder tener un hogar en España, pero hay razones históricas que no te dan opción de elegir. Mi madre me educó para, con el título que llevo, actuar en mi vida y en mi comportamiento como tal. Y aquí estoy, intentando hacerlo.
P. ¿Cómo se fraguó su amistad con el, entonces, Príncipe Juan Carlos, reforzada a lo largo de los años?
R. Por ser parientes, tener la misma edad y vivir en España…
P. ¿Parientes?
R. Si coge un cuadro genealógico, verá que todas las familias reales somos parientes. Él es Borbón, yo soy Borbón; él tiene Borbón-Sicilia, yo también; él tiene Orleáns, yo tengo Orleáns… Y somos de la misma edad, teníamos conexiones. También, luego, nuestros hijos se han hecho amigos y han sido hasta padrinos de mis nietos, algo que me conmueve.
P. ¿Sirvió de enlace entre Don Juan y Juan Carlos cuando la relación entre ellos se complicó al aceptar el príncipe la sucesión decretada por Franco?
R. Sí… Hubo que hacer algo especial, sí. Pero no me meto en los asuntos de los demás si no me llaman.
P. ¿Pero intervino para mejorar la relación entre el padre y el hijo?
R. Sí, entre familiares y amigos se hacen este tipo de cosas…, igual que con hice con Marruecos.
P. Hablando de Marruecos, ¿dijo en una ocasión que el rey Hassan II era «como un padre, un hermano, consejero y benefactor»?
R. Efectivamente. Y era una persona de una cultura política e intelectual poco frecuente. Dentro del mundo árabe-musulmán fue importantísimo. Yo tuve la suerte de representar durante 22 años los intereses de Hassan II y de la familia real marroquí en la ONA [Omnium Nord Africain], un potente conglomerado financiero-industrial, algo que me halagaba y que me permitió aprender bastante. Había allí una participación francesa considerable y solamente un 13% estaba en manos de la familia real. La gente mal informada creía que el grupo le pertenecía en su totalidad.
P. ¿Intervino, tal vez, cuando se produjo la Marcha Verde que complicaba el inicio de la Transición para su amigo, el Príncipe Juan Carlos?
R. No. Recuerdo que cené la noche anterior con él, antes de que partiera hacia El Aiún a visitar a las tropas españolas que se encontraban en el Sáhara. Yo era amigos de los dos, claro, neutral en cierto modo, y sólo así, desde esa situación, se podía intervenir, y uno lo hace con la voluntad de ayudar y suavizar.
P. ¿Y lo hizo en esa ocasión, en ese momento tan delicado?
R. No, no…
P. ¿En qué otros conflictos entre Marruecos y España ha tenido que actuar?
R. Mire, tengo mucha edad y muchos amigos en muchos sitios y creo haber hecho cosas muy útiles, pero eso sólo verá la luz si algún día tengo tiempo para dedicarme a escribir…
P. ¿Se va a llevar a la tumba los secretos que despejarían asuntos de vital importancia?
R. Bueno, escribiré unas memorias o…, mejor, dejaré tiempo al tiempo. Hay que esperar a que algunos no estén para decir algo.
P. Además de a Gregorio Peces-Barba y Miguel Boyer, antiguos compañeros suyos de clase en el Liceo Francés, ¿a qué otros líderes políticos reunió en su casa de Madrid para que conociesen a Don Juan Carlos durante la dictadura franquista?
R. A varios, lo que pasa es que mi memoria ya no funciona. El rey era una persona a quien interesaba conocer a mucha gente, no es que se hicieran cosas de carácter subversivo como ahora muchos intentan decir con leyendas de que se hacían conspiraciones.
P. Como era un hombre de negocios de éxito y tenía esa amistad tan fuerte con Don Juan Carlos, ¿fue asesor suyo en alguna de sus inversiones de carácter privado?
R. No. Como le dije, no me gusta meterme en los asuntos personales, como puede ser el dinero de alguien, y creo que el asesorar en ese sentido es para especialistas y técnicos.
P. ¿Qué pasó con la acusación de corrupción que recayó sobre su persona tras la detención de su primo, Víctor Manuel de Saboya, por pertenecer a una organización criminal?
R. ¡Eso es de un nivel...! Me hizo un daño espantoso. Los enemigos se ensañaron conmigo, a pesar de que el lenguaje que utilizaba al teléfono este primo mío con otro interlocutor, demostraba que creía que yo era una especie de majadero, porque no daba pie a ciertos asuntos. Así que, en el fondo, por un lado era positivo. Pero me hizo un daño horrible y, en mi opinión, fue totalmente inmerecido. El fiscal no debió divulgar mi nombre por ese simple hecho y, como era lógico, la acusación se ha archivado. Resulta asombroso que alguien pueda pensar que yo he obrado de esa manera cuando he sido educado de forma muy diferente. Y, además, se ofreció la información, también en España, sin que nadie se molestase en comprobar nada, ¡es inaudito!
P. ¿Tuvo dificultades con su entorno para casarse con Margarita Gómez-Acebo al constituir un matrimonio de índole morganático?
R. No existe esa limitación en nuestra constitución, ni en la casa Coburgo. En cambio, por lo que sí hubo dificultades fue por ser un matrimonio mixto en lo religioso, algo que se resolvió con tres audiencias que mantuvimos con Juan XXIII. Pero los tiempos, por suerte, evolucionan. Tenemos dos hijos ortodoxos y tres católicos.
P. ¿Y qué le parece que hoy se produzcan en las monarquías europeas tantos matrimonios morganáticos?
R. Es normal, porque hasta la época de mis padres las bodas se hacían por razones de Estado; la manera de comunicarse, la manera de vivir era, en cierto modo, muy cerrada y condicionada a los protocolos y jerarquías. A partir de mi generación, todo ha sido diferente: empezamos a vivir fuera de las torres de marfil y hoy sería anormal otra cosa. Miremos la sociedad actual, no se puede vivir fuera del tiempo, el reloj no se puede parar. Hoy los príncipes van a las universidades, se relacionan con personas de todo tipo y, de repente, ¿van a ser como una casta aparte, van a tener que vivir sin mezclarse? Sería completamente absurdo.
P. ¿No perderán sentido las monarquías con esa evolución?
R. Nunca perderán sentido si son aceptadas por sus pueblos o electores, y si están orgullosos de tenerlas porque les ofrecen un buen servicio. Para eso está la democracia.
P. ¿Cree que la sociedad búlgara ha acabado comprendiendo su comportamiento?
R. Creo que lo comprenderán. Históricamente se comprenderá, estoy seguro. Este año se conmemoraron los 100 años de la independencia completa de Bulgaria. Recuerdo que la primera vez que oí al presidente de la república nombrar a mi abuelo se me saltaron las lágrimas. Y pensé que harían falta otros 100 años para que se reconocieran plenamente las cosas. Hay que darle tiempo al tiempo, pero creo que todo llega y, al final, lo que se ha hecho bien encuentra sitio. La Historia sigue su curso y mis hijos seguirán siendo príncipes de Bulgaria.
Por BALTASAR MAGRO. Fotografía de BEGOÑA RIVAS (El Mundo de España)

Simeón de Sajonia-Coburgo, en el exterior del palacio de Vrana, en Sofía, la capital búlgara. Expropiado por las autoridades comunistas, le fue devuelto en 1998.
Simeón de Sajonia-Coburgo y Ghota (Sofía, Bulgaria, 1937) pasará a la Historia como el último monarca que tuvieron los búlgaros. Subió al trono en 1943, con tan sólo 6 años, y, tres años después, comenzó un largo exilio que se extendió más allá de la caída del régimen comunista en su país. Aquí, en España, permaneció durante 50 años, hasta que, en 2001, el partido político que auspició, el Movimiento Nacional Simeón II, obtuvo el respaldo de la mayoría de su pueblo en las urnas y él terminó jurando la constitución republicana como primer ministro. Ocupó el cargo hasta 2005, un comportamiento inédito para el representante de una dinastía como la suya. Hoy, el ex rey cree haber cumplido con lo que anhelaba para los búlgaros, al impulsar el ingreso de su país en la Unión Europea. Desea retirarse a descansar, consciente de que la reinstauración monárquica es un imposible y de que el empeño en volver al pasado carece de sentido.
