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Archivo de agosto 2009
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Hace 40 años el guitarrista Brian Jones, fundador del grupo Rolling Stones, fue hallado muerto en el fondo de una piscina en Hartfield, East Sussex (Reino Unido). La investigación entonces concluyó que el deceso había sido accidental, aunque los rumores de asesinato nunca fueron acallados. Ahora, según publica la BBC, la policía de Sussex ha recibido nuevas pruebas y está reexaminando el caso. Jones tenía 27 años cuando murió.Un portavoz policial declaró a la cadena que han recibido nuevos documentos relacionados con la muerte de Jones, lo que ha desencadenado la revisión. El portavoz añadió, no obstante, que todavía es pronto para lanzar una nueva investigación, señala la BBC . "Estos papeles serán examinados por la policía de Sussex, pero es demasiado pronto para comentar cuál será el resultado", afirma.

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Los supuestos restos de Simón Rodríguez en la iglesia de Amotape (foto: Juan Luis Orrego)

Todos sabemos que los últimos años de vida del libertador Bolívar no fueron tan felices. Decepcionado por los resultados de la lucha por la independencia, abrumado por la crítica y persecución a su entorno más cercano y soportando una dolorosa enfermedad culminó sus días en 1830 en el pueblo caribeño de Santa Marta, hoy Colombia. Su mentor y gran maestro, Simón Rodríguez, fue uno de los afectados por aquella persecución implacable. Desde finales de la década de 1820, Rodríguez tuvo que dar tumbos entre Ecuador, Perú y Chile. En 1828, por ejemplo, lo encontramos en Arequipa, donde publica Sociedades Americanas. En 1831, contrae segundas nupcias con Manuela Gómez, en Lima. Luego, en nuestra capital, acepta la dirección de una escuela y publica su libro Luces y Virtudes Sociales, en el que afirma su concepto de la escuela primaria puntualizando la diferencia entre instruir y educar; también edita en Lima el Informe sobre Concepción después del Terremoto de febrero de 1835. Luego de breves estancias en Chile y Ecuador, viene al puerto de Paita, donde se entrevista con Manuela Sáenz, la antigua compañera de Bolívar y también autoexiliada. Hacia 1850, Rodríguez va a Guayaquil, donde se perderá buena parte de su obra a causa de un incendio que devastó a buena parte de la ciudad. En 1853, emprende su regreso a nuestro país, acompañado por su hijo José y su amigo Camilo Gómez, quien lo asistirá en el momento de su muerte, ocurrida en el pueblo piurano de Amotape el 17 de julio de 1853.

El cuerpo del maestro del Libertador fue enterrado en la iglesia del pueblo de Amotape. Luego, el 26 de noviembre de 1924, por órdenes de Leguía, en el marco del Centenario de la batalla de Ayacucho, el cuerpo fue trasladado al Panteón de los Próceres, recientemente construido en Lima. Finalmente, en 1854, durante las dictaduras militares de Odría en Perú y Pérez Jiménez en Venezuela, los restos de Rodríguez regresaron a su natal Caracas para reposar, finalmente, en el Panteón Nacional.

Bueno, lo cierto es que los pobladores de Amotape afirman que el cuerpo que se llevaron a Lima y luego a Caracas no corresponde a Simón Rodríguez. El verdadero aún yace en la iglesia del pueblo y fue “descubierto” en una remodelación de la estructura del templo que se realizó en la primera mitad de la década de 1990. Tuve la oportunidad de estar en Amotape, conocí la casa donde vivió y murió Rodríguez y el alcalde me mostró el “verdadero” cadáver de aquel ilustre prócer de la independencia americana.

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Casa donde vivió y murió el maestro de Bolívar en Amotape (foto: Juan Luis Orrego)
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Tropas alemnas cruzan la frontera con Polonia

En la mañana del 1 de septiembre de 1939 el ejército alemán invadió Polonia y el 3 de septiembre Gran Bretaña y Francia declaraban la guerra a Alemania. Veinte años después de la firma de los tratados de paz que dieron por concluida la Primera Guerra Mundial, comenzó otra guerra destinada a resolver todas las tensiones que el comunismo, los fascismos y las democracias habían generado en los años anteriores. El estallido de la guerra en 1939 puso fin a lo que el historiador Edward H. Carr llamó "la crisis de veinte años" e hizo realidad los peores augurios. En 1941, la guerra europea se convirtió en mundial. El catálogo de destrucción humana que resultó de ese largo conflicto de seis años nunca se había visto en la historia.

Aunque algunas explicaciones sobre sus causas se centran exclusivamente en Hitler y en la Alemania nazi, en el período que transcurrió entre 1933 y 1939, para obtener una fotografía completa debe rastrearse en los trastornos producidos por la Primera Guerra Mundial. Al final de esa contienda, el mapa político de Europa sufrió una profunda transformación, con el derrumbe de algunos de los grandes imperios y el surgimiento de nuevos países. De esa guerra salieron también el comunismo y el fascismo. Al tiempo que pasó entre el final de esa primera guerra y el comienzo de la segunda lo llamamos período de entreguerras, como si la paz hubiera sido la norma, pero en realidad en esa "crisis de veinte años" hubo algunas guerras pequeñas entre Estados europeos, revoluciones y contrarrevoluciones muy violentas y varias guerras civiles.

La caída de los viejos imperios continentales fue seguida de la creación de media docena de nuevos Estados en Europa, basados supuestamente en los principios de la nacionalidad, pero con el problema heredado e irresuelto de minorías nacionales dentro y fuera de sus fronteras. Todos ellos, salvo Checoslovaquia, se enfrentaron a grandes dificultades para encontrar una alternativa estable al derrumbe de ese orden social representado por las monarquías. Esa construcción de nuevos Estados llegó además en un momento de amenaza revolucionaria y disturbios sociales.

La toma del poder por los bolcheviques en Rusia en octubre de 1917 tuvo importantes repercusiones en Europa. En 1918 hubo revoluciones abortadas en Austria y Alemania, a las que siguieron varios intentos de insurrecciones obreras. Un antiguo socialdemócrata, Béla Kun, estableció durante seis meses de 1919 una República soviética en Hungría, echada abajo por los terratenientes y por el ejercito rumano. Italia, en esos dos primeros años de posguerra, presenció numerosas ocupaciones de tierras y de fábricas. Esa oleada de revueltas acabó en todos los casos en derrota, aplastadas por las fuerzas del orden, pero asustó a la burguesía y contribuyó a generar un potente sentimiento contrarrevolucionario que movilizó a las clases conservadoras en defensa de la propiedad, el orden y la religión.

El movimiento contrarrevolucionario, antiliberal y antisocialista se manifestó muy pronto en Italia, durante la profunda crisis posbélica que sacudió a ese país entre 1919 y 1922, se consolidó a través de dictaduras derechistas y militares en varios países europeos y culminó con la subida al poder de Hitler en Alemania en 1933. Los datos que muestran el retroceso democrático y el camino hacia la dictadura resultan concluyentes. En 1920, todos los Estados europeos, excepto dos, la Rusia bolchevique y la Hungría del dictador derechista Horthy, podían definirse como democracias o sistemas parlamentarios restringidos. A comienzos de 1939, más de la mitad, incluida España, habían sucumbido ante dictaduras.

Durante un tiempo, sobre todo en los años inmediatamente posteriores a la Segunda Guerra Mundial, analistas e historiadores echaron la culpa de todos esos males, y del estallido de la guerra, a la fragilidad de la paz sellada en Versalles y a los dirigentes de las democracias que intentaron "apaciguar" a Hitler, en vez de parar su insaciable apetito. El problema empezaba en Alemania, donde amplios e importantes sectores de la población no aceptaron la derrota ni el tratado de paz que la sancionó, y continuaba en otros países como Polonia o Checoslovaquia, que albergaban millones de hablantes de alemán que, con la desintegración del Imperio Habsburgo, habían perdido poder político y económico. Como les recordaban los grupos ultranacionalistas, ahora eran minorías en nuevos Estados dominados por grupos o razas inferiores.

Francia fue la única potencia victoriosa que trató de contener a Alemania en el marco de la paz de Versalles. Estados Unidos rechazó esos acuerdos y cualquier tipo de compromiso político con las luchas por el poder en Europa. Italia, sobre todo después de la llegada al poder de Mussolini, quería cambiar también esos acuerdos que no le habían otorgado colonias en África, y marcaba su propia agenda de expansión en el Mediterráneo. En cuanto a Gran Bretaña, su prioridad no estaba en el continente sino en el fortalecimiento de su imperio colonial y en la recuperación del comercio. Francia, por lo tanto, trabajaba para que Alemania cumpliera con los términos del tratado y Gran Bretaña buscaba la conciliación y la revisión de lo que consideraba un acuerdo demasiado injusto para los países vencidos. Esa diferencia dejó a Gran Bretaña y Francia en constante disputa y a Alemania dispuesta a sacar partido de la división.

Pese a todas esas dificultades, a las tensiones sociales y a las divisiones ideológicas, el orden internacional creado por la paz de Versalles sobrevivió una década sin serios incidentes. Todo cambió con la crisis económica de 1929, el surgimiento de la Unión Soviética como un poder militar e industrial bajo Stalin y la designación de Hitler como canciller alemán en enero de 1933. La incapacidad del orden capitalista liberal para evitar el desastre económico hizo crecer el extremismo político, el nacionalismo violento y la hostilidad al sistema parlamentario.

Las políticas de rearme emprendidas por los principales países europeos desde comienzos de esa década crearon un clima de incertidumbre y crisis que redujo la seguridad internacional. La Unión Soviética inició un programa masivo de modernización militar e industrial que la colocaría a la cabeza del poder militar durante las siguientes décadas. Por las mismas fechas, los nazis, con Hitler al frente, se comprometieron a echar abajo los acuerdos de Versalles y devolver a Alemania su dominio. La Italia de Mussolini siguió el mismo camino y su economía estuvo supeditada cada vez más a la preparación de la guerra. Francia y Gran Bretaña comenzaron el rearme en 1934 y lo aceleraron desde 1936. El comercio mundial de armas se duplicó desde 1932 a 1937. Las estadísticas alemanas revelaban que el gasto en armas en 1934 se había disparado y que el porcentaje del presupuesto alemán dedicado al ejército pasó, en los dos primeros años de Hitler en el poder, del 10% al 21%. Según Richard Overy, "el sentimiento popular antibélico de los años veinte dio paso gradualmente al reconocimiento de que una gran guerra era de nuevo muy posible".

Importantes eslabones en esa escalada a una nueva guerra mundial fueron la conquista japonesa de Manchuria en septiembre de 1931, la invasión italiana de Abisinia en octubre de 1935 y la intervención de las potencias fascistas y de la Unión Soviética en la guerra civil española. En apenas tres años, de 1935 a 1938, Hitler subvirtió el orden internacional que, pactado por los vencedores de la Primera Guerra Mundial, había intentado prevenir que Alemania se convirtiera de nuevo en una amenaza para la paz en Europa. El Tratado de Versalles impuso notables restricciones al poderío militar alemán. En 1935, la región del Sarre volvió a ser alemana después de que una mayoría de la población así lo decidiera en un plebiscito. En marzo de 1936, Hitler ordenó a las tropas alemanas reocupar Renania, una zona desmilitarizada desde 1919, y exactamente dos años después, el ejército nazi entraba en Viena, inaugurando el Anschluss, la unión de Austria y Alemania.

La Liga de Naciones, la organización internacional creada en París en 1919 para vigilar la seguridad colectiva, la resolución de las disputas y el desarme, fue incapaz de prevenir y castigar esas agresiones, mientras que los gobernantes británicos y franceses, hombres como Neville Chamberlain o Pierre Laval, pusieron en marcha la llamada "política de apaciguamiento", consistente en evitar una nueva guerra a costa de aceptar las demandas revisionistas de las dictaduras fascistas. Hitler percibió esa actitud como un claro signo de debilidad y, así las cosas, siempre prefirió lograr sus objetivos con acciones militares antes que enzarzarse en discusiones diplomáticas multilaterales.

Esa debilidad llegó a su punto más alto el 29 de septiembre de 1938, en Munich, cuando Neville Chamberlain y Edouard Daladier aceptaron la entrega de los territorios de los Sudetes a Alemania. El sacrificio de Checoslovaquia tampoco frenó las ambiciones expansionistas nazis y Hitler interpretó que Gran Bretaña y Francia le habían dado luz verde para extenderse por el este.

Cuado no había pasado ni un mes desde el acuerdo de Munich, Hitler ordenó a sus fuerzas armadas que se prepararan para la "liquidación pacífica" de lo que quedaba de Checoslovaquia. A mediados de marzo de 1939, las tropas alemanas entraban en Praga y Hitler planeó lanzar una guerra de castigo contra Polonia. Sólo la Unión Soviética, con fuertes intereses en esa zona, podía oponerse y para que eso no ocurriera, Hitler firmó con Stalin el 23 de agosto un pacto de no agresión entre enemigos ideológicos. Unos días después, la invasión de Polonia convenció a las potencias democráticas que la colisión era preferible al derrumbe definitivo de la seguridad europea.

La crisis del orden social, de la economía, del sistema internacional, se iba a resolver mediante las armas, en una guerra total, sin barreras entre soldados y civiles, que puso la ciencia y la industria al servicio de la eliminación del contrario. Un grupo de criminales que consideraba la guerra como una opción aceptable en política exterior se hizo con el poder y puso contra las cuerdas a políticos parlamentarios educados en el diálogo y la negociación. Y la brutal realidad que salió de sus decisiones fueron los asesinatos, la tortura y los campos de concentración. Hitler provocó la guerra, pero ésta fue también posible por la incapacidad de los gobernantes demócratas para comprender la violencia desatada por el nacionalismo moderno y el conflicto ideológico (por Julián Casanova, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Zaragoza, para El País de España).

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El acorazado "Garibaldi"

Un grupo de buceadores croatas ha descubierto en el mar Adriático, cerca de Dubrovnik, los restos excelentemente preservados del crucero acorazado italiano "Giuseppe Garibaldi", hundido en 1915 por un submarino austro-húngaro, informaron hoy los medios croatas. El crucero de la Primera Guerra Mundial, que fue el orgullo de la Marina de guerra italiana, yace en el fondo del mar a varias millas náuticas de la costa adriática. El rotativo Jutarnji list asegura que se trata de la nave hundida hallada hasta ahora en la mayor profundidad en la costa croata del Adriático, a 122 metros de la superficie del mar. El barco participó en la batalla de Cavtat, al sur de Dubrovnik, donde atacó con sus cañones la vía férrea Sarajevo-Herceg Novi, pero que después fue hundido por el submarino austro-húngaro U4. La nave, con 111,76 metros de eslora y 18,25 metros de manga, estaba armado con 29 cañones de diversos calibres y cuatro tubos lanzatorpedos (EFE).

