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Archivo de octubre 2009
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Fue Carlos Capodónico, segundo alcalde de Lince y de ascendencia italiana, quien fundó este parque en 1953. Su empeño lo llevó a sembrar los huarangos y eucaliptos que vemos hoy para dejar atrás los matorrales y tierras de cultivo que fueron parte del Fundo Lince, primero, y luego de la hacienda Risso-Lobatón. Gracias a una cesión de 11 hectáreas de los hermanos Roberto y Manuel Risso Capurro al Estado Peruano, explícitamente para un parque, el alcalde Campodónico creó este “bosque” limeño para que sea fácil de cuidar, sin refinamientos y acorde al aspecto rústico de la hacienda y el habitat natural de la zona. Consiguió una variedad de árboles nacidos en los viveros de la Universidad Agraria. Mandó hacer trochas de tierra afirmada y plantar pasto, no ese de cancha, sino el de hebra fina y larga. Antes, sobre el borde húmedo de la acequia regada por aguas del Huatica, crecían fresas.

Con el tiempo, el “bosque de Lince” fructificó y se mantiene casi intacto en su extensión hasta ahora. Son 903 los árboles que conforman el bosque, una cuota generosa de verde en nuestra ciudad gris. Aparte de los archiconocidos eucaliptos y los grandes huarangos, también hay una rica fauna de aves como cuculíes, pihuichos, mieleros, rabiblancas y tortolas, lo mismo que picaflores y otras especies. En total serían unas 20 especies de aves que anidan en las copas de los árboles o usan estacionariamente el parque para cumplir su ciclo vital.

Un dato anecdótico es que, en 1967, el cineasta Armando Robles Godoy filmó una de las escenas de su película “En el cielo no hay estrellas” en este parque, junto al monumento a Vallejo.

Recientemente, a sus 53 años, el parque fue sometido una cirugía estética, que indignó a un sector de vecinos del distrito, quienes sintieron haber perdido un pedazo de sus vidas. Los cambios se aprecian en su lado norte, donde se han utilizado 4,6 hectáreas para nuevas construcciones: un módulo de seguridad, una laguna artificial de 2 mil metros cuadrados, un restaurante de 350 metros cuadrados, una Oficina del Registro Civil, 2 anfiteatros y 2 módulos para servicios higiénicos. Asimismo, el jardín, monumento y pileta en honor de los novios fueron renovados, así como el campo de vóley y el enrejado del vivero. Un total de 2 millones 200 mil soles invirtió la Municipalidad en las obras (incluida la construcción de senderos y 140 postes) para “modernizar” el parque Ramón Castilla.

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Este parque, con más de 120 mil metros cuadrados de extensión, es una de las áreas verdes más importantes de Lima. Como sabemos, fue construido dentro de lo que había sido el Hipódromo de Santa Beatriz, donde también funcionó la primera pista de aterrizaje de la ciudad (los vuelos de Juan Bielovucic y los primeros vuelos de la Panamerican). En 1933, fue asesinado aquí el entonces presidente Luis M. Sánchez Cerro.

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Antiguo hipódromo de Santa Beatriz


En él se encuentra el Monumento A Los Caídos del 41, construido en homenaje a los héroes de la Campaña de 1941, en el conflicto bélico con Ecuador. Está compuesto por tres figuras de mujeres que simbolizan las provincias de Tumbes, Jaén y Maynas, provincias que habían sido pretendidas por Ecuador. En la parte alta hay dos estatuas de bronce: la de la derecha representa "El Derecho" y la de la izquierda "La Justicia". Al frente, delante del arco, hay otra estatua colocada en un pedestal.

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Monumento a los caídos de 1941


A lo largo de los años, el Campo de Marte se fue convirtiendo también en un complejo deportivo. Ya desde los años 50, se recuerda que los migrantes provincianos jugaban campeonatos deportivos; incluso algunos centros o clubes provincianos se fundaron aquí. Asimismo, se recuerda que en sus alrededores se disputaban carreras automovilísticas como “Las 6 horas peruanas” o el premio “Presidente de la República”. Hoy se ubican el Estadio Municipal, la emblemática piscina olímpica, canchas de tenis, 6 losas deportivas multiusos, un skate park y cinco minigimnasios; además de un parque de mascotas y diversos juegos infantiles.

De otro lado, el Campo de Marte también ha sido escenario de ceremonias cívicas, como el desfile militar del 29 de julio (en la avenida de la Peruanidad) y, por muchos años, de los recordados desfiles escolares por Fiestas patrias. Fue aquí también donde el presidente Prado le otorgó el bastón de Mariscal al general Óscar R. Benavides.

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En un inicio, el lugar donde se extiende actualmente este parque perteneció al Parque de la Exposición. Fue a fines de 1926 que se inició su construcción, ordenada por el presidente Leguía. Lo bautizaron como de la Reserva en honor de las tropas reservistas que participaron durante la Guerra con Chile en la defensa de nuestra ciudad en las batallas de San Juan y Miraflores. Hubo de esperarse a que la Escuela de Agricultura se terminara de mudar al valle de Ate para ejecutar la obra. El parque fue inaugurado el 19 de febrero 1929, día del cumpleaños de Leguía.

En 1926, el gobierno de Leguía formó la comisión Ejecutiva del Parque de la Reserva, cuyo presidente fue el ingeniero Alberto de Jaxas Jochamowitz. Al año siguiente, Leguía creó un impuesto sobre las concesiones petroleras para financiar los trabajos de construcción; se gastaron 400 mil soles en la obra. Jochamowitz formó un gran equipo de profesionales:

a. El arquitecto Claudio Sahut (para los diseños arquitectónicos)
b. El ingeniero Ricardo Valencia (responsable de la construcción estructural en concreto armado)
c. El escultor Daniel Casafranca (autor del grupo escultórico que adornaba la fuente central)
d. El escultor Daniel Vásquez Paz (autor de las figuras de la fuente incaica que le dieron el toque indigenista a la obra)
e. El pintor José Sabogal (creador de la Huaca ornamental)

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Está construido en un área total de 8 hectáreas y fue el primer intento conceptual de conjugar las corrientes artísticas neo clásica y neo peruana. Fue diseñado por el arquitecto Claude Sahut, con referencias directas a sus equivalentes europeos y fue enriquecido con valiosas obras de arte indigenistas, básicamente esculturas de Daniel Vásquez Paz, Cristina Gálvez y José Sabogal, entre otros.

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Al norte del parque estaba el Antiguo Estadio Nacional (de madera, también llamado el “estadio de los ingleses”), reemplazado en 1952 por el actual Estadio Nacional. En el lado sur se encuentra la residencia del embajador de los Estados Unidos. En 1980 el parque fue declarado Ambiente Urbano Monumental, calidad que le fue ratificada en 1986. Por esos años se enrejó todo su perímetro. Luego de varios años de deterioro, fue refaccionado y reabierto en octubre de 2000. En el 2006, se construyó en el parque un complejo de trece fuentes de agua conocido como Circuito Mágico del Agua. Su costo y diseño despertaron varias y opiniones. El circuito se inauguró el 26 de julio de 2007, cuenta con 13 fuentes controladas por computadora (una de las cuales tiene un chorro que alcanza los 80 metros de altura) y ostenta el Récord Guinness por ser el complejo de fuentes más grande del mundo en un parque público.

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Circuito Mágico del Agua

En las esculturas del Parque de la Reserva se aprecia la corriente peruanista en la Fuente Incaica (M. Vásquez Paz) y la Huaca (José Sabogal). La fuente es de tema arqueológico (ceramios) pero de estilo modernista, ya que denota influencia del Art Déco. La Huaca, por su lado, es equiparable a los pabellones evocadores del pasado en los jardines románticos (templos clàsicos, castillos, medievales) y posee carácter arqueológico. Desde el punto de vista histórico, pude interpretarse como un nexo entre la arquitectura y el indigenismo pictórico simbolizado por la persona de Sabogal. También, en el Parque de la Reserva, hay una estatua del mariscal Sucre, regalo de la República del Ecuador y obra del escultor David Lozano. Se levantó en bronce y sillar arequipeño y fue inaugurado por el presidente Leguía el 9 de diciembre de 1924 para recordar la batalla de Ayacucho.

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Inauguración del monumento a Sucre por el presidente Leguía

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El lugar donde se construyó este parque estuvo ocupado por la puerta sur de las murallas de Lima, la Puerta de Guadalupe. Cuando en la década de 1870, el presidente José Balta dispuso la demolición de estas murallas dentro de su plan de modernización de la ciudad se planeó que este lugar sería destinado a la construcción de un parque que albergaría la Exposición Internacional de Lima de 1872. Así, junto con el parque, se edificó el Palacio de la Exposición (hoy Museo de Arte de Lima).

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Antiguo ingreso al la Exposición, hoy desaparecido

La planificación del nuevo parque estuvo a cargo del Manuel Atanasio Fuentes y del arquitecto italiano Antonio Leonardi. Su diseño fue de corte europeo neorrenacentista y contemplaba la construcción de varios otros pabellones, incluyendo un zoológico y varias otras construcciones menores; Leonardi fue también quien diseño el Palacio de la Exposición. En sus inicios abarcaba mayor extensión que la actual, pues llegaba hasta el lugar donde hoy se levanta el Estadio Nacional.