La tarde en que llegamos al complejo de Vrana, en las afueras de Sofía, amenaza tormenta. Después de varios días de calor, los nubarrones espesan la atmósfera y entristecen el bosque que protege de los curiosos la casa con fachada revestida de madera oscura y trazas orientales donde reside Simeón, situada en un extremo del palacete.
Aparece impecablemente vestido, muy elegante, ofreciéndonos un refrigerio para reponer fuerzas. Es un anfitrión admirable, como corresponde a su esmerada educación, afable y cordial con los visitantes. Parece que le entusiasma la llegada de unos españoles porque representa la ocasión de desplegar su buen humor afinado en nuestro país. A pesar de su edad (el pasado 16 de junio cumplió 72 años), se mueve con sorprendente agilidad y encaja con agrado, y hasta con un punto de coquetería, el comentario que le hacemos sobre ese particular.
ENTRE BRUMAS. Comienzan a caer las primeras gotas de lluvia y nos tenemos que apresurar a fotografiarlo en el exterior. Simeón soporta la inclemencia del tiempo con calma y hasta con alguna sonrisa mientras capturamos su imagen entre las brumas de un bosque casi mágico. Nos explica que fue obra de su abuelo, el rey Fernando I, quien dispuso que se plantaran en Vrana casi 300 variedades de árboles y plantas, que tienen ya una antigüedad de más de un siglo.
Las edificaciones, por el contrario, provocan sensaciones contradictorias; durante la dominación comunista, Vrana fue un plató de cine y una parte del palacio quedó casi en ruinas. Seguramente, cuando fue residencia de los reyes, se escucharon allí, en veladas inolvidables dentro de salones amueblados al estilo art déco, la música de los maestros barrocos centroeuropeos y de los compositores rusos del XIX. Pero de aquel esplendor de antaño, del que no pudo disfrutar Simeón de Bulgaria porque vivió una etapa convulsa, apenas quedan huellas. Ahora, únicamente su presencia impide que el final de una época, y una manera de ser, se precipiten definitivamente en el más absoluto olvido.
P.¿Qué recuerdos afloraron cuando regresó aquí, a Vrana, después de tantos años de alejamiento forzoso del que fue su hogar?
R. ¡Imagínese! Al ver este lugar vacío, allá por el año 2000, en la que fue mi primera noche tras un larguísimo exilio, pensé en la gente que ya no estaba… En lo que significó marcharse en 1946, cuando era un niño, y volver siendo una persona muy mayor. Evoqué los momentos difíciles, porque, para mí, esta casa está relacionada más con los problemas que con los momentos de alegría. Aquí recuerdo la muerte de mi padre, los bombardeos… Las épocas más felices los relaciono con la casa que tenemos en la montaña, donde iba de vacaciones.
P. Fueron los británicos quienes bombardearon Vrana, ¿verdad?
R. Eso es, durante la Segunda Guerra Mundial.
P. Alguien de la familia bautizó el cráter que dejó uno de los proyectiles con el nombre de «Lago Churchill».
R. Fue mi tío, el regente, el príncipe Kyril, quien tuvo esa ocurrencia. La verdad es que era un agujero con un diámetro de 11 metros que se llenó de agua.
P. ¿Considera que la sociedad búlgara, con la llegada de la democracia, ha sido generosa al restituirle las propiedades que confiscaron los comunistas a la familia real?
R. Fue una decisión del año 1998, que tiene su precedente en 1992, cuando se acuerda hacer lo mismo con cualquier ciudadano búlgaro. Yo no pedí nada nunca y, a pesar de que me sugerían que lo hiciera, siempre consideré todo perdido. Fue una iniciativa del fiscal general, que trasladó la cuestión al Gobierno, y éste la remitió a la Corte Constitucional. En la máxima instancia legislativa, los 12 magistrados, sin excepción, se manifestaron a favor de la devolución de los bienes privados a la familia, es decir, de las propiedades que no tenían nada que ver con la corona. Y había bienes recuperables y otros que ya no lo eran, por ejemplo, porque se habían construido inmuebles sobre los terrenos. Luego, mi hermana y yo donamos las 98 hectáreas del Parque de Vrana al Ayuntamiento de Sofía en agradecimiento por poder volver a nuestra tierra.
P. Cuando, en 1996, regresó a Bulgaria por primera vez, justo 50 años después que se iniciara su exilio, y comprobó el fervor con el que fue recibido por sus compatriotas, ¿pensó que era factible la restauración de la monarquía?
R. Le diré que soy terriblemente pragmático y terriblemente realista y, a pesar de ver enardecida a la gente, pensé en lo arriesgado que era utilizar emociones de manera no racional. Consideré que si la gente estaba contenta con la república, después de soportar un régimen totalitario comunista, por qué proponer la restauración monárquica.
P. Lo dice, ahora, desde la distancia y con lo que ha conocido más tarde tras su incursión en el terreno político.
R. No, no, es cierto. Miré a mi alrededor. Y ni en Italia ni en Grecia ni en Serbia ni en Albania ni en Rumanía había monarquía… Entonces, por qué, de repente, iba a ser válido aquí, ¿porque había un recuerdo y me tenían simpatía? Lo que sí supuso un desafío grande para mí fue el triunfo aplastante que conseguimos en las elecciones del año 2001…
P. Y, entonces, ¿no se lo replanteó con un respaldo de la mayoría contrastado en las urnas?
R. No, a lo hecho, pecho, a pesar de que yo no había sido educado para ser primer ministro. No podía defraudar a la gente que había depositado en mí sus esperanzas. Y decidí, desde la república, servir a los búlgaros, algo, que en principio, era difícil de entender. No aprovecharse del poder es algo tan poco común, por desgracia. Pero yo quería servir a la patria, no a un sistema de gobierno.
P. Cuatro años después perdió la mayoría, aunque su formación de centro-liberal, como usted la califica, se incorpora al gobierno de coalición actual. ¿Pecó de ingenuo cuando prometió que mejoraría el nivel de vida de los búlgaros en 800 días?
R. Es el plazo que se establece en el mundo de la empresa y los negocios, del que yo procedía. No es nada más. Si la Administración me hubiera seguido, habría sido posible cumplirlo. Y con 1.000 días lo logramos, más o menos.
P. ¿Va a continuar en la política partidista?
R. Mire, ya tengo edad de retirarme, eso me gustaría, pero mi partido concurre a las elecciones parlamentarias del 5 de julio, y soy el líder de esa formación.
P. Mientras no abdique formalmente, muchos le seguirán considerando el rey de los búlgaros.
R. ¡A mi edad! Bueno, sí. Creo que ya nadie lo discute, incluso los enemigos se refieren a mí como el rey porque, en el fondo, es parte de nuestra historia. Pero otra cosa sería que hubiera un cambio de sistema dentro de la Unión Europea. Eso es ciencia ficción.
P. ¿Kardam, su hijo mayor, príncipe de Tírnovo, sigue siendo el heredero?
R. Sí, pobre…
P. Por cierto, ¿cómo se encuentra del accidente de tráfico que sufrió el año pasado en las cercanías de Madrid?
R. Muy mal, créame que estando tan lejos y… En fin, son pruebas que le pone la vida a uno… Un largo silencio interrumpe la conversación. Simeón de Bulgaria controla a la perfección lo que dice y desea decir. De súbito, se hace casi de noche en Vrana mientras cae un aguacero. Simeón se ha emocionado al recordar a su hijo Kardam, hasta el punto de recostar la cabeza sobre la pared. Tarda varios segundos en recuperarse y evitamos continuar con el asunto que tanto parece afectarle. Nos encontramos en un rincón de una sala presidida por los retratos de sus padres: Boris III y la reina Juana de Saboya.
