Archivo de mayo 2009

Imagen de la familia Alcántara, de la serie española de televisión "Cuéntame cómo pasó, prototipo del hogar de clase media
LA RECESIÓN GOLPEA CON DUREZA AL PRINCIPAL SUSTENTO DEL ESTADO DE BIENESTAR
Ridiculizada por poetas y libertinos; idolatrada por moralistas; destinataria de los discursos de políticos, papas, popes y cuantos se suben alguna vez a un púlpito en busca de votantes o de adeptos; adulada por anunciantes; recelosa de heterodoxias y huidiza de revoluciones; pilar de familias y comunidades; principal sustento de las Haciendas públicas y garante del Estado de bienestar. La clase media es el verdadero rostro de la sociedad occidental. En un mundo globalizado, en el que hasta en el más mísero país siempre se puede encontrar a alguien con suficientes medios para darse un paseo espacial, sólo la preeminencia de la clase media distingue los Estados llamados desarrollados del resto. Los países dejan de ser pobres no por el puesto que ocupan sus millonarios en el ranking de los más ricos -de ser así, México o la India estarían a la cabeza del mundo dada la fortuna de sus potentados-, sino por la extensión de su clase media.
Pero parece que la clase media está en peligro o, al menos, en franca decadencia. Eso piensan muchos sociólogos, economistas, periodistas y, lo que es más grave, cada vez más estadísticos. Como los dinosaurios, esta "clase social de tenderos" -como la calificaban despectivamente los aristócratas de principios de siglo XX- aún domina la sociedad, pero la actual recesión puede ser el meteorito que la borre de la faz de la Tierra. Siguiendo con la metáfora, el proceso no será instantáneo sino prolongado en el tiempo, pero inevitable. La nueva clase dominante que la sustituya bien pudieran ser los pujantes mileuristas, los que ganan mil euros al mes. Tal y como sucedió cuando los mamíferos sustituyeron a sus gigantes antecesores, los mileuristas tienen una mayor capacidad de adaptación a circunstancias difíciles. También se adaptan los pobres, pero no dejan de ser excluidos, mientras que los mileuristas son integradores de la masa social. Por eso se están extendiendo por todas las sociedades desarrolladas.
El mileurismo -un término inventando por la estudiante Carolina Alguacil, que escribió una carta al director de EL PAÍS en agosto de 2005 para quejarse de su situación laboral- ha dejado de ser un terreno exclusivo para jóvenes universitarios recién licenciados que tienen que aceptar bajos salarios para hacerse con un currículo laboral. En los últimos años ha incorporado a obreros cualificados, parados de larga duración, inmigrantes, empleados, cuarentones expulsados del mercado laboral y hasta prejubilados. Se estima que en España pueden alcanzar en torno a los doce millones de personas.
Su popularidad es tan creciente que ya hay varios libros dedicados exclusivamente a los mileuristas, tienen web propia y hasta película. Se llama Generazione 1.000 euro, una producción italiana que se acaba de estrenar. Cuenta la historia de un joven licenciado en matemáticas que malvive en una empresa de mercadotecnia y se enamora de otra mileurista. Basa su argumento en el libro con el mismo título que triunfó gracias a las descargas gratuitas de Internet (la gratuidad de la Red es una de las pocas válvulas de escape de los mileuristas).
Hasta los políticos comienzan a mirar hacia ellos. Las medidas anunciadas por el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, en el debate del estado de la nación, aunque luego descafeinadas, parecen ser las primeras especialmente diseñadas para mileuristas: equiparar las ayudas al alquiler, eliminar para las rentas medias la desgravación de la vivienda (¡el pisito, icono de la clase media española!), bonos de transportes desgravables y, sobre todo, máster gratis sin límite para graduados en paro. Másteres, estudios de posgrado, doctorados, idiomas..., el signo de identidad de esta generación Peter Pan, dicen que la mejor preparada de la historia pero cuya edad media de emancipación del hogar familiar está a punto de alcanzar los 30 años.
La estadística da cuenta cada vez de forma más fehaciente de la pujanza del mileurismo frente a la bendita clase media. Uno de los datos más reveladores se encuentra en la Encuesta de Estructura Salarial del Instituto Nacional de Estadística (INE), un informe cuatrienal pero que desnuda la realidad sociolaboral como ninguna otra. Según la misma, el sueldo medio en España en 2006 (última vez que se realizó) era de 19.680 euros al año. Cuatro años antes, en 2002, era de 19.802 euros. Es decir, que en el periodo de mayor bonanza de la economía española, los sueldos no sólo no crecieron, sino que cayeron, más aún si se tiene en cuenta la inflación.
Si nos remontamos a 1995, la primera vez que se llevó a cabo la encuesta, la comparación es aún más desoladora. El salario medio en 1995 era de 16.762 euros, por lo que para adecuarse a la subida de precios experimentada en la última década, ahora tendría que situarse en torno a los 24.000 euros. Se trata del sueldo medio, que incluye el de los que más ganan. Por eso convendría tener en cuenta otro dato más esclarecedor: la mitad de los españoles gana menos de 15.760 euros al año, es decir, son mileuristas.
Los sueldos se han desplomado pese a la prosperidad económica e independientemente del signo político del partido en el poder en los últimos años (desde 1995 han gobernado sucesivamente PSOE, PP y nuevamente PSOE). La riqueza creada en todos esos años ha ido a incrementar principalmente las llamadas rentas del capital.
Algunos dan definitivamente por muerta la clase media. Es el caso del periodista Massimo Gaggi y del economista Eduardo Narduzzi, que en su libro El fin de la clase media y el nacimiento de la sociedad de bajo coste (Lengua de Trapo) vaticinaban la aparición de un nuevo sistema social polarizado, con una clase tecnócrata reducida y crecientemente más rica en un extremo, y en el otro un "magma social" desclasado en que se confunden las antiguas clases media y baja, definidas por una capacidad de consumo muy limitado, a imagen y semejanza de los productos y servicios que les ofrecen las compañías low cost (bajo coste) como Ikea, Ryanair, Mc Donald's, Zara o Skype.
"Nosotros hablábamos de la aparición de una clase de la masa, es decir, de una dimensión social sin clasificación que de hecho contiene todas las categorías, con excepción de los pobres, que están excluidos, y de los nuevos aristócratas. La clase media era la accionista de financiación del Estado de bienestar, y su desaparición implica la crisis del welfare state, porque la clase de la masa ya no tiene interés en permitir impuestos elevados como contrapartida política que hay que conceder a la clase obrera, que también se ha visto en buena parte absorbida por la clase de la masa. La sociedad que surge es menos estable y, como denunciábamos, potencialmente más atraída por las alarmas políticas reaccionarias capaces de intercambiar mayor bienestar por menos democracia. También es una sociedad sin una clara identidad de valores compartidos, por lo tanto, es oportunista, consumista y sin proyectos a largo plazo", señalan los autores a EL PAÍS.
El declive de la clase media se extiende por todo el mundo desarrollado. En Alemania, por ejemplo, un informe de McKinsey publicado en mayo del año pasado, cuando lo peor de la crisis estaba aún por llegar, revelaba que la clase media -definida por todos aquellos que ganan entre el 70% y el 150% de la media de ingresos del país- había pasado de representar el 62% de la población en 2000 al 54%, y estimaba que para 2020 estaría muy por debajo del 50%.
En Francia, donde los mileuristas se denominan babylosers (bebés perdedores), el paro entre los licenciados universitarios ha pasado del 6% en 1973 al 30% actual. Y les separa un abismo salarial respecto a la generación de Mayo del 68, la que hizo la revolución: los jóvenes trabajadores que tiraban adoquines y contaban entonces con 30 años o menos sólo ganaban un 14% menos que sus compañeros de 50 años; ahora, la diferencia es del 40%. En Grecia, los mileuristas están aún peor, ya que su poder adquisitivo sólo alcanza para que les llamen "la generación de los 700 euros".
En Estados Unidos, el fenómeno se asocia metafóricamente a Wal-Mart, la mayor cadena de distribución comercial del mundo, que da empleo a 1,3 millones de personas, aplicando una política de bajos precios a costa de salarios ínfimos -la hora se paga un 65% por debajo de la media del país-, sin apenas beneficios sociales y con importaciones masivas de productos extranjeros baratos procedentes de mercados emergentes, que están hundiendo la industria nacional. La walmartización de Estados Unidos ha sido denunciada en la anterior campaña presidencial tanto por los demócratas como por los republicanos. El presidente Barak Obama creó por decreto la Middle Class Task Force, el grupo de trabajo de la clase media, que integra a varias agencias federales con el objeto de aliviar la situación de un grupo social al que dicen pertenecer el 78% de los estadounidenses. El grupo tiene su propia página web y su lema: "Una clase media fuerte es una América fuerte".
Hacen falta más que lemas para salir de la espiral que ha creado la recesión y que arrastra en su vórtice a una clase media debilitada hacia el mileurismo o tal vez más abajo. En Nueva York, 1,3 millones de personas se apuntaron a la sopa boba de los comedores sociales en 2007. Apenas un año después, tres millones de neoyorquinos eran oficialmente pobres. Los pobres limpios, como se denomina a los que han descendido desde la clase media, también comienzan a saturar los servicios sociales en España. Las peticiones de ayuda en Cáritas han aumentado un 40%, y el perfil social del demandante empieza a cambiar: padre de familia, varón, en paro, 40 años, con hipoteca, que vive al día y que ha agotado las prestaciones familiares.
Con el propósito de tranquilizar a la población, los dirigentes han comenzado a hablar de "brotes verdes" para designar los primeros signos de recuperación. Pero ésta no es una crisis cualquiera. Howard Davidowitz, economista y presidente de una exitosa consultora, se ha convertido en una estrella mediática en Estados Unidos al fustigar sin piedad el optimismo de la Administración de Obama. "Estamos hechos un lío y el consumidor es lo suficientemente listo para saberlo. Con este panorama económico, el consumidor que no se haya petrificado es que es un maldito idiota. Esta crisis hará retroceder al país al menos diez años y la calidad de la vida nunca volverá a ser la misma".
La marcada frontera que separaba la clase media de la exclusión y de los pobres se está derrumbando a golpes de pica como lo hizo el muro de Berlín, y algunos se preguntan si tal vez la caída del telón de acero no haya marcado el inicio del fin de conquistas sociales y laborales que costaron siglos (y tanta sangre), una vez que el capitalismo se encontró de repente sin enemigo.
Al margen de especulaciones históricas, lo cierto es que la desigualdad crece. En España, la Encuesta de Condiciones de Vida, realizada en 2007 por el INE, señalaba que casi 20 de cada 100 personas estaban por debajo del umbral de la pobreza. El último informe FOESSA sobre exclusión y desarrollo social en España, de Cáritas, resaltaba que hay un 12,2% de hogares "pobres integrados", esto es, sectores integrados socialmente pero con ingresos insuficientes y con alto riesgo de engrosar las listas de la exclusión. Su futuro es más incierto que nunca, y muchos hablan de un lento proceso de desintegración del actual Estado de bienestar.
Otros expertos son mucho más optimistas y descartan que se pueda hablar del fin de clase media. "Es una afirmación excesivamente simplista que obvia algunos de los grandes avances que ha registrado la sociedad española en el largo plazo. Las crisis comienzan perjudicando a los hogares con menores ingresos y menor nivel formativo, para extender posteriormente sus efectos al resto de grupos. Y aunque mantenemos niveles de desigualdad considerablemente elevados en el contexto europeo estamos todavía lejos de ser una sociedad dual", señala Luis Ayala, profesor de Economía Aplicada de la Universidad Rey Juan Carlos y uno de los autores del informe FOESSA.
El catedrático de Estructura Económica Santiago Niño Becerra ha saltado a la fama editorial por su libro El crash de 2010 (Los Libros del Lince), en el que afirma que la crisis no ha hecho más que empezar y que será larga y dura. A la pregunta de cómo va a afectar esta debacle a la clase media, contesta: "El modelo de protección social que hemos conocido tiende a menos-menos porque ya ha dejado de ser necesario, al igual que lo ha dejado de ser la clase media: ambos han cumplido su función. La clase media actual fue inventada tras la II Guerra Mundial en un entorno posbélico, con la memoria aún muy fresca de la miseria vivida durante la Gran Depresión y con una Europa deshecha y con 50 millones de desplazados, y lo más importante: con un modelo prometiendo el paraíso desde la otra orilla del Elba. La respuesta del capitalismo fue muy inteligente (en realidad fue la única posible, como suele suceder): el Estado se metió en la economía, se propició el pleno empleo de los factores productivos, la población se puso a consumir, a ahorrar y, ¡tachín!, apareció la clase media, que empezó a votar lo correcto: una socialdemocracia light y una democracia cristiana conveniente; para acabar de completar la jugada, esa gente tenía que sentirse segura, de modo que no desease más de lo que se le diese pero de forma que eso fuese mucho en comparación con lo que había tenido: sanidad, pensiones, enseñanza, gasto social... que financiaban con sus impuestos y con la pequeña parte que pagaban los ricos (para ellos se inventaron los paraísos fiscales). Todo eso ya no es necesario: ni nadie promete nada desde la otra orilla del Elba, ni hay que convencer a nadie de nada, ni hay que proteger a la población de nada: hay lo que hay y habrá lo que habrá, y punto. Por eso tampoco son ya necesarios los paraísos fiscales: ¿qué impuestos directos van a tener que dejar de pagar los ricos si muchos de ellos van a desaparecer y si la mayoría de los impuestos de los que quieren escapar van a ser sustituidos por gravámenes indirectos?".
Y es que frente a la extendida idea de que la mejor forma de favorecer el bienestar es conseguir altas tasas de crecimiento y de creación de empleo, en los momentos de máxima creación de empleo la desigualdad no disminuyó. Al contrario, desde el primer tercio de los años noventa la pobreza no ha decrecido. Los salarios crecen menos que el PIB per cápita. El último informe mundial de salarios de la Organización Internacional de Trabajo (OIT) destaca que entre 2001 y 2007 crecieron menos del 1,9% en la mitad de los países. En España, el aumento real fue casi cero, como en Japón y Estados Unidos. Para 2009, la OIT pronostica que los salarios crecerán sólo un 0,5%.
En España hay un dato aún más revelador del vértigo que siente la clase media cuando se asoma al abismo de inseguridad que le ofrece esta nueva etapa del capitalismo. El número de familias que tiene a todos sus miembros en paro ha sobrepasado el millón. Y peor aún, la tasa de paro de la persona de referencia del hogar -la que aporta más fondos y tiene el trabajo más estable- está ya en el 14,5%, muy similar a la del cónyuge o pareja (14,4%), cuyo sueldo se toma como un ingreso extra, mientras que la de los hijos se ha disparado cinco puntos en el primer trimestre y está en el 26,8%.
Luis Ayala constata que, por primera vez desde mediados de los años noventa, al inicio de esta crisis hemos asistido a tres cambios claramente diferenciales respecto al modelo distributivo en vigor en las tres décadas anteriores: la desigualdad y la pobreza dejaron de reducirse (aunque no aumentaron) por primera vez desde los años sesenta; por primera vez en muchos años la desigualdad no disminuyó en un contexto de crecimiento económico, y a diferencia de lo que sucedió con la mayoría de los indicadores macroeconómicos (PIB per cápita, déficit público, desempleo, etcétera), durante este periodo se amplió el diferencial con la UE desde el punto de vista de desigualad.
"Si en un tiempo de mareas altas no disminuyó la desigualdad, cabe contemplar con certeza su posible aumento en un periodo de mareas bajas. La evidencia que muestran varios estudios de cierta conexión entre determinadas manifestaciones del desempleo y la desigualdad y la pobreza obligan, inevitablemente, a pensar en un rápido aumento de la desigualdad y de las necesidades sociales. Así, tanto el número de hogares en los que todos los activos están en paro como la tasa de paro de la persona principal del hogar son variables más relacionadas con la desigualdad que los cambios en las cifras agregadas de empleo. La información más reciente que ofrece la EPA deja pocas dudas: en ninguno de los episodios recesivos anteriores crecieron tan rápido ambos indicadores, por lo que cabe pensar en aumentos de la desigualdad y de la pobreza monetaria muy superiores a los de cualquier otro momento del periodo democrático", afirma Ayala.
En efecto, estos datos demolen en parte el viejo bastión español frente a la crisis: el colchón familiar. ¿Cómo van a ayudar los padres a los hijos si comienzan a ser los grandes protagonistas del drama del desempleo? El profesor Josep Pijoan-Mas, del Centro de Estudios Monetarios y Financieros (CEMFI), en el artículo Recesión y crisis (EL PAÍS, 15 de marzo), observaba una preocupante similitud entre esta recesión y la de 1991-1994, cuando el paro trepó hasta el 24%. "Los datos muestran que el aumento de la desigualdad en el ámbito individual se amplifica cuando agrupamos los datos por hogares. Esto sugiere que, contrariamente a la creencia popular, la familia no es un buen mecanismo de seguro en España: cuando un miembro del hogar experimenta descensos de renta, lo mismo sucede al resto de miembros del hogar", indica.
Afirmar a simple vista que, por primera vez desde la II Guerra Mundial (la Guerra Civil en España), las nuevas generaciones vivirán peor que la de sus padres puede parecer osado. Nunca tantos jóvenes estudiaron en el extranjero (gracias a las becas Erasmus), viajaron tanto (gracias a las aerolíneas low cost) o prolongaron tanto su formación. Pero se trata de una sensación de riqueza ilusoria, apegada al parasitismo familiar. El número de jóvenes españoles que dispone de una independencia económica plena disminuyó desde el 24% en 2004 al 21% en 2008, según el último informe del Instituto de la Juventud (Injuve). El proceso es general en toda Europa. El número de "viejos estudiantes" ha crecido a un ritmo vertiginoso en los últimos años. Así, el 15% del total de estudiantes de la Unión Europea (entendiendo por tales los que dedican todo su tiempo a la formación) tiene ya más de 30 años, según el Informe de la Juventud de la Comisión Europea de abril pasado.
Cuando esos maduros estudiantes se incorporan al mercado laboral les esperan contratos temporales, tal vez para siempre. Y es que según el informe de la UE, el porcentaje de personas que tenía un contrato temporal y no podía encontrar uno fijo se incrementa con la edad. Del 37%, entre los 15 a los 24 años, hasta el 65%, entre los 25 los 29. Atrapados en la temporalidad de por vida, van desengañándose de encontrar algo mejor a medida que envejecen. Muchos cuando rondan la treintena ya están resignados a su suerte.
"Desde luego es la generación que menos periodos de adultez va a tener. Pueden entrar en el mercado laboral a los 33 años y encontrarse con un ERE a los 50 o directamente con la prejubilación. El problema es que ofertamos puestos de trabajo que puede hacer cualquiera. Por eso, curiosamente, los jóvenes van a responder a la crisis dependiendo de las posibilidades que tengan de esperar y formarse adecuadamente. Y en eso es decisivo el poder adquisitivo de los padres y su nivel educativo", señala el sociólogo Andreu López, uno de los autores del último informe de Injuve.
El drama laboral no sólo lo sufren los jóvenes. Puede que los miles de trabajadores que están perdiendo su empleo vuelvan al mercado laboral cuando la crisis escampe, pero no con las mismas condiciones. Por ejemplo, la ingente masa laboral de la construcción que ha sostenido la economía española deberá ocuparse en otros sectores. "Todo lo que aprendieron a hacer trabajando en los últimos años les valdrá de poco o nada. Por tanto, no es de esperar que sus salarios sean muy altos cuando encuentren nuevos empleos. De hecho, la evidencia empírica disponible para Estados Unidos muestra que los desempleados ganan menos cuando salen de un periodo de desempleo y que dicha pérdida salarial es mayor cuanto más largo ha sido el periodo de desempleo", indicaba el profesor Pijoan-Mas.
Los gobernantes han encontrado un bálsamo de Fierabrás contra el paro y la precariedad laboral: innovación y ecología. Los empleos que nos sacarán de la crisis estarán basados en el I+D+i. Es lo que Zapatero ha llamado el nuevo modelo productivo. Sin contar con que los sectores tecnológicos no son muy intensivos en mano de obra, la premisa parte en cierta forma de una falacia: la de pensar que los países emergentes se quedaran parados mientras convertimos los cortijos andaluces en factorías de chips ultraconductores y laboratorios genéticos.
La globalización también ha llegado al I+D+i. La India, por ejemplo, produce 350.000 ingenieros al año (los mejores en software de todo el mundo), anglófonos y con un salario medio de 15.000 dólares al año, frente a los 90.000 que ganan en Estados Unidos. Por su parte, China está a punto de convertirse en el segundo inversor mundial en I+D. "Cuando despertemos de la crisis en Europa, descubriremos que en la India y en China producen muchas más cosas que antes", avisa Michele Boldrin, catedrático de la Washington University.
Ante este clima de inseguridad y falta de perspectivas, no es de extrañar que el 45,8% de los parados esté considerando opositar y el 14,6% ya esté preparando los exámenes, según una encuesta de Adecco. Ser funcionario se ha convertido en el sueño laboral de cualquier español, y puede ser el último reducto de la clase media. El único peligro es que su factura es crecientemente alta para un país en el que se desploman los ingresos por cotizaciones sociales y por impuestos ligados a la actividad y a la renta. La última EPA refleja que los asalariados públicos han crecido en un año en 116.200 personas, sobrepasando por primera vez la cifra de tres millones.
El coste total de sus salarios alcanzará este año los 103.285 millones de euros, según datos del Ministerio de Política Territorial. Cada funcionario le cuesta a cada habitante 2.400 euros, el doble si consideramos sólo a los asalariados. ¿Puede permitirse una economía tan maltrecha una nómina pública que consume el equivalente al 10% de la riqueza nacional en un año?
Un panorama tan sombrío para amplias capas de la población puede sugerir que pronto se vivirán enormes convulsiones sociales. Algunos advierten de un resurgimiento de movimientos radicales, como el neofascismo. Por el momento, nada de eso se ha producido. Las huelgas generales convocadas por los sindicatos tradicionales en países como Francia o Italia no han tenido consecuencia alguna, porque los más damnificados -parados y mileuristas- no se sienten representados por ellos.
En España, ni siquiera se han convocado paros. Y los llamados sindicatos de clase van de la mano del Gobierno al Primero de Mayo e invitan al líder de la oposición a sus congresos. Un marco demasiado amigable con el poder político teniendo detrás cuatro millones de parados y casi un tercio de los asalariados con contrato temporal.
Puede que no sea muy romántico advertir de que, tampoco esta vez, seremos testigos de una revolución, pero es muy probable que la caída del bienestar se acepte con resignación, sin grandes algaradas, ante la indiferencia del poder político, que llevará sus pasos hacia la política-espectáculo, muy en la línea de algunas apariciones de Silvio Berlusconi o Nicolas Sarkozy, cuya vida social tiene más protagonismo en los medios de comunicación que las medidas que adoptan como responsables de Gobierno.
En esa línea, Santiago Niño Becerra considera que hoy por hoy "la ideología prácticamente ha muerto", y gradualmente, evolucionaremos hacia un sistema político en el que un grupo de técnicos tomará las decisiones y "la gente, la población, cada vez tendrá menos protagonismo.
"Conceptos como funcionarios, jubilados, desempleados, subempleados, mileuristas, undermileuristas irán perdiendo significado. Con bastante aceleración se irá formando un grupo de personas necesarias que contribuirán a la generación de un PIB cuyo volumen total decrecerá en relación al momento actual, personas con una muy alta productividad y una elevada remuneración (razón por la cual su PIB per cápita será mucho más elevado que el actual), y el resto, un resto bastante homogéneo, con empleos temporales cuando sean necesarios, dotados de un subsidio de subsistencia (el nombre poco importa) que cubra sus necesidades mínimas a fin de complementar sus ingresos laborales. La recuperación vendrá por el lado de la productividad, de la eficiencia, de la tecnología necesaria; pero en ese trinomio muy poco factor trabajo es preciso. Pienso que la sociedad post crash será una sociedad de insiders y outsiders: de quienes son necesarios para generar PIB y de quienes son complementarios o innecesarios".
Una impresión bastante similar a la de los italianos Gaggi y Narduzzi que, en su último libro, El pleno desempleo (Lengua de Trapo, 2009), dibujan un marco sociolaboral sin beneficios contractuales, baby boomers (la generación que ahora tiene entre 40 y 60 años) resistiéndose a jubilarse, contratos temporales de servicios y autónomos sin seguridad. Y pese a todo, una masa social amorfa y resignada.
"La masa del siglo XXI es una forma social figurada no material en el sentido de que no es fácil ver las concretas manifestaciones políticas o sociales en la calle, mientras que es normal identificar conductas o comportamientos masificados como la utilización de Google o la pasión por el iPhone. Esto significa que cuatro millones de desempleados son hoy menos peligrosos de lo que lo eran en 1929, porque no hay una ideología política que contextualmente cohesione y aglutine el malestar y la disensión. Y también los sindicatos se han debilitado. La crisis actual rechaza amablemente lo que decíamos en nuestro ensayo del año pasado: el mercado de trabajo se desestructura y se flexibiliza hasta el punto de que aparecen como desocupados de hecho la mayoría de los trabajadores. Es el triunfo del factor de la producción capital, que aparentemente está en crisis, pero que en realidad se aprovecha de la crisis para dar el empujón final a las últimas, y pocas, certezas de los trabajadores", señalan.
Hace cuatro años, Carolina Alguacil hizo una definición precisa y certera cuando acuñó el término de mileurista. "Es aquel joven licenciado, con idiomas, posgrados, másteres y cursillos (...) que no gana más de mil euros. Gasta más de un tercio de su sueldo en alquiler, porque le gusta la ciudad. No ahorra, no tiene casa, no tiene coche, no tiene hijos, vive al día... A veces es divertido, pero ya cansa". Si hubiera que reescribir ahora esa definición sólo habría que añadir: "El mileurista ha dejado de tener edad. Gana mil euros, no ahorra, vive al día de trabajos esporádicos o de subsidios y, pese a todo, no se rebela".
Objetivo: la 'generación tapón.- Internacionalmente se les conoce como baby boomers. En España, le llaman generación tapón y abarca a los nacidos en las décadas de los cincuenta y sesenta, coincidiendo con un boom de la natalidad. Acaparan casi todos los puestos de responsabilidad en la política, los negocios e, incluso, la vida cultural, taponando el acceso a las nuevas generaciones, se supone que mejor formadas.
En el plano laboral, ocupan los trabajos fijos, mejor pagados, protegidos por derechos laborales y sindicatos poderosos, mientras los mileuristas sufren la precariedad y la temporalidad. Los trabajadores con un contrato temporal tuvieron un salario medio anual inferior en un 32,6% al de los indefinidos (Encuesta Estructura Salarial 2006).
Pero no todos los cuarentones son triunfadores o acomodados padres de familia. También ellos sufren su propia dualidad. Los salarios entre ejecutivos y empleados se han agrandado en los últimos años. El salario anual de los directores de empresas de más de diez trabajadores fue superior en un 206,6% al salario medio en 2006.
En tiempos de recesión, los ojos se vuelven hacia ellos. Además de ser el objetivo de los ERE, bajadas de salarios o el recorte de prestaciones, los baby boomers serán los principales paganos con sus impuestos del creciente endeudamiento que están acometiendo los Estados para sortear la crisis. Y eso sin contar la amenaza de la inviabilidad de sus pensiones cuando lleguen a la edad de jubilación, de la que no paran de advertir los malos augures como el FMI. Pero además de una carga laboral son también el principal sostén del consumo. Así que cuidado con quitar el tapón, no vaya a ser que se vaya el gas.
Tomado de El País de España (31/05/09)
NOTA.- Aquí en el Perú, lógicamente, no se ve un peoceso idéntico al europeo. Pero lo que sí está sucediendo es que estamos formando una clase "low cost" (o de bajo coste) que proviene de las familias que han salido de la pobreza y de la vieja clase media que se ha empobrecido. En otras palabras, el segmento social denominado "C" (e idealizado) por algunas empresas de mercadeo. Grupo heterogéneo, pragmático, cortoplacista y que decide, en buena medida, la política y el destino de la economía. Son los que compran en Ripley o Topy top, tienen celulares pre-pago, se endeudan (y sufren) con las tarjetas de crédito de Metro o Saga, llenan los restaurantes de comida rápida, leen muy poco o nada, se refugian en Internet, bailan con el Grupo 5, ven los programas de Magaly Medina o Gisela Valcárcel, viven en los "barrios emergentes", compran autos usados (o nuevos de entre 10 y 12 mil dólares), consumen artículos chinos, no le huyen a los productos "pirata" (son asiduos de "Polvos Rosados" o de mercadillos tipo "El Edén") y gustan de la "política espectáculo". Sus hábitos de consumo están destinados a satisfacer necesidades o gustos muy pasajeros. Quieren un gobierno pragmático, resultadista y que no se meta con ellos. Pueden aceptar el autoritarismo y ceder democracia a cambio de seguridad y menos impuestos. Sus ingresos "familiares" rondan entre los 2,500 y 5,000 soles.
31/05/09: El testamento de Luis XVI
Uno de sus colaboradores dio el notición a Gérard Lhéritier hace unos meses: "En Estados Unidos hay una familia que guarda, desde hace más de 100 años, el manuscrito del testamento político de Luis XVI, el último rey de Francia, el que escribió antes de huir de París". Lhéritier, como otros muchos perseguidores obsesivos de documentos antiguos, había oído hablar de la pieza e incluso, en un antiguo viaje a una universidad de Michigan, había encontrado alguna pista de su paradero. Sospechaba que, como muchos otros papeles de la Revolución, se encontraba en Estados Unidos. Pero la llamada de su colaborador era definitiva. Así que cogió el avión y visitó a la familia. Bajó a la cámara acorazada del banco donde reposaba el documento y lo contempló despacio: en un cofre del tamaño de un libro dormían las 16 páginas tamaño cuartilla, ya amarillentas, que Luis XVI, horas antes de disfrazarse de criado y salir de París a Bélgica de tapadillo, redactó apresuradamente a juzgar por los tachones. En ellas, tal vez con mala conciencia, explicaba a los franceses por qué huía y su opinión sobre las reformas políticas de la Revolución. Después se lo entregó a su secretario con la orden de remitirlo al presidente de la Asamblea.
El destino del rey es conocido: denunciado al día siguiente por un ventero de Varennes, fue apresado, encarcelado y murió en la guillotina dos años después. El del manuscrito no: nadie sabe qué fue de las 16 cuartillas que terminan con esta firma tan real como corta, Louis. Su contenido sí que se divulgó, ya que fue copiado por aquellas fechas y estudiado desde entonces. Pero el original se perdió en 1791.
Hasta que Lhéritier lo observó en la cámara acorazada. Comprobó que el documento era auténtico con la ayuda de un experto en papel de época, otro experto en tinta antigua y un tercer especialista en la letra y en la caligrafía particular del rey. Después convenció a los poseedores de que se lo entregaran a su sociedad con una razón convincente:
-Un cheque de más de un millón de euros -dice con una sonrisa.
Ahora, este manuscrito, encerrado en el mismo cofre con forma de libro que lo ha guardado en los últimos 100 años, se encuentra desde hace dos semanas en la oficina parisiense de Aristophil, en plenos Campos Elíseos. "Yo lo compré, pero no con mi dinero, sino con el dinero de un centenar de clientes de la sociedad. Yo he sido como un intermediario. Ahora ellos son copropietarios del manuscrito, cada uno con su parte correspondiente. Con una condición: el manuscrito se expondrá en nuestro museo".
El Museo de Cartas y Manuscritos, creado por Lhéritier, único en el mundo, situado en el 8 de la rue de Nesle, en el barrio de Saint Germain-des-Prés, se alimenta de eso: de su pasión de sabueso de papeles manuscritos y del dinero de sus 7.000 socios, que compran lo que él y sus colaboradores encuentran en el mundo. "Cada socio puede vender su parte de manuscrito cuando quiera y sacar partido, pero esto no es sólo un negocio. Hay mucho de amor a los manuscritos, a la historia y a la historia de Francia".
La sociedad de Lhéritier cuenta con miles de documentos: hay cartas de Gauguin, Goya o De Gaulle, poemas manuscritos de Rimbaud, los cálculos a mano que elaboró Einstein cuando ideó la teoría de la relatividad general o un viejo pergamino firmado por el nieto de Carlomagno que no se expone para que la luz no termine de deshacer su fragilísima textura. Lhéritier los enseña, deja que el visitante acaricie alguno y después los vuelve a guardar con la misma sonrisa orgullosa de cazador de joyas.
Este hombre pequeño y amable no es historiador ni documentalista ni profesor de nada: hizo una pequeña carrera militar y después trabajó de agente de seguros. Su pasión enfermiza por las cartas antiguas nació una tarde de hace 25 años en que su hijo le pidió que le comprara algunos sellos viejos para su colección. "Ese día me enteré de que en el siglo XIX, durante tres meses en que París estuvo cercada por las tropas prusianas, los parisinos recibían cartas por medio de un ingenio en forma de bola rodante que llegaba, empujada por la corriente, por el fondo del Sena. En París las atrapaban con una red. Me fascinó la historia. Me puse a buscar esas cartas. Encontré algunas. Cambié de vida y de oficio. Así empecé a formar la sociedad Aristophil".
Lhéritier lo sabe todo sobre esas cartas y sobre las que los parisienses sitiados enviaban fuera a bordo de globos aerostáticos. Enseña algunas. Muestra las direcciones, la frase que indica que fue remitida por globo... Luego vuelve a su última adquisición, al manuscrito que redactó el rey poco antes de abandonar a sus súbditos de noche, vestido de sirviente, escondido dentro de una calesa de segunda. Señala un párrafo del final: "Franceses, y sobre todo parisinos, volved a vuestro rey; él será siempre vuestro padre, vuestro mejor amigo".
Adaptado de El País de España (31/05/09)

Luis XVI, en rey guillotinado, en un cuadro de André Monsiaux (Museo de Versalles)
El destino del rey es conocido: denunciado al día siguiente por un ventero de Varennes, fue apresado, encarcelado y murió en la guillotina dos años después. El del manuscrito no: nadie sabe qué fue de las 16 cuartillas que terminan con esta firma tan real como corta, Louis. Su contenido sí que se divulgó, ya que fue copiado por aquellas fechas y estudiado desde entonces. Pero el original se perdió en 1791.
Hasta que Lhéritier lo observó en la cámara acorazada. Comprobó que el documento era auténtico con la ayuda de un experto en papel de época, otro experto en tinta antigua y un tercer especialista en la letra y en la caligrafía particular del rey. Después convenció a los poseedores de que se lo entregaran a su sociedad con una razón convincente:
-Un cheque de más de un millón de euros -dice con una sonrisa.
Ahora, este manuscrito, encerrado en el mismo cofre con forma de libro que lo ha guardado en los últimos 100 años, se encuentra desde hace dos semanas en la oficina parisiense de Aristophil, en plenos Campos Elíseos. "Yo lo compré, pero no con mi dinero, sino con el dinero de un centenar de clientes de la sociedad. Yo he sido como un intermediario. Ahora ellos son copropietarios del manuscrito, cada uno con su parte correspondiente. Con una condición: el manuscrito se expondrá en nuestro museo".
El Museo de Cartas y Manuscritos, creado por Lhéritier, único en el mundo, situado en el 8 de la rue de Nesle, en el barrio de Saint Germain-des-Prés, se alimenta de eso: de su pasión de sabueso de papeles manuscritos y del dinero de sus 7.000 socios, que compran lo que él y sus colaboradores encuentran en el mundo. "Cada socio puede vender su parte de manuscrito cuando quiera y sacar partido, pero esto no es sólo un negocio. Hay mucho de amor a los manuscritos, a la historia y a la historia de Francia".
La sociedad de Lhéritier cuenta con miles de documentos: hay cartas de Gauguin, Goya o De Gaulle, poemas manuscritos de Rimbaud, los cálculos a mano que elaboró Einstein cuando ideó la teoría de la relatividad general o un viejo pergamino firmado por el nieto de Carlomagno que no se expone para que la luz no termine de deshacer su fragilísima textura. Lhéritier los enseña, deja que el visitante acaricie alguno y después los vuelve a guardar con la misma sonrisa orgullosa de cazador de joyas.
Este hombre pequeño y amable no es historiador ni documentalista ni profesor de nada: hizo una pequeña carrera militar y después trabajó de agente de seguros. Su pasión enfermiza por las cartas antiguas nació una tarde de hace 25 años en que su hijo le pidió que le comprara algunos sellos viejos para su colección. "Ese día me enteré de que en el siglo XIX, durante tres meses en que París estuvo cercada por las tropas prusianas, los parisinos recibían cartas por medio de un ingenio en forma de bola rodante que llegaba, empujada por la corriente, por el fondo del Sena. En París las atrapaban con una red. Me fascinó la historia. Me puse a buscar esas cartas. Encontré algunas. Cambié de vida y de oficio. Así empecé a formar la sociedad Aristophil".
Lhéritier lo sabe todo sobre esas cartas y sobre las que los parisienses sitiados enviaban fuera a bordo de globos aerostáticos. Enseña algunas. Muestra las direcciones, la frase que indica que fue remitida por globo... Luego vuelve a su última adquisición, al manuscrito que redactó el rey poco antes de abandonar a sus súbditos de noche, vestido de sirviente, escondido dentro de una calesa de segunda. Señala un párrafo del final: "Franceses, y sobre todo parisinos, volved a vuestro rey; él será siempre vuestro padre, vuestro mejor amigo".
Adaptado de El País de España (31/05/09)

Luis XVI, en rey guillotinado, en un cuadro de André Monsiaux (Museo de Versalles)
30/05/09: Las monarquías europeas en el siglo XVI

Carlos V
El cuestionamiento de la autoridad papal en lo político y la debilidad del Sacro Imperio Romano Germánico, marcaron el tránsito del mundo medieval al moderno. La idea de construir una monarquía cristiana de carácter universal, regida en lo temporal por un emperador está en retirada, dejando lugar a una orientación individualista que se reflejó en los esfuerzos por construir monarquías nacionales, apoyadas en un complejo sistema administrativo y militar.
Así nacieron los estados o monarquías modernos. El mapa europeo del siglo XVI nos muestra monarquías en las cuales el feudalismo político, esto es, el debilitamiento del poder central en beneficio del poder local, dejó paso a la formación de estados fuertes que emprendieron la centralización del poder político y el absolutismo del soberano. Francia, España e Inglaterra, principalmente, llevan a cabo este proceso no sin grandes contratiempos: disparidades regionales, problemas religiosos y resistencia de la nobleza terrateniente.
Pero también este mapa nos muestra países desunidos. Alemania e Italia no van a poder construir estados nacionales y unificados. Además, los aires de modernidad aún no llega al resto de Europa: en la región central y oriental (como Polonia o Rusia) todavía existen monarquías feudales.
Maquiavelo fue el primer teórico sobre el estado moderno. El estado es una creación de la fuerza. El príncipe o soberano debe tener fuerza propia y un ejército nacional para garantizar su independencia frente a otros estados y lograr la pacificación interna para poder gobernar con tranquilidad.
El siglo XVI fue largamente el siglo español. España se convierte en la primera potencia mundial del mundo moderno gracias a las políticas matrimoniales de los Habsburgo y a los tesoros americanos. De esta manera pudo construir y mantener un enorme imperio que, teniendo como centro España, se extendía desde Flandes hasta las Filipinas. Dos de sus monarcas, Carlos V y Felipe II, movieron los hilos de la política europea a lo largo del siglo XVI.
Más modestos, pero a la vez más seguros, fueron los logros de Francia e Inglaterra. La primera fue poniendo los cimientos del absolutismo más logrado que conociera Europa en la Edad Moderna (la Francia de Luis XIV en el siglo XVII). Inglaterra, en cambio, ya se perfilaba como la futura potencia económica mundial. En este sentido la era isabelina promovió la actividad “industrial” y comercial de la isla.
El ESTADO SEGÚN MAQUIAVELO.- Nicolás Maquiavelo (1469-1527), famoso por su fórmula "el fin justifica los medios", fue un pensador y estadista italiano que vivió en la Florencia de los Médicis y de Savonarola. Como típico intelectual del Humanismo, Maquiavelo domina el latín a los 10 años; su capacidad y espíritu crítico los hacen profundizar en el estudio de la historia y la filosofía.
Realizó muchos viajes como secretario del gobierno de Florencia desde 1498. En esas misiones de carácter diplomático conoce la corte papal, la francesa y la corte del emperador alemán Maximiliano I. Eso le permite ver de cerca el funcionamiento de otros estados, de sus instituciones y de diversas formas de gobernar un país. Esa experiencia, de ver monarquías o estados unificados, la confronta con la triste realidad italiana de entonces: la desunión y el enfrentamiento de los estados italianos.
Desde entonces, Maquiavelo se propone la idea de plantear los medios para conseguir la unidad de Italia. Ésa será su mayor aspiración. Una Italia unida gobernada por un sólo Estado. Este proyecto lo hace escribir su obra cumbre, El Príncipe (1513), en el que expuso lo principal de su ideal político. En Italia es necesaria la voluntad concentrada y la energía implacable de un sólo príncipe. Por eso, su libro se dirige al futuro arquitecto de un estado peninsular.
Para Maquiavelo lo único que le importa a la gente es su seguridad. Por lo tanto, un gobierno con éxito puede suprimir las libertades si deja intactas la propiedad y la familia de la gente. En todo caso tendrá que promover la economía ya que ésta le dará los recursos para gobernar. El Príncipe puede muy bien conseguir ser temido y no odiado; esto lo conseguirá siempre si se abstiene de robar la hacienda de sus ciudadanos y súbditos. Esta sentencia vale para cualquier sistema político, república o monarquía.
Los dos fundamentos más importantes del gobierno son las “buenas leyes” y las “buenas armas”. La ley y la fuerza son las dos formas de gobernar a los hombres y a los animales, y el Príncipe debe ser un “centauro”, una mezcla de ambos. Pero este príncipe “centauro” no debe ser mitad hombre y mitad animal, sino la combinación de dos animales: el león y el zorro, es decir, la fuerza y el fraude.
Hay dos formas combatir: una con las leyes y otra con la fuerza. La primera es propia del hombre y la segunda de los animales. Pero como muchas veces la primera no basta, conviene recurrir a la segunda. Por lo tanto, el buen gobernante debe saber usar, convenientemente, la ley y la fuerza.
Maquiavelo pensaba esto porque tenía un concepto negativo de la mayoría de los hombres: porque de los hombres en general se puede decir esto: que son ingratos, volubles, simuladores y disimulados, que huyen de los peligros y están ansiosos de ganancias. Por lo tanto, para un gobernante el temor de la gente es preferible siempre a su afecto. Ser temido pero no odiado.
El gobernante también debe cultivar el “arte de la guerra”. Pero su ejército no debe ser mercenario, sino debe estar formado por sus propios súbditos o ciudadanos: un príncipe, pues, no debe tener otro objeto ni otro pensamiento, ni cultivar otro arte más que la guerra, el orden y la disciplina de los ejércitos, porque éste es el único arte que se espera ver ejercido por el que manda.
Para Maquiavelo, el gobernante es una persona que está por encima de toda moral y que puede usar incluso la hipocresía y el crimen, como cabeza visible y rectora de la compleja maquinaria estatal. Sólo con un Príncipe así, Italia podría lograr la tan ansiada unidad política. Porque este Príncipe tiene en sus manos plena inmunidad, y tiene la misión de alcanzar por todos los medios posibles, aún los vedados, su proyecto político.
Como vemos, la conducta del gobernante sólo puede ser un catálogo de perfidia y crimen. Pero lo interesante es que la modernidad, o la grandeza, de Maquiavelo fue la separación entre la visión medieval (religiosa) y el ejercicio práctico del poder. Maquiavelo, entonces, presenta las virtudes que deben tener los gobernantes en la era del Estado moderno que se inicia. Su “nueva política” es realista, amoral (“maquiavélica”), laica, en síntesis, una política de poder y fuerza.
Pero hay que aclarar que Maquiavelo estuvo motivado desde un comienzo por una buena voluntad, por el interés de poner al descubierto las deficiencias de la política y de los políticos de su tiempo. También estuvo preocupado por las injusticias y por el callejón sin salida de una Italia fragmentada y caótica, presa fácil de cualquier invasión extranjera.
De alguna manera, Maquiavelo se adelantó a su tiempo, todavía dominado por una práctica tradicional del poder. Ello le permitió producir una obra política de importancia para cualquier lector que quiera enterarse cómo es que debe ejercerse el poder. Futuros políticos como Napoléón o Hitler, por ejemplo, serán grandes admiradores de la obra de político italiano nacido en el seno de una familia noble de escasos recursos económicos.
LA HEGEMONÍA ESPAÑOLA.- España fue la primera gran potencia del mundo moderno. El éxito de su monarquía se debió a dos factores:
a. Su casa real, la dinastía de los Habsburgo, se benefició más que ninguna otra familia real europea de los pactos matrimoniales propios de la realeza. Esto le dio a España un volumen de territorio e influencia que ninguna otra monarquía europea pudo igualar.
b. La conquista del Nuevo Mundo le suministró una superabundacia de oro y plata que puso en manos de sus gobernantes un tesoro fuera del alcance de cualquiera de sus rivales.
La monarquía española nació de la unión de los reinos de Castilla y Aragón efectuada por el matrimonio de los Reyes Católicos (1469). A partir de ese momento el nuevo estado se mostró muy dinámico y efectuó tres grandes aventuras en el exterior: se culminó la guerra de la Reconquista con la expulsión de los moros de Granada; los reinos de Nápoles (sur de Italia) y Navarra fueron absorbidos; y se inicia el descubrimiento y conquista de América.
Reinado de Carlos V (1516-1556).- Su subida al trono español, amplió la influencia internacional de España. Como hijo de Juana la Loca, hija de los Reyes Católicos, y de Felipe el Hermoso, emperador de Alemania, recibía un patrimonio territorial fabuloso: España, el Sacro Imperio, Los Países Bajos, el Franco Condado, Milán, el sur de Italia y las posesiones americanas. Como si esto fuera poco, durante su gobierno, Cortés conquista México y Pizarro el imperio de los Incas.
De esta manera, los Habsburgo construían el primer imperio colonial del mundo moderno. En mis dominios jamás se oculta el sol, decía con vanidad Carlos V. Ahora la hegemonía española sobre Europa era total: Italia y el papado cayeron bajo su dominio; la política francesa se movía al son de España, el peligro de una invasión turca a Europa fue suprimido por los ejércitos de este Emperador nacido en Gante (Bélgica). Sin embargo, Carlos V no pudo con la Reforma en Alemania.
No es difícil imaginarnos el gasto que significaba mantener este imperio. Un ejército de soldados y diplomáticos debía circular por Europa para resguardar los intereses españoles. De alguna manera, el oro del Nuevo Mundo le permitió a Carlos V financiar los gastos en su lucha contra los protestantes, contra los turcos o cualquier otro tipo de desorden interno.
Además, era muy difícil gobernar este imperio tan múltiple y diverso. España misma no era un país totalmente unificado. Las diferencias regionales eran muy fuertes: Carlos V debía gobernar pueblos tan disímiles como vascos, catalanes, castellanos, andaluces o gallegos. Y si a esto le sumamos holandeses, belgas, napolitanos, indios aztecas, e indios andinos, por ejemplo, el panorama se complicaba aún más.
Carlos V se comportó como un emperador medieval. Para él y sus asesores la unidad política y religiosa de la Cristiandad era un ideal realizable. “Portaestandarte de Dios” se llamó a sí mismo cuando en 1535 levó anclas en Barcelona en su expedición a Túnez y derrotar a los turcos. Carlos tenía buenas razonas para creérselo: alianzas matrimoniales y herencias le habían dado tan excepcional oportunidad. Alguna vez su canciller Gattinara le dijo: Dios os ha colocado en la ruta hacia la monarquía universal.
En síntesis, un mundo cristiano unido era para Carlos V una misión sagrada. Se creyó destinado por Dios para levantar a una Cristiandad unida en armas contra el enemigo externo, el turco mahometano y, más adelante, contra los enemigos internos, los herejes luteranos. El problema es que no muchos europeos de entonces creyeron, o estuvieron de acuerdo, con ese ideal. Por ello, su reinado fue el fracaso de la última tentativa de restablecer el concepto medieval de una unidad cristiana bajo la guía de un emperador y un Papa.
Reinado de Felipe II (1556-1598).- Carlos V abdicó en 1556 dividiendo su imperio entre su hijo Felipe II (quien heredó España y sus anexos) y su hermano Fernando (quien recibió el territorio de la Casa de Austria, es decir el Sacro Imperio).
También llamado el paladín del catolicismo, durante su reinado cobra mayor fuerza la noción de “limpieza de sangre” en provecho de los “cristianos viejos”. El Estado y la Iglesia se unen para controlar las creencias. El tribunal de la Inquisición, reformado por Trento, persiste despiadadamente en la extirpación de todos los disidentes religiosos y persigue a todos: cristianos sospechosos de luteranismo, judíos conversos, moriscos del antiguo reino de Granada, musulmanes conversos, entre otros.
El reinado de Felipe II coincide con el descubrimiento de las minas de plata de Potosí (hoy Bolivia) que incrementó enormemente el flujo de metales preciosos coloniales a Sevilla. En este sentido, la plata americana fue una ayuda decisiva para los planes de la monarquía española, que siguió postergando, peligrosamente, el surgimiento de una “industria” nacional y la reforma fiscal y administrativa. El dinero sirvió para comprar todo de fuera y para financiar aventuras bélicas.
Sin los metales americanos el colosal esfuerzo bélico de Felipe II hubiera sido imposible. Y fue precisamente este esfuerzo lo que terminó derrumbando la economía española y su modelo absolutista en el siglo siguiente.
Estos son algunos de los esfuerzos de Felipe II por conservar la hegemonía española en el exterior:
a. La expansión de los turcos en el Mediterráneo fue controlada definitivamente con el triunfo naval de Lepanto (1571).
b. Al extinguirse la dinastía portuguesa, el reino de Portugal fue anexado a España y con él sus posesiones en Asia, África y América (Brasil). Esto sucedió porque Felipe II era hijo de Isabel de Portugal, hermana del último rey portugués.
c. Los conquistadores españoles controlaron las islas del Pacífico y terminaron conquistando las Filipinas.
d. Se produjo la independencia de los Países Bajos (Holanda) por la presión fiscal y las persecuciones religiosas de Carlos V y las pretensiones centralistas de Felipe II. Los holandeses, en su mayoría protestantes, no quería formar parte de un Imperio católico e intolerante.
e. Ocurre la destrucción de la Armada Invencible en el Canal de la Mancha cuando iba rumbo a invadir Inglaterra (1588). Pero la flota española se recompuso rápidamente después de este desastre y rechazó con éxito los asaltos ingleses contra los barcos que cruzaban el Atlántico trayendo los metales americanos.
f. El acceso al trono francés de Enrique IV de Borbón fue una derrota política para España.
g. Apoyó política y económicamente al Papado en su lucha contra los protestantes. Fue, por ejemplo, el soberano que más defendió lo señalado por el Concilio de Trento.
A finales del siglo XVI, los envíos de plata llegaron a sus niveles más altos. Las rentas totales de Felipe II se habían más que cuadriplicado, pero a pesar de todo hubo una bancarrota oficial en 1596. La respuesta no es tan compleja: durante años España había gastado mucho más de lo que tenía, siempre pensando en la renta fácil de las minas americanas, y no había promovido la producción local. Las antiguas manufacturas españolas estaban casi sin operar. A pesar del oro americano, España no era una nación moderna. Como si esto fuera poco, en 1599 la peor peste de la época abatió la Península, diezmando su población. Así se cerraba un siglo aparentemente esplendoroso para los españoles.
FRANCIA Y LAS GUERRAS DE RELIGIÓN.- El absolutismo no gozó aquí de ventajas tan tempranas como en España con un lucrativo imperio ultramarino. Pero tampoco tuvo que enfrentarse al problema de unir pueblos tan dispares como los que vivían en España. Las diferencias lingüísticas y culturales que había entre los pueblos del sur y del norte, por ejemplo, no fueron tan pronunciadas como las que separaban a los habitantes de España. Finalmente, el volumen demográfico francés ponía algunos obstáculos a la unificación: 20 millones de habitantes, dos veces más que en la España del siglo XVI.
Durante la Edad Media, la dinastía de los Capeto había extendido su soberanía hacia el exterior de su base original (París) en un movimiento de unificación que terminó abarcando desde Flandes al Mediterráneo. A partir de la Guerra de los Cien Años, la dinastía de los Valois reafirmó la unidad monárquica con la delegación del poder provincial en una aristocracia bien atrincherada en sus feudos y siempre defensora de sus privilegios.
A finales de la Edad Media, Luis XI (1461-1483) incrementó la autoridad real y el tesoro del reino. Acaparó los gobiernos municipales, incrementó los impuestos y reprimió las intrigas aristocráticas: derrotó al enemigo interno más peligroso, Carlos el Calvo, duque de Borgoña.
El siglo XVI se inauguró con la continuación de los Valois en el poder. Su figura más representativa fue Francisco I (1515-1547) quien heredó lo hecho por Luis XI y gobernó un próspero reino que crecía sin cesar. La actividad del Parlamento (los Estados Generales) disminuyó hasta dejar de existir, aunque en el plano exterior fracasó en las Guerras de Italia. En este conflicto por el control de Italia se enfrentó a Carlos V. Sus ejércitos fueron derrotados en Pavía y España quedó controlando la península. Por la Paz de Cambrai Francia obtiene sólo el control de la provincia de Borgoña.
Las guerras de religión.- En Francia se expande el protestantismo en su versión calvinista. Sus seguidores recibieron en nombre de hugonotes. De esta forma, estalla una guerra civil, muy dura y sangrienta, entre católicos (reunidos en la Santa Liga) y protestantes.
Los calvinistas, aunque muy minoritarios, no ocultaban, al igual que sus adversarios, su voluntad de imponer su creencia al resto de los franceses. Muy pocos fueron los que proponen predicar la tolerancia. El país se divide y crece el fanatismo El conflicto se torna europeo cuando España interviene apoyando al bando católico e Inglaterra entra respaldando a los protestantes.
La guerra civil significó el colapso de los Valois. El país se encuentra en un estado de anarquía. Esta es la época de Enrique II, Francisco II, Carlos IX y Enrique III. La lucha encuentra su punto más dramático cuando Carlos IX ordena una gran matanza de hugonotes en París, la “Noche de san Bartolomé” (1572). Su plan, instigado por su madre y regente, Catalina de Médicis, era acabar con los protestantes. Fracasó, y se aviva la lucha.
Al morir Enrique III de Valois en 1589 lo hereda su primo y cuñado Enrique de Borbón, jefe del bando calvinista. Enrique, al contrario que su primo, era un hombre de gran habilidad política y un militar astuto. Reúne un ejército y logra conquistar casi todo el país. Finalmente, entra pacíficamente a París, último reducto por dominar, y se convierte al catolicismo: París bien vale una misa, exclamó. Con esto confesaba que el trono de Francia bien valía convertirse al catolicismo.
De esta forma, inicia su reinado el ahora Enrique IV (1589-1610), primer rey de la familia Borbón en Francia. Una de sus obras más importantes como soberano fue el “Edicto de Nantes” donde concede la libertad de consciencia y la tolerancia de cultos en Francia. Sin duda uno de los documentos más importantes en la historia europea del siglo XVI. Su texto respondía al deseo de asegurar la paz interna de Francia. Para el cumplimiento del Edicto el Rey otorga a los protestantes el dominio de 100 plazas fortificadas.
Bajo el reinado de Enrique IV, se consolida el poder centralizado de la monarquía y se intenta curar algunas heridas causadas por los años de la guerra civil. Pero a pesar de estos esfuerzos, el mismo Enrique IV cayó asesinado en 1610 por un católico fanático.
LA INGLATERRA DE LOS TUDOR.- Durante la Edad Media, la monarquía inglesa fue la más poderosa de Europa. Los normandos y los Plantagenet crearon un estado monárquico con mucha autoridad y eficacia administrativa. Esto les permitió, por ejemplo, ambicionar territorios franceses durante la Guerra de los Cien Años.
Pero la monarquía feudal más poderosa de Europa produjo finalmente el absolutismo más débil y de más corta duración. Llegó a su clímax con los Tudor en el siglo XVI y culminaría dramáticamente con la revolución inglesa del siguiente siglo.
La dinastía de los Tudor inició la Edad Moderna un camino prometedor hacia el absolutismo. Enrique VII (1485-1509) desechó al Parlamento y ejerció el gobierno a través de una pequeña camarilla de consejeros y hombres de confianza. Su principal objetivo fue aplastar el poder de la nobleza terrateniente.
Su sucesor fue el famoso Enrique VIII (1509-1547) quien convocó al parlamento para movilizar a su favor a la clase terrateniente en su disputa con el papado y para asegurar su aprobación para incautar los bienes de la Iglesia. Pero esta reapertura del Parlamento no fue una concesión constitucional de Enrique VIII, tampoco significó la disminución del poder real. En realidad utilizó al Parlamento para realzar el poder del soberano.
Bajo el reinado de su joven hijo Eduardo VI (1547-1553), el país se inclina hacia el calvinismo. En cambio la hermana de éste, María (1553-1558), ferviente católica, reconcilia al país con Roma y se casa con Felipe, futuro rey de España. Pero muere muy joven. Entonces, el trono queda en el poder de su hermanastra Isabel I (como sabemos, hija de Enrique VIII y Ana Bolena).
El largo reinado de Isabel (1558-1603) quedó marcado por el establecimiento del anglicanismo y el desarrollo económico de Inglaterra. Ideológicamente, la autoridad real se realzó gracias a la popularidad personal de la reina.
Excomulgada por el papado en 1570, la Reina se decide a ratificar los términos de los Treinta y nueve artículos y desencadena una persecución contra sus opositores calvinistas (llamados “puritanos”) y católicos (llamados “papistas”). Los católicos son vistos como traidores en potencia. De otro lado, la política anti-inglesa de Felipe II y la presencia en el trono de Escocia de su prima María Estuardo, ferviente católica, alimentan en Isabel la idea de que hay una “conspiración romana” en su contra.
El problema religioso sacude Inglaterra al igual que Francia. Los protestantes escoceses expulsan del reino a María Estuardo quien se refugia junto a Isabel. Finalmente, María es encarcelada y condenada a muerte por traición. Por su parte, los irlandeses se niegan a aceptar el anglicanismo y cierran filas en apoyo a Roma. A partir de allí se inicia el conflicto político y religioso anglo-irlandés que dura hasta nuestros días.
Pero decíamos que la era isabelina coincide con el auge económico de Inglaterra. La población de la isla pasa de 3 millones de habitantes en 1551 a 4 millones en 1601. Sin grandes progresos técnicos, la agricultura logra cubrir la demanda de una población en crecimiento. Por su parte, la “industria”, si bien un poco dispersa, logra crecer; cubre las necesidades locales y se orienta a la exportación. Hay minas de hulla, se explota la madera, y se consolidan las industrias de paños y lencería.
Bajo el reinado isabelino, Londres se convierte no sólo en capital política y cultural (recordemos a Willliam Shakespeare), sino en el centro económico y financiero del mundo. En 1566 se funda su Bolsa de Valores y en 1600 se abre la Compañía de las Indias Orientales (para exportar productos al Oriente). Sus astilleros de construcciones navales y su puerto desplazan a su competidor más cercano: Amberes (en Bélgica). Cabe mencionar que en 1563 Londres tenía 90 mil habitantes y, al finalizar el reinado de Isabel, ya contaba con 150 mil.
Hacia finales de siglo, los marinos ingleses, y también corsarios y piratas, atacan abiertamente a las naves españolas que cruzan el Atlántico con el tesoro de América. Inglaterra amenaza el monopolio español sobre sus colonias del Nuevo Mundo. Entre 1577 y 1580 el corsario inglés Francis Drake emprende una expedición que llega al Estrecho de Magallanes y amenaza las costas de Chile y Perú; incluso llega a saquear el Callao. Luego, cruza el Pacífico, dobla el Cabo de la Buena Esperanza completando así la segunda vuelta al mundo.
VOCABULARIO
amoral.- persona o doctrina desprovista de sentido moral. Se aplica a las obras humanas en las que de propósito se prescinde de un fin moral.
cristiano viejo.- español del siglo XVI que lleva en la sangre por lo menos tres generaciones de ascendientes cristianos. Es el “puro de sangre”. Se entiende que el “cristiano nuevo” es el recién converso al cristianismo (descendiente de moros y judíos) y por lo tanto sospechoso, indigno de vivir en una monarquía católica.
estadista.- persona entendida en los negocios o asuntos del estado.
hegemonía.- control, dominio, supremacía.
inmunidad.- estado por el cual alguien puede actuar por encima o al margen de la ley, sin dar cuentas a nadie. Esta afirmación es válida para los soberanos absolutistas.
mercenario.- tropa o soldado asalariado que sirve a un gobierno extranjero.
puritano.- miembro de la Iglesia de Inglaterra que quiere llevar a ésta a adoptar la doctrina calvinista.

