Archivos

Archivo de marzo 2009
Categoría: General
Publicado por: jorrego

Visto: 5303 veces
Cuando dicto en mi Universidad la Guerra del Pacífico me detengo, sobre todo, en las causas del conflicto. Insisto en ello para que mis alumnos comprendan por qué Perú, Bolivia y Chile llegaron al enfrentamiento. Asimismo, insisto en no ver el tema sólo desde el punto de vista peruano. Analizamos la bibliografía de los tres países para tener una perspectiva más amplia, menos subjetiva y, por lo tanto, menos acusatoria. En lugar de insistir tanto en la agresión o el expansionismo del enemigo, piedra angular de nuestra visión de la guerra, tratamos de ver los errores de los gobiernos de entonces que bien pudieron evitar un conflicto tan dramático con una pérdida territorial que hasta hoy duele en Bolivia y el Perú. Me doy cuenta, por ejemplo, que sabemos poco de la historia de Chile; por ello, en primer lugar, quisiera centrarme en 2 puntos:

I. Entender la lógica del expansionismo chileno en el siglo XIX

II. Revisar algunos temas que afectaron directamente el estallido del conflicto: el Tratado de Alianza Secreta, El Tratado de 1874 y la política del Perú frente al salitre de Tarapacá y el contexto histórico en el que se firmó el Tratado de 1929.

Chile nació como país independiente sin mayores contratiempos. Es cierto que en la década de 1820 tuvo un relativo desorden político pero ya en 1833, quince años de conseguida la separación de España, su clase política diseñaba, de la mano de Diego Portales, un sistema de gobierno y las bases de un estado nacional. Mientras los demás países de la región aprobaban constituciones provisionales y se sumían en la anarquía, la Constitución chilena de 1833 reflejaba fielmente el escenario social y lo perpetuaba. Consagró el presidencialismo y el centralismo; además, le dio a la oligarquía conservadora el control del país por lo menos en los próximos 30 años.

Todo esto se vio favorecido, de un lado, por el perfil del territorio. Era un país estrecho, compacto y manejable. Se extendía desde la zona minera del Copiapó hasta el río Bío-Bío en el sur, más allá del cual los indios araucanos, unos 200 mil, preservaban tenazmente su identidad e independencia. La mayoría de los chilenos, un millón al momento de la independencia, vivía en la región del valle central al sur de Santiago (productor de fruta y cereal). Había unificación étnica, clave de la estabilidad social: una minoría blanca y una mayoría mestiza; el número de negros y mulatos era muy reducido, y los indios vivían excluidos al sur. Esto hacía que la sociedad chilena estuviera compuesta por una reducida elite criolla terrateniente y de una masa de trabajadores agrícolas y mineros. También había comerciantes, empresarios mineros y profesionales liberales que, en su mayoría, también recurrían a la posesión de tierras como símbolo de prestigio social. En este escenario, a pesar de una evidente conciencia racial, no había conflicto social.

Por ello, mucho se ha hablado del carácter atípico de la política chilena. También se ha hablado, a nivel de la política internacional, de la vocación “aislacionista” del país y su poca voluntad a la integración. El historiador y diplomático chileno, Mario Barros, sostiene que, al analizar el epistolario de Portales, se podría sostener, por un lado, que –para el Ministro- jamás Chile debe imponer sus sistema de gobierno a otras naciones. Del otro, no debe entrometerse en los problemas internos de otras naciones, aunque se la llame; debe plantear su política dentro de sus fronteras y teniendo en cuenta inmediata tan solo el provecho de Chile.

Este fenómeno “excepcional” se debió, en síntesis, a 3 razones:

a. La ausencia de una verdadera nobleza y la temprana formación de una burguesía surgida a partir de los años treinta con la bonanza exportadora

b. El aislamiento colonial, una geografía compacta y un resentimiento colectivo contra Lima. Desde inicios del siglo XIX, entonces, ya existía en germen una suerte de “raza chilena” que, una vez independiente, inventó expresiones políticas muy suyas.

c. La existencia de una clase política que, habiéndose formado en los primeros 20 años de vida republicana, llegó a controlar los resortes del poder y, aprovechando de ello, se dedicó a auto-reproducirse. El resto de países de la región, desprovistos de esta clase dirigente, tardaron en construir, mantener y consolidar sus respectivos estados.

Lo anterior sería el lado “brillante” de la experiencia chilena. Su lado “oscuro” sería la gestión estatal respecto a la periferia territorial y social. Respecto a la primera, a diferencia de otros países de la región, donde su crecimiento se dirigió a territorios relativamente vacíos, en Chile la expansión se orientó hacia espacios ya poblados. El espacio del sur era suyo (la Araucanía), mientras que los del norte pertenecieron al Perú y a Bolivia.

La “solución” al problema fue la guerra. La implantación del país se hizo mediante la fuerza. No en vano a los chilenos se les llamó “los prusianos de América Latina”. Mario Góngora, gran historiador chileno, recoge la imagen de Chile como “país de guerra”. La guerra fue el hilo conductor de la formación del estado-nación. En el siglo XIX, cada generación vivió una guerra: la Independencia, la lucha contra la Confederación, la Guerra del Pacífico y la ocupación de la Araucanía, culminada esta última en la década de 1890. Respecto a la periferia social, la victoria sobre los araucanos significó la expropiación de sus tierras y una política con dimensión cultural: un avance de la “civilización occidental” frente a la “barbarie indígena”. Cabe anotar que la anexión de los territorios peruanos y bolivianos también respondió a ese esquema mental: el triunfo chileno fue consecuencia de la superioridad de un país blanco-mestizo sobre países o zonas básicamente indígenas.

Respecto a los antecedentes del la guerra, quisiera formular algunos comentarios, en primer lugar, al polémico Tratado de Alianza Secreta con Bolivia. Según la opinión peruana, encabezada por Basadre, este tratado debió contar también con la participación de Argentina, pero diversos motivos fueron postergando su adhesión que, finalmente, nunca llegó.... esta alianza habría sido prácticamente invencible... si la alianza tripartita no se pudo concretar, se debió romper o abandonar la alianza bilateral con Bolivia. Al respecto, me permito hacer 4 ampliaciones:

1. Bolivia buscó la alianza con el Perú debido a la expedición, en 1871, del general Quintín Quevedo, un militar boliviano “melgarejista”, quien con otros adeptos comenzó a fraguar en Valparaíso un complot para derribar al presidente Agustín Morales. Bolivia acusó a Chile de apoyar a Quevedo. Chile, en este caso, se entrometía en los asuntos internos de Bolivia apoyando a un militar de las filas de Mariano Melgarejo quien, en 1866, había dado importantes concesiones territoriales y económicas a Chile en el Atacama.

2. Ante esa situación, y viendo la conveniencia de un tratado defensivo, el Perú debió buscar primero la alianza con Argentina. De no concretarse aquella, ya no aliarse con Bolivia, un país anárquico y sin presencia militar.

3. Respecto a la inclusión de Argentina al Tratado, es cierto que tenía un diferendo con Chile por la Patagonia y parecía un aliado natural de Perú y Bolivia. Pero, por otro lado, Argentina tenía un conflicto fronterizo con Brasil (lo que hubiera desencadenado una alianza chileno-brasileña) y una disputa nada menos que con Bolivia por unos territorios en Tarija.

4. En 2002, el historiador y diplomático brasileño, Luis Claudio Villafañe Gomes Santos publicó un importante libro titulado El Imperio y las repúblicas del Pacífico: las relaciones del Brasil con Chile, Bolivia, Perú y Colombia (1822-1889). El aporte del profesor Villafañe es que utilizó documentos hasta entonces no trabajados del Archivo Histórico del Palacio de Itamaraty. El libro demuestra cómo hacia la década de 1870, el Imperio del Brasil seguía de muy atento cualquier política de alianzas en la región que podía estar en contra suya. En octubre de 1873, el ministro de Brasil en Argentina, informó a su Cancillería de las sesiones secretas del parlamento argentino con el objeto de formar una alianza tripartita con Perú y Bolivia. Esa información también se la remitió al representante chileno en Buenos Aires quien inmediatamente informó a Santiago. Asimismo, el libro reseña la carta que le envió el ministro brasileño en Lima a nuestro canciller, José de la Riva-Agüero, expresándole su preocupación por la posible alianza tripartita. Como si esto fuera poco, el libro describe cómo en marzo de 1874, el ministro brasileño en Santiago confirmaba al gobierno chileno la existencia del Tratado Secreto entre Perú y Bolivia y que se quería extenderlo a Argentina. Por último, el profesor Villafañe describe cómo el gobierno imperial no se dejó seducir por la oferta chilena de una alianza militar y que sólo buscó evitar que Argentina se adhiriese al pacto peruano-boliviano.

5. Si en ninguna parte del texto aparecía la palabra Chile, entonces para qué hacerlo “Secreto”. Esa fue el arma que utilizó Chile para denunciar internacionalmente luego que entre Perú y Bolivia había un complot contra ellos.

Respecto al Tratado de 1874, llamado también Tratado de Sucre, en él se estableció el mismo límite que en el Tratado de 1866 (paralelo 24°) y se puso término al régimen de comunidad, es decir, a la intervención de funcionarios chilenos. Con este acuerdo, parecieron resueltos los problemas entre Bolivia y Chile, y el Perú, lejos de poner obstáculos para su celebración, se felicitó por ello.

Habría que añadir que mientras se arreglaban las disputas entre Chile y Bolivia, el Perú perdió interés en el Tratado Secreto porque había fallado la tercera pieza, Argentina, y por el hecho de que las relaciones entre Argentina y Bolivia quedaban deterioradas. En ese sentido, el Tratado de 1874 podría ser visto como un revés para la posición peruana, agregándose luego la llegada de los blindados chilenos, Cochrane y Blanco Encalada, que cambiaron la balanza del poder naval en el Pacífico sur.

Respecto a los blindados, que definitivamente inclinaban a favor de Chile la supremacía naval en el Pacífico, teniendo en cuenta que Bolivia, simplemente, carecía de escuadra, debemos decir lo siguiente: Chile los mandó construir en 1872 y no después del Tratado Secreto, como a veces se piensa. Es por ello que el gobierno de Balta conoció la noticia y mandó construir para el Perú dos blindados superiores, encargo que, finalmente, el siguiente gobierno, el de Manuel Pardo, canceló por la severa crisis económica que heredó y por la propia filosofía del Partido Civil de cortar el poder duradero de las fuerzas armadas en los asuntos políticos de la nación.

¿Por qué Chile mandó construir dos blindados? Hubo tres razones:

1. El Conflicto con España, entre 1865 y 1866, puso en evidencia la debilidad chilena en el mar, tanto que tuvieron que soportar el feroz bombardeo a Valparaíso por la escuadra española. Si Portales había reclamado para Chile la supremacía naval en el Pacífico, hasta por lo menos la década de 1860 los dirigentes de Santiago no habían cumplido con las demandas del Ministro.

2. Las tensas relaciones con Argentina por la Patagonia.

3. Las tensas relaciones con Bolivia por resolver el Tratado de 1866 que había quedado en suspenso con la caída de Melgarejo. Este era el tema más importante.

Sin embargo, cuando Bolivia y Chile llegan a un acuerdo en 1874 y el gobierno de La Paz se compromete a no elevar el impuesto al salitre por 25 años, el cuadro internacional se distendió. Tan confiado quedó el gobierno de Santiago con este arreglo que decidió la venta del Cochrane y del Blanco Encalada. El Cochrane fue enviado a Europa con ese objeto y para hacerle algunas modificaciones. En marzo de 1878 el ministro chileno en Francia, Alberto Blest Gana, aprovechando la guerra entre Rusia y Turquía, que amenazaba propagarse a otras naciones, ofreció los blindados a Gran Bretaña. Pero el almirantazgo británico ya había adquirido otras naves y no mostró interés. Blest Gana pensó ofrecer los blindados a Rusia o Turquía; pero las negociaciones tomarían mucho tiempo y pareció más prudente detener las gestiones y disponer el regreso del Cochrane. Sin embargo, el presidente Pinto insistió en al venta de esta nave. Además, ese mismo año, el presidente Pinto, debido a la crisis económica, se vio obligado a reducir los gastos militares, el contingente armado y hasta la policía. Este ánimo de desarme era tan evidentes que el mismo José Antonio de Lavalle lo reconoció en sus Memorias.