P. ¿Por qué sigue en Bulgaria y no regresa a España, donde vive la mayoría de su familia y tiene tantas amistades?
R. He nacido aquí, y en búlgaro decimos que «la sangre no se hace agua». Además, estoy contento de haber ayudado a que este país se encuentre donde está ahora. Mientras no podía venir a Bulgaria, estuve muy agradecido por poder tener un hogar en España, pero hay razones históricas que no te dan opción de elegir. Mi madre me educó para, con el título que llevo, actuar en mi vida y en mi comportamiento como tal. Y aquí estoy, intentando hacerlo.
P. ¿Cómo se fraguó su amistad con el, entonces, Príncipe Juan Carlos, reforzada a lo largo de los años?
R. Por ser parientes, tener la misma edad y vivir en España…
P. ¿Parientes?
R. Si coge un cuadro genealógico, verá que todas las familias reales somos parientes. Él es Borbón, yo soy Borbón; él tiene Borbón-Sicilia, yo también; él tiene Orleáns, yo tengo Orleáns… Y somos de la misma edad, teníamos conexiones. También, luego, nuestros hijos se han hecho amigos y han sido hasta padrinos de mis nietos, algo que me conmueve.
P. ¿Sirvió de enlace entre Don Juan y Juan Carlos cuando la relación entre ellos se complicó al aceptar el príncipe la sucesión decretada por Franco?
R. Sí… Hubo que hacer algo especial, sí. Pero no me meto en los asuntos de los demás si no me llaman.
P. ¿Pero intervino para mejorar la relación entre el padre y el hijo?
R. Sí, entre familiares y amigos se hacen este tipo de cosas…, igual que con hice con Marruecos.
P. Hablando de Marruecos, ¿dijo en una ocasión que el rey Hassan II era «como un padre, un hermano, consejero y benefactor»?
R. Efectivamente. Y era una persona de una cultura política e intelectual poco frecuente. Dentro del mundo árabe-musulmán fue importantísimo. Yo tuve la suerte de representar durante 22 años los intereses de Hassan II y de la familia real marroquí en la ONA [Omnium Nord Africain], un potente conglomerado financiero-industrial, algo que me halagaba y que me permitió aprender bastante. Había allí una participación francesa considerable y solamente un 13% estaba en manos de la familia real. La gente mal informada creía que el grupo le pertenecía en su totalidad.
P. ¿Intervino, tal vez, cuando se produjo la Marcha Verde que complicaba el inicio de la Transición para su amigo, el Príncipe Juan Carlos?
R. No. Recuerdo que cené la noche anterior con él, antes de que partiera hacia El Aiún a visitar a las tropas españolas que se encontraban en el Sáhara. Yo era amigos de los dos, claro, neutral en cierto modo, y sólo así, desde esa situación, se podía intervenir, y uno lo hace con la voluntad de ayudar y suavizar.
P. ¿Y lo hizo en esa ocasión, en ese momento tan delicado?
R. No, no…
P. ¿En qué otros conflictos entre Marruecos y España ha tenido que actuar?
R. Mire, tengo mucha edad y muchos amigos en muchos sitios y creo haber hecho cosas muy útiles, pero eso sólo verá la luz si algún día tengo tiempo para dedicarme a escribir…
P. ¿Se va a llevar a la tumba los secretos que despejarían asuntos de vital importancia?
R. Bueno, escribiré unas memorias o…, mejor, dejaré tiempo al tiempo. Hay que esperar a que algunos no estén para decir algo.
P. Además de a Gregorio Peces-Barba y Miguel Boyer, antiguos compañeros suyos de clase en el Liceo Francés, ¿a qué otros líderes políticos reunió en su casa de Madrid para que conociesen a Don Juan Carlos durante la dictadura franquista?
R. A varios, lo que pasa es que mi memoria ya no funciona. El rey era una persona a quien interesaba conocer a mucha gente, no es que se hicieran cosas de carácter subversivo como ahora muchos intentan decir con leyendas de que se hacían conspiraciones.
P. Como era un hombre de negocios de éxito y tenía esa amistad tan fuerte con Don Juan Carlos, ¿fue asesor suyo en alguna de sus inversiones de carácter privado?
R. No. Como le dije, no me gusta meterme en los asuntos personales, como puede ser el dinero de alguien, y creo que el asesorar en ese sentido es para especialistas y técnicos.
P. ¿Qué pasó con la acusación de corrupción que recayó sobre su persona tras la detención de su primo, Víctor Manuel de Saboya, por pertenecer a una organización criminal?
R. ¡Eso es de un nivel...! Me hizo un daño espantoso. Los enemigos se ensañaron conmigo, a pesar de que el lenguaje que utilizaba al teléfono este primo mío con otro interlocutor, demostraba que creía que yo era una especie de majadero, porque no daba pie a ciertos asuntos. Así que, en el fondo, por un lado era positivo. Pero me hizo un daño horrible y, en mi opinión, fue totalmente inmerecido. El fiscal no debió divulgar mi nombre por ese simple hecho y, como era lógico, la acusación se ha archivado. Resulta asombroso que alguien pueda pensar que yo he obrado de esa manera cuando he sido educado de forma muy diferente. Y, además, se ofreció la información, también en España, sin que nadie se molestase en comprobar nada, ¡es inaudito!
P. ¿Tuvo dificultades con su entorno para casarse con Margarita Gómez-Acebo al constituir un matrimonio de índole morganático?
R. No existe esa limitación en nuestra constitución, ni en la casa Coburgo. En cambio, por lo que sí hubo dificultades fue por ser un matrimonio mixto en lo religioso, algo que se resolvió con tres audiencias que mantuvimos con Juan XXIII. Pero los tiempos, por suerte, evolucionan. Tenemos dos hijos ortodoxos y tres católicos.
P. ¿Y qué le parece que hoy se produzcan en las monarquías europeas tantos matrimonios morganáticos?
R. Es normal, porque hasta la época de mis padres las bodas se hacían por razones de Estado; la manera de comunicarse, la manera de vivir era, en cierto modo, muy cerrada y condicionada a los protocolos y jerarquías. A partir de mi generación, todo ha sido diferente: empezamos a vivir fuera de las torres de marfil y hoy sería anormal otra cosa. Miremos la sociedad actual, no se puede vivir fuera del tiempo, el reloj no se puede parar. Hoy los príncipes van a las universidades, se relacionan con personas de todo tipo y, de repente, ¿van a ser como una casta aparte, van a tener que vivir sin mezclarse? Sería completamente absurdo.
P. ¿No perderán sentido las monarquías con esa evolución?
R. Nunca perderán sentido si son aceptadas por sus pueblos o electores, y si están orgullosos de tenerlas porque les ofrecen un buen servicio. Para eso está la democracia.
P. ¿Cree que la sociedad búlgara ha acabado comprendiendo su comportamiento?
R. Creo que lo comprenderán. Históricamente se comprenderá, estoy seguro. Este año se conmemoraron los 100 años de la independencia completa de Bulgaria. Recuerdo que la primera vez que oí al presidente de la república nombrar a mi abuelo se me saltaron las lágrimas. Y pensé que harían falta otros 100 años para que se reconocieran plenamente las cosas. Hay que darle tiempo al tiempo, pero creo que todo llega y, al final, lo que se ha hecho bien encuentra sitio. La Historia sigue su curso y mis hijos seguirán siendo príncipes de Bulgaria.