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Laguna en el Parque de la Exposición

Durante la Guerra del Pacífico, el parque tuvo un uso militar, primero como guarnición y hospital y, luego de la invasión chilena, sirvió como cuartel a las tropas invasoras. Posteriormente funcionaron allí el Museo Nacional de Historia, la Cámara de Diputados, la Dirección de Tráfico y Rodaje, el Ministerio de Agricultura y la Municipalidad de Lima. Durante el Oncenio de Leguía, debido a las celebraciones por el Centenario de la Independencia, se mandaron construir varios edificios adicionales como el pabellón bizantino, la Fuente China, el sismógrafo, el Jardín Botánico, el Jardín Japonés y el local que fue sede del Ministerio de Transportes y Comunicaciones y que actualmente está destinado a ser el Museo Metropolitano de Lima. Más adelante, cuando en 1961 se dispuso la demolición del Panóptico de Lima y la construcción del Centro Cívico de Lima, los terrenos al norte del Parque de la Exposición y que actualmente albergan al Centro de estudios histórico-militares y el Museo de Arte Italiano, que no pertenecían originalmente al Parque, se consideraron como parte del mismo.

Según el arquitecto José García Bryce, es muy clara la influencia europea en el Parque de la Exposición. El conjunto puede considerarse que se derivó de los jardines palaciegos o cortesanos del siglo XVIII con sus lagos, fuentes, rincones pintorescos y pequeños edificios alusivos a la antigüedad clásica, el Oriente y la vida pastoril. Asimismo, tuvo pintoresca jardinería, un lago con una isla a la que se llegaba por un puente de estilo japonés, pabellones “venecianos”, “bizantinos” o “moriscos” (evocadores del Oriente) y arcos de triunfo romanos.

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Antiguo zoológico de la Exposición
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Famoso reloj de Pedro Ruiz Gallo, ubicado en la Exposició, robado por las tropas chilenas
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Introducción.- Los parques, tal como los entendemos hoy, forman parte de un nuevo modelo de urbanización nacido en el siglo XIX, en el que se insistió en el componente natural como una de las soluciones para mejorar las ciudades frente a a los efectos de la Revolución Industrial. Así, la creación de paseos arbolados, jardines públicos, jardines privados y parques urbanos muestran la necesidad de que los nuevos espacios públicos deben tener un entorno natural.

Así, esta concepción de la naturaleza urbanizada o de ciudad naturalizada fue adquiriendo una gran fuerza con la introducción, casi al mismo tiempo, de parques urbanos en la mayor parte de las grandes ciudades de Europa y América del Norte. Todas las ciudades que se preciaban de tales desarrollaron algún proyecto público o privado en el que la naturaleza urbana apareció como parte integrante del nuevo espacio urbano. Además, hubo todo un discurso que insistió en el prestigio de la naturaleza, a la que se le atribuyeron valores pedagógicos, terapéuticos y estéticos, entre otros.

Como sabemos, durante el siglo XIX, las grandes urbes superaron sus límites físicos tradicionales ("históricos"), y sus clases altas (burguesías) se identificaron totalmente con su ciudad y se preocuparon de su aspecto (embellecimiento); en este caso, por la presencia de naturaleza en el entorno urbano. Las burguesías promovieron la creación de grandes parques urbanos diseñados en estilo naturalista, es decir, imitando al máximo las formas de la naturaleza tal como lo venían haciendo los jardineros ingleses del siglo XVIII.

El discurso del "parque urbano" insistía en la higiene pública y a la difusión de la cultura positiva. El parque debía proporcionar un ocio moralmente aceptable que impulsara la higiene física y moral del ciudadano. En otras palabras, el parque debía servir para restaurar la salud del obrero minada por el trabajo industrial y por las deficiencias de la vivienda. Asimismo, el argumento higienista era utilizado ampliamente por los defensores del parque como solución a problemas sociales como la delincuencia, el alcoholismo y la insalubridad del entorno urbano.

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Hyde Park de Londres en 1894

Una "gran ciudad" tenía que contar -para considerarse como tal- con un gran parque urbano (abierto, no enrrejado). El parque fue uno de los puntos de partida del urbanismo moderno, una nueva forma de vivir la ciudad. En ellos se encuentra la naturaleza, a la que se le otorgó una capacidad redentora y embellecedora de la ciudad, y también en ellos se encuentran espacios dedicados a actividades de ocio como el deporte, la música, etc. Los parques debían convertirse en centros de relación social donde los ciudadanos van a observar, a hablar, a encontrarse. Son espacios que entretejen la vida urbana. La construcción, ampliación o remodelación de parques tan emblemáticos como el Saint James Park y Hyde Park (Londres), Jardín de Luxemburgo (París) o el Central Park (Nueva York) responden a este modelo; de la misma forma como el Parque de Chapultepec (Ciudad de México), el Parque O’Higgins (Santiago de Chile) y los Bosques de Palermo (Buenos Aires).

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Bosques de Palermo (Buenos Aires, 1900)

Los parques en Lima.- Las primeras corrientes higienistas datan de la época de la Ilustración. Por ello, en Lima ya encontramos “paseos arbolados” desde el siglo XVIII. El Paseo de Aguas y la Alameda de los Descalzos, construidos por el virrey Amat, fueron un claro ejemplo; asimismo, la Alameda de Acho, en el barrio de San Lázaro, que servía de acceso a la plaza de toros. Otro antecedente lo tenemos a principios del siglo XIX cuando el virrey Abascal mandó construir el Jardín Botánico, ubicado a la altura de la cuadra 7 de la actual avenida Grau. Pero no sería sino hasta la segunda mitad del siglo XIX que surgirían los grandes parques públicos que respondieron a la nueva concepción de ciudad industrial, tal como lo explicamos en la introducción. La bonanza guanera y el derribo de las murallas de Lima dieron paso a la construcción de alamedas arboladas y del primer gran parque de Lima, el Parque de la Exposición, durante el gobierno del general José Balta. Así, cada parque se relacionará con un presidente: Parque de la Exposición (Balta), Parque de la Reserva (Leguía) y Campo de Marte (Benavides).

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Alameda de los Descalzos en el siglo XIX
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Alameda de Acho, hoy desaparecida

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Antigua fotografía del Jardín Botánico de Lima


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(perucusco.com)

Es sin duda el camino más famoso y transitado por los turistas en el Perú. El recorrido normal dura cuatro días y tres noches hasta llegar a la ciudadela de Machu Picchu. Durante el primer día es el traslado en bus desde el Cusco a Chilca. Allí se inicia la caminata, alrededor de las once de la mañana, hasta llegar al poblado de Huayllabamba donde se realiza el primer campamento; se trata del último lugar poblado hasta Machu Picchu. El segundo día de caminata es el de mayor esfuerzo físico pues se avanza hasta un paso de más de cuatro mil metros de altitud, llamado Abra de Warmiwañuska. El segundo campamento se realiza en Pacaymayo que se ubica al bajar el abra. Durante el tercer día se llega por un último paso, este de poco menos de cuatro mil metros donde se pueden observar o visitar algunos restos arqueológicos. El tercer campamento se realiza en el paraje de Wiñayhuayna. El cuarto y último día de caminata llega hasta Intipunku a las once de la mañana desde donde el ya exhausto turista puede contemplar una espectacular vista de Machu Picchu.

Prácticamente todas las agencias de turismo ofrecen este servicio con tarifas diferenciadas. El precio depende de la calidad del servicio, aunque lo mínimo es que incluyan transporte en bus de ida y retorno en tren, entradas al Camino Inca, bus de bajada al Puente Ruinas en Aguas Calientes, servicio de guía, servicio de cocinero, porteadores para el equipo y el equipaje de los pasajeros (esto último opcional y con recargo de tarifa), alimentación (desayunos, snacks, almuerzo y cena), y equipo de camping: carpa, comedor con mesas y sillas, carpa baño, carpas unipersonales o bipersonales, colchonetas y menajería completa de cocina.

Hay que mencionar que existe la opción Camino Inka Imperial para aquellos turistas que no cuentan con el tiempoo necesario para realizar la travesía completa. El trayecto no es agobiante sino bastante relajado. Dura dos días. Durante la primera jornada es el traslado en tren desde el Cusco hasta el kilómetro 104, lugar de inicio de la caminata. De allí el trayecto es ascendente hasta Wiñayhuayna, almuerzo en el mismo lugar, hasta llegar a Machu Picchu después de las cuatro de la tarde. Hay alojamiento en Aguas Calientes y cena. Durante el segundo día se realiza una excursión guiada por la milenaria ciudadela inca hasta retornar al Cusco por tren. Esta breve excursión incluye tren de ida y vuelta, servicio de guía, entradas al Camino Inca, alojamiento, reentrada a Machu Picchu, bus de subida y bajada al Puente Ruinas y almuerzo en Aguas Calientes.

26/10/09: Machu Picchu

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Estuve hace un mes en el Cuzco y pude regresar, luego de algunos años, a la ciudadela de Machu Picchu. Esta vez, además, tuve la suerte de llegar a Aguas Calientes en un tren de lujo, que recorre una de las rutas ferroviarias más espectaculares del planeta, sin ninguna exageración. Visitar la ciudadela inca, construida en el siglo XV, es siempre un deleite, una experiencia nueva. En mi caso, habrá sido la quinta o la sexta vez, pero no importa: Machu picchu esespectacular y, en este post, compartiré alguna información que terminé de corroborar en mi última visita.

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El viaje empezó cuando tomé la ruta del Hiram Bingham, en la estación de Poroy (a 20 minutos en auto del centro del Cuzco). Conforme se va alejando el convoy del lugar de partida, comienzan a aparecer los campos de cultivo de papa, señalados en ciertas estaciones por la característica flor de color ¿morado?. Conforme se llega a Ollantaytambo, el paisaje se vuelve más tropical, encontrándose pencas y flores y luego totalmente verde y agreste. La temperatura va subiendo y se llega a pasar de los 3700 a los 2800 metros. Desde el tren se aprecian las cumbres negras de las montañas que sobresales tras las espesas nubes.

Luego de tres horas de recorrido, llegué a Aguas calientes y de allí, de frente en el bus, a la ciudadela sagrada de machu Picchu. Actualmente, se considera como santuario histórico a la región de Machu Picchu, encerrando 30 mil hectáreas de naturaleza y restos arqueológicos como Inka Raq´ay, Wiñay-Wiñay, Qoriwayrachina, Pulpituyuc, Sayacmarka, el camino inca y la tan renombrada ciudadela que le da nombre a la región. Es también interesante el resaltar la fauna típica, con algunas especies en proceso de extinción como el oso de anteojos o el gallito de las rocas, y una larga de especies de flora nativa entre las que destacan las llamativas orquídeas.

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Como sabemos, el centro arqueológico de Machu Picchu fue dado a conocer al mundo en julio de 1911 por Hiram Binhçgham. En 1912 el historiador y arqueólogo profesor de la universidad de Yale, Hiram Bingham regresó dirigiendo una expedición preparada por las preparadas por dicha universidad y la National Geographic. Aunque algunos estudiosos habían pasado cerca y lo habían mencionado en sus obras no sería hasta la aparición de las publicaciones de Bingham en que este repositorio arqueológico fue dado a conocer al mundo. No se sabe cual fue el nombre originario de la localidad, y Machu Pichu o “cima vieja” es un nombre dado a ruinas de zonas altas, igualmente las demás denominaciones regionales son recreaciones modernas.

La ruta actual de acceso utilizada por los visitantes provenientes del tren no es la que antaño se utilizó para comunicar a la ciudadela. El camino real de los incas llega hasta Machu Picchu por la parte alta, en la llamada Intipunku o puerta del sol, ubicada a 1 km de la ciudadela misma. Dicha portada estando a 2560 metros de altitud proporciona una vista panorámica de la ciudadela.

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Desde allí el viajero que ha llegado por el camino incaico puede observar cómo la ciudadela esta dividida en dos sectores claramente diferenciados en dos zonas, la norte y la sur, marcadas por una enorme escalera que va de este a oeste, acompañadas por un foso seco y una muralla. Al sur esta el sector agrícola y el sector urbano divido en oeste, alto o Hanan y este, bajo o Urin. Mientras que el el Hanan la arquitectura es predominantemente fina y habría estado dedicado a una población más importante, el Urin es más de tipo funcional y de acabados más discretos.

El sector agrícola se diferencia del sector urbano por tener una menor cantidad de construcciones habitables y una mayor proporción de terrazas y andenes. Separados por un foso seco, el sector agrícola se acrecienta hacia la zona oriental. Cada ande esta compuesto por un muro de contención ligeramente inclinado y tiene unas escalinatas volantes incrustadas en el muro y un sistema de drenaje, y aunque prioritariamente responden a los usos agrícolas algunas de ellas responden a fines estructurales de edificaciones mayores.

El templo de la Luna se ubica en la sección norte, en base a fallas geológicas y una inmensa caverna se formó un gran recinto en el que se han tallado hornacinas y escalones, con notable trabajo de cantería y pulido.

El Cementerio superior proporcionó a Hiram Bingham en sus excavaciones una serie de fosas sepulcrales, ocupados por principalmente por restos femeninos. En esta zona se encuentra la llamada roca funeraria asociada a las prácticas de inhumación. Cercano al cementerio se encuentra la edificación conocida como el Tambo, es de grandes proporciones y pudo servir de alojamiento para un grupo numeroso de personas, por lo que algunos estudiosos consideran que podría tratarse también de un cuartel. Asociado a este se encuentra el puesto de vigilancia, desde donde se puede divisar toda la ciudadela y desde allí se podía vigilar los dos caminos locales. En el borde oriental del sector agrícola se encuentra la llamada casa de los guardianes, caracterizado por sus habitaciones rectangulares en disposición escalonada.

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Al pasar al sector urbano uno debe atravesar el foso seco, la escalinata mayor y la muralla. Se presume que el foso servía para recoger el agua filtrada de los andenes. El sector urbano se ubica en la zona septentrional del conjunto, y tiene dos partes claramente separados por una sucesión de plazas y áreas abiertas, que siguiendo la bipartición típica de la mentalidad andina representan los sectores hanan y urin. Dentro de esta zona vemos la puerta de la ciudad, parte de un sistema defensivo conformado por el foso seco y por la muralla, los cuales brindan protección artificial en donde los accidentes geográficos no la dan de forma natural. La puerta ocupa la posición más al sur y brinda el acceso a los peatones que transitan la larga calle en cuesta. Aun presenta las agarraderas que permitían sujetar las vigas y maderos con la que se cerraba el paso en tiempos de dificultad. Desde un terraplén superior podía ser convenientemente defendida de sus atacantes mediante armas arrojadizas. Luego de la entrada vemos una calle rodeada de edificios y luego el Torreón, el cual se presume que es un conjunto de edificaciones militares caracterizado por el muro semicircular del recinto que le da su nombre. Entre las edificaciones siguientes se puede encontrar el llamado Palacio de la Ñusta.

La zona sur se encuentra intercomunicada por tres largas escalinatas, una de las cuales corre junto a las fuentes, las cuales poseen 16 niveles. Cada fuente es un cubo abierto que se comunican por los vertederos que se van escalonados, que van a la siguiente fuente a través de las cuales va discurriendo el agua, la cual tendrían algún valor ceremonial. Esto resulta claro en la fuente principal, la tercera de la serie, que en realidad conforma una especie de salón de baño, utilizado para inmersiones rituales.

Otras edificaciones importantes son la llamada tumba real, la cual es un ambiente ampliado sobre una las caprichosas formas de la gruta a la cual se le ha añadido un cuidadoso trabajo de cantería, y es asociada por el descubridor con los entierros del reales, aunque fue encontrada vacía por los expedicionarios.

El Grupo del Rey podría definirse como una de las zonas centrales, y se presenta acompañada por los aposentos de la Ñusta. Desde un patio de distribución se pasa a una serie de corredores y cámaras a las cuales se les atribuye funciones de habitación del rey. En todo caso queda claro que debió ser habitado por persona de importancia.

La plaza sagrada se encuentra rodeada por edificaciones conocidas como el templo principal, la casa del Sumo Sacerdote, y el templo de las tres ventanas. Este último es una edificación muy cuidada, realizada con enormes bloques de granito al estilo de las de Sacsayhuaman, y según Bingham presentaría las tres ventanas en recuerdo del legendario lugar de Pacaritambo de donde cuenta la leyenda que surgieron los incas. Acompañan al templo la llamada casa del sacerdote, la cámara de los ornamentos.

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El Intihuatana o Usnu, se ubica en una zona más alta, y se llega a ella siguiendo un empinado sendero de 78 escalones. Este sector considerada la zona preeminente esta coronada por el monolito del Intihuatana, de plataforma cuadrangular de numerosos planos y esquinas alineadas con los puntos cardinales que sirvió como observatorio desde donde se determinaban, estaciones, ciclos astronómicos, y fechas determinadas para cumplir con las exigencias del ceremonial. Una pirámide, muros con ventanas dispuestas cuidadosamente, suk´anas y saywas (elementos circulares líticos que servían como marcas) y altares servían para medir las progresiones estelares y realizar sacrificios propiciatorios.

El grupo de las cárceles se ubica en el sur este del sector urbano, y se caracteriza por una serie de angostos calabozos en los que se encerraba a los convictos con alimañas, aves carroñeras y animales ponzoñosos como lo refieren los cronistas, y se cumplían las penas de emparedamiento y maniatamiento.

Los estudiosos han determinado la existencia de una zona popular, un barrio denominado industrial en la zona norte, por haberse encontrado restos de trabajo artesanal, morteros de piedra y otros restos de actividades laborales. Los edificios son muy parecidos, pequeños y organizados y con funcionales patios. Dentro de esta zona se puede distinguir el grupo d ellas tres portadas, relacionados por la tradición con las acllas, el grupo alto, la piedra sagrada y el cementerio inferior, en el que se han encontrado una buena cantidad de mausoleos. La expedición de Hiram Bingham realizó una serie de estudios en los dos grandes cementerio del conjunto y localizaron restos de 173 personas, de las cuales 150 pertenecía a mujeres, lo que hace presuponer que eran principalmente acllas las que allí recibían sepultura y algunos de sus guardianes.

Ligada a Machu Picchu se encuentra la montaña denominada Wayna Picchu, o cumbre joven, de impresionante verdor, y surcado por inquietantes caminos tallados sobre los precipicios. El Wayna Picchu sirvió como centro astronómico y de vigilancia. Largas y angostas escalinatas suben hasta su cima en donde se encuentran restos de algunas atalayas de observación.

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La ciudad de Cali (fundada oficialmente como "Santiago de Cali" en 1536 por Sebastián de Belalcázar, quien salió de Cajamarca en una expedición en búsqueda de El Dorado), capital del departamento del Valle del Cauca, es la tercera en importancia en Colombia, después de Bogotá y Medellín. Hoy luce enormes edificios, centros comerciales, calles bulliciosas y sus centros nocturnos de diversión, en donde impera la "salsa" como baile de bandera. Pero no vamos a tratar hoy de la actual ciudad pujante que, por lo demás, se está convirtiendo en uno de los centros especializados de cirujía estética más cotizados de América Latina. Hoy haremos referencia a la Cali que ya se fue o, más exactamente, a los pocos lugares históricos que voy puede lucir la capital vallecaucana. En efecto, la antigua Cali fue, prácticamente, devastada por la expansión urbana y, como muchas ciudades latinoamericanas, ya no puede exhibir casi intacto su casco histórico. Lamentablemente, en Cali casi todo vestigio colonial o del siglo XIX fue arrasado por la "modernidad" urbana. A continuación, mostraremos algunas fotografías que tomamos la semana pasada de lo poco que se salvó.

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Iglesia de San Francisco, siglo XVIII
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Torre mudéjar de la iglesia de San Francisco
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Casa arzobispal
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Otra imagen de la casa arzobispal
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En la casa arzobispal se alojó Simón Bolívar
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Iglesia de la Merced que data del siglo XVI
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Otra imagen de la iglesia de La Merced de Cali
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En donde está hoy la iglesia de La Merced se fundó Cali
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Calle de la Escopeta, única vía que conserva su antiguo nombre colonial

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La Comisión Organizadora del XIX Coloquio Internacional de Estudiantes de Historia se complace en anunciar la presentación oficial del programa final del coloquio. Entre las novedades que hemos tratado de ofrecer al público tenemos el honor de anunciar que la lección inaugural estará a cargo de la Dra. Scarlet O’Phelan Godoy quien presentará una investigación desarrollada a lo largo de su estancia en el Reino Unido en el marco de la beca Simón Bolívar que ofrece la prestigiosa Universidad de Cambridge, la cual lleva como título “El decenio de Abascal y la Independencia del Perú”. Por otro lado, también nos complace en anunciar que entre los temas que se presentarán en las mesas de discusión contaremos con historia de Chile, Brasil, Perú, Latinoamérica y, además, medio oriente. Concretamente, los presentaremos en las mesas: Política y religión en medio Oriente, Conflictos sociales y movilización política en el Perú y Chile de inicios del siglo XX, entre muchos otros. Asimismo, tendremos dos mesas magistrales: «Planificando» la ciudad moderna: arquitectura y poder en América Latina contemporánea; De goles y goleadas. Fútbol e historia en el Perú.
Esperamos que los temas mencionados y todos los que ofrecemos en nuestro programa sean de su interés y, con ello, se animen a participar en el evento, el cual se realizará en la semana del 26 al 30. Los invitamos a mandar sus datos completos al correo del evento: coloquiohistoria@pucp.edu.pe
Esperamos contar con su gentil asistencia.
Atentamente
La comisión organizadora


LUNES 26
Instituto Riva Agüero

Ceremonia de Inauguración
7pm.

Moderador: Juan Miguel Espinoza

Dr. Krzysztof Makowski – Decano de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas – PUCP
Dra. Margarita Guerra – Directora del Instituto Riva Agüero
Dr. Pedro Guibovich – Profesor asesor
Sr. Diego Chalán – Coordinador general

Lección inaugural
7.30pm

Moderador: Rolando Iberico (Pontificia Universidad Católica del Perú)

Dra. Scarlet O’Phelan Godoy (Pontificia Universidad Católica del Perú)
El decenio de Abascal y la Independencia del Perú

MARTES 27
Auditorio de Humanidades - PUCP


Mesa 1: Cultura, género y Modernidad en la América Latina contemporánea
10.00am – 12.00m

Moderadora: Karen Poulsen (Pontificia Universidad Católica del Perú)

Patricia Vidal Olivares (Pontificia Universidad Católica de Chile)
Imágenes visuales en el cambio de siglo, una manera de familiarizarse con la nueva percepción del mundo
Betzabeth Marin Nanco (Pontificia Universidad Católica de Chile)
Maternidad en el discurso femenino: su rol a principios del siglo XX
Angela González Peña (Pontificia Universidad Católica de Chile)
Homosexualidad en los albores de la Modernidad: una inevitable interdependencia discursiva

Comentaristas: Dra. Claudia Rosas (Pontificia Universidad Católica del Perú) y Sr. Juan Miguel Espinoza (Pontificia Universidad Católica del Perú)


Mesa 2: Estado, élites y campesinos en la América Latina del siglo XX
2.00pm – 3.30pm

Moderador: Diego Chalán (Pontificia Universidad Católica del Perú)

Beatriz Leal Ramos (Pontificia Universidad Católica de Chile)
Chiapas al margen del México revolucionario moderno: análisis de la cultura política de una modernidad tradicional
Michael Chuchón Robles (Universidad Nacional San Cristóbal de Huamanga)
Pomacocha: un estudio de caso, 1945-1975

Comentaristas: Dr. Iván Hinojosa (Pontificia Universidad Católica del Perú) y Sr. Alonso Campos (Pontificia Universidad Católica del Perú)

Mesa 3: Minorías étnicas e inmigración en el Perú del siglo XX. Proyectos de investigación histórica en vías de realización en la PUCP
3.45pm – 5.15pm

Moderador: Juan Miguel Espinoza (Pontificia Universidad Católica del Perú)

Sandy Miyagussuko (Pontificia Universidad Católica del Perú)
Akira Kato y la reconstrucción de la imagen de los japoneses en el Perú
Ricardo Bracamonte (Pontificia Universidad Católica del Perú)
¿Un nuevo viaje? Inmigración e inserción judía en Lima (1945 - 1960)

Comentaristas: Prof. Jaris Mujica (Pontificia Universidad Católica del Perú) y Srta. Gabriela Zamora (Universidad Nacional San Cristóbal de Huamanga)


MIÉRCOLES 28
Auditorio de Humanidades - PUCP


Mesa 4: Discursos e imaginarios sobre la colonización del Nuevo Mundo
10.00am – 12.00m

Moderador: Mabel Ripa (Universidad Nacional San Antonio Abad del Cusco)

Bruno Nassi Peric (Pontificia Universidad Católica del Perú)
El origen y vigencia de la visión colonizada de la mujer. A propósito del Diario del Primer Viaje de Cristóbal Colón y Mundus Novus de Américo Vespucci
Jesús Salazar Paiva (Pontificia Universidad Católica del Perú)
¿Podemos decir que Dios los conquistó?: la dimensión religiosa de la conquista en los Naufragios de Álvar Núñez Cabeza de Vaca
Antonio Chang Huayanca (Universidad Nacional Mayor de San Marcos)
La imagen dentro del discurso: la explicación de los hechos históricos a través de los grabados de la Primera Parte de la Crónica del Perú de Pedro Cieza de León

Comentaristas: Dra. Liliana Regalado (Pontificia Universidad Católica del Perú) y Srta. Maria Lucia Valle (Pontificia Universidad Católica del Perú)


Mesa 5: Política y religión en Medio Oriente
3.00pm – 4.30pm

Moderador: Christopher Cornelio (Pontificia Universidad Católica del Perú)

Mauricio Montoya Vásquez (Universidad Nacional de la Plata – Buenos Aires)
Entre la Persia antigua y el Irán de los Ayatolas
María de la Luz Alvarado Juárez (Benemérita Universidad Autónoma de Puebla)
La construcción de un héroe: Ahmed Sha Massoud

Comentaristas: R.P. Jeffrey Klaiber, SJ (Pontificia Universidad Católica del Perú) y Srta. Sandy Miyagussuko (Pontificia Universidad Católica del Perú)


JUEVES 29
Auditorio de Humanidades - PUCP


Mesa 6: Dictaduras, poder y sociedad en el Perú contemporáneo
10.00am – 12.00m

Moderador: Rolando Iberico (Pontificia Universidad Católica del Perú)

Víctor Álvarez Ponce (Pontificia Universidad Católica del Perú)
Reinas y política: los certámenes de belleza y el gobierno militar (1968-1975)
Milagros Valdivia Rey (Pontificia Universidad Católica del Perú)
Gobiernos que dan cólera. Acciones estatales antes y durante a la epidemia de 1991
Adrián Lerner Patrón (Pontificia Universidad Católica del Perú)
La libertad de las mujeres y los ataques contra la Iglesia: manipulación presidencial de las opiniones acerca de la planificación familiar en los medios limeños en 1995

Comentaristas: Prof. Carlos Chávez (Pontificia Universidad Católica del Perú) y Srta. Cayetana Adrianzén (Pontificia Universidad Católica del Perú)


Mesa 7: Conflictos sociales y movilización política en el Perú y Chile de inicios del siglo XX
2.00pm – 3.30pm

Moderador: César Bonilla (Pontificia Universidad Católica del Perú)

Gonzalo Salazar Vergara (Pontificia Universidad Católica de Chile)
Violentología de una asonada y una huelga: 22 y 23 de octubre de 1905
Jaime Menacho Carhuamaca (Universidad Nacional Mayor de San Marcos)
Las pugnas políticas y luchas políticas contra el Civilismo a inicios del siglo XX: el último accionar demócrata en los sucesos del 29 de mayo de 1909

Comentaristas: Dr. Antonio Zapata (Pontificia Universidad Católica del Perú) y Srta. Gabriela Adrianzén (Pontificia Universidad Católica del Perú)


Mesa 8: Intelectuales, discursos y proyectos nacionales en el Brasil (siglos XIX-XX)
3.45pm – 5.15pm

Moderadora: Iraida Zevallos (Universidad Nacional San Antonio Abad del Cusco)

Yohad Zacarías Sanhueza (Pontificia Universidad Católica de Chile)
A Sereníssima República: alteridad criminal para el fin de siglo XIX brasileño
Natalia Mahecha Arango (Universidad de los Andes – Bogotá)
La cuestión racial en la construcción de la nación e identidad brasileña (1896-1933): las ideas de da Cunha, Nabuco y Freyre

Comentaristas: Dr. Fernando Rosas (Universidad Ricardo Palma) y Sr. José León-Barandiarán (Pontificia Universidad Católica del Perú)


Mesa redonda:
«Planificando» la ciudad moderna: arquitectura y poder en América Latina contemporánea
5.30pm – 7.00pm

Moderadora: Cayetana Adrianzén (Pontificia Universidad Católica del Perú)

Luis Rodríguez Rivero (Pontificia Universidad Católica del Perú)
Martín Monsalve Zannatti (Universidad del Pacífico)

VIERNES 30
Auditorio de Humanidades - PUCP


Mesa 9: Economía colonial en la América Hispana
10.00am – 12.00m

Moderador: Alvaro Hopkins (Pontificia Universidad Católica del Perú)

Johel Pozo Tinoco (Universidad Nacional Mayor de San Marcos)
Determinantes del sistema colonial y la economía minera peruana, siglos XVI-XVIII
Eduardo Barriga Altamirano (Pontificia Universidad Católica del Perú)
El comercio de esclavos en la sierra: el caso del valle de Jauja durante el siglo XVII
Edgar Hernández Espinoza (Benemérita Universidad Autónoma de Puebla)
Espacio y obrajes en la ciudad de Puebla (1676-1759)

Comentaristas: Dr. Carlos Contreras (Pontificia Universidad Católica del Perú) y Sr. Diego Chalán (Pontificia Universidad Católica del Perú)


Mesa 10: El APRA en la Historia del Perú
2.00pm – 3.30pm

Moderador: Jorge Ccahuana (Pontificia Universidad Católica del Perú)

Jorge Luis Vallejo Castello (Pontificia Universidad Católica del Perú)
Perú 1930: El «Quo vadis» aprista. Breve estudio sobre la propaganda y la
contrapropaganda política. El medio impreso: volantes y folletos (1930-1940)
Christian Carrasco Celis (Universidad Nacional Mayor de San Marcos)
Rompiendo mitos: Religión, aprismo e historia

Comentaristas: Dr. Nelson Manrique (Pontificia Universidad Católica del Perú) y Sr. Diego Luza (Pontificia Universidad Católica del Perú)


Mesa 11: Prensa, opinión pública y proyectos políticos en el Perú del siglo XIX
3.45pm – 5.15pm

Moderador: Javier Jiménez (Pontificia Universidad Católica del Perú)

Daniel Morán (Universidad Nacional de San Martín – Buenos Aires)
El Investigador del Perú: Sociedad, discurso político y cultura popular en la Independencia
Víctor Arrambide (Universidad Nacional Mayor de San Marcos)
¿Inversión o despilfarro? La opinión pública frente a la organización de la Imprenta del Estado (1868)

Comentaristas: Dr. Pedro Guibovich (Pontificia Universidad Católica del Perú) y Sr. Rolando Iberico (Pontificia Universidad Católica del Perú)


Mesa redonda
De goles y goleadas. Fútbol e historia en el Perú
5.30pm – 7.15pm

Moderadora: Milagros Valdivia (Pontificia Universidad Católica del Perú)

Carlos Aguirre (Universidad de Oregon – Estados Unidos)
Aldo Panfichi (Pontificia Universidad Católica del Perú)
Daniel Parodi (Pontificia Universidad Católica del Perú).
Efraín Trelles (Radio Programas del Perú)


Ceremonia de Clausura
7.30pm – 8.00pm

Moderador: Srta. María Lucia Valle

Dr. Krzysztof Makowski – Decano de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas – PUCP
Dr. Pedro Guibovich – Profesor asesor
Sr. Diego Chalán - Coordinador general

Número acústico a cargo de la Srta. Danitse Palomino
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La imagen es tallada en madera y de color oscuro. La cruz tiene 1,70 metros de altura y 1.30 de ancho. De ella salen rayos de plata, obsequidos por los devotos, y la corona es de oro y piedras preciosas.


Una de mis mayores sorpresas de mi visita académica a Guadalajara de Buga fue enterarme de la devoción al "Señor de los Milagros" de esta ciudad. Cada año, miles de peregrinos de toda Colombia y de distintos lugares de América Latina llegan a Buga, colman sus capacidad hotelera un fin de semana cada mes que se celebran las misas de sanación y compran recuerdos de la sagrada imagen en las decenas de tiendas que hay en los alrededores de la Basílica levantada en honor a este otro "Señor de los Milagros", quizá desconocido en nuestro país.

¿Pero cómo surgió este fenómeno religioso? Cuenta la tradición, narrada por el cura franciscano Francisco G. Rodríguez en 1819 que “Allá por el año 1580 Buga era un pequeño caserío, en el valle del Cauca, Colombia. El río de Buga corría en aquel entonces por el sitio donde ahora está el templo del Señor de los Milagros. Al lado izquierdo del río había un ranchito de paja donde vivía una india anciana cuyo oficio era lavar ropa. Esta mujer era muy piadosa y estaba ahorrando y reuniendo dinero para comprarse un Santo Cristo y poder rezarle todos los días. Reunió 70 reales que era lo que necesitaba para comprarlo y traerlo desde Quito".

Pero justo el día en que la lavandera iba a llevar su dinero al párroco para que le consiguiera la imagen, pasó por allí llorando un padre de familia a quien lo iban a encarcelar porque debía 70 reales y no tenía con qué pagarlos. La mujer se conmovió por esta tristeza de su vecino e, impulsada por la caridad, se propuso dejar para más tarde el conseguir su crucifijo, y le dio al necesitado los 70 reales que tenía ahorrados. Aquel hombre lleno de alegría y de agradecimiento le deseó que Dios la bendijera y le ayudara mucho. Unos días después, la mujer estaba lavando ropa en el río, cuando una ola colocó delante de ella un pequeño crucifijo de madera, que resultó para ella la joya más valiosa. El crucifijo hallado de esta manera no podía haber pertenecido por allí cerca a ninguna otra persona, pues hacia arriba, a las orillas del río no vivía nadie. La feliz lavandera, llena de gozo respecto a su posesión, se dirigió a su choza e improvisó allí un pequeño altar, sobre el que colocó el Cristo que le había llegado de manera tan misteriosa y lo guardó, con mucho cuidado, en una pequeña caja de madera.

Pero una noche –cuenta la tradición- la lavandera oyó golpes en el lugar donde guardaba la imagen y se llevó la gran sorpresa cuando se dio cuenta que el Cristo y la cajita habían crecido notablemente, pero pensó que sería ilusión de sus ojos, ya muy debilitados por la edad. Pero pocos días después advirtió que la imagen tenía ya ceca de un metro de estatura. Sorprendida por el “milagro”, avisó al pueblo y todos los vecinos comprobaron el hecho, y que esta pobre mujer poseía un crucifijo de un tamaño muy difícil de conseguir por aquellos alrededores, y que ella no tenía ni dinero ni amistades para conseguir semejante imagen, y que por lo tanto la existencia de aquel crucifijo allí no se podía explicar naturalmente y que tenía que ser un milagro.

Pronto, la sagrada imagen se fue deformando porque los devotos le quitaban pedazos de madera para llevarlos como reliquia y “porque todos la tocaban con sus manos sudorosas, y se fue poniendo tan fea que ya a los muy amigos del arte, más que devoción les causaba repulsión”. Entonces, un visitador especial llegado de Popayán mandó que la dicha imagen fuera quemada y destruida por el fuego. Los devotos se estremecieron de sentimiento al conocer esta orden, pero era necesario obedecer. Pero lo maravilloso fue que la imagen al ser echada a las llamas empezó a sudar y a sudar tan copiosamente que los vecinos empapaban algodones con aquel sudor para llevarlos como reliquias y obtener curaciones. El magnífico hecho fue comprobado y atestiguado con la gravedad de juramento por numerosas personas. Y al terminar el sudor, la Sagrada imagen se había vuelto mucho más hermosa de lo que estaba antes, y se le fue lo que anteriormente tenía de desagradable.

La señora Luisa Sánchez que vivió en aquellos tiempos declaró con juramento: "El sudor duró dos días. Todos los vecinos de los alrededores venían con algodones a recoger sudor y llevarlo como reliquias, y yo también recogí allí de aquel sudor en algodones y todavía lo guardo. Y desde aquel milagro la gente le empezó a tener gran devoción a esta santa imagen y a considerarla como de hechura milagrosa y comenzaron a obtener favores de Dios que consideraron sobrenaturales y milagrosos. Y no sólo en esta ciudad sino en muchas otras ciudades y regiones de donde se han visto llegar muchos romeros y peregrinos a visitar la sagrada imagen. A muchos de ellos les hemos oído contar que se sanaron prodigiosamente de graves enfermedades. Otros narran que se libraron de gravísimos peligros al invocar al Señor de los Milagros". Sigue diciendo la crónica de 1819. "Después de estos sucesos extraordinarios el ranchito de la anciana se convirtió en sitio de oraciones y peregrinaciones. A los anteriores milagros siguieron muchos más y fue tal la cantidad que la gente le dio a esta imagen el nombre con el cual se le conoce desde hace siglos: El Señor de los Milagros".

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Restos de la antigua "ermita"
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Alegoría de la mítica lavandera y la imagen


Después de muerta la anciana lavandera, se pensó cuál era el mejor lugar para colocar el Cristo. Fue en los alrededores de la “aparición” del crucifijo donde se construyó el templo al Santo Cristo, que al principio era un edificio pequeño y se le llamaba la “ermita”. Apenas se fueron difundiendo las noticias de los maravillosos milagros que se conseguían gracias al Cristo de Buga se desató una corriente de peregrinaciones y devociones. En 1907 tuvo lugar la construcción y consagración de un nuevo templo construido con las donaciones de sus devotos agradecidos y se hizo la solemne traslación de la milagrosa imagen hacia su nuevo altar. En 1937 el Papa Pío XII por medio de su secretario el Cardenal Pacelli (futuro Papa Pío XII) expidió un decreto por el cual decretaba que al templo del Señor de los Milagros de Buga se le concedía el título de Basílica.

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Actual basílica del Señor de los Milagros de Buga
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La basílica y la inmensa explanada donde se realizan las misas de sanación


CRONOLOGÍA DEL SEÑOR DE LOS MILAGROS DE BUGA

1570/75 Aparece el Cristo en el río Guadalajara
1605 Arrojado al fuego, el Cristo "embellece"
1622 Primeras rogativas al Cristo Milagroso
1637 Construcción de la primera Ermita
1830 La Ermita se renueva y se construye la torre
1884 Los padres redentoristas adquieren la Ermita
1907 Se termina de construir el actual templo de estilo neoclásico
1937 El papa Pío XI eleva el templo a la categoría de Basílica Menor

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Otra vista de la explanada de la Basílica
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Iglesia de San Francisco
Hay lugares que uno no piensa ni programa conocer. En mi caso, Guadalajara de Buga, ciudad de poco más de 100 mil habitantes, ubicada en el Valle del Cauca (Colombia), es uno de ellos. Resulta que la semana pasada fui invitado a dar una conferencia al III Congreso de Historia Regional y Local, organizado por la Universidad del Valle de Cali, y recalé en este interesante lugar, ubicado en las últimas estribaciones de la cordillera central colombiana.

La historia de Guadalajara de Buga se remonta a los tiempos prehispánicos cuando la zona fue habitada por la tribu de los “bugas”, unos indios antropófagos que, valientemente, se opusieron a la presencia de los conquistadores españoles. Pero pese a toda esta reacción, a partir de 1535, el capitán Francisco de Cieza hizo los primeros intentos por formar una ciudad. Más adelante, en 1555, el capitán Giraldo Ruiz de Estupiñán realizó la primera fundación, en la cabecera del río Bugalagrande, la que fracasó por su ubicación. Finalmente, en 1570, el teniente gobernador, Luis Velásquez de Rengifo instaló, el 1 de marzo, el primer cabildo en la margen izquierda del “río las piedras” y, el 4 de marzo, hizo la fundación oficial como “Guadalajara de la Victoria”. Sin embargo, con los años y por petición de los vecinos, en 1591, se trasladó la ciudad a la margen septentrional del río con el cambio de nombre a Guadalajara de Buga.

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Catedral de san Pedro de Buga

La ciudad fue elevada a la categoría de municipio en 1884 y, en 1908, alcanzó la categoría de capital del departamento de Buga. Por esos años, casi se convierte en capital del departamento del Valle del Cauca, pero la designación se decantó por Cali debido a la construcción del ferrocarril. Quizá esa mala noticia para los bugueños ha sido beneficiosa para los actuales visitantes de esta ciudad. Como se quedó, eventualmente, al margen de la modernidad y de la vorágine urbanística, ha conservado muchos de sus monumentos coloniales y de sus pintorescas casonas republicanas. Hoy es una ciudad apacible y que solo se ve “sacudida” cuando llegan, por miles, los peregrinos a adorar la imagen del "Señor de los Milagros", del que hablaremos mañana.

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Calle de Buga
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Municipio de Buga y torre de la iglesia de Santo Domingo
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Edificio del siglo XIX, actual local de la Universidad del Valle (sede Buga)
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Patio interior del local de la Universidad
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La comisión organizadora del XIX Coloquio Internacional de Estudiantes de Historia de la PUCP desea agradecer a todas aquellas personas interesadas en participar en el coloquio. Después de evaluar todas las ponencias presentadas durante la convocatoria, queríamos anunciar que los trabajos ya fueron seleccionados y en breve se conocerá a programación final.

Una de las novedades del coloquio es que contaremos con la participación de estudiantes de nuestro país de las siguientes universidades: Pontificia Universidad Católica del Perú, Universidad Nacional Mayor de San Marcos, San Antonio Abad y la Universidad Nacional San Cristóbal de Humanga. Asimismo, contaremos con la participación de una comisión de veinte estudiantes de la Pontificia Universidad Católica de Chile, de la cuales seis son expositores. Del mismo modo, vendrán para el evento un estudiante de la Universidad de los Andes de Colombia; dos de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (México) y dos de la Universidad Nacional de la Plata y Universidad Nacional de San Martín (Argentina).

Esperamos contar con su gentil asistencia

La comisión organizadora
XIX Coloquio Internacional de Estudiantes de Historia
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Es templo de factura mestiza (1688-1699), adjunto al antiguo Hospital de Naturales. Tiene imafronte de perfecta correción barroca y planta de gran solemnidad, toda la piedra oscura ligada con argamasa blanca. La fachada es de tipo tradicional cusqueña y se inspira en los cercanos moldes catedralicios, pero las torres tienen saeteras y respiraderos, rematándose cada una en cuatro linternas y un capitel. El templo es la obra del arquitecto autodidacta Juan Tomás Tuiru Túpac, Indio Noble descendiente de los Incas, a quien debe considerarse uno de los mayores talentos artísticos que ha producido la raza nativa en el Virreinato.

Es Iglesia de una sola nave, construida íntegramente en piedra. Posee un altar mayor barroco y dorado que tiene frontal , sagrario y gradillas de plata. Es retablo notable, de cuatro cuerpos y tres calles, con dieciocho columnas salomónicas, teniendo por coronación de su tabernáculo, hecho de plata, un Cordero Pascual sobre el Libro de las Siete Sellos. Es altar rico en imágenes y lienzos, esta advocado a San Pedro Papa y, apreciado desde cualquier ángulo, destaca por su altura, por su prestancia y por el trabajo prolijo de su tallado. La nota pintoresca y alegre la dan unos angelitos que, al son de dos carrillones del presbiterio, parecieran danzar desde los capiteles de las columnas. Hay también otros altares, destacando los del crucero. El del brazo diestro está dedicado a San Pedro y el del brazo izquierdo a la Trinidad. Este último altar, que contiene un bello lienzo de la Virgen del Rosario, tiene la particularidad de ser más ancho que alto.

El púlpito también es notable. Es barroco y de color nogal. En su tornavoz está San Pablo con la espada posado sobre la linterna que nace entre cresterías retorcidas; el tímpano presenta entre columnillas salomónicas la efígie de San Pedro; y la cátedra, de cinco paneles, contiene en sus nichos a la Virgen con el Niño y a los cuatro Evangelistas entre columnillas también salomónicas y sobre una gran base labrada que ha perdido la piña o florón de su remate. Es púlpito muy barroco, de excelente talla, de los mejores de su estilo. El templo, por lo demás, todo de piedra grisácea, es obra del famoso alarife e Indio Noble Juan Tomás Tuiru Túpac. Lo cierto es que hoy la iglesia, pese a su grandeza de obra, luce muy maltratada.

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Este templo parroquial del bario de Tococachi es célebre por sus altares barrocos con frontales de plata y por su maravilloso púlpito labrado. El altar mayor posee frontal argénteo con tres soles radiantes, obra verdaderamente hermosa, maciza y cuidada. El retablo es barroco, tallado, dorado, con cinco calles, las extremas cubiertas con lienzos. Posee hasta ventiseis columnas salomónicas y el tabernáculo es de madera policromada. Es altar grandioso y su calle central alberga en bulto a la Santísima Trinidad, luego a la Virgen Coronada y por último a san Blas, Obispo de Tagaste. Otro altar con frontal de plata es el de la Inmaculada, también muy trabajado dentro del arte plateril, con tres medallones: la Virgen al centro, a un lado el Arcángel san Miguel y al otro el arcángel san Gabriel. Todo el frontal es labor fina y, como el del retablo mayor, merece verse de cerca.

El púlpito de este templo es el mejor del Cuzco y aún, entre los barrocos, el mejor del Perú y de América. Tampoco ha faltado quien lo llame la Joya de la Historia del Arte Hispano Americano. El púlpito, en sí, es un vértigo de tallas. Todo él es de madera, mostrando la cátedra, el tímpano y el tornavoz muy trabajados. La tribuna posee cinco templetes balconados repartidos para albergar a los cuatro Evangelistas y a la Virgen con el Niño, esculturilla esta última en al que María luce una diadema de brillantes y esmeraldas. Tenantes barbados tratan de sostener la plataforma, ayudándolos en su esfuerzo varios infantes desnudos, también hay racimos báquicos que pensolan por el peso de sus granos, terminando todo en agudo regatón metálico que se pierde en dirección al suelo. El tímpano recoge la imagen tallada de san Blas, Obispo, en actitud de bendecir: tiene mitra y atuendos episcopales, pero ha perdido el báculo por sobresalir a la talla. El tornavoz lo remata un Cristo predicando con la cruz extendida, el cual esta posado en un templete que encierra una misteriosa calavera que nadie sabe a quien pertenece. Rodean a este cráneo varios angelillos señalando al cielo. El templete, a su vez, está circundado por ocho Padres y Doctores de la Iglesia de excelente trabajo como todo lo anterior. La riqueza barroca de las tallas es imposible de describir. Baste decir que para admirar el púlpito en su objetiva integridad, se impone una visita especial al templo de Tococachi.
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Es esta iglesia toda de piedra en su exterior y su gracia la debe en mucho a sus dos espadañas de tres arquillos cada una, que hacen destacar la fachada al final de una larga calle. Interiormente presenta una cúpula achatada y bóveda de ladrillo, tiene una solas nave, coro bajo y coro alto, también un hermoso altar mayor. Es barroco, tallado y dorado, con frontal sagrario, gradillas y tabernáculo de plata, reposando sobre éste el Agnus Dei sobre el Libro de los Siete Sellos. El retablo tiene tres cuerpos y tres calles, es alto y bien trabajado, impactante en su presentación. Tiene en su parte baja dos tablas policromadas que representan a los profetas Elías y Eliseo, las cuales son muy antiguas, acaso anteriores al altar.

El púlpito muestra cátedra de cinco paneles entre columnas salomónicas pareadas, albergando sus hornacinillas pequeños santos en efigie y terminando ella inferiormente en juegos de follajería y un florón; el tímpano, que se corta por servir de puerta, tiene la efigie de un santo carmelitano; el tornavoz es labradísimo, con seis cresterías de dos pináculos cada una y, sobre la linterna, la imagen de San Angelo mártir, carnado y policromado.

Aparte de otros dos altares barrocos -el del Crucificado, junto al púlpito, y al frente el de San José - es notable la serie sobre la Vida de Santa Teresa de Jesús, lograda en quince lienzos con marcos dorados de bella factura. Su autor fué José Espinoza de los Monteros.

También es notable la reja del coro bajo, en el presbiterio, lado de la Epístola, defendido por seiscientas púas de hierro, mientras el coro alto sobre el sotacoro, sólo tiene celosías de inspiración mudéjar. De ambos coros salen los cánticos de las monjas durante las misas o exposiciones del Santísimo Sacramento.

El templo, por lo demás está anexo al monasterio, en cuya portería -que recuerda la de las Carmelitas de Avila- está el verso de Santa Teresa que dice:

Nada te turbe,
nada te espante,
todo se pasa,
Dios no se muda.
La paciencia
todo lo alcanza.
Quien a Dios tiene
nada le falta.
Solo Dios basta.


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Es considerada la iglesia resplandeciente del Cusco, la iglesia de los brillos y reflejos. Es toda pétrea, con portada lateral, y en su construcción se han empleado muchas piedras de edificios incaicos. El templo es de una sola nave y sobre el altar mayor, todo espejos, hay una cúpula impresionante de sesenticuatro artesones policromados, sin contar las pechinas que también son decoradas a pincel. Los motivos de cada artesa es una flor de color rojo con filetes de oro, dándose pocos amarillos, verdes y azules; alrededor de cada flor hay follajería suelta sobre fondo albo que hace recordar la porcelana.

A cada lado del presbiterio hay también dos escudos pintados, separados por un ventanal. El altar mayor -barroco, tallado y dorado- tiene cerca de quinientos espejos en su dos cuerpos y tres calles. Los demás retablos del templo casi todos lucen espejería, especialmente el de Santa Clara de Asís y el de Jesús Nazareno, en el muro de la Epístola.

El templo posee muchas imágenes de pasta y santos de vestir, pero pocos lienzos. Aún así, en el presbiterio hay seis grandes cuadros, casi todos de la Escuela Cusqueña, que se refieren a la Adoración de los Pastores, la Anunciación, la Visitación , la Epifanía , la Huida a Egipto y a Jesús Niño entre los Doctores de la Ley Mosaica. También hay en el presbiterio cuatro carrillones de doce campanillas cada uno. El púlpito barroco, de color nogal, está muy maltrecho, pero deja ver tallas meritorias; el tímpanos lucía una de san Buenaventura, hoy estropeadísima.

La iglesia, sin ser pequeña ni grande, es única en su espejería altarera. Todavía más, pareciera por ello ser el origen de todos los retablos con espejos que existen en los demás templos del Perú. Cierto o no, es la iglesia que presenta más espejos y espejuelos en su deslumbrante retablería. Por eso hemos dicho que es la iglesia resplandeciente, la iglesia de los brillos y reflejos.

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Este convento se levantó en 1538, poco después de la fundación española de la ciudad, pero recién en 1549 se trasladó al sitio que hoy ocupa. El convento actual es posterior a 1650, pues el sismo de ese año destruyó el edificio ya existente, aflorando a partir de entonces el hermoso Claustro Mayor -con planta baja y planta alta- convirtiéndose en local valioso relicario de pinturas religiosas, obra de los más afamados maestros pintores cusqueños.

Efectivamente, famoso es el Epílogo o Arbol Genealógico de la Orden Franciscana, pintado por Juan Espinoza de los Monteros en 1699. Dicen que es el cuadro más grande del Perú colonial, mide doce metros de altura por nueve de ancho, y su apabullante presencia se da en al escalera canventual. Contiene 683 personajes, 203 leyendas o cartelas y 24 escudos. Se trata de unas diez hileras de personajes, en retratos de medio cuerpo, entre los que hay frailes, obispos, cardenales y Papas, religiosas clarisas y franciscanas en general, santos y santas. El conjunto es impresionante, los personajes aparecen preferentemente ladeados o de perfil, pocos de frente, añadiendo los escudos la nota colorista. La Virgen con el Niño culminan la gigantesca pintura entre los blasones seráficos de los brazos cruzados y de cinco llagas sangrantes.

Asimismo pintó Espinoza de los Monteros la Fuente de la Gracia, en base a la sangre fluyente de las cinco heridas de Cristo, también con abundancia de personajes aunque mucho menos que en el Epílogo.

De Diego Quispe Tito, en cambio, está el Juicio Final o marcha de las almas juzgadas al Cielo o al Infierno. El lienzo es crecido, rico en luces y oscuridades, muy distinto a los demás del maestro Quispe Tito.

A Basilio Santa Cruz Pumacallao se deben varios de los lienzos de la Vida de san Francisco de Asís que adornan el Claustro Mayor. Se han identificado propios de su pincel los cuadros referidos a la Muerte y al Entierro del Santo. El artista acrecienta su fama con retrato sedente del Obispo del Cusco Diego de Umansoro. Otros pintores que han dejado obra en el convento franciscano son Marcos Zapata, Juan Sinchi Roca y Juan Inca Raurahua.

Antes de abandonar el convento conviene regresar a la caja de la gran escalera convetual y admirar su cúpula poliédrica con esculturas de medio bulto. Asimismo podrán apreciarse diversos altares pequeños, muy antiguos, y cantidad de esculturas en madera policromada.
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Esta iglesia ha sido muy reconstruida y entre sismos e incendios pareciera haber perdido mucho de lo que atesoraba. Sus altares son relativamente modernos, neogóticos los más de ellos, conserva pocos lienzos y menos imágenes de vestir. Sin embargo, su antiguo púlpito es una pieza de excepción.

El púlpito de la iglesia, deja de ser barroco para admitir influencias mudejares y renacentistas. La cátedra presenta cuatro hornacinas trabajadas en madera fina, carey, marfil y hueso con ínfimas aplicaciones doradas. Los pequeños nichos guardan otras tantas imágenes de San Buenaventura y Santo Domingo, del Papa Sixto IV y del hispano cardenal Cisneros, según se afirma con insistencia. El tímpano exhibe el escudo franciscano con los brazos cruzados de Jesús y del Poverello con los estigmas, conjunto al que en esta ocasión acompañan el sol y la luna, también una calavera. Gran parte del trabajo está hecho en madera laqueada con fondo oscuro entre tallados, columnillas y molduras. El tornavoz lo integran muchas tallas, coronándolo un San Francisco de Asís predicando de pie sobre el mundo. Tratando de simplificar diremos que el púlpito es proto-barroco, mudéjar en sus aplicaciones y renacentista en sus molduras. Se afirma que su autor fue el fraile franciscano Pedro Gómez, tallador a quien también se le atribuye el púlpito proto-barroco de Santa Clara de Huamanga (1637). Lo cierto es que, artisticamente, este de San Francisco es digno de apreciarse de cerca. No hay que olvidar que, además de hermoso y excepcional, es el púlpito más antiguo del Cusco probablemente con el de la iglesia de Santa Catalina.

Otra joya de esta iglesia y que desgraciadamente no siempre se puede visitar es el coro alto. La sillería coral de San Francisco se debe al Hermano lego fray Luis Montes, catalán de Betelu que entró de franciscano en el Cusco el año 1632. Esto significaría que su obra es posterior, por lo que se dice que se terminó en 1652, ayudando al franciscano los seglares Isidro Fernández Inca y Antonio de Paz. El coro en cuestión presenta una magnífica sillería. Posee cuarentisiete paneles grandes con esculturas que dejan sobresalir diversos símbolos u objetos (cruces, palmas, cayados, plumas, custodias, calaveras, velos, flechas, libros, lámparas, espadas) destacando los santos martirizados con fuego, pues figuran entre llamaradas, y los que murieron decapitados, que se muestran con la cabeza derribada sobre el hombro. Los panelillos superiores suman 45 e igualmente exhiben santos degollados, con espadas clavadas, lanzas atravesadas, también hachas incrustadas en sus cuerpos. Los asientos, que son de doble factura, suman 35 en la fila delantera y 46 en la posterior.

El facistol de este coro, a no dudarlo, es el mejor del virreino. No lo hay superior en el Perú. Fue su autor fray Pedro Gómez -factible autor del púlpito-, extremeño de Lósar, quien tomó el hábito en el Cusco en 1626. Dos años después (y no en 1678, como se dice erróneamente) se concluyó la obra, según reza una inscripción aplicada en el entorno del mueble. Este facistol tiene aportaciones mudéjares, renacentistas y proto-barrocas, predominando las maderas negras y rojizas a las que se ha sabido incrustar piezas de madera laqueada o de hueso. En estos últimos materiales, precisamente, destaca en los cuatro lados del ficistol el escudo franciscano delos brazos cruzados con las manos estigmatizadas. La obra no admite competencia, rematándose con un templete igualmente de madera fina que le añade altura y completa proporción.
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Hoy seguimos con el convento de los mercedarios del Cuzco. La ante-portería es de piedra, con cuatro arcos ciegos y bóveda con nervaduras góticas; la portería tiene dos arcos escarzanos y entre ellos, a la diestra, el arco que sale al Claustro Mayor.

El Claustro Mayor es tallaado. Lo han llamado sinfonía de piedra y lo señalan el mejor claustro de América. Sus lienzos tienen pilastras almohadilladas y las columnas lucen todas escamadas, modalidad que no vuelve a repetirse en el Perú y que tiene por doble cuna al Renacimiento italiano y al gótico isabelino español. Empezar a describir este claustro es cosa de no acabar. Mejor es contemplarlo directamente y reflexionar sobre la perfección de su obra. Data de 1663, debió sus planos a Diego Martínez de Oviedo y su ejecución a los alarifes Alonso Casas y Francisco Monya, realizando su labrado el indio Gregorio Quispe, quien lo hizo con piedras de la cantera de Chitapampa.

El claustro muestra en su techo vigas de color leonado cargadas de vegetales y centradas por una piña; entre viga y viga hay viguetas y viguillas que conforman casetones vacíos. El techo de la galería es alta , a su vez, tiene artesones cuadrados con un florón dorado al centro.

Los corredores del claustro bajo que representan grandes lienzos de la Vida de San Pedro Nolasco, atribuidos a Ignacio Chacón, exhiben regular pincel y recogen mucho pensamiento medieval. Debajo de la escalera de poniente está la celda del padre Francisco Salamanca (Oruro 1660-Cusco 1737), que pintó el interior de ella con decoración colorida, graciosa e ingenua, prefiriendo los matices rojo, añil, verde y amarillo. A la entrada de la celda pintó el Cordero Pascual sobre el Libro de los Siete Sellos y a dos ángeles que le quieren ceñir con una corona de espinas y otra de oro. En el pequeño compartimiento de la derecha hizo la Adoración de los Magos, la Huida a Egipto, la Presentación al Templo, los Pastores junto a la hoguera y, en el arco, alegorías y floreros. En el más diminuto pasaje central retrató a la Virgen de la Merced y a dos santos penitentes actuando de cimentación todos los cautivos redimidos por la Virgen. En el compartimiento de la izquierda aparecen la Muerte, el Juicio, el Purgatorio y el Infierno. Los respiraderos que dan a la calle también representan follajes y florones. Es trabajo agradable, a más de artístico.

La escalera de levante, al revés de la del poniente, empieza en simple y luego se bifurca, descubriéndose en su descanso el Epílogo Mercedario, obra de Basilio Pacheco, donde se recoje la figura de todos los personajes insignes de la Orden. Los personajes abarcan frailes y monjas, mártires y teólogos; santos y santas, recogiéndose así a más de cincuenta y logrando un conjunto armonioso presidido, en lo alto, por la Virgen de la Merced. Es pintura rica en azules y blancos, se manifiesta notable y cumple un papel primordial en esta parte del convento.

La sala capitular es grande, con arcos de piedra y bóveda de nervaduras góticas. El altar es barroco -de tres calles, sólo la del centro de dos cuerpos- y está advocado a la Virgen Redentora de Cautivos. El doble portón de ingreso es viejísimo, con labras romboidales. La sala capitular posee doce bancas fraileras y muchos lienzos antiguos. El Claustro Menor está más atrás. Tiene seis arcos por lado y en la galería alta doble número de arquillos. Sólo el lienzo del norte conserva cuatro arcos de piedra en perfecto estado, pero ha perdido sus artesones y vigas labradas.



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La Iglesia tiene tres naves de piedra con bóveda de ladrillo; la central ancha y alta, el arco del sotacoro es distendido y el barandal del coro alto labrado y dorado. A los lados de los ventanales altos hay lienzos con la Vida de la Virgen.

El templo posee altar mayor dorado y neoclásico con su sagrario de plata. Los demás altares son principalmente barrocos, destacando en la nave de la Epístola el retablo de la Sagrada Familia y en la del Evangelio los de la Dolorosa y del Señor de la Sentencia aunque el retablo de mayor prestancia es el de la Virgen de la Merced. Es barroco, labrado, dorado y con crecidas proporciones, tiene tres cuerpos y tres calles, cuatro columnas en el primer cuerpo y otras tantas, aunque menores, en el segundo, todas escamadas. Las columnas de abajo se apoyan en débiles templetes. La coronación es tan alta que se doblega al tocar el techo. En la base del retablo hay dos tablas policromadas sin duda anteriores al altar y que tratan dos episodios distintos: La Adoración de la Cruz y la Adoración de los Reyes Magos.

El púlpito es barroco, labrado, de color nogal y oro. La cátedra presenta cuatro nichos con imágenes de santos, terminando pobremente con labras fitomorfas; el tímpano guarda la imagen de san Pedro Nolasco; y el tornavoz, de pocas cresterías, cada una con dos pináculos, tiene su fondo escamado, linterna cilíndriaca y sobre ella un san Miguel Arcángel derrotando al demonio. No es de los mejores púlpitos del Cusco, pero tampoco uno más.

En la última capilla de la nave del Evangelio -la llamada Capilla del Nazareno- hay tres tumbas famosas. En efecto, en la cripta subterránea reposan en pocos metros de la tierra los que juntos no cabían en todo el Perú: Diego de Almagro, el Viejo, Diego de Almagro, el Mozo, y Gonzalo Pizarro.

Finalmente, al salir del templo, debe admirarse la torre. Es toda la piedra, bien trabajada, unida con argamasa con respiraderos pequeños y gran cornisa ornamentada. El campanario es de ocho arquillos situados entre ventiocho columnas. En lo alto se repite el juego de la cornisa, con pequeñas variantes, habiendo un templete en cada esquina. El tambor tiene ocho ojos y cuatro mirillas en forma de arco, la media naranja doce radios y remata en pináculo cilindrico que se angosta para recibir una cruz de hierro forjado. Es torre barroca, de columnas que llevan el escamado en la parte baja de su fuste. Es la torre más hermosa del Cusco.

En esta iglesia de los mercedarios cuzqueños es notable su sillería coral. Repite la doble ilera de esculturas paneladas, albergando indistintamente a santos y santas en los panelillos de la superior. Los asientos, puestos en dos filas y parcamente calados, tienen brazos y respaldos con logradas tallas fitomorfas. Las esculturas o relieves grandes de los santos -cada una con la cartela de su nombre- son obra de buena gubia, representando no sólo a los miembros del santoral mercedario sino también a los beatos, venerables y siervos de Dios de la Orden. Son labras adustas, con algo de primitivismo patético. La sillería en cuestión -posterior a 1657- está presidida por una gran talla de la Virgen de la Merced.

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Es toda de piedra y muy reconstruida luego del terremoto de 1950, sismo que destruyó sus altares coloniales. Tanto el nuevo templo como el anterior están exactamente en el sitio del Coricancha o Templo del Sol de los Incas. Su portada se da entre pilastras almohadilldas, tiene arco de medio punto con extradós de escaques hundidos y friso con catorce florones que centra un adorno de cinco estrías. En lo alto, el frontón barroco, curvilíneos, se quiebra para dar lugar al escudo dominico.

El templo es de tres naves, con falso crucero. No hay retablos, sólo hornacinas con imágenes y lienzos en los muros. Al altar mayor, que es pequeño aunque con sagrario de plata, lo reemplazan 23 lienzos antiguos en torno a una imagen de vestir de la Virgen del Rosario. Las pinturas más viejas están en el sotacoro y se refieren a la vida de Santo Domingo de Guzmán. Es notable el viejo púlpito barroco no dorado: la cátedra circular tiene cuatro paneles con hornacinillas vacías y sus cresterías cayentes confluyen en una piña; en el tímpano está la efígie de San Alberto Magno; y en el tornavoz, sobre un templete entre cinco cresterías y quince pináculos, la escultura exenta de Santo Tomás de Aquino.

Son notables en esta iglesia las pinturas de Marcos Zapata, especialmente la vida de San Vicente Ferrer, en el arco del sotacoro. La torre tiene valor superior. Imita a la de la Merced, pero no la sobrepasa en méritos. Su cuerpo es sólido, su campanario de ocho arquillos, separándose estos últimos en un juego de 28 columnas salomónicas con capitel de plumas; el tambor presenta cuatro óculos, está entre cuatro pináculos gruesos, la media naranja es radiada y su cimera es una cruz de hierro forjado. La torre es toda de piedra y su conjunto obra maestra de cantería. Por eso luce elegante y airosa, elaborada y artística.

La iglesia, además de la frontal, tiene otra portada por el lado de la Epístola. Es más grande. Ofrece dos cuerpos y tres calles, un arco de medio punto, hornacinas de concha vacías y nicho central con imagen de la Virgen del Rosario entre los escudos dominico y franciscano; también posee frontón de triángulo partido y volutas ondulantes, alguna motivación de origen mudéjar y otras del barroquismo dominante. Es portada con valor arquitectónico, y la acompaña, ya en la calle, la llamada Cruz de Piedra, que se levanta sobre recio pedestal a la altura del presbiterio.

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Hay en la Plaza de Armas, junto al templo de la Sagrada Familia, un pequeño edificio colonial de piedra que -se dice- fue sede del Santo Oficio de la Inquisición, lo que no es cierto. Arquitectónicamente, sin embargo, es un recinto interesante. Posee un pequeño portal de tres arcos. La puerta interior se aloja en un marco de medio punto y exhibe clavería de bronce. Atrás, el edifico no tiene nada especial, es un muro más de la Cuesta del Almirante, pero por el lado de la Plaza de Armas, hay un ventanal con su arco y vanos exteriores almohadillados; sobre el ventanal, entre falsos pináculos hay enmarcado un cáliz con la hostia. El techo del edificio es de bóveda de cañón. No hay ninguna noticia que el recinto haya servido para guardar presos ni procesados. Ningún documento precisa que allí funcionó el Santo Oficio. Sin embargo la proximidad de una habitación del templo citado, que tiene en su frontis una calavera y dos tibias cruzadas, ha dado al edificio su falsa fama inquisitorial.