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Nunca veía sus películas. Al terminar de rodar, Luis Buñuel daba las pertinentes instrucciones de montaje y desaparecía. No conocía el resultado final. Atípica costumbre que dejó anécdotas como ésta: "Una vez, en México -país al que le forzó el exilio- pusieron 'Los Olvidados' en televisión y dijo 'Voy a verla'. A los minutos de empezar, apareció una botella de Coca-Cola sobre las imágenes y Buñuel gritó: "¿Y yo he montado eso?, ¿una Coca-Cola? ¡Me cago en la leche! Y ya no vio más". Genio y figura.

Quien recuerda este episodio es su hijo Juan Luis, protagonista junto al guionista Jean-Claude Carrière -amigo y mano derecha de Buñuel en películas como El discreto encanto de la burguesía- del documental El último guión, una aproximación al universo 'buñueliano' que se estrena el próximo viernes. La película, inspirada en su libro de memorias, El último suspiro, muestra el peregrinaje de Carrière y Buñuel-hijo por los lugares que marcaron la vida del director y los momentos que compartieron con él.

Comienza en su Calanda natal (febrero de 1900), cuya explosión de tambores marcaría sus pensamientos. Sigue en Zaragoza, donde creció entre jesuitas y las conservadoras costumbres de una familia de la burguesía. Y se recrea en Madrid, en los años de la Residencia de Estudiantes que marcarían su vida. Allí le esperaban Lorca y Dalí, con quien compartió afectos, cultura y borracheras, y cuyos recuerdos quedaron para siempre en su memoria.

Relación con Lorca y con Dalí.- "A lo largo de toda su vida le atormentó el recuerdo de Lorca cuando lo iban a fusilar. Se ponía muy triste pensando en lo que habría pasado por la cabeza de su amigo en esos momentos", recuerda su hijo. Más complicada fue su relación con Dalí, quien, cuenta el documental, se negó a prestarle dinero cuando lo necesitó en EEUU y le delató como ateo y comunista.

"Una vez, estábamos paseando por París y llegamos a un café al que él solía ir con Dalí en sus años de amistad y juventud. Nos sentamos y cuando estábamos allí, apareció él, con sus bigotes, bajando de un Cadillac y con toda la corte de gente tonta que le seguía. Mi padre se escondió detrás de la carta y Dalí subió a la segunda planta. Yo le pregunté por qué no le saludaba", cuenta Juan Luis. "Si lo hiciese, seguro que nos abrazaríamos, pero a los diez minutos esto estaría lleno de periodistas", le contestó. El Buñuel adulto rehuía la parafernalia de Dalí.

El documental traslada después a París, a los años del surrealismo, cuando nacen Un perro andaluz y La edad de oro. Y de allí, de nuevo a Madrid, y a Nueva York, adonde se marchó tras el asesinato de Lorca. Después Los Ángeles y, al fin, México, su enclave definitivo, al que llegó tras verse obligado a huir también de EEUU por la persecución que se había emprendido contra los comunistas.

"La cinta muestra sobre todo la importancia que le dio a la amistad, la libertad con que hacía sus películas y sus múltiples contradicciones", cuenta Gaizka Urresti, codirector junto a Javier Espada, director del Centro Buñuel de Calanda. Y es que el proyecto, que ha pasado ya por numerosos festivales, surge ligado al Museo. "Nos gustaría que la gente se quede con ganas de conocer más de Buñuel, de ver sus películas y leer sus memorias", añade Urresti.

El exilio mexicano.- A lo largo de dos horas, se suceden imágenes inéditas, como las de Buñuel haciendo de extra en Hollywood, vestido de monja o junto a los surrealistas en París. "Él lo que sabía hacer es cine, ¿qué habría sido de él si hubiese nacido en el siglo XVII", se pregunta Carrière en un momento determinado. "Sería carnicero", responde Juan Luis.

Los últimos años en México fueron los más activos como director, con Los olvidados, Nazarín, El ángel exterminador, Simón del desierto... "En casa nunca le vimos como un genio, nunca hablábamos de su trabajo ni le dábamos importancia. Una vez, de adolescente, me puso Un perro andaluz y yo no entendí nada y él tampoco intentó explicármelo", cuenta su hijo. Asegura que no se ha llevado sorpresas al preparar la cinta. "Me he encontrado con la imagen que tenía de él. Mi padre era un señor muy recto. Puede que lo más importante para él fuese la risa, el humor", dice. Recto pero lleno de contradicciones.

"Siempre decía que había hecho tres películas en su vida: Un perro andaluz, La edad de oro y Tierra sin pan. Decía que todo lo que tenía que decir ya lo había dicho en esas tres. El resto eran repeticiones", añade. Y ésta, ¿le habría gustado? "No le habría gustado nada. Odiaba los homenajes", afirma tajante Juan Luis. "Seguro que habría incluido algún sueño", aventura Javier Espada (tomado de El Mundo de España).

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Procesión del Señor del Mar por la avenida Sáenz Peña en 1958 (regioncallao.gob.pe)

El 28 de octubre de 1746 ocurrió quizá la mayor catástrofe telúrica de la historia del Perú virreinal: un violento terremoto devastó Lima y el Callao. Cronistas de la época y testigos aseguran que el terrible sismo tuvo una duración de 3 minutos y se estima que en la capital murieron no menos de 5 mil personas. El virrey Conde de Superunda afirma en sus Memorias que de las 3 mil casas existentes en Lima quedaron en pie unas 25; y de los 2 mil habitantes del puerto del Callao quedaron vivos 200. Pero el terremoto trajo una desgracia adicional para el Callao: un maremoto o tsunami.

Cuentan los cronistas de la tragedia que los chalacos “volaban” en dirección a Lima, procurando situarse en lugares altos con sus familiares y algunas contadísimas pertenencias, tratando así de ponerse a salvo contra la furia del mar, que llegó hasta el tambo de Nuestra Señora del Carmen de la Legua, y haciendo que 23 naves que se hallaban anclados en el puerto rompiesen cadenas, para ser echadas hasta el antiguo mercado situado casi en los límites del Callao con Bellavista.

Luego de tremenda catástrofe, llegaron algunos auxilios desde Lima, pero muy escasos pues la capital también había sido casi devastada. Se cuenta que un chalaco, don Antonio Casavilca, acompañado de su familia, decidió prestar ayuda a los damnificados. Narra la leyenda que, como buenos cristianos, e ignorando si el mar que había tornado a retirarse se decidiría por volver a atacar, salieron por las inmediaciones de Bellavista para dar ayuda y cuál no sería su sorpresa cuando, a la mitad del camino, se toparon con la imagen del Señor. Contaron que Cristo se hallaba dignamente sentado, con la frente coronada de espinas, llevando una caña como cetro y mirando hacia el mar pareciendo decirle: ¡De aquí no pasarás!. Y no pasó.

Pero, en verdad, aquel Cristo no era precisamente ni una aparición ni Dios en persona. Se trataba de una imagen estatuaria atribuida a Juan Martínez Montañez, arquitecto y escultor español del siglo XVII. Es lo que aseguraron Domingo y Valentín Real Quinto, quienes restauraron la joya artística en 1951. Sostuvieron que la estatua habría permanecido sumergida en el mar, puesto que hallaron residuos de agua grisácea y salada en su interior. Quizá debió haber pertenecido a alguno de los barcos que zozobraron frente al Callao el infausto 28 de octubre de 1746.

Lo cierto es que desde la tragedia sale en procesión desde el templo de Santa Rosa (declarado parroquia en 1865) cada vez que llega la fecha del cataclismo que azotó al Callao en 1746. Esta es la historia sobre “El Señor de Mar”, cuya venerada imagen despierta fervor en el Callao desde hace más de dos siglos, comparable al “Señor de los Milagros” de Lima, que anda a la zaga del Cristo Chalaco en lo que a maremotos se refiere.
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¿EL MILAGRO PERUANO?
Publicado en la editorial de El Mercurio de Santiago (24/08/09)

Perú comienza a ser un país reconocido mundialmente por su vigoroso crecimiento económico. Este año será débil, como en el resto del mundo, pero aun así llegará al 2,5 por ciento. Chile, en cambio, tendrá una caída cercana a uno por ciento en su producción. Al respecto, es más interesante mirar los cinco años previos a la crisis: Perú creció a 7,6 por ciento, en tanto que nuestro país lo hizo sólo a 4,8 por ciento promedio anual. Además, en ese lustro la tasa de crecimiento en Perú estuvo al alza, alcanzando 9,8 por ciento en 2008, y la nuestra estuvo a la baja, llegando a sólo 3,2 por ciento en ese año.

Parte de tales diferencias en crecimiento se debe a que nuestro nivel de ingresos per cápita es superior al de Perú: en dólares ajustados por paridad del poder de compra, el año pasado tuvimos un ingreso per cápita 69 por ciento mayor.

Pero lo relevante es la rapidez con que se está cerrando la brecha: en 2000 teníamos un ingreso per cápita 88 por ciento superior, y para 2014 el FMI proyecta que tendremos un producto por persona que será sólo 57 por ciento superior al peruano. Esto muestra de modo muy concreto cómo las diferencias en tasas de crecimiento redundan en pocos años en cierre de brechas de riqueza entre países. Esto no es sólo fruto de las diferencias iniciales en el ingreso de uno y otro, como queda en evidencia en numerosos reportajes que en la prensa internacional abordan el caso peruano, y personajes de la talla política e intelectual de Bill Clinton o Francis Fukuyama, respectivamente, destacan la experiencia peruana.

En nuestro vecino hay un esfuerzo sistemático -que atraviesa ya varios gobiernos- por promover reformas que potencien el crecimiento económico, incluyendo desde apertura comercial hasta flexibilización de los mercados laborales. Muchas de esas reformas han sufrido críticas y se ha cuestionado que ellas no han beneficiado a los sectores más pobres, aunque en los últimos años hay evidencia sólida de que esto ha ocurrido con más fuerza que cuanto se había estimado. Nuestro país, en cambio, ha perdido esa coherencia, y la capacidad de crecimiento de largo plazo se ha deteriorado.

Entre nosotros, la posibilidad de acuerdos reformistas se ve cada vez más lejana, y los dirigentes políticos parecen mucho más atentos a los vetos que imponen diversos grupos de presión. Una suerte de corporativización impide las reformas, y se escucha con creciente fuerza que ellas son políticamente inviables, como si la tarea de los dirigentes políticos no consistiese, precisamente, en hacerlas posibles. Si Chile no se atreve a llevarlas adelante, crece el riesgo de rezago y se diluyen sus posibilidades de ser desarrollado en plazos razonables.

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En este grabado del Callao, de Arnoldus Montanus (hecho en 1671, probablemente desde un barco holandés), se puede ver la muralla del Callao

Hoy desaparecida, la Gran Muralla fue obra del virrey Marqués de Mancera y la idea era dar seguridad no solo al Callao sino también a Lima, que no contaba aún con su recinto amurallado. Fue construida en siete años (1640-1647) y fue diseñada por el ingeniero y capitán Juan de Espinoza. El costo debió ser asumido por toda la población del Callao y de Lima a través de dos impuestos especiales: uno a la carne y otro al azúcar, y luego al vino. Los gastos de construcción ascendieron a 876 mil pesos, sin contar la piedra que se sacó de la isla de San Lorenzo (llamada en ese entonces “El Muerto”), el acarreo de piedras y el salario de los soldados que laboraron en la obra. El problema es que no tardó mucho tiempo en que los efectos de la erosión, el embate de las marejadas y la falta de mantenimiento, la muralla casi ya no servía para la defensa. Cuentan los testimonios que 30 años después de culminada la construcción, partes enteras se habían venido abajo. En 1720, la quinta parte de la muralla que daba a la bahía estaba en escombros. Finalmente, la muralla no pudo sobrevivir a la ola (el tsunami) que el 28 de octubre de 1746, a las 10:30 de la noche, siguió a unos de los más fuertes terremotos que registra la historia de la costa peruana. El castillo del Real Felipe, sustituiría a la antigua Gran Muralla.
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Barrio italiano de Chucuito

Entre finales del siglo XIX e inicios del XX, Chucuito siempre fue buscado por la bondad de su clima, incluso había allí unos “Baños de Salud”. Antes hubo aquí un pequeño pueblo de pecadores indígenas que desapareció. Cuando se levantó Chucuito, como sabemos, se formó una comunidad de descendientes de viejos pescadores italianos, quienes construyeron sus peculiares casas de madera que nos recuerdan una aldea siciliana o napolitana. Todos estos pescadores estuvieron ligados por lazos de parentesco y cariño por sus tradiciones, como preparar el muschame (hay quienes dicen que fueron los inventores del cebiche).

Algunas informaciones indican que Chucuito fue el “Callao antiguo”, pues sus actuales pobladores, ya muy acriollados, están ubicados sobre lo que fue el lugar de la antigua aldea de pescadores indígenas, junto a la cual de construyó, en la época virreinal, el Callao. Hay también versiones que había en esta primitiva aldea de pescadores unos gramadales, en cuya parte central corría un arroyo de aguas muy limpias que desembocaban en el mar formando, antes de llegar al océano, una lagunilla. En suma, parece que este “primer Callao” tuvo también su río.

Ese “primer Callao” fue tragado por las olas cuando ocurrió el maremoto de 1746. El Chucuito actual es una realidad republicana. En Chucuito también funcionó la estación terminal del ferrocarril inglés que iba a Lima. Hoy, afortunadamente, un plan piloto impulsado por la Municipalidad del Callao ha permitido que 7 manzanas de este tradicional barrio chalaco luzcan ahora una imagen remozada que algunos podrían confundir con el famoso pasaje Caminito, en el barrio bonaerense de La Boca. El proyecto ha permitido pintar las fachadas de 150 casas de la zona; además, se han instalado decenas de faroles y se han cambiado las rejas y algunos muros y balcones de madera de las viviendas, propios de una época pasada que ahora resurge con especial vitalidad.

La plaza Santa Rosa.- También en Chucuito está esta plaza donde, en la época virreinal, se ubicaba un pequeño fuerte avanzado de la fortaleza del Real Felipe y conectado a ésta por una trinchera que salía de la “Puerta del Perdón” (que daba frente al sureste). A este pequeño fuerte o fortín se le llamó “San Rafael”, luego llamado “Santa Rosa” cuando, durante el Combate del 2 de Mayo de 1866, se emplazó el fuerte patriota Santa Rosa. Luego hubo en este lugar un faro y bancas con azulejos, ya desaparecidos.

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En 1621, Holanda autorizó la formación de la Compañía de las Indias Occidentales que, entre sus propósitos, debía efectuar una ofensiva contra España privándola de los metales obtenidos de sus posesiones coloniales. Así, en 1623, se armó una expedición hacia el Perú, a cargo del almirante Jacques Clerk L’Hermite, de origen francés.

Holanda había sido informada que en las minas de Potosí se había desatado una lucha entre españoles y los criollos por la posesión de las minas de plata. Los informes aseguraban que, si se tomaba el puerto de Arica, llegar hasta Potosí, no sería tarea difícil.