Por BALTASAR MAGRO. Fotografía de BEGOÑA RIVAS (El Mundo de España)

Ensayo. En colaboración con la Universidad Complutense la editorial Plaza y Valdés publica en España y México el Diccionario Crítico de Ciencias Sociales, obra imprescindible para entender las posiciones teórico-prácticas en ciencias humanas, sociales y jurídicas, de especial y prioritario impacto en el espacio académico-investigador y profesional contemporáneos. La obra, en cuatro tomos, que se edita también como libro electrónico, está dirigida por Román Reyes, filósofo y sociólogo, rector del Euro-Mediterranean University Institute en la actualidad. Esta obra es fruto de su hercúlea capacidad de trabajo y organización, y lleva su espíritu sincero, lúcido, libre, poco convencional.
Como se afirma, paradójica pero acertadamente, en la presentación, "ésta pretende ser una edición completa de una obra compleja, por definición inacabada". Con 432 firmas y 983 entradas, reedita los dos tomos ya publicados (Anthropos, 1988 y 1991), con un número considerable de actualizaciones y con nuevas entradas que desde entonces se han recibido o solicitado, equivalentes a un 50% de la obra. Es de agradecer que, en consecuencia, la editorial anuncie ya un quinto tomo (Anexo I) para enero de 2010. El mero hecho de que una obra, monumental además, se reedite acrecentada y up-to-date, después de veinte años, habla ya del valor que la comunidad intelectual le asigna.
En tanto que proyecto de muchos años y en permanente actualización, en esta edición se mantienen entradas redactadas bajo condiciones históricas, académicas y/o sociales diferentes que, en ocasiones, recomendó duplicar algunas de ellas, con idénticas u otras firmas. Es obvio que una obra con explícita voluntad de fragmento (un fragmento de cuatro mil páginas), que hace, en este sentido, y con una superior consciencia, de la necesidad virtud, haya estado abierta a cualquier colaboración que, como señala su director, "respetando los principios democráticos básicos y los derechos de personas y pueblos, así como un mínimo de rigor científico, se nos ha hecho llegar".
Sin renunciar a la dimensión o voluntad académica que toda producción intelectual conlleva, esta obra, más allá de cualquier academicismo, ha debido asumir desde un principio la existencia de lagunas o sesgos con respecto a la expectativa que generará y, especialmente, en relación con los diccionarios convencionales, a los que no pretende suplantar. En este contexto es importante destacar que en 1999 el proyecto, diseñado en el año 1986, al que se habían adscrito por entonces otros docentes e investigadores afines, se transformara en Grupo de Investigación con el nombre de Theoria. Proyecto Crítico de Ciencias Sociales. Ese mismo año se crea uno de los órganos más representativos de ese Grupo de Investigación, Nómadas. Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas, con registros en los más importantes índices de impacto y en cuya presentación se lee, por lo que ahora interesa: "Con la publicación del Diccionario Crítico de Ciencias Sociales. Terminología Científico-Social abrimos ahora las puertas a otros analistas del lenguaje institucional, especialmente a aquellos que, por su fidelidad a los principios básicos del pensamiento libre y de la creatividad, no consiguen hacerse oír a través de los canales de difusión y medios de promoción instituidos". La presente edición recoge también los frutos de esta generosa oferta, incorporando notables entradas de coautores hasta ahora desconocidos, pero fieles a aquellos principios, que sometieron a debate sus ideas a través de Nómadas.
La vida y el pensamiento son sistemas abiertos que sólo se reproducen renovándose sin cesar, sin sedentarismos. Los que han redactado los términos de la presente obra circulan por vías nómadas. Gracias a su trabajo, el lector se puede enterar de los nuevos inventos teóricos y metodológicos en ciencias sociales. Esta obra abre tantas ventanas que el lector corre el peligro de un resfriado mental. Pero la lectura de un libro, si es que éste lo permite por sugerente, no es sólo un acto de consumo. Al hilo de la lectura, el lector construye su propio pensamiento a la intemperie, digamos, porque para ello debe desconstruir el pensamiento del escritor. Parece más fácil desconstruir un pensamiento fragmentario que un pensamiento sistemático, pero seguramente es más difícil, porque el sistema fácilmente se viene abajo como un todo.
Jesús Ibáñez, con motivo de la aparición del primer tomo de esta obra, escribía en 1988 en estas mismas páginas sabias palabras: "Hay ciencias nómadas y ciencias sedentarias. Las primeras son abiertas, proceden por persecución itinerante (no buscan, encuentran), descubren nuevos horizontes -inventan-, el científico se compromete con su objeto... Las segundas son cerradas, proceden por reproducción iterativa (buscan: trabajan en laboratorio), sistematizan los descubrimientos de las primeras -archivan lo inventado-, el científico pretende ser neutral respecto a su objeto... Sólo hay verdadera ciencia si se produce una interacción entre los dos enfoques. De lo contrario, proceden en paralelo el caos y el vacío". Que son de siempre los dos retos, tentaciones, riesgos del pensar. Su dialéctica, sin embargo, es la de la grandeza. A ver si hay grandes archiveros de este monumental invento fragmentario (El País, Babelia).
29/06/09: Chorrillos en el siglo XIX
Hoy, 29 de junio, es día de Chorrillos. San Pedro de los Chorrillos fue la denominación oficial de este pueblo en alusión a los chorros o “chorrillos” de agua dulce que se desprenden de los barrancos hacia el lado de la playa Agua Dulce, y por ser un pueblo de pescadores cuyo Santo Patrón es San Pedro. Hoy recordaremos pasajes de la historia de este balneario durante el siglo XIX.
Según el abogado e historiador Evaristo San Cristóbal (Esplendor y grandeza de Chorrillos. Lima, 1942), los presidentes que más trabajaron, en el siglo XIX, por el progreso de Chorrillos fueron Agustín Gamarra, Ramón Castilla y Juan Antonio Pezet. Durante el gobierno de Gamarra (1829-1833) la población se duplicó y el sistema de construcciones mejoró, ya que en las rústicas chozas en las que predominaban la totora y la caña, le reemplazaron el adobe. Se intensificaron las construcciones y el progreso urbano se afirmó. Así lo confirman las Noticias Estadísticas de Córdova y Urrutia, quien registró una población nativa de 581 hombres y 470 mujeres. Más tarde y gracias al establecimiento de nuevas las familias en el balneario, poco a poco se alcanzó la cifra de 4 mil habitantes, antes de la guerra de 1879.
En 1940, durante el gobierno de Gamarra, se inauguró la línea de vapores de ruedas que se dedicó a hacer el tráfico marítimo entre Valparaíso y el Callao. Fue así como el 3 de noviembre de 1840, pasó por Chorrillos, ante el asombro de la gente, el primer vapor que surcaba su mar; algunos pensaron que la nave se estaba incendiando. Esa era la sensación de ver por vez primera en el mar un buque a vapor con las luces encendidas y echando humo, tan distante de los botes de vela, las chalupas y los caballitos de totora, empleados por los nativos de Chorrillos y las caletas vecinas. Al poco tiempo, se permitieron viajes entre el Callao y Chorrillos, gracias a la aceptación de Guillermo Wheelright, gerente de la compañía de vapores. Se cobraron 4 pesos por el recorrido de ida y vuelta.

Chorrillos según grabado del viajero alemán Karl Scherzer
Por su parte, Ramón Castilla, le puso a Chorrillos gran interés. Se trazaron los planos del antiguo malecón y se inician las obras, que serán continuamente visitadas por Castilla. El malecón de esta época de esplendor, gracias al dinero del guano, era entablado, con barandal de madera, que permitía apreciar todo el panorama de la bahía de Lima y lucía dos glorietas y gran número de bancas y macetas, de grandes dimensiones diseminadas en toda su extensión. Por su parte, el general Juan Antonio Pezet, continuando la obra de Castilla, embelleció el balneario dotándolo de alamedas y parques. En sus principales calles se sembraron Picus, boliches, molles y sauces.
