Archivo de abril 2009
ENTREVISTA A ENRIQUE MÁRQUEZ, COORDINADOR DEL BICENTENARIO EN MÉXICO DF
Enrique Márquez pasea por las calles gaditanas con una tarjeta que muestra la que fue la plaza de armas de la Ciudad de México, rebautizada hace casi 200 años como plaza de la Constitución de Cádiz. Dice que es una buena muestra de la influencia que la Carta Magna española aprobada en 1812 ha tenido a un lado y otro del Atlántico, el primer texto constitucional que recogió la libertad de expresión. Un festival dedicado a este derecho le ha traído hasta España como coordinador general de los festejos que se preparan en la Ciudad de México para conmemorar la independencia lograda en 1810, ya conocido como los festejos del Bicentenario. Una oportunidad, explica este historiador mexicano, para estrechar lazos, reivindicar la historia desconocida de su país y ser críticos con el pasado.
Pregunta. ¿Qué celebra Ciudad de México?
Respuesta. Está aguardando dos grandes celebraciones históricas: el bicentenario de la independencia de México y el centenario de la revolución. Hemos planteado una revisión de la Historia. Descubrimos que aquí en 1808 se fraguó una primera conspiración. Dicen que los primeros disparos en una revolución siempre son las ideas. Y México, desde el Ayuntamiento, en 1808 se hizo eco de todo lo que estaba ocurriendo en España a partir del 2 de mayo. Al igual que el pueblo español luchaba contra la invasión napoleónica, los mexicanos se empezaron a preparar para eso. Es una fecha que nos hermana con Madrid. Con Cádiz, nos hermana la experiencia de 1812.
P. En Cádiz se prepara también otro bicentenario, el de la Constitución aprobada aquel año. ¿Llegan a México los ecos de estos preparativos?
R. Lo seguimos atentamente. La cumbre de jefes de Estado que se va a celebrar en Cádiz ya genera mucha visibilidad. Nosotros buscamos alianzas. La invitación al Festival por la Libertad de Expresión nos abre la puerta para articular programas de actividades. La Constitución de Cádiz marcó la historia de América.
P. ¿Cómo se está materializando la conmemoración en la capital de México?
R. No tenemos intención doctoral. No queremos maestrías en Historia. Queremos que, a partir de una conciencia histórica, podamos mejorar la autoestima colectiva. Que la ciudad exija más y aprecie más lo que tiene. Ése es el gran objetivo. Otro es trabajar con los jóvenes: la generación del Bicentenario, entre los 15 y 29 años. Tenemos apoyos para los jóvenes de culturas alternativas, músicos, pintores, poetas, que no han sido tocados por el estímulo de nadie. Vamos a tener un festival entre el 3 y el 15 de septiembre. Como hace casi 200 años que el cura Hidalgo en México dio el grito de independencia, el día 15 lo vamos a dedicar a que los jóvenes den su grito: qué piensan hoy, de qué están hartos, qué le piden a la sociedad y a los Gobiernos, incluido el del Distrito Federal. Los jóvenes no han gritado lo suficiente. Y ahora van a gritar duro.
P. En Cádiz todos reconocen la asignatura pendiente de involucrar a la sociedad en la conmemoración. ¿Se está consiguiendo en México?
R. Creo, sinceramente, que no es tan complicado. Lo es si uno se va por la carretera sinuosa de depositar el Bicentenario en los historiadores. El Bicentenario es de la gente, es social. Muchos jóvenes nos han preguntado qué celebramos si estamos en paro, si no tenemos opciones de educación... Tenemos la dificultad de generar un discurso no gobiernista a pesar de ser una comisión de Gobierno. Descansamos en los historiadores, yo soy uno de ellos, pero estamos por un Bicentenario social y crítico, que ponga las interpretaciones clásicas al revés. Un Bicentenario que tenga foros de crítica.
P. Con la vista puesta 200 años atrás, ¿la independencia es real?
R. Nosotros introdujimos en los festejos la relación del 1808 de Madrid y de México. Muchos no entendían que se festejara la independencia con nuestros conquistadores. Parecía un gran absurdo. Pero históricamente el pueblo español y el mexicano han estado juntos. No sólo en la empatía histórica de 1808 y de la Guerra Civil Española. Muchos intelectuales mexicanos estuvieron en las Brigadas Internacionales. El antihispanismo que prevaleció en México quedó superado con la Guerra Civil. Fue la experiencia que nos hizo hermanos. Se benefició España con el exilio, pero también México. La cultura se enriqueció de una manera brutal, con la llegada de antropólogos, historiadores, profesores de derecho...
P. ¿Dónde está puesta la mirada de México, en Estados Unidos o en Latinoamérica?
R. México era un espacio protagónico a nivel latinoamericano tras la Segunda Guerra Mundial. La vocación latinoamericanista se consolidó con la revolución cubana. Fue el único país que no aceptó la presión norteamericana y conservó siempre su relación con Cuba. Ése fue como el termómetro. Tenemos tres décadas de alianza de las Américas y tratados de libre comercio que alteraron brutalmente el liderazgo que tenía México en el conjunto de Latinoamérica. Nosotros estamos aprovechando el Bicentenario para trabajar en este sentido. Y hemos planteado que la Ciudad de México sea la sede de la Casa de América Latina. Estamos trabajando a marchas forzadas para presentarla en la cumbre de Buenos Aires de noviembre. No queremos caer en la melancolía de esa relación que tenía México con Latinoamérica, pero sí llamar la atención sobre ese papel perdido desde aquella famosa visita del comandante Fidel Castro a México, cuando el presidente Vicente Fox le dijo aquello de "comes y te vas, porque ahí viene Bush". Creo que estuvimos a punto de perder un lugar muy importante para el debate y la cultura latinoamericana. Pero la Ciudad de México está haciendo grandes esfuerzos, porque es una tradición que no podemos abandonar.
P. La gripe porcina es otra prueba para su ciudad. ¿Cómo se está afrontando esta nueva crisis?
R. La sociedad de la Ciudad de México está muy preparada, es muy solidaria y generosa. Lo es con quien llega de fuera, pero también lo es internamente. Hace ya casi 25 años de los seísmos terribles. Entonces emergió una sociedad que no conocíamos, que ha impulsado el avance político en la ciudad y es un pie fundamental para el desarrollo del país. Esta crisis va a resolverse pronto. El Gobierno está siendo muy responsable y la sociedad tiene fuerza, entereza y capacidad de organización. Una ciudad con cerca de 16 millones de gentes se guardó en sus casas y no ha habido compras de pánico en los supermercados, ni nervios. Es algo sorprendente.
Fuente: El País de España

Celebraciones del Centenario de la Independencia en México (1910): El desfile de Moctezuma
Enrique Márquez pasea por las calles gaditanas con una tarjeta que muestra la que fue la plaza de armas de la Ciudad de México, rebautizada hace casi 200 años como plaza de la Constitución de Cádiz. Dice que es una buena muestra de la influencia que la Carta Magna española aprobada en 1812 ha tenido a un lado y otro del Atlántico, el primer texto constitucional que recogió la libertad de expresión. Un festival dedicado a este derecho le ha traído hasta España como coordinador general de los festejos que se preparan en la Ciudad de México para conmemorar la independencia lograda en 1810, ya conocido como los festejos del Bicentenario. Una oportunidad, explica este historiador mexicano, para estrechar lazos, reivindicar la historia desconocida de su país y ser críticos con el pasado.
Pregunta. ¿Qué celebra Ciudad de México?
Respuesta. Está aguardando dos grandes celebraciones históricas: el bicentenario de la independencia de México y el centenario de la revolución. Hemos planteado una revisión de la Historia. Descubrimos que aquí en 1808 se fraguó una primera conspiración. Dicen que los primeros disparos en una revolución siempre son las ideas. Y México, desde el Ayuntamiento, en 1808 se hizo eco de todo lo que estaba ocurriendo en España a partir del 2 de mayo. Al igual que el pueblo español luchaba contra la invasión napoleónica, los mexicanos se empezaron a preparar para eso. Es una fecha que nos hermana con Madrid. Con Cádiz, nos hermana la experiencia de 1812.
P. En Cádiz se prepara también otro bicentenario, el de la Constitución aprobada aquel año. ¿Llegan a México los ecos de estos preparativos?
R. Lo seguimos atentamente. La cumbre de jefes de Estado que se va a celebrar en Cádiz ya genera mucha visibilidad. Nosotros buscamos alianzas. La invitación al Festival por la Libertad de Expresión nos abre la puerta para articular programas de actividades. La Constitución de Cádiz marcó la historia de América.
P. ¿Cómo se está materializando la conmemoración en la capital de México?
R. No tenemos intención doctoral. No queremos maestrías en Historia. Queremos que, a partir de una conciencia histórica, podamos mejorar la autoestima colectiva. Que la ciudad exija más y aprecie más lo que tiene. Ése es el gran objetivo. Otro es trabajar con los jóvenes: la generación del Bicentenario, entre los 15 y 29 años. Tenemos apoyos para los jóvenes de culturas alternativas, músicos, pintores, poetas, que no han sido tocados por el estímulo de nadie. Vamos a tener un festival entre el 3 y el 15 de septiembre. Como hace casi 200 años que el cura Hidalgo en México dio el grito de independencia, el día 15 lo vamos a dedicar a que los jóvenes den su grito: qué piensan hoy, de qué están hartos, qué le piden a la sociedad y a los Gobiernos, incluido el del Distrito Federal. Los jóvenes no han gritado lo suficiente. Y ahora van a gritar duro.
P. En Cádiz todos reconocen la asignatura pendiente de involucrar a la sociedad en la conmemoración. ¿Se está consiguiendo en México?
R. Creo, sinceramente, que no es tan complicado. Lo es si uno se va por la carretera sinuosa de depositar el Bicentenario en los historiadores. El Bicentenario es de la gente, es social. Muchos jóvenes nos han preguntado qué celebramos si estamos en paro, si no tenemos opciones de educación... Tenemos la dificultad de generar un discurso no gobiernista a pesar de ser una comisión de Gobierno. Descansamos en los historiadores, yo soy uno de ellos, pero estamos por un Bicentenario social y crítico, que ponga las interpretaciones clásicas al revés. Un Bicentenario que tenga foros de crítica.
P. Con la vista puesta 200 años atrás, ¿la independencia es real?
R. Nosotros introdujimos en los festejos la relación del 1808 de Madrid y de México. Muchos no entendían que se festejara la independencia con nuestros conquistadores. Parecía un gran absurdo. Pero históricamente el pueblo español y el mexicano han estado juntos. No sólo en la empatía histórica de 1808 y de la Guerra Civil Española. Muchos intelectuales mexicanos estuvieron en las Brigadas Internacionales. El antihispanismo que prevaleció en México quedó superado con la Guerra Civil. Fue la experiencia que nos hizo hermanos. Se benefició España con el exilio, pero también México. La cultura se enriqueció de una manera brutal, con la llegada de antropólogos, historiadores, profesores de derecho...
P. ¿Dónde está puesta la mirada de México, en Estados Unidos o en Latinoamérica?
R. México era un espacio protagónico a nivel latinoamericano tras la Segunda Guerra Mundial. La vocación latinoamericanista se consolidó con la revolución cubana. Fue el único país que no aceptó la presión norteamericana y conservó siempre su relación con Cuba. Ése fue como el termómetro. Tenemos tres décadas de alianza de las Américas y tratados de libre comercio que alteraron brutalmente el liderazgo que tenía México en el conjunto de Latinoamérica. Nosotros estamos aprovechando el Bicentenario para trabajar en este sentido. Y hemos planteado que la Ciudad de México sea la sede de la Casa de América Latina. Estamos trabajando a marchas forzadas para presentarla en la cumbre de Buenos Aires de noviembre. No queremos caer en la melancolía de esa relación que tenía México con Latinoamérica, pero sí llamar la atención sobre ese papel perdido desde aquella famosa visita del comandante Fidel Castro a México, cuando el presidente Vicente Fox le dijo aquello de "comes y te vas, porque ahí viene Bush". Creo que estuvimos a punto de perder un lugar muy importante para el debate y la cultura latinoamericana. Pero la Ciudad de México está haciendo grandes esfuerzos, porque es una tradición que no podemos abandonar.
P. La gripe porcina es otra prueba para su ciudad. ¿Cómo se está afrontando esta nueva crisis?
R. La sociedad de la Ciudad de México está muy preparada, es muy solidaria y generosa. Lo es con quien llega de fuera, pero también lo es internamente. Hace ya casi 25 años de los seísmos terribles. Entonces emergió una sociedad que no conocíamos, que ha impulsado el avance político en la ciudad y es un pie fundamental para el desarrollo del país. Esta crisis va a resolverse pronto. El Gobierno está siendo muy responsable y la sociedad tiene fuerza, entereza y capacidad de organización. Una ciudad con cerca de 16 millones de gentes se guardó en sus casas y no ha habido compras de pánico en los supermercados, ni nervios. Es algo sorprendente.
Fuente: El País de España

Celebraciones del Centenario de la Independencia en México (1910): El desfile de Moctezuma
Acabó con cuatro veces más muertos que la I Guerra Mundial
La I Guerra Mundial terminó en 1918 con nueve millones de muertos. La gripe española de ese mismo año acabó con la vida de 40 millones de personas. Fue la peor de las tres epidemias mundiales de gripe del siglo XX (1918, 1957 y 1968), y de hecho la peor pandemia de cualquier tipo registrada en la historia. El virus que la causó no venía de los cerdos, sino de las aves, pero era un H1N1, como el actual. El H1N1 era un virus aviar hasta 1918, y fue la gripe española quien lo convirtió en una cepa humana típica.
Los países implicados en la Gran Guerra no informaban sobre la epidemia para no desmoralizar a las tropas, de modo que las únicas noticias venían en la prensa española. La gripe española debe su nombre, por tanto, a la censura de tiempos de guerra, y no a su origen, ya que el primer caso se registró en Camp Funston (Kansas) el 4 de marzo de 1918. Por entonces el virus sólo causaba una dolencia respiratoria leve, aunque muy contagiosa, como cualquier gripe. En abril ya se había propagado por toda Norteamérica, y también saltado a Europa con las tropas americanas.
El primer caso de la segunda oleada mortal se registró el 22 de agosto en el puerto francés de Brest, una de las principales entradas de los soldados norteamericanos. Era el mismo virus, porque los afectados por la primera oleada estaban inmunizados frente a la segunda. En algún momento del verano, sin embargo, se había convertido en un agente mortal. Causaba neumonía con rapidez, y a menudo la muerte dos días después de los primeros síntomas.
En Camp Devens, Massachusetts, seis días después de comunicarse el primer caso ya había 6.674 contagiados. Los brotes se extendieron a casi todas las partes habitadas del mundo, empezando por los puertos y propagándose por las carreteras principales. Sólo en India hubo 12 millones de muertos.
Fue la llegada del virus a los lugares más recónditos la que permitió reconstruirlo hace cuatro años. Johan Hultin, un médico retirado, y los científicos militares al mando del genetista Jefferey Taubenberger, lograron rescatar los genes del virus de los pulmones de una de sus víctimas, una "mujer gorda" que había muerto en 1918 en un poblado esquimal de Alaska, donde el frío había preservado el material particularmente bien.
Se supo así que el virus de 1918 no tenía ningún gen de tipo humano: era un virus de la gripe aviar, sin mezclas. Tenía, eso sí, 25 mutaciones que lo distinguían de un virus de la gripe aviar típico, y entre ellas debían estar las que le permitieron adaptarse al ser humano. Se supo así que el virus de la gripe española se multiplica 50 veces más que la gripe común tras un día de infección, y 39.000 veces más tras cuatro días. Mata a todos los ratones de laboratorio en menos de una semana.
Los grupos de Terrence Tumpey, de los CDC de Atlanta (los principales laboratorios norteamericanos para el control de epidemias) y Adolfo García-Sastre, del Mount Sinai de Nueva York, se preguntaron luego qué mutaciones del virus de la gripe española podían eliminar su capacidad para transmitirse entre personas. Y el resultado es que bastaban dos mutaciones en su hemaglutinina (la H de H1N1); esas mismas mutaciones puestas del revés bastarían para conferir a un virus aviar una alta capacidad de transmisión entre humanos.
La hemaglutinina es el componente de la superficie del virus que reconoce a las células de su huésped. Es el principal determinante de la especificidad del virus (la especie o lista de especies a las que puede infectar). Lo importante no son tanto los números adosados a la H (H5, H1...), sino los detalles de su secuencia, el orden exacto de sus aminoácidos.
Las dos mutaciones clave afectan críticamente a la interacción de la H con sus receptores en las células animales, que pueden ser de dos tipos: alfa-2,3 o alfa-2,6. Los virus de la gripe aviar se unen preferentemente al receptor alfa-2,3, que se encuentra a altas concentraciones en las células del intestino de las aves acuáticas y costeras. Sin embargo, los virus humanos se unen más eficazmente a los alfa-2,6, que se encuentran en el sistema respiratorio de las personas.
Adaptado de El País de España

Víctimas de la gripe española en un hospital del estado de Kansas (USA)

Una víctima mortal de la gripe española trasladada por enfermeras de la Cruz Roja en Saint Louis
La I Guerra Mundial terminó en 1918 con nueve millones de muertos. La gripe española de ese mismo año acabó con la vida de 40 millones de personas. Fue la peor de las tres epidemias mundiales de gripe del siglo XX (1918, 1957 y 1968), y de hecho la peor pandemia de cualquier tipo registrada en la historia. El virus que la causó no venía de los cerdos, sino de las aves, pero era un H1N1, como el actual. El H1N1 era un virus aviar hasta 1918, y fue la gripe española quien lo convirtió en una cepa humana típica.
Los países implicados en la Gran Guerra no informaban sobre la epidemia para no desmoralizar a las tropas, de modo que las únicas noticias venían en la prensa española. La gripe española debe su nombre, por tanto, a la censura de tiempos de guerra, y no a su origen, ya que el primer caso se registró en Camp Funston (Kansas) el 4 de marzo de 1918. Por entonces el virus sólo causaba una dolencia respiratoria leve, aunque muy contagiosa, como cualquier gripe. En abril ya se había propagado por toda Norteamérica, y también saltado a Europa con las tropas americanas.
El primer caso de la segunda oleada mortal se registró el 22 de agosto en el puerto francés de Brest, una de las principales entradas de los soldados norteamericanos. Era el mismo virus, porque los afectados por la primera oleada estaban inmunizados frente a la segunda. En algún momento del verano, sin embargo, se había convertido en un agente mortal. Causaba neumonía con rapidez, y a menudo la muerte dos días después de los primeros síntomas.
En Camp Devens, Massachusetts, seis días después de comunicarse el primer caso ya había 6.674 contagiados. Los brotes se extendieron a casi todas las partes habitadas del mundo, empezando por los puertos y propagándose por las carreteras principales. Sólo en India hubo 12 millones de muertos.
Fue la llegada del virus a los lugares más recónditos la que permitió reconstruirlo hace cuatro años. Johan Hultin, un médico retirado, y los científicos militares al mando del genetista Jefferey Taubenberger, lograron rescatar los genes del virus de los pulmones de una de sus víctimas, una "mujer gorda" que había muerto en 1918 en un poblado esquimal de Alaska, donde el frío había preservado el material particularmente bien.
Se supo así que el virus de 1918 no tenía ningún gen de tipo humano: era un virus de la gripe aviar, sin mezclas. Tenía, eso sí, 25 mutaciones que lo distinguían de un virus de la gripe aviar típico, y entre ellas debían estar las que le permitieron adaptarse al ser humano. Se supo así que el virus de la gripe española se multiplica 50 veces más que la gripe común tras un día de infección, y 39.000 veces más tras cuatro días. Mata a todos los ratones de laboratorio en menos de una semana.
Los grupos de Terrence Tumpey, de los CDC de Atlanta (los principales laboratorios norteamericanos para el control de epidemias) y Adolfo García-Sastre, del Mount Sinai de Nueva York, se preguntaron luego qué mutaciones del virus de la gripe española podían eliminar su capacidad para transmitirse entre personas. Y el resultado es que bastaban dos mutaciones en su hemaglutinina (la H de H1N1); esas mismas mutaciones puestas del revés bastarían para conferir a un virus aviar una alta capacidad de transmisión entre humanos.
La hemaglutinina es el componente de la superficie del virus que reconoce a las células de su huésped. Es el principal determinante de la especificidad del virus (la especie o lista de especies a las que puede infectar). Lo importante no son tanto los números adosados a la H (H5, H1...), sino los detalles de su secuencia, el orden exacto de sus aminoácidos.
Las dos mutaciones clave afectan críticamente a la interacción de la H con sus receptores en las células animales, que pueden ser de dos tipos: alfa-2,3 o alfa-2,6. Los virus de la gripe aviar se unen preferentemente al receptor alfa-2,3, que se encuentra a altas concentraciones en las células del intestino de las aves acuáticas y costeras. Sin embargo, los virus humanos se unen más eficazmente a los alfa-2,6, que se encuentran en el sistema respiratorio de las personas.
Adaptado de El País de España

Víctimas de la gripe española en un hospital del estado de Kansas (USA)

Una víctima mortal de la gripe española trasladada por enfermeras de la Cruz Roja en Saint Louis
Multitud de cineastas de todas las nacionalidades han situado sus historias en Manhattan pero ninguno ha retratado este distrito neoyorquino como Woody Allen, que con la película estrenada hace ahora 30 años le regaló una declaración de amor en toda regla.
En 1979 Allen ya se había ganado un gran prestigio con películas como Toma el dinero y corre (1969), Bananas (1971) y, sobre todo, Annie Hall (1977), un filme con el que ganó dos de sus tres Óscar, como director y guionista. Con ese bagaje, el neoyorquino decidió arriesgarse con una película bastante inusual ya que partió de su amor por Manhattan y por la música de George Gershwin, y además eligió rodarla en blanco y negro para darle un aire casi irreal. "Siento verdadera pasión y una gran devoción hacia la ciudad de Nueva York y creo que en la película se le ve de la forma más hermosa que se ha visto nunca en el cine. Cuidamos mucho la fotografía y creo que es realmente impresionante", explicó el director.
Inmejorables críticas.- Sin embargo, cuando acabó el rodaje, Allen estaba tan seguro de que la película no sería tan bien recibida por público y crítica como su anterior trabajo -Annie Hall- que incluso ofreció a la United Artists dirigir otro largo gratis si querían arrinconar Manhattan. Bien equivocado estaba el director. Manhattan se estrenó el 25 de abril de 1979 y recaudó 39,9 millones de dólares, un poco más que Annie Hall (38,2) y sólo por detrás de Hannah y sus hermanas (1986), que se convertiría en el mayor éxito de su carrera con una taquilla de 40 millones.
Y por el lado artístico, si bien no consiguió los premios de Annie Hall, sí recibió un sinfín de candidaturas a los galardones más prestigiosos y consiguió, entre otros, dos Bafta británico -a la mejor película y guión- y un César francés al mejor filme extranjero. Recibió críticas elogiosas como las del New York Times, que calificó el filme de "extraordinariamente bueno y divertido" y resaltó que "Manhattan se mueve entre 'Interiores' y 'Annie Hall', siendo más crítico y compasivo que el primero y más ingenioso y agudo que el segundo".
En el mismo tono, la revista francesa Cahiers du cinema destacó que en Manhattan aparecen "planos de la ciudad en blanco y negro de una belleza espectacular", lo que hizo que, a partir de ese momento, "la isla sea vista a través de la mirada de Woody Allen". Además, la revista, conocida por la dureza de sus criterios, incluyó a Manhattan como una de las "100 películas para una filmoteca ideal".
Todo ello para un filme que hizo de Manhattan un icono cinematográfico, con imágenes que han quedado en la retina de los espectadores como las más bellas estampas tomadas nunca de rincones como el puente de Brooklyn, Central Park, el MoMA o Gramercy Park. Escenarios por donde se mueven los personajes protagonistas de una historia de amor, amistad, encuentros y desencuentros.
Realidad e irrealidad.- Isaac Davis (Woody Allen) es un escritor recién separado de Jill (Meryl Streep), que tiene una relación con una jovencita de 17 años, Tracy (Mariel Hemingway, que consiguió con este papel su única candidatura a los Óscar). Y en medio de todo conoce a Mary (Diane Keaton), que es la amante de su mejor amigo, Yale (Michael Murphy). Toda una serie de relaciones cruzadas con personajes puro estilo Woody Allen, neuróticos, acelerados, divertidos e irónicos, que destilan realidad e irrealidad a partes iguales, algo muy característico de la obra del director neoyorquino.
La espectacular fotografía de Gordon Willis (impulsor del proyecto junto a Allen), que algunos calificaron de "aterciopelada", y la inolvidable interpretación de Rhapsody in Blue (de Gershwin) por parte de la Filarmónica de Nueva York, dirigida por Zubin Mehta, redondearon un filme casi perfecto. "Eterno", a decir de muchos, y "un extraordinario ejemplo de la fusión de entretenimiento y arte", según otros. Y que todos recordamos por la imagen de Woody Allen y Diane Keaton sentados en un banco, ése que todos los turistas buscan al llegar a Nueva York, mientras ven anochecer frente al puente de Brooklyn.
Adaptado del ABC de España (24/04/09)




En 1979 Allen ya se había ganado un gran prestigio con películas como Toma el dinero y corre (1969), Bananas (1971) y, sobre todo, Annie Hall (1977), un filme con el que ganó dos de sus tres Óscar, como director y guionista. Con ese bagaje, el neoyorquino decidió arriesgarse con una película bastante inusual ya que partió de su amor por Manhattan y por la música de George Gershwin, y además eligió rodarla en blanco y negro para darle un aire casi irreal. "Siento verdadera pasión y una gran devoción hacia la ciudad de Nueva York y creo que en la película se le ve de la forma más hermosa que se ha visto nunca en el cine. Cuidamos mucho la fotografía y creo que es realmente impresionante", explicó el director.
Inmejorables críticas.- Sin embargo, cuando acabó el rodaje, Allen estaba tan seguro de que la película no sería tan bien recibida por público y crítica como su anterior trabajo -Annie Hall- que incluso ofreció a la United Artists dirigir otro largo gratis si querían arrinconar Manhattan. Bien equivocado estaba el director. Manhattan se estrenó el 25 de abril de 1979 y recaudó 39,9 millones de dólares, un poco más que Annie Hall (38,2) y sólo por detrás de Hannah y sus hermanas (1986), que se convertiría en el mayor éxito de su carrera con una taquilla de 40 millones.
Y por el lado artístico, si bien no consiguió los premios de Annie Hall, sí recibió un sinfín de candidaturas a los galardones más prestigiosos y consiguió, entre otros, dos Bafta británico -a la mejor película y guión- y un César francés al mejor filme extranjero. Recibió críticas elogiosas como las del New York Times, que calificó el filme de "extraordinariamente bueno y divertido" y resaltó que "Manhattan se mueve entre 'Interiores' y 'Annie Hall', siendo más crítico y compasivo que el primero y más ingenioso y agudo que el segundo".
En el mismo tono, la revista francesa Cahiers du cinema destacó que en Manhattan aparecen "planos de la ciudad en blanco y negro de una belleza espectacular", lo que hizo que, a partir de ese momento, "la isla sea vista a través de la mirada de Woody Allen". Además, la revista, conocida por la dureza de sus criterios, incluyó a Manhattan como una de las "100 películas para una filmoteca ideal".
Todo ello para un filme que hizo de Manhattan un icono cinematográfico, con imágenes que han quedado en la retina de los espectadores como las más bellas estampas tomadas nunca de rincones como el puente de Brooklyn, Central Park, el MoMA o Gramercy Park. Escenarios por donde se mueven los personajes protagonistas de una historia de amor, amistad, encuentros y desencuentros.
Realidad e irrealidad.- Isaac Davis (Woody Allen) es un escritor recién separado de Jill (Meryl Streep), que tiene una relación con una jovencita de 17 años, Tracy (Mariel Hemingway, que consiguió con este papel su única candidatura a los Óscar). Y en medio de todo conoce a Mary (Diane Keaton), que es la amante de su mejor amigo, Yale (Michael Murphy). Toda una serie de relaciones cruzadas con personajes puro estilo Woody Allen, neuróticos, acelerados, divertidos e irónicos, que destilan realidad e irrealidad a partes iguales, algo muy característico de la obra del director neoyorquino.
La espectacular fotografía de Gordon Willis (impulsor del proyecto junto a Allen), que algunos calificaron de "aterciopelada", y la inolvidable interpretación de Rhapsody in Blue (de Gershwin) por parte de la Filarmónica de Nueva York, dirigida por Zubin Mehta, redondearon un filme casi perfecto. "Eterno", a decir de muchos, y "un extraordinario ejemplo de la fusión de entretenimiento y arte", según otros. Y que todos recordamos por la imagen de Woody Allen y Diane Keaton sentados en un banco, ése que todos los turistas buscan al llegar a Nueva York, mientras ven anochecer frente al puente de Brooklyn.
Adaptado del ABC de España (24/04/09)





Según Jorge Basadre, un decreto expedido en el Callao el 3 de mayo de 1866 (un día después del célebre combate) dispuso que se erigiese un monumento consagrado a perpetuar la memoria del combate del 2 de mayo. Un concurso, cuyas normas fueron señaladas por el ministro José María Químper, fue convocado en Francia al efecto. En la base debía haber cuatro estatuas de pie o sentadas representando alas cuatro repúblicas aliadas. En la cúspide se colocaría la estatua de Gálvez. En una de los cuerpos se grabarían los nombres de los que murieron en esa fecha y habría dos bajos relieves representando dos episodios del combate. Numa Pompilio Llona fue nombrado comisionado para intervenir en la construcción del monumento. El mármol y el bronce podían ser empleados en él. El Máximo del costo fue fijado en 40 mil soles, fue proyectado por el arquitecto Edmund Guilleume y el escultor León Cugrol, y ejecutado en París. Este bello monumento tuvo algunos cambios de detalle en su diseño y fue inaugurado en Lima durante el gobierno de Manuel Pardo el 28 de julio de 1874. Costó 220 mil francos, el transporte y la colocación no pasaron de 10 mil francos de la época.