La armada contaba con 11 naves y casi 2 mil hombres. Su objetivo era conquistar todo el territorio del virreinato del Perú. Las primeras noticias acerca del ataque holandés llegaron al virreinato en 1623, cuando circularon rumores que indicaban el avistamiento de 15 naves enemigas en las costas chilenas. Ello motivó al virrey Marqués de Guadalcázar a ejecutar una serie de mejoras en las defensas artilleras de Lima y Callao, disponiendo el emplazamiento de 56 cañones, los que fueron distribuidos en la costa comprendida entre Pachacámac y Ancón. En cuanto a los fuertes existentes, el Virrey dispuso la ubicación de 7 piezas de artillería sobre las bases del inconcluso fuerte Santa Ana, que una vez terminado fue rebautizado como fuerte Guadalcázar. El Virrey disponía de unos 2 mil hombres para defender el Callao. Otra de las medidas preventivas, y quizás la más acertada, fue la de adelantar el despacho del oro y la plata Panamá. Esta precaución resultó ser providencial, pues la expedición holandesa ya estaba muy próxima al Callao, y pocos días después iniciaría su largo asedio y bloqueo en aquel puerto.

Así, el 5 de mayo de 1624 las naves holandesas habían sido divisadas en Mala cuando el Virrey presenciaba en el Callao una corrida de toros, organizada para celebrar la partida de la armada con los tesoros a Panamá. El jueves 9 de mayo llegó el momento temido. La armada de L’Hermite estaba a la vista del puerto del Callao, estableciendo de inmediato el bloqueo. Las 11 once naves se ubicaron desde la mitad del canal entre la isla San Lorenzo y La Punta, hasta llegar a las cercanías de la desembocadura del río Rímac. Luego de fondear, los holandeses aferraron banderas rojas en la popa de sus naves, en señal de hostilidad.

En tierra, el ejército estuvo listo para actuar. La primera acción hostil de los holandeses ocurrió al día siguiente cuando, al amanecer, pretendieron desembarcar por la zona norte del Callao. Pero en el lugar había un batallón de 60 infantes, reforzado por 30 hombres a caballo que lograron rechazar a los holandeses. El día 11, los holandeses capturaron 3 barcos mercantes que se hallaban navegando hacia el Callao. Una de estas embarcaciones llevaba 2.500 botijas de vino a Pisco, abundante fruta fresca, cuya captura fue bien recibida por los holandeses para aliviar a sus enfermos y tripulantes. La segunda embarcación provenía de Huarmey con leña; la tercera venía de Huanchaco con trigo y documentos.

El 15 de mayo, L’Hermite, viendo que los intentos por desembarcar en el Callao y los ataques realizados a dicho puerto no habían tenido éxito, decidió establecer el bloqueo. Así, el Virrey convocó a una junta de guerra, luego de la captura del artillero holandés Carten Carstens, cuyo testimonio resultó ser fundamental: se comprobó la debilidad de los invasores. Quien se encargó de interrogar al Carstens, fue el jesuita Juan Baptista Exidiano: se supo cuáles eran los planes de los holandeses, el descontento por los fuertes trabajos que habían efectuado, las pocas raciones de comida que recibían y que L’Hermite se hallaba enfermo, como muchos holandeses.

Conociendo estos datos, se decidió por defenderse desde tierra, rechazando cualquier intento por desembarcar. En suma, esperar rechazar cualquier intento de desembarco y con dicha resistencia y sin capacidad de reabastecerse, los holandeses desistiesen de su empresa por agotamiento de sus recursos. El bloqueo holandés duró hasta agosto. El día 14, los holandeses juzgaron inconveniente seguir atacando el Callao y decidieron acabar con el bloqueo al puerto. Alistaron sus naves para partir y procurarse agua en el sitio más próximo posible. Partieron desde San Lorenzo las 14 naves; 3 eran de las capturadas. Su primera –y última- recalada fue la bahía de Ancón en donde se detuvieron para excavar pozos en busca de agua durante dos días. Luego, reiniciaron su viaje a través del Cabo de Hornos. En 1626 llegaron a Holanda.

Luego de la huida de los holandeses, el Virrey mandó reconocer la isla San Lorenzo para ver lo que dejó el enemigo y si había algún sobreviviente. Lo que hallaron fueron 60 cuerpos enterrados, entre ellos el del almirante L’Hermite, enterrado en una caja así como el de un pastor protestante. Según refiere un impreso español sobre la “victoria” hispana sobre los holandeses, en 1625 el cuerpo del pastor fue quemado en una hoguera por “algunos curiosos”, y después de dos días, los restos del marino enemigo siguieron la misma suerte. En la isla también se encontraron con que los holandeses ante la falta de agua, pensaron buscarla en el subsuelo, cavando varios pozos, pero al parecer tan solo hallaron agua salobre (la información del post de hoy nos fue proporcionada por el capitán de fragata John Rodríguez Asti).
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Dársena y faro del Callao a finales del siglo XIX

El 20 de agosto de 1836 se creó la provincia del Callao. Sin embargo, la historia de nuestro primer puerto es nutrida y bien rica, pues se remonta hasta los tiempos prehispánicos cuando allí existió un villorrio de pescadores indios. Luego, cuando se fundó La Ciudad de los Reyes, el lugar fue conocido como “el Callao de Lima” y sus pobladores fueron llamados chalacos, que significa “hombres de la costa”. Al igual que Cartagena de Indias, Guayaquil o Valparaíso, el Callao guarda innumerables episodios históricos y anécdotas vinculadas al mar y a los hombres del mar. Su historia se entremezcla con desastres naturales (terremotos y maremotos), cultos locales, combates navales y proezas marinas. Todo aquello está guardado en la memoria de los chalacos.

¿Por qué provincia constitucional? Esta tradición tiene que ver con las luchas independentistas y caudillescas del siglo XIX. En este sentido, los chalacos se sienten descendientes de movimientos por la libertad y la legalidad. Un primer ejemplo fue el donativo de 18 onzas de oro que en diciembre de 1821 hicieron a la causa patriota a través del capitán de las cuadrillas de playeros, un tal Barboza. Otro momento fue en 1834 cuando los chalacos rechazaron el intento usurpador del caudillo Agustín Gamarra contra el presidente Luis José de Orbegoso. Pero el nombre “constitucional” viene de cuando su plaza fue escenario de los sangrientos sucesos de 1857, cuando los “constitucionalistas” defendían al gobierno de Ramón Castilla contra los insurrectos del general Manuel I. de Vivanco. Los hombres de Vivanco desembarcaron en el Callao e intentaron apoderarse de la plaza. Tras un sangriento combate, los chalacos derrotaron a los vivanquistas y, ese mismo día, el diputado por el Callao, Manuel Toribio Ureta, propuso, en la Convención, que se le llamara “Provincia Constitucional” al Callao, idea que fue aprobada sin mayor trámite y por unanimidad. Es importante anotar que la antigua Plaza de Armas del Callao fue llamada primero “Plaza Constitución”, luego “Plaza La Victoria” (1885) y, finalmente, “Plaza Grau”.

El camino a Lima en el siglo XIX y la construcción del ferrocarril.- El viaje a Lima se hacía en carruajes, en cabalgaduras o a pie. Los viajeros del siglo XIX detallan con minuciosidad las condiciones del viaje por lo obligado que era su trayecto para llegar a Lima. En este sentido, la mayoría de las descripciones coinciden en señalar que el camino estaba infestado de asaltantes. La gran innovación vino en la década de 1850 con la construcción de la vía férrea que uniría a Lima con el Callao.

El primer ferrocarril del Perú fue el que unió Lima y el Callao en 1851. Fue la culminación de proyectos iniciados en 1826 y concretados en el primer gobierno de Castilla y la ceremonia de colocación de la primera piedra se realizó en la Estación de Lima el 30 de junio de 1850. Al mes siguiente se iniciaron los trabajos en base de los planos del ingeniero John England y 5 meses después se hizo el primer viaje de prueba entre el Callao y el convento San Juan de Dios, hoy Plaza San Martín. El 8 de noviembre se organizó un pequeño convoy formado por una locomotora y un coche en el que viajó el presidente Castilla, ida y vuelta al Callao, en viaje inaugural. Por fin, el 3 de enero de 1851 comenzó el servicio de pasajeros y el 17 de mayo se inauguró oficialmente la línea. La construcción de los casi 14 kiIómetros de la vía se efectuó en 11 meses y 18 días. Dos locomotoras importadas de Inglaterra fueron bautizadas con los nombres de “Lima” y “Callao”. El 17 de mayo de 1851, ya durante el gobierno del presidente Echenique, se comenzó a usar el ferrocarril regularmente para el transporte de pasajeros pagando pasaje. El muelle del Callao del cual arrancaba la vía ya no existe pues fue reemplazado por el actual muelle de guerra cuando en 1865 se iniciaron las obras de lo que se llama Muelle y Dársena.

Luego de la Guerra del Pacífico, la Peruvian Corporation tomó a su cargo la línea y continuó con el servicio de pasajeros. Era una vía simple que partía del muelle y bordeaba la fortaleza del Real Felipe (llamado en el siglo XIX “Castillo de la Independencia), entraba a la actual avenida Grau (ex Buenos Aires, y en el siglo XIX llamada “Del Ferrocarril) para luego enrumbar a Lima por la avenida Colonial. Luego, el ferrocarril tendría dos ramales que se extendían a La Punta y Bellavista. Fue llamado “inglés” por limeños y chalacos, pues de Inglaterra vino la maquinaria y los carros o vagones del tren. Lamentablemente, hoy sólo ofrece servicios esporádicos de carga entre la Estación de Desamparados y el Terminal del Callao.

El alumbrado público en el siglo XIX.- El alumbrado público y privado a kerosene y luego a gas cambió el aspecto de la ciudad. Hasta ese momento, las casas particulares y negocios colocaban mecheros de aceite en las puertas y los encendían al caer la tarde y alumbraban un espacio reducido hasta aproximadamente las 10 de la noche. En 1854 se celebró un contrato para instalar 167 faroles a kerosene en la calle del Comercio (hoy jirón Constitución). Posteriormente, en 1865, la empresa de Juan Matkinson instaló 370 faroles a gas para alumbrado público y domiciliario.

La iglesia matriz.- La tradición cuenta que este templo, ubicado en la Plaza Grau, data de la época virreinal, y es posible que con el maremoto de 1746 se destruyó; sus bases se encontraron casi integras y pudo ser reconstruida luego. Lo cierto es que la actual iglesia fue levantada con fondos fiscales en 1866, con autorización del presidente Mariano I. Prado. Decimos la “actual iglesia” porque sus libros de bautismo y defunción datan de 1749; es decir, tres años después del sismo que hizo desaparecer el Callao. Y hay otro dato: fue elevada a parroquia en 1834 por el arzobispo de Lima Jorge de Benavente. Existe también un plano del Callao de 1573, en el que se detalla una Iglesia con manzanas alrededor. Lamentablemente los constantes tsunamis y terremotos que a sufrido el Primer Puerto de la republica entre 1586 y 1966 (los mas devastadores) han ocasionado de que esta Iglesia haya sido reconstruida varia veces.

Lo cierto es que la actual iglesia, de bellos altares tallados, se empezó a construir en la década de 1860 y es de estilo neoclásico, de una sola nave y numerosas columnas y arcos, y un abreve cúpula sobre el altar mayor. Ubicada en la calle Miller, es llamada matriz por ser la principal y como “madre” o generadora de las demás, ya que solo hasta su construcción solo existía la capilla de Guadalupe (ubicada en el pequeño hospital donde se atendía a los marineros enfermos). Iniciada la construcción de la Matriz, tardó varios años en ser terminada. Concluida su edificación, se la nombró con el título de Iglesia de San Simón y San Judas. Durante varios años, cuidaron de ella los sacerdotes franceses de la Inmaculada Concepción. Luego del terremoto de 1966, cuando quedó seriamente dañada, el obispado del puerto y el gobierno de Holanda se encargaron de su reconstrucción. A mediados de la década de 1970, gracias a la decisión de monseñor Ricardo Durand Florez, en ese entonces Arzobispo-Obispo del Callao, tuvo otros procesos de reconstrucción, uno de ellos del Gobierno de Alemania y el último por Corde-Callao. Finalmente, el 16 de setiembre de 1995 fue reinaugurada la Iglesia Matriz y consagrada como Catedral del Callao.

La calle más antigua del Callao.- Al finalizar el siglo XIX, el tránsito pesado por la antigua calle Lima fue disminuyendo por el funcionamiento del tren inglés. Eso fue aprovechado por las autoridades del puerto para adoquinar la vía con bloques de piedra tallada procedente de la isla del Frontón. Luego, la presencia del tranvía eléctrico Lima-Callao contribuyó a que los chalacos se preocuparan más por el aspecto ornamental de la calle Lima. De esta manera, desaparecieron las acequias y se plantaron árboles a lo largo de la avenida. El ritmo de las edificaciones fue lento hasta completar la primera manzana con las calles Paz Soldán y Colón. Pero con el tráfico comercial y la apertura de negocios se convierte en la principal arteria del Callao hasta la fecha. Lo cierto es que el 23 de agosto de 1914, el Consejo Provincial del Callao acordó modificarle el nombre a la avenida por el de Roque Sáenz Peña, en honor al ilustre militar argentino, además de presidente de su país, quien luchó por el Perú en la Guerra del Pacífico. Sin embargo, hasta no hace mucho tiempo, algunos chalacos conservadores, o algo nostálgicos, la seguían llamando como antaño: “calle Lima” (algunos datos utilizados en el post de hoy han sido tomados del libro de Francisco Quiroz, Historia del Callao : de puerto de Lima a provincia constitucional. Callao, 2007).

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Jirón Constitución (1904)
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Varias imágenes y conversaciones entre los integrantes de los Beatles que no habían sido vistas ni oídas nunca antes saldrán a la luz el mes que viene gracias a un documental que emitirá la BBC. El montaje de la cadena pública británica lleva por nombre "The Beatles on record" y formará parte de la programación especial que la BBC emitirá durante una semana sobre la banda, según informó la emisora. El documental se ha elaborado con grabaciones recogidas en el famoso estudio de Abbey Road en algunas de las últimas sesiones de trabajo que compartieron sus cuatro miembros, y en él se muestran imágenes y audio inéditos de John Lennon, George Harrison, Paul McCartney, Ringo Starr y su productor, George Martin. En él podrá seguirse la evolución musical del cuarteto de Liverpool desde su primer disco, "Please Please Me", en 1963, hasta su último trabajo, "Abbey Road", grabado en 1969. Sesenta canciones, fotos y secuencias casi desconocidas así como varias escenas que recogen las conversaciones que mantenían "los cuatro fantásticos" del pop británico y que fueron descartadas en su momento son parte del material reunido en el documental. La BBC2 ofrecerá este montaje en septiembre, pocos días antes de la puesta en venta del catálogo original remasterizado de la banda, además del estreno del videojuego "The Beatles: Rock Band". La cadena pública británica también ofrecerá durante su semana de programación especial sobre los Beatles un documental sobre la primera visita de la banda a EEUU que no se ha emitido nunca por televisión (EFE).
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Hoy hace 40 años, medio millón de jóvenes se hacinaban en Woodstock, el padre de todos los festivales musicales. Fue quizá el desastre más exitoso de la historia. Tres días de paz y amor convertidos en la imagen icónica de una época. Visitamos el lugar donde se celebró para comprobar qué es lo que queda de un mito que sigue seduciendo.