De esta manera, Chorrillos se convirtió en un verdadero jardín por la proliferación de árboles y flores de sus plazuelas, esmeradamente cultivadas y arregladas. No había rancho o mansión que no contara con plantas escogidas y finas de las que se sentía orgulloso el propietario. Ese fue el caso, por ejemplo, del inmigrante italiano Ulderico Tenderini cuyo rancho que le servía de residencia, en la quebrada que lleva su nombre, ostentaba las plantas más exóticas. Asimismo, era famoso el “Palacio Pezet” (propiedad del presidente Pezet), ubicado en la calle del Tren con Arica, y estaba provisto de preciosas explanadas, fuentes de mármol de Carrara, plantas ornamentales, enredaderas, glorietas, estatuas florentinas, a las que se agregaban salones de lujo donde tuvieron lugar los grandes “saraos” de la época. Por todo ello, varios viajeros del siglo XIX coincidieron en afirmar que Chorrillos era, hasta 1879, el balneario más elegante del Pacífico Sur, por encima de Viña del Mar.

Residencia del presidente Pezet en Chorrillos
Durante el gobierno de José Rufino Echenique, se expidió un decreto con fecha 1 de Julio de 1852 por el cual, y a mérito de una nota del subprefecto de Lima, se declaraba que el distrito de Surco quedaba comprendido dentro de los límites de la Intendencia de Policía de Chorrillos. Más tarde y ya que la población se mantuvo casi estacionaria a partir de la época de Gamarra, la Convención Nacional por ley del 31 de Julio de 1856, concedió a Chorrillos el título de Villa, en atención a contener el número de habitantes prescrito por la ley para que una ciudad pudiese adquirir esta denominación, aparte de los otros requisitos que se necesitaban complementando el anterior. El 1 de Agosto del mismo año, Castilla dispuso el cumplimiento de la ley antedicha que refrendó su Ministro de Gobierno y Obras Públicas don Juan Manuel del Mar.
El impacto del ferrocarril.- Hasta la construcción del “camino de hierro”, el tráfico entre Lima y Chorrillos se hacía empleando toda clase de mulas y carretas. Los coches y las calesas, por lo general, eran empleados por la clase alta, aún así, esto generaba una serie de molestias consiguientes de una carretera desigual, polvorienta, empedrada a trechos y llena de sinuosidades, amén de los sustos y riesgos a que se exponían (había muchos asaltantes a lo largo del camino), pese a la escolta de servidores, la ronda de la guardia rural y de los serenos. El tramo más peligroso era el comprendido entre Limatambo y Miraflores. El ferrocarril salvó la situación.
William S. Ruschenberger, médico de la marina norteamericana visitó el Perú en 1831 y dejó testimonio sobre los salteadores en el camino de Lima a Chorrillos: "En el mes de enero acompañé a una partida de caballeros a Chorrillos, y pasé varios días en ese lugar. Partimos hacia las tres del sábado por la tarde, con ponchos y grandes sombreros de paja para cubrirnos del sol, y armados con pistolas para protegernos de los salteadores, que, en esta estación, infestan por lo general el camino. Han sido menos numerosos, sin embargo, durante los últimos años que antes. Son un conjunto de los más rapaces ladrones, pues no satisfechos con el caballo, la bolsa y las cosas valiosas, por lo gene|ral dejan a sus víctimas sin otra cobertura para su cuerpo que sus camisas. Conozco, no obstante, un ejemplo de generosidad de parte de un individuo de esa profesión. Un bandido detuvo a un comerciante acaudalado en ruta a Lima desde Chorrillos, y después de quitarle s reloj y su cartera, le ordenó desmontar. El comerciante protestó y argumentó que se produciría un serio perjuicio a su negocio si era retenido lejos de Lima, pero ofreció entregar el caballo al día siguiente, sin formular preguntas, a cualquier persona que fuese enviada en busca del animal. Su oferta fue aceptada, y se le permitió continuar su viaje. A la mañana siguiente el asaltante reclamó el caballo, ¡que fue puntualmente entregado! Debe tenerse presente que el incumplimiento de los términos del trato habría sido a riesgo de perder la vida en caso de un segundo encuentro".
El 1 de diciembre de 1855 se dieron las bases para la construcción del mencionado ferrocarril; el gobierno concedía a los empresarios un privilegio exclusivo por el término de 25 años, permitiéndoles disfrutar la propiedad del camino por 70 años. Al final de la licitación, la construcción del nuevo tren quedó bajo la responsabilidad del empresario Pedro Gonzáles Candamo, amigo de Castilla. El 7 de noviembre de 1858 corrió el primer tren. Para dar toda clase de seguridades al público, el gobierno nombró una comisión de ingenieros que debía emitir un informe sobre las condiciones de la vía férrea. Los designados fueron Ernesto Malinowsky, Antonio Dupard y Eugenio Schteiner, quienes reconocieron la calidad del trabajo efectuado. El día de la inauguración, la estación de San Juan de Dios (en lo que es hoy la Plaza San Martín) estuvo llena de gente y realzada con la presencia del presidente Castilla, junto a sus ministros de estado, funcionarios de cuerpo diplomático y otras autoridades. Al principio, el itinerario que fijó la empresa para la salida de los trenes fue muy reducido: los trenes salían de Lima a las 7 de la mañana, a las 2 y a 5:15 de la tarde; y de Chorrillos partían a las 9 de la mañana, a las 4:30 y a las 6 de la tarde. Pero la frecuencia de trenes fue intensificándose, especialmente los domingos de diciembre, debido a la proximidad de la temporada de verano.
Lo cierto es que el ferrocarril innovó completamente la vida de Chorrillos. La concurrencia al balneario aumentó y la empresa se vio obligada en aumentar su servicio de trenes, a pesar de que el ferrocarril era de una sola vía. En la calle del Tren estaba situada la estación principal y abarcaba una extensión de seis cuadras desde la calle Colina hasta la Bolognesi. Daba cabida en sus andenes a muchas personas de diversa condición social que iban a esperar momentos antes de la llegada del tren a los visitantes que venían de la capital. Las bodegas de Chorrillos, conducidas en su mayoría por italianos, también tenían un inusitado movimiento los días domingos y feriados en los cuatro meses que duraba la temporada veraniega. La gente del pueblo, por su lado, se dedicaba al esparcimiento constituyendo las rancherías ubicadas en lo que después fue la Avenida Alfonso Ugarte y calles Blondell y Miraflores, que podrían denominarse como el barrio de los pescadores. Todo este progreso se debió al ferrocarril. Por último, la rebaja de los pasajes se hizo así inevitable y se establecieron abonos mensuales.
El malecón, el alma de Chorrillos.- Durante el siglo XIX, pasear por el malecón de Chorrillos era uno de los pasatiempos más atractivos que podían experimentar chorrillanos y limeños, especialmente en las tardes o en las noches de luna y retreta. Desde un principio, este malecón estuvo dedicado a recordar al mártir chorrillano José Olaya. Por ello, el 28 de junio de 1867 se publicó un decreto en el que se ordenaba la erección de un busto en bronce para el malecón de Chorrillos en honor a Olaya; el trabajo fue ejecutado por el escultor peruano Salvador Gómez Carrillo de Albornoz.

Malecón de Chorrillos, 1860
El vicio de Chorrillos, el juego.- Si algo caracterizó a Chorrillos durante los años de la bonanza guanera fue el juego, la apuesta. Ya el comerciante alemán Heinrich Witt lo describió con mucha claridad: "Además de los baños, el juego constituía la atracción principal en Chorrillos. En una casa, de propiedad de la familia Elespuru, había una mesa de juego. En la casa también se podía conseguir una habitación y una cama para al noche. En la casa de doña Ignacia Palacios, una admirable dama mayor, de una respetable familia, había juego durante todo el día y gran parte de la noche. En las noches sus apartamentos estaban llenos de gente. Esta pobra dama anciana no podía vivir sin la excitación del juego. Ella murió en Lima en 1866, a edad muy avanzada, querida y compadecida por todos. Ella había sido una mujer rica alguna vez, pero después des u muerte sus finanzas fueron encontradas en pésimo estado. Sus dos hijas, dos solteronas de edad, debo decir que viven ahora (1867) en la penuria". Manuel A. Fuentes fue aún más radical: "¿Cuál es el gran atractivo que ofrece Chorrillos? ¿Por qué es el pueblo predilecto de la aristocracia? ¿Por qué es ese pueblo el sitio de reunión de los vagos de la capital? ¿Son sus aguas? Nada de eso. Es porque allí tiene establecidos sus templos la diosa de la fortuna; es porque el mayor número de las casas son otros campos de batalla, en que luchan todo el día y toda la noche los genios prósperos y adversos de los hombres; es porque de Chorrillos se trae una fortuna adquirida en uno o dos días, o se saca pérdida de las economías de todo el año o de toda la vida".

Vista general de Chorrillos antes de la guerra de 1879 (skypercity.com)
Llegan los chilenos.- Como sabemos, todo el esplendor o el glamour de Chorrillos se hizo cenizas con el criminal saqueo e incendio de este balneario, perpetrado por las tropas chilenas, luego de la batalla de San Juan; también era un aviso de cómo podría quedar Lima. Los jefes chilenos no pudieron –o no quisieron- controlar los bajos instintos de su soldadesca. Hay alguno que dice que era preciso destruir Chorrillos a favor de Viña del Mar. Por ejemplo en el “Palacio Pezet” se alojaron por unas horas el General chileno Baquedano, su secretario en campaña Máximo Ramón Lira y el ex Ministro Plenipotenciario en el Perú Joaquín Godoy, quienes fueron arrojados por las llamas que consumieron la lujosa mansión al igual que casi todo el balneario en los horrorosos días del 13 y 14 de enero de 1881.
El ensañamiento del enemigo contra Chorrillos también se explica por su fama de lugar de expansión y recreo insuperable en el Pacífico Sur, y esto era conocido en Chile a través del historiador Vicuña Mackenna y el Ministro Plenipotenciario Joaquín Godoy, quienes eran los mejores informantes del Gobierno de la Moneda. Tan es así que cuando se produjo la invasión chilena después de la batalla de San Juan, Godoy resultó el obligado “guía” de Manuel Baquedano y de Tomás Lynch.
Según un testigo de la guerra, el historiador italiano Tomás Caivano (Historia de la Guerra de América entre Chile, Perú y Bolivia), a las dos de la tarde, cuando todo había concluido, Iglesias cayó prisionero en unión de los escasos restos de su división y menos de media hora después, las primeras columnas de las tropas chilenas, que descendían por las áridas faldas del morro, "invadían las desiertas calles de Chorrillos, mientras otras ocupaban el cuartel situado a poca distancia,(...). A las dos y media el General en Jefe, Baquedano, y el Ministro de la Guerra, Vergara, que representaba el gobierno chileno, se hallaban también en Chorrillos, admirando estáticos en unión de sus ayudantes y secuaces, los hermosos palacios (ranchos), que con sus elegantes terrazas moriscas y sus floridos jardincillos cerrados por macizas verjas de hierro dorado, daban al conjunto aquel aire fantástico, encantador, grandioso, del cual tanto se había oído hablar en Chile, y que tan fielmente anunciaba la decantada riqueza de los ajuares y de todas las elegantes superfluidades de las habitaciones. La numerosa cabalgata de los conquistadores se separó hacia las tres; y mientras el General en Jefe, junto al Ministro y al ex-Plenipotenciario Godoy buscaban un poco de reposo en el rancho de un pariente de éste, “otros invadían el del doctor José Antonio García y García. Breve fue sin embargo, su reposo: grandes llamas y gruesas nubes de humo les advirtieron bien pronto, que la venganza chilena comenzaba, y que era hora de dejar libre el campo a sus terribles Ministros. A las 5, el Ministro de la Guerra abandonó Chorrillos, mientras el General en Jefe pasaba a ocupar el gran Palacio de Pezet, de donde lo desalojaban nuevamente las llamas a las 10 de la noche, viéndose obligado de este modo, a pasar la noche en el cuartel convertido en hospital. Desde cerca de las 5 de la tarde Chorrillos se había convertido en horrendo teatro de rapiña, de orgía, de sangre y de ruinas; una verdadera caldera del infierno. Y esto duró sin interrupción toda la tarde, toda la noche, y toda la primera semana, y mitad del día siguiente; desde las 5 de la tarde del día 13, hasta el mediodía del 14, hora en la cual el desbandado ejército fue llamado a filas; y al comenzar de la cual, sin cesar jamás completamente durante varios días consecutivos, la nefanda obra de destrucción, fue continuada solamente por simples grupos más o menos numerosos de soldados desbandados, hasta que en Chorrillos y sus alrededores no quedó piedra sobre piedra".
Un texto chileno titulado Carta Política, del escritor Manuel J. Vicuña recoge la siguiente versión: "A las dos y media de la tarde, cruzábamos las calles de la elegante y bonita villa de Chorrillos. Esperábamos al Ministro de Guerra; no tardó en llegar. Apenas había pasado una hora, cuando empezamos a notar un gran desorden: roturas de puertas, saqueos de tiendas y algunas casas ardiendo ya. Era el principio de un gravísimo mal, cuyas consecuencias podían parar en una catástrofe nacional. Fácil, habría sido contenerlo al principio. Sin embargo, ni el General en Jefe, ni los Generales de División, ni los Comandantes de brigada tomaban ninguna medida. El desorden en Chorrillos había llegado al maximum del desborde y de la desmoralización. El saqueo y la borrachera, el incendio y la sangre, formaban los cuadros de aquel horrible drama".
Por su lado, El Mercurio de Valparaíso (en su edición del 22 de marzo de 1881) informaba: "La noche iba cerrando y las calles de Chorrillos alumbradas por el fulgor de cien incendios, semejaban un fantástico cuadro de escenas del infierno. De pronto resonaron algunos tiros: eran de soldados chilenos que disputaban entre sí. El siniestro resplandor de los incendios alumbraba sólo repugnantes escenas de orgía y de exterminio. Al siguiente día continuaron los desórdenes. Pero el General en Jefe no tomaba ninguna determinación seria con el fin de que cesaran aquellos repugnantes desbordes. Parecía que pensaba dejar marchar las cosas, y permitir que en la noche del 14 se repitieran las escenas de las del 13. El Ministro de la Guerra le indicó entonces que sería conveniente reorganizar el ejército a fin de marchar inmediatamente sobre Lima y que era necesario recoger por cualquier medio aquella gente desbandada".

Imágenes después del saqueo (1881)
Según el abogado e historiador Evaristo San Cristóbal (Esplendor y grandeza de Chorrillos. Lima, 1942), los presidentes que más trabajaron, en el siglo XIX, por el progreso de Chorrillos fueron Agustín Gamarra, Ramón Castilla y Juan Antonio Pezet. Durante el gobierno de Gamarra (1829-1833) la población se duplicó y el sistema de construcciones mejoró, ya que en las rústicas chozas en las que predominaban la totora y la caña, le reemplazaron el adobe. Se intensificaron las construcciones y el progreso urbano se afirmó. Así lo confirman las Noticias Estadísticas de Córdova y Urrutia, quien registró una población nativa de 581 hombres y 470 mujeres. Más tarde y gracias al establecimiento de nuevas las familias en el balneario, poco a poco se alcanzó la cifra de 4 mil habitantes, antes de la guerra de 1879.
En 1940, durante el gobierno de Gamarra, se inauguró la línea de vapores de ruedas que se dedicó a hacer el tráfico marítimo entre Valparaíso y el Callao. Fue así como el 3 de noviembre de 1840, pasó por Chorrillos, ante el asombro de la gente, el primer vapor que surcaba su mar; algunos pensaron que la nave se estaba incendiando. Esa era la sensación de ver por vez primera en el mar un buque a vapor con las luces encendidas y echando humo, tan distante de los botes de vela, las chalupas y los caballitos de totora, empleados por los nativos de Chorrillos y las caletas vecinas. Al poco tiempo, se permitieron viajes entre el Callao y Chorrillos, gracias a la aceptación de Guillermo Wheelright, gerente de la compañía de vapores. Se cobraron 4 pesos por el recorrido de ida y vuelta.

Chorrillos según grabado del viajero alemán Karl Scherzer
Por su parte, Ramón Castilla, le puso a Chorrillos gran interés. Se trazaron los planos del antiguo malecón y se inician las obras, que serán continuamente visitadas por Castilla. El malecón de esta época de esplendor, gracias al dinero del guano, era entablado, con barandal de madera, que permitía apreciar todo el panorama de la bahía de Lima y lucía dos glorietas y gran número de bancas y macetas, de grandes dimensiones diseminadas en toda su extensión. Por su parte, el general Juan Antonio Pezet, continuando la obra de Castilla, embelleció el balneario dotándolo de alamedas y parques. En sus principales calles se sembraron Picus, boliches, molles y sauces.
De esta manera, Chorrillos se convirtió en un verdadero jardín por la proliferación de árboles y flores de sus plazuelas, esmeradamente cultivadas y arregladas. No había rancho o mansión que no contara con plantas escogidas y finas de las que se sentía orgulloso el propietario. Ese fue el caso, por ejemplo, del inmigrante italiano Ulderico Tenderini cuyo rancho que le servía de residencia, en la quebrada que lleva su nombre, ostentaba las plantas más exóticas. Asimismo, era famoso el “Palacio Pezet” (propiedad del presidente Pezet), ubicado en la calle del Tren con Arica, y estaba provisto de preciosas explanadas, fuentes de mármol de Carrara, plantas ornamentales, enredaderas, glorietas, estatuas florentinas, a las que se agregaban salones de lujo donde tuvieron lugar los grandes “saraos” de la época. Por todo ello, varios viajeros del siglo XIX coincidieron en afirmar que Chorrillos era, hasta 1879, el balneario más elegante del Pacífico Sur, por encima de Viña del Mar.

Residencia del presidente Pezet en Chorrillos
Durante el gobierno de José Rufino Echenique, se expidió un decreto con fecha 1 de Julio de 1852 por el cual, y a mérito de una nota del subprefecto de Lima, se declaraba que el distrito de Surco quedaba comprendido dentro de los límites de la Intendencia de Policía de Chorrillos. Más tarde y ya que la población se mantuvo casi estacionaria a partir de la época de Gamarra, la Convención Nacional por ley del 31 de Julio de 1856, concedió a Chorrillos el título de Villa, en atención a contener el número de habitantes prescrito por la ley para que una ciudad pudiese adquirir esta denominación, aparte de los otros requisitos que se necesitaban complementando el anterior. El 1 de Agosto del mismo año, Castilla dispuso el cumplimiento de la ley antedicha que refrendó su Ministro de Gobierno y Obras Públicas don Juan Manuel del Mar.
El impacto del ferrocarril.- Hasta la construcción del “camino de hierro”, el tráfico entre Lima y Chorrillos se hacía empleando toda clase de mulas y carretas. Los coches y las calesas, por lo general, eran empleados por la clase alta, aún así, esto generaba una serie de molestias consiguientes de una carretera desigual, polvorienta, empedrada a trechos y llena de sinuosidades, amén de los sustos y riesgos a que se exponían (había muchos asaltantes a lo largo del camino), pese a la escolta de servidores, la ronda de la guardia rural y de los serenos. El tramo más peligroso era el comprendido entre Limatambo y Miraflores. El ferrocarril salvó la situación.
William S. Ruschenberger, médico de la marina norteamericana visitó el Perú en 1831 y dejó testimonio sobre los salteadores en el camino de Lima a Chorrillos: "En el mes de enero acompañé a una partida de caballeros a Chorrillos, y pasé varios días en ese lugar. Partimos hacia las tres del sábado por la tarde, con ponchos y grandes sombreros de paja para cubrirnos del sol, y armados con pistolas para protegernos de los salteadores, que, en esta estación, infestan por lo general el camino. Han sido menos numerosos, sin embargo, durante los últimos años que antes. Son un conjunto de los más rapaces ladrones, pues no satisfechos con el caballo, la bolsa y las cosas valiosas, por lo gene|ral dejan a sus víctimas sin otra cobertura para su cuerpo que sus camisas. Conozco, no obstante, un ejemplo de generosidad de parte de un individuo de esa profesión. Un bandido detuvo a un comerciante acaudalado en ruta a Lima desde Chorrillos, y después de quitarle s reloj y su cartera, le ordenó desmontar. El comerciante protestó y argumentó que se produciría un serio perjuicio a su negocio si era retenido lejos de Lima, pero ofreció entregar el caballo al día siguiente, sin formular preguntas, a cualquier persona que fuese enviada en busca del animal. Su oferta fue aceptada, y se le permitió continuar su viaje. A la mañana siguiente el asaltante reclamó el caballo, ¡que fue puntualmente entregado! Debe tenerse presente que el incumplimiento de los términos del trato habría sido a riesgo de perder la vida en caso de un segundo encuentro".
El 1 de diciembre de 1855 se dieron las bases para la construcción del mencionado ferrocarril; el gobierno concedía a los empresarios un privilegio exclusivo por el término de 25 años, permitiéndoles disfrutar la propiedad del camino por 70 años. Al final de la licitación, la construcción del nuevo tren quedó bajo la responsabilidad del empresario Pedro Gonzáles Candamo, amigo de Castilla. El 7 de noviembre de 1858 corrió el primer tren. Para dar toda clase de seguridades al público, el gobierno nombró una comisión de ingenieros que debía emitir un informe sobre las condiciones de la vía férrea. Los designados fueron Ernesto Malinowsky, Antonio Dupard y Eugenio Schteiner, quienes reconocieron la calidad del trabajo efectuado. El día de la inauguración, la estación de San Juan de Dios (en lo que es hoy la Plaza San Martín) estuvo llena de gente y realzada con la presencia del presidente Castilla, junto a sus ministros de estado, funcionarios de cuerpo diplomático y otras autoridades. Al principio, el itinerario que fijó la empresa para la salida de los trenes fue muy reducido: los trenes salían de Lima a las 7 de la mañana, a las 2 y a 5:15 de la tarde; y de Chorrillos partían a las 9 de la mañana, a las 4:30 y a las 6 de la tarde. Pero la frecuencia de trenes fue intensificándose, especialmente los domingos de diciembre, debido a la proximidad de la temporada de verano.
Lo cierto es que el ferrocarril innovó completamente la vida de Chorrillos. La concurrencia al balneario aumentó y la empresa se vio obligada en aumentar su servicio de trenes, a pesar de que el ferrocarril era de una sola vía. En la calle del Tren estaba situada la estación principal y abarcaba una extensión de seis cuadras desde la calle Colina hasta la Bolognesi. Daba cabida en sus andenes a muchas personas de diversa condición social que iban a esperar momentos antes de la llegada del tren a los visitantes que venían de la capital. Las bodegas de Chorrillos, conducidas en su mayoría por italianos, también tenían un inusitado movimiento los días domingos y feriados en los cuatro meses que duraba la temporada veraniega. La gente del pueblo, por su lado, se dedicaba al esparcimiento constituyendo las rancherías ubicadas en lo que después fue la Avenida Alfonso Ugarte y calles Blondell y Miraflores, que podrían denominarse como el barrio de los pescadores. Todo este progreso se debió al ferrocarril. Por último, la rebaja de los pasajes se hizo así inevitable y se establecieron abonos mensuales.
El malecón, el alma de Chorrillos.- Durante el siglo XIX, pasear por el malecón de Chorrillos era uno de los pasatiempos más atractivos que podían experimentar chorrillanos y limeños, especialmente en las tardes o en las noches de luna y retreta. Desde un principio, este malecón estuvo dedicado a recordar al mártir chorrillano José Olaya. Por ello, el 28 de junio de 1867 se publicó un decreto en el que se ordenaba la erección de un busto en bronce para el malecón de Chorrillos en honor a Olaya; el trabajo fue ejecutado por el escultor peruano Salvador Gómez Carrillo de Albornoz.

Malecón de Chorrillos, 1860
El vicio de Chorrillos, el juego.- Si algo caracterizó a Chorrillos durante los años de la bonanza guanera fue el juego, la apuesta. Ya el comerciante alemán Heinrich Witt lo describió con mucha claridad: "Además de los baños, el juego constituía la atracción principal en Chorrillos. En una casa, de propiedad de la familia Elespuru, había una mesa de juego. En la casa también se podía conseguir una habitación y una cama para al noche. En la casa de doña Ignacia Palacios, una admirable dama mayor, de una respetable familia, había juego durante todo el día y gran parte de la noche. En las noches sus apartamentos estaban llenos de gente. Esta pobra dama anciana no podía vivir sin la excitación del juego. Ella murió en Lima en 1866, a edad muy avanzada, querida y compadecida por todos. Ella había sido una mujer rica alguna vez, pero después des u muerte sus finanzas fueron encontradas en pésimo estado. Sus dos hijas, dos solteronas de edad, debo decir que viven ahora (1867) en la penuria". Manuel A. Fuentes fue aún más radical: "¿Cuál es el gran atractivo que ofrece Chorrillos? ¿Por qué es el pueblo predilecto de la aristocracia? ¿Por qué es ese pueblo el sitio de reunión de los vagos de la capital? ¿Son sus aguas? Nada de eso. Es porque allí tiene establecidos sus templos la diosa de la fortuna; es porque el mayor número de las casas son otros campos de batalla, en que luchan todo el día y toda la noche los genios prósperos y adversos de los hombres; es porque de Chorrillos se trae una fortuna adquirida en uno o dos días, o se saca pérdida de las economías de todo el año o de toda la vida".

Vista general de Chorrillos antes de la guerra de 1879 (skypercity.com)
Llegan los chilenos.- Como sabemos, todo el esplendor o el glamour de Chorrillos se hizo cenizas con el criminal saqueo e incendio de este balneario, perpetrado por las tropas chilenas, luego de la batalla de San Juan; también era un aviso de cómo podría quedar Lima. Los jefes chilenos no pudieron –o no quisieron- controlar los bajos instintos de su soldadesca. Hay alguno que dice que era preciso destruir Chorrillos a favor de Viña del Mar. Por ejemplo en el “Palacio Pezet” se alojaron por unas horas el General chileno Baquedano, su secretario en campaña Máximo Ramón Lira y el ex Ministro Plenipotenciario en el Perú Joaquín Godoy, quienes fueron arrojados por las llamas que consumieron la lujosa mansión al igual que casi todo el balneario en los horrorosos días del 13 y 14 de enero de 1881.
El ensañamiento del enemigo contra Chorrillos también se explica por su fama de lugar de expansión y recreo insuperable en el Pacífico Sur, y esto era conocido en Chile a través del historiador Vicuña Mackenna y el Ministro Plenipotenciario Joaquín Godoy, quienes eran los mejores informantes del Gobierno de la Moneda. Tan es así que cuando se produjo la invasión chilena después de la batalla de San Juan, Godoy resultó el obligado “guía” de Manuel Baquedano y de Tomás Lynch.
Según un testigo de la guerra, el historiador italiano Tomás Caivano (Historia de la Guerra de América entre Chile, Perú y Bolivia), a las dos de la tarde, cuando todo había concluido, Iglesias cayó prisionero en unión de los escasos restos de su división y menos de media hora después, las primeras columnas de las tropas chilenas, que descendían por las áridas faldas del morro, "invadían las desiertas calles de Chorrillos, mientras otras ocupaban el cuartel situado a poca distancia,(...). A las dos y media el General en Jefe, Baquedano, y el Ministro de la Guerra, Vergara, que representaba el gobierno chileno, se hallaban también en Chorrillos, admirando estáticos en unión de sus ayudantes y secuaces, los hermosos palacios (ranchos), que con sus elegantes terrazas moriscas y sus floridos jardincillos cerrados por macizas verjas de hierro dorado, daban al conjunto aquel aire fantástico, encantador, grandioso, del cual tanto se había oído hablar en Chile, y que tan fielmente anunciaba la decantada riqueza de los ajuares y de todas las elegantes superfluidades de las habitaciones. La numerosa cabalgata de los conquistadores se separó hacia las tres; y mientras el General en Jefe, junto al Ministro y al ex-Plenipotenciario Godoy buscaban un poco de reposo en el rancho de un pariente de éste, “otros invadían el del doctor José Antonio García y García. Breve fue sin embargo, su reposo: grandes llamas y gruesas nubes de humo les advirtieron bien pronto, que la venganza chilena comenzaba, y que era hora de dejar libre el campo a sus terribles Ministros. A las 5, el Ministro de la Guerra abandonó Chorrillos, mientras el General en Jefe pasaba a ocupar el gran Palacio de Pezet, de donde lo desalojaban nuevamente las llamas a las 10 de la noche, viéndose obligado de este modo, a pasar la noche en el cuartel convertido en hospital. Desde cerca de las 5 de la tarde Chorrillos se había convertido en horrendo teatro de rapiña, de orgía, de sangre y de ruinas; una verdadera caldera del infierno. Y esto duró sin interrupción toda la tarde, toda la noche, y toda la primera semana, y mitad del día siguiente; desde las 5 de la tarde del día 13, hasta el mediodía del 14, hora en la cual el desbandado ejército fue llamado a filas; y al comenzar de la cual, sin cesar jamás completamente durante varios días consecutivos, la nefanda obra de destrucción, fue continuada solamente por simples grupos más o menos numerosos de soldados desbandados, hasta que en Chorrillos y sus alrededores no quedó piedra sobre piedra".
Un texto chileno titulado Carta Política, del escritor Manuel J. Vicuña recoge la siguiente versión: "A las dos y media de la tarde, cruzábamos las calles de la elegante y bonita villa de Chorrillos. Esperábamos al Ministro de Guerra; no tardó en llegar. Apenas había pasado una hora, cuando empezamos a notar un gran desorden: roturas de puertas, saqueos de tiendas y algunas casas ardiendo ya. Era el principio de un gravísimo mal, cuyas consecuencias podían parar en una catástrofe nacional. Fácil, habría sido contenerlo al principio. Sin embargo, ni el General en Jefe, ni los Generales de División, ni los Comandantes de brigada tomaban ninguna medida. El desorden en Chorrillos había llegado al maximum del desborde y de la desmoralización. El saqueo y la borrachera, el incendio y la sangre, formaban los cuadros de aquel horrible drama".
Por su lado, El Mercurio de Valparaíso (en su edición del 22 de marzo de 1881) informaba: "La noche iba cerrando y las calles de Chorrillos alumbradas por el fulgor de cien incendios, semejaban un fantástico cuadro de escenas del infierno. De pronto resonaron algunos tiros: eran de soldados chilenos que disputaban entre sí. El siniestro resplandor de los incendios alumbraba sólo repugnantes escenas de orgía y de exterminio. Al siguiente día continuaron los desórdenes. Pero el General en Jefe no tomaba ninguna determinación seria con el fin de que cesaran aquellos repugnantes desbordes. Parecía que pensaba dejar marchar las cosas, y permitir que en la noche del 14 se repitieran las escenas de las del 13. El Ministro de la Guerra le indicó entonces que sería conveniente reorganizar el ejército a fin de marchar inmediatamente sobre Lima y que era necesario recoger por cualquier medio aquella gente desbandada".

Imágenes después del saqueo (1881)