La Guerra del Pacífico es llamada, con justa razón, la “guerra del salitre”. Los tres países veían al salitre del desierto como una gran fuente de ingresos en un momento de gran presión financiera durante la década de 1870. En este contexto, hay que recordar que la explotación del nitrato, tanto en el Atacama boliviano como en el Tarapacá peruano, corría a cargo de empresas y de empresarios particulares, en su mayoría chilenos y británicos, sin la participación directa del Estado en ninguna de las dos zonas.

Ese contexto empezó a cambiar cuando en 1872 Manuel Pardo, ante la crisis económica, decidió nacionalizar el salitre y dejar fuera del negocio a los empresarios privados. Una comisión de salitreros, encabezada por Guillermo Billinghurst, viajó hasta Lima a reclamarle a Pardo por su decisión. Los salitreros le advirtieron a Pardo sobre los peligros de que el Estado maneje el recurso; le propuso, incluso, que el Estado aumente el impuesto para su explotación pero que mantenga el negocio en manos privadas. Pardo se negó y con esta decisión, cometía un grave error, como lo reconoce el propio Basadre. Empresarios peruanos, chilenos y británicos se vieron despojados y muchos de ellos tuvieron que retirarse al Atacama boliviano.

Pero en 1878 el presidente Hilarión Daza, ante la severa crisis financiera de su país, establece el famoso impuesto de los 10 centavos. Este impuesto violaba el Tratado de 1874 por lo que la Compañía de Salitre de Atacama se negó a pagar el impuesto. Daza decidió, entonces, nacionalizar el salitre. Los salitreros se veían nuevamente despojados del negocio al igual que 5 años antes en el Perú. Así entendemos por qué en Chile se pensó que Daza actuaba movido por el Perú quien quería apoderarse de todo el salitre de la zona. Esto, acompañado por la existencia de un Tratado Secreto, desencadenó la crisis de 1879 y la guerra.

null
Cobija, puerto boliviano (siglo XIX)

Categoría: General
Publicado por: jorrego

Visto: 1898 veces
Podría ser un recluso cualquiera en cualquier prisión de Estados Unidos. Pero su gesto es inconfundible. La imagen de sus ojos -marrones, almendrados, cansados- ha dado la vuelta al mundo. También le delata la esvástica que, durante su juicio, se grabó en la frente, corte a corte, hasta convertirla en una cicatriz que ha ido adquiriendo un tono violáceo a lo largo de estos 40 años.

Charles Manson, de 74 años, no es un preso cualquiera. Es el perpetrador de una de las matanzas más sonadas de la historia del crimen en Estados Unidos. El correccional de Corcoran, en el que cumple su cadena perpetua, ha difundido ahora una foto del asesino tomada hace dos semanas. Si no fuera por su oscuro pasado y sus delirios de grandeza, Manson parecería un pacífico septuagenario cualquiera.

Durante dos noches de agosto de 1969, en plena eclosión hippy, Manson y su grupo de seguidores, una comuna conocida como La Familia, asesinaron a siete personas, entre ellas, la actriz Sharon Tate, esposa del cineasta Roman Polanski, que estaba embarazada de ocho meses y medio. Con su sangre pintaron la palabra cerdo en la puerta del chalé. La acusación demostró entonces que Manson y sus seguidores querían desatar el caos mundial con sus propias manos, incitando una guerra de razas en la que ellos acabarían dominando un mundo habitado exclusivamente por personas de raza negra. Estas ideas provenían de una profecía que Manson creyó detectar en la canción de los Beatles Helter Skelter.

Ahora, después de cuatro décadas, el asesino más famoso de EE UU pasa sus días con otros presos a los que se considera altamente peligrosos. Cada mañana desayuna cerca del asesino de Robert Kennedy, Sirhan Sirhan. Se cruza en el patio con Juan Corona, que mató en los años setenta a 25 trabajadores temporeros de California. Juega al ajedrez, bebe zumos y recibe visitas.

"Vive solo en su celda, aunque fuera de ella puede pasar entre seis y ocho horas diarias en contacto con otros presos. De él depende si quiere entrar en contacto con ellos o no", explica I. Decker, portavoz de la prisión. "Los sábados y domingos puede recibir visitas entre las ocho y media y la una y media. De hecho, recibe mucho, gente diferente que viene a verle".

Los seguidores de Manson siguen intentando conseguir el privilegio de pasar unas horas con el macabro profeta. Su leyenda continúa atrayendo a numerosos fanáticos de todo el mundo. Se crean clubes de seguidores con su nombre. Ha inspirado a artistas góticos como Marilyn Manson, que le robó el apellido. Recibe cartas de adolescentes fascinados por su oscura y hermética verborrea, sus apocalípticas profecías y su perseverancia en la impenitencia.

"Esta gente ha encontrado a Manson en su búsqueda de algo más allá de su propio ser. Buscan a un nuevo tipo de dios, y esa búsqueda la unen con una rebeldía cultural que les hace ver en Manson al diablo, a Satanás", explica el psicólogo Stephen Diamond, autor del libro Anger, Madness, and the Daimonic. "Manson encarna como nadie la leyenda de Lucifer, expulsado del paraíso por su rebeldía. En cierto modo, es la imagen de la maldad, un mito capaz de fascinar a miles de personas que se sienten perdidas existencialmente en una generación nihilista que cada vez se ve más carente de valores".

Manson se considera mitad Jesucristo, mitad Satanás. En 1987 concedió una sonada entrevista al Today Show de la cadena NBC. La mayoría de su contenido fue vetado hasta 2007, por considerarse una falta de respeto a las víctimas. "Ahora me venís y me decís que Charlie Manson es el padre de nuestra patria", dice en la cinta. "Me condenáis por ser Jesucristo. Me condenáis por ser el demonio. Me condenáis por ser responsable de vuestras acciones. No soy responsable de las acciones de nadie, aparte de las mías propias".

Si no hubiera sido juzgado en 1971, Manson hubiera acabado sus días no en la cárcel, sino en la silla eléctrica o la cámara de gas. De hecho, se le condenó a muerte. Pero un año después, el Tribunal Supremo de California ilegalizó temporalmente ese tipo de sentencias y convirtió su condena en cadena perpetua. El año próximo tendrá la oportunidad de solicitar la libertad condicional. Hasta ahora se le ha denegado en 11 ocasiones. Manson no es un recluso siempre pacífico. Según la portavoz del correccional, el año pasado sufrió una amonestación disciplinaria cuando los guardas descubrieron un arma casera en su celda. Su oscuro y macabro magnetismo no parece apaciguar a sus compañeros de prisión. En 1999, un grupo de reclusos se amotinó, irrumpió en la zona de alta seguridad y agredió a Manson y a otros presos peligrosos. "Atacar a uno de estos presos es como colgarse una gran medalla al honor", explicó el portavoz de entonces, Tip Kindel. Ya en 1984, mientras pasaba una temporada en un centro médico en la localidad de Vacaville, un grupo de reclusos vertió un bote de disolvente sobre su cuerpo. Sufrió quemaduras de segundo y tercer grado en un 20% de su cuerpo.

En todas estas ocasiones, Manson ha logrado salvarse. Ha podido volver a sus actividades favoritas: a jugar al ajedrez en el patio, leer la Biblia, defender el ecologismo y recibir visitas. Si no fuera uno de los hombres que mejor han encarnado el mal en la vida real, cualquiera diría que lleva la rutina de un jubilado cualquiera. Pero en este jubilado vive, según sus fieles, la semilla del diablo. (David Alandete)

Tomado de El País de España (29/03/09)
null
Manson en una fotografía reciente
Categoría: General
Publicado por: jorrego

Visto: 1714 veces
La compañía norteamericana Sheraton Hotels & Resorts llegó al Perú a finales de la década de 1960 y empezó la construcción de su hotel al costado sur del Centro Cívico de Lima, donde antiguamente se ubicaba la Penitenciaría de Lima, conocida como el Panóptico. Como se recuerda, el edificio del nuevo hotel 5 estrellas, inaugurado en 1971, formó, junto con la “Torre de Lima” del Centro Cívico, una vista clásica del skyline limeño predominante durante los años setenta. De otro lado, al estar ubicado en la Plaza de los Héroes Navales, el Hotel ha tenido una participación activa en la vida política del Perú sirviendo de estrado de los mítines políticos que se han celebrado en dicha plaza. El Hotel cuenta con un casino, dos restaurantes, piscina, gimnasio y una cancha de tenis; tiene 431 habitaciones, incluyendo 21 suites y 2 habitaciones para discapacitados. Asimismo, ofrece 7 salas de conferencias; la mayor de ellas tiene capacidad para más de mil personas.

null
Fuente: arkivperu.com
null
null
Categoría: General
Publicado por: jorrego

Visto: 1040 veces
La historia financiera del mundo contemporáneo sitúa a Doña Baldomera, hija de Mariano José de Larra, como la fundadora y creadora del fraude piramidal en los años setenta del siglo XIX

El martes 24 de marzo hará dos siglos del nacimiento de Mariano José de Larra. La herencia de Fígaro, su más popular seudónimo, no se limita a sus escritos o a su pensamiento progresista. Su hija, Baldomera Larra Wetoret, también tuvo fama, quizás más que su padre, debido a una rocambolesca y piramidal historia de ingeniería financiera.

Pase que de manera cíclica surjan teorías que apuntan a que América no fue descubierta por los españoles, que Don Juan no tiene su origen en la literatura de Tirso de Molina y Juan de la Cueva y, lo que es más sangrante, que Cervantes no era español. Pero lo que no es de recibo, es que pretendan robarle el mérito a Doña Baldomera de ser la auténtica inventora del timo piramidal, lo que la convierte en la primera estafadora moderna de la historia. Y no es poco teniendo en cuenta que era mujer y su negocio funcionó en la década de los setenta, pero del siglo XIX.

El reconocido escritor Juan Eduardo Zúñiga, uno de los mayores conocedores de la vida y obra de Fígaro, estuvo preparando durante años una biografía sobre él que no pudo abordar solo. De aquella inmersión nació Flores de plomo (editorial Alfaguara), que la crítica ensalzó sin ambages y que gira en torno a situaciones y personajes que rodearon a Larra los días anteriores a su suicidio. Zúñiga también está al tanto de las andanzas de la hija de su investigado. La trata como de la familia, apeándole el doña y dejándola en un simple Baldomera. "La vida de ella y sus hermanos es muy tangencial, apenas convivieron con el padre, y no hay ningún estudio en profundidad sobre ella, quizás porque no lo requiere. Su madre, que era un poco simple y se decía que no tenía muchas luces, al enviudar recurrió a la propia reina para solicitar ayuda", dice de Josefa Wetoret, que pudo meter a su hijo en las escuelas pías y dejó a las dos chicas con ella. "Hicieron buenas bodas ya que eran atractivas y elegantes", cuenta Zúñiga.

Doña Baldomera casose con Carlos de Montemayor, médico de la Casa Real. Y su hermana Adela, que también hizo buena boda, tuvo más de un porqué con el mismísimo rey Amadeo de Saboya. Cuando el marido de Baldomera, afrancesado él, se quedó desplazado cuando el rey salió por patas en 1873 y llegó Alfonso XII, terminó yéndose a por tabaco a Cuba y dejó a Baldomera e hijos en situación harto precaria. Ella tuvo que acudir a prestamistas a los que pagaba un interés muy grande. Todo hace suponer que fue ahí cuando le vino la idea e inició sus operaciones prometiendo al que le dejaba una onza de oro que en un mes la devolvería duplicada.

Cumplió y se corrió la voz por Madrid. Cada vez atraía a más clientes y terminó fundando La caja de imposiciones, frente a la cual se formaban largas colas, primero en la calle de la Greda (hoy Los Madrazo), después en la plaza de la Cebada; y cuando el negocio fue boyante, en la plaza de la Paja (donde estuvo el teatro España). Operaba a la vista de todos pagando un 30% mensual, con el dinero que le daban los nuevos impositores. Se dijo que llegó a recaudar 22 millones de reales y Zúñiga cifra los afectados en 5.000. Su fama trascendió fronteras como lo demuestran periódicos de entonces como Le Figaro de Paris y L'Independance Belge de Bruselas.