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Fue casi un mes después de que Neil Armstrong pisara la Luna y apenas unos días más tarde de que los seguidores de Charles Manson perpetrasen los salvajes asesinatos en casa de Roman Polanski. El 14 de agosto de 1969, furgonetas, autobuses escolares reciclados y miles de utilitarios colapsaron la ruta 17b del Estado de Nueva York. Aquel monumental atasco fue el comienzo de un legendario fin de semana en el que cerca de medio millón de jóvenes se dieron cita en los terrenos de la granja de Max Yasgur.

Hubo una cantidad considerable de estupefacientes, mucho barro y una extraña sensación de liberación e idilio colectivo. Janis Joplin, Jimi Hendrix, Joan Báez, Sly, Richie Havens y Joe Cocker, y 25 grupos más, pusieron la banda sonora al desastre más exitoso que se recuerda en la historia de los festivales de música. El entonces gobernador, Nelson A. Rockefeller, declaró el condado zona catastrófica. El Ejército acudió a su auxilio. Medicinas y comida fueron lanzadas desde el aire. Woodstock pasó a convertirse en el hito de una generación.

Cuarenta años después, la carretera que conduce hasta los terrenos donde se celebró el festival, en el pequeño pueblo de Bethel, apenas ha cambiado. Sin embargo, el número de turistas que visitan la zona ha aumentado bastante desde que se abrió en 2006 el Centro Bethel Woods. Su auditorio, de 15.000 localidades, programa actuaciones de Bob Dylan o la Filarmónica de Nueva York, o el concierto homenaje de los Heroes of Woodstock, con ocho de los artistas que actuaron en 1969.

En lo alto de una colina frente al auditorio, un centenar de escolares escuchan una mañana de julio la historia de Duke Devlin. “Vine a pasar tres días y me quedé 40 años”. Alto y corpulento, este superviviente del festival luce barba y melena blancas y muchos tatuajes en los brazos. Parece un Santa Claus alternativo. Tras su paso por la Armada estuvo varios años saltando de comuna en comuna. En una de ellas vio un anuncio del festival. No se lo pensó. En Woodstock se unió a los miembros de Hog Farm, el colectivo de Santa Fe. “Distribuimos comida y ayudamos a quienes tenían malos viajes de ácido”.

Cuando todo terminó, Duke empezó a trabajar en una lechería de los alrededores. Hoy sus nietos van a la escuela local y él hace de guía en el centro. Subido a un cochecito de golf, conduce hasta la zona donde se montó el escenario en 1969, un gran rectángulo sin hierba, cubierto de piedras. Unos metros más allá se encuentra una placa conmemorativa. Una pareja en bermudas se saca fotos. El mito sigue siendo atractivo. Este año, 13 nuevos libros han sido publicados en Estados Unidos y el director Ang Lee estrena (en España, el 2 de octubre) una película sobre el festival.

Cabe darle la razón a Ellen Willis, la pionera crítica de rock que inauguró el género en el New Yorker. “Hay que reconocer algún mérito a los productores de la Feria de Arte y Música de Woodstock: al fin y al cabo, han dado un golpe magistral en cuestión de relaciones públicas”, escribió Willis en su crónica del festival para revista. “Parece que han logrado que cuaje la idea de que la crisis en Bethel fue un caprichoso desastre natural más que el resultado de la incompetencia humana, que la asistencia masiva era totalmente inesperada (y que, por tanto, era imposible que cualquier ser razonable lo hubiera previsto) y que, además, ellos han perdido más de un millón de dólares en el proceso de ser buena gente, porque hicieron todo lo posible por convertir lo que apuntaba a ser un fracaso en un fin de semana enrollado” .

El mito de Woodstock que Willis veía crecer días después del festival acabó de establecerse gracias al documental Woodstock Festival: tres días de paz, amor y música, dirigido por Michael Wadleigh y editado por Thelma Schoonmaker y Martin Scorsese. Llegó a las pantallas en 1970 y fue galardonado con un Oscar. En él se mostró al gran público la llegada del Ejército y los helicópteros, las pipas de papel de plata y el éxtasis colectivo; las actuaciones de Hendrix, Joan Báez o Richie Havens. Woodstock se convirtió en un mito global. Las imágenes de jóvenes desnudos bañándose en los lagos o deslizándose por el barro pasaron a formar parte del imaginario colectivo.

El barro de 1969 ha quedado neutralizado en centro de arte de Bethel. “Cuando me propusieron encargarme de esto, pensé: ¿cómo voy a vender sexo, drogas y rock and roll a escolares?”, dice Wade Lawrence, el director del museo del centro. La solución ha sido apostar por el contexto y hacer un museo de historia política y social de los sesenta. Aquellos años estuvieron marcados por la lucha de los derechos civiles y el movimiento estudiantil contra la guerra de Vietnam. Kennedy llegó a la presidencia, y Martin Luther King encabezó la histórica marcha hasta Washington; ambos murieron asesinados. Las comunas se expandían, el ácido y la marihuana eran moneda común entre los adolescentes alternativos y el rock vivía una nueva edad dorada.

En las enormes pantallas del museo, Richie Havens canta Freedom –el himno que improvisó sobre el escenario cuando ya no sabía qué más tocar–, y Joe Cocker agradece la ayuda de sus amigos en With a little help from my friends. Las vitrinas muestran las portadas de discos de Supremes, Dylan y los Beatles, entre otros.

Woodstock se encuentra a una hora y media en coche del museo. Los promotores originalmente planearon celebrar aquí el festival. El veinteañero Michael Lang se instaló en Woodstock atraído por la presencia de Dylan, Joplin y Hendrix en la zona. Lang iba y venía de la ciudad y pronto consiguió una cita con Artie Kornfeld, director artístico en Mercury Records a los 25 años. Juntos idearon el plan de montar una discográfica con sede en el pueblo.

John Roberts, rico heredero de una empresa química, y Joel Rosenbam, licenciado en Derecho por Yale, fueron los inversores de la recién fundada Woodstock Ventures. Pronto tomó cuerpo la idea de organizar un festival. Contrataron a un equipo y a una agencia de relaciones públicas, Wartoke, para publicitar el evento. “Soy un gran fan de usar los rumores como instrumento de promoción”, escribió tiempo después Lang en un libro conmemorativo del festival.

Tom Benton no escuchó los rumores que circulaban por el Village, simplemente vio un anuncio a toda página en The New York Times. Tenía 19 años y una pasión desaforada por la música. Lo recuerda sentado en su tienda de guitarras situada en la calle principal de Woodstock. “Me moría por ver a Jeff Beck y los Iron Butterfly, pero se cayeron a última hora del cartel”. Benton no sólo fue uno de los pocos que pagaron –la avalancha de público hizo que los organizadores declararan la entrada libre–, sino que además asegura que no se perdió ningún concierto; ni siquiera el solo Star spangled banner de Hendrix, que tocó en la mañana del lunes, cuando la mayoría del público ya se había marchado.

Cuesta imaginar despeinado en el barrizal a Benton, un hombre de media melena canosa y flequillo simétrico. Durante 20 años renunció a la música y se dedicó a ejercer como abogado. “Dije que cuando cumpliese 50 volvería a ello”. En su tienda ha montado un sello discográfico e imparte clases.

Nadie estaba seguro aquel verano de que el festival fuera finalmente a celebrarse. Las tensiones entre los socios crecían y las posibles localizaciones del macroconcierto se iban cayendo de la lista. Cuatro semanas antes de que el Woodstock abriera sus puertas, aún no tenía ubicación definitiva.

“Yo salvé el festival. Es hora de que se sepa que Woodstock ocurrió gracias a un gay”, dice Elliot Tiber, socarrón, sentado junto a su perrita Molly. Decidido a aclarar la historia, este escritor y cómico –vecino de Tennessee Williams en su juventud y amigo del fotógrafo Mapplethorpe– publicó sus memorias hace dos años. El libro, Taking Woodstock, ha inspirado la película homónima de Ang Lee, en la que se recrea el motel El Mónaco que regentaban sus padres.

Elliot Landy, el fotógrafo oficial del festival, fue uno de los huéspedes del motel. Desde hacía algún tiempo vivía en Woodstock, donde había fotografiado a Bob Dylan y The Band para las portadas de sus discos. Los tres días que cubrió el festival tiró más de 2.500 fotos. Una selección de su trabajo viajará por España hasta finales de año.

¿Más allá del documental y las fotografías, fue aquél un momento histórico? “La música no fue memorable para los que lo vieron en directo”, contesta el gran pope de la crítica Robert Christgau. “Seamos claros, los sistemas de sonido en 1969 eran malos”.

Christgau fue al festival con su novia, la crítica Willis. También llevaron a sus dos hijos, de dos años y ocho meses. El más pequeño, Nathan, hoy es editor de música en la revista Rolling Stone. “Mis padres eran un poco más mayores que la mayoría del público. No eran hippies, tiraban más hacia un tipo beatniks-folk”. En Bethel acamparon en el bosque. Años después, le contaron cómo acabaron dando de comer a un montón de desconocidos. “Decían que se sintieron como monitores de un campamento”.

El lunes 17 de agosto de 1969, al terminar el concierto de Hendrix, los voluntarios y miembros de las comunas reclutadas por la organización comenzaron a limpiar. El promotor Michael Lang se subió a un helicóptero que le llevó hasta Wall Street. Allí se celebró la primera de las amargas reuniones que enfrentaron durante años a los cuatro organizadores. Se acabó la paz. En la granja de Yasgur tardaron un mes en recoger. Dicen que centenares de objetos quedaron en el fango. Arqueología de una generación que ya es historia (El País, 16/08/09).

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La promesa de paz, amor y música de Woodstock se truncó por los trágicos sucesos del festival de Altamont. Se cumplen 40 años del breve apogeo del ideal 'hippy'

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La actuación de los Ángeles del Infierno, encargados de la seguridad, se saldó con un muerto

por DIEGO A. MANRIQUE (El País, 11/08/2009)

Con cada aniversario redondo, Woodstock vuelve a ser celebrado y la marca se reactiva comercialmente, amenazando con una nueva edición del festival. En 2009, aparte de varios libros, se publica la mayor colección de sonidos -canciones, avisos, presentaciones, ¡la tormenta!- del evento: una caja con seis discos titulada Woodstock 40 years on: back to Yasgur's farm (Warner).

Ese fin de semana (del 15 al 18) de agosto de 1969 ha quedado inmortalizado como modelo de convivencia: más de 400.000 personas se juntaron en las montañas de Nueva York, desbordando a los organizadores de la Feria de Música y Arte de Woodstock. No pudieron controlar las entradas o vigilar las vallas; a su pesar, Woodstock fue gratuito.

No era el primer festival de rock pero nadie tenía la experiencia necesaria para enfrentarse a semejante aglomeración. Woodstock se desarrolló gracias a esa capacidad estadounidense para improvisar: si resultaba imposible desplazar a los músicos por las saturadas carreteras, se alquilaban helicópteros -a veces, los mismos Hueys que combatían en Vietnam- que también evacua-ban casos graves. Las cocinas de la comuna Hog Farm lograron milagros, pero aquello se hubiera colapsado sin las raciones de emergencia preparadas por monjas o damas judías de la zona; hasta los hoteles donaron alimentos.

Y eso que las primeras crónicas enfatizaban el peligro de epidemias, hambre, malos viajes. The New York Times incluso editorializó sobre lo que consideraba un desastre sin paliativos. Sólo tras el retorno de los asistentes se impuso una visión positiva, que destacaba la riqueza musical, la convivencia pacífica, el candor de los chicos que se bañaban desnudos. También resultaba tranquilizador el triunfo del hedonismo sobre el impulso revolucionario, ejemplarizado por el empujón de Pete Townshend a Abbie Hoffman, cuando el agitador yippie se atrevió a invadir el escenario de The Who para arengar a la tropa.

Poderosos intereses necesitaban retratar un Woodstock risueño. Urgía borrar los números rojos con el lanzamiento de los discos, con el estreno de la película. Sin embargo, la propia contracultura deseaba propagar la idea de que medio millón de jóvenes se podían reunir para escuchar música y divertirse, conviviendo armoniosamente bajo las reglas de la era de Acuario.

Un mito tan atractivo que embaucó a cínicos del calibre de los Rolling Stones. En noviembre, los británicos reaparecían en Estados Unidos, estableciendo el prototipo de gira estelar: desplazamientos en avión propio, grandes recintos, máximos beneficios. Jagger y compañía quisieron despedirse con un concierto gratuito, un Woodstock Oeste que además serviría como clímax del documental de la gira que estaban rodando los hermanos Maysles.

Terminaron en un circuito de carreras cerca de San Francisco. Lo ocurrido allí el 6 de diciembre garantiza que Altamont sea hoy sinónimo de caos y violencia. Fue una orgía de malas vibraciones, agravada por una organización descerebrada. Los Ángeles del Infierno, increíblemente contratados como seguridad, vapulearon a músicos y espectadores; harto de agresiones, un chico negro llamado Meredith Hunter esgrimió una pistola y murió acuchillado.

En honor a la verdad, tampoco Woodstock fue exclusivamente "paz y amor": nadie habla de los muertos. Allí se toleraron actos de vandalismo -el incendio de los puestos de comida- con excusas políticas. De hecho, hubo momentos de pánico: tras la lluvia, quedaron al descubierto cables eléctricos, haciendo muy real la posibilidad de una electrocución en masa.

Da lo mismo: Woodstock fue glorificado por la misma necesidad de eventos significativos que anatematizó a Altamont. Además, era fácil señalar con el dedo: los Stones cargaron con las culpas. ¿No eran músicos que se definían como "Sus Satánicas Majestades"? Pura fachada: estaban tan despistados que aceptaron la sugerencia de llamar a los Los Ángeles del Infierno californianos, creyéndoles simples moteros rebeldes, como los que les arroparon meses atrás en el Hyde Park londinense. Cuando llovieron los juicios, las querellas y las recriminaciones, hasta los Ángeles se sintieron utilizados y prometieron venganza: durante años, Jagger temió que hubieran encargado su eliminación.

Sin minimizar las responsabilidades del grupo, hoy parece que Altamont fue un grave error generacional. La aristocracia del rock de San Francisco decidió que, si la ciudad había sido el jardín del movimiento hippy en 1967, se sentía capaz de improvisar una versión californiana de Woodstock. Pero el Altamont Speedway no se parecía en nada a la edénica granja de Max Yagur. Y el público de la Costa Oeste era más resabiado, melenudo y escéptico que la multitud boquiabierta de Woodstock.

Paradójicamente, Jagger y compañía habían intuido el avinagramiento de la utopía hippy con Gimme shelter, que inevitablemente serviría para bautizar la película de los hermanos Maysles (ahora relanzada en DVD, con material extra). Tras Altamont, la inocencia del verano del amor resultaba un recuerdo embarazoso. Hasta diciembre de 1969, la contracultura no aceptaba que entre sus filas pudieran anidar las serpientes.