Lutero se presenta en la Dieta de Worms ante Carlos V
La Reforma protestante sacudió fuertemente el destino de Europa a partir del siglo XVI. Significó, básicamente, la división de la Cristiandad occidental en dos partes: una católica, que sigue reconociendo la autoridad del Papa y que mantiene una organización única, y otra que adopta después el nombre de “protestante” y que se subdivide, a su vez, en una serie de grupos y sectas.
En nuestros días, el protestantismo agrupa a más de 400 millones de fieles, de los que un 25% son luteranos, 15% calvinistas, alrededor de un 20% son baptistas, cerca de 15% anglicanos y otro 15% son metodistas. El resto pertenece a sectas o iglesias menores.
Las causas de la Reforma son diversas y complejas. No sólo hay que buscarlas en los tan citados abusos del clero. Es cierto que hubo obispos acostumbrados al lujo y sacerdotes que vivían en el concubinato. Pero estos excesos no eran nuevos, tampoco eran recientes los llamados a reformar a la Iglesia como institución.
El protestantismo se desató porque hubo condiciones mentales que así lo permitieron. Digamos que la Iglesia, por ese entonces, no fue capaz, o no estaba en condiciones, de dar respuesta a las inquietudes de la época. Por ejemplo, el postulado protestante de un sacerdocio universal sintonizaba perfectamente con los ideales individualistas y el espíritu laico tan promovidos por el Humanismo.
También ayudaron las ideas de teólogos como Wiklif y Hus que pregonaron que la fuente de autoridad para el cristiano no era la Iglesia sino la Biblia, y en lengua nacional. Estas ideas fueron abonadas también por la difusión que hizo la imprenta de la Biblia y los inteligentes comentarios de los intelectuales del Humanismo a los Evangelios.
Como veremos, el protestantismo puso especial énfasis en la justificación por la fe (la fe, única fuente de salvación) en un momento en que los papas apelaban a la venta de indulgencias. Los creyentes veían, con mucho escepticismo, la posibilidad de “comprar” su salvación; por eso, pusieron tanto énfasis en que, al final, la fe es el camino más correcto para conseguir la salvación.
Al final, la Reforma protestante se fragmentó. Pero a pesar de esto se mantuvo entre sus iglesias cuestiones fundamentales: Cristo como redentor; la omnipotencia de la gracia; la Iglesia como asamblea de creyentes; la Biblia como revelación definitiva de Dios, actualizada por la palabra y la predicación. Rechazó la autoridad pontificia, el culto a la Virgen María y también a los santos, así como la concepción de la misa como sacrificio.
UN AMBIENTE DE REFORMA.- Ya desde finales de la Edad Media, una serie de catástrofes y pruebas sacuden a la Cristiandad occidental. Por citar sólo algunas tenemos la Peste Negra de 1348 y su secuela de muerte y desesperación; la Guerra de los Cien Años que también produjo muertes y sobre todo hambre y destrucción; y, finalmente el Gran Cisma de la Iglesia, con dos y hasta tres papas disputándose el gobierno de la Iglesia.
Para la mayoría, estos dramas eran signos de un castigo divino. Había un miedo colectivo, quizá el peor de toda la historia. Los europeos viven en la angustia. Muchos creen que está cerca el fin de los tiempos, el Juicio Final, el Apocalipsis. Centenares de predicadores ambulantes, amparados en las tragedias, alimentan ese miedo.
En efecto, luego de las grandes calamidades del siglo XIV, la religión cristiana tendió al misticismo bajo la influencia de estos predicadores. Pero estas corrientes místicas estaban, a menudo, próximas a la herejía. Junto a este tipo de herejía de carácter “popular”, surgieron otras dos que dieron origen a los dos grandes movimientos heréticos de ese tiempo:
a. John Wyclif (1330-1384).- Como teólogo oficial del rey de Inglaterra, puso énfasis en revisar la Biblia y traducirla al inglés. Cuestionó la necesidad de tener un Papa si existe la Biblia (predicó su libre interpretación); también era prescindible la Iglesia como institución. Fue condenado pero protegido por el rey.
b. Jan Hus (1369-1415).- Fue un sacerdote de Bohemia (República Checa) influido por las ideas de Wyclif. Postuló que había que predicar la Biblia en cada idioma y que cada región debía tener su propia iglesia. Por ello, se le considera el precursor del nacionalismo checo. Llamado al Concilio de Constanza, fue condenado a la hoguera por hereje. Pero su muerte fue la chispa de la insurrección de sus seguidores contra la Iglesia oficial: la rebelión de los husitas tuvo como centro la ciudad de Tabor y se organizó de forma que recordaba a la Iglesia primitiva (pobre y comunitaria).
Pero ese ambiente que alimenta un profundo sentimiento religioso también impulsa el deseo de reformar la Iglesia. A principios del siglo XV se celebra el Concilio de Constanza que pone fin al Cisma. Ahora es tiempo de emprender las reformas bajo la autoridad de un papa único. Se reúnen algunos concilios más pero la reforma no llega a realizarse.
Por ello, a principios del siglo XVI la reforma se hace más necesaria. Hay abusos: obispos y papas que viven como señores feudales, y se preocupan más por sus intereses terrenales que por los espirituales. Se critica el lujo y la riqueza de la Iglesia: en Alemania la tercera parte del país le pertenecía al clero. Lo mismo sucedía en Francia, Inglaterra y España. También se reprocha los duros impuestos (diezmos) que la Iglesia cobraba a sus fieles.
Así como se criticaba el lujo del alto clero, también se reprobaba la ignorancia de la mayoría del bajo clero. Se trataba de sacerdotes con escasa formación religiosa y muchas veces analfabetos. Lo que se reclamaba era un clero cuyos miembros no sean simples administradores de sacramentos, sino hombres capaces de enseñar la Palabra de Dios y responder inteligentemente a las inquietudes y preocupaciones del cristiano moderno.
La frustración histórica de la Iglesia es que no fue capaz de reformarse por sus propios medios. En este sentido los papas del Renacimiento (Alejandro VI, Julio II y León X) sólo hicieron reformas en la imagen de la Iglesia. Al reconstruir y embellecer el Vaticano, por ejemplo, sólo quisieron dar la ilusión de una Iglesia poderosa, opulenta, pero sin cambios de fondo. Incluso buena parte del dinero que sirvió para remodelar la iglesia de San Pedro provino de un medio muy cuestionado: la venta de indulgencias.
También es importante el surgimiento en toda Europa de sentimientos de “identidad nacional” alimentado por el absolutismo. Lutero, por ejemplo, llama a la unión de los alemanes contra un poder extranjero (Roma) que domina a cada país. Para príncipes y monarcas este discurso sonaba muy atractivo en su interés por consolidar su poder absoluto en cada uno de sus territorios. Este sentimiento también mueve a Enrique VIII cuando rompe con Roma y expropia para la corona de su país los bienes del clero.
Por último, hay que mencionar la falta de formación religiosa de la mayoría de los europeos. El hombre común, especialmente el del campo, no tenía una sólida formación cristiana. Su sentimientos religiosos eran muy sencillos y muchas veces supersticiosos. Por eso, luego de la rebelión luterana hay un esfuerzo, tanto de los protestantes como de la Iglesia católica, de evangelizar (militarizar) a la gente. En este sentido, todas las iglesias en Europa occidental se vuelven militantes.
LA REFORMA LUTERANA.- Martín Lutero (1483-1546), hijo de un campesino, gozó de la educación que su padre le patrocinó en la Universidad de Erfurt (Alemania). Fue allí, en medio de una tormenta, que recibe el “mensaje” que lo lleva a tomar la decisión de vestir los hábitos de la Orden de San Agustín. Poco tiempo después, lo nombran profesor de teología en Wittemberg, donde llega a la convicción, a través de algunos escritos de san Pablo y san Agustín, que:
a. La conducta humana (y en especial las indulgencias) no juegan ningún papel importante en la salvación individual: sólo la fe en Dios puede hacer que un hombre sea justo y se salve. De esta forma, Lutero da en el clavo a las expectativas de muchos hombres de su tiempo.
b. También consideró que todos los cristianos son iguales por el bautismo y, por lo tanto, todos son sacerdotes (habló del “sacerdocio universal”). Esto lo llevó a rechazar la superioridad espiritual del Papa, de los obispos y de toda autoridad eclesiástica en general.
c. Por último, si bien reconoce cierto valor a la Tradición, afirmó que la Revelación está totalmente dicha en la Biblia (postula la libre interpretación de la Biblia).
A partir de estos tres “hallazgos”, Lutero rechaza la función del clero. Los sacerdotes, que no están obligados al celibato, son simples fieles cuya principal función es enseñar la Palabra de Dios. De allí aparece la figura del “pastor” protestante. También rechaza el papel de “intermediarios” a la Virgen María y a los santos. Finalmente, sólo acepta dos sacramentos pero como simples ritos, sin ningún contenido: el bautismo y la Cena o Eucaristía (en ella sólo admite la consubstanciación, más no la transubstanciación).
Todo esto le valió la excomunión papal en 1520. Antes de esa fecha, a Lutero se le había encomendado viajar a Roma para solucionar con la Santa Sede algunos inconvenientes que sufrían los agustinos en Alemania. Pero su llegada a Roma le produce una terrible impresión: creyendo que se encontraría en un ambiente piadoso, descubre que en su lugar reina el caos, el afán del Papa por acrecentar su poder temporal y, especialmente, la venta de indulgencias. Por ello, en 1517, publicó en Wittemberg (1517) sus famosas “95 tesis” en las que expuso lo principal de sus ideas y condena enfáticamente la venta de indulgencias.
La reacción en Alemania.- Carlos V, como emperador del Sacro Imperio Romano-Germánico (así se le llamaba a Alemania por entonces), convoca a la Dieta de Worms en la que Lutero se niega a retractarse de sus opiniones. Condenado a muerte, se escapa con la ayuda del príncipe de Sajonia, y se refugia durante un año en el castillo de Wartburgo donde traduce la Biblia al alemán. A partir de ese momento, muchos nobles y ciudades de Alemania apoyan la rebelión luterana: se vendieron unos 300 mil ejemplares de sus escritos. También se confiscan muchos bienes del clero y los distintos príncipes toman bajo su control las iglesias de sus dominios.
Rápidamente, por ejemplo, 51 de las 65 ciudades alemanas habían adoptado el luteranismo. La nueva doctrina se había desbordado también por Dinamarca, Suecia, Noruega, Finlandia e Islandia.
Ante este panorama, Carlos V convocó a la Dieta de Spira (1529) donde invoca a los príncipes a que se reconcilien con el Papa. Éstos hacen la Protesta y desde allí los llaman “protestantes”. Fue la última vez que se reúnen como católicos, hacen una liga de defensa y es el comienzo del fin del Sacro Imperio. En la Dieta de Ausburgo (1530), Melachton, discípulo de Lutero, presenta a Carlos V la Confesión de Ausburgo, donde se delinearon las doctrinas del luteranismo.
Finalmente, en 1555, se estableció la Paz de Ausburgo. En ella se instauró la concordia religiosa en Alemania confiriendo a los príncipes protestantes todos los derechos episcopales: se les reconoció libertad de consciencia y culto; además, sus súbditos tenían la alternativa de aceptar la religión de su soberano o emigrar a otro territorio.
¿Qué pasó con Lutero? A los 42 años terminó casándose con una joven de 26 que había dejado su orden religiosa para seguir el luteranismo. Con ella tiene seis hijos e inicia una vida de excesos. Para mantener a su familia se dedica a vender libros, reparar objetos y dictar clases en la Universidad. Muere contradiciendo muchas de las creencias y votos que practicó durante su juventud rebelde.
La importancia histórica de Lutero es que fue el fundador de una iglesia cristiana no católica. También se le reconoce haber difundido la Biblia (más de 100 mil ejemplares de la Biblia en alemán se distribuyeron). Asimismo, impulsó una mejor educación religiosa del pueblo y fomentó el nacionalismo alemán. Hoy en día el 51% de la población alemana es protestante, en su mayoría luteranos. Se calcula que en el mundo existen actualmente, incluidos los alemanes, 100 millones de luteranos.
EL CALVINISMO.- Fue una orientación más radical y espiritual de la reforma luterana. Fue propagada por el francés Juan Calvino (1509-1564). Nacido en París en el seno de una familia burguesa, su conversión no fue tan apasionada como la de Lutero, aunque sintió sus influencias. Publicó, hacia 1536, en latín, la “Institución de la religión cristiana” en la cual expuso lo esencial de su doctrina. Luego de algunas persecuciones contra su persona, Calvino se dirigió a ciudad de Ginebra (Suiza) desde donde se difundió su prédica religiosa.
Al igual que Lutero, Calvino funda su doctrina en la justificación por la fe, el sacerdocio universal y la autoridad indiscutible de la Biblia, pero modifica ligeramente estos tres aspectos.
Para Calvino, la justificación por la fe postula la predestinación: el hombre está predestinado para la salvación o la condenación. En otras palabras: Dios, en virtud de su omnipotencia y de su amor, desde antes de nacer la persona, le asigna su destino, y éste es invariable. Cierto número de personas está destinado a vivir eternamente con Cristo, sin tener para nada en cuenta su fe ni sus obras. La suerte del resto es vivir para siempre en el pecado y en la condenación.
Por lo tanto, el Dios de Calvino era un Dios que infundía temor entre las personas. Pero así nacía el deseo ardiente de llevar una vida conforme a los preceptos de las Escrituras: la doctrina de la predestinación tuvo como resultado el imponer a los calvinistas una vida rigurosamente conforme a las exigencias de la Iglesia, básicamente una ética económica.
De este modo, el calvinismo imponía un estilo de vida metódico y racional para sus fieles. Exigía la represión de los instintos, la transformación del hombre impulsivo e instintivo en el hombre racional: No hagáis ni toméis nada por el mero hecho de que los sentidos o el apetito lo pidan, sino cuando haya razón para ello, decía Calvino.
Exigía, entonces, la laboriosidad (no a la ociosidad); el ocuparse de cosas útiles (no, por ejemplo, al juego, al baile o a la caza); a la templanza (no a los deleites carnales, a la gula o a la embriaguez); y fomentaba el espíritu de ahorro: había que economizar todo, las mismas palabras, los gestos, la decoración de los templos y los feriados del año. Los templos calvinistas, por ejemplo, no debían tener altares o imágenes. En lugar de ellas, podían reproducirse, en sus muros, pasajes de la Escritura.
Para algunos, las exigencias del calvinismo cuajaban perfectamente con el ideal burgués. El buen calvinista es el buen burgués. En este sentido la religión (la predestinación) es un premio a su esfuerzo, a su trabajo y a su espíritu de ahorro e inversión. Por ello, el calvinismo habría estimulado el desarrollo del capitalismo en Europa. Incluso también de la democracia, pues el calvinismo exigía una consciencia cívica: ser honesto, ser respetuoso con los demás, reconocer los derechos del otro y tener un espíritu de servicio.
De otro lado, si para el calvinismo la Biblia era la única depositaria de la Revelación, cada persona tenía el derecho de acceder a ella mediante una lectura directa y cotidiana. Además la Cena, es decir, la Eucaristía, no es sino una unión espiritual con Cristo: la Cena de nuestro Señor es un signo por el cual bajo el pan y el vino se representa la verdadera comunicación espiritual que tenemos en su cuerpo y en su sangre, escribió Calvino.
Con estos contenidos es lógico suponer que el calvinismo penetró con más facilidad en los medios cultos y acomodados que en el mundo campesino, iletrado y conservador. Geográficamente se propagó por Alemania, Francia (allí se les llamó hugonotes), Holanda, Inglaterra (puritanos) y Escocia (la Iglesia Presbiteriana fundada en 1560 por John Knox).
EL ANGLICANISMO.- Inglaterra tuvo un destino reformista original, impuesto por sus soberanos de la dinastía Tudor. Enrique VIII impuso el cisma en el “Acta de Supremacía” (1534) que transfería al Rey todos los poderes de jurisdicción sobre la Iglesia de Inglaterra. Y todo comenzó por la negativa de Roma a anular su matrimonio con Catalina de Aragón. En este sentido la actitud de Enrique VIII fue una posición radical basada en sentimientos de independencia nacional y, también, de voluntad de reforma.
En toda Inglaterra los monasterios quedaron disueltos, y sus tierras y demás propiedades pasaron a la Corona la que, a su vez, entregó estos bienes a los nobles que apoyaron a Enrique VIII en su ruptura con Roma. Pero aunque el Rey reformó el gobierno de la Iglesia se negó a que se hicieran cambios en su doctrina. Incluso antes de su divorcio, se había opuesto a Lutero asesorado por el humanista Tomás Moro.
Después del cisma con el papado, Enrique VIII persiguió, con igual severidad, a los católicos que no le reconocían como jefe de la iglesia de Inglaterra, y a los protestantes que proponían cambios en el dogma.
Luego, su hija, Isabel I, fundó realmente la Iglesia Anglicana por el “Acta de Uniformidad” (1559) que imponía una política de sumisión de sus representantes al Estado. En 1563 se promulgan los Treinta y nueve Artículos. Según sus términos, la liturgia y la jerarquía eclesiástica son parecidas al catolicismo, pero abandona el uso del latín, el culto a las imágenes y el celibato sacerdotal. El dogma defiende la justificación por la fe, la autoridad exclusiva de la Biblia y el rechazo a los sacramentos (menos el bautismo o la cena).
Como vemos, el culto anglicano conserva las apariencias católicas y sus principios son de inspiración calvinista. Su fe se cimienta en el mensaje de los Padres de la Iglesia y en lo acordado por los concilios cristianos antes de la ruptura entre Oriente y Occidente en 1054. Pero básicamente lo que caracteriza al anglicanismo es su posición intermedia entre el catolicismo y el protestantismo surgido en el resto de Europa.
Insiste en la supremacía de la Biblia, como único fundamento de la fe, y reconoce dos sacramentos principales: bautismo y eucaristía. Desde la ruptura con Roma, son los soberanos de Inglaterra los que nombran a los obispos; actualmente son nombrados a propuesta del primer ministro.
LA IGLESIA ANGLICANA HOY.- Se divide en dos tendencias: la High Church (o Alta Iglesia) que insiste en la importancia de la Iglesia como institución y que celebra sus ritos y sacramentos en forma muy próxima al catolicismo romano; por su lado, la Low Church (Baja Iglesia) defiende la idea de una religión más personal, más íntima, e influenciada por los preceptos calvinistas y luteranos.
Los anglicanos reconocen la autoridad espiritual del Arzobispo de Canterbury, quien vive en Londres. Actualmente cuenta con más de 70 millones de fieles de los cuales casi la mitad vive en las Islas Británicas. El resto se reparte principalmente en Estados Unidos, Canadá y Australia. Los obispos anglicanos del mundo se reúnen desde 1867 en la Conferencia de Lambeth, y sus representantes forman, cada dos años, un Consejo Consultivo Anglicano que puede dictaminar algunas cuestiones de fe o política eclesial que, a su vez, deben ser aprobadas por el Parlamento británico.
LA REFORMA CATÓLICA.- La reforma protestante tropezó con la férrea oposición de la Europa latina: Francia, España y la península italiana. El papado buscó ayuda y protección de la monarquía más fuerte de entonces, la española, y sus soberanos, Carlos V y, sobre todo, Felipe II se convirtieron en el brazo político y militar de Roma en su lucha contra los protestantes.
Este movimiento emprendido por Roma, desde 1540 más o menos, más conocido como la Contarreforma, fue una reacción de defensa (no sólo doctrinal, sino a menudo violenta) frente a los postulados protestantes.
La Contrarreforma impulsó una reafirmación vigorosa de la visión mística del mundo. Se reavivó la llamada de la fe. Fue un llamado a las armas contra todo aquello que ponía en peligro los cimientos del catolicismo: había que crear una iglesia militante.
Y es que el enemigo del catolicismo podía presentarse en muchas formas. Ya no sólo eran los protestantes. También eran las nuevas religiones paganas que los colonizadores habían descubierto en las culturas de América, Asia o África. Enemigos eran también los intereses materialistas de la burguesía en ascenso, así como los sentimientos “nacionalistas” de las monarquías europeas. Finalmente, el espíritu crítico del Humanismo era peligroso porque alentaba la libre investigación y la curiosidad científica.
La Iglesia se dio cuenta que si era aceptada por todos la imagen mecánica del mundo como una “máquina en movimiento” (recordemos el heliocentrismo de Copérnico), la creencia en los milagros se iba a desvanecer, se destruiría la noción de la intervención de Dios en los asuntos del mundo y quedaría fuera de las mentes de los católicos la noción del “misterio”.
Por ello, la iglesia se interesó no tanto en especulaciones teológicas sino de alentar en los creyentes un misticismo práctico, una experiencia religiosa concreta. En este sentido, el ritual se modificó y se convirtió en algo más espectacular, apoteósico, capaz de conmover al creyente. La difusión de las procesiones por las calles alentó este nuevo misticismo, por ejemplo. También la vida ejemplar, pública, de algunos santos como Teresa de Jesús o Juan de la Cruz.
La Compañía de Jesús.- En 1534, san Ignacio de Loyola funda la Societas Jesu (S.J.), una nueva orden religiosa aprobada por Paulo III en 1540. Sus integrantes, más conocidos como “jesuitas”, trataron de interpretar a esta nueva Iglesia militante de la Contrarreforma. Los jesuitas llegaron a adaptar la doctrina cristiana a las difíciles circunstancias de la época. Se enfrentaron a las realidades políticas y morales de su siglo y tomaron parte activa en la educación, asuntos públicos y obras misioneras. Actuaron, por ejemplo, en las cortes reales como confesores y educadores de príncipes y nobles. Fundaron muchos colegios e impulsaron muchas misiones no sólo en Europa sino en las tierras recién conquistadas por españoles y portugueses.
Bajo su autoridad máxima y vitalicia, el General, un jesuita se consideraba a sí mismo como soldado de Dios bajo la bandera de la cruz, listo para luchar por la propagación de la fe ante los protestantes, los herejes o los infieles. La Orden, por ello, estaba organizada con criterios militares: rígida disciplina, voto de obediencia al Papa y prohibición de cualquier crítica a los superiores. Bajo estos criterios, todo el mundo fue dividido en provincias jesuitas, y su “ejército” de sacerdotes siguió los caminos trazados por los navegantes y conquistadores europeos.
El Concilio de Trento (1545-1563).- Promovido por iniciativa del papa Paulo III, en él se reunieron obispos católicos, en su mayoría italianos y españoles, en la ciudad italiana de Trento. No trataron en establecer un diálogo con los protestantes. En este sentido no fue el Concilio de la reconciliación sino el de un catolicismo que se negaba a transigir o por lo menos a dialogar con los protestantes. Tras varias interrupciones y reanudaciones este Concilio estableció con mucha claridad que antes los puntos del dogma criticados o cuestionados por los protestantes, condenándolos sin miramientos. En Trento se estableció, por ejemplo:
a. La reafirmación del papel de la conducta de los hombres en su propia salvación. En este sentido, reconoció el libre albedrío. Admite el valor de las buenas obras y la eficacia de las indulgencias y sufragios (aunque restringe su uso).
b. Defendió la vigencia de la Tradición, junto a la Biblia, como elemento de la Revelación. La interpretación que hace la Iglesia de la Biblia es la única válida. Además, la única versión aceptada de la Biblia es la Vulgata Latina de San Jerónimo, por lo tanto, la Biblia había que leerla en latín y no en idioma “vulgar”.
c. La misa debía seguir siendo celebrada en latín, así como cualquier liturgia. También defendió la presencia de Cristo en la Eucaristía. En otras palabras: en el sacramento de la Eucaristía (o Cena) se conmemora la última comida de Cristo durante la cual transformó el pan y el vino en su cuerpo para dárselos a sus discípulos. Para los obispos de Trento, entonces, hay presencia real del cuerpo y la sangre de Cristo, con transubstanciación.
d. Reafirmó el carácter sagrado del clero y el celibato sacerdotal. En materia de disciplina condenó los anteriores abusos del clero (obispos). Recomienda la fundación de un seminario en cada diócesis para la formación moral, intelectual y religiosa de los futuros sacerdotes a fin de hacerlos más capaces de transmitir la fe a través del catecismo y la predicación. Para el clero era obligatorio el uso de los hábitos y ropa talar. Defendió el derecho de cada parroquia de llevar los libros de bautismos, matrimonios y defunciones.
e. Defendió la vigencia de los siete sacramentos, el valor del culto a los santos y, especialmente, el culto ala Virgen María tan cuestionado por los protestantes. También reafirmó la existencia del Purgatorio.
f. Finalmente defendió la infabilidad papal. Trento insistió en reafirmar la autoridad papal y sus interpretaciones del dogma. Toda jurisdicción procede del Papa.
En síntesis, los obispos de Trento condenaron, sin ninguna consideración, al protestantismo e intentaron darle al papado mayor autoridad (y credibilidad). Pero el Concilio también termina sancionando la división de la cristiandad en Europa occidental: unos europeos que siguen siendo católicos y otros que siguen el protestantismo bajo las formas luterana, anglicana o calvinista. Esto sin mencionar a los europeos del Este que desde la Edad Media profesan el cristianismo ortodoxo. Esta división se va a mantener, casi sin mayores cambios, hasta nuestros días.
VOCABULARIO
baptistas.- iglesia protestante creada en Londres en 1611. Proclama la suprema autoridad de la Biblia, el derecho a la libertad religiosa y la completa separación de Iglesia y estado.
barroco.- es un término de origen portugués que quiere decir “piedra irregular”, para caracterizar lo extravagante en la arquitectura y a partir de allí, un estilo que da la impresión de irregularidad, de rareza e incluso de fantasía.
celibato.- estado de soltería.
cisma.- división o separación.
concubinato.- convivencia de una pareja.
dieta.- asamblea o parlamento de los príncipes que formaban parte del Sacro Imperio Romano-Germánico (Alemania).
indulgencia.- perdón, total o parcial, de la pena del purgatorio por los pecados perdonados: para ganar las indulgencias, el creyente debe realizar las obras prescritas (oraciones especiales, confesión, comunión).
infabilidad.- que no puede engañar ni engañarse.
metodistas.- iglesia protestante surgida en Inglaterra en el siglo XVIII. Insiste en la necesidad de la santificación. Los creyentes son bautizados en edad adulta pero suele “presentarse” a los niños lo que sustituye de alguna forma al bautismo. Su doctrina se asemeja a la baptista.
misticismo.- estado de quien se dedica mucho a dios o a las cosas espirituales. También se aplica a la doctrina que enseña la comunicación directa entre el alma y su Creador en la visión intuitiva o el éxtasis.
órgano.- instrumento de tecla y tubería llamado el rey de los instrumentos. Conocido ya desde la Antigüedad fue introducido como instrumento típico de la liturgia cristiana hacia 1400. Puede tener hasta cinco teclados escalonados, y en 1500 se le añadió el pedal en Alemania.
Revelación.- para los cristianos es la manifestación del Espíritu y de la Palabra de Dios en la Biblia y la Tradición.
sacramentos.- signos instituidos por Cristo para producir la gracia divina y santificar las almas. Para los católicos son siete: bautismo, confirmación, penitencia (o confesión), eucaristía (o comunión), matrimonio, orden sacerdotal y extremaunción.
sufragio.- ayuda, favor, socorro. Obra buena aplicada por las ánimas del Purgatorio
transubstanciación.- significa el cambio de la substancia del pan y del vino en la substancia del cuerpo y de la sangre de Cristo, y no sólo la consubstanciación, esto es, el mantenimiento de la substancia del pan y del vino junto a la del cuerpo y la sangre (así lo planteaban los luteranos); para el calvinismo sólo hay presencia espiritual, simbólica.
Tradición.- para los cristianos es la revelación de la Palabra de Dios de forma distinta a la que se produce en la Biblia. Son las decisiones de los concilios, los escritos de los Padres de la Iglesia y de teólogos avalados por la Iglesia oficial.
violín.- instrumento de cuerda creado en el siglo XVIII. Consta de cuatro cuerdas y se tañe con un arco. Por su brillante y expresiva sonoridad, junto con sus inmensas posibilidades virtuosísticas, es la base de la orquesta clásica.
La historia de amor y huida fatal con la que Bonnie Parker y Clyde Barrow mantuvieron en vilo a los Estados Unidos de la Gran Depresión ha vuelto a salir a la luz cuando se cumplen 75 años de la emboscada que acabó con sus vidas en 1934.
La Oficina Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en inglés) celebra los tres cuartos de siglo de uno de sus casos más famosos con la publicación de casi 1000 páginas, hasta ahora inéditas, de material de investigación sobre los famosos fugitivos.
En su accidentada huida a través del centro de Estados Unidos, Bonnie y Clyde pasaron de ser autores de pequeños robos en gasolineras a convertirse en los primeros criminales del siglo XX en alcanzar fama nacional, en una referencia obligada en la era de los gángsteres y en una de las bases del prestigio del FBI.
La huida de la joven pareja, que inició una relación sentimental poco después de conocerse en 1930, terminó en la madrugada del 23 de mayo de 1934, cuando una patrulla de agentes de Tejas les tendió una emboscada en una polvorienta carretera cercana a Sailes (Luisiana).
Las 947 páginas de información relacionada con la pareja que sirvieron al FBI y a la policía como pistas para la espectacular trampa final habían permanecido ocultas hasta 2008, cuando la oficina federal de Dallas (Tejas) anunció su hallazgo.
Año del gángster.- Rescatados como parte de una exposición local y publicados ahora por la oficina central en Washington como parte de los eventos relacionados con su llamado "año del gángster", los documentos incluyen recortes de prensa y fotografías, como la de una multitud contemplando los cristales acribillados del coche de los fugitivos el día que sufrieron la emboscada.
El grueso de la información la componen telegramas enviados al FBI por las patrullas locales que seguían el rastro de la pareja, o de ciudadanos que escribían a las autoridades asegurando haberles visto en una gasolinera o en la esquina de su casa.
De esas notas se deduce, por ejemplo, que Bonnie se hacía llamar Bertha Graham, o que los familiares de Clyde le esperaban en un condado de Tejas para entregarle 250 balas.
El FBI ha sacado también a la luz un sumario producido en 1934 y revisado en 1984, pensado para investigadores y periodistas, que resume en tres páginas el historial criminal de los fugitivos y la persecución policial paso a paso.
Además, el aniversario de esta historia que alimentó la curiosidad de un país asfixiado por la Gran Depresión se cumple en medio de la crisis económica más grave desde la que se vivió entonces.
De la mano de unos medios de comunicación que empezaban a hacer gala del amarillismo, gran parte de la clase media que vivió el comienzo de los años 30 con el agua al cuello proyectó en la pareja una imagen romántica, una suerte de Robin Hood a dúo que se burlaba de un gobierno despreocupado de los problemas de sus ciudadanos.
Esa emocionante historia que hizo dudar a toda una generación sobre la frontera entre lo correcto y lo incorrecto no tardó en convertirse en un guión genial para la gran pantalla, y Hollywood convirtió a los fugitivos en estrellas en varias ocasiones.
La poesía de Bonnie, escritora aficionada, inspiró además al cantautor francés Serge Gainsbourg para uno de sus famosos dúos con Brigitte Bardot en 1967, y la historia se convirtió incluso en un musical japonés en 1999.
El aniversario de la muerte de los amantes también coincide con su retorno a la gran pantalla, y los estudios Cypress Moon ya preparan un nuevo filme basado en el que en 1967 convirtió a Faye Dunaway en Bonnie y a Warren Beatty en Clyde. The Story of Bonnie and Clyde se estrenará en 2010, con la estrella adolescente Hillary Duff y el actor canadiense Kevin Zegers como protagonistas.
Tomado de El País (28/05/09)


La Oficina Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en inglés) celebra los tres cuartos de siglo de uno de sus casos más famosos con la publicación de casi 1000 páginas, hasta ahora inéditas, de material de investigación sobre los famosos fugitivos.
En su accidentada huida a través del centro de Estados Unidos, Bonnie y Clyde pasaron de ser autores de pequeños robos en gasolineras a convertirse en los primeros criminales del siglo XX en alcanzar fama nacional, en una referencia obligada en la era de los gángsteres y en una de las bases del prestigio del FBI.
La huida de la joven pareja, que inició una relación sentimental poco después de conocerse en 1930, terminó en la madrugada del 23 de mayo de 1934, cuando una patrulla de agentes de Tejas les tendió una emboscada en una polvorienta carretera cercana a Sailes (Luisiana).
Las 947 páginas de información relacionada con la pareja que sirvieron al FBI y a la policía como pistas para la espectacular trampa final habían permanecido ocultas hasta 2008, cuando la oficina federal de Dallas (Tejas) anunció su hallazgo.
Año del gángster.- Rescatados como parte de una exposición local y publicados ahora por la oficina central en Washington como parte de los eventos relacionados con su llamado "año del gángster", los documentos incluyen recortes de prensa y fotografías, como la de una multitud contemplando los cristales acribillados del coche de los fugitivos el día que sufrieron la emboscada.
El grueso de la información la componen telegramas enviados al FBI por las patrullas locales que seguían el rastro de la pareja, o de ciudadanos que escribían a las autoridades asegurando haberles visto en una gasolinera o en la esquina de su casa.
De esas notas se deduce, por ejemplo, que Bonnie se hacía llamar Bertha Graham, o que los familiares de Clyde le esperaban en un condado de Tejas para entregarle 250 balas.
El FBI ha sacado también a la luz un sumario producido en 1934 y revisado en 1984, pensado para investigadores y periodistas, que resume en tres páginas el historial criminal de los fugitivos y la persecución policial paso a paso.
Además, el aniversario de esta historia que alimentó la curiosidad de un país asfixiado por la Gran Depresión se cumple en medio de la crisis económica más grave desde la que se vivió entonces.
De la mano de unos medios de comunicación que empezaban a hacer gala del amarillismo, gran parte de la clase media que vivió el comienzo de los años 30 con el agua al cuello proyectó en la pareja una imagen romántica, una suerte de Robin Hood a dúo que se burlaba de un gobierno despreocupado de los problemas de sus ciudadanos.
Esa emocionante historia que hizo dudar a toda una generación sobre la frontera entre lo correcto y lo incorrecto no tardó en convertirse en un guión genial para la gran pantalla, y Hollywood convirtió a los fugitivos en estrellas en varias ocasiones.
La poesía de Bonnie, escritora aficionada, inspiró además al cantautor francés Serge Gainsbourg para uno de sus famosos dúos con Brigitte Bardot en 1967, y la historia se convirtió incluso en un musical japonés en 1999.
El aniversario de la muerte de los amantes también coincide con su retorno a la gran pantalla, y los estudios Cypress Moon ya preparan un nuevo filme basado en el que en 1967 convirtió a Faye Dunaway en Bonnie y a Warren Beatty en Clyde. The Story of Bonnie and Clyde se estrenará en 2010, con la estrella adolescente Hillary Duff y el actor canadiense Kevin Zegers como protagonistas.
Tomado de El País (28/05/09)


28/05/09: UN AÑO
Hoy hace un año nació este blog. En los últimos 12 meses, ha recibido más de 230 mil visitas. Mi propósito, como está escrito en la presentación, era divulgar temas referidos a la historia moderna y contemporánea, tanto del Perú como de América Latina y el resto del mundo. Creo que se ha cumplido ese objetivo y he tratado de publicar, casi todos los días, diversas contribuciones, muchas mías y otras extraídas de otras fuentes, principalmente periódicos. Agradezco los cientos de comentarios, sugerencias y críticas, la mayor parte de estas últimas expuestas con seriedad y respeto. En la medida de lo posible, siempre dependiendo del tiempo, he tratado de subsanar cualquier error que pudo haberse filtrado en medio de tanta información. Han visitado esta página personas tanto del Perú como de otras regiones del mundo, y de muy diversos intereses. A muchos de ellos les he contestado sus preguntas o, simplemente, les he agradecido por sus gentiles apreciaciones. Un blog académico, como este, es un compromiso; muchas personas ya están suscritos a él y es momento de decir que continuaré dándole un tiempo en medio de mis demás obligaciones y seguiré con el mismo tono, es decir, divulgando al público interesado temas muy diversos, siempre vinculados a la Historia, especialmente a los estudiantes, tanto escolares como universitarios. En este sentido, en estos días, hemos publicado -y lo seguiremos haciendo en estos días- varias síntesis, que siempre son útiles para los estudiantes, de diversos periodos del pasado peruano y de Europa (Perú prehispánico, Perú colonial, la Edad Media europea y la Europa moderna). También prometo seguir profundizando el tema central del blog: el Perú republicano.
Muchas gracias,
Juan Luis Orrego

Pisco es Perú, salud!
Muchas gracias,
Juan Luis Orrego

Pisco es Perú, salud!
28/05/09: Humanismo y Renacimiento (una síntesis)

San Lorenzo dando comida a los pobres
(Fra Angelico, Museos del Vaticano)
A partir del siglo XIV, se produjo una crisis del pensamiento medieval y se fue desarrollando una nueva mentalidad que, a través del Humanismo, daría paso al Renacimiento. El término “renacimiento” fue adoptado orgullosamente a finales del siglo XV como expresión de la creencia de ser un “nuevo nacimiento” de la cultura tras mil años de oscuro intermedio: la Edad Media.
Éste fue el auténtico arranque del mundo moderno y que llega hasta nuestros días. Fue un proceso enérgico y muy creativo que tuvo su adecuado marco en las ricas ciudades italianas donde, sin el poder de los monarcas absolutos y con un papel cada vez más secundario de lo religioso, prosperó una economía burguesa y comercial. De esta forma apareció una cultura laica, urbana y, en cierto modo, de “clase media”.
Por ello el Humanismo implica una ruptura, una crítica del pasado inmediato. Es la negación del pasado medieval y la afirmación de algo distinto: ahora era el hombre la cabeza y la clave del Universo por mandato divino. Para ello el Humanismo significó una revalorización de los estudios clásicos que promovieron en la literatura los intelectuales italianos del siglo XIV, y que se fue difundiendo por toda Europa.
Ahora el hombre está sujeto a una nueva perfección, y la vía que se le ofrece para realizarla no es la fusión con Dios (tal como se planteaba en la Edad Media) sino la acción terrena, histórica. De esta forma el trabajo substituye a la penitencia, el progreso a la gracia y la política a la religión.
Como vemos, el pensamiento medieval ponía todas sus esperanzas de perfección en la eternidad, en el goce del Paraíso después del Juicio Final, es decir, no en este mundo. La eternidad era el fin de la historia, el fin de este mundo. Los humanistas se rebelaron contra esto. Ese pensamiento ofendía la esperanza del hombre en construir su perfección aquí en la Tierra con sus conquistas materiales y mentales. También ofendía su fe en la evolución y el progreso.
Los intelectuales modernos pusieron su fe en el futuro. Pero ese futuro está aquí en la Tierra, y el hombre a través de su trabajo, de la política y del progreso de su mente puede construir un mundo mejor. Por eso, el optimismo, la fe por las capacidades del hombre, fue uno de los rasgos más sobresalientes del Humanismo.
Finalmente, cuando los intelectuales europeos concebían la “modernidad”, América aparece en el escenario como una verdadera “aparición inesperada”. Pero América era una realidad que la mente renacentista imaginaba pero no creía. Le costó a los europeos unos años percibir la real y fantástica aparición de nuestro continente. América no sólo daría oro y plata a Europa. También daría una nueva esperanza, la oportunidad de crear una nueva civilización bajo los ideales modernos y cristianos.
EL HUMANISMO.- Fue un movimiento intelectual nacido en Italia en el siglo XIV que buscó una ruptura con la Edad Media para rescatar el mensaje intelectual y estético de la Antigüedad greco-latina. De esta manera los humanistas se dedicaron al estudio del hombre y de la naturaleza, basándose en los autores clásicos, no en los textos medievales que orientaban todo su interés a la religión o a la intervención directa de Dios sobre la vida terrena.
Rescataron el latín como la lengua más dulce y culta. También dieron importancia al griego, al hebreo y al arameo. Esto les permitía examinar los textos originales de la Biblia, de la literatura romana, de la filosofía griega, y difundir sus comentarios al respecto. La invención de la imprenta brindó una ayuda inusitada a esta labor intelectual.
Desde 1539, la palabra francesa humaniste se aplicó a los eruditos que desde el siglo XIV hasta el inicios del XVI, se dedicaron al estudio de las lenguas antiguas para tener una nueva concepción del hombre y del mundo. Estos eruditos estaban seguros de vivir en un “renacimiento”, una época totalmente novedosa que rompía con un pasado “tenebroso”, a pesar de seguir siendo tributarios del pensamiento medieval y del cristianismo. En otras palabras: a pesar de admirar la sabiduría de los griegos y de tener un espíritu crítico, los humanistas fueron profundamente cristianos.
Por ello el humanismo tuvo en sus inicios una vertiente filológica, ayudada por la imprenta, único instrumento que permitía fijar adecuadamente un texto evitando los errores de los antiguos copistas. Entonces, la filología incentivó el espíritu crítico. El pasado y el mundo serían contemplados con nuevos ojos. La experimentación se convirtió en condición indispensable de una ciencia real: el método inductivo.
El descubrimiento de la imprenta por Juan Gutemberg, en 1455, ofreció a los humanistas un gran vehículo para difundir sus ideas. De Londres a Cracovia y de Rotterdam a Venecia, se multiplicaron los talleres de imprimir. Hacia 1500, por ejemplo, 236 ciudades europeas tenían una o varias imprentas.
Como vemos, esta nueva actitud hacia el mundo revolucionó las actividades científicas. La ciencia se convirtió en una aliada esencial para que el hombre tenga fe en el progreso, en el futuro. Los humanistas destruyeron muchas ideas que en la Edad Media se tenía del hombre y de la naturaleza, y desarrollaron nuevas bases para la investigación científica. Ya no consideran indigno para un intelectual realizar experimentos prácticos.
En esta revolución científica, por ejemplo, se mejoró mucho el trabajo de los metales. Se inventó el alto horno, se comienza a utilizar la hulla además del carbón vegetal para fundir los minerales y se descubren metales nuevos. El hierro, ahora más barato, permite los adelantos en la metalurgia y facilita a su vez el incremento de la producción “industrial”. La medicina, de otro lado, avanza de manera acelerada al perderse el horror medieval al desnudo. Muchos estudian anatomía (incluso los artistas, como lo revelan la pintura y la escultura del Renacimiento) y se descubren nuevos conocimientos sobre el cuerpo humano, considerado ahora una especie de máquina.
En todo esto, cobra importancia el uso de la razón para comprender el mundo. Ya no se trata de buscar explicaciones divinas, sino de observar y experimentar. Los intelectuales tratan de buscar y encontrar leyes que rigen el desarrollo del Universo. Podríamos decir, incluso, que con el avance de la ciencia, los humanistas trataron de dar una explicación más mecanicista sobre el hombre y la naturaleza.
El desarrollo de este espíritu crítico dio también origen a una nueva visión del pasado. En lo sucesivo, no se trataría ya de mostrar la acción divina sobre la historia (tal como se hacía en la Edad Media), sino de establecer las causas reales de los acontecimientos. Ahora se reclamaba a la historia no tanto una lección moral, sino una experiencia práctica que permitiera ejercer el poder o el gobierno por medio del conocimiento directo de la realidad.
Uno de los rasgos fundamentales del humanismo es su optimismo, un optimismo casi eufórico. El hombre, medida de todo, es el centro del Universo. Es una criatura privilegiada llamada a realizar los mandatos de Dios gracias a su pensamiento racional, don de la divinidad. Pero esa intervención de la gracia divina no frena la libertad humana, porque el hombre es bueno, libre y responsable. En síntesis, el humanismo defendió la dignidad humana.
El hombre es dueño de su destino y está situado en el centro del universo y la creación. Tal como lo planteó Marsilio Ficino (1433-1499), el hombre es el vicario de Dios en la Tierra, que usa, cultiva y gobierna todo lo de este mundo. Así es una especie de Dios, nacido para regir, no tolera la esclavitud, y es capaz de dar su vida por el bien de todos. El hombre pretende todas las cosas y se transforma en todas las cosas, aun en el mismo Dios. Como vemos, para los humanistas el hombre está situado por Dios para ser el dueño del mundo y para asemejarse al mismo Dios: es por tanto la cabeza y el alma del universo.
Libertad, belleza, felicidad, respeto de sí mismo. Esos son los nuevos valores de una sociedad que respeta una moral individual que a su vez desemboca en una moral colectiva basada en la tolerancia y la armonía entre los hombres. Quizá esto entraba en contradicción con el dogma del pecado original defendido por el cristianismo medieval. Sin embargo, para los humanistas había que reformar el cristianismo, verlo con otros ojos, y retornar a la pureza de su mensaje original. Para esto era fundamental, como sabemos, el estudio de las Escrituras y del mensaje evangélico.
En este sentido el espíritu crítico del humanismo no fue esencialmente antirreligioso. Su espíritu fue la tentativa de conciliar el mensaje antiguo y el cristiano, así como la existencia de un ansia de placer, a menudo muy carnal, con una fe profunda. En los mismos orígenes del humanismo se advierte su preocupación por el cristianismo: el esfuerzo de los filólogos tuvo como primer objetivo interpretar de la forma más exacta posible el mensaje evangélico.
Fue en todo caso, esa voluntad de volver a la pureza primitiva del cristianismo la que dio lugar a la crítica de la Iglesia como institución, a sus abusos y a sus defectos. En síntesis, el humanismo no fue un movimiento anticristiano, y menos aún ateo.
Pero todas estas ideas tuvieron que nacer dentro de un marco económico y político. No por casualidad el humanismo nace en Italia, donde sus ciudades-estado alcanzaron una economía muy próspera. En ellas el auge de las actividades comerciales permitió el surgimiento de grupos mercantiles con nuevas exigencias culturales y espirituales. El ascetismo y la autonegación, bases del cristianismo medieval, fueron de poco atractivo para una clase urbana que basaba su riqueza en el dinero.
Asimismo, en el resto de Europa, el crecimiento de los estados territoriales, ya sean reinos o principados, dotados de un complejo aparato burocrático, incrementó la demanda de un personal más calificado. Por último, el descrédito de un papado más preocupado de sus asuntos temporales que de los espirituales quebrantó profundamente la cultura emanada de la Iglesia. Las universidades, controladas por el clero, apenas atraían a los nuevos intelectuales. La cultura que se enseñaba en ellas se había anquilosado.
Esto condujo a una mayor laicización de los intelectuales. Muchos de ellos no tuvieron ahora necesidad de enseñar en una universidad para lograr prestigio y seguridad económica. La ayuda de los mecenas en este sentido fue decisiva. Pero si bien el clero perdió el monopolio de la cultura, no por ello dejó de conservar cierto control sobre ella. Muchas universidades se renovaron a la luz de los nuevos conocimientos.
REPRESENTANTES DEL HUMANISMO.- El movimiento apareció en Italia con los poetas Francisco Petrarca (1304-1374) y Juan Bocaccio (1313-1375), y florece en el siglo XV, teniendo como centro la ciudad de Florencia, gobernada entonces por Lorenzo de Médicis (1449-1492). Éste reunió a su alrededor a algunos intelectuales como Marsilio Ficino y Pico de la Mirándola (1463-1494).
Petrarca tiene que figurar tanto en la historia del pensamiento como en la literatura. En él ya podríamos encontrar al modelo del “humanista” que se puede caracterizar por su amor al mundo y a los autores de la Antigüedad. En el umbral de esta nueva era, Petrarca proclamaba la vocación del futuro de esta manera: Este sueño del olvido no durará para siempre: después de que la oscuridad se haya disipado, nuestros nietos podrán regresar al puro resplandor del pasado.
Como vemos Petrarca tenía clara la consciencia de una larga ruptura tras la caída de Roma. Esto lo combinó con la fiera determinación de alcanzar de nuevo la perfección de los antiguos: la recreación del mundo clásico sería formidable novedad y el ideal de lo moderno.
Quizá fue Giovanni Pico della Mirándola el que vio al hombre en un sentido más romántico. Según él, Dios después de crear el mundo con seres de todos los niveles, sintió la necesidad de un espectador de su obra. Por ello creó un ser aparte, el hombre, sin sitio ni nivel propios y, colocándolo en medio del Universo, le dijo: Tú que no estás sujeto a ningún límite, determinarás por ti mismo tu propia naturaleza, según tu libre voluntad, en cuya mano te he puesto.
Otro pensador humanista, Marsilio Ficino defendía hacia 1312 ideas que hoy podríamos considerar democráticas, y muy poco de su tiempo. Escribió que la soberanía residía en el pueblo que puede deponer a los gobernantes si no cumplían con su obligación de velar por el bien común.
Pero fue Erasmo de Rotterdam (1469-1536) el que mejor ilustró con su vida y obra el ideal humanístico. Fue filólogo y publicó muchos textos clásicos; también fue moralista, teólogo y consejero de príncipes. Llegó a ser sacerdote pero nunca practicó el sacerdocio: fue el modelo de un laico. Estudió en París y aprendió latín y griego para llegar a las fuentes del cristianismo primitivo y reformar la Iglesia.
En 1501 escribe un manual para ser un soldado del cristianismo, cómo debe vivir el cristiano en el mundo. Fue escrito para los laicos. En un viaje a Londres, en 1509, escribe en latín el “Elogio de la Locura” donde hace una crítica a la sociedad de su tiempo y alaba lo que critica. Es una especie de sátira social, escrita con estilo irónico. Este libro lo hizo famoso en Europa. Según Erasmo la locura podía ser una fuerza crítica, social y humana, capaz de construir utopías capaces de regenerar al hombre y a la sociedad.
Pasó la mayor parte de su vida en Suiza escribiendo y dando conferencias. Sus últimos años no fueron tan felices. En 1517 estalló la reforma protestante y hay un gran silencio por parte de Erasmo. No sabía si habían hecho lo que él buscaba. En 1524 rompe su silencio y escribe “De Libero Arbitrio” en donde dijo que no podía aceptar el luteranismo pues negaba la libertad del hombre al encontrarlo incapaz de liberarse del pecado. Para Erasmo si el hombre no era libre para cambiar su vida no era humano. Se encontró solo pues no fue aceptado ni por los protestantes ni por los católicos.
La muerte de Erasmo, en 1536, ocurre en una época en que se desvirtuaban muchos ideales del humanismo. En lugar de triunfar la paz y la tolerancia predicada por el Evangelio, el cristianismo europeo rompe su unidad y estallan las guerras de religión. Además, el idealismo de muchos humanistas los aleja de la observación del mundo real. Por ello el siglo XVI es un poco pobre en lo que se refiere al progreso científico.
En este sentido, una de las pocas figuras notables fue Nicolás Copérnico (1473-1543) autor de la teoría heliocéntrica. Para este astrónomo, nacido en Polonia, los planetas giraban alrededor del sol en órbitas circulares. Sus ideas chocaban con el “geocentrismo” del griego Ptolomeo y con las Escrituras. A pesar de la importancia de su descubrimiento, Copérnico es condenado por los teólogos y atacado por los sabios.
La crítica del mundo existente y el ansia de renovación alimentaron el discurso utópico, al construir mentalmente un mundo imaginario que el hombre podía alcanzar. La obra más célebre en este sentido fue el libro “Utopía” del humanista inglés Tomás Moro. Escrito en 1516, “Utopía” habla de una isla imaginaria, en forma de media luna con ciudades planificadas y equidistantes. Todas las casas son parecidas, no existe la propiedad privada, y todos sus habitantes se visten igual y trabajan rotando entre la ciudad y el campo. Los representantes de las familias eligen a un príncipe que gobierna en forma vitalicia.
En “Utopía” la gente aprende el oficio que más le gusta y otro que el Estado le elige para el bien de todos. Los intelectuales no hacen trabajo manual. Hay planificación demográfica, posibilidad de divorcio y todos comen en comedores populares. La riqueza se basa en el trabajo. El oro y la plata solo se usan para el comercio externo, dentro de “Utopía” solo sirven para arrojar los desperdicios.
Moro fue consejero del rey Enrique VIII. Incluso le escribe la “Defensa de los 7 sacramentos” donde el monarca rechaza el luteranismo en apoyo al papado. Pero luego Enrique VIII le consulta su divorcio y Moro no está de acuerdo. Entonces lo nombra Canciller pensando que así lo iba a apoyar en sus pretensiones y moro renuncia. El rey termina casándose con Ana Bolena y, acusado de traición, Moro es encarcelado. Fue decapitado en 1535. Antes de morir exclamó: Soy buen siervo del Rey, pero primero de Dios.
EL ARTE DEL RENACIMIENTO.- El arte del humanismo, más conocido como “Renacimiento”, reprodujo estéticamente esta nueva fascinación y estima por del individuo. Las figuras de cuerpo entero expresan un goce sin tapujos ante la forma humana. Ellas reflejan el gran optimismo de aquel tiempo sobre el hombre. Se trata de un arte burgués, humanista y antropocentrista.
De la misma forma que para el intelectual humanista la exaltación de lo bello es inseparable de la exaltación de lo verdadero, para el artista del Renacimiento, el hombre es la medida de todo. Y en este caso es también la Antigüedad clásica la que se rescata como modelo de creación. Había, entonces, que rescatar la belleza y la simetría tan cultivadas por los artistas griegos y romanos. Al momento de levantar un palacio, esculpir una figura o pintar un cuadro, había que respetar los órdenes clásicos y las proporciones del cuerpo humano.
Los artistas del renacimiento dejan de lado al gótico, caracterizado por las ojivas y las torres en forma de aguja, por un estilo inspirado en las construcciones de la Antigüedad. Ahora van a predominar las líneas horizontales, el uso del medio punto, el frontis triangular y las columnas clásicas.
La pintura mural, o los frescos, sigue gozando de gran importancia pues se dirige a las masas y no solamente a unos pocos como la pintura de caballete, el cuadro, que también se extiende. Por su parte, muchos escultores tratan de imitar los modelos clásicos, incluso recreando las figuras de los antiguos dioses paganos o escenas de la mitología griega.
Si bien es cierto la mayor cantidad de obras reflejaron temas religiosos, el renacimiento también dio paso a los temas profanos o mundanos. La representación del paisaje, con el uso debido de la perspectiva, o del retrato, tan deseado por políticos o damas de la aristocracia, van a abundar en la temática renacentista.
El Renacimiento también se caracterizó por el prestigio que adquirió el arte y el artista. Los artistas estaban organizados en gremios de artesanos y gozaron inicialmente de la misma posición social de los comerciantes. Pero al final habrían de alcanzar un honor y un prestigio muchísimo mayor que el de sus predecesores griegos o romanos. Recordemos, por ejemplo, que las 9 musas del mundo clásico omitieron a todas las artes visuales.
Otro ideal de los artistas del Renacimiento fue buscar una síntesis de lo pagano con lo cristiano. En otras palabras: cristianizar la cultura pagana. El ejemplo de “La Piedad” de Miguel Ángel es muy ilustrativo. El estilo es pagano pero el tema es cristiano.
Es conveniente destacar que el Renacimiento produjo tal riqueza artística que superó a la misma Antigüedad, de lo que estaban orgullosamente conscientes sus propios representantes. En contrapartida, las conquistas intelectuales y teóricas del humanismo no produjeron un conjunto de obras comparable al del mundo antiguo. Además, las ideas del humanismo sólo pudieron ser leídas por una élite intelectual muy reducida.
El Renacimiento contó además con otra ventaja: su arte fue adoptado de forma entusiasta por la misma Iglesia. Por ello sabemos que muchos artistas trabajaron no sólo en la remodelación del Vaticano sino en el embellecimiento o construcción de muchas iglesias en Italia y el resto de Europa.
Etapas y representantes en Italia.- Algunos autores hablan de un pre-Renacimiento en el siglo XIV italiano. Esta época, conocida como el Trecento, tuvo entre sus figuras al gran Giotto (1266?-1337), relacionado con el pensamiento de san Francisco de Asís. Sin embargo los artistas de este siglo fueron perfectamente góticos, aunque con ciertas tendencias naturalistas y humanistas del futuro Renacimiento. Lo que sí continúa en vigencia son las dos grandes etapas de este arte:
a. El Quatrocento.- Es la etapa inicial y tiene a la ciudad de Florencia como su punto central. Destaca el trabajo de los talleres familiares y de grandes artistas como Massaccio, Donatello y Brunelleschi.
b. El Cinquecento.- Es la etapa de máxima madurez o clásica. Este período abarca de 1490 a 1520 aproximadamente. Su centro estuvo en Roma y se caracteriza por una labor más personal como la de Leonardo, Miguel Ángel y Rafael.
Leonardo da Vinci (1452-1519) fue el típico sabio humanista. Destacó en ingeniería, en arquitectura, en pintura, en escultura, en música, en poesía, etc. Para él la experimentación se convirtió en condición indispensable de una ciencia real. Esto le permitió liberarse de las ideas aristotélicas en materia de óptica, acústica y mecánica, por ejemplo. Pero para evitarse conflictos con la Inquisición, mantuvo en secreto muchas de sus investigaciones e “inventos”, que llegaron a plantear la navegación aérea y los submarinos. Entre sus obras artísticas más famosas tenemos la “Gioconda” y la “Cena”. Vivió muchos años en Milán y luego pasó a Francia llamado por el rey Francisco I.
Junto a Leonardo la personalidad más célebre del Renacimiento fue Miguel Ángel Buonarotti (1475-1564). Fue pintor, escultor, arquitecto y poeta. Estudió en Florencia y luego pasó a Roma. Trabajó para los Médicis y los papas Julio II y Pablo III. Sus obras más destacables son la cúpula de San Pedro del Vaticano, en Roma; las tumbas de los Médicis, en Florencia; los frescos de la Capilla Sixtina en el Vaticano; y las esculturas “El Moisés” “La Piedad” y “El David”.
Entre los pintores el que más destacó fue Rafael Sanzio (1483-1520). Formado por Perugino, asimiló las lecciones de Leonardo y Miguel Ángel. Se le considera el último exponente del Renacimiento clásico y uno de los iniciadores del manierismo. Trabajó desde 1508 para el Vaticano. Entre sus obras más conocidas se encuentran la “Escuela de Atenas” donde representa a los filósofos de la Antigüedad y una gran cantidad de Madonas (vírgenes) y de retratos.
Otros representantes del Renacimiento italiano fueron Lorenzo Ghiberti, Andrea Verrocchio, Fra Angelico, Sandro Botticelli, Fra Filippo Lippi, Piero della Francesca, Paolo Ucelli, Domenico Ghirlandaio, Giorgio Vasari y Benvenuto Cellini, entre otros.
El Renacimiento fuera de Italia.- Desde finales del siglo XV la difusión, gracias a la imprenta, de publicaciones relacionadas con técnicas artísticas desarrolladas en Italia y por el viaje fuera de la península de algunos artistas italianos que son requeridos por príncipes o monarcas, se difunde el Renacimiento por toda Europa.
Sin embargo esta difusión traerá algunos contratiempos. Por lo general va a sufrir resistencia y algunas adaptaciones a las tradiciones artísticas locales. Por lo tanto este “renacimiento” varía según cada país. Por ejemplo en Holanda la influencia italiana choca con una rica tradición, el arte flamenco del siglo XV, muy rico e innovador, representado entre otros por Juan van Eyck , el Bosco y Brueghel.
En Francia, hacia mediados del siglo XVI, se forma un estilo clásico propiamente francés que combina la técnica greco-latina, el Renacimiento italiano y las tradiciones locales. Algo parecido ocurre en Alemania con Alberto Durero, magnífico dibujante, y Lucas Cranach.
Finalmente, en España es Felipe II quien manda a construir el monasterio de El Escorial, que también sirvió de iglesia y palacio, con un estilo clásico muy españolizado. En este sentido, la arquitectura renacentista se inició con el plateresco, donde la piedra se talla como pieza de orfebrería, y el herreriano, un estilo más austero como el ya mencionado Escorial.
El ocaso del Renacimiento: el manierismo.- Durante 1530 y 1580 aproximadamente, el Renacimiento dio paso al manierismo. Ahora el arte desplazó su interés del tema representado a la manera de representarlo: cada artista introduce su “maniera”.
El manierismo fue un arte aristocrático, elitista y cortesano, frente a la condición burguesa del Renacimiento. Fue eminentemente anti-clásico y anti-burgués. Sus centros fueron las cortes europeas o las ciudades donde se ejercía algún tipo de poder político: Roma, Venecia, Praga, El Escorial o Fontainebleu en Francia. Es un arte más dramático, se olvida ya del equilibrio y la sobriedad renacentistas y es el preludio de una época que se avecina más trágica: las luchas religiosas entre reformistas y contrarreformistas, y el inicio de los imperios absolutistas. Para muchos el manierismo fue el puente entre en Renacimiento y el barroco.
Por todo ello, el manierismo expresa sentimientos vivos, desequilibrios emotivos, afectamientos, expresividades y misticismos exaltados, frente a la serena calma renacentista.
El arte manierista busca impactar en el ánimo del espectador utilizando todos los recursos estilísticos que tiene a la mano: desproporciones, juegos cromáticos, pinceladas vistas o diluidas, juegos de perspectivas, escenografías apabullantes, ambientes tenebrosos, una movilidad imposible, entre otros recursos. Mientras el Renacimiento pretendía siempre hablar “del” y “al” hombre, al manierismo le interesaba cómo impactar al espectador en base a una serie de recursos propios del artista.
Se trata, entonces, de un arte muy elitista, incapaz de ser comprendido por el gran público. Trata temas esotéricos o muy intelectualizados. Busca el capricho, la rareza, el sinsentido, la irrealidad, el efecto, el refinamiento y la exquisitez. En fin, el manierismo representa el ocaso de un esplendoroso siglo XVI que pronosticaba el trágico siglo por venir. Así lo demuestran, por ejemplo, las obras de Tiziano, El Veronés, Tintoretto, El Greco y Giambologna, entre otros.
¿UNA EUROPA RENACENTISTA?.- En cierto sentido, el ascenso de las lenguas y de las literaturas nacionales, significó el fracaso de uno de los pilares del humanismo, esto es, el estudio de las lenguas antiguas. Muchos de los grandes escritores prefirieron escribir en lengua “vulgar” (italiano, francés, castellano o portugués, por ejemplo). Pero a pesar de esto, tuvieron la misma admiración por el pasado clásico y consideraron sus maestros a los griegos imitando su estilo de pensar y escribir.
Su decisión de apoyarse en sus respectivas lenguas no fue para ellos una contradicción con el espíritu humanista. En este sentido las obras de Ariosto y Maquiavelo en Italia, de Montaigne, Rabelais y Ronsard en Francia, de Shakespeare en Inglaterra, de Camoens en Portugal y de Cervantes en España, ensalzaron la lengua “vulgar” de sus países sin renunciar al espíritu del humanismo.
Pero quizá uno de los mayores triunfos del humanismo en Europa es que sus métodos e ideas influyeron fuertemente en los programas de enseñanza. Muchos colegios y universidades se renovaron o se fundaron a la luz de estos nuevos ideales. Por ello, el estudio de las “humanidades” se convirtió en el paso obligado de todo europeo culto hasta el siglo XX.
En cuanto a la alfabetización hubo progresos aunque difíciles de medir en forma estadística. La capacidad de leer y escribir ya no se redujo sólo a las clases altas. En algunas zonas se sobrepasó el 10% de alfabetizados ya en 1500, especialmente en las ciudades del norte de Italia y en Holanda.
De otro lado, no podríamos medir el impacto social del humanismo. Su difusión fue el parecer restringida, aunque cabe constatar un progreso cuantitativo del número de personas cultivadas (lógicamente mayor que en la Edad Media). En otras palabras: los ideales humanísticos se propagaron de manera indirecta entre grupos más amplios que la reducida élite que tenía desde tiempo atrás una cultura sofisticada.
En España, por ejemplo, fue en un grupo selecto de clérigos y los grandes comerciantes donde el humanismo encontró sus servidores más influyentes. Pero en el extremo opuesto, muy particular aunque bastante significativo, tenemos las bibliotecas de Amiens (Francia) donde se seguían consultando los textos medievales tanto de temas religiosos como de novelas de caballería.
Pero no debemos sorprendernos: la cultura medieval continuaba influyendo la mentalidad del hombre europeo. Y en este sentido, el papel de la imprenta fue muy ambiguo ya que difundió tanto los textos de los humanistas como las obras medievales.
LA CULTURA POPULAR.- Si el humanismo tuvo un alcance limitado eso quiere decir que más del 80% de los europeos vivían aún de la herencia medieval. Esta cultura popular era irracional, oral y mágica, y en el campo estaba muy ligada al ritmo de las estaciones.
La magia era ante todo un sistema de explicación del mundo y la naturaleza, concebidos como un Universo animado por el juego permanente de fuerzas contrarias, benignas y malignas. Incluso cada elemento de la naturaleza era representado de modo ambivalente, como benéfico y maléfico la vez. La magia era también un mecanismo de defensa. Los hombres del siglo XVI vivían en una permanente angustia porque la vida estaba continuamente amenazada por alguna epidemia, el hambre o la guerra. Una mala cosecha por un trastorno climático, por ejemplo, podría significar hambre y muerte seguras.
También existía la angustia por el apocalipsis o el fin del mundo que se creía próximo. Ello explica la gran popularidad que tuvieron por esos años los predicadores ambulantes, muchos provenientes del bajo clero y por lo tanto analfabetos como la mayoría, que anunciaban la cercanía del Juicio Final. Estos predicadores, haciendo muchas veces una interpretación muy libre de los Evangelios, elaboraron teorías o profecías que fueron condenadas por la Iglesia oficial.
LA PRÉDICA DEL FRAILE SAVONAROLA.- Un caso muy célebre fue el del monje dominico Jerónimo Savonarola (1452-1498). La alegre y despreocupada vida de la Florencia renacentista fue sacudida por los encendidos discursos de este monje que denunciaba la vida pecadora en que estaba sumida la ciudad y profetizó grandes castigos y la llegada del apocalipsis. Sus predicciones parecieron cumplirse cuando en 1494 Carlos VIII de Francia cruzó los Alpes para invadir Italia. Los florentinos aprovecharon la oportunidad para expulsar a los Médicis y restaurar una república bajo la orientación de Savonarola.
El monje se convirtió en el tirano de la ciudad e hizo un gobierno orientado a favorecer la virtud. El papa lo mandó llamar para que aclare sus deseos, sin embargo se niega asistir y lo excomulgan. Savonarola a su vez excomulga al Pontífice. Apresado durante una revuelta y encerrado en prisión, fue torturado varias veces y sentenciado a muerte. Murió ahorcado y su cadáver fue quemado en la Plaza de la Señoría de Florencia.
El europeo común era incapaz de comprender los fenómenos de la naturaleza y alimentaba su miedo poblando el mundo de fuerzas malignas. Temía a la noche, al huracán que destruía las cosechas. Por ello en el campo, donde vivía la mayor parte de la población, se desarrollaban toda clase de técnicas y ritos para vencer las fuerzas del mal y congraciarse con las fuerzas benéficas.
Por ello en muchas regiones rurales se seguían practicando ritos de origen pagano como las fiestas de la fertilidad para proteger las cosechas. Incluso en algunas zonas de Italia se mantenían combates nocturnos contra mujeres acusadas de brujería.
De otro lado esta cultura popular fue también la traducción, o mejor ducho deformación, del mensaje cristiano por una forma de pensamiento mágico. Este hecho explica la presencia de muchos ritos o fiestas en la religiosidad del pueblo, y el fervor a la Virgen María y a los santos, dotados se poderes protectores.
Esta abundancia de ritos explica también la concepción que se tenía del tiempo. El tiempo estaba cíclicamente dividido por el paso de las estaciones y los trabajos vinculados a ellas. El tiempo era a la vez religioso y profano. Y las grandes fiestas del año integraban ritos religiosos y profanos: la Pascua era, por ejemplo, una fiesta esencialmente religiosa; la Fiesta de Todos los Santos era un culto mágico-religioso a los muertos; mientras que el Carnaval (en febrero) era una celebración totalmente profana.
La cultura popular en las ciudades era un poco más elaborada. Aunque procedía en gran medida de la cultura rural, en las ciudades había una población más diversificada (artesanos, vendedores ambulantes, mendigos, ladrones y gente sin oficio conocido) y constantemente influenciada por la cultura de la élite que la enriquecía y la deformaba al mismo tiempo.
Digamos que ambas se nutrían. Por ejemplo el célebre escritor francés Franios Rabelais (1494-1553), autor de “Gargantúa y Pantagruel”, donde proclamó la liberación de la mente renacentista con la vida de estos dos gigantes. Realizó una síntesis de los temas del humanismo y de algunas concepciones populares, particularmente la visión del cuerpo y las funciones críticas del humor popular.
Del mismo modo, el médico y alquimista Paracelso (1493-1541), quien partió del supuesto que las enfermedades son reconocibles por los efectos de un parásito causante, utilizó la sabiduría popular y las prácticas empíricas de los barberos y las viejas aldeanas para preparar muchos remedios. En otras palabras Paracelso, precursor de la medicina moderna, hizo enormes aportes rescatando las técnicas de la “medicina popular”.
De otro lado, la cultura popular criticó con el humor todos los aspectos y manifestaciones de la cultura oficial. Su escenario fue la plaza pública y su máxima expresión el Carnaval. La risa, lo cómico, acompañaba la fiesta. Según Aristóteles el hombre es el único ser viviente que ríe. A esta sentencia, que gozó de gran popularidad por entonces, se le adjudicó una significación muy amplia: la risa era considerada como un privilegio supremo del hombre, inaccesible a la demás criaturas; forma parte de su poder sobre la tierra junto con la razón y el espíritu.
Entonces la fiesta popular recurrió a la risa y así parodió muchos elementos de la cultura oficial o culta. Estas fiestas del pueblo, organizadas a la manera cómica, presentaban una diferencia notable con los ritos y ceremonias de la élite cargadas de seriedad y etiqueta. La fiesta ofrecía al hombre común la posibilidad de tener una visión del hombre y de la vida totalmente diferente. Vivir momentáneamente una “segunda vida” mucho más alegre que su vida cotidiana, cargada de angustia y penurias.
El carnaval.- Era la fiesta más importante para el pueblo y se celebraba en febrero antes del tiempo de la Cuaresma. Todos tenían que participar, se celebraba en toda la ciudad y duraba varios días. El más famoso era el carnaval de Venecia que, según algunos testigos, duraba casi un mes.
Durante las festividades del Carnaval la élite se refugiaba en sus palacios o en sus templos y las calles eran dominadas por el pueblo. Sólo algunos miembros de la élite se atrevían a mezclarse con el pueblo en la fiesta. El carnaval era una liberación provisional respecto al mundo real. En él se abolían todas las distancias entre los individuos, incluso el lenguaje cambiaba para convertirse en algo más grotesco o soez. A este lenguaje carnavalesco se sumaba la exhibición del cuerpo, incluso de sus partes más íntimas como una forma de criticar las prohibiciones religiosas.
Todo lo que estaba vedado por la cultura oficial se practicaba durante el Carnaval. Por ello se comía y se bebía en exceso, se practicaba el sexo sin restricciones y se coronaban como “reyes” del Carnaval a personas marginadas por el mundo oficial: los gordos, los feos, los mendigos, etc. Esto demuestra que el Carnaval pretendía construir momentáneamente un mundo nuevo, abolir las jerarquías y ser “gobernados” por los de abajo.
El Carnaval, finalmente, ignoraba toda distinción entre actores y espectadores. La gente no asiste al carnaval , sino que lo vive, ya que está hecho para todo el pueblo. Todos participan de él. En el curso de la fiesta no hay leyes o, en todo caso, se vive de acuerdo a las “leyes de la libertad”.
En síntesis, como vimos el humanismo tuvo alcances muy limitados. La mayoría de los europeos seguía viviendo en un mundo tradicional, arcaico, supersticioso, cargado de angustias pero muy festivo. Habrá que esperar hasta finales del siglo XVIII cuando el espíritu de la Ilustración haga llegar el conocimiento a un público mayor a través de la Enciclopedia. Luego, ya bien entrado el siglo XIX, los estados europeos organizarán sus grandes campañas de alfabetización y educación popular.
LOS DESCUBRIMIENTOS GEOGRÁFICOS.- Desde el siglo XIV Europa sufría una peligrosa escasez de metales preciosos que afectaba su intercambio comercial con Oriente. Las minas de plata de Europa central y el oro procedente del golfo de Guinea no cubrían las necesidades de una población que amenazaba con seguir creciendo. Los portugueses fueron los primeros en elaborar planes para llegar al litoral africano y dominar la “costa del oro”. Colón, por su parte, soñaba con la idea de conseguir el oro de las lejanas Catai y Cipango (la China y el Japón que antes habían sido visitadas por Marco Polo).
Por ello podemos afirmar que el primer impulso descubridor de los europeos fue esta necesidad de conseguir metales preciosos para relanzar su comercio con Oriente. La búsqueda de las especias fue más tardía y menos importante. Además, muchos mercaderes italianos satisfacían esta demanda sin mayores contratiempos.
A estas inquietudes económicas se suma un ideal religioso: la conversión de los infieles que vivían más allá de la Europa cristiana. Esta ansiedad por la conversión había sido alimentada por las cruzadas y por la labor de algunos misioneros que relataron historias fantásticas de pueblos aún no cristianizados. En particular los españoles y portugueses tenían este ideal de cruzada por su larga lucha contra el Islam instalado en la Península Ibérica desde el siglo VIII. De esta forma los móviles económicos no se contradecían con las aspiraciones religiosas.
Por último no hay una revolución tecnológica que aliente estos viajes marítimos. Estos pudieron realizarse gracias a la progresiva utilización de herramientas y conocimientos que desde la Edad Media se fueron perfeccionando: la convicción de la redondez de la Tierra; la utilización de la brújula, inventada por los chinos e introducida por los árabes; y el perfeccionamiento de una embarcación, la carabela.
Los viajes.- El cerebro de la política portuguesa fue el príncipe Enrique el Navegante (1394-1460). Su idea era bordear las costas occidentales del África lo más lejos posible para atacar al Islam por la espalda y capturar el oro de Guinea. Poco a poco los marinos portugueses exploraron las islas Cabo Verde (1445), el delta del Níger (1475) y la desembocadura del Congo (1486) hasta que Bartolomé Díaz dobló el cabo de la Buena Esperanza (1488). Más adelante Vasco da Gama cruzaría el Océano Índico hasta llegar a las costas de la India (1498). Regresó a Lisboa con dos carabelas cargadas de las famosas especias.
Cristóbal Colón (1451-1506) pensando que la China y el Japón se encontraban cerca de Europa, postuló la idea de llegar a ellas navegando hacia el Occidente. Su proyecto convence a Isabel de Castilla quien acepta financiar el viaje. Colón llega el 12 de octubre de 1492 a la isla San Salvador, en las Bahamas, pensando que había llegado al Asia. En otros tres viajes sigue explorando las islas del Caribe y llega a tocar el litoral americano (Tierra Firme). Muere en Valladolid sin sospechar que en realidad había llegado a un Nuevo Mundo, un territorio desconocido por los europeos.
La verdad del descubrimiento la diría el cartógrafo Américo Vespucci en 1577. De allí el nombre de nuestro continente. Años más tarde, entre 1521 y 1522, Fernando de Magallanes, navegante portugués al servicio de España, llegaría al extremo sur del Nuevo Mundo. Su lugarteniente, Sebastián Elcano, continuaría la expedición que atraviesa el Oceáno Índico y dobla el cabo de la Buena Esperanza, aportando la certidumbre de la esfericidad de la Tierra.
Consecuencias de los descubrimientos.- La primera consecuencia de estos viajes fue la creación de los imperios coloniales de Portugal y España. El imperio portugués estuvo formado por una serie de lugares que se repartían desde las islas Azores hasta la misma India. En realidad se trataba se puertos-fortaleza que servían de escala a los navíos mercantes o como puntos de apoyo a la flota militar que resguardaba el monopolio comercial que ejercían los portugueses sobre ciertos productos que distribuían por Europa. Un caso excepcional fue la colonia de Brasil, territorio descubierto por Pedro Álvarez Cabral en 1500.
Muy distinto fue el imperio español. Sus conquistadores emprendieron el control del Nuevo Mundo en tres etapas sucesivas: las Antillas (1492-1519); México, conquistando el imperio de los aztecas por Hernán Cortés (1519-1521); y el Perú, derrotando a los incas por Francisco Pizarro (1531-1533). En un primer momento los españoles se dedicaron al pillaje de los tesoros azteca e inca para luego iniciar la explotación de las minas de oro y principalmente de plata, bajo la autoridad de los virreyes y oidores que representaban la autoridad del rey de España en las Indias. De esta forma los metales remitidos de América fueron la base de la prosperidad española del siglo XVI.
Otras consecuencias del descubrimiento de América es que ahora el comercio europeo se amplía con el tráfico por el Atlántico. Antes sólo se realizaba por el Mediterráneo o por el Mar del Norte. El auge de los puertos de Lisboa y Sevilla reflejó esta nueva era. Europa empezaba a dominar la economía mundial.
De otro lado, la llegada masiva de metales preciosos de América levantó la alicaída economía europea. Según algunos estudiosos el monto disponible de oro y plata se multiplicó por cuatro. Esto también permitió un incremento de la producción, tanto agrícola como “industrial”, en el Viejo Mundo.
Pero no todos los grupos sociales se beneficiaron por igual de estos notables acontecimientos. Los que más gozaron con este auge fueron los grandes comerciantes de las ciudades, también los manufactureros, armadores y banqueros. La nobleza tradicional no se benefició mucho; tuvo que hacer un enorme esfuerzo para mantener su nivel de vida ahora que los comerciantes se convertían en el grupo más dinámico de la economía y los que multiplicaban su fortuna en poco tiempo. Finalmente, los grupos populares no se benefician tanto. Al contrario, la llegada masiva de capitales ocasiona una inflación de precios que deteriora aún más su pobre economía.
Pero el descubrimiento de América y el control del litoral africano y de algunos puntos del Asia no significó un sólido enriquecimiento de españoles y portugueses. El problema es que como disponían de tantos capitales prefirieron comprar de fuera todo lo que necesitaban sin invertir en sus propios países para formar “industrias”. Paradójicamente la plata que desembarcaba en Sevilla o las riquezas del Asia que llegaban a Lisboa terminaron enriqueciendo a otras regiones de Europa.
Para los europeos, el descubrimiento de tierras y seres humanos desconocidos hasta el momento supuso cuestionar los conocimientos que hasta entonces se tenían de la Tierra y sus habitantes. De alguna manera estos viajes desdibujaron un poco los cálculos y descripciones que los antiguos habían realizado sobre nuestro mundo.
VOCABULARIO
anquilosado.- que se ha detenido en su proceso, en su desarrollo.
arameo.- lengua hebrea que se hablaba en la Palestina de los tiempos de Cristo.
armador.- el que arma, prepara o dispone una nave.
carabela.- navío de pequeño tonelaje pero dotado de una borda elevada y de velas latinas. Sus características la hacían propicia para la navegación de altura.
cinquecento.- denominación italiana con la que se conoce el siglo XVI. En el ámbito artístico suele restringirse a la producción de tipo renacentista en su etapa clásica, dejando fuera al manierismo.
erudito.- instruido en varias ciencias, artes y otras materias.
esotérico.- misterioso, oculto, reservado, secreto.
especias.- todas las substancias vegetales aromáticas, útiles para sazonas manjares o comidas.
filología.- estudio científico de un idioma o lengua, y en particular de su parte gramatical y lexicográfica.
flamenco.- arte de la antigua región Europea de Flandes, o de las modernas provincias belgas de ese nombre.
grotesco.- ridículo, extravagante, irregular, grosero, de mal gusto.
laicización.- independencia de toda influencia eclesiástica o religiosa.
magia.- ciencia o arte que enseña a hacer cosas extraordinarias y admirables.
mecenas.- persona poderosa -ya sea un papa, un príncipe o un rey- que protege a los literatos o artistas.
órdenes.- designa en arquitectura la combinación de las diversas partes de un edificio en proporciones tales que su conjunto sea armonioso y regular. Un orden se compone de tres partes esenciales: el basamento, la columna y el entablamiento. En la antigua Grecia hubo tres órdenes: el dórico, el jónico y el corintio.
parodia.- imitación burlesca de algo serio.
quattrocento.- término italiano con el que también se conoce al siglo XV y su producción artística. En este último caso, viene a ser equivalente de Renacimiento.
religiosidad.- práctica y esmero en cumplir los deberes religiosos. Puntualidad, exactitud en observar o cumplir los preceptos de alguna religión.
soez.- bajo, grosero, indigno, vil.
trecento.- término italiano que se aplica al siglo XIV y a sus producciones artísticas.
27/05/09: La Europa medieval (una síntesis)