Su método es el origen de los esquemas de Ponzi (1920), quien tras salir de la cárcel se convirtió en asesor financiero de Mussolini y al que muchos le atribuyen, doblemente equivocados, ser el primero en este tipo de estafas piramidales cuando la pionera es mujer y española, y en cualquier caso William Miller ya hizo una estafa piramidal en 1899. Se conocen otros casos como Gescartera (2001), Patrick Bennett (1996), Haligiannis (2005), Sofico (1974), Fidecaya (1982), Banesto (1993) o el reciente entramado de Madoff, entre otros.

Pero hay que dejar claro que la primera fue Doña Baldomera, a la que sus muchos agradecidos llamaron "la madre de los pobres", aunque su apodo más popular era La Patillas por dos extraños tirabuzones que lucía pegados a las orejas. Cuentan que cuando se le preguntaba en qué consistía su negocio ella se limitaba a contestar: "Es tan simple como el huevo de Colón". Si le preguntaba cuál era la garantía de la Caja de imposiciones en caso de quiebra, contestaba impertérrita: "¿Garantía?, una sola: el viaducto", que precisamente desde entonces es elegido por suicidas para llevar a cabo su último acto.

La quiebra sobrevino en diciembre de 1876 cuando ella desapareció, con todo el dinero que pudo. Valle-Inclán en uno de sus últimos capítulos de El ruedo ibérico la sitúa huyendo en un barco, rumbo a Inglaterra, en el que también viajaba la gran leyenda de la anarquía: Mijail Bakunin.

A partir de ahí alcanzó su momento de gloria. Dos años después se tuvo noticias de que vivía bajo falsa identidad en Auteuil (Francia). El juez encargado del caso solicitó su detención y extradición, cosa que se hizo. Se celebró un juicio y esgrimió en su defensa que se fue porque terminó con menos ingresos que pagos por culpa de la guerra que le hizo la prensa.

La sentencia se publicó en la portada de El Imparcial y de La Época el 26 de mayo de 1879. Y como las mujeres malas siempre van a la cárcel se la condenó, a sus 42 años, a seis años de prisión. A su colaborador se le absolvió. A ella poco después, parece ser que gracias a una campaña de apoyo en la que firmaron desde gente sencilla hasta grandes aristócratas. Muestra de su popularidad son las canciones El gran camelo y Doña Baldomera.

Lo que pasó realmente tras su salida de la cárcel se pierde entre muchas versiones. Que vivió con su hermano Luis Mariano; que se fue a Cuba con su marido y cuando éste murió regresó a casa de su hermano transformada en "la tía Antonia"; que se fue a Buenos Aires donde murió a comienzos del siglo XX. Según Zúñiga, el hijo mayor de Larra, Luis, libretista de zarzuela, no quería que le relacionaran con el padre ni con las dos hermanas: "Debía tener miedo por el suicidio del padre, el devaneo de la hermana mayor con Amadeo y las estafas de Baldomera", comenta el autor de Largo noviembre de Madrid. El inolvidable cronista Luis Carandel definió en EL PAÍS en 2001 a Doña Baldomera como "la primera gescarterista de la historia financiera" (Rosana Torres).

Texto de Rosana Torres publicado en El País de España

null
Retrato de Baldomera Larra (Biblioteca Nacional de España)


Categoría: General
Publicado por: jorrego

Visto: 506 veces
En el hotel King David de Jerusalén se emite en un canal interno de televisión un reportaje sobre la visita de Anuar el Sadat a Jerusalén. Los rostros de los israelíes que aparecen en la película denotan incredulidad y satisfacción a partes iguales. Allí se alojó Sadat en noviembre de 1977 antes de pronunciar un histórico discurso ante la Kneset. Hace hoy justo 30 años, Jimmy Carter, Sadat y Menahem Begin firmaban en la Casa Blanca el acuerdo de paz que acarreó dramáticas consecuencias para Sadat: pagó con su vida. Después de cuatro guerras entre ambos países, Israel conseguía un objetivo perseguido durante años: desactivar la amenaza militar del país musulmán más poblado y que lideraba la comunidad de naciones árabes.

Tuvo que ejercer enorme presión política el presidente Carter para que Begin accediera a devolver hasta el último centímetro del ocupado Sinaí. Y un precio aún mayor pagó Sadat: dos años después, en octubre de 1981, terroristas islamistas abrasaron a balazos el palco en el que Sadat presidía un desfile militar. Egipto, que acoge en El Cairo la sede de la Liga Árabe, fue marginado de la organización y considerado un apestado. La década de los 70 eran los tiempos del Frente del Rechazo: no a la paz con Israel.

Tres décadas después el vuelco es radical. Desde 2002, la Liga Árabe -más capitaneada ahora por Arabia Saudí que por Egipto? propuso el reconocimiento del Estado sionista y el establecimiento de relaciones plenas a cambio de la retirada israelí a las fronteras previas a la guerra de los seis días. Es ahora Israel, quien desde 1967 se lanzó a un frenesí colonizador de los territorios palestinos, quien rechaza esa opción. Y tras la guerra de Gaza desatada este invierno, sus vínculos con los pocos países musulmanes con los que mantenía relaciones diplomáticas se han quebrado. No con Egipto.

El Cairo sigue un papel fundamental, y considerado el acuerdo de paz, negociado en Camp David, una cuestión estratégica. Pero no está para celebraciones. Eso perjudicaría su estatus entre los Estados árabes. El régimen de Hosni Mubarak arremete estos días contra el Gobierno israelí por su negativa a pactar una tregua con Hamás en Gaza y por su rechazo a acceder al intercambio del soldado Gilad Shalit por un millar de prisioneros palestinos, asuntos en los que El Cairo media sin descanso. Y lamenta también la deriva del electorado israelí hacia la extrema derecha. "Si es cierta vuestra ambición por conseguir la paz, debéis obligar a vuestros líderes a poner fin a sus iniciativas despreciables contra Egipto. No hay espacio para la celebración. En este aniversario no hay lugar para el optimismo, y los hechos sobre el terreno no animan a ninguna celebración", asegura el editorial del diario Al Ahram. En las calles egipcias, la aversión hacia Israel es la de siempre.

Siempre fue una paz gélida. Sólo algunos miles de israelíes viajan en vacaciones al Sinaí, una tierra que adoran. Sin embargo, las relaciones comerciales entre ambos países son escuálidas. Y los turistas egipcios y sus profesionales rechazan viajar a Israel. Los Gobiernos israelíes se quejan, no sin un punto de hipocresía. Como se preguntaba el analista israelí Zvi Bar'el: "Sería interesante especular cómo respondería Israel si un millón de egipcios visitaran las playas de Tel Aviv... y que sucedería si cientos de miles de trabajadores buscaran empleo en Israel o si un hombre de negocios comprara una empresa estratégica israelí... Sí, queremos una paz cálida con Egipto, pero en la distancia. ¿Turistas de Escandinavia? Sí. ¿Compradores de viviendas franceses? Seguro. Pero no egipcios. Parece que ambos países disfrutan con esta paz fría".

Adaptado de El País de España (26/03/09)

null
El presidente egipcio Anuar al Sadat, el presidente norteamricano James Carter y el primer ministro israelí Menajem Begin en Camp David (1979)
Categoría: General
Publicado por: jorrego

Visto: 2156 veces
Hotel Savoy.- En la esquina de los jirones Caylloma y Callao, nos topamos con un edificio deshabitado y que, en su primera planta, alberga varias imprentas, típico negocio que, lamentablemente, genera el caos en esta zona del Centro Histórico. Los cientos de transeúntes que desfilan por aquí, seguramente, no saben que en los años 50, 60 y 70 funcionaba en este local el Hotel Savoy, propiedad de los hermanos Varón, y que le hacía la competencia nada menos que al Hotel Crillón. En su época, fue un edificio moderno, uno de los pocos que tenía su playa de estacionamiento en una terraza en el segundo piso y que, en el último, exhibía un lujoso restaurante similar al Sky Room del Crillón, con una de las vistas aéreas más espectaculares del Centro de Lima. El Savoy era también llamado el “hotel de los toreros”, pues, hasta la apertura del Sheraton a inicios de los 70, aquí se alojaban los principales diestros que venían a torear a Acho; también aquí se alojaban las delegaciones deportivas. El hotel también contaba con una galería de arte. Lamentablemente, el caos y la inseguridad que se apoderó del Centro a partir de los 70 significaron la lenta agonía de este hotel, cuyo local ahora es sacudido por el ruido de las máquinas de impresión. Todo el antiguo mobiliario ha sido rematado y la empresa está en liquidación.

El Hotel Riviera.- Ubicado en la avenida Wilson (hoy cuadra 9 de Gracilazo de la Vega), frente al edificio “Ferrand”, durante los años 60 fue, detrás del Bolívar y del Crillón, el hotel de más categoría en Lima; era propiedad de un grupo argentino. Aquí se alojó, en 1971, la delegación que visitó Lima para el Congreso de Americanistas. Tiene 160 habitaciones, dos restaurantes, bar y un salón de conferencias y banquetes para 600 personas. Como el Crillón y el Bolívar, el hotel se vino abajo con el caos de los años 80 y 90; sin embargo, hoy una empresa española, dueña de la cadena de hoteles “San Agustín” ha comprado el edificio y ha reflotado el hotel, que cuenta con 4 estrellas.

null
El Hotel Riviera en la avenida Wilson
Categoría: General
Publicado por: jorrego

Visto: 1549 veces
El distrito de San Miguel fue creado el 10 de mayo de 1920, durante el gobierno de Augusto B. Leguía, y, hasta la década de 1960, fue un balneario balneario ocupado por familias de clase media, atraídas no solo por algunos servicios como el Hotel Bertolotto y el Establecimiento de Baños, sino también por las hermosas casonas, jardines y huertas que formaban parte de su paisaje urbano.

Propiedad del italiano Ángel Bertolotto y ubicado en Magdalena del Mar (avenida Costanera), el antiguo Hotel Bertolotto, frente a la playa, tuvo su apogeo en los años 20 y 40. Era un hotel familiar y de descanso, para disfrutar del mar y del balneario en el verano o pasar días de reposo durante el invierno. Tenía un amplio restaurante de lunas que miraba al mar. Allí también se celebraban diversos almuerzos o cenas para ocasiones especiales. Por ejemplo, en los años 30, hubo almuerzos para recaudar fondos para apoyar a los bandos durante la guerra civil española (a la falange) o para apoyar el gobierno del Duce en Italia. Quizá la anécdota más importante es la que cuenta Luis Alberto Sánchez en sus Memorias. En 1931, LAS invitó allí un almuerzo para organizar un encuentro entre Haya de la Torre y José de la Riva Agüero; la cita era a la 1:30 de la tarde. Riva-Agüero llegó puntual, pero Haya recién se apareció luego de las 3 de la tarde. El encuentro se frustró pues Riva-Agüero se retiró al ver que Haya no llegaba. Dice LAS que quizá allí se pudo cambiar la historia y evitar la guerra civil de aquellos años. Y todo por la impuntualidad de Haya….

null
Tranvía en la avenida Costanera, San Miguel (1965)
Categoría: General
Publicado por: jorrego

Visto: 1233 veces
El Museo Victoria & Albert, institución imprescindible en cualquier visita artística a Londres, dedica su exposición de primavera al Barroco, uno de los grandes movimientos culturales europeos con ramificaciones tardías en otros continentes.

Éste es un año de inmersión total en el Barroco con, entre otras cosas, la conmemoración de dos músicos geniales, los 250 años de la muerte de Georg Friedrich Händel y los 350 del nacimiento de Henry Purcell, a quienes el Covent Garden y el festival de Glyndebourne dedican nuevas producciones operísticas.

El Barroco fue en efecto una era de opulencia, de ostentación, de extravagancia y excesos de todo tipo, y es una paradoja que la exposición coincida con una crisis económica mundial que va a exigir más bien las virtudes opuestas. No lo cree, sin embargo, así Michael Snodin, el experto que la ha comisariado, quien explica a EFE que la opulencia de la era barroca "estaba plenamente al servicio de un sistema político y de la Iglesia", mientras que lo ocurrido con los banqueros de la City sólo puede calificarse de "puro egoísmo".