Diferentes vistas, en diversas épocas, del monumento al Dos de Mayo en la Plaza del mismo nombre (Lima)
(fuente: skyspercity.com)




Diferentes vistas, en diversas épocas, del monumento al Dos de Mayo en la Plaza del mismo nombre (Lima)
(fuente: skyspercity.com)
23/04/09: ¿Cómo era el cerebro de Albert Einstein?
Cuando Albert Einstein se quedaba estancado en un problema de Física, cogía su violín y lo tocaba hasta dar con la solución. Tenía una sensibilidad especial por la música y para comprender las cosas prefería las impresiones sensoriales en lugar de las palabras. Gran parte de estas peculiaridades están marcadas en la anatomía de su cerebro.
Tras su fallecimiento en 1955, y como no podría haber sido de otra forma, el órgano que lo dotó de genialidad se donó a la ciencia. Thomas Harvey, del hospital Princeton (Nueva Jersey, EEUU), fue el patólogo encargado de conservarlo y, junto con otros expertos, lo fotografió y lo dividió en distintas porciones para analizarlas bajo el microscopio. Décadas después, distintos grupos de investigación han intentado diseccionar esta mente superdotada. Uno de ellos es el dirigido por Dean Falk, del departamento de Antropología de la Universidad Estatal de Florida (EEUU), y del que ahora se hace eco la revista 'Science'.
Con técnicas de Paleoantropología, y basándose en los datos e imágenes aportados por Harvey y otros expertos, Falk identifica nuevas peculiaridades anatómicas que podrían explicar la genialidad de Einstein, si bien es cierto que ni el peso de su cerebro ni la mayoría de su superficie cortical son dignos de mención.
El cerebro no pesaba más de lo normal.- "La corteza cerebral era fina [...] y con amplios surcos, algo normal para su edad (76 años). Su masa cerebral, de 1.230 gramos, tampoco es excepcional", explica la investigación, publicada en Frontiers in Evolutionary Neuroscience. Sí son peculiares determinadas zonas de la corteza somatosensorial y motora. "Es posible que estos aspectos atípicos [...] se relacionasen con las dificultades que tenía para adquirir el lenguaje; su preferencia por pensar con impresiones sensoriales, incluidas las imágenes visuales en lugar de las palabras; y su precocidad en la práctica del violín [lo tocó de los seis a los 14 años]".
Parece que el órgano gris de Einstein presentaba una curiosa combinación de rasgos simétricos y asimétricos. Además, Falk encontró una hendidura inusual en una región involucrada en la habilidad para recordar fonemas y sílabas: "Podría asociarse con su ya conocido retraso en la adquisición del lenguaje y con el hecho de que solía repetirse frases a sí mismo hasta que cumplió los siete años".
Como comentábamos anteriormente, este trabajo no es el primero ni posiblemente el último enfocado a conocer el cerebro del físico alemán. Según explica la revista Science, el primer estudio anatómico en esta línea lo dirigió Sandra Witelson, neurobióloga de la Universidad McMaster en Hamilton (Canadá).
Los resultados de este ensayo también fueron muy reveladores. Por ejemplo, "los lóbulos parietales -implicados en el conocimiento matemático, visual y espacial- eran un 15% mayores que la norma". Un hallazgo que ahora también confirma Falk. "Aunque estas visiones son especulativas [...] posiblemente serán de utilidad a futuros estudiantes con acceso a nueva información y metodología", concluye este experto.
Adaptado del diario El Mundo (23/04/09)

Así era el cerebro de Einstein
Tras su fallecimiento en 1955, y como no podría haber sido de otra forma, el órgano que lo dotó de genialidad se donó a la ciencia. Thomas Harvey, del hospital Princeton (Nueva Jersey, EEUU), fue el patólogo encargado de conservarlo y, junto con otros expertos, lo fotografió y lo dividió en distintas porciones para analizarlas bajo el microscopio. Décadas después, distintos grupos de investigación han intentado diseccionar esta mente superdotada. Uno de ellos es el dirigido por Dean Falk, del departamento de Antropología de la Universidad Estatal de Florida (EEUU), y del que ahora se hace eco la revista 'Science'.
Con técnicas de Paleoantropología, y basándose en los datos e imágenes aportados por Harvey y otros expertos, Falk identifica nuevas peculiaridades anatómicas que podrían explicar la genialidad de Einstein, si bien es cierto que ni el peso de su cerebro ni la mayoría de su superficie cortical son dignos de mención.
El cerebro no pesaba más de lo normal.- "La corteza cerebral era fina [...] y con amplios surcos, algo normal para su edad (76 años). Su masa cerebral, de 1.230 gramos, tampoco es excepcional", explica la investigación, publicada en Frontiers in Evolutionary Neuroscience. Sí son peculiares determinadas zonas de la corteza somatosensorial y motora. "Es posible que estos aspectos atípicos [...] se relacionasen con las dificultades que tenía para adquirir el lenguaje; su preferencia por pensar con impresiones sensoriales, incluidas las imágenes visuales en lugar de las palabras; y su precocidad en la práctica del violín [lo tocó de los seis a los 14 años]".
Parece que el órgano gris de Einstein presentaba una curiosa combinación de rasgos simétricos y asimétricos. Además, Falk encontró una hendidura inusual en una región involucrada en la habilidad para recordar fonemas y sílabas: "Podría asociarse con su ya conocido retraso en la adquisición del lenguaje y con el hecho de que solía repetirse frases a sí mismo hasta que cumplió los siete años".
Como comentábamos anteriormente, este trabajo no es el primero ni posiblemente el último enfocado a conocer el cerebro del físico alemán. Según explica la revista Science, el primer estudio anatómico en esta línea lo dirigió Sandra Witelson, neurobióloga de la Universidad McMaster en Hamilton (Canadá).
Los resultados de este ensayo también fueron muy reveladores. Por ejemplo, "los lóbulos parietales -implicados en el conocimiento matemático, visual y espacial- eran un 15% mayores que la norma". Un hallazgo que ahora también confirma Falk. "Aunque estas visiones son especulativas [...] posiblemente serán de utilidad a futuros estudiantes con acceso a nueva información y metodología", concluye este experto.
Adaptado del diario El Mundo (23/04/09)

Así era el cerebro de Einstein
Una joya de los inicios del cine. Estos cortometrajes de los hermanos Lumière representan dos eventos tradicionales en Sevilla, España, tal como se los veía en los últimos años del siglo XIX: La Semana Santa y las corridas de toros. La procesión de Semana Santa sevillana, que se celebra durante la semana anterior a las Pascuas, incluye un magnífico espectáculo de carrozas adornadas (pasos) que son llevadas por las calles de la ciudad por equipos de costaleros. Los penitentes (nazarenos) siguen a la procesión y usan túnica y capa, un atuendo teatral. La película que sigue muestra la lucha de los toreadores en el estadio, con la asistencia de un séquito de banderilleros, peones de espada, lanceros montados a caballo y con una multitud de fondo.
Auguste Marie Louis Nicolas Lumière (1862-1954) y Louis Jean Lumière (1864-1948) fueron los promotores de la Cinématographe, un elegante y técnicamente simple dispositivo de proyección que revolucionó los comienzos de la industria cinematográfica. Los Lumières enviaron equipos por todo el mundo para grabar una gran variedad de escenas e imágenes. El catálogo de la empresa Lumière creció hasta incluir unos 1.200 títulos, todos los cuales estaban disponibles para su compra y se mostraron al público en muchos países. Esta película es, según El País de España, una de las sorpresas que se encuentra en la web de la Biblioteca Digital Mundial, una iniciativa que hoy presentó en París la UNESCO para difundir joyas almacenadas en bibliotecas de todo el mundo.
Auguste Marie Louis Nicolas Lumière (1862-1954) y Louis Jean Lumière (1864-1948) fueron los promotores de la Cinématographe, un elegante y técnicamente simple dispositivo de proyección que revolucionó los comienzos de la industria cinematográfica. Los Lumières enviaron equipos por todo el mundo para grabar una gran variedad de escenas e imágenes. El catálogo de la empresa Lumière creció hasta incluir unos 1.200 títulos, todos los cuales estaban disponibles para su compra y se mostraron al público en muchos países. Esta película es, según El País de España, una de las sorpresas que se encuentra en la web de la Biblioteca Digital Mundial, una iniciativa que hoy presentó en París la UNESCO para difundir joyas almacenadas en bibliotecas de todo el mundo.
La imagen es tan aterradora como sobrecogedora. Hamburgo, 1933. Rodeado de niños rubios como la cerveza, arios hasta la médula y las entrañas, aparece un niño negro de siete años, con una esvástica prendida sobre su chalequito. No es una broma macabra, ni una pirueta del más cruel de los destinos. Es la imagen, la viva imagen, de Hans J.Massaquoi, hijo de una enfermera alemana y un magnate y diplomático liberiano.

Hans se crió entre hijos de nibelungos y walkirias y, lo más insólito, consiguió sobrevivir al régimen más racista de la historia gracias a sus agallas, su ingenio, su inteligencia y el coraje de su madre germana que logró sacarlo adelante mientras sus compatriotas eran cegados por el odio y el fanatismo.
Pesadilla de niño.- Incluso, poseído también por el demonio del nazional-socialismo y la presencia del Führer, Hans llegó a pedir ser admitido en las Juventudes Hitlerianas. No lo consiguió, afortunadamente. Pero sí consiguió convertirse en un reputado periodista que, ya pasada la Segunda Guerra Mundial y sus horrores, llegó a dirigir la revista “Ebony”, la más prestigiosa e influyente de las publicaciones negras de los Estados Unidos. Su vida, su pesadilla de niño no ario entre esvásticas, camisas pardas y calaveras de las SS, las ha rememorado ahora en “Testigo de raza. Un negro en la Alemania nazi”, una autobiografía que pone los pelos de punta, pero que también nos devuelve la fe en lo bueno del ser humano, en su valor, en su entrega, en su lucha por la supervivencia.
Un impagable puñado de fotos hilvanan las páginas del libro. Imágenes de Massaquoi en su infancia, rodeado de blancos, fotos de familia (tanto la africana como la alemana) de su servicio en la Guerra de Corea, y junto a otras personalidades de la comunidad afroamericana como Martin Luther King, los músicos Fats Domino y Diana Ross, los boxeadores Cassius Clay y Joe Louis, el atleta Jesse Owens, el escritor James Baldwin. “Ataviado con el pardo uniforme nazi –escribe Massaquoi-, el maestro nos anunció que “el más esplendoroso momento de nuestras jóvenes vidas” era inminente, que el destino nos había escogido para estar entre los agraciados por la fortuna de contemplar a “nuestro amado Führer” con nuestros propios ojos. Yo tenía entonces ocho años y no había adevertido que, de los casi seiscientos chicos congregados en aquel patio, era el único a quien Herr Wriede no se dirigía”. Sin duda, Hans nunca tuvo un camarada.
Adaptado del ABC de España

Foto actual del ahora escritor Hans J. Massaquoi

Hans se crió entre hijos de nibelungos y walkirias y, lo más insólito, consiguió sobrevivir al régimen más racista de la historia gracias a sus agallas, su ingenio, su inteligencia y el coraje de su madre germana que logró sacarlo adelante mientras sus compatriotas eran cegados por el odio y el fanatismo.
Pesadilla de niño.- Incluso, poseído también por el demonio del nazional-socialismo y la presencia del Führer, Hans llegó a pedir ser admitido en las Juventudes Hitlerianas. No lo consiguió, afortunadamente. Pero sí consiguió convertirse en un reputado periodista que, ya pasada la Segunda Guerra Mundial y sus horrores, llegó a dirigir la revista “Ebony”, la más prestigiosa e influyente de las publicaciones negras de los Estados Unidos. Su vida, su pesadilla de niño no ario entre esvásticas, camisas pardas y calaveras de las SS, las ha rememorado ahora en “Testigo de raza. Un negro en la Alemania nazi”, una autobiografía que pone los pelos de punta, pero que también nos devuelve la fe en lo bueno del ser humano, en su valor, en su entrega, en su lucha por la supervivencia.
Un impagable puñado de fotos hilvanan las páginas del libro. Imágenes de Massaquoi en su infancia, rodeado de blancos, fotos de familia (tanto la africana como la alemana) de su servicio en la Guerra de Corea, y junto a otras personalidades de la comunidad afroamericana como Martin Luther King, los músicos Fats Domino y Diana Ross, los boxeadores Cassius Clay y Joe Louis, el atleta Jesse Owens, el escritor James Baldwin. “Ataviado con el pardo uniforme nazi –escribe Massaquoi-, el maestro nos anunció que “el más esplendoroso momento de nuestras jóvenes vidas” era inminente, que el destino nos había escogido para estar entre los agraciados por la fortuna de contemplar a “nuestro amado Führer” con nuestros propios ojos. Yo tenía entonces ocho años y no había adevertido que, de los casi seiscientos chicos congregados en aquel patio, era el único a quien Herr Wriede no se dirigía”. Sin duda, Hans nunca tuvo un camarada.
Adaptado del ABC de España

Foto actual del ahora escritor Hans J. Massaquoi
20/04/09: Las historias de Charles Darwin
Los textos del gran naturalista inglés son magníficas narraciones que atrapan al lector. La celebración de su segundo centenario ha provocado una avalancha de publicaciones.
Doscientos años después del nacimiento de Charles Darwin (1809-1882) y 150 de la publicación de su gran libro, El origen de las especies, aún existen quienes niegan, o desconocen, su teoría, empeñándose en sostener que las especies que pueblan nuestro planeta son -somos- frutos de actos de creación divina específicos. Es difícil, por supuesto, convencer a todos, tan diversas son las convicciones, intereses e ignorancias humanas, pero de lo que no hay duda es de que en este Año Darwin disponemos de un número elevado de fuentes bibliográficas para formarse una opinión de lo que hizo y pensó, al igual de cómo vivió, el gran naturalista inglés. Es como si de repente se hubiese producido un tsunami, una gran ola que inunda el mercado editorial hispano: el tsunami Darwin.
Al contrario de lo que sucede en otras ocasiones, esta avalancha bibliográfica no se limita a lo que se ha escrito sobre el personaje en cuestión, sino que incluye también nuevas traducciones y reediciones de algunas de sus obras. Y es bueno que sea así, ya que en general los textos de Darwin constituyen magníficas narraciones que consiguen mantener la atención del lector. Esto es particularmente evidente en dos de sus títulos: el Diario del viaje de un naturalista alrededor del mundo y su Autobiografía. Publicado por primera vez en 1839, el Diario relata el viaje que el joven Darwin realizó alrededor del mundo entre diciembre de 1831 y octubre de 1836, en un barco de la Marina británica, el Beagle. Muy del gusto de la sociedad victoriana de entonces, una época en la que se viajaba más con la mente (esto es, leyendo) que en persona, este libro tuvo bastante éxito, dando a Darwin una cierta notoriedad pública. De hecho, ha mantenido su atractivo a través del tiempo y del espacio (ha sido traducido a numerosas lenguas, el castellano entre ellas), siendo la edición que ahora ve la luz en Espasa una nueva reedición, aunque, eso sí, en una presentación bastante más atractiva que las anteriores.
Tampoco es la primera vez que ve la luz en español su conmovedora y sincera Autobiografía -uno de mis dos textos preferidos de Darwin-, aunque no existan tantas ediciones de ella como del Diario. Sucede, sin embargo, que la mayoría de esas versiones seguían la primera edición inglesa (publicada cinco años después de su muerte), de la que su familia suprimió un buen número de pasajes, preocupada por lo que pudiesen pensar sus lectores. La edición que ahora publica la editorial Laetoli dentro de la Biblioteca Darwin, dirigida por Martí Domínguez, es una de las completas. Para facilitar la identificación de los pasajes suprimidos inicialmente, éstos aparecen en negritas. Algunos eran comentarios críticos con otras personas (por ejemplo, con Robert Owen, que se convirtió en uno de los más enconados opositores a la teoría de la evolución de las especies, y al que Darwin calificaba como dotado de "una capacidad de odio" que "no tenía rival"), pero la mayoría tocaban sus opiniones religiosas. Y aunque no podamos aceptar el expurgo al que fueron sometidos sus sinceros recuerdos, sí que podemos comprender cuánto debieron doler a su devota esposa, Emma, frases como: "Me resulta difícil comprender que alguien deba desear que el cristianismo sea verdadero, pues, de ser así, el lenguaje liso y llano de la Biblia parece mostrar que las personas que no creen -y entre ellas se incluiría a mi padre, mi hermano y casi todos mis mejores amigos- recibirían un castigo eterno. Y ésa es una doctrina detestable".
La Autobiografía nos familiariza con la vida de Darwin, conmoviéndonos con las luchas interiores, de fuerte calado psicológico, a las que se enfrentó, pero El origen de las especies (1859), su obra cumbre y uno de los mojones literarios de la historia de la humanidad, ilumina nuestro entendimiento. No es sólo que en ella Darwin presentase su teoría de la evolución de las especies mediante selección natural, sino que lo hizo desplegando un amplísimo conjunto de evidencias y argumentos, mostrando así el exigente y completo naturalista que era. Traducida por primera vez al castellano en 1877 (por Enrique Godínez), la versión que Espasa (en cuyo catálogo ha estado habitualmente) y Alianza presentan ahora es una reedición de la que la editorial Calpe publicó en 1921, traducida (de la sexta edición, de 1872) por el genético Antonio de Zulueta (1885-1971). También es una reedición la versión abreviada traducida por Joandomènec Ros, que vio la luz en 1983 en Ediciones del Serbal y que ahora ha sido resucitada como contribución del Parque de las Ciencias de Granada al Año Darwin. Los lectores tienen, por consiguiente, la posibilidad de elegir. ¿En base a qué razones?, se preguntarán algunos. En cuanto a las de Espasa y Alianza -ambas espléndidamente presentadas-, la respuesta a tal cuestión es difícil, si no imposible: difieren en las introducciones y en que la de Espasa añade algunas notas aclaratorias al texto darwiniano, pero no son éstas diferencias sustanciales. Por su parte, la edición recuperada ahora por el Parque de las Ciencias granadino suple su carácter abreviado -siempre una limitación en textos fundamentales- con la espléndida introducción de Richard Leakey y un magnífico conjunto de ilustraciones que van acompañadas de buenos textos explicatorios.
Darwin y El origen de las especies ocupan el trono supremo en la jerarquía de la visión evolutiva del mundo vivo, pero incluso aunque el presente sea su año, sería injusto no dedicar al menos un momento para recordar a otro naturalista británico que intervino de manera decisiva en que Darwin se decidiese a dar a conocer públicamente sus ideas sobre la evolución de las especies. Me estoy refiriendo a Alfred Russel Wallace (1823-1913), quien desde una isla del archipiélago malayo envió en febrero de 1858 a Darwin un manuscrito que contenía la esencia de las ideas en las que éste llevaba por entonces trabajando aproximadamente veinte años. Como cualquiera puede imaginar, se creó entonces una situación delicada, que se resolvió con gran elegancia publicando en la revista de la Sociedad Linneana el manuscrito de Wallace, otro de Darwin y una carta de éste al botánico norteamericano Asa Gray fechada el 5 de septiembre de 1857, en la que le había informado de sus opiniones. Estos materiales, junto a un extenso ensayo que Darwin había preparado para su propio uso en 1844 y un informativo estudio introductorio de Fernando Pardos, se reproducen en La teoría de la evolución de las especies, publicado por Crítica en 2006 y ahora reeditado.
Más allá de El origen de las especies. A pesar de que muchos parezcan ignorarlo, la obra de Darwin no se limita a El origen de las especies. De hecho, en mi opinión su grandeza científica reside en el ciclópeo esfuerzo que realizó por sustanciar su teoría con evidencias tomadas de prácticamente todos los rincones de la naturaleza, lo que le llevó a trabajar en dominios como la botánica, la zoología, la taxonomía, la anatomía comparada, la geología, la paleontología, la cría doméstica de especies, la biogeografía o la antropología, esfuerzos que se plasmaron en un buen número de libros (y de artículos, naturalmente). Hace tiempo que disponemos en castellano de El origen del hombre (Edaf), el texto de 1871 en el que se atrevió a hacer lo que no quiso en El origen de las especies: aplicar a nuestra propia especie las lecciones de su texto de 1859, y de La expresión de las emociones en los animales y en el hombre (Alianza), que debería haber sido parte de El origen del hombre (no lo fue para no alargar excesivamente el volumen; apareció en 1872). Mucho más recientemente se han traducido La estructura y distribución de los arrecifes de coral (Los Libros de la Catarata / CSIC, 2006) y La fecundación de las orquídeas (Laetoli, 2007), publicados originalmente en 1842 y 1862, respectivamente; libros ya reseñados en Babelia.
A estas obras se suman ahora nuevas traducciones. Comenzando por un libro extenso (dos tomos que totalizan más de novecientas páginas): La variación de los animales y plantas bajo domesticación (1868), un texto importante no sólo por los análisis de muy diversas especies domesticadas que Darwin efectuó allí, sino también porque en él se enfrentó con uno de sus grandes problemas, el de que aunque descubrió el hecho de la existencia de la selección natural y contribuyó notablemente a dilucidar la historia de la evolución animal y vegetal, no sabía explicar por qué surgen variaciones hereditarias entre organismos y cómo se transmiten éstas de generación en generación. Fue en esta obra -en donde, por cierto, empleó por primera vez el término acuñado en 1864 por Herbert Spencer, "supervivencia de los más aptos"- donde presentó su teoría hereditaria, la de la pangénesis, según la cual cada célula del organismo generaba unas "gémulas" diminutas que a través del proceso reproductivo transmitían a la descendencia los rasgos heredables. Fue el suyo un noble y ambicioso esfuerzo, a la postre, sin embargo, equivocado.
Y junto a La variación de los animales y plantas bajo domesticación, otro de sus libros sobre botánica, disciplina que se ajustaba bastante bien a las posibilidades de Darwin en su propiedad de Downe, donde pasó los últimos cuarenta años de su vida y donde podía realizar él mismo experimentos, bien al aire libre o en los invernaderos que construyó. Se trata de Plantas carnívoras, el título de la traducción publicada por Laetoli, o Plantas insectívoras, el encabezamiento elegido en la Biblioteca Darwiniana encabezada por Los Libros de La Catarata. Porque 133 años después de no haber merecido el honor de ser traducido al español, ahora aparecen, simultáneamente, dos traducciones diferentes. Se trata de uno de los libros más especializados escritos por Darwin (de hecho, no se volvió a reimprimir mientras vivió), pero merece la pena que esté en nuestro idioma. Es impresionante ver cómo un anciano y muy debilitado Darwin (el libro se publicó en 1875, siete años antes de su muerte) se mostraba en esta obra como un consumado e imaginativo experimentador que estudiaba el efecto de todo tipo de sustancias en las hojas de plantas carnívoras, o que analizaba sus movimientos y procesos de digestión cuando colocaba pedacitos de carne sobre ellas.
Por Juan Manuel Sánchez de El País (18/04/09)