Cristo-Apolo en el centro del zodíaco, siglo XI
(Biblioteca Nacional de París)
Los intelectuales de la Edad Media dedicaron todo su esfuerzo en comprender a Dios y, a partir de Él, entender al mundo. Este pensamiento teológico comenzó con los Padres de la Iglesia, quienes trazaron los límites de la filosofía cristiana. Entre ellos, destaca la obra de san Agustín, acaso el pensador más influyente de Occidente hasta el siglo XIII.
Durante los primeros años de la Edad Media la vida cultural es modesta. Tuvo un primer “renacimiento” durante la época de Carlomagno gracias a la fundación de varias escuelas catedralicias. Pero, en general, solo algunos monasterios y conventos fueron los que guardaron los libros antiguos donde los monjes se dedicaron a copiarlos y comentarlos.
Un importante papel en el desarrollo posterior de la cultura medieval desempeñan los árabes. Desde la España musulmana se filtra en el resto de Europa la obra de muchos autores clásicos, incluso comentados por filósofos descollantes como Avicena, Averroes y el judío-español Maimónides. Cabe también destacar el aporte árabe en la ciencia y la tecnología: los avances en medicina, en química, en matemática y en sistemas de riego serán muy importantes para el desarrollo del Occidente cristiano.
Por ello, pasado el Año Mil, vuelve a despertar la civilización occidental. Los europeos comienzan a construir catedrales y surgen los estilos románico y gótico. En esta fiebre constructora, los hombres de la Edad Media movieron y esculpieron más piedra que sus antecesores clásicos. De otro lado, a nivel académico, surge la Universidad como centro de enseñanza, con independencia intelectual y con estatutos o reglamentos propios. A partir del siglo XII, decenas de universidades se abren por toda Europa en forma de gremios de maestros y alumnos.
En las universidades terminó por imponerse la escolástica como método de enseñanza. La idea fue tratar de conciliar, desde la perspectiva de la razón, los textos de Aristóteles con las afirmaciones bíblicas. Entre los representantes de la escolástica tenemos a Pedro Abelardo (1079-1142) y sobre todo a Tomás de Aquino (1225-1274), profesor en París, quien estuvo en peligro de ser excomulgado por sus opiniones para ser canonizado después. Pero la escolástica pronto se conviertió en un pensamiento estéril por ser muy teórico, es decir, ajeno a la experiencia real.
De otro lado, si el latín clásico seguía siendo la lengua oficial de las monarquías y del trabajo intelectual (en las universidades se hablaba en latín, por ejemplo), en el habla cotidiana se van formando las lenguas romances, antecedentes de los modernos idiomas nacionales. Incluso surge una literatura en romance, como los “cantares de gesta” o la poesía de los juglares.
Este gran desarrollo de la civilización medieval culmina alrededor del siglo XIII cuando surgen figuras como la del científico inglés Rogerio Bacon, quien exigió la observación y la experimentación para llegar a la verdad, una afirmación clave de la futura ciencia moderna. Pero el escritor más destacado de este período será el italiano Dante Alighieri, cuya obra será un puente entre la edad Media y la posterior cultura del Renacimiento en Italia.
LA PRODUCCIÓN INTELECTUAL.- La civilización medieval es ante todo una civilización cristiana. Es teocéntrica, es decir, coloca a Dios en el centro de su pensamiento. Pero en el seno de este pensamiento se fundieron las tres tradiciones culturales que dieron origen a la visión medieval del mundo: la tradición clásica, la tradición judeocristiana y la tradición germánica.
a. La tradición clásica.- El legado del mundo clásico, es decir, de Grecia y Roma, es la primera fuente de civilización en Europa. Los intelectuales de la Edad Media se sintieron tributarios, por ejemplo, de la filosofía antigua. Los nombres de Sócrates, Platón y Aristóteles eran muy populares en las escuelas y universidades. Si bien no se habían conservado sus obras completas, lo poco que pudo rescatarse de ellos se estudió y se comentó con mucho interés.
Si los filósofos antiguos habían tomado al hombre como medida de todas las cosas y exaltado las posibilidades de la razón para entender el mundo, los intelectuales medievales trataron de “cristianizar” el pensamiento de los antiguos filósofos; es decir, trataron ver cómo el pensamiento antiguo podía servir para entender mejor el mensaje cristiano. De esta forma, llegaron al convencimiento de que todo conocimiento proviene de Dios y la fe es más importante que la razón.
Además, muchos autores romanos se revisaron durante esta época. El poeta Virgilio fue muy conocido, quizás fue el poeta antiguo más popular. También los escritos de Cicerón y las historias de Tito Livio, Tácito y Julio César. Las obras de todos ellos se conservaron casi completas. Si tomamos el caso de los poemas homéricos, por ejemplo, sólo se conocieron algunos fragmentos.
Otro aporte del mundo clásico fue su producción artística. Los antiguos tuvieron la habilidad para construir con materiales nobles (mármol y piedra) y realizar escultura monumental. Por ello, durante la Edad Media, los artistas trataron, al construir monasterios o catedrales, de imitar e incluso superar las proezas arquitectónicas de los griegos y romanos. El arte antiguo no había muerto. Si uno paseaba por Roma, por ejemplo, aún podía disfrutar viendo obras como el Coliseo o el Arco de Constantino. En el resto de Europa habían sobrevivido puentes, acueductos, caminos y una infinidad de templos.
De otro lado, el mundo antiguo seguía viviendo gracias al mantenimiento de dos lenguas, el griego y el latín. El griego se seguía hablando básicamente en la Europa Oriental (Bizancio), mientras el latín reinaba en la parte occidental. Además, para estudiar a los clásicos era imprescindible que todo intelectual supiera estas dos lenguas. En las universidades, por ejemplo, las clases se impartían en latín y los alumnos debían usarlo también en su habla cotidiana. Por último, toda la liturgia en Occidente se celebraba en latín.
b. La tradición judeocristiana.- Como sabemos, la religión cristiana terminó imponiéndose sobre todos los cultos antiguos que convivían dentro del Imperio romano. Pero el cristianismo toma el relevo del judaísmo ya ampliamente difundido por el Mediterráneo. Lo importante es que tanto judíos como cristianos aportan la idea de un Dios único y revelado, y que su conocimiento está contenido en un Libro: la Torá de los judíos y la Biblia de los cristianos.
Ambos libros son considerados intangibles. Los eruditos o comentaristas solo pueden explicarlos o profundizarlos. En el caso de la Biblia, por ejemplo, desde el siglo IV los Padres de la Iglesia hicieron enormes esfuerzos de exégesis e interpretación de las Sagradas Escrituras. Ellos sentaron las bases del pensamiento cristiano. Esa literatura llamada “patrística”, junto con la Biblia, constituyen la base de toda reflexión cristiana.
Fue san Agustín (354-430), obispo de Hipona, el más importante de los Padres de la Iglesia en Europa occidental. Se le considera el pensador más influyente en el desarrollo del pensamiento medieval hasta el siglo XIII. Fue bautizado en 387 por san Ambrosio, obispo de Milán. Durante su vida también se dedicó a combatir las herejías y a construir templos. Entre sus obras más conocidas tenemos La Ciudad de Dios y sus Confesiones.
Agustín parte de la idea de que Dios es el ser supremo y en Él residen las ideas eternas e inmutables que rigen el movimiento y el destino del mundo. Afirma que el mundo terrenal no es homogéneo, es imperfecto y que en él reina el pecado. De esta forma, el cristiano no debe buscar los placeres terrenales sino seguir un camino ascendente hacia el Creador. Sostiene, además, que la Iglesia es en parte la máxima expresión del reino celestial; por eso, la Iglesia terrenal no es más que la preparación para la celestial.
La Edad Media fue quizá la época en que mejor se conoció la Biblia. Personajes como Adán, Moisés, Abrahám, David, Cristo, la Virgen y los apóstoles eran muy familiares para los hombres de aquel tiempo. A ellos les siguieron en popularidad los santos y los mártires del cristianismo. Por ello las “hagiografías” o vidas de santos eran muy leídas por los creyentes. En especial los mártires caídos durante las persecuciones eran vistos como modelos de cristianos.
c. La tradición germánica.- Es el legado de los pueblos “bárbaros” a la Edad Media, y es un aporte difícil de evaluar pues, como sabemos, la cultura de estos pueblos que se desplazaban constantemente era básicamente oral. Sin embargo, podemos detectar algunos aportes como la metalurgia, prácticas ecuestres, armas y métodos de combate. Asimismo, persistieron muchos de sus cultos paganos.
Pero de todos estos aportes son las artes menores, en especial la metalurgia, su influencia más visible. Se trata de un arte muy decorativo, con figuras de animales, plantas y muchas veces abstracto, que pone en relieve el esplendor de los materiales: oro y piedras preciosas o coloreadas. Fueron maestros, por ejemplo, en la fabricación de armas (espadas) y adornos corporales (brazaletes, collarines o aretes).
Cuando los “bárbaros” se cristianizan, su arte es llevado a la decoración de objetos litúrgicos (crucifijos o copas) y a la decoración o “animación” de manuscritos, una de las actividades preferidas por los monjes medievales. Es en el norte de Europa, especialmente en Inglaterra e Irlanda, donde se desarrolla por primera vez este arte típicamente medieval.
Otro elemento germano que se filtra a la cultura medieval es su mitología o diferentes tradiciones populares. En este sentido, el relato de hechos fantásticos y de hazañas de determinados héroes fueron la base, o inspiración, de los futuros relatos épicos de la Edad Media.
LOS APORTES DEL OCCIDENTE MEDIEVAL.- Todos los estudiosos de la Edad Media están de acuerdo en considerar al siglo XI como la época de despegue de la gran expansión de la cultura medieval. De este modo, cuando el cronista Raoul Glaber decía que, pasado el Año Mil, el mundo se sacudió de lo viejo y se vistió de un blanco manto de iglesias, aludía, en primer lugar, a la fiebre de los europeos por construir catedrales; pero también utilizaba una feliz metáfora para decir que una nueva cultura iba a reemplazar una época que llegaba a su fin. Las catedrales, el concepto de “universidad” y las lenguas romances terminarían siendo los máximos aportes del Occidente medieval.
Las catedrales.- Todavía hoy en día los europeos ven a la catedral, junto a los castillos, como símbolos indiscutibles de la Edad Media. Pero si bien los castillos son construcciones militares, la catedral no es un simple edificio, es todo un arte que engloba todas las disciplinas artísticas y el pensamiento medieval. De esta forma, la construcción de iglesias hizo que los europeos retomaran la tradición por la arquitectura monumental, herencia de los clásicos. Pero en este “renacimiento” habría que distinguir dos fases o estilos arquitectónicos: el románico y el gótico.
a. el románico.- es el nombre con el que se conoce el arte producido en Europa occidental entre los siglos XI y XIII. Es el arte del tiempo del feudalismo, del auge del comercio y de las cruzadas. En un principio, las iglesias románicas fueron pequeñas, de una sola nave y con escasa decoración. Luego, durante el apogeo del románico, fueron de grandes dimensiones, con tres o cinco naves, con crucero y deambulatorio. Asimismo, la utilización de contrafuertes y, como elemento más importante, la aparición de la escultura tanto en el interior como en el exterior de los templos. Estas iglesias también fueron decoradas con pintura mural, que adornaba las paredes y ábsides con escenas o personajes bíblicos, y con mosaicos en la pavimentación del suelo. La decoración se completaba con vidrieras que tendrían su máximo apogeo en la época del gótico.
b. el gótico.- aparecido en el norte de Francia, fue extendiéndose poco a poco por toda Europa entre los siglos XIII y XV, aproximadamente. La arquitectura gótica emplea nuevas técnicas constructivas como los arbotantes, las gárgolas, las agujas o chapiteles, las bóvedas de crucería, los arcos ojivales, etc. Este nuevo estilo de bóvedas permitieron un volumen mayor de los templos, proporcionándoles mayor luminosidad y armonía. Quizá las iglesias góticas más importantes son las catedrales de Chartres, París y Amiens (Francia), la de Burgos (España), y las de Friburgo y Colonia (Alemania). Estas iglesias fueron decoradas además con vitrales de gran tamaño. Otra manifestación del gótico fue la escultura empleada principalmente en las fachadas de las catedrales y en los monumentos funerarios. Por último a partir del siglo XIII se difunde la pintura gótica, de clara influencia bizantina, y que se propagará desde Italia al resto de Europa.
La catedral gótica fue una suma arquitectónica en la que los constructores, utilizando nuevos hallazgos técnicos, supieron convertirla en un monumento cada vez más grande, más alto y más iluminado. Intencionalmente estas catedrales hacían que la mirada e imaginación del espectador ascendiera a lo trascendental, a lo sobrenatural.
La Universidad.- Hasta el Año Mil, la actividad intelectual se desarrollaba básicamente en los monasterios. En ellos los monjes intentaban adaptar la cultura antigua a las necesidades del cristianismo. También cabría destacar el esfuerzo de las escuelas catedralicias creadas en los tiempos de Carlomagno; sin embargo, eran muy pocas las que seguían funcionando.
Hacia el siglo X, los monasterios más prestigiosos en lo que se refiere a su labor académica eran Saint-Gall (Suiza) y Reichenau (Alemania). Asimismo, brillaban las escuelas episcopales de Utrecht, Colonia y Reims. En Italia, por ejemplo, estas escuelas mantienen la tradición en el estudio del derecho y del notariado. Incluso algunos papas, como Gregorio VII (1079), alentaban a los obispos en conservar estas escuelas para que se difundan las “artes liberales”. Por ello, su funcionamiento estaba estrechamente controlado por el canciller del obispo.
Pero fue hacia el siglo XII que maestros y estudiantes de algunas ciudades decidieron, para ampliar sus temas de estudio, sacudirse poco a poco de esta tutela episcopal. Es la época de la “querella de los universales”. De esta manera, a partir del siglo XIII, se produce el triunfo de la Universidad donde nace un nuevo método de enseñanza, la escolástica.
Las primera universidad se fundo en Italia en la ciudad de Bolonia (1088); en la misma península se abrieron luego las de Salerno (1173), Vicenza (1204), Arezzo (1215), Padua (1222) y Nápoles (1224). La universidad de París (1150) gozó de gran prestigio, especialmente en sus estudios de teología; otras en Francia fueron las de Toulouse (1229) y Montpellier (1289). En Inglaterra se abrieron las de Oxford (1167) y Cambridge (1229). España fue otro imán universitario con las de Palencia (1208), Valencia (1209), Salamanca (1243), Valladolid (1250) y Sevilla (1254). Lisboa fundó su universidad en 1290.
Las universidades contaron desde un principio con la protección de los papas y de los poderes laicos. Fueron al mismo tiempo federaciones de escuelas y gremios de maestros y estudiantes. Todas se rigieron por reglamentos o estatutos propios. En ellas las llamadas “artes liberales” condujeron al estudio de las disciplinas superiores como la teología, el derecho y la medicina. Cabe resaltar que en casi todas las universidades los alumnos y maestros venían de distintas partes de Europa. El uso del latín como lengua común favorecía este reclutamiento internacional. En París, por ejemplo, enseñaban tanto el italiano Tomás de Aquino como el alemán Alberto el Grande.
Hacia finales de la Edad Media, entre los siglos XIV y XV, la institución universitaria había triunfado por toda la Cristiandad latina: desde Coimbra (Portugal) hasta Praga (República Checa), o desde Cracovia (Polonia) hasta Uppsala (Suecia), Europa era un rosario de universidades. Luego, ya en el siglo XVI con la irrupción de los estados modernos, las monarquías siguieron alentando la fundación de estas instituciones. Como vemos, la Universidad fue uno de los logros más importantes de la historia intelectual de Occidente.
Pero también hacia finales de la Edad Media las universidades fueron experimentando cambios en sus métodos de enseñanza con la aparición de las ideas humanistas. Los nuevos conocimientos van a cuestionar la escolástica, denunciaron su carácter puramente teórico y su imposibilidad de poner la razón al servicio de la fe. Por último muchos también cuestionaron el uso del latín como única lengua culta.
LA ESCOLÁSTICA.- El siglo XIII se convirtió en el siglo de la filosofía escolástica, cuya misión fue tratar de coordinar la revelación divina con el racionalismo de Aristóteles. Cabe mencionar que por esta época llegan a través de Bizancio y del sur de España más textos de Aristóteles; se produce, digamos, un “redescubrimiento” de su pensamiento. Uno de los personajes cumbres de la escolástica fue sin duda santo Tomás de Aquino (1227-1274), que dio nombre y contenido a lo que hoy llamamos la Escuela Tomista. Otra corriente de pensamiento, dentro de la tradición escolástica, fue la obra del sacerdote franciscano san Buenaventura (1221-1274).
Las lenguas nacionales.- Hasta el siglo XII la única lengua escrita fue el latín. Era la lengua culta, utilizada tanto en los textos oficiales como en la enseñanza en los monasterios, escuelas episcopales y universidades. Sin embargo en el habla cotidiana iban surgiendo infinidad dialectos que podríamos agruparlos en grandes familias lingüísticas: lenguas germánicas, escandinavas, eslavas, anglosajonas, ibéricas, itálicas y las de oil y de oc (estas dos últimas en la actual Francia).
Fueron estos dialectos los que sirvieron de base al surgimiento de una literatura oral que terminó siendo escrita a partir de los siglos XII y XIII. De esta manera, apareció la poesía épica, la lírica y el teatro. Ya en el siglo XIII, por ejemplo, estas lenguas llamadas “vulgares” fueron conquistando todo el campo de la literatura y también los documentos no oficiales, digamos cotidianos o de uso corriente.
Los poemas épicos o “cantares de gesta” aparecieron en el siglo XI. Narraban las hazañas de personajes y hechos de armas. Por lo general tenían una base histórica pero eran exagerados o distorsionados por la imaginación popular. Su difusión estuvo a cargo de los juglares que los iban recitando de pueblo en pueblo para informar a la gente sobre hechos ocurridos anteriormente. Entre los más importantes tenemos el Cantar del Cid (España), el Cantar de los Nibelungos (Alemania) y la Canción de Rolando (Francia).
De otro lado, fue también en el siglo XIII en que se fueron imponiendo en ciertas familias lingüísticas un dialecto dominante. Tenemos así el fráncico (Francia), el castellano (España), el toscano (Italia) o el alto alemán (Alemania). De esta manera a finales de la Edad Media aparecen autores cuya obra va a ser escrita en estos dialectos dominantes que pronto se convertirían en lenguas nacionales. En este sentido, las obras de Dante (Italia), Chaucer (Inglaterra) y Villon (Francia), por ejemplo, contribuyeron a perfilar las lenguas de la Europa moderna.
Pero, como vemos, a diferencia del latín o de las catedrales que unificaron Europa, estas lenguas nacionales fueron el vehículo de la división. Pronto las modernas naciones se irían formando en base a esta división lingüística.
LA INFLUENCIA DE DANTE.- Para muchos, Dante Alighieri (1265-1321) es el escritor más destacado de la Edad Media. Si bien su obra contiene una síntesis de la cultura medieval, ya tiene ciertos elementos renacentistas. Aunque Dante no deja de poner a Dios en el centro de sus ideas, empieza a dar al hombre una importancia mayor de la que conceden los escritores de su tiempo.
La Divina Comedia es la obra cumbre de la literatura románica medieval. En ella Dante relata un imaginario viaje suyo a los tres reinos de ultratumba (infierno, purgatorio y paraíso) realizado a sus 35 años (la mitad del camino de la vida, según el propio Dante). El viaje se imagina realizado en una semana, que empieza la noche del jueves santo y acaba el jueves después de Pascua del año 1300, en que por primera vez se celebró el santo jubileo. Lo interesante es que para visitar y contemplar el infierno y el purgatorio al viajero le basta la razón, y por esto va guiado del poeta Virgilio; pero para contemplar el paraíso y la trinidad necesita de la gracia, y por esto va acompañado de su amada Beatriz. La alegoría es muy clara para todo cristiano.
Aparte de su racionalismo y la importancia que le da a l hombre en su obra, Dante escribe en italiano, es decir, en lengua vulgar. Y estos va a tener enormes repercusiones. Aunque el latín sigue siendo la lengua de la Iglesia y de la Universidad, las poblaciones de finales de la Edad media se expresaban en lengua vulgar. En este sentido Dante dio carta de nobleza al italiano.
LA CRISIS DEL SIGLO XIV.- Todo el desarrollo y la fuerza creadora de la civilización medieval empezaron a dar muestras de ciertos desequilibrios en el último tercio del siglo XIII. Y es que durante mucho tiempo se pensó que la crisis del siglo XIV fue producida por una serie de catástrofes (hambres, pestes y guerras) que, al afectar la demografía, provocaron una crisis general en la sociedad, la economía, la mentalidad y las actitudes religiosas.
Hoy los historiadores están de acuerdo en que, entre 1270 y 1280, comenzaron a aparecer los primeros síntomas de las contradicciones del crecimiento medieval. Dicho en otras palabras: si las hambres, las pestes y las guerras tuvieron un efecto apocalíptico fue porque actuaron sobre una sociedad llena de desequilibrios y tensiones.
Estos desequilibrios se notan, por ejemplo, en el mundo rural. Durante el siglo XIII se suspendieron las roturaciones lo que impidió el crecimiento de la producción agrícola. Ello trajo un desajuste demográfico: mientras la población había aumentado significativamente, los alimentos escaseaban. De otro lado, los señores feudales, al ver disminuir sus rentas, gravaban con mayores impuestos a sus campesinos. Como vemos, esto afectaba negativamente una economía ya en decadencia. El llamado “orden feudal” se desmoronaba poco a poco.
Por ello, no es difícil imaginar que el hambre de 1315-1317, las consecuencias de la Gran Peste de 1348-1350 y las continuas guerras en algunos países de Occidente (especialmente en Francia e Inglaterra) acentuaron los problemas y provocaron esa imagen de “gran depresión” al siglo XVI. Estamos hablando de una crisis que afectó las estructuras mismas de una sociedad, tanto en el mundo agrario donde se desataron una serie de revueltas campesinas, como en el urbano con los conflictos entre los gremios y las autoridades municipales.
De otro lado, la crisis también provoca otros efectos. En Occidente se tambalea el poder del papado y, en Oriente, el Imperio bizantino llega a su fin. Pero surgen otros poderes: en el seno de las ciudades se fortalece el poder económico de algunas familias y bajo la autoridad del Príncipe, preludio del Estado moderno, se ve el alba de un “renacimiento”.
Por ello, hacia 1450, es decir, ya bien entrado el siglo XV empiezan a aparecer los síntomas de la recuperación de Occidente. Recordemos por ejemplo que las grandes expediciones marítimas de los españoles y portugueses, que se desarrollaron a finales del siglo XV, no hubieran sido posibles en medio de una sociedad estancada o en crisis. Esta fuerza expansiva se enlazará con la del siglo XVI dando origen a la Edad Moderna.
LA PESTE Y LA GUERRA.- Dos fueron los sucesos que remecieron a la Cristiandad occidental durante el trágico siglo XIV: la Peste Negra y los conflictos bélicos, el más importante la Guerra de los Cien Años entre Francia e Inglaterra. Ambas significaron muerte y destrucción. Campos devastados, millones de muertos y ciudades arruinadas fueron el saldo de una época en que muchos europeos se imaginaron el fin del mundo o la venida del Apocalipsis.
La Peste Negra.- Entre los años 1347 y 1352 todo el continente europeo se vio afectado por la llamada Gran Peste o la Peste Negra. Todos los historiadores coinciden en que fue la mayor catástrofe de la Edad Media. Procedente del Asia, fue introducida por los marineros genoveses. Cuentan que estos comerciantes fueron asediados en Caffa (Crimea) por los tártaros quienes iniciaron una verdadera guerra bacteriológica al arrojar cadáveres infectados en las murallas de la ciudad. De esta manera, ya contagiados, los barcos genoveses introdujeron la peste primero en Constantinopla y luego en Italia, por Sicilia y la Toscana. La población europea estaba mal preparada para esta nueva forma de enfermedad, y pronto alcanzó el conjunto del continente, incluidas Inglaterra, Alemania y Escandinavia.
Cuatro o cinco años duró el drama. Azotó ciudades y vastas regiones y, muy pronto, venció a los hombres enfermos. Además, hacia 1348, la peste alcanzó una nueva forma: la infección pulmonar, que evoluciona más rápidamente y se contagia con mayor celeridad a través del aire. Por ello, vemos en tan poco tiempo el avance del contagio y el elevado número de víctimas. De otro lado la medicina, muy poco desarrollada en este campo, era incapaz de combatirla. El único “remedio” era aislar las casas infectadas y huir de las ciudades. Se estima que con este flagelo alrededor de la cuarta parte de la población desapareció.
Muchos interpretaron la enfermedad como un castigo de Dios. Por ello, la desesperación y el impacto psicológico despertó en las gentes un misticismo exacerbado, incluso a algunos los llevó a retomar prácticas supersticiosas o mágicas que ya se creían olvidadas. Fue la época de las grandes procesiones expiatorias como la de los flagelantes. Los flagelantes fueron un grupo muy numeroso de penitentes que, en Alemania, recorrían los caminos y entraban en las ciudades atrayendo multitudes a sus extrañas celebraciones: realizaban mortificaciones colectivas, cantos, danzas y prácticas de éxtasis místicos. Pero estos flagelantes ocasionaron otros efectos sociales. Crearon desórdenes al culpar de la tragedia a los extranjeros y a los no cristianos. Por ello, en muchos lugares, los exaltados persiguieron a los judíos acusándolos de haber contaminado los pozos de agua.
Pero hablando desde nuestra perspectiva, la peste ¿era el precio que debían pagar los europeos por un crecimiento que ya había alcanzado sus límites técnicos y alimenticios? Lo cierto es que entre las consecuencias de esta crisis a nivel demográfico podríamos decir:
1. La Gran Peste frenó, casi por un siglo, el crecimiento demográfico.
2. Entre los años 1360 y 1420 la contracción demográfica frenó el desarrollo económico al no existir suficiente mano de obra.
3. El proceso de recuperación, tanto demográfico como económico, fue muy variable en función de los países. En Italia y España se inició primero, antes de 1450. En Inglaterra hacia 1470 ya podríamos hablar de cierta prosperidad. En Francia, en cambio, la depresión fue más duradera.
La guerra.- Como si la peste no hubiera sido suficiente, fueron varios los conflictos bélicos que agravaron la situación de la población europea durante los siglos XIV y XV:
1. Tenemos el conflicto anglo-francés, conocido como la Guerra de los Cien Años, por el control del noroeste de Europa.
2. Las guerras italo-aragonesas por el dominio del Mediterráneo occidental.
3. Las guerras de las ciudades “hanseáticas” del Mar del Norte y los reinos escandinavos por el control del Báltico.
4. La reacción de los pueblos eslavos contra el expansionismo germánico, simbolizada por la victoria del rey polaco Ladislao III en Tannenberg. Recordemos que el siglo XV es la época en que polacos y lituanos luchan por unificar políticamente al mundo eslavo.
5. También tenemos luchas internas en los diferentes reinos europeos. Entre estas “guerras civiles” de diversa índole tenemos la lucha entre los armagnacs y los borgoñeses en Francia; la Guerra de las dos Rosas en Inglaterra; los innumerables enfrentamientos entre las ciudades italianas; y las luchas entre los reinos ibéricos.
6. También tenemos las diferentes expediciones “multinacionales” para detener el avance turco en el Mediterráneo. Estas nuevas “cruzadas” terminaron fracasando cuando en 1453 los turcos capturaron la ciudad de Constantinopla aniquilando el Imperio Bizantino.
7. Una última guerra, esta vez de carácter religioso, llevaban a cabo los cristianos españoles para acabar con el Islam en la Península. La toma de Granada, último reducto árabe, recién fue completada por los Reyes Católicos hacia 1492.
LA GUERRA DE LOS CIEN AÑOS.- Los conflictos entre los reinos de Francia e Inglaterra eran muy antiguos, aunque el detonante fue el acceso al trono francés, al que aspiraban Felipe de Valois y Eduardo III (rey de Inglaterra). De esta manera se desencadenó el conflicto que duraría entre 1337 y 1453, con diversas treguas y tratados. La guerra demostró la superioridad militar de los ingleses. Mientras los franceses seguían combatiendo como en la época feudal, es decir, con caballeros que atacaban al enemigo a la carga, los ingleses reclutaban numerosos mercenarios a sueldo y campesinos libres armados con grandes arcos.
La ocupación inglesa desató la división entre los franceses. Incluso algunas familias nobles, como los borgoñones, apoyaban la aspiración de los ingleses por ocupar el trono francés. Fue en este ambiente caótico que el rechazo hacia el invasor despertó el sentimiento popular en las zonas rurales. De esta forma surge la figura casi mítica Juana de Arco, quien comandó esta primera toma de conciencia nacional de los franceses. Finalmente los franceses liberan Orleans, plaza fuerte de los ingleses y los borgoñones, y consigue la coronación del rey Carlos VII en Reims. Poco después los ingleses serían expulsados poco a poco del territorio francés. Sin embargo, Juana de Arco, acusada de brujería, sería quemada en la ciudad de Ruán.
La caída de Bizancio.- Durante el siglo XIV, Bizancio estuvo sumida en una serie de conflictos internos. De otro lado, tenía que contener el avance de los turcos otomanos que ya habían ocupado algunos territorios como Tracia y Macedonia. A estas alturas el Imperio ya no tenía fuerzas para defenderse. Había perdido muchos territorios y su extensión se reducía, prácticamente, la ciudad de Constantinopla y sus alrededores.
Pero a Occidente le interesaba la suerte de Bizancio pues la penetración turca amenazaba el control del Mediterráneo. De esta manera, se organizaron numerosas expediciones para salvar el antiguo Imperio romano de Oriente. Todas ellas fracasaron. El último intento terminó con el desastre de Nicópolis (1396). A partir de ese momento la el fin de Bizancio parecía inminente. Un respiro para Occidente fue el enfrentamiento entre turcos y los mongoles de Tamerlán cerca de Ankara que terminó con la victoria de estos últimos. Los turcos se replegaron por casi 20 años.
Pero con el acceso de Mehmed II “el Conquistador” al sultanato turco renacieron los sueños islámicos por conquistar Bizancio. Inútil fue la resistencia del último emperador bizantino Constantino XI, a pesar de la ayuda veneciana y genovesa. La ciudad cae el 29 de mayo de 1453. Ahora Constantinopla dejaba de ser la ciudad guardada por Dios. En cierta forma, también, el Imperio romano dejaba de existir. Mehmed II manda transformar inmediatamente la famosa catedral de Santa Sofía en mezquita. Ahora el poder de los turcos otomanos se extiende por ambas orillas del Bósforo.
LA CIVILIZACIÓN ISLÁMICA.- Los musulmanes tuvieron el mérito de utilizar los diversos legados de los antiguos imperios y las tradiciones de cada región que conquistaban, pero siempre interpretándolas desde su propia fe y su particular sensibilidad. En este sentido, las ciudades de Damasco y Bagdad en Oriente, y la de Córdova en Occidente, fueron los principales focos de esta original civilización cultura.
Los filósofos árabes, por ejemplo, se inspiraron en las obras de Aristóteles y de algunos pensadores neoplatónicos. En las ciudades de Oriente, además, se estudiaron los tratados griegos sobre ciencias naturales, astronomía, medicina y matemáticas: en la academia de Jundishapur (hoy Irán) se impartían las enseñanzas de los médicos de la época clásica. De otro lado, siguiendo la tradición de los reyes persas, se instalaron observatorios astronómicos en Bagdad; asimismo en la India los musulmanes aprendieron la utilización del cero y un sistema de numeración más simple que es el que hoy utilizamos.
Avicena (980-1037), el más famoso de los intelectuales árabes, fue quien mejor estuvo ligado al pensamiento de los clásicos. Él “príncipe de los filósofos” tuvo un espíritu universal humanístico: se preocupó por todas las ciencias, incluso fue médico de renombre. Se sentía heredero directo de Aristóteles y en su razonamiento estuvo liberado de cualquier ortodoxia religiosa. En su labor intelectual destaca la observación directa del mundo, el razonamiento lógico y la experimentación.
Dentro de esta constelación de sabios también podríamos mencionar a Al Juarizmi (780-850), inventor del álgebra; al físico Alhazen (965-1039) quien formuló leyes de óptica, mucho antes que Roger Bacon, y la ley de la inercia; Geber estudió la destilación y definió el alcohol y el ácido sulfúrico hacia el año 800; por último el médico persa Rhazes (860-925) alentó la creación de hospitales y realizó importantes estudios de farmacia mucho antes que en Europa.
La lengua y la literatura árabes.- Ya fuera del norte de África, de Andalucía o de Irán el musulmán rezaba en la misma lengua: el árabe. Los intelectuales usaban también esta lengua común, lo mismo los comerciantes. En síntesis, la unidad de la civilización musulmana se afirmó por el uso generalizado del árabe como lengua oficial, impuesta en toda la administración a partir del año 700.
Los árabes no son autores de una literatura nacional. Como pueblo nómade, su raza y su lengua se extendieron por muchas zonas del mundo; por ello su lengua dio lugar a una literatura internacional clásica, independiente de los dialectos que encontraron al expandirse. En este sentido el Corán dio jerarquía internacional y literaria a la lengua árabe y ejerció una poderosa influencia a la posteridad. Desde entonces los árabes no pudieron escribir sin pensar en el Corán.
La arquitectura árabe.- Los árabes fueron grandes constructores de monumentos. Fue el campo de la arquitectura donde más destacaron. Por donde se expandieron levantaron templos, llamados mezquitas, y palacios. Se trata de una arquitectura original pues combinaron los estilos bizantino, helenístico y persa.
Los árabes tuvieron obsesión por la decoración. Convirtieron a sus edificios en un goce estético integral. De allí el valor de los detalles, de los elementos accesorios, que de secundarios pasaron a ser fundamentales, algo que jamás había sucedido hasta entonces. Las paredes y los techos se cubrieron de filigranas, las columnas se adelgazan y los arcos de herradura hacen más espacioso el conjunto.
a. la mezquita.- Se trata de un templo generalmente de planta rectangular. En el interior se encuentra el mihrab u oratorio, un recinto orientado hacia La Meca. Ante el mihrab se sitúa el oficiante o imán, que no lleva atuendo sacerdotal alguno, y detrás de él, los fieles ordenados en filas regulares. Los fieles, siempre descalzos, se sientan sobre esteras que cubren el piso. Como no se admite el ingreso a las mujeres en el mismo lugar que los hombres, sobre la entrada hay algunas tribunas con celosías a las que suelen acudir algunas mujeres, ya que la mayoría hacen sus oraciones en sus hogares.
La primera de la que se tiene noticia es la de Medina, fundada por el propio Mahoma, en donde reposan los restos del profeta y hoy centro de peregrinación de los musulmanes. Sin embargo para los occidentales la más conocida es la de Córdova. Convertida hoy en catedral, con sus columnas airosas y sus arcos esbeltos, es uno de los monumentos más famosos de España. Famosas son también las de Omar (Jerusalén), Amrú (El Cairo), Ajmer (India), Ahmed (Constantinopla) y la de damasco (Siria).
b. los palacios.- Como la arquitectura árabe fue predominantemente religiosa, hasta los palacios de los monarcas parecen construidos con la aspiración al sentido reverencial que presupone la divinidad. En ellos también no hay un centímetro cuadrado de la construcción que no esté decorada. Además tienen el complemento de las ventanas con celosías, los patios con azulejos, los jardines, los juegos de aguas, en fin toda una serie de accesorios que buscaban un estilo de vida lo más parecido al paraíso celestial. El Alcázar de Sevilla y el Alhambra de Granada son muestras mayúsculas de esta arquitectura no religiosa.
Los árabes en Occidente: la España musulmana.- Desde Lisboa hasta la actual Andalucía, los reyes fueron poetas o protegían a los escritores. Las bibliotecas, de otro lado, ejercían enorme influencia. La labor intelectual era muy estimada y tanto los médicos como los filósofos eran considerados por su importancia para la vida del cuerpo y del espíritu.
La ciudad de Córdova se convirtió en la capital política de la España musulmana. Era una gran metrópoli que maravillaba a los viajeros latinos y griegos que con frecuencia la comparaban a Constantinopla. Se decía que hacia el siglo IX contaba con 500 mil habitantes, más de 80 mil casas, unas 3 mil mezquitas y 300 baños públicos. La labor intelectual era impresionante. Los califas compraban numerosos manuscritos griegos que los hacían traducir al árabe: se calcula, por ejemplo, que su biblioteca contaba con más de 40 mil obras y que sólo el catálogo ocupaba 44 volúmenes. Campos de trigo y olivares circundaban esta espléndida ciudad levantada sobre la margen derecha del Guadalquivir.
En Sevilla, por ejemplo, el rey Almotamid era muy amigo del notable geógrafo El Becrí, autor de un trabajo titulado Los caminos y las provincias. Muy amigo y colaborador del rey Abderramán V fue el filósofo naoplatónico Abén Hazan (siglo XI), autor de la Historia crítica de las religiones, una obra filosófica y literaria sin par en su tiempo; también escribió un interesante libro sobre el carácter de la España musulmana titulado Los caracteres y la conducta. Pero también hay que destacar la presencia de intelectuales como Avempace, uno de los pioneros en los estudios aristotélicos, y Averroes quien trató de armonizar la ciencia con la religión al comentar diversos textos de filosofía clásica.
Lo cierto es que durante gran parte de la Edad Media la Península Ibérica fue, con ventaja, el foco cultural más importante de Europa. Los mismos autores árabes hablaban de España como de una joya, la tierra más privilegiada de todo el Islam. Desde allí se transmitieron muchos conocimientos al resto del continente. Y esto gracias al aporte de las tres culturas que convivían en ese territorio: árabes, judíos y cristianos.
Desde este crisol cultural que fue España fueron filtrándose, antes de las cruzadas, una serie de conocimientos hacia la Europa cristiana. La filosofía escolástica, el arte románico, la escuela de medicina de Montpellier, la poesía lírica de los trovadores y la misma obra de Dante se vieron influenciadas por la España mora.
En otro orden de cosas los árabes continuaron la obra que los romanos habían dejado en España. Mejoraron, por ejemplo, los sistemas de regadío que permitieron una prosperidad agrícola. También introdujeron frutos del África y Persia (arroz, caña de azúcar, palmeras) y prácticas hortícolas hasta entonces desconocidas (las huertas). Asimismo durante mucho tiempo consumieron igual cantidad de vino que los cristianos o judíos.
Como vemos por último, a diferencia de lo que sucedía en el resto de Europa hasta el siglo XI, la vida urbana en España no se estancó: brilló con más intensidad que en la época romana. Los monumentos que se conservan en la actualidad como la Giralda de Sevilla, el Alhambra de Granada y la Mezquita de Córdova, por ejemplo, permiten imaginarnos lo espléndidas que fueron estas ciudades. Ciudades además que bullían de artesanos trabajando los metales, el cuero, la cerámica los tejidos de lana y los muebles; esto sin mencionar la gran cantidad de comerciantes organizados en gremios y controlados por las municipalidades.
VOCABULARIO
ábside.- semicúpula situada en la cabecera de la nave central de un templo.
arbotante.- pilar que termina en forma de medio arco y sirve para sostener un muro o bóvedas. También es llamado botarel.
arco ojival.- arco que tiene forma de ojiva, es decir, figura compuesta de dos arcos de círculo de igual radio y magnitud, que se cortan volviendo a la concavidad el uno al otro.
artes liberales.- en todas las escuelas catedralicias o episcopales los alumnos estaban obligados a estudiar siete disciplinas: gramática, retórica, dialéctica, música, geometría, aritmética y astronomía.
azulejo.- ladrillo pequeño, vidriado y de varios colores.
celosía.- enrejado de listones de madera o de hierro que suele ponerse en las ventanas. Los árabes utilizaban este recurso para filtrar la luz del Sol y cubrir a sus mujeres.
contrafuertes.- refuerzos salientes en un muro.
crucero.- nave transversal que en un templo de planta de cruz latina corresponde al brazo menor. También se le llama así a la zona de intersección entre dicha nave transversal y la nave principal o brazo mayor. También se le denomina transepto.
chapitel.- remate de las torres en figura piramidal
deambulatorio.- nave semicircular formada por la prolongación de las naves laterales de un templo y que corre por detrás del altar mayor; también se le llama girola.
escuela catedralicia.- escuelas de enseñanza que funcionaban en las iglesias o conventos de la Edad Media.
exégesis.- explicación o interpretación de los libros de las Sagradas Escrituras.
filigrana.- decoración primorosa, pulida y delicada hecha de hilos de oro o de plata, o con madera o mármol.
gárgola.- escultura de remate de la canalización del tejado. Presenta generalmente la forma de figuras fantásticas.
hagiografía.- género que narra la historia de la vida de los santos.
intangible.- que no puede ser alterado su contenido.
Padres de la Iglesia.- intelectuales cristianos distinguidos por cuatro criterios: ortodoxia en su pensamiento, santidad de vida, aprobación de la Iglesia y antigüedad, es decir, que vivieron durante los primeros siglos de la Iglesia (hasta el siglo VII en Occidente y hasta el VIII en Oriente). Se dividen en Padres griegos y Padres latinos. El conjunto de sus obras forma la patrología.
patrística.- corriente de pensamiento, formulada por los Padres de la Iglesia, que sentó las bases del pensamiento cristiano.
querella de los universales.- “universales” es un término medieval que alude a las ideas generales o nociones que pueden aplicarse a una multitud de seres o de cosas semejantes (hombre o árbol, por ejemplo). La discusión por los universales desencadenó una gran disputa. Para los filósofos “realistas” (como santo Tomás de Aquino) los universales eran realidades; para los “nominalistas” (como Abelardo) no eran más que palabras, es decir, nombres.
26/05/09: Polonia y su modelo de revolución
Por TIMOTHY GARTON ASH (24/05/2009)
Cuando está a punto de cumplirse el vigésimo aniversario de la derrota del totalitarismo en el país centroeuropeo, la experiencia polaca sigue desempeñando un papel importante en la historia política.
Como obra de carpintería, esta mesa no es una gran cosa. El barniz oscuro está ya pelándose en varios sitios, la superficie está un poco gastada y las vigas a ras de suelo, de estilo rural, me recuerdan a una mesa de pub británico manchada de cerveza. Ahora bien, como pieza política, es una obra maestra.
Construido especialmente por carpinteros polacos para las primeras negociaciones del país en torno a una mesa redonda en 1989 -las primeras en la Europa comunista-, y hoy conservado como pieza de museo en el palacio presidencial de Varsovia, este gran mueble en forma de rosquilla, formado en realidad por 14 trozos separados, es el símbolo del nuevo tipo de revolución pacífica y negociada que en 1989 se impuso al viejo estilo violento de 1789. La mesa redonda sustituyó a la guillotina.
Para la mayoría de la gente, "1989", si significa algo, seguramente significa la caída del muro de Berlín. Algunos quizá recuerden la revolución de terciopelo en Checoslovaquia, otros tal vez los brotes de violencia en las calles de Bucarest y el sangriento fin del dictador de Rumania, Nicolae Ceausescu. Aquellos dramáticos acontecimientos de la segunda mitad del año eran buen material televisivo, y lo que ocurrió en Bucarest pareció en algunos momentos una imagen de 1789.
En cambio, las tortuosas negociaciones de la primera mitad del año en Polonia y Hungría no se parecieron nada a una revolución. Una mesa redonda en torno a la que hablan unas personas no es demasiado televisiva. Incluso las trascendentales elecciones semilibres de Polonia el 4 de junio de 1989, que desembocaron directamente en la llegada del primer ministro no comunista en lo que todavía era el bloque soviético, fueron relativamente tranquilas. Estoy seguro de que, cuando se celebre el vigésimo aniversario este 4 de junio, los medios de comunicación hablarán mucho más de la matanza de la plaza de Tiananmen, que sucedió aquel mismo día.
Si digo esto no es para fomentar la queja típicamente polaca de que "el mundo no valora la contribución de Polonia" (al final del comunismo en Europa, la Segunda Guerra Mundial, el Renacimiento, la astronomía, etcétera). Es para destacar que, al centrarnos en lo telegénico y lo conocido, perdemos de vista la auténtica novedad de lo que ocurrió en 1989 en Europa central y ha vuelto a ocurrir desde entonces en otros lugares, con numerosas variaciones. Por un lado, el poder blando de un movimiento social de masas (y en Polonia llevaban una década de protestas y huelgas masivas) controlado por sus dirigentes para lograr el objetivo de una transición negociada. Por otro, unas personas que seguían en posesión de los instrumentos básicos del poder duro -las armas, el aparato del Estado, la policía secreta-, pero estaban dispuestas a negociar un acuerdo de reparto de poder (aunque no preveían con qué rapidez iba a producirse el cambio ni hasta dónde iba a llegar). En un tercer lugar, los representantes del pueblo y las instituciones intermedias -que en Polonia incluían la inmensa autoridad de la Iglesia católica-, que ayudaron a mediar y generar confianza. Todos ellos, simbólicamente sentados en torno a una mesa construida a toda prisa y no especialmente bien.
En cada instante, nadie podía estar seguro de que el siguiente paso no fuera a ir demasiado lejos, ser demasiado para los partidarios de la línea dura en el propio país o para el Kremlin. Nadie había hecho algo así hasta entonces. Nadie sabía si era posible hacerlo. Como decía un chiste de la época: sabemos que es posible convertir un acuario en sopa de pescado; la cuestión es si se puede convertir la sopa de pescado en un acuario.
Además de inspeccionar la carpintería en el palacio presidencial, he venido a ver al actual presidente, Lech Kaczynski, un populista conservador que levantó su campaña, hace cinco años, en torno a las acusaciones de que no había habido una ruptura suficientemente clara y radical con el pasado comunista. Sin embargo, ahora me ha dicho que, en su opinión, el acuerdo logrado por la oposición encabezada por Solidaridad en aquella mesa redonda fue el mejor al que podían aspirar sin arriesgar demasiado en las circunstancias de principios de 1989. ¿Acaso el juicio histórico del presidente actual asume el compromiso, adoptado por todos en la mesa redonda, de que el arquitecto de la ley marcial en Polonia a principios de los ochenta, el general Wojciech Jaruzelski, se convirtiera en presidente del país en el verano de 1989 como garantía para la Unión Soviética? En efecto, aunque habría preferido que "por poco tiempo".
Como historiador, me interesa oír a todas las partes, así que fui a ver también al propio general Jaruzelski, hoy un hombre enfermo de 85 años, pero todavía firmemente interesado en ofrecer su versión de la historia. Me recordó la resistencia que había existido en las filas de su propio partido, el ejército y la policía, y el hecho de que cuando él, como presidente, y el nuevo primer ministro no comunista del país, Tadeusz Mazowiecki, fueron a una cumbre del Pacto de Varsovia en Moscú en diciembre de 1989, otro de los participantes en la mesa era nada menos que Nicolae Ceausescu. Unas semanas más tarde, Ceausescu estaba muerto.
Aquel triunfo pacífico, nacido en una mesa redonda y afianzado por unas elecciones semilibres, no era inevitable, ni mucho menos. Como en Suráfrica, como en Irlanda del Norte, como en Chile, el nuevo modelo anti-jacobino de revolución, con sus encuentros surrealistas entre ex presos y sus antiguos carceleros y torturadores, exigía compromisos dolorosos y moralmente desagradables. Sin un gran momento de catarsis revolucionaria. La línea entre los males del pasado y las bondades del futuro quedó difuminada. Es lo que el antropólogo Ernest Gellner, al hablar de la revolución de terciopelo en su Checoslovaquia natal, llamó "el precio del terciopelo".
Por eso, el problema del pasado nunca desaparece del todo. España después de Franco es la excepción que confirma la regla (y, visto el debate político que hay hoy en España sobre el franquismo, quizá ni siquiera sea una excepción tan clara). Por eso, 20 años después, estoy más convencido que nunca de que el complemento necesario para una mesa redonda es una comisión de la verdad. No unos juicios penales interminables y de dudosa legalidad, como el que probablemente acompañará al general Jaruzelski hasta su tumba (salvo en el caso de verdaderos crímenes contra la humanidad). No unas depuraciones arbitrarias y partidistas. Sino, una vez que están seguros los fundamentos básicos de un país libre, una confrontación pública, exhaustiva, justa y simbólica de la nueva democracia con su difícil pasado, con todas sus complejidades humanas.
Cuando, como consecuencia del modelo negociado de revolución, no se puede obtener justicia, al menos puede pedirse la verdad. Es lo que sucedió, por supuesto, en Suráfrica. Ojalá la Iglesia católica polaca hubiera tenido a un arzobispo Desmond Tutu dispuesto a proponer y presidir una tarea semejante a principios de los años noventa, cuando ya estaban sentadas las bases constitucionales, económicas y políticas de un país libre. Pero el arzobispo Tutu polaco, para entonces, residía en Roma.
El nuevo modelo de revolución de Polonia en 1989 sigue siendo un acontecimiento importantísimo e innovador. Pero estudiar historia sirve también para aprender de los errores, que a veces sólo se ven años después. Así que la próxima vez que un país en pleno proceso de salir de una dictadura y un conflicto civil encargue a sus carpinteros una mesa redonda especial, conviene que empiece a pensar también en los muebles necesarios para una comisión de la verdad. Es más, quizá puedan incluso utilizar la misma mesa. -

Tadeusz Mazowiecki, primer ministro de Polonia, en 1989
Cuando está a punto de cumplirse el vigésimo aniversario de la derrota del totalitarismo en el país centroeuropeo, la experiencia polaca sigue desempeñando un papel importante en la historia política.
Como obra de carpintería, esta mesa no es una gran cosa. El barniz oscuro está ya pelándose en varios sitios, la superficie está un poco gastada y las vigas a ras de suelo, de estilo rural, me recuerdan a una mesa de pub británico manchada de cerveza. Ahora bien, como pieza política, es una obra maestra.
Construido especialmente por carpinteros polacos para las primeras negociaciones del país en torno a una mesa redonda en 1989 -las primeras en la Europa comunista-, y hoy conservado como pieza de museo en el palacio presidencial de Varsovia, este gran mueble en forma de rosquilla, formado en realidad por 14 trozos separados, es el símbolo del nuevo tipo de revolución pacífica y negociada que en 1989 se impuso al viejo estilo violento de 1789. La mesa redonda sustituyó a la guillotina.
Para la mayoría de la gente, "1989", si significa algo, seguramente significa la caída del muro de Berlín. Algunos quizá recuerden la revolución de terciopelo en Checoslovaquia, otros tal vez los brotes de violencia en las calles de Bucarest y el sangriento fin del dictador de Rumania, Nicolae Ceausescu. Aquellos dramáticos acontecimientos de la segunda mitad del año eran buen material televisivo, y lo que ocurrió en Bucarest pareció en algunos momentos una imagen de 1789.
En cambio, las tortuosas negociaciones de la primera mitad del año en Polonia y Hungría no se parecieron nada a una revolución. Una mesa redonda en torno a la que hablan unas personas no es demasiado televisiva. Incluso las trascendentales elecciones semilibres de Polonia el 4 de junio de 1989, que desembocaron directamente en la llegada del primer ministro no comunista en lo que todavía era el bloque soviético, fueron relativamente tranquilas. Estoy seguro de que, cuando se celebre el vigésimo aniversario este 4 de junio, los medios de comunicación hablarán mucho más de la matanza de la plaza de Tiananmen, que sucedió aquel mismo día.
Si digo esto no es para fomentar la queja típicamente polaca de que "el mundo no valora la contribución de Polonia" (al final del comunismo en Europa, la Segunda Guerra Mundial, el Renacimiento, la astronomía, etcétera). Es para destacar que, al centrarnos en lo telegénico y lo conocido, perdemos de vista la auténtica novedad de lo que ocurrió en 1989 en Europa central y ha vuelto a ocurrir desde entonces en otros lugares, con numerosas variaciones. Por un lado, el poder blando de un movimiento social de masas (y en Polonia llevaban una década de protestas y huelgas masivas) controlado por sus dirigentes para lograr el objetivo de una transición negociada. Por otro, unas personas que seguían en posesión de los instrumentos básicos del poder duro -las armas, el aparato del Estado, la policía secreta-, pero estaban dispuestas a negociar un acuerdo de reparto de poder (aunque no preveían con qué rapidez iba a producirse el cambio ni hasta dónde iba a llegar). En un tercer lugar, los representantes del pueblo y las instituciones intermedias -que en Polonia incluían la inmensa autoridad de la Iglesia católica-, que ayudaron a mediar y generar confianza. Todos ellos, simbólicamente sentados en torno a una mesa construida a toda prisa y no especialmente bien.
En cada instante, nadie podía estar seguro de que el siguiente paso no fuera a ir demasiado lejos, ser demasiado para los partidarios de la línea dura en el propio país o para el Kremlin. Nadie había hecho algo así hasta entonces. Nadie sabía si era posible hacerlo. Como decía un chiste de la época: sabemos que es posible convertir un acuario en sopa de pescado; la cuestión es si se puede convertir la sopa de pescado en un acuario.
Además de inspeccionar la carpintería en el palacio presidencial, he venido a ver al actual presidente, Lech Kaczynski, un populista conservador que levantó su campaña, hace cinco años, en torno a las acusaciones de que no había habido una ruptura suficientemente clara y radical con el pasado comunista. Sin embargo, ahora me ha dicho que, en su opinión, el acuerdo logrado por la oposición encabezada por Solidaridad en aquella mesa redonda fue el mejor al que podían aspirar sin arriesgar demasiado en las circunstancias de principios de 1989. ¿Acaso el juicio histórico del presidente actual asume el compromiso, adoptado por todos en la mesa redonda, de que el arquitecto de la ley marcial en Polonia a principios de los ochenta, el general Wojciech Jaruzelski, se convirtiera en presidente del país en el verano de 1989 como garantía para la Unión Soviética? En efecto, aunque habría preferido que "por poco tiempo".
Como historiador, me interesa oír a todas las partes, así que fui a ver también al propio general Jaruzelski, hoy un hombre enfermo de 85 años, pero todavía firmemente interesado en ofrecer su versión de la historia. Me recordó la resistencia que había existido en las filas de su propio partido, el ejército y la policía, y el hecho de que cuando él, como presidente, y el nuevo primer ministro no comunista del país, Tadeusz Mazowiecki, fueron a una cumbre del Pacto de Varsovia en Moscú en diciembre de 1989, otro de los participantes en la mesa era nada menos que Nicolae Ceausescu. Unas semanas más tarde, Ceausescu estaba muerto.
Aquel triunfo pacífico, nacido en una mesa redonda y afianzado por unas elecciones semilibres, no era inevitable, ni mucho menos. Como en Suráfrica, como en Irlanda del Norte, como en Chile, el nuevo modelo anti-jacobino de revolución, con sus encuentros surrealistas entre ex presos y sus antiguos carceleros y torturadores, exigía compromisos dolorosos y moralmente desagradables. Sin un gran momento de catarsis revolucionaria. La línea entre los males del pasado y las bondades del futuro quedó difuminada. Es lo que el antropólogo Ernest Gellner, al hablar de la revolución de terciopelo en su Checoslovaquia natal, llamó "el precio del terciopelo".
Por eso, el problema del pasado nunca desaparece del todo. España después de Franco es la excepción que confirma la regla (y, visto el debate político que hay hoy en España sobre el franquismo, quizá ni siquiera sea una excepción tan clara). Por eso, 20 años después, estoy más convencido que nunca de que el complemento necesario para una mesa redonda es una comisión de la verdad. No unos juicios penales interminables y de dudosa legalidad, como el que probablemente acompañará al general Jaruzelski hasta su tumba (salvo en el caso de verdaderos crímenes contra la humanidad). No unas depuraciones arbitrarias y partidistas. Sino, una vez que están seguros los fundamentos básicos de un país libre, una confrontación pública, exhaustiva, justa y simbólica de la nueva democracia con su difícil pasado, con todas sus complejidades humanas.
Cuando, como consecuencia del modelo negociado de revolución, no se puede obtener justicia, al menos puede pedirse la verdad. Es lo que sucedió, por supuesto, en Suráfrica. Ojalá la Iglesia católica polaca hubiera tenido a un arzobispo Desmond Tutu dispuesto a proponer y presidir una tarea semejante a principios de los años noventa, cuando ya estaban sentadas las bases constitucionales, económicas y políticas de un país libre. Pero el arzobispo Tutu polaco, para entonces, residía en Roma.
El nuevo modelo de revolución de Polonia en 1989 sigue siendo un acontecimiento importantísimo e innovador. Pero estudiar historia sirve también para aprender de los errores, que a veces sólo se ven años después. Así que la próxima vez que un país en pleno proceso de salir de una dictadura y un conflicto civil encargue a sus carpinteros una mesa redonda especial, conviene que empiece a pensar también en los muebles necesarios para una comisión de la verdad. Es más, quizá puedan incluso utilizar la misma mesa. -