Fue ese mes cuando se difundió que la familia encabezada por Charles Manson era responsable de la masacre en la casa de Roman Polanski y otros asesinatos que aterrorizaron a los habitantes de Los Ángeles. Costó aceptarlo: los reporteros enviados por Rolling Stone a cubrir el caso iban convencidos de que aquello era un montaje, destinado a enfangar la reputación del movimiento hippy.

Manson tenía un amplio historial carcelario, aunque se había reinventado como gurú y aspiraba a difundir sus enseñanzas mediante canciones. Le garantizaban tipos respetables: hasta Neil Young habló de Manson a su discográfica, Reprise. Su comendación: "Charlie es bueno en lo suyo, sólo que un tipo un poco descontrolado".


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«El mago de Oz», uno de los grandes clásicos de la historia del cine, cumple mañana 70 años desde su estreno en EEUU con toda su magia intacta, la misma que la define como estandarte de ese cine «de antes» llamado a la extinción.
Los 101 minutos de aventuras de Dorothy, el león cobarde, el espantapájaros y el hombre de hojalata, que recorren el camino de baldosas amarillas en dirección a Ciudad Esmeralda para dar con el Mago de Oz, suponen «la quintaesencia de las películas de estudio en Hollywood». Así lo aseguró a Efe Randy Haberkamp, programador del ciclo «El mejor año de Hollywood: las candidatas a mejor película de 1939», organizado por la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas en el Teatro Samuel Goldwyn, de Los Ángeles. «Cada toma fue rodada en un escenario. No hay nada real en el filme. Todo es una fantasía, una completa creación artística. Fue un trabajo específico correspondiente a una época específica, y eso convierte la película en un cuento de hadas eterno», comentó Haberkamp.

Una historia con la que es fácil identificarse.- Basada en la novela de L.Frank Baum, la historia se centra en Dorothy (una adolescente Judy Garland), y en su perro Toto, quienes acaban en la tierra de Oz tras ser succionados por un tornado en Kansas. Allí conocen a la Bruja Buena del Norte, quien les sugiere que sigan el camino de baldosas amarillas hasta dar con el Mago de Oz, que podrá ayudarles a volver a casa. Además, la hechicera regala unas zapatillas rojas a Dorothy que tendrá que hacer taconear para poder regresar a su hogar. En ese camino conocen a tres acompañantes: un hombre de hojalata que añora un corazón, un león que sueña con recobrar la valentía perdida y un espantapájaros con ansias de tener un cerebro. Todos en busca también del Mago de Oz, para que les ayude a cumplir sus deseos. Pero en ese recorrido se toparán con las diabluras de la Malvada Bruja del Oeste, que pretende recobrar las zapatillas rojas que lleva Dorothy e impedir que los personajes consigan sus propósitos. «Todo el mundo se puede sentir identificado con la idea de desear ser algo más; todos tenemos también una bruja en nuestro interior y tenemos un hogar, ya sea físico o un estado mental. Además está el perro, todo el mundo debería tener uno», dijo entre risas Haberkamp para explicar que la película no pase de moda.

Un rodaje no exento de dificultades.- Pero la cinta pudo haber tenido un aspecto muy diferente si se hubieran llegado a cumplir ciertas exigencias de los estudios Metro-Goldwyn-Mayer (MGM). Por ejemplo, en un principio se pensó que la Malvada Bruja del Oeste debía tener un aspecto glamouroso, que las zapatillas de Dorothy serían plateadas como en la novela o que el célebre tema «Over the rainbow» no aparecería en el corte final. «Fue un rodaje complicado, toda la producción resultó difícil y muy cara para la época», comentó Haberkamp. Por entonces MGM buscaba dar respuesta a «Blancanieves», el gran éxito de Disney en 1937, pero los estudios se toparon con un proyecto por el que pasaron cuatro directores (Victor Fleming, que filmó la mayor parte del metraje; Mervyn LeRoy, Richard Thorpe y King Vidor) y hasta 16 guionistas, la mayoría sin acreditar, encargados de pulir los diálogos. Debió merecer la pena porque el filme se hizo con dos Oscar (a la mejor banda sonora y a la mejor canción original, por «Over the rainbow»), y su emisión en las televisiones de EEUU se convirtió en una tradición a lo largo de las décadas.

Los años dorados de Hollywood.- La película, fruto de la época dorada de Hollywood, recuerda una manera de hacer cine que ya no tiene continuidad. «Después de la II Guerra Mundial, las sensibilidades cambiaron. Las tecnologías se desarrollaron al mismo tiempo que las televisiones se introdujeron en los hogares. Por eso hay cierto halo de nostalgia cada vez que vemos la película, porque sabemos que ya no hay cosas así» dijo Haberkamp. Para el programador de la Academia de Hollywood, la influencia de la Guerra se dejó notar en las décadas de los 40 y los 50. A partir de 1960 la industria miró a la juventud, los 70 se centraron en la fabricación de «blockbusters» (grandes éxitos de taquilla) y ahora todo está abocado a la era digital. «El cine evoluciona con su tiempo», apuntó Haberkamp. «No hay cine como el de antes, pero todo depende del punto de vista y de lo que cada uno encuentre agradable; en cualquier caso sería divertido ver qué piensa la gente de las películas de hoy día dentro de 70 años, si es que piensa algo», concluyó. Y es que fue 1939 un año irrepetible en la historia del cine: además de «El mago de Oz», compitieron ese año por los Oscar filmes como «Lo que el viento se llevó», «La diligencia», «Cumbres borrascosas», «Ninotchka», «Tú y yo (Love affair)», «Adiós Mr. Chips» o «Caballero sin espada», y actores como Clark Gable, Laurence Olivier, James Stewart, Bette Davis, Greta Garbo, Irene Dunne, Olivia de Havilland o Vivien Leigh. Ahí es nada (EFE).
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Equipo de Universitario que logró el subcampeonato de la Libertadores en 1972

Hoy 7 de agosto, hace 85 años, en 1924, un grupo de estudiantes de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos fundó la Federación Universitaria de Fútbol que, desde 1931, se le conoció como Universitario de Deportes o, simplemente, la "U". Para ubicar la irrupción de este club, nos remontamos a la década de los años veinte del siglo pasado, cuando los “clásicos” del fútbol eran los encuentros entre Alianza Lima y Atlético Chalaco: se trataba de una rivalidad territorial: Lima vs. El Callao. Pero hacia finales de esa década, apareció una nueva surgida de las diferencias que dividían a la sociedad limeña: jugaban pobres contra ricos, obreros y artesanos contra estudiantes universitarios, negros contra blancos; en otras palabras: Alianza Lima contra Universitario de Deportes. El primer “clásico” se jugó el domingo 23 de setiembre de 1928 y fue ganado 1-0 por los estudiantes. En ese primer encuentro ambos equipos se enfrascaron en una violenta gresca debido a las constantes acciones bruscas. El partido tuvo que ser suspendido por el árbitro ya que los aliancistas, debido a las expulsiones, se quedaron con seis jugadores. Pero la gresca también se trasladó a las tribunas de madera del viejo Estadio Nacional: la leyenda cuenta que los jugadores blanquiazules se liaron a golpes con los hinchas cremas, quienes respondían a los cabezazos de los morenos con golpes de bastones. La histórica rivalidad había comenzado.

Pero si hasta los años 30 Universitario fue identificado como el equipo de los jóvenes “pitucos” de Lima, luego creó su propia identidad basada en el juego efectivo y con garra. En un medio donde la pobreza, el desempleo y la lucha por la sobrevivencia son pan de cada día, la hinchada crema desarrolló una apuesta por el triunfo a través de la fuerza, la laboriosidad y el esfuerzo sistemático, donde la creatividad y el aspecto lúdico del juego pasaron a un segundo plano. Como anota Mario Vargas Llosa: “tener pundonor, locura y corazón a la hora de salir a la cancha. Un factor emotivo y pasional”. La identificación con un equipo ganador podríamos traducirla con la siguiente fórmula: si mi equipo gana, entonces, yo también soy un ganador. No es por casualidad la relación entre el fenómeno de la migración y la expansión de la popularidad de Universitario fuera de los sectores medios y altos entre las décadas de 1940 y 1970. En este sentido, la fuerza de los migrantes está muy presente en la construcción de la identidad crema. En los años noventa, este carácter fue sintetizado así por los hinchas de la Trinchera Norte: “morir de pie para no vivir eternamente arrodillados”.

Universitario logró su primer campeonato nacional en 1929 y debutó en la era profesional en 1951, año en el que el profesionalismo futbolístico llegó a nuestro país; su estreno no pudo ser mejor, pues el elenco crema superó por 4-1 al desaparecido Mariscal Sucre. Pero la verdad es que durante los años 50, la “U” sólo realizó campañas irregulares en los torneos nacionales, que fueron dominados por Alianza Lima y Sport Boys, llevando a una sequía que terminó con la obtención del título de 1959. El debut de la "U" en la Copa Libertadores de América se dio en abril de 1961, con una derrota de 0-5 ante Peñarol en Montevideo. De esta manera, el equipo crema se convirtió en el primero en participar en este torneo internacional. Hasta 1970, fue campeón 13 veces. Sus máximos ídolos durante este periodo fueron Teodoro “Lolo” Fernández y Alberto Terry.

Sin duda alguna, la mejor época de Universitario se dio entre finales de los años 60 y la primera mitad de los 70. Los viejos hinchas aún recuerdan el año 1967 cuando le tocó definir en semifinales de la Libertadores con Racing y River Plate y en 48 horas ganó los dos partidos en Buenos Aires. Asimismo, el glorioso 1972, bajo la dirección del técnico uruguayo Roberto Scarone, cuando fue subcampeón de la Copa Libertadores, al caer en la final ante el poderoso Independiente de Avellaneda. Finalmente, cuando en 1975 llegó a las semifinales de dicho torneo jugando partidos memorables con Peñarol de Montevideo, a quien derrotó tanto de visita como de local. Héctor Chumpitaz, Roberto Challe, Fernando Cuéllar, Julio Cruzado, Humberto Horacio Ballesteros, Rubén Techera, Juan José Muñante, Percy Rojas, Juan José Oré, Oswaldo Ramírez y Juan Carlos Oblitas son solo algunos nombres de aquella brillante generación de jugadores que pasó por el equipo de Breña.

Si nos remitimos a las frías estadísticas, Universitario es el mejor equipo del balompié nacional pues es el que más campeonatos tiene a nivel local tras acumular 24 coronas. Además, es el cuadro con mayor cantidad (36) de participaciones internacionales en competencias organizadas por la Confederación Sudamericana de Fútbol. Otro de sus logros fue cuando el equipo crema se dio con la obtención del Tri campeonato del año 2000, bajo la dirección técnica de Roberto Challe. Cabe recordar que un año antes de esa coronación, la "U" logró lo que tal vez fue el título más importante para sus hinchas: ser campeón y dar la vuelta olímpica en el estadio de Matute, donde es local su archirrival, Alianza Lima. Finalmente, siempre apelando a las estadísticas, en los últimos sondeos de opinión, la “U” aparece como el equipo de mayor hinchada a nivel nacional. En cuanto a infraestructura, tiene uno de los mejores estadios de Sudamérica y cuenta con el complejo Campo Mar-U.

Hoy día la “U” cumple 85 años y, lamentablemente, su situación deportiva, económica e institucional no es de las mejores. El club vive una crisis que se remonta a los últimos 20 ó 25 años cuando empezó a perder el prestigio internacional ganado entre 1968 y 1975 y sus dirigentes solo se contentaron con armar un equipo que solo sea competitivo en el torneo local, ya muy venido a menos, como todo el fútbol peruano. El club cayó en manos de dirigentes incompetentes (con honrosas excepciones), no hizo un buen trabajo en sus divisiones inferiores y no contó con un plantel de calidad para afrontar los compromisos internacionales que son los que verdaderamente ponen a prueba la casta de un equipo. Es cierto que la “U” no pudo escaparse de la debacle del fútbol peruano, pero también fue víctima de sus propios errores. Lamentablemente, gran parte de la hinchada solo se contentó con el espejismo de los “éxitos” domésticos. Esto sin contar que hoy, año 2009, la “U” está prácticamente en bancarrota con una deuda enorme al Estado. Esperemos que los socios y los dirigentes de la institución crema estén a la altura de las circunstancias y que de aquí a 5 años, cuando se celebren los 90 años, la “U” no solo sea campeón del torneo local sino que llegue, por lo menos, a las semifinales de la Copa Libertadores; asimismo, que resuelva la situación legal de su estadio, que tenga una economía saneada y que sea una institución modélica en el contexto deportivo nacional.

Nota (17/09/09).- Universitario de Deportes se convirtió en el mejor equipo peruano, al ubicarse en el puesto 28 del ránking “El Club del Siglo de América del Sur”, realizada por la Federación Internacional de Historia y Estadística de Fútbol (IFFHS). Los ‘cremas’ obtuvieron 78.00 puntos por encima de históricos como el Argentinos Juniors, Corinthians o el Inter de Porto Alegre. Otros equipos peruanos como Sporting Cristal y Alianza Lima aparecen en el puesto 35 y 42, con 50 y 29.00 unidades respectivamente. El ránking fue liderado por el histórico Peñarol de Uruguay, que obtuvo 531.00 puntos. Según explicó la IFFHS, la relación fue confeccionada a “partir exclusivamente de los resultados de las competiciones continentales de clubs”.

Principales puestos

1. Peñarol Montevideo (URU) 531.00
2. Independiente Avellaneda (ARG) 426.50
3. Nacional de Montevideo (URU) 414.00
4. River Plate (ARG) 404.25
5. Olimpia Asunción (PAR) 337.00
6. Boca Juniors (ARG) 312.00
7. Cruzeiro Belo Horizonte (BRA) 295.50
8. Sao Paulo (BRA) 242.00
9. América de Cali (COL) 220.00
10. Palmeiras Sao Paulo (BRA) 213.00
28. Universitario de Deportes (PER) 78.00
35. Sporting Cristal (PER) 50.00
42. Alianza Lima (PER) 29.00
45. Deportivo Municipal (PER) 25.50*

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Portada del disco de los Beatles, 'Abbey Road'

Es el paso de cebra más famoso del mundo. Desde que en 1969 cuatro hombres cruzaron Abbey Road, en Londres, y se hicieron una foto, el sitio cerca de la estación de metro St. John's Wood es un lugar de peregrinaje. Millones de fans se acercan para imitar a los cuatro artistas, cruzan como ellos la calle de doble sentido, copian sus movimientos y se hacen fotos. Todos son amantes de la música de los Beatles, que el 8 de agosto de 1969 se retrataron en Abbey Road, por lo que este sábado se cumplen 40 años. La foto se convirtió en la portada de su disco con ese nombre, el último que grabaron, y una de las más famosas en la historia de la música.

Ninguna otra carátula estuvo literalmente más cerca de los Beatles, ya que en ese paso de cebra estaba su estudio de grabación. "Los Beatles llegaron ya por la mañana al cruce", explica Richard Porter, experto en el grupo. "Eso para ellos era temprano, porque normalmente sus sesiones de grabación empezaban a las dos de la tarde. Pero se encontraron a propósito tan pronto para que los fans no molestaran en la sesión fotográfica".