Grabado del estudio de Darwin
Doscientos años después del nacimiento de Charles Darwin (1809-1882) y 150 de la publicación de su gran libro, El origen de las especies, aún existen quienes niegan, o desconocen, su teoría, empeñándose en sostener que las especies que pueblan nuestro planeta son -somos- frutos de actos de creación divina específicos. Es difícil, por supuesto, convencer a todos, tan diversas son las convicciones, intereses e ignorancias humanas, pero de lo que no hay duda es de que en este Año Darwin disponemos de un número elevado de fuentes bibliográficas para formarse una opinión de lo que hizo y pensó, al igual de cómo vivió, el gran naturalista inglés. Es como si de repente se hubiese producido un tsunami, una gran ola que inunda el mercado editorial hispano: el tsunami Darwin.
Al contrario de lo que sucede en otras ocasiones, esta avalancha bibliográfica no se limita a lo que se ha escrito sobre el personaje en cuestión, sino que incluye también nuevas traducciones y reediciones de algunas de sus obras. Y es bueno que sea así, ya que en general los textos de Darwin constituyen magníficas narraciones que consiguen mantener la atención del lector. Esto es particularmente evidente en dos de sus títulos: el Diario del viaje de un naturalista alrededor del mundo y su Autobiografía. Publicado por primera vez en 1839, el Diario relata el viaje que el joven Darwin realizó alrededor del mundo entre diciembre de 1831 y octubre de 1836, en un barco de la Marina británica, el Beagle. Muy del gusto de la sociedad victoriana de entonces, una época en la que se viajaba más con la mente (esto es, leyendo) que en persona, este libro tuvo bastante éxito, dando a Darwin una cierta notoriedad pública. De hecho, ha mantenido su atractivo a través del tiempo y del espacio (ha sido traducido a numerosas lenguas, el castellano entre ellas), siendo la edición que ahora ve la luz en Espasa una nueva reedición, aunque, eso sí, en una presentación bastante más atractiva que las anteriores.
Tampoco es la primera vez que ve la luz en español su conmovedora y sincera Autobiografía -uno de mis dos textos preferidos de Darwin-, aunque no existan tantas ediciones de ella como del Diario. Sucede, sin embargo, que la mayoría de esas versiones seguían la primera edición inglesa (publicada cinco años después de su muerte), de la que su familia suprimió un buen número de pasajes, preocupada por lo que pudiesen pensar sus lectores. La edición que ahora publica la editorial Laetoli dentro de la Biblioteca Darwin, dirigida por Martí Domínguez, es una de las completas. Para facilitar la identificación de los pasajes suprimidos inicialmente, éstos aparecen en negritas. Algunos eran comentarios críticos con otras personas (por ejemplo, con Robert Owen, que se convirtió en uno de los más enconados opositores a la teoría de la evolución de las especies, y al que Darwin calificaba como dotado de "una capacidad de odio" que "no tenía rival"), pero la mayoría tocaban sus opiniones religiosas. Y aunque no podamos aceptar el expurgo al que fueron sometidos sus sinceros recuerdos, sí que podemos comprender cuánto debieron doler a su devota esposa, Emma, frases como: "Me resulta difícil comprender que alguien deba desear que el cristianismo sea verdadero, pues, de ser así, el lenguaje liso y llano de la Biblia parece mostrar que las personas que no creen -y entre ellas se incluiría a mi padre, mi hermano y casi todos mis mejores amigos- recibirían un castigo eterno. Y ésa es una doctrina detestable".
La Autobiografía nos familiariza con la vida de Darwin, conmoviéndonos con las luchas interiores, de fuerte calado psicológico, a las que se enfrentó, pero El origen de las especies (1859), su obra cumbre y uno de los mojones literarios de la historia de la humanidad, ilumina nuestro entendimiento. No es sólo que en ella Darwin presentase su teoría de la evolución de las especies mediante selección natural, sino que lo hizo desplegando un amplísimo conjunto de evidencias y argumentos, mostrando así el exigente y completo naturalista que era. Traducida por primera vez al castellano en 1877 (por Enrique Godínez), la versión que Espasa (en cuyo catálogo ha estado habitualmente) y Alianza presentan ahora es una reedición de la que la editorial Calpe publicó en 1921, traducida (de la sexta edición, de 1872) por el genético Antonio de Zulueta (1885-1971). También es una reedición la versión abreviada traducida por Joandomènec Ros, que vio la luz en 1983 en Ediciones del Serbal y que ahora ha sido resucitada como contribución del Parque de las Ciencias de Granada al Año Darwin. Los lectores tienen, por consiguiente, la posibilidad de elegir. ¿En base a qué razones?, se preguntarán algunos. En cuanto a las de Espasa y Alianza -ambas espléndidamente presentadas-, la respuesta a tal cuestión es difícil, si no imposible: difieren en las introducciones y en que la de Espasa añade algunas notas aclaratorias al texto darwiniano, pero no son éstas diferencias sustanciales. Por su parte, la edición recuperada ahora por el Parque de las Ciencias granadino suple su carácter abreviado -siempre una limitación en textos fundamentales- con la espléndida introducción de Richard Leakey y un magnífico conjunto de ilustraciones que van acompañadas de buenos textos explicatorios.
Darwin y El origen de las especies ocupan el trono supremo en la jerarquía de la visión evolutiva del mundo vivo, pero incluso aunque el presente sea su año, sería injusto no dedicar al menos un momento para recordar a otro naturalista británico que intervino de manera decisiva en que Darwin se decidiese a dar a conocer públicamente sus ideas sobre la evolución de las especies. Me estoy refiriendo a Alfred Russel Wallace (1823-1913), quien desde una isla del archipiélago malayo envió en febrero de 1858 a Darwin un manuscrito que contenía la esencia de las ideas en las que éste llevaba por entonces trabajando aproximadamente veinte años. Como cualquiera puede imaginar, se creó entonces una situación delicada, que se resolvió con gran elegancia publicando en la revista de la Sociedad Linneana el manuscrito de Wallace, otro de Darwin y una carta de éste al botánico norteamericano Asa Gray fechada el 5 de septiembre de 1857, en la que le había informado de sus opiniones. Estos materiales, junto a un extenso ensayo que Darwin había preparado para su propio uso en 1844 y un informativo estudio introductorio de Fernando Pardos, se reproducen en La teoría de la evolución de las especies, publicado por Crítica en 2006 y ahora reeditado.
Más allá de El origen de las especies. A pesar de que muchos parezcan ignorarlo, la obra de Darwin no se limita a El origen de las especies. De hecho, en mi opinión su grandeza científica reside en el ciclópeo esfuerzo que realizó por sustanciar su teoría con evidencias tomadas de prácticamente todos los rincones de la naturaleza, lo que le llevó a trabajar en dominios como la botánica, la zoología, la taxonomía, la anatomía comparada, la geología, la paleontología, la cría doméstica de especies, la biogeografía o la antropología, esfuerzos que se plasmaron en un buen número de libros (y de artículos, naturalmente). Hace tiempo que disponemos en castellano de El origen del hombre (Edaf), el texto de 1871 en el que se atrevió a hacer lo que no quiso en El origen de las especies: aplicar a nuestra propia especie las lecciones de su texto de 1859, y de La expresión de las emociones en los animales y en el hombre (Alianza), que debería haber sido parte de El origen del hombre (no lo fue para no alargar excesivamente el volumen; apareció en 1872). Mucho más recientemente se han traducido La estructura y distribución de los arrecifes de coral (Los Libros de la Catarata / CSIC, 2006) y La fecundación de las orquídeas (Laetoli, 2007), publicados originalmente en 1842 y 1862, respectivamente; libros ya reseñados en Babelia.
A estas obras se suman ahora nuevas traducciones. Comenzando por un libro extenso (dos tomos que totalizan más de novecientas páginas): La variación de los animales y plantas bajo domesticación (1868), un texto importante no sólo por los análisis de muy diversas especies domesticadas que Darwin efectuó allí, sino también porque en él se enfrentó con uno de sus grandes problemas, el de que aunque descubrió el hecho de la existencia de la selección natural y contribuyó notablemente a dilucidar la historia de la evolución animal y vegetal, no sabía explicar por qué surgen variaciones hereditarias entre organismos y cómo se transmiten éstas de generación en generación. Fue en esta obra -en donde, por cierto, empleó por primera vez el término acuñado en 1864 por Herbert Spencer, "supervivencia de los más aptos"- donde presentó su teoría hereditaria, la de la pangénesis, según la cual cada célula del organismo generaba unas "gémulas" diminutas que a través del proceso reproductivo transmitían a la descendencia los rasgos heredables. Fue el suyo un noble y ambicioso esfuerzo, a la postre, sin embargo, equivocado.
Y junto a La variación de los animales y plantas bajo domesticación, otro de sus libros sobre botánica, disciplina que se ajustaba bastante bien a las posibilidades de Darwin en su propiedad de Downe, donde pasó los últimos cuarenta años de su vida y donde podía realizar él mismo experimentos, bien al aire libre o en los invernaderos que construyó. Se trata de Plantas carnívoras, el título de la traducción publicada por Laetoli, o Plantas insectívoras, el encabezamiento elegido en la Biblioteca Darwiniana encabezada por Los Libros de La Catarata. Porque 133 años después de no haber merecido el honor de ser traducido al español, ahora aparecen, simultáneamente, dos traducciones diferentes. Se trata de uno de los libros más especializados escritos por Darwin (de hecho, no se volvió a reimprimir mientras vivió), pero merece la pena que esté en nuestro idioma. Es impresionante ver cómo un anciano y muy debilitado Darwin (el libro se publicó en 1875, siete años antes de su muerte) se mostraba en esta obra como un consumado e imaginativo experimentador que estudiaba el efecto de todo tipo de sustancias en las hojas de plantas carnívoras, o que analizaba sus movimientos y procesos de digestión cuando colocaba pedacitos de carne sobre ellas.
Por Juan Manuel Sánchez de El País (18/04/09)

Grabado del estudio de Darwin
La labor científica del ilustre italiano aún no había sido reconocida oficialmente en Lima hasta principios del siglo XX. Por ello, gracias a la colonia italiana y a la Municipalidad de Lima, se ordenó, en 1908, la construcción del monumento en homenaje a Raimondi. El autor fue el escultor italiano Tancredi Pozzi. Colocada en la antigua Plaza de Santa Ana (llamada a partir de ahora “Plaza Italia”), la estatua representa al sabio, autor de El Perú, en actitud de examinar un mineral con lupa. El monumento, compuesto por un pedestal recubierto de relieves alusivos a la vida de Raimondi, se inauguró en 1910 por el presidente Augusto B. Leguía y el entonces Alcalde de Lima, don Guillermo Billinghurst.




Fotos de Juan Luis Orrego

Inauguración del monumento (1910)

Una postal antigua de Lima con el monumento a Raimondi en la Plaza Italia




Fotos de Juan Luis Orrego

Inauguración del monumento (1910)

Una postal antigua de Lima con el monumento a Raimondi en la Plaza Italia
Este pequeño monumento se hizo esperar pues el Estado mandó erigir, en 1868 (un año después de la muerte de Ramón Catilla), la suntuosa tumba al Mariscal en el Cementerio Presbítero Maestro, pero en la ciudad no se le había dado un lugar preferencial. Este monumento fue inaugurado en recién en 1915, en la Plazuela de La Meced (jirón de La Unión), y fue obra del escultor David Lozano (Lima ¿?-1936). La estatua (que también tuvo copias para el Callao, Huancavelica, Huancayo e Iquitos) muestra a un Castilla en una actitud sencilla.




Fotos de Juan Luis Orrego




Fotos de Juan Luis Orrego
Natalia Bolívar y Natacha del Río, investigadoras cubanas, presentaron ayer en La Habana una biografía novelada del general negro de las guerras de independencia, Quintín Banderas (santiago de Cuba 1834?-1906), poco estudiada por la historiografía de la isla, según las autoras. La muerte es principio, no fin, se titula la obra sobre la vida de Quintín Banderas, narrada en primera persona y redactada por la etnóloga Bolívar y su hija, Del Río, tras consultar 109 libros y realizar 18 entrevistas.
El texto "es surrealista, pero a la vez muy espiritual", subrayó Bolívar, en tanto que Del Río afirmó que su objetivo fue "captar la atención de los jóvenes estudiantes para que se acerquen más a la historia de Cuba". Es la decimocuarta obra de Bolívar, autora de Los orishas en Cuba, sobre las religiones de origen africano que se practican en la mayor isla de las Antillas; también ha publicado La muerte de la mitología afrocubana, Mitos y leyendas de la cocina afrocubana y criolla, Corrientes espirituales en Cuba y Santa Bárbara-Changó, Sincretismo religioso.
Banderas fue un guerrillero que combatió en las guerras por la independencia de la Isla desde 1868 y alcanzó el grado de general. En 1895, después de haber estado preso en España, debido a su participación en la Guerra Chiquita, fue uno de los primeros en alzarse el 24 de febrero. Terminada la guerra, en 1898, no aceptó ningún puesto en el gobierno de la nueva República, y se contentó con un simple trabajo de operario en una industria local. Su mayor acción ocurrió cuando el presidente Estrada Palma, quien pretendía la reelección, pidió ayuda a Estados Unidos para sofocar el descontento popular (1905) y se alzó en armas contra él. Delatado, fue sorprendido y asesinado mientras dormía por las tropas gubernamentales. Al parecer, fue cruelmente macheteado por fuerzas de la guardia rural en la finca "El Garro", cerca de Arroyo Arenas, el 22 de agosto de 1906. Sus restos descansan en un modesto panteón de mármol negro en el Cementerio Colón de La Habana. Muchos le recuerdan por su difícil temperamento, mal físico y poca cultura.


Fotografías del general Quintín Banderas
El texto "es surrealista, pero a la vez muy espiritual", subrayó Bolívar, en tanto que Del Río afirmó que su objetivo fue "captar la atención de los jóvenes estudiantes para que se acerquen más a la historia de Cuba". Es la decimocuarta obra de Bolívar, autora de Los orishas en Cuba, sobre las religiones de origen africano que se practican en la mayor isla de las Antillas; también ha publicado La muerte de la mitología afrocubana, Mitos y leyendas de la cocina afrocubana y criolla, Corrientes espirituales en Cuba y Santa Bárbara-Changó, Sincretismo religioso.
Banderas fue un guerrillero que combatió en las guerras por la independencia de la Isla desde 1868 y alcanzó el grado de general. En 1895, después de haber estado preso en España, debido a su participación en la Guerra Chiquita, fue uno de los primeros en alzarse el 24 de febrero. Terminada la guerra, en 1898, no aceptó ningún puesto en el gobierno de la nueva República, y se contentó con un simple trabajo de operario en una industria local. Su mayor acción ocurrió cuando el presidente Estrada Palma, quien pretendía la reelección, pidió ayuda a Estados Unidos para sofocar el descontento popular (1905) y se alzó en armas contra él. Delatado, fue sorprendido y asesinado mientras dormía por las tropas gubernamentales. Al parecer, fue cruelmente macheteado por fuerzas de la guardia rural en la finca "El Garro", cerca de Arroyo Arenas, el 22 de agosto de 1906. Sus restos descansan en un modesto panteón de mármol negro en el Cementerio Colón de La Habana. Muchos le recuerdan por su difícil temperamento, mal físico y poca cultura.


Fotografías del general Quintín Banderas
Carlos II El Hechizado fue una de las víctimas de los repetidos cruces entre parientes próximos que se dieron en sus antepasados, tanto recientes como remotos. Su coeficiente de consanguinidad era altísimo, similar al del fruto de una relación entre padre e hija o entre hermano y hermana, han hallado científicos españoles. El primer estudio que aplica la genética a una dinastía española, la de los Austrias, ha confirmado la hipótesis de muchos historiadores de que la consanguinidad fue el factor clave en su extinción, cuando murió Carlos II en 1700 sin descendencia. También ha permitido esclarecer los principales trastornos que sufría el rey.
"En el análisis de la consanguinidad nos hemos remontado 16 generaciones desde Carlos II, con un total de 3.000 personajes", explica Gonzalo Álvarez Jurado, catedrático de Genética en la Universidad de Santiago de Compostela y aficionado a la historia. Lo que han encontrado Álvarez y sus colegas, Francisco Ceballos y Celsa Quinteiro, y publican en Plos One, es que pesan tanto las relaciones de parentesco entre el padre y la madre del sujeto como las acumuladas a lo largo de las generaciones.
Desde que Felipe el Hermoso inauguró la dinastía al casarse con Juana La Loca, los matrimonios entre parientes en las diferentes casas reales europeas, para conservar el poder, fueron la norma. El coeficiente de consanguinidad indica la proporción de genes idénticos que se reciben del padre y de la madre. Con la genealogía en la mano, en porcentaje, va aumentando desde el 2,5 de Felipe el Hermoso al 21 de Felipe III. En Felipe IV baja a un 11,5 y Carlos II, a pesar de ser sólo hijo de tío y sobrina, tiene el máximo (25,4), 10 veces mayor que el del fundador.
"Para probar la influencia de la consanguinidad, fuimos a los efectos", indica Álvarez. "Analizamos la mortalidad infantil en los descendientes de cada rey hasta los 10 años y observamos una relación directa entre el coeficiente de consanguinidad y la tasa de mortalidad". Ya los testimonios de la época se extrañaban de la cantidad de abortos y de niños que nacían muertos o morían pronto en la familia mejor cuidada de la España de entonces.
Además, los científicos españoles han estudiado desde el punto de vista genético los trastornos de los reyes y, sobre todo, de Carlos II. "Disponemos de los mejores retratos de todos ellos, de grandes pintores, que son muy informativos para los médicos", recuerda Álvarez. Sin embargo, aclara, la barbilla prominente de Carlos I no está relacionada con la consanguinidad.
Dos enfermedades achacables a mutaciones genéticas recesivas, que necesitan heredarse de los dos progenitores, explicarían los trastornos de Carlos II, que era raquítico, no pudo tener hijos y a los 30 años parecía un viejo. Son un déficit hormonal múltiple de la hipófisis (de la hormona de crecimiento, entre otras) y una acidosis tubular renal, causa de raquitismo. En la lotería genética salió mejor parada la infanta Margarita, hermana del rey y una de las famosas meninas de Velázquez, que se casó y tuvo hijos.
Hay un grado de incertidumbre inevitable en el estudio, debido a la imposibilidad de asegurar la paternidad de los descendientes, pero Álvarez cree que es pequeño, dado el marco de la realeza en la época. Ahora, los investigadores están ampliando el estudio a los Austrias austríacos, que tienen todavía mayor consanguinidad. Un primer análisis indica que en los Borbones es mucho menor.
Adaptado de El País de España (15/04/09)

"En el análisis de la consanguinidad nos hemos remontado 16 generaciones desde Carlos II, con un total de 3.000 personajes", explica Gonzalo Álvarez Jurado, catedrático de Genética en la Universidad de Santiago de Compostela y aficionado a la historia. Lo que han encontrado Álvarez y sus colegas, Francisco Ceballos y Celsa Quinteiro, y publican en Plos One, es que pesan tanto las relaciones de parentesco entre el padre y la madre del sujeto como las acumuladas a lo largo de las generaciones.
Desde que Felipe el Hermoso inauguró la dinastía al casarse con Juana La Loca, los matrimonios entre parientes en las diferentes casas reales europeas, para conservar el poder, fueron la norma. El coeficiente de consanguinidad indica la proporción de genes idénticos que se reciben del padre y de la madre. Con la genealogía en la mano, en porcentaje, va aumentando desde el 2,5 de Felipe el Hermoso al 21 de Felipe III. En Felipe IV baja a un 11,5 y Carlos II, a pesar de ser sólo hijo de tío y sobrina, tiene el máximo (25,4), 10 veces mayor que el del fundador.
"Para probar la influencia de la consanguinidad, fuimos a los efectos", indica Álvarez. "Analizamos la mortalidad infantil en los descendientes de cada rey hasta los 10 años y observamos una relación directa entre el coeficiente de consanguinidad y la tasa de mortalidad". Ya los testimonios de la época se extrañaban de la cantidad de abortos y de niños que nacían muertos o morían pronto en la familia mejor cuidada de la España de entonces.
Además, los científicos españoles han estudiado desde el punto de vista genético los trastornos de los reyes y, sobre todo, de Carlos II. "Disponemos de los mejores retratos de todos ellos, de grandes pintores, que son muy informativos para los médicos", recuerda Álvarez. Sin embargo, aclara, la barbilla prominente de Carlos I no está relacionada con la consanguinidad.
Dos enfermedades achacables a mutaciones genéticas recesivas, que necesitan heredarse de los dos progenitores, explicarían los trastornos de Carlos II, que era raquítico, no pudo tener hijos y a los 30 años parecía un viejo. Son un déficit hormonal múltiple de la hipófisis (de la hormona de crecimiento, entre otras) y una acidosis tubular renal, causa de raquitismo. En la lotería genética salió mejor parada la infanta Margarita, hermana del rey y una de las famosas meninas de Velázquez, que se casó y tuvo hijos.
Hay un grado de incertidumbre inevitable en el estudio, debido a la imposibilidad de asegurar la paternidad de los descendientes, pero Álvarez cree que es pequeño, dado el marco de la realeza en la época. Ahora, los investigadores están ampliando el estudio a los Austrias austríacos, que tienen todavía mayor consanguinidad. Un primer análisis indica que en los Borbones es mucho menor.
Adaptado de El País de España (15/04/09)


En 1863, se convocó a un concurso para remodelar totalmente la plaza principal de Lima; la convocatoria la ganó el escultor genovés Francisco Pietrosanti. El proyecto incluía el empedrado con piedras blancas y negras, un jardín alrededor de la pila rodeado de una reja de fierro, pilones para el uso público de las esquinas de la plaza y estatuas representando las cuatro estaciones del año. Las cuatro estatuas genovesas están hoy en el Paseo Colón. La que representa al Invierno fue atropellada por un automóvil hace varios años y hasta hoy seguimos esperando su restauración.

Fotografía de la Plaza de Armas remodelada en la década de 1860 (obsérvese la ubicación de las 4 esculturas alrededor del jardín central enrejado que guarda la vieja pileta colonial)


Fotografía de la Plaza de Armas remodelada en la década de 1860 (obsérvese la ubicación de las 4 esculturas alrededor del jardín central enrejado que guarda la vieja pileta colonial)

Londres tiene tantos secretos como recodos y callejuelas. Uno de los mejor guardados se esconde aquí. En esta casita de ladrillo del barrio exclusivo de Mayfair. Aquí, en el número 25 de Brook Street, vivió y trabajó durante más de tres décadas George Frideric Handel (1685-1759). Y aquí murió tal día como hoy hace 250 años.

Máscara funeraria de Handel
Londres celebra este año el aniversario de su músico más ilustre. Un alemán que llegó aquí con 38 años, abrazó sin reparos la nacionalidad británica y ganó fama y honores entre la aristocracia. La celebración es caótica y desmesurada. En los últimos días se han sucedido conciertos y conmemoraciones.
El Barbican programó a finales de marzo, por ejemplo, el oratorio 'La Resurrezione', interpretado con gusto y delicadeza por Concert d’Astree de Emmanuelle Haim. La Royal Opera House estrenó hace unos días un nuevo montaje de Acis y Galatea, donde brillan la voz de Danielle de Niese y un puñado de bailarines del Royal Ballet. Pinceladas de un año Handel que se completará con la creación de una base de datos con sus conciertos, la transmisión en la radio clásica de la BBC de todas sus óperas y el estreno mundial de un oratorio que retoma la historia del inacabado 'Jephtha', que Handel interrumpió debido a su incipiente ceguera.
Y sin embargo el asunto central de la efemérides se libra aquí, entre los muros que Handel habitó durante 32 años. La casa acoge hasta octubre una exposición que aborda la trastienda humana del compositor, ensombrecida casi siempre por la brillantez de su música. "No es fácil desentrañar a Handel", confiesa el comisario de la exposición, el afamado director de orquesta Christopher Hogwood. "Era una persona muy suya y difícil de descifrar. Dejó pocas cartas, pocas caricaturas y pocos escritos. En el siglo XIX aparecieron muchas anécdotas sobre él pero muchas están embellecidas y otras son completamente falsas. Por eso hemos tenido cuidado de que lo que aquí se cuenta sea más o menos la verdad".
Una verdad en ocasiones chusca y casi siempre tocada por la desmesura. Como la vida del propio Handel, un hombre capaz de jurar en siete idiomas, de comer en proporciones pantagruélicas y de beber grandes cantidades de vino y de cerveza.
Según la exposición, había dos Handel. Uno era irritable, misógino y sinvergüenza. El otro, generoso, franco, sociable y cosmopolita. A la luz de lo que se sabe de su vida, es difícil discernir cuál de los dos era el real. Probablemente ambos convivían entre estos muros de Brook Street, donde el compositor recaló buscando una zona recién urbanizada que no estuviera demasiado lejos del bullicio de los teatros.
Handel no se casó. Lo que ha desatado en los últimos años rumores sobre una posible homosexualidad de la que nadie ha encontrado hasta ahora pruebas fiables. Sí se sabe que estuvo a punto de pasar por la vicaría en dos ocasiones. Las dos se torció el asunto por cuestiones que poco tenían que ver con el amor o los afectos.
En Londres, Handel frecuentaba la amistad de familias de cierta alcurnia como los Harris o los Granville. Y llegó a amasar una suma respetable de dinero que guardaba en en efectivo o en acciones en las arcas del Banco de Inglaterra y que moldeaba con insólito talento de especulador.
En lo político, el compositor supo sobrevivir sin significarse en un entorno convulso, marcado por las luchas entre liberales y "tories". Handel fue desde muy pronto una especie de tesoro nacional y eso lo elevó por encima de las rencillas, haciendo de él una figura pública y respetada. En 1727 ganó la ciudadanía británica y siempre vivió como un londinense más. Iba a misa a la iglesia del barrio, daba conciertos a beneficio de un hospital para huérfanos y componía para la Casa Real.
En la exposición hay objetos que harán las delicias de los mitómanos. Por ejemplo, la máscara funeraria que el escultor Roubiliac le hizo antes de morir o la partitura de 'Jephtha' en la que el genio anotó el 3 de febrero de 1751: "Incapaz de continuar debido a un debilitamiento de la visión en mi ojo izquierdo". No fue su última obra: aún se las arregló para revisar y componer algunas piezas menores con la ayuda de su amanuense personal. Sin embargo, ese día marcó en cierto modo el inicio de su decadencia.
Murió el 14 de abril de 1759 en su dormitorio del segundo piso. En esta cama cortita pero majestuosa, con dosel rojo y sábanas de lino, donde pasó a solas tantas noches de su vida. Cabe decir como curiosidad que los periódicos se hicieron eco del óbito un día antes de tiempo. El 13 de abril todos dijeron que había fallecido. Erraron el tiro por unas horas y hubo de desmentirles con una carta James Smyth, perfumista de Bond Street, que dijo haber visto con vida al maestro.
Handel falleció tal día como hoy. A la mañana siguiente. Ocho días después de supervisar la interpretación de su 'Mesías' en Covent Garden. Durante el día de hoy, su casa (www.handelhouse.org) permanecerá abierta de forma gratuita y en sus estancias se interpretará música del maestro. Sonarán los violines y los clavicémbalos para conmemorar el óbito del mejor músico londinense de todos los tiempos.
Adaptado de El Mundo de España (14/04/09)

Lecho de muerte de Handel

Máscara funeraria de Handel
Londres celebra este año el aniversario de su músico más ilustre. Un alemán que llegó aquí con 38 años, abrazó sin reparos la nacionalidad británica y ganó fama y honores entre la aristocracia. La celebración es caótica y desmesurada. En los últimos días se han sucedido conciertos y conmemoraciones.
El Barbican programó a finales de marzo, por ejemplo, el oratorio 'La Resurrezione', interpretado con gusto y delicadeza por Concert d’Astree de Emmanuelle Haim. La Royal Opera House estrenó hace unos días un nuevo montaje de Acis y Galatea, donde brillan la voz de Danielle de Niese y un puñado de bailarines del Royal Ballet. Pinceladas de un año Handel que se completará con la creación de una base de datos con sus conciertos, la transmisión en la radio clásica de la BBC de todas sus óperas y el estreno mundial de un oratorio que retoma la historia del inacabado 'Jephtha', que Handel interrumpió debido a su incipiente ceguera.
Y sin embargo el asunto central de la efemérides se libra aquí, entre los muros que Handel habitó durante 32 años. La casa acoge hasta octubre una exposición que aborda la trastienda humana del compositor, ensombrecida casi siempre por la brillantez de su música. "No es fácil desentrañar a Handel", confiesa el comisario de la exposición, el afamado director de orquesta Christopher Hogwood. "Era una persona muy suya y difícil de descifrar. Dejó pocas cartas, pocas caricaturas y pocos escritos. En el siglo XIX aparecieron muchas anécdotas sobre él pero muchas están embellecidas y otras son completamente falsas. Por eso hemos tenido cuidado de que lo que aquí se cuenta sea más o menos la verdad".
Una verdad en ocasiones chusca y casi siempre tocada por la desmesura. Como la vida del propio Handel, un hombre capaz de jurar en siete idiomas, de comer en proporciones pantagruélicas y de beber grandes cantidades de vino y de cerveza.
Según la exposición, había dos Handel. Uno era irritable, misógino y sinvergüenza. El otro, generoso, franco, sociable y cosmopolita. A la luz de lo que se sabe de su vida, es difícil discernir cuál de los dos era el real. Probablemente ambos convivían entre estos muros de Brook Street, donde el compositor recaló buscando una zona recién urbanizada que no estuviera demasiado lejos del bullicio de los teatros.
Handel no se casó. Lo que ha desatado en los últimos años rumores sobre una posible homosexualidad de la que nadie ha encontrado hasta ahora pruebas fiables. Sí se sabe que estuvo a punto de pasar por la vicaría en dos ocasiones. Las dos se torció el asunto por cuestiones que poco tenían que ver con el amor o los afectos.
En Londres, Handel frecuentaba la amistad de familias de cierta alcurnia como los Harris o los Granville. Y llegó a amasar una suma respetable de dinero que guardaba en en efectivo o en acciones en las arcas del Banco de Inglaterra y que moldeaba con insólito talento de especulador.
En lo político, el compositor supo sobrevivir sin significarse en un entorno convulso, marcado por las luchas entre liberales y "tories". Handel fue desde muy pronto una especie de tesoro nacional y eso lo elevó por encima de las rencillas, haciendo de él una figura pública y respetada. En 1727 ganó la ciudadanía británica y siempre vivió como un londinense más. Iba a misa a la iglesia del barrio, daba conciertos a beneficio de un hospital para huérfanos y componía para la Casa Real.
En la exposición hay objetos que harán las delicias de los mitómanos. Por ejemplo, la máscara funeraria que el escultor Roubiliac le hizo antes de morir o la partitura de 'Jephtha' en la que el genio anotó el 3 de febrero de 1751: "Incapaz de continuar debido a un debilitamiento de la visión en mi ojo izquierdo". No fue su última obra: aún se las arregló para revisar y componer algunas piezas menores con la ayuda de su amanuense personal. Sin embargo, ese día marcó en cierto modo el inicio de su decadencia.
Murió el 14 de abril de 1759 en su dormitorio del segundo piso. En esta cama cortita pero majestuosa, con dosel rojo y sábanas de lino, donde pasó a solas tantas noches de su vida. Cabe decir como curiosidad que los periódicos se hicieron eco del óbito un día antes de tiempo. El 13 de abril todos dijeron que había fallecido. Erraron el tiro por unas horas y hubo de desmentirles con una carta James Smyth, perfumista de Bond Street, que dijo haber visto con vida al maestro.
Handel falleció tal día como hoy. A la mañana siguiente. Ocho días después de supervisar la interpretación de su 'Mesías' en Covent Garden. Durante el día de hoy, su casa (www.handelhouse.org) permanecerá abierta de forma gratuita y en sus estancias se interpretará música del maestro. Sonarán los violines y los clavicémbalos para conmemorar el óbito del mejor músico londinense de todos los tiempos.
Adaptado de El Mundo de España (14/04/09)

Lecho de muerte de Handel
14/04/09: Hitler y el 'maestro' Wagner
La historia de Wagner y su familia, descendientes, acólitos y admiradores -el clan del «Maestro»- camina en paralelo con la historia de Alemania y con todo lo que ésta ha tenido de fáustica ambición. De sueño romántico y de pesadilla autoritaria y antisemita. En el siguiente pasaje, se aborda la admiración de Hitler por el músico y su identificación con los héroes wagnerianos.
Por Jonathan Carr
Hay en efecto muy pocas pruebas de que Hitler leyera las obras en prosa de Wagner, aunque sí se tiene la evidencia de que tomó algunas en préstamo de una biblioteca antes de su ascenso al poder, y el fraseo de algunos de sus discursos indica que se había embebido por lo menos del espíritu de El judaísmo en la música. En tal caso, ¿por qué no empleó al Maestro tomándolo más visiblemente por aliado, en especial de su cruzada antisemita? En Mi lucha, por ejemplo, señala que su originaria hostilidad a los judíos estuvo muy en deuda con el ejemplo que dio Karl Lueger, el alcalde antisemita de Viena. También ensalza a Goethe por actuar de acuerdo con el espíritu de «la sangre y la razón» al tratar «lo judío» como elemento claramente extranjero. No rinde un homenaje similar al Maestro, y de hecho menciona a Wagner por su nombre una sola vez en todo el libro (aunque en muchos otros lugares sí se refirió al «Maestro» de Bayreuth).
Ni siquiera cuando Hitler se queja en otro contexto de que permitir la actuación de artistas judíos en Bayreuth era equivalente a una «profanación racial», y asegura que fue esta realidad lo que desbarató su primera visita al festival en 1925, pasa a decir algo así como que «el Maestro, que tan acertadamente denostó a los judíos, tuvo que revolverse en su tumba». Además, para entonces su antisemitismo se había intensificado mucho, seguramente a resultas de las heridas que sufrió, en especial en un ataque con gases, en una guerra que a su entender se había perdido debido a la traición «judeo-marxista». En un espeluznante adelanto de la «solución final», Hitler escribió en Mi lucha que «si en la guerra doce o quince mil de estos hebreos que corrompen todo lo que tocan hubieran sufrido los efectos de los gases venenosos... el sacrificio de millones de hombres en el frente no habría sido en vano.» Y en cambio nunca invocó al Maestro al que idolatraba para que diera testimonio en contra del pueblo que más aborrecía.
La explicación más probable de toda esta reticencia es que Hitler comprendió, mejor incluso que Goebbels, por ejemplo, que con Wagner se encontraba en un terreno ideológico engañoso. A fin de cuentas, el propio Maestro había contratado a Levi, aunque fuera de mala gana, para que dirigiera Parsifal, y tuvo bastantes amigos judíos, por mal que los tratara. En cuanto a la solución que propuso en El judaísmo al «problema judío», equivalente a la asimilación total, difícilmente pudo estar más lejos de lo que Hitler tenía en mente. Es verdad que en su segunda versión del Judaísmo Wagner planteó la cuestión de que los judíos tal vez debieran ser expulsados, acercándose más a una actitud que Hitler sí hubiera visto con buenos ojos, pero si lo hizo no fue con la clara convicción de que el comentario pudiera ser de utilidad para los propagandistas del nazismo. Además, y ya al final de su vida, Wagner, dándole una nueva vuelta a la cuestión, pareció haber planteado la idea de que los judíos podían salvarse mediante «la sangre de Cristo», mediante su conversión. En resumidas cuentas, es posible que Hitler no llegara a citar la prosa de Wagner no porque apenas la conociera, sino porque la conocía demasiado y estimó más conveniente echarse atrás.
Si bien su antisemitismo era en efecto ambivalente, Wagner sirvió de modelo pese a todo para Hitler. ¿Qué clase de modelo fue? La respuesta surge con bastante claridad cuando Hitler hace esa única referencia al Maestro en Mi lucha. En ese punto de su fatigosísimo y prolijo relato, Hitler no aborda directamente el antisemitismo, ni la música, ni el teatro, sino lo que él denomina «los maratonianos de la historia», los grandiosos, solitarios individuos que trabajan de cara al futuro, condenados a ser en gran medida mal entendidos en su tiempo, aunque siempre dispuestos «a seguir luchando por sus ideas e ideales hasta el final». Como ejemplos de esta actitud, Hitler aduce sólo tres nombres -Lutero, Federico el Grande y Wagner-, aunque obviamente da a entender que la lista podría ampliarse y que él podría estar incluido en ella. De este trío, Wagner era el más próximo a Hitler desde el punto de vista histórico, y el sino de muchos de los héroes escénicos de Wagner estuvo cerca de igualar el de los «maratonianos»: Rienzi, el tribuno que muere entre las llamas, así como Lohengrin y Tannhäuser, los «marginados» e «incomprendidos», e incluso el sabio y anciano Sachs, el viudo que conquista la aclamación del público, si bien se condena a la soledad al renunciar a Eva y ayudar a su amado caballero andante a ganar el premio del Maestro. ¿No es así como se veía Hitler a sí mismo, solitario, esforzado, heroico? Aunque pueda parecer grotesco, la vida y las obras de Wagner fueron casi con toda certeza espejos en los que el Führer creyó verse reflejado, al menos en términos generales y, para él, de un modo imponente.
No es de extrañar que a Hitler le conmoviera la visita que hizo a Wahnfried por vez primera en aquella mañana de otoño de 1923, cuando estuvo ante la tumba del Maestro. Y tanto más por cuanto de pronto se encontró en el centro de lo que era a todas luces una familia feliz y unida, experiencia insólita para un veterano de guerra y además cargado de odio. Si bien Siegfried le pareció a Hitler un tanto blando, era a pesar de todo el hijo del Maestro, y se esforzaba por poner el festival de nuevo en marcha. Asimismo, había que tener en cuenta a los niños, tan vivarachos, y a la anciana abuela de la primera planta, y al «sabio» Chamberlain que vivía a la vuelta de la esquina, y por encima de todos a su adoradora Winifred. Casi veinte años después, recordando el pasado en su Wolfsschanze («La guarida del lobo»), su cuartel general en Prusia Oriental, Hitler comentó con emoción sus experiencias de aquel primer encuentro y el modo en que la familia estuvo a su lado cuando pasaba por sus momentos más bajos. «¡Amo a todas esas personas, amo Wahnfried!», confesó, añadiendo que consideraba un golpe de fortuna que, al salvar el festival del colapso financiero cuando llegó al poder en 1933, hubiera tenido la ocasión de devolverles a los Wagner el apoyo inicial que le prestaron. Sus habituales visitas a Bayreuth, dijo, habían estado siempre entre sus momentos de mayor felicidad, y cuando terminaban tuvo siempre la misma sensación que tenía al retirar los adornos de un árbol de Navidad.
Tras la muerte de Siegfried, y en contra de su voluntad, corrieron no pocas especulaciones sobre la muy elevada posibilidad de que Hitler y Winifred fueran a contraer matrimonio. Era ampliamente conocida su dilatada relación, y habían corrido las informaciones (naturalmente embellecidas) sobre las visitas nocturnas, visitas «relámpago», que le hizo a menudo el Lobo. Hacia 1932 como muy tarde, cuando el cabecilla nazi ostentosamente envió un inmenso ramo de flores a Wahnfried, la prensa local había llegado a la conclusión de que estaba a punto de hacerse en firme el anuncio del compromiso. Pero las flores en realidad se enviaron para conmemorar la confirmación de Wieland y de Friedelind como miembros de la iglesia ya de pleno derecho, y ese anuncio de compromiso nunca llegó a hacerse. «Mei Mudder mecht scho, aber der Onkel Wolf mecht halt net», parece que dijo Friedelind. El sabor inimitable de su dialecto se pierde en la traducción, aunque el sentido es bien claro: «Mi Madre claro que quiere, pero el Tío Lobo dice que no».
(...)
Fuera a pesar de, o fuera precisamente por la ausencia de vínculos matrimoniales, «Winnie» y «el Lobo» mantuvieron un contacto constante y sumamente amistoso a lo largo de los años, aunque el vínculo existente entre ambos fue a menos durante la guerra.
(...)
En un plano puramente práctico, naturalmente, y en su condición de directora del festival, Winifred tenía muchos más motivos de agradecimiento a su "Lobo". De entrada, disipó todas las complicaciones monetarias de Bayreuth, y lo hizo de una manera tal como ningún otro benefactor, ni siquiera el rey Luis, había llegado a hacer con anterioridad. Hay que reconocer que buena parte del dinero recibido llegó directamente de él, y ni siquiera en todos los casos llegó de otros nazis que se plegaran al evidente deseo del Führer. En un principio, Goebbels tuvo una particular actividad en el respaldo de Bayreuth, tal vez por pensar que allí podía adquirir, por medio de sus aportaciones, una influencia decisiva. Sólo en 1934 su ministerio de propaganda compró más de once mil entradas por valor de 364.000 marcos (más o menos un tercio del presupuesto total de Bayreuth).
(...)
Además del florecimiento que trajo consigo esta lluvia de dinero, Winifred también fue consciente de que podía recurrir a Hitler siempre que tuviera la sensación de que su puesto, como directora del festival, se encontraba amenazado, por ejemplo entre los celosos funcionarios nazis de la localidad, o debido al afán siempre adquisitivo de Goebbels. Gracias a la protección de Hitler, Winifred con frecuencia pudo contratar a los artistas con los que deseaba contar a toda costa, y que sin embargo le hubiera sido prácticamente imposible contratar de observarse estrictamente las odiosas leyes políticas y raciales del Reich.
(...)
Hasta ese extremo fue Bayreuth a partir de 1933 un «festival de Hitler», y no tanto un «festival nazi».
Adaptado del ABC de España

Hitler junto a las nietas de Wagner
Por Jonathan Carr
Hay en efecto muy pocas pruebas de que Hitler leyera las obras en prosa de Wagner, aunque sí se tiene la evidencia de que tomó algunas en préstamo de una biblioteca antes de su ascenso al poder, y el fraseo de algunos de sus discursos indica que se había embebido por lo menos del espíritu de El judaísmo en la música. En tal caso, ¿por qué no empleó al Maestro tomándolo más visiblemente por aliado, en especial de su cruzada antisemita? En Mi lucha, por ejemplo, señala que su originaria hostilidad a los judíos estuvo muy en deuda con el ejemplo que dio Karl Lueger, el alcalde antisemita de Viena. También ensalza a Goethe por actuar de acuerdo con el espíritu de «la sangre y la razón» al tratar «lo judío» como elemento claramente extranjero. No rinde un homenaje similar al Maestro, y de hecho menciona a Wagner por su nombre una sola vez en todo el libro (aunque en muchos otros lugares sí se refirió al «Maestro» de Bayreuth).
Ni siquiera cuando Hitler se queja en otro contexto de que permitir la actuación de artistas judíos en Bayreuth era equivalente a una «profanación racial», y asegura que fue esta realidad lo que desbarató su primera visita al festival en 1925, pasa a decir algo así como que «el Maestro, que tan acertadamente denostó a los judíos, tuvo que revolverse en su tumba». Además, para entonces su antisemitismo se había intensificado mucho, seguramente a resultas de las heridas que sufrió, en especial en un ataque con gases, en una guerra que a su entender se había perdido debido a la traición «judeo-marxista». En un espeluznante adelanto de la «solución final», Hitler escribió en Mi lucha que «si en la guerra doce o quince mil de estos hebreos que corrompen todo lo que tocan hubieran sufrido los efectos de los gases venenosos... el sacrificio de millones de hombres en el frente no habría sido en vano.» Y en cambio nunca invocó al Maestro al que idolatraba para que diera testimonio en contra del pueblo que más aborrecía.
La explicación más probable de toda esta reticencia es que Hitler comprendió, mejor incluso que Goebbels, por ejemplo, que con Wagner se encontraba en un terreno ideológico engañoso. A fin de cuentas, el propio Maestro había contratado a Levi, aunque fuera de mala gana, para que dirigiera Parsifal, y tuvo bastantes amigos judíos, por mal que los tratara. En cuanto a la solución que propuso en El judaísmo al «problema judío», equivalente a la asimilación total, difícilmente pudo estar más lejos de lo que Hitler tenía en mente. Es verdad que en su segunda versión del Judaísmo Wagner planteó la cuestión de que los judíos tal vez debieran ser expulsados, acercándose más a una actitud que Hitler sí hubiera visto con buenos ojos, pero si lo hizo no fue con la clara convicción de que el comentario pudiera ser de utilidad para los propagandistas del nazismo. Además, y ya al final de su vida, Wagner, dándole una nueva vuelta a la cuestión, pareció haber planteado la idea de que los judíos podían salvarse mediante «la sangre de Cristo», mediante su conversión. En resumidas cuentas, es posible que Hitler no llegara a citar la prosa de Wagner no porque apenas la conociera, sino porque la conocía demasiado y estimó más conveniente echarse atrás.
Si bien su antisemitismo era en efecto ambivalente, Wagner sirvió de modelo pese a todo para Hitler. ¿Qué clase de modelo fue? La respuesta surge con bastante claridad cuando Hitler hace esa única referencia al Maestro en Mi lucha. En ese punto de su fatigosísimo y prolijo relato, Hitler no aborda directamente el antisemitismo, ni la música, ni el teatro, sino lo que él denomina «los maratonianos de la historia», los grandiosos, solitarios individuos que trabajan de cara al futuro, condenados a ser en gran medida mal entendidos en su tiempo, aunque siempre dispuestos «a seguir luchando por sus ideas e ideales hasta el final». Como ejemplos de esta actitud, Hitler aduce sólo tres nombres -Lutero, Federico el Grande y Wagner-, aunque obviamente da a entender que la lista podría ampliarse y que él podría estar incluido en ella. De este trío, Wagner era el más próximo a Hitler desde el punto de vista histórico, y el sino de muchos de los héroes escénicos de Wagner estuvo cerca de igualar el de los «maratonianos»: Rienzi, el tribuno que muere entre las llamas, así como Lohengrin y Tannhäuser, los «marginados» e «incomprendidos», e incluso el sabio y anciano Sachs, el viudo que conquista la aclamación del público, si bien se condena a la soledad al renunciar a Eva y ayudar a su amado caballero andante a ganar el premio del Maestro. ¿No es así como se veía Hitler a sí mismo, solitario, esforzado, heroico? Aunque pueda parecer grotesco, la vida y las obras de Wagner fueron casi con toda certeza espejos en los que el Führer creyó verse reflejado, al menos en términos generales y, para él, de un modo imponente.
No es de extrañar que a Hitler le conmoviera la visita que hizo a Wahnfried por vez primera en aquella mañana de otoño de 1923, cuando estuvo ante la tumba del Maestro. Y tanto más por cuanto de pronto se encontró en el centro de lo que era a todas luces una familia feliz y unida, experiencia insólita para un veterano de guerra y además cargado de odio. Si bien Siegfried le pareció a Hitler un tanto blando, era a pesar de todo el hijo del Maestro, y se esforzaba por poner el festival de nuevo en marcha. Asimismo, había que tener en cuenta a los niños, tan vivarachos, y a la anciana abuela de la primera planta, y al «sabio» Chamberlain que vivía a la vuelta de la esquina, y por encima de todos a su adoradora Winifred. Casi veinte años después, recordando el pasado en su Wolfsschanze («La guarida del lobo»), su cuartel general en Prusia Oriental, Hitler comentó con emoción sus experiencias de aquel primer encuentro y el modo en que la familia estuvo a su lado cuando pasaba por sus momentos más bajos. «¡Amo a todas esas personas, amo Wahnfried!», confesó, añadiendo que consideraba un golpe de fortuna que, al salvar el festival del colapso financiero cuando llegó al poder en 1933, hubiera tenido la ocasión de devolverles a los Wagner el apoyo inicial que le prestaron. Sus habituales visitas a Bayreuth, dijo, habían estado siempre entre sus momentos de mayor felicidad, y cuando terminaban tuvo siempre la misma sensación que tenía al retirar los adornos de un árbol de Navidad.
Tras la muerte de Siegfried, y en contra de su voluntad, corrieron no pocas especulaciones sobre la muy elevada posibilidad de que Hitler y Winifred fueran a contraer matrimonio. Era ampliamente conocida su dilatada relación, y habían corrido las informaciones (naturalmente embellecidas) sobre las visitas nocturnas, visitas «relámpago», que le hizo a menudo el Lobo. Hacia 1932 como muy tarde, cuando el cabecilla nazi ostentosamente envió un inmenso ramo de flores a Wahnfried, la prensa local había llegado a la conclusión de que estaba a punto de hacerse en firme el anuncio del compromiso. Pero las flores en realidad se enviaron para conmemorar la confirmación de Wieland y de Friedelind como miembros de la iglesia ya de pleno derecho, y ese anuncio de compromiso nunca llegó a hacerse. «Mei Mudder mecht scho, aber der Onkel Wolf mecht halt net», parece que dijo Friedelind. El sabor inimitable de su dialecto se pierde en la traducción, aunque el sentido es bien claro: «Mi Madre claro que quiere, pero el Tío Lobo dice que no».
(...)
Fuera a pesar de, o fuera precisamente por la ausencia de vínculos matrimoniales, «Winnie» y «el Lobo» mantuvieron un contacto constante y sumamente amistoso a lo largo de los años, aunque el vínculo existente entre ambos fue a menos durante la guerra.
(...)
En un plano puramente práctico, naturalmente, y en su condición de directora del festival, Winifred tenía muchos más motivos de agradecimiento a su "Lobo". De entrada, disipó todas las complicaciones monetarias de Bayreuth, y lo hizo de una manera tal como ningún otro benefactor, ni siquiera el rey Luis, había llegado a hacer con anterioridad. Hay que reconocer que buena parte del dinero recibido llegó directamente de él, y ni siquiera en todos los casos llegó de otros nazis que se plegaran al evidente deseo del Führer. En un principio, Goebbels tuvo una particular actividad en el respaldo de Bayreuth, tal vez por pensar que allí podía adquirir, por medio de sus aportaciones, una influencia decisiva. Sólo en 1934 su ministerio de propaganda compró más de once mil entradas por valor de 364.000 marcos (más o menos un tercio del presupuesto total de Bayreuth).
(...)
Además del florecimiento que trajo consigo esta lluvia de dinero, Winifred también fue consciente de que podía recurrir a Hitler siempre que tuviera la sensación de que su puesto, como directora del festival, se encontraba amenazado, por ejemplo entre los celosos funcionarios nazis de la localidad, o debido al afán siempre adquisitivo de Goebbels. Gracias a la protección de Hitler, Winifred con frecuencia pudo contratar a los artistas con los que deseaba contar a toda costa, y que sin embargo le hubiera sido prácticamente imposible contratar de observarse estrictamente las odiosas leyes políticas y raciales del Reich.
(...)
Hasta ese extremo fue Bayreuth a partir de 1933 un «festival de Hitler», y no tanto un «festival nazi».
Adaptado del ABC de España

Hitler junto a las nietas de Wagner
14/04/09: El monumento a Cristóbal Colón

Inauguración del monumento en la Alameda de Acho (1860)

Alameda de Acho (al fondo, monumento a Colón)
¿Por qué un monumento, en plena República, al “descubridor” de América? Quizá los peruanos que la encargaron se identificaron, a través de Cristóbal Colón, con ciertos valores en los que creía la elite de entonces: la fe como portadora de civilización, el progreso, la ciencia. Fue inaugurado el 3 de agosto de 1860 y su autor fue el escultor italiano Salvatore Revelli. Se dispuso su colocación en el óvalo de la Alameda de Acho y el traslado de la pila que allí existía a la plazuela de Guadalupe. A comienzos del siglo XX, la Municipalidad de Lima dispuso trasladarla al Paseo 9 de Diciembre (hoy Paseo Colón), donde primero se ubicó casi donde hoy está el monumento a Grau y luego algunos metros más en dirección a la Plaza Bolognesi, donde se encuentra en la actualidad.
El navegante genovés es representado, según comentrio de Alfonso Castrillón, por una gran capa que le cubre la mitad del cuerpo y que deja de ver el jubón acuchillado y el sayo a la altura de la rodilla, como era costumbre. Una gorra con plumas le cubre la cabeza. Sentada a su lado derecho, una hermosa mujer desnuda –una “india”- que representa a América. Con una mano sostiene la cruz, mientras desdeña con la otra una flecha. Se advierte en Colón una actitud de protección y benignidad, acorde con la idea que quiere comunicarse: un descubrimiento pacífico que traía como beneficio la civilización de Occidente.

Monumento a Colón en su segunda ubicación (avenida 9 de diciembre, hoy Paseo Colón)

Otra imagen del monumento en su segunda ubicación

El monumento en su ubicación actual (Paseo Colón)
Desde 1850 hasta la Guerra con Chile, la colocación de estatuas y monumentos en Lima respondió a un nuevo discurso: el ornato público; es decir, las nuevas esculturas eran parte de un proyecto mayor de crear espacios renovados para la ciudad. El ornato público era una función del estado, uno de los tantos servicios que el poder público debía ofrecer a la población. La mayor parte de las esculturas públicas se ordenaban a través de decretos gubernamentales, y solo en casos excepcionales a través de suscripción pública de iniciativa privada. Eran obras de carácter cívico, junto al alumbrado público, el empedrado de calles y la colocación de relojes públicos o de pilas de agua. De otro lado, hasta 1850, la escultura en el Perú era practicada en su mayor parte por artesanos de clase media y baja que trabajaban en una tradición distinta a las vanguardias europeas. Por ello, en su afán de renovación (“progreso”), las elites comienzan a importar esculturas, en un principio de Italia y luego de Francia.
El proyecto para la estatua al libertador Simón Bolívar, ya planteada en 1825 por el Congreso peruano, fue rescatado en 1852 cuando el presidente Echenique decide ordenar su construcción en Europa. El monumento a Simón Bolívar, del escultor italiano Adamo Tadolini, que vemos hoy en la Plaza del Congreso (también llamada Plaza de la Inquisición durante la Colonia o Plaza de la Constitución en el siglo XIX), y que sería inaugurado por el presidente Castilla el 9 de diciembre de 1859, formó parte de un proyecto más ambicioso: la colocación de la estatua se acompañó del enrejado de la plaza, de la instalación de bancas, del arreglo de jardines y del empedrado de las calles o pistas adyacentes. Cabe destacar que el costo de la obra fue de 22,251 pesos y que, en la ceremonia de inauguración del mounumento, el discurso de orden estuvo a cargo del caudillo venezolano-ecuatoriano Juan José Flores, por ese entonces refugiado en Lima.
Según Alfonso Castrillón: Como el caballo de David, el de Tadolini se presenta encabritado, levantando más alto la pata izquierda en un gesto de pánico que lo obliga a torcer el cuello y mostrar los ojos desorbitados. Llama la atención el cuidadoso realismo con que ha producido las venas del cuello, la abundante crin, los arneses y hasta los clavos de las herraduras. El pellón, la corona de suela y por fin la montura han sido trabajados con gran fidelidad, así como las bridas y riendas, el pecho petral, la baticola, los estribos de aro y las alforjas de los lados. Bolívar ha sido representado con capa que flamea elegante, espada, sombrero con penacho de plumas que lleva la mano derecha y botas granaderas… Tadolini se muestra seguidor del naturalismo clasicista, una de las tantas corrientes que admitió el academicismo del siglo XIX, desde entonces ejemplo de escultura monumental en nuestro medio.
Por último, es preciso anotar que, en 1874, se inauguró en la Plaza Bolívar de Caracas una estatua del Libertador utilizando el mismo molde que se hizo la estatua en Lima que se encontraba en la Fundación Von Müller.

Monumento a Bolívar en Lima, inaugurado en 1859 (al fondo, la desaparecida iglesia Santa María de la Caridad)

Otra imagen del monumento en la Plaza de la Inquisición de Lima

Esta imagen data de año 1900 aproximadamente

El monumento a Bolívar en Caracas
El proyecto para la estatua al libertador Simón Bolívar, ya planteada en 1825 por el Congreso peruano, fue rescatado en 1852 cuando el presidente Echenique decide ordenar su construcción en Europa. El monumento a Simón Bolívar, del escultor italiano Adamo Tadolini, que vemos hoy en la Plaza del Congreso (también llamada Plaza de la Inquisición durante la Colonia o Plaza de la Constitución en el siglo XIX), y que sería inaugurado por el presidente Castilla el 9 de diciembre de 1859, formó parte de un proyecto más ambicioso: la colocación de la estatua se acompañó del enrejado de la plaza, de la instalación de bancas, del arreglo de jardines y del empedrado de las calles o pistas adyacentes. Cabe destacar que el costo de la obra fue de 22,251 pesos y que, en la ceremonia de inauguración del mounumento, el discurso de orden estuvo a cargo del caudillo venezolano-ecuatoriano Juan José Flores, por ese entonces refugiado en Lima.
Según Alfonso Castrillón: Como el caballo de David, el de Tadolini se presenta encabritado, levantando más alto la pata izquierda en un gesto de pánico que lo obliga a torcer el cuello y mostrar los ojos desorbitados. Llama la atención el cuidadoso realismo con que ha producido las venas del cuello, la abundante crin, los arneses y hasta los clavos de las herraduras. El pellón, la corona de suela y por fin la montura han sido trabajados con gran fidelidad, así como las bridas y riendas, el pecho petral, la baticola, los estribos de aro y las alforjas de los lados. Bolívar ha sido representado con capa que flamea elegante, espada, sombrero con penacho de plumas que lleva la mano derecha y botas granaderas… Tadolini se muestra seguidor del naturalismo clasicista, una de las tantas corrientes que admitió el academicismo del siglo XIX, desde entonces ejemplo de escultura monumental en nuestro medio.
Por último, es preciso anotar que, en 1874, se inauguró en la Plaza Bolívar de Caracas una estatua del Libertador utilizando el mismo molde que se hizo la estatua en Lima que se encontraba en la Fundación Von Müller.

Monumento a Bolívar en Lima, inaugurado en 1859 (al fondo, la desaparecida iglesia Santa María de la Caridad)

Otra imagen del monumento en la Plaza de la Inquisición de Lima

Esta imagen data de año 1900 aproximadamente

El monumento a Bolívar en Caracas
10/04/09: ¿Qué día y a qué edad murió Cristo?
El debate histórico acerca del día exacto en el que Jesucristo fue crucificado en el monte Gólgota sigue lleno de incógnitas y contradicciones surgidas de entre los documentos históricos, los evangelios, la astronomía y la tradición. A falta de una prueba aclaratoria, para llegar a una conclusión fiable hay que crear un complejo puzzle de pistas: "Coger el escalpelo de la crítica" frente al contenido de los evangelios y descifrar con un gran "temor reverencial" y "dolor de cabeza teológico" qué hay de histórico y de propagandístico en ellos.
Así explica a Efe la labor que lleva 20 años desempeñando el catedrático de Filología Griega de la Complutense y especialista en Lengua y Literatura del Cristianismo Primitivo, Antonio Piñero, autor del libro "La verdadera Historia de la Pasión". Con esta investigación, se derriban algunos iconos: el primero de ellos, el de la edad del Mesías de la Cristiandad en el momento de su muerte. "Históricamente no se puede mantener que Jesús muriera con 33 años", explica a Efe en una entrevista Ramón Teja Casuso, Catedrático de Historia Antigua de la Universidad de Cantabria y profesor "honoris causa" de la Universidad de Bolonia. "Cada pueblo parte de su hecho más importante para medir el tiempo. Y Dionisio el Exiguo, el monje y matemático que estableció en el siglo VI cuál era el año en que nació Jesús -el "Anno Domini"-, se equivocó", asegura Teja.
Así, posteriores investigaciones históricas han demostrado que Herodes el Grande, el que fuera rey de Judea durante el nacimiento de Cristo y responsable de la persecución y matanza de todo niño menor de dos años, murió en realidad en el año 4 a.C, por lo que Jesús habría sido alumbrado en el año 5 o el 6 a.C, paradójicamente. Este matiz, que no tendría por qué contradecir el hecho de que Jesús muriera a la edad de 33 años, sí se enfrenta al también hecho histórico de que Poncio Pilato, el perfecto en Judea que se "lavó las manos" antes de decidir si se ejecutaría a Cristo o a Barrabás, "ocupó este cargo desde el año 29 al 37 d.C.", afirma Teja, lo que implica que Jesús murió con una edad entre 34 y 42 años.
¿De dónde viene, entonces, la idea de que Cristo murió a los 33? Los evangelios nunca afirman tal cosa, pero Lucas, en el capítulo 3, sí dice que la vida pública de Jesús empezó cuando tenía alrededor de treinta años. El de Juan, por su parte, plasma hasta tres Pascuas en las que Jesús acude a Jerusalén (curiosamente, Marcos, Mateo y Lucas sólo hablan de una), lo que fundamenta la creencia popular cristiana de que fueran 33 los años de vida de su Mesías.
Para acercarse más a una fecha exacta Antonio Piñero considera que hay que hacer una investigación astronómica. "Murió un viernes con luna llena en Pascua, por lo que hay que saber qué 15 de Nisán (el primer mes del calendario hebreo) que es cuando se celebra la Pascua judía, reunía esas condiciones" entre los años citados. "El resultado es que hay dos opciones: el 7 de abril del año 30, según lo cual Cristo habría muerto con 36 años, y el 3 de abril del 33, que Cristo tendría 39", asegura.
Piñero considera más factible el 7 de abril del año 33 como fecha de su muerte, y encuentra la explicación en Pablo de Tarso, también conocido como San Pablo apóstol y una de las fuentes más fidedignas de la doctrina católica a través de las Epístolas Paulinas. "El descubrimiento de una inscripción que demuestra que el prefecto de Galión que juzgó a Pablo en Acaya, capital de Corinto, estuvo allí en esa ciudad entre junio del 51 y junio del 52", según Piñero. Esto hace que, si tomamos el año 33 como el de la muerte de Cristo, el cálculo sea muy ajustado", explica el catedrático, teniendo en cuenta que Pablo pasó tras la muerte de Jesús 3 años de meditación y, luego, 15 días en Jerusalén y 14 años predicando.
¿Murió entonces Jesús el 7 de abril del año 30? Piñeiro todavía expone una salvedad "Es mi opinión, pero creo que es más probable que Jesús fuera crucificado el jueves, por la sencilla razón de que si fue crucificado a las 3 de la tarde del viernes, habría muerto ya caída la tarde. Eso para los judíos es el nuevo día, es decir, sábado (Shabbat), día de descanso", argumenta Piñero. "La crucifixión en día de descanso habría sido una profanación monumental. Es más posible que no fuera crucificado el viernes sino el jueves. Es decir, no el 7 sino el 6 de abril del año 30 d.C.", concluye.
Fuente: Agencia EFE

Cristo como el "Buen Pastor" en el arte paleocristiano
Así explica a Efe la labor que lleva 20 años desempeñando el catedrático de Filología Griega de la Complutense y especialista en Lengua y Literatura del Cristianismo Primitivo, Antonio Piñero, autor del libro "La verdadera Historia de la Pasión". Con esta investigación, se derriban algunos iconos: el primero de ellos, el de la edad del Mesías de la Cristiandad en el momento de su muerte. "Históricamente no se puede mantener que Jesús muriera con 33 años", explica a Efe en una entrevista Ramón Teja Casuso, Catedrático de Historia Antigua de la Universidad de Cantabria y profesor "honoris causa" de la Universidad de Bolonia. "Cada pueblo parte de su hecho más importante para medir el tiempo. Y Dionisio el Exiguo, el monje y matemático que estableció en el siglo VI cuál era el año en que nació Jesús -el "Anno Domini"-, se equivocó", asegura Teja.
Así, posteriores investigaciones históricas han demostrado que Herodes el Grande, el que fuera rey de Judea durante el nacimiento de Cristo y responsable de la persecución y matanza de todo niño menor de dos años, murió en realidad en el año 4 a.C, por lo que Jesús habría sido alumbrado en el año 5 o el 6 a.C, paradójicamente. Este matiz, que no tendría por qué contradecir el hecho de que Jesús muriera a la edad de 33 años, sí se enfrenta al también hecho histórico de que Poncio Pilato, el perfecto en Judea que se "lavó las manos" antes de decidir si se ejecutaría a Cristo o a Barrabás, "ocupó este cargo desde el año 29 al 37 d.C.", afirma Teja, lo que implica que Jesús murió con una edad entre 34 y 42 años.
¿De dónde viene, entonces, la idea de que Cristo murió a los 33? Los evangelios nunca afirman tal cosa, pero Lucas, en el capítulo 3, sí dice que la vida pública de Jesús empezó cuando tenía alrededor de treinta años. El de Juan, por su parte, plasma hasta tres Pascuas en las que Jesús acude a Jerusalén (curiosamente, Marcos, Mateo y Lucas sólo hablan de una), lo que fundamenta la creencia popular cristiana de que fueran 33 los años de vida de su Mesías.
Para acercarse más a una fecha exacta Antonio Piñero considera que hay que hacer una investigación astronómica. "Murió un viernes con luna llena en Pascua, por lo que hay que saber qué 15 de Nisán (el primer mes del calendario hebreo) que es cuando se celebra la Pascua judía, reunía esas condiciones" entre los años citados. "El resultado es que hay dos opciones: el 7 de abril del año 30, según lo cual Cristo habría muerto con 36 años, y el 3 de abril del 33, que Cristo tendría 39", asegura.
Piñero considera más factible el 7 de abril del año 33 como fecha de su muerte, y encuentra la explicación en Pablo de Tarso, también conocido como San Pablo apóstol y una de las fuentes más fidedignas de la doctrina católica a través de las Epístolas Paulinas. "El descubrimiento de una inscripción que demuestra que el prefecto de Galión que juzgó a Pablo en Acaya, capital de Corinto, estuvo allí en esa ciudad entre junio del 51 y junio del 52", según Piñero. Esto hace que, si tomamos el año 33 como el de la muerte de Cristo, el cálculo sea muy ajustado", explica el catedrático, teniendo en cuenta que Pablo pasó tras la muerte de Jesús 3 años de meditación y, luego, 15 días en Jerusalén y 14 años predicando.
¿Murió entonces Jesús el 7 de abril del año 30? Piñeiro todavía expone una salvedad "Es mi opinión, pero creo que es más probable que Jesús fuera crucificado el jueves, por la sencilla razón de que si fue crucificado a las 3 de la tarde del viernes, habría muerto ya caída la tarde. Eso para los judíos es el nuevo día, es decir, sábado (Shabbat), día de descanso", argumenta Piñero. "La crucifixión en día de descanso habría sido una profanación monumental. Es más posible que no fuera crucificado el viernes sino el jueves. Es decir, no el 7 sino el 6 de abril del año 30 d.C.", concluye.
Fuente: Agencia EFE

Cristo como el "Buen Pastor" en el arte paleocristiano
Castillos, iglesias y museos son otras de las víctimas del terremoto que el lunes golpeó con virulencia la región de Los Abruzzos. El Ministerio italiano de Bienes Culturales ha puesto en marcha a un grupo de expertos que está analizando, en la zona afectada por el terremoto de 5,8 grados de la escala Richter, los daños del patrimonio artístico. «Todavía no podemos publicar una lista oficial, porque estamos haciendo una actualización diaria de los daños», confirmaron a ABC desde el Ministerio, ofreciéndonos algunos primeros datos. Los monumentos más afectados son los que datan del periodo medieval, como la catedral y la iglesia de Santa María de Collemaggio, a las afueras de L´Aquila, la ciudad más grande afectada por el seísmo. La construcción data del 1287, cuando Pietro da Morrone, posteriormente Papa Celestino V, elevó esta imponente basílica considerada una obra de arte de Los Abruzzos. Esta construcción ha perdido parte del ábside, y presenta serios daños en la nave central.
Asimismo, la iglesia del Sufragio ha sufrido graves daños, afectando sobre todo a la Cúpula de Valadier, mientras el campanario de la iglesia de San Bernardino se ha desplomado. También se ha venido abajo la cúpula de la iglesia de San Agustín, y el palacio de la gobernación civil que albergaba la sede del archivo histórico de Estado. Graves consecuencias también para el convento de San Julián, donde se han caído los pórticos, además de haber sufrido graves daños la arcada superior del convento.
El legado español en Los Abruzzos también se ha visto afectado por el terremoto. ABC pudo comprobar cómo el muro de la fortaleza española del siglo XV que acoge el Museo Nacional estaba parcialmente demolido, llegando los restos de la construcción a la carretera. Según señalaron a este periódico, el Museo ha sido declarado inhabitable hasta que se realice un control técnico por parte de los bomberos, que en estos momentos se están ocupando de la población.
Vigilancia policial
Para evitar actos de vandalismo, ésta y otras estructuras están siendo vigiladas por la policía, mientras ya se han puesto a salvo cuadros, esculturas y manuscritos del archivo histórico. Los daños del patrimonio artístico aumentan día a día, ya que los continuos temblores de tierra están provocando nuevas caídas, afectando incluso a la capital italiana. En Roma, donde se llegaron a sentir los terremotos del lunes, y las sucesivas réplicas, las Termas de Caracalla se han visto dañadas. Según anunció ayer el superintendente de Bienes Arqueológicos de Roma, Angelo Botín, «los restos arqueológicos de las Termas de Caracalla serán sometidos a una intervención técnica para asegurar la arcada central de la natatio (piscina)», donde se extendió la grieta ya existente.
Según el responsable italiano, los demás monumentos de Roma no sufrieron daños en la última gran sacudida de tierra. Para afrontar todas estas intervenciones el ministro de Bienes Culturales, Sandro Bondi, anunció ayer que se añadirían 10 millones de euros más a los fondos anunciados por el Gobierno para la reconstrucción del patrimonio artístico.
Adaptado del ABC de España

Plaza principal y catedral de L'Aquila (Italia)

Así quedó la cùpula de la catedral de L'Aquila
Asimismo, la iglesia del Sufragio ha sufrido graves daños, afectando sobre todo a la Cúpula de Valadier, mientras el campanario de la iglesia de San Bernardino se ha desplomado. También se ha venido abajo la cúpula de la iglesia de San Agustín, y el palacio de la gobernación civil que albergaba la sede del archivo histórico de Estado. Graves consecuencias también para el convento de San Julián, donde se han caído los pórticos, además de haber sufrido graves daños la arcada superior del convento.
El legado español en Los Abruzzos también se ha visto afectado por el terremoto. ABC pudo comprobar cómo el muro de la fortaleza española del siglo XV que acoge el Museo Nacional estaba parcialmente demolido, llegando los restos de la construcción a la carretera. Según señalaron a este periódico, el Museo ha sido declarado inhabitable hasta que se realice un control técnico por parte de los bomberos, que en estos momentos se están ocupando de la población.
Vigilancia policial
Para evitar actos de vandalismo, ésta y otras estructuras están siendo vigiladas por la policía, mientras ya se han puesto a salvo cuadros, esculturas y manuscritos del archivo histórico. Los daños del patrimonio artístico aumentan día a día, ya que los continuos temblores de tierra están provocando nuevas caídas, afectando incluso a la capital italiana. En Roma, donde se llegaron a sentir los terremotos del lunes, y las sucesivas réplicas, las Termas de Caracalla se han visto dañadas. Según anunció ayer el superintendente de Bienes Arqueológicos de Roma, Angelo Botín, «los restos arqueológicos de las Termas de Caracalla serán sometidos a una intervención técnica para asegurar la arcada central de la natatio (piscina)», donde se extendió la grieta ya existente.
Según el responsable italiano, los demás monumentos de Roma no sufrieron daños en la última gran sacudida de tierra. Para afrontar todas estas intervenciones el ministro de Bienes Culturales, Sandro Bondi, anunció ayer que se añadirían 10 millones de euros más a los fondos anunciados por el Gobierno para la reconstrucción del patrimonio artístico.
Adaptado del ABC de España

Plaza principal y catedral de L'Aquila (Italia)

Así quedó la cùpula de la catedral de L'Aquila
Sólo medio centenar del millar de delicados bronces de Benin, datados entre los siglos XIII y XVI, pueden verse en Nigeria. El resto está repartido entre museos alemanes, británicos y estadounidenses. De hecho, el 95% del patrimonio cultural africano está fuera del continente. Fue robado, expoliado o, algunas veces, comprado, por las potencias coloniales. Gran parte de los tesoros artísticos o etnológicos de países en desarrollo, o incluso de potencias actuales como China o India, están en los grandes museos europeos o estadounidenses. Para ellos es un orgullo (y un negocio), pero para muchos de los países de origen de estas piezas es una humillación, y una merma en sus potenciales ingresos por el creciente turismo cultural. Las reclamaciones no han dejado de crecer en los últimos años. Pero, ¿de quién es el patrimonio? ¿Del país de origen? ¿Del país que las conserva y las ha valorado durante años?
Son legión los libros sobre este espinoso tema lleno de matices y pasiones encontradas. Pero, antes que nada, hay que distinguir entre el robo y el tráfico ilícito de obras de arte, por un lado, y por otro las demandas de devolución de piezas relevantes para la historia o la identidad de un país que son fruto del botín de guerra, el saqueo colonial o las compras dudosas realizadas a lo largo de los siglos.
A este segundo grupo pertenecen los bronces de Benin, que fueron incautadas en 1897 por los británicos en una expedición punitiva que destruyó el palacio real del entonces reino de Benin. Y también a este grupo pertenecen las dos cabezas de bronce que representaban animales del zodiaco que salieron a subasta el pasado 25 de febrero en la casa Christie's de París ante la indignación de las autoridades chinas, que intentaron infructuosamente que los tribunales franceses prohibieran la venta. Los dos bronces procedían del saqueo del Palacio de Verano de Pekín realizado en 1860 por un ejército franco-británico durante la Guerra del Opio.
Isabel Cervera, profesora en la Universidad Autónoma de Madrid, coincide con otros expertos en arte chino en que el interés artístico de estos dos bronces, datados en el siglo XVIII, "es relativo". "La reclamación es política", afirma. "Son el símbolo de una humillación y se trata de lavar la afrenta que les infringieron las potencias extranjeras. Su interés radica en su procedencia. Y esto ha sido así también para el coleccionista. En este caso, el valor de la pieza es su historia".
La subasta se hizo y los bronces se adjudicaron por 15,7 millones de euros a un coleccionista de Hong Kong, Cai Mingchao, que dos días más tarde se dio a conocer afirmando que se negaba a pagarlos por "patriotismo". La rocambolesca historia aún no ha terminado. La última noticia saltó esta semana cuando el presidente de la Asociación para la Protección del Arte Chino en Europa, Bernard Gómez, aseguró en Pekín que se estaba negociando la posibilidad de que empresarios franceses compraran los bronces para regalarlos después a China. Seguramente Francia no puede permitirse que un conflicto como éste se interponga en sus relaciones con la gran potencia asiática y se esperan nuevos movimientos. Veremos qué pasa.
Otras reclamaciones históricas bien conocidas están mucho más lejos de resolverse. Algunas tienen un valor simbólico, como el penacho de Moctezuma que reclaman los mexicanos y que está en el Museo Etnológico de Viena, y en otras su valor artístico es incuestionable, como la famosísima de los mármoles de Elgin. Cuando el próximo 20 de junio se inaugure el nuevo Museo de la Acrópolis, en Atenas, una de sus salas tendrá un gran espacio vacío reservado para estos famosos fragmentos del friso del Partenón que se encuentran en el Museo Británico de Londres y que Grecia reclama desde hace décadas. Se los llevó entre 1801 y 1805 Thomas Bruce, conde de Elgin (curiosamente su hijo fue quien ordenó el saqueo del palacio de verano de Pekín), que aprovechó su cargo como embajador británico ante el Imperio Otomano, potencia que ocupaba entonces Grecia, para conseguir los permisos para comprar y arrancar las esculturas.
Histórico también es el caso de bellísimo busto de Nefertiti que conserva el Museo Egipcio de Berlín y que, ahora ha quedado completamente probado, fue vilmente escamoteado por los arqueólogos alemanes en las excanaciones de Tell el Amarna al engañar en el reparto entonces legal. El jefe de la arqueología egipcia, Zahi Hawas, insiste infructuosamente en esta restitución, pero mientras tanto cosecha numerosos éxitos en la reclamación de piezas extraídas ilegalmente del país que localiza en colecciones y museos de todo el mundo y que consigue repatriar para envidia de muchos países africanos.
Pero no es lo mismo conseguir la devolución de una obra robada o exportada ilegalmente en los últimos años que conseguir el retorno de obras que salieron, muchas veces legalmente según las reglas de la época, hace más de un siglo de una zona que entonces ni siquiera era un país reconocido.
"Las demandas de restitución han existido siempre, especialmente desde la descolonización, pero ahora parece que han aumentado porque el impacto mediático es mayor", explica Luis Monreal, uno de los grandes expertos mundiales en patrimonio que actualmente dirige la agencia de Cultura de la Fundación Aga Khan. "El problema es que si no se demuestra que ha habido un tráfico ilícito en época reciente no tienen base legal. Por eso la Unesco se basa en el derecho moral y ético de los pueblos a tener su patrimonio".
Con este problema toparon las autoridades chinas. Las legislaciones nacionales difieren mucho de un país a otro y las convenciones internacionales al respecto son relativamente recientes. La de La Haya para proteger los Bienes Culturales en caso de Conflicto Armado es de 1954 (y por otra parte no ha sido, a la vista está, muy útil en los recientes conflictos de Bosnia, Afganistán o Irak) y la de la Unesco sobre las medidas para prohibir e impedir el tráfico de propiedades ilícitas es de 1970, fecha que en general marca la frontera entre lo que se puede y no se puede reclamar.
"Lo que es nuevo ahora es que se producen más demandas de restitución basadas en presiones políticas", añade Monreal, que considera que el único asidero legal que podían tener las autoridades chinas eran las normas que favorecen el reagrupamiento de conjuntos dispersos. "Es el caso del Partenón y podría ser el de los chinos. De todas maneras, los casos de estas vedettes del patrimono sólo se resolverán por la vía política, si algún día se resuelven".
Sí que ha habido casos de restituciones exitosas. Está el del obelisco de Aksum, que devolvió Italia a Etiopía en 2005 después de que le fuera arrebatado en 1937 por las tropas fascistas italianas. O la restitución que realizó la Universidad de Yale (Estados Unidos) a Perú de unas 350 piezas arqueológicas de Machu Picchu -llevadas en 1911 por el personaje en que se inspiró Indiana Jones, Hiram Bingham- en 2007, aún pendiente de nuevas entregas. Más simbólica fue la entrega a Grecia por parte de una universidad alemana de un pequeño fragmento del Partenón o la de una coleccionista sueca en 2006 de un fragmento del templo del Erecteion, en la misma Acrópolis. Este último caso es interesante porque implica al coleccionismo privado, el talón de Aquiles de las restituciones, que hasta ahora han afectado principalmente a los museos públicos o a grandes instituciones privadas estadounidenses. "En el caso de las obras en manos de propietarios privados, si el Estado quiere hacer el gesto de devolución tendrá que recompensar al propietario", explica Monreal, que no cree que las reclamaciones políticas acaben afectando mucho a los particulares.
Con todo, no está claro si el original sistema del coleccionista chino de obstaculizar la subasta de Christie's fue un golpe de efecto que puede tener consecuencias en el mercado. Para Eduard Planche, especialista en tráfico ilícito de la Unesco, "el boicot de ventas de objetos robados o exportados ilegalmente es seguramente una de las vías para debilitar el tráfico ilícito", si bien reconoce que en el caso de los bronces chinos la posición del organismo internacional, que no tiene capacidad sancionadora, ha sido cautelosa. En su comunicado oficial se reconocía que sus normas no tienen carácter retroactivo y sólo quedaba incentivar el retorno a través del Comité Intergubernamental para la Promoción del Retorno de Bienes Culturales a los Países de Origen, que ha realizado muchos informes y congresos pero ha conseguido escasos retornos.
"En general no hay miedo entre los coleccionistas privados porque esto afecta a un número de piezas muy reducido" indica el marchante de arte Edmund Peel, quien resalta que la repercusión mediática que han tenido las demandas de obras de arte confiscadas por los nazis, cuya restitución se basa en el delito de genocidio que no prescribe, han podido crear un clima social más favorable a las restituciones. "Hay sectores específicos del mercado que son complicados porque hay problemas con la historia de procedencia, y esto los profesionales lo sabemos. O andas con mucho cuidado o te abstienes".
La arqueología, reconoce, es uno de los ámbitos más complicados "porque la mayor parte de lo que hay en el mercado tiene un origen dudoso". De la misma opinión es el anticuario Artur Ramon, que asegura que es muy difícil comprobar si las obras arqueológicas han sido expoliadas o no porque "hay mafias muy raras en este campo que falsifican los documentos y están muy organizadas". Y es que el expolio arqueológico y el tráfico ilegal de antigüedades es una de las plagas que asolan el patrimonio cultural de todos los países. Algo se ha avanzado con un notable incremento legislativo tanto a nivel nacional como internacional, una mayor acción policial y un refuerzo de la deontología por parte de los profesionales de los museos. Y ha habido algunos casos sonados que han tenido un efecto ejemplar. La ex responsable de antigüedades del Museo J. Paul Getty de Los Ángeles, Marion True, ha tenido que comparecer ante los tribunales de Roma acusada de comprar piezas procedentes de excavaciones ilegales. Y en 2008, el Metropolitan Museum de Nueva York tuvo que devolver a Italia una de sus joyas, una crátera del pintor griego Eufronio, una vez se demostró que había sido sacada del país de forma ilegal.
Su entonces director, Philippe de Montebello, defiende que, en cualquier caso, no pueden aplicarse las leyes actuales de forma retrospectiva. Son legión los expertos, casi siempre anglosajones, que afirman que esto supondría vaciar estos museos "universales" y negar a millones de personas de todo el mundo el acceso a estas piezas que, aseguran, de no haber salido de sus países habrían sido destruidas. "Basta recordar lo que pasó con los budas de Bamiyán", apunta Artur Ramon, y Monreal, partidario de favorecer el retorno, reconoce que ha habido casos fallidos de obras devueltas que han acabado en el mercado negro. "No se puede resolver este problema", afirma, "si no se acompaña de ayuda técnica a estos países de origen para que puedan conservar su patrimonio".
Artículo de Catalina Serra del El País de España (06/04/09)

Célebre caso de los frisos del Partenón en el Museo Británico de Londres

Un caso que nos afecta: las piezas de encontradas por Bingham en Machu Picchu, aún hoy en la Universidad de Yale
Son legión los libros sobre este espinoso tema lleno de matices y pasiones encontradas. Pero, antes que nada, hay que distinguir entre el robo y el tráfico ilícito de obras de arte, por un lado, y por otro las demandas de devolución de piezas relevantes para la historia o la identidad de un país que son fruto del botín de guerra, el saqueo colonial o las compras dudosas realizadas a lo largo de los siglos.
A este segundo grupo pertenecen los bronces de Benin, que fueron incautadas en 1897 por los británicos en una expedición punitiva que destruyó el palacio real del entonces reino de Benin. Y también a este grupo pertenecen las dos cabezas de bronce que representaban animales del zodiaco que salieron a subasta el pasado 25 de febrero en la casa Christie's de París ante la indignación de las autoridades chinas, que intentaron infructuosamente que los tribunales franceses prohibieran la venta. Los dos bronces procedían del saqueo del Palacio de Verano de Pekín realizado en 1860 por un ejército franco-británico durante la Guerra del Opio.
Isabel Cervera, profesora en la Universidad Autónoma de Madrid, coincide con otros expertos en arte chino en que el interés artístico de estos dos bronces, datados en el siglo XVIII, "es relativo". "La reclamación es política", afirma. "Son el símbolo de una humillación y se trata de lavar la afrenta que les infringieron las potencias extranjeras. Su interés radica en su procedencia. Y esto ha sido así también para el coleccionista. En este caso, el valor de la pieza es su historia".
La subasta se hizo y los bronces se adjudicaron por 15,7 millones de euros a un coleccionista de Hong Kong, Cai Mingchao, que dos días más tarde se dio a conocer afirmando que se negaba a pagarlos por "patriotismo". La rocambolesca historia aún no ha terminado. La última noticia saltó esta semana cuando el presidente de la Asociación para la Protección del Arte Chino en Europa, Bernard Gómez, aseguró en Pekín que se estaba negociando la posibilidad de que empresarios franceses compraran los bronces para regalarlos después a China. Seguramente Francia no puede permitirse que un conflicto como éste se interponga en sus relaciones con la gran potencia asiática y se esperan nuevos movimientos. Veremos qué pasa.
Otras reclamaciones históricas bien conocidas están mucho más lejos de resolverse. Algunas tienen un valor simbólico, como el penacho de Moctezuma que reclaman los mexicanos y que está en el Museo Etnológico de Viena, y en otras su valor artístico es incuestionable, como la famosísima de los mármoles de Elgin. Cuando el próximo 20 de junio se inaugure el nuevo Museo de la Acrópolis, en Atenas, una de sus salas tendrá un gran espacio vacío reservado para estos famosos fragmentos del friso del Partenón que se encuentran en el Museo Británico de Londres y que Grecia reclama desde hace décadas. Se los llevó entre 1801 y 1805 Thomas Bruce, conde de Elgin (curiosamente su hijo fue quien ordenó el saqueo del palacio de verano de Pekín), que aprovechó su cargo como embajador británico ante el Imperio Otomano, potencia que ocupaba entonces Grecia, para conseguir los permisos para comprar y arrancar las esculturas.
Histórico también es el caso de bellísimo busto de Nefertiti que conserva el Museo Egipcio de Berlín y que, ahora ha quedado completamente probado, fue vilmente escamoteado por los arqueólogos alemanes en las excanaciones de Tell el Amarna al engañar en el reparto entonces legal. El jefe de la arqueología egipcia, Zahi Hawas, insiste infructuosamente en esta restitución, pero mientras tanto cosecha numerosos éxitos en la reclamación de piezas extraídas ilegalmente del país que localiza en colecciones y museos de todo el mundo y que consigue repatriar para envidia de muchos países africanos.
Pero no es lo mismo conseguir la devolución de una obra robada o exportada ilegalmente en los últimos años que conseguir el retorno de obras que salieron, muchas veces legalmente según las reglas de la época, hace más de un siglo de una zona que entonces ni siquiera era un país reconocido.
"Las demandas de restitución han existido siempre, especialmente desde la descolonización, pero ahora parece que han aumentado porque el impacto mediático es mayor", explica Luis Monreal, uno de los grandes expertos mundiales en patrimonio que actualmente dirige la agencia de Cultura de la Fundación Aga Khan. "El problema es que si no se demuestra que ha habido un tráfico ilícito en época reciente no tienen base legal. Por eso la Unesco se basa en el derecho moral y ético de los pueblos a tener su patrimonio".
Con este problema toparon las autoridades chinas. Las legislaciones nacionales difieren mucho de un país a otro y las convenciones internacionales al respecto son relativamente recientes. La de La Haya para proteger los Bienes Culturales en caso de Conflicto Armado es de 1954 (y por otra parte no ha sido, a la vista está, muy útil en los recientes conflictos de Bosnia, Afganistán o Irak) y la de la Unesco sobre las medidas para prohibir e impedir el tráfico de propiedades ilícitas es de 1970, fecha que en general marca la frontera entre lo que se puede y no se puede reclamar.
"Lo que es nuevo ahora es que se producen más demandas de restitución basadas en presiones políticas", añade Monreal, que considera que el único asidero legal que podían tener las autoridades chinas eran las normas que favorecen el reagrupamiento de conjuntos dispersos. "Es el caso del Partenón y podría ser el de los chinos. De todas maneras, los casos de estas vedettes del patrimono sólo se resolverán por la vía política, si algún día se resuelven".
Sí que ha habido casos de restituciones exitosas. Está el del obelisco de Aksum, que devolvió Italia a Etiopía en 2005 después de que le fuera arrebatado en 1937 por las tropas fascistas italianas. O la restitución que realizó la Universidad de Yale (Estados Unidos) a Perú de unas 350 piezas arqueológicas de Machu Picchu -llevadas en 1911 por el personaje en que se inspiró Indiana Jones, Hiram Bingham- en 2007, aún pendiente de nuevas entregas. Más simbólica fue la entrega a Grecia por parte de una universidad alemana de un pequeño fragmento del Partenón o la de una coleccionista sueca en 2006 de un fragmento del templo del Erecteion, en la misma Acrópolis. Este último caso es interesante porque implica al coleccionismo privado, el talón de Aquiles de las restituciones, que hasta ahora han afectado principalmente a los museos públicos o a grandes instituciones privadas estadounidenses. "En el caso de las obras en manos de propietarios privados, si el Estado quiere hacer el gesto de devolución tendrá que recompensar al propietario", explica Monreal, que no cree que las reclamaciones políticas acaben afectando mucho a los particulares.
Con todo, no está claro si el original sistema del coleccionista chino de obstaculizar la subasta de Christie's fue un golpe de efecto que puede tener consecuencias en el mercado. Para Eduard Planche, especialista en tráfico ilícito de la Unesco, "el boicot de ventas de objetos robados o exportados ilegalmente es seguramente una de las vías para debilitar el tráfico ilícito", si bien reconoce que en el caso de los bronces chinos la posición del organismo internacional, que no tiene capacidad sancionadora, ha sido cautelosa. En su comunicado oficial se reconocía que sus normas no tienen carácter retroactivo y sólo quedaba incentivar el retorno a través del Comité Intergubernamental para la Promoción del Retorno de Bienes Culturales a los Países de Origen, que ha realizado muchos informes y congresos pero ha conseguido escasos retornos.
"En general no hay miedo entre los coleccionistas privados porque esto afecta a un número de piezas muy reducido" indica el marchante de arte Edmund Peel, quien resalta que la repercusión mediática que han tenido las demandas de obras de arte confiscadas por los nazis, cuya restitución se basa en el delito de genocidio que no prescribe, han podido crear un clima social más favorable a las restituciones. "Hay sectores específicos del mercado que son complicados porque hay problemas con la historia de procedencia, y esto los profesionales lo sabemos. O andas con mucho cuidado o te abstienes".
La arqueología, reconoce, es uno de los ámbitos más complicados "porque la mayor parte de lo que hay en el mercado tiene un origen dudoso". De la misma opinión es el anticuario Artur Ramon, que asegura que es muy difícil comprobar si las obras arqueológicas han sido expoliadas o no porque "hay mafias muy raras en este campo que falsifican los documentos y están muy organizadas". Y es que el expolio arqueológico y el tráfico ilegal de antigüedades es una de las plagas que asolan el patrimonio cultural de todos los países. Algo se ha avanzado con un notable incremento legislativo tanto a nivel nacional como internacional, una mayor acción policial y un refuerzo de la deontología por parte de los profesionales de los museos. Y ha habido algunos casos sonados que han tenido un efecto ejemplar. La ex responsable de antigüedades del Museo J. Paul Getty de Los Ángeles, Marion True, ha tenido que comparecer ante los tribunales de Roma acusada de comprar piezas procedentes de excavaciones ilegales. Y en 2008, el Metropolitan Museum de Nueva York tuvo que devolver a Italia una de sus joyas, una crátera del pintor griego Eufronio, una vez se demostró que había sido sacada del país de forma ilegal.
Su entonces director, Philippe de Montebello, defiende que, en cualquier caso, no pueden aplicarse las leyes actuales de forma retrospectiva. Son legión los expertos, casi siempre anglosajones, que afirman que esto supondría vaciar estos museos "universales" y negar a millones de personas de todo el mundo el acceso a estas piezas que, aseguran, de no haber salido de sus países habrían sido destruidas. "Basta recordar lo que pasó con los budas de Bamiyán", apunta Artur Ramon, y Monreal, partidario de favorecer el retorno, reconoce que ha habido casos fallidos de obras devueltas que han acabado en el mercado negro. "No se puede resolver este problema", afirma, "si no se acompaña de ayuda técnica a estos países de origen para que puedan conservar su patrimonio".
Artículo de Catalina Serra del El País de España (06/04/09)

Célebre caso de los frisos del Partenón en el Museo Británico de Londres

Un caso que nos afecta: las piezas de encontradas por Bingham en Machu Picchu, aún hoy en la Universidad de Yale
La noticia ha aparecido hoy en varios medios. Según el diario El País de España, son trece páginas de papel frágil y amarillento que contienen los nombres y las nacionalidades de 801 judíos. Es el documento que ayudó a centenares de trabajadores judíos a escapar de los campos de exterminio durante la Segunda Guerra Mundial. Casi setenta años después, un investigador sostiene haber localizado la lista en una biblioteca de Sydney, entre las notas de trabajo del escritor Thomas Keneally, autor de Schindler's ark, según informa la edición digital de la cadena británica BBC. La obra de Keneally fue llevada al cine por Steven Spielberg con el título de La lista de Schindler.
"Salvó a 801 personas de las cámaras de gas, es un texto histórico increíblemente conmovedor", ha señalado Olwen Pryke, co-director de la biblioteca de Nueva Gales del Sur, en Sydney. La lista fue mecanografiada a toda prisa el 18 de abril de 1945, durante los últimos compases de la Segunda Guerra Mundial, y compilada por Oskar Schindler, poderoso industrial alemán con carnet del partido nazi. Schindler dirigía una fábrica en Cracovia (Polonia) durante la guerra, y empleaba a trabajadores judíos. Horrorizado por la conducta del régimen nazi, intentó persuadir a las autoridades alemanas de que sus trabajadores eran vitales para el esfuerzo de guerra, por lo que no debían ser destinados a los campos de exterminio.
La lista hallada ha sido localizada traspapelada entre notas de trabajo y recortes de periódicos alemanes recopilador por el Keneally. Ni la biblioteca ni el comerciante de libros que les vendió seis cajas de material en 1996 se dieron cuenta de que la lista está oculta entre varios documentos. Keneally consiguió la lista hace casi 30 años en una tienda en Los Ángeles, cedida por una de las personas a las que ayudó Schindler: Leopold Pfefferberg, el obrero judío número 173 de la lista. Pfefferberg quería que el novelista escribiese la historia de Schindler.

Imagen de la película de Steven Spielberg
"Salvó a 801 personas de las cámaras de gas, es un texto histórico increíblemente conmovedor", ha señalado Olwen Pryke, co-director de la biblioteca de Nueva Gales del Sur, en Sydney. La lista fue mecanografiada a toda prisa el 18 de abril de 1945, durante los últimos compases de la Segunda Guerra Mundial, y compilada por Oskar Schindler, poderoso industrial alemán con carnet del partido nazi. Schindler dirigía una fábrica en Cracovia (Polonia) durante la guerra, y empleaba a trabajadores judíos. Horrorizado por la conducta del régimen nazi, intentó persuadir a las autoridades alemanas de que sus trabajadores eran vitales para el esfuerzo de guerra, por lo que no debían ser destinados a los campos de exterminio.
La lista hallada ha sido localizada traspapelada entre notas de trabajo y recortes de periódicos alemanes recopilador por el Keneally. Ni la biblioteca ni el comerciante de libros que les vendió seis cajas de material en 1996 se dieron cuenta de que la lista está oculta entre varios documentos. Keneally consiguió la lista hace casi 30 años en una tienda en Los Ángeles, cedida por una de las personas a las que ayudó Schindler: Leopold Pfefferberg, el obrero judío número 173 de la lista. Pfefferberg quería que el novelista escribiese la historia de Schindler.

Imagen de la película de Steven Spielberg
Vikingos, chinos y europeos se disputan el logro de haber descubierto el Nuevo Continente. Pero, como ya hiciera en su anterior libro, «1421», Menzies insiste en que fue la flota de Zheng He la que halló primero aquel vasto pedazo de tierra que hoy llamamos América. Según el británico, el cartógrafo italiano y secretario del Papa, Paolo Toscanelli, único testigo directo del encuentro entre Eugenio IV y la delegación china, escribió al Rey de Portugal y a Cristóbal Colón sendas cartas en las que les aseguraba que había conocido a unos «hombres cultos llegados de China» que afirmaban la redondez de la Tierra y decían que se podía llegar al Reino Medio «navegando rumbo oeste desde España». En su misiva a Colón, escrita 18 años de que el explorador genovés partiera rumbo a América, Toscanelli escribió: «El viaje no sólo es posible sino que es real, y con toda seguridad aportará honor y beneficios incalculables, una muy grande fama entre todos los cristianos. Pero no se puede saber esto a la perfección si no es por experiencia propia y por la práctica, como yo he podido tener gracias a la información más abundante, valiosa y verdadera de boca de hombres distinguidos y muy ilustrados que han venido aquí desde lejanas tierras». Toscanelli adjuntó el mapamundi chino con el que al parecer Colón llegaría al Nuevo Continente.
Año 1434. El almirante Zheng He y su todopoderosa flota arriban a las costas de la Toscana. Han pasado casi tres años desde que el 19 de enero de 1431 zarparan de Nanjing, antigua «capital del cielo». La mayor expedición jamás conocida surcó el planeta en el siglo XV con un único objetivo: mostrar a los bárbaros cuán inmensamente amplios y profundos eran los conocimientos chinos. En el libro «1431», que acaba de publicar Debate, Menzies plantea una asombrosa revisión de la Historia, con pruebas que sitúan las raíces del Renacimiento en aquellos viajes de exploración chinos. Este ex oficial de la Marina británica, autor del éxito editorial «1421», ha dedicado los últimos 19 años a viajar alrededor del mundo y reconstruir las expediciones chinas del siglo XV. Según su revolucionaria tesis, aquellos hombres aportaron «la chispa» de conocimiento que prendió el fuego del Renacimiento.
En el año 1434, fecha en la que el embajador Zheng He desembarca en la Toscana, China era la reina de los mares y la mayor potencia planetaria. La de los chinos era una civilización milenaria, que hacía siglos había descubierto la pólvora, desarrollado complejos sistemas de canalización y riego, ideado sofisticadas máquinas civiles y militares, y había inventado la imprenta. Cuando llegaron a Florencia, lugar en el que se entrevistaron con el Papa Eugenio IV, aquellos orientales se encontraron con un continente que empezaba a salir de mil años de estancamiento tras la caída del Imperio Romano.
«En el siglo XIV Florencia era un lugar atrasado. Pero entre 1413 y 1470 produjo una serie de obras tan majestuosas que casi seis siglos después todavía lo dejan a uno sin aliento», señala Menzies en su libro, para a continuación plantear el «quid» de la cuestión: «¿Por qué prendió el Renacimiento en esa pequeña ciudad italiana? ¿Y por qué en aquel preciso momento?». Alejado de la ciencia ficción, Menzies documenta sus investigaciones con mil y una pruebas, algunas de las cuales niegan la autoría de la mayor parte de los inventos atribuidos a Leonardo da Vinci.
«Todo prospera y se renueva, pero los Países Extranjeros situados muy lejos, allende los mares, no han oído y no saben», reza el edicto fechado el 29 de junio de 1430, por el cual el emperador chino ordenaba llevar a los bárbaros el mensaje de respeto y sumisión debidos a su reino. Zheng He se entrevistó con el Papa en Florencia para transmitir a Europa conocimientos que resultarían trascendentales para el renacer europeo.
Mapas del mundo que describen los cinco continentes, tablas matemáticas que permiten calcular longitudes y latitudes, teorías que desarrollan el heliocentrismo... Todo ello, a bordo de los barcos chinos. Destaca un documento: el «Nung Shu», una enciclopedia de 1313 que compilaba los diseños de todo tipo de maquinaria civil y militar, y cuyos dibujos copiaría un tal Paolo Taccola. «Un italiano que vive en un pequeño pueblo, que no ha ido a la Universidad y que jamás ha visto el mar... ¿Cómo puede él haber diseñado un helicóptero o un buque de guerra?», se pregunta Menzies, para quien la expedición china —integrada por traductores, astrónomos y geógrafos— era una suerte de «universidad flotante» que contenía «más saber intelectual que cualquier universidad de la época». A juicio del autor, aquella delegación aportaría la base que luego desarrollaron genios del Renacimiento como Copérnico, Kepler o el propio Leonardo.
Adptado del diario ABC de España (05/04/09)

Mapa de Toscanelli
Año 1434. El almirante Zheng He y su todopoderosa flota arriban a las costas de la Toscana. Han pasado casi tres años desde que el 19 de enero de 1431 zarparan de Nanjing, antigua «capital del cielo». La mayor expedición jamás conocida surcó el planeta en el siglo XV con un único objetivo: mostrar a los bárbaros cuán inmensamente amplios y profundos eran los conocimientos chinos. En el libro «1431», que acaba de publicar Debate, Menzies plantea una asombrosa revisión de la Historia, con pruebas que sitúan las raíces del Renacimiento en aquellos viajes de exploración chinos. Este ex oficial de la Marina británica, autor del éxito editorial «1421», ha dedicado los últimos 19 años a viajar alrededor del mundo y reconstruir las expediciones chinas del siglo XV. Según su revolucionaria tesis, aquellos hombres aportaron «la chispa» de conocimiento que prendió el fuego del Renacimiento.
En el año 1434, fecha en la que el embajador Zheng He desembarca en la Toscana, China era la reina de los mares y la mayor potencia planetaria. La de los chinos era una civilización milenaria, que hacía siglos había descubierto la pólvora, desarrollado complejos sistemas de canalización y riego, ideado sofisticadas máquinas civiles y militares, y había inventado la imprenta. Cuando llegaron a Florencia, lugar en el que se entrevistaron con el Papa Eugenio IV, aquellos orientales se encontraron con un continente que empezaba a salir de mil años de estancamiento tras la caída del Imperio Romano.
«En el siglo XIV Florencia era un lugar atrasado. Pero entre 1413 y 1470 produjo una serie de obras tan majestuosas que casi seis siglos después todavía lo dejan a uno sin aliento», señala Menzies en su libro, para a continuación plantear el «quid» de la cuestión: «¿Por qué prendió el Renacimiento en esa pequeña ciudad italiana? ¿Y por qué en aquel preciso momento?». Alejado de la ciencia ficción, Menzies documenta sus investigaciones con mil y una pruebas, algunas de las cuales niegan la autoría de la mayor parte de los inventos atribuidos a Leonardo da Vinci.
«Todo prospera y se renueva, pero los Países Extranjeros situados muy lejos, allende los mares, no han oído y no saben», reza el edicto fechado el 29 de junio de 1430, por el cual el emperador chino ordenaba llevar a los bárbaros el mensaje de respeto y sumisión debidos a su reino. Zheng He se entrevistó con el Papa en Florencia para transmitir a Europa conocimientos que resultarían trascendentales para el renacer europeo.
Mapas del mundo que describen los cinco continentes, tablas matemáticas que permiten calcular longitudes y latitudes, teorías que desarrollan el heliocentrismo... Todo ello, a bordo de los barcos chinos. Destaca un documento: el «Nung Shu», una enciclopedia de 1313 que compilaba los diseños de todo tipo de maquinaria civil y militar, y cuyos dibujos copiaría un tal Paolo Taccola. «Un italiano que vive en un pequeño pueblo, que no ha ido a la Universidad y que jamás ha visto el mar... ¿Cómo puede él haber diseñado un helicóptero o un buque de guerra?», se pregunta Menzies, para quien la expedición china —integrada por traductores, astrónomos y geógrafos— era una suerte de «universidad flotante» que contenía «más saber intelectual que cualquier universidad de la época». A juicio del autor, aquella delegación aportaría la base que luego desarrollaron genios del Renacimiento como Copérnico, Kepler o el propio Leonardo.
Adptado del diario ABC de España (05/04/09)

Mapa de Toscanelli
GALILEO PUBLICÓ HACE 400 AÑOS EL "MENSAJERO SIDERAL", EN EL QUE ANUNCIABA CÓMO SE VEÍA EL CIELO CON UN NUEVO INSTRUMENTO
En mayo de 1610 el catedrático de Matemáticas de la universidad de Padua, Galileo Galilei, publicó en Venecia un librito, apenas 30 páginas en latín, titulado Sidereus Nuncius (Mensajero Sideral). El éxito de este tratadillo fue inmediato, los 550 ejemplares de la edición se vendieron en pocos días, también lógico y natural. Daba noticia del nuevo aspecto que los cielos ofrecían cuando se observaban con un nuevo y original instrumento que aproximaba y agrandaba los objetos lejanos: la Luna no era lisa pues mostraba montañas y valles, muchas y nuevas estrellas aparecían donde antes sólo había oscuridad, la Vía Láctea no era una mancha lechosa, sino un conjunto casi infinito de pequeños puntos luminosos, y el planeta Júpiter ya no estaba sólo, sino acompañado por cuatro pequeños puntos que giraban a su alrededor. Todas estas novedades las había podido contemplar Galileo entre el otoño de 1609 y los dos primeros meses de 1610, gracias a un perspicilli, telescopio, construido por el propio matemático.
La aparición del Sidereus Nuncius representó uno de los momentos decisivos en la historia de la ciencia, pues las nuevas imágenes celestes que presentaba echaban por tierra convicciones seculares y lanzaban a la Europa culta a un torbellino de debates. Por otro lado, un tosco tubo con dos lentes de escasa calidad se había convertido, en manos de un hombre de ingenio, quizás en el más perturbador y revolucionario instrumento científico de todos los tiempos.
La consecuencia casi inmediata es que numerosos astrónomos europeos procuraron hacerse con ejemplares de ese nuevo instrumento óptico. Antes de concluir 1610 ya constan, por ejemplo, las observaciones realizadas empleando telescopios por jesuitas del Colegio Romano o del convento de San Antón en Lisboa.
Un mérito "merced a la gracia de Dios".- Por otro lado, pronto se suscitó la polémica sobre la identidad del inventor. Aunque Galileo se atribuyó ese mérito, "merced a la gracia de Dios que primero me iluminó el entendimiento", según sus propias palabras, hoy se conoce con certeza que ejemplares de telescopios fueron fabricados en distintos lugares de Europa por maestros constructores de "visorios" o gafas desde los últimos años del siglo XVI. Ya en 1618 un discípulo de Galileo llamado Girolamo Sirtori y autor del primer tratado sobre telescopios, Telescopium sive Ars perficiendi novum illud Galilaei visorium instrumentum ad Sydera, comenta en esta obra la dificultad de determinar quién había sido el inventor y rechaza que lo fueran ciertos holandeses, como Hans Lippershey, Jacob Metius o Zacarías Jansen, pues tiene constancia de la existencia de constructores anteriores. Así, afirma que él había conocido en Barcelona a Joan Roget, perteneciente a una familia de constructores de telescopios que llevaba varias décadas en esa labor, y que el maestro catalán le había permitido examinar uno de los telescopios que había fabricado hacía ya bastantes años.
Es aún más sorprendente e intrigante lo que afirma Sirtori unas páginas más adelante: cuando en 1611 midió las lentes del telescopio que poseía el archiduque de Baviera Maximiliano I y que había sido fabricado por Galileo comprobó que eran idénticas a las del telescopio construido por Roget bastantes años antes.
"Constructor de visorios".- Posiblemente nunca se pueda determinar quién fue el primer "maestro constructor de visorios" que tuvo la ocurrencia de colocar una lente delante de otra y comprobar los resultados al alejarlas o aproximarlas, pero sí sabemos que en la segunda década del siglo XVII se fabricaban telescopios de distintos tamaños en las principales ciudades europeas. Una de las referencias más claras sobre este tema se encuentra en el Diálogo IV En que se trata de los antojos visorios o cañones con que se alcanza a ver a distancia de muchas leguas contenido en la obra Uso de los antojos para todo género de vista, escrita por el licenciado cordobés Benito Daza de Valdés y publicada en Sevilla en 1623. En este texto, el segundo que se escribió en Europa sobre telescopios, el autor muestra un taller sevillano en el que se fabricaban telescopios de doce tamaños diferentes, desde el pequeño de "cuatro dedos de largo" hasta el de "cuatro varas", en función de la lejanía del objeto que se quisiera observar.
Los telescopios utilizados por los astrónomos se montaban en tubos de cartón o de madera, frecuentemente forrados en piel o tela. Los burgueses ricos, los nobles y los príncipes muy pronto se hicieron con bellos y lujosos instrumentos con monturas metálicas, pagando por ellos elevadas cantidades, unas veces para adornar sus gabinetes, otras para ofrecerlos como exquisitos presentes a los personajes más poderosos, como Felipe III, Paulo V o Cosme de Médicis.
Adaptado del diario El País de España

Cubierta del libro 'Uso de los antojos', escrito por Benito Daza de Valdés y publicado en Sevilla en 1623

El primer telescopio en la historia de la pintura
Si se desea contemplar un telescopio de los que poseía la nobleza en los inicios del siglo XVII, en el Museo del Prado de Madrid hay un lienzo terminado en 1617 por Jan Brueghel y por Rubens, El sentido de la vista. En un gabinete repleto de objetos, muchos de ellos instrumentos científicos, aparece en primer plano, quizás por primera vez en la historia de la pintura, la imagen de un telescopio de aspecto sorprendentemente moderno. Detrás, sobre una mesa, los pequeños retratos de sus dueños pintados por Rubens, la hija de Felipe II Isabel Clara Eugenia y su esposo y primo el archiduque Alberto. A la derecha y en el suelo, el retrato del marqués de Spínola, servidor de los Gobernadores de los Países Bajos y quien les regaló el telescopio.
En mayo de 1610 el catedrático de Matemáticas de la universidad de Padua, Galileo Galilei, publicó en Venecia un librito, apenas 30 páginas en latín, titulado Sidereus Nuncius (Mensajero Sideral). El éxito de este tratadillo fue inmediato, los 550 ejemplares de la edición se vendieron en pocos días, también lógico y natural. Daba noticia del nuevo aspecto que los cielos ofrecían cuando se observaban con un nuevo y original instrumento que aproximaba y agrandaba los objetos lejanos: la Luna no era lisa pues mostraba montañas y valles, muchas y nuevas estrellas aparecían donde antes sólo había oscuridad, la Vía Láctea no era una mancha lechosa, sino un conjunto casi infinito de pequeños puntos luminosos, y el planeta Júpiter ya no estaba sólo, sino acompañado por cuatro pequeños puntos que giraban a su alrededor. Todas estas novedades las había podido contemplar Galileo entre el otoño de 1609 y los dos primeros meses de 1610, gracias a un perspicilli, telescopio, construido por el propio matemático.
La aparición del Sidereus Nuncius representó uno de los momentos decisivos en la historia de la ciencia, pues las nuevas imágenes celestes que presentaba echaban por tierra convicciones seculares y lanzaban a la Europa culta a un torbellino de debates. Por otro lado, un tosco tubo con dos lentes de escasa calidad se había convertido, en manos de un hombre de ingenio, quizás en el más perturbador y revolucionario instrumento científico de todos los tiempos.
La consecuencia casi inmediata es que numerosos astrónomos europeos procuraron hacerse con ejemplares de ese nuevo instrumento óptico. Antes de concluir 1610 ya constan, por ejemplo, las observaciones realizadas empleando telescopios por jesuitas del Colegio Romano o del convento de San Antón en Lisboa.
Un mérito "merced a la gracia de Dios".- Por otro lado, pronto se suscitó la polémica sobre la identidad del inventor. Aunque Galileo se atribuyó ese mérito, "merced a la gracia de Dios que primero me iluminó el entendimiento", según sus propias palabras, hoy se conoce con certeza que ejemplares de telescopios fueron fabricados en distintos lugares de Europa por maestros constructores de "visorios" o gafas desde los últimos años del siglo XVI. Ya en 1618 un discípulo de Galileo llamado Girolamo Sirtori y autor del primer tratado sobre telescopios, Telescopium sive Ars perficiendi novum illud Galilaei visorium instrumentum ad Sydera, comenta en esta obra la dificultad de determinar quién había sido el inventor y rechaza que lo fueran ciertos holandeses, como Hans Lippershey, Jacob Metius o Zacarías Jansen, pues tiene constancia de la existencia de constructores anteriores. Así, afirma que él había conocido en Barcelona a Joan Roget, perteneciente a una familia de constructores de telescopios que llevaba varias décadas en esa labor, y que el maestro catalán le había permitido examinar uno de los telescopios que había fabricado hacía ya bastantes años.
Es aún más sorprendente e intrigante lo que afirma Sirtori unas páginas más adelante: cuando en 1611 midió las lentes del telescopio que poseía el archiduque de Baviera Maximiliano I y que había sido fabricado por Galileo comprobó que eran idénticas a las del telescopio construido por Roget bastantes años antes.
"Constructor de visorios".- Posiblemente nunca se pueda determinar quién fue el primer "maestro constructor de visorios" que tuvo la ocurrencia de colocar una lente delante de otra y comprobar los resultados al alejarlas o aproximarlas, pero sí sabemos que en la segunda década del siglo XVII se fabricaban telescopios de distintos tamaños en las principales ciudades europeas. Una de las referencias más claras sobre este tema se encuentra en el Diálogo IV En que se trata de los antojos visorios o cañones con que se alcanza a ver a distancia de muchas leguas contenido en la obra Uso de los antojos para todo género de vista, escrita por el licenciado cordobés Benito Daza de Valdés y publicada en Sevilla en 1623. En este texto, el segundo que se escribió en Europa sobre telescopios, el autor muestra un taller sevillano en el que se fabricaban telescopios de doce tamaños diferentes, desde el pequeño de "cuatro dedos de largo" hasta el de "cuatro varas", en función de la lejanía del objeto que se quisiera observar.
Los telescopios utilizados por los astrónomos se montaban en tubos de cartón o de madera, frecuentemente forrados en piel o tela. Los burgueses ricos, los nobles y los príncipes muy pronto se hicieron con bellos y lujosos instrumentos con monturas metálicas, pagando por ellos elevadas cantidades, unas veces para adornar sus gabinetes, otras para ofrecerlos como exquisitos presentes a los personajes más poderosos, como Felipe III, Paulo V o Cosme de Médicis.
Adaptado del diario El País de España

Cubierta del libro 'Uso de los antojos', escrito por Benito Daza de Valdés y publicado en Sevilla en 1623

El primer telescopio en la historia de la pintura
Si se desea contemplar un telescopio de los que poseía la nobleza en los inicios del siglo XVII, en el Museo del Prado de Madrid hay un lienzo terminado en 1617 por Jan Brueghel y por Rubens, El sentido de la vista. En un gabinete repleto de objetos, muchos de ellos instrumentos científicos, aparece en primer plano, quizás por primera vez en la historia de la pintura, la imagen de un telescopio de aspecto sorprendentemente moderno. Detrás, sobre una mesa, los pequeños retratos de sus dueños pintados por Rubens, la hija de Felipe II Isabel Clara Eugenia y su esposo y primo el archiduque Alberto. A la derecha y en el suelo, el retrato del marqués de Spínola, servidor de los Gobernadores de los Países Bajos y quien les regaló el telescopio.
Los liberales idealizaron la propiedad privada. Su difusión, creían, liberaría a los hombres de la servidumbre, enriquecería el tesoro público y crearía una nación de ciudadanos altamente productivos. Por ello, el derecho de los indios a poseer tierras en comunidad, perpetuaba, en su opinión, una economía primitiva. Si los indios iban a ser ciudadanos plenos, libres e iguales, tanto ante la ley como en las relaciones sociales, tenían que convertirse en propietarios individuales. La idea era crear una sociedad burguesa rural, como la burguesía rural francesa posrevolucionaria o el pequeño propietario agrícola norteamericano antes de la guerra de Secesión.
En otras palabras, la ideología liberal consideraba que los indios eran un obstáculo para la formación de las nuevas nacionalidades. Era preciso destruir la autonomía e identidad que las comunidades campesinas habían heredado desde el siglo XVI a fin de que sus pobladores se integren a la “nación” mediante la participación política y económica. Incluso, cuando en 1825 Bolívar intentaba dar un contenido social y agrario a la Independencia, quiso repartir las tierras comunales entre los indios y los propietarios privados. En el caso peruano, sin embargo, como las grandes haciendas ocupaban ya la mayor parte de las tierras de mejor calidad, los decretos del Libertador no tuvieron otro efecto que hacer más vulnerables a los indios, porque darles tierras sin capital, sin instrumentos de labranza y sin protección era ponerlos en camino de endeudarse con otros propietarios más solventes (poderosos), a los que al final habrían de entregar sus tierras para saldar las deudas contraídas e incluso trabajar para ellos como peones endeudados.
De este modo, el siglo XIX fue testigo de la paulatina desintegración de muchas comunidades indios, mientras que las haciendas se apoderaban de sus tierras y absorbían a sus trabajadores. Similares casos se vieron en México o Colombia, países donde la legislación liberal trató de destruir las identidades comunales con el objeto de poner en circulación las tierras de los indios y obligarlos a salir de su medio original y lanzarlos a la sociedad del laissez faire.
La doctrina liberal, entonces, llevada a la práctica, no trajo la expansión de la propiedad privada sino del latifundio, y profundizó, de esta manera, la división entre pobres y ricos en el mundo rural. Los campesinos indígenas poco pudieron hacer con sus bajos recursos frente a este despojo. Teóricamente podían librar una batalla legal, que con frecuencia resultaba inútil, o emigrar a zonas menos controladas u optar por la rebelión. La mayoría tomó el camino de la resignación; pero hubo quienes se inclinaron por la violencia contribuyendo así a la intranquilidad social que caracterizó a la región durante el siglo XIX.
Pensamos que la situación del indio luego de la Independencia no mejoró, incluso empeoró, con la República. Por lo menos en la época colonial había una legislación que los amparaba, que protegía sus tierras comunales. Ahora, con la idea liberal de homogeneizar a toda la población como “ciudadanos”, los indios quedaron expuestos a las ambiciones de los más poderosos (los terratenientes agrícolas y ganaderos) que, aprovechando estas medidas liberales e “igualitarias”, se apropiaron de las tierras comunales, como sucedió en la sierra sur del Perú. En efecto, como los terratenientes controlaban a los jueces de su localidad, no puede sorprender que la ley resultara en su provecho. Títulos de propiedad fueron también a parar a la clientela política de caudillos y gobernantes en premio a su lealtad. De otro lado, algunos inversionistas extranjeros se beneficiaron de esta legislación “liberal”. Incluso la abolición del tributo, dada por Ramón Castilla en 1854, fue, contradictoriamente a lo que se piensa, una medida contraproducente para los indios. El antiguo tributo los obligaba a producir excedentes y participar en el mercado para conseguir dinero. Ahora, sin el tributo, se refugiaron en una economía de subsistencia, es decir, se volvieron más pobres y, por consiguiente, más vulnerables. Ni siquiera a las poblaciones urbanas benefició la abolición del tributo. Como los indios ya no estaban obligados a producir excedentes muchos alimentos escasearon produciéndose una inflación de precios en las ciudades.
Según los censos republicanos, hasta inicios del siglo XX, más del 80% de la población peruana era rural. En el campo, los indios seguían viviendo en un mundo arcaico y tradicional, y sometidos a la autoridad o al abuso del hacendado y el prefecto del lugar; solo los indios que pudieron bajar a la costa a trabajar en una hacienda azucarera o algodonera pudieron tener contacto con la modernidad al integrarse al llamado “proletariado rural”. Si se quedaban en la sierra podían vivir en una hacienda, en condiciones de trabajo servil, o al interior de sus comunidades.
La hacienda, en efecto, era el eje de la vida social y económica. No contamos con cifras precisas pero es probable que hacia 1900 existieran casi 4 mil haciendas en el país con una población de medio millón de habitantes, en su mayoría indios analfabetos. Las cifras sobre el número de comunidades campesinas también son aproximadas: se calcularon casi 2 mil hacia 1920. Un detractor de estas comunidades fue Francisco Tudela y Varela, quien en su obra Socialismo peruano las condenaba por improductivas, debido a que allí se difundía el alcoholismo, la ociosidad y el fanatismo. Señalaba, además, que en ellas estaba concentrada gran parte de la población indígena y que constituían un germen de retraso en el país. A la postura de Tudela se contrapuso la de Manuel Vicente Villarán, quien sostuvo que la comunidad era la única protección del indio frente al blanco, la única manera de tener su propia organización, prescindiendo des su integración como trabajador en la hacienda del terrateniente.
Como explicamos más arriba, los hacendados o gamonales buscaron expandir sus propiedades con la finalidad de incorporar tierras, rebaños y hombres, siempre a costa de las comunidades. Una familia común de campesinos trabajaba en su comunidad, en las tierras de un hacendado, tenía un pequeño rebaño y, por último, tejía. De preferencia eran las mujeres las que cumplían la tarea de hilado y tejido. Podríamos decir que la vida de los campesinos en la sierra casi no había variado desde la época virreinal; solo sabemos que los campesinos habitantes del Valle del Mantaro gozaron de cierta independencia económica, y de una muy tenue “occidentalización”, gracias al comercio lanero.
Gamonal y gamonalismo han formado parte del habla cotidiana en el Perú. El primero alude a un individuo y el segundo a un sistema. El sistema se basó en una explotación con rasgos feudales de los campesinos ubicados dentro o fuera de las haciendas, especialmente en las ubicadas en los departamentos de la sierra sur.
El perfil de estas haciendas estaba dado por la pobreza y la casi total exclusión cultural de sus peones agrícolas. En este sentido, la hacienda andina se caracterizó por su escasa productividad, baja rentabilidad y derroche de fuerza de trabajo. La explotación del gamonal sobre sus peones era una mezcla de autoritarismo (relaciones de subordinación y servidumbre) con paternalismo. Incluso los propios gamonales -en su mayoría mistis o mestizos- podían hablar quechua y compartir muchas de las costumbres ancestrales andinas.
De este modo, los gamonales terminaron ostentado un apreciable poder local (muchos llegaron a ser senadores o diputados, alcaldes o prefectos) y dirigieron fuerzas "paramilitares" para imponer su dominio sobre los campesinos y aún enfrentar las amenazas del Estado central. Asimismo, trataron de legitimarse siendo exageradamente católicos y piadosos con la Iglesia y sus representantes (el cura o párroco local). Desafiaron el centralismo y en ocasiones apoyaron el federalismo. En todo caso se trató de un fenómeno exclusivamente republicano y criollo gestado a lo largo del siglo XIX.

Indios cargadores (foto Martín Chambi)
En otras palabras, la ideología liberal consideraba que los indios eran un obstáculo para la formación de las nuevas nacionalidades. Era preciso destruir la autonomía e identidad que las comunidades campesinas habían heredado desde el siglo XVI a fin de que sus pobladores se integren a la “nación” mediante la participación política y económica. Incluso, cuando en 1825 Bolívar intentaba dar un contenido social y agrario a la Independencia, quiso repartir las tierras comunales entre los indios y los propietarios privados. En el caso peruano, sin embargo, como las grandes haciendas ocupaban ya la mayor parte de las tierras de mejor calidad, los decretos del Libertador no tuvieron otro efecto que hacer más vulnerables a los indios, porque darles tierras sin capital, sin instrumentos de labranza y sin protección era ponerlos en camino de endeudarse con otros propietarios más solventes (poderosos), a los que al final habrían de entregar sus tierras para saldar las deudas contraídas e incluso trabajar para ellos como peones endeudados.
De este modo, el siglo XIX fue testigo de la paulatina desintegración de muchas comunidades indios, mientras que las haciendas se apoderaban de sus tierras y absorbían a sus trabajadores. Similares casos se vieron en México o Colombia, países donde la legislación liberal trató de destruir las identidades comunales con el objeto de poner en circulación las tierras de los indios y obligarlos a salir de su medio original y lanzarlos a la sociedad del laissez faire.
La doctrina liberal, entonces, llevada a la práctica, no trajo la expansión de la propiedad privada sino del latifundio, y profundizó, de esta manera, la división entre pobres y ricos en el mundo rural. Los campesinos indígenas poco pudieron hacer con sus bajos recursos frente a este despojo. Teóricamente podían librar una batalla legal, que con frecuencia resultaba inútil, o emigrar a zonas menos controladas u optar por la rebelión. La mayoría tomó el camino de la resignación; pero hubo quienes se inclinaron por la violencia contribuyendo así a la intranquilidad social que caracterizó a la región durante el siglo XIX.
Pensamos que la situación del indio luego de la Independencia no mejoró, incluso empeoró, con la República. Por lo menos en la época colonial había una legislación que los amparaba, que protegía sus tierras comunales. Ahora, con la idea liberal de homogeneizar a toda la población como “ciudadanos”, los indios quedaron expuestos a las ambiciones de los más poderosos (los terratenientes agrícolas y ganaderos) que, aprovechando estas medidas liberales e “igualitarias”, se apropiaron de las tierras comunales, como sucedió en la sierra sur del Perú. En efecto, como los terratenientes controlaban a los jueces de su localidad, no puede sorprender que la ley resultara en su provecho. Títulos de propiedad fueron también a parar a la clientela política de caudillos y gobernantes en premio a su lealtad. De otro lado, algunos inversionistas extranjeros se beneficiaron de esta legislación “liberal”. Incluso la abolición del tributo, dada por Ramón Castilla en 1854, fue, contradictoriamente a lo que se piensa, una medida contraproducente para los indios. El antiguo tributo los obligaba a producir excedentes y participar en el mercado para conseguir dinero. Ahora, sin el tributo, se refugiaron en una economía de subsistencia, es decir, se volvieron más pobres y, por consiguiente, más vulnerables. Ni siquiera a las poblaciones urbanas benefició la abolición del tributo. Como los indios ya no estaban obligados a producir excedentes muchos alimentos escasearon produciéndose una inflación de precios en las ciudades.
Según los censos republicanos, hasta inicios del siglo XX, más del 80% de la población peruana era rural. En el campo, los indios seguían viviendo en un mundo arcaico y tradicional, y sometidos a la autoridad o al abuso del hacendado y el prefecto del lugar; solo los indios que pudieron bajar a la costa a trabajar en una hacienda azucarera o algodonera pudieron tener contacto con la modernidad al integrarse al llamado “proletariado rural”. Si se quedaban en la sierra podían vivir en una hacienda, en condiciones de trabajo servil, o al interior de sus comunidades.
La hacienda, en efecto, era el eje de la vida social y económica. No contamos con cifras precisas pero es probable que hacia 1900 existieran casi 4 mil haciendas en el país con una población de medio millón de habitantes, en su mayoría indios analfabetos. Las cifras sobre el número de comunidades campesinas también son aproximadas: se calcularon casi 2 mil hacia 1920. Un detractor de estas comunidades fue Francisco Tudela y Varela, quien en su obra Socialismo peruano las condenaba por improductivas, debido a que allí se difundía el alcoholismo, la ociosidad y el fanatismo. Señalaba, además, que en ellas estaba concentrada gran parte de la población indígena y que constituían un germen de retraso en el país. A la postura de Tudela se contrapuso la de Manuel Vicente Villarán, quien sostuvo que la comunidad era la única protección del indio frente al blanco, la única manera de tener su propia organización, prescindiendo des su integración como trabajador en la hacienda del terrateniente.
Como explicamos más arriba, los hacendados o gamonales buscaron expandir sus propiedades con la finalidad de incorporar tierras, rebaños y hombres, siempre a costa de las comunidades. Una familia común de campesinos trabajaba en su comunidad, en las tierras de un hacendado, tenía un pequeño rebaño y, por último, tejía. De preferencia eran las mujeres las que cumplían la tarea de hilado y tejido. Podríamos decir que la vida de los campesinos en la sierra casi no había variado desde la época virreinal; solo sabemos que los campesinos habitantes del Valle del Mantaro gozaron de cierta independencia económica, y de una muy tenue “occidentalización”, gracias al comercio lanero.
Gamonal y gamonalismo han formado parte del habla cotidiana en el Perú. El primero alude a un individuo y el segundo a un sistema. El sistema se basó en una explotación con rasgos feudales de los campesinos ubicados dentro o fuera de las haciendas, especialmente en las ubicadas en los departamentos de la sierra sur.
El perfil de estas haciendas estaba dado por la pobreza y la casi total exclusión cultural de sus peones agrícolas. En este sentido, la hacienda andina se caracterizó por su escasa productividad, baja rentabilidad y derroche de fuerza de trabajo. La explotación del gamonal sobre sus peones era una mezcla de autoritarismo (relaciones de subordinación y servidumbre) con paternalismo. Incluso los propios gamonales -en su mayoría mistis o mestizos- podían hablar quechua y compartir muchas de las costumbres ancestrales andinas.
De este modo, los gamonales terminaron ostentado un apreciable poder local (muchos llegaron a ser senadores o diputados, alcaldes o prefectos) y dirigieron fuerzas "paramilitares" para imponer su dominio sobre los campesinos y aún enfrentar las amenazas del Estado central. Asimismo, trataron de legitimarse siendo exageradamente católicos y piadosos con la Iglesia y sus representantes (el cura o párroco local). Desafiaron el centralismo y en ocasiones apoyaron el federalismo. En todo caso se trató de un fenómeno exclusivamente republicano y criollo gestado a lo largo del siglo XIX.

Indios cargadores (foto Martín Chambi)
03/04/09: Salvemos el Puente Trujillo!
Un gentil lector me escribió esto hoy día: ESTIMADO JUAN LUIS, ACABO DE LEER UNA NOTICIA QUE ME HA DEJADO ESTUPEFACTO. LA MUNICIPALIDAD DE LIMA VA A DEMOLER EN ESTOS DIAS EL TRADICIONAL PUENTE TRUJILLO. ME PARECE INACEPTABLE DEMOLER EN VEZ DE RESTAURAR. EL MUNICIPIO DEBERIA PONER TODO SU ESFUERZO EN SALVAR UNA DE LAS ZONAS MAS TRADICIONALES Y CONOCIDAS DE LIMA. DEMOLER ES EL CAMINO MAS FACIL Y DE MAYOR GANANCIA PARA LAS EMPRESAS CONSTRUCTORAS. PERO ESTAMOS HABLANDO DE LA MEMORIA VISUAL DE LIMA, DE LA MEMORIA HISTORICA DE UNA CIUDAD. CREO QUE ES NECESARIO PASAR LA VOZ DE ALERTA. NO SE PUEDE AVISAR UNA SEMANA ANTES DE SEMEJANTE ATENTADO URBANO EN LIMA.
Hoy apareció en El Comercio de Lima la siguiente noticia: La Municipalidad de Lima desmontará y demolerá el sector principal del puente Trujillo que atraviesa la Vía de Evitamiento debido a que su estructura, actualmente cerrada para el tránsito vehicular, se encuentra sumamente deteriorada. El plan contempla la colocación, a largo plazo, de una moderna plataforma de concreto que soportará sin problemas el flujo peatonal y vehicular. Los trabajos, en los que se invertirán S/.2,5 millones, se realizarán en horario nocturno, entre las 11:30 p.m. y las 6 a.m., durante los días feriados de Semana Santa. La demolición comenzará cerca de la medianoche del miércoles 8 y se prolongará hasta la madrugada del domingo 12. Durante los trabajos —se contará con tres grúas de 100, 80 y 45 toneladas— se restringirá el tránsito vehicular en ambos sentidos de Evitamiento, entre Caquetá y el Puente Huánuco. Los conductores deberán tomar vías alternas. Se colocará un puente peatonal metálico provisional que servirá para el tránsito de personas mientras duren las obras.
Es el colmo que con tantos recursos tecnológicos que hoy existen se pretenda demoler, por "daños estructurales", buena parte del histórico Puente Trujillo, construido en 1766 y que une al Cercado con el Rímac, y que nadie diga nada. Desde aquí nuestra protesta ante una administración de Lima Metropolitana que ha demostrado, desde que se instaló, una total ignoracia de la tradición, de la historia (recordemos el vergonzoso traslado del monumento a Pizarro, la construcción de un "zanjón" en la evenida Grau cuando dicha arteria fue construida para otros fines o la desaparicón del Óvalo Balta en Baranco), en pos de un dudoso proyecto de modernidad para Lima, con fines electorales y con presupuestos que cada día se "inflan" más por razones que nadie entiende. Hoy es el Puente Trujillo, mañana será el Puente Balta (quizá por las mismas razones) y así con cada "vejez" que es un estorbo para esa Lima de acero, concreto, neón y total falta de buen gusto que pretende quien hoy ocupa la silla de Nicolás de Rivera.
COMENTARIO DE ÚLTIMO MOMENTO.- Hoy sábado, diversas noticias aparecidas en los medios periodísticos insisten en que las remodelaciones del Puente Trujillo serán sólo en su estructura de concreto y no en la parte histórica. Esperemos que sea cierta esta información; también estaremos pendientes de lo que se haga con el puente Balta. En lo que sí nos reafirmamos es en nuestra crítica global a la actual gestión de la Alcaldía Metropolitana de Lima.

El Arco del Puente, ya desaparecido, era la antigua entrada al Puente Trujillo en dirección al Rímac

El puente hace 100 años

Otra imagen del puente de principios del siglo XX
Vista actual del Puente Trujillo

Otra imagen actual del viejo puente colonial
Hoy apareció en El Comercio de Lima la siguiente noticia: La Municipalidad de Lima desmontará y demolerá el sector principal del puente Trujillo que atraviesa la Vía de Evitamiento debido a que su estructura, actualmente cerrada para el tránsito vehicular, se encuentra sumamente deteriorada. El plan contempla la colocación, a largo plazo, de una moderna plataforma de concreto que soportará sin problemas el flujo peatonal y vehicular. Los trabajos, en los que se invertirán S/.2,5 millones, se realizarán en horario nocturno, entre las 11:30 p.m. y las 6 a.m., durante los días feriados de Semana Santa. La demolición comenzará cerca de la medianoche del miércoles 8 y se prolongará hasta la madrugada del domingo 12. Durante los trabajos —se contará con tres grúas de 100, 80 y 45 toneladas— se restringirá el tránsito vehicular en ambos sentidos de Evitamiento, entre Caquetá y el Puente Huánuco. Los conductores deberán tomar vías alternas. Se colocará un puente peatonal metálico provisional que servirá para el tránsito de personas mientras duren las obras.
Es el colmo que con tantos recursos tecnológicos que hoy existen se pretenda demoler, por "daños estructurales", buena parte del histórico Puente Trujillo, construido en 1766 y que une al Cercado con el Rímac, y que nadie diga nada. Desde aquí nuestra protesta ante una administración de Lima Metropolitana que ha demostrado, desde que se instaló, una total ignoracia de la tradición, de la historia (recordemos el vergonzoso traslado del monumento a Pizarro, la construcción de un "zanjón" en la evenida Grau cuando dicha arteria fue construida para otros fines o la desaparicón del Óvalo Balta en Baranco), en pos de un dudoso proyecto de modernidad para Lima, con fines electorales y con presupuestos que cada día se "inflan" más por razones que nadie entiende. Hoy es el Puente Trujillo, mañana será el Puente Balta (quizá por las mismas razones) y así con cada "vejez" que es un estorbo para esa Lima de acero, concreto, neón y total falta de buen gusto que pretende quien hoy ocupa la silla de Nicolás de Rivera.
COMENTARIO DE ÚLTIMO MOMENTO.- Hoy sábado, diversas noticias aparecidas en los medios periodísticos insisten en que las remodelaciones del Puente Trujillo serán sólo en su estructura de concreto y no en la parte histórica. Esperemos que sea cierta esta información; también estaremos pendientes de lo que se haga con el puente Balta. En lo que sí nos reafirmamos es en nuestra crítica global a la actual gestión de la Alcaldía Metropolitana de Lima.

El Arco del Puente, ya desaparecido, era la antigua entrada al Puente Trujillo en dirección al Rímac

El puente hace 100 años

Otra imagen del puente de principios del siglo XX
Vista actual del Puente Trujillo

Otra imagen actual del viejo puente colonial
03/04/09: Notas sobre la revista MUNDIAL
El 28 de abril de 1920, apareció la revista semanal Mundial, cuya dirección estuvo a cargo del periodista Andrés Aramburú Salinas. La revista llegó a los 576 números, se publicó hasta el 4 de septiembre de 1931 y se imprimía en los talleres de la Imprenta “La Opinión Nacional” (calle de las Mantas 152). Con gran despliegue gráfico, Mundial tuvo tres áreas bien definidas:
a. Una sección mundana, e veces frívola, de la vida de la lata sociedad limeña.
b. Una sección política, con opiniones que variaban según las circunstancias aunque, en promedio, comprometida con los logros de la Patria Nueva.
c. Una sección con contenido intelectual.
Más que ninguna otra revista, Mundial supo captar las fiestas, las manifestaciones públicas, los agasajos, el aroma y el espíritu del Oncenio de Leguía. Su carátula reproducía alguna obra de arte ya presentada en alguna exposición; cada número, además, insertaba una composición musical de moda. Pero, como señalábamos, lo más importante es que en sus páginas se presenta la documentación gráfica más importante de los hechos que marcaron la historia de la década de 1920 en el Perú y el mundo.
En Mundial encontramos artículos de los escritores nacionales más importantes de la época como José Carlos Mariátegui, César Vallejo (con su correspondencia europea), José Gálvez (con sus crónicas evocativas), Luis Alberto Sánchez, Jorge Guillermo Leguía, José Santos Chocano, Jorge Basadre, Aurelio Miro Quesada, Martín Adán, Xavier Abril, Catalina Recavarren, Raúl Porras Barrenechea, Percy Gibson o Estuardo Núñez. Gran parte de sus magníficas caricaturas fueron hechas por Jorge Vinatea Reynoso. La crónica social estuvo a cargo de Alberto Jiménez Correa y Federico Távara. Federico Ortiz Rodríguez tuvo a su cargo la parte obrera y las “Cartas de Rucio” de Humberto del Águila fueron comentarios en prosa cervantina de las noticias nacionales e internacionales.
Este semanario compitió con el ya existente Variedades (1908-30) y con otras revistas aparecidas durante el “Oncenio” como Hogar (1920-21), Mundo Ilustrado (1922), Perricholi (1925-26), La Revista (1927-28) y La Revista Semanal (1928-30). Lamentablemente, el fin de Mundial se debió a que después de 1930, tras la caída de Leguía, su director inició una campaña para que el líder de la Patria Nueva recibiera, por su edad y su enfermedad, un trato justo. Las represalias políticas, por esta petición humanitaria, impidió que siguiera apareciendo esta importante publicación.
a. Una sección mundana, e veces frívola, de la vida de la lata sociedad limeña.
b. Una sección política, con opiniones que variaban según las circunstancias aunque, en promedio, comprometida con los logros de la Patria Nueva.
c. Una sección con contenido intelectual.
Más que ninguna otra revista, Mundial supo captar las fiestas, las manifestaciones públicas, los agasajos, el aroma y el espíritu del Oncenio de Leguía. Su carátula reproducía alguna obra de arte ya presentada en alguna exposición; cada número, además, insertaba una composición musical de moda. Pero, como señalábamos, lo más importante es que en sus páginas se presenta la documentación gráfica más importante de los hechos que marcaron la historia de la década de 1920 en el Perú y el mundo.
En Mundial encontramos artículos de los escritores nacionales más importantes de la época como José Carlos Mariátegui, César Vallejo (con su correspondencia europea), José Gálvez (con sus crónicas evocativas), Luis Alberto Sánchez, Jorge Guillermo Leguía, José Santos Chocano, Jorge Basadre, Aurelio Miro Quesada, Martín Adán, Xavier Abril, Catalina Recavarren, Raúl Porras Barrenechea, Percy Gibson o Estuardo Núñez. Gran parte de sus magníficas caricaturas fueron hechas por Jorge Vinatea Reynoso. La crónica social estuvo a cargo de Alberto Jiménez Correa y Federico Távara. Federico Ortiz Rodríguez tuvo a su cargo la parte obrera y las “Cartas de Rucio” de Humberto del Águila fueron comentarios en prosa cervantina de las noticias nacionales e internacionales.
Este semanario compitió con el ya existente Variedades (1908-30) y con otras revistas aparecidas durante el “Oncenio” como Hogar (1920-21), Mundo Ilustrado (1922), Perricholi (1925-26), La Revista (1927-28) y La Revista Semanal (1928-30). Lamentablemente, el fin de Mundial se debió a que después de 1930, tras la caída de Leguía, su director inició una campaña para que el líder de la Patria Nueva recibiera, por su edad y su enfermedad, un trato justo. Las represalias políticas, por esta petición humanitaria, impidió que siguiera apareciendo esta importante publicación.
EL OCEÁNO QUE DIVIDE A PERÚ Y CHILE
La demanda que Lima ha interpuesto en La Haya contra Santiago para reclamar un área marítima ha enfriado las relaciones bilaterales de los países
La victoria de la selección chilena de fútbol el domingo ante el combinado peruano no fue un triunfo más. Era el primero en 24 años de partidos entre ambos equipos. Y llegaba en un momento especial, después de diez días de tensiones a raíz de la decisión del Gobierno de Alan García de interponer una demanda contra Chile en La Haya en la que reclama la soberanía de 35.000 kilómetros de área marítima. Aunque las aguas parecen haberse calmado, la tempestad golpeó de lleno las relaciones de ambos países, y salpicó a un tercero, Bolivia, en un complicado juego diplomático a tres bandas.
Según la versión oficial, la pretensión de Perú es lograr una resolución judicial que dibuje los límites marítimos, puesto que ellos sólo los consideran pesqueros. Para Santiago, sin embargo, los límites ya fueron fijados en una declaración de 1952 y en otra de 1954. La demanda abarca una extensión del océano Pacífico en la zona fronteriza entre las ciudades de Tacna (Perú) y Arica (Chile). Esta localidad perteneció a Perú hasta la Guerra del Pacífico (1879-1884), en la que Chile arrebató a Bolivia su territorio de costa, situado al sur de Arica. Una eventual declaración a favor de Perú bloquearía cualquier posibilidad de salida al mar para La Paz.
"Buscamos una solución pacífica, de equidad, a un tema que lleva anclado muchos años", defiende en conversación telefónica con EL PAÍS el canciller peruano, José García Belaúnde, quien al ser preguntado acerca de qué tiene que perder Perú en este tema, responde tajante: "No tenemos nada que perder, hemos hecho una oferta de paz para solucionar un asunto", insiste.
Su homólogo chileno, Mariano Fernández, discrepa: "La pretensión peruana de hacer un trazado distinto del existente está alejada de la realidad de lo que ocurre en toda la costa del Pacífico de nuestra subregión. De norte a sur de la costa del Pacífico, en América del Sur, existe un sistema jurídico de límites marítimos fijados sobre los paralelos. Perú quiere introducir ahora otra figura geográfica, lo que francamente carece de consistencia", argumenta Fernández a este periódico.
Más allá de lograr o no recuperar los 35.000 kilómetros de área marítima, hay quien piensa, sobre todo desde la vertiente chilena, que la demanda de Perú ha de interpretarse en clave interna. "Uno de los motivos es detener el avance nacionalista de Ollanta Humala [líder del Partido Nacionalista Peruano y rival presidencial de Alan García en las últimas elecciones]", explica Cristian Garay, profesor de la Universidad de Chile. Desde el inicio de su segundo mandato en julio de 2006, García ha sufrido el desgaste de los grupos nacionalistas. Su popularidad, que ha remontado los últimos meses, estaba por los suelos. El argumentario antichileno da bastantes réditos en Perú, por lo que la demanda puede catapultar de nuevo al líder del APRA. A pesar de todo, el canciller García Belaúnde niega esta posibilidad. "El presidente no tiene otros problemas que no tengan otros Gobiernos. No lo manejamos en clave interna", enfatiza.
Chile, cuyas relaciones con el mundo son excelentes, pero muy complicadas con sus vecinos, no ha impugnado aún la competencia de La Haya -tampoco lo ha descartado, según confirma el propio canciller- porque se encuentra dentro del plazo de tres meses para presentar lo que se denominan excepciones preliminares, es decir, hasta el 19 de junio. Aunque en un primer momento, la no impugnación se ha considerado como una primera derrota chilena, para muchos analistas la presentación de la memoria de Perú es muy débil y los argumentos chilenos, bastantes sólidos como para dejar actuar a la Corte Internacional en una primera instancia. Chile podría pedir la incompetencia de La Haya durante la contramemoria, en un plazo de un año, o durante el juicio oral.
Aunque no se trata de un proceso negociador, Chile ha puesto a trabajar un fuerte equipo diplomático, encabezado por la segunda autoridad de la Cancillería, el subsecretario Alberto Van Klaveren. La demanda es una cuestión de Estado en Chile, apenas hay voces disonantes entre las distintas formaciones políticas.
En todo este mar de roces entre ambos países, hay un tercero, Bolivia, que no se ha querido mantener al margen y ha provocado un conflicto triangular. Si La Haya diese la razón a Perú en su demanda, se bloquearía una de las posibles salidas al mar que tanto ansía La Paz. La crítica a la actuación de Lima ha llegado a poner de acuerdo a políticos enfrentados permanentemente con el ex presidente Jorge Quiroga o el actual mandatario, Evo Morales. Si ejecutivo no descartó la semana pasada la posibilidad de llevar también a La Haya su exigencia. "Si fuese boliviano, yo lo haría", asegura Cristian Garay, quien reconoce que "es más compleja" la petición de La Paz que la de Lima.
Aunque ambos Ejecutivos niegan un enfriamiento de las relaciones bilaterales, Alan García y la presidenta chilena, Michelle Bachelet, apenas han tenido contacto estos días. Pero lo cierto es que el tejido empresarial chileno en Perú es fuerte. En medio de una crisis económica profunda, es una garantía, según los analistas, de que no van a permitir que el caso vaya a más.
Tomado de El País de España

La demanda que Lima ha interpuesto en La Haya contra Santiago para reclamar un área marítima ha enfriado las relaciones bilaterales de los países
La victoria de la selección chilena de fútbol el domingo ante el combinado peruano no fue un triunfo más. Era el primero en 24 años de partidos entre ambos equipos. Y llegaba en un momento especial, después de diez días de tensiones a raíz de la decisión del Gobierno de Alan García de interponer una demanda contra Chile en La Haya en la que reclama la soberanía de 35.000 kilómetros de área marítima. Aunque las aguas parecen haberse calmado, la tempestad golpeó de lleno las relaciones de ambos países, y salpicó a un tercero, Bolivia, en un complicado juego diplomático a tres bandas.
Según la versión oficial, la pretensión de Perú es lograr una resolución judicial que dibuje los límites marítimos, puesto que ellos sólo los consideran pesqueros. Para Santiago, sin embargo, los límites ya fueron fijados en una declaración de 1952 y en otra de 1954. La demanda abarca una extensión del océano Pacífico en la zona fronteriza entre las ciudades de Tacna (Perú) y Arica (Chile). Esta localidad perteneció a Perú hasta la Guerra del Pacífico (1879-1884), en la que Chile arrebató a Bolivia su territorio de costa, situado al sur de Arica. Una eventual declaración a favor de Perú bloquearía cualquier posibilidad de salida al mar para La Paz.
"Buscamos una solución pacífica, de equidad, a un tema que lleva anclado muchos años", defiende en conversación telefónica con EL PAÍS el canciller peruano, José García Belaúnde, quien al ser preguntado acerca de qué tiene que perder Perú en este tema, responde tajante: "No tenemos nada que perder, hemos hecho una oferta de paz para solucionar un asunto", insiste.
Su homólogo chileno, Mariano Fernández, discrepa: "La pretensión peruana de hacer un trazado distinto del existente está alejada de la realidad de lo que ocurre en toda la costa del Pacífico de nuestra subregión. De norte a sur de la costa del Pacífico, en América del Sur, existe un sistema jurídico de límites marítimos fijados sobre los paralelos. Perú quiere introducir ahora otra figura geográfica, lo que francamente carece de consistencia", argumenta Fernández a este periódico.
Más allá de lograr o no recuperar los 35.000 kilómetros de área marítima, hay quien piensa, sobre todo desde la vertiente chilena, que la demanda de Perú ha de interpretarse en clave interna. "Uno de los motivos es detener el avance nacionalista de Ollanta Humala [líder del Partido Nacionalista Peruano y rival presidencial de Alan García en las últimas elecciones]", explica Cristian Garay, profesor de la Universidad de Chile. Desde el inicio de su segundo mandato en julio de 2006, García ha sufrido el desgaste de los grupos nacionalistas. Su popularidad, que ha remontado los últimos meses, estaba por los suelos. El argumentario antichileno da bastantes réditos en Perú, por lo que la demanda puede catapultar de nuevo al líder del APRA. A pesar de todo, el canciller García Belaúnde niega esta posibilidad. "El presidente no tiene otros problemas que no tengan otros Gobiernos. No lo manejamos en clave interna", enfatiza.
Chile, cuyas relaciones con el mundo son excelentes, pero muy complicadas con sus vecinos, no ha impugnado aún la competencia de La Haya -tampoco lo ha descartado, según confirma el propio canciller- porque se encuentra dentro del plazo de tres meses para presentar lo que se denominan excepciones preliminares, es decir, hasta el 19 de junio. Aunque en un primer momento, la no impugnación se ha considerado como una primera derrota chilena, para muchos analistas la presentación de la memoria de Perú es muy débil y los argumentos chilenos, bastantes sólidos como para dejar actuar a la Corte Internacional en una primera instancia. Chile podría pedir la incompetencia de La Haya durante la contramemoria, en un plazo de un año, o durante el juicio oral.
Aunque no se trata de un proceso negociador, Chile ha puesto a trabajar un fuerte equipo diplomático, encabezado por la segunda autoridad de la Cancillería, el subsecretario Alberto Van Klaveren. La demanda es una cuestión de Estado en Chile, apenas hay voces disonantes entre las distintas formaciones políticas.
En todo este mar de roces entre ambos países, hay un tercero, Bolivia, que no se ha querido mantener al margen y ha provocado un conflicto triangular. Si La Haya diese la razón a Perú en su demanda, se bloquearía una de las posibles salidas al mar que tanto ansía La Paz. La crítica a la actuación de Lima ha llegado a poner de acuerdo a políticos enfrentados permanentemente con el ex presidente Jorge Quiroga o el actual mandatario, Evo Morales. Si ejecutivo no descartó la semana pasada la posibilidad de llevar también a La Haya su exigencia. "Si fuese boliviano, yo lo haría", asegura Cristian Garay, quien reconoce que "es más compleja" la petición de La Paz que la de Lima.
Aunque ambos Ejecutivos niegan un enfriamiento de las relaciones bilaterales, Alan García y la presidenta chilena, Michelle Bachelet, apenas han tenido contacto estos días. Pero lo cierto es que el tejido empresarial chileno en Perú es fuerte. En medio de una crisis económica profunda, es una garantía, según los analistas, de que no van a permitir que el caso vaya a más.
Tomado de El País de España

Cuando culmino de dictar las causas del conflicto de 1879, me centro en las heridas dejadas por la guerra y las condiciones del Tratado de Ancón, que no tenían cuándo cicatrizar. Recordemos que el problema era cómo definir los términos para la celebración del plebiscito que decidiera el futuro de las provincias de Tacna y Arica. Asimismo, muestro cómo, desde inicios del siglo XX, la política chilena estuvo destinada a hacer fracasar la consulta popular desarrollando la nefasta política de "chilenización" de los territorios ocupados, organizando la migración de ciudadanos chilenos y hostilizando a la población peruana. Ambas situaciones fueron comprobadas por los miembros de las comisiones mediadoras estadounidenses por lo que, en 1922, se decidió someter el caso al arbitraje de los Estados Unidos.
El gobierno de Washington se inclinó por la realización del plebiscito señalando que debían votar todos los peruanos y chilenos con dos años de residencia en las zonas ocupadas. Chile, que había llevado gran cantidad de sus ciudadanos, estuvo de acuerdo. Sin embargo, cuando el gobierno de Santiago se dio cuenta, gracias a los cálculos de la votación, que perdería la consulta prolongó el asunto hasta que los delegados arbitrales decidieron no celebrarla en tales condiciones.
En 1926 el general William Lassiter -sucesor del general John Pershing en la delegación arbitral- concluyó que era imposible convocar al plebiscito, dejando entrever que Chile era culpable del impasse. En 1928, por un pedido expreso de Washington, se reabrieron las embajadas en Lima y Santiago, insinuándose así los primeros pasos a un arreglo. Por fin, casi después de medio siglo, la seria cuestión sería resuelta por el Tratado de Lima que sancionó la renuncia al fracasado plebiscito. El tratado significó la pérdida de Arica y la recuperación de Tacna al territorio peruano. Un protocolo complementario terminó obligando a Chile construir un "malecón de atraque" en Arica para uso del Perú y darle allí franquicias propias de un puerto libre.
En este sentido, me parece pertinente insistir en que Leguía quiso disimular su participación en las negociaciones a fin de evitar responsabilidades en el acuerdo y hacer creer a la opinión pública que la decisión se debió a las negociaciones norteamericanas (¿presión norteamericana?). Asimismo, insisto en que, finalmente, se impuso el deseo chileno de ponerle fin a la contienda defendiendo la tesis de la partición territorial. Esto lo matizo diciendo que en Chile el Tratado del 29 es visto como una derrota diplomática pues si bien el Perú renunció a Arica, no dejó de tener presencia en dicho puerto.
Es importante recordar aquí que el Tratado del 29 se firmó cuando el Perú vivía bajo la figura omnipotente de Leguía. Nunca el personalismo había adquirido tanta dimensión en la política peruana. Con la crisis económica desatada entre 1828 y 1829, esa omnipotencia se transformó en hartazgo generalizado. El Congreso no corrió mejor suerte. La Constitución del 20 suprimió la renovación por tercios del parlamento para ser implantada la renovación total. De esta manera, arrinconada la oposición, el Congreso se convirtió en el reducto de los amigos del Presidente a quienes se les ofrecía la representación de tal o cual provincia o departamento. Así se comprende cómo el Congreso pudo aprobar medidas tan polémicas como las concesiones a la International Petroleum de los yacimientos de la Brea y Pariñas, las dos reelecciones de Leguía y, obviamente, los arreglos con Colombia y Chile.
El Tratado de 1929 sancionó la pérdida definitiva de Arica para el Perú. A 80 años de firmado el acuerdo, ¿era posible otro arreglo del que se dio? Si revisamos el contexto, creemos que no:
1. Se había agotado la posibilidad del plebiscito
2. Se había agotado la posibilidad del arbitraje
3. La crisis económica de 1928 y 1929
4. La política de Washington de que América Latina resuelva sus conflictos limítrofes dentro de los intereses norteamericanos
5. La política de Leguía de resolver todos nuestros problemas fronterizos como otro punto de partida para fomentar el “progreso”
Según Alberto Ulloa, el Tratado de Lima o Tratado del 29 puso fin a “las consecuencias materiales, jurídicas y morales de la Guerra de 1879”. Nosotros discrepamos con la sentencia de Ulloa. El Tratado del 29 puso fin a las consecuencias jurídicas pero no a los efectos materiales y, menos aún, a los daños morales de la guerra.
Una reflexión final: Hoy la historia no tiene por qué cargar con el patriotismo. La historia “patriótica” solo era entendible en el contexto de la creación y consolidación de los estados-nacionales en los siglos XIX y buena parte del siglo XX. Hoy debe verse la historia como una disciplina académica que debe acercarse a la realidad, sea como ella fuere. Solamente en ese nivel ético puede moverse el historiador, como en un plano ideal, aunque esté lleno de baches que no pueden evitarse, porque la objetividad absoluta no existe y siempre están las falsas percepciones de cada uno. A pesar de ello, no podemos renunciar a la objetividad pues en caso contrario quedaríamos entregados a la arbitrariedad. Recordemos que entre los peores factores de distorsión se encuentra la emotividad y toda “historia patriótica” está cargada de ella. Soy partidario de revisar el conocimiento histórico, tarea más problemática en Perú y Bolivia que en Chile. Pero debe ser intentada de cualquier manera por respeto a la disciplina histórica y por razones prácticas en un mundo que busca la integración como base del futuro.

Arica a inicios del siglo XX
El gobierno de Washington se inclinó por la realización del plebiscito señalando que debían votar todos los peruanos y chilenos con dos años de residencia en las zonas ocupadas. Chile, que había llevado gran cantidad de sus ciudadanos, estuvo de acuerdo. Sin embargo, cuando el gobierno de Santiago se dio cuenta, gracias a los cálculos de la votación, que perdería la consulta prolongó el asunto hasta que los delegados arbitrales decidieron no celebrarla en tales condiciones.
En 1926 el general William Lassiter -sucesor del general John Pershing en la delegación arbitral- concluyó que era imposible convocar al plebiscito, dejando entrever que Chile era culpable del impasse. En 1928, por un pedido expreso de Washington, se reabrieron las embajadas en Lima y Santiago, insinuándose así los primeros pasos a un arreglo. Por fin, casi después de medio siglo, la seria cuestión sería resuelta por el Tratado de Lima que sancionó la renuncia al fracasado plebiscito. El tratado significó la pérdida de Arica y la recuperación de Tacna al territorio peruano. Un protocolo complementario terminó obligando a Chile construir un "malecón de atraque" en Arica para uso del Perú y darle allí franquicias propias de un puerto libre.
En este sentido, me parece pertinente insistir en que Leguía quiso disimular su participación en las negociaciones a fin de evitar responsabilidades en el acuerdo y hacer creer a la opinión pública que la decisión se debió a las negociaciones norteamericanas (¿presión norteamericana?). Asimismo, insisto en que, finalmente, se impuso el deseo chileno de ponerle fin a la contienda defendiendo la tesis de la partición territorial. Esto lo matizo diciendo que en Chile el Tratado del 29 es visto como una derrota diplomática pues si bien el Perú renunció a Arica, no dejó de tener presencia en dicho puerto.
Es importante recordar aquí que el Tratado del 29 se firmó cuando el Perú vivía bajo la figura omnipotente de Leguía. Nunca el personalismo había adquirido tanta dimensión en la política peruana. Con la crisis económica desatada entre 1828 y 1829, esa omnipotencia se transformó en hartazgo generalizado. El Congreso no corrió mejor suerte. La Constitución del 20 suprimió la renovación por tercios del parlamento para ser implantada la renovación total. De esta manera, arrinconada la oposición, el Congreso se convirtió en el reducto de los amigos del Presidente a quienes se les ofrecía la representación de tal o cual provincia o departamento. Así se comprende cómo el Congreso pudo aprobar medidas tan polémicas como las concesiones a la International Petroleum de los yacimientos de la Brea y Pariñas, las dos reelecciones de Leguía y, obviamente, los arreglos con Colombia y Chile.
El Tratado de 1929 sancionó la pérdida definitiva de Arica para el Perú. A 80 años de firmado el acuerdo, ¿era posible otro arreglo del que se dio? Si revisamos el contexto, creemos que no:
1. Se había agotado la posibilidad del plebiscito
2. Se había agotado la posibilidad del arbitraje
3. La crisis económica de 1928 y 1929
4. La política de Washington de que América Latina resuelva sus conflictos limítrofes dentro de los intereses norteamericanos
5. La política de Leguía de resolver todos nuestros problemas fronterizos como otro punto de partida para fomentar el “progreso”
Según Alberto Ulloa, el Tratado de Lima o Tratado del 29 puso fin a “las consecuencias materiales, jurídicas y morales de la Guerra de 1879”. Nosotros discrepamos con la sentencia de Ulloa. El Tratado del 29 puso fin a las consecuencias jurídicas pero no a los efectos materiales y, menos aún, a los daños morales de la guerra.
Una reflexión final: Hoy la historia no tiene por qué cargar con el patriotismo. La historia “patriótica” solo era entendible en el contexto de la creación y consolidación de los estados-nacionales en los siglos XIX y buena parte del siglo XX. Hoy debe verse la historia como una disciplina académica que debe acercarse a la realidad, sea como ella fuere. Solamente en ese nivel ético puede moverse el historiador, como en un plano ideal, aunque esté lleno de baches que no pueden evitarse, porque la objetividad absoluta no existe y siempre están las falsas percepciones de cada uno. A pesar de ello, no podemos renunciar a la objetividad pues en caso contrario quedaríamos entregados a la arbitrariedad. Recordemos que entre los peores factores de distorsión se encuentra la emotividad y toda “historia patriótica” está cargada de ella. Soy partidario de revisar el conocimiento histórico, tarea más problemática en Perú y Bolivia que en Chile. Pero debe ser intentada de cualquier manera por respeto a la disciplina histórica y por razones prácticas en un mundo que busca la integración como base del futuro.

Arica a inicios del siglo XX