Tadeusz Mazowiecki, primer ministro de Polonia, en 1989
26/05/09: Literatura y diplomacia
Por Jorge Edwards
En este artículo, publicado hoy en el diario El País, el escritor chileno hace referencia a su reciente estadía en nuestro país y de las relaciones entre Chile y Perú.
En el Chile antiguo había una presencia notoria, más o menos constante, de los escritores en la diplomacia chilena. Esto no sólo ocurría en las agregadurías culturales sino en todos los niveles del escalafón, desde embajadores hasta terceros secretarios y cónsules. La lista de autores diplomáticos sería larga y no faltarían algunos de nuestros nombres más ilustres: Gabriela Mistral, Pablo Neruda, Alberto Blest Gana, Federico Gana, Pedro Prado.
En el ministerio de mi tiempo uno se encontraba a cada rato con Juan Guzmán Cruchaga, Humberto Díaz Casanueva, Salvador Reyes, Antonio de Undurraga, Carlos Morla Lynch. Algunos eran mejores escritores que otros; más de alguno practicaba una diplomacia más bien distraída; pero siempre había una chispa, un destello, una manera diferente de enfocar los problemas.
Carlos Morla, por ejemplo, bajo cuyas órdenes trabajé en la Embajada en Francia, se trasladaba en metro, de frac y condecoraciones, desde el caserón de la avenida de la Motte-Picquet hasta el Palacio del Elíseo. Me atrevo a pensar que ninguno de los actuales embajadores se atrevería a hacer lo mismo, pese a que la cortesía de la puntualidad es mucho más importante que la del automóvil de lujo.
El general De Gaulle, que gobernaba en aquellos tiempos prehistóricos, se divertía con el humor original de nuestro representante y conversaba con él en los ratos perdidos que ocurren durante las ceremonias: las colocaciones de ofrendas florales en la tumba del Soldado Desconocido y esas cosas. Y una tarde, cuando Morla regresaba en su asiento del tren subterráneo, una señora francesa exclamó: ¡qué anciano más bonito!
Se terminó esa tradición, entre tantas otras, y no sé si salió perdiendo la literatura, pero estoy seguro de que la diplomacia sí perdió más de algo, por lo menos en cuanto al humor y al espíritu, y me parece que los profesionales y los practicantes de hoy ni siquiera se han dado cuenta. He pensado en esto porque estuve hace poco en Lima, durante los festejos del 170º aniversario del diario El Comercio, y me encontré con el canciller García Belaúnde, a quien había conocido en épocas pasadas, en la casa de un amigo común.
García Belaúnde es un diplomático de larga carrera y es, aparte de eso, un conocedor avezado de la literatura francesa. Después de los saludos de rigor, me mostró un reloj de esfera redonda, de acero bruñido, que tenía una frase grabada en forma circular. La frase decía textualmente: Longtemps je me suis couché de bonne heure (Durante largo tiempo me he acostado temprano). Me contó que había comprado ese reloj en Illiers, en casa de la tía Leonie. La frase, como ustedes a lo mejor saben, es la primera de la obra monumental de Marcel Proust, En busca del tiempo perdido; en cuanto a Illiers, pueblo situado en la Normandía occidental, a poca distancia de la catedral de Chartres, se llama Combray en la novela proustiana y es el escenario de las primeras páginas del libro.
En resumen, pura literatura, y no está mal que una conversación entre personas que provienen de países diferentes se articule a partir de un gran texto de ficción y de personajes que existieron en la historia real, pero que fueron reinventados por la imaginación novelesca. Si el diálogo parte de ahí, no es absolutamente necesario reducirlo al paralelo tal, al hito cual, al tratado de tal año, a una compra de aviones de guerra anunciada y ni siquiera consumada.
La tía Leonie, el señor Charles Swann con sus devaneos amorosos, la madre del novelista que se olvida de subir a darle un beso de despedida, o la enérgica y campechana Françoise, que rompe a palos una pirámide de azúcar en la mesa del repostero, introducen atmósferas diferentes, fascinantes, que permiten enfocar temas escabrosos con mayor soltura.
En un almuerzo anterior, había conversado con la embajadora de Francia sobre el hecho ejemplar de que su país y Alemania, después de la Segunda Guerra Mundial y de siglos de enfrentamiento bélico, hayan conseguido superar los enormes temas que los dividían y estructurar una alianza extraordinaria, verdadero corazón y motor de la unidad europea. Según ella, los dos pueblos no estaban en absoluto preparados para seguir ese camino, pero hubo dos hombres extraordinarios, que concibieron todo el asunto y lo llevaron adelante contra viento y marea: el general Charles de Gaulle y el canciller Konrad Adenauer.
No sé si la teoría de los hombres providenciales en la historia me convence del todo, pero la tesis de la embajadora me pareció interesante. Pocas horas más tarde, en la ceremonia misma del aniversario, me encontré en una mesa redonda en la que participaba en vivo Mario Vargas Llosa y en la que intervenía desde México, vía satélite, el historiador Enrique Krauze. En el puesto de honor, rodeado por los directores de la vieja empresa periodística, se encontraba el presidente Alan García. Cuando me tocó el turno, me permití plantear con la mayor candidez, sin temores reverenciales, por decirlo de algún modo, un punto delicado, de enorme vigencia. Antes advertí que había dejado de ser diplomático hace más de 30 años, en los primeros días de octubre de 1973, y que por tanto hablaba a título puramente personal. Mi punto era el siguiente: el de las reticencias, reservas, temores mutuos, en que nos llevamos el Perú y Chile desde hace más de 100 años, a pesar de nuestra evidente unidad cultural, geográfica, de todo orden. Si alcanzáramos un entendimiento de fondo, sin vuelta atrás, sin criterios del siglo XIX, entre Chile, Perú y Bolivia, toda la atmósfera política del Cono Sur, y por tanto de América Latina entera, sería diferente. Quizá se necesitaban hombres providenciales para lograrlo, pero probablemente existían y a lo mejor estaban en esa misma mesa (detalle que provocó risas y hasta aplausos de la concurrencia).
El presidente García, que escuchaba el debate con suma atención y tomaba apuntes, pidió el micrófono al final, a pesar de que su intervención no formaba parte del programa. Resumió los puntos debatidos sobre democracia y libertad en la región y debo reconocer que lo hizo con maestría, con evidente experiencia académica. Tocó en seguida el tema de las relaciones con Chile y dijo más o menos lo siguiente: que estamos unidos por un destino común, aunque no nos guste, y que somos un matrimonio que tiene sus etapas difíciles, sus malos entendidos, y sus momentos buenos, como casi todos matrimonios. Francia y Alemania tocaron fondo, llegaron al extremo del horror y de la destrucción, y a la salida de la conflagración no tuvieron más remedio que ponerse de acuerdo. Nosotros, en cambio, no hemos llegado al abismo y no hemos conocido la misma necesidad de reconciliación.
Es una versión de la política de lo peor aplicada a las relaciones internacionales, pero no significa, naturalmente, que debamos sufrir mucho más para ponernos de acuerdo al final de un terrible recorrido. Era, más bien, un llamado a la sensatez, una indicación de que nuestras eventuales desavenencias son pasajeras y de que la cordura y la amistad van a prevalecer. En otras palabras, era un llamado a la paciencia y al trabajo diplomático en serio. En lo cual el aporte de Marcel Proust y el de la tía Leonie nunca son desdeñables.
En este artículo, publicado hoy en el diario El País, el escritor chileno hace referencia a su reciente estadía en nuestro país y de las relaciones entre Chile y Perú.
En el Chile antiguo había una presencia notoria, más o menos constante, de los escritores en la diplomacia chilena. Esto no sólo ocurría en las agregadurías culturales sino en todos los niveles del escalafón, desde embajadores hasta terceros secretarios y cónsules. La lista de autores diplomáticos sería larga y no faltarían algunos de nuestros nombres más ilustres: Gabriela Mistral, Pablo Neruda, Alberto Blest Gana, Federico Gana, Pedro Prado.
En el ministerio de mi tiempo uno se encontraba a cada rato con Juan Guzmán Cruchaga, Humberto Díaz Casanueva, Salvador Reyes, Antonio de Undurraga, Carlos Morla Lynch. Algunos eran mejores escritores que otros; más de alguno practicaba una diplomacia más bien distraída; pero siempre había una chispa, un destello, una manera diferente de enfocar los problemas.
Carlos Morla, por ejemplo, bajo cuyas órdenes trabajé en la Embajada en Francia, se trasladaba en metro, de frac y condecoraciones, desde el caserón de la avenida de la Motte-Picquet hasta el Palacio del Elíseo. Me atrevo a pensar que ninguno de los actuales embajadores se atrevería a hacer lo mismo, pese a que la cortesía de la puntualidad es mucho más importante que la del automóvil de lujo.
El general De Gaulle, que gobernaba en aquellos tiempos prehistóricos, se divertía con el humor original de nuestro representante y conversaba con él en los ratos perdidos que ocurren durante las ceremonias: las colocaciones de ofrendas florales en la tumba del Soldado Desconocido y esas cosas. Y una tarde, cuando Morla regresaba en su asiento del tren subterráneo, una señora francesa exclamó: ¡qué anciano más bonito!
Se terminó esa tradición, entre tantas otras, y no sé si salió perdiendo la literatura, pero estoy seguro de que la diplomacia sí perdió más de algo, por lo menos en cuanto al humor y al espíritu, y me parece que los profesionales y los practicantes de hoy ni siquiera se han dado cuenta. He pensado en esto porque estuve hace poco en Lima, durante los festejos del 170º aniversario del diario El Comercio, y me encontré con el canciller García Belaúnde, a quien había conocido en épocas pasadas, en la casa de un amigo común.
García Belaúnde es un diplomático de larga carrera y es, aparte de eso, un conocedor avezado de la literatura francesa. Después de los saludos de rigor, me mostró un reloj de esfera redonda, de acero bruñido, que tenía una frase grabada en forma circular. La frase decía textualmente: Longtemps je me suis couché de bonne heure (Durante largo tiempo me he acostado temprano). Me contó que había comprado ese reloj en Illiers, en casa de la tía Leonie. La frase, como ustedes a lo mejor saben, es la primera de la obra monumental de Marcel Proust, En busca del tiempo perdido; en cuanto a Illiers, pueblo situado en la Normandía occidental, a poca distancia de la catedral de Chartres, se llama Combray en la novela proustiana y es el escenario de las primeras páginas del libro.
En resumen, pura literatura, y no está mal que una conversación entre personas que provienen de países diferentes se articule a partir de un gran texto de ficción y de personajes que existieron en la historia real, pero que fueron reinventados por la imaginación novelesca. Si el diálogo parte de ahí, no es absolutamente necesario reducirlo al paralelo tal, al hito cual, al tratado de tal año, a una compra de aviones de guerra anunciada y ni siquiera consumada.
La tía Leonie, el señor Charles Swann con sus devaneos amorosos, la madre del novelista que se olvida de subir a darle un beso de despedida, o la enérgica y campechana Françoise, que rompe a palos una pirámide de azúcar en la mesa del repostero, introducen atmósferas diferentes, fascinantes, que permiten enfocar temas escabrosos con mayor soltura.
En un almuerzo anterior, había conversado con la embajadora de Francia sobre el hecho ejemplar de que su país y Alemania, después de la Segunda Guerra Mundial y de siglos de enfrentamiento bélico, hayan conseguido superar los enormes temas que los dividían y estructurar una alianza extraordinaria, verdadero corazón y motor de la unidad europea. Según ella, los dos pueblos no estaban en absoluto preparados para seguir ese camino, pero hubo dos hombres extraordinarios, que concibieron todo el asunto y lo llevaron adelante contra viento y marea: el general Charles de Gaulle y el canciller Konrad Adenauer.
No sé si la teoría de los hombres providenciales en la historia me convence del todo, pero la tesis de la embajadora me pareció interesante. Pocas horas más tarde, en la ceremonia misma del aniversario, me encontré en una mesa redonda en la que participaba en vivo Mario Vargas Llosa y en la que intervenía desde México, vía satélite, el historiador Enrique Krauze. En el puesto de honor, rodeado por los directores de la vieja empresa periodística, se encontraba el presidente Alan García. Cuando me tocó el turno, me permití plantear con la mayor candidez, sin temores reverenciales, por decirlo de algún modo, un punto delicado, de enorme vigencia. Antes advertí que había dejado de ser diplomático hace más de 30 años, en los primeros días de octubre de 1973, y que por tanto hablaba a título puramente personal. Mi punto era el siguiente: el de las reticencias, reservas, temores mutuos, en que nos llevamos el Perú y Chile desde hace más de 100 años, a pesar de nuestra evidente unidad cultural, geográfica, de todo orden. Si alcanzáramos un entendimiento de fondo, sin vuelta atrás, sin criterios del siglo XIX, entre Chile, Perú y Bolivia, toda la atmósfera política del Cono Sur, y por tanto de América Latina entera, sería diferente. Quizá se necesitaban hombres providenciales para lograrlo, pero probablemente existían y a lo mejor estaban en esa misma mesa (detalle que provocó risas y hasta aplausos de la concurrencia).
El presidente García, que escuchaba el debate con suma atención y tomaba apuntes, pidió el micrófono al final, a pesar de que su intervención no formaba parte del programa. Resumió los puntos debatidos sobre democracia y libertad en la región y debo reconocer que lo hizo con maestría, con evidente experiencia académica. Tocó en seguida el tema de las relaciones con Chile y dijo más o menos lo siguiente: que estamos unidos por un destino común, aunque no nos guste, y que somos un matrimonio que tiene sus etapas difíciles, sus malos entendidos, y sus momentos buenos, como casi todos matrimonios. Francia y Alemania tocaron fondo, llegaron al extremo del horror y de la destrucción, y a la salida de la conflagración no tuvieron más remedio que ponerse de acuerdo. Nosotros, en cambio, no hemos llegado al abismo y no hemos conocido la misma necesidad de reconciliación.
Es una versión de la política de lo peor aplicada a las relaciones internacionales, pero no significa, naturalmente, que debamos sufrir mucho más para ponernos de acuerdo al final de un terrible recorrido. Era, más bien, un llamado a la sensatez, una indicación de que nuestras eventuales desavenencias son pasajeras y de que la cordura y la amistad van a prevalecer. En otras palabras, era un llamado a la paciencia y al trabajo diplomático en serio. En lo cual el aporte de Marcel Proust y el de la tía Leonie nunca son desdeñables.
26/05/09: Adof Hitler, la caída de un mito
Ante el estreno de El hundimiento (aquí en Perú la película se tituló La caída) se preguntaba el popular diario alemán Bild en portada: «¿Puede un monstruo ser mostrado como un ser humano?» ¿Era humano el que dictaminó el fin de una raza y envió a millones de europeos a la destrucción? La cuestión ha escandalizado a muchos, sobre todo ante la posibilidad de tener que responder.
No en vano la sociedad se higieniza a sí misma satanizando lo detestable como ajeno y defecto de producción. Hitler es el fantasma que preside el subconsciente de la historia de los alemanes, que sin embargo saben demasiado poco de él.
El desplome de un mito.- Ahora los alemanes han podido ver a su bestia -aprendida y odiada en las escuelas de la democracia- como un débil humano, dando por fin al absurdo un rostro real, como dijo la crítica. En este caso el del enorme actor Bruno Ganz, que dificilmente pueda ser ya otro que ese Hitler caído del mito. El director Oliver Hirschbiegel desciende al interior del búnker del mal para narrar el desplome de un mito al través de unos ojos, cuya inocencia, será necesariamente culpable: la joven secretaria personal de Hitler, mientras los soviéticos están ya en las calles circundantes y los alemanes no son capaces aún de contradecirle ni deponerlo.
Como adelantó Joachim Fest y ahora se ha visto en las pantallas, fuera de la histeria del escenario, el hijo del aduanero que quería pintar se revela vulgar, sin una sola de las características raciales que él mismo tomaba por superiores, bastardo de un tiempo turbulento, en el que además vio la desaparición de todo el orden en que creció y con él la de cuatro imperios tenidos por imperecederos.
La escuela intelectual y política alemana se ha prohibido siempre todo relativismo comparativo, el holocausto y el nazismo serían baremos irreductibles al cotejo. Stalin, Mao o Pol-Pot, los millones de muertos del socialismo y el nacionalismo quedan para otra página. Y es que el crimen más colosal fácilmente pierde terreno ante la humana gestión de la culpa. Mas entre la intocabilidad de hechos y argumentos y la popular escapada del «yo no fui, fue Hitler», que Hermann van Harten, llevó al teatro hace 25 años, la opinión pública asiste progresivamente a una ampliación del foco.
Desde su normalización a la caída del comunismo, Alemania lleva rompiendo algunos tabús sobre sí misma; una temporada abierta a la llegada al poder, hace 10 años, de los sesentayochistas y su nuevo patriotismo. Publicaciones como las de Günter Grass, Jörg Friedrich, H. A. Winkler o Götz Aly han probado a hurgar en el revés alemán del paño, por más que la reciente novela de Norman Mailer volviera a la vía de diabolizar al déspota.
Ni genio ni diablo: para historiadores como Kershaw o Fulbrook, la realmente escasa originalidad de Hitler -que copió casi todo- tal vez quede en su inigualable percepción del estado de las cosas y los medios a su disposición, así como el modo literalmente terrorífico de llevar a cabo sus ideas. Pero de la exaltación del líder heróico al mito racial, del antisemitismo al «pueblo» como comunidad, el ataque al intelecto, la subordinación del individuo, el cientifismo y la mejora de la raza, todo está ya en el pensamiento anti-racional que va del romanticismo al III Reich. Él y las gentes de su tiempo lo llevaron a cabo con una pulcritud moderna, ordenada, racional.
Miedo al extraño.- Puede que sólo en el caldo de cultivo emponzoñado de su tiempo y lugar pudo llegar a ser determinante un aspecto como la oratoria de un indocumentado rencoroso. Despojado del romanticismo que acompañaron proyectos como el suyo o el del «hombre nuevo» socialista, todas las ideas de Hitler pueden ser reducidas al miedo moderno al extraño y a una ansia de poder, que reconocía en el dominio el único modo de relación y, en la fuerza, el único argumento.
Ahora Europa asistirá a uno de los últimos juicios al nacional-socialismo: el anciano guardia de Sóbibor, John Demjanjuk, está visto para procedimiento en Múnich. Sucede en un contexto, abierto progresivamente a varios enfoques; y uno, que parecía pasado por alto, sería, que, si los alemanes son responsables del asesinato industrial de los judíos de Europa, no es secreto que contaron con una connivencia e, incluso, gran ayuda local.
Daniel J. Goldhagen publicaba hace 15 años su provocador «Los verdugos voluntarios de Hitler», mostrando la entregada participación de la gente de a pie en la cadena de montaje de la aniquilación y el expolio; el juicio a Demjanjuk, ahora, puede abrir tal vez el capítulo de «los verdugos extranjeros de Hitler».
Como desafió Zygmunt Bauman ya a todos desde los 70, en «La modernidad y el holocausto», en realidad viviría en el fondo de armario de todos, viéndolo como Arendt y Adorno una secuela maldita de todo lo que el orden ilustrado de la razón enseña como positivo. Por ello Bauman ha avisado que, la sociedad ni ha aprendido nada enajenándose del nazismo ni está libre de sus mecanismos originales.
Adaptado del ABC de España (25/05/09)
LOS ÚLTIMOS DÍAS DE LA BESTIA
Por Javier Cortuo
«La historia contemporánea no conoce una catástrofe comparable al hundimiento de 1945. Nunca, hasta entonces, se extinguieron tantas vidas, fueron destruidas tantas ciudades y asoladas tantas regiones al derrumbarse un imperio». Así empieza Joachim Fest, legendario y controvertido periodista e historiador berlinés, conocido por su exitosísima biografía «Hitler» (1973), su escalofriante relato de la decadencia de, efectivamente, un imperio tan terrorífico como pernicioso para el siglo XX: el nazi. Lo tituló «El hundimiento: Hitler y el final del Tercer Reich», y no tardó en llamar la atención del mundillo del cine en particular y de la sociedad alemana en general, siempre ávida de conocer detalles de esos quince días que, para muchos, resucitaron las ruinas de la vieja Cartago. Sobre todo a raíz de que el tirano emitiera la «orden de Nerón» el 19 de marzo de 1945, una kamikaze operación militar con la guerra ya perdida que pretendía que el enemigo se encontrase con «un desierto civilizatorio» en su conquista final. Y eso, evidentemente, conllevaba arrasar con fábricas, edificios, puentes, sistemas de canalización y todo vestigio de vida humana. Mientras, Hitler y sus acólitos permanecían en un búnker a diez metros bajo tierra con la pantomima de dirigir unos ejércitos fantasmales y desfondados.
Así, la crónica de los últimos días de la bestia fue a parar al tejado de uno de los directores que contribuyeron a levantar los cimientos del cine alemán en el siglo XXI: Oliver Hirschbiegel, que, después de un entrenamiento ladrador y algo mordedor en los 90 con la teleserie «Rex», acababa de dirigir la espléndida «El experimento» (2001). Por supuesto, el encargo no cayó en saco roto y el joven cineasta dio en el clavo con una obra de ingeniería germana redonda y casi sin fisuras que arranca en abril del 45, con las calles berlinesas en llamas mientras que en la madriguera de acero del «führer» se esconden como conejos sus íntimos Traudl Junge (Alexandra Maria Lara), su secretaria personal, o Eva Braun (Juliane Köhler), dispuesta a brindar con el monstruo hasta el último trago.
Evidentemente, el gran acierto de la película, aparte de su rigor, su valentía y sus momentos de brillante inspiración como ese breve epílogo documental, recayó en la apuesta por Bruno Ganz para encarnar a un Hitler patético, herido y «humano» (precisamente por ahí vinieron ciertas críticas y polémicas, aunque la coetánea «Amén», de Costa-Gavras o la reciente «Good» demuestran que los nazis también lloran, aunque sean lágrimas de cocodrilo). Y el protagonista de «El amigo americano», que llevaba unos años de relativa calma tras intervenir en otro peliculón continental -«La eternidad y un día» (1998), de Angelopoulos-, dio todo un recital interpretativo cuyo único fallo fue competir con Eastwood, DiCaprio, Depp, Cheadle y Jamie Foxx en la carrera para el Oscar al mejor actor de 2005. ¿Que seguramente a usted le sobrarían un par de nombres para hacer hueco al suizo? Pues ya somos dos, pero Hollywood es Hollywood.
El mejor Hitler del cine.- Al menos, le queda el premio de consolación de haber sido, para gran parte de la crítica, el mejor Hitler de la historia del cine. Y estamos hablando de colegas del calibre de Chaplin en «El gran dictador», Alec Guinness en «Hitler: los últimos diez días», Anthony Hopkins en «El búnker» (en cierta manera, dos antecedentes temáticos de «El hundimiento»), Robert Carlyle en «Hitler. El reinado del mal» o, incluso, Peter Sellers en «Camas blandas, batallas duras» y Mel Brooks en «Soy o no soy».
Tampoco tuvo suerte la cinta en la candidatura de Mejor Película de Habla no Inglesa que, para alegría patria, recayó en Alejandro Amenábar y su «Mar adentro», y eso que la también potente «Los chicos del coro» competía con bandera francesa. Sin embargo, nadie puede quitarle méritos al filme de Hirschbiegel (quien, a su vez, decidió hundirse unas brazas en las procelosas aguas de los remakes del imperio americano con su insulsa «Invasión», la de Nicole Kidman poniendo cara de ostra marciana) al regar la eterna semilla del cine revisionista nazi, propiciando una nueva generación de obras tan interesantes y variopintas como «El último tren a Auschwitz», «Yo serví al rey de Inglaterra», «El libro negro», «U-900», «La ola» o, incluso, «Valkiria». Eso, y mostrar al mundo la gangrena del totalitarismo en estado puro disfrazada de anciano fantoche con bigotito ralo y galones oxidados.
No en vano la sociedad se higieniza a sí misma satanizando lo detestable como ajeno y defecto de producción. Hitler es el fantasma que preside el subconsciente de la historia de los alemanes, que sin embargo saben demasiado poco de él.
El desplome de un mito.- Ahora los alemanes han podido ver a su bestia -aprendida y odiada en las escuelas de la democracia- como un débil humano, dando por fin al absurdo un rostro real, como dijo la crítica. En este caso el del enorme actor Bruno Ganz, que dificilmente pueda ser ya otro que ese Hitler caído del mito. El director Oliver Hirschbiegel desciende al interior del búnker del mal para narrar el desplome de un mito al través de unos ojos, cuya inocencia, será necesariamente culpable: la joven secretaria personal de Hitler, mientras los soviéticos están ya en las calles circundantes y los alemanes no son capaces aún de contradecirle ni deponerlo.
Como adelantó Joachim Fest y ahora se ha visto en las pantallas, fuera de la histeria del escenario, el hijo del aduanero que quería pintar se revela vulgar, sin una sola de las características raciales que él mismo tomaba por superiores, bastardo de un tiempo turbulento, en el que además vio la desaparición de todo el orden en que creció y con él la de cuatro imperios tenidos por imperecederos.
La escuela intelectual y política alemana se ha prohibido siempre todo relativismo comparativo, el holocausto y el nazismo serían baremos irreductibles al cotejo. Stalin, Mao o Pol-Pot, los millones de muertos del socialismo y el nacionalismo quedan para otra página. Y es que el crimen más colosal fácilmente pierde terreno ante la humana gestión de la culpa. Mas entre la intocabilidad de hechos y argumentos y la popular escapada del «yo no fui, fue Hitler», que Hermann van Harten, llevó al teatro hace 25 años, la opinión pública asiste progresivamente a una ampliación del foco.
Desde su normalización a la caída del comunismo, Alemania lleva rompiendo algunos tabús sobre sí misma; una temporada abierta a la llegada al poder, hace 10 años, de los sesentayochistas y su nuevo patriotismo. Publicaciones como las de Günter Grass, Jörg Friedrich, H. A. Winkler o Götz Aly han probado a hurgar en el revés alemán del paño, por más que la reciente novela de Norman Mailer volviera a la vía de diabolizar al déspota.
Ni genio ni diablo: para historiadores como Kershaw o Fulbrook, la realmente escasa originalidad de Hitler -que copió casi todo- tal vez quede en su inigualable percepción del estado de las cosas y los medios a su disposición, así como el modo literalmente terrorífico de llevar a cabo sus ideas. Pero de la exaltación del líder heróico al mito racial, del antisemitismo al «pueblo» como comunidad, el ataque al intelecto, la subordinación del individuo, el cientifismo y la mejora de la raza, todo está ya en el pensamiento anti-racional que va del romanticismo al III Reich. Él y las gentes de su tiempo lo llevaron a cabo con una pulcritud moderna, ordenada, racional.
Miedo al extraño.- Puede que sólo en el caldo de cultivo emponzoñado de su tiempo y lugar pudo llegar a ser determinante un aspecto como la oratoria de un indocumentado rencoroso. Despojado del romanticismo que acompañaron proyectos como el suyo o el del «hombre nuevo» socialista, todas las ideas de Hitler pueden ser reducidas al miedo moderno al extraño y a una ansia de poder, que reconocía en el dominio el único modo de relación y, en la fuerza, el único argumento.
Ahora Europa asistirá a uno de los últimos juicios al nacional-socialismo: el anciano guardia de Sóbibor, John Demjanjuk, está visto para procedimiento en Múnich. Sucede en un contexto, abierto progresivamente a varios enfoques; y uno, que parecía pasado por alto, sería, que, si los alemanes son responsables del asesinato industrial de los judíos de Europa, no es secreto que contaron con una connivencia e, incluso, gran ayuda local.
Daniel J. Goldhagen publicaba hace 15 años su provocador «Los verdugos voluntarios de Hitler», mostrando la entregada participación de la gente de a pie en la cadena de montaje de la aniquilación y el expolio; el juicio a Demjanjuk, ahora, puede abrir tal vez el capítulo de «los verdugos extranjeros de Hitler».
Como desafió Zygmunt Bauman ya a todos desde los 70, en «La modernidad y el holocausto», en realidad viviría en el fondo de armario de todos, viéndolo como Arendt y Adorno una secuela maldita de todo lo que el orden ilustrado de la razón enseña como positivo. Por ello Bauman ha avisado que, la sociedad ni ha aprendido nada enajenándose del nazismo ni está libre de sus mecanismos originales.
Adaptado del ABC de España (25/05/09)
LOS ÚLTIMOS DÍAS DE LA BESTIA
Por Javier Cortuo
«La historia contemporánea no conoce una catástrofe comparable al hundimiento de 1945. Nunca, hasta entonces, se extinguieron tantas vidas, fueron destruidas tantas ciudades y asoladas tantas regiones al derrumbarse un imperio». Así empieza Joachim Fest, legendario y controvertido periodista e historiador berlinés, conocido por su exitosísima biografía «Hitler» (1973), su escalofriante relato de la decadencia de, efectivamente, un imperio tan terrorífico como pernicioso para el siglo XX: el nazi. Lo tituló «El hundimiento: Hitler y el final del Tercer Reich», y no tardó en llamar la atención del mundillo del cine en particular y de la sociedad alemana en general, siempre ávida de conocer detalles de esos quince días que, para muchos, resucitaron las ruinas de la vieja Cartago. Sobre todo a raíz de que el tirano emitiera la «orden de Nerón» el 19 de marzo de 1945, una kamikaze operación militar con la guerra ya perdida que pretendía que el enemigo se encontrase con «un desierto civilizatorio» en su conquista final. Y eso, evidentemente, conllevaba arrasar con fábricas, edificios, puentes, sistemas de canalización y todo vestigio de vida humana. Mientras, Hitler y sus acólitos permanecían en un búnker a diez metros bajo tierra con la pantomima de dirigir unos ejércitos fantasmales y desfondados.
Así, la crónica de los últimos días de la bestia fue a parar al tejado de uno de los directores que contribuyeron a levantar los cimientos del cine alemán en el siglo XXI: Oliver Hirschbiegel, que, después de un entrenamiento ladrador y algo mordedor en los 90 con la teleserie «Rex», acababa de dirigir la espléndida «El experimento» (2001). Por supuesto, el encargo no cayó en saco roto y el joven cineasta dio en el clavo con una obra de ingeniería germana redonda y casi sin fisuras que arranca en abril del 45, con las calles berlinesas en llamas mientras que en la madriguera de acero del «führer» se esconden como conejos sus íntimos Traudl Junge (Alexandra Maria Lara), su secretaria personal, o Eva Braun (Juliane Köhler), dispuesta a brindar con el monstruo hasta el último trago.
Evidentemente, el gran acierto de la película, aparte de su rigor, su valentía y sus momentos de brillante inspiración como ese breve epílogo documental, recayó en la apuesta por Bruno Ganz para encarnar a un Hitler patético, herido y «humano» (precisamente por ahí vinieron ciertas críticas y polémicas, aunque la coetánea «Amén», de Costa-Gavras o la reciente «Good» demuestran que los nazis también lloran, aunque sean lágrimas de cocodrilo). Y el protagonista de «El amigo americano», que llevaba unos años de relativa calma tras intervenir en otro peliculón continental -«La eternidad y un día» (1998), de Angelopoulos-, dio todo un recital interpretativo cuyo único fallo fue competir con Eastwood, DiCaprio, Depp, Cheadle y Jamie Foxx en la carrera para el Oscar al mejor actor de 2005. ¿Que seguramente a usted le sobrarían un par de nombres para hacer hueco al suizo? Pues ya somos dos, pero Hollywood es Hollywood.
El mejor Hitler del cine.- Al menos, le queda el premio de consolación de haber sido, para gran parte de la crítica, el mejor Hitler de la historia del cine. Y estamos hablando de colegas del calibre de Chaplin en «El gran dictador», Alec Guinness en «Hitler: los últimos diez días», Anthony Hopkins en «El búnker» (en cierta manera, dos antecedentes temáticos de «El hundimiento»), Robert Carlyle en «Hitler. El reinado del mal» o, incluso, Peter Sellers en «Camas blandas, batallas duras» y Mel Brooks en «Soy o no soy».
Tampoco tuvo suerte la cinta en la candidatura de Mejor Película de Habla no Inglesa que, para alegría patria, recayó en Alejandro Amenábar y su «Mar adentro», y eso que la también potente «Los chicos del coro» competía con bandera francesa. Sin embargo, nadie puede quitarle méritos al filme de Hirschbiegel (quien, a su vez, decidió hundirse unas brazas en las procelosas aguas de los remakes del imperio americano con su insulsa «Invasión», la de Nicole Kidman poniendo cara de ostra marciana) al regar la eterna semilla del cine revisionista nazi, propiciando una nueva generación de obras tan interesantes y variopintas como «El último tren a Auschwitz», «Yo serví al rey de Inglaterra», «El libro negro», «U-900», «La ola» o, incluso, «Valkiria». Eso, y mostrar al mundo la gangrena del totalitarismo en estado puro disfrazada de anciano fantoche con bigotito ralo y galones oxidados.

Agosto de 1972. El periodista del New York Times Robert Smith informa a su redactor jefe, Robert Phelps, que tenía información relacionada con el robo de documentos del partido demócrata de Estados Unidos en el edificio Watergate, surgida tras un almuerzo con un responsable del FBI. Pero el timing no era el mejor. Smith se disponía a abandonar el periodismo para ingresar en la facultad de Derecho de la Universidad de Harvard, y Phelps iba a emprender un viaje de un mes a Alaska. La información se guardó en un cajón y se perdió.
De esta forma, el diario The New York Times dejó escapar una de las exclusivas más célebres de todos los tiempos, y que aprovechó muy bien su competidor, The Washington Post: "el caso Watergate", que le costaría la presidencia a Richard Nixon en 1974.
Los protagonistas de esa historia, ahora ex periodistas del Times, han contado en el diario cómo tuvieron primero la exclusiva y la dejaron escapar. Smith, indica el diario, guardó durante más de tres décadas el episodio para sí mismo, hasta que supo que Phelps había decidido publicarlo en sus memorias, le llamó para comparar datos y se decidió a hacer la revelación sobre el caso que dio la celebridad a Carl Bernstein y Bob Woodward, entonces reporteros del Post. Phelps recoge el episodio en su libro de memorias, editado hace un mes y titulado God and the Editor: My search for meaning at The New York Times (Dios y el Editor: Mi búsqueda del sentido en The New York Times).
Ahora, el diario neoyorquino ha preguntado a Phelps, de 89 años, qué pasó con esas pistas y dónde están las notas que se tomaron de la filtración que a Smith le había llegado durante un almuerzo con el director en funciones de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI) Louis Patrick Gray, fallecido en 2005. Pero nadie lo sabe, según indicó Phelps, quien asume que la responsabiidad fue suya, y de esa manera "perdió la oportunidad de contar la mejor historia de toda una generación", admite el mismo diario. Con esa información, el Times indica que todo ello significa que los más altos responsables del FBI estaban filtrando información a la prensa sobre ese escándalo de espionaje político que se conoció después de que, en junio de 1972, se detuviera a unos hombres por entrar a robar a las oficinas de la Convención Nacional Demócrata, ubicadas en el famoso edificio Watergate de Washington.
En 2005 se supo que "Garganta Profunda", la misteriosa fuente que relató a Woodward y Bernstein los pormenores del caso, era Mark Felt, entonces director adjunto del FBI. Smith ha señalado ahora que Gray -a quien le unía una buena relación según su hijo, Edward Gray,- le contó los detalles de cómo estaban involucados en esa operación el fiscal general John Mitchell y Donald Segretti. "Nunca desarrollamos en historias publicables lo que Smith nos contó. Por qué no lo hicimos, es un misterio para mí... Me falla la memoria sobre lo que hicimos con la cinta", escribe en su libro Phelps, que años después dejó el New York Times por el Boston Globe.
Smith, que trabajó en el Departamento de Justicia durante años y ejerció como abogado, indicó al New York Times que se "sintió libre" para contar lo sucedido cuando supo que Phelps iba a publicar sus memorias, y ha argumentado que, incluso aunque Gray había fallecido, "no podía romper la fuente de confidencialidad" que le unía al responsable del FBI.
Adaptado de El País (25/05/09)

Ben Bradlee, ex director del Washington Post, entre los periodistas Carl Bernstein y Bob Woodward (Foto: AP)
De esta forma, el diario The New York Times dejó escapar una de las exclusivas más célebres de todos los tiempos, y que aprovechó muy bien su competidor, The Washington Post: "el caso Watergate", que le costaría la presidencia a Richard Nixon en 1974.
Los protagonistas de esa historia, ahora ex periodistas del Times, han contado en el diario cómo tuvieron primero la exclusiva y la dejaron escapar. Smith, indica el diario, guardó durante más de tres décadas el episodio para sí mismo, hasta que supo que Phelps había decidido publicarlo en sus memorias, le llamó para comparar datos y se decidió a hacer la revelación sobre el caso que dio la celebridad a Carl Bernstein y Bob Woodward, entonces reporteros del Post. Phelps recoge el episodio en su libro de memorias, editado hace un mes y titulado God and the Editor: My search for meaning at The New York Times (Dios y el Editor: Mi búsqueda del sentido en The New York Times).
Ahora, el diario neoyorquino ha preguntado a Phelps, de 89 años, qué pasó con esas pistas y dónde están las notas que se tomaron de la filtración que a Smith le había llegado durante un almuerzo con el director en funciones de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI) Louis Patrick Gray, fallecido en 2005. Pero nadie lo sabe, según indicó Phelps, quien asume que la responsabiidad fue suya, y de esa manera "perdió la oportunidad de contar la mejor historia de toda una generación", admite el mismo diario. Con esa información, el Times indica que todo ello significa que los más altos responsables del FBI estaban filtrando información a la prensa sobre ese escándalo de espionaje político que se conoció después de que, en junio de 1972, se detuviera a unos hombres por entrar a robar a las oficinas de la Convención Nacional Demócrata, ubicadas en el famoso edificio Watergate de Washington.
En 2005 se supo que "Garganta Profunda", la misteriosa fuente que relató a Woodward y Bernstein los pormenores del caso, era Mark Felt, entonces director adjunto del FBI. Smith ha señalado ahora que Gray -a quien le unía una buena relación según su hijo, Edward Gray,- le contó los detalles de cómo estaban involucados en esa operación el fiscal general John Mitchell y Donald Segretti. "Nunca desarrollamos en historias publicables lo que Smith nos contó. Por qué no lo hicimos, es un misterio para mí... Me falla la memoria sobre lo que hicimos con la cinta", escribe en su libro Phelps, que años después dejó el New York Times por el Boston Globe.
Smith, que trabajó en el Departamento de Justicia durante años y ejerció como abogado, indicó al New York Times que se "sintió libre" para contar lo sucedido cuando supo que Phelps iba a publicar sus memorias, y ha argumentado que, incluso aunque Gray había fallecido, "no podía romper la fuente de confidencialidad" que le unía al responsable del FBI.
Adaptado de El País (25/05/09)

Ben Bradlee, ex director del Washington Post, entre los periodistas Carl Bernstein y Bob Woodward (Foto: AP)
25/05/09: Nuevo libro: 'Reinas de España'
"Hubiera preferido ser monja en Estiria, que ser reina de España", dijo Margarita de Austria, esposa de Felipe III, al embajador de Alemania. María Victoria del Pozzo, consorte de Amadeo de Saboya, soberano elegido por primera vez en un Parlamento, sufrió un atentado cuando estaba embarazada.
Las vicisitudes de ser reina no siempre han sido cómo administrar los privilegios o la posesión de palacios de cristal. Sus alcobas fueron testigos de las lágrimas de mujeres que soportaron muchos sacrificios y privaciones por el bien de su nación. Las puertas de las estancias reales se abren por primera vez en las casi mil páginas del libro 'Reinas de España', editado por La Esfera de los Libros.
"Este libro pretende sacar a nuestras reinas del ámbito meramente ginecológico de otros trabajos, como simples madres de herederos, y reconocer su importancia política, su acción directa en el gobierno del país en algunos casos y la extraordinaria influencia de casi todas sobre el reinado de sus consortes, incluso en la sombra", explica María José Rubio (Madrid, 1965), autora de este volumen y de La Chata. La Infanta Isabel de Borbón y la Corona de España (2003).
El primer volumen de Reinas de España comprende los aspectos más interesantes de las españolas coronadas desde el siglo XVIII hasta la actualidad. La autora parte del reinado de la "popular" María Luisa Gabriela de Saboya, primera esposa de Felipe V, con el que "se produce en España el drástico cambio de dinastía, de los Austrias a los Borbones", para llegar hasta Sofía de Grecia (con un epílogo sobre Letizia Ortiz).
"He procurado ofrecer una visión global de la vida de cada una de ellas: su familia, su infancia, su educación, los porqués de sus matrimonios de Estado, sus problemas al acoplarse a la corte de España, sus relaciones conyugales, sus hijos, su ambición política, su influencia o las causas de su muerte. He cancelado muchas anécdotas peyorativas que se contaban de ellas, sin ningún fundamento histórico", especifica Rubio sobre su último trabajo, que considera "la obra más completa jamás publicada sobre este tema".
Mujeres con instinto y ambición.- Una de las sorpresas con las que la autora se encontró en la extensa investigación previa (a la que ha dedicado los últimos cuatro años) es la estela de tristeza que desprenden las palabras más íntimas de la mayoría. "Lo más sorprendente ha sido constatar de la mayoría de nuestras reinas y princesas -escrito de su puño y letra- la infelicidad y amargura que el rango aportó a sus vidas. Para muchas, fue una cárcel de oro vitalicia. Hay declaraciones sorprendentes", concreta.
Concebidas e instruidas para reinar, algunas desarrollaron un instinto político que las acompañó desde la cuna, un aspecto interesante que se descubre en este libro. "Hasta nuestro siglo XX, las mujeres, incluidas las princesas, recibían una somera educación y aquellas llamadas a ejercer funciones de gobernante tuvieron que suplir su falta de preparación específica con sentido común. Por ejemplo, la regente María Cristina de Habsburgo, madre de Alfonso XIII, está reconocida por historiadores como Marañón como el mejor monarca, incluidos los dos sexos, de la dinastía Borbón".
En la actualidad, las reinas han adaptado su forma de 'cargar' con la corona a los nuevos tiempos, el ejemplo, la futura Reina de España: Letizia Ortiz. "Defino a Letizia Ortiz como una princesa del siglo XXI con los mismos problemas que sus antecesoras de siglos atrás, con las cuales comparte muchos factores en común, propios del rango", concreta María José. "Su matrimonio con el príncipe de Asturias ha demostrado la fortaleza de la Corona española, que resistió bien las críticas que en su momento se le hicieron, al parecer que, con esta boda, se transgredían ancestrales normas consustanciales a la Corona".
La segunda parte de 'Reinas de España' ya está en camino. "Abarca las reinas de España desde el siglo XV al XVII, coincidiendo con la dinastía de los Austrias. Impresiona comprobar el altísimo concepto que aquellas mujeres tenían de su misión como soberanas. Y sin embargo, su faceta íntima y privada está llena de detalles sentimentales y humanos preciosos, solo accesibles a través de sus documentos personales", afirma. Detalles íntimos y secretos de alcoba contados desde el rigor y la amenidad.
Tomado del diario El Mundo (23/05/09)
Las vicisitudes de ser reina no siempre han sido cómo administrar los privilegios o la posesión de palacios de cristal. Sus alcobas fueron testigos de las lágrimas de mujeres que soportaron muchos sacrificios y privaciones por el bien de su nación. Las puertas de las estancias reales se abren por primera vez en las casi mil páginas del libro 'Reinas de España', editado por La Esfera de los Libros.
"Este libro pretende sacar a nuestras reinas del ámbito meramente ginecológico de otros trabajos, como simples madres de herederos, y reconocer su importancia política, su acción directa en el gobierno del país en algunos casos y la extraordinaria influencia de casi todas sobre el reinado de sus consortes, incluso en la sombra", explica María José Rubio (Madrid, 1965), autora de este volumen y de La Chata. La Infanta Isabel de Borbón y la Corona de España (2003).
El primer volumen de Reinas de España comprende los aspectos más interesantes de las españolas coronadas desde el siglo XVIII hasta la actualidad. La autora parte del reinado de la "popular" María Luisa Gabriela de Saboya, primera esposa de Felipe V, con el que "se produce en España el drástico cambio de dinastía, de los Austrias a los Borbones", para llegar hasta Sofía de Grecia (con un epílogo sobre Letizia Ortiz).
"He procurado ofrecer una visión global de la vida de cada una de ellas: su familia, su infancia, su educación, los porqués de sus matrimonios de Estado, sus problemas al acoplarse a la corte de España, sus relaciones conyugales, sus hijos, su ambición política, su influencia o las causas de su muerte. He cancelado muchas anécdotas peyorativas que se contaban de ellas, sin ningún fundamento histórico", especifica Rubio sobre su último trabajo, que considera "la obra más completa jamás publicada sobre este tema".
Mujeres con instinto y ambición.- Una de las sorpresas con las que la autora se encontró en la extensa investigación previa (a la que ha dedicado los últimos cuatro años) es la estela de tristeza que desprenden las palabras más íntimas de la mayoría. "Lo más sorprendente ha sido constatar de la mayoría de nuestras reinas y princesas -escrito de su puño y letra- la infelicidad y amargura que el rango aportó a sus vidas. Para muchas, fue una cárcel de oro vitalicia. Hay declaraciones sorprendentes", concreta.
Concebidas e instruidas para reinar, algunas desarrollaron un instinto político que las acompañó desde la cuna, un aspecto interesante que se descubre en este libro. "Hasta nuestro siglo XX, las mujeres, incluidas las princesas, recibían una somera educación y aquellas llamadas a ejercer funciones de gobernante tuvieron que suplir su falta de preparación específica con sentido común. Por ejemplo, la regente María Cristina de Habsburgo, madre de Alfonso XIII, está reconocida por historiadores como Marañón como el mejor monarca, incluidos los dos sexos, de la dinastía Borbón".
En la actualidad, las reinas han adaptado su forma de 'cargar' con la corona a los nuevos tiempos, el ejemplo, la futura Reina de España: Letizia Ortiz. "Defino a Letizia Ortiz como una princesa del siglo XXI con los mismos problemas que sus antecesoras de siglos atrás, con las cuales comparte muchos factores en común, propios del rango", concreta María José. "Su matrimonio con el príncipe de Asturias ha demostrado la fortaleza de la Corona española, que resistió bien las críticas que en su momento se le hicieron, al parecer que, con esta boda, se transgredían ancestrales normas consustanciales a la Corona".
La segunda parte de 'Reinas de España' ya está en camino. "Abarca las reinas de España desde el siglo XV al XVII, coincidiendo con la dinastía de los Austrias. Impresiona comprobar el altísimo concepto que aquellas mujeres tenían de su misión como soberanas. Y sin embargo, su faceta íntima y privada está llena de detalles sentimentales y humanos preciosos, solo accesibles a través de sus documentos personales", afirma. Detalles íntimos y secretos de alcoba contados desde el rigor y la amenidad.
Tomado del diario El Mundo (23/05/09)

Con la conquista española de los Andes y la caída del Tahuantinsuyo, se inició una serie de transformaciones que llevó a la conformación del Perú moderno. El reemplazo del Estado Inca por la administración virreinal solo fue el cambio más superficial, aunque de indudables repercusiones políticas al establecerse un sistema centralista y autoritario. Lo importante fueron los cambios demográficos, la mezcla racial y el nuevo orden de la sociedad bajo criterios de raza y estamento; en el ámbito económico la introducción de una economía de mercado, el uso de la moneda y una nueva concepción de la riqueza y la pobreza; a nivel ideológico se desmoronaron muchas formas de pensamiento andinas que fueron reemplazados por una visión occidental del mundo y donde jugó un papel decisivo la evangelización impulsada por la Iglesia Católica. En suma, el territorio que hoy ocupa el Perú y sus habitantes ingresaron a la historia de Occidente o a la Historia Universal.
En un principio, entre 1532 y 1541, el Perú fue la Gobernación de Nueva Castilla, presidida por Francisco Pizarro gracias a la Capitulación de Toledo (1529). Se trató de una época turbulenta por los mismos efectos de la invasión; la Corona tenía escasa presencia y el poder, de hecho, lo ejercían los encomenderos. Con las leyes Nuevas de 1542 se creó el Virreinato del Perú y se estableció formalmente la administración que, con algunas reformas, tuvo vigencia hasta los tiempos de la Independencia en 1821 o 1824. Fueron casi 300 años de dominio español, que contrastan con los 180 de nuestra historia independiente. El Perú fue conquistado cuando España era la dueña de Europa bajo la batuta de Carlos V. Hacia 1820 la realidad de la Península era muy distinta; ahora España era una potencia de tercer orden y se encontraba bajo el reinado de Fernando VII. Los Habsburgo la gobernaron en los siglos XVI y XVII, dos siglos marcados por la grandeza y el declive. Los Borbones llegaron en el XVIII y sus reformas no pudieron reanimar el antiguo poderío español.
A lo largo de estos tres siglos el Perú presenta tres etapas bien definidas. La primera, entre 1530 y 1560, es la de la invasión y el saqueo de los tesoros incaicos; el territorio se abría a Occidente como un espacio promisorio para la explotación de metales preciosos. El “apogeo” se inició con el descubrimiento de las minas de plata de Potosí (hoy Bolivia); el territorio del Virreinato, además, abarcaba desde Panamá hasta la Tierra del Fuego (con excepción de Brasil, colonia portuguesa). Lima era el centro político, económico y cultural de ese vasto espacio. Su élite, gracias al monopolio comercial, era la primera de Sudamérica. Un funcionario que venía al Perú consideraba el hecho como un “ascenso”. Los criollos, por su lado, ocupaban cargos expectantes en la administración y en los negocios. Este “apogeo” duró todo el siglo XVII y entró en decadencia a mediados del siglo XVIII con las reformas borbónicas. Ellas le amputaron su inmenso territorio, abolieron el monopolio que beneficiaba a su élite comercial, desplazaron a los criollos de los cargos públicos e incrementaron la presión fiscal. Esto ocasionó gran descontento que llegó hasta la abierta rebelión. Por último, abrieron un camino poco adecuado a la futura independencia.
LA INVASIÓN ESPAÑOLA.- Hacia la década de 1520, Francisco Pizarro y sus socios, Diego de Almagro y Hernando de Luque, planearon expediciones al sur de Panamá. Luego de dos viajes detectaron el Tahuantinsuyo y lo reconocieron como un espacio con una población más numerosa, mejor organizada y con evidentes signos de riqueza. En 1529 Pizarro viajó a España y firmó con la Corona la Capitulación de Toledo que formalizó las condiciones de la conquista. En el tercer y definitivo viaje, Pizarro, con poco más de un centenar de soldados españoles, ocupó Cajamarca y capturó al inca Atahualpa (noviembre de 1532). Allí se repartió el producto del primer saqueo de los tesoros, básicamente en oro. El 26 de julio de 1533 Atahualpa fue ajusticiado en Cajamarca y allí terminó el primer momento de la invasión.
Con la llegada de refuerzos provenientes de Panamá la hueste creció y Pizarro pudo avanzar hasta el Cuzco, donde se repartió el segundo gran botín, y ocupar otras zonas. Un hecho paralelo fue la fundación de las primeras ciudades: Piura, Cuzco, Jauja y, en 1535, Los Reyes (Lima), que sería después la capital virreinal. Luego vinieron Trujillo, Chachapoyas, Huamanga, Huánuco y Arequipa. Otro hecho paralelo fue el reparto de la población nativa entre los españoles “encomenderos”. Cada encomienda tenía un número de indios y su titular disponía de su trabajo (servicio personal) y cobraba un tributo de ellos; a cambio los indios recibían “protección” y evangelización. De esta manera las ciudades tenían encomenderos como “vecinos” y este grupo se convirtió en la primera élite del Perú colonial. Gozaron de gran poder económico y político y controlaron instituciones claves como los cabildos.
La crisis de los encomenderos se inició cuando la Corona planeó limitar sus privilegios a través de las Leyes Nuevas (1542). En ellas se prohibía el servicio personal y la condición hereditaria de las encomiendas. La rebelión no tardó en estallar. Ya antes se había desatado la violencia cuando las huestes pizarristas y almagristas se disputaron la posesión del Cuzco. Los partidarios de Almagro asesinaron a Pizarro en 1541 luego de que los hermanos Pizarro vencieron y ejecutaron a Diego de Almagro en la primera guerra civil. La rebelión de los encomenderos se desató con la llegada del primer virrey, Blasco Núñez Vela, en 1544. El caudillo fue Gonzalo Pizarro quien en la batalla de Iñaquito logró ejecutar al propio virrey. Ante el caos, la Corona envió al clérigo Pedro de La Gasca a pacificar el Perú. Gonzalo Pizarro se negó a capitular y fue vencido en Jaquijahuana (1548). Derrotados los encomenderos La Gasca, como presidente de la Audiencia de Lima, pudo dar comienzo a la organización del virreinato.
El rápido derrumbe del Tahuantinsuyo no puede explicarse por la superioridad de las armas de los españoles o porque la población andina se confundió inicialmente al ver a estos nuevos hombres como dioses. Los españoles pudieron aprovechar dos circunstancias claves. En primer lugar la crisis política derivada de la pugna por el poder entre las élites cuzqueña y quiteña: la guerra entre Huáscar y Atahualpa. En segundo lugar, los invasores contaron con el apoyo de numerosos grupos étnicos que no aceptaban el dominio incaico; el “colaboracionismo” de amplios sectores de la población (huancas y chancas) contribuyó notablemente en el “éxito” de las huestes españolas.
Todos estos acontecimientos fueron narrados por los cronistas. Luego de darnos unas versiones deficientes o confusas, terminaron esbozando una imagen distorsionada del Tahuantinsuyo al tratar de comprenderlo bajo sus categorías mentales. Casi todos justificaron la conquista y los actos que siguieron afirmando que Atahualpa era ilegítimo y tirano, dando la imagen de una guerra justa. Luego los cronistas extendieron la ilegitimidad a todos los incas, que resultaron tiranos y usurpadores, una versión que llegó hasta el siglo XVII con la obra del cronista indio Felipe Guamán Poma de Ayala. Un caso aparte fue la obra del inca Garcilaso de la Vega donde se configuró una versión idílica y romántica del Tahuantinsuyo. Fieles a su tradición occidental y cristiana, los cronistas compararon al País de los Incas con el Imperio Romano y vieron en la guerra con los indios la continuación de la que mantuvieron con los árabes (La Reconquista), es decir, contra los infieles.
LOS CAMBIOS EN LA SOCIEDAD ANDINA.- Para la población andina los invasores eran seres extraños por su apariencia física y tenían poderes similares a los del rayo y el trueno con sus armas de fuego. Venían, además, acompañados de un animal desconocido, el caballo, y hablaban en una lengua diferente. Por ello al principio fueron vistos como dioses. Al final, la conquista significó para los indios un cambio en el orden del mundo. Los españoles dieron muerte a los Incas, soberanos de origen divino, y tomaron el Cuzco, centro sagrado del Tahuantinsuyo. También saquearon sus templos robando los objetos de culto. En este sentido, la conquista fue percibida como la victoria del dios cristiano dentro de una concepción cíclica del tiempo.
Pero la conquista trajo otros cambios. El más dramático, quizás, fue el colapso demográfico. La población andina disminuyó en un 80% debido, básicamente, a los virus traídos por los españoles que se transformaron en epidemias. Enfermedades como la gripe, el tifus, la peste o el sarampión, inéditas en los Andes, hicieron estragos entre los indios. Las plantas y los animales traídos desde Europa también contagiaron sus virus a los recursos nativos alterando la dieta de los indios. A los virus se sumaron las muertes por la misma guerra de conquista, los trabajos forzados (la mita) y el “desgano vital”. En este sentido aumentaron los suicidios colectivos, abortos e infanticidios pues los indios perdieron las ganas de vivir debido a la caída de su mundo.
Sistemas tradicionales como el ayllu y el control de pisos ecológicos se vieron seriamente afectados e incluso desaparecieron. A medida que el gobierno virreinal establecía las reducciones en la sierra, a la gente se le desarraigaba de sus pacarinas, se rompía la unidad del ayllu y sus formas de trabajo comunal, y se afectó el acceso a recursos en los distintos pisos ecológicos. También desapareció la figura del Inca y la redistribución estatal, la mita fue desvirtuada en provecho de la economía española y el culto cristiano se impuso sobre las huacas y los dioses nativos. La evangelización trató sistemáticamente de satanizar el culto prehispánico.
Luego de muchas discusiones sobre la condición humana de los indios y si debían ser esclavizados o no (polémica entre Bartolomé de las Casas y Ginés de Sepúlveda, por ejemplo), fueron considerados legalmente vasallos libres del Rey de España en condición de menores de edad. Quedaron bajo la protección de la Corona y por ello debieron pagar un tributo. Asimismo quedaron bajo la autoridad de sus curacas (llamados “caciques” por los españoles), los únicos que conservaron sus cargos tras la conquista. Ellos fueron los intermediarios entre las autoridades coloniales y los indios. Continuaron con sus obligaciones ancestrales frente a sus subordinados y asumieron otras como defenderlos y conseguir dinero, a través de sus negocios particulares, para cumplir con el pago del tributo. De esta manera la mayoría de los curacas conservaron su liderazgo y legitimidad frente a sus indios hasta que sus cargos fueron abolidos luego de la rebelión de Túpac Amaru II.
Los españoles introdujeron lentamente la economía de mercado en los Andes. Apareció la moneda, las nuevas ciudades se poblaron de mercaderes y los caminos de transportistas de mercancías o “arrieros”. Los indios, especialmente los curacas, tuvieron que aprender a ser comerciantes y algunos empezaron a formar una suerte de burguesía nativa, muy occidentalizada que terminó arruinada por las reformas del siglo XVIII. De otro lado se modificó la justicia. Antes los conflictos se solucionaban al interior del ayllu con la mediación del curaca. Ahora se administraba fuera del grupo de parentesco y estaba a cargo de un juez que la dictaba en base a una ley escrita, también ajena al ayllu. Los indios tuvieron que entablar una infinidad de pleitos judiciales para defender sus derechos.
Finalmente habría que añadir que con la conquista se introdujeron nuevas plantas y animales que cambiaron el paisaje andino. También muchos elementos de la tecnología occidental (rueda, vidrio, hierro, arado a tracción animal y nuevos métodos arquitectónicos, por ejemplo). Los indios, sin embargo, nunca abandonaron totalmente su antigua tecnología (andenes, chaquitaclla), sus cultivos tradicionales (tubérculos, maíz), el pastoreo de auquénidos o sus formas de trabajo colectivo (ayni o minca).
EL ESTADO VIRREINAL.- En un inicio el Perú (Nueva Castilla) fue una Gobernación, encabezada por Pizarro, y se organizó internamente bajo el poder local de los encomenderos. Con la aplicación de las Leyes Nuevas se creó el Virreinato del Perú y su territorio estuvo gobernado por un funcionario que representaba al Rey: el Virrey. Esto dio inicio a la burocracia virreinal que tenía por objetivo terminar con los apetitos señoriales de los encomenderos. En Lima se instaló la Real Audiencia e internamente el territorio se dividió en jurisdicciones denominadas corregimientos. El sistema funcionó hasta la década de 1570 cuando el virrey Toledo modificó las pautas de la administración.
Luego de realizar la primera Visita General que conoció el Perú, Toledo modificó el tributo indígena y organizó el sistema de la mita para abastecer de mano de obra a los centros mineros. También culminó el establecimiento de “reducciones” o pueblos de indios. Se trató de un sistema que tenía como fin controlar a la población nativa para cobrarle el tributo, enviarla a las mitas y evangelizarla. De esta manera quedó seriamente afectado el sistema de control de pisos ecológicos y se rompió la unidad de los ayllu cuyos miembros pasaron a vivir en distintos pueblos. Su gobierno, finalmente, ejecutó a Túpac Amaru I, último representante de la élite cuzqueña rebelde de Vilcabamba. En síntesis, si bien las reformas toledanas alentaron el auge minero y fortalecieron la burocracia colonial, afectaron profundamente los patrones económicos y sociales de la población andina.
El orden diseñado por Toledo entró en crisis en el siglo XVII cuando los indios burlaron el sistema de reducciones: aumentó el número de indios “forasteros” y disminuyó el ingreso del tributo. Esto se agravó cuando a partir de 1640 la producción minera de Potosí entró en “crisis”. La administración tardó en reaccionar. En la década de 1680 el virrey Duque de la Palata realizó otra Visita General. En ella no sólo se amplió el cobro del tributo a los forasteros, sino también a los mestizos y negros libres. Como es lógico, no tardó en crecer el malestar en la población.
Como vemos el mundo virreinal no fue tan estático, es decir, la administración nunca funcionó a la perfección. La población siempre creó mecanismos para burlar la presión, sobre todo fiscal, que ejercía el gobierno. Los indios trataron de evadir sus obligaciones con el tributo y la mita; los mestizos nunca quisieron pagar el tributo; los mineros “escondían” la producción real de la plata. Por ello hasta qué punto podríamos hablar de una “crisis” en el siglo XVII, como tantas veces se ha planteado. Lo cierto es que a la administración de los Austrias siempre le faltó la suficiente rapidez para corregir los errores. Ello explica el ímpetu de los borbones en el siglo XVIII por reformar el sistema de gobierno en América.
La administración virreinal reposó sobre tres instituciones fundamentales:
El Virrey.- Fue el representante del rey y tenía todos los poderes. Era el responsable de la administración de gobierno, de los fondos de los tesoros públicos, de la defensa del territorio y de los asuntos espirituales o religiosos. Era también el presidente de la Audiencia lo que le daba la suprema autoridad en temas judiciales. Generalmente los virreyes venían por períodos de cinco años y podían ser ratificados por más tiempo. Entre 1544 y 1824 el Perú fue gobernado por 40 virreyes.
La Audiencia.- Tenía su sede en Lima y al estar presidida por el Virrey se denominaba Real Audiencia. De ella dependieron, durante los siglos XVI y XVII, las audiencias de Panamá, Santa Fe, Quito, Charcas, Buenos Aires y Santiago. Era el máximo tribunal de justicia, legislaba con el Virrey y gobernaba en ausencia de éste. Sus miembros fueron los oidores.
Los corregimientos.- El virreinato estuvo dividido en 78 provincias o corregimientos. Estaban bajo la autoridad del corregidor, funcionario que representaba al Virrey en el ámbito local. Velaban por la buena administración de su jurisdicción y eran autoridades judiciales en primera instancia. Cobraban el tributo y enviaban a los indios a la mita. Muchos de ellos terminaron explotando a los indios al obligarlos a comprar mercaderías a precios muy altos a través del “reparto”. En 1784 fueron reemplazados por las intendencias.
LA VIDA ECONÓMICA.- A partir del siglo XVI el Perú empezó a formar parte del mercado mundial exportando los tesoros incaicos saqueados por los conquistadores. También se abrieron vínculos comerciales con España y México. Las exportaciones consistían en productos provenientes del tributo en especies (textiles) y creció la importación de artículos europeos. En un primer momento fueron los encomenderos y algunos funcionarios los que se beneficiaron de este tráfico comercial.
En 1545 se descubrieron las minas de plata de Potosí y el Perú se convirtió en uno de los más grandes exportadores de este metal en el mundo. También se abrieron otros yacimientos mineros y el comercio se generalizó en torno a las ciudades fundadas por mineros y funcionarios. De esta forma se configuraron varios circuitos comerciales siendo el más importante el área cuyas rutas convergieron en el centro minero de Potosí: Arequipa-Cuzco-Puno-Charcas-Potosí. Durante tres siglos se configuró el espacio “sur andino” que movilizó grandes recursos y sustentó la economía de la población de esta región.
En 1563 se descubrieron las minas de mercurio (azogue) de Huancavelica y el método de purificación de la plata fue sustituido por el de la amalgama. Esto favoreció el crecimiento de la producción a lo que habría que añadir el establecimiento de la mita, un sistema de trabajo obligatorio y por turnos en el que los indios acudían a trabajar a las minas. El apogeo minero de Potosí duró hasta mediados del XVII, época en que se fueron agotando las vetas de Potosí y se terminó el azoque de Huancavelica; la mano de obra también escaseó a medida que los indios intentaban burlar la mita. Afortunadamente para la Corona en el XVIII se descubrieron nuevos yacimientos de plata en Cerro de Pasco y Hualgayoc (Cajamarca). La producción se recuperó aunque nunca alcanzó los niveles de los mejores tiempos del Cerro Rico de Potosí.
Si bien la minería fue la actividad clave de la economía virreinal, el comercio debía ser también impulsado para generar ingresos a las Caja Real. Hasta el XVIII funcionó el monopolio comercial que benefició al gremio de comerciantes de Lima (Tribunal del Consulado). El Callao era el único puerto que podía recibir las mercancías traídas por los galeones desde España y de Lima ser repartían a todo el territorio virreinal. Esto consolidó el poder político y económico de la élite de la Ciudad de los Reyes. El apogeo llegó a su fin en 1778 cuando los borbones permitieron el libre comercio y se abrieron más puertos en América para comerciar con la Península. Esto marcó la decadencia del Callao y el auge de nuevos puertos como Buenos Aires.
Otros centros de producción fueron los obrajes donde laboraban los indios mitayos. La Corona trató en vano de frenar su expansión, pero debido al deficiente abastecimiento derivado del monopolio su producción cubrió la demanda del mercado local. Con el auge comercial en el siglo XVIII, debido a las reformas borbónicas, se inició la decadencia de la producción obrajera.
La agricultura presentó contrastes según las regiones. En las haciendas de la costa se cultivaron la caña de azúcar, el algodón, la vid y el olivo; la mano de obra era básicamente esclava. En la sierra los cultivos fueron más diversificados: trigo, tubérculos y panllevar; además tenemos la presencia de haciendas ganaderas (auquénidos y ovinos). La mano de obra también varió: mita agrícola, indios yanaconas y peones libres.
Los ingresos de la Corona provenían de una serie de impuestos siendo los principales el quinto real (20% de la producción minera al año); el tributo indígena (todos los indios entre 18 y 50 años debían pagar este impuesto en dinero); y la alcabala (gravó la compra y venta de bienes y varió del 2% al 6%). Otras contribuciones fueron el almojarifazgo (impuesto aduanero), las averías (al comercio marítimo) y las anatas (venta de cargos públicos). También había impuestos especiales al consumo de tabaco, bebidas alcohólicas o naipes. Cabe destacar que la Iglesia gozó de gran poder económico al no estar sujeta a ninguna contribución y beneficiarse de impuestos (diezmos y primicias) y muchas donaciones. Finalmente, en 1565 se creó en Lima la Real Casa de Moneda; el principal signo monetario fue el peso (dividido en 8 reales).
LA VIDA SOCIAL.- La sociedad virreinal estuvo dividida teóricamente en dos repúblicas paralelas y complementarias: españoles e indios debían estar separados con sus propias leyes, autoridades, derechos y obligaciones. La división era también espacial: los españoles debían vivir en ciudades y los indios en sus pueblos o “reducciones”. Pero esta división, aparentemente tan rígida, fue desvaneciéndose poco a poco con la aparición de los mestizos y de otras mezclas raciales (castas). De este modo, junto al criterio estamental (linaje) coexistieron otros como nivel de fortuna, formación cultural o color de piel. Un mismo personaje podía estar emplazado de una u otra manera según el criterio que se adoptase: podía ocupar determinado lugar por su casta (color de piel) y otro por sus ingresos.
En este orden jerárquico estaban, a la cabeza, los españoles. Ellos podían ser peninsulares (“chapetones”) o sus descendientes nacidos en América, los criollos. En este grupo estaban los nobles, la alta burocracia, los hacendados, los mineros, los curas, los intelectuales y los grandes comerciantes. Eran la élite de la sociedad virreinal y vivían en las ciudades. Sin embargo su condición de blancos no les garantizaba un lugar dentro de la aristocracia. Un blanco pobre (artesano, pequeño comerciante o chacarero) era considerado plebeyo. A partir del siglo XVII los criollos se adueñaron del virreinato copando los cargos públicos y las actividades económicas más lucrativas. Las reformas borbónicas del XVIII revirtieron esta situación causando gran malestar entre ellos al tratar la Corona de centralizar el poder en manos de peninsulares recién llegados.
La “república de indios” quedó dividida en los indios nobles (descendientes de la nobleza inca y los curacas) y los indios del común. Los primeros se educaban en los colegios de curacas (“El Príncipe” en Lima y “San Francisco de Borja” en el Cuzco) y estaban exonerados de ir a la mita y de pagar tributo. Eran los intermediarios entre el mundo español y el andino. En el siglo XVIII lideraron las rebeliones indígenas y sus cargos quedaron abolidos luego la ejecución de Túpac Amaru II. Los indios del común debían vivir en sus “reducciones”, acudir a la mita y tributar. Eran la mayoría de la población y quedaron básicamente ligados al mundo rural.
En un nivel intermedio quedaron las castas, producto de la mezcla de españoles, indios y negros. En esta mixtura racial estaban los mestizos (hijos de español e indio), zambos (cruce del negro con el indio) y mulatos (surgido del español y del negro). Las clasificaciones terminaron siendo muy complicadas cuando se fueron incrementando los tipos de cruce. Los mestizos nacieron con la conquista, se vieron desubicados y pasaron a cumplir papeles menores. Se les tachó de ilegítimos o peligrosos, y muchos terminaron sus vidas entre gente de mal vivir. Con respecto a los indios gozaron de estar exonerados de mitar y tributar, sin embargo, no podían acceder a cargos públicos importantes y su educación era elemental. Esta situación ambigua se debió a que el sistema de “repúblicas” no contempló legislación sobre su status.
Según la ideología virreinal los negros no debieron ser considerados dentro del orden social pues era vistos como objetos o mercancías. Sin embargo la sociedad supo desarrollar una gran sensibilidad hacia ellos y mucha gente los consideró perfectamente humanos, aunque nacidos para servir. La gran mayoría de negros vivió en la costa desempeñando múltiples labores que iban desde el laboreo en las plantaciones hasta el trabajo doméstico en alguna casa limeña. En este sentido la suerte del esclavo era variada. Si trabajaba en la ciudad, mantenía cierto trato con sus dueños que, si eran comprensivos, podían otorgarles la libertad; si era destinado a una hacienda estaba a merced de los excesos del capataz y no podía juntar dinero para obtener su libertad. El bozal era el negro recién llegado del África y no sabía el español; el ladino era el acriollado nacido en América; el manumiso era el negro que había obtenido legalmente su libertad; y el cimarrón era el esclavo fugitivo que vivía con otros de su condición en los palenques.
LA VIDA RELIGIOSA.- La evangelización de los indios se dio desde el mismo momento de la conquista. Al principio fue obra casi exclusiva de frailes dominicos y franciscanos quienes, desde conventos rurales, predicaron muy influidos por ideas mesiánicas surgidas en la mentalidad popular europea. Ello explica la idea del retorno del Inca en la mitología andina surgida en la colonia.
La política evangelizadora cambió cuando la Iglesia introdujo las ideas del Concilio de Trento. Ahora la empresa estaba en manos de parroquias dependientes del obispo. La llegada del arzobispo de Lima, Toribio de Mogrovejo, y de los jesuitas, fue clave en este sentido. El Tercer Concilio Limense (1783) mandó quemar los catecismos bilingües que los frailes habían elaborado y los reemplazó con la Doctrina Cristiana, primer libro impreso en Virreinato. Elaborada por el padre jesuita José de Acosta, estuvo escrita en español, quechua y aymara; de esta manera se demostraba el carácter multiligüista de la evangelización andina. A finales del XVI estaban formalmente bautizados casi todos los indios.
En el XVII, tras una denuncia formulada desde Huarochirí de que los indios mantenían culto a sus dioses tradicionales (1607), el Arzobispado inició varias campañas de extirpación de idolatrías. La idea era destruir cualquier rezago de la religión andina: huacas o ídolos. De todos modos, la aceptación del catolicismo por parte de los indios nunca implicó la total renuncia a sus creencias ancestrales: hoy en día pueden verse en muchas lugares ritos a la pachamama y a los apus.
A nivel urbano el catolicismo tuvo rasgos particulares. Habría que mencionar al Tribunal de la Inquisición, instalado en Lima en 1570, que terminó siendo un eficiente agente del poder monárquico. Mediante la censura fue el encargado de reprimir cualquier controversia doctrinal y perseguir toda literatura “peligrosa” para la fe y el orden político. El Tribunal fue suprimido por las Cortes de Cádiz en 1812 pero, al restaurarse el absolutismo con Fernando VII, siguió funcionando en Lima hasta 1820.
Una circunstancia notable fue el surgimiento, entre fines del XVI y comienzos del XVII, de algunos personajes virtuosos que terminaron elevados a los altares. Ese fue el caso de los españoles santo Toribio de Mogrovejo, Arzobispo de Lima, san Juan Masías y san Francisco Solano; y de los peruanos San Martín de Porres e Isabel Flores de Oliva, conocida como santa Rosa de Lima. Todos vivieron en Lima.
Respecto a las fiestas religiosas, las más concurridas fueron Navidad y Semana Santa. También fue muy difundido el culto al Corpus Christi y que hoy goza de tanta popularidad en Cuzco y Cajamarca. Por ello, a diferencia de otras regiones de América, en el Perú los cultos populares más difundidos están dedicados a Cristo. Entre todos los “cristos” coloniales destaca, sin duda, el Señor de los Milagros que, desde hace más de tres siglos, recorre en procesión las calles de Lima. Hoy es la procesión católica más grande del mundo; incluso los peruanos emigrados recrean la procesión en las calles de Chicago, Nueva York o Santiago de Chile. Junto al Cristo moreno, pintado por un esclavo negro, tenemos al Señor Cautivo de Ayabaca (Piura), al Señor del Mar (Callao), al Señor de los Temblores (Cuzco), al Señor de Muruhuay (Tarma) y al Señor de Luren (Ica), entre muchos más.
También se multiplicaron las cofradías y las hermandades. Fueron agrupaciones de fieles de toda condición racial y de ocupación congregadas en torno a una imagen de Cristo, una advocación a la Virgen o un santo. Su función era la veneración y culto del patrono común, la ayuda mutua entre sus miembros y la salida en procesión durante la festividades. Dependieron de las iglesias o monasterios en los que se hallaban las imágenes de su devoción.
Las muestras de piedad femenina más importante se dieron en la vida conventual. Allí aparecieron las beatas y las mujeres que llevaban una vida apartada en forma individual o comunitaria. Los monasterios femeninos se diseñaron como ciudades dentro de la ciudad virreinal. Cada uno tenía su propio gobierno que recaía sobre la priora o abadesa. Entre los más importantes tenemos La Encarnación (Lima), Santa Clara (Cuzco) y Santa Catalina (Arequipa).
LA VIDA CULTURAL Y ARTÍSTICA.- La educación estuvo bajo el control del clero y abarcó tres fases: primeras letras, estudios menores y estudios mayores. No existieron límites claros para el paso de un nivel a otro y todo dependió de los recursos, la inteligencia y esfuerzo de los alumnos. Los estudiantes, blancos y en algunos casos mestizos, iniciaban su formación con las primeras letras, los rudimentos en números y el catecismo para llegar, a los 7 u 8 años, a los estudios menores en los que se aprendía retórica, música, humanidades y latín. Los hijos de indios nobles y curacas recibían una formación intermedia entre las primeras letras y los estudios menores. Se les impartía conocimientos en lectura, escritura, cálculo, canto, catecismo y algo de derecho natural.
La educación superior se impartió en los colegios mayores donde había cursos de filosofía, artes, leyes o medicina. Los más reputados estuvieron en las ciudades de Lima y Cuzco. En la primera los más destacados fueron los de San Felipe, San Martín y el seminario de Santo Toribio para la formación de presbíteros; en la segunda el San Antonio Abad y el San Bernardo. Tras la expulsión de los jesuitas (1767) se fundó en Lima el Real Convictorio de San Carlos. Los estudios universitarios no estaban destinados únicamente a la formación de abogados, médico o teólogos; también cultivaban la formación humanística. La principal universidad era la Mayor de San Marcos en Lima (1551) y, durante el siglo XVII, se fundaron otras en el Cuzco, Quito, Chuquisaca y Huamanga.
El desarrollo artístico contempló todos los niveles. La pintura limeña asimiló las técnicas renacentistas con la llegada en el siglo XVI de artistas italianos (Bitti, Medoro y Pérez D’Alesio). Pero esta tendencia limeña por la imitación tuvo su contraste con un pintura más libre y auténtica en las ciudades del interior. Quito y Cuzco fueron los centros de una escuela pictórica mestiza, pues asimilaron las técnicas europeas con motivos andinos; la pintura paisajista, los arcángeles arcabuceros, los retratos de la Virgen y las distintas versiones de Cristo son claros ejemplos. En el Cuzco, las obras de Diego Quispe Tito son las más reconocidas.
La escultura se desarrolló básicamente en la talla de madera para decorar los templos: altares, púlpitos y sillerías de coro. Caso aparte fue la proliferación de retablos o altares portátiles. En Huamanga destacó la escultura en piedra de alabastro y en Arequipa las obras en piedra volcánica (sillar). Los escultores más célebres fueron el mestizo Baltasar Gavilán, autor de La Muerte, y el español Pedro Noguera, quien talló la sillería del coro de la Catedral de Lima.
La arquitectura, que en el siglo XVI fue renacentista y mudéjar (influencia arabesca), se consolidó en barroca durante el XVII y el XVIII. El “churrigueresco” o barroco español quedó plasmado en las portadas de casi todas las iglesias. Los ejemplos más notables son los templos de San Agustín y La Merced (Lima) y el de La Compañía (Cuzco). El rococó, de influencia francesa, asomó en la segunda mitad del XVIII y se demuestra en el Paseo de Aguas, la Plaza de Acho, el Palacio de Torre Tagle, la Alameda de los Descalzos y la Quinta de Presa en Lima. Finalmente en primeros años del XIX apareció el neoclásico. Las torres del campanario y el altar mayor de la Catedral de Lima y el Cementerio General de Lima, ambos del presbítero Matías Maestro, son los ejemplos más sobresalientes.
La literatura, fiel imitadora de los estilos europeos, tuvo al erudito Pedro Peralta y Barnuevo, Juan Espinoza Medrano y Juan del Valle y Caviedes sus máximos exponentes. En música destacó la ópera “La púrpura de la rosa”, obra del maestro Tomás Torrejón de Velasco. El teatro tuvo especial importancia en la representación de autos sacramentales, obras de fondo religioso y moralizador.
La imprenta fue traída por el italiano Antonio Ricardo; en 1584 editó la Doctrina Christiana y Catecismo, primer libro impreso en el Perú y en América del Sur. De otro lado, el primer periódico que se publicó fue la Gazeta de Lima (1743), sin embargo, el que alcanzó mayor notoriedad y celebridad fue el Mercurio Peruano, publicado entre 1791 y 1795 por la Sociedad de Amantes del País.
EL SIGLO XVIII: REFORMAS BORBÓNICAS Y REBELIONES INDÍGENAS.- Durante este siglo la Corona española, ahora bajo el reinado de los borbones, introdujo una serie de cambios para restaurar la autoridad del Estado, disminuir el poder de la aristocracia, devolverle a España su poderío militar en Europa y recuperar el dominio en sus colonias americanas. Era un plan ambicioso que requería, en primer lugar, aumentar los recursos. Las reformas cobraron gran auge bajo el gobierno de Carlos III, el máximo exponente del despotismo ilustrado español. En el proceso España logró aumentar notablemente sus ingresos, pero perdió un Imperio. A la presión tributaria se sumó el desplazamiento de los criollos de la administración pública en beneficio de los peninsulares. El camino estaba allanado para pensar en la independencia.
Las reformas atacaron, en primer lugar, a la administración pública. Se crearon nuevos virreinatos (Nueva Granada y Río de la Plata), se reorganizó la defensa militar (establecimiento de las capitanías de Venezuela y Chile) y se implantaron las intendencias que reemplazarían a los corruptos corregimientos. Luego, en el plano religioso, se expulsó del Imperio a los jesuitas y el Estado asumió el control de la educación. Finalmente, el problema económico fue el que despertó mayor interés. Era prioritario elevar los impuestos y ampliar la base tributaria; también se debía estimular la producción minera para aumentar el flujo de metales hacia España, controlar el contrabando y estimular el libre comercio entre la Península y América.
La aplicación de las reformas en América fue a través de visitas generales. Al Perú fue enviado el “visitador” José Antonio de Areche. Rápidamente atacó el problema fiscal y elevó la alcabala a un 6%. Estableció las aduanas interiores para elevar la recaudación y tuvo que hacer frente al descontento de casi toda la población, especialmente cuando se rebeló en 1780 el curaca Túpac Amaru II, descendiente de los incas.
Las rebeliones indígenas del siglo XVIII, que pasaron de un centenar en el territorio del virreinato, tuvieron como marco la recuperación de la cultura andina, especialmente el mesianismo en la mentalidad popular: el retorno del inca generaría un futuro mejor. Esta idea se vio claramente en el levantamiento de Juan Santos Atahualpa en la selva central (1742), quien sublevó a los indios campas contra las misiones franciscanas de la zona.
El movimiento de Túpac Amaru II, que contó con el apoyo de muchos curacas como los hermanos Catari, fue más complejo. No solo porque movilizó una cantidad mucho mayor de indios, sino porque incluyó en su programa de reivindicaciones a población no andina: criollos, mestizos y negros. Su base social fue más amplia porque la rebelión coincidió con el descontento general ante las medidas borbónicas. Los impuestos se elevaban y el comercio con el mercado de Potosí se vio afectado al crearse el virreinato de Río de la Plata (1776), que incluía al famoso centro minero. Por ello el territorio de la rebelión fue más amplio: abarcó todo el sur andino y el Alto Perú.
Túpac Amaru se rebeló contra el mal gobierno pero no necesariamente contra el Rey. Al final fue ajusticiado y ejecutado en la plaza del Cuzco (1781), sin embargo las consecuencias de su rebelión tuvieron largo alcance. La Corona tuvo que crear una audiencia en el Cuzco, una demanda de Túpac Amaru, abolir los repartos y los corregimientos y acelerar el establecimiento de las intendencias. De otro lado tuvo suprimió los curacazgos y prohibió la lectura de los Comentarios Reales de Garcilaso para no despertar la reivindicación incaica entre la población.
Finalmente el intento de Túpac Amaru por incluir en su rebelión a criollos no dio resultado, pues estos tuvieron temor ante la posibilidad de conceder excesivas reivindicaciones a los sectores populares. La imposibilidad de compaginar los intereses entre criollos e indios le restó al movimiento la capacidad de tornarse en separatista.
El siglo XVIII no trajo buenos resultados al Perú. Su virreinato perdió importancia al verse amputado su amplio territorio. Asimismo, al eliminarse el monopolio comercial del Callao, su aristocracia mercantil ya no dominaba todo el mercado del Pacífico sur. Finalmente, tras el estallido de numerosas rebeliones indígenas, quedaba una secuela de recelos y odios difíciles de borrar en el tiempo, claves para entender el futuro movimiento independentista.
En un principio, entre 1532 y 1541, el Perú fue la Gobernación de Nueva Castilla, presidida por Francisco Pizarro gracias a la Capitulación de Toledo (1529). Se trató de una época turbulenta por los mismos efectos de la invasión; la Corona tenía escasa presencia y el poder, de hecho, lo ejercían los encomenderos. Con las leyes Nuevas de 1542 se creó el Virreinato del Perú y se estableció formalmente la administración que, con algunas reformas, tuvo vigencia hasta los tiempos de la Independencia en 1821 o 1824. Fueron casi 300 años de dominio español, que contrastan con los 180 de nuestra historia independiente. El Perú fue conquistado cuando España era la dueña de Europa bajo la batuta de Carlos V. Hacia 1820 la realidad de la Península era muy distinta; ahora España era una potencia de tercer orden y se encontraba bajo el reinado de Fernando VII. Los Habsburgo la gobernaron en los siglos XVI y XVII, dos siglos marcados por la grandeza y el declive. Los Borbones llegaron en el XVIII y sus reformas no pudieron reanimar el antiguo poderío español.
A lo largo de estos tres siglos el Perú presenta tres etapas bien definidas. La primera, entre 1530 y 1560, es la de la invasión y el saqueo de los tesoros incaicos; el territorio se abría a Occidente como un espacio promisorio para la explotación de metales preciosos. El “apogeo” se inició con el descubrimiento de las minas de plata de Potosí (hoy Bolivia); el territorio del Virreinato, además, abarcaba desde Panamá hasta la Tierra del Fuego (con excepción de Brasil, colonia portuguesa). Lima era el centro político, económico y cultural de ese vasto espacio. Su élite, gracias al monopolio comercial, era la primera de Sudamérica. Un funcionario que venía al Perú consideraba el hecho como un “ascenso”. Los criollos, por su lado, ocupaban cargos expectantes en la administración y en los negocios. Este “apogeo” duró todo el siglo XVII y entró en decadencia a mediados del siglo XVIII con las reformas borbónicas. Ellas le amputaron su inmenso territorio, abolieron el monopolio que beneficiaba a su élite comercial, desplazaron a los criollos de los cargos públicos e incrementaron la presión fiscal. Esto ocasionó gran descontento que llegó hasta la abierta rebelión. Por último, abrieron un camino poco adecuado a la futura independencia.
LA INVASIÓN ESPAÑOLA.- Hacia la década de 1520, Francisco Pizarro y sus socios, Diego de Almagro y Hernando de Luque, planearon expediciones al sur de Panamá. Luego de dos viajes detectaron el Tahuantinsuyo y lo reconocieron como un espacio con una población más numerosa, mejor organizada y con evidentes signos de riqueza. En 1529 Pizarro viajó a España y firmó con la Corona la Capitulación de Toledo que formalizó las condiciones de la conquista. En el tercer y definitivo viaje, Pizarro, con poco más de un centenar de soldados españoles, ocupó Cajamarca y capturó al inca Atahualpa (noviembre de 1532). Allí se repartió el producto del primer saqueo de los tesoros, básicamente en oro. El 26 de julio de 1533 Atahualpa fue ajusticiado en Cajamarca y allí terminó el primer momento de la invasión.
Con la llegada de refuerzos provenientes de Panamá la hueste creció y Pizarro pudo avanzar hasta el Cuzco, donde se repartió el segundo gran botín, y ocupar otras zonas. Un hecho paralelo fue la fundación de las primeras ciudades: Piura, Cuzco, Jauja y, en 1535, Los Reyes (Lima), que sería después la capital virreinal. Luego vinieron Trujillo, Chachapoyas, Huamanga, Huánuco y Arequipa. Otro hecho paralelo fue el reparto de la población nativa entre los españoles “encomenderos”. Cada encomienda tenía un número de indios y su titular disponía de su trabajo (servicio personal) y cobraba un tributo de ellos; a cambio los indios recibían “protección” y evangelización. De esta manera las ciudades tenían encomenderos como “vecinos” y este grupo se convirtió en la primera élite del Perú colonial. Gozaron de gran poder económico y político y controlaron instituciones claves como los cabildos.
La crisis de los encomenderos se inició cuando la Corona planeó limitar sus privilegios a través de las Leyes Nuevas (1542). En ellas se prohibía el servicio personal y la condición hereditaria de las encomiendas. La rebelión no tardó en estallar. Ya antes se había desatado la violencia cuando las huestes pizarristas y almagristas se disputaron la posesión del Cuzco. Los partidarios de Almagro asesinaron a Pizarro en 1541 luego de que los hermanos Pizarro vencieron y ejecutaron a Diego de Almagro en la primera guerra civil. La rebelión de los encomenderos se desató con la llegada del primer virrey, Blasco Núñez Vela, en 1544. El caudillo fue Gonzalo Pizarro quien en la batalla de Iñaquito logró ejecutar al propio virrey. Ante el caos, la Corona envió al clérigo Pedro de La Gasca a pacificar el Perú. Gonzalo Pizarro se negó a capitular y fue vencido en Jaquijahuana (1548). Derrotados los encomenderos La Gasca, como presidente de la Audiencia de Lima, pudo dar comienzo a la organización del virreinato.
El rápido derrumbe del Tahuantinsuyo no puede explicarse por la superioridad de las armas de los españoles o porque la población andina se confundió inicialmente al ver a estos nuevos hombres como dioses. Los españoles pudieron aprovechar dos circunstancias claves. En primer lugar la crisis política derivada de la pugna por el poder entre las élites cuzqueña y quiteña: la guerra entre Huáscar y Atahualpa. En segundo lugar, los invasores contaron con el apoyo de numerosos grupos étnicos que no aceptaban el dominio incaico; el “colaboracionismo” de amplios sectores de la población (huancas y chancas) contribuyó notablemente en el “éxito” de las huestes españolas.
Todos estos acontecimientos fueron narrados por los cronistas. Luego de darnos unas versiones deficientes o confusas, terminaron esbozando una imagen distorsionada del Tahuantinsuyo al tratar de comprenderlo bajo sus categorías mentales. Casi todos justificaron la conquista y los actos que siguieron afirmando que Atahualpa era ilegítimo y tirano, dando la imagen de una guerra justa. Luego los cronistas extendieron la ilegitimidad a todos los incas, que resultaron tiranos y usurpadores, una versión que llegó hasta el siglo XVII con la obra del cronista indio Felipe Guamán Poma de Ayala. Un caso aparte fue la obra del inca Garcilaso de la Vega donde se configuró una versión idílica y romántica del Tahuantinsuyo. Fieles a su tradición occidental y cristiana, los cronistas compararon al País de los Incas con el Imperio Romano y vieron en la guerra con los indios la continuación de la que mantuvieron con los árabes (La Reconquista), es decir, contra los infieles.
LOS CAMBIOS EN LA SOCIEDAD ANDINA.- Para la población andina los invasores eran seres extraños por su apariencia física y tenían poderes similares a los del rayo y el trueno con sus armas de fuego. Venían, además, acompañados de un animal desconocido, el caballo, y hablaban en una lengua diferente. Por ello al principio fueron vistos como dioses. Al final, la conquista significó para los indios un cambio en el orden del mundo. Los españoles dieron muerte a los Incas, soberanos de origen divino, y tomaron el Cuzco, centro sagrado del Tahuantinsuyo. También saquearon sus templos robando los objetos de culto. En este sentido, la conquista fue percibida como la victoria del dios cristiano dentro de una concepción cíclica del tiempo.
Pero la conquista trajo otros cambios. El más dramático, quizás, fue el colapso demográfico. La población andina disminuyó en un 80% debido, básicamente, a los virus traídos por los españoles que se transformaron en epidemias. Enfermedades como la gripe, el tifus, la peste o el sarampión, inéditas en los Andes, hicieron estragos entre los indios. Las plantas y los animales traídos desde Europa también contagiaron sus virus a los recursos nativos alterando la dieta de los indios. A los virus se sumaron las muertes por la misma guerra de conquista, los trabajos forzados (la mita) y el “desgano vital”. En este sentido aumentaron los suicidios colectivos, abortos e infanticidios pues los indios perdieron las ganas de vivir debido a la caída de su mundo.
Sistemas tradicionales como el ayllu y el control de pisos ecológicos se vieron seriamente afectados e incluso desaparecieron. A medida que el gobierno virreinal establecía las reducciones en la sierra, a la gente se le desarraigaba de sus pacarinas, se rompía la unidad del ayllu y sus formas de trabajo comunal, y se afectó el acceso a recursos en los distintos pisos ecológicos. También desapareció la figura del Inca y la redistribución estatal, la mita fue desvirtuada en provecho de la economía española y el culto cristiano se impuso sobre las huacas y los dioses nativos. La evangelización trató sistemáticamente de satanizar el culto prehispánico.
Luego de muchas discusiones sobre la condición humana de los indios y si debían ser esclavizados o no (polémica entre Bartolomé de las Casas y Ginés de Sepúlveda, por ejemplo), fueron considerados legalmente vasallos libres del Rey de España en condición de menores de edad. Quedaron bajo la protección de la Corona y por ello debieron pagar un tributo. Asimismo quedaron bajo la autoridad de sus curacas (llamados “caciques” por los españoles), los únicos que conservaron sus cargos tras la conquista. Ellos fueron los intermediarios entre las autoridades coloniales y los indios. Continuaron con sus obligaciones ancestrales frente a sus subordinados y asumieron otras como defenderlos y conseguir dinero, a través de sus negocios particulares, para cumplir con el pago del tributo. De esta manera la mayoría de los curacas conservaron su liderazgo y legitimidad frente a sus indios hasta que sus cargos fueron abolidos luego de la rebelión de Túpac Amaru II.
Los españoles introdujeron lentamente la economía de mercado en los Andes. Apareció la moneda, las nuevas ciudades se poblaron de mercaderes y los caminos de transportistas de mercancías o “arrieros”. Los indios, especialmente los curacas, tuvieron que aprender a ser comerciantes y algunos empezaron a formar una suerte de burguesía nativa, muy occidentalizada que terminó arruinada por las reformas del siglo XVIII. De otro lado se modificó la justicia. Antes los conflictos se solucionaban al interior del ayllu con la mediación del curaca. Ahora se administraba fuera del grupo de parentesco y estaba a cargo de un juez que la dictaba en base a una ley escrita, también ajena al ayllu. Los indios tuvieron que entablar una infinidad de pleitos judiciales para defender sus derechos.
Finalmente habría que añadir que con la conquista se introdujeron nuevas plantas y animales que cambiaron el paisaje andino. También muchos elementos de la tecnología occidental (rueda, vidrio, hierro, arado a tracción animal y nuevos métodos arquitectónicos, por ejemplo). Los indios, sin embargo, nunca abandonaron totalmente su antigua tecnología (andenes, chaquitaclla), sus cultivos tradicionales (tubérculos, maíz), el pastoreo de auquénidos o sus formas de trabajo colectivo (ayni o minca).
EL ESTADO VIRREINAL.- En un inicio el Perú (Nueva Castilla) fue una Gobernación, encabezada por Pizarro, y se organizó internamente bajo el poder local de los encomenderos. Con la aplicación de las Leyes Nuevas se creó el Virreinato del Perú y su territorio estuvo gobernado por un funcionario que representaba al Rey: el Virrey. Esto dio inicio a la burocracia virreinal que tenía por objetivo terminar con los apetitos señoriales de los encomenderos. En Lima se instaló la Real Audiencia e internamente el territorio se dividió en jurisdicciones denominadas corregimientos. El sistema funcionó hasta la década de 1570 cuando el virrey Toledo modificó las pautas de la administración.
Luego de realizar la primera Visita General que conoció el Perú, Toledo modificó el tributo indígena y organizó el sistema de la mita para abastecer de mano de obra a los centros mineros. También culminó el establecimiento de “reducciones” o pueblos de indios. Se trató de un sistema que tenía como fin controlar a la población nativa para cobrarle el tributo, enviarla a las mitas y evangelizarla. De esta manera quedó seriamente afectado el sistema de control de pisos ecológicos y se rompió la unidad de los ayllu cuyos miembros pasaron a vivir en distintos pueblos. Su gobierno, finalmente, ejecutó a Túpac Amaru I, último representante de la élite cuzqueña rebelde de Vilcabamba. En síntesis, si bien las reformas toledanas alentaron el auge minero y fortalecieron la burocracia colonial, afectaron profundamente los patrones económicos y sociales de la población andina.
El orden diseñado por Toledo entró en crisis en el siglo XVII cuando los indios burlaron el sistema de reducciones: aumentó el número de indios “forasteros” y disminuyó el ingreso del tributo. Esto se agravó cuando a partir de 1640 la producción minera de Potosí entró en “crisis”. La administración tardó en reaccionar. En la década de 1680 el virrey Duque de la Palata realizó otra Visita General. En ella no sólo se amplió el cobro del tributo a los forasteros, sino también a los mestizos y negros libres. Como es lógico, no tardó en crecer el malestar en la población.
Como vemos el mundo virreinal no fue tan estático, es decir, la administración nunca funcionó a la perfección. La población siempre creó mecanismos para burlar la presión, sobre todo fiscal, que ejercía el gobierno. Los indios trataron de evadir sus obligaciones con el tributo y la mita; los mestizos nunca quisieron pagar el tributo; los mineros “escondían” la producción real de la plata. Por ello hasta qué punto podríamos hablar de una “crisis” en el siglo XVII, como tantas veces se ha planteado. Lo cierto es que a la administración de los Austrias siempre le faltó la suficiente rapidez para corregir los errores. Ello explica el ímpetu de los borbones en el siglo XVIII por reformar el sistema de gobierno en América.
La administración virreinal reposó sobre tres instituciones fundamentales:
El Virrey.- Fue el representante del rey y tenía todos los poderes. Era el responsable de la administración de gobierno, de los fondos de los tesoros públicos, de la defensa del territorio y de los asuntos espirituales o religiosos. Era también el presidente de la Audiencia lo que le daba la suprema autoridad en temas judiciales. Generalmente los virreyes venían por períodos de cinco años y podían ser ratificados por más tiempo. Entre 1544 y 1824 el Perú fue gobernado por 40 virreyes.
La Audiencia.- Tenía su sede en Lima y al estar presidida por el Virrey se denominaba Real Audiencia. De ella dependieron, durante los siglos XVI y XVII, las audiencias de Panamá, Santa Fe, Quito, Charcas, Buenos Aires y Santiago. Era el máximo tribunal de justicia, legislaba con el Virrey y gobernaba en ausencia de éste. Sus miembros fueron los oidores.
Los corregimientos.- El virreinato estuvo dividido en 78 provincias o corregimientos. Estaban bajo la autoridad del corregidor, funcionario que representaba al Virrey en el ámbito local. Velaban por la buena administración de su jurisdicción y eran autoridades judiciales en primera instancia. Cobraban el tributo y enviaban a los indios a la mita. Muchos de ellos terminaron explotando a los indios al obligarlos a comprar mercaderías a precios muy altos a través del “reparto”. En 1784 fueron reemplazados por las intendencias.
LA VIDA ECONÓMICA.- A partir del siglo XVI el Perú empezó a formar parte del mercado mundial exportando los tesoros incaicos saqueados por los conquistadores. También se abrieron vínculos comerciales con España y México. Las exportaciones consistían en productos provenientes del tributo en especies (textiles) y creció la importación de artículos europeos. En un primer momento fueron los encomenderos y algunos funcionarios los que se beneficiaron de este tráfico comercial.
En 1545 se descubrieron las minas de plata de Potosí y el Perú se convirtió en uno de los más grandes exportadores de este metal en el mundo. También se abrieron otros yacimientos mineros y el comercio se generalizó en torno a las ciudades fundadas por mineros y funcionarios. De esta forma se configuraron varios circuitos comerciales siendo el más importante el área cuyas rutas convergieron en el centro minero de Potosí: Arequipa-Cuzco-Puno-Charcas-Potosí. Durante tres siglos se configuró el espacio “sur andino” que movilizó grandes recursos y sustentó la economía de la población de esta región.
En 1563 se descubrieron las minas de mercurio (azogue) de Huancavelica y el método de purificación de la plata fue sustituido por el de la amalgama. Esto favoreció el crecimiento de la producción a lo que habría que añadir el establecimiento de la mita, un sistema de trabajo obligatorio y por turnos en el que los indios acudían a trabajar a las minas. El apogeo minero de Potosí duró hasta mediados del XVII, época en que se fueron agotando las vetas de Potosí y se terminó el azoque de Huancavelica; la mano de obra también escaseó a medida que los indios intentaban burlar la mita. Afortunadamente para la Corona en el XVIII se descubrieron nuevos yacimientos de plata en Cerro de Pasco y Hualgayoc (Cajamarca). La producción se recuperó aunque nunca alcanzó los niveles de los mejores tiempos del Cerro Rico de Potosí.
Si bien la minería fue la actividad clave de la economía virreinal, el comercio debía ser también impulsado para generar ingresos a las Caja Real. Hasta el XVIII funcionó el monopolio comercial que benefició al gremio de comerciantes de Lima (Tribunal del Consulado). El Callao era el único puerto que podía recibir las mercancías traídas por los galeones desde España y de Lima ser repartían a todo el territorio virreinal. Esto consolidó el poder político y económico de la élite de la Ciudad de los Reyes. El apogeo llegó a su fin en 1778 cuando los borbones permitieron el libre comercio y se abrieron más puertos en América para comerciar con la Península. Esto marcó la decadencia del Callao y el auge de nuevos puertos como Buenos Aires.
Otros centros de producción fueron los obrajes donde laboraban los indios mitayos. La Corona trató en vano de frenar su expansión, pero debido al deficiente abastecimiento derivado del monopolio su producción cubrió la demanda del mercado local. Con el auge comercial en el siglo XVIII, debido a las reformas borbónicas, se inició la decadencia de la producción obrajera.
La agricultura presentó contrastes según las regiones. En las haciendas de la costa se cultivaron la caña de azúcar, el algodón, la vid y el olivo; la mano de obra era básicamente esclava. En la sierra los cultivos fueron más diversificados: trigo, tubérculos y panllevar; además tenemos la presencia de haciendas ganaderas (auquénidos y ovinos). La mano de obra también varió: mita agrícola, indios yanaconas y peones libres.
Los ingresos de la Corona provenían de una serie de impuestos siendo los principales el quinto real (20% de la producción minera al año); el tributo indígena (todos los indios entre 18 y 50 años debían pagar este impuesto en dinero); y la alcabala (gravó la compra y venta de bienes y varió del 2% al 6%). Otras contribuciones fueron el almojarifazgo (impuesto aduanero), las averías (al comercio marítimo) y las anatas (venta de cargos públicos). También había impuestos especiales al consumo de tabaco, bebidas alcohólicas o naipes. Cabe destacar que la Iglesia gozó de gran poder económico al no estar sujeta a ninguna contribución y beneficiarse de impuestos (diezmos y primicias) y muchas donaciones. Finalmente, en 1565 se creó en Lima la Real Casa de Moneda; el principal signo monetario fue el peso (dividido en 8 reales).
LA VIDA SOCIAL.- La sociedad virreinal estuvo dividida teóricamente en dos repúblicas paralelas y complementarias: españoles e indios debían estar separados con sus propias leyes, autoridades, derechos y obligaciones. La división era también espacial: los españoles debían vivir en ciudades y los indios en sus pueblos o “reducciones”. Pero esta división, aparentemente tan rígida, fue desvaneciéndose poco a poco con la aparición de los mestizos y de otras mezclas raciales (castas). De este modo, junto al criterio estamental (linaje) coexistieron otros como nivel de fortuna, formación cultural o color de piel. Un mismo personaje podía estar emplazado de una u otra manera según el criterio que se adoptase: podía ocupar determinado lugar por su casta (color de piel) y otro por sus ingresos.
En este orden jerárquico estaban, a la cabeza, los españoles. Ellos podían ser peninsulares (“chapetones”) o sus descendientes nacidos en América, los criollos. En este grupo estaban los nobles, la alta burocracia, los hacendados, los mineros, los curas, los intelectuales y los grandes comerciantes. Eran la élite de la sociedad virreinal y vivían en las ciudades. Sin embargo su condición de blancos no les garantizaba un lugar dentro de la aristocracia. Un blanco pobre (artesano, pequeño comerciante o chacarero) era considerado plebeyo. A partir del siglo XVII los criollos se adueñaron del virreinato copando los cargos públicos y las actividades económicas más lucrativas. Las reformas borbónicas del XVIII revirtieron esta situación causando gran malestar entre ellos al tratar la Corona de centralizar el poder en manos de peninsulares recién llegados.
La “república de indios” quedó dividida en los indios nobles (descendientes de la nobleza inca y los curacas) y los indios del común. Los primeros se educaban en los colegios de curacas (“El Príncipe” en Lima y “San Francisco de Borja” en el Cuzco) y estaban exonerados de ir a la mita y de pagar tributo. Eran los intermediarios entre el mundo español y el andino. En el siglo XVIII lideraron las rebeliones indígenas y sus cargos quedaron abolidos luego la ejecución de Túpac Amaru II. Los indios del común debían vivir en sus “reducciones”, acudir a la mita y tributar. Eran la mayoría de la población y quedaron básicamente ligados al mundo rural.
En un nivel intermedio quedaron las castas, producto de la mezcla de españoles, indios y negros. En esta mixtura racial estaban los mestizos (hijos de español e indio), zambos (cruce del negro con el indio) y mulatos (surgido del español y del negro). Las clasificaciones terminaron siendo muy complicadas cuando se fueron incrementando los tipos de cruce. Los mestizos nacieron con la conquista, se vieron desubicados y pasaron a cumplir papeles menores. Se les tachó de ilegítimos o peligrosos, y muchos terminaron sus vidas entre gente de mal vivir. Con respecto a los indios gozaron de estar exonerados de mitar y tributar, sin embargo, no podían acceder a cargos públicos importantes y su educación era elemental. Esta situación ambigua se debió a que el sistema de “repúblicas” no contempló legislación sobre su status.
Según la ideología virreinal los negros no debieron ser considerados dentro del orden social pues era vistos como objetos o mercancías. Sin embargo la sociedad supo desarrollar una gran sensibilidad hacia ellos y mucha gente los consideró perfectamente humanos, aunque nacidos para servir. La gran mayoría de negros vivió en la costa desempeñando múltiples labores que iban desde el laboreo en las plantaciones hasta el trabajo doméstico en alguna casa limeña. En este sentido la suerte del esclavo era variada. Si trabajaba en la ciudad, mantenía cierto trato con sus dueños que, si eran comprensivos, podían otorgarles la libertad; si era destinado a una hacienda estaba a merced de los excesos del capataz y no podía juntar dinero para obtener su libertad. El bozal era el negro recién llegado del África y no sabía el español; el ladino era el acriollado nacido en América; el manumiso era el negro que había obtenido legalmente su libertad; y el cimarrón era el esclavo fugitivo que vivía con otros de su condición en los palenques.
LA VIDA RELIGIOSA.- La evangelización de los indios se dio desde el mismo momento de la conquista. Al principio fue obra casi exclusiva de frailes dominicos y franciscanos quienes, desde conventos rurales, predicaron muy influidos por ideas mesiánicas surgidas en la mentalidad popular europea. Ello explica la idea del retorno del Inca en la mitología andina surgida en la colonia.
La política evangelizadora cambió cuando la Iglesia introdujo las ideas del Concilio de Trento. Ahora la empresa estaba en manos de parroquias dependientes del obispo. La llegada del arzobispo de Lima, Toribio de Mogrovejo, y de los jesuitas, fue clave en este sentido. El Tercer Concilio Limense (1783) mandó quemar los catecismos bilingües que los frailes habían elaborado y los reemplazó con la Doctrina Cristiana, primer libro impreso en Virreinato. Elaborada por el padre jesuita José de Acosta, estuvo escrita en español, quechua y aymara; de esta manera se demostraba el carácter multiligüista de la evangelización andina. A finales del XVI estaban formalmente bautizados casi todos los indios.
En el XVII, tras una denuncia formulada desde Huarochirí de que los indios mantenían culto a sus dioses tradicionales (1607), el Arzobispado inició varias campañas de extirpación de idolatrías. La idea era destruir cualquier rezago de la religión andina: huacas o ídolos. De todos modos, la aceptación del catolicismo por parte de los indios nunca implicó la total renuncia a sus creencias ancestrales: hoy en día pueden verse en muchas lugares ritos a la pachamama y a los apus.
A nivel urbano el catolicismo tuvo rasgos particulares. Habría que mencionar al Tribunal de la Inquisición, instalado en Lima en 1570, que terminó siendo un eficiente agente del poder monárquico. Mediante la censura fue el encargado de reprimir cualquier controversia doctrinal y perseguir toda literatura “peligrosa” para la fe y el orden político. El Tribunal fue suprimido por las Cortes de Cádiz en 1812 pero, al restaurarse el absolutismo con Fernando VII, siguió funcionando en Lima hasta 1820.
Una circunstancia notable fue el surgimiento, entre fines del XVI y comienzos del XVII, de algunos personajes virtuosos que terminaron elevados a los altares. Ese fue el caso de los españoles santo Toribio de Mogrovejo, Arzobispo de Lima, san Juan Masías y san Francisco Solano; y de los peruanos San Martín de Porres e Isabel Flores de Oliva, conocida como santa Rosa de Lima. Todos vivieron en Lima.
Respecto a las fiestas religiosas, las más concurridas fueron Navidad y Semana Santa. También fue muy difundido el culto al Corpus Christi y que hoy goza de tanta popularidad en Cuzco y Cajamarca. Por ello, a diferencia de otras regiones de América, en el Perú los cultos populares más difundidos están dedicados a Cristo. Entre todos los “cristos” coloniales destaca, sin duda, el Señor de los Milagros que, desde hace más de tres siglos, recorre en procesión las calles de Lima. Hoy es la procesión católica más grande del mundo; incluso los peruanos emigrados recrean la procesión en las calles de Chicago, Nueva York o Santiago de Chile. Junto al Cristo moreno, pintado por un esclavo negro, tenemos al Señor Cautivo de Ayabaca (Piura), al Señor del Mar (Callao), al Señor de los Temblores (Cuzco), al Señor de Muruhuay (Tarma) y al Señor de Luren (Ica), entre muchos más.
También se multiplicaron las cofradías y las hermandades. Fueron agrupaciones de fieles de toda condición racial y de ocupación congregadas en torno a una imagen de Cristo, una advocación a la Virgen o un santo. Su función era la veneración y culto del patrono común, la ayuda mutua entre sus miembros y la salida en procesión durante la festividades. Dependieron de las iglesias o monasterios en los que se hallaban las imágenes de su devoción.
Las muestras de piedad femenina más importante se dieron en la vida conventual. Allí aparecieron las beatas y las mujeres que llevaban una vida apartada en forma individual o comunitaria. Los monasterios femeninos se diseñaron como ciudades dentro de la ciudad virreinal. Cada uno tenía su propio gobierno que recaía sobre la priora o abadesa. Entre los más importantes tenemos La Encarnación (Lima), Santa Clara (Cuzco) y Santa Catalina (Arequipa).
LA VIDA CULTURAL Y ARTÍSTICA.- La educación estuvo bajo el control del clero y abarcó tres fases: primeras letras, estudios menores y estudios mayores. No existieron límites claros para el paso de un nivel a otro y todo dependió de los recursos, la inteligencia y esfuerzo de los alumnos. Los estudiantes, blancos y en algunos casos mestizos, iniciaban su formación con las primeras letras, los rudimentos en números y el catecismo para llegar, a los 7 u 8 años, a los estudios menores en los que se aprendía retórica, música, humanidades y latín. Los hijos de indios nobles y curacas recibían una formación intermedia entre las primeras letras y los estudios menores. Se les impartía conocimientos en lectura, escritura, cálculo, canto, catecismo y algo de derecho natural.
La educación superior se impartió en los colegios mayores donde había cursos de filosofía, artes, leyes o medicina. Los más reputados estuvieron en las ciudades de Lima y Cuzco. En la primera los más destacados fueron los de San Felipe, San Martín y el seminario de Santo Toribio para la formación de presbíteros; en la segunda el San Antonio Abad y el San Bernardo. Tras la expulsión de los jesuitas (1767) se fundó en Lima el Real Convictorio de San Carlos. Los estudios universitarios no estaban destinados únicamente a la formación de abogados, médico o teólogos; también cultivaban la formación humanística. La principal universidad era la Mayor de San Marcos en Lima (1551) y, durante el siglo XVII, se fundaron otras en el Cuzco, Quito, Chuquisaca y Huamanga.
El desarrollo artístico contempló todos los niveles. La pintura limeña asimiló las técnicas renacentistas con la llegada en el siglo XVI de artistas italianos (Bitti, Medoro y Pérez D’Alesio). Pero esta tendencia limeña por la imitación tuvo su contraste con un pintura más libre y auténtica en las ciudades del interior. Quito y Cuzco fueron los centros de una escuela pictórica mestiza, pues asimilaron las técnicas europeas con motivos andinos; la pintura paisajista, los arcángeles arcabuceros, los retratos de la Virgen y las distintas versiones de Cristo son claros ejemplos. En el Cuzco, las obras de Diego Quispe Tito son las más reconocidas.
La escultura se desarrolló básicamente en la talla de madera para decorar los templos: altares, púlpitos y sillerías de coro. Caso aparte fue la proliferación de retablos o altares portátiles. En Huamanga destacó la escultura en piedra de alabastro y en Arequipa las obras en piedra volcánica (sillar). Los escultores más célebres fueron el mestizo Baltasar Gavilán, autor de La Muerte, y el español Pedro Noguera, quien talló la sillería del coro de la Catedral de Lima.
La arquitectura, que en el siglo XVI fue renacentista y mudéjar (influencia arabesca), se consolidó en barroca durante el XVII y el XVIII. El “churrigueresco” o barroco español quedó plasmado en las portadas de casi todas las iglesias. Los ejemplos más notables son los templos de San Agustín y La Merced (Lima) y el de La Compañía (Cuzco). El rococó, de influencia francesa, asomó en la segunda mitad del XVIII y se demuestra en el Paseo de Aguas, la Plaza de Acho, el Palacio de Torre Tagle, la Alameda de los Descalzos y la Quinta de Presa en Lima. Finalmente en primeros años del XIX apareció el neoclásico. Las torres del campanario y el altar mayor de la Catedral de Lima y el Cementerio General de Lima, ambos del presbítero Matías Maestro, son los ejemplos más sobresalientes.
La literatura, fiel imitadora de los estilos europeos, tuvo al erudito Pedro Peralta y Barnuevo, Juan Espinoza Medrano y Juan del Valle y Caviedes sus máximos exponentes. En música destacó la ópera “La púrpura de la rosa”, obra del maestro Tomás Torrejón de Velasco. El teatro tuvo especial importancia en la representación de autos sacramentales, obras de fondo religioso y moralizador.
La imprenta fue traída por el italiano Antonio Ricardo; en 1584 editó la Doctrina Christiana y Catecismo, primer libro impreso en el Perú y en América del Sur. De otro lado, el primer periódico que se publicó fue la Gazeta de Lima (1743), sin embargo, el que alcanzó mayor notoriedad y celebridad fue el Mercurio Peruano, publicado entre 1791 y 1795 por la Sociedad de Amantes del País.
EL SIGLO XVIII: REFORMAS BORBÓNICAS Y REBELIONES INDÍGENAS.- Durante este siglo la Corona española, ahora bajo el reinado de los borbones, introdujo una serie de cambios para restaurar la autoridad del Estado, disminuir el poder de la aristocracia, devolverle a España su poderío militar en Europa y recuperar el dominio en sus colonias americanas. Era un plan ambicioso que requería, en primer lugar, aumentar los recursos. Las reformas cobraron gran auge bajo el gobierno de Carlos III, el máximo exponente del despotismo ilustrado español. En el proceso España logró aumentar notablemente sus ingresos, pero perdió un Imperio. A la presión tributaria se sumó el desplazamiento de los criollos de la administración pública en beneficio de los peninsulares. El camino estaba allanado para pensar en la independencia.
Las reformas atacaron, en primer lugar, a la administración pública. Se crearon nuevos virreinatos (Nueva Granada y Río de la Plata), se reorganizó la defensa militar (establecimiento de las capitanías de Venezuela y Chile) y se implantaron las intendencias que reemplazarían a los corruptos corregimientos. Luego, en el plano religioso, se expulsó del Imperio a los jesuitas y el Estado asumió el control de la educación. Finalmente, el problema económico fue el que despertó mayor interés. Era prioritario elevar los impuestos y ampliar la base tributaria; también se debía estimular la producción minera para aumentar el flujo de metales hacia España, controlar el contrabando y estimular el libre comercio entre la Península y América.
La aplicación de las reformas en América fue a través de visitas generales. Al Perú fue enviado el “visitador” José Antonio de Areche. Rápidamente atacó el problema fiscal y elevó la alcabala a un 6%. Estableció las aduanas interiores para elevar la recaudación y tuvo que hacer frente al descontento de casi toda la población, especialmente cuando se rebeló en 1780 el curaca Túpac Amaru II, descendiente de los incas.
Las rebeliones indígenas del siglo XVIII, que pasaron de un centenar en el territorio del virreinato, tuvieron como marco la recuperación de la cultura andina, especialmente el mesianismo en la mentalidad popular: el retorno del inca generaría un futuro mejor. Esta idea se vio claramente en el levantamiento de Juan Santos Atahualpa en la selva central (1742), quien sublevó a los indios campas contra las misiones franciscanas de la zona.
El movimiento de Túpac Amaru II, que contó con el apoyo de muchos curacas como los hermanos Catari, fue más complejo. No solo porque movilizó una cantidad mucho mayor de indios, sino porque incluyó en su programa de reivindicaciones a población no andina: criollos, mestizos y negros. Su base social fue más amplia porque la rebelión coincidió con el descontento general ante las medidas borbónicas. Los impuestos se elevaban y el comercio con el mercado de Potosí se vio afectado al crearse el virreinato de Río de la Plata (1776), que incluía al famoso centro minero. Por ello el territorio de la rebelión fue más amplio: abarcó todo el sur andino y el Alto Perú.
Túpac Amaru se rebeló contra el mal gobierno pero no necesariamente contra el Rey. Al final fue ajusticiado y ejecutado en la plaza del Cuzco (1781), sin embargo las consecuencias de su rebelión tuvieron largo alcance. La Corona tuvo que crear una audiencia en el Cuzco, una demanda de Túpac Amaru, abolir los repartos y los corregimientos y acelerar el establecimiento de las intendencias. De otro lado tuvo suprimió los curacazgos y prohibió la lectura de los Comentarios Reales de Garcilaso para no despertar la reivindicación incaica entre la población.
Finalmente el intento de Túpac Amaru por incluir en su rebelión a criollos no dio resultado, pues estos tuvieron temor ante la posibilidad de conceder excesivas reivindicaciones a los sectores populares. La imposibilidad de compaginar los intereses entre criollos e indios le restó al movimiento la capacidad de tornarse en separatista.
El siglo XVIII no trajo buenos resultados al Perú. Su virreinato perdió importancia al verse amputado su amplio territorio. Asimismo, al eliminarse el monopolio comercial del Callao, su aristocracia mercantil ya no dominaba todo el mercado del Pacífico sur. Finalmente, tras el estallido de numerosas rebeliones indígenas, quedaba una secuela de recelos y odios difíciles de borrar en el tiempo, claves para entender el futuro movimiento independentista.
Desde que puso su primera huella en los Andes, hasta el siglo XVI, el hombre andino vivió apartado de la influencia de Occidente y tuvo escasos contactos con otras sociedades de la América precolombina. Su logro más espectacular fue el haber desarrollado una gran capacidad de adaptarse a su medio geográfico (la ecología), de administrar grandes conjuntos humanos y de hacer una efectiva redistribución de recursos a la población. Esto fue algo fue fascinó a los europeos que llegaron a los Andes en la década de 1530. Venidos de un continente donde el hambre arreciaba constantemente, fueron testigos de excepción al ver en pleno funcionamiento el cultivo en andenes, el sistema vial culminado por los incas y los depósitos o colcas abarrotados de alimentos y otros productos (tejido) que los incas se encargaban de repartir entre la población de los ayllus.
Estas hazañas materiales cautivaron a los cronistas y marcaron para siempre la imagen del Perú prehispánico ante el mundo. Hoy, sin embargo, tenemos una visión más global acerca de los pobladores andinos. Gracias a la investigación arqueológica e histórica sabemos que concibieron el mundo como un inmenso tejido al aceptar formas de organización derivadas de sus dioses y que consideraron divinidades a los incas y a sus curacas. También sabemos que explicaron ritualmente (mediante mitos) su sociedad, sus diversos sistemas de organización y hasta su experiencia: la historia era registrada por una infinidad de mitos y no era lineal (o positiva) como la europea.
Las excavaciones han demostrado la presencia del hombre en los Andes por lo menos hace 10 mil años. Antes de la aparición de la primera sociedad compleja (Chavín, hacia el 1.000 a.C.) los arqueólogos distinguen etapas de cazadores-recolectores (Arcaico); horticultores, pastores y pescadores (Precerámico); y las primeras aldeas o templos (Formativo Inicial). La siguiente etapa ha sido dividida en períodos llamados “horizontes” e “intermedios”. El primero es un tiempo en que la población vivió relacionada por un poder central o por medio de patrones culturales ampliamente aceptados en la región andina; Chavín, Wari y los Incas corresponden a estos períodos de unificación. En oposición, los intermedios serían tiempos de regionalización o diversificación cultural: los reinos de Nazca, Mochica y Chimú son los ejemplos clásicos. Los horizontes indicarían un predominio serrano, mientras los intermedios un auge costeño.
La vida del hombre en los Andes es, pues, muy larga y debe entenderse que los Incas no fueron una ruptura en esta historia. Sus logros se explican gracias a que aprovecharon toda la experiencia anterior. Poco es lo que aportaron de original en los Andes, aunque ello no disminuye su importancia. Son el pueblo andino del que poseemos mayores testimonios y su estudio nos permite entender patrones de comportamiento y de organización anteriores a ellos. Sin los Incas hoy no manejaríamos los conocimientos que tenemos. De esta manera todo el mundo andino se comunica para nosotros: la historia de los Incas, por ejemplo, nos ayuda a entender Wari, así como los hallazgos arqueológicos de esta cultura enriquecen nuestra visión de los Incas.
LAS PRIMERAS HUELLAS DEL HOMBRE EN LOS ANDES.- Hace unos 13 mil años, en diversas oleadas, se inició el poblamiento del actual territorio peruano. Los primeros ocupantes poseían un amplio bagaje cultural: fabricaban utensilios, técnicas de caza especializada y recolección de plantas. Desde la llegada de estos cazadores-recolectores hasta la aparición de Chavín pasaron alrededor de 10 mil años. En la sierra el hombre se dedicaba a la caza de auquénidos y ciervos y recolectaba tubérculos y raíces; sus instrumentos los fabricaban con hueso, piedra (cuchillos y puntas de proyectil) y madera. En la costa la dieta estaba compuesta de peces y mariscos, pequeños roedores, lagartijas, aves y, a veces, ciervos y zorrillos. El mar, los valles y las lomas proporcionaban los principales alimentos. Las viviendas, en un primer momento, eran las cuevas y los abrigos rocosos. Hacia el 7 mil a.C. aparecieron arreglos en las cuevas: barreras de troncos y ramas en la entrada, muros pequeños de piedra y, al interior, pinturas rupestres y fogones, incluso hornos. En la costa hay campamentos semicirculares al aire libre. En esta época los hombres vivían en grupos no muy grandes de 20 a 30 individuos. Eran bandas lideradas por los más fuertes donde existía una “división del trabajo”: los hombres cazaba y pescaban; las mujeres y los jóvenes recolectaban plantas y atrapaban a los animales pequeños. Los sitios arqueológicos de Lauricocha (Huánuco), Pikimachay (Ayacucho), Toquepala (Moquegua), Guitarrero (Ancash), Telarmachay (Junín) y Cupisnique (La Libertad), entre otros, son los más representativos.
Hacia el octavo milenio se inició el proceso de domesticación de plantas. El proceso terminó con la agricultura y la construcción de las primeras aldeas y monumentos ceremoniales. En el sexto milenio se inició la domesticación de auquénidos (llamas), cuyes y patos que formó los primeros pueblos de pastores en el 4 mil a.C. En la sierra el hombre sembró oca, ají, olluco, frijol, pallar y zapallo; el maíz sería posterior (5 mil a.C.). En la costa la pesca se tecnificó (anzuelos, redes y embarcaciones) y se inició la siembra de calabaza, maní, palta, yuca, pacae algodón, lúcuma y maíz. No hay evidencia en la domesticación del perro pues al no ser oriundo de América, debió acompañar al hombre desde su ingreso al continente.
Con el cultivo de plantas se hizo necesaria la sedentarización y con ello aparecen las primeras aldeas. En la sierra estuvieron en los valles cálidos con facilidades para el cultivo. Las primeras aldeas en la costa surgieron cerca de la explotación de los recursos marinos (pesca y recolección de mariscos); eran pueblos de pescadores y recolectores de frutas cuyas viviendas eran semisubterráneas con techos de costillas de ballena o esteras de junco. Cuando la agricultura estuvo bien desarrollada se construyeron los primeros monumentos públicos. Los más antiguos fueron montículos elevados donde se diseñaron plazas, algunas hundidas, para desarrollar ceremonias rituales. Hacia el 1.800 a.C. se comenzaron a edificar grandes monumentos públicos piramidales de adobe (costa) y piedra (sierra). Los sitios arqueológicos de Kotosh (Huánuco), Huaca de los Reyes y Huaca Prieta (La Libertad), Sechín Alto y Moxeque-Pampa de las Llamas (Ancash), o Huaca La Florida, Las Haldas y Cerro Paloma (Lima), corresponden a este período.
Los tejidos más antiguos se han encontrado en Huaca Prieta (valle de Chicama); es un tejido de fibras de algodón entrelazado, sin telar, y con decoración. Los tejidos jugaron un papel importante en definir la posición social y se vincularon a prácticas rituales (entierros). La cerámica, por su lado, apareció luego de la domesticación de plantas y animales, la sedentarización y la construcción de monumentos. Probablemente vino de los actuales territorios de Ecuador o Colombia entre el 1.800 y 1.300 a.C. Las primeras piezas de cerámica reemplazaron a las de cestería y a las calabazas.
Lo cierto es que con todos estos avances culturales, producto de 10 mil años de observación y experimentación, el hombre andino se adaptó a su medio ecológico y había creado las condiciones para la aparición de las sociedades complejas o Altas Culturas del Primer Horizonte.
LAS BASES DE LA CULTURA ANDINA.-En los Andes el parentesco y la reciprocidad rigieron la vida de la población. Ésta se encontraba organizada en ayllus o familias extendidas que aparecieron hacia el primer milenio a.C. Sus miembros se reconocían parientes entre sí porque descendían de un antepasado común. Este vínculo ancestral (parentesco simbólico) les obligaba a ayudarse mutuamente. En este sentido la reciprocidad se basó en el parentesco, y era un intercambio de trabajo o ayuda que se medía en tiempo de servicio. Si alguien se negaba a prestar ayuda a sus parientes recibía la sanción del grupo que podía llegar hasta la expulsión.
Las formas de trabajo al interior del ayllu eran el ayni (intercambio de servicios entre personas de un mismo status), la minca (faenas colectivas que beneficiaban a todo el grupo) y la mita (trabajo rotativo en beneficio del curaca). Los curacas eran los jefes del ayllu y eran elegidos mediante actos rituales. Ellos organizaban el trabajo, administraban justicia y dirigían el culto. En los tiempos del Tahuantinsuyo fueron los mediadores entre el Inca y el ayllu.
En una economía sin moneda, sin mercado ni comercio, y sin un tributo tal como lo conocemos hoy , los principios de parentesco y reciprocidad fueron claves. De esta manera se desarrolló una reciprocidad con una jerarquía superior: el curaca o el Inca. Esta reciprocidad asimétrica fue la “redistribución”. En ella la autoridad proveía a los ayllus de recursos (alimentos, coca, tejido) según sus necesidades y en retribución a su trabajo en la mita. Los ayllus no daban productos a la autoridad en forma de tributo, ni el estado remuneraba con salario el trabajo de los indios. Todo esto funcionaba por medio de la reciprocidad. Los curacas, y luego los incas, almacenaban los productos obtenidos de la mita en depósitos (colcas) para luego redistribuirlos a los ayllus. Por lo tanto el poder y la riqueza no se medían en función de la acumulación de bienes sino en la capacidad de movilizar mano de obra a través del parentesco y la reciprocidad.
Tanto el espacio como el tiempo eran sagrados y tenían una explicación mítica y una representación ritual. La concepción del espacio era dualista, dividido en hanan y urin, opuestos complementarios. El concepto de autoridad también era dual. Los curacas y los incas no “heredaban” sus cargos, sino eran elegidos en medio de un ritual donde los urin eran siempre vencidos por los hanan. La imagen del tiempo era cíclica con sucesivas “edades” del mundo determinadas por tiempos de caos (desorden) y cosmos (orden).
La Pachamama era reconocida como la divinidad de la tierra (“madre tierra”) y productora de alimentos. Frente a ella, según el dualismo, hubo una divinidad ubicada en el mundo de arriba. Ésta parece ser Wiracocha, un dios celeste y con rasgos solares. En los mitos cuzqueños Wiracocha, luego de haber hecho una primera ordenación del mundo, mandando al sol y a la luna al cielo, dividió el mundo en cuatro partes: Chinchaysuyo (Oeste), Collasuyo (Este), Antisuyo (Norte) y Contisuyo (Sur); luego ordenó salir a los hombres del subsuelo (pacarina); finalmente, siguiendo el camino del sol, se perdió en el oceáno. Entre la dualidad cielo-tierra había comunicación con el rayo (illapa) o la serpiente (amaru). Cada ayllu tenía sus ídolos y su huacas, o lugares sagrados, que podían ser cerros (apus), lagunas o riachuelos.
EL PRIMER HORIZONTE (1.000-200 a.C.): CHAVÍN Y PARACAS.- Este período se caracteriza por ayllus organizados alrededor de templos (centros ceremoniales), basados en una agricultura avanzada (obras de irrigación) y complementada con el aprovechamiento de recursos marinos y la ganadería. Metalurgia, textilería, cerámica y escultura son técnicas que han avanzado notablemente respecto a la fase anterior. El arte está representado por imágenes impactantes (felinos, serpientes, aves de rapiña) que reflejan la ideología del momento. Toda esta influencia provino del centro ceremonial de Chavín de Huántar, ubicado en la sierra de Ancash.
Dentro de un contexto religioso muy complejo, y que aún no entendemos del todo, el culto al felino (el jaguar o una especie de dragón que vuela) fue la manifestación más predominante en Chavín. La cerámica (monócroma y de asa estribo) y toda la producción escultórica (Lanzón monolítico, cabezas clavas, Obelisco Tello y Estela de Raimondi) demuestran esta tendencia. De otro lado, el templo Chavín de Huántar fue el típico conjunto de edificios monumentales formado por plataformas superpuestas con planta rectangular abierta hacia uno de sus lados (en forma de “U”); hay escalinatas y galerías laberínticas subterráneas. Los templos de Kuntur Wasi (Cajamarca) y Sechín (Ancash) guardan este modelo. Otros centros “chavinoides” fueron Pacopampa, Garagay, Conchopata y Chongoyape.
La influencia de Chavín se extendió desde Tumbes, por el norte, hasta Ica y Ayacucho, por el sur. Se trató de una expansión artística, cultural y religiosa propia de un culto que desarrolló un enorme prestigio entre la población. Chavín, de otro lado, diseñó algunas estrategias “estatales” propias de una sociedad teocrática aunque la arqueología no hable todavía de un “Estado Chavín”. Descubierta por Julio C. Tello (1919), la época Chavín representa para el mundo andino su primer momento de unificación cultural.
Una derivación Chavín, que luego dibujó sus propios rasgos, fue Paracas. Enclavada en medio del desierto costeño (Ica) esta cultura fue el resultado de una fusión de la tradición local, aldeas de pescadores, con las más sofisticadas tecnologías y formas ideológicas “chavinoides”. Surgió a finales del Primer Horizonte y prolongó su existencia hasta la primera época del Intermedio Temprano. En la costa sur fue el puente entre Chavín y Nazca.
Hacia 1925 Tello encontró una gran cantidad de cementerios en la Península de Paracas (18 kilómetros al sur de Pisco). Unos eran en forma de botellas (Cavernas) y otros eran grandes cementerios subterráneos (Necrópolis). Los primeros databan de 700 años a.C. y los segundos de 500 años a.C. Esto le valió a Tello para dividir la “historia” de los Paracas en dos períodos: Cavernas y Necrópolis.
La vida de los Paracas transcurrió entre la pesca, la horticultura, la fabricación de numerosos utensilios (cerámica, cuchillos de obsidiana, instrumentos musicales) y el tejido de hermosos mantos de algodón y lana. Sus sitios de ocupación más importantes están en Tajahuana, Cabeza Larga, Ocucaje, Media Luna y Cerro Colorado. Los ceramios, siempre con asa puente, fueron en Cavernas polícromos y en Necrópolis monócromos (crema).
Esta cultura se hizo famosa por su técnica funeraria. Momificaban a los muertos y los colocaban en fardos con abundantes objetos para ser utilizados en la siguiente vida; los individuos de mayor rango recibían más ofrendas textiles, hasta tres capas sucesivas. Los entierros tienen carácter colectivo y se supone que respondieron a criterios de parentesco. De otro lado, debido a la proliferación de conflictos y a las heridas recibidas en ellos, los Paracas desarrollaron la técnica de trepanar los cráneos; se hacía con “bisturíes” de obsidiana recubriendo la parte afectada con placas de metal.
Finalmente, en su fase Necrópolis, los Paracas tejieron los mejores mantos de los Andes precolombinos. Su decoración estuvo bordada con hilos multicolores de algodón o lana (esta última proveniente de intercambios con Ayacucho). Los motivos son diversos: geométricos, naturalistas y seres mitológicos que hasta hoy no sabemos su significado. Fue también en la fase Necrópolis que sus pobladores iniciaron el trazo de los célebres geoglifos de las Líneas de Nazca.
EL INTERMEDIO TEMPRANO (200 a.C.-550 d.C.): NAZCA Y MOCHICA.- En este período de diversificación cultural pueden identificarse dos grandes estilos regionales: uno en la costa norte, caracterizado por ceramios bícromos de asa estribo (Mochica), y el otro en la costa sur, con ceramios polícromos de asa puente (Nazca). Otros estilos aparecieron en Virú (La Libertad), Lambayeque, Recuay (Ancash), Lima, Cajamarca y Huarpa (Ayacucho). Estas culturas realizaron obras hidráulicas a gran escala para irrigar la costa desértica. Construyeron canales, sistemas de drenaje y represas que desviaban el agua de los ríos; también abrieron pozos para aprovechar las aguas subterráneas. De esta manera incrementaron notablemente la capacidad productiva de sus regiones. Estos cambios tecnológicos y económicos provocaron otros en el campo político que hicieron de estas sociedades los primeros “estados” en los Andes.
Mochica inició su desarrollo en los valles de Moche y Chicama (La Libertad) y se expandió hasta el Alto Piura por el norte y el valle de Huarmey (Ancash) por el sur. Aprovecharon la fertilidad de los valles de la costa norte, de clima cálido y húmedo, pero dos problemas afectaron su desarrollo: el avance del desierto y el Fenómeno del Niño. Los Moche no tuvieron un poder centralizado, sino varios curacas que dominaron en cada valle. Estos señores, como el de Sipán, ostentaban poderes sagrados y militares. Como símbolo de su poder portaban prendas de oro, plata y piedras preciosas. El ajuar funerario encontrado en las tumbas revela su alta jerarquía. También contaban con un séquito de parientes, servidores y “funcionarios”.
Los moche tuvieron dioses antropomorfos donde destaca una divinidad felínica, con cinturón de serpiente y que portaba un cuchillo ceremonial (Aia Paec o el “degollador”). En sus rituales el consumo de alucinógenos permitían una “comunicación” directa con sus dioses; por ello los sacerdotes, curanderos o “chamanes” gozaron de gran prestigio. Los sacrificios humanos (“ceremonia del sacrificio”) fueron una práctica común. Construyeron templos piramidales truncos de adobe, con plataformas y muros decorados con escenas rituales (Huaca del Sol, Huaca de la Luna y El Brujo). La cerámica también tenía una función ritual pues está decorada con escenas de ceremonias religiosas. Tenía dos colores (ocre y crema) y podía ser pictórica o escultórica (los “huacos retrato”).
En 1987 fue rescatada de los “huaqueros” la famosa tumba del Señor de Sipán. El hallazgo arqueológico mostró por primera vez todo el esplendor de una tumba correspondiente a un señor moche. El ajuar funerario que lo acompañaba a la otra vida era riquísimo: objetos de oro, plata, cobre y tumbaga (oro mezclado con cobre); turquesas, mullu y cerámica; el Señor, además, había sido enterrado con parte de su corte. El valor histórico del hallazgo superó ampliamente el valor material de los objetos pues nos descubrió facetas desconocidas de la vida y la cosmovisión de los mochicas. La tumba confirmó, por último, la gran destreza de estos antiguos peruanos en el trabajo de los metales.
La cultura Nazca se desarrolló a partir del templo de Cahuachi, una pirámide trunca construida de adobes hechos a mano aprovechando el promontorio natural. Su organización parece ser una confederación religiosa compuesta por ayllus de distintos linajes que habitaron los valles de Ica. En las vasijas y textiles se nota, además, aspectos de su vida religiosa y política. Predominan escenas de guerras rituales para conseguir las preciadas cabezas-trofeo; los hombres arriesgan sus cabezas y usaron porras, cuchillos de obsidiana y estólicas. También hay mujeres como víctimas. Expertos constructores de acueductos subterráneos o puquios, los nazcas desarrollaron una cerámica sobresaliente en términos pictóricos.
Los nazcas terminaron de trazar los famosos geogligos de las Líneas de Nazca. Éstas no parecen haber tenido un significado astronómico. Son la huella material de un complejo ritual propiciatorio. Los nazcas trazaron plazas y caminos para sus bailes rituales que, junto a plegarias y ofrendas, miraban un punto en el horizonte. Creían que en esa dirección se encontraban sus antepasados, el apu tutelar. Estos rituales se desarrollaban junto al paso de las estaciones y coincidían con la llegada del agua, recurso clave en la supervivencia del hombre costeño.
Las causas de la decadencia de nazcas y mochicas no están del todo claras. Parecen estar relacionadas a los efectos de un violento Fenómeno del Niño y a la expansión de la cultura Wari.
EL SEGUNDO HORIZONTE (550-900 d.C.): TIAHUANACO Y WARI.- Fue la segunda época de interrelación en los Andes definida por las culturas Tiahuanaco y Wari. El centro de la primera se ubicó en la región sureste del Lago Titicaca (actual Bolivia) y su influencia se extendió por la sierra sur del Perú y el norte de Chile; Wari tuvo su centro en Ayacucho y su expansión llegó a La Libertad y Cajamarca, por el norte, y Arequipa y Cuzco, por el sur.
Tiahuanaco se conoció desde el momento de la Conquista y los cronistas la relacionan como una “ciudad” arruinada y misteriosa; los incas, además, hablaron de ella como una civilización anterior a ellos. La arqueología confirmó luego que su antigüedad era mayor a la de los incas e identificó a Tiahuanaco como un Imperio que, tras su colapso, dio origen al Cuzco debido a migraciones de pueblos altiplánicos hacia el noroeste.
Estudios recientes confirman que Tiahuanaco fue un conjunto de ayllus vinculados a centros ceremoniales y administrativos (Kalassasaya, Akapana, Templete, entre otros) y que se “expandió” a través de colonias en los distintos pisos ecológicos que van desde el Altiplano boliviano a las costas del sur del Perú (Arequipa, Moquegua y Tacna) y el norte de Chile (Arica y Tarapacá); esto nos da la imagen de un “estado-colonizador”. En todo caso Tiahuanaco nunca fue un Imperio, o un pueblo guerrero y expansivo, sino un centro religioso con un particular culto (Wiracocha o “dios de los báculos”) cuya influencia también llegó a los actuales departamentos de Cuzco y Ayacucho, marcando claramente el posterior desarrollo de Wari.
La economía de Tiahuanaco se basaba en la agricultura, en el pastoreo de auquénidos y en la pesca lacustre y fluvial. Desarrollaron una cerámica donde destacó el vaso ceremonial (kero) con decoración geométrica y polícroma, y fueron los descubridores del bronce (aleación del cobre con el estaño). Construyeron grandes templos piramidales de piedra y esculpieron figuras megalíticas (Puerta del Sol, donde destaca la imagen del “dios de los báculos”, y el Monolito Benett). El colapso de esta cultura parece estar relacionado a cambios climáticos, iniciados hacia el 700 d.C., que modificaron los niveles del Lago Titicaca afectando seriamente la vida económica de sus pobladores.
En relación a Wari sí podemos hablar de una organización urbana dirigida, al parecer, por una élite guerrera que se expandió construyendo una red vial y una serie de centros administrativos. Si bien la arqueología aún no puede confirmar el carácter militarista de esta expansión, sí es visible que se logró una gran uniformidad de criterios en su área de influencia: centros urbanos planificados con barrios de artesanos y depósitos; arquitectura monumental y el uso del modelo “trapezoidal”; control de pisos ecológicos y la movilización de mitmaqkunas; culto al “dios de los báculos” (Wiracocha); red vial que luego sería ampliada por los incas; y la utilización del runa simi como lengua para los intercambios. Por esta razón se ha hablado del Horizonte Wari, del “primer imperio andino” o del primer Tahuantinsuyo. De todos modos no podríamos dudar que se trató de la primera época con características “imperiales” en los Andes de la que los Incas retomarían casi todas sus manifestaciones.
Los wari construyeron las “ciudades” de Wari (la “capital” ayacuchana), Ñawimpuquio y Conchopata (Ayacucho), Pikillacta (Cuzco), Pachacamac y Cajamarquila (Lima), Huarivilca (Huancavelica) Vilcahuaín (Ancash) y Wiracochapampa (La Libertad), entre otras. Todas ellas funcionaban como centros de almacenamiento y de producción artesanal (textiles, cerámica y objetos de metal). Terminaron convirtiéndose en cabeza de región y, alrededor del 800 d.C., cobraron cada vez mayor autonomía del centro ayacuchano dando inicio al colapso del Segundo Horizonte y configurando la “regionalización” del Intermedio Tardío. En este sentido el oráculo de Pachacamac adquirió independencia y cobró un prestigio que duraría hasta la época incaica.
EL INTERMEDIO TARDÍO (900-1.450 d.C.): CHIMÚ Y CHINCHA.- En este segundo período de “regionalización” la costa recupera la importancia perdida tras la expansión Wari. Los reinos de Chimú (costa norte) y Chincha (Ica) son los más representativos. No podemos dejar de mencionar, sin embargo, la presencia de otros señoríos en el Lago Titicaca (Lupacas, Collas y Pacajes); en la sierra central (Huancas); en Ayacucho (Chancas); en Arequipa (Collaguas y Cabanas, en el valle del Colca); en Ancash (Chancay, célebre por su arte textil); Lambayeque (Sicán, conocida por sus tumbas); y en Huánuco (Chupachos), entre muchos más. Todos terminaron conquistados por los Incas que, en su fase mítica pertenecieron a este Intermedio.
El reino Chimú es el que ha alcanzado mayor resonancia. Tuvo su centro en el valle de Moche (La Libertad) y su expansión militar lo llevó a dominar la costa desde Tumbes hasta el norte de Lima. Fue un reino conocido desde la conquista pues los cronistas conocieron a sus líderes (Chimo-Cápac o ciquiq) ya sometidos a los señores del Cuzco. Se trató de una sociedad muy jerarquizada con una población de unos 500 mil habitantes de los cuales casi 40 mil parecen haber vivido en la ciudadela de Chan Chan, capital del reino. Entre las diferentes lenguas que hablaban prevalecía el muchic o yunga.
Existe una “genealogía” de Chimú registrada por los cronistas. Tuvo 10 gobernantes y su fundador esta relacionado con la figura mítica de Naylamp o Tacaynamo; su último líder, antes de la conquista incaica, parece haber sido Minchacaman. Entre sus divinidades destacaba la luna, llamada si, seguida por el sol, las constelaciones y el mar, llamado ni. Asimismo, el soberano era considerado una deidad.
Sus pobladores se dedicaban a la agricultura aprovechando los valles de la costa norte y las aguas subterráneas (puquios); construyeron wachakes o terrazas agrícolas hundidas que aprovechaban la humedad del terreno. Sembraron maíz, frijol, maní, ají, algodón y frutales como lúcuma, pacae, guanábana y palta. Su economía se completada con la pesca y la recolección de mariscos. La caza parece haber sido una actividad ritual. Su cerámica (monócroma con gollete estribo) fue utilitaria y fabricaron hermosos mantos de plumas.
De los wari heredaron la tradición urbana y, de sus ancestros moches, la destreza en la orfebrería. Construyeron, o volvieron a ocupar, grandes ciudadelas de barro planificadas y divididas en sectores para artesanos (Chan Chan y Pacatnamú); en el trabajo de los metales realizaron múltiples objetos rituales (como el tumi o cuchillo ceremonial) y de decoración (muchas de éstas combinadas con piedras semipreciosas como la turquesa). Su orfebrería es todavía considerada la mejor del Perú prehispánico.
El Señorío de Chincha fue el más importante de la costa central. Sus asentamientos estuvieron distribuidos por todo el valle y de éstos destacan dos: Centinela de San Pedro y Centinela de Tambo de Mora, conocido también como Lurinchincha. Documentos del siglo XVI revelan que los chinchas estuvieron divididos en 12 mil campesinos, 10 mil pescadores y 6 mil “mercaderes”, además de un cierto número de orfebres cuya mayoría estaba ausente. Los campesinos cultivaban maíz y otros plantas como el algodón, mientras los pescadores salían al mar por turnos (mita) con sus balsas y redes.
Sus “mercaderes” se dedicaban al intercambio de productos. Navegaban por buena parte de la costa del Pacífico hasta el actual Ecuador y también trajinaban rutas terrestres hasta el Cuzco y el Collao. El objetivo central de su trueque fue distribuir el mullu, un molusco marino que gozaba de gran valor ritual en los Andes (ofrenda y alimento de los dioses). El comercio del mullu convirtió al Señorío de Chincha en uno de los pueblos de mayor prestigio en el futuro Tahuantinsuyo.
Los Incas terminaron absorbiendo a estos dos señoríos. La conquista de Chimú parece haber sido dramática según las crónicas. La arqueología nos habla de una crisis en la costa norte producida por graves inundaciones relacionadas con un Fenómeno del Niño; esta coyuntura sería aprovechada por los ejércitos de Túpac Yupanqui. La conquista de Chincha parece no haber sido violenta sino un proceso de alianza política con los cuzqueños.
EL TERCER HORIZONTE (1.450-1532): LOS INCAS.- Los incas llegaron al Cuzco alrededor del siglo XII como resultado de una movilización general. No se conoce con exactitud el lugar de partida; según los mitos salieron del Collao y pasaron por lugares como Pacaritambo donde dominaron, a su paso, diversas poblaciones. Hacia el siglo XIII eran el grupo de mayor prestigio y poder en el valle del Cuzco y se reclamaban descendientes del Sol. La fundación del Cuzco está relacionada con la figura mítica de Manco Cápac, primer Inca, e iniciador del linaje de gobernantes. Todos sus sucesores, hasta Wiracocha, son personajes míticos. No se puede hacer una “historia” de los Incas hasta el siglo XV; parece que en este lapso sólo llegaron a dominar el colindante valle de Yucay, muy rico en maíz. El gran cambio vino con Pachacútec, su primer gobernante histórico. Él venció a los chancas, implantó oficialmente el culto solar e inició la expansión. Había nacido el Tahuantinsuyo o “imperio de las cuatro partes del mundo”.
A Pachacútec le sucedieron Túpac Yupanqui y Hayna Cápac. Desde la victoria frente a los chancas (h. 1438) hasta la muerte de Huayna Cápac (1528), los incas conquistaron un enorme territorio de unos 4 millones de kilómetros cuadrados y poblado por 9 a 12 millones de personas. Iba desde Pasto (sur de Colombia) hasta Tucumán (Argentina) y Maule (Chile). Las mayores conquistas las realizó Túpac Yupanqui, quizá el personaje más fascinante que conocemos de esta larga historia andina; guerrero, viajero y visionario dominó a huancas, chimús, y chachapoyas; anexó el “reino de Quito” y posiblemente realizó una expedición marítima hasta la Polinesia; conquistó los territorios del extremo sur del Imperio, recorrió las pampas argentinas y se dice que arribó hasta el Estrecho de Magallanes. Huayna Cápac encontró un territorio muy amplio y se dedicó a pacificarlo y reorganizarlo. Sus sucesores, Huáscar y Atahualpa, encabezaron una lucha entre la élite por el poder que desgastó al Imperio justo cuando los españoles preparaban la invasión definitiva. Hacia 1530 el Tahuantinsuyo tenía una duración de menos de 100 años, un tiempo muy corto para poder dominar coherentemente su extenso territorio. No todos los grupos étnicos aceptaron el dominio de los cuzqueños y “colaboraron” con los invasores para recuperar su autonomía.
Los incas aprovecharon toda la experiencia acumulada en los Andes y su mérito fue extenderla desde su centro en el Cuzco. Los criterios de reciprocidad fueron aprovechados, y la mita y la redistribución fueron aplicadas en beneficio el Estado. Ampliaron y mejoraron la red de caminos de origen wari; multiplicaron los tambos (albergues en los caminos) y colcas (depósitos); andenes y puentes se siguieron construyendo; aprovecharon el control de pisos ecológicos y movilizaron a miles de mitimaes (mitmaqkuna) para colonizar áreas de cultivo o zonas recién conquistadas; finalmente, desarrollaron un eficiente sistema de administración y contabilidad (quipus) para movilizar a la población. Todo se realizó con la mediación de los curacas. Tuvieron un calendario solar y el año se dividió en festividades vinculadas al culto y al trabajo. Por último, fundaron ciudades (Tumibamba, Cajamarca, Huánuco Pampa) y otros centros administrativos cerca del Cuzco (Ollantaytambo, Písac, Machu Picchu).
El inca era un personaje sagrado; tenía varias esposas y junto a sus hijos formaba una panaca. Elegía a su sucesor (auqui) utilizando el criterio del más apto, no el de primogenitura. La familia del Inca junto a las demás panacas completaban la “nobleza de sangre”; a ella se le añadía la “nobleza de privilegio” formada por los señores de los pueblos sometidos. El resto lo formaban los hatunrunas (habitantes de los ayllus), los mitmaqkunas (familias de colonos) y los yanaconas (casta servil que dependía del Inca). Para la administración el Estado contaba con los “orejones” (nobles), los tucuyricuys (supervisores) y, naturalmente, con los curacas. El Sol (Inti) era la divinidad oficial pero siguieron cultos antiguos como Wiracocha, la Madre Tierra (Pachamama) y el Rayo (Illapa); también se respetaron los cultos locales (huacas). El sacerdote principal o Villac Umo vivía en el Coricancha; las acllas (“escogidas”) se dedicaban al culto y a atender las necesidades del Inca (vestido, comida). El Cuzco, “centro u ombligo del mundo”, era la ciudad sagrada desde donde se dividía el universo en cuatro suyos o partes.
Estas hazañas materiales cautivaron a los cronistas y marcaron para siempre la imagen del Perú prehispánico ante el mundo. Hoy, sin embargo, tenemos una visión más global acerca de los pobladores andinos. Gracias a la investigación arqueológica e histórica sabemos que concibieron el mundo como un inmenso tejido al aceptar formas de organización derivadas de sus dioses y que consideraron divinidades a los incas y a sus curacas. También sabemos que explicaron ritualmente (mediante mitos) su sociedad, sus diversos sistemas de organización y hasta su experiencia: la historia era registrada por una infinidad de mitos y no era lineal (o positiva) como la europea.
Las excavaciones han demostrado la presencia del hombre en los Andes por lo menos hace 10 mil años. Antes de la aparición de la primera sociedad compleja (Chavín, hacia el 1.000 a.C.) los arqueólogos distinguen etapas de cazadores-recolectores (Arcaico); horticultores, pastores y pescadores (Precerámico); y las primeras aldeas o templos (Formativo Inicial). La siguiente etapa ha sido dividida en períodos llamados “horizontes” e “intermedios”. El primero es un tiempo en que la población vivió relacionada por un poder central o por medio de patrones culturales ampliamente aceptados en la región andina; Chavín, Wari y los Incas corresponden a estos períodos de unificación. En oposición, los intermedios serían tiempos de regionalización o diversificación cultural: los reinos de Nazca, Mochica y Chimú son los ejemplos clásicos. Los horizontes indicarían un predominio serrano, mientras los intermedios un auge costeño.
La vida del hombre en los Andes es, pues, muy larga y debe entenderse que los Incas no fueron una ruptura en esta historia. Sus logros se explican gracias a que aprovecharon toda la experiencia anterior. Poco es lo que aportaron de original en los Andes, aunque ello no disminuye su importancia. Son el pueblo andino del que poseemos mayores testimonios y su estudio nos permite entender patrones de comportamiento y de organización anteriores a ellos. Sin los Incas hoy no manejaríamos los conocimientos que tenemos. De esta manera todo el mundo andino se comunica para nosotros: la historia de los Incas, por ejemplo, nos ayuda a entender Wari, así como los hallazgos arqueológicos de esta cultura enriquecen nuestra visión de los Incas.
LAS PRIMERAS HUELLAS DEL HOMBRE EN LOS ANDES.- Hace unos 13 mil años, en diversas oleadas, se inició el poblamiento del actual territorio peruano. Los primeros ocupantes poseían un amplio bagaje cultural: fabricaban utensilios, técnicas de caza especializada y recolección de plantas. Desde la llegada de estos cazadores-recolectores hasta la aparición de Chavín pasaron alrededor de 10 mil años. En la sierra el hombre se dedicaba a la caza de auquénidos y ciervos y recolectaba tubérculos y raíces; sus instrumentos los fabricaban con hueso, piedra (cuchillos y puntas de proyectil) y madera. En la costa la dieta estaba compuesta de peces y mariscos, pequeños roedores, lagartijas, aves y, a veces, ciervos y zorrillos. El mar, los valles y las lomas proporcionaban los principales alimentos. Las viviendas, en un primer momento, eran las cuevas y los abrigos rocosos. Hacia el 7 mil a.C. aparecieron arreglos en las cuevas: barreras de troncos y ramas en la entrada, muros pequeños de piedra y, al interior, pinturas rupestres y fogones, incluso hornos. En la costa hay campamentos semicirculares al aire libre. En esta época los hombres vivían en grupos no muy grandes de 20 a 30 individuos. Eran bandas lideradas por los más fuertes donde existía una “división del trabajo”: los hombres cazaba y pescaban; las mujeres y los jóvenes recolectaban plantas y atrapaban a los animales pequeños. Los sitios arqueológicos de Lauricocha (Huánuco), Pikimachay (Ayacucho), Toquepala (Moquegua), Guitarrero (Ancash), Telarmachay (Junín) y Cupisnique (La Libertad), entre otros, son los más representativos.
Hacia el octavo milenio se inició el proceso de domesticación de plantas. El proceso terminó con la agricultura y la construcción de las primeras aldeas y monumentos ceremoniales. En el sexto milenio se inició la domesticación de auquénidos (llamas), cuyes y patos que formó los primeros pueblos de pastores en el 4 mil a.C. En la sierra el hombre sembró oca, ají, olluco, frijol, pallar y zapallo; el maíz sería posterior (5 mil a.C.). En la costa la pesca se tecnificó (anzuelos, redes y embarcaciones) y se inició la siembra de calabaza, maní, palta, yuca, pacae algodón, lúcuma y maíz. No hay evidencia en la domesticación del perro pues al no ser oriundo de América, debió acompañar al hombre desde su ingreso al continente.
Con el cultivo de plantas se hizo necesaria la sedentarización y con ello aparecen las primeras aldeas. En la sierra estuvieron en los valles cálidos con facilidades para el cultivo. Las primeras aldeas en la costa surgieron cerca de la explotación de los recursos marinos (pesca y recolección de mariscos); eran pueblos de pescadores y recolectores de frutas cuyas viviendas eran semisubterráneas con techos de costillas de ballena o esteras de junco. Cuando la agricultura estuvo bien desarrollada se construyeron los primeros monumentos públicos. Los más antiguos fueron montículos elevados donde se diseñaron plazas, algunas hundidas, para desarrollar ceremonias rituales. Hacia el 1.800 a.C. se comenzaron a edificar grandes monumentos públicos piramidales de adobe (costa) y piedra (sierra). Los sitios arqueológicos de Kotosh (Huánuco), Huaca de los Reyes y Huaca Prieta (La Libertad), Sechín Alto y Moxeque-Pampa de las Llamas (Ancash), o Huaca La Florida, Las Haldas y Cerro Paloma (Lima), corresponden a este período.
Los tejidos más antiguos se han encontrado en Huaca Prieta (valle de Chicama); es un tejido de fibras de algodón entrelazado, sin telar, y con decoración. Los tejidos jugaron un papel importante en definir la posición social y se vincularon a prácticas rituales (entierros). La cerámica, por su lado, apareció luego de la domesticación de plantas y animales, la sedentarización y la construcción de monumentos. Probablemente vino de los actuales territorios de Ecuador o Colombia entre el 1.800 y 1.300 a.C. Las primeras piezas de cerámica reemplazaron a las de cestería y a las calabazas.
Lo cierto es que con todos estos avances culturales, producto de 10 mil años de observación y experimentación, el hombre andino se adaptó a su medio ecológico y había creado las condiciones para la aparición de las sociedades complejas o Altas Culturas del Primer Horizonte.
LAS BASES DE LA CULTURA ANDINA.-En los Andes el parentesco y la reciprocidad rigieron la vida de la población. Ésta se encontraba organizada en ayllus o familias extendidas que aparecieron hacia el primer milenio a.C. Sus miembros se reconocían parientes entre sí porque descendían de un antepasado común. Este vínculo ancestral (parentesco simbólico) les obligaba a ayudarse mutuamente. En este sentido la reciprocidad se basó en el parentesco, y era un intercambio de trabajo o ayuda que se medía en tiempo de servicio. Si alguien se negaba a prestar ayuda a sus parientes recibía la sanción del grupo que podía llegar hasta la expulsión.
Las formas de trabajo al interior del ayllu eran el ayni (intercambio de servicios entre personas de un mismo status), la minca (faenas colectivas que beneficiaban a todo el grupo) y la mita (trabajo rotativo en beneficio del curaca). Los curacas eran los jefes del ayllu y eran elegidos mediante actos rituales. Ellos organizaban el trabajo, administraban justicia y dirigían el culto. En los tiempos del Tahuantinsuyo fueron los mediadores entre el Inca y el ayllu.
En una economía sin moneda, sin mercado ni comercio, y sin un tributo tal como lo conocemos hoy , los principios de parentesco y reciprocidad fueron claves. De esta manera se desarrolló una reciprocidad con una jerarquía superior: el curaca o el Inca. Esta reciprocidad asimétrica fue la “redistribución”. En ella la autoridad proveía a los ayllus de recursos (alimentos, coca, tejido) según sus necesidades y en retribución a su trabajo en la mita. Los ayllus no daban productos a la autoridad en forma de tributo, ni el estado remuneraba con salario el trabajo de los indios. Todo esto funcionaba por medio de la reciprocidad. Los curacas, y luego los incas, almacenaban los productos obtenidos de la mita en depósitos (colcas) para luego redistribuirlos a los ayllus. Por lo tanto el poder y la riqueza no se medían en función de la acumulación de bienes sino en la capacidad de movilizar mano de obra a través del parentesco y la reciprocidad.
Tanto el espacio como el tiempo eran sagrados y tenían una explicación mítica y una representación ritual. La concepción del espacio era dualista, dividido en hanan y urin, opuestos complementarios. El concepto de autoridad también era dual. Los curacas y los incas no “heredaban” sus cargos, sino eran elegidos en medio de un ritual donde los urin eran siempre vencidos por los hanan. La imagen del tiempo era cíclica con sucesivas “edades” del mundo determinadas por tiempos de caos (desorden) y cosmos (orden).
La Pachamama era reconocida como la divinidad de la tierra (“madre tierra”) y productora de alimentos. Frente a ella, según el dualismo, hubo una divinidad ubicada en el mundo de arriba. Ésta parece ser Wiracocha, un dios celeste y con rasgos solares. En los mitos cuzqueños Wiracocha, luego de haber hecho una primera ordenación del mundo, mandando al sol y a la luna al cielo, dividió el mundo en cuatro partes: Chinchaysuyo (Oeste), Collasuyo (Este), Antisuyo (Norte) y Contisuyo (Sur); luego ordenó salir a los hombres del subsuelo (pacarina); finalmente, siguiendo el camino del sol, se perdió en el oceáno. Entre la dualidad cielo-tierra había comunicación con el rayo (illapa) o la serpiente (amaru). Cada ayllu tenía sus ídolos y su huacas, o lugares sagrados, que podían ser cerros (apus), lagunas o riachuelos.
EL PRIMER HORIZONTE (1.000-200 a.C.): CHAVÍN Y PARACAS.- Este período se caracteriza por ayllus organizados alrededor de templos (centros ceremoniales), basados en una agricultura avanzada (obras de irrigación) y complementada con el aprovechamiento de recursos marinos y la ganadería. Metalurgia, textilería, cerámica y escultura son técnicas que han avanzado notablemente respecto a la fase anterior. El arte está representado por imágenes impactantes (felinos, serpientes, aves de rapiña) que reflejan la ideología del momento. Toda esta influencia provino del centro ceremonial de Chavín de Huántar, ubicado en la sierra de Ancash.
Dentro de un contexto religioso muy complejo, y que aún no entendemos del todo, el culto al felino (el jaguar o una especie de dragón que vuela) fue la manifestación más predominante en Chavín. La cerámica (monócroma y de asa estribo) y toda la producción escultórica (Lanzón monolítico, cabezas clavas, Obelisco Tello y Estela de Raimondi) demuestran esta tendencia. De otro lado, el templo Chavín de Huántar fue el típico conjunto de edificios monumentales formado por plataformas superpuestas con planta rectangular abierta hacia uno de sus lados (en forma de “U”); hay escalinatas y galerías laberínticas subterráneas. Los templos de Kuntur Wasi (Cajamarca) y Sechín (Ancash) guardan este modelo. Otros centros “chavinoides” fueron Pacopampa, Garagay, Conchopata y Chongoyape.
La influencia de Chavín se extendió desde Tumbes, por el norte, hasta Ica y Ayacucho, por el sur. Se trató de una expansión artística, cultural y religiosa propia de un culto que desarrolló un enorme prestigio entre la población. Chavín, de otro lado, diseñó algunas estrategias “estatales” propias de una sociedad teocrática aunque la arqueología no hable todavía de un “Estado Chavín”. Descubierta por Julio C. Tello (1919), la época Chavín representa para el mundo andino su primer momento de unificación cultural.
Una derivación Chavín, que luego dibujó sus propios rasgos, fue Paracas. Enclavada en medio del desierto costeño (Ica) esta cultura fue el resultado de una fusión de la tradición local, aldeas de pescadores, con las más sofisticadas tecnologías y formas ideológicas “chavinoides”. Surgió a finales del Primer Horizonte y prolongó su existencia hasta la primera época del Intermedio Temprano. En la costa sur fue el puente entre Chavín y Nazca.
Hacia 1925 Tello encontró una gran cantidad de cementerios en la Península de Paracas (18 kilómetros al sur de Pisco). Unos eran en forma de botellas (Cavernas) y otros eran grandes cementerios subterráneos (Necrópolis). Los primeros databan de 700 años a.C. y los segundos de 500 años a.C. Esto le valió a Tello para dividir la “historia” de los Paracas en dos períodos: Cavernas y Necrópolis.
La vida de los Paracas transcurrió entre la pesca, la horticultura, la fabricación de numerosos utensilios (cerámica, cuchillos de obsidiana, instrumentos musicales) y el tejido de hermosos mantos de algodón y lana. Sus sitios de ocupación más importantes están en Tajahuana, Cabeza Larga, Ocucaje, Media Luna y Cerro Colorado. Los ceramios, siempre con asa puente, fueron en Cavernas polícromos y en Necrópolis monócromos (crema).
Esta cultura se hizo famosa por su técnica funeraria. Momificaban a los muertos y los colocaban en fardos con abundantes objetos para ser utilizados en la siguiente vida; los individuos de mayor rango recibían más ofrendas textiles, hasta tres capas sucesivas. Los entierros tienen carácter colectivo y se supone que respondieron a criterios de parentesco. De otro lado, debido a la proliferación de conflictos y a las heridas recibidas en ellos, los Paracas desarrollaron la técnica de trepanar los cráneos; se hacía con “bisturíes” de obsidiana recubriendo la parte afectada con placas de metal.
Finalmente, en su fase Necrópolis, los Paracas tejieron los mejores mantos de los Andes precolombinos. Su decoración estuvo bordada con hilos multicolores de algodón o lana (esta última proveniente de intercambios con Ayacucho). Los motivos son diversos: geométricos, naturalistas y seres mitológicos que hasta hoy no sabemos su significado. Fue también en la fase Necrópolis que sus pobladores iniciaron el trazo de los célebres geoglifos de las Líneas de Nazca.
EL INTERMEDIO TEMPRANO (200 a.C.-550 d.C.): NAZCA Y MOCHICA.- En este período de diversificación cultural pueden identificarse dos grandes estilos regionales: uno en la costa norte, caracterizado por ceramios bícromos de asa estribo (Mochica), y el otro en la costa sur, con ceramios polícromos de asa puente (Nazca). Otros estilos aparecieron en Virú (La Libertad), Lambayeque, Recuay (Ancash), Lima, Cajamarca y Huarpa (Ayacucho). Estas culturas realizaron obras hidráulicas a gran escala para irrigar la costa desértica. Construyeron canales, sistemas de drenaje y represas que desviaban el agua de los ríos; también abrieron pozos para aprovechar las aguas subterráneas. De esta manera incrementaron notablemente la capacidad productiva de sus regiones. Estos cambios tecnológicos y económicos provocaron otros en el campo político que hicieron de estas sociedades los primeros “estados” en los Andes.
Mochica inició su desarrollo en los valles de Moche y Chicama (La Libertad) y se expandió hasta el Alto Piura por el norte y el valle de Huarmey (Ancash) por el sur. Aprovecharon la fertilidad de los valles de la costa norte, de clima cálido y húmedo, pero dos problemas afectaron su desarrollo: el avance del desierto y el Fenómeno del Niño. Los Moche no tuvieron un poder centralizado, sino varios curacas que dominaron en cada valle. Estos señores, como el de Sipán, ostentaban poderes sagrados y militares. Como símbolo de su poder portaban prendas de oro, plata y piedras preciosas. El ajuar funerario encontrado en las tumbas revela su alta jerarquía. También contaban con un séquito de parientes, servidores y “funcionarios”.
Los moche tuvieron dioses antropomorfos donde destaca una divinidad felínica, con cinturón de serpiente y que portaba un cuchillo ceremonial (Aia Paec o el “degollador”). En sus rituales el consumo de alucinógenos permitían una “comunicación” directa con sus dioses; por ello los sacerdotes, curanderos o “chamanes” gozaron de gran prestigio. Los sacrificios humanos (“ceremonia del sacrificio”) fueron una práctica común. Construyeron templos piramidales truncos de adobe, con plataformas y muros decorados con escenas rituales (Huaca del Sol, Huaca de la Luna y El Brujo). La cerámica también tenía una función ritual pues está decorada con escenas de ceremonias religiosas. Tenía dos colores (ocre y crema) y podía ser pictórica o escultórica (los “huacos retrato”).
En 1987 fue rescatada de los “huaqueros” la famosa tumba del Señor de Sipán. El hallazgo arqueológico mostró por primera vez todo el esplendor de una tumba correspondiente a un señor moche. El ajuar funerario que lo acompañaba a la otra vida era riquísimo: objetos de oro, plata, cobre y tumbaga (oro mezclado con cobre); turquesas, mullu y cerámica; el Señor, además, había sido enterrado con parte de su corte. El valor histórico del hallazgo superó ampliamente el valor material de los objetos pues nos descubrió facetas desconocidas de la vida y la cosmovisión de los mochicas. La tumba confirmó, por último, la gran destreza de estos antiguos peruanos en el trabajo de los metales.
La cultura Nazca se desarrolló a partir del templo de Cahuachi, una pirámide trunca construida de adobes hechos a mano aprovechando el promontorio natural. Su organización parece ser una confederación religiosa compuesta por ayllus de distintos linajes que habitaron los valles de Ica. En las vasijas y textiles se nota, además, aspectos de su vida religiosa y política. Predominan escenas de guerras rituales para conseguir las preciadas cabezas-trofeo; los hombres arriesgan sus cabezas y usaron porras, cuchillos de obsidiana y estólicas. También hay mujeres como víctimas. Expertos constructores de acueductos subterráneos o puquios, los nazcas desarrollaron una cerámica sobresaliente en términos pictóricos.
Los nazcas terminaron de trazar los famosos geogligos de las Líneas de Nazca. Éstas no parecen haber tenido un significado astronómico. Son la huella material de un complejo ritual propiciatorio. Los nazcas trazaron plazas y caminos para sus bailes rituales que, junto a plegarias y ofrendas, miraban un punto en el horizonte. Creían que en esa dirección se encontraban sus antepasados, el apu tutelar. Estos rituales se desarrollaban junto al paso de las estaciones y coincidían con la llegada del agua, recurso clave en la supervivencia del hombre costeño.
Las causas de la decadencia de nazcas y mochicas no están del todo claras. Parecen estar relacionadas a los efectos de un violento Fenómeno del Niño y a la expansión de la cultura Wari.
EL SEGUNDO HORIZONTE (550-900 d.C.): TIAHUANACO Y WARI.- Fue la segunda época de interrelación en los Andes definida por las culturas Tiahuanaco y Wari. El centro de la primera se ubicó en la región sureste del Lago Titicaca (actual Bolivia) y su influencia se extendió por la sierra sur del Perú y el norte de Chile; Wari tuvo su centro en Ayacucho y su expansión llegó a La Libertad y Cajamarca, por el norte, y Arequipa y Cuzco, por el sur.
Tiahuanaco se conoció desde el momento de la Conquista y los cronistas la relacionan como una “ciudad” arruinada y misteriosa; los incas, además, hablaron de ella como una civilización anterior a ellos. La arqueología confirmó luego que su antigüedad era mayor a la de los incas e identificó a Tiahuanaco como un Imperio que, tras su colapso, dio origen al Cuzco debido a migraciones de pueblos altiplánicos hacia el noroeste.
Estudios recientes confirman que Tiahuanaco fue un conjunto de ayllus vinculados a centros ceremoniales y administrativos (Kalassasaya, Akapana, Templete, entre otros) y que se “expandió” a través de colonias en los distintos pisos ecológicos que van desde el Altiplano boliviano a las costas del sur del Perú (Arequipa, Moquegua y Tacna) y el norte de Chile (Arica y Tarapacá); esto nos da la imagen de un “estado-colonizador”. En todo caso Tiahuanaco nunca fue un Imperio, o un pueblo guerrero y expansivo, sino un centro religioso con un particular culto (Wiracocha o “dios de los báculos”) cuya influencia también llegó a los actuales departamentos de Cuzco y Ayacucho, marcando claramente el posterior desarrollo de Wari.
La economía de Tiahuanaco se basaba en la agricultura, en el pastoreo de auquénidos y en la pesca lacustre y fluvial. Desarrollaron una cerámica donde destacó el vaso ceremonial (kero) con decoración geométrica y polícroma, y fueron los descubridores del bronce (aleación del cobre con el estaño). Construyeron grandes templos piramidales de piedra y esculpieron figuras megalíticas (Puerta del Sol, donde destaca la imagen del “dios de los báculos”, y el Monolito Benett). El colapso de esta cultura parece estar relacionado a cambios climáticos, iniciados hacia el 700 d.C., que modificaron los niveles del Lago Titicaca afectando seriamente la vida económica de sus pobladores.
En relación a Wari sí podemos hablar de una organización urbana dirigida, al parecer, por una élite guerrera que se expandió construyendo una red vial y una serie de centros administrativos. Si bien la arqueología aún no puede confirmar el carácter militarista de esta expansión, sí es visible que se logró una gran uniformidad de criterios en su área de influencia: centros urbanos planificados con barrios de artesanos y depósitos; arquitectura monumental y el uso del modelo “trapezoidal”; control de pisos ecológicos y la movilización de mitmaqkunas; culto al “dios de los báculos” (Wiracocha); red vial que luego sería ampliada por los incas; y la utilización del runa simi como lengua para los intercambios. Por esta razón se ha hablado del Horizonte Wari, del “primer imperio andino” o del primer Tahuantinsuyo. De todos modos no podríamos dudar que se trató de la primera época con características “imperiales” en los Andes de la que los Incas retomarían casi todas sus manifestaciones.
Los wari construyeron las “ciudades” de Wari (la “capital” ayacuchana), Ñawimpuquio y Conchopata (Ayacucho), Pikillacta (Cuzco), Pachacamac y Cajamarquila (Lima), Huarivilca (Huancavelica) Vilcahuaín (Ancash) y Wiracochapampa (La Libertad), entre otras. Todas ellas funcionaban como centros de almacenamiento y de producción artesanal (textiles, cerámica y objetos de metal). Terminaron convirtiéndose en cabeza de región y, alrededor del 800 d.C., cobraron cada vez mayor autonomía del centro ayacuchano dando inicio al colapso del Segundo Horizonte y configurando la “regionalización” del Intermedio Tardío. En este sentido el oráculo de Pachacamac adquirió independencia y cobró un prestigio que duraría hasta la época incaica.
EL INTERMEDIO TARDÍO (900-1.450 d.C.): CHIMÚ Y CHINCHA.- En este segundo período de “regionalización” la costa recupera la importancia perdida tras la expansión Wari. Los reinos de Chimú (costa norte) y Chincha (Ica) son los más representativos. No podemos dejar de mencionar, sin embargo, la presencia de otros señoríos en el Lago Titicaca (Lupacas, Collas y Pacajes); en la sierra central (Huancas); en Ayacucho (Chancas); en Arequipa (Collaguas y Cabanas, en el valle del Colca); en Ancash (Chancay, célebre por su arte textil); Lambayeque (Sicán, conocida por sus tumbas); y en Huánuco (Chupachos), entre muchos más. Todos terminaron conquistados por los Incas que, en su fase mítica pertenecieron a este Intermedio.
El reino Chimú es el que ha alcanzado mayor resonancia. Tuvo su centro en el valle de Moche (La Libertad) y su expansión militar lo llevó a dominar la costa desde Tumbes hasta el norte de Lima. Fue un reino conocido desde la conquista pues los cronistas conocieron a sus líderes (Chimo-Cápac o ciquiq) ya sometidos a los señores del Cuzco. Se trató de una sociedad muy jerarquizada con una población de unos 500 mil habitantes de los cuales casi 40 mil parecen haber vivido en la ciudadela de Chan Chan, capital del reino. Entre las diferentes lenguas que hablaban prevalecía el muchic o yunga.
Existe una “genealogía” de Chimú registrada por los cronistas. Tuvo 10 gobernantes y su fundador esta relacionado con la figura mítica de Naylamp o Tacaynamo; su último líder, antes de la conquista incaica, parece haber sido Minchacaman. Entre sus divinidades destacaba la luna, llamada si, seguida por el sol, las constelaciones y el mar, llamado ni. Asimismo, el soberano era considerado una deidad.
Sus pobladores se dedicaban a la agricultura aprovechando los valles de la costa norte y las aguas subterráneas (puquios); construyeron wachakes o terrazas agrícolas hundidas que aprovechaban la humedad del terreno. Sembraron maíz, frijol, maní, ají, algodón y frutales como lúcuma, pacae, guanábana y palta. Su economía se completada con la pesca y la recolección de mariscos. La caza parece haber sido una actividad ritual. Su cerámica (monócroma con gollete estribo) fue utilitaria y fabricaron hermosos mantos de plumas.
De los wari heredaron la tradición urbana y, de sus ancestros moches, la destreza en la orfebrería. Construyeron, o volvieron a ocupar, grandes ciudadelas de barro planificadas y divididas en sectores para artesanos (Chan Chan y Pacatnamú); en el trabajo de los metales realizaron múltiples objetos rituales (como el tumi o cuchillo ceremonial) y de decoración (muchas de éstas combinadas con piedras semipreciosas como la turquesa). Su orfebrería es todavía considerada la mejor del Perú prehispánico.
El Señorío de Chincha fue el más importante de la costa central. Sus asentamientos estuvieron distribuidos por todo el valle y de éstos destacan dos: Centinela de San Pedro y Centinela de Tambo de Mora, conocido también como Lurinchincha. Documentos del siglo XVI revelan que los chinchas estuvieron divididos en 12 mil campesinos, 10 mil pescadores y 6 mil “mercaderes”, además de un cierto número de orfebres cuya mayoría estaba ausente. Los campesinos cultivaban maíz y otros plantas como el algodón, mientras los pescadores salían al mar por turnos (mita) con sus balsas y redes.
Sus “mercaderes” se dedicaban al intercambio de productos. Navegaban por buena parte de la costa del Pacífico hasta el actual Ecuador y también trajinaban rutas terrestres hasta el Cuzco y el Collao. El objetivo central de su trueque fue distribuir el mullu, un molusco marino que gozaba de gran valor ritual en los Andes (ofrenda y alimento de los dioses). El comercio del mullu convirtió al Señorío de Chincha en uno de los pueblos de mayor prestigio en el futuro Tahuantinsuyo.
Los Incas terminaron absorbiendo a estos dos señoríos. La conquista de Chimú parece haber sido dramática según las crónicas. La arqueología nos habla de una crisis en la costa norte producida por graves inundaciones relacionadas con un Fenómeno del Niño; esta coyuntura sería aprovechada por los ejércitos de Túpac Yupanqui. La conquista de Chincha parece no haber sido violenta sino un proceso de alianza política con los cuzqueños.
EL TERCER HORIZONTE (1.450-1532): LOS INCAS.- Los incas llegaron al Cuzco alrededor del siglo XII como resultado de una movilización general. No se conoce con exactitud el lugar de partida; según los mitos salieron del Collao y pasaron por lugares como Pacaritambo donde dominaron, a su paso, diversas poblaciones. Hacia el siglo XIII eran el grupo de mayor prestigio y poder en el valle del Cuzco y se reclamaban descendientes del Sol. La fundación del Cuzco está relacionada con la figura mítica de Manco Cápac, primer Inca, e iniciador del linaje de gobernantes. Todos sus sucesores, hasta Wiracocha, son personajes míticos. No se puede hacer una “historia” de los Incas hasta el siglo XV; parece que en este lapso sólo llegaron a dominar el colindante valle de Yucay, muy rico en maíz. El gran cambio vino con Pachacútec, su primer gobernante histórico. Él venció a los chancas, implantó oficialmente el culto solar e inició la expansión. Había nacido el Tahuantinsuyo o “imperio de las cuatro partes del mundo”.
A Pachacútec le sucedieron Túpac Yupanqui y Hayna Cápac. Desde la victoria frente a los chancas (h. 1438) hasta la muerte de Huayna Cápac (1528), los incas conquistaron un enorme territorio de unos 4 millones de kilómetros cuadrados y poblado por 9 a 12 millones de personas. Iba desde Pasto (sur de Colombia) hasta Tucumán (Argentina) y Maule (Chile). Las mayores conquistas las realizó Túpac Yupanqui, quizá el personaje más fascinante que conocemos de esta larga historia andina; guerrero, viajero y visionario dominó a huancas, chimús, y chachapoyas; anexó el “reino de Quito” y posiblemente realizó una expedición marítima hasta la Polinesia; conquistó los territorios del extremo sur del Imperio, recorrió las pampas argentinas y se dice que arribó hasta el Estrecho de Magallanes. Huayna Cápac encontró un territorio muy amplio y se dedicó a pacificarlo y reorganizarlo. Sus sucesores, Huáscar y Atahualpa, encabezaron una lucha entre la élite por el poder que desgastó al Imperio justo cuando los españoles preparaban la invasión definitiva. Hacia 1530 el Tahuantinsuyo tenía una duración de menos de 100 años, un tiempo muy corto para poder dominar coherentemente su extenso territorio. No todos los grupos étnicos aceptaron el dominio de los cuzqueños y “colaboraron” con los invasores para recuperar su autonomía.
Los incas aprovecharon toda la experiencia acumulada en los Andes y su mérito fue extenderla desde su centro en el Cuzco. Los criterios de reciprocidad fueron aprovechados, y la mita y la redistribución fueron aplicadas en beneficio el Estado. Ampliaron y mejoraron la red de caminos de origen wari; multiplicaron los tambos (albergues en los caminos) y colcas (depósitos); andenes y puentes se siguieron construyendo; aprovecharon el control de pisos ecológicos y movilizaron a miles de mitimaes (mitmaqkuna) para colonizar áreas de cultivo o zonas recién conquistadas; finalmente, desarrollaron un eficiente sistema de administración y contabilidad (quipus) para movilizar a la población. Todo se realizó con la mediación de los curacas. Tuvieron un calendario solar y el año se dividió en festividades vinculadas al culto y al trabajo. Por último, fundaron ciudades (Tumibamba, Cajamarca, Huánuco Pampa) y otros centros administrativos cerca del Cuzco (Ollantaytambo, Písac, Machu Picchu).
El inca era un personaje sagrado; tenía varias esposas y junto a sus hijos formaba una panaca. Elegía a su sucesor (auqui) utilizando el criterio del más apto, no el de primogenitura. La familia del Inca junto a las demás panacas completaban la “nobleza de sangre”; a ella se le añadía la “nobleza de privilegio” formada por los señores de los pueblos sometidos. El resto lo formaban los hatunrunas (habitantes de los ayllus), los mitmaqkunas (familias de colonos) y los yanaconas (casta servil que dependía del Inca). Para la administración el Estado contaba con los “orejones” (nobles), los tucuyricuys (supervisores) y, naturalmente, con los curacas. El Sol (Inti) era la divinidad oficial pero siguieron cultos antiguos como Wiracocha, la Madre Tierra (Pachamama) y el Rayo (Illapa); también se respetaron los cultos locales (huacas). El sacerdote principal o Villac Umo vivía en el Coricancha; las acllas (“escogidas”) se dedicaban al culto y a atender las necesidades del Inca (vestido, comida). El Cuzco, “centro u ombligo del mundo”, era la ciudad sagrada desde donde se dividía el universo en cuatro suyos o partes.
22/05/09: Nobles por la gracia del dictador Franco
La Ley de la Memoria Histórica de España, que suprime los símbolos de exaltación de la dictadura franquista, se ha olvidado de los títulos nobiliarios que el Generalísimo otorgó a militares, falangistas, empresarios y personalidades adeptos a su régimen. Los nietos de aquellos ostentan hoy esas dignidades.
Tras la Guerra de la Independencia, Fernando VII premió al militar Enrique José O’Donnell con el título de conde de La Bisbal por su heroicidad al capturar al general francés Schwartz. En 1949, el caudillo Francisco Franco recompensó al general Fidel Dávila con un marquesado que lleva su nombre por su papel en la sublevación contra la II República. Además, en 1951 le regaló la Grandeza de España, la máxima dignidad de la jerarquía nobiliaria española. O’Donnell contribuyó a la expulsión de los franceses; Dávila, al fratricidio.
Como jefe de Estado, Franco se arrogó, mediante la ley de 4 de mayo de 1948, la capacidad de conceder títulos nobiliarios, abolidos durante la República. Recompensó con ellos a militares que secundaron el levantamiento del 18 de julio de 1936, como Juan Yagüe, José Luis Moscardó y Gonzalo Queipo de Llano; a empresarios fieles a su cruzada, como el vizcaíno Patricio Echevarría, fundador de la marca de herramientas Bellota, y Alfonso Churruca, abuelo de Emilio Ybarra, ex presidente del BBVA; a los más destacados falangistas, como José Antonio Primo de Rivera y su hermana Pilar, y a intelectuales y científicos, como el escritor Ramiro de Maeztu y el premio Nobel de Medicina Santiago Ramón y Cajal.
En total, Franco otorgó 35 nuevos títulos nobiliarios que hoy siguen vigentes y que ostentan los descendientes de aquellos agraciados. Este aspecto, la herencia de las dignidades nobiliarias otorgadas en la dictadura, no se contempla en la Ley 52/2007 de 26 de diciembre, conocida como de Memoria Histórica. Y así, los nietos de los militares y políticos que ejercieron la represión están solicitando la renovación de sus títulos sin ningún obstáculo. Los últimos en hacerlo han sido Francisco García-Escámez Pablos, nieto de teniente general García Escámez, que renovó el título de marqués de Somosierra en julio de 2008, y Emilio Mola Pérez de Laborda, nieto del general Emilio Mola, que obtuvo la renovación el pasado 10 de marzo. Precisamente, la firma de la resolución por Mariano Fernández Bermejo, en esa fecha ministro de Justicia, para que se expida la Real Carta de Sucesión en el título de duque de Mola ha provocado la reacción de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) y de Izquierda Unida (IU). Ambas entidades exigen la supresión de los títulos concedidos por Franco a todos aquellos “que participaron y colaboraron en el sostenimiento de la dictadura”. Para Emilio Silva, presidente de ARMH, es “intolerable que aún conserven sus honores los que se levantaron contra el gobierno legítimo de la República”. El diputado de IU, Gaspar Llamazares, opina que “la Ley de la Memoria Histórica debe ser mejorada. Igual que establece la supresión de símbolos de exaltación de la dictadura, esos títulos nobiliarios deben ser derogados”.
“La historia es la historia”
Si fuera por Eugenia Yagüe Martínez del Campo, hija del general Juan Yagüe, lo que desaparecería sería la Ley de Memoria Histórica y no el título que el caudillo regaló a su progenitor, marqués de San Leonardo de Yagüe, y que ahora ostenta su hermano Juan, también militar. El general Yagüe ha pasado a la historia como el carnicero de Badajoz por la matanza de republicanos que bajo sus órdenes se acometió en la capital extremeña. “La historia es la historia y hay que asimilarla. Un pueblo que olvida su historia es un pueblo muerto –sentencia Eugenia Yagüe–. Franco concedió el título a mi padre por sus méritos, por su categoría técnica y humana. Me parece una locura que ahora se quiera abolir”.
La mayoría de los nobles de Franco son vistos con cierto desdén por el resto de la aristocracia española, formada por 2.790 títulos, concedidos todos ellos por distintos monarcas. Un conde español, abogado, cuyo título fue concedido a finales del siglo XIX, reconoce a Interviú que “los nobles de Franco desvirtúan la esencia misma de la nobleza, por no haber sido designados por un rey”. Señala también este conde que “una dictadura militar, antecedida de una guerra civil, no es el escenario ideal para recompensar a nadie con un título”. Otro aristócrata, cuyo abolengo data del siglo XVIII y cuya familia no comulgó con el franquismo, opina que los herederos de los militares y empresarios agasajados por Franco con una dignidad nobiliaria “deberían haber renunciado a la sucesión, porque hoy en día están claras las barbaridades que cometieron algunos, como firmar sentencias de muerte para compatriotas”.
Aunque a los ojos de otros nobles los de Franco sean vistos como menos aristócratas, lo cierto es que la corte del dictador amasó considerables fortunas y ennoblecieron a sus familias. Fue el caso del ingeniero vizcaíno Alfonso Churruca Calbetón, abuelo de Emilio Ybarra, ex presidente del BBVA. Churruca, quien perdió un hijo en la guerra, ocupó la presidencia de Campsa, Azucarera Española, Altos Hornos de Vizcaya y de otras 15 grandes empresas. En 1969, Franco lo nombró conde de El Abra, título que heredó su hija María Dolores y que recientemente ha cedido a su hijo Santiago. El gallego Pedro Barrié de la Maza fue otro empresario convertido en conde, en su caso de Fenosa, ya que fue el creador de las Fuerzas Eléctricas del Noroeste, en 1943. Presidente del Banco Pastor, de Astilleros y Talleres del Noroeste (Astano), Gas Madrid y de la compañía Española de Propaganda, Industria y Cinematografía, entre otras sociedades. Barrié fue uno de los promotores de la donación del Pazo de Meirás al caudillo.
El general Gonzalo Queipo de Llano, uno de los cabecillas de la sublevación de julio del 36, recibió una finca donada por el pueblo de Sevilla, tras ser nombrado marqués, en 1950. Su hijo, el segundo marqués de Queipo de Llano, fallecido el año pasado, declaró en 1976: “La suscripción popular fue hecha en homenaje a mi padre, tomando parte en ella personas de toda clase y condición que, voluntariamente, en prueba de agradecimiento por haberles salvado de caer bajo dominio rojo, no dudaron en aportar lo que buenamente podían”. El hijo del general, que a su vez fue teniente general del Ejército del Aire, ocupó durante muchos años un puesto en el consejo de administración de Inmobiliaria del Sur, uno de los principales grupos empresariales andaluces.
Muchos de los decretos que ennoblecieron a los militares franquistas fueron firmados un 18 de julio, fecha significativa del régimen, que “nos impone de manera ineludible el deber de reavivar el recuerdo de los que por los actos y servicios prestados en la Cruzada se hicieron acreedores a que la gratitud de la Nación se exteriorice, otorgándoles honores adecuados a sus merecimientos”. Por decreto, a la mayoría de ellos se les condonó el impuesto de sucesión del título en las dos siguientes generaciones y su último privilegio fue disponer del pasaporte diplomático, retirado en 1984.
Algunos descendientes de aquellos militares golpistas han seguido la carrera militar sin renunciar a los negocios. Por ejemplo, el hijo del capitán general José Enrique Varela, marqués de Varela de San Fernando, ex ministro del Ejército. Su único hijo varón, actual marqués, es capitán y fue consejero de Cementos Lemona, absorbido por Portland, y está vinculado a Cementos Alfa, otra de las más importantes firmas del sector.
Fuente: revista Interviu (18/05/09)

Tras la Guerra de la Independencia, Fernando VII premió al militar Enrique José O’Donnell con el título de conde de La Bisbal por su heroicidad al capturar al general francés Schwartz. En 1949, el caudillo Francisco Franco recompensó al general Fidel Dávila con un marquesado que lleva su nombre por su papel en la sublevación contra la II República. Además, en 1951 le regaló la Grandeza de España, la máxima dignidad de la jerarquía nobiliaria española. O’Donnell contribuyó a la expulsión de los franceses; Dávila, al fratricidio.
Como jefe de Estado, Franco se arrogó, mediante la ley de 4 de mayo de 1948, la capacidad de conceder títulos nobiliarios, abolidos durante la República. Recompensó con ellos a militares que secundaron el levantamiento del 18 de julio de 1936, como Juan Yagüe, José Luis Moscardó y Gonzalo Queipo de Llano; a empresarios fieles a su cruzada, como el vizcaíno Patricio Echevarría, fundador de la marca de herramientas Bellota, y Alfonso Churruca, abuelo de Emilio Ybarra, ex presidente del BBVA; a los más destacados falangistas, como José Antonio Primo de Rivera y su hermana Pilar, y a intelectuales y científicos, como el escritor Ramiro de Maeztu y el premio Nobel de Medicina Santiago Ramón y Cajal.
En total, Franco otorgó 35 nuevos títulos nobiliarios que hoy siguen vigentes y que ostentan los descendientes de aquellos agraciados. Este aspecto, la herencia de las dignidades nobiliarias otorgadas en la dictadura, no se contempla en la Ley 52/2007 de 26 de diciembre, conocida como de Memoria Histórica. Y así, los nietos de los militares y políticos que ejercieron la represión están solicitando la renovación de sus títulos sin ningún obstáculo. Los últimos en hacerlo han sido Francisco García-Escámez Pablos, nieto de teniente general García Escámez, que renovó el título de marqués de Somosierra en julio de 2008, y Emilio Mola Pérez de Laborda, nieto del general Emilio Mola, que obtuvo la renovación el pasado 10 de marzo. Precisamente, la firma de la resolución por Mariano Fernández Bermejo, en esa fecha ministro de Justicia, para que se expida la Real Carta de Sucesión en el título de duque de Mola ha provocado la reacción de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) y de Izquierda Unida (IU). Ambas entidades exigen la supresión de los títulos concedidos por Franco a todos aquellos “que participaron y colaboraron en el sostenimiento de la dictadura”. Para Emilio Silva, presidente de ARMH, es “intolerable que aún conserven sus honores los que se levantaron contra el gobierno legítimo de la República”. El diputado de IU, Gaspar Llamazares, opina que “la Ley de la Memoria Histórica debe ser mejorada. Igual que establece la supresión de símbolos de exaltación de la dictadura, esos títulos nobiliarios deben ser derogados”.
“La historia es la historia”
Si fuera por Eugenia Yagüe Martínez del Campo, hija del general Juan Yagüe, lo que desaparecería sería la Ley de Memoria Histórica y no el título que el caudillo regaló a su progenitor, marqués de San Leonardo de Yagüe, y que ahora ostenta su hermano Juan, también militar. El general Yagüe ha pasado a la historia como el carnicero de Badajoz por la matanza de republicanos que bajo sus órdenes se acometió en la capital extremeña. “La historia es la historia y hay que asimilarla. Un pueblo que olvida su historia es un pueblo muerto –sentencia Eugenia Yagüe–. Franco concedió el título a mi padre por sus méritos, por su categoría técnica y humana. Me parece una locura que ahora se quiera abolir”.
La mayoría de los nobles de Franco son vistos con cierto desdén por el resto de la aristocracia española, formada por 2.790 títulos, concedidos todos ellos por distintos monarcas. Un conde español, abogado, cuyo título fue concedido a finales del siglo XIX, reconoce a Interviú que “los nobles de Franco desvirtúan la esencia misma de la nobleza, por no haber sido designados por un rey”. Señala también este conde que “una dictadura militar, antecedida de una guerra civil, no es el escenario ideal para recompensar a nadie con un título”. Otro aristócrata, cuyo abolengo data del siglo XVIII y cuya familia no comulgó con el franquismo, opina que los herederos de los militares y empresarios agasajados por Franco con una dignidad nobiliaria “deberían haber renunciado a la sucesión, porque hoy en día están claras las barbaridades que cometieron algunos, como firmar sentencias de muerte para compatriotas”.
Aunque a los ojos de otros nobles los de Franco sean vistos como menos aristócratas, lo cierto es que la corte del dictador amasó considerables fortunas y ennoblecieron a sus familias. Fue el caso del ingeniero vizcaíno Alfonso Churruca Calbetón, abuelo de Emilio Ybarra, ex presidente del BBVA. Churruca, quien perdió un hijo en la guerra, ocupó la presidencia de Campsa, Azucarera Española, Altos Hornos de Vizcaya y de otras 15 grandes empresas. En 1969, Franco lo nombró conde de El Abra, título que heredó su hija María Dolores y que recientemente ha cedido a su hijo Santiago. El gallego Pedro Barrié de la Maza fue otro empresario convertido en conde, en su caso de Fenosa, ya que fue el creador de las Fuerzas Eléctricas del Noroeste, en 1943. Presidente del Banco Pastor, de Astilleros y Talleres del Noroeste (Astano), Gas Madrid y de la compañía Española de Propaganda, Industria y Cinematografía, entre otras sociedades. Barrié fue uno de los promotores de la donación del Pazo de Meirás al caudillo.
El general Gonzalo Queipo de Llano, uno de los cabecillas de la sublevación de julio del 36, recibió una finca donada por el pueblo de Sevilla, tras ser nombrado marqués, en 1950. Su hijo, el segundo marqués de Queipo de Llano, fallecido el año pasado, declaró en 1976: “La suscripción popular fue hecha en homenaje a mi padre, tomando parte en ella personas de toda clase y condición que, voluntariamente, en prueba de agradecimiento por haberles salvado de caer bajo dominio rojo, no dudaron en aportar lo que buenamente podían”. El hijo del general, que a su vez fue teniente general del Ejército del Aire, ocupó durante muchos años un puesto en el consejo de administración de Inmobiliaria del Sur, uno de los principales grupos empresariales andaluces.
Muchos de los decretos que ennoblecieron a los militares franquistas fueron firmados un 18 de julio, fecha significativa del régimen, que “nos impone de manera ineludible el deber de reavivar el recuerdo de los que por los actos y servicios prestados en la Cruzada se hicieron acreedores a que la gratitud de la Nación se exteriorice, otorgándoles honores adecuados a sus merecimientos”. Por decreto, a la mayoría de ellos se les condonó el impuesto de sucesión del título en las dos siguientes generaciones y su último privilegio fue disponer del pasaporte diplomático, retirado en 1984.
Algunos descendientes de aquellos militares golpistas han seguido la carrera militar sin renunciar a los negocios. Por ejemplo, el hijo del capitán general José Enrique Varela, marqués de Varela de San Fernando, ex ministro del Ejército. Su único hijo varón, actual marqués, es capitán y fue consejero de Cementos Lemona, absorbido por Portland, y está vinculado a Cementos Alfa, otra de las más importantes firmas del sector.
Fuente: revista Interviu (18/05/09)


Altar de la Iglesia de la Santísima Trinidad
Hasta hace pocos años, cruzando el by pass de la avenida La Marina, con dirección al Callao, en Magdalena, los limeños podían ver una pequeña iglesia, de color blanco, con unas pequeñas torres en forma de cebolla, a imitación de las iglesias ortodoxas rusas. Hoy ya no están aquellas peculiares torres, pero sigue la iglesia, ahora restaurada y ampliada con una torre al estilo de las iglesias griegas.
La historia de esta iglesia de la comunidad de cristianos ortodoxos de Lima se remonta a la llegada a nuestra ciudad del padre Serafín, sacerdote ruso nacido en la Siberia en 1908. Desembarcó en el Callao en 1948 y fue recibido por el ingeniero ruso Claus Kursell y su esposa. Rápidamente, anunció su deseo de formar una parroquia. De esta manera, el padre Serafín empezó a movilizar a la pequeña comunidad ortodoxa que vivía en Lima, en su mayoría de origen ruso, para levantar el templo. El tema era que el estado peruano exigía, como requisito para levantar un templo de otro rito que no sea el católico, la formación de una asociación cultural sin fines de lucro. Así se formó, el 17 de diciembre de 1953, la “Asociación Cultural Ortodoxa Cristiana”; contaba con 55 miembros.
El padre Serafín y la junta directiva de la Asociación empezaron a organizar diversas actividades sociales (almuerzos, cenas y bailes) para recaudar fondos y comprar un terreno para la parroquia. Esto ocurrió el 18 de junio de 1954. Las obras se iniciaron de inmediato con otras donaciones en dinero y en materiales de construcción; los donantes eran personas de origen ruso, sirio-libanés y serbio. Los responsables de la nueva iglesia fueron el arquitecto Vladimir Mosser y el ingeniero Vadim Nikitim.
La inauguración de la iglesia fue en 1955 y estuvo a cargo del Arzobispo Monseñor Leonty (Polipovich) de Santiago de Chile, que pertenecía al sínodo de Obispos de la Iglesia Ortodoxa Rusa en el exilio, con sede en Nueva York. Así empezó a funcionar esta pequeña iglesia. Con el tiempo, la comunidad ortodoxa siguió creciendo con la llegada a nuestra capital de personas de origen griego, árabe-palestino, rumano y yugoslavo.
Lamentablemente, el padre Serafín murió en 1998 víctima de una larga enfermedad. Luego de su desaparición, hubo un paréntesis hasta que llegó del Brasil el archimandrita José Roberto de Oliveira, quien es párroco de la iglesia desde hace 9 años. La Iglesia Ortodoxa de la Santísima Trinidad está bajo la jurisdicción del arzobispado de Buenos Aires y Sudamérica (que está a cargo de Su Eminencia Monseñor Tarasios) que, a su vez, depende del Patriarcado de Constantinopla (hoy encabezado por el patriarca Bartolomeo I).
En 2001 la iglesia tuvo que pasar por un proceso de remodelación y ampliación. Las antiguas torres de “cebolla” fuero retiradas porque estaban muy deterioradas; se reemplazaron por una de estilo griego. La reinauguración fue el 14 de abril de 2002 con la presencia del Arzobispo ortodoxo de Buenos Aires. Hay que destacar que no solo está el templo sino un pequeño salón de reuniones y la residencia del párroco. En 2005, esta iglesia cumplió 50 años.
La iglesia en sí no es muy grande. Se parece mucho a una iglesia cristiana. La diferencia más notable la dan los íconos de estilo griego y ruso, traídos de Europa o pintados por artistas ortodoxos residentes en Lima. En él se ofician misas, bautizos y matrimonios. El padre José Roberto nos cuenta que la misa se celebra todos los domingos a las 11 de la mañana. También nos dice que es difícil saber cuántos cristianos ortodoxos viven en Lima. Un domingo normal, por ejemplo, asisten a misa entre 60 y 70 personas. En cambio, cuando hay alguna fiesta importante, como la Pascua (que cae en fechas distintas porque está marcada por el Calendario Juliano) la iglesia se abarrota con unas 200 personas. Es posible que la colonia de cristianos ortodoxos en Lima sea de poco menos de 2 mil personas (ese cálculo es nuestro).

El pequeño iconostasio de la iglesia

El padre José Roberto con algunos miembros de la iglesia ortodoxa
(las fotos pertenecen a la página oficial de la iglesia de la Santísima Trinidad)

20/05/09: The Union Church of Lima
Ubicado en la avenida Angamos Oeste (cuadra 11), este templo, construido en la década de 1950, pertenece a la Unión Iglesia, fundada por misioneros escoceses y norteamericanos en 1926. En su mayor parte, los miembros de esta iglesia son norteamericanos que viven permanentemente en el Perú o extranjeros que pasan a pocos años o meses. Se trata de empresarios, estudiantes, o diplomáticos con sus familias, y los misioneros, cuyos orígenes son la fe protestante y católica, litúrgica y no litúrgica. Lo que las une es el "vínculo común en Cristo, la solidaridad grupal y el uso del inglés en la oración, las relaciones sociales y el estudio".
La iglesia ofrece una membresía de asociado para aquellos que se encuentran en Lima a corto plazo, así como para los miembros que viven en Lima permanentemente. Es una iglesia totalmente autónoma, pues no depende de ninguna denominación. Eso sí, cada año, sus miembros designan un 10% de sus ingresos totales al mantenimiento de la iglesia y sus proyectos; hay un Consejo de Administración que es elegido cada año y representa a hombres y mujeres de diferentes orígenes.
En este local también funciona la oficina permanente de los americanos y la “Asociación Canadiense de Perú”, así como una biblioteca y sala de club de la American Women's Club Literario. Otros que usan las instalaciones del templo son la Comunidad Estudio de la Biblia en español y grupos de autoayuda en español como Alcohólicos Anónimos y Narcóticos Anónimos. El actual pastor es Bruce Sloan, quien antes sirvió a la Iglesia Unión de Tokio (nació en Bainbridge, Georgia EE.UU.).



(Fotos: Juan Luis Orrego)
La iglesia ofrece una membresía de asociado para aquellos que se encuentran en Lima a corto plazo, así como para los miembros que viven en Lima permanentemente. Es una iglesia totalmente autónoma, pues no depende de ninguna denominación. Eso sí, cada año, sus miembros designan un 10% de sus ingresos totales al mantenimiento de la iglesia y sus proyectos; hay un Consejo de Administración que es elegido cada año y representa a hombres y mujeres de diferentes orígenes.
En este local también funciona la oficina permanente de los americanos y la “Asociación Canadiense de Perú”, así como una biblioteca y sala de club de la American Women's Club Literario. Otros que usan las instalaciones del templo son la Comunidad Estudio de la Biblia en español y grupos de autoayuda en español como Alcohólicos Anónimos y Narcóticos Anónimos. El actual pastor es Bruce Sloan, quien antes sirvió a la Iglesia Unión de Tokio (nació en Bainbridge, Georgia EE.UU.).



(Fotos: Juan Luis Orrego)
19/05/09: El 'Templo de los mormones' (Lima)
En la avenida Javier Prado Este (nº 6420, urbanización Santa Patricia, distrito de La Molina) está el "Templo de Lima de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días", más conocido como el templo de los mormones.
Se trata de una construcción monumental, una especie de gótico moderno, atípico en Lima, con torres en forma de chapitel o punta, en las que se observa (en la columna más alta) la figura en bronce de un ángel Moroni tocando la trompeta que llama a todas las naciones de la tierra a escuchar el “Evangelio Restaurado”. Arquitectónicamente, el templo guarda el estilo que tienen los mormones en varias ciudades de América Latina, como los de Buenos Aires y Santiago. Fue el 11 de Septiembre de 1982 cuando se puso la primera piedra del edificio que hoy observamos. La inauguración solemne ocurrió los días 10, 11 y 12 de enero de 1986. Cabe destacar que, en la actualidad, los mormones cuentan con más de 400 mil fieles en nuestro país.
La “Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días” fue fundada en 1830 por José Smith (1805-1844), hijo de campesinos metodistas, en Estados Unidos de Norteamérica. La primera referencia que tenemos de los mormones en el Perú está en los informes que envió Parley Pratt a Brihham Young (1852) en la que explica las pocas posibilidades de continuar aquí una misión por falta de dinero y material de lectura, así como la dificultad de aprender el idioma. Un segundo momento, más exitoso, fue con la familia de Alfredo W. McCune, quien llegó a nuestras costas a inicios de 1900. La familia compró algunas minas de cobre y plata, y formaron la Corporación Cerro de Pasco. Por lo tanto, la primera congregación estuvo formada por mormones norteamericanos a la que se fueron integrando empleados de las compañías mineras.
En Lima se inician sus actividades en 1956 y se expandieron en varias misiones. A fines de la década de 1970 había unos 20 mil miembros. Luego, en enero de 1986, el Presidente de los Mormones, el señor Gordon B. Hinclley, bendijo el Templo de Lima que, por sus dimensiones, es el tercero de Sudamérica (cabe destacar que antes de la construcción de este imponente templo, los mormones celebraban sus ritos en un local en Limatambo).

Se trata de una construcción monumental, una especie de gótico moderno, atípico en Lima, con torres en forma de chapitel o punta, en las que se observa (en la columna más alta) la figura en bronce de un ángel Moroni tocando la trompeta que llama a todas las naciones de la tierra a escuchar el “Evangelio Restaurado”. Arquitectónicamente, el templo guarda el estilo que tienen los mormones en varias ciudades de América Latina, como los de Buenos Aires y Santiago. Fue el 11 de Septiembre de 1982 cuando se puso la primera piedra del edificio que hoy observamos. La inauguración solemne ocurrió los días 10, 11 y 12 de enero de 1986. Cabe destacar que, en la actualidad, los mormones cuentan con más de 400 mil fieles en nuestro país.
La “Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días” fue fundada en 1830 por José Smith (1805-1844), hijo de campesinos metodistas, en Estados Unidos de Norteamérica. La primera referencia que tenemos de los mormones en el Perú está en los informes que envió Parley Pratt a Brihham Young (1852) en la que explica las pocas posibilidades de continuar aquí una misión por falta de dinero y material de lectura, así como la dificultad de aprender el idioma. Un segundo momento, más exitoso, fue con la familia de Alfredo W. McCune, quien llegó a nuestras costas a inicios de 1900. La familia compró algunas minas de cobre y plata, y formaron la Corporación Cerro de Pasco. Por lo tanto, la primera congregación estuvo formada por mormones norteamericanos a la que se fueron integrando empleados de las compañías mineras.
En Lima se inician sus actividades en 1956 y se expandieron en varias misiones. A fines de la década de 1970 había unos 20 mil miembros. Luego, en enero de 1986, el Presidente de los Mormones, el señor Gordon B. Hinclley, bendijo el Templo de Lima que, por sus dimensiones, es el tercero de Sudamérica (cabe destacar que antes de la construcción de este imponente templo, los mormones celebraban sus ritos en un local en Limatambo).

Ensayo. Los conceptos y valores políticos no sólo sirven para orientarnos en el mundo de la política, son también la sede de fieros combates dirigidos a ajustar la realidad a los intereses de los actores políticos, a dotarlos de identidad o, si es preciso, a cubrir ideológicamente las diferentes posturas. Entre otras razones, porque es a través de ellos como analizamos, argumentamos o, en general, actuamos en la política. El conflicto ínsito a lo político se traslada al mismo uso del lenguaje. La semántica de cada uno de los términos fundamentales con los que operamos en la política adquiere así su sentido por la manera en la que son utilizados en un determinado contexto y a la luz de las necesidades de las fuerzas políticas del momento. Lejos de poseer un significado establecido de una vez para siempre, éste cambia por el paso del tiempo y por la acción que sobre ellos ejercitan los actores políticos, de forma que la mayoría de las veces recae sobre ellos la ambigüedad y la plurisemia.
Esta realidad de la aparición de nuevos conceptos o de la mutación de los ya existentes ha sido el principal objeto de investigación de quienes practican esa nueva especialidad que se denomina "historia conceptual", inspirada en gran medida por la magistral Historia de los conceptos de Reinhard Koselleck o, en general, en la exitosa aplicación del "giro lingüístico" a la historia de las ideas o historia intelectual.
El libro que aquí nos ocupa constituye una lograda aplicación de esta especialidad a los conceptos políticos y sociales del siglo XX español, y es una prolongación de un libro anterior por parte de los mismos editores que se ocupó de los del siglo XIX. Con la lógica y el tamaño de un verdadero diccionario, se van desgranando alfabéticamente 125 entradas por parte de más de cuarenta conocidos historiadores, politólogos y constitucionalistas españoles, que consiguen llevar a la práctica con éxito las directrices marcadas por los editores. Estos últimos, además de cargar con un buen número de entradas, son autores también de una magnífica introducción metodológica que clarifica el sentido de la empresa. Además de las diferentes voces, el extenso índice analítico y la bibliografía lo convierten también en una obra de referencia imprescindible para conocer los entresijos conceptuales de la política española del pasado siglo. El resultado es un trabajo que atestigua a las claras cómo el mundo académico español, de ciencias sociales en este caso, está en condiciones de competir ya con similares proyectos presentes en otras latitudes que hasta ahora envidiábamos.
Si se bucea en este océano de conceptos, ideologías y valores políticos llama la atención cómo las diferentes fases de la historia española del pasado siglo van dejando su impronta en el lenguaje, o cómo a través de él se puede reconstruir la evolución de nuestra historia política: de la crisis del parlamentarismo al régimen de Franco; de la transición al tiempo presente. En gran medida porque los autores han bebido de una multiplicidad de fuentes y han rastreado la evolución de estos conceptos en el discurso de la política cotidiana. Las referencias de prensa son, a este respecto, imprescindibles para detectar los cambios semánticos o la aparición de nuevos vocablos. Y esto se hace tanto más necesario a partir de la transición a la democracia, uno de los momentos en los que se produce una explosión de nuevos significados, pero también la aparición de nuevos términos como el mismo de "transición" o el de "consenso". Otros como "España", "patria", "dictadura", "democracia", "nación", "pueblo", "crisis" o "guerra civil", "ciudadanía", "democracia" muestran mutaciones notables debidas a la propia evolución de las ideologías y al nuevo marco político.
Las voces más cercanas al presente, véase "globalización" o "posmodernidad", atestiguan la aparición de nuevas tendencias sociales y políticas que comienzan a encarnarse en el discurso. Anuncian la aparición de nuevos desafíos y, felizmente, contribuyen a dejar en el olvido esos conceptos políticos tan presentes en momentos mucho más oscuros de nuestra historia -"caciquismo", "movimiento nacional", "caudillo"-. En algunos, como es el caso de "emigración", se manifiesta de forma plástica la propia evolución económico-social de la sociedad española. Si en el XIX equivalía a grandes rasgos a exilio, y en el XX a emigración económica, hoy ya sólo se entiende como inmigración.
Este último ejemplo puede servir para constatar algo que señalan los propios editores, la no existencia de una renovación conceptual en la terminología política adecuada al propio proceso de cambio económico y social habido en la sociedad española. Quizá, y esto es sin duda positivo, porque hemos convergido ya también desde la perspectiva político-lingüística con el resto del continente. Ahí es donde también se nota nuestra feliz normalidad política.
Tomado del suplemento Babelia (16/05/09)
"Diccionario político y social del siglo XX español"
Javier Fernández Sebastián y Juan Francisco Fuentes
Alianza. Madrid, 2008
1.400 páginas.
Esta realidad de la aparición de nuevos conceptos o de la mutación de los ya existentes ha sido el principal objeto de investigación de quienes practican esa nueva especialidad que se denomina "historia conceptual", inspirada en gran medida por la magistral Historia de los conceptos de Reinhard Koselleck o, en general, en la exitosa aplicación del "giro lingüístico" a la historia de las ideas o historia intelectual.
El libro que aquí nos ocupa constituye una lograda aplicación de esta especialidad a los conceptos políticos y sociales del siglo XX español, y es una prolongación de un libro anterior por parte de los mismos editores que se ocupó de los del siglo XIX. Con la lógica y el tamaño de un verdadero diccionario, se van desgranando alfabéticamente 125 entradas por parte de más de cuarenta conocidos historiadores, politólogos y constitucionalistas españoles, que consiguen llevar a la práctica con éxito las directrices marcadas por los editores. Estos últimos, además de cargar con un buen número de entradas, son autores también de una magnífica introducción metodológica que clarifica el sentido de la empresa. Además de las diferentes voces, el extenso índice analítico y la bibliografía lo convierten también en una obra de referencia imprescindible para conocer los entresijos conceptuales de la política española del pasado siglo. El resultado es un trabajo que atestigua a las claras cómo el mundo académico español, de ciencias sociales en este caso, está en condiciones de competir ya con similares proyectos presentes en otras latitudes que hasta ahora envidiábamos.
Si se bucea en este océano de conceptos, ideologías y valores políticos llama la atención cómo las diferentes fases de la historia española del pasado siglo van dejando su impronta en el lenguaje, o cómo a través de él se puede reconstruir la evolución de nuestra historia política: de la crisis del parlamentarismo al régimen de Franco; de la transición al tiempo presente. En gran medida porque los autores han bebido de una multiplicidad de fuentes y han rastreado la evolución de estos conceptos en el discurso de la política cotidiana. Las referencias de prensa son, a este respecto, imprescindibles para detectar los cambios semánticos o la aparición de nuevos vocablos. Y esto se hace tanto más necesario a partir de la transición a la democracia, uno de los momentos en los que se produce una explosión de nuevos significados, pero también la aparición de nuevos términos como el mismo de "transición" o el de "consenso". Otros como "España", "patria", "dictadura", "democracia", "nación", "pueblo", "crisis" o "guerra civil", "ciudadanía", "democracia" muestran mutaciones notables debidas a la propia evolución de las ideologías y al nuevo marco político.
Las voces más cercanas al presente, véase "globalización" o "posmodernidad", atestiguan la aparición de nuevas tendencias sociales y políticas que comienzan a encarnarse en el discurso. Anuncian la aparición de nuevos desafíos y, felizmente, contribuyen a dejar en el olvido esos conceptos políticos tan presentes en momentos mucho más oscuros de nuestra historia -"caciquismo", "movimiento nacional", "caudillo"-. En algunos, como es el caso de "emigración", se manifiesta de forma plástica la propia evolución económico-social de la sociedad española. Si en el XIX equivalía a grandes rasgos a exilio, y en el XX a emigración económica, hoy ya sólo se entiende como inmigración.
Este último ejemplo puede servir para constatar algo que señalan los propios editores, la no existencia de una renovación conceptual en la terminología política adecuada al propio proceso de cambio económico y social habido en la sociedad española. Quizá, y esto es sin duda positivo, porque hemos convergido ya también desde la perspectiva político-lingüística con el resto del continente. Ahí es donde también se nota nuestra feliz normalidad política.
Tomado del suplemento Babelia (16/05/09)
"Diccionario político y social del siglo XX español"
Javier Fernández Sebastián y Juan Francisco Fuentes
Alianza. Madrid, 2008
1.400 páginas.

Tzvetan Todorov, premio Príncipe de Asturias de 2008, describe en Los abusos de la memoria (Paidós) una Europa actual prisionera de su pasado, de sus traumas. El intelectual búlgaro (nacionalizado francés) ofrece la metáfora de la identidad personal para ahondar sobre la comunitaria, sobre la sociedad. Metáfora que tiene una larga tradición filosófica.
El psicoanálisis libera de los lastres subconscientes del pasado precisamente trayendo el trauma al presente. Este trauma, antes velado y ahora al descubierto de la consciencia, adquiere una nueva dimensión, pero dentro de una distancia. Un trauma revelado se puede analizar, discutir precisamente por su distanciamiento racional. Y en esa distancia deja de ser lastre, deja de regir.
Todorov medita sobre los traumas de la memoria colectiva, medita sobre el olvido y sobre el perdón. Cuestiona muchas cosas y anima a cuestionar. Como dijo Spinoza, el profeta, que es autoridad, genera adeptos, el filósofo, que es crítica, genera más filósofos.
Los totalitarismos llevaban un control absoluto de la memoria histórica. Ellos hacían la selección constitutiva a todo acto de memoria. La democracia, justamente, debe fomentar la búsqueda de la verdad histórica no oficial, explica. "Ninguna institución superior dentro del Estado, debería poder decir: usted no tiene derecho a buscar por sí mismo la verdad de los hechos, aquellos que no acepten la versión oficial del pasado serán castigados".
Memoria abusiva.- El trauma europeo por excelencia, el Holocausto, asume un combate: el negacionismo. En Francia es un delito (no en España) y sobre esto habla el ensayista: "Por eso, la Ley Gayssot, que sanciona las elucubraciones negacionistas no es bienvenida incluso si responde a buenas intenciones: no corresponde a la Ley contar la Historia; le basta con castigar la difamación o la incitación al odio racial".
Los abusos de la memoria que encuentra Todorov, impiden el avance social. "Sacralizar la memoria es otro modo de hacerla estéril", dice. Se debe cuestionar la deriva social de una nación cuando ésta se ancla al pasado como un asidero insobornable, granito moral. Como cuando la Italia fascista se veía como continuación de la Roma imperial. Se trata de una memoria obligada y excesiva, o abusiva, que diría el intelectual.
Todorov considera que comparando se encuentra la salud. El Holocausto judío, cuenta, no es un hecho singular, separado jurídicamente y más condenable que el genocidio armenio de los soviéticos. Sobre todo, no es más abominable que hechos acontecidos en el presente. Ya no se trata de valorar qué fue peor, el infierno de Austwichz o los 'gulag' de la cuenca del Kolyma, el asunto es el atropello que habita en el presente. Se sugiere una sobre exposición cegadora al pasado.
"Hoy mismo, la memoria de la Segunda Guerra Mundial permanece viva en Europa, conservada mediante innumerables conmemoraciones, publicaciones y emisiones de radio o televisión; pero la repetición ritual del "no hay que olvidar" no repercute con ninguna consecuencia visible sobre los procesos de limpieza étnica, de torturas y de ejecuciones en masa que se producen al mismo tiempo, dentro de la propia Europa". O, se puede añadir, en África u Oriente Próximo. Esto es, el fascismo parece ser siempre cosa de otros y de ayer.
Por una política del presente.- Se vindica aquí un pasado como referencia cuestionable, no como futuro inamovible. Si el arte occidental se distingue de otras grandes tradiciones artísticas por su valoración de la innovación o de la originalidad, en el ámbito ideológico, Todorov contempla Occidente como a una ballena encallada. La política se ocupa del presente, ese es su punto de mira, su marco de legislación.
"Si el pasado debe regir el presente, ¿quiénes, entre judíos, cristianos y musulmanes, podrían renunciar a sus pretensiones territoriales sobre Jerusalén?", inquiere. Y más adelante sentencia: "Una manera de distinguir los buenos usos de los abusos consiste en preguntarnos sobre sus resultados y sopesar el bien y el mal de los actos que se pretenden fundados sobre la memoria del pasado". Un resultado malo sería la guerra, uno bueno la paz. Una memoria frentista es un abuso 'todoroviano'.
Conmemorar las víctimas del pasado es gratificador, mientras que resulta incómodo ocuparse de las de hoy en día. O dicho de otro modo, como también sugiere el autor, ¿puede arrogarse un país como Francia el estatuto de víctima para juzgar crímenes contra la humanidad después de sus políticas coloniales de tortura en Argelia? ¿Qué es humanidad exactamente, dónde esta el contexto necesario para usar esa palabra?
Se puede estar o no de acuerdo con Todorov, y quizá sus argumentaciones saltan de un lado a otro gratuitamente, pero es uno de esos libros que generan debate. Y más aquí en España. Muchas expresiones aquí antedichas salen todos los días en la sección de Nacional.
tomado de El Mundo de España (15/05/09)

Todorov, aquí en la foto, describe en su libro un Occidente traumatizado
El psicoanálisis libera de los lastres subconscientes del pasado precisamente trayendo el trauma al presente. Este trauma, antes velado y ahora al descubierto de la consciencia, adquiere una nueva dimensión, pero dentro de una distancia. Un trauma revelado se puede analizar, discutir precisamente por su distanciamiento racional. Y en esa distancia deja de ser lastre, deja de regir.
Todorov medita sobre los traumas de la memoria colectiva, medita sobre el olvido y sobre el perdón. Cuestiona muchas cosas y anima a cuestionar. Como dijo Spinoza, el profeta, que es autoridad, genera adeptos, el filósofo, que es crítica, genera más filósofos.
Los totalitarismos llevaban un control absoluto de la memoria histórica. Ellos hacían la selección constitutiva a todo acto de memoria. La democracia, justamente, debe fomentar la búsqueda de la verdad histórica no oficial, explica. "Ninguna institución superior dentro del Estado, debería poder decir: usted no tiene derecho a buscar por sí mismo la verdad de los hechos, aquellos que no acepten la versión oficial del pasado serán castigados".
Memoria abusiva.- El trauma europeo por excelencia, el Holocausto, asume un combate: el negacionismo. En Francia es un delito (no en España) y sobre esto habla el ensayista: "Por eso, la Ley Gayssot, que sanciona las elucubraciones negacionistas no es bienvenida incluso si responde a buenas intenciones: no corresponde a la Ley contar la Historia; le basta con castigar la difamación o la incitación al odio racial".
Los abusos de la memoria que encuentra Todorov, impiden el avance social. "Sacralizar la memoria es otro modo de hacerla estéril", dice. Se debe cuestionar la deriva social de una nación cuando ésta se ancla al pasado como un asidero insobornable, granito moral. Como cuando la Italia fascista se veía como continuación de la Roma imperial. Se trata de una memoria obligada y excesiva, o abusiva, que diría el intelectual.
Todorov considera que comparando se encuentra la salud. El Holocausto judío, cuenta, no es un hecho singular, separado jurídicamente y más condenable que el genocidio armenio de los soviéticos. Sobre todo, no es más abominable que hechos acontecidos en el presente. Ya no se trata de valorar qué fue peor, el infierno de Austwichz o los 'gulag' de la cuenca del Kolyma, el asunto es el atropello que habita en el presente. Se sugiere una sobre exposición cegadora al pasado.
"Hoy mismo, la memoria de la Segunda Guerra Mundial permanece viva en Europa, conservada mediante innumerables conmemoraciones, publicaciones y emisiones de radio o televisión; pero la repetición ritual del "no hay que olvidar" no repercute con ninguna consecuencia visible sobre los procesos de limpieza étnica, de torturas y de ejecuciones en masa que se producen al mismo tiempo, dentro de la propia Europa". O, se puede añadir, en África u Oriente Próximo. Esto es, el fascismo parece ser siempre cosa de otros y de ayer.
Por una política del presente.- Se vindica aquí un pasado como referencia cuestionable, no como futuro inamovible. Si el arte occidental se distingue de otras grandes tradiciones artísticas por su valoración de la innovación o de la originalidad, en el ámbito ideológico, Todorov contempla Occidente como a una ballena encallada. La política se ocupa del presente, ese es su punto de mira, su marco de legislación.
"Si el pasado debe regir el presente, ¿quiénes, entre judíos, cristianos y musulmanes, podrían renunciar a sus pretensiones territoriales sobre Jerusalén?", inquiere. Y más adelante sentencia: "Una manera de distinguir los buenos usos de los abusos consiste en preguntarnos sobre sus resultados y sopesar el bien y el mal de los actos que se pretenden fundados sobre la memoria del pasado". Un resultado malo sería la guerra, uno bueno la paz. Una memoria frentista es un abuso 'todoroviano'.
Conmemorar las víctimas del pasado es gratificador, mientras que resulta incómodo ocuparse de las de hoy en día. O dicho de otro modo, como también sugiere el autor, ¿puede arrogarse un país como Francia el estatuto de víctima para juzgar crímenes contra la humanidad después de sus políticas coloniales de tortura en Argelia? ¿Qué es humanidad exactamente, dónde esta el contexto necesario para usar esa palabra?
Se puede estar o no de acuerdo con Todorov, y quizá sus argumentaciones saltan de un lado a otro gratuitamente, pero es uno de esos libros que generan debate. Y más aquí en España. Muchas expresiones aquí antedichas salen todos los días en la sección de Nacional.
tomado de El Mundo de España (15/05/09)

Todorov, aquí en la foto, describe en su libro un Occidente traumatizado
14/05/09: La Iglesia que resistió al franquismo
Hace unos días murió Wilberto Delso, ex sacerdote que protagonizó en los dos últimos años del franquismo un duro enfrentamiento con el entonces arzobispo de Zaragoza Pedro Cantero Cuadrado.
Wilberto Delso era desde mayo de 1968 párroco de Fabara, una pequeña localidad zaragozana de 1.500 habitantes. El conflicto comenzó seis años después, en mayo de 1974, cuando, con motivo de una visita pastoral al pueblo, un grupo de vecinos le transmitió al arzobispo graves acusaciones contra su párroco: usaba un léxico "grosero e indecente", promovía "la lucha violenta de clases", despreciaba la autoridad de la Iglesia y enseñaba "la liberación sexual" a la juventud. A la vista de esas acusaciones, Cantero Cuadrado decidió, el 14 de junio, cesar a Wilberto Delso como cura de Fabara.
Wilberto Delso se negó a acatar esa decisión y le secundaron 24 sacerdotes de la diócesis, que se consideraban también cesados y, en carta al arzobispo, criticaban su "autoritarismo" y su intento de "ahogar" a un sector de la Iglesia que trataba de "comprometerse en la liberación de los oprimidos". La jerarquía diocesana apoyó a Cantero, secundado también por el Ayuntamiento franquista de Fabara, mientras que Delso encontró el respaldo de un sector considerable de vecinos y de diversas comunidades cristianas de Aragón.
El conflicto se enquistó: Cantero no cedió y nunca permitió que Delso volviera a ejercer como párroco de Fabara. Algunos de esos curas, como el propio Delso, abandonaron el sacerdocio, formaron familias y se ganaron la vida como trabajadores.
La rebeldía de esos sacerdotes frente a la jerarquía reflejaba el proceso de transformación en el que se encontraba la Iglesia católica en los últimos años del franquismo. Ya no era la Iglesia de la cruzada, la que había intentado recatolizar España a golpe de represión, moral reaccionaria y valores religiosos tradicionales. Pero el legado que le quedaba de esa larga época dorada de privilegios era tan impresionante que muchos de sus representantes caminaron asidos de la mano con el Caudillo hasta el final. Cantero Cuadrado y Wilberto Delso representaban los polos antagónicos de esa Iglesia que, cuando el franquismo agonizaba, transitaba entre el autoritarismo y la protesta de los curas obreros.
Cantero Cuadrado había sido capellán del arma de Caballería durante la guerra y asesor nacional de la institución falangista Auxilio Social en los primeros años de la dictadura. Estudió Humanidades, Filosofía, Teología y Derecho, pero toda su ciencia la puso al servicio de Franco, como procurador en Cortes, consejero del Reino y, al morir Franco, miembro del Consejo de la Regencia. No bastaba con ser obispo, en Barbastro (1952-1954), en Huelva (1954-1964), y arzobispo de Zaragoza (1964-77). Un verdadero dirigente de la Iglesia de Franco debía llevar su compromiso más lejos, hasta mancharse en la "democracia orgánica" montada por el Caudillo salvador. Para eso habían hecho la guerra y para eso conquistaron la paz. Cantero murió en 1978, tres años más tarde que su Generalísimo. Tenía 76 años. Toda una vida al servicio de la Patria.
Pero la jerarquía eclesiástica, el catolicismo y el clero no pudieron permanecer inmunes a los cambios socioeconómicos y culturales que desde comienzos de los años sesenta desafiaron al aparato político de la dictadura franquista. La secularización de la sociedad española, que acompañó ese rápido proceso de industrialización y urbanización, coincidió en el tiempo con tendencias generales de cambio que llegaban desde el Concilio Vaticano II. La opinión y práctica católica comenzó a ser más plural, con sacerdotes jóvenes que abandonaban la ideología tradicional, trabajadores de la JOC (Juventud Obrera Católica) y de la HOAC (Hermandad Obrera Católica) que militaban en contra del franquismo, y sectores cristianos que elucubraban con los marxistas sobre la futura sociedad que seguiría al derrumbe del capitalismo.
Curas y católicos que hablaban de democracia y socialismo y criticaban a la dictadura y a sus manifestaciones más represivas. Todo eso era nuevo, muy nuevo, en España y parece lógico que provocara una reacción de amplios sectores franquistas, acostumbrados a una Iglesia servil y entusiasta con la dictadura. Porque la Iglesia cambió mucho, si se compara con el otro pilar básico de la dictadura, el Ejército, que se identificó con Franco y con el régimen sin apenas fisuras y lo sostuvo hasta el último momento. Pero, pese a esos cambios, la dictadura franquista mantuvo su identidad nacional católica hasta el último suspiro, la jerarquía y la mayoría de los eclesiásticos acompañaban con sus ceremonias a las autoridades públicas, rendían pleitesía a Franco y no quisieron saber nada de perdón ni de reconciliación.
No es casualidad carente de significado que esa parte de la Iglesia, pese a la democracia y al trato exquisito que sus Gobiernos le han dado en materia de educación y financiación, sea hoy la dominante, atrincherada en esos privilegios, en el recuerdo a sus mártires y en su verdad histórica, la única que reconoce. De la otra Iglesia, de la que resistió a la dictadura y a los jerarcas franquistas, sólo queda el recuerdo, ecos de rebeldía de otros tiempos. Como la de Wilberto Delso.
Por Julián Casanova, profesor de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza
A continuación, algunas imágenes de la Iglesia católica española en actutudes de apoyo a la dictadura de Francisco Franco:





Wilberto Delso era desde mayo de 1968 párroco de Fabara, una pequeña localidad zaragozana de 1.500 habitantes. El conflicto comenzó seis años después, en mayo de 1974, cuando, con motivo de una visita pastoral al pueblo, un grupo de vecinos le transmitió al arzobispo graves acusaciones contra su párroco: usaba un léxico "grosero e indecente", promovía "la lucha violenta de clases", despreciaba la autoridad de la Iglesia y enseñaba "la liberación sexual" a la juventud. A la vista de esas acusaciones, Cantero Cuadrado decidió, el 14 de junio, cesar a Wilberto Delso como cura de Fabara.
Wilberto Delso se negó a acatar esa decisión y le secundaron 24 sacerdotes de la diócesis, que se consideraban también cesados y, en carta al arzobispo, criticaban su "autoritarismo" y su intento de "ahogar" a un sector de la Iglesia que trataba de "comprometerse en la liberación de los oprimidos". La jerarquía diocesana apoyó a Cantero, secundado también por el Ayuntamiento franquista de Fabara, mientras que Delso encontró el respaldo de un sector considerable de vecinos y de diversas comunidades cristianas de Aragón.
El conflicto se enquistó: Cantero no cedió y nunca permitió que Delso volviera a ejercer como párroco de Fabara. Algunos de esos curas, como el propio Delso, abandonaron el sacerdocio, formaron familias y se ganaron la vida como trabajadores.
La rebeldía de esos sacerdotes frente a la jerarquía reflejaba el proceso de transformación en el que se encontraba la Iglesia católica en los últimos años del franquismo. Ya no era la Iglesia de la cruzada, la que había intentado recatolizar España a golpe de represión, moral reaccionaria y valores religiosos tradicionales. Pero el legado que le quedaba de esa larga época dorada de privilegios era tan impresionante que muchos de sus representantes caminaron asidos de la mano con el Caudillo hasta el final. Cantero Cuadrado y Wilberto Delso representaban los polos antagónicos de esa Iglesia que, cuando el franquismo agonizaba, transitaba entre el autoritarismo y la protesta de los curas obreros.
Cantero Cuadrado había sido capellán del arma de Caballería durante la guerra y asesor nacional de la institución falangista Auxilio Social en los primeros años de la dictadura. Estudió Humanidades, Filosofía, Teología y Derecho, pero toda su ciencia la puso al servicio de Franco, como procurador en Cortes, consejero del Reino y, al morir Franco, miembro del Consejo de la Regencia. No bastaba con ser obispo, en Barbastro (1952-1954), en Huelva (1954-1964), y arzobispo de Zaragoza (1964-77). Un verdadero dirigente de la Iglesia de Franco debía llevar su compromiso más lejos, hasta mancharse en la "democracia orgánica" montada por el Caudillo salvador. Para eso habían hecho la guerra y para eso conquistaron la paz. Cantero murió en 1978, tres años más tarde que su Generalísimo. Tenía 76 años. Toda una vida al servicio de la Patria.
Pero la jerarquía eclesiástica, el catolicismo y el clero no pudieron permanecer inmunes a los cambios socioeconómicos y culturales que desde comienzos de los años sesenta desafiaron al aparato político de la dictadura franquista. La secularización de la sociedad española, que acompañó ese rápido proceso de industrialización y urbanización, coincidió en el tiempo con tendencias generales de cambio que llegaban desde el Concilio Vaticano II. La opinión y práctica católica comenzó a ser más plural, con sacerdotes jóvenes que abandonaban la ideología tradicional, trabajadores de la JOC (Juventud Obrera Católica) y de la HOAC (Hermandad Obrera Católica) que militaban en contra del franquismo, y sectores cristianos que elucubraban con los marxistas sobre la futura sociedad que seguiría al derrumbe del capitalismo.
Curas y católicos que hablaban de democracia y socialismo y criticaban a la dictadura y a sus manifestaciones más represivas. Todo eso era nuevo, muy nuevo, en España y parece lógico que provocara una reacción de amplios sectores franquistas, acostumbrados a una Iglesia servil y entusiasta con la dictadura. Porque la Iglesia cambió mucho, si se compara con el otro pilar básico de la dictadura, el Ejército, que se identificó con Franco y con el régimen sin apenas fisuras y lo sostuvo hasta el último momento. Pero, pese a esos cambios, la dictadura franquista mantuvo su identidad nacional católica hasta el último suspiro, la jerarquía y la mayoría de los eclesiásticos acompañaban con sus ceremonias a las autoridades públicas, rendían pleitesía a Franco y no quisieron saber nada de perdón ni de reconciliación.
No es casualidad carente de significado que esa parte de la Iglesia, pese a la democracia y al trato exquisito que sus Gobiernos le han dado en materia de educación y financiación, sea hoy la dominante, atrincherada en esos privilegios, en el recuerdo a sus mártires y en su verdad histórica, la única que reconoce. De la otra Iglesia, de la que resistió a la dictadura y a los jerarcas franquistas, sólo queda el recuerdo, ecos de rebeldía de otros tiempos. Como la de Wilberto Delso.
Por Julián Casanova, profesor de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza
A continuación, algunas imágenes de la Iglesia católica española en actutudes de apoyo a la dictadura de Francisco Franco:





En su discurso frente a la Academia Sueca, en diciembre de 1982, el premio Nobel colombiano Gabriel García Márquez comentó que explicar Latinoamérica no es una empresa fácil. "No es difícil entender que los talentos racionales de este lado del mundo, extasiados en la contemplación de sus propias culturas, se hayan quedado sin un método válido para interpretarnos". El escritor, sin embargo, también reivindicó el derecho de los latinoamericanos a escribir su propia historia, y el reto es asumido por los editores de la Enciclopedia Contemporánea de América Latina y el Caribe (Akal), una obra de 1.300 páginas que glosa la historia contemporánea de la región.
El libro fue presentado ayer en la Casa de América de Madrid, en un acto al que asistieron el embajador de Venezuela en España, Alfredo Toro Hardy; el consejero cultural de la Embajada de México, Jaime del Arenal, e historiadores españoles, Elena Hernández Sandoica y Pedro Pérez-Herrero. El editor de Akal, Jesús Encina, destacó que la enciclopedia es el producto de "un esfuerzo único", motivado por el deseo de "entender la visión latinoamericana".
La obra se publicó originalmente en Brasil en 2006, y ésta es su primera traducción al castellano. Producto del trabajo de más de un centenar de investigadores, en su mayoría latinoamericanos, la enciclopedia recoge información sobre los principales acontecimientos históricos, sociales, económicos y culturales de la región, acompañados por mapas, tablas, ilustraciones y fotografías.
Entender Latinoamérica
"La obra no está dirigida a un público concreto", comentó Encina, y explicó que se trata de "un paso de muchos" para entender la visión latinoamericana. El editor destacó además el enfoque "crítico e independiente" de la obra. "Es bueno que inspire debate, pues la polémica conduce al conocimiento", agregó. El catedrático de Historia de América de la Universidad de Alcalá Pedro Pérez Herrero destacó que la obra se propone "rescatar las mil caras" de América Latina. "Es una enciclopedia latinoamericana escrita por latinoamericanos para el mundo global", añadió.
Por su parte, el embajador venezolano, Alfredo Toro Hardy, calificó de "relevante, pertinente y necesaria" la edición debido al "déficit de conocimiento" que existe en España hacia Latinoamérica. Al desconocimiento en el exterior sobre América Latina también se refirió la catedrática de Historia Contemporánea de la Universidad Complutense de Madrid Elena Hernández Sandoica, que, en su opinión, se puede "reparar" con la lectura de esta enciclopedia.
El mexicano Jaime del Arenal destacó que la iniciativa de la obra haya nacido en Brasil y subrayó que, de los 119 investigadores que participaron en la obra, 54 son brasileños. Del Arenal se refirió a la importancia de que en el resto de países de habla hispana de la región se presenten iniciativas similares. Encina respondió que la enciclopedia reúne visiones distintas que brindan "matices propios", útiles para enriquecer la visión de una región "compleja y diversa".
Mapas, tablas, ilustraciones y fotografías completan los textos de intelectuales latinoamericanos, que se extienden a lo largo de las más de 1.300 páginas de la Enciclopedia.
El editor de Akal, Jesús Espino, dijo esperar que esta publicación se convierta en una "piedra de toque" para que en el futuro se puede conocer mejor a la región que hasta ahora. Toro Hardy definió la publicación de "relevante, pertinente y necesaria" debido al "déficit de conocimiento" que, a su juicio, existe en España en relación a América Latina.
En este mismo sentido se expresó Hernández Sandoica, quien habló del "déficit académico, cultural y ciudadano" de la realidad latinoamericana que se puede "reparar" con esta Enciclopedia. Dirigida a estudiantes, académicos, empresarios y profesionales en general, el catedrático Pérez-Herrero aseguró que la obra "rescata" el continente y la identidad latinoamericana concentrándose principalmente en el siglo XX con un "enfoque crítico e independiente" a través de un total de 119 autores. "Es una Enciclopedia latinoamericana escrita por latinoamericanos para el mundo global"", dijo, antes de añadir que la obra se propone rescatar las "mil caras" de América Latina y el Caribe.

El libro fue presentado ayer en la Casa de América de Madrid, en un acto al que asistieron el embajador de Venezuela en España, Alfredo Toro Hardy; el consejero cultural de la Embajada de México, Jaime del Arenal, e historiadores españoles, Elena Hernández Sandoica y Pedro Pérez-Herrero. El editor de Akal, Jesús Encina, destacó que la enciclopedia es el producto de "un esfuerzo único", motivado por el deseo de "entender la visión latinoamericana".
La obra se publicó originalmente en Brasil en 2006, y ésta es su primera traducción al castellano. Producto del trabajo de más de un centenar de investigadores, en su mayoría latinoamericanos, la enciclopedia recoge información sobre los principales acontecimientos históricos, sociales, económicos y culturales de la región, acompañados por mapas, tablas, ilustraciones y fotografías.
Entender Latinoamérica
"La obra no está dirigida a un público concreto", comentó Encina, y explicó que se trata de "un paso de muchos" para entender la visión latinoamericana. El editor destacó además el enfoque "crítico e independiente" de la obra. "Es bueno que inspire debate, pues la polémica conduce al conocimiento", agregó. El catedrático de Historia de América de la Universidad de Alcalá Pedro Pérez Herrero destacó que la obra se propone "rescatar las mil caras" de América Latina. "Es una enciclopedia latinoamericana escrita por latinoamericanos para el mundo global", añadió.
Por su parte, el embajador venezolano, Alfredo Toro Hardy, calificó de "relevante, pertinente y necesaria" la edición debido al "déficit de conocimiento" que existe en España hacia Latinoamérica. Al desconocimiento en el exterior sobre América Latina también se refirió la catedrática de Historia Contemporánea de la Universidad Complutense de Madrid Elena Hernández Sandoica, que, en su opinión, se puede "reparar" con la lectura de esta enciclopedia.
El mexicano Jaime del Arenal destacó que la iniciativa de la obra haya nacido en Brasil y subrayó que, de los 119 investigadores que participaron en la obra, 54 son brasileños. Del Arenal se refirió a la importancia de que en el resto de países de habla hispana de la región se presenten iniciativas similares. Encina respondió que la enciclopedia reúne visiones distintas que brindan "matices propios", útiles para enriquecer la visión de una región "compleja y diversa".
Mapas, tablas, ilustraciones y fotografías completan los textos de intelectuales latinoamericanos, que se extienden a lo largo de las más de 1.300 páginas de la Enciclopedia.
El editor de Akal, Jesús Espino, dijo esperar que esta publicación se convierta en una "piedra de toque" para que en el futuro se puede conocer mejor a la región que hasta ahora. Toro Hardy definió la publicación de "relevante, pertinente y necesaria" debido al "déficit de conocimiento" que, a su juicio, existe en España en relación a América Latina.
En este mismo sentido se expresó Hernández Sandoica, quien habló del "déficit académico, cultural y ciudadano" de la realidad latinoamericana que se puede "reparar" con esta Enciclopedia. Dirigida a estudiantes, académicos, empresarios y profesionales en general, el catedrático Pérez-Herrero aseguró que la obra "rescata" el continente y la identidad latinoamericana concentrándose principalmente en el siglo XX con un "enfoque crítico e independiente" a través de un total de 119 autores. "Es una Enciclopedia latinoamericana escrita por latinoamericanos para el mundo global"", dijo, antes de añadir que la obra se propone rescatar las "mil caras" de América Latina y el Caribe.


La Escuela Militar de Chorrillos es una de las instituciones educativas más antiguas del Perú, pues su fundación se remonta al 30 de enero de 1830, por el gobierno del general Agustín Gamarra. Tuvo como primer local un ambiente del convento de San Pedro, en el centro de Lima. Luego de dos años de formación, egresó de allí la primera promoción de 109 oficiales, entre subtenientes de infantería y alfereces de caballería, del Ejército peruano.
Lamentablemente, por las disputas entre los caudillos y el desorden general, fue clausurada en 1834 y reabierta por el presidente Ramón Castilla, en 1850, con el nombre de Instituto Militar. Esta nueva “escuela” funcionó solo 4 años, primero en uno de los ambientes del Hospital Carrión (Bellavista, Callao), y luego en un local de la calle del Espíritu Santo, en Lima. Luego, en este mismo local, con el nombre de Colegio Militar y Naval, se restableció su funcionamiento entre 1859 y 1867, luego del cual entró en nuevo receso. A pesar de la crisis económica, en 1872, el presidente civil Manuel Pardo, ordenó su reapertura con el nombre de Colegio Militar. Funcionó con esa denominación hasta 1879, pues, a consecuencia de la Guerra del Pacífico, fue cerrado porque sus cadetes solicitaron ser dados de alta en el Ejército que marchó a la Campaña del Sur.
Esta azarosa vida de la formación militar en nuestro país se debió, básicamente, a que, hasta la década de 1880 el ejército peruano no era una institución profesional (igual ocurría en el resto de América Latina) y menos aún nacional. El ejército estaba dividido por las luchas entre los caudillos. La disciplina o la “lealtad” no eran a la institución sino en función del caudillo de turno. Por ello, todos los intentos por formar y profesionalizar a los oficiales tuvieron corto alcance. Fue luego de la Guerra del Pacífico, y luego de la guerra civil entre Iglesias y Cáceres, que llegó la oportunidad de poner las bases de un ejército profesional, nacional, obediente de la constitución y del poder civil (entre 1889 y 1984, el gobierno de Cáceres decide reabrir el Colegio Militar en un local anexo al Cuartel Guadalupe).
De esta nueva concepción del ejército fue partidario el presidente Nicolás de Piérola quien, el 31 de diciembre de 1896, dispuso la creación de una nueva Escuela Militar, para la que manda traer una Misión Militar francesa para su organización y administración. Su local estuvo en la Escuela de Clases (“Los Cabitos”), inaugurada en abril de 1898. El primer Director fue el coronel Pablo Clement, jefe de la “misión francesa”, quien ejerció el cargo hasta 1901 (en 1922 regresó a la Escuela donde dio a conocer las radicales modificaciones que los conceptos clásicos de la guerra habían experimentado durante la Primera Guerra Mundial); le sucedió el coronel Eduardo Dogny, quien permaneció en el cargo hasta 1910.
Cabe destacar que en 1945, luego de haber funcionado durante 47 años en el local de “Los Cabitos”, se dispuso el traslado de la Escuela a su actual local, con el nombre de Escuela de Oficiales hasta que, en 1951, la dictadura de Odría oficializó el nombre de Escuela Militar de Chorrillos.

Alumnos de la Escuela

El antiguo tranvía a su paso por la Escuela en Chorrillos
Un acto institucional ha reunido este lunes en la Casa de América a los Reyes, los Príncipes de Asturias, las principales figuras del Ejecutivo español, el ex presidente Felipe González y a los representantes de los países de Hispanoamérica que a partir de este año celebrarán los 200 años de la declaración de la independencia. Los oradores del encuentro han precisado el espíritu de la estrategia de España para la conmemoración de este aniversario, que puede ser resumido en una frase de la intervención de González: "Podemos hacer una muy buena tarea juntos". Los aniversarios comienzan en Bolivia y Ecuador, prosiguen en 2010 en México, Argentina, Venezuela, Colombia y Chile, hasta culminar con las previstas en Centroamérica en 2021.
El ex mandatario socialista ha considerado que España e Hispanoamérica deben abocarse a atender los desafíos de educación, desarrollo del capital humano y buen uso de energía. "Si enfrentamos esa realidad de cara y no la disimulamos, yo creo que podemos encarar el futuro con mucha esperanza, sobre todo para nuestros pueblos, que lo llevan esperando una temporada", ha asegurado el político, que desempeña el cargo de embajador plenipotenciario para la conmemoración de los bicentenarios.
España, mediador entre Europa y América
El Rey ha afirmado que los bicentenarios son "una buena ocasión" para reflexionar sobre el futuro de Iberoamérica y sobre su "peso e identidad a escala internacional", con la intención de que su "voz sea tenida más en cuenta". El presidente José Luis Rodríguez Zapatero ha insistido en el mensaje de unidad al expresar el deseo de "acompañar" a los auténticos protagonistas de estas celebraciones. "España es un país que no se puede comprender sin Iberoamérica", ha precisado. El mandatario ha anunciado que una de las metas de la presidencia española de la Unión Europea, en el primer semestre de 2010, será profundizar la relación con América Latina y Caribe. Don Juan Carlos ha expresado un anhelo parecido, al pedir un "salto cualitativo" en el vínculo entre Europa e Iberoamérica.
El acto ha servido también para que Zapatero evalúe la tarea del Rey en el fortalecimiento de los vínculos entre la ex Metrópolis y las ex colonias americanas. Según el jefe del Gobierno, Don Juan Carlos ha sido una "especial referencia" que ha cumplido "más que ejemplarmente" el mandato de favorecer un "fuerte vínculo" entre la monarquía constitucional y las democracias iberoamericanas. Una tarea que Don Felipe continúa con "brillantez y dedicación", ha añadido Zapatero, que ha recordado que el heredero de la Corona ha acudido ya a 48 tomas de posesión de presidentes de América Latina.
Adaptado de El País de España (11/05/09)

El ex mandatario socialista ha considerado que España e Hispanoamérica deben abocarse a atender los desafíos de educación, desarrollo del capital humano y buen uso de energía. "Si enfrentamos esa realidad de cara y no la disimulamos, yo creo que podemos encarar el futuro con mucha esperanza, sobre todo para nuestros pueblos, que lo llevan esperando una temporada", ha asegurado el político, que desempeña el cargo de embajador plenipotenciario para la conmemoración de los bicentenarios.
España, mediador entre Europa y América
El Rey ha afirmado que los bicentenarios son "una buena ocasión" para reflexionar sobre el futuro de Iberoamérica y sobre su "peso e identidad a escala internacional", con la intención de que su "voz sea tenida más en cuenta". El presidente José Luis Rodríguez Zapatero ha insistido en el mensaje de unidad al expresar el deseo de "acompañar" a los auténticos protagonistas de estas celebraciones. "España es un país que no se puede comprender sin Iberoamérica", ha precisado. El mandatario ha anunciado que una de las metas de la presidencia española de la Unión Europea, en el primer semestre de 2010, será profundizar la relación con América Latina y Caribe. Don Juan Carlos ha expresado un anhelo parecido, al pedir un "salto cualitativo" en el vínculo entre Europa e Iberoamérica.
El acto ha servido también para que Zapatero evalúe la tarea del Rey en el fortalecimiento de los vínculos entre la ex Metrópolis y las ex colonias americanas. Según el jefe del Gobierno, Don Juan Carlos ha sido una "especial referencia" que ha cumplido "más que ejemplarmente" el mandato de favorecer un "fuerte vínculo" entre la monarquía constitucional y las democracias iberoamericanas. Una tarea que Don Felipe continúa con "brillantez y dedicación", ha añadido Zapatero, que ha recordado que el heredero de la Corona ha acudido ya a 48 tomas de posesión de presidentes de América Latina.
Adaptado de El País de España (11/05/09)

08/05/09: La gripe española, 90 años después
Si se presentara ahora una pandemia como la gripe española de 1918, que afectó a la mitad de la población mundial y causó entre 25 y 40 millones de muertes, sólo en España podría matar a medio millón de personas y causaría, en todo el mundo, entre 62 y 72 millones de fallecimientos.
Han pasado 90 años del inicio de la última gran alarma sanitaria por una patología infecciosa aguda como fue la pandemia de "gripe española". La hipótesis más aceptada sostiene que el primer brote epidémico ocurrió en una base militar norteamericana el mes de marzo de 1918 y que, las tropas enviadas por ese país a Europa, a luchar en la Primera Guerra Mundial, transportaron el virus al Viejo Continente, apareciendo los primeros casos de gripe en Francia el mes de abril. Entre abril y junio la primera onda epidémica se extendió por Europa y por el este de Asia, tras atravesar el Océano Pacífico. En junio llegó a Suramérica, en julio al Pacífico Sur y en agosto a la India y a las costas africanas.
Pero la verdadera onda epidémica, la más mortífera, fue la del otoño de 1918. El virus de la gripe, mutado y extremadamente virulento, se difundió por Europa, las dos Américas, África, Asia y Oceanía, causando millones de muertos en todo el mundo, la mayoría de ellos a lo largo del mes de octubre de 1918. La estimación del número de fallecidos es muy complicada, ya que las tasas de mortalidad por la gripe y sus complicaciones respiratorias variaron de unas regiones a otras del globo.
Hay que aceptar que enfermó del 50% al 55% de la población mundial y que el número de fallecidos fue diferente según países y regiones: en Europa se consideran unas tasas de mortalidad de alrededor el 0,5%, aunque en algunos países y regiones creemos que fue superior al 1%; en África hay tasas documentadas del 3% al 5%; en algunas islas del Pacífico, como Samoa, se han calculado tasas de mortalidad del 23%, y en algunas localidades aisladas de Alaska y Canadá, pobladas por inuit (esquimales), murió casi el 100% de su población.
La primera cuantificación mundial la hizo Jordan en 1927, estimando la cifra de muertos por la pandemia en 21,5 millones. Cálculos más fiables de los últimos años, como los de Patterson y Pyle, sitúan el número de muertos entre 24,7 y 39,3 millones de personas. Las cifras entre 50 y 100 millones que circulan en Internet y en algunos medios de comunicación parecen exageradas y al servicio de determinados intereses económicos y políticos.
Los historiadores de la medicina han descrito unas 30 epidemias y pandemias de gripe en la Edad Moderna, diagnosticadas como "catarrhus epidemicus", "toses epidémicas", "epidemia de catarros" o términos similares hasta que, a mediados del siglo XVIII, se empiezan a utilizar los términos "grippe" e "influenza". A diferencia de las gripes estacionales, benignas, que ocurren casi todos los inviernos, estas pandemias, a veces de una virulencia exacerbada, han ocurrido en ciclos más largos que oscilan entre los 11 y los 25 años. Estos ciclos se relacionan con todo tipo de circunstancias, incluso astronómicas, y conducen a predecir que podemos estar ante una nueva pandemia entre los años 2008 y 2013.
El último episodio de gripe aviar, una epizootia causada por un virus que se relaciona directamente con el que ocasionó la gripe española, apareció en Hong Kong en 1997 y se ha extendido, a lo largo de estos últimos años, por Asia, África y Europa. Casi todos los casos que se han presentado en humanos se han concentrado en Indonesia, Vietnam y Egipto, y se han confirmado un total de casi 400 enfermos que han presentado una tasa de mortalidad del 63,5%.
¿Qué ocurriría si este virus H5N1 produjera una pandemia similar a la gripe española? A lo largo de la historia, las grandes pandemias de peste, cólera, gripe u otras enfermedades, no se han presentado siempre igual. No han repetido su virulencia ni su distribución, aunque sí han presentado muchos elementos en común. La pandemia gripal que viene podría ser como la gripe española, pero también como la gripe italiana, la gripe asiática o la gripe rusa, que causaron una gran alarma social pero presentaron una mortalidad mucho más reducida.
En el peor de los casos, si ocurriera una pandemia de gripe idéntica a la de 1918, podría ocasionar la muerte en España de medio millón de personas y en todo el mundo entre 62 y 72 millones de fallecimientos. El caos que podría producir la mitad de la población mundial enferma y algo más del 1% de muertos por esta causa sería enorme. Nuestra estructura sanitaria no podría hacer frente a un desafío de esta envergadura y los problemas sociales, económicos, políticos y de orden público que acarrearía en todo el mundo serían incalculables.
Tomado de El País (08/05/09)

Soldados norteamericanos afectados por la gripe española en un campamento militar en Francia
Han pasado 90 años del inicio de la última gran alarma sanitaria por una patología infecciosa aguda como fue la pandemia de "gripe española". La hipótesis más aceptada sostiene que el primer brote epidémico ocurrió en una base militar norteamericana el mes de marzo de 1918 y que, las tropas enviadas por ese país a Europa, a luchar en la Primera Guerra Mundial, transportaron el virus al Viejo Continente, apareciendo los primeros casos de gripe en Francia el mes de abril. Entre abril y junio la primera onda epidémica se extendió por Europa y por el este de Asia, tras atravesar el Océano Pacífico. En junio llegó a Suramérica, en julio al Pacífico Sur y en agosto a la India y a las costas africanas.
Pero la verdadera onda epidémica, la más mortífera, fue la del otoño de 1918. El virus de la gripe, mutado y extremadamente virulento, se difundió por Europa, las dos Américas, África, Asia y Oceanía, causando millones de muertos en todo el mundo, la mayoría de ellos a lo largo del mes de octubre de 1918. La estimación del número de fallecidos es muy complicada, ya que las tasas de mortalidad por la gripe y sus complicaciones respiratorias variaron de unas regiones a otras del globo.
Hay que aceptar que enfermó del 50% al 55% de la población mundial y que el número de fallecidos fue diferente según países y regiones: en Europa se consideran unas tasas de mortalidad de alrededor el 0,5%, aunque en algunos países y regiones creemos que fue superior al 1%; en África hay tasas documentadas del 3% al 5%; en algunas islas del Pacífico, como Samoa, se han calculado tasas de mortalidad del 23%, y en algunas localidades aisladas de Alaska y Canadá, pobladas por inuit (esquimales), murió casi el 100% de su población.
La primera cuantificación mundial la hizo Jordan en 1927, estimando la cifra de muertos por la pandemia en 21,5 millones. Cálculos más fiables de los últimos años, como los de Patterson y Pyle, sitúan el número de muertos entre 24,7 y 39,3 millones de personas. Las cifras entre 50 y 100 millones que circulan en Internet y en algunos medios de comunicación parecen exageradas y al servicio de determinados intereses económicos y políticos.
Los historiadores de la medicina han descrito unas 30 epidemias y pandemias de gripe en la Edad Moderna, diagnosticadas como "catarrhus epidemicus", "toses epidémicas", "epidemia de catarros" o términos similares hasta que, a mediados del siglo XVIII, se empiezan a utilizar los términos "grippe" e "influenza". A diferencia de las gripes estacionales, benignas, que ocurren casi todos los inviernos, estas pandemias, a veces de una virulencia exacerbada, han ocurrido en ciclos más largos que oscilan entre los 11 y los 25 años. Estos ciclos se relacionan con todo tipo de circunstancias, incluso astronómicas, y conducen a predecir que podemos estar ante una nueva pandemia entre los años 2008 y 2013.
El último episodio de gripe aviar, una epizootia causada por un virus que se relaciona directamente con el que ocasionó la gripe española, apareció en Hong Kong en 1997 y se ha extendido, a lo largo de estos últimos años, por Asia, África y Europa. Casi todos los casos que se han presentado en humanos se han concentrado en Indonesia, Vietnam y Egipto, y se han confirmado un total de casi 400 enfermos que han presentado una tasa de mortalidad del 63,5%.
¿Qué ocurriría si este virus H5N1 produjera una pandemia similar a la gripe española? A lo largo de la historia, las grandes pandemias de peste, cólera, gripe u otras enfermedades, no se han presentado siempre igual. No han repetido su virulencia ni su distribución, aunque sí han presentado muchos elementos en común. La pandemia gripal que viene podría ser como la gripe española, pero también como la gripe italiana, la gripe asiática o la gripe rusa, que causaron una gran alarma social pero presentaron una mortalidad mucho más reducida.
En el peor de los casos, si ocurriera una pandemia de gripe idéntica a la de 1918, podría ocasionar la muerte en España de medio millón de personas y en todo el mundo entre 62 y 72 millones de fallecimientos. El caos que podría producir la mitad de la población mundial enferma y algo más del 1% de muertos por esta causa sería enorme. Nuestra estructura sanitaria no podría hacer frente a un desafío de esta envergadura y los problemas sociales, económicos, políticos y de orden público que acarrearía en todo el mundo serían incalculables.
Tomado de El País (08/05/09)

Soldados norteamericanos afectados por la gripe española en un campamento militar en Francia
La Guardia Suiza se plantea abrir sus filas en un futuro a las mujeres, según el comandante del ejército pontificio, Daniel Anring, quien precisó que él no descarta la entrada de las féminas "para unos u otros cometidos". Anring hizo estas manifestaciones en la vigilia de la ceremonia de jura de bandera de 32 nuevos reclutas del ejército más pequeño de mundo, que se celebrará hoy, como todos los 6 de mayo desde 1527, en el Vaticano.
En declaraciones al telediario "Studio Aperto" de la emisora Italia1, Anring dijo que el reclutamiento de mujeres en la Guardia Suiza "puede ser posible" y que él, "personalmente, se lo imagina en uno u otro cometido". Sobre si el reclutamiento de mujeres causaría problemas logísticos, teniendo en cuenta que los espacios destinados a la Guardia Suiza son escasos y el cuartel donde se alojan sus 110 hombres pequeño, Anring indicó que "algunos podrían producirse, pero se podrían resolver".
Las declaraciones de Anring contrastan con las que hizo en 2004 el anterior comandante, el coronel Elmar Maeder, quien afirmó categóricamente que "jamás" una mujer formaría parte de la Guardia Suiza "o, al menos, durante mi mandato". Maeder señaló en aquel momento que los aspectos negativos eran más que los positivos y citó entre ellos los altos costes que supondría construir nuevos alojamientos y motivos de disciplina. "Imaginemos que viven bajo el mismo techo 110 guardias de menos de 30 años de ambos sexos. Se producirían celos y otros problemas que perturbarían el servicio. No echo la culpa a las mujeres, pero esa es la realidad que debemos tener en cuenta", precisó Mader.
La Guardia Suiza -compuesta por 110 miembros varones- fue creada cuando el papa Julio II, en 1506, negoció con algunos cantones helvéticos el envío de voluntarios para formar un contingente estable en Roma, como guardia personal y de su residencia. Los soldados de la Guardia papal deben ser oriundos de algún cantón suizo, católicos, solteros en el momento de su incorporación al servicio, tener entre 20 y 30 años y con una altura mínima de 1,74 metros.
En declaraciones al telediario "Studio Aperto" de la emisora Italia1, Anring dijo que el reclutamiento de mujeres en la Guardia Suiza "puede ser posible" y que él, "personalmente, se lo imagina en uno u otro cometido". Sobre si el reclutamiento de mujeres causaría problemas logísticos, teniendo en cuenta que los espacios destinados a la Guardia Suiza son escasos y el cuartel donde se alojan sus 110 hombres pequeño, Anring indicó que "algunos podrían producirse, pero se podrían resolver".
Las declaraciones de Anring contrastan con las que hizo en 2004 el anterior comandante, el coronel Elmar Maeder, quien afirmó categóricamente que "jamás" una mujer formaría parte de la Guardia Suiza "o, al menos, durante mi mandato". Maeder señaló en aquel momento que los aspectos negativos eran más que los positivos y citó entre ellos los altos costes que supondría construir nuevos alojamientos y motivos de disciplina. "Imaginemos que viven bajo el mismo techo 110 guardias de menos de 30 años de ambos sexos. Se producirían celos y otros problemas que perturbarían el servicio. No echo la culpa a las mujeres, pero esa es la realidad que debemos tener en cuenta", precisó Mader.
La Guardia Suiza -compuesta por 110 miembros varones- fue creada cuando el papa Julio II, en 1506, negoció con algunos cantones helvéticos el envío de voluntarios para formar un contingente estable en Roma, como guardia personal y de su residencia. Los soldados de la Guardia papal deben ser oriundos de algún cantón suizo, católicos, solteros en el momento de su incorporación al servicio, tener entre 20 y 30 años y con una altura mínima de 1,74 metros.

Durante los años 30, la reacción de los grupos oligárquicos frente a la coyuntura de convulsión social y política desatada por el aprismo y el comunismo fue la de una política que combinaba la represión militar y un activo paternalismo asistencial como mecanismos para "desmovilizar" a los grupos populares; esa fue la política que intentó impulsar Sánchez Cerro (su asesinato, en 1933, frenó este proyecto) y la dictadura del general Benavides, entre 1933 y 1939. En esta década, se construyeron más de 4 mil unidades de vivienda para los obreros, como parte sustancial de este plan por neutralizar la violencia social. Este ambicioso programa promovido por el EStado en favor de los obreros, especialmente en materia de vivienda, quedó cancelado en 1939 con la llegada al poder de Manuel Prado, quien dejó a la iniciativa privada la construcción de viviendas y barrios para los sectores más pobres de Lima. A continuación, presentamos un resumen de las obras emprendidas por el gobierno de Benavides:
Se construyeron Restaurantes Populares, amplios, decorados con motivos culturales y dotados de mobiliario sólido; había vajilla de buena calidad, así como equipos de cocina, hornos y calderas de gran capacidad, todo lo cual garantizaba una buena elaboración de alimentos y una perfecta higiene. Al mismo tiempo, un personal especializado de dietistas aseguraba el suministro de menús debidamente balanceados, según lo recomendado por al bromatología. De esta manera, en los Restaurantes Populares los sectores más modestos de la población (obreros, empleados, vendedores ambulantes) tenían acceso diario a una alimentación abundante y barata. También se creó un Patronato de Desayunos Gratuitos para ofrecer a los niños una ración matinal suficiente para afrontar el desgaste de las horas de estudio. Los Restaurantes Populares estaban en:
a. El Nº 1 estaba en la calle Huaquilla (Lima), inaugurado el 8 de abril de 1934 con capacidad para atender 800 comensales.
b. El Nº 2 estaba en al avenida Francisco Pizarro (Rímac), inaugurado el 27 de julio de 1935 con capacidad para atender a800 personas.
c. El Nº 3 frente a la Plaza Manco Cápac (La Victoria), inaugurado el 8 de abril de 1936 con capacidad para atender 600 personas por turno.
d. El Nº 4 en el Paseo Garibaldi (Callao), inaugurado el 14 de diciembre de 1935, tenía 3 comedores: uno para 400 y dos para 200 comensales cada uno.
Asimismo, en 1933, el gobierno se propuso una política sistemática para construir Barrios Obreros siguiendo las más modernas técnicas urbanísticas: viviendas amplias, de material noble, bien distribuidas, con jardines y comodidades tipo chalet, agrupadas en complejos urbanos dotados de campos deportivos, piscinas, diversos servicios y medios de recreación. Los que se construyeron fueron:
a. El Barrio Obrero Modelo del Frigorífico (Callao), inaugurado el 7 de marzo de 1936. Eran 118 casas construidas sobre un área de 36 mil metros cuadrados con sistema de agua propio por medio de un pozo artesiano. Tenía una escuela para 300 alumnos; un puesto de policía; un cine para 400 espectadores y una piscina de 8x18 metros; varios parques que sumaban 8 mil metros cuadrados; un centro cívico; y un mercado de abastos, con farmacia y consultorio médico incluidos.
b. El Barrio Obrero de La Victoria tenía 60 casas en un terreno situado en als inmediaciones de la Escuela de Artes y Oficios (Hoy Politécnico José Pardo), entre los jirones Andahuaylas, García Naranjo, 28 de Julio, Obreros y el antiguo callejón de la Huerta de Mendoza. Contaba con campos deportivos, piscina, agua potable y parques.
c. El barrio Obrero del Rímac, con 44 casas en las tierras de la Huerta Samar, sobre la margen derecha del río Rímac, vecino de la Alameda de los Próceres, arteria principal de la nueva urbanización del Rímac. También tenía campos deportivos y pileta de natación, calzadas con alumbrado y jardines circundantes.

Barrio Obrero Frigorífico del Callao
En 1935, el gobierno le encargó al doctor Edgardo Rebagliati, especialista en derecho laboral, la tarea de diseñar un Seguro Social Obrero sobre la base de experiencias similares en otros países. De esta manera, el 12 de agosto de 1936 se promulgó la Ley Nº 8433 que establecía el Seguro Social Obrero para cubrir los riesgos de enfermedad, maternidad, invalidez, vejez y muerte.
Finalmente, la primera piedra del Hospital Obrero de Lima fue colocada el 15 de marzo de 1938. El gran hospital quedó ubicado frente a la Alameda Grau, en terrenos de la antigua Huerta de Pellejo, sobre un área de 42 mil metros cuadrados. Su capacidad fue de 542 camas: 160 de medicina general, 160 de cirugía, 150 de tuberculosis, 60 de maternidad y 12 de emergencia. No preveía salas comunes sino camas repartidas en grupos de 4 y 8, con separación individual y camas independientes para enfermos que ingresaran de noche.
La obra fue inaugurada el 3 de diciembre de 1939 con asistencia del presidente Benavides, bendiciendo el acto el arzobispo de Lima, el monseñor Pedro Pascual Farfán, en medio del entusiasmo general. Un periódico describió así el acontecimiento: Desde mucho antes de la hora indicada en las respectivas invitaciones para el acto de inauguración del Policlínico, sito en la avenida Grau, se hallaba estacionado numeroso público en los alrededores del Hospital, esperando la llegada del Jefe de Estado. Comisiones de las diversas instituciones de trabajadores se hallaban presentes con sus estandartes, dando un aspecto más animado al ambiente. Además, una gran masa popular aguardaba el arribo del Presidente. Otros policlínicos para obreros se construyeron en La Oroya y en Chincha.
Se construyeron Restaurantes Populares, amplios, decorados con motivos culturales y dotados de mobiliario sólido; había vajilla de buena calidad, así como equipos de cocina, hornos y calderas de gran capacidad, todo lo cual garantizaba una buena elaboración de alimentos y una perfecta higiene. Al mismo tiempo, un personal especializado de dietistas aseguraba el suministro de menús debidamente balanceados, según lo recomendado por al bromatología. De esta manera, en los Restaurantes Populares los sectores más modestos de la población (obreros, empleados, vendedores ambulantes) tenían acceso diario a una alimentación abundante y barata. También se creó un Patronato de Desayunos Gratuitos para ofrecer a los niños una ración matinal suficiente para afrontar el desgaste de las horas de estudio. Los Restaurantes Populares estaban en:
a. El Nº 1 estaba en la calle Huaquilla (Lima), inaugurado el 8 de abril de 1934 con capacidad para atender 800 comensales.
b. El Nº 2 estaba en al avenida Francisco Pizarro (Rímac), inaugurado el 27 de julio de 1935 con capacidad para atender a800 personas.
c. El Nº 3 frente a la Plaza Manco Cápac (La Victoria), inaugurado el 8 de abril de 1936 con capacidad para atender 600 personas por turno.
d. El Nº 4 en el Paseo Garibaldi (Callao), inaugurado el 14 de diciembre de 1935, tenía 3 comedores: uno para 400 y dos para 200 comensales cada uno.
Asimismo, en 1933, el gobierno se propuso una política sistemática para construir Barrios Obreros siguiendo las más modernas técnicas urbanísticas: viviendas amplias, de material noble, bien distribuidas, con jardines y comodidades tipo chalet, agrupadas en complejos urbanos dotados de campos deportivos, piscinas, diversos servicios y medios de recreación. Los que se construyeron fueron:
a. El Barrio Obrero Modelo del Frigorífico (Callao), inaugurado el 7 de marzo de 1936. Eran 118 casas construidas sobre un área de 36 mil metros cuadrados con sistema de agua propio por medio de un pozo artesiano. Tenía una escuela para 300 alumnos; un puesto de policía; un cine para 400 espectadores y una piscina de 8x18 metros; varios parques que sumaban 8 mil metros cuadrados; un centro cívico; y un mercado de abastos, con farmacia y consultorio médico incluidos.
b. El Barrio Obrero de La Victoria tenía 60 casas en un terreno situado en als inmediaciones de la Escuela de Artes y Oficios (Hoy Politécnico José Pardo), entre los jirones Andahuaylas, García Naranjo, 28 de Julio, Obreros y el antiguo callejón de la Huerta de Mendoza. Contaba con campos deportivos, piscina, agua potable y parques.
c. El barrio Obrero del Rímac, con 44 casas en las tierras de la Huerta Samar, sobre la margen derecha del río Rímac, vecino de la Alameda de los Próceres, arteria principal de la nueva urbanización del Rímac. También tenía campos deportivos y pileta de natación, calzadas con alumbrado y jardines circundantes.

Barrio Obrero Frigorífico del Callao
En 1935, el gobierno le encargó al doctor Edgardo Rebagliati, especialista en derecho laboral, la tarea de diseñar un Seguro Social Obrero sobre la base de experiencias similares en otros países. De esta manera, el 12 de agosto de 1936 se promulgó la Ley Nº 8433 que establecía el Seguro Social Obrero para cubrir los riesgos de enfermedad, maternidad, invalidez, vejez y muerte.
Finalmente, la primera piedra del Hospital Obrero de Lima fue colocada el 15 de marzo de 1938. El gran hospital quedó ubicado frente a la Alameda Grau, en terrenos de la antigua Huerta de Pellejo, sobre un área de 42 mil metros cuadrados. Su capacidad fue de 542 camas: 160 de medicina general, 160 de cirugía, 150 de tuberculosis, 60 de maternidad y 12 de emergencia. No preveía salas comunes sino camas repartidas en grupos de 4 y 8, con separación individual y camas independientes para enfermos que ingresaran de noche.
La obra fue inaugurada el 3 de diciembre de 1939 con asistencia del presidente Benavides, bendiciendo el acto el arzobispo de Lima, el monseñor Pedro Pascual Farfán, en medio del entusiasmo general. Un periódico describió así el acontecimiento: Desde mucho antes de la hora indicada en las respectivas invitaciones para el acto de inauguración del Policlínico, sito en la avenida Grau, se hallaba estacionado numeroso público en los alrededores del Hospital, esperando la llegada del Jefe de Estado. Comisiones de las diversas instituciones de trabajadores se hallaban presentes con sus estandartes, dando un aspecto más animado al ambiente. Además, una gran masa popular aguardaba el arribo del Presidente. Otros policlínicos para obreros se construyeron en La Oroya y en Chincha.
05/05/09: El alma de América Latina
Por: Jorge Volpi
"Nadie sale indemne de su lectura", afirma Jorge Volpi sobre Las venas abiertas de América Latina, el libro de Eduardo Galeano que Hugo Chávez regaló a Barack Obama. El escritor mexicano reflexiona sobre su vigencia e imagina que el presidente de EE UU corresponda con el obsequio de Forgotten Continent, de Michael Reid.
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El gesto no es banal. Acostumbrado a protagonizar escándalos en todas sus citas internacionales, esta vez Hugo Chávez sorprende a sus detractores. En lugar de burlarse del mandatario de una república vecina, intercambiar denuestos con el rey de España o reventar los acuerdos, en la V Cumbre de las Américas se comporta con moderación, casi con mesura. A diferencia de Fidel Castro, su ídolo y maestro, quien fulmina la euforia despertada por Barack Obama entre sus colegas latinoamericanos, el presidente de Venezuela no logra sustraerse a su encanto. Poco antes, congregado con su pandilla del ALBA en Cumaná, amenazó con encararlo, pero cuando al fin lo tiene a su lado, escucha sus tersas palabras y constata el tono de su piel, decide un cambio de estrategia. Obama no es Bush e insultarlo sólo le restaría simpatías: lo único que le importa a un caudillo democrático. En un gesto de caballerosidad -y, admitámoslo, de repentina sutileza-, Chávez prefiere confrontarlo de manera civilizada. No un insulto, sino un libro. Y no cualquiera: Las venas abiertas de América Latina, de Eduardo Galeano. Una bomba literaria que muy probablemente Obama no ha leído, pero que -seamos justos- en efecto tendría que leer.
Podrán decirse muchas cosa sobre esta obra de culto de la izquierda latinoamericana, que es maniquea o extremista, que distorsiona o exagera, pero nadie sale indemne de su lectura: ante este abigarrado relato de las vejaciones -en su mayor parte ciertas- que América Latina ha sufrido a manos de Estados Unidos, uno no puede sino terminar escandalizado. Publicada en 1971, y elevada al inmediato rango de "best seller" en lengua española -setenta ediciones hasta 2007-, no esconde su interpretación marxista ni sus ataques al capitalismo y al imperialismo. Si en 1969 el Zavalita de Vargas Llosa se preguntaba en Conversación en La Catedral: "¿En qué momento se jodió el Perú?", Galeano se demoró apenas dos años en dar su respuesta para América Latina. Su horizonte teórico, la llamada "teoría de la dependencia", hacía recaer todos los males de la región en los otros: los explotadores europeos y luego estadounidenses que no han dejado de enriquecerse a sus expensas. La tesis de Galeano, defendida con pasión y singular destreza narrativa, quizás no baste para explicar nuestro subdesarrollo, pero los hechos que enumera tampoco pueden desdeñarse aduciendo su ceguera ideológica. Como pocos panfletistas de nuestro tiempo, Galeano supo poner el dedo en la llaga y, a 35 años de distancia -y a 20 de la caída del muro-, conserva intacta su capacidad de indignar.
Imaginemos la escena: acomodado en su asiento del Air Force One rumbo a Washington, Obama toma el libro que le obsequió Chávez y, más por aburrimiento que por curiosidad, lo hojea al desgaire, lee un par de párrafos y, como le ha ocurrido a miles, queda atrapado por la un tanto engañosa pero siempre inquietante narración de Galeano. Alguien tan sensible a las humillaciones sufridas por los afroamericanos podría descubrir en sus páginas más de una coincidencia con su educación radical, y sin duda le ayudaría a comprender mejor a quienes desconfían de Estados Unidos, incluso de esa parte de Estados Unidos que, escapando a los prejuicios, le permitió convertirse en presidente.
Las venas abiertas de América Latina no es un manual de historia sino un vigoroso panfleto, y así debe ser leído y criticado. Su pesimismo resulta indigesto -los empresarios son siempre rapaces, los gobernantes siempre corruptos, los pobres siempre víctimas-, pero en esta época en que el capitalismo sufre su propia crisis de identidad conviene no olvidar las injusticias cometidas en su nombre. Su lectura puede resultar adictiva -mérito para su autor, peligro para sus fanáticos, sobre todo si se trata de líderes populistas como Chávez- y quien pretenda tener un panorama más amplio de América Latina ha de disponer de un antídoto. Desde su aparición, cientos de libros han tratado de descalificar a Galeano, pero ninguno se ha mantenido vigente durante casi cuatro décadas (y menos escalar al puesto seis de Amazon.com).
Alejado de las réplicas viscerales de tantos escritores latinoamericanos, en especial de esa malograda imitación de derecha, el Manual del perfecto idiota latinoamericano de Plinio Apuleyo Mendoza, Carlos Alberto Montaner y Álvaro Vargas Llosa (1997), convendría oponer a Galeano el brillante ensayo del periodista británico Michael Reid, Forgotten Continent. The Battle for Latin America's Soul (2007), cuya traducción al español está por aparecer. Responsable de la sección de las Américas de The Economist, Reid tampoco oculta su perspectiva ideológica, su preocupación ante el populismo y su defensa de la tradición liberal. El título es explícito: para Reid, América Latina se ha convertido en una de las zonas más olvidadas del planeta, pues si bien los desafíos que enfrenta continúan siendo mayúsculos, no se comparan con el ascenso de China o el infierno de África. Tras revisar las distintas teorías que explican el subdesarrollo de la región -y de discrepar con Galeano con particular vehemencia-, Reid analiza el auge y la caída del consenso de Washington, critica la deriva populista de Chávez y ensalza la transformación de Chile o Brasil (y se permite ser más severo con México). Frente al pesimismo de Galeano, Reid enuncia un optimismo moderado: las democracias latinoamericanas de principios del siglo XXI acarrean un sinfín de lastres, pero la solución a sus problemas no se halla en la vía revolucionaria del pasado sino en acentuar las reformas institucionales del presente: entre estos dos extremos radica la verdadera "lucha por el alma de América Latina".
Imaginemos un final para esta historia: de vuelta en la Casa Blanca, con unas densas ojeras al no haber podido abandonar la lectura de Las venas abiertas de América Latina, Barack Obama estampa su firma en una copia de Forgotten Continent: "For my friend Hugo Chávez". Si por una vez los dos líderes se atrevieran a conocer los argumentos del otro, y a evaluarlos serenamente, sin amenazas ni insultos, "entre iguales", sería ya un gran avance para la región.
Este artículo fue publicado en El País de España (02/05/09)
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Jorge Volpi (Ciudad de México, 1968) ha publicado recientemente la novela El jardín devastado (Alfaguara, 2008. 192 páginas. 18 euros) y la recopilación de ensayos Mentiras contagiosas (Páginas de Espuma. Madrid, 2008. 256 páginas. 15 euros).

"Nadie sale indemne de su lectura", afirma Jorge Volpi sobre Las venas abiertas de América Latina, el libro de Eduardo Galeano que Hugo Chávez regaló a Barack Obama. El escritor mexicano reflexiona sobre su vigencia e imagina que el presidente de EE UU corresponda con el obsequio de Forgotten Continent, de Michael Reid.
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El gesto no es banal. Acostumbrado a protagonizar escándalos en todas sus citas internacionales, esta vez Hugo Chávez sorprende a sus detractores. En lugar de burlarse del mandatario de una república vecina, intercambiar denuestos con el rey de España o reventar los acuerdos, en la V Cumbre de las Américas se comporta con moderación, casi con mesura. A diferencia de Fidel Castro, su ídolo y maestro, quien fulmina la euforia despertada por Barack Obama entre sus colegas latinoamericanos, el presidente de Venezuela no logra sustraerse a su encanto. Poco antes, congregado con su pandilla del ALBA en Cumaná, amenazó con encararlo, pero cuando al fin lo tiene a su lado, escucha sus tersas palabras y constata el tono de su piel, decide un cambio de estrategia. Obama no es Bush e insultarlo sólo le restaría simpatías: lo único que le importa a un caudillo democrático. En un gesto de caballerosidad -y, admitámoslo, de repentina sutileza-, Chávez prefiere confrontarlo de manera civilizada. No un insulto, sino un libro. Y no cualquiera: Las venas abiertas de América Latina, de Eduardo Galeano. Una bomba literaria que muy probablemente Obama no ha leído, pero que -seamos justos- en efecto tendría que leer.
Podrán decirse muchas cosa sobre esta obra de culto de la izquierda latinoamericana, que es maniquea o extremista, que distorsiona o exagera, pero nadie sale indemne de su lectura: ante este abigarrado relato de las vejaciones -en su mayor parte ciertas- que América Latina ha sufrido a manos de Estados Unidos, uno no puede sino terminar escandalizado. Publicada en 1971, y elevada al inmediato rango de "best seller" en lengua española -setenta ediciones hasta 2007-, no esconde su interpretación marxista ni sus ataques al capitalismo y al imperialismo. Si en 1969 el Zavalita de Vargas Llosa se preguntaba en Conversación en La Catedral: "¿En qué momento se jodió el Perú?", Galeano se demoró apenas dos años en dar su respuesta para América Latina. Su horizonte teórico, la llamada "teoría de la dependencia", hacía recaer todos los males de la región en los otros: los explotadores europeos y luego estadounidenses que no han dejado de enriquecerse a sus expensas. La tesis de Galeano, defendida con pasión y singular destreza narrativa, quizás no baste para explicar nuestro subdesarrollo, pero los hechos que enumera tampoco pueden desdeñarse aduciendo su ceguera ideológica. Como pocos panfletistas de nuestro tiempo, Galeano supo poner el dedo en la llaga y, a 35 años de distancia -y a 20 de la caída del muro-, conserva intacta su capacidad de indignar.
Imaginemos la escena: acomodado en su asiento del Air Force One rumbo a Washington, Obama toma el libro que le obsequió Chávez y, más por aburrimiento que por curiosidad, lo hojea al desgaire, lee un par de párrafos y, como le ha ocurrido a miles, queda atrapado por la un tanto engañosa pero siempre inquietante narración de Galeano. Alguien tan sensible a las humillaciones sufridas por los afroamericanos podría descubrir en sus páginas más de una coincidencia con su educación radical, y sin duda le ayudaría a comprender mejor a quienes desconfían de Estados Unidos, incluso de esa parte de Estados Unidos que, escapando a los prejuicios, le permitió convertirse en presidente.
Las venas abiertas de América Latina no es un manual de historia sino un vigoroso panfleto, y así debe ser leído y criticado. Su pesimismo resulta indigesto -los empresarios son siempre rapaces, los gobernantes siempre corruptos, los pobres siempre víctimas-, pero en esta época en que el capitalismo sufre su propia crisis de identidad conviene no olvidar las injusticias cometidas en su nombre. Su lectura puede resultar adictiva -mérito para su autor, peligro para sus fanáticos, sobre todo si se trata de líderes populistas como Chávez- y quien pretenda tener un panorama más amplio de América Latina ha de disponer de un antídoto. Desde su aparición, cientos de libros han tratado de descalificar a Galeano, pero ninguno se ha mantenido vigente durante casi cuatro décadas (y menos escalar al puesto seis de Amazon.com).
Alejado de las réplicas viscerales de tantos escritores latinoamericanos, en especial de esa malograda imitación de derecha, el Manual del perfecto idiota latinoamericano de Plinio Apuleyo Mendoza, Carlos Alberto Montaner y Álvaro Vargas Llosa (1997), convendría oponer a Galeano el brillante ensayo del periodista británico Michael Reid, Forgotten Continent. The Battle for Latin America's Soul (2007), cuya traducción al español está por aparecer. Responsable de la sección de las Américas de The Economist, Reid tampoco oculta su perspectiva ideológica, su preocupación ante el populismo y su defensa de la tradición liberal. El título es explícito: para Reid, América Latina se ha convertido en una de las zonas más olvidadas del planeta, pues si bien los desafíos que enfrenta continúan siendo mayúsculos, no se comparan con el ascenso de China o el infierno de África. Tras revisar las distintas teorías que explican el subdesarrollo de la región -y de discrepar con Galeano con particular vehemencia-, Reid analiza el auge y la caída del consenso de Washington, critica la deriva populista de Chávez y ensalza la transformación de Chile o Brasil (y se permite ser más severo con México). Frente al pesimismo de Galeano, Reid enuncia un optimismo moderado: las democracias latinoamericanas de principios del siglo XXI acarrean un sinfín de lastres, pero la solución a sus problemas no se halla en la vía revolucionaria del pasado sino en acentuar las reformas institucionales del presente: entre estos dos extremos radica la verdadera "lucha por el alma de América Latina".
Imaginemos un final para esta historia: de vuelta en la Casa Blanca, con unas densas ojeras al no haber podido abandonar la lectura de Las venas abiertas de América Latina, Barack Obama estampa su firma en una copia de Forgotten Continent: "For my friend Hugo Chávez". Si por una vez los dos líderes se atrevieran a conocer los argumentos del otro, y a evaluarlos serenamente, sin amenazas ni insultos, "entre iguales", sería ya un gran avance para la región.
Este artículo fue publicado en El País de España (02/05/09)
..................................
Jorge Volpi (Ciudad de México, 1968) ha publicado recientemente la novela El jardín devastado (Alfaguara, 2008. 192 páginas. 18 euros) y la recopilación de ensayos Mentiras contagiosas (Páginas de Espuma. Madrid, 2008. 256 páginas. 15 euros).

05/05/09: NO AL COLEGIO DE HISTORIADORES DEL PERÚ
Pronunciamiento contra la creación del Colegio de Historiadores del Perú
La Comisión de Educación del Congreso de la República ha aprobado el proyecto de ley Nº 904/2006-CR, por el cual se pretende crear un Colegio Profesional de Historiadores. Los abajo firmantes consideramos que, entre muchas otras razones, debemos oponernos a este proyecto por los siguientes motivos:
1) La creación de un colegio de historiadores viola la libertad de expresión y acceso a la información
El proyectado Colegio Profesional de Historiadores del Perú restringiría las posibilidades de comunicar o publicar información histórica, pues reservaría para los colegiados la posibilidad de pronunciarse sobre hechos del pasado. Además, limitaría las formas de investigar temas históricos ya que plantea restricciones para el acceso a la información. En este sentido, el proyecto es inconstitucional, pues atenta contra aquellos derechos que garantizan la libertad de información, opinión, expresión y difusión del pensamiento.
2) Un colegio de historiadores limitaría el libre ejercicio profesional y el desarrollo académico de los historiadores
El proyectado colegio impediría que muchos destacados historiadores nacionales y extranjeros se desempeñen en el Perú puesto que, sin el título de licenciatura, no estarían inscritos en el mencionado colegio. Esta restricción impediría, por ejemplo, que reconocidos magísteres y doctores en Historia no licenciados puedan ejercer la investigación o la docencia universitaria. De otro lado, al establecer como único requisito para poder ejercer como historiador la obtención de la licenciatura y la inscripción en el proyectado colegio, se frenaría el desarrollo profesional meritocrático, pues la colegiatura facilitaría la obtención de plazas laborales a historiadores que no tendrían la necesidad de realizar estudios de posgrado o de continuar con sus investigaciones. Al mismo tiempo, este colegio no tendría cómo promover el crecimiento del campo laboral de los historiadores.
3) Un colegio de historiadores sería una traba para el desarrollo de la disciplina y para el enriquecimiento del conocimiento del pasado
Porque el proyecto pretende depurar o erradicar un supuesto intrusismo profesional por parte de no historiadores y, de esa manera, cerrar la posibilidad de que los no historiadores puedan investigar o difundir información sobre la historia. Esta pretensión afectaría el fructífero intercambio académico y debilitaría los lazos que se tejen desde hace muchos años con otras ciencias y disciplinas.
4) El trabajo del historiador no se puede regular con un colegio
El trabajo de los historiadores es completamente distinto al de los médicos, arquitectos, abogados, ingenieros, contadores, entre otros, cuyo ejercicio profesional sí genera un impacto inmediato en la sociedad y sí requiere de filtros que regulen su ejercicio. El trabajo histórico es en esencia humanista y liberal, y debe renovarse constantemente. Su regulación, validación o evaluación ética se produce en instancias distintas de las de un colegio profesional; más bien ocurre en la relación que los historiadores establecen con facultades, centros de investigación y redes académicas.
5) Un colegio de historiadores no es necesario
Finalmente, no existe un peligro real que, como se plantea en la exposición de motivos del proyecto, amenace el ejercicio de la profesión de los historiadores o impida el desarrollo de la disciplina. Reafirmamos, entonces, que nadie puede ni debe controlar el modo como la historia es narrada, pues ella es de dominio público de todos los peruanos, y que un colegio profesional no generaría beneficios ni inmediatos ni a largo plazo para los historiadores, pues solo sería una instancia burocrática más que, por lo antes expuesto, entorpecería la labor de los historiadores y el desarrollo de la disciplina.
Lima, 04 de mayo de 2009
La Comisión de Educación del Congreso de la República ha aprobado el proyecto de ley Nº 904/2006-CR, por el cual se pretende crear un Colegio Profesional de Historiadores. Los abajo firmantes consideramos que, entre muchas otras razones, debemos oponernos a este proyecto por los siguientes motivos:
1) La creación de un colegio de historiadores viola la libertad de expresión y acceso a la información
El proyectado Colegio Profesional de Historiadores del Perú restringiría las posibilidades de comunicar o publicar información histórica, pues reservaría para los colegiados la posibilidad de pronunciarse sobre hechos del pasado. Además, limitaría las formas de investigar temas históricos ya que plantea restricciones para el acceso a la información. En este sentido, el proyecto es inconstitucional, pues atenta contra aquellos derechos que garantizan la libertad de información, opinión, expresión y difusión del pensamiento.
2) Un colegio de historiadores limitaría el libre ejercicio profesional y el desarrollo académico de los historiadores
El proyectado colegio impediría que muchos destacados historiadores nacionales y extranjeros se desempeñen en el Perú puesto que, sin el título de licenciatura, no estarían inscritos en el mencionado colegio. Esta restricción impediría, por ejemplo, que reconocidos magísteres y doctores en Historia no licenciados puedan ejercer la investigación o la docencia universitaria. De otro lado, al establecer como único requisito para poder ejercer como historiador la obtención de la licenciatura y la inscripción en el proyectado colegio, se frenaría el desarrollo profesional meritocrático, pues la colegiatura facilitaría la obtención de plazas laborales a historiadores que no tendrían la necesidad de realizar estudios de posgrado o de continuar con sus investigaciones. Al mismo tiempo, este colegio no tendría cómo promover el crecimiento del campo laboral de los historiadores.
3) Un colegio de historiadores sería una traba para el desarrollo de la disciplina y para el enriquecimiento del conocimiento del pasado
Porque el proyecto pretende depurar o erradicar un supuesto intrusismo profesional por parte de no historiadores y, de esa manera, cerrar la posibilidad de que los no historiadores puedan investigar o difundir información sobre la historia. Esta pretensión afectaría el fructífero intercambio académico y debilitaría los lazos que se tejen desde hace muchos años con otras ciencias y disciplinas.
4) El trabajo del historiador no se puede regular con un colegio
El trabajo de los historiadores es completamente distinto al de los médicos, arquitectos, abogados, ingenieros, contadores, entre otros, cuyo ejercicio profesional sí genera un impacto inmediato en la sociedad y sí requiere de filtros que regulen su ejercicio. El trabajo histórico es en esencia humanista y liberal, y debe renovarse constantemente. Su regulación, validación o evaluación ética se produce en instancias distintas de las de un colegio profesional; más bien ocurre en la relación que los historiadores establecen con facultades, centros de investigación y redes académicas.
5) Un colegio de historiadores no es necesario
Finalmente, no existe un peligro real que, como se plantea en la exposición de motivos del proyecto, amenace el ejercicio de la profesión de los historiadores o impida el desarrollo de la disciplina. Reafirmamos, entonces, que nadie puede ni debe controlar el modo como la historia es narrada, pues ella es de dominio público de todos los peruanos, y que un colegio profesional no generaría beneficios ni inmediatos ni a largo plazo para los historiadores, pues solo sería una instancia burocrática más que, por lo antes expuesto, entorpecería la labor de los historiadores y el desarrollo de la disciplina.
Lima, 04 de mayo de 2009
El 4 de mayo de 1949, hace hoy 60 años, cambió la historia del fútbol. No hablamos sólo del calcio, que se hundió en su noche más negra, sino de cualquier fútbol imaginable: ese 4 de mayo, a las 17.03, terminó un relato y comenzó otro. Si el trimotor Fiat que transportaba al mejor equipo del planeta, el Gran Torino, no se hubiera estrellado contra los cimientos de la basílica de Superga, a apenas 20 kilómetros de casa, es muy probable que no hubieran existido ni el maracanazo del Mundial de 1950 ni la posterior hegemonía brasileña. Tal vez Italia habría sido la primera selección tricampeona, con tres títulos consecutivos. Tal vez el Juventus de Turín sería hoy una institución menor, peleando en las divisiones inferiores. Tal vez desconociéramos la palabra catenaccio y el calcio simbolizara el fútbol ofensivo. Tal vez.
El Gran Torino nunca fue llamado Torino a secas. El principal club de Turín (la familia Agnelli no había adquirido aún el Juventus) proponía algo más que un fútbol maravillosamente ofensivo: encarnó, junto a los ciclistas Coppi y Bartali, el fin de la pesadilla del fascismo y la guerra. El presidente, Ferruccio Novo, ex jugador y ex entrenador, empezó a construir una formación legendaria en 1942, en plena guerra, con el fichaje de las dos estrellas del Venecia, Mazzola y Loik. Esa temporada, 1942-1943, ganó el scudetto. El campeonato, sin embargo, no se jugó la temporada siguiente. Italia se sumergió en una terrible mezcla de doble invasión (los aliados por el sur, los nazis por el norte), de guerra civil (fascistas contra partisanos) y de vacío de poder. No hubo competición hasta 1945. Para entonces, el Gran Torino ya era irresistible.
El equipo grana jugaba con una absoluta furia ofensiva. Había sido diseñado por el director técnico Ernst Ebstein, un húngaro de origen judío que, a causa de las leyes raciales, había tenido que trabajar en la clandestinidad y, pese a todo, acabó en un campo de concentración, del que pudo huir de forma casi milagrosa. Ebstein no quería defensas. De hecho, el Gran Torino jugaba con dos centrales muy técnicos, Ballarin y Maroso, y los cinco centrocampistas típicos del sistema inglés, dirigidos por Valentino Mazzola. Su leyenda se hizo sólida en la temporada 1947-1948 con 125 goles en 40 partidos. Hubo uno especialmente asombroso, contra el Roma. El equipo visitante, el Gran Torino, llegó al descanso perdiendo por 1-0. En el vestuario, los granas decidieron dar una lección a los romanos: volvieron al césped y marcaron siete tantos en 20 minutos. Ése era el Gran Torino de las cinco Ligas consecutivas.
Vittorio Pozzo, el seleccionador que ganó para Italia los Mundiales de 1934 y 1938 (con la inestimable ayuda de Mussolini y de los árbitros), había asesorado a Novo y Ebstein en su política de fichajes. Después de la guerra, montar una selección le resultó sencillo: ocho miembros del Gran Torino (Bacigalupo, Ballarin, Castigliano, Loik, Maroso, Mazzola, Menti y Rigamonti) eran titulares indiscutibles; en ocasiones, como en su victoria contra la mítica Hungría, la nazionale azzurra alineaba a diez jugadores granas. Italia se perfilaba como la gran favorita para el Mundial de 1950, en Brasil.
El 3 de mayo de 1949, el Gran Torino viajó a Lisboa para disputar un partido amistoso contra el Benfica. Mazzola, el gran capitán grana, había exigido participar en la despedida de su amigo Francisco Ferreira, capitán del equipo lisboeta y de la selección portuguesa. Tras el encuentro, concluido con victoria del Benfica por 4-3, la expedición embarcó en un avión rumbo a Barcelona. En Italia se habían quedado el presidente Novo, acatarrado, y un chavalín húngaro inmensamente triste porque el Gran Torino, tras varios partidos de prueba, había rechazado su fichaje. El chaval se llamaba Laszlo Kubala. Desde Barcelona, el Gran Torino siguió su viaje hacia Turín. El avión estaba a menos de cinco kilómetros del aeropuerto cuando, entre una espesa niebla, se estrelló contra la basílica de Superga, donde la familia real italiana enterraba a sus difuntos. Los 31 ocupantes del trimotor murieron en el acto.
Los funerales por el mejor equipo que ha visto Italia y uno de los mejores que ha visto el mundo congregaron a un millón de personas en Turín. En ese momento, a falta de cuatro jornadas, el Gran Torino llevaba cuatro puntos de ventaja al Inter. Los demás equipos decidieron alinear a los juveniles, como se vio obligado a hacer el Torino, el resto de la temporada. Ése fue el scudetto póstumo.
Sabemos lo que ocurrió después. Gianni Agnelli, el fundador de la Fiat, había comprado el Juventus en 1947 y aprovechó el inmenso vacío abierto en Superga para crear un equipo campeón. La temporada siguiente, la que había de convertirse en Vecchia Signora ganó el scudetto y empezó a forjar su propia historia. Ya era otro fútbol. El seleccionador Pozzo tuvo que viajar al Mundial de Brasil (en barco) con una alineación de circunstancias y un sistema ultradefensivo, que caracterizó al calcio en las décadas siguientes.
La historia de la tragedia tuvo un hermoso corolario en 1960. Sandrino Mazzola, el hijo de Valentino, que tenía seis años cuando murió el Gran Torino, acababa de fichar por el Inter. Era un chico de 18 años. Y le tocó enfrentarse al Real Madrid, campeón de Europa. Ganó el Madrid. Tras el partido, Puskas se acercó a Mazzola, le dio la mano y le dijo unas palabras: "Yo conocí a tu padre y jugué contra él. Creo que eres digno de ser su hijo". Mazzola, como es lógico, se echó a llorar.
Adaptado de El País (04/05/09)

Imagen de la tragedia


Los funerales del equipo
El Gran Torino nunca fue llamado Torino a secas. El principal club de Turín (la familia Agnelli no había adquirido aún el Juventus) proponía algo más que un fútbol maravillosamente ofensivo: encarnó, junto a los ciclistas Coppi y Bartali, el fin de la pesadilla del fascismo y la guerra. El presidente, Ferruccio Novo, ex jugador y ex entrenador, empezó a construir una formación legendaria en 1942, en plena guerra, con el fichaje de las dos estrellas del Venecia, Mazzola y Loik. Esa temporada, 1942-1943, ganó el scudetto. El campeonato, sin embargo, no se jugó la temporada siguiente. Italia se sumergió en una terrible mezcla de doble invasión (los aliados por el sur, los nazis por el norte), de guerra civil (fascistas contra partisanos) y de vacío de poder. No hubo competición hasta 1945. Para entonces, el Gran Torino ya era irresistible.
El equipo grana jugaba con una absoluta furia ofensiva. Había sido diseñado por el director técnico Ernst Ebstein, un húngaro de origen judío que, a causa de las leyes raciales, había tenido que trabajar en la clandestinidad y, pese a todo, acabó en un campo de concentración, del que pudo huir de forma casi milagrosa. Ebstein no quería defensas. De hecho, el Gran Torino jugaba con dos centrales muy técnicos, Ballarin y Maroso, y los cinco centrocampistas típicos del sistema inglés, dirigidos por Valentino Mazzola. Su leyenda se hizo sólida en la temporada 1947-1948 con 125 goles en 40 partidos. Hubo uno especialmente asombroso, contra el Roma. El equipo visitante, el Gran Torino, llegó al descanso perdiendo por 1-0. En el vestuario, los granas decidieron dar una lección a los romanos: volvieron al césped y marcaron siete tantos en 20 minutos. Ése era el Gran Torino de las cinco Ligas consecutivas.
Vittorio Pozzo, el seleccionador que ganó para Italia los Mundiales de 1934 y 1938 (con la inestimable ayuda de Mussolini y de los árbitros), había asesorado a Novo y Ebstein en su política de fichajes. Después de la guerra, montar una selección le resultó sencillo: ocho miembros del Gran Torino (Bacigalupo, Ballarin, Castigliano, Loik, Maroso, Mazzola, Menti y Rigamonti) eran titulares indiscutibles; en ocasiones, como en su victoria contra la mítica Hungría, la nazionale azzurra alineaba a diez jugadores granas. Italia se perfilaba como la gran favorita para el Mundial de 1950, en Brasil.
El 3 de mayo de 1949, el Gran Torino viajó a Lisboa para disputar un partido amistoso contra el Benfica. Mazzola, el gran capitán grana, había exigido participar en la despedida de su amigo Francisco Ferreira, capitán del equipo lisboeta y de la selección portuguesa. Tras el encuentro, concluido con victoria del Benfica por 4-3, la expedición embarcó en un avión rumbo a Barcelona. En Italia se habían quedado el presidente Novo, acatarrado, y un chavalín húngaro inmensamente triste porque el Gran Torino, tras varios partidos de prueba, había rechazado su fichaje. El chaval se llamaba Laszlo Kubala. Desde Barcelona, el Gran Torino siguió su viaje hacia Turín. El avión estaba a menos de cinco kilómetros del aeropuerto cuando, entre una espesa niebla, se estrelló contra la basílica de Superga, donde la familia real italiana enterraba a sus difuntos. Los 31 ocupantes del trimotor murieron en el acto.
Los funerales por el mejor equipo que ha visto Italia y uno de los mejores que ha visto el mundo congregaron a un millón de personas en Turín. En ese momento, a falta de cuatro jornadas, el Gran Torino llevaba cuatro puntos de ventaja al Inter. Los demás equipos decidieron alinear a los juveniles, como se vio obligado a hacer el Torino, el resto de la temporada. Ése fue el scudetto póstumo.
Sabemos lo que ocurrió después. Gianni Agnelli, el fundador de la Fiat, había comprado el Juventus en 1947 y aprovechó el inmenso vacío abierto en Superga para crear un equipo campeón. La temporada siguiente, la que había de convertirse en Vecchia Signora ganó el scudetto y empezó a forjar su propia historia. Ya era otro fútbol. El seleccionador Pozzo tuvo que viajar al Mundial de Brasil (en barco) con una alineación de circunstancias y un sistema ultradefensivo, que caracterizó al calcio en las décadas siguientes.
La historia de la tragedia tuvo un hermoso corolario en 1960. Sandrino Mazzola, el hijo de Valentino, que tenía seis años cuando murió el Gran Torino, acababa de fichar por el Inter. Era un chico de 18 años. Y le tocó enfrentarse al Real Madrid, campeón de Europa. Ganó el Madrid. Tras el partido, Puskas se acercó a Mazzola, le dio la mano y le dijo unas palabras: "Yo conocí a tu padre y jugué contra él. Creo que eres digno de ser su hijo". Mazzola, como es lógico, se echó a llorar.
Adaptado de El País (04/05/09)

Imagen de la tragedia

La histórica alineación del Torino

Los funerales del equipo
La entrada de los vencedores a Lima, según El Comercio:
Día 11.- Este día fue el primero que se dedicó a la celebración de la victoria obtenida en el Callao sobre las naves españolas, se ha festejado con señaladas muestras de alegría y entusiasmo. El comercio permaneció cerrado y los demás establecimientos públicos paralizaron el trabajo. Desde las doce del día principió a concurrir un gentío a la Plaza principal… La Plaza estaba completamente iluminada, alrededor del jardín y de las estatuas se veían numerosas luces de gas, los balcones de Plaacio, los del Cabildo y alguno de los particulares se encontraban profusamente iluminados. En el balcón del Hotel Maury se leía la siguiente inscripción con luces de gas: “Dos de Mayo de 1866. Gloria del Perú”.
Día 12.- La entrada triunfal de los vencedores del Dos de Mayo estaba anunciada para este día, y con este motivo un inmenso gentío invadió desde muy temprano la alameda del callao; Las calle que conducen a este sitio estaban llenas de gentes y todos se apresuraban a hacer una magnífica ovación a los defensores del honor peruano. A la 1 del día e esparció la noticia de que la entrada no tendría lugar y la concurrencia se dirigió a la Plaza de Armas. A las 3 de la tarde comenzaron los acróbatas a hacer varias pruebas de equilibrio y de fuerza en las cuerdas y en trapecios. En la noche se quemaron 4 vistosos castillos de fuegos artificiales. Inútil es decir que el número de asistentes a los fuegos fue crecidísimo, las bandas de música estacionadas en el cabildo tocaron los himnos de las naciones aliadas y otras muchas piezas.
Día 13.- Este fue le día dedicado a la más espléndida ovación que ha presenciado Lima. La población de la capital esperaba a los esforzados vencedores del Callao, para tributarles el homenaje debido al valor y al patriotismo. La entrada triunfal del ejército estaba anunciada para las 2 de al tarde, pero antes del mediodía ya estaban invadidas las calles del tránsito por una crecida multitud que ansiosa esperaba ala comitiva para saludar a los vencedores. Las calles que conducen desde la Portada del callao hasta la Plaza de Armas, estaban adornadas con vistosas cintas blancas y rojas. Las fachadas de todas las casas ostentaban el pabellón nacional y las puertas y balcones estaban cubiertos con elegantes cortinas. En el camino que debía recorrer la comitiva desde la extremidad de la población, hasta la Plaza de Armas, había muchos arcos vistosamente adornados, y en los que se veía inscripciones análogas al caso… por fin a las dos de la tarde llegó la comitiva por la Portada acompañada por un crecido concurso de gentes del pueblo que habían ido a alcanzarla afuera de la población.
EL MONUMENTO AL COMBATE DEL 2 DE MAYO.- Según Basadre, un decreto expedido en el Callao el 3 de mayo dispuso que se erigiese un monumento consagrado a perpetuar la memoria del combate del 2 de mayo. Un concurso, cuyas normas fueron señaladas por el ministro José María Químper, fue convocado en Francia al efecto. En la base debía haber cuatro estatuas de pie o sentadas representando alas cuatro repúblicas aliadas. En la cúspide se colocaría la estatua de Gálvez. En una de los cuerpos se grabarían los nombres de los que murieron en esa fecha y habría dos bajos relieves representando dos episodios del combate. Numa Pompilio Llona fue nombrado comisionado para intervenir en la construcción del monumento. El mármol y el bronce podían ser empleados en él. El Máximo del costo fue fijado en 40 mil soles, fue proyectado por el arquitecto Edmund Guilleume y el escultor León Cugrol, y ejecutado en París. Tuvo este bello monumento algunos cambios de detalle en su diseño y fue inaugurado en Lima durante el gobierno de Manuel Pardo el 28 de julio de 1874. Costó 220 mil francos, el transporte y la colocación no pasaron de 10 mil francos.

Plaza y monumento al 2 de Mayo (Lima)
La Punta y el Combate del 2 de Mayo.-La Punta ayudó, por su ubicación geográfica estratégica, en la victoria. Para los españoles, desembarcar hubiese sido un suicidio. El Combate se libró apuntando hacia el flanco sur, aprovechando la posición de la Fortaleza del Real Felipe y la colocación de torreones en el mismo flanco. Tal estrategia pudo darse porque a la armada española le resultaba imposible bordear La Punta - excepto que lo hubiesen hecho por detrás de las dos inmensas islas que nos protegen, movimiento lento, predecible y difícil, por ende infructuoso -, puesto que el subsuelo entre la península y la ínsula es de poca profundidad - de ahí el por qué de la existencia del Camotal, breve elevación del minúsculo subsuelo, último refugio para los tablistas punteños -, por lo que los barcos encallarían si intentasen surcarlo. Esta característica geográfica permitió que la mayoría de fuerzas se aglomeraran en un solo sector, aparte de una batería que se colocó por precaución en el flanco posterior al del ataque central. El Combate mar-tierra se iniciaba con condiciones favorables para las tropas americanas, en su mayoría peruanas. Además, La Punta fungió como zona de ataque, donde se situaron varios frentes de lucha: En lo que hoy es el Regatas Unión estuvo ubicada la Torre de la Merced, colocándose dos cuerpos giratorios del sistema Armstrong calibre 300. A su vez, la Batería Abtao estuvo emplazada en la zona actual del Malecón Figueredo y Jirón More. La Batería Chacabuco se encontraba entre las dos mencionadas, también en Cantolao. En el otro flanco, apuntando al norte, se ubicaba la Batería Zepita, en el actual Malecón Wiese y Jirón Tnte. Palacios.
Debido a que la Torre de la Merced no había sido terminada, quienes en ella combatieron lo hicieron al descubierto. El entonces Secretario de Guerra, José Gálvez, combatió desde dicha torre. Al segundo disparo de los españoles, a los cincuenta minutos de combate, rompieron los fuegos y desplegaron la bandera peruana, desatándose una explosión que inutilizó la Torre de la Merced y al unísono murieron veintisiete combatientes, entre ellos José Gálvez. Por esta razón, el 2 de mayo de 1945, se inauguró en el mismo lugar un obelisco que perpetúa su importancia histórica, y el 8 de julio se coloca en la Plaza de entrada de La Punta un busto en honor a José Gálvez, motivo por el cual aquélla lleva su nombre.
LA PAZ DEFINITIVA.- Perú y España regresarían a la vía diplomática en 1871 cuando ambos países, por mediación de Estados Unidos, se dieron una tregua. En 1879, se cerrarían los incidentes con la definitiva firma del tratado de paz en París entre los representantes de ambos países, Mariano Goyeneche, por Perú, y el Marques de Molins, Roque de Togores, por España.
Día 11.- Este día fue el primero que se dedicó a la celebración de la victoria obtenida en el Callao sobre las naves españolas, se ha festejado con señaladas muestras de alegría y entusiasmo. El comercio permaneció cerrado y los demás establecimientos públicos paralizaron el trabajo. Desde las doce del día principió a concurrir un gentío a la Plaza principal… La Plaza estaba completamente iluminada, alrededor del jardín y de las estatuas se veían numerosas luces de gas, los balcones de Plaacio, los del Cabildo y alguno de los particulares se encontraban profusamente iluminados. En el balcón del Hotel Maury se leía la siguiente inscripción con luces de gas: “Dos de Mayo de 1866. Gloria del Perú”.
Día 12.- La entrada triunfal de los vencedores del Dos de Mayo estaba anunciada para este día, y con este motivo un inmenso gentío invadió desde muy temprano la alameda del callao; Las calle que conducen a este sitio estaban llenas de gentes y todos se apresuraban a hacer una magnífica ovación a los defensores del honor peruano. A la 1 del día e esparció la noticia de que la entrada no tendría lugar y la concurrencia se dirigió a la Plaza de Armas. A las 3 de la tarde comenzaron los acróbatas a hacer varias pruebas de equilibrio y de fuerza en las cuerdas y en trapecios. En la noche se quemaron 4 vistosos castillos de fuegos artificiales. Inútil es decir que el número de asistentes a los fuegos fue crecidísimo, las bandas de música estacionadas en el cabildo tocaron los himnos de las naciones aliadas y otras muchas piezas.
Día 13.- Este fue le día dedicado a la más espléndida ovación que ha presenciado Lima. La población de la capital esperaba a los esforzados vencedores del Callao, para tributarles el homenaje debido al valor y al patriotismo. La entrada triunfal del ejército estaba anunciada para las 2 de al tarde, pero antes del mediodía ya estaban invadidas las calles del tránsito por una crecida multitud que ansiosa esperaba ala comitiva para saludar a los vencedores. Las calles que conducen desde la Portada del callao hasta la Plaza de Armas, estaban adornadas con vistosas cintas blancas y rojas. Las fachadas de todas las casas ostentaban el pabellón nacional y las puertas y balcones estaban cubiertos con elegantes cortinas. En el camino que debía recorrer la comitiva desde la extremidad de la población, hasta la Plaza de Armas, había muchos arcos vistosamente adornados, y en los que se veía inscripciones análogas al caso… por fin a las dos de la tarde llegó la comitiva por la Portada acompañada por un crecido concurso de gentes del pueblo que habían ido a alcanzarla afuera de la población.
EL MONUMENTO AL COMBATE DEL 2 DE MAYO.- Según Basadre, un decreto expedido en el Callao el 3 de mayo dispuso que se erigiese un monumento consagrado a perpetuar la memoria del combate del 2 de mayo. Un concurso, cuyas normas fueron señaladas por el ministro José María Químper, fue convocado en Francia al efecto. En la base debía haber cuatro estatuas de pie o sentadas representando alas cuatro repúblicas aliadas. En la cúspide se colocaría la estatua de Gálvez. En una de los cuerpos se grabarían los nombres de los que murieron en esa fecha y habría dos bajos relieves representando dos episodios del combate. Numa Pompilio Llona fue nombrado comisionado para intervenir en la construcción del monumento. El mármol y el bronce podían ser empleados en él. El Máximo del costo fue fijado en 40 mil soles, fue proyectado por el arquitecto Edmund Guilleume y el escultor León Cugrol, y ejecutado en París. Tuvo este bello monumento algunos cambios de detalle en su diseño y fue inaugurado en Lima durante el gobierno de Manuel Pardo el 28 de julio de 1874. Costó 220 mil francos, el transporte y la colocación no pasaron de 10 mil francos.

Plaza y monumento al 2 de Mayo (Lima)
La Punta y el Combate del 2 de Mayo.-La Punta ayudó, por su ubicación geográfica estratégica, en la victoria. Para los españoles, desembarcar hubiese sido un suicidio. El Combate se libró apuntando hacia el flanco sur, aprovechando la posición de la Fortaleza del Real Felipe y la colocación de torreones en el mismo flanco. Tal estrategia pudo darse porque a la armada española le resultaba imposible bordear La Punta - excepto que lo hubiesen hecho por detrás de las dos inmensas islas que nos protegen, movimiento lento, predecible y difícil, por ende infructuoso -, puesto que el subsuelo entre la península y la ínsula es de poca profundidad - de ahí el por qué de la existencia del Camotal, breve elevación del minúsculo subsuelo, último refugio para los tablistas punteños -, por lo que los barcos encallarían si intentasen surcarlo. Esta característica geográfica permitió que la mayoría de fuerzas se aglomeraran en un solo sector, aparte de una batería que se colocó por precaución en el flanco posterior al del ataque central. El Combate mar-tierra se iniciaba con condiciones favorables para las tropas americanas, en su mayoría peruanas. Además, La Punta fungió como zona de ataque, donde se situaron varios frentes de lucha: En lo que hoy es el Regatas Unión estuvo ubicada la Torre de la Merced, colocándose dos cuerpos giratorios del sistema Armstrong calibre 300. A su vez, la Batería Abtao estuvo emplazada en la zona actual del Malecón Figueredo y Jirón More. La Batería Chacabuco se encontraba entre las dos mencionadas, también en Cantolao. En el otro flanco, apuntando al norte, se ubicaba la Batería Zepita, en el actual Malecón Wiese y Jirón Tnte. Palacios.
Debido a que la Torre de la Merced no había sido terminada, quienes en ella combatieron lo hicieron al descubierto. El entonces Secretario de Guerra, José Gálvez, combatió desde dicha torre. Al segundo disparo de los españoles, a los cincuenta minutos de combate, rompieron los fuegos y desplegaron la bandera peruana, desatándose una explosión que inutilizó la Torre de la Merced y al unísono murieron veintisiete combatientes, entre ellos José Gálvez. Por esta razón, el 2 de mayo de 1945, se inauguró en el mismo lugar un obelisco que perpetúa su importancia histórica, y el 8 de julio se coloca en la Plaza de entrada de La Punta un busto en honor a José Gálvez, motivo por el cual aquélla lleva su nombre.
LA PAZ DEFINITIVA.- Perú y España regresarían a la vía diplomática en 1871 cuando ambos países, por mediación de Estados Unidos, se dieron una tregua. En 1879, se cerrarían los incidentes con la definitiva firma del tratado de paz en París entre los representantes de ambos países, Mariano Goyeneche, por Perú, y el Marques de Molins, Roque de Togores, por España.
CALLAO: EL COMBATE DEL 2 DE MAYO DE 1866.- Ese día, a las once y quince de la mañana, la escuadra española, tendida en una línea en forma de “V”, se acercó desafiante al puerto del Callao. A la derecha, al sur del puerto, estaba la Numancia, seguida por las fragatas Almansa y Resolución. El sector de la izquierda o del norte, estaba formado por las fragatas Villa de Madrid, Berenguela y Blanca. La corbeta Vencedora era el punto de intersección de la pirámide. Los barcos más pequeños se situaron atrás. Era, en conjunto, la escuadra más formidable que había navegado las aguas del Pacífico americano.
La ciudad del Callao lucía embanderada y había sido abandonada por todos aquellos que no eran combatientes. El general Buendía había agrupado varios batallones para impedir un posible desembarco español. Entre el Callao y Bellavista se concentraban los bomberos limeños y chalacos. Cerca de allí, los bomberos italianos, franceses, ingleses y alemanes portaban sus respectivas banderas nacionales:
1. En el sector sur del Callao, se prepararon las defensas desde la torre de "La Merced", el fuerte de "Santa Rosa" y la batería "Chalaca", improvisada en 24 horas por una multitud. En la zona de la "mar brava" se erigió la batería "Zepita" para evitar un posible desembarco (en el fuerte Santa Rosa, el ciudadano Lorenzo Rondón desplegó la bandera durante el combate; el 28 de julio de 1866 la Municipalidad de Lima lo premió con 200 soles y a petición del pueblo fue coronado).
2. La línea del norte, al mando del coronel José Joaquín Inclán, estaba formada por el fuerte "Ayacucho", la batería "Independencia".
3. En el centro, se hallaban los barcos peruanos Loa, Victoria, Tumbes, Sachaca y Colón, de poca o nula fuerza militar. Las fuerzas peruanas contaban apenas con 45 piezas de artillería contra 245 cañones españoles.
La participación de los extranjeros en el combate fue muy importante porque se unieron, en defensa del territorio peruano, soldados ecuatorianos, chilenos, bolivianos y hasta mexicanos, cuyos intereses también estaban en juego. El Secretario o Ministro de Guerra, José Gálvez, se posicionó en la torre de La Merced para dirigir el combate.
Al mediodía, La Numancia, la mejor embarcación de la época, se puso al frente de las naves españolas y lanzó dos cañonazos que fueron respondidos por "La Merced" y las demás baterías. La Villa de Madrid fue la primera baja española, puesta fuera de combate a las 12:20, con una granada con la que perdieron la vida 13 hombres y que abrió un enorme agujero en la nave. Luego, fueron averiadas la Berenguela y la Blanca.
Después de la explosión, la torre y los alrededores exhibían un terrible cuadro de sangre, ceniza, tierra y retazos de uniformes. Sin embargo, la catástrofe no abatió a los defensores del Callao. La lucha siguió incesantemente y los actos de heroísmo también. Una a una fueron cayendo las naves enemigas afectadas por los más de 200 disparos efectuados desde las torres. Aunque los españoles declararon luego que habían disparado dos mil granadas, ninguna llegó a neutralizar las baterías peruanas.
A las 2 de la tarde la Villa de Madrid abandonó la lucha y fue remolcada por la Vencedora. Poco después, se retiró también la Berenguela que, anegada, comenzó a recostarse sobre su costado a babor. A las 3 de la tarde la Resolución se retiró con serios desperfectos y la Almansa con agua e incendio a bordo. Quedaron la Numancia y la Vencedora, ésta con disparos eventuales. A las 5 de la tarde, la nave capitana de los atacantes dio señal de cesar el combate y ordenó la retirada después de dar vivas a la reina. Los peruanos siguieron disparando hasta que los buques españoles estuvieron fuera del alcance de los cañones de sus baterías. Tuvieron destacada actuación en el combate José Joaquín Inclán, patrono del Arma de Artillería del Ejército, el coronel Leoncio Prado y el Teniente Coronel Pedro Ruiz Gallo.
Según Basadre, las destrucciones materiales en el Callao se redujeron ala pérdida de la torre de "La Merced", al desmonte de una batería y a algunos daños en edificios y a un corto número de incendios, que pronto fueron extinguidos. La población sufrió muy poco. Con esta gesta, el Perú sellaba definitivamente la independencia de América del Sur. Fue una victoria del pueblo americano y del pueblo peruano en particular. La escuadra española tuvo que retirarse definitivamente del océano Pacífico.
LOS HÉROES
JOSÉ GÁLVEZ Y LOS MÁRTIRES DE LA TORRE DE LA MERCED.- Al parecer, en la torre de "La Merced" imperaba el desorden y la impericia de ciudadanos poco conocedores del arte de la guerra. A las 12:55 pm. una explosión en la torre mató a 27 personas, entre ellas, al Secretario de Guerra, José Gálvez; al ingeniero colombiano Cornelio Borda, jefe de la torre; al coronel graduado Enrique Montes, al capitán de artillería chileno Juan Salcedo; al coronel Toribio Zavala, hermano del ministro de Marina de España. Nunca se supo el origen de la explosión. Se dijo que fue una bomba del enemigo, una bomba de la batería Zepita o una bomba de la misma torre que explotó accidentalmente.
Simbólico carácter tuvieron las muertes del estudiante de medicina Abel Galíndez (murió en la torre de La merced y una calle de Bellavista lleva su nombre) y del alumno del Colegio Naval Militar, Abel Jesús Ordóñez. Este último escapó del colegio por los techos con 14 compañeros más para presentarse en el combate.
La muerte de José Gálvez fue muy lamentada y dio lugar a manifestaciones de sincero dolor. Un día después del combate, las autoridades del gobierno ordenaron el reconocimiento del cadáver que se encontraba en la iglesia de Bellavista. El informe que presentaron los médicos es de enorme valor documental. Expresaba que Gálvez murió sin duda alguna por efectos de la combustión causada por el incendio de una cantidad de pólvora; se señalaba: las manos crispadas del cadáver están puestas hacia adelante, como en actitud de defenderse de un ataque. Nada quedó al azar para los efectos del reconocimiento. Estuvieron presentes amigos y familiares; todos coincidieron en que correspondían al ilustre personaje. Se adoptaron todas estas precauciones a fin de evitar equívocos, teniendo en cuenta que las facciones del occiso estaban medianamente carbonizadas.
El cadáver de Gálvez fue trasladado a Lima en la noche del 6 de mayo, es decir tres días después de su reconocimiento. La capilla ardiente fue preparada en el salón de sesiones del congreso, hacia donde fue llevado el féretro desde la estación de Desamparados. El diario “El Comercio” lo narra así: Arrastraba el duelo el nuevo ministro de guerra, general Bustamante. Las cintas del ataúd fueron tomadas en Bellavista por los generales Echenique, Castillo, Freyre, y Cisneros. Los cuatro secretarios de estado y el general Luis La Puerta los recibieron en la estación del ferrocarril. El cuerpo de bomberos de lima llevó el ataúd en hombros que alumbraba con centenares de hachones encendidos el acongojado semblante de todos los circunstantes. Dos días después se llevó a cabo la inhumación del difunto. Se encuentra enterrado en la cuarta puerta del cementerio General.
Gálvez había sido profesor de Guadalupe y, quizá, el político liberal más importante de su tiempo; fue el padre de la Constitución liberal de 1856. Sin embargo, frente a todo su liberalismo, cuentan que debajo de su uniforme de coronel improvisado, se encontró un cordón franciscano. Una plazuela del Callao lleva su nombre.
LOS BOMBEROS.- El 27 de abril, el almirante Casto Méndez Núñez entregó una nota al cuerpo diplomático en el que anunciaba que en 3 días iniciarían el bombardeo al Callao. Esto exacerbó a la población limeña y los voluntarios se alistaron para repeler el ataque. Dicen que tal fue la cantidad, que hubo que rechazar a muchos de ellos. En este contexto, dadas las noticias del incendio de Valparaíso perpetrado por la escuadra hispana, quedaba claro que ni Lima ni el Callao contaban con suficientes bomberos. Fue así que se empiezan a fundar nuevas compañías de bomberos:
1. La Compagnia Italiana di Bombieri “Roma” n° 1 (15 de abril de 1866)
2. La France n° 2 (20 de abril de 1866)
3. La Bomba Municipal n° 3 (21 de abril de 1866), integrada por dependientes de la Municipalidad de Lima
Estas fuerzas contra incendios se sumaron alas ya existentes en el Callao y formaron la primera línea de defensa y salvataje durante la guerra. Antonio Alarco Espinoza fue uno de los voluntarios de La Municipal n°3 que se encontraba en la Torre de la Merced, según el parte oficial de la Comandancia General de la Batería del Sur, firmado por el coronel Manuel G. de la Cotera, quien se refiere así de la acción de Alarco: Entre los muertos en el mencionado combate, el bombero Antonio Alarco, que tan solo contaba con 25 años de edad, nos merece un especial recuerdo. ¿Cuál fue la verdadera historia de este héroe? Antonio Alarco se alistó junto con otros 39 bomberos voluntarios de la Bomba Municipal n° 3, a solicitud del alcalde, Antonio Salinas, para sofocar los incendios y transportar a los heridos a los hospitales. Un sobreviviente de la tragedia contó, según las crónicas de la época, que durante el combate cayó un sirviente de las piezas de artillería. Fue entonces que se llamó a un reemplazo para poder seguir alimentando los cañones. Presuroso se adelantó el teniente coronel del ejército mexicano, César Zubiría. Pero cuando se alistaba a subir a la fatídica torre donde humeaban los cañones, un joven vestido de camisa roja y gorro azul se adelantó y dijo: ¡Yo soy peruano; a mí nadie me toca!, pero justo cuando Antonio Alarco se disponía a alimentar los cañones, un estrépito se sintió y 27 hombres, incluyendo al ministro de guerra, José Gálvez, perecieron. La madre de Alarco pudo identificar la mano de su hijo por un anillo de oro; fue lo único que pudo reconocerse del heroico bombero voluntario.
Cuentan que en el banquete que organizó el gobierno ese mismo mes para felicitar a los bomberos que habían intervenido valerosamente el 2 de mayo, se invitó a hablar al presidente Mariano I. Prado. Pero él solo dijo estas palabras: Brindo, señores, por los viejos que conquistaron la independencia y por los jóvenes que el 2 de mayo de 1866 supieron consolidarla. Esta paraca actitud no fue muy bien recibida por los asistentes.
EL NIÑO HÉROE.- Relata Basadre: En pleno combate, una bomba enemiga iba a estallar y a hacer muchas muertes y el niño de 7 años Enrique Delhorme se lanzó sobre ella y arrancó la espoleta encendida mientras gritaba “¡Viva el Perú!. Por tal hecho tuvo una pensión del Estado y educación gratuita en el Colegio Militar. Su arma era la de artillería. Con el grado de capitán, acababa de ser promovido a la clase intermedia cuando se batió en la batalla de San Juan contra el invasor chileno el 13 de enero de 1881 y allí murió como un valiente. Era limeño y contaba 22 años.



La ciudad del Callao lucía embanderada y había sido abandonada por todos aquellos que no eran combatientes. El general Buendía había agrupado varios batallones para impedir un posible desembarco español. Entre el Callao y Bellavista se concentraban los bomberos limeños y chalacos. Cerca de allí, los bomberos italianos, franceses, ingleses y alemanes portaban sus respectivas banderas nacionales:
1. En el sector sur del Callao, se prepararon las defensas desde la torre de "La Merced", el fuerte de "Santa Rosa" y la batería "Chalaca", improvisada en 24 horas por una multitud. En la zona de la "mar brava" se erigió la batería "Zepita" para evitar un posible desembarco (en el fuerte Santa Rosa, el ciudadano Lorenzo Rondón desplegó la bandera durante el combate; el 28 de julio de 1866 la Municipalidad de Lima lo premió con 200 soles y a petición del pueblo fue coronado).
2. La línea del norte, al mando del coronel José Joaquín Inclán, estaba formada por el fuerte "Ayacucho", la batería "Independencia".
3. En el centro, se hallaban los barcos peruanos Loa, Victoria, Tumbes, Sachaca y Colón, de poca o nula fuerza militar. Las fuerzas peruanas contaban apenas con 45 piezas de artillería contra 245 cañones españoles.
La participación de los extranjeros en el combate fue muy importante porque se unieron, en defensa del territorio peruano, soldados ecuatorianos, chilenos, bolivianos y hasta mexicanos, cuyos intereses también estaban en juego. El Secretario o Ministro de Guerra, José Gálvez, se posicionó en la torre de La Merced para dirigir el combate.
Al mediodía, La Numancia, la mejor embarcación de la época, se puso al frente de las naves españolas y lanzó dos cañonazos que fueron respondidos por "La Merced" y las demás baterías. La Villa de Madrid fue la primera baja española, puesta fuera de combate a las 12:20, con una granada con la que perdieron la vida 13 hombres y que abrió un enorme agujero en la nave. Luego, fueron averiadas la Berenguela y la Blanca.
Después de la explosión, la torre y los alrededores exhibían un terrible cuadro de sangre, ceniza, tierra y retazos de uniformes. Sin embargo, la catástrofe no abatió a los defensores del Callao. La lucha siguió incesantemente y los actos de heroísmo también. Una a una fueron cayendo las naves enemigas afectadas por los más de 200 disparos efectuados desde las torres. Aunque los españoles declararon luego que habían disparado dos mil granadas, ninguna llegó a neutralizar las baterías peruanas.
A las 2 de la tarde la Villa de Madrid abandonó la lucha y fue remolcada por la Vencedora. Poco después, se retiró también la Berenguela que, anegada, comenzó a recostarse sobre su costado a babor. A las 3 de la tarde la Resolución se retiró con serios desperfectos y la Almansa con agua e incendio a bordo. Quedaron la Numancia y la Vencedora, ésta con disparos eventuales. A las 5 de la tarde, la nave capitana de los atacantes dio señal de cesar el combate y ordenó la retirada después de dar vivas a la reina. Los peruanos siguieron disparando hasta que los buques españoles estuvieron fuera del alcance de los cañones de sus baterías. Tuvieron destacada actuación en el combate José Joaquín Inclán, patrono del Arma de Artillería del Ejército, el coronel Leoncio Prado y el Teniente Coronel Pedro Ruiz Gallo.
Según Basadre, las destrucciones materiales en el Callao se redujeron ala pérdida de la torre de "La Merced", al desmonte de una batería y a algunos daños en edificios y a un corto número de incendios, que pronto fueron extinguidos. La población sufrió muy poco. Con esta gesta, el Perú sellaba definitivamente la independencia de América del Sur. Fue una victoria del pueblo americano y del pueblo peruano en particular. La escuadra española tuvo que retirarse definitivamente del océano Pacífico.
LOS HÉROES
JOSÉ GÁLVEZ Y LOS MÁRTIRES DE LA TORRE DE LA MERCED.- Al parecer, en la torre de "La Merced" imperaba el desorden y la impericia de ciudadanos poco conocedores del arte de la guerra. A las 12:55 pm. una explosión en la torre mató a 27 personas, entre ellas, al Secretario de Guerra, José Gálvez; al ingeniero colombiano Cornelio Borda, jefe de la torre; al coronel graduado Enrique Montes, al capitán de artillería chileno Juan Salcedo; al coronel Toribio Zavala, hermano del ministro de Marina de España. Nunca se supo el origen de la explosión. Se dijo que fue una bomba del enemigo, una bomba de la batería Zepita o una bomba de la misma torre que explotó accidentalmente.
Simbólico carácter tuvieron las muertes del estudiante de medicina Abel Galíndez (murió en la torre de La merced y una calle de Bellavista lleva su nombre) y del alumno del Colegio Naval Militar, Abel Jesús Ordóñez. Este último escapó del colegio por los techos con 14 compañeros más para presentarse en el combate.
La muerte de José Gálvez fue muy lamentada y dio lugar a manifestaciones de sincero dolor. Un día después del combate, las autoridades del gobierno ordenaron el reconocimiento del cadáver que se encontraba en la iglesia de Bellavista. El informe que presentaron los médicos es de enorme valor documental. Expresaba que Gálvez murió sin duda alguna por efectos de la combustión causada por el incendio de una cantidad de pólvora; se señalaba: las manos crispadas del cadáver están puestas hacia adelante, como en actitud de defenderse de un ataque. Nada quedó al azar para los efectos del reconocimiento. Estuvieron presentes amigos y familiares; todos coincidieron en que correspondían al ilustre personaje. Se adoptaron todas estas precauciones a fin de evitar equívocos, teniendo en cuenta que las facciones del occiso estaban medianamente carbonizadas.
El cadáver de Gálvez fue trasladado a Lima en la noche del 6 de mayo, es decir tres días después de su reconocimiento. La capilla ardiente fue preparada en el salón de sesiones del congreso, hacia donde fue llevado el féretro desde la estación de Desamparados. El diario “El Comercio” lo narra así: Arrastraba el duelo el nuevo ministro de guerra, general Bustamante. Las cintas del ataúd fueron tomadas en Bellavista por los generales Echenique, Castillo, Freyre, y Cisneros. Los cuatro secretarios de estado y el general Luis La Puerta los recibieron en la estación del ferrocarril. El cuerpo de bomberos de lima llevó el ataúd en hombros que alumbraba con centenares de hachones encendidos el acongojado semblante de todos los circunstantes. Dos días después se llevó a cabo la inhumación del difunto. Se encuentra enterrado en la cuarta puerta del cementerio General.
Gálvez había sido profesor de Guadalupe y, quizá, el político liberal más importante de su tiempo; fue el padre de la Constitución liberal de 1856. Sin embargo, frente a todo su liberalismo, cuentan que debajo de su uniforme de coronel improvisado, se encontró un cordón franciscano. Una plazuela del Callao lleva su nombre.
LOS BOMBEROS.- El 27 de abril, el almirante Casto Méndez Núñez entregó una nota al cuerpo diplomático en el que anunciaba que en 3 días iniciarían el bombardeo al Callao. Esto exacerbó a la población limeña y los voluntarios se alistaron para repeler el ataque. Dicen que tal fue la cantidad, que hubo que rechazar a muchos de ellos. En este contexto, dadas las noticias del incendio de Valparaíso perpetrado por la escuadra hispana, quedaba claro que ni Lima ni el Callao contaban con suficientes bomberos. Fue así que se empiezan a fundar nuevas compañías de bomberos:
1. La Compagnia Italiana di Bombieri “Roma” n° 1 (15 de abril de 1866)
2. La France n° 2 (20 de abril de 1866)
3. La Bomba Municipal n° 3 (21 de abril de 1866), integrada por dependientes de la Municipalidad de Lima
Estas fuerzas contra incendios se sumaron alas ya existentes en el Callao y formaron la primera línea de defensa y salvataje durante la guerra. Antonio Alarco Espinoza fue uno de los voluntarios de La Municipal n°3 que se encontraba en la Torre de la Merced, según el parte oficial de la Comandancia General de la Batería del Sur, firmado por el coronel Manuel G. de la Cotera, quien se refiere así de la acción de Alarco: Entre los muertos en el mencionado combate, el bombero Antonio Alarco, que tan solo contaba con 25 años de edad, nos merece un especial recuerdo. ¿Cuál fue la verdadera historia de este héroe? Antonio Alarco se alistó junto con otros 39 bomberos voluntarios de la Bomba Municipal n° 3, a solicitud del alcalde, Antonio Salinas, para sofocar los incendios y transportar a los heridos a los hospitales. Un sobreviviente de la tragedia contó, según las crónicas de la época, que durante el combate cayó un sirviente de las piezas de artillería. Fue entonces que se llamó a un reemplazo para poder seguir alimentando los cañones. Presuroso se adelantó el teniente coronel del ejército mexicano, César Zubiría. Pero cuando se alistaba a subir a la fatídica torre donde humeaban los cañones, un joven vestido de camisa roja y gorro azul se adelantó y dijo: ¡Yo soy peruano; a mí nadie me toca!, pero justo cuando Antonio Alarco se disponía a alimentar los cañones, un estrépito se sintió y 27 hombres, incluyendo al ministro de guerra, José Gálvez, perecieron. La madre de Alarco pudo identificar la mano de su hijo por un anillo de oro; fue lo único que pudo reconocerse del heroico bombero voluntario.
Cuentan que en el banquete que organizó el gobierno ese mismo mes para felicitar a los bomberos que habían intervenido valerosamente el 2 de mayo, se invitó a hablar al presidente Mariano I. Prado. Pero él solo dijo estas palabras: Brindo, señores, por los viejos que conquistaron la independencia y por los jóvenes que el 2 de mayo de 1866 supieron consolidarla. Esta paraca actitud no fue muy bien recibida por los asistentes.
EL NIÑO HÉROE.- Relata Basadre: En pleno combate, una bomba enemiga iba a estallar y a hacer muchas muertes y el niño de 7 años Enrique Delhorme se lanzó sobre ella y arrancó la espoleta encendida mientras gritaba “¡Viva el Perú!. Por tal hecho tuvo una pensión del Estado y educación gratuita en el Colegio Militar. Su arma era la de artillería. Con el grado de capitán, acababa de ser promovido a la clase intermedia cuando se batió en la batalla de San Juan contra el invasor chileno el 13 de enero de 1881 y allí murió como un valiente. Era limeño y contaba 22 años.



LOS HECHOS
LA EXPEDICIÓN CIENTÍFICA.- Hacia 1862, Isabel II, reina de España, aprobó el envío de una Expedición Científica a los mares de América Latina. La expedición se puso bajo las órdenes del almirante Luis Hernández Pinzón, descendiente directo de los hermanos Pinzón. A las embarcaciones “científicas” acompañaban tres buques de guerra: las fragatas a vapor gemelas Triunfo y Resolución y la goleta Virgen de Covadonga. Como vemos, además de la investigación científica, uno de los propósitos del viaje era apoyar las demandas de ciudadanos españoles que vivían en el Nuevo Mundo.
En abril de 1863, parte de la flota española llegó al puerto chileno de Valparaíso. Los españoles fueron recibidos cordialmente, a lo que respondieron con pruebas igualmente de amistad. Cuando levantaron anclas y llegaron a Perú, en julio de ese año, comenzaron los problemas pues España no tenía relaciones diplomáticas con Perú. A pesar de esta situación, la expedición fue recibida amistosamente por las autoridades.
Desgraciadamente, el 4 de agosto, y por razones nunca aclaradas, se produjo un altercado en la Hacienda norteña de Talambo entre los inmigrantes de nacionalidad española y los habitantes autóctonos peruanos. Como resultado, un español fue muerto y otros cuatro fueron heridos. Informado sobre los sucesos, Pinzón que estaba camino a San Francisco, California, volvió a Perú con su flota.
EL PRETEXTO: EL INCIDENTE DE TALAMBO.- El 4 de agosto de 1863, un grupo de 40 peruanos armados y pasados de copas atacaran con armas en mano a una colonia de trabajadores vascos en al hacienda de Talambo, en la costa norte. Hubo un trabajador español muerto y cuatro heridos. Se sabe que este incidente comenzó por los reclamos de los grupos vascongados frente a la condición de explotación en la que se encontraban. Hay que recordar que este grupo llegó al Perú gracias a la promoción de inmigración de europeos que el estado impulsaba. Al Perú llegaron en primer lugar chinos y mucha menor proporción europeos a trabajar en las haciendas. Sin embargo las condiciones de explotación (prácticamente los trataban como a los antiguos esclavos negros) llevaron a muchos de estos grupos a abandonar las haciendas para instalarse en las ciudades o regresarse a su país.
El Gobierno peruano cumplió con informar acerca de los acontecimientos a los pocos días de que éstos se produjeron. Más adelante, ordenó a Mariano Moreyra, Cónsul del Perú en España, informar a las autoridades de ese país sobre lo sucedido, que no tenía responsabilidad el Gobierno, pero sí voluntad de resolverlos de manera justa y mantener relaciones pacíficas, ordenándole además entregar copia de toda la documentación Judicial pertinente.

Hacienda Talambo
UN PERSONAJE IMPRUDENTE: EUSEBIO DE SALAZAR Y MAZARREDO.- A pesar de estas gestiones, el incidente de Talambo fue mal recibido por algunos españoles, tanto en la península ibérica como en el Perú. En esos momentos, se hallaba de incógnito en nuestro país el antiguo político peninsular Eusebio de Salazar y Mazarredo, quien guardaba sentimientos hostiles hacia el Perú y había tomado contacto con otros españoles descontentos. Salazar y Mazarredo se entrevistó con Hernández Pinzón en Acapulco a principios de noviembre. Aparentemente, ambos acordaron que la escuadra española ocupara las islas guaneras de Chincha, en respuesta al incidente de Talambo. A continuación, Salazar y Mazarredo partió a Madrid para informar a su Gobierno acerca de los planes de la escuadra española. Hernández de Pinzón, por su parte, se dirigió hacia el Perú. El Almirante español pidió explicaciones e indemnizaciones, pero los peruanos pensaban que se trataba de un asunto interno.
Todos los libros de historia mencionan la funesta actuación de Eusebio Salazar y Mazarredo, enviado del gobierno español ante el Perú que viola las instrucciones recibidas en el sentido de negociar pacíficamente las diferencias. Este pintoresco personaje, dotado de mucha labia, logra convencer al almirante Pinzón para que tomase por la fuerza las Islas Chincha, ricas en guano y por lo tanto importante fuente de ingresos para el Perú. Pinzón, hombre enérgico y poco inclinado a las sutilezas diplomáticas, accede a los deseos de Salazar y Mazarredo, ocupando las islas el 14 de abril de 1864. A partir de ese momento la suerte está echada. Las fuerzas antiespañolas en el Perú, con el apoyo de agentes provocadores chilenos, hostigan al gobierno peruano, induciendo una insurrección en Arequipa que eventualmente asumirá el poder declarando la guerra a España. Salazar y Mazarredo abrigaba el descabellado plan de comprar Gibraltar con el dinero obtenido por la venta del guano de las Islas Chincha. Está por estudiar esta pintoresca figura cuya conducta, irresponsable e inmoral, contribuyó poderosamente a la «mini-guerra» entre España y el Perú.
LA OCUPACIÓN DE LAS ISLAS DE CHINCHA.- Pinzón ocupó las islas Chincha como protesta y luego se retiró a España; en su lugar, vino Manuel Pareja que continuó con las negociaciones. La opinión pública se encontraba indignada ante la pasividad del gobierno peruano que por el temor a un enfrentamiento (el Perú se encontraba en desventaja frente a la escuadra española) prefirió firmar un convenio. El gobierno de José Antonio Pezet firmó el tratado Vivanco-Pareja que, en pocas palabras, resultaba humillante para el país:
1. El Perú debía pagar una cantidad superior a los 2 mil pesos por los gastos ocasionados a la escuadra
2. Aceptar la investigación del comisario regio (funcionario de la corona que tenía injerencia en las colonias)
3. Lo más oneroso: cancelar la deuda que el Perú tenía pendiente con España.
4. La aceptación del saludo con artillería a la bandera española una vez desocupadas las islas guaneras
La indignación no pudo ser mayor. Acusado de traidor, el general Pezet huyó hacia Europa cuando se enteró del levantamiento de Manuel Ignacio Prado en Arequipa. Declarado nulo el tratado Vivanco-Pareja, se formó la Cuádruple Alianza entre Ecuador, Perú, Chile y Bolivia y se declaró la guerra a España. La escuadra española bloqueó las costas chilenas y bombardeó Valparaíso pero la armada conformada por los buques peruano-chilenos la derrotó en el combate de Abtao (febrero-1866). Luego, las fuerzas chilenas capturaron La Covadonga, nave española que luego los chilenos utilizarían en la Guerra del Pacífico. Debido a esto Manuel Pareja se suicidó. Fue reemplazado por Casto Méndez Núñez. En el definitivo combate del Dos de Mayo, librado frente al Callao, murió el ministro de guerra José Gálvez al estallar una bomba en el torreón La Merced del cuartel Real Felipe.

Ocupación de las islas de Chincha
LA EXPEDICIÓN CIENTÍFICA.- Hacia 1862, Isabel II, reina de España, aprobó el envío de una Expedición Científica a los mares de América Latina. La expedición se puso bajo las órdenes del almirante Luis Hernández Pinzón, descendiente directo de los hermanos Pinzón. A las embarcaciones “científicas” acompañaban tres buques de guerra: las fragatas a vapor gemelas Triunfo y Resolución y la goleta Virgen de Covadonga. Como vemos, además de la investigación científica, uno de los propósitos del viaje era apoyar las demandas de ciudadanos españoles que vivían en el Nuevo Mundo.
En abril de 1863, parte de la flota española llegó al puerto chileno de Valparaíso. Los españoles fueron recibidos cordialmente, a lo que respondieron con pruebas igualmente de amistad. Cuando levantaron anclas y llegaron a Perú, en julio de ese año, comenzaron los problemas pues España no tenía relaciones diplomáticas con Perú. A pesar de esta situación, la expedición fue recibida amistosamente por las autoridades.
Desgraciadamente, el 4 de agosto, y por razones nunca aclaradas, se produjo un altercado en la Hacienda norteña de Talambo entre los inmigrantes de nacionalidad española y los habitantes autóctonos peruanos. Como resultado, un español fue muerto y otros cuatro fueron heridos. Informado sobre los sucesos, Pinzón que estaba camino a San Francisco, California, volvió a Perú con su flota.
EL PRETEXTO: EL INCIDENTE DE TALAMBO.- El 4 de agosto de 1863, un grupo de 40 peruanos armados y pasados de copas atacaran con armas en mano a una colonia de trabajadores vascos en al hacienda de Talambo, en la costa norte. Hubo un trabajador español muerto y cuatro heridos. Se sabe que este incidente comenzó por los reclamos de los grupos vascongados frente a la condición de explotación en la que se encontraban. Hay que recordar que este grupo llegó al Perú gracias a la promoción de inmigración de europeos que el estado impulsaba. Al Perú llegaron en primer lugar chinos y mucha menor proporción europeos a trabajar en las haciendas. Sin embargo las condiciones de explotación (prácticamente los trataban como a los antiguos esclavos negros) llevaron a muchos de estos grupos a abandonar las haciendas para instalarse en las ciudades o regresarse a su país.
El Gobierno peruano cumplió con informar acerca de los acontecimientos a los pocos días de que éstos se produjeron. Más adelante, ordenó a Mariano Moreyra, Cónsul del Perú en España, informar a las autoridades de ese país sobre lo sucedido, que no tenía responsabilidad el Gobierno, pero sí voluntad de resolverlos de manera justa y mantener relaciones pacíficas, ordenándole además entregar copia de toda la documentación Judicial pertinente.

Hacienda Talambo
UN PERSONAJE IMPRUDENTE: EUSEBIO DE SALAZAR Y MAZARREDO.- A pesar de estas gestiones, el incidente de Talambo fue mal recibido por algunos españoles, tanto en la península ibérica como en el Perú. En esos momentos, se hallaba de incógnito en nuestro país el antiguo político peninsular Eusebio de Salazar y Mazarredo, quien guardaba sentimientos hostiles hacia el Perú y había tomado contacto con otros españoles descontentos. Salazar y Mazarredo se entrevistó con Hernández Pinzón en Acapulco a principios de noviembre. Aparentemente, ambos acordaron que la escuadra española ocupara las islas guaneras de Chincha, en respuesta al incidente de Talambo. A continuación, Salazar y Mazarredo partió a Madrid para informar a su Gobierno acerca de los planes de la escuadra española. Hernández de Pinzón, por su parte, se dirigió hacia el Perú. El Almirante español pidió explicaciones e indemnizaciones, pero los peruanos pensaban que se trataba de un asunto interno.
Todos los libros de historia mencionan la funesta actuación de Eusebio Salazar y Mazarredo, enviado del gobierno español ante el Perú que viola las instrucciones recibidas en el sentido de negociar pacíficamente las diferencias. Este pintoresco personaje, dotado de mucha labia, logra convencer al almirante Pinzón para que tomase por la fuerza las Islas Chincha, ricas en guano y por lo tanto importante fuente de ingresos para el Perú. Pinzón, hombre enérgico y poco inclinado a las sutilezas diplomáticas, accede a los deseos de Salazar y Mazarredo, ocupando las islas el 14 de abril de 1864. A partir de ese momento la suerte está echada. Las fuerzas antiespañolas en el Perú, con el apoyo de agentes provocadores chilenos, hostigan al gobierno peruano, induciendo una insurrección en Arequipa que eventualmente asumirá el poder declarando la guerra a España. Salazar y Mazarredo abrigaba el descabellado plan de comprar Gibraltar con el dinero obtenido por la venta del guano de las Islas Chincha. Está por estudiar esta pintoresca figura cuya conducta, irresponsable e inmoral, contribuyó poderosamente a la «mini-guerra» entre España y el Perú.
LA OCUPACIÓN DE LAS ISLAS DE CHINCHA.- Pinzón ocupó las islas Chincha como protesta y luego se retiró a España; en su lugar, vino Manuel Pareja que continuó con las negociaciones. La opinión pública se encontraba indignada ante la pasividad del gobierno peruano que por el temor a un enfrentamiento (el Perú se encontraba en desventaja frente a la escuadra española) prefirió firmar un convenio. El gobierno de José Antonio Pezet firmó el tratado Vivanco-Pareja que, en pocas palabras, resultaba humillante para el país:
1. El Perú debía pagar una cantidad superior a los 2 mil pesos por los gastos ocasionados a la escuadra
2. Aceptar la investigación del comisario regio (funcionario de la corona que tenía injerencia en las colonias)
3. Lo más oneroso: cancelar la deuda que el Perú tenía pendiente con España.
4. La aceptación del saludo con artillería a la bandera española una vez desocupadas las islas guaneras
La indignación no pudo ser mayor. Acusado de traidor, el general Pezet huyó hacia Europa cuando se enteró del levantamiento de Manuel Ignacio Prado en Arequipa. Declarado nulo el tratado Vivanco-Pareja, se formó la Cuádruple Alianza entre Ecuador, Perú, Chile y Bolivia y se declaró la guerra a España. La escuadra española bloqueó las costas chilenas y bombardeó Valparaíso pero la armada conformada por los buques peruano-chilenos la derrotó en el combate de Abtao (febrero-1866). Luego, las fuerzas chilenas capturaron La Covadonga, nave española que luego los chilenos utilizarían en la Guerra del Pacífico. Debido a esto Manuel Pareja se suicidó. Fue reemplazado por Casto Méndez Núñez. En el definitivo combate del Dos de Mayo, librado frente al Callao, murió el ministro de guerra José Gálvez al estallar una bomba en el torreón La Merced del cuartel Real Felipe.

Ocupación de las islas de Chincha
El origen de este absurdo conflicto se encuentra en la guerra de nuestra independencia, que se desarrolló entre 1820 y 1824 y que culminó con la batalla de Ayacucho el 9 de diciembre de 1824 y la posterior Capitulación de Ayacucho. En dicho documento, el Perú reconocía ciertas deudas a España, que posteriormente, en 1864, pretendió hacer efectiva, bajo presión de los tenedores de bonos españoles y peruanos residentes en la península ibérica.
¿OSCUROS INTERESES? En 1863, el gobierno español señalaba que el peruano Manuel del Campo Cortázar y Abarca, conde de San Isidro, había presentado, ante un juez de primera instancia de Lima, un expediente en el que solicitaba la devolución de sus propiedades secuestradas durante las guerras de independencia por apoyar al bando realista. Dicho personaje residía por entonces en España y hacía gestiones ante la corte para exigir la cancelación de la deuda, ya que la ley de consolidación promulgada por Castilla no consideraba dichos casos.
Pero el caso del Conde de San isidro no era el único. Sabemos que los poseedores de los bonos de la deuda con España eran, en su mayoría, peruanos. Es sabido que en el siglo XIX muchos hombres de negocios compraban valores de la deuda peruana para luego presionar al Estado y lograr su “consolidación”; estos papeles subían su cotización cuando el Estado aseguraba que asumiría esos compromisos. Por ello, personajes como José Joaquín de Osma o Manuel Ortiz de Zevallos, por ejemplo, hicieron gestiones a favor de la firma de un tratado porque eran poseedores de dichos bonos.
Osma viajó en 1853 a España, como enviado de Castilla, y negoció un tratado de “paz y amistad” con el ministro español Ángel Calderón de la Barca. Luego, colaboró en la organización de la Sociedad General de Crédito Mobiliario Español, a la cual se le atribuyó especulaciones con los títulos de la deuda peruana; además, entre 1856 y 1864, presidió su consejo administrador. Para estos fines, Osma utilizó la enorme influencia que en la corte de Madrid tenía su esposa Ana Zavala de la Puente y Bravo de Ribero, quien rehabilitó el título de Marquesa de la Puente y Sotomayor que había ostentado su abuelo y le reconocía “grandeza de España”.
Por su parte, Ortiz de Zevallos, ministro de Relaciones Exteriores, abogó por la conveniencia de negociar un tratado con España y presionó para que se le nombrase plenipotenciario en Madrid; se decía que su esposa. Josefa Tagle y Echevarría, cuarta hija del Marqués de torre Tagle, segundo presidente del Perú y muerto en el Real Felipe, tenía bienes que reclamar. Otro caso interesante es el del español Merino Ballesteros, quien tenía reclamaciones pendientes contra el gobierno del Perú. Sus hermanos dirigían un periódico, Eco hispano-americano, que se editaba en París, en el que redactaban artículos en contra del Perú. Merino Ballesteros fue nombrado vice-cónsul de España en el Perú, un error de la diplomacia española, pero en Lima se le negó el nombramiento por ser persona no grata al país.
Fue recién en 1853 que España aceptado formalmente la independencia del Perú que, por su parte, ya había reconocido la deuda pendiente con la corona española por concepto de indemnización por las guerras de independencia. Sin embargo, hacia 1860, las relaciones entre ambos países se enfriaron debido a la política intervencionista que España aún tenía en América Latina. La “Doctrina Monroe” (América para los americanos) ya tenía vigencia en casi toda América, aunque algunos territorios aún eran colonias (Cuba y Puerto Rico y algunas pequeñas islas en el Caribe). Cuando Francia, con apoyo español, invadió México, el gobierno peruano, a través de su cónsul, protestó enérgicamente por la intromisión.
¿SUEÑO MONÁRQUICO? Es importante mencionar que por esos años, tanto en España como en Perú, había personas que deseaban la restauración colonial en América del Sur, o concretamente en el Perú. Una carta de nuestro embajador en Washington, Federico Barreda, dirigida a nuestro Canciller, en 1864, resulta interesante: Se ha encontrado un pretexto aunque malísimo en el Perú, el país más codiciado de América. Los retrógrados españoles creen que el elemento monárquico es grande en nuestro país y que sólo necesita el pequeño apoyo que le preste una fuerza extranjera para apoderarse del gobierno, destruir la República y proclamar a un príncipe.
Lo que sí podemos asegurar es que el Perú no debía reconocer la deuda a España por los gastos de la independencia pues hubiera sido admitir que la guerra había sido injusta. Además, el reconocimiento de la deuda era susceptible a muchas interpretaciones y dudas: podía ser muy gravosa para el Perú por probables falsificaciones o alteraciones de documentos, tal como ocurrió con el pago de la deuda interna.

Texto de la Capitulación de Ayacucho en la que se acordó el pago de la "deuda de la independencia"
¿OSCUROS INTERESES? En 1863, el gobierno español señalaba que el peruano Manuel del Campo Cortázar y Abarca, conde de San Isidro, había presentado, ante un juez de primera instancia de Lima, un expediente en el que solicitaba la devolución de sus propiedades secuestradas durante las guerras de independencia por apoyar al bando realista. Dicho personaje residía por entonces en España y hacía gestiones ante la corte para exigir la cancelación de la deuda, ya que la ley de consolidación promulgada por Castilla no consideraba dichos casos.
Pero el caso del Conde de San isidro no era el único. Sabemos que los poseedores de los bonos de la deuda con España eran, en su mayoría, peruanos. Es sabido que en el siglo XIX muchos hombres de negocios compraban valores de la deuda peruana para luego presionar al Estado y lograr su “consolidación”; estos papeles subían su cotización cuando el Estado aseguraba que asumiría esos compromisos. Por ello, personajes como José Joaquín de Osma o Manuel Ortiz de Zevallos, por ejemplo, hicieron gestiones a favor de la firma de un tratado porque eran poseedores de dichos bonos.
Osma viajó en 1853 a España, como enviado de Castilla, y negoció un tratado de “paz y amistad” con el ministro español Ángel Calderón de la Barca. Luego, colaboró en la organización de la Sociedad General de Crédito Mobiliario Español, a la cual se le atribuyó especulaciones con los títulos de la deuda peruana; además, entre 1856 y 1864, presidió su consejo administrador. Para estos fines, Osma utilizó la enorme influencia que en la corte de Madrid tenía su esposa Ana Zavala de la Puente y Bravo de Ribero, quien rehabilitó el título de Marquesa de la Puente y Sotomayor que había ostentado su abuelo y le reconocía “grandeza de España”.
Por su parte, Ortiz de Zevallos, ministro de Relaciones Exteriores, abogó por la conveniencia de negociar un tratado con España y presionó para que se le nombrase plenipotenciario en Madrid; se decía que su esposa. Josefa Tagle y Echevarría, cuarta hija del Marqués de torre Tagle, segundo presidente del Perú y muerto en el Real Felipe, tenía bienes que reclamar. Otro caso interesante es el del español Merino Ballesteros, quien tenía reclamaciones pendientes contra el gobierno del Perú. Sus hermanos dirigían un periódico, Eco hispano-americano, que se editaba en París, en el que redactaban artículos en contra del Perú. Merino Ballesteros fue nombrado vice-cónsul de España en el Perú, un error de la diplomacia española, pero en Lima se le negó el nombramiento por ser persona no grata al país.
Fue recién en 1853 que España aceptado formalmente la independencia del Perú que, por su parte, ya había reconocido la deuda pendiente con la corona española por concepto de indemnización por las guerras de independencia. Sin embargo, hacia 1860, las relaciones entre ambos países se enfriaron debido a la política intervencionista que España aún tenía en América Latina. La “Doctrina Monroe” (América para los americanos) ya tenía vigencia en casi toda América, aunque algunos territorios aún eran colonias (Cuba y Puerto Rico y algunas pequeñas islas en el Caribe). Cuando Francia, con apoyo español, invadió México, el gobierno peruano, a través de su cónsul, protestó enérgicamente por la intromisión.
¿SUEÑO MONÁRQUICO? Es importante mencionar que por esos años, tanto en España como en Perú, había personas que deseaban la restauración colonial en América del Sur, o concretamente en el Perú. Una carta de nuestro embajador en Washington, Federico Barreda, dirigida a nuestro Canciller, en 1864, resulta interesante: Se ha encontrado un pretexto aunque malísimo en el Perú, el país más codiciado de América. Los retrógrados españoles creen que el elemento monárquico es grande en nuestro país y que sólo necesita el pequeño apoyo que le preste una fuerza extranjera para apoderarse del gobierno, destruir la República y proclamar a un príncipe.
Lo que sí podemos asegurar es que el Perú no debía reconocer la deuda a España por los gastos de la independencia pues hubiera sido admitir que la guerra había sido injusta. Además, el reconocimiento de la deuda era susceptible a muchas interpretaciones y dudas: podía ser muy gravosa para el Perú por probables falsificaciones o alteraciones de documentos, tal como ocurrió con el pago de la deuda interna.

Texto de la Capitulación de Ayacucho en la que se acordó el pago de la "deuda de la independencia"