El motivo era más cómodo para ellos que un viaje al Himalaya, ya que originalmente el disco iba a llamarse 'Everest'. Así que, en lugar de la montaña más alta del mundo, la foto fue bien sencilla: John Lennon, Ringo Starr, Paul McCartney y George Harrison cruzan de izquierda a derecha la calle. Todos de perfil. Lennon tiene las manos en los bolsillos de su pantalón de traje blanco, y sólo McCartney sobresale un poco, porque está descalzo, no va al mismo ritmo y tiene un cigarrillo en la mano.

Cuarenta años después, miles de fans intentan captar ese mismo momento, para sufrimiento de muchos conductores que a menudo tienen que esperar porque la gente cruza la calle muy lentamente, se queda parada o retrocede para volver a empezar e inmortalizarse allí. "Hay que llegar temprano. Entonces la luz es buena y no hay tanta gente", afirma un turista, Ansgar Bellersen, que acude para el aniversario justo cuando un padre de familia estadounidense ordena, sin ningún humor y con voz áspera, a su familia de cuatro miembros cómo cruzar. Pero Bellersen no es cualquier fan, ya que organiza dos páginas de Internet dedicadas a los Beatles en Alemania y no duda de la importancia de la imagen. "Es un icono, no se puede llamar de otro modo". Y también conoce la teoría de la conspiración surgida apenas publicada la foto.

Teoría de la conspiración.- La leyenda urbana sobre la portada de 'Abbey Road' es conocida por todos los fans: dice que Paul McCartney murió en 1966 en un accidente de automóvil, que el hombre de la imagen es un doble y que los Beatles quisieron simbolizar con ella una especie de cortejo fúnebre: Lennon con traje blanco de sacerdote, Starr siguiéndolo vestido de negro en su papel de empresario de pompas fúnebres, el doble descalzo de McCartney y, al final, Harrison con vaqueros como un enterrador.

El hecho de que McCartney, que era zurdo, estuviese supuestamente muerto lo adjudican los partidarios de esta teoría al hecho de que tiene el cigarrillo en la mano derecha. Y además, al hecho de que va descalzo y con un viejo traje, como se coloca a los cadáveres en los entierros.

Por detrás, se ve el escarabajo blanco que fue subastado más tarde y se encuentra expuesto en el museo de Volkswagen, en Wolfsburgo (Alemania). El número de la matrícula, 051351, y las letras LMW podrían interpretarse con mucha buena voluntad como "Linda McCartney widowed" (viuda). Sólo cuando un periodista entrevistó al 'beatle' en Escocia se acallaron los rumores sobre su muerte (DPA).

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El nombre del hogar de niños huérfanos más famoso de Lima se debe al médico y filántropo Augusto E. Pérez Araníbar (Arequipa 1863-Lima 1958). Estudió medicina en San Marcos y, con los compañeros de su especialidad, asistió a los heridos en las batallas de San Juan y Miraflores durante la guerra con Chile. Ya graduado de médico, en un viaje a Europa (1903), se interesó en la investigación de las enfermedades gástricas y en la construcción de hospitales. De regreso al Perú, se incorporó al trabajo en la Beneficencia Pública, del cual fue subdirector (1913-16) y director (1916-19). Desde allí llevó a acabo sus actividades filantrópicas y promovió la generosidad de las empresas y familias de fortuna para realizar obras de bien social. Sin duda, la principal de ellas fue el llamado “Puericultorio Pérez Araníbar”, construido sobre un área de 108 mil metros cuadrados y en el cual fueron centralizados todos los albergues que existían hasta entonces para la asistencia de los huérfanos. Fue inaugurado el 9 de marzo de 1930, con la finalidad de velar por los niños desvalidos y otorgarles las herramientas necesarias para que cuando egresen del orfanato sean personas útiles a la sociedad. Para su construcción se buscó la ayuda de personajes generosos como Víctor Larco Herrera, Tomás Valle, Miguel Echenique e Ignacia Rodulfo de Canevaro, entre otros. Actualmente, se hospedan aquí unos 600 niñas y niños. Pérez Araníbar también estuvo vinculado a la construcción del Hospital Loayza, el Hospital del Niño y de un Asilo Nocturno para cobijar hasta por tres noches a hombres y mujeres que eventualmente carecieran de techo. Cabe resaltar que para mantener la tutela sobre estas instituciones declinó aceptar cargos honoríficos (como la alcaldía de Lima, ministerios de estado o la representación de su departamento natal en el Congreso).
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Miles de personas han asistido hoy al funeral del último veterano británico de trincheras de la Primera Guerra Mundial, Harry Patch, quien falleció el 25 de julio pasado a los 111 años. Miembros de la familia real, figuras del Gobierno y el jefe del Ejército, el general Richard Dannatt, se unieron a los amigos y familiares de Patch en una emotiva ceremonia, con todos los honores, celebrada en la catedral de Wells, en el suroeste de Inglaterra. Representantes de los gobiernos de Bélgica, Francia y Alemania también presentaron sus respetos a Patch, en nombre de los soldados de todos los países que participaron en la guerra.

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Budd Schulberg, a la izquierda, declara en 1951 ante el Comité de Actividades Antiestadounidenses

"Las estrellas de cine nunca fueron para mí los glamourosos dioses y diosas a los que adoraban en aquellas grandes catedrales y se ensalzaban en las revistas de fans". Así describía a las caras visibles de la pantalla el guionista Budd Schulberg, responsable de los libretos de Más dura será la caída o la Ley del silencio, con el que consiguió el Oscar, y uno de los últimos supervivientes del cine clásico estadounidense, que falleció la tarde de ayer en Nueva York a los 95 años.

Como él mismo puso como título en sus memorias, Schulberg era "un príncipe de Hollywood" y uno de los más controvertidos y carismáticos guionistas. Hijo de un emprendedor hombre de negocios, Schulberg nació en Nueva York en marzo de 1914. Su padre descubrió las posibilidades del cine en los inicios del celuloide y cuando Budd cumplió siete años, su familia se trasladó a la costa Oeste, donde B. P. Schulberg acabaría dirigiendo el estudio Paramount, mientras el pequeño Budd correteaba por los patios de los grandes platós de rodaje, primero como si fueran su casa, con los hijos de otros grandes magnates y de las estrellas; después, como redactor de hojas de promoción de las departamentos de publicidad; finalmente, como guionista. Su padre, un productor creador a la manera del mítico Irving Thalberg, acabó cayendo en desgracia, aunque su madre, Adele Jaffe, se convirtió en una poderosa representante de actores, y Schulberg pudo completar su educación antes de dedicarse a lo que le gustaba: escribir guiones y libros.

En su novela El desencantado (1951), Schulberg retrata su primer gran trabajo, como coguionista y vigilante de un ya muy maltrecho Francis Scott Fitzgerald. Con nombres cambiados, pero reflejando muchas de las desventuras que vivió junto a Scott Fitzgerald, El desencantado muestra la ardua labor que supuso escribir junto a un genio alcoholizado y derrumbado Winter Carnival (1939), una comedia sobre jóvenes universitarios y fiestas invernales. Durante la Segunda Guerra Mundial trabajó en la Oficina de Estrategia y ayudó a John Ford en sus documentales, y fue uno de los miembros de la brigada que detuvo a la cineasta Leni Riefenstahl en Austria.

En 1941 su novela ¿Por qué corre Sammy? provocó malestar en Hollywood con su visión desencarnada de la vida en "eso que llaman fábrica de sueños". John Wayne lo consideró un libro comunista y llamó a su boicot, probablemente porque coincidió con la fundación del Sindicato de Guionistas, en la que Schulberg tomó parte muy activa. En realidad, aunque el libro no tuviera nada que ver -y con el tiempo acabó convertido en un musical de Broadway en los años sesenta-, Schulberg sí había sido miembro del Partido Comunista -al que tampoco le gustó la obra-, que acabó abandonando desencantado con lo que veía entre sus dirigentes y con las matanzas de Stalin en la Unión Soviética. En esos años su nombre iba de boca en boca, y Louis B. Mayer, fundador de la M.G.M., le dijo a su padre que su hijo merecía ser deportado. B. P. Schulberg le replicó: "Budd es ciudadano estadounidense criado en Hollywood. ¿Adónde quieres enviarlo, a la isla Catalina [isla cercana a Los Ángeles donde los magnates del cine pasaban los fines de semana]?".

Tiempo más tarde, Schulberg recordaría esa anécdota con estas palabras: "Mi padre era un hombre muy, muy inteligente, pero no tan listo como Mayer y ésa fue una de las razones de su final en Hollywood". A su hijo tampoco le fue mucho mejor. Expulsado de Hollywood por la repercusión de ¿Por qué corre Sammy?, se convirtió en 1951 en uno de los testigos amistosos en 1951 que declararon ante el Comité de Actividades Antiamericanas. De allí surgieron las siniestras listas negras y la expulsión de los Diez de Hollywood. Ring Lardner junior, guionista y uno de los Diez, recordaba en sus memorias Me odiaría cada mañana la participación de su viejo amigo Schulberg: "[Había dejado el partido años atrás], pero viendo aireada sus antiguas actividades en la portada de The New York Times, estaba inquieto.

Aunque no trabajaba entonces en Hollywood (acababa de terminar El desencantado), Budd sintió la urgente necesidad de exculparse, y por ello recurrió al procedimiento de acudir a la comisión, bendecir sus desvelos, perorar un rato sobre la amenaza comunista tanto en casa como en el resto del globo y dar unos cuantos nombres de cosecha propia. Lo mismo hizo Elia Kazan [...] y ambos aportaron nombres frescos al censo pese a haber proclamado que jamás lo harían".

En 1954, Kazan y Schulberg dieron respuesta a esas delaciones con La ley del silencio, que obtuvo ocho oscars, uno de ellos a Schulberg por su guión. También se llevó el galardón al mejor libreto del Sindicato de Guionistas. Dos años después, Humphrey Bogart protagonizó la adaptación a la pantalla de su novela Más dura será la caída, en la que Schulberg sacaba partido a otra de sus grandes pasiones: el boxeo. Durante años escribió sobre este deporte con tanto amor que en 2003 su nombre fue incluido en el Salón de la fama del Boxeo internacional. En 1957 escribió para Elia Kazan Un rostro en la multitud, su tercera obra maestra, otro drama de ascensos rápidos y caídas de mitos.

Al año siguiente escribió y dirigió -aunque su nombre no apareciera en los créditos- Wind across the everglades, su última labor en el cine, porque en los sesenta su talento languideció en la televisión. Durante los últimos treinta años redactó innumerables artículos sobre boxeo en diversas revistas como Sport Illustrated, de la que llegó a ser su corresponsal jefe de este deporte. En 1981 publicó sus recuerdos de sus primeras dos décadas de vida, De cine. Memorias de un príncipe de Hollywood.

La tarde del miércoles, su cuarta mujer, Betsy Schulberg, vio cómo la salud de su marido empeoraba en su casa en Westhampton Beach en Long Island, y a pesar de su rápido traslado al hospital local, los médicos no pudieran hacer nada por su vida. Su apellido sigue presente en el cine gracias a su sobrina Sandra Schulberg, productora ejecutiva de filmes como Quills (adaptado de El País, 06/08/09).

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"Pepo", creador de Condorito

Sesenta años después de que apareciera robando gallinas en una tira cómica de la revista chilena "Okey", Condorito está presente en 77 diarios de América Latina y EEUU, y sigue haciendo reír mientras reivindica la astucia de los chilenos en historias centradas en el ya célebre Pelotillehue. El aniversario 60 es recordado por una edición especial de la revista que salió a la venta ayer martes 4 de agosto en Chile y que compila los mejores chistes y parte de la historia del personaje, creado por el caricaturista René Ríos Boettiger, mejor conocido como Pepo.

Con rostro de cóndor -el ave emblema de Chile-, de carácter pícaro y con sólo dos enormes dedos en cada pie, Condorito nació como una respuesta a unos personajes latinoamericanos de la película 'Saludos Amigos' de Walt Disney, según contó su creador. "El personaje nace como un representativo del pobre chileno, marginal, que llega de la provincia a vivir a las márgenes de la ciudad capital", explicó a la AFP Hernán Montealegre, autor de Historia del Humor Gráfico en Chile. "Además incorpora varios de los símbolos chilenos. El cóndor, que está en el escudo nacional del país, su camiseta con el color de la selección y sus pantalones negros de campesino", agregó.

Jefe caníbal, pintor de líneas de carreteras, millonario de zapatos brillantes y hasta loco con ojos en espiral, Condorito siempre ha desarrollado sus aventuras en Pelotillehue. Montealegre precisó que el sufijo 'hue' en lengua mapuche (etnia original chilena) significa 'donde abunda algo' o 'lugar de', y eso se suma al 'pelota', que alude al tonto. Entonces Pelotillehue significaría pueblo de tontos. En este lugar están el bar 'El Tufo', el restaurante 'El Pollo Farsante' el santo 'San Guchito' y el diario 'El Hocicón', cuyo lema es 'pobre pero honrado' y fue fundado el 15 de noviembre de 1943, según se lee en su portada. En Pelotillehue viven Yayita -la curvilínea y eterna novia de Condorito- y Doña Tremebunda, la madre de ésta; sus amigos como el borracho 'Garganta de Lata', el servicial Don Chuma, el inocente Ungenio y Huevoduro, entre otros. Pelotillehue creció además con la modernidad: la clásica bebida 'Tome Pin y haga Pun' es ahora 'Tome Pin Zero, Zero Pun'.

Desde Chile, el 'pajarraco' -como lo llama su archirrival, el petulante Pepe Cortisona-, llega hoy a 13 países, incluido Estados Unidos. Para su internacionalización lentamente fue dejando de lado los modismos chilenos, aunque se mantiene la esencia del personaje. "Ahora tiene un lenguaje neutro que permite que se lea en un país latinoamericano sin mayores problemas", considera Montealegre. Para el historietista chileno Pedro Peirano nunca "Condorito provocó carcajadas pero por alguna razón siempre fue imposible dejar de leerlo". "Nunca se manejó en el terreno de lo que denominamos 'humor inteligente', pero su autenticidad y gentil incorrección lo hacían irresistible", señala. Condorito partió en las pequeñas editoriales Zig-Zag o Pincel. Poco antes de la muerte de Pepo, en 2000, la edición de la revista de Condorito pasó a Televisa Chile, mientras las tiras cómicas de diarios, el merchandising y las producciones audiovisuales recaen sobre Inverzag en Chile y World Editors, que tiene los derechos a nivel internacional. En la revista trabajan una decena de dibujantes y guionistas que dan vida a unas seis ediciones mensuales en distintos formatos que llegan a unos 80 millones de lectores, según Peirano. Un total de 77 diarios publican las tiras cómicas en América Latina y Estados Unidos. En EEUU está presente en 26 diarios, algunos de ellos en inglés. Coné, el pequeño sobrino de Condorito que llegó de provincia, tiene su propia historieta donde se narra el origen de su nombre: Condorito fue a bautizarlo, y quiso ponerle de nombre Ugenio. El padre Venancio no entendió bien y le preguntó: "¿Con 'e' será?". "Bueno, padrecito, como usted quiera", le respondió Condorito. Y quedó Coné. Plop (AFP).