Un movimiento artístico global.- Titulada «El Barroco 1620-1800: El Estilo en la Era de la Magnificencia», la exposición, que podrá visitarse del 4 de abril hasta el 19 de julio, trata de analizar "el primer movimiento artístico realmente global", como lo califica Snodin. Es un movimiento que asume al mismo tiempo "características locales": así hay, por ejemplo, figuritas de Jesús de Goa (en la India) elaboradas por artesanos locales con marfil traído de África y que luego vuelven a cruzar el océano y se exportan a Europa, todo ello gracias a un comercio floreciente que dura varios siglos.

La exposición se iniciará con la exploración de los elementos del Barroco, estilo íntimamente vinculado a la Contrarreforma, documentará su surgimiento en París y Roma, su difusión por toda Europa y su exportación, gracias a españoles y portugueses y a la propia Iglesia, al Nuevo Mundo, Filipinas o la India. "El barroco al servicio del poder de la Iglesia es un estilo muy persuasivo, que no se puede ignorar porque envía siempre mensajes muy claros, muy fuertes a la vez que dramáticos", afirma Snodin.


Entre las piezas de carácter religioso procedentes de Latinoamérica, el comisario menciona un altar completo de la capilla de una antigua hacienda de México de seis metros de altura. Hay asimismo una "Dolorosa" del gran escultor del barroco brasileño Antonio Francisco Lisboa, más conocido como Aleijadinho, procedente de Sao Paulo, y una "Inmaculada Concepción", de Tiepolo, que se conserva en el Prado. También se expondrá un belén de Cuzco, del Museo de América, de Madrid, y un cuadro de Manuel de Arellano que representa una procesión con la virgen de Guadalupe en la ciudad de México.

Múltiples aportaciones.- De la iglesia jesuita de San Roque, en Lisboa, llega el tesoro de la capilla de San Juan Bautista, que el rey Juan V el Magnánimo de Portugal mandó construir y equipar totalmente en Roma. El Museo Nacional de Escultura de Valladolid aporta una escultura de Judas Iscariote, de Andrés de Solanes, según Snodin, quien explica que el año pasado se filmaron además en Sevilla varias procesiones de Semana Santa para que los visitantes puedan hacerse una idea de la utilización actual de la imaginería barroca.

Pero el Barroco es también la edad del florecimiento del teatro en las cortes europeas -Calderón en España, Shakespeare en Inglaterra, Racine en Francia- y del desarrollo de un género nuevo, la ópera, que fusiona el teatro con la música y la danza. A todo ello está dedicada la segunda sección, que incluye modelos arquitectónicos originales para el teatro, trajes y atrezos y estará oportunamente amenizada con música de la ópera "Atys" de Jean-Baptiste Lully para la corte de Luis XIV, de Francia.

Las tres últimas secciones, según explica el comisario, tratan de los espacios públicos, espacios sagrados y espacios profanos. La primera examina el uso de las plazas públicas para la celebración de coronaciones, nacimientos, matrimonios reales y otros espectáculos de la corte. La dedicada a los espacios sagrados estudia los edificios religiosos del período barroco, con especial atención a las grandes creaciones de Bernini en Roma como la basílica de San Pedro y la capilla Cornaro. La sección final se centra en la vida cortesana en la época del Rey Sol y analiza la rigurosa etiqueta que gobernaba los distintos espacios de los palacios barrocos.

Adaptado del ABC de España (24/03/09)

null
Museo Victoria & Albert (Londres)
Categoría: General
Publicado por: jorrego

Visto: 1063 veces
El festival de Woodstock de 1969 fue un hito musical de la época y uno de las mayores manifestaciones del movimiento hippy de la historia. 40 años después, el organizador de la cita, Michael Lang, está decidido a recuperar el espirítu original para celebrar por todo lo alto las cuatro décadas del festival y lavar la desastrosa imagen ofrecida en el 30 aniversario, cuando se produjeron graves incidentes.

Lang ha anunciado que el Woodstock de este año será gratuito, ecológico y musicalmente volverá a sus raíces. Los promotores apuestan por recuperar el estilo musical que impegnó el festival de 1969, al que acudió más de un millón de personas, y ya se ha especulado que podrían estar presentes algunas de las bandas que tocaron en el primer de Woodstock como The Who, Santana, Crosby, Stills and Nash, que ya han confirmado sus asitencia en su página web, y Joe Cocker.

Respecto al aspecto económico, Lang ha declarado en el diario británico The Times que necesita encontrar un patrocinador que aporte 10 millones de dólares en las próximas semanas, para los precios de las entradas sean los más asequibles posible y de paso evitar lo que ocurrió en 1999. En el 30 aniversario las entradas llegaron a superar los 180 dólares, las botellas de agua costaban más de cinco y se llegaron a emitir unas tarjetas de créditos exclusivas para el festival, acciones no muy en consonancia con el espíritu de hippy con el que nació Woodstock en 1969.

Esta vuelta a los orígenes no será el único acto que conmemore las cuatro décadas del festival. El director taiwanés Ang Lee prepara un film titulado Taking Woodstock y está previsto salga al mercado un nuevo montaje de Woodstock: 3 days os peace and music, un documental de 1970 en el que participó un jovencísimo Martin Scorsese y ganó el Oscar al mejor documental. Además, también se pondrá a la venta un pack de seis CD's con algunas de las actuaciones más memorables y el propio Michael Lang lanzará la mercado un libro titulado The road to Woodstock.

Adaptado de El País de España (24/03/09)

null
null
null
null


Categoría: General
Publicado por: jorrego

Visto: 3821 veces
Hacia los años 40, un nuevo hotel le vino a hacer la competencia al Bolívar. En un edificio de 8 pisos en la avenida La Colmena, que estaba destinado a ser el local del Colegio de Abogados, un empresario suizo, Domingo Bezzola, inauguró el Hotel Crillón; corría el año 1947. Diez años más tarde, se levantó el edificio de 22 pisos que terminó de darle su perfil. Con el tiempo, el lujoso hotel llegó a tener 550 habitaciones, 650 camas y 700 empleados; asimismo, 4 bares y 5 restaurantes. Uno de estos últimos, el Sky Room, inaugurado el 1 de agosto de 1960 (el día nacional de Suiza) fue el más renombrado. El edificio era de color amarillo-mostaza y sus puertas de vidrio se abrían automáticamente apenas el huésped o cliente pisaba la alfombra roja de la entrada.

Desde el Sky Room se tenía una vista privilegiada de Lima. Era el punto de reunión más animado y exclusivo de Lima. Por ello, los 60 fueron los años dorados del Crillón. Muchos famosos pasaron por allí como María Félix, Charles Aznavour, John Wayne, Nat King Cole, Dorothy Malone, Debbie Reynolds, Cassus Clay o Pelé. Un caso aparte fue la historia del empresario pesquero Luis Banchero Rossi, quien a inicios de los 70, poco antes de ser asesinado, alquilaba todo el piso 19 y vivía allí.

Con el declive del Centro, en los años 70, se fue esfumando la vida nocturna en el Crillón. Pero el hotel pudo sobrevivir gracias, entre otras cosas, a “La Carpa”, donde tocó la Sonora Matancera y cantaron Raphael, Manolo Otero y Miguel Bosé. Fueron muy famosos, por ejemplo, las fiestas de Año Nuevo en “La Carpa” del Crillón; asimismo las cenas de Fin de Año en el Sky Room. Pero con la crisis económica y el terrorismo de los 80, y la invasión de ambulantes por las calles del Centro, la afluencia de turistas y de limeños “noctámbulos” casi desapareció. Hubo el proyecto de trasladar el hotel a otro lugar de Lima pero fracasó. Así, el glamoroso Crillón cerró sus puertas en 1999. Hoy su local está en venta.

null
El hotel, inicios de los 60
null
Fotografía del Sky Room del Crillón
null
Otra imagen del Sky Room

Categoría: General
Publicado por: jorrego

Visto: 1473 veces
Charles Darwin, autor de la teoría de la evolución por la selección natural, no era un buen estudiante. Eso sí, le gustaba vivir bien. Pagaba un extra para comer verduras (cinco peniques y medio para acompañar la ración diaria de carne y cerveza) y tenía sirvientes que le hacían la cama, le limpiaban los zapatos y le traían carbón para la chimenea. Todos estos detalles han quedado registrados en seis libros de facturas descubiertos recientemente en la Universidad de Cambridge.

"Los libros muestran que Darwin disfrutó de toda la parafernalia que alguien esperaría de un caballero del siglo XIX", ha contado un portavoz de la universidad. Entre 1828 y 1831, sus años de estudiante, "pasó poco de su tiempo en Cambridge, estudiando o en clase" porque "prefería disparar, montar a caballo o recoger escarabajos".

"Gracias al descubrimiento, los historiadores han podido saber el día exacto que Darwin llegó a la universidad (el 26 de enero de 1828) - y una cantidad de detalles que les van a permitir reconstruir su vida de estudiante como nunca antes", ha declarado este mismo portavoz.

El especialista en Darwin John van Wyhe ha explicado que, 200 años después de su nacimiento, la vida de estudiante de Darwin era prácticamente desconocida hasta que han sido descubiertos estos seis libros de cuero, escritos a mano, que detallan las finanzas de los estudiantes en esa época. "Se trata de detalles muy íntimos", ha continuado el académico. Desde hoy se pueden visitar en esta página: http://darwin-online.org.uk.

Años después, Darwin hablaría de sus días de estudiante como "los más alegres de mi feliz vida". Al acabar sus estudios, el naturalista inglés se embarcó en el famoso viaje a bordo del Beagle, rumbo a América del Sur, donde desarrolló la teoría de la evolución que luego publicó en su libro El origen de las especies.

Adaptado de El País de España (23-03-09)

null
Facturas de Darwin en Cambridge

Categoría: General
Publicado por: jorrego

Visto: 6307 veces
Un día como hoy, en Pisco, en 1897, nació uno de los historiadoras más influyentes del Perú en el siglo XX, Raúl Porras Barrenechea. A propósito de esta fecha, ensayamos unas breves ideas sobre su figura y obra.

Raúl Porras Barrenechea se formó intelectualmente en una época crucial de nuestra vida republicana: la crisis del civilismo (la República Aristocrática) y el inicio de la Patria Nueva de Augusto B. Leguía. Fue una época muy rica, efervescente, en la vida política, social, económica e intelectual del país, así como en la del resto de América Latina. Como alumno de San Marcos, estuvo muy influenciado por el movimiento universitario que demandaba un mayor compromiso de la Universidad con los problemas nacionales. Fue una época, además, marcada por la presión del movimiento obrero en sus reivindicaciones laborales y los pedidos de la naciente clase media por conseguir mayor participación en los manejos del Estado. En fin, es una coyuntura en la que universitarios, obreros y grupos medios reclaman un Estado más democrático y redistributivo. Por último, se trata de una coyuntura en la que se consolida la economía de exportación, hay un proceso de expansión urbana en la costa y el país intenta resolver sus problemas limítrofes pendientes.

Ese fue el ambiente que rodeó a la llamada Generación de la Reforma Universitaria (1919) o del Centenario, al conmemorarse en 1921 y 1924 los primeros 100 años de nuestra independencia del Imperio español. A ella pertenecieron, además de Porras, intelectuales de la talla de Jorge Basadre, Luis Alberto Sánchez, Jorge Guillermo Leguía, César Vallejo o Luis E. Valcárcel, entre otros; en el campo político, se suman a ella Haya de la Torre y José Carlos Mariátegui. Como vemos, buena parte de la trayectoria política e intelectual del país en el siglo XX se debió a este grupo de jóvenes, quienes escribieron sus obras fundamentales en la década de 1920. El problema del indio, la existencia de la nación peruana o, simplemente, qué es el Perú fueron sus planteamientos básicos. No olvidemos, por último, que este grupo de intelectuales también se nutrió de las ideas de la generación anterior, la del Novecientos, especialmente de José de la Riva-Agüero y Osma, Francisco García-Calderón y Víctor Andrés Belaunde.

Realmente hubo, por esos años, una vocación totalizadora; es decir, una preocupación por entender al Perú desde todos sus aspectos. Ello explica, en gran medida, la trayectoria intelectual de Porras quien fue más allá del oficio de historiador, y que puede ser resumida como la de formar o levantar conciencias. La verdad, hasta ahora nos sorprende su gran capacidad de trabajo que se desdoblaba en la cátedra universitaria, la investigación académica y la participación política. No cabe duda que su verdadera vocación fue el Perú. Influido por Riva-Agüero y Belaunde, defendió el carácter mestizo de la nación peruana. No fue ni hispanista ni indigenista. Sus libros y artículos demuestran su preocupación por comprender la influencia hispánica (sus estudios sobre la Pizarro, la Conquista, los cronistas, las instituciones virreinales) y andina (sus aproximaciones al Tawantinsuyo o su ensayo sobre el cronista indio Felipe Guamán Poma y Ayala). Porras, además, se preocupa por descubrir el origen del nombre del Perú y su vocación por el mestizaje queda demostrada por su brillante aproximación a la vida y la obra del Inca Garcilaso de la Vega, nuestro primer historiador.

Su innegable preocupación por el Perú se extiende a la profunda investigación que hizo sobre la historia de nuestros límites fronterizos. Para esa titánica empresa, enmarcada en los asuntos pendientes con los países vecinos, Porras tuvo que hurgar documentos que se remontaban a los años de la Conquista española. Los derechos territoriales del Perú, especialmente el tema de las provincias cautivas de Tacna y Arica, es algo que lo desveló y lo llevó no sólo a la investigación sino a la vida diplomática. Trabajó en el Ministerio de Relaciones Exteriores, integró varias misiones al exterior y, en plena madurez intelectual, a fines de los años cincuenta, fue nombrado Canciller de la República por el presidente Manuel Prado. Su nombramiento coincidió con una coyuntura internacional muy crítica: el triunfo de la Revolución Cubana y los intentos de los Estados Unidos por condenar el hecho y decretar el bloqueo a Cuba. Como historiador, como gran conocedor del pensamiento de los precursores y libertadores (manejaba al dedillo el pensamiento de Viscardo, de Bolívar, de Miranda, de Sánchez Carrión), no podía claudicar de las ideas de integración y solidaridad continental. Por ello, cuando representaba al Perú en una reunión de cancilleres convocada por la OEA, en la que Estados Unidos presionó para que todos los países del Hemisferio condenaran a Cuba, él, luego de un brillante discurso, votó en contra. Su voto consecuente, lamentablemente, no fue compartido por el presidente Prado quien, en una actitud que lindó con el maltrato, lo destituyó del cargo. Para muchos que lo conocieron, este episodio amargo le precipitó la muerte en setiembre de 1960.

Pero yendo a asuntos más gratificantes, Porras es recordado por sus brillantes clases. Su elocuencia, sus gestos, su gran erudición (recitaba en las aulas páginas enteras de los cronistas, por ejemplo) todavía son recordados por aquellos que lo escucharon en las aulas de San Marcos o la Universidad Católica. No quedaba ni un espacio vacío cuando se anunciaban las clases del maestro Porras. Al menos en el campo de las Humanidades, no hubo otro profesor universitario como él. Jorge Basadre recuerda que sabía Porras dar una amenidad muy propia a sus clases, sus conferencias y sus conversaciones. Logró en su aula escolar y universitaria algo muy raro en una época contestataria: que los alumnos lo aplaudieran entusiastamente y que las llenaran aunque solía escoger, como profesor, a veces, horas inverosímiles. Son muchos los que recuerdan, desafiando los años, sus conferencias admirables entre otras las que dedicó a Pancho Fierro y a la ciudad de Lima (donde acuñó la frase “Del puente a la Alameda”). Su aptitud para la frase rapidísima, ingeniosa, chispeante y certera, o sea para lo que cabe llamar la espontánea gracia vituperativa, infaliblemente causada gran impresión en su auditorio, cualquiera que él fuese.

Su elocuencia también se trasladó al Parlamento en los años que le tocó representar al departamento de Lima en el senado de la República. Sus intervenciones eran piezas maestras de retórica y sabiduría. Con un castellano impecable (fue miembro de la Academia Peruana de la Lengua), se desenvolvía en todos los temas que le tocaba defender u opinar. No por casualidad, hoy uno de los hemiciclos del Congreso lleva su nombre.

Esa misma brillantez se nota en cada página que escribió. Porras exhibió una de las prosas más impecables del siglo XX peruano. Además, a la pulcritud del idioma le añadió la solidez en el manejo de las fuentes y sus agudos comentarios. Cada dato y cada opinión eran respaldados por un vasto aparato bibliográfico y documental. Cuentan que, como erudito, extremaba su escrupulosidad y era capaz de de pasarse días enteros hasta encontrar la certeza de la exactitud en un dato. Como comenta Mario Vargas Llosa, escribió siempre como si el país al que pertenecía fuera el más culto e informado del mundo, exigiéndose un rigor y perfección extremos, como correspondería al historiador cuyas investigaciones van a ser sometidas al examen de los eruditos más solventes. Basadre, por su lado, anota lo siguiente: Muchas de sus páginas son de antología. Su prosa se revistió en determinados pasajes de atavíos clásicos; pero, en innumerables ocasiones, irrumpe de pronto en ella, con puntería certeza de cazador, el ingenio criollo para generar el adjetivo preciso, el detalle esclarecedor, la anécdota amena y también para volverse, cuando quería, demoledor e implacable.

Pero quizá ese excesivo celo por la rigurosidad le impidió concretar, como muchos opinan, la gran obra para la que él estaba sindicado: una síntesis de la historia del Perú. Hasta 1960, Porras era, en el Perú, el historiador más capacitado para escribir la historia del Perú “total”, desde los primeros habitantes que poblaron el territorio peruano hasta nuestra trayectoria republicana.

Por último, Porras es también recordado por haber formado un nutrido grupo de discípulos. Sus clases en la Universidad se trasladaban a su casa de la calle Colina, en Miraflores, donde acudían sus alumnos más destacados y una pléyade de intelectuales, tanto nacionales como extranjeros, para investigar en su biblioteca y a conversar o discutir, con tasas de chocolate caliente incluidas, temas académicos o de interés nacional. Por allí desfilaron alumnos como Pablo Macera, Mario Vargas Llosa, Carlos Araníbar, Waldemar Espinoza, Hugo Neyra, Luis Jaime Cisneros, Raúl Rivera Serna o Féliz Álvarez Brun, e intelectuales consagrados como Víctor Andrés Belaunde o el poeta José Gálvez. Dice Vargas Llosa que en esas tertulias se aprendía más que en las aulas de San Marcos: no sólo era entretenido pasarse esas tres horas consultando las crónicas; además, con motivo de una averiguación cualquiera, había la posibilidad de escuchar una disquisición de Porras sobre personajes y episodios de la Conquista.

Por todo lo expuesto, el lector puede estar seguro de tener ahora en sus manos dos de los textos más emblemáticos preparado por el maestro Porras, “Pequeña Antología de Lima” y “El nombre del Perú”, en los que quedan demostradas las calidades académicas de un conocedor sin par, en este caso, de la historia de Lima y del origen mestizo del nombre del Perú.

BREVES DATOS BIOGRÁFICOS.- Raúl Porras Barrenechea, quien fue historiador, catedrático universitario, político y diplomático, nació el 23 de marzo de 1897 en Pisco en el seno de una familia de “clase media” de la época. Sus padres fueron Guillermo Porras Osores y Juana Barrenechea y Raygada. Cuando era muy niño, su familia se traslada a Lima donde realiza sus estudios escolares y universitarios. Pasó por las aulas de los colegios San José de Cluny en Lima (1900-1905) y La Recoleta (1906-1911). En 1912, ingresa a la Universidad de San Marcos en la que se gradúa de Bachiller y Doctor en Letras (1928).

Su trayectoria como docente se inició como profesor de Historia en los colegios Anglo Peruano (1923-34) y Antonio Raimondi (1932-34); luego, en San Marcos, lleva la cátedra de Historia de la Conquista y la Colonia (1931). Asimismo, es director del Colegio Universitario (1931), profesor del curso Fuentes Históricas Peruanas en la Universidad Católica (1933-58), Director del Instituto de Historia de la Facultad de Letras en San Marcos, organizador del I Congreso Internacional de Peruanistas, y miembro del Instituto de Historia del Perú y de la Academia Peruana de la Lengua.

Su trayectoria política se inicia muy joven siendo uno de los animadores de la Reforma Universitaria (1919) y como miembro del Congreso Nacional de Estudiantes (Cusco, 1920) en el que presentó propuestas innovadoras para la organización de la Federación de Estudiantes. De otro lado, su vida diplomática se inicia cuando es incorporado al servicio del Ministerio de Relaciones Exteriores como secretario del ministro Melitón Porras (1919); también trabajó en el Archivo de Limites (1920) y la Biblioteca de Torre Tagle (1922). Luego, asumió la jefatura del Archivo de Limites (1926) y redacta la Exposición presentada a la Comisión Especial de Limites sobre las fronteras norte y sur del territorio de Tacna y de Arica (1926-27). Cabe destacar que, como intelectual, fue uno de los miembros más destacados de la llamada Generación de 1920 o Generación del Centenario, quizá la más ilustre del Perú del siglo XX, junto a personajes de la talla de Jorge Basadre, Luis Alberto Sánchez y Jorge Guillermo Leguía.

En 1935, viaja a España en calidad de Ministro Consejero e integra la delegación acreditada ante la Liga de las Naciones como Ministro Plenipotenciario (1936-1938). Asimismo, asistió a las conferencias peruano-ecuatoriano, en Washington, para negociar el diferendo limítrofe (1938). Residió varios años en Europa dedicado a investigar en los archivos españoles (1940).

Se reencontró con la política activa en 1956 cuando fue electo senador por Lima y ejerció la presidencia de su Cámara. Debido a su talla intelectual, el presidente Manuel Prado lo nombra Ministro de relaciones Exteriores, cargo que ejerció de 1968 a 1960. En dicho cargo, en una reunión de cancilleres en la OEA, cuando los miembros de este organismo votaron la exclusión de Cuba de la Comunidad Americana, Porras votó en contra de esa medida. En represalia, el presidente Prado, siempre alineado a los intereses norteamericanos, lo separa de su cargo. Esta amarga experiencia lo lleva a la muerte, en Lima, el 27 de setiembre de 1960.

El maestro Porras fue autor de casi un centenar de obras fundamentales para la historia de nuestro país. Entre ellas, destacan Alegato del Perú en la cuestión de limites de Tacna y Arica (1925), Historia de los limites del Perú (1926-1930), El Congreso de Panamá, 1926 (1930), Cuadernos de Historia del Perú (1936), Pizarro, el fundador (1940), Pequeña antología de Lima (1961), Mito, Tradición e Historia del Perú (1951), Cronistas olvidados sobre el incario (1941).


A MODO DE CONCLUSIÓN.- Raúl Porras Barrenechea fue, sin lugar a dudas, una de las figuras cumbres de la intelectualidad peruana del siglo XX. Quienes lo conocieron, reconocen en él no sólo al gran erudito sino al agudo crítico del pasado peruano. En sus libros podemos apreciar no sólo su rigor científico sino una prosa impecable. En sus clases, hacía gala de una erudición que no conocía límites así como de una elocuencia que encandilaba al auditorio. Durante los años cuarenta y cincuenta, con toda seguridad, era el que más conocía nuestro pasado, desde los tiempos prehispánicos hasta la dura experiencia republicana. Por ello, muchos esperaron de él el gran libro que sintetizara las tres grandes etapas de nuestra historia. Lamentablemente, no lo hizo, quizás, por las múltiples responsabilidades que le toco asumir, tanto en la universidad como en la vida diplomática y la arena política. Sin embargo, a pesar de no habernos dejado esa gran síntesis, nos legó un conjunto de estudios monográficos que nos abren surcos imprescindibles para conocer temas tan variados como la vida de Pizarro, las crónicas y los cronistas, las instituciones del virreinato, los ideólogos de la Emancipación, la historia diplomática o la literatura virreinal y republicana. Su compromiso académico, además, queda consolidado al ver cuántos intelectuales de primera importancia en nuestro país se consideran discípulos del maestro Porras. Por último, no podemos olvidar su más profundo americanismo, de solidaridad continental, cuando le tocó ejercer, al final de su vida, el cargo de ministro de Relaciones Exteriores.

null


Categoría: General
Publicado por: jorrego

Visto: 2138 veces
null

En 1925 se formó la empresa “Sociedad Anónima Propietaria del Country Club", con un capital de 150,000 libras peruanas. La idea era construir el Country Club y urbanizar el área contigua de 1´300,000 metros cuadrados adquiridos a las haciendas Conde de San Isidro, Lobatón, Matalechuzas y Orrantia. Se calculó vender los terrenos de esta urbanización a 15 soles por metro cuadrado urbanizado para reinvertir parte de las ganancias en la construcción del nuevo edificio. En 1926 se funda el "Lima Country Club", empresa independiente de la anterior, que contrató la elaboración del proyecto arquitectónico del local del club. La tarea de terminar los planos fue encargada al arquitecto norteamericano T.J. O´Brien, quien culminó el proyecto e inspeccionó la construcción. Gran parte de los materiales de construcción fueron importados de Estados Unidos y Gran Bretaña. El local fue inaugurado el domingo 8 de febrero de 1927 por el Presidente Augusto B. Leguía. Hubo un almuerzo al Presidente, a su Gabinete de Ministros y una serie de personalidades políticas, intelectuales y artísticas de la ciudad.

Desde aquella lejana fecha, hasta mediados de los años setenta, el Country Club fue el local predilecto de la elite limeña para sus actividades sociales. En sus primeros 70 años de existencia, el Hotel Country Club recibió a innumerables personalidades de la política y el espectáculo, contando entre sus huéspedes a mandatarios, príncipes y diplomáticos. Las actividades más importantes eran los matrimonios, agasajos a personalidades, bailes de carnaval y año nuevo, almuerzos de camaradería y grandes banquetes. Entre las personalidades que se alojaron en el Hotel estuvieron el Duque de Windsor con su esposa (quien había renunciado al trono de Inglaterra), el presidente de Francia Charles de Gaulle, la actriz Ava Gardner y muchos otros representantes de la política, el arte, las letras y el espectáculo.

Luego de una ligera “decadencia” en los años 80 y principios de los 90, el Consorcio Inmobiliario Los Portales tomó la concesión del Country Club (1996), en sociedad con ICA, de México, para devolverle su tradicional belleza y esplendor. Con una millonaria inversión el hotel fue remodelado guardando su estructura original y abrió sus puertas el 21 de Julio de 1998. Hoy, el Hotel es Patrimonio Cultural declarado por Resolución del Ministerio de Educación y del Instituto Nacional de Cultura.

null
El Country Club en los años 30
null
El hotel tal como luce en la actualidad

Categoría: General
Publicado por: jorrego

Visto: 4164 veces
El 28 de diciembre de 1972, por Resolución Suprema, el “Gran Hotel Bolívar” fue declarado monumento nacional. Símbolo de Lima, este primer hotel de lujo que tuvo nuestra capital, fue inaugurado el 9 de diciembre de 1924 por el presidente Leguía como parte de las celebraciones del Primer Centenario de la batalla de Ayacucho.

Pero hagamos un poco de historia. Desde la administración del alcalde Federico Elguera (1901-1908), hubo diversos proyectos para encontrar un uso adecuado al terreno donde hoy se levanta el Gran Hotel Bolívar. Elguera propuso construir el Gran Teatro Nacional, que nunca pudo hacerse realidad. Después se levantó una novedosa carpa, la “Carpa Pathé”, donde se proyectaban películas que llegaban a Lima. Luego hubo el proyecto de construir el Hotel Pizarro en dicha manzana. En 1921, durante el Centenario de la Independencia se convirtió el terreno en salón para al Exposición Internacional de Industrias. Popularmente se le conoció como el “Palacio de Cartón” pues era un edificio de “cartón-piedra” donde en su interior había juegos mecánicos, venta de comidas, rifas y otras diversiones. Terminadas las festividades, resurgió la polémica para ver qué se hacía con el terreno. Entonces, fue en el contexto del próximo Centenario de la batalla de Ayacucho (1924) que Leguía convenció al empresario Augusto N. Wiese para que construyera el Gran Hotel Bolívar conjuntamente con otros inversionistas integrantes de la empresa Sindicato Wiese que él presidía.

Al momento de su inauguración, se contrató a Ernesto Oechsner, maitre del Hotel Ritz de Londres, y como chef de cuisine al suizo José Heanggi. Los primeros administradores fueron José Visconti y Samuel Velásquez, propietarios del Hotel Maury y del Restaurant del Zoológico, de amplia experiencia en este ramo.

En Lima, la ciudad de los virreyes, obra de Cipriano A. Laos (1927) se lee lo siguiente: El estilo empleado en la construcción de la fachada principal es adaptación del colonial peruano, de cuerdo con los planos presentados por el arquitecto Sr. R. Marquina; luego, agrega: El arquitecto a cuyo cargo corrió la obra así como la confección de los planos fue el señor Marquina, de nacionalidad peruana y los ingenieros constructores Fred T. Ley y Co., de EE.UU. de América.

En efecto, el imponente edificio de seis plantas, sobre un terreno de 4 mil metros cuadrados, en el cruce de la avenida Nicolás de Piérola y el jirón de la Unión, frente a la plaza San Martín, es ejemplo de la influencia modernista en la arquitectura peruana. Fue diseñado por Rafael Marquina, arquitecto peruano formado en al Universidad de Cornell en Estados Unidos (1909), quien a su regreso fue uno de los máximos exponentes del estilo neocolonial, caracterizado por la aplicación de los materiales contemporáneos a una concepción tradicional; Marquina también se encargó de la construcción del Hospital Arzobispo Loayza, del Puericultorio Pérez Araníbar y del conjunto arquitectónico de la Plaza San Martín.

El hotel fue concebido para alojar a presidentes y dignatarios; por ello, su mobiliario y sus acabados constituyen una ostentación del lujo de la época. Las columnas y los pisos de sus salones principales son de mármol importado de Italia y la mayoría de las lámparas que lo iluminan fueron adquiridas en Francia. En su libro, Cipriano A. Laos menciona la linda rotonda circundada de columnas y con soberbia farola de finísimo ‘vitreaux’, la iluminación y decorado es realmente atrayente; mueblería confortable y elegante de la casa inglesa Waring Gillow. Como vemos, no se escatimó en los gastos. Por ejemplo, se adquirieron muebles antiguos para el salón dorado, compuesto por espejos, consolas, canapés, sillones y sillas, y otros juegos de salón de madera exquisitamente tallada y con aplicaciones en bronce.

En el Bolívar se alojaron príncipes europeos y asiáticos. El primer dignatario hindú que visitó oficialmente nuestro país, el Maharajá de Kapurtala, estuvo entre sus huéspedes; asimismo, connotados artistas y hombres de negocios. Incluso, el gran intelectual peruano José de la Riva-agüero y Osma pasó los últimos años de su vida en una de sus suites, luego de que el terremotos de 1940 dañara seriamente su residencia de la calle Lártiga.

Como datos curiosos, podemos mencionar que en el Bolívar están los dos primeros ascensores que funcionaron en el Perú (uno de los cuales aún está operativo), así como el primer radio a tubos que se pudo escuchar en el país, que fue instalado en la habitación 312, la que, frecuentemente, era asignada a los más altos funcionarios. Cabe destacar que en 1934 el hotel fue ampliado, bajo la supervisión del propio Marquina, y restaurado luego del terremoto de 1970.

De otro lado, el Gran Hotel Bolívar contaba con dos bares, el Bar Inglés y el Cocktail Lounge. Después de los años 40, fue abierto el Grill Bolívar, restaurante, bar y salón de espectáculos, en el subsuelo del edificio, con entrada por la avenida La Colmena. La elegancia de sus bares y la profesionalidad des sus barmen los volvieron insuperables, sobre todo en la difusión de nuestro pisco sour.

Estas fueron algunas de las celebridades que visitaron el Bolívar: Walt Disney (1942), John Wayne, Clark Gable, Ava Gardner (1940), Orson Welles (1950), Ginger Rogers (1955), Yul Brynner (1957), John Derek y Ursula Andrés (1959), Rita Hayworth (1962), Maurice Chevalier (1963), Cantinflas (1965), Roberto Rossellini (1965), Tyrone Power, Vivien Leigh, Alain Delon (1965), Marcel Marceau (1965), Dámaso Pérez Prado (1951), Pedro Infante (1957), Mick Jagger y Keith Richards (1969), Nat King Cole (1959), Agustín Lara (1964), Igor Stravinsky (1960), Louis Amstrong (1962), André Malraux (1959), Jorge Luis Borges (1960), Pablo Neruda (1966), William Faulkner, Robert Kennedy (1966), Christian barnard (1968), la esposa del presidente Richard Nixon (1958 y 1970), entre otros.

En 1962, la familia Wiese vendió el hotel al empresario tejano John W. Mecon, quien años después lo donaría a la cofradía jesuita de los Frailes Menores de la Providencia del santísimo nombre de Jesús. En 1979, la empresa Inversiones Gran Hotel Bolívar S.A., propiedad de Luis León Rupp, lo adquirió, y fue transferido, en 2003, a la empresa panameña Hurón Equities Inc. Debido a problemas entre sus propietarios, el destino del Bolívar fue incierto hasta que en marzo de 2005, el Poder Judicial dispuso que el hotel sea devuelto a la empresa panameña propietaria.

null
Una de las ampliaciones del Hotel Bolívar
null
Imagen del Hotel Bolívar
null
Vista lateral del Bolívar, años 30

Categoría: General
Publicado por: jorrego

Visto: 870 veces
El principal abogado de la acusación británica en los juicios de Núremberg le contó a su mujer en una carta que pensaba que había quedado por encima del "chico gordo" Hermann Goering durante un interrogatorio mientras que su colega estadounidense había balbuceado.

Unas cartas nunca antes publicadas, que envió David Maxwell Fyfe a su mujer Sylvia y que han sido donadas al Centro de Archivos Churchill, de la Universidad de Cambridge, arrojan nueva luz sobre el famoso proceso a la cúpula del régimen nazi.

"El viernes por la mañana creo que mi interrogatorio a Goering fue muy bien", escribió Fyfe en referencia al jefe nazi. "Todo el mundo estaba encantado. [El jefe de la acusación de EE UU, Robert H.] Jackson no sólo no ha causado buena impresión, sino que ha dado más argumentos al niño gordo. Creo que yo le he dado para el pelo".

El nieto de Fyfe, Tom Blackmore, descubrió en 1999 las cartas de su abuelo, que creía perdidas, en la caja fuerte de un letrado de Londres. Entonces empezó a transcribirlas y ordenarlas.

"En marzo de 1946 el interrogatorio de Maxwell Fyfe a Goering en Nuremberg empezó a arrojar luz sobre la culpabilidad de los líderes del Tercer Reich", señala Blackmore. Allen Packwood, director del Churchill Archives Centre, afirma que aunque las transcripciones del proceso están publicadas, las cartas ofrecen nuevas perspectivas sobre los pensamientos privados de uno de los protagonistas de Núremberg. "Lo que hacen las cartas privadas es profundizar en algunas de las personalidades y personajes implicados en esos importantes momentos", señaló.

"Es consciente de que está viviendo un momento histórico. Se le encargó el contrainterrogatorio de Goering en lo que, para él, era un momento de todo o nada. Sabe que si todo va bien ello tendrá implicaciones en su propia carrera". Así fue: Maxwell Fyfe tuvo una carrera política de éxito y fue esencial en la redacción de la Convención Europea de los Derechos Humanos.

Goering fue sentenciado a la pena de muerte (algo que según Packwood hubiera ocurrido con o sin Maxwell Fyfe) pero se quitó la vida envenenándose en su celda antes de la hora fijada para su ejecución.

Adaptado de El País de España (20/03/09)

null
Algunos acusados con sus abogados en una de las sesiones de los juicios de Núremberg
Categoría: General
Publicado por: jorrego

Visto: 2172 veces
Era difícil que el menú estuviese a la altura. El Titanic era el buque más grande, rápido y seguro, según se vanagloriaba la publicidad. Un mastodonte mecánico de lujo superior que iba a transportar en su viaje inaugural, el 10 de abril de 1912, a una selección de la gran industria, la banca y el comercio de Europa y Estados Unidos. Así que el menú de primera clase se lo encargaron al gurú de los fogones Auguste Escoffier (1846- 1935), gran renovador de la cocina francesa y alumno aventajado de Antonin Carême, creador de la "alta cocina". Su cometido sería elaborar los platos que tenían que deslumbrar a paladares habituados a lo exquisito.

Cada menú estaría preparado con sumo cuidado. El de la noche del 14 de abril, por ejemplo, era un despliegue impresionante. Desde la ostra con velou-té de cava y salsa holandesa, al salmón al vapor con salsa muselina y pepino, o desde el filet mignon Lili (con patatas, alcachofas y foie) a la pierna de cordero con salsa a la menta. Diez platos elaborados con productos que hoy quizá no sorprendan, pero que entonces eran prohibitivos para la gran mayoría del pasaje, que se alojaba fuera de la primera clase.

Aquel esplendor culinario ha resucitado ahora en el restaurante La Rotonda, en el hotel Westin Palace de Madrid, que ha confeccionado un menú degustación de 10 platos idéntico al que se sirvió en el restaurante "a la carta" de primera clase la fatídica noche del 14 de abril de 1912. "Nuestro equipo de cocina ha recabado información sobre las recetas de la época, incluidas las de Escoffier, para que la preparación sea lo más fiel", indicó Pilar Mantara, directora del departamento de gastronomía del Palace, durante la presentación del menú, que se servirá del 1 al 19 de abril por 50 euros.

"Probar un pichón, un salmón o unas vieiras hoy no es nada del otro mundo, pero entonces sí". Se incluyen dos platos a elegir entre filet mignon Lilli y pollo salteado a la lionesa o entrepierna de cordero con salsa a la menta, pato canetón a la salsa de manzana o solomillo de ternera con patatas chateau. Todo servido en vajilla de Limoges y cubertería de plata.

Se trata de una oferta gastronómica organizada en paralelo a la muestra Titanic. Objetos reales, historias reales (calle de Goya, 5), que recoge 230 piezas rescatadas del fondo oceánico por la compañía RMS Titanic Incorporated. "Lo más importante del naufragio fue la historia de los pasajeros, y nada lo cuenta mejor que sus pertenencias", señaló Cheryl Muré, directora de educación de la compañía, en la inauguración, el pasado noviembre.

Quizá así uno pueda hacerse una idea de lo que paladearon el millonario promotor inmobiliario John Jacob Astor IV, el industrial Benjamin Guggenheim o los jóvenes y riquísimos madrileños Víctor Peñasco y Castellana y María Josefa Pérez de Soto y Vallejo (que fue la única de este grupo que sobrevivió).

Poco después de degustar tamaños manjares, sin embargo, un enorme trozo de hielo dañó el casco del "insumergible" Titanic. En menos de tres horas, el gran prodigio del lujo y la mecánica (que dejaría más de 1.500 víctimas) descansaba a 3.800 metros de profundidad, en el fondo del Atlántico.

Adaptado de El País de España (19/03/09)

null
Fotografía del último menú del Titanic que se sirve en un hotel de Madrid a propósito de la muestra "Titanic. Objetos reales, historias reales" que se viene desarrollando en la capital española

null
Salón comedor de primera clase del Titanic

null
Posible iceberg que estrelló con el Titanic (esta fotografía fue tomada 5 días después del hundimiento por el marino Stephan Roherek)
Categoría: General
Publicado por: jorrego

Visto: 886 veces
Según las noticias que llegan hoy de Francia, el cráneo del filósofo francés René Descartes (en la foto de abajo) es uno de los miles de objetos que van a ser guardados debido a las obras que van a llevarse a cabo en el Museo del Hombre de París, en cuyo departamento de Antropología se conserva el cráneo. El museo permanecerá cerrado durante cuatro años, periodo en el que además de su rehabilitación se va a realizar una revisión de sus fondos.

null

Categoría: General
Publicado por: jorrego

Visto: 3606 veces
Ubicado en la esquina de la calle de Villalta (segunda cuadra del jirón Ucayali) con la calle Bodegones (hoy segunda del jirón Carabaya), el Maury fue refundado en 1848, al modernizarse La Posada de Pedro Maury de inicios de la República (1826), propiedad de un ciudadano francés del mismo apellido (algunos dicen que era catalán). En 1851 es adquirido por M.M. Lecaros Alcalde y, tras su fallecimiento en 1892, fue comprado por el italiano Angelo Bertolotto. En su antiguo local, la entrada principal era por la calle Bodegones.

Según José Antonio Schiaffino (El origen del pisco sour: el Morris Bar, el Hotel Maury y el Gran Hotel Bolívar. Lima, 2006), en 1911, los señores José Visconti y Samuel Velásquez lo adquirieron. Los hoteles del grupo, que ocuparon toda la cuadra, fueron cerrando con el correr de los años. En 1945, Visconti y Velásquez transfirieron solo el Hotel Maury a Antonio Bergna Maturo, quien en 1954 ordenó la demolición del histórico local para construir el nuevo edificio de 6 pisos, 64 habitaciones, restaurantes y bar, cambiando a la calle Villalta el ingreso principal (en la revista Caretas n° 111 de junio de 1956 aparece un artículo con 9 fotografías del nuevo local).

El nuevo bar, con entrada directa por al calle de Bodegones 399, se encontraba adornado por tres óleos del pintor indigenista José Sabogal con evocaciones de Lima antigua. Pero fueron sus pisco sours los que dieron mucho que hablar en las décadas del 50 al 70 a este bar. Quizá la mayor anécdota se vivió en 1966 cuando hubo la promesa del propietario Antonio Bergna al turfman Óscar Berkemeyer Pazos de que si ganaba su caballo Dardanus en el “Premio Internacional de América” en el novísimo Hipódromo de Monterrico el 19 de julio, bautizaba el bar con el nombre del caballo; Óscar debía llevar al caballo para una simbólica ceremonia junto a los amigos e hípicos. Lo cierto es que el caballo ganó y ambos cumplieron su promesa en un acto en el que asistió multitud de gente y periodistas.

A la muerte de Antonio Bergna, en 1986, sus hijos dieron la administración del hotel a Arturo Rubio Feijóo y José Picasso Salinas, quienes trataron de rescatar la importancia histórica del hotel y su bar, e hicieron heroicos esfuerzos para revivirlo frente a la decadencia del Centro de Lima. Lo cierto es que no hay negocio en nuestra ciudad que siga atendiendo al público desde 1826 sin interrupciones o clausuras temporales. El hotel sigue operando en la misma esquina de Bodegones con Villalta y es testigo viviente de nuestra historia republicana. Hoy es operado por Inversiones Turísticas Maury S.A.C., integrante de un grupo hotelero de Hong Kong, que lo adquirió a los herederos de Antonio Bergna en 1998. Tiene 64 habitaciones y 12 suites con jacuzzi; el restaurante “El Salón de los Espejos”; otros dos restaurantes, uno criollo y el otro oriental; y, lógicamente, su tradicional bar.


null
Antiguo local del tradicional Hotel Maury
null
Comedor del antiguo local del Hotel Maury (skyscrapercity.com)
null
Bar del antiguo local del Hotel Maury (skyscrapercity.com)



Categoría: General
Publicado por: jorrego

Visto: 622 veces
Más de 9.000 libros se han extraviado en la Biblioteca Británica, entre ellos tratados renacentistas de teología y alquimia, un texto de astrología medieval, así como primeras ediciones. La Biblioteca no cree, sin embargo, que alguien los haya robado, sino que tal vez estén perdidos entre los 650 kilómetros de estanterías de ese centro, informa hoy el diario "The Guardian". Uno de los libros al que se le ha perdido la pista es el titulado "De la Usuria Legal e Ilegal de los Cristianos", del teólogo alemán del siglo XVI Wolfgang Musculus, que la biblioteca valora en 22.000 euros. Otros son una Carta de Astrología publicada en 1555 de la que es autor el famoso filósofo judío cordobés Maimónides (1135-1204), primeras ediciones de "El Retrato de Dorian Gray", de Oscar Wilde, y "Canzoni", del poeta norteamericano Ezra Pound.

Según Jennifer Perkins, de la Biblioteca Británica, los libros se consideran extraviados cuando un lector los reclama y no aparecen en la estantería en la que deberían estar normalmente. Los mayores tesoros de la Biblioteca, entre ellas la Magna Carta, se guardan en una galería especial sometida a controles de conservación y seguridad extraordinarios. Muchas de las pérdidas se produjeron justo antes o después de 1998, año en el que se trasladó la colección desde el Museo Británico a un moderno edificio cerca de la estación de St. Pancras. El pasado mes de enero, un coleccionista iraní llamado Farhad Hakimzadeh fue encarcelado por haberse llevado mapas, ilustraciones y páginas de varios volúmenes valiosísimos de los fondos de esa biblioteca.

Tomado de los diarios ABC y El Mundo de España

null
Categoría: General
Publicado por: jorrego

Visto: 3754 veces
Terminamos este recuento de la obra del pintor limeño José Gil de Castro con la apreciación de la historiadora del arte chilena Patricia Cepeda Acuña: En la obra del peruano se reemplaza el retrato de santos por el de próceres. Comienza el dominio del mundo conocido, opuesto al mundo imaginado o sugerido de la época colonial... el concepto espacial y su materialización en la pintura de Gil de Castro es originario de la concepción bidimencional de la pintura colonial. Esta estaba al servicio de lo superior, privilegiaba lo plano y se ordenaba de acuerdo a una jerarquía ascendente como símbolo de la espiritualidad... José Gil de Castro se nos muestra como un heredero de formas artísticas propias del periodo colonial en donde se destaca el hieratismo en la figura, el preciosismo en los detalles, la presencia del color saturado, la reiteración de los fondos y poses de los retratados y el empleo de caligrafías y viñetas utilizadas como recurso de presentación. No obstante, vemos en la pintura del artista aspectos innovadores. Destaca especialmente la línea temática conformada por los retratos de hombres y mujeres de la socieadad criolla; la motivación de la obra ya no es religiosa sino esencialmente secular. Esto modifica el rol de la pintura, trasladándose desde el espacio público conventual al espacio privado de los salones. El cambio temático y la nueva función del cuadro van a situar al artista en un rol social diferente, en donde predomina su valor como individuo al servicio de un cliente particular.

null
Retrato del niño José Raimundo Juan Nepomuceno Figueroa Araoz
null
Nuestra Señora de la Merced
null
Retrato de José Manuel Lecaros Alcalde
Categoría: General
Publicado por: jorrego

Visto: 10676 veces
Sus pinturas, en cuanto al estilo y al tratamiento, respetan los cánones realistas neoclásicos y se entroncan con el típico planismo-hieratismo coloniales (como en la Escuela Cuzqueña) lo que le da a sus obras cierto aire primitivo (como el de la pintura del francés Henri Rousseau de principios del XIX) de realismo ingenuo, para Francisco Stasny, y una carga de cierto modernismo. Su estilo está provisto de cierto manierismo en el tratamiento de las manos, vestidos, posiciones y rostros. Los escenarios de fondo de los retratos son interiores, en la mayor de las veces espacios cotidianos, como el del retrato de mariano Alejo Álvarez y su hijo (1834) y los elementos del mobiliario y la decoración, los objetos que acompañan a los reperesentados definen su carácter y jerarquía, tal como en los retratos de la aristocracia colonial.

Sus retratos son representaciones de bustos (como el de José de San Martín, una acuarela sobre marfil pintada en 1820), a medio cuerpo, a tres cuartos (muchas veces por su dificultad para dibujar los pies) y de cuerpo entero (como el caso del retrato del mártir José Olaya Balandra, recreación idealista que hoy forma parte de la colección de la pinacoteca de arte republicano y contemporáneo del Banco Central de Reserva del Perú). Por las deficiencias en su formación en anatomía artística, tuvo dificultad para representar pies, destacando en sus retratos la ausencia de perspectiva (las imágenes se confunden con el fondo, los personajes aparecen como volando) y medidas corporales antinaturales. Las técnicas que manejó fueron el óleo (sobre cobre, como en uno de los retratos de San Martín; madera, como en el retrato de O'Higgins; y tela) y acuarela (sobre marfil). La mayoría de sus pinturas fue hecha sobre lienzo, en diversos formatos.

En Lima retrató al general Mariano Necochea (1825) y a José Bernardo de Torre Tagle (1825). En Santiago realizó numerosos retratos de José de San Martín en 1817, 1818 (retrato que obsequió al gobernador de Mendoza) y 1820. En 1817 hizo un retrato del rey Fernando VII a partir de una copia (estampa española), en Santiago. En 1811 pintó un lienzo de San Jerónimo que perteneció a San Martín, una Virgen rodeada de ángeles en 1815 y Nuestra Señora de las Mercedes. En 1822 pinta a los jefes del Ejército de los Andes, Guillermo Miller e Hilarión de la Quintana. En Lima pintó a Bolívar varias veces, entre 1823 y 1825. El retrato de Bolívar que conserva el Museo Nacional de Historia de Pueblo Libre muestra al Libertador de cuerpo entero, con la espada de oro y piedras preciosas quele había obsequiado el cabildo de Lima. Destaca dentro de su obra un retrato doble hecho en Lima en 1834 al magistrado limeño Mariano Alejo Álvarez y a su hijo.

Por último, sus pinturas fueron expuestas por vez primera en septiembre de 1873 en la exposición del coloniaje celebrada en Santiago de Chile, a cargo de Benjamín Vicuña Mackena y Francisco de Paula Figueroa, quienes imprimieron un catálogo con un comentario crítico de la obra de Gil de Castro.

null
Retrato del libertador Bolívar
null
Otro retrato de Bolívar
null
Retrato de San martín
null
Retrato idealizado de José Olaya

Categoría: General
Publicado por: jorrego

Visto: 11151 veces
Es posible también que su formación inicial fuera através de la enseñanza particular, tal vez en la escuela conventual de los Hijos de Santo Domingo de Guzmán. Pudo -también- estudiar en la Escuela Pública de Dibujo y Pintura establecida en Lima en 1791 por el pintor Jesús del Pozo. Pero fue, sobre todo, un autodidacta que desarrolló un estilo particular de en el retrato, caracterizado por cierto hieratismo (que resalta la oficialidad y presencia de los personajes), un especial tratamiento de los rostros y expresiones, además de una especial minuciosidad en el trabajo de las vestimentas. Es el caso del miniaturismo casi especializado del pintor, reflejado en la representación de atributos monárquicos, condecoraciones, charreteras de los uniformes militares que distinguen a patriotas o realistas, además del decorativismo de bordados y estampados, hebillas, utensilios, armas y mobiliario. Para Francisco Stasny, el detenimiento con que Gil pinta las medallas y los pormenores de los uniformes militares engalanados con bordados en hilo de oro y la calidad inmaterial y plana que les otorga, recuerda inequívocamente a la tradición de los estofados coloniales y a la pintura de superficie, de velos y de encajes tan usada en la escuela limeña en el siglo XVIII.

El padre rubén Vargas Ugarte afirma que ya en 1805 salió del Perú para trasladarse a Chile, estableciéndose en Santiago donde pinta gran parte de su obra como los retratos del general Miller (1820), del general Hilarión de la Quintana y el primer retrato del Capitán General Bernardo O'Higgins, Director Supremo de Chile. En 1806 era ya pintor de renombre en Santiago como da testimonio el lienzo pintado en ese año: un retrato del maestre de campo Antonio García Larin Castro y Cuevas. Estuvo en Argentina de 1811 a 1814. En 1816 recibió en la capital chilena el nombramiento de Maestro Mayor del gremio de pintores. Residió en esta ciudad durante 1818, año de la declaratoria de la independencia del país del sur luego de la batalla de Maipú. Durante las campañas de independencia, se incorporó en Cuyo al ejército libertador y asì regresó a Santiago. En 1822 estaba en ima nombrado como "primer pintor de cámara del gobierno del Perú". En 1824, diseñaba uniforme para el ejército peruano.

Gil de Csatro rompe con el esquema del anónimo de la pintura colonial al firmar y fechar sus cuadros, ser un artista natural y de casta reconocido oficialmente, alcanzando prestigio social y posición económica. Sale del ámbito colonial de lo sagrado y se integra a la representación de la vida oficial y cotidiana de los sectores aristocráticos y de alta burguesía de Santiago y Lima. Su obra maestra, sin embargo, presenta el legado colonial en conciliación con la innovación temática y estilística siguiendo los cánones pictóricos coloniales e incorporar el texto (en semblanzas y cuadros-reseñas) como parte esencial de los retratos. De ahí la descripción más que visual de los personajes que nos recuerda junto al tratamiento de las imágenes, el esquema didáctico de las crónicas ilustradas, las imágenes religiosas y los retratos de los virreyes.

null
Retrato de Bernardo O'Higgins
null
Detalle del retrato de O'Higgins
Categoría: General
Publicado por: jorrego

Visto: 3286 veces
Llamado también "el mulato Gil", este retratista pardo puede ser considerado el principal cronista visual de la época en que vivió, el tránsito del orden colonial y los inicios de los tiempos republicanos. José Gil de castro y Morales nació en Lima el 1 de septiembre de 1785, como consta en el libro nº 15 de las Partidas de Bautizos del Archivo Parroquial del Sagrario de Lima. Ese era el día de san Gil, razón por la cual el futuro retratista fue bautizado con ese nombre. Solo se tiene noticia, sin confirmación documental, que murió a los 56 años, en 1841, ya retirado de la vida artística y en circuntancias desconocidas.

Haciendo un breve recuento de su vida podríamos decir que fue hijo de Mariano castro y de maría Leocadia Morales. Su madre fue una esclava negra liberta; su padre, un pardo libre que llegó a alcanzar el grado de capitán de Milicias en Trujillo, puesto que años después alcanzaría el pintor. Su infancia transcurrió en Trujillo, junto a su familia. De joven ingresaría al ejército y aprendió dibujo, caligrafía y otras artes. Así, fue nombrado miembro del cuerpo de ingenieros del ejército por su calidad de delineador, estuvo encargado de la confección de croquis, cartas geográficas y planos de batalla. Contrajo matrimonio en 1817 con la criolla chilena María de la Concepción Martínez en la parroquia del Sagrario de la Iglesia Catedral de Santiago de Chile.

Ricardo Mariátegui Oliva, historiaador del arte peruano, señala la trascendencia des u partida matrimonial, por ser testimonio verídico del origen y los datos del renombrado pintor, que confirma su nacimiento en Lima. caso aparte es el de las investigaciones de Joaquín Ugarte, quien pudo dar con el certificado de bautizo del artista, fijando la fecha exacta de su nacimiento en 1785. Sobre estos datos hubo discrepancia en el pasado, pues algunos investigadores situaban la fecha de nacimiento en 1780 o posiblemente en las postrimerías del siglo XVIII, sin mayor precisión: No se tiene certeza sobre su formación artística, no obstante se sostienen algunas hipótesis al respecto. Según Patricio Díaz Silva, "la historiadora Isabel Cruz sostiene que estudió en el taller del pintor sevillano José del Pozo, quien llega a Lima en 1796 con la expedición científica de Alejandro Malaspina, instalándose posteriormente con un taller de pintura donde ejerce docencia y atiende pedidos por algunos años. Por su parte Francisco Stasny afirma que fue discípulo del pintor colonial Julián Jayo (quien estableció un taller de pintura religiosaa a fines del virreinato), loq ue resulta discutible, no solo porque no s tienen datos documentados, sino porque además su pintura es visiblemente diferente en cuanto al estilo y la pincelada. Más fácil sería suponer que tuviera contactos con pintores que estban cultivndo con éxito la pintura de retrato en la ciudad de Lima. Tal es el caso de José Legarda, muy conocido quien retrata en 1792 al obispo chileno Don Manuel Alday y Aspeè (el estilo y composición del retrato sugieren alguna semejanza con lo realizado por Gil de Castro). también se podría relacionar con José Díaz, otro retratista con taller en Lima. Mientras en el Cuzco se seguía produciendo iconografía religiosa, Lima, más "progresista", hace escuela de retrato de una sociedad ya marcada por el protagonismo individual, que lleva a los partuiculares a perpetuarse en el cuadro... Por esos días, en nuestro país, no se tiene aún aprecio por el retrato. Resulta difícil encontrar algún pintor de cierto profesionalismo, a excepción del italiano Martín de Petris, quien en su breve estadía en Chile dejó algunos. para Gil de castro el camino estaba libre y casi inexplorado".

null
Retrato del canónigo Manuel José Verdujo (Chile)
null
Retrato de Francisca de Paula Urriola de Ovalle (Chile)
Categoría: General
Publicado por: jorrego

Visto: 1008 veces
Ayer, en El País de España apareció la siguiente noticia:

Ir más allá de lo local o nacional y descubrir para poner en valor los aspectos comunes de Iberoamérica es el objetivo de la colección América Latina en la historia contemporánea, que la Fundación Mapfre y el Grupo Santillana, dentro de su sello Taurus, van a completar en los próximos años. Además de la edición de los libros, en los que participarán 425 historiadores, se realizarán una decena de exposiciones fotográficas. La primera de ellas se celebrará en Santiago de Chile en marzo de 2010, coincidiendo con el congreso internacional de Academias de la Lengua. Esta iniciativa permitirá crear uno de los mayores y más selectos bancos de imágenes sobre historia latinoamericana.

Para Emiliano Martínez, presidente del Grupo Santillana, el proyecto permitirá revisar la historia contemporánea nacional "asumiendo como punto de partida común la ruptura del modelo colonial ibérico con la invasión napoleónica de la península Ibérica". Los historiadores tratarán de mostrar "los procesos de divergencia y convergencia que experimentaron los países latinoamericanos, así como sus relaciones con las demás potencias occidentales, tras su independencia". Según Pablo Jiménez, director del Instituto de Cultura de la Fundación Mapfre, la obra "pretende trascender de los círculos académicos más especializados".

El análisis de cada país se realizará con dos criterios: la división en periodos cronológicos homogéneos y el seguimiento de un esquema común al abordar cada volumen. En una primera fase se analizarán México, Colombia, Venezuela, Perú, Brasil, Argentina, Chile, España, Portugal y Estados Unidos. En total se publicarán en torno a 50 libros. En la segunda fase, que concierne al resto de países americanos y algunos europeos, se publicarán otros 50 más
.

En efecto, se trata de una obra sin precedentes. Para el caso peruano, ya se ha convocado a los 25 especialistas que escribirán los 5 tomos correspondientes a la historia del Perú desde la Independencia hasta el año 2000. A continuación, presentamos la fotografía en la que los responsables de Mapfre (Pablo Jiménez) y del Grupo santillana (Emiliano Martínez) sellan el acuerdo esta semana en Madrid.

null



Categoría: General
Publicado por: jorrego

Visto: 3011 veces
Nadie sobrevivió al asesinato de la familia Romanov, en el que murieron el último zar de Rusia, su mujer, sus cinco hijos y sus criados, tiroteados y rematados a golpes de bayoneta en 1918, en un sótano de Yekaterimburgo, en la Rusia central. A pesar de las leyendas que surgieron, nadie escapó de aquella matanza, según indica un reciente estudio científico, basado en restos de ADN, publicado en la revista on line Public Library of Science, citado por el diario británico The Independent.

Los expertos han reunido pruebas de ADN procedentes de dos tumbas cercanas a Yekaterimburgo que, en su opinión, concluyen que el zar Nicolás II y su esposa, la zarina Alejandra, murieron junto a sus cinco hijos, Olga, Tatiana, María, Anastasia y Alexei, el príncipe heredero, que padecía hemofilia. Los siete miembros de la familia real, junto a su doctor y tres siervos, fueron asesinados por soldados bolcheviques del soviet de los Urales, que se habrían impacientado ante la posibilidad de que sus prisioneros fueran rescatados por las tropas de los rusos blancos. La única duda es saber si el cuerpo enterrado junto a Alexei en una tumba diferente del resto de la familia es el de María o el de Anastasia.

Casi inmediatamente, el crimen desató las teorías conspiratorias y las leyendas de que alguno de los vástagos, como Anastasia, habría escapado. Desde entonces, cerca de 200 personas han asegurado que descienden de alguno de los supuestos supervivientes. Todos estos rumores, a los que el estudio parece poner punto final, podrían haberse resuelto hace tiempo. No fue hasta 1991, con la caída de la Unión Soviética, que el geólogo Alexander Avdonin decidió hacer público que desde hacía casia una década conocía una fosa común cerca de Yekaterimburgo (la antigua Sverdlovsk).

Un equipo internacional de científicos analizó los restos óseos de nueve esqueletos y halló el ADN de dos progenitores y tres niños. Compararon el ADN con el de algunos parientes vivos de la dinastía Romanov y concluyeron que se trataba de la familia del último zar. