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Archivo de noviembre 2009
Categoría: General
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Eduardo Martín Recoba, gran conocedor de las haciendas de la Lima antigua, nos manda esta fotografía de la década de 1940. Se trata de una familia de peones (los Barbero Espinoza) de la otrora hacienda Camacho, que funcionó hasta finales de los años 60, cuando se urbanizó, así como las haciendas vecinas (Monterrico Grande, Monterrico Chico, Salamanca y Puente, cerca a Santa Anita). Un "anexo" a Camacho era Matazango, que viene de la deformación de "Matazambo", pues ahí se encerraban a los negros cimarrones o huidizos que formaban palenques a la altura de lo que hoy es Cieneguilla.

Recoba nos dice "Lo cierto es que mis recuerdos de niñez se vinculan con esa hacienda, la caza de palomas con la carabina de aire comprimido y la compra de leche en porongo que a veces hacía mi mamá en la camioneta Ford Taunus, resabío de comercio lácteo que quedaba en Matazango de sus corrales y establos que llegaron a albergar 300 cabezas de ganado Holstein que producían 500 litros de leche diarios que iban a embotellarse a la empresa ATELECHE, además de toros finos, caballos de paso, una chancadora de chala, silos de maíz, potreros de camote, habas, alfalfa, fresas y bosques de eucalipto que son a la sazón, el único recuerdo viviente de Matazango "el mayor" que queda en la vera del azequión o río de Surco. Además del recuerdo de la familia de Cuto, aquel moreno que jugará fulbito en el parque de Santa Teresa (al lado del Cepis y Camino Real de Camacho hacía la muralla o puerta de Barbones en Lima) y que tenía varias hermanas... Los niños de Matazango pronto empezaron a trabajar en el Hipódromo de Monterrico como vareadores primero y luego como jinetes, igualmente en el Club de Golf de Los Inkas encontraron quéhacer como aprendices de caddyes, llegando a ganar hasta 200 soles de esa época por esos trabajos. Grandes jinetes o jockeys como Edgard Prado o Talaverano quien triunfó en Argentina, salieron de las rancherías de Matazango... Asar camotes en la leña, tomar leche de los porcones del establo mayor, cazar cuculiés y huanchacos, lazar chúcaros en los potreros, pescar camarones en el río Surco (sí, en esa época este riachuelo traía camarones), jugar matches de fútbol contra la peonada de Camacho en la cancha donde ahora se levantaba el Colegio Santa María Eufrasía, eran las actividades de los chicos de esa hacienda".

Volviendo a la foto, esta muestra parte de la ranchería, al fondo lo que sería la carretera de Evitamiento y los árboles y barrales (tapias de barro que aún quedan en algunas zonas de la avenida Quechuas) de Salamanca (o hacienda Cavero) que cubrían los campos de Piña Cayena que sembraba el italiano Cánepa, dueño de este fundo; el corralón está a la vera de lo que sería la avenida Las Palmeras.

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INVERTIR EN AMÉRICA


A punto de cumplirse en 2010 los 200 años del arranque de las independencias, Babelia convoca a grandes nombres de la cultura de América Latina para mostrar la realidad del continente y para pensarlo de nuevo. Hoy se inaugura en Guadalajara (México) la feria del libro más importante del mundo en español.

En la última edición del Foro Iberoamérica, una institución privada que reúne cada año, a puerta cerrada, a intelectuales, empresarios y políticos de América Latina para que intercambien información y opiniones, no se habló prácticamente para nada de Europa y poco de Estados Unidos. Fue la relación con Asia la que centró todos los análisis, porque es esa relación la que está cambiando la realidad y el futuro de América Latina y ése es el dato que se ha convertido en el elemento diferenciador entre el siglo XX y el siglo XXI en este continente.

La relación comercial con Asia, especialmente con China, ofrece una nueva oportunidad, abre una nueva ventana de modernización en el siglo XXI para que América Latina realice las reformas imprescindibles que le permitan engancharse a la globalización y toda la región quiere participar en ese movimiento. Estados Unidos sigue siendo un socio muy importante y presente, pero está absorbido en nuevas tareas, oculto, en cierta forma, y Europa, cada día más ausente, se limita a mantener en la región su tambaleante perfil cultural. El siglo XX, cuyo mejor balance en América Latina fue el esplendoroso estallido de su literatura, pero que frustró casi todas las esperanzas del continente, ha dejado paso a un siglo XXI con protagonistas desconocidos y con un nuevo renacer de grandes promesas.

Los datos son apabullantes. China se convirtió en 2008 en el segundo socio comercial de América Latina, sólo por detrás de Estados Unidos, y su hambre de materias primas (desde petróleo a soja, pasando por el cobre) ha condicionado el precio al alza de lo que representa el 60% de las exportaciones latinoamericanas. Buena parte de los ingresos de Chile, por ejemplo, depende de la velocidad a la que China extienda sus líneas de teléfono. Asia es ya el segundo mercado de Perú. En 1995 el intercambio comercial entre la región y China era de 8.400 millones de dólares. En 2008 superó los 100.000 millones. "Da la impresión de que la prosperidad de buena parte de América Latina depende de China, pero no estaría de más recordar que China es un país sin sistema de mercado, ni sistema democrático, ni imperio de la ley", apuntó, de forma inquietante, uno de los participantes en el mencionado foro.

La apertura de los mercados asiáticos ha coincidido con otros dos elementos importantes. La gran mayoría de los países latinoamericanos son democracias, más o menos imperfectas, pero democracias. Y también por primera vez existe una conciencia global de que uno de los grandes males de la región es la brutal desigualdad que padece y que lastra cualquier esperanza de futuro.

Dentro de ese despertar de una conciencia social de inclusión figura, de manera muy destacada, la irrupción del indigenismo, un movimiento muy vigoroso en prácticamente toda América Latina, que ha logrado entrar en el escenario político. El indigenismo logró su primer éxito con la elección de Evo Morales en Bolivia, pero no está reducido a los países andinos (Ecuador y Perú) sino que reclama protagonismo en muchos otros puntos de la región, desde Brasil y Chile (con una población significativa de mapuches) hasta toda Centroamérica.

El indigenismo aboga por una cosmovisión distinta, especialmente una relación con la tierra y una protección medioambiental casi radical, pero no implica la existencia de un movimiento político único, porque entre las distintas etnias existen diferencias considerables. La gran duda que se plantea es si es posible hacer compatible progresivamente esa cosmovisión con una sociedad socialdemócrata, como pretenden algunos. Las demandas de los indígenas, afirman los defensores de esta línea, se parecen mucho a las del resto de la sociedad, inclusión, participación y mejora de la calidad de vida, y pueden ser satisfechas de la misma manera. En cualquier caso, lo que está claro es que el indigenismo llegó a finales del XX para quedarse y que ya no será posible en el siglo XXI prescindir de su papel político.

"Éstos son unos años decisivos para equilibrar las décadas perdidas en el siglo XX y por primera vez prácticamente todos los países latinoamericanos tienen regímenes democráticos y modelos económicos más abiertos y capaces de aprovechar la ocasión", asegura Enrique Iglesias, secretario general de las Cumbres Iberoamericanas. "América Latina tiene que conseguir romper el círculo de la pobreza y la exclusión y ya no hay casi nadie que no admita que será imposible lograr avances mientras que América Latina siga siendo la región más desigual del mundo, la que presenta unos niveles de distribución de riqueza más injustos", comenta Alicia Bárcena, secretaria general de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

El 34% de la población de América Latina cae bajo los niveles de la pobreza (unos 189 millones de personas) y aproximadamente un 13,7% (76 millones) directamente en los de la pura indigencia, según datos de Cepal. Aun así, 41 millones de personas habían conseguido superar la pobreza entre 2002 y 2008. La actual crisis ha vuelto a hacer retroceder a nueve millones, pero, pese a todo, el impacto ha sido menor que en ocasiones anteriores y la región ha conseguido mantener el poder adquisitivo de las remuneraciones y bajas tasas de inflación.

"Esto demuestra que se puede crecer y redistribuir, expandir el gasto social y tener prudencia fiscal para mejorar las condiciones de la población de manera significativa. América Latina no está condenada a ser pobre ni injusta", declaró Bárcena en la presentación de su último informe.

El debate no se plantea sobre la necesidad de promover esa rápida transformación social, sino sobre si existen dos posibles modelos a seguir, dos bloques contrapuestos: el que representa Venezuela, con Bolivia y Ecuador, y el que lidera Brasil, con Chile y Uruguay. Desde el punto de vista político, los dos modelos parecen enfrentados. Uno, con el presidente venezolano, Hugo Chávez, al frente, apuesta por un Estado omnipresente, con el mercado subordinado, y otro, con el presidente Lula como su mejor intérprete, por una línea de inspiración socialdemócrata, en la que el mercado es un colaborador imprescindible y bienvenido.

Lo que no parece tan claro es que esos enfoques se traduzcan en dos bloques reales. Dentro del Alba (Iniciativa Bolivariana) de Chávez las cosas no funcionan con la disciplina que algunos creen. De hecho, el presidente de Ecuador, Rafael Correa, va bastante a su aire. Brasil, por su parte, sencillamente no pretende encabezar ningún bloque, sino ejercer un liderazgo regional, suave y consensuado.

Alicia Bárcena no cree tampoco mucho en esa dicotomía desde un punto de vista estrictamente económico. "Hay enfoques distintos, yo no diría que modelos diferentes ni bloques. Lo fundamental es que todos los gobiernos, de una forma u otra, aumentan el gasto social. Ya hay 37 países que tienen programas de transferencias condicionadas y, algo que es muy importante, ocho países aplican ya una política de salario mínimo", asegura Bárcena.

La secretaria general de Cepal apunta otro elemento que va a influir poderosamente en la transformación latinoamericana: el cambio demográfico. En 1975, América Latina tenía un 40% de su población en la banda entre 0 y 14 años. En 2009, ha pasado a ser un 29% y, según las previsiones, para 2035, el promedio será de un 20%. Eso significa que habrá menos dependientes y más recursos.

La reducción del índice de natalidad reducirá también probablemente los índices de migración. Entre la II Guerra Mundial y hoy, más de cien millones de latinoamericanos abandonaron sus lugares de origen. Cerca de 45 millones (sobre todo mexicanos y centroamericanos) viven en Estados Unidos, donde suponen el 41% de los empleos en las granjas y el 28% del personal de limpieza. Pero no ha sido Estados Unidos (ni España, en los años 2000) el único país de destino y muchas veces se olvida el movimiento migratorio dentro de la propia región: dos millones de bolivianos, por ejemplo, viven en otros países de América Latina.

La nueva etapa latinoamericana deberá plantearse también, probablemente, el papel de México, un gran país latino situado en América del Norte. México contempló con inquietud la decisión de Itamaraty (como se conoce al poderoso Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil) de crear un departamento denominado "Suramérica" y un nuevo organismo llamado Unasur, que le deja fuera políticamente. Las autoridades mexicanas admiten que tiene una agenda económica, comercial e, incluso, política mucho más relacionada con Estados Unidos y el Caribe que con América del Sur, pero luchan por no quedarse completamente arrinconadas y participar en algunos foros comunes, sobre todo el llamado proceso de Río. Lo cierto es que no es posible entender América Latina sin la aportación literaria, política e intelectual de México, que es, además, el caso más destacado de mestizaje racial. México, asegura su actual presidente, Felipe Calderón, ha demostrado su vocación "latinoamericana".

El creciente papel internacional de Brasil es contemplado con algún asombro en otros países latinoamericanos, sobre todo en Argentina, muy reacia a aceptar un liderazgo regional brasileño. Pero Brasil, quiera o no Buenos Aires, es el protagonista de un despegue formidable y de una gran estabilidad política y se ha convertido de la noche a la mañana en una potencia mundial, empeñada en representar un papel en el concierto internacional. Brasilia, que reclama una silla en el Consejo de Seguridad de la ONU, algo impensable hace pocos años, sabe que para alcanzar ese protagonismo necesita ejercer liderazgo regional y se esfuerza en ejercerlo de una manera amistosa y, en lo posible, a través de organismos multilaterales.

La aparición de China como gran socio comercial y de Brasil como líder regional es contemplada con atención en Estados Unidos, que tradicionalmente ha ejercido su influencia en América Latina. Pensar que Washington ha perdido su interés en un área de la que sigue siendo el principal socio y de la que depende para el 50% de sus importaciones de petróleo sería muy arriesgado. Lo que es cierto es que Estados Unidos tiene que atender importantes crisis en otras zonas del mundo y que el fin de la guerra fría ha hecho que no exista ninguna amenaza en la zona. Nadie ha visto un barco de guerra chino en América Latina y los buques rusos que amarran en puertos venezolanos son mercantes que intentan hacer comercio.

En cualquier caso, la presencia de Asia y el papel de Brasil han cambiado la influencia dominante de Estados Unidos y su primacía diplomática en el área, lo que probablemente ayude también a cambiar, con el paso del tiempo, su imagen en América Latina, que sigue siendo negativa. El elemento decisorio será la salida que se encuentre para el régimen cubano, cuya revolución fue seguramente el hecho más relevante para América Latina en el siglo XX, pero ya no desempeña, ni remotamente, ese papel en el XXI. Encontrar una salida razonable es, sin embargo, imperativo para el conjunto del continente, porque Fidel Castro sigue despertando simpatías y apoyos, aunque sean más sentimentales que políticos.

Más importante que Cuba para América Latina en estos momentos es el problema creciente del crimen organizado y el narcotráfico. La región está considerada como la más violenta del mundo, no porque sea escenario de guerras, sino porque sus niveles de inseguridad y homicidio son tres veces superiores a la media mundial. La violencia es un problema que afecta al desarrollo de los negocios, al turismo y a las inversiones en prácticamente todos los países latinoamericanos (excepción hecha de Chile, Uruguay y Costa Rica, en niveles comparables a los europeos). El grado de impunidad, ligada también a la corrupción de policías, jueces y políticos, hace que la confianza en las fuerzas de seguridad y en la justicia sea también una de las más bajas del mundo. La única forma de combatirla eficazmente, según los expertos, es mejorar los niveles de inclusión y de igualdad, con lo que se cierra el círculo.

EL LEGADO DE LA LIBERTAD (HISTORIA)


John Lynch, biógrafo de Simón Bolívar y de José de San Martín, reivindica la figura de los dos grandes héroes de la independencia. "Ejercieron un liderazgo desinteresado, sin esperanzas de obtener privilegios, ambos fueron modélicos"

Una legión de ordenanzas, desde la ciudad de Panamá hasta Tierra del Fuego, se afana en sacarle brillo a los miles de retratos de Simón Bolívar y José Francisco de San Martín que presiden las aulas, cuarteles y ministerios desde hace casi dos siglos. Son los rostros mitificados de los dos máximos libertadores de América del Sur que suelen compartir pared con Jesucristo crucificado. Son los héroes intocables. Aunque el legado de ambos se ha utilizado como al gobernante de turno le viniera mejor, sus vidas han estado por encima de todo, como si hubiesen sido sobrehumanos.

Ningún latinoamericano gusta de asumir que ambos libertadores acabaron su obra apesadumbrados. Los dos empezaron su lucha como auténticos republicanos y la terminaron coqueteando con la monarquía. Bolívar llegó incluso a redactar una Constitución vitalicia y con derecho a elegir sucesor. San Martín abandonó su Argentina natal y murió en el exilio en Francia, mientras que su par venezolano falleció enfermo en Colombia, poco después de que su sueño de una América unida se hubiera roto para siempre.

"San Martín y Bolívar pueden describirse como herederos del absolutismo ilustrado, ambos creían que la mejor forma de servir a la independencia era a través de gobiernos fuertes que impusieran el cambio social contra los intereses de los terratenientes", explica el prestigioso hispanoamericanista John Lynch. Para este profesor, "criticar a ambos por haber acabado sus vidas siendo absolutistas conservadores en vez de demócratas liberales es sacar las cosas de quicio. Ninguno de los dos podía satisfacer todos los intereses y no eran tan idealistas como para llevar a sus países hacia la destrucción en una vaga búsqueda de la igualdad. Tuvieron dudas legítimas sobre cuál era el nivel de libertad apropiado y hasta dónde los diferentes grupos opuestos podían actuar sin poner en peligro la propia existencia de los nuevos Estados. Respecto al ejercicio de un liderazgo desinteresado, sin esperanzas de obtener privilegios, ambos libertadores fueron modélicos".

El profesor Lynch, de 82 años, declinó la oferta de hacer una entrevista en Londres por problemas de salud y prefirió hablar sobre las independencias hispanoamericanas desde su ordenador. A través del ciberespacio, el director del Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Londres -hoy Instituto de las Américas- desde 1974 a 1987 reflexiona sobre los acontecimientos de hace 200 años y cómo éstos aún marcan la vida de los hispanoamericanos. Es un ir y venir de preguntas que podría prolongarse infinitamente.

Lynch conoce la vida de los libertadores como pocos. En 2006 publicó la biografía de Bolívar y hace sólo unos meses la de San Martín (Yapeyú, 1778-Francia, 1850), las dos en la editorial Crítica. No sólo relata sus vidas, sino que contextualiza minuciosamente sus decisiones. Desde la grandeza hasta las intrigas y la rivalidad que pudo haber entre los dos... Todo está en esos textos. En las biografías aprovecha para poner en primer plano y con lujo de detalles la sociedad hispanoamericana de la primera mitad del siglo XIX. Son el complemento de otros dos textos clave de Lynch para entender la construcción de los nuevos Estados: Las revoluciones hispanoamericanas, 1808- 1826 (Ariel, 1989) y Caudillos en Hispanoamérica, 1800-1850 (Mapfre, 1993).

Bolívar, nacido en Caracas el 24 de julio de 1783, era hijo de un terrateniente y comerciante criollo de buena posición. La familia llegó a solicitar un título nobiliario cuya tramitación nunca se concretó. El joven Simón se educó en su tierra natal, pero su fortuna le permitió, siendo aún adolescente, viajar a Europa. Contrajo matrimonio a los 19 años con María Teresa Rodríguez del Toro en Madrid. Ella murió menos de dos años después de fiebre amarilla y él nunca volvió a casarse. Dedicó su vida a conjugar la política, la diplomacia y la guerra.

El 25 de febrero de 1778 nació San Martín en Yapeyú, hoy provincia de Corrientes, Argentina. Allí estaba destinado su padre, un militar palentino, para administrar los bienes que habían dejado los jesuitas tras su expulsión. A los siete años regresó a España y con apenas 11 se enroló en el Regimiento de Murcia. Combatió en Melilla y Orán y contra los franceses en Bailén. Renunció al Ejército español en 1811.

Por entonces, tanto Bolívar como San Martín supieron advertir la debilidad de España como potencia imperial y la importancia de Gran Bretaña como aliado. Bolívar, asegura, Lynch, valoró que Londres "proporcionaba a Hispanoamérica la protección que ésta necesitaba: la Marina británica, en pos de los intereses británicos [sobre todo comerciales], impediría cualquier agresión europea en las Américas".

"Las crecientes demandas económicas de las colonias españolas son un aspecto importante de la independencia y San Martín y Bolívar fueron conscientes de ello. Sin embargo, ésta no es la explicación fundamental de la crisis. El Gobierno de los Borbones cambió el carácter del Estado colonial y el ejercicio del poder en América. Carlos III y sus ministros sabían menos de la América española que los historiadores modernos. Los datos los tenían. Los informes de las capitales virreinales ya habían empezado a registrarse en el Archivo de Indias. Pero nadie los leía o, si lo hacían, no los entendían. El pasado fue ignorado, hasta repudiado. El reinado de los Habsburgo se había relacionado con sus colonias a través del consenso y, desde 1650 hasta 1750, había permitido a los criollos tener acceso a la burocracia y los negocios. Los americanos desarrollaron un mercado interior pujante", explica el historiador.

"Pero, a partir de 1750, los Borbones decidieron poner fin a esta anomalía y volver a los tiempos en que se degradaba a los criollos. El objetivo era restaurar la grandeza imperial de España, y al hacerlo, alienar a la élite criolla que vio cómo el Gobierno y la economía de América pasaba a manos exclusivas de los españoles peninsulares", recuerda el hispanoamericanista. "Esta deconstrucción del Estado criollo, este proceso de desamericanización de América, fue el disparador de las revoluciones por la independencia. Fue este absolutismo colonial el que generó los movimientos de resistencia que acabaron dirigiendo San Martín y Bolívar".

Los libertadores estuvieron a punto de encontrarse a finales de 1811 en Londres, pero San Martín llegó poco después de que Bolívar y otro venezolano, Francisco de Miranda, marcharan a América a impulsar el movimiento independentista. Miranda, considerado por muchos historiadores el padre de la emancipación americana, fue más tarde acusado por Bolívar de traidor a la causa y entregado por éste al Ejército español. El militar, que había luchado en la Revolución Francesa y la independencia de Estados Unidos, murió enfermo en una prisión de Cádiz en 1816. Más de un estudioso ha interpretado que Bolívar traicionó a Miranda para ser la única cabeza del movimiento revolucionario.

En 1822 en Guayaquil, tras el único encuentro que mantuvieron los dos libertadores, San Martín también se marchó con la sospecha de que Bolívar le había negado el apoyo militar necesario para acabar en Perú la guerra contra España con el fin de convertirse en el único héroe de la gesta. "San Martín nunca pudo explicarse a sí mismo o a otros las razones de la negativa. Es plausible creer que Bolívar quiso quedarse con toda la gloria", reconoce Lynch. Dos años más tarde, el mariscal Antonio José de Sucre, el oficial favorito de Bolívar, libró en Ayacucho la última batalla por la independencia.

Mucho antes de la victoria final sobre el Ejército español, San Martín y Bolívar se habían dado cuenta de que las luchas intestinas por el poder en América del Sur iban a ser un peligro mucho mayor que la Corona. El general argentino armó el Ejército de los Andes, cruzó la cordillera para emancipar Chile con escasa ayuda de Buenos Aires y se embarcó para liberar Perú desobedeciendo órdenes del Gobierno porteño, mientras que el venezolano vio cuestionada su autoridad por los dirigentes locales en varias ocasiones. Llegó a sofocar sin piedad una revuelta de los mestizos encabezada por Manuel Piar, un general muy cercano al libertador.

"El caudillismo es la forma primitiva de la dictadura moderna y no deriva del colonialismo español. España gobernaba América Latina a través de las instituciones tradicionales de la propia monarquía -virreyes, gobernadores, audiencias-, no a través de los caudillos. Pero el derrumbe de los Borbones en 1808 dejó un vacío de poder en América que los líderes locales se apresuraron a llenar", reflexiona Lynch. "El caudillismo es, pues, un producto de las guerras de independencia, cuando los líderes regionales pudieron reunir los hombres y los recursos y, a través de ellos, ejercer el poder y el clientelismo político. Tras la independencia el caudillismo continuó desarrollándose, aunque no de forma ininterrumpida. La dictadura de Rosas en Argentina y más tarde el Gobierno de Perón tenían sus señas: absolutismo, exclusivismo y abuso del patronazgo. Estadistas como San Martín y Bolívar no fueron caudillos. Ellos no tuvieron una base económica personal o de fortaleza social para alzarse como tales".

A menudo, cuenta el profesor, se le pregunta si Hugo Chávez, que ha cambiado el nombre de su país por el de República Bolivariana de Venezuela, puede invocar a Bolívar como modelo. "Para responder menciono tres cuestiones: en primer lugar, se llama a sí mismo un "revolucionario bolivariano" y habla de establecer un Estado socialista. Bolívar nunca promovió una revolución social ni pretendió hacerlo. La redistribución de la tierra, la igualdad racial, la abolición de la esclavitud, los decretos a favor de los indios eran las políticas de un reformista, no de un revolucionario. Bolívar era demasiado realista para creer que podía cambiar la estructura de la sociedad de América del Sur por la imposición de leyes o políticas inaceptables para los principales grupos de interés. La segunda cuestión se refiere a las relaciones internacionales. Bolívar cultivó el apoyo de las grandes potencias, no de los países marginales. Mantuvo cierto recelo hacia Estados Unidos pero admiraba cómo este país había encarnado los ideales de igualdad y libertad. Fue deferente hacia el poder imperial de Gran Bretaña. El comercio y las inversiones británicas los vio como un beneficio, no como una amenaza. La tercera cuestión es tal vez la única que le da la razón a Chávez. Una de las ideas más controvertidas de Bolívar era que los presidentes debían servir de por vida y tener el poder de nombrar a su sucesor. Y el historial de Chávez muestra que él siempre está hambriento de poder".

El argentino Juan Manuel de Rosas, el venezolano José Antonio Páez, el mexicano Antonio López de Santa Anna o el guatemalteco Rafael Carrera, entre otros, fueron los precursores de un modelo de gobierno que ha perdurado en América Latina, un sistema personalista sustentado en la relación patrón-cliente. "La figura del caudillo, que normalmente procedía de una base de poder regional, supuso uno de los mayores obstáculos para el desarrollo de las naciones. La soberanía personal destruía las constituciones. El caudillo se convirtió en el Estado y el Estado en propiedad del caudillo. Paradójicamente, los caudillos también pudieron actuar como defensores de los intereses nacionales contra las incursiones territoriales, las presiones económicas y otras amenazas externas, fomentando, asimismo, la unidad de sus pueblos y elevando el grado de conciencia nacional. Los caudillos eran representantes y a la vez enemigos del Estado-nación", aclara Lynch. "La historia de las dictaduras no constituye toda la historia de Latinoamérica. Pero aun en los regímenes constitucionales quedaron rastros del pasado. Desde el caudillismo primitivo, pasando por la dictadura oligárquica, hasta los líderes populistas, la tradición del caudillo fue dejando huella en el proceso político. Quizás la cualidad más importante de los caudillos, que les sirvió para sobrevivir a los avatares de la historia, haya sido el personalismo, descrito por un historiador como la sustitución de las ideologías por el prestigio personal del jefe".

Los libertadores fueron capaces de advertir muchos de los males que azotarían a la región en los años venideros. En su carta de despedida del pueblo peruano, San Martín alertó sobre el peligro de los golpes de Estado: "Mis promesas para con los pueblos en que he hecho la guerra están cumplidas: hacer su independencia y dejar a su voluntad la elección de sus gobiernos. La presencia de un militar afortunado por más desprendimiento que tenga es temible a los Estados que de nuevo se constituyen...", escribió el 30 de septiembre de 1822. Esa misma noche se embarcó rumbo al exilio.

Simón Bolívar plasmó su decepción en noviembre de 1830 en una carta al general Flores, el primer presidente del flamante Ecuador: "Usted sabe que he mandado 20 años y de ellos no he sacado más que pocos resultados ciertos: 1. La América es ingobernable para nosotros. 2. El que sirve a una revolución ara en el mar. 3. La única cosa que se puede hacer en América es emigrar. 4. Este país caerá infaliblemente en manos de una multitud desenfrenada, para después pasar a tiranuelos casi imperceptibles, de todos colores y razas...".

A pesar del desencanto, John Lynch acaba las dos biografías convencido de que ambos libertadores fueron hombres tenaces que llevaron sus ideales hasta las últimas consecuencias. Tal vez acabaron sus vidas con cierto sabor amargo, pero convencidos de su obra. Ambos primaron los intereses americanos frente a los de sus países y los suyos propios. San Martín nunca pretendió una unión regional. No ignoró las diferencias entre Argentina, Chile y Perú; y las asumió con el mayor pragmatismo. Bolívar sí mantuvo durante 12 años su sueño de la Gran Colombia (Venezuela, Colombia, Panamá y Ecuador juntos). Y aun quebrado su proyecto, preservó la ilusión de una América libre e igualitaria hasta el último aliento.

"En la víspera de los bicentenarios de las independencias", reflexiona Lynch, "España puede argumentar que su imperio en América no fue malvado. Hay muchas cosas de las cuales puede enorgullecerse: la organización de las instituciones, el desarrollo económico y la educación de los pueblos, entre otras cosas. El descontento de los criollos que generó el movimiento independentista no fue el resultado de tres siglos de opresión despiadada, sino una reacción a la política de los Borbones hacia la región y a los acontecimientos de 1808".

Gritos de independencia
El primer levantamiento independentista se produce en Charcas, hoy Sucre, en Bolivia el 25 de mayo de 1809. A su vez en todo el continente, para evitar una confrontación militar, los patriotas hispanoamericanos propusieron una fórmula de transición basada en traspasar la autoridad política a los cabildos capitalinos transformados en Cabildos Abiertos, y éstos en Juntas de Gobierno regionales, elegidas por el pueblo, y consideradas como la máxima autoridad. Uno de los primeros en poner en marcha estos cabildos autogestionados fue México (que proclamó la independencia en 1813). La instauración de estos Cabildos, primer paso para la independencia, fue la siguiente: Caracas el 18 de abril de 1810 (con la independencia sellada tras una batalla el 24 de mayo de 1821), virreinato de Río de la Plata con el cabildo de Buenos Aires el 25 de mayo de 1810 (independencia definitiva en 1816), virreinato de la Nueva Granada con el cabildo de Santafé de Bogotá el 20 de julio de 1810 (independencia definitiva de Colombia en 1819), Capitanía General de Chile con el cabildo de Santiago de Chile el 18 de septiembre de 1810 (independencia definitiva 1818) y Quito el 19 de septiembre de 1810 (Guayaquil proclama la independencia en 1820 y Quito en 1822). -

San Martín. Soldado argentino, héroe americano. John Lynch. Traducción de Alejandra Chaparro. Crítica. Barcelona, 2009. 416 páginas. 28 euros.

LA PALABRA NO ES "POBREZA"* (DESIGUALDAD)

Marcada por 200 millones de personas ancladas en la miseria, la economía del continente no ha conseguido superar el peso de obscenas desigualdades sociales.

Soy argentino: nací en un país que nunca creyó que fuera parte de América Latina hasta que, hace unos años, en medio de la peor crisis de su historia, empezó a aceptar que lo era. No fue, para nosotros, un hallazgo feliz.

Quizá no debería decirlo, pero para los argentinos empezar a ser latinoamericanos fue dejar de pensarnos como una sociedad con un Estado muy presente, buena salud y educación públicas, cierta capacidad industrial, infraestructura de servicios eficiente, mercado interno suficiente, cierta cultura, clase media cuantiosa y una desigualdad moderada en los ingresos. Y descubrirnos como una sociedad desregulada salvaje, exportadora de materias primas, sin garantías estatales de bienestar, con violencia creciente, educación escasa y una extrema polarización de clase: ricos muy ricos y pobres bien pobres. Muchos pobres, cada vez más pobres. Ése fue el precio de empezar a llamarnos latinoamericanos: nadie querría pagarlo.

-O sea que para usted decir latinoamericano es algo así como un insulto, mi querido.

-Yo no diría un insulto, licenciado. Más bien una tristeza suave, o a veces una rabia.

En general, cuando un habitante del Occidente más o menos rico piensa en Latinoamérica imagina, antes que nada, recursos naturales, selvas vírgenes, mujeres y hombres menos, músicas dulzonas, imaginación desenfrenada. Y, justo después, se detiene en la Sagrada Trinidad Sudaca: violencia, corrupción, pobreza. No disimulen, primos gallegos, catalanes, vascos: ustedes también piensan en eso. Y nosotros: uno de los deportes clásicos en cualquier encuentro de latinoamericanos de acentos variopintos es el Campeonato del Peor: quién tiene en su país más corrupción, mayor violencia, más pobreza. Lo cual nunca se resuelve -los sudacas somos orgullosos- y entonces podemos pasar a la etapa siguiente y postular que las tres están perfectamente ligadas: que la violencia es un producto de la exclusión creada por la pobreza y profundizada por la corrupción de los poderosos -o algo así. Pero que no sabemos, claro, cómo salir del círculo vicioso.

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Ciudad del Este es el triunfo de lo falso. Las calles y los puestos y los locales rebosan de falsificaciones mayormente chinas: las zapatillas falsas, por supuesto, y los falsos perfumes franceses y las lacostes tan falsas como una descripción y las pilas y pilitas falsas y las falsas camisetas de fútbol y los bolsos Vuitton o Mandarina perfectamente falsos y los encendedores y los relojes y los licores y los remedios falsos: aquí lo único verdadero es la falsificación. Alguien trata de convencerme de que fabrican falsas hamacas paraguayas pero no sabe explicarme cómo se logra ese portento. Entonces otro me cuenta que, a la noche, todo se llena de falsas mujeres que son, en verdad, nenas -y me impresiona un poco tanto esmero.

Hace calor. Por las calles atestadas de vendedores y compradores -en Ciudad del Este no hay más categorías posibles- cruzan chicos cargados de cajas y más cajas, muchachos que tratan de venderme un cortapelos, chicas que me ofrecen estampitas de vírgenes, y el polvo se mete en todas partes y los gritos se meten y el olor de tantos sudores combinados. Ciudad del Este es sudaca sin velos y, en medio de todo eso, una tienda enorme elegantísima la convierte en metáfora boba de América Latina. Entre el olor y el polvo y esos gritos, el edificio de vidrios y de acero: la Monalisa es un duty free de aeropuerto con perfumes relojes lapiceras maquillaje maletas de las marcas correctas y lo atienden las chicas más correctas y hay poca gente y hay silencio y el aire es fresco muy correcto y, en el sótano, para mi gran sorpresa, aparece la mejor bodega al sur del río Bravo: esos grandes vinos franceses que aquí no bebe nadie, nada por menos de cien dólares. El caos, los vivillos, las falsificaciones, la pobreza activada rodeando el lujo más abstruso. Ciudad del Este, ex Puerto Stroessner, Paraguay, Triple Frontera, es un curso exprés perfecto sobre Latinoamérica.

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Mucho más que la pobreza, esa miseria: la diferencia obscena.

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Aunque en los últimos años la economía de Latinoamérica ha crecido un poco, en cifras de ministerios y bancos internacionales; el continente tiene, además, un tercio de las aguas limpias del mundo, las mayores reservas de petróleo, cantidad de minerales, plantaciones, tierras, poca gente. Hubo milagros chilenos, peruanos, casi colombianos, incluso mexicanos y por supuesto brasileños. Pero la economía latinoamericana sigue marcada por su dependencia de los mercados internacionales -el continente es más que nada un productor de materias primas o, como se dice ahora, de commodities- y, sobre todo, por aquello que llaman la pobreza: 200 millones de personas -dos de cada cinco- que no comen todo lo que deberían.

-Uy, ustedes los sudacas no paran de hablar de su pobreza. ¿Será para tanto?

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Es difícil imaginar la realidad de la pobreza desde las calles de una ciudad rica. Creo que recién lo entendí hace unos años, cuando fui a un campamento del movimiento de campesinos Sin Tierra brasileño, en medio del Amazonas. Los ocupas rurales me alojaron en la choza de una mujer de 30 años que no estaba allí -y se llamaba Gorette. Aquella noche, imperdonable, espié sus posesiones: en su choza había una cocina de barro, un machete, 4 platos de lata, 3 vasos, 5 cucharas, 2 cacerolas de latón, 2 hamacas de red, las paredes de palos, el techo de palma, un tacho con agua, 3 latas de leche en polvo con azúcar, sal y leche en polvo, una lata de aceite con aceite, 2 latas de aceite vacías, 3 toallitas, una caja de cartón con 10 prendas de ropa, 2 almanaques de propaganda con paisajes, un pedazo de espejo, 2 cepillos de dientes, un cucharón de palo, media bolsa de arroz, una radio que no captaba casi nada, 2 diarios del Movimiento, el cuaderno de la escuela, un candil de kerosén, tres troncos para sentarse, un balde de plástico para traer agua del pozo, una palangana de plástico para lavar los platos y una muñeca de trapo morochona, con vestido rojo y rara cofia. Eso era todo lo que Gorette tenía en el mundo -y digo todo: exactamente todo y nada más. Aquella noche empecé a entender qué era la pobreza. O lo supuse.

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Porque después me pareció que la palabra pobreza no servía para describir las sociedades latinoamericanas. Pobreza es una palabra demasiado amplia: describe, suponemos, la condición de los que tienen casi nada. Gorette, por ejemplo: su austeridad extrema era la norma en aquel campamento de campesinos que habían decidido ir a buscar sus vidas al medio de la selva; ninguno de sus vecinos y compañeros tenía mucho más. Pero es un caso cada vez menos frecuente: en América Latina, la mayoría de los pobres vive en asentamientos precarios alrededor o dentro de las grandes ciudades, o sea: enfrentados al martilleo constante de que otros sí tienen todo lo que ellos no. Lo cual, a falta de mejor palabra, querría llamar miseria.

No es lo que dice la Academia: en su diccionario, miseria figura como "estrechez, falta de lo necesario para el sustento o para otra cosa, pobreza extremada". Pero lo que llamo miseria es la desigualdad brutal, concentrada en un mismo territorio, y sus efectos de enchastre y de violencia: la humillación constante. La pobreza latinoamericana no suele aparecer en un contexto de carencia, de imposibilidad: no un desierto sudanés, no un pantano bengalí. Son villeros o pobladores o favelados junto al barrio caro pomposo custodiado: pobreza con escándalo de despilfarro cerca. La pobreza común es dura pero crea vínculos, redes, tejidos sociales; la miseria de la desigualdad los rompe, deshace cualquier intento de construcción compartida. El diezmo más rico de los latinoamericanos gana más de 30 veces más que el más pobre; en España, por ejemplo, la proporción ronda el 10 a 1. La esperanza de vida de mis vecinos de Buenos Aires es de 76 años; los habitantes del Chaco, una provincia de este norte, se mueren -en promedio- a los 69. O sea: un porteño vive un 10% más que un chaqueño -y la proporción es parecida si se comparan habitantes de San Pablo y Alagoas en Brasil, o Lima y Cuzco en Perú. Muchas otras cifras podrían decir lo mismo: pedestre, suelo creer que nada es más decisivo que vivir o no.

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Digo: miseria. Una sociedad que produce el triple de los alimentos que precisa -pero uno de cada seis chicos sigue desnutrido. O, dicho de otro modo: aquella bodega con sus Château Mouton-Rothschild en medio de la selva de chiringuitos falsos. Eso es, ahora, todavía, América Latina. Y así nos sigue yendo. -

Martín Caparrós (Buenos Aires, 1957). Una luna. Anagrama. Barcelona, 2009. 181 páginas. 16 euros.

TIEMPO DE AMAPOLAS (IDENTIDAD)*

Al sur de Colombia, los ingas continúan su particular batalla contra otra tiranía, la de las mafias de la heroína.

Hernando Chindoy, gobernador del Cabildo Indígena de los ingas, supo que habían cambiado los tiempos la noche en que vio a sus vecinos comer algo que él nunca había probado, sardinas en lata, inimaginables hasta entonces en su rincón del mundo, al extremo sur de Colombia, en el departamento de Nariño, una imponente geografía montañosa que se alza hasta los 5.000 metros y ostenta varios volcanes que de tanto en tanto estornudan ceniza, para que nadie olvide que se trata de monstruos activos. Y las sardinas aquellas, que venían en salsa de tomate y eran marca Van Camp's, resultaron ser apenas un anuncio de la gran transformación que a partir de 2003 tendría lugar en la zona, cuando sus gentes empezaron a andar armadas, las caras extrañas fueron más que las conocidas, hubo billetes para meter al bolsillo, los bares y los burdeles salieron como de la nada y la muerte se instaló a vivir en los campos y las plazas.

La causante de la conmoción había sido una flor. Aquella a la que el tenore di grazia Tito Schipa le cantara inocentemente, amapola, lindísima amapola, será siempre mi alma tuya sola, sin sospechar que en un futuro cercano el objeto de sus trinos daría lugar al multimillonario tráfico ilegal de la heroína. "Antes utilizábamos la amapola como adorno", dice Chindoy, "y la sembrábamos en macetas porque apreciábamos su belleza. Pero de repente miramos alrededor y vimos que toda la tierra se había transformado en un jardín y que la montaña estaba cubierta por las flores rojas". Ahora crecían hasta en las calles de tierra del poblado, e iban reemplazando a la papa y a la alverja en las huertas caseras. También podían ser blancas o moradas, añade Sonia Amado, y recuerda que cuando las vio por primera vez, al regresar de visita a Puerres, su pueblo natal, aquello le pareció una fiesta de colores.

Con las flores llegaron gentes que les dijeron: abran los ojos, que eso es dinero en grande, la flor va a dar trabajo para todo el mundo. Los ingas se volcaron con entusiasmo a extraer el látex, tres mínimas rayas con cuchilla de afeitar en el bulbo de cada flor, y a poner una copita de las de ron para recoger las gotas blancas. Los cultivos daban leche, y la leche era bien paga. Habían llegado al pueblo los compradores: paramilitares, mafiosos y criminales de toda laya, a través de los cuales la comunidad, hasta entonces aislada y pobre, entró a hacer parte de la vertiginosa cadena de un ávido y asegurado mercado internacional. En el nuevo negocio hubo cabida para todos, especialmente para los más marginados, mujeres y menores que con sus manos, pequeñas y cuidadosas, podían rayar la delicada flor con más eficacia que los hombres. "Los niños eran un poco más bajos que las plantas", dice William Martínez, "y cuando estaban rayando en los amapolares no se les podía ver, se ocultaban entre las flores, sólo se descubría su presencia por el movimiento de los ramajes".

Al calor de la bonanza, los ingas abandonaron su propia lengua, compraron radios e hicieron a un lado sus trajes tradicionales, confeccionados en lana virgen y telar manual, para echarse encima la pinta con ropa de marca. Dejaron de lado la embriaguez mística y ceremonial del yahé, o santo remedio, para ponerse unas borracheras olímpicas en las cantinas, con ron Cinco Estrellas o Viejo de Caldas. Y al tiempo con la euforia fue llegando la desgracia, y la flor bendita mostró su cara amarga. Por andar en el embeleco de sembrarla, se habían olvidado de cultivar alimentos, que se encarecieron tanto que aunque había dinero, no alcanzaba para comer. Las guerrillas, que se ingeniaron la manera de sacar tajada custodiando los amapolares, se convirtieron en justicieros y aplicaron pena de muerte a quien incumpliera los pactos del negocio. El Plan Colombia, acordado entre Estados Unidos y el Gobierno colombiano, dispuso la criminalización de la siembra, la militarización de la zona y la fumigación masiva desde aviones, como medidas para erradicar los cultivos a la brava. Muchos adultos de la comunidad fueron a parar a la cárcel mientras en casa quedaban los niños solos. Se arruinaba quien cayera en manos de la ley, al gastar en abogados más de lo que había ganado con el látex. Para mantener al Ejército alejado de la amapola, las guerrillas levantaron la consigna "nosotros no peleamos contra el Ejército, el Ejército pelea contra las minas", y enterraron cientos de quiebrapatas que empezaron a estallar, quitándole la vida o las piernas a las mujeres que iban a por agua, a los niños que jugaban entre los matorrales, a los campesinos que bajaban al mercado.

"Era imposible no darse cuenta de que estábamos haciendo algo mal, algo muy malo para nosotros mismos", dice Chindoy. Habían puesto en jaque la vida, y la comunidad se les disolvía, al perder costumbres y disolver lazos en el remolino de la novedad. "Se nos olvidó lo que los abuelos nos habían enseñado al calor del fogón", reconoce Querubín, cabeza del cabildo de justicia. Se les había vuelto extraña hasta la propia tierra. Por generaciones la habían defendido manteniendo acciones de resistencia contra la violencia terrateniente y esgrimiendo en las notarías el título de propiedad que Felipe II, rey de España, les había firmado durante la Colonia. Y ahora esa misma tierra, la Pacha Mama que sus ancestros habían venerado y respetado, estaba envenenada con fumigantes, sembrada de minas, regada con sangre. Había que dar marcha atrás. Quedaba claro que el nuevo camino era una espiral hacia el desastre.

De ahí que el Cabildo Indígena de los ingas, convocado por Chindoy, se planteara la urgencia de volver a los cultivos tradicionales tras arrancar a mano hasta la última amapola. "La gran mayoría de la gente no quería", dice Chindoy, "alegaban que si se acababa la amapola se iban a morir de hambre, que regresaría la gran pobreza, que los jóvenes se irían lejos a buscar su vida, porque aquí no habría nada para ofrecerles". Durante un año entero, los integrantes del cabildo debieron conversar con las familias, una por una, hasta lograr que la comunidad se comprometiera en las grandes mingas de la erradicación definitiva.

El actual gobernador del departamento de Nariño, Antonio Navarro Wolff, es el principal impulsor de una política generalizada de sustitución voluntaria de cultivos ilícitos. Navarro Wolff, ex comandante del desmovilizado M-19, es oriundo de la propia Nariño, tierra por la que anduvo enmontado y enfierrado acompañando las luchas indígenas, y que ahora, dos décadas después de deponer las armas, ha llegado a gobernarla por vía legal y voto popular. "Trabajar era bueno en el Sur", había escrito su coterráneo, el gran poeta Aurelio Arturo, pero esa afirmación había dejado de ser cierta. Debido tanto al narcotráfico como a la coacción oficial para acabarlo, trabajar en el sur se había vuelto una experiencia azarosa, cuando no mortal. Sacar adelante una región tan pobre, aislada y sumida en la violencia como Nariño no resultaría tarea fácil, así que Navarro se propuso al menos un objetivo, elemental y central: que hombres y mujeres pudieran trabajar en paz, y que su trabajo les diera suficiente para mantener dignamente a sus hijos. Los cultivos ilícitos no permitían ni una cosa ni la otra. Navarro era consciente de que la legalización de la droga, como medida mundialmente acatada, sería la única solución para ponerle punto final al problema, porque acabaría con los altos precios de la heroína y por tanto también con el látex, la amapola, los cultivos de amapola, los narcos, los paras y la guerrilla; con la legalización, toda esa barahúnda se derretiría como las nieves de antaño. Pero también sabía que no podía quedarse de brazos cruzados esperando a que llegara ese día, o sea, el de san Blando, que no tiene cuándo. Debía actuar ahí y ahora, en las condiciones dadas, y montó un plan de desarrollo agrícola con base en la sustitución voluntaria, con dos condiciones que serían a la vez garantías: no fumigantes, y no violencia. "El objetivo del programa", dice, "es lograr cero amapola y cero coca, sin rodeos, sin ambages, pero como resultado del desarrollo rural, seguridad e ideología, y no como producto de un simple ejercicio de autoridad. La erradicación a la fuerza puede obligar a la gente a destruir la amapola, pero no puede evitar que reincida. Más que erradicar, el verdadero problema es evitar la resiembra. Buscamos que el agricultor que erradique tenga convicción y confianza en lo que está haciendo".

El plan de Navarro puede atorarse en un cuello de botella, que consiste en que el mercado, que alarga gustoso sus tentáculos hasta la región más lejana para hacerse a una mercancía valiosa como la heroína, no va a perder el sueño por unas cosechas de hortalizas. "Hay la tierra y hay quien la trabaje", dice Chindoy, apuntando con el índice hacia los nuevos sembradíos de alverja y café de su resguardo, "pero falta quien nos compre". Apoyándose en el fortalecimiento de su comunidad y en el control ejercido por autoridades propias, los ingas han encontrado la fuerza, la disciplina y la ideología necesarias para prescindir de la flor roja, que ya no cultivan ni en las macetas de sus patios. "Hoy somos pobres materialmente, pero vivimos en paz", te dicen allá desde los ancianos hasta los niños, como si necesitaran reafirmarse en su decisión. Porque la renuncia a la amapola no ha sido ningún camino de rosas, y si en alguna parte hay un coronel que no tiene quién le escriba, en las altas montañas del sur de Colombia hay muchas comunidades, como la de los ingas, que no tienen a quién venderle sus productos agrícolas, y que a través de Hernando Chindoy quisieran hacerle una pregunta a quienes en el mundo manejan la política antidroga por vías coercitivas y violentas: "¿Y no sería más barato, más eficaz y hasta más bonito que el mercado internacional se ocupara de comprarnos unos cuantos bultos de alverja?".

(*)Laura Restrepo (Bogotá, 1950). Demasiados héroes. Alfaguara. Madrid, 2009. 164 páginas. 18,50 euros.


LA HORA DEL BOLERO (*)


Sucedió hace cinco años. Estaba de visita en la Ciudad de México, cuando por uno de aquellos tics que quedan de las viejas rutinas, pasé a lustrar mis zapatos con el mismo "bolero" (así se les llama en México a los lustrabotas) que me había lustrado durante muchos años, a inmediaciones de la estación de metro San Pedro de los Pinos. Era una mañana soleada de primavera y el caos paralizaba la ciudad con media docena de marchas de protesta. Me quejé de ello. El bolero comentó la crisis económica y el aquelarre político, y luego me dio una explicación que nunca olvidaré: "Ahí viene la bola", dijo mientras con el encendedor le sacaba un fogonazo al cuero embetunado de mis zapatos. "En este país la bola viene cada cien años: en 1810 por la independencia, en 1910 por la revolución y ahora ahí viene de nuevo para el 2010". Y sentenció: "Nadie la puede detener. Está escrito en el cielo". La "bola" en México es sinónimo de tumulto, reunión bulliciosa de gente en desorden, revolución; cuando las tropas de Villa u otro caudillo revolucionario se acercaban a un pueblo, la gente anunciaba aterrorizada: "Ahí viene la bola".

Cuando escuché la explicación del bolero me pareció insólito que desde entonces estuviera en el imaginario popular la inminencia de una inevitable conflagración social y política, determinada por una idea cíclica de la historia, y que semejante predicción viniera de un bolero, cuyo gremio, férreamente organizado, funciona como una importante antena de escucha del servicio de inteligencia mexicano. Si no lo hubiera conocido de años atrás, hubiera pensado que se trataba de una provocación para "sacarme la sopa" (información) dada mi condición de extranjero. Pero fue él quien habló, no yo, y puedo jurar que dijo "está escrito en el cielo", y que no es una adaptación mía de aquella frase de Jacques el fatalista.

Ciertamente dos meses después de que la dictadura de Porfirio Díaz celebrara con fasto y pompa el primer centenario de la Independencia en septiembre de 1910, un movimiento revolucionario explotó en las narices de una élite que no daba crédito a lo que sucedía, pero ahora estamos en pleno siglo XXI, México vive una democracia y nada igual puede suceder, me dije entonces con certeza, aún sorprendido por esa visión "mítica" de la historia que pervive en sectores populares de Latinoamérica.

Cinco años después, y en la antesala de las celebraciones del bicentenario de la independencia, ya no tengo la misma certeza. Y me pregunto consternado si el bolero de San Pedro de los Pinos no habrá tenido razón y tales festejos no serán sino el detonante de un nuevo ciclo de violencia infernal (como la que ya se padece en México), de gorilismo solapado (como el que impera en Honduras, Venezuela, Nicaragua) y de guerras entre vecinos suramericanos (que los amagos entre Caracas y Bogotá, y Lima y Santiago son moneda corriente). Y también me pregunto si en verdad hay algo que celebrar -aparte de las realizaciones en la cultura y el arte-, porque en lo político padecemos una resaca de doscientos años de frustraciones, con gobernantes que han blandido el espejismo del bienestar y el desarrollo como los conquistadores españoles lo hacían con la bisutería.

Y me digo que quizá lo único a celebrar sería lo inevitable, el sentido de pertenencia, aunque aquello a lo que se pertenezca sea una mugre, en especial para los millones de desesperados ante la miseria del presente y el futuro que se les ofrece, quienes sólo piensan en largarse al llamado Primer Mundo y que el último en irse eche la tranca.

(*) Horacio Castellanos Moya (Tegucigalpa, 1957), escritor salvadoreño residente en Tokio, ha publicado recientemente el libro de relatos Con la congoja de la pasada tormenta (Casi todos los cuentos). Tusquets. Barcelona, 2009. 312 páginas. 19 euros.


EL FIN DE LA POESÍA (EMIGRACIÓN Y GUERRILLA) *

Historia y complicaciones de la guerrilla desde 1950 al siglo XXI.

Los primeros antecedentes de la guerrilla latinoamericana datan de los años cincuenta, cuando las milicias campesinas luchaban contra el sistema casi feudal del agro, o simplemente subsistían a costa de bandidaje. Pero a partir de los sesenta, la Revolución Cubana dotó a esos grupos de una ideología, de un proyecto continental y, por cierto, de una poesía.

Poeta era Javier Heraud, del Ejército de Liberación Nacional peruano, o el salvadoreño Roque Dalton, asesinado por sus propios compañeros del Ejército Revolucionario del Pueblo. Poeta era Ernesto Cardenal, otrora icono del sandinismo. Los poetas, sin embargo, no suelen ser grandes estrategas militares. Un notable ejemplo de ello fue el Ejército Guerrillero Popular, que trató de abrir un foco guerrillero en Argentina en 1964. Sus miembros pasaron hambre. Sufrieron una geografía endiablada. Los campesinos de Salta, en vez de acogerlos como liberadores, los denunciaron a la policía cada vez que los vieron. Antes de lograr ningún objetivo, buena parte de los guerrilleros fueron arrestados, y a su líder Jorge Masetti se lo tragó la selva. Nunca volvió a saberse de él.

La mayoría de estos "ejércitos" contaba con menos de cuarenta efectivos, todos ellos blancos de clase media con muchas ilusiones y poco entrenamiento. Fascinados con la experiencia revolucionaria cubana, y adiestrados ahí durante unos meses, regresaban a sus países con el plan de abrir focos revolucionarios en toda América Latina. Casi siempre caían muertos en menos de un mes.

Uno de sus principales obstáculos era su propia estrategia. El planteamiento militar guevarista sólo podía funcionar en países pequeños, llanos, tupidamente tropicales y asolados por regímenes repugnantes sin defensa posible, como Cuba o Nicaragua. El propio Che Guevara cayó en Bolivia, víctima de su desconocimiento del terreno y de la desconfianza de los indígenas. Pero eran tiempos de ideales, y los guerrilleros creían que todo era posible. Al fin y al cabo, la misma revolución cubana parecía inviable, hasta que se hizo.

En los años noventa desaparecieron de América Latina las últimas dictaduras militares de derecha, y con ellas, las últimas guerrillas. Sin embargo, hubo una geografía donde éstas lograron, si no tomar el poder, al menos sobrevivir: las zonas de producción de hoja de coca. Se trata de regiones semitropicales situadas entre los Andes y la selva, especialmente en Colombia y Perú. Ahí resultaba fácil esconderse, y el narcotráfico ofrecía una fuente de financiamiento inagotable.

En esos mismos años, el comunismo cedió el puesto a las drogas como enemigo regional de Estados Unidos. Desde entonces, Washington financia la fumigación de cultivos cocaleros y la entrega de pertrechos militares a sus Estados aliados en el tema. Con lamentable frecuencia, el resultado de esas políticas es la intoxicación o muerte de los campesinos, y la persecución y criminalización de sus dirigentes. De cara a la población, eso brindó una nueva legitimidad al discurso guerrillero que ya sonaba trasnochado en cualquier otro lugar.

La asociación de guerrilla y narcotráfico es sólo un tramo más del reguero de violencia que acompaña la ruta de la coca. En Bolivia, el Evo Morales de hace pocos años dirigía la asfixia de la capital por bloqueo. En Centroamérica, las maras se ocupan del pequeño comercio y la protección de los traficantes. En México, la guerra contra el narco se cobró seis mil víctimas mortales sólo en 2008.

No obstante, cada caso es diferente: los sindicatos cocaleros bolivianos han tomado el poder por vía electoral y enfatizan el lema "coca no es cocaína". Los narcos y las maras no tienen aspiraciones políticas, y la mayoría de ellos ni siquiera sabrían deletrear esa palabra. En cambio, el peligro con las guerrillas -como las FARC en Colombia o Sendero Luminoso en Perú- es que aspiran a convertirse en un poder paralelo, y en ciertas regiones, ya lo son.

En un principio, los guerrilleros en estas zonas funcionaban como un Estado: brindaban protección armada a los campesinos, establecían un código legal y practicaban juicios, controlaban el precio de la coca y cobraban un impuesto por su venta. Progresivamente, fueron ampliando sus actividades: algunos se convirtieron en sicarios de los traficantes, como parece ocurrir con Sendero Luminoso en el Perú. Su función es hostigar a los militares para liberar las rutas de salida de la droga. Otros grupos, sobre todo en Colombia, empezaron a controlar franjas cada vez más grandes del negocio. Son dueños de sus propios cultivos y negocian de igual a igual con los traficantes, como líderes de microestados cocaleros.

Ésa es la complicación para combatir a los guerrilleros del siglo XXI. Donde se subordina a los narcos, se les puede tratar como delincuentes comunes. Pero donde la población los apoya, las operaciones militares dañan a la población civil y fortalecen a los subversivos. Desde el exterior es casi imposible conocer la dinámica política de cada sitio específico. Hoy en día, de hecho, lo único seguro es que resultaba más fácil matar poetas.

(*) Santiago Roncagliolo (Lima, 1975). Memorias de una dama. Alfaguara. Madrid, 2009. 336 páginas. 19,50 euros.

DE INMIGRANTES A EMIGRANTES (*)

El latinoamericano de las últimas décadas nace con una vocación emigrante. Pero los que se han ido han seguido construyendo la grandeza del continente.
Carlos Fuentes dijo alguna vez que los argentinos descendían de los barcos. Se refería a cómo la inmigración de fines del XIX y principios del XX transformó por completo el país austral. Argentina fue un extremo, pero en los otros países latinoamericanos la inmigración también fue fundamental. Hay comunidades italianas en Venezuela, croatas en Bolivia, japonesas en el Perú. El aporte de los inmigrantes puede encontrarse tanto en el sector político como en el empresarial, artístico, deportivo o gastronómico.

Algo cambió en las últimas décadas. Latinoamérica dejó de ser un importante centro de atracción de inmigrantes y se convirtió, más bien, en una región de gente muy dispuesta a emigrar a otras latitudes. Las razones son estructurales y tienen que ver, sobre todo, con las dificultades de muchos países del continente para crear fuentes de trabajo capaces de brindar oportunidades de desarrollo y crecimiento. En esto han fracasado en general tanto los proyectos políticos neoliberales como los de la izquierda. En algunos casos ha habido notables mejorías, pero éstas son más las excepciones que la regla.

El latinoamericano de las últimas décadas ya nace con una vocación emigrante. Está la emigración al interior de una nación, que ha producido países centralistas, con capitales acromegálicas que devoran fácilmente al resto (Santiago, en Chile; Buenos Aires, en Argentina; el Distrito Federal, en México). Está la de un país a otro del continente: los centroamericanos que se trasladan a México; los peruanos que buscan mejores horizontes en Chile; los bolivianos que se instalan en Argentina. Y está, por supuesto, la emigración a España y a Estados Unidos.

Durante mucho tiempo los analistas vieron esta emigración como algo negativo para el continente. Se habló de la "fuga de cerebros": ingenieros, intelectuales, académicos. Pero también emigra la mano de obra cualificada (plomeros, albañiles, electricistas) y gente sin trabajo dispuesta, simplemente, a buscarse la vida en otra parte. En los últimos años, los políticos y los economistas comenzaron a encontrarle algo positivo a esta emigración: las remesas enviadas de España y Estados Unidos al continente son la principal fuente de divisas en algunos países, sostienen economías familiares y apoyan la estabilidad macroeconómica.

Lo positivo va más allá de la cuestión económica. Hay que entender a los latinoamericanos de hoy como seres con una identidad fluida, gente que ha hecho de la incertidumbre ante el mañana una parte esencial de su ser. Los que se han ido nunca se han ido del todo: a través de las remesas, de la forma en que han logrado que su cultura eche raíces en territorios extraños, de un aporte artístico, intelectual y científico que no cesa, han seguido construyendo la grandeza del continente. Que el lenguaje español haya logrado establecerse en el gran imperio de Estados Unidos debe verse como un triunfo. Que haya grandes deportistas, escritores y científicos viviendo fuera del continente contribuye a la autoimagen de una América Latina acostumbrada a frustraciones y derrotismos.

Muchos latinoamericanos que viven lejos se han establecido en otros países y defienden otras banderas; otros continúan con un pie en su nuevo país y otro en el que dejaron, incapaces de afincarse definitivamente o de regresar de una vez por todas al lugar que añoran. Lo suyo es una utopía: vivir dos vidas a la vez, estar allá y aquí al mismo tiempo. Esa inestabilidad quizá no sea buena para el día a día, pero lo es para la creatividad: se necesita rapidez mental e imaginación para sobrevivir a los desafíos de la distancia sin abandonar los sueños del regreso. Algunos logran separar lo que hacen en compartimientos estancos: el nuevo país es el lugar donde se trabaja, el de origen es el territorio de los afectos. Otros encuentran la argamasa mágica que les permite conciliar esas varias vidas.

Es larga la lista de los que han nacido en América Latina y les ha ido muy bien en otra parte: Alma Guillermoprieto, Alejandro Amenábar, Diego Maradona, Junot Díaz, Salma Hayek, Daniel Barenboim... A los que se les mete el gusano de la culpa por haber partido hay que decirles que al hacerlo han ayudado a reinventar el continente; han enseñado que la adscripción geográfica es sólo una manera de ser latinoamericano. La emigración es dolor, soledad, nostalgia y mucho trabajo; también es júbilo, reinvención, deseo de futuro y flexibilidad. Así llegamos a los doscientos años: añorando nuestra tierra, pero sin dejar de celebrarla en cada gesto.

(*) Edmundo Paz Soldán (Cochabamba, Bolivia, 1967). Los vivos y los muertos. Alfaguara. Madrid, 2009. 206 páginas. 15,50 euros.

Categoría: General
Publicado por: jorrego

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UN LIBRO DOCUMENTA LA PRESENCIA DE SOLDADOS DE ORIGEN JUDÍO EN EL EJÉRCITO NAZI: EL HISTORIADOR BRYAN MARK RIGG CALULA QUE FUERON 150 MIL EN TODOS LOS CUERPOS


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El general Heinrici, al que Hitler perdonó su familia judía, en presencia del líder nazi

El soldado Wolfram Günther sirvió en una unidad de Sturmgeschütz (cañón de asalto) de la Wehrmacht en el frente del Este; en un solo día destruyó varios carros de combate rusos y sus valientes acciones de guerra le granjearon la Cruz de Hierro. El capitán Klaus von Schmeling-Diringshofen, al mando de la 1ª Compañía del 73º Regimiento de Infantería, cayó heroicamente en combate al frente de sus hombres en Polonia, tuvo derecho a un elogio fúnebre radiofónico y fue enterrado en un féretro cubierto por una bandera con la cruz gamada. El as de caza Sigfried Simsch logró 95 derribos y la Cruz de Caballero. Bernahrd Rogge fue uno de los más osados capitanes de navío de superficie alemanes: al mando de su famoso crucero auxiliar, el legendario buque corsario Atlantis, hundió o capturó 22 navíos aliados y tuvo en jaque a toda la flota británica (la película Bajo diez banderas narra sus hazañas). Esos cuatro militares que lucharon por el III Reich durante la II Guerra Mundial presentan una sorprendente característica común: ¡tenían orígenes judíos!

De manera que nos puede parecer increíble, los cuatro hombres sirvieron a las órdenes del que en realidad era su principal enemigo, Adolf Hitler, que mientras tanto estaba planificando o ejecutando la persecución y el asesinato de los que eran como ellos.

Su peripecia no es en absoluto excepcional. El historiador estadounidense Bryan Mark Rigg, del que se acaba de publicar en español su pormenorizado y monumental estudio La tragedia de los soldados judíos de Hitler (Inédita), ha documentado decenas de miles de casos de personas de origen judío que lucharon en el bando alemán en todas las ramas de las Fuerzas Armadas hitlerianas, sobre todo la Wehrmacht, pero también la Luftwaffe, la Kriegsmarine (hubo almirantes y un comandante de submarino de origen judío, Helmut Schmoenckel, del U-802) e incluso las Waffen SS (hasta un teniente coronel), que, si tienes familia hebrea, ya es rizar el rizo.

Rigg calcula que fueron como mínimo 150.000 (la cifra es discutida por estudiosos como Cesarini y Bartov). Aunque muchos fueron discriminados y expulsados, algunos de esos hombres alcanzaron las más altas graduaciones -uno, Milch, llegó a mariscal de campo- y recibieron las condecoraciones más importantes. Cómo el ejército de un régimen antisemita que diabolizó y exterminó a los judíos tuvo en sus filas a millares de los que consideraba sus peores enemigos, y cómo personas a las que se juzgaba racialmente inferiores y a eliminar aceptaron luchar -y morir- por sus potenciales asesinos en contra de sus salvadores; cómo, en resumen, pudo alguien recitar, aunque fuera por lo bajinis, el Kadish en la Wehrmacht, son las alucinantes cuestiones a las que trata de responder este libro. Rigg no sólo ha consultado una apabullante documentación, sino que realizó 430 entrevistas con soldados supervivientes de origen judío.

El resultado del estudio es un amplísimo y conmovedor fresco en el que cabe de todo, como en la naturaleza humana. Muchas de las personas de origen judío que lucharon bajo las banderas del Reich lo hicieron porque no tenían otra alternativa, porque consideraron que eso les daba más posibilidades de supervivencia en el régimen hitleriano, a ellos y a sus familias, y porque los obligaron. "Sabía que todo lo que hacía iba contra mis intereses y los de los míos, pero qué iba a hacer", explicó el cabo Richard Riess. Otros muchos, y esto es más sorprendente, lo hicieron porque se consideraban plenamente alemanes y creían su deber combatir por su patria; pensaban incluso -ingenuamente- que luchar, y hacerlo bien, con valor, les devolvería la estima de las autoridades y de sus compatriotas. Hay que resaltar que la inmensa mayoría de los soldados de origen judío, según ha constatado Rigg, ignoraban el alcance de la persecución nazi y el horror de los campos de exterminio. También hubo casos de personas que escondieron su identidad y se camuflaron bajo el uniforme: el lugar más seguro podía ser la boca del lobo. Y un puñado de malvados -los hay siempre- a los que no les importó subirse al carro de los verdugos.

Por su parte, los dirigentes del III Reich, empezando por el propio Hitler, demostraron, dentro de su patológico e irreductible odio a los judíos, a veces un sorprendente pragmatismo: la eliminación de algunos militares de origen judío podía esperar o incluso aplazarse definitivamente en función de los méritos de éstos que al cabo ayudaban a ganar la guerra. Es célebre la frase de Goering, que tenía bastante manga ancha en la Luftwaffe: "Wer Jude ist, bestimme ich!" ("¡Yo decido quién es judío!"). Hitler, que siempre tenía en realidad la última palabra, personalmente autorizó que determinados militares permanecieran en el ejército pese a sus orígenes, y hasta permitió que ascendieran y que ocuparan puestos relevantes como generales, pilotos de caza o comandantes de navíos de guerra. Un caso es el del célebre general Fritz Bayerlein, mano derecha de Rommel, que fue forzado a retirarse en 1934 por poco ario (una cuarta parte de sangre judía) y al que el Führer concedió una dispensa para seguir sirviendo: acabó la guerra con la Cruz de Caballero con espadas y hojas de roble y al mando de la división acorazada de élite Panzer Lehr.

Para entender bien el caso de los soldados judíos de Hitler, hay que sumergirse en el desquiciado y a menudo contradictorio mundo de las teorías raciales nazis y las leyes que emanaron progresivamente de éstas. Dentro de lo que consideraban judíos, los nazis distinguían entre judíos propiamente dichos (de padre o madre judíos, a eliminar los primeros) y Mischlinge (mestizos cruzados): medio judíos (con dos abuelos judíos) y judíos de un cuarto (con un abuelo judío), que vendrían después. Estos conceptos que nos pueden parecer absurdos pero que para miles de personas significaron una cuestión de vida o muerte convirtieron la identidad judía en algo rocambolesco y abracadabrante. De hecho, se da la paradoja de que muchos a los que los nazis tenían por judíos, un rabino ortodoxo no los habría considerado nunca así. Ellos mismos tampoco se consideraban en muchos casos judíos. Gran cantidad de Mischlinge sólo descubrieron sus orígenes judíos gracias a los nazis. A alguno que era miembro de la SA o las SS le proporcionó el natural disgusto (por Jacinto Antón para El País, 27/11/09).

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Militares con sangre judía según los nazis: el coronel Walter Hollaender, el subteniente de las paramilitares SA Hans Sander, el general Werner Malzahn y el almirante Rogge
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La directora del Instituto Riva-Agüero de la Pontificia Universidad Católica del Perú y el director de la Oficina Regional en Lima de la Organización de los Estados Iberoamericanos (OEI), tienen el agrado de invitar a usted a la presentación del libro Las Independencias desde la perspectiva de los actores sociales, compilado por Juan Luis Orrego, Cristobal Aljovín de Losada y José Ignacio López Soria.

El presente libro reune las ponencias presentadas en la IV Reunión de la Cátedra de Historia de Iberoamérica, sección andina, sobre factores históricos en las independencias.

Margarita Guerra Martinière y Jose Ignacio López Soria agradecen su asistencia.

Lima, noviembre de 2009

Jr. Camaná 459
Lunes 23 de noviembre.
07:00 p.m.

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En el Perú del siglo XIX se confeccionó una historiografía fundacional que tuvo relación directa con la construcción de la nación, pues elaboró retratos del pasado con el fin de resaltar rasgos que permitieran afianzar la conciencia de pertenencia a una comunidad. Esto resultó determinante para la noción misma del país.

Historiografía y nación en el Perú del siglo XIX propone el concepto «confección» para definir a esa historiografía, pues este engloba tanto a la labor artesanal como al aspecto creativo que se utilizaron para elaborar una imagen homogénea del pasado. Fue una confección porque subrayó o descuidó diversos aspectos del transcurso histórico, pero no fue una invención libre del intelecto; fue artesanal porque pretendió reconstruir y dar cuenta de lo acontecido; y creativa porque se plasmó de acuerdo a la realidad histórica que vivieron sus autores. Esto explica que la historiografía del Perú del siglo XIX haya dejado de lado las marcadas desigualdades sociales y la explotación colonial y republicana.

Joseph Dager Alva es doctor en Historia y profesor del Departamento de Humanidades de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Sus investigaciones se orientan hacia la historia de la historiografía, la historia intelectual, la historia del Perú y de América en los siglos XIX y XX, así como a temas vinculados con la metodología y teoría de la historia. Es autor de Conde de Superunda (1995), Hipólito Unanue o el cambio en la continuidad (2000) y Una aproximación a la historiografía del siglo XIX. Vida y obra de José Toribio Polo (2000).

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Esta historia se inicia durante el conflicto entre Perú y España. La mañana del 1 de mayo de 1866, José Gálvez Egúsquiza, Ministro de Guerra y Marina, de 47 años, y como presintiendo su próxima muerte, se despidió de su esposa, Ángela Moreno y Maíz, y de sus hijos menores y se encerró en su escritorio con su hijo primogénito, José Miguel Gálvez Moreno, de 14 años. No obstante su tierna edad, Gálvez le recomendó a su hijo que velara por su madre y sus hermanos menores en el supuesto de que el falleciera en combate y le obsequió un prendedor de corbata, que consistía en un alfiler de oro con una perla natural en uno de sus extremos, que fue regalo a su vez de su padre, don José de Gálvez y Paz. El chico recibió emocionado el prendedor y prometió a su padre seguir sus instrucciones. Se despidieron ambos en prologando abrazo. Más tarde, su esposa le entregó un paquete que contenía algunas viandas y dulces, y le dio un cordón de la Tercera Orden. No se lo puso, pero se lo llevó. Nadie supo si murió con él. Cuando partió para el Callao, su señora e hijos menores prorrumpieron en llanto y José Miguel, sintiéndose ya responsable de todos ellos, no pudo reprimir algunas lágrimas que corrieron por sus mejillas.

El 2 de mayo de 1866 amaneció nublado en Lima y se notaba un silencio terrible. No había nadie en las calles del centro de Lima. En cambio, en el Callao la situación era diferente, pues había una actividad febril, dando los últimos toques a las defensas, tal como las había planeado Gálvez. Este había ordenado que fueran los españoles los que abrieran el fuego y así cayeron en una trampa los navíos españoles, pues al no encontrar resistencia, se aproximaron muy peligrosamente para ellos, a nuestras baterías de costa. A eso de las 11 de la mañana, con el cielo despejado de neblina y sol radiante, la Numancia abrió los fuegos y contestando en primer lugar, el Torreón de la Merced pero antes, españoles y nacionales escucharon claramente la voz tonante de Gálvez que les gritó: Aquí les devuelvo el Tratado Vivanco-Pareja; generalizándose el fuego.

José Gálvez Moreno, a esa hora, escuchó en Lima el cañoneo y desde la azotea de su casa, con prismáticos pudo ver a los navíos españoles envueltos en humo y fuego. Bajó al escritorio y estuvo meditando en las instrucciones de su padre, en un momento dado levantó la vista y vio a José Gálvez de pié junto a la puerta, en silencio, sorprendido el chico le preguntó: ¡Papá!…. Qué haces aquí, y la figura se esfumó. En ese instante tuvo la certeza del fallecimiento de su padre, y salió apresuradamente de la casa y rápidamente llegó a lo que hoy es la Plaza 2 de Mayo. Allí se encontró con un íntimo amigo, Fernando Ferreyros Senrra y lo que son las coincidencias: ambos con el devenir de los años, serían los bisabuelos paterno y materno del que reconstruyó esta historia.

Juntos recorrieron a pié el camino hacia el Callao, que estaba acordonado por soldados y gendarmería, pero les abrían el paso al decirles José Gálvez que era hijo del Ministro de Guerra y de Marina y así, lentamente, llegaron al Callao, en donde le confirmaron su presentimiento: ¡José Gálvez Egúsquiza había muerto en acción en el torreón de la Merced…¡ A esa hora, 5 pm., la escuadra española completamente derrotada se dirigía a la isla de San Lorenzo en donde permanecerían días, enterrando a sus muertos y reparando sus averías, para finalmente, partir para nunca más volver al haber sido derrotada.

Pasado este episodio de su vida, años después, José Gálvez Moreno, al no existir navíos de guerra en los cuales servir, ofreció sus servicios a la Marina de Su Majestad Británica y fue aceptado tan pronto se conoció su estirpe guerrera. Durante su servicio en la Armada Británica intervino en numerosas acciones bélicas y se distinguió en ellas hasta que solicitó su baja para regresar al Perú, debido a la guerra de Chile contra Perú. A su regreso, José Gálvez Moreno se encontró con el mismo problema que cuando se fue a Inglaterra: no teníamos navíos de guerra en los cuales pudiera servir. Así le dieron el mando de una lancha que tenia por nombre “Independencia.”

El 24 de mayo de 1880, cuando la escuadra chilena bloqueaba el puerto del Callao, José Gálvez patrullaba las aguas del Callao y realizó operaciones de minado cuando a las 2 de la madrugada, avistó a la lancha blindada chilena “Janequeo”. Intercambiaron disparos, pero el cañoncito de la lancha peruana se malogró; en popa tenia una ametralladora que igualmente se trabó. Entonces Gálvez, forzando máquina, quiso tomar a la chilena por abordaje, pero era blindada y de borde alto, por lo que decidió estando enganchadas ambas lanchas pasarle un torpedo que había en la lancha peruana. Gálvez con su espada cortó la mecha para que el fuego sea más rápido y con la ayuda del guardiamarina San Martín y el practicante de medicina Manuel Ugarte, de quien era íntimo amigo, lograron colocar el torpedo sobre cubierta de la lancha chilena.

Pero la mecha, un tanto húmeda, tardaba en quemarse, por lo que Gálvez en gesto de heroísmo, disparó su arma contra el torpedo y falló el tiro; igualmente falló al segundo intento, pero al tercero hizo impacto y una terrible explosión se escuchó en toda la bahía tiñendo de rojo el cielo y volando por los aires las dos lanchas. En este acto, murieron San Martín y Ugarte, no así Gálvez que, quedó gravemente herido.

Más tarde, contaba Gálvez que sintió tocar fondo y con un supremo esfuerzo apenas logró salir a flote, salvándole la vida estando ya inconsciente el marinero peruano Pablo Villanueva, quien le quito el capote y las botas. En eso, llego otra lancha chilena La Guacolda, que recogió a los sobrevivientes y los llevó a la nave insignia chilena el “Blanco Encalada” al mando del Almirante Galvarino Riveros.

Gálvez fue depositado en cubierta y el médico del buque al verlo con la cara totalmente carbonizada y sin cabellos, la nariz rota y desviada hacia su mejilla izquierda, la clavícula rota y con fierro atravesado a su brazo izquierdo, consideró su estado como agónico y, sabiendo ya quién era, sugirió al Almirante Galvarino Riveros que se devolviese a tierra como prisionero de guerra para ser canjeado por algún chileno, llegado el caso. Efectivamente. Al día siguiente, se efectuó el canje y Gálvez, cuyo acto heroico era ya el comentario general, fue recibido en apoteosis y en hombros fue llevado hasta la estación del tren que lo llevaría a Lima para su atención médica.

Sobrevivió después de una larga temporada de muy dolorosas curaciones, habiéndole dejado los cirujanos un pequeño trozo de hierro en el antebrazo por temor a cortarle una vena, por lo que muchos años después le salían por las uñas pequeños trozos de oxido de hierro. Cuando se encontró totalmente recuperado, continuo luchando contra el enemigo a lado del Mariscal Don Andrés Avelino Cáceres en la campaña de la Breña, destacándose nuevamente por un acto increíble al tomar a los chilenos nada menos que un tren cargado de armas, municiones y víveres en la localidad de Huaripampa, de donde nació el dicho popular que hasta ahora subsiste, “La Huaripampeada”.

Continuando con la historia del prendedor, pasaron algunos años de este acto heroico y José Gálvez Moreno decidió regresar a Inglaterra, por estar casado con una súbdita de esa nación. Se embarcó en el “Orcoma” y cuando el Capitán del buque supo que viajaba un marino peruano y héroe por añadidura lo invitó permanentemente a su mesa. Al segundo día de viaje, el Capitán le habló separadamente para decirle que en ese mismo barco viajaba un marino chileno que le había pedido ser presentado. Gálvez contestó que si era chileno prefería no saber siquiera cuál de los pasajeros era.

Ante esta respuesta y en vista de que Gálvez disfrutaba paseando por cubiertas después de la comida, el caballero chileno se presentó ante él: Señor –dijo- soy el Capitán de Navío Luis Miguel de Oyanguren y he tenido la sorpresa de mi vida al saberlo vivo y que viajábamos en el mismo barco. Yo era Alférez de Fragata en el Blanco Encalada cuando el combate del 25 de mayo de 1880 y debo devolver a usted una prenda que le pertenece. Gálvez se quedó de una pieza y le preguntó como era posible tal cosa cuando no le conocía. Entonces Oyanguren le contó que al conocer detalles del acto heroico que había protagonizado en el bloqueo del Callao y viéndolo moribundo, quiso conservar un recuerdo de un héroe peruano y conservó el prendedor de corbata que lucia, así que en ese momento, se quitó el prendedor de corbata que lucia y se lo devolvió.

Gálvez lo reconoció de inmediato, pero no lo aceptó. Le contestó que habiéndolo tomado bajo las condiciones en que se lo contaba lo hacia de él de modo definitivo. Decidieron entonces darse un abrazo, bajaron a la cantina y se bebieron varias copas. Se hicieron íntimos amigos y pasearon juntos por Europa hasta que se perdieron de vista.

En 1958, en el mes de octubre, a don Enrique José Gálvez Evens, hijo primogénito de José Gálvez Moreno, se le presentó un abogado chileno, el doctor Carlos de la Cruz para decirle que cumpliendo una disposición testamentaria que su padre no pudo cumplir, debía entregar una prenda personal a los herederos del Teniente Segundo José Miguel Gálvez Moreno, que por ese motivo se había quedado dos días en Lima de paso a USA y que todas sus indagaciones lo conducían hacia él. Le pidió identificarse y le preguntó si conocía la historia de un prendedor de corbata, recordándolo José Gálvez Evens por habérselo contado su padre. Así, a continuación, sencillamente le entregó un estuche de carey que contenía el citado prendedor. Ni qué decir lo feliz que se sintió el nieto al recuperar la alhaja. Lástima que no disfrutara mucho de ella, pues al mes siguiente falleció súbitamente y con él se fueron los nombres verdaderos del Capitán Chileno y del abogado que le devolvió el prendedor.

Esta prenda familiar tan histórica y reverenciada desde 1958, la conserva hoy el bisnieto del Héroe del 2 de Mayo, Hernán Gálvez Ferreyros, y solo la luce cuando es invitado a alguna ceremonia conmemorativa del combate del 2 de mayo o en la Asociación Nacional Pro-Marina cuando es invitado a conmemorar un año más del episodio heroico de su abuelo en el Callao (esta información nos fue proporcionada por el contralmirante Reynaldo Pizarro).

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Según la base de datos, estos objetos llegaron al Museo Nacional de Colombia “después de la Campaña del Perú, el 19 de abril de 1825 el general Antonio José de Sucre remitió desde Potosí, al gobierno de Colombia, cinco banderas españolas de los cuerpos más veteranos vencidos en Ayacucho, y también el estandarte con que Francisco Pizarro conquistó el Perú en 1533". Sobre el manto, Olga Acosta, una de las investigadoras del Museo adelanta una investigación sobre el objeto y en nuestra base de datos se registra que fue donado con el siguiente oficio:

Ejército Libertador - Cuartel General en La Paz, a 12 de septiembre de 1825 - 15

Al señor Director del Museo de Bogotá

Señor Director:

Me es muy agradable remitir a usía el manto de la Reina mujer de Athahualpa, que he podido conseguir como un monumento de la antigüedad, digno del Museo de la capital de Colombia; y mucho más digno después de que las tropas de nuestra Patria han vengado la sangre de los inocentes incas, y libertado su antiguo Imperio. También tengo la satisfacción de enviar a usía diferentes piedras minerales del Alto Perú y algunas de Chile, que me han sido regaladas; como un presente apreciable en el bello establecimiento que usía dirige.

Dios guarde a usía
Antonio José de Sucre.
Gaceta de Colombia, Bogotá, No. 222, 15.1.1826.


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Número registro: 205 Anónimo
Manto que perteneció a la reina, mujer del inca Atahualpa
Ca. 1533
Tejido
168 x 240 cm Donado por el mariscal Antonio José de Sucre (12.9.1825), ingresó al Museo (15.1.1826)
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Número registro: 98 Anónimo
Estandarte de Pizarro
Ca. 1529
Cosido y bordado a mano (Hilos/Seda)
166 x 125,5 cm Donado por el mariscal Antonio José de sucre (19. 4. 1825)
El gobierno lo entregó al Museo (1.11.1825)

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DISCURSO E HISTORIA EN LOS "COMENTARIOS REALES" DEL INCA GARCILASO EN EL CUARTO CENTENARIO DE SU PUBLICACIÓN

COLOQUIO INTERNACIONAL


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Con motivo de conmemorarse este año el cuarto centenario de la publicación de la primera parte de los Comentarios reales del Inca Garcilaso, el Departamento de Humanidades de la Pontificia Universidad Católica del Perú ha organizado un coloquio internacional que se llevará a cabo entre los días 18 y 20 del mes de noviembre del presente año, bajo el tíulo de “Discurso e historia en los Comentarios reales del Inca Garcilaso”. Los Comentarios reales constituyen un libro fundamental en la formación del discurso histórico del Perú y, más allá de las discusiones que ha despertado su información sobre el pasado inca, han ejercido una influencia capital en el imaginario sobre el mundo prehispánico.

El evento reúne a un destacado grupo de investigadores de la PUCP y del extranjero. Mabel Moraña (Washington University in St. Louis) y Karen Spalding (University of Connecticut) intervendrán en la mesa inaugural dedicada a debatir sobre el tema de identidad en el Inca Garcilaso. Por su parte, Rolena Adorno (Yale University) tendrá a su cargo la conferencia de clausura del coloquio, en que presentará su investigación sobre la primera traducción de los Comentarios reales (Londres, 1625), inicio de la difusión de esta obra más allá de las fronteras del imperio español. A lo largo de los tres días, en una sucesión de ocho mesas, se escucharán y discutirán otras propuestas sobre la representación del mundo indígena en los Comentarios reales; la conciencia lingüística del Inca Garcilaso, el problema de la historicidad del texto; las relaciones del autor con otros textos y con diferentes contextos culturales, y sobre la lectura y recepción de la obra. Participarán en estas mesas investigadores como Rodolfo Cerrón Palomino (PUCP), José Antonio Mazzotti (Tufts University), Paul Firbas (Stony Brook University), Carmen de Mora (Universidad de Sevilla), Liliana Regalado (PUCP), Christian Fernández (Louisiana State University), Catherine Julien (Western Michigan University), John Charles (Tulane University), Eduardo Hopkins (PUCP), entre otros.

Asimismo, en el contexto de la realización de este coloquio, el Museo de Arqueología, Antropología e Historia en colaboración con la PUCP, ha organizado la muestra “Los Incas de Garcilaso”, que se inaugurará el jueves 19 de noviembre a las 7.00 p.m. en su sede (Plaza Bolívar s/n, Pueblo Libre). La muestra ofrece, en diálogo con el texto de los Comentarios reales, una visión del mundo de los Incas y de su organización civil, política y religiosa.

El coloquio ha sido organizado por el Departamento de Humanidades. La inauguración y la primera mesa se desarrollarán el día 18 a las 6:00 p.m. en el Instituto Riva-Agüero (Jr. Camaná 459, centro de Lima), y las sesiones siguientes del 19 y 20 de noviembre en el Auditorio del Departamento de Humanidades de la PUCP.

Informes y consultas:

coloquiogarcilaso@pucp.edu.pe

http://blog.pucp.edu.pe/coloquiocomentariosreales

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Un amable visitante de nuestro blog nos escibió la siguiente carta:

Mi tía carnal, Luisa Pinillos Cabada (Lucha) fue una de las mujeres peruanas que más horas de vuelo y millas voladas acumuló en su tiempo, siendo condecorada por Servicios Distinguidos en grado de Oficial el 25 de julio de 1960 por el Presidente Dr. Manuel Prado, como podrá ver en la fotografía adjunta.

Lucha voló en PIA y luego por 15 años ininterrumpidos en Panagra, retirándose el 16 de Septiembre de 1965 ,por motivos matrimoniales, con el record de 10,000 horas de vuelo y 3´360,000 millas acumuladas. En la otra fotografía se encuentra Lucha en el Aeropuerto de la Guardia (1948) con el piloto Carlos Arbe, ambos vivos, Lucha de 85 añós y en todos sus cabales; a Carlos tuve el placer de conocerlo hace un año, sumamente interesante escuchar las anécdotas de estos tripulantes que supieron llevar internacionalmente con orgullo los colores de nuestra bandera, nótese en la parte posterior un avión DC 4 de PIA.

Atentamente y muchísimas gracias,

Jorge Pinillos Ruiz de Somocurcio
Piloto TLA 1065

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Nota.- El 19 de julio de 1946, en el Country Club de Lima, en elegante ceremonia, se graduó la primera promoción de “flight-hostesses” que PANAGRA había preparado a semejanza de los centros que funcionaban en USA para entrenamiento de mujeres destinadas a los servicios auxiliares aeronáuticos. La señora Gwendolyn Raymond tuvo a su cargo la preparación de las graduadas. Las 15 señoritas que integraron esta promoción fueron: Laura Arce, Caridad Bueno, Esperanza Clarks, Beatrice Gautier, Bertha Jochamowitz, Dora Kennedy, María Larrañaga, Carmen More, teresa More, Emma Mústiga, Mary Nicholson, Rosa Serdio, Hilda Sommerkamp y Violeta Van Ronzelen.

En sus discursos, los directivos de PANAGRA señalaron que debido al progreso de la industria aeronáutica se requería aquello que los ingleses llaman femenine touch o “pincelada femenina”, y que las graduadas prestarían una solícita atención a los pasajeros a bordo, especialmente damas y niños. Los directivos recalcaron que las graduadas tendrían los siguientes objetivos:

1. La consecuencia con PANAGRA que las había iniciado en esta atractiva carrera
2. La responsabilidad que se deriva del trato directo con los viajeros y a quienes a través de ellas mantienen su confianza en el vuelo
3. La representación de la mujer peruana en el mundo

El 1 de noviembre de 1970, el Ministerio de Transportes y Comunicaciones otorgó reconocimiento oficial a la Escuela Privada de “Aerolíneas Peruanas” establecida para la formación del personal especializado de auxiliares abordo o “fligh-hostess”. Muchas promociones habían egresado de la Escuela, desde que entró en funciones. Las aeromozas de APSA recibían una rigurosa preparación a través de cursos intensivos por personal experto sobre reglamentos y manuales, conocimientos básicos de aviación, sociología y relaciones humanas, arreglo personal, atención al pasajero y emergencias y salvataje. Una vez graduadas, completaban sui aprendizaje con prácticas en Estados Unidos y en Europa. Que las convertían en excelentes “anfitrionas del aire”. La directora de la escuela era Esther Castro de Mulanovich.
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Hundida en el narcisismo de las pequeñas diferencias, el continente no afronta el mundo que la 'revolución de terciopelo' ayudó a crear. ¿Podremos recuperar algo de su audacia estratégica e imaginación histórica?
Por TIMOTHY GARTON ASH (*)

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El año 1989 fue el más importante en la historia mundial desde 1945. En la política internacional, 1989 cambió todo. Produjo el fin del comunismo en Europa, de la Unión Soviética, de la guerra fría y del "corto siglo XX". Abrió la puerta a la unificación alemana; una ampliación de la Unión Europea sin precedentes históricos, que ha hecho que se extienda desde Lisboa hasta Tallín; la ampliación de la OTAN; dos décadas de supremacía estadounidense, la globalización y la ascensión de Asia. Lo que no cambió fue la naturaleza humana.

En 1989, los europeos propusieron un nuevo modelo de revolución no violenta, de terciopelo, que puso en tela de juicio el ejemplo violento de 1789, que durante dos siglos había sido a lo que la mayoría de la gente se refería al decir "revolución". En vez de jacobinos y guillotinas, ofrecieron a la gente poder y negociaciones en una mesa redonda. Con la impresionante renuncia de Mijaíl Gorbachov al uso de la fuerza (un luminoso ejemplo de la importancia del individuo en la historia), de pronto se desvaneció con suavidad un imperio dotado de armas nucleares que muchos europeos habían considerado tan duradero e impenetrable como los Alpes, entre otras cosas porque poseía esas armas de aniquilación total. Pero, como si aquello fuera demasiado bueno para ser verdad, 1989 también nos trajo la fatua del ayatolá Jomeini contra Salman Rushdie, que fue el pistoletazo de salida de otra larga lucha en Europa, antes incluso de que hubiera acabado verdaderamente la anterior.

Años así ocurren sólo una o dos veces en el transcurso de una vida. El año de los atentados terroristas del 11-S, 2001, fue también importante, por supuesto, sobre todo porque transformó las prioridades de Estados Unidos en el mundo, pero no cambió tantas cosas como 1989. Igual que la guerra fría había afectado hasta al menor Estado africano, al convertirlos a todos en peones posibles del gran tablero de ajedrez entre el Este y Occidente, el final de la guerra fría también afectó a todos. Y lugares como Afganistán cayeron en el olvido, abandonados por Washington, porque ya no importaban en un enfrentamiento mundial con la ya ex Unión Soviética. Los muyahidines habían hecho su trabajo; los muyahidines podían desaparecer. Excepto que un muyahidin llamado Osama Bin Laden no estaba de acuerdo.

El epicentro de 1989 fue Europa, entre el Rin y los Urales, y allí es donde ha habido más cambios. Todos y cada uno de los países vecinos de Polonia son hoy nuevos, una cosa distinta de la que eran en 1989. Muchos de los Estados y varios límites fronterizos del Este de Europa son más recientes que los de África. Y la experiencia de vida de cada hombre, cada mujer y cada niño ha cambiado hasta ser irreconocible: sobre todo, en la República Democrática Alemana, de cuya sentencia de muerte se cumplen 20 años el lunes por la noche, cuando se conmemoren las primeras brechas abiertas en el muro de Berlín.

Es decir, a ras de suelo, tenemos las historias de esas vidas individuales: las de los jóvenes checos, húngaros y de Alemania del Este que nacieron en 1989 y disfrutan y aprovechan las oportunidades de la libertad, y las de las numerosas personas de más edad y peor situadas que han sufrido dificultades desde entonces y se encuentran ahora enojadas y desilusionadas.

En el otro extremo, tenemos el baile mundial de las superpotencias, viejas y nuevas. En teoría, hoy son tres: Estados Unidos, China y la Unión Europea. Estados Unidos sigue siendo la única superpotencia genuina y tridimensional. Cuando los ex presidentes Gorbachov y George H. W. Bush se reunieron con el ex canciller Helmut Kohl en Berlín la semana pasada, Bush padre rindió un empalagoso tributo a su amigo "Mijaíl". Podía permitirse ser generoso; al fin y al cabo, Estados Unidos ganó. Mejor dicho, resultó ganador, en parte gracias a sus propias políticas, pero también gracias a la labor de otros. Sin embargo, no se puede afirmar que EE UU haya empleado muy bien sus 20 años posteriores de supremacía, sobre todo durante el mandato de Bush, hijo de Bush. El país ha vivido a todo tren y ha acumulado una enorme deuda, tanto de los hogares como nacional. No ha creado un nuevo orden internacional duradero. Ahora tiene un presidente maravilloso que aspira a lograrlo pero que, seguramente, ya no cuenta con los medios necesarios.

El triunfo más inesperado es el de China. Recordemos que, cuando Gorbachov visitó Pekín a principios del verano de 1989, tuvieron que introducirlo en Zhongnanhai, el complejo de los dirigentes del Partido Comunista, a través de una puerta lateral, por todos los manifestantes que llenaban la plaza de Tiananmen. China parecía estar al borde de su propia revolución de terciopelo. Pero entonces llegó la matanza del 4 de junio. Un escalofrío recorrió Eurasia, desde Pekín hasta Berlín. China y Europa rompieron de manera espectacular. Traumatizados por las protestas de Tiananmen y por la caída del comunismo en la Unión Soviética y el Este de Europa, los líderes del Partido Comunista Chino se aprendieron sistemáticamente las lecciones para evitar la suerte de sus camaradas europeos. Aprovecharon las oportunidades económicas que ofrecía la globalización, cuyo catalizador decisivo había sido, a su vez, el final del comunismo europeo, y siguieron avanzando por la vía que Deng Xiaoping (un individuo equiparable a Gorbachov por su influencia en la historia) les había marcado.

El resultado es un híbrido que puede resumirse burdamente con el nombre de capitalismo leninista, algo que no podíamos imaginar en 1989. Y una nueva superpotencia con 2 billones de dólares de reservas que tiene agarrado por el cuello a Estados Unidos. Es una superpotencia frágil, por supuesto, con muchas tensiones y contradicciones internas, y demasiada poca libertad, pero un rival formidable para el capitalismo liberal y democrático de estilo occidental. Mucho más formidable, por cierto, que el islamismo militante y retrógrado, que es una amenaza real pero no un competidor ideológico serio.

Y luego estamos nosotros: la vieja Europa, donde empezó todo. He sugerido en otra ocasión, en un ensayo publicado en The New York Review of Books y reeditado hace poco en The Guardian, que 1989 fue el mejor año de la historia europea. Es una afirmación audaz, e invito a los lectores a que sugieran un año mejor. Pero 20 años después, y en mis momentos más sombríos, 1989 me parece a veces la última floración tardía de una rosa muy vieja. No hay duda de que hemos hecho cosas buenas desde entonces. Hemos ampliado la UE. Tenemos (por lo menos, algunos de nosotros) una moneda europea única. Contamos con la mayor economía del mundo. Sobre el papel, Europa tiene buen aspecto. Pero la realidad política es muy diferente.

Ésta no es la Europa generosa con la que soñaban en 1989 visionarios como Václav Havel. Es la Europa del otro Václav, Václav Klaus, que firma el Tratado de Lisboa rechinando los dientes después de extraer unas cuantas concesiones pequeñas y provincianas. Es la Europa de David Cameron, que, en la estrechez nacional y defensiva de su concepción de Europa, representa bastante bien al europeo contemporáneo (¡Ojalá estuviera vivo Churchill!: Europa tiene necesidad de él). Y, hundidos en el narcisismo de las pequeñas diferencias, semidormidos ante el mundo de gigantes que surge a su alrededor, los políticos corrientes en Francia, Alemania y Polonia no son mucho mejores.

Veinte años después, la pregunta que debemos hacernos los europeos es ésta: ¿Podemos recuperar algo de la audacia estratégica y la imaginación histórica de 1989? ¿O vamos a dejar que sean otros quienes den forma al mundo, mientras nosotros nos acurrucamos como hobbits en nuestras guaridas nacionales y pretendemos que no hay gigantes dando pisotones sobre nuestras cabezas?

* Timothy Garton Ash es catedrático de Estudios Europeos y ocupa la cátedra Isaiah Berlin en St. Antony's College, Oxford, y es profesor titular de la Hoover Institution, Stanford (traducción de María Luisa Rodríguez Tapia para El País de España).

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Los días 16 y 17 de noviembre tendrá lugar el I Coloquio “Hacia el Bicentenario de la independencia del Perú", organizado por el Instituto Riva Agüero de la PUCP, en colaboración con la Embajada de España y el Centro Cultural de España. Este primer coloquio, en el que participarán destacados historiadores nacionales y extranjeros, se centra en diversos aspectos históricos vinculados con el proceso de independencia en el Perú. Esta es una iniciativa que nace con el deseo de extenderse hasta el 2021, para profundizar en el proceso histórico de la independencia pero también con una vocación de actualidad, de reflexionar sobre el momento que vive actualmente el Perú. En futuras ediciones, se espera, por un lado, ampliar esta visión en el contexto más amplio de otros procesos de independencia en América y por otro, poder profundizar en determinados aspectos del proceso local que son todavía poco conocidos. La inauguración formal correrá a cargo del destacado historiador Dr. José Agustín de la Puente Candamo, que dictará la conferencia titulada “La vida intelectual en tiempo de la independencia. Se formarán, a lo largo de los días 16 y 17, cuatro mesas de debate e intercambio de opiniones.

EI I Coloquio tendrá lugar en la sede del Instituto Riva Agüero, sito en Camaná 459, Lima. El ingreso al Coloquio es libre, previa inscripción hasta el viernes 13 de noviembre por correo electrónico al ira@pucp.edu.pe o al teléfono: 626-6600. Vacantes limitadas. Se entregará Certificado de asistencia a aquellos que participen en ambas jornadas. (La expedición del Certificado tiene un costo de 20 soles)

PROGRAMA


LUNES 16 DE NOVIEMBRE

5:00-6:15 Mesa 1

Claudia Rosas “La estela de la revolución francesa en el Perú (1808-1824)”
Víctor Peralta “La transformación inconclusa: la trayectoria del liberalismo hispánico en el Perú (1808-1824)”
Margarita Guerra “Independencia y liberalismo: entre Bolívar y Vidaurre”


6:30-7.45 Mesa 2

Nuria Sala i Vila, “Cuatro ciudades y una independencia: Trujillo, Cuzco, Arequipa y Huamanga”
Fernando Valle, “La iglesia y el estado en la independencia: estudios sobre el clero rural en Arequipa (1820-1840)”
Elizabeth Hernández, “La vecindad piurana y la apuesta por la libertad: discrepancias, contradicciones y ambigüedades (1821-1824)”

7:50

Inauguración formal

Conferencia del doctor José Agustín de la Puente Candamo, “La vida intelectual en el tiempo de la Independencia”


MARTES 17

5:00-6:15 Mesa 3

Ascensión Martínez, “Gobernar, pacificar, negociar: la política española en el Perú, 1820-1823”
Oswaldo Holguín, “Ricardo Palma, apologista romántico de la independencia del Per
José Ignacio López Soria, “Independencia: poscolonialidad, colonialidad”

6:30-7:45 Mesa 4

Juan Luis Orrego, “Independencia y memoria: las celebraciones del Cincuentenario de la Independencia, 1871”
Iván Millones, “Las conmemoraciones de Fiestas patrias en Lima entre finales del siglo XIX e inicios del XX”
Jesús Cosamalón, “La independencia en al escuela: la percepción de maestros y alumnos en Lima”

7:50 Clausura y brindis de honor


SUMILLAS

LA ESTELA DE LA REVOLUCIÓN FRANCESA EN LA INDEPENDENCIA DEL PERÚ (1808-1824)
Claudia Rosas Lauro (Pontificia Universidad Católica del Perú)

El impacto de la Revolución Francesa en el Perú siempre ha suscitado polémica. La hipótesis es que el efecto de la revolución se dio a través de las imágenes, el discurso y la práctica política de la época de la Independencia, como sucedió en otras áreas de Iberoamérica, donde el tema ha sido estudiado con profundidad. Para el análisis del problema, vamos a poner énfasis en el estudio de las coyunturas de 1808 con la invasión napoleónica de la península ibérica, la de 1812 con las Cortes de Cádiz y la Constitución liberal, y en especial, la década de 1820, en que se libran las guerras de Independencia. De esta manera, veremos cómo y en qué medida los actores de la gesta independentista se apropiaron, reelaboraron y utilizaron las imágenes, discursos y prácticas de la Revolución Francesa.


LA TRANSFORMACIÓN INCONCLUSA. LA TRAYECTORIA DEL LIBERALISMO HISPÁNICO EN EL PERÚ (1808-1824)
Víctor Peralta (Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Madrid)

Se verá el impacto del liberalismo de las Cortes de Cádiz en la transformación de la cultura política en el virreinato peruano, con una breve atención al impacto que tuvo la reimpresión de las publicaciones patrióticas españolas, que se resume en la crítica a la arbitrariedad absolutista, incidiendo en la repercusión de la circulación de la prensa y folletería de contenido liberal, la elección y funcionamiento de ayuntamientos constitucionales y la conexión de los diputados peruanos en las Cortes con los ayuntamientos constitucionales. Seguidamente, se reflexionará sobre la erradicación del liberalismo gaditano durante la época del virrey Pezuela. Por último, se adentrará en la coyuntura independentista, cuando la segunda etapa del liberalismo hispánico sucumbe ante el ideario republicano.


INDEPENDENCIA Y LIBERALISMO: ENTRE BOLÍVAR Y VIDAURRE
Margarita Guerra Martinière (Pontificia Universidad Católica del Perú)

Los planteamientos ideológicos conducentes a la independencia están impregnados por las doctrinas liberales, sin embargo, al confrontar los idearios particulares de quienes participaron directamente en su aplicación con las prácticas políticas, se advierte un evidente desfase en la mayoría del grupo dirigente. Esto lleva a frecuentes enfrentamientos entre los más conspicuos liberales, como es el caso de Simón Bolívar con los líderes liberales. Tomaremos en esta oportunidad como el abanderado de esta oposición a Manuel Lorenzo de Vidaurre quien, llamado por Bolívar en 1823, se declaró su incondicional, pero, al continuar la Dictadura, le declaró odio a muerte.


CUATRO CIUDADES Y UNA INDEPENDENCIA: TRUJILLO, CUZCO, AREQUIPA Y HUAMANGA
Núria Sala i Vila (Universidad de Gerona)

La Independencia del Perú y el Trienio Liberal hispano (1820-1823) introdujeron cambios sustanciales en la institución municipal. Se analizará el devenir de las municipalidades en Trujillo, Cusco, Arequipa y Huamanga. El objetivo es esbozar un proceso en el que se produjeron cambios que afectaron a los poderes e intereses locales, tanto por el relevo de elites locales, que el sistema electivo impuso para las instituciones municipales, como en los temas que fueron objeto de preocupación dentro de las nuevas coordenadas políticas del período, influidas por presupuestos liberales, o por la necesidad de aportar recursos para sostener los costos bélicos.

LA IGLESIA Y EL ESTADO EN LA INDEPENDENCIA: ESTUDIOS SOBRE EL CLERO RURAL EN AREQUIPA (1820-1840)
Fernando Valle Rondón (Universidad Católica San Pablo, Arequipa)

Se examinarán la situación, reacciones y dilemas del clero doctrinero presente en las comunidades rurales de Arequipa en el contexto de la Independencia. Un análisis sobre los concursos de curatos, la documentación concerniente a las ordenaciones sacerdotales y la correspondencia entre el clero y las autoridades políticas del contexto independentista permite conocer quiénes conforman el clero local (origen, legitimidad, estrato social, origen étnico, formación educativa) que se constituye como la única autoridad común para las comunidades andinas en el periodo que media entre el régimen monárquico y el nuevo orden republicano.

LA VECINDAD PIURANA Y LA APUESTA POR LA LIBERTAD: DISCREPANCIAS, CONTRADICCIONES Y AMBIGÜEDADES (1821-1824)
Elizabeth Hernández García (Universidad de Piura)

La independencia del partido de Piura, el 4 de enero de 1821, fue un movimiento de su clase dirigente en un intento de mantener el control en el nuevo escenario político. A partir de este momento, y dado ese objetivo, la consolidación de la independencia proclamada no estuvo exenta de diferencias, discrepancias y contradicciones entre el gobierno central –Trujillo primero, Lima después- y el gobierno local periférico piurano. Podría decirse que la elite en Piura había iniciado su lucha particular, no tanto por la independencia respecto a España, como por una mayor autonomía política.


GOBERNAR, PACIFICAR, NEGOCIAR: LA POLÍTICA ESPAÑOLA EN EL PERÚ, 1820-1823
Ascensión Martínez Riaza (Universidad Complutense, Madrid)

El golpe militar de Riego llevó a Fernando VII a jurar la Constitución de 1812 y reimplantar el sistema liberal. En el Perú, el virrey Pezuela, ante la presencia de San Martín, estuvo condicionado por una conjunción de factores que limitaron su acción: había que gobernar un territorio y una población sobre los que el control variaba en función de acontecimientos bélicos, de actitudes y decisiones sociales y del retraso en la recepción de noticias e instrucciones, debido a la distancia y a la dificultad de las comunicaciones; había que conducir la guerra adoptando estrategias en las que no siempre coincidían los mandos militares; y se planteaba la vía de la negociación a través de iniciativas que terminarían en punto muerto y que en definitiva beneficiarían a la causa de la independencia.

RICARDO PALMA, APOLOGISTA ROMÁNTICO DE LA INDEPENDENCIA DEL PERÙ
Oswaldo Holguín Callo (Pontificia Universidad Católica del Perú)

La Historia de la Independencia tuvo perfiles de epopeya para varias generaciones hispanoamericanas. Los románticos, tempranamente, le hallaron filones explotables para plasmar sus producciones literarias, artísticas, políticas, jurídicas, etc. El contacto personal con sus actores, incluso algunos de los principales, estimuló su manifiesta admiración y fantasía. Ricardo Palma exaltó a sus héroes, capitanes y batallas, como otros románticos y posrománticos peruanos. Desde la adolescencia hasta la ancianidad, Palma facturó diversos textos que, junto a los que la crítica reconoce como más significativos, configuraron el discurso historiográfico peruano sobre tan importante período. Tampoco le faltaron ocasiones de defender sus íntimas convicciones.

INDEPENDENCIA: MODERNIDAD, POSCOLONIALIDAD, COLONIALIDAD
José Ignacio López Soria (Organización de Estados Iberoamericanos)

El horizonte hermenéutico de nuestro tiempo facilita el acercamiento al proceso de las independencias desde nuevas perspectivas. Entre ellas subrayo tres: la relación tradición/modernidad, que se hizo presente con la nueva versión de la vieja querella de antiguos y modernos a propósito del surgimiento de las concepciones “postmodernas”; la poscolonialidad, heredera de las corrientes anglosajonas de los estudios culturales sobre la subalternidad; y la colonialidad, que afirma la persistencia de las tradiciones coloniales tanto en el poder político como en el poder simbólico. La exposición estará focalizada en la exploración de las posibilidades que abren estas perspectivas no solo para conocer mejor sino para pensar la independencia.

INDEPENDENCIA Y MEMORIA: LAS CELEBRACIONES DEL CINCUENTENARIO DE LA INDEPENDENCIA, 1871
Juan Luis Orrego Penagos (Pontificia Universidad Católica del Perú)

La idea es analizar cómo se conmemoraron estas efemérides a nivel político, académico y popular; y de qué manera esta coyuntura contribuyó a la consolidación de la idea de estado-nación en el Perú, a través de los usos de la memoria. Las efemérides vinculadas a la Independencia son hechos cruciales para todas las comunidades que han vivido una experiencia colonial, logrando desligarse de tal condición, y mantenerse independientes. Son ocasión de grandes celebraciones oficiales, académicas y populares para demostrar al mundo que no solo conservan su independencia sino que se han consolidado como “naciones”. También son momentos en los cuales se reflexiona sobre el tipo de “nación” que han logrado construir, y son ocasión para renovar los lazos entre sus habitantes y establecer compromisos de proyectos comunes. En estas fechas simbólicas, las comunidades analizan el pasado, celebran el presente y se proyectan al futuro.

LAS CONMEMORACIONES DE FIESTAS PATRIAS EN LIMA ENTRE FINALES DEL SIGLO XIX E INICIOS DEL XX
Iván Millones Maríñez (Pontificia Universidad Católica del Perú)

Esta ponencia explora el modo en que se conmemoraron las Fiestas Patrias en Lima desde la postguerra del Pacífico hasta los primeros años del siglo XX. Para ello, se estudia la forma en que los rituales públicos y discursos patrióticos recordaban la Independencia. De esa manera, se trata de analizar los proyectos políticos de la época y los modos en que se concibió la nación peruana en tiempos en que se buscaba reconstruir el país tras la derrota militar frente a Chile.

LA INDEPENDENCIA EN LA ESCUELA: LA PERCEPCIÓN DE MAESTROS Y ALUMNOS EN LIMA
Jesús Cosamalón Aguilar (Pontificia Universidad Católica del Perú)

Se estudian las características de la enseñanza y recepción del tema de la Independencia del Perú en las escuelas secundarias de Lima. Para tal efecto, se realizaron encuestas y entrevistas a maestros y alumnos en dos colegios estatales de la ciudad, las cuales nos permitieron acercarnos a la realidad educativa. Se mostrará cómo perviven, en la escuela, diversos discursos acerca del proceso, algunos de antigua data, articulados por el docente de acuerdo a su propia perspectiva y experiencia vital. El problema tiene que ver tanto con el acceso del maestro a nuevas fuentes de información que le sean útiles en el aula, como con la ausencia de mecanismos que permitan a los profesores vincularse al quehacer de los historiadores y a la producción académica universitaria. Por último, se mostrará la forma como los alumnos perciben el proceso y qué fuentes de información utilizan para el desarrollo de este tema.


Instituto Riva-Agüero
Pontificia Universidad Católica del Per
Jr. Camaná 459 - Lima 1
Teléfonos (5 11) 626-6600 / (5 11) 626-6602
Fax (5 11) 626-6618
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El famoso antropólogo Claude Lévi-Strauss falleció la madrugada del domingo en París cuando le faltaban unos pocos días para cumplir 101 años, según ha confirmado hoy la Escuela de Altos Estudios Sociales. Había nacido en Bruselas, en 1908, de padres judíos franceses y dedicó toda su vida a explicar y explicarse el mundo desde la antropología. No sólo fue la principal figura en el mundo de la etnología a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, sino también un extraordinario escritor y un filósofo de primera magnitud.

El profesor de antropología, Manuel Delgado, recordaba precisamente en un artículo publicado en EL PAÍS , los logros que había transmitido en este campo. "Lo que Lévi-Strauss nos ha transmitido es un conocimiento que no es sólo resultado de una honda reflexión sobre la convivencia humana, sino de los testimonios que una determinada ciencia social ha podido establecer acerca de hombres y mujeres concretas, cuya vida concreta -en tiempos y lugares no menos concretos- otros hombres y mujeres fueron a conocer de cerca".

Desde 1935 a 1939 pasó largas temporadas con los indios del Amazonas, en Brasil, en una zona remota de la selva. Esta experiencia le marcaría, vital y profesionalmente, durante toda su vida. Transformó la etnología contemporánea al elaborar un método original que aunaba el estructuralismo, el psicoanálisis a la hora de interpretar los mitos. Éste fue el método usado para estudiar la organización social de las tribus de Brasil y la de los indios del norte y sur de América. Sus primeras obras fueron La vida familiar y social de los indios Nambikwara y Las estructuras elementales de parentesco.

"El viaje del etnógrafo tiene muy poco que ver con la aventura romántica que pude imaginarme antes de marchar hacia Brasil", diría tiempos después en un libro de Catherine Clément sobre aquella experiencia . También recordaba como se había metido en el apasionante mundo de la antropología. "Nació de un telefonazo. Marcel Mauss y su equipo reclutaban entre los licenciados en filosofía gente que quisiera trabajar en el recién creado departamento de etnografía, una ciencia que acababa de adquirir rango universitario y que hasta entonces había dependido de misioneros y administradores coloniales. Yo hacía sólo dos años que ejercía como profesor de filosofía, en Mont-de-Marsan y en Laon, en 1932 y 1933. El primer año es apasionante, tienes que construirte todo un programa, pero los cursos siguientes te limitas a retocarlo. Estaba claro que no era eso lo que iba a dar sentido a mi vida. Tenía ganas de descubrir el mundo. Y de ahí que aceptase un puesto en la universidad de São Paulo y comenzase mis viajes de etnólogo".

Otras obras suyas determinantes fueron El pensamiento Salvaje o Lo crudo y lo cocido. En 1973 ingresó en la Academia Francesa. Fue el primer antropólogo que lo hizo. El año pasado, el mundo cultural francés le rindió un homenaje al cumplir 100 años: fueron múltiples los suplementos, los documentales y las exposiciones consagradas a su persona y a su obra.

El País (03/11/09)


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ENTREVISTA a Peter Longerich: "LOS NAZIS ERAN SERES HUMANOS, ÉSE ES EL PROBLEMA"
El País (31/11/09)
¿Cómo se gesta un genocida? ¿Influye el subdesarrollo sexual? Este historiador alemán ha escrito una apasionante biografía de Heinrich Himmler, uno de los peores criminales nazis.

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Peter Longerich


Himmler. No imagina uno persona peor. Jefe de la Gestapo y de las SS, ministro del Interior de la Alemania nazi, comisario étnico y organizador de la Solución Final, el exterminio de los judíos. A escribir su biografía, sumergiéndose en sus crímenes, sus extravagancias y su infecta alma, se ha entregado durante años el historiador alemán Peter Longerich (Krefeld, 1955). El resultado es un libro monumental (Heinrich Himmler, RBA) que radiografía como nunca la acción política, la carrera asesina y la compleja psicología del siniestro personaje, ofreciendo a un tiempo una de las más preclaras descripciones de cómo se desarrolló en el seno del gobierno hitleriano la cadena de decisiones y circunstancias que condujeron al Holocausto. No parece que a Longerich le haya afectado excesivamente la larga convivencia con Himmler: es una persona simpática y agradable (aunque se deja invitar a la comida) y, de hecho, al acabar de escribir sobre el Reichsführer-SS, en vez de salir corriendo en dirección contraria, se puso a hacerlo sobre Goebbels, que es como ir de un basilisco a otro.

Director del Centro de Investigación sobre el Holocausto e Historia del Siglo XX en Royal Holloway (Universidad de Londres), donde trabaja con otro de los grandes especialistas en el III Reich, el historiador británico David Cesarini (autor de la biografía de referencia sobre Eichmann: lo que han de disfrutar los dos estudiosos yendo de copas juntos), Longerich hace más que escribir y enseñar sobre el nazismo: tuvo un activo papel como testigo en el proceso que significó el descrédito de David Irving, documentando la responsabilidad absoluta de Hitler en las políticas de exterminio, y además ha colaborado en la lucha contra los neonazis y el negacionismo, una actividad sobre la que pide discreción. La cita con el profesor es en su despacho en Royal Holloway, Egham, un college de lo más británico cuyo edificio principal, de época victoriana e inspirado extravagantemente en el Château de Chambord, recuerda la Escuela Hogwarts de Harry Potter.

Cuando Longerich llega lo esperan en la puerta, además del periodista, dos jovencitas que le entregan entre tímidas risitas un trabajo sobre el Mein Kampf. Aunque quien firma estas líneas encuentra que el despacho es ideal para la entrevista -en las estanterías reposan The Waffen SS, de Geschichte, y la voluminosa Enzyklopadie des Holocaust, por no hablar de que por la ventana pueden verse entre los árboles dos altas chimeneas de ladrillo (resulta que son de las viejas cocinas del colegio, pero es imposible no pensar en referentes más siniestros)-, el historiador decide que vayamos a comer en su coche a un pequeño restaurante especializado en pescado en Egham. Longerich encarga para los dos sopa de marisco y lenguado al limón. Él come con gusto. Después de tanto tiempo, Himmler no le quita el apetito.

Mire, por buscarle un pero a su magnífico libro: no menciona la visita de Himmler al monasterio de Montserrat. No sé que opinarán los monjes...

Es cierto. Pero no es un libro pensado específicamente para el lector español.

Sí que habla de la posible mediación de Serrano Súñer para que Himmler hiciera llegar propuestas de paz a los británicos al final de la Guerra Mundial.
Sí, en la documentación alemana consta que ofreció sus servicios, pero no tengo idea de qué había detrás. No sé qué podrían encontrar ustedes sobre el particular en sus archivos. No hace mucho, aquí, en Gran Bretaña, apareció esa nota de Churchill: "Mensaje de Himmler destruido por mí". Quizá encaja con lo de Serrano Súñer.

Éste es su octavo libro.

Así es, y he terminado en agosto el siguiente, la biografía de Goebbels, que aparecerá en un mes.

¿Quién cree que es más interesante, Goebbels o Himmler?

Son tan diferentes... Los historiadores suelen buscar el nazi ideal, la personalidad que más se ajusta al arquetipo. Mi idea, que transmito en ambos libros, es que el secreto del éxito de los nazis fue su capacidad para poner en el lugar exacto a la persona adecuada, desde su punto de vista. Himmler, con su personalidad taimada y sigilosa, se convirtió en jefe de seguridad; el extrovertido y mundano Goebbels, en jefe de propaganda. Uno no tiene vida sexual casi, para el otro el sexo es muy placentero. En realidad no puedes decir que haya un nazi ideal, uno que los represente a todos. Creo que ahora, cuando se pueda leer la biografía de Goebbels, será interesante hacer comparaciones. La idea es usar estas figuras no sólo para explicar sus vidas, sino para introducirse en áreas oscuras de los nazis, de las políticas del Holocausto, por ejemplo. Las biografías abren un nuevo acceso a la historia del III Reich, porque es una época en la que el poder político estaba extremadamente personalizado. Himmler tenía tantas funciones diferentes, policía, asentamientos, política racial, Waffen SS... La clave de su éxito es que consiguió mantener todas esas cosas juntas en una organización bajo el paraguas de las SS. Lo mismo puede decirse de Goebbels, combinaba las competencias de propaganda, pero también de organización del partido en Berlín, tareas culturales, militares... Esta gente se construyó, despiadadamente, pequeños imperios, cuyo mejor acceso es a través de las biografías.

Eran gente bastante competente en lo suyo. En fin, no entienda esto como un elogio.

Competente... Bueno, eran las personas estupendas para esas tareas, dicho, claro, con ironía.

La verdad es que hay bastante ironía en su libro sobre Himmler. Y cierto sentido del humor, muy de agradecer visto lo siniestro de la materia. De hecho, si me permite, a veces parece usted más británico que alemán.

Me gusta la ironía británica.

¿No cree que hay algo, no sé, la palabra resulta tan inadecuada, pero sí, cómico, en Himmler? Quizá grotesco sea mejor.

Ajá.

Una extraña combinación de crueldad y estupidez.

No soy psicólogo, pero para entender a estos tipos necesitas cierto enfoque psicológico. Recabé consejo profesional y utilicé literatura estándar del tema. Los psicólogos me introdujeron en esa idea de que Himmler sufría trastorno de vinculación. Tenía una gran inmadurez emocional. Estaba emocionalmente subdesarrollado. No entendía las relaciones interpersonales. No sabía cómo canalizar su interés por la amistad o por las mujeres, buscaba algo que no sabía exactamente qué era. Eso puede explicar su atracción por la figura del militar y su idealización de ella. Es muy tentador en una biografía decir: ésta es la razón de que esta persona fuera como era. Era inseguro en sus relaciones personales y desarrolló estrategias para superar esas dificultades. Tenía dos caras diferentes y para la gente era difícil saber cuál era la real. Esa personalidad dual, frío y jovial, inseguro y duro...

Su reacción ante la realidad de los campos de exterminio, ante la visión de los asesinatos no era, dice usted, pusilánime. No parece que la confrontación con la muerte violenta le provocara ningún 'shock'. Tras ver funcionar las cámaras de gas de Auschwitz se tomó unos vinitos. Sí. Hay ese famoso caso en Minsk. Alguien me preguntó en una conferencia sobre él. Aquello de que no pudo aguantar ser testigo de la matanza y se puso enfermo. Es una historia inventada. Encontré otra, de un oficial, que explicaba que estuvo muy frío, e incluso dijo al ver que uno de los fusilados seguía vivo en la fosa...

"Teniente, dispárele a ése", sí, está en su libro. Es escalofriante.

Es mucho más creíble. Himmler visitó lugares de ejecución muchas veces -era un gran viajero-. Y estuvo comunicativo con sus hombres. Probablemente, pero esto, claro, es especulación, sentía curiosidad sobre el hecho de matar. Hay otras historias acerca de que estaba interesado en los experimentos médicos, en el imaginario de los cuerpos mortificados. Algunas cosas hacen pensar que era un sádico. No estoy seguro. Siempre insistió mucho ante sus hombres en el concepto de decencia. En que se podía matar decentemente. Es increíble cuántas veces -lo he calculado con el ordenador- Himmler usaba en sus textos y discursos la palabra decencia. Escribió a su novia que tenía problemas de estómago precisamente, recalcó, porque era tan valiente y decente. Creo que le atraía la crueldad, pero lo importante en su personalidad, lo definitorio, era la obsesión por controlar sus emociones. Los sentimientos fuertes, el amor, el odio, el sadismo.

Es impresionante en el caso de Himmler la estrecha relación entre psicología y política.

La historia del III Reich es tan peculiar porque, aunque duró relativamente poco, estuvo llena de cambios. Y esta gente, los líderes nazis, tuvieron una gran capacidad de maniobra, mucha libertad de acción. No se puede comparar a Himmler o a Goebbels con un primer ministro de Alemania de después de la guerra, o con un secretario de Estado de EE UU, porque el papel de éstos está fijado por normas. Los nazis crearon sus propias posiciones. Es importante entender su psicología.

No eran monstruos.

No, ése es el asunto. Eran seres humanos. Ése es el problema. La vida de Himmler, al principio, su juventud, su época de estudiante en Múnich, es de lejos la de una persona normal, inofensiva.

Y un peculiar agitador y revolucionario que vivía en casa de sus padres.

Sí. Era de una familia de clase media católica y estaba sobreprotegido. Tenía buenas relaciones con su padre, hablaba de sus dudas de fe con él. Era una familia, en buena medida, intacta. Por eso no estoy de acuerdo con cierta idea general de que la personalidad de Himmler se debe al conflicto con su padre. He tenido que luchar con esa concepción errónea. Ese conflicto no existió.

¿Qué percepción hay en Alemania en general de Himmler? Debe de ser difícil asumir que un tipo así fuera un compatriota.

En general, en Alemania la gente encuentra difícil entender al personaje. Es un terrible asesino de masas y resulta complicado acercársele. Es una figura tabú. Otros nazis, Goebbels o Goering... la gente los encuentra más accesibles. Algunos han querido verlo como un excéntrico. Mi intención ha sido presentarlo como normal. Tenía problemas psicológicos, pero no era un lunático.

Bueno, hay algunos componentes de su personalidad que son extraños, por decirlo suave. Sus obsesiones con minucias y ocultismos.

Tenía muchos intereses diferentes al mismo tiempo. Para nosotros es el organizador del Holocausto y el arquitecto del genocidio, pero, psicológicamente, para él, todas sus tareas tenían importancia y las hacía una detrás de la otra. Y una de ellas era eliminar a los enemigos del Reich. En su rutina diaria no significaba algo muy especial. Y, de hecho, en un momento anotó: "Ya está, acabado", con respecto a la cuestión judía.

Bueno, ¿y no es eso una marca de locura, pensar que era tan importante matar a los judíos como determinar los mejores cultivos para Ucrania, imponer los límites de velocidad o decidir las insignias de los musulmanes de las Waffen SS?

Podemos ver esa locura, quizá, pero para él era perfectamente normal hacer lo que hacía.

Himmler tenía esa misma sensación de abrumadora responsabilidad, de exceso de tarea ingrata no reconocida, que expresan el comandante de Auschwitz Rudolf Höss o el de Treblinka Franz Stangl. Demasiado trabajo. También lo deploran los jefes de Einsatzgruppen.

Sí, matar como trabajo.

Himmler trató de involucrar a otros miembros del partido y a las Fuerzas Armadas en el Holocausto.

Cierto, por un lado, dio pasos para convertirlos en cómplices. Pero, por otro, consideraba que el genocidio formaba parte de la historia que no debía ser escrita. Era un secreto abierto. Había una doble medida. Todo el asunto, si es lícito matar gente, si debes ser fiel a tu mujer... la moralidad de ese individuo, Himmler, es típica de la doble moral del pequeño burgués.

¿Hay una lección moral en todo eso que podamos extraer?

Si estudias la historia de los perpetradores descubres que procedían de muy diferentes pasados. No hay una manera típica, un camino único de convertirse en genocida. Todos tenemos la capacidad y el peligro de serlo. Observando a los nazis no puedes identificar un sector de la sociedad del que provengan los asesinos.

En el libro sólo menciona usted un caso en el que Himmler maltratara a alguien con sus propias manos, un solo caso de crueldad directa, personal.

Sí, con el autor del intento de asesinato de Hitler en la cervecería Burgerbrau de Múnich, Georg Elser, le interrogó y le pegó.

¿Hay otros casos?

No. Es extraño que no tratara de ver qué se sentía matando, visto su temperamento. Era muy fácil cargarse a un preso en un campo o a un judío durante una matanza colectiva. Se lo impedía probablemente esa idea recurrente suya de matar ordenadamente, decentemente. Él estaba en un nivel de mando, era una labor profesional. Como jefe no debía intervenir. El mando no actuaba personalmente en las ejecuciones.

¿Cree que tenía una curiosidad personal en la experiencia de matar?

Quería mirar. Igual que quiso ver experimentos médicos con humanos.

No hemos hablado de la contradicción entre su apariencia física y el ideal ario que defendía.

Su educación se centraba en la idea de autocontrol. Controlar las emociones te hace fuerte y te permite ganar poder. Himmler bailaba, tomó lecciones de baile, no fue muy bueno en deportes, pero los practicaba, jujutso, pesas, esgrima.

Con sus rasgos no ofrecía exactamente el gran ejemplo de pureza racial.

No, y se hacían bromas sobre ello en las SS. Algo que he querido dejar bien claro en el libro es el sinsentido y el caos de toda la política de la raza en el III Reich.

¿Hasta qué punto el éxito de Himmler fue producto de la suerte o de sus... vamos a llamarles virtudes? Al final reunió tanto poder...

Ejerció diferentes papeles en distintas áreas. Tenía una extraordinaria capacidad de adaptación. Al final de la guerra se veía en la posición de negociador con sus grandes redes de información, seguridad y espionaje en toda Europa. Tenía también a los prisioneros de los campos para negociar.

En varios asuntos fracasó.

Cierto, como comandante militar, en la creación de empresas de armamento, en su lucha contra los movimientos de resistencia europeos... Y las divisiones SS de extranjeros tampoco dieron un gran resultado.

En la cuestión judía, en cambio, fue un hacha, si me permite la expresión.

Era más fácil para él destruir que crear.

Tenía buen olfato para escoger colaboradores. Gente tan mala como él: Dirlewanger o Globocnik. Olfateaba sus debilidades y los utilizaba.

Se equivocó con algunas personas dándoles según qué tareas. Pero les manipulaba muy bien y le eran muy leales.

Hay una especie de gran agujero negro en el libro que es Hitler. No se habla apenas de la relación personal de Himmler con él.

Su relación con Hitler es fría y calculada. Himmler entra en el movimiento nazi por Röhm.

Que es como decir que apuesta por el caballo perdedor.

Exacto. Inicialmente, no le convenció nada la lectura del Mein Kampf. Pero percibió que Hitler era la autoridad absoluta en el partido. De todas formas, nunca llegó a tener una relación tan colorista y cálida como Goebbels. No percibía el carisma de Hitler. Pero como político no era capaz de imaginar su papel sin Hitler. Su posición era dependiente de él.

Pero no había seducción, como en Speer. Ni amistad.

No. Himmler no podía establecer amistad en los términos en los que lo hacía Hitler. Para Himmler, o dominabas o te dominaban. Sus, digamos, amigos personales eran siempre diez años mayores que él. Eran figuras paternales.

No hay en el libro momentos de intimidad con Hitler.

No existieron. Contactos, sí, cantidad. Recibía órdenes. Goebbels, en cambio, conversaba mucho. Pero piénselo: ¿usted, de ser Hitler, habría querido pasar las veladas con Himmler?

Me parece que no. ¿Qué opina del final, de la traición del fiel Heinrich?

No creo que pueda hablarse de traición. Himmler simplemente pensaba que Hitler era incapaz de actuar y que él era el adecuado para negociar con los Aliados.

¿No cree que en algún momento su biografía pueda inducir a pensar que Himmler actuó muy independientemente en el Holocausto? Sé que, desde luego, ésa no es su opinión.

He escrito otro libro, La orden no escrita, sobre la responsabilidad de Hitler. Puede parecer que cuando Himmler toma iniciativas hace cosas que van más allá de las órdenes. Pero cualquier actuación sigue a un estímulo emanado desde Hitler.

¿Qué hay del aspecto sexual de Himmler? Fue virgen hasta los 27 años, eso ha de marcar.

Sí. Su voyeurismo y su miedo a la homosexualidad -le preocupaba un exceso de virilidad en las SS- hacen pensar en un subdesarrollo sexual.

No hemos hablado del ocultismo, Hörbiger, la Ahnenerbe...

No creo que sea clave para entender a Himmler. Se puede considerar una parte privada que, además, no le gustaba a Hitler, así que él tendía a no airearlo mucho. Trabajó en el desarrollo de esa religión alternativa, pero no llegó a una conclusión definitiva. Pensó que hay cosas que no se pueden explicar racionalmente. Aunque había una parte práctica, como lo de encontrar o recuperar la supuesta arma misteriosa de los germanos, "eléctrica".

El martillo de Thor.

Eso.

Hay un aspecto curioso de Himmler que es su capacidad como diseñador. Es el responsable de parte de la iconografía de las SS, a la que no puede negársele éxito.

Sí, pero en relación con lo otro coincidirá en que es un aspecto menor.

Su libro aporta una visión muy clara sobre el proceso de decisión del Holocausto.

Fue un largo proceso. La última decisión es en la primavera del 42. Si miras lo que Himmler hizo en los siguientes seis meses, puedes ver que el inicio del Holocausto es parte de un concepto más amplio y que las decisiones clave se toman escalonadamente.

¿Hay algo irreductible en Himmler, algún misterio aún para usted?

Esa obsesión por controlar sus sentimientos. Al principio, el Himmler personal aparece en sus cartas y diarios, pero luego se esconde en su vida oficial.

No hay un mito Himmler.

Por su final. Cabía esperar que muriera en combate o que afrontara su responsabilidad en los tribunales. Pero trató de desaparecer disfrazándose de sargento. Ésa es la razón, probablemente. Tampoco hay un mito Goering, ni Goebbels, al único que han mitificado los neonazis es a Rudolf Hess, porque pueden imaginarlo como víctima. Y a Hitler, claro.


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PROGRAMA
LUGAR: CAMPUS DE LA PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATÓLICA DEL PERÚ


MIÉRCOLES 11

9:30
Auditorio de Derecho Registro de participantes
10:00 Inauguración
Dr. Miguel Giusti, Jefe del Departamento de Humanidades

10:30-12:00 LAS CRÓNICAS Y LOS ANDES
Sandro Patrucco (Pontificia Universidad Católica del Perú), Infancia y juventud en los recuerdos del Inca Garcilaso
Rodolfo Cerrón Palomino (Pontificia Universidad Católica del Perú), Sobre el carácter espurio de la trilogía moral inca
Hidefuji Someda (Escuela de Posgrado Universidad de Osaka), ¿Ignorancia invisible o indeferencia intencionada? Guamán Poma ante la rebelión de los incas
Verónica Salles-Reese (Georgetown University), El cosmopolitanismo intelectual de los jesuitas
12:15 -13:15
Estela Mercado (Universidad Nacional de San Juan, Argentina), Onomásticos huarpes en un padrón indígena de 1695
Hélène Roy (Centre de Recherches Latino-Américaines, Poitiers, Francia), Texto y contexto en torno al Taki Onkoy : las trampas del hipercriticismo

Pabellón H Aula 205
11:00-13:00
Mauricio Véliz (Pontificia Universidad Católica del Perú), Los fragores de la pluma: voces, ruidos y sonidos en las crónicas del Ande
David E. Franco (Universidad Nacional Mayor de San Marcos), La memoria del triunfo: los milagros en el sitio del Cuzco y la construcción del discurso religioso de la conquista de los incas (1536-1664)
Cristina Flórez (Universidad Nacional Mayor de San Marcos), Memorias, identidades e ilusiones en las crónicas: del Medioevo a la conquista de América
Jean–Jacques Decoster (Centro Tinku Cuzco), El Príncipe en los Comentarios: renacimiento del poder soberano en lña obra de Garcilaso

Auditorio de Derecho
3:00-5:00 p.m FRANKLIN PEASE: VIDA Y OBRA

José A. de Benito (Universidad Católica Sedes Sapientae), Franklin Pease, intelectual católico
Yuri Alejandra Cárdenas (Universidad Veracruzana, México), Las reflexiones de Franklin Pease en torno a la crónica de Gregorio García “Origen de los Indios del Nuevo Mundo”
Jorge Ccahuana y Miguel Ramírez (Pontificia Universidad Católica del Perú), La consolidación de la etnohistoria a través de las revistas académicas limeñas

JUEVES 12
9:00-11:00 LOS INCAS
Auditorio de Derecho
Rosabella Álvarez-Calderón (Pontificia Universidad Católica del Perú), Espacios de muchos, espacios de pocos: la privacidad y sus usos en un asentamiento inca en el valle de Lurín
Jahl Dulanto (Pontificia Universidad Católica del Perú), Ancestralidad y territorialidad:algunas reflexiones sobre los orígenes del ayllu en los Andes Centrales
Krzsysztof Makowski (Pontificia Universidad Católica del Perú), Pachacámac y la política inca: una mirada desde la arqueología
Peter Kaulicke (Pontificia Universidad Católica del Perú), El poder de la muerte de los incas

11:15- 12:30
Liliana Regalado (Pontificia Universidad Católica del Perú), En torno a las “confesiones prehispánicas” a partir de un memorial del siglo XVI
Francisco Hernández (Pontificia Universidad Católica del Perú), La composición de la élite incaica

12:30 Entrega del Premio Franklin Pease

Pabellón H
Aula 203
10:00-12.00 Panel: SISTEMAS DE INFORMACIÓN INCA: PROYECTOS EN MARCHA
Carmen Arellano (Grupo de Estudios del Khipu del MINAAHP), ¿Sistema mnemotécnico o sistema de codificación? Percepciones sobre el quipu en la colonia y en la república
Sergio Barraza (Grupo de Estudios del Khipu del MINAAHP), Desanudando un enredo histórico: reevaluación de los denominados “quipus funerarios” etnográficos
Lydia Fossa (Grupo de Estudios del Khipu del MINAAHP), Khipu y discurso: paralelismo en el mundo andino
Alejo Rojas (Grupo de Estudios del Khipu del MINAAHP), Un quipucamayo en Lima a fines del siglo XVIII

15:00-17:30 CURACAS, RECIPROCIDAD Y RIQUEZA
Auditorio de Derecho

José de la Puente Brunke (Pontificia Universidad Católica del Perú), La cultura jurídica en la Lima barroca
Jorge Pável Elías (Universidad de Piura), Pugnas por el poder político, económico y social en el pueblo de Ayabaca durante el siglo XVII
Ana Cecilia Carrillo (Instituto Riva Agüero), Dos camachicos y un gobernador de indios :tres casos de autoridades indígenas disidentes (Cajatambo y Chancay siglo XVII)
Margarita Gentile (Museo de la Plata, Argentina), Formas de la restitución a los indios de la gobernación de Tucumán (siglo XVII)
Teresa Cañedo-Argüelles (Universidad Alcalá de Henares), Instituciones andinas del pasado ¿qué hay de ellas?
Paula Hurtado (Pontificia Universidad Católica de Chile), El claroscuro de un proceso. Judaizantes e Inquisición en Lima 1570-1700: el caso del bachiller Francisco Maldonado da Silva
Carlos Hurtado Ames (El Colegio de México), Don Blas Astocuri Apoalaya y los cacicazgos de Jauja (primera mitad del siglo XVIII)
José Luis Rojas Runciman (Universidad Nacional Federico Villarreal), Los bailes de Callam Poma. El uso político de una ceremonia religiosa andina (Mangas 1662)
Ana Raquel Portugal (UNESP-Franca, Brasil), A Inquisição cruza o Oceano
Mercedes de las Casas (Pontificia Universidad Católica del Perú), Insurgencia y negociación:los encomenderos de Perú y de México frente a las Leyes Nuevas


VIERNES 13 PERÚ, HOMBRE E HISTORIA
Auditorio de Derecho
9:00-11:00
Francisco Quiroz Chueca (Universidad Nacional Mayor de San Marcos/Instituto Riva Agüero), Los Amantes del País y la historia peruana
Deynes Dámaso Salinas Pérez (Pontificia Universidad Católica del Perú), El sur andino peruano y la Junta de Gobierno de La Paz 1809-1811
Núria Sala i Vila (Universidad de Girona), Los curacas en la Independencia del Perú: un estudio de caso en torno a los choquehuancas de Azángaro

11:30-13:00
Daniel Morán y María Isabel Aguirre (Universidad Nacional de San Martín /Universidad Nacional Mayor de San Marcos), Educando al pueblo: clases populares, cultura política y control social durante la independencia en el Perú
Emilio Rosario (Universidad Nacional Mayor de San Marcos), Prensa política "El Germinal" y su papel en la sociedad peruana (1899-1902)
Ascensión Martínez Riaza (Universidad Complutense de Madrid), "De otra manera" Antonio Jaén Morente, un americanista republicano en la representación de España en el Perú

Pabellón H LOS INCAS (continuación)
Aula 101

Aída González (Universidad Nacional de San Juan, Argentina), La antroponimia aborigen cuyana, Argentina. Tratamiento de los formantes sufijales: a
Graciela García (Universidad Nacional de San Juan, Argentina), Voces de origen prehispánico en la fraseología de Cuyo, Argentina

Auditorio de Derecho PERÚ, HOMBRE E HISTORIA (continuación)
15:00-17:00
Jesús Cosamalón (Pontificia Universidad Católica del Perú), Los últimos esclavos africanos en Lima según el censo de 1860

Christian Michel Carrasco/Irene Arce Claux (Universidad Nacional Mayor de San Marcos/Universidad de Bolonia),
18/5/1989 Elecciones nacionales ¿cambio democrático?
Juan Luis Orrego (Pontificia Universidad Católica del Perú), Hacia el bicentenario: ¿cómo conmemorar la independencia?
Germán Carrera Damas (Venezuela), Sobre el significado de la Batalla de Ayacucho para la Repüblica de Colombia, y por consiguiente para la consolidación de la Independencia del “mediodia de America"

17:00 Panel FRANKLIN PEASE, MAESTRO, COLEGA Y AMIGO

Ascensión Martínez Riaza
Teresa Cañedo
Liliana Regalado

18:00 Clausura


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CONTENIDO


CONTEXTO HISTÓRICO
Juan Luis Orrego, La independencia en el Perú y otros países

DE LAS JUNTAS A LA INDEPENDENCIA
Manuel Chust, La ecolosión juntera en el mundo hispano en 1808
Guillermo Bustos, La participación de los letrados en la primera junta quiteña
Carlos Espinoza Fernández de Córdova, Carlos Montúfar y el paso de las juntas tradicionalistas al republicanismo y el arraigamiento de la nobleza transnacional borbónica
Scarlett O´Phelan, Indios nobles frente a las Cortes de Cádiz y la constitución de 1812
Ivana Frasquett, Los diputados novohispanos en Madrid: entre el autonomismo y la independencia
Gustavo A. Montoya, Biografía política del Ejército Unido de los Andes

LA PARTICIPACIÓN INDÍGENA
Maria Luisa Soux, Participación indígena en el proceso de la independencia: la sublevación indígena de 1811
Magdalena Cajías, Mujeres indígenas en las sublevaciones de fines del siglo XVIII
Jairo Gutiérrez, Actores subalternos: grupos étnicos y populares en la Independencia de Nueva Granada
Waldemar Espinoza, Reacción de los indígenas de Cajamarca frente a la independencia de Trujillo y Lima (1821)

NOBLES Y CRIOLLOS: ¿FIDELISMO O SEPARACIÓN?
Inés Quinero, Los nobles de Caracas y la Independencia de Venezuela
Paul Rizo-Patrón, La nobleza del Peú frente a la Independencia
Fracisco Quiroz, Criollos limeños: entre el fidelismo y la separación

IDEÓLOGOS Y CIENTÍFICOS
Cristóbal Aljovín, América-americanos (Perú, 1750-1850)
Germán Carrera Damas, Sobre la visión de la repúblicade Colombia por observadores y pensadores no hispanoamericanos, y el conflicto ideológico entre Bolívar y Bentham
Margarita Guerra, La independencia percibida por el ideólogo J. P. Viscardo y Guzmán
Josè Ignacio López Soria, Modernidad y tradición: el informe de Nordenflicht
Armando Martínez, Francisco José de Caldas y la transición de los científicos neogranadinos a la política por la crisis de la independencia
Rolando Rojas, Lima sensualizada: disputas entre patriotas "extranjeros" y peruanos durante la independencia

ENSEÑANZA Y TEORÍA DE LA HISTORIA
Cristina del Moral, Presentación de las publicaciones de la Cátedra de Historia de Iberoamérica
Juan Fonseca, Recomendaciones para la elaboración de textos escolares con enfoque en la historia latinoamericana
Carlos Aburto, Conocimiento histórico y divulgación del conocimiento histórico: a propósito de la elaboración de textos escolares
Margarita Vannini, El tren natural: una propuesta innovadora en la enseñanza de la historia
Liliana Regalado, ¿La verdad de los otros es la verdad histórica? Un asunto de perspectivas