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Serrat, vetado por los militares argentinos

Hasta ahora se sabía que la dictadura militar argentina (1976-1983) prohibió las canciones del cantautor catalán Joan Manuel Serrat, entre otros. Pero este martes se reveló que la censura castrense no 'perdonó' ni siquiera algunos temas de los cantantes españoles Camilo Sesto, Manolo Galván y José Luis Perales. A pesar de que son canciones almibaradas y románticas, sin compromiso político ni social, los entorchados generales no tragaban con los músicos alicantinos ni el conquense . Y prohibieron la difusión de sus respectivas canciones 'Amor libre', 'Mi Luna' y 'Pequeño Superman' por considerarlas contrarias a la moral "occidental" y "cristiana".

El Comité Federal de Radiodifusión (Comfer), dependiente de la Presidencia argentina, destapó el tema en su página web, donde publicó archivos secretos de la dictadura. Allí figuran las instrucciones musicales que los militares daban a las emisoras de radio y televisión, así como en recitales, conciertos, discotecas y teatros.

La lista de más de 200 canciones censuradas incluye algunos éxitos internacionales como 'Do You Think I'm Sexy?', de Rod Stewart; 'Kiss, Kiss, Kiss', de John Lennon con Yoko Ono, 'The Wall', de Pink Floyd y 'Cocaine', de Eric Clapton, además de temas de Queen.

Entre los músicos e intérpretes locales, los militares prohibieron 'Viernes 3am', de Charly García; 'Su primer desengaño', de Sandro, 'Me gusta ese tajo', de Luis Alberto Spinetta, 'Canción de amor para Francisca', de León Gieco; 'Chamarrita de los milicos', de Alfredo Zitarrosa; y varias canciones de Armando Tejada Gómez y César Isella que suele interpretar Mercedes Sosa. Tampoco se podía difundir durante el régimen de los uniformados 'Cara de tramposo, ojos de atorrante', de Cacho Castaña; 'Loco por tu culpa', de Palito Ortega; 'Gilito de Barrio Norte', de María Elena Walsh; 'Ayer nomás', de Moris y Pipo, y 'Mía', del italiano Nicola Di Bari.

A raíz de esta auténtica 'caza de brujas' lanzada por los dictadores ultraderechistas hubo muchos músicos que treinta años atrás huyeron de Argentina y se exiliaron en España, por un tiempo o afincándose definitivamente en la península. Por ejemplo, Mercedes Sosa, Rafael Amor, César Isella, Horacio Guarany, Roque Narvaja, y Leopoldo Castilla, entre otros (El Mundo).


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El nombre de este emblemático lugar miraflorino, camino casi obligado a la Costa Verde, no viene por el virrey José de Armendáriz, Marqués de Castelfuerte, o por el obispo del Cuzco José Pérez Armendáriz, precursor de la independencia del Perú. Su nombre está asociado a un fundo o chacra que estaba por sus inmediaciones. Hasta hace un siglo se le llamaba “Quebrada de Armendáriz” o “Quebrada de las parras”, por los sembríos de vid de este fundo, colindante con Surco.

El extenso fundo "Armendáriz" comprendió también los terrenos de “Ocharán”, “Leuro” y “Hueso”, ubicados en el actual Miraflores, y su historia se remonta al siglo XVIII cuando, en 1766, don Mateo Ninavilca y don Mariano Morales, mayordomos de la Cofradía de la Parroquia del Cercado, cedieron la propiedad a José García Urbanega. Éste, a su vez, en 1780, legó el fundo a don Francisco Armendáriz (comerciante español de origen vasco, recién llegado al Perú), de allí el nombre de la propiedad. Por testamento, el señor Armendáriz legó, en 1808, la propiedad a su hija doña Josefa Armendáriz. Así, el fundo pasó por algunos propietarios más hasta que, a mediados del siglo XIX, llegó a manos de la familia Porta, siendo su última propietaria, antes de que estos terrenos empezaran a urbanizarse, doña María Adriana Porta y Rescio (1897).


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Bustamante y Guerra con Malaspina

En algunos casos, el dinero es lo de menos. Frente a la audacia, el arrojo, la honra y eso para tantos anecdótico pero que es ni más ni menos que la historia; el oro, la plata, el vil metal, es lo de menos. Aunque hablemos del mayor tesoro hundido y cuantificable del mundo, aunque se trate de más de 3.000 millones de euros de hoy perdidos hace dos siglos frente a las costas...

Es el caso de la peripecia de Joseph Joaquín Bustamante y Guerra. La mala fortuna quiso que fuera él quien viera hundirse a la mítica Nuestra Señora de las Mercedes y a las tres fragatas que la acompañaban (La Clara, La Medea y La Fama) en su viaje de Montevideo (Uruguay) a Cádiz aquel 5 de octubre de 1805. La saña de los ingleses hizo el trabajo sucio. Su provocación acabó con los buques a pique y 249 tripulantes y comerciantes de las Indias con sus familias ahogados a escasas millas del Algarve, en Portugal.

Doscientos años después vino la polémica. Nadie se acordaba de aquello hasta que la empresa "Odyssey", una especie de tinglado basado en la piratería posmoderna, diera con sus restos y comunicara que había hallado el tesoro de lo que dio en llamar misteriosamente "El cisne negro". El Gobierno español lo llevó a los tribunales y un juez de Tampa (Florida), donde tiene sede la compañía, les obligó a dejar de marear la perdiz e identificar el tesoro. Era, tal y como se contó en este diario, el pecio más buscado del mundo: el de La Mercedes, con sus 500.000 monedas, acuñadas en Perú a finales del siglo XVIII, y un equivalente a 17.000 kilos de oro y plata. Pero con vidas como la de Bustamante y Guerra, con implicaciones históricas fundamentales para lo que años después fue la Europa contemporánea como las que tuvo aquella acción, lo dicho: el dinero es lo de menos. Porque tras la violenta carga contra La Mercedes, la historia del continente cambió. Dio un giro radical de equilibrio de fuerzas, de estrategias políticas. "El hundimiento de La Mercedes nos llevó directamente a la batalla de Trafalgar y de ahí acabamos en la guerra de la Independencia", comentan José Luis Casado Soto, director del museo marítimo de Santander, y Aurelio González de Riancho, estudioso de la figura de Bustamante y Guerra. En aquella época, España se mantenía neutral frente a Francia e Inglaterra. La acción del almirante Cornwallis les obligó a retratarse. Al no querer rendirse, el fuego desató todo lo demás. Obligó al reinado de Carlos IV a posicionarse junto a Napoleón. Después, lo que sigue...

Al mando de aquella flota estaba Bustamante. Un personaje que durante toda la polémica por el episodio del "Odyssey" apenas ha cobrado protagonismo más allá de una línea. Es su sino. Haber acometido auténticas peripecias, empresas de las que cambian el rumbo y la vida de la especie y caer en el olvido. "Es un completo desconocido, no se le ha hecho nunca la justicia que merece", clama González de Riancho, quien ha dedicado algunos años al estudio de él y su familia cántabra de Alceda.

El caso es que el amigo Bustamante y Guerra fue un personaje de película. Uno de esos lobos de mar nada al uso, mezcla del altivo Fletcher Christian de la mítica Bounty y capitán Cook. Surcó los siete mares, entregó el pellejo en cada travesía y abrió brechas como las de la expedición Malaspina, junto al marino italiano. "Fue un ilustrado, una extraña mezcla de marino y científico", comenta González de Riancho.

Nació en Ontaneda en 1759. A los 11 años ya era guardamarina y emprende su carrera naval. Primero se las ve con berberiscos, muy pronto se hace plenamente consciente de que lo suyo contra los ingleses será un pleito largo. Le apresaron tras una refriega en la que detuvieron su rumbo a Filipinas y estuvo cautivo un año. Pero después hubo un encuentro que cambió su vida. Conoció a un italiano de rompe y rasga, encantador y digno espíritu de la floreciente ilustración que se llamaba Alexandro Malaspina. Aquello fue un hito. Cambió la fisonomía del mundo y las expediciones científicas posteriores, incluida la más famosa entre las famosas, la del Beagle de Charles Darwin. "Expertos de todo el mundo han venido a España a conocer las aportaciones que consiguió la Malaspina, pero nosotros hasta hace cuatro o cinco años no nos hemos enterado de lo que todo eso supuso", dice Casado Soto.

Aquello fue, ni más ni menos, el experimento naval y científico más imponente de la época en Europa. Corría el año 1788. Malaspina y Bustamante y Guerra escriben a su majestad proponiéndole la aventura. En menos de un mes, el ministro de Marina, Antonio Valdés, les responde que lo que haga falta. La idea era tan simple como descabellada: dar la vuelta al mundo y describirlo.

Se construyen dos corbetas, la Descubierta y la Atrevida, diseñadas especialmente para el viaje. Tenían capacidad de carga, aguante y destreza para cualquier tipo de mar. Se podían almacenar víveres para dos años, leña para seis meses, disponían de espacio para transportar animales y plantas y fogones para dulcificar el agua del mar con alambiques. Medían 120 pies e iban armadas con 22 cañones.

Entre la tripulación, escogida por Bustamante y Guerra, había médicos, científicos, cirujanos, pintores y especialistas en historia natural dispuestos a aguantar los cinco años que pasarían lejos de sus casas. "Había otro problema, los marineros que una vez llegaban a los mares del sur y eran recibidos por indias desnudas en grandes fiestas, no querían volver...", cuenta Riancho. Los que lo hicieron después de surcar el Atlántico y el Pacífico dos veces y bordear las costas de toda América y llegar a Australia, trajeron cientos de especies y dibujos de ciudades míticas y lejanas.

La España de Godoy estaba para pocas bromas. Cuando Malaspina desembarcó y denunció la situación en las colonias y los males incipientes que acabarían con la ruina del imperio, fue arrestado y su trabajo enterrado en el olvido. Bustamante y Guerra también pagó las consecuencias. Fue enviado a Montevideo. A la vuelta, ya saben lo que le pasó. Aun así sobrevivió.

Tuvo tiempo para luchar en Trafalgar y para hacerle un corte de mangas a Napoleón cuando los franceses le quisieron obligar a jurarles lealtad. Huyó disfrazado de fraile a Sevilla y acabó abrazando el absolutismo de Fernando VII. Pero un error lo comete cualquiera. Lo malo es cuando has tocado la gloria y nadie sabe reconocértela cuando has muerto. Justo como le ha pasado a él, por los siglos de los siglos (El País, 03/08/09)

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El hospital en la década de 1920

El nombre del más conocido hospital para enfermos mentales de Lima se debe al empresario agrícola, político y filántropo trujillano Víctor Larco Herrera (Trujillo 1870-Santiago de Chile 1934). Larco tuvo a su cargo la dirección de la hacienda Chiquitoy, en el valle de Chicama. Cuando fue alcalde de Trujillo (1913), obsequió a su ciudad el edificio que ocupa hasta hoy la Municipalidad. Se incorporó a la Sociedad de Beneficencia de Lima y se encargó de la inspección de hospitales para enfermos mentales. De esta manera, dio su pleno apoyo al médico psiquiatra Hermilio Valdizán para desaparecer los métodos inhumanos a los que eran sometidos los pacientes en su tratamiento. En pocos años, donó más de un millón y medio de soles para la construcción de un nuevo hospital psiquiátrico, que hoy lleva su nombre. Fue inaugurado el 1 de enero de 1918 con el nombre “Asilo Colonia de la Magdalena”; desde 1930, se le llamó “Víctor Larco Herrera” en honor a su benefactor.

El nuevo hospital recibió a los pacientes del antiguo Hospicio de la Misericordia (conocido como el “Manicomio del Cercado”) que albergaba, desde 1859, a los enfermos mentales, luego de que fueran trasladados de los antiguos servicios custódiales (“loquerías”) que existieron desde antes como anexos de los hospitales de San Andrés (varones) y Santa Ana (mujeres). Su primer director fue el doctor Hermilio Valdizán. Le sucedieron en el cargo Baltasar Caravedo, Juan Francisco Valega y Honorio Delgado. El hospital dependió de la Beneficencia hasta 1966, cuando pasó a ser administrado por el Ministerio de Salud. Es importante mencionar que este hospital tuvo el prestigio de ser el primer centro psiquiátrico en América Latina en aplicar los más modernos tratamientos de la época. En nuestro país, fue el único hospital de su especialidad hasta 1961, año en que se inauguró el hospital “Hermilio Valdizán”

Regresando a Víctor Larco Herrera, también dio dinero para la construcción del nuevo orfanato (el Pérez Araníbar). Asimismo, donó el nuevo museo arqueológico (hoy llamada de la Cultura Peruana, en la avenida Alfonso Ugarte) y el terreno donde hoy se erige el Club de la Unión, en la Plaza de Armas de Lima.
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Prisioneros en Mauthausen reciben a las tropas que liberaron el campo en 1945. En la torre, una pancarta de los españoles.

Los sabuesos de Joachim Schöck, el policía de Stuttgart que dirige la búsqueda del criminal nazi más perseguido en Alemania, han regresado de El Cairo con las manos vacías. Las autoridades egipcias no les han permitido interrogar a los testigos que durante 30 años convivieron con Tarek Husein Farid, un hombre alto y atlético que bajo ese nombre ocultó su verdadera identidad: Aribert Ferdinand Heim, Doctor Muerte, médico en los campos de exterminio de Mauthausen, donde hubo 8.000 españoles presos, Buchenwald y Sachsenhausen.

La última pista sobre el criminal nazi, acusado de matar en su consulta a más de 300 prisioneros a los que sometía a sus retorcidos experimentos, conduce hasta el hotel Kasr el Medina en El Cairo, propiedad de la familia Doma. Hasta allí han viajado los policías de la unidad de fugitivos que dirige el agente Schöck en el curso de una comisión rogatoria de un juzgado alemán que intenta determinar si Heim murió en 1992 en una habitación de este establecimiento en los brazos de su hijo Rüdiger, de 53 años, el familiar que ha revelado el misterio de una de las personas más odiadas y buscadas del planeta.

El 23 de julio el agente Schöck se entrevistó con Rüdiger Heim, residente en Baden Baden (Alemania), y le comunicó el resultado de su viaje a El Cairo. "Han vuelto sin nada. La policía egipcia no les ha permitido interrogar a los empleados del hotel donde residió mi padre, ni al doctor que le atendió en su enfermedad o al oficial que certificó su muerte. Tampoco han podido leer las declaraciones tomadas por la propia policía de ese país a estos testigos", dice el hijo de Heim en una conversación telefónica con EL PAÍS.

Rüdiger Heim asegura que la policía egipcia ha comunicado a la delegación policial alemana en El Cairo que no han logrado acreditar que el Doctor Muerte se hubiera convertido al islam y que tampoco han encontrado un documento oficial que demuestre su permiso de residencia en ese país. "Han vuelto sólo con la promesa de que en el futuro les facilitarán las declaraciones por escrito de los testigos. Yo no puedo hacer más. He dicho la verdad, he contado cómo, donde y cuando murió mi padre. ¿Por qué Egipto pone tantas pegas para verificar mi versión? Parece que les incomoda la verdad", se queja el hijo del médico austriaco.

Y él mismo ofrece una respuesta: "Quieren ganar tiempo porque es una mala publicidad para el país haber sido el protector, durante casi 30 años, del último criminal nazi que asesinó a miles de judíos. No dan facilidades porque ya es una cuestión política".

Rüdiger Heim, que se dedica a rehabilitar edificios, asegura que su padre huyó de Alemania en 1962, un año después de que se emitiera una orden de detención, recorrió Francia y España en coche y cruzó el Estrecho hasta Marruecos. Desde allí entró en Egipto donde residió hasta su fallecimiento. El criminal nazi residió en el hotel de la familia Dona en El Cairo y trabajó como médico para la policía egipcia, lo que explicaría las reticencias que las autoridades de ese país han puesto a la delegación policial alemana.

Según el relato de su hijo se convirtió al islam en la famosa mezquita de Al Azhar y se hizo llamar Tarek Husein Farid. Hay una carta de identidad egipcia a nombre de Tarek con la fotografía del miembro de las SS, su fecha de nacimiento, 28 de junio de 1914, y el número correcto del pasaporte alemán, documento que apareció en una vieja maleta en el hotel de los Doma y que periodistas de The New York Times entregaron a los investigadores del policía alemán Joachim Schöck. "Ahora, la policía egipcia ha dicho a sus colegas alemanes que no encuentran en sus archivos el certificado oficial de ese permiso de residencia", explica el hijo del nazi.

Rüdiger relata las circunstancias del fallecimiento de su padre. "Tarek Husein existió. Yo estuve con él en 1986, 1990 y 1992, en aquel cuarto viejo del hotel de los Doma. Murió el 10 de agosto de 1992, el mismo día que terminaban las Olimpiadas. Estaba muy enfermo, padecía un cáncer de recto, y se durmió frente al televisor. Hay múltiples testigos: el médico que le asistió, las dos personas que lavaron su cuerpo, el oficial del barrio que certificó su muerte, los médicos de guardia del hospital universitario de El Cairo adonde llevé su cuerpo para donarlo a la ciencia. Esa fue su última voluntad".

La existencia de estos y otros testigos está acreditada por testimonios independientes, ya nadie discute que el Carnicero de Mauthausen se refugió en El Cairo, pero nada se sabe de su cadáver, una prueba decisiva para certificar mediante análisis de ADN la muerte del hombre que decoraba su despacho con los cráneos de sus víctimas.

Rüdiger asegura que la última vez que vio a su padre fue en una cámara frigorífica de aquel hospital universitario, pero que al regresar a El Cairo tres años después se enteró de que su padre había sido enterrado en un cementerio de anónimos. Y lo explica así: "Su cadáver no se pudo utilizar para la ciencia porque la ley islámica lo prohíbe y un juez decidió su entierro. No sé donde está, pregunté a varias personas, pero nadie me lo aclaró. Ahora la policía alemana cree que es casi imposible encontrarlo. Un juez debería autorizar que se hurgara en los cementerios de pobres y en esos países musulmanes esa tarea no es nada fácil. Los agentes alemanes me han confesado que tienen pocas esperanzas".

Un tribunal en Berlín, creado por los aliados al terminar la II Guerra Mundial y facultado para expropiar a viejos nazis, retiene 777.000 euros embargados en 1988 en Alemania al criminal nazi. Su fortuna proviene de la venta de un edificio propiedad del ginecólogo. La familia de Heim, su esposa e hijos, se enteraron de la existencia de esta cuenta en marzo de 1997 cuando, según su relato, les telefoneó Alexander Dettling, el policía de Stuttgart que dirigía entonces la búsqueda.

Durante años Rüdiger negó conocer el paradero de su padre. La última vez que lo hizo fue a este periódico en diciembre durante una investigación sobre la fortuna de su padre. Nunca ha explicado el por qué de su cambio de actitud, un giro que le llevó a escribir en marzo a un tribunal de Berlín para comunicarles el óbito de Aribert en Egipto. "Les expliqué las circunstancias de su muerte y me han respondido que se liberará su dinero cuando la policía certifique el fallecimiento. No tenemos interés económico y si alguna vez nos lo entregan lo donaremos a las víctimas", promete su hijo.

El misterio del doctor acusado de inyectar veneno en el corazón de sus víctimas sigue vivo. Su esposa, una amable anciana que descuelga el teléfono en su casa de Baden Baden, lo conoció en 1948 y un año después se casaron. Los dos trabajaron como ginecólogos hasta su fuga. Se divorciaron cinco años después, en 1967, y desde hace décadas ella mantiene una nueva relación sentimental (El País, 02/08/09).


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El hospital en plena construcción

La historia de este hospital se inició el 3 de noviembre de 1958 durante el segundo mandato del presidente Manuel Prado y Ugarteche: el año pasado cumplió 50 años de vida. Cuando se fundó, el Hospital del Empleado tenía un personal de 167 médicos y enfermeras. Su primer director fue el médico Guillermo Kaelin, cuyo nombre ahora lleva el auditorio del nosocomio.

¿Cómo y cuándo el cambio de nombre? En 1973, el Hospital del Empleado pasó a llamarse Edgardo Rebagliati Martins, en reconocimiento al periodista y abogado que logró crear el Seguro Social de Salud del Empleado. Fue ministro de Salud Pública y Asistencia Social; no logró ver culminado su gran proyecto pues falleció en 1957. En 2008, el hospital fue declarado “Patrimonio Arquitectónico de la Seguridad Social del Perú”.

A principios de 1935, el doctor Edgardo Rebagliati, especialista en derecho laboral, fue encargado por el general Benavides para que hiciera un estudio integral de los diversos sistemas de Seguro Social que existían en el mundo, con incidencia especial en los aspectos asistenciales y de financiamiento, con el fin de optar fórmulas que descartaran los factores que habían hecho fracasar la valiosa conquista social en otros países. Terminado el trabajo preparatorio, el 12 de agosto de 1936, se promulgó la ley Nº 8433 que establecía el Seguro Social Obrero para cubrir riesgos de enfermedad, maternidad, invalidez, vejez y muerte. Se procedió, luego, a la instalación de las oficinas de la Caja Nacional del Seguro Social con sus organismos administrativos y servicios técnicos, estadística, inspección, control y contabilidad, así como los de dirección médica general y de los departamentos médicos de maternidad y lactancia, tuberculosis, paludismo, estadística de la natalidad, morbidez y mortalidad obrera, central de farmacia y laboratorio. El Seguro Social Obrero se convertía, así, en una realidad de alto contenido de justicia social. Luego, en los años 50, el doctor Rebagliati, al mando de un grupo de destacados especialistas en derecho laboral, implementaría el Seguro Social del Empleado.

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Así luce hoy el hospital

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Varsovia conmemoró hoy el 65 aniversario del levantamiento contra la ocupación nazi con varios actos festivos en los que participaron veteranos que sobrevivieron a la revuelta que costó la vida a dos centenares de miles de personas. Tras un cambio de guardia solemne en el monumento de recuerdo a los héroes y víctimas del levantamiento, varios cientos de veteranos desfilaron ante la tumba del soldado desconocido. En el acto participaron también el primer ministro, Donald Tusk, y el presidente, Lech Kacyznski, cuyo padre murió en el levantamiento. Pese a que la revuelta acabó con una derrota, los polacos pueden sentirse orgullosos de esta fecha pues, con su levantamiento, los ciudadanos de Varsovia defendieron la libertad de Polonia, destacó el presidente en su intervención. Para las 15.00 GMT está previsto que suenen las sirenas de alarma y que haya un minuto de silencio en todo el país, en recuerdo de la hora en que comenzó el levantamiento.

El 1 de agosto de 1994, unos 40.000 hombres y mujeres del denominado ejército nacional-polaco "Armia Krajowa" atacaron edificios ocupados por los nazis, en un intento de liberar Varsovia de las tropas alemanas ante la prevista llegada del ejército soviético. Lo que en un principio todos pensaban sería breve acabó prolongándose por 63 días, con un saldo de unos 180.000 civiles muertos, además de los 18.000 insurgentes polacos y 17.000 soldados alemanes caídos o desaparecidos. Tras la capitulación de los insurgentes el 2 de octubre de 1944, los nazis expulsaron a medio millón de ciudadanos de Varsovia; en señal de venganza, Adolf Hitler ordenó la destrucción total de la ciudad, lo que acabó consiguiendo en un 95 por ciento (EFE).

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Historia. "Hay que admitir que la historia de España es bastante compleja y por ello existe una cierta pereza a entrar en su estudio o en su análisis. En ese sentido, nuestra colección intenta combatir esa pereza y buscamos a un lector que busque seguridad en el conocimiento". Así de didáctico se muestra Ramón Villares, catedrático de Historia Contemporánea y ex rector de la Universidad de Santiago de Compostela, que ha coordinado junto con Josep Fontana la primera obra, en décadas, con voluntad de ser una referencia. Cuando esta historia de España -que podríamos llamar de Josep Fontana y Ramón Villares- ha pasado ya el ecuador de haber publicado 7 de sus 12 títulos previstos, ya queda claro para los estudiosos y los aficionados que se trata, nada más y nada menos, del esfuerzo de toda una generación de historiadores progresistas para ofrecer una inmensa obra de síntesis. "Hemos intentado", señala Fontana, uno de los pocos historiadores considerados maestro por sus colegas, "una visión abierta y no dogmática, desde la tradición de la historia social y desde un enfoque plural, sin caer ni en el nacionalismo español ni en el antinacionalismo. Hemos elegido además a profesores de categoría indiscutible y que se hayan distinguido por sus investigaciones en los años recientes".

Desde Antonio Miguel Bernal a José Álvarez Junco, desde Pedro Ruiz Torres a José Manuel Sánchez Ron o Santos Juliá, pasando, por supuesto, por los coordinadores que han asumido los volúmenes de La época del liberalismo, en el caso de Josep Fontana, o Restauración y dictadura, en el caso de Ramón Villares junto con Javier Moreno Luzón, la lista de los especialistas en las distintas épocas procede en buena medida también de las nóminas de las editoriales Crítica y Marcial Pons, dos veteranas de la alta divulgación histórica y responsables de esta obra. Precisamente esa vocación de buscar un público ilustrado, pero amplio, subyace en el enfoque. A juicio de Fontana, "es lógico que exista mucho interés en España por las lecturas sobre historia porque representa una demanda que no siempre ha sido bien atendida". "Muchos historiadores", aclara el profesor, "publicaban y publican para su propia tribu y alejan de esta forma a los lectores. Tenemos aún mucho que aprender de los anglosajones o de los alemanes, que son capaces de escribir bien, ser rigurosos y trasladar sus conocimientos".

Esta necesidad de entender nuestro propio pasado, de contar con instrumentos para analizar el presente y de disfrutar del inmenso placer de la historia bien contada se acentúa en España por un sistema educativo que ha marginado o adulterado esta disciplina básica. Esas carencias, que proceden de la enseñanza de la historia en institutos y universidades o incluso de los medios de comunicación, han coincidido además con un final del siglo XX donde los acontecimientos se han sucedido a un ritmo vertiginoso que requiere del reposo de un libro, de un ameno y buen ensayo. "Nadie confía en el futuro y sólo se confía en el presente. Además la tradición ilustrada entró en crisis cuando terminaba el siglo pasado con esa implosión que incluyó la caída del muro de Berlín, el auge de los fanatismos religiosos y la desaparición de la guerra fría con su secuela de conflictos y de surgimiento de nuevos Estados. En una palabra, vivimos una época, y más desde el famoso 11-S de 2001, donde predominan la incertidumbre y la perplejidad. En la medida de nuestras posibilidades, los historiadores debemos contribuir a clarificar ese panorama, aunque nuestra misión no consiste en predecir el futuro".

Una y otra vez, tanto Villares como Fontana alertan sobre los sucedáneos de la novela histórica -que son pura ficción y no acercamiento investigador y científico- y sobre los revisionismos que pretenden reescribir la historia desde una ideología conservadora y sectaria. Formados todos los autores de esta colección en la historia social de España, Josep Fontana enarbola de nuevo esa bandera de un relato de la colectividad, de los acontecimientos que protagoniza toda una sociedad y no sólo de los hechos que afectan a una minoría elitista. "La historia de España", agrega Fontana, "no es en modo alguno una sucesión de reinados o de reuniones de consejos de ministros, sino de procesos sociales". O en palabras de Villares, "que el individuo haya regresado al relato histórico con un peso mayor de las conductas o las vidas cotidianas no significa que renunciemos a una investigación que contemple a las sociedades en su conjunto".

* Historia de España. Josep Fontana y Ramón Villares, directores. Editoriales Crítica y Marcial Pons. 33 euros cada volumen. Los últimos aparecidos han sido Hispania antigua (Domingo Plácido) y Restauración y dictadura (Ramón Villares y Javier Moreno Luzón). Tomado de "Babelia", suplemento de El País.

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El Hospital Obrero en1940

Desde 1981, el antiguo Hospital Obrero, inaugurado por el presidente Benavides en su segundo mandato (ver en nuestro blog las obras sociales del régimen de Benavides), se llama “Guillermo Almenara Irigoyen”. ¿Quién fue Guillermo Almenara? El doctor Almendara fue hijo de Francisco Almenara Butler, destacado médico, profesor de la Facultad de Medicina de San Marcos y fundador de la cátedra de pediatría; su madre fue Elvira Irigoyen. Don Guillermo hizo sus estudios primarios en el San José de Cluny y luego se trasladó a La Recoleta, donde culminó la secundaria. A los 16 años, ingresó a la facultad de Ciencias Naturales de San Marcos donde, cinco años más tarde, se graduó de bachiller; un año después obtuvo el grado de Doctor en Ciencias Naturales. Simultáneamente estudió Medicina; se graduó de bachiller en 1915 y obtuvo el título de Médico Cirujano.

En 1939, el presidente Benavides nombró una comisión integrada por el doctor Guillermo Almenara y los abogados Edgardo Rebagliati y Juan José Calle para presentar un proyecto que sentara las bases de la seguridad social en el Perú. Así nació la Ley de la Caja Nacional del Seguro Social Obrero Ley 8433, la primera norma de seguridad social en nuestro país. En 1940 se le encomendó a Almenara la organización del Hospital Obrero de Lima. Para culminar la obra adquirió equipos médicos de Estados Unidos e introdujo las técnicas mas avanzadas en procedimientos asistenciales y de administración hospitalaria. Cuando dejó la dirección del Hospital Obrero fue nombrado Superintendente General de Hospitales de la Caja Nacional de la Seguridad Social, cargo que ocupó hasta 1958. El doctor Almenara falleció en 1974, a la edad de 84 años. Desde 1981, en su memoria, el hospital que él organizó lleva su nombre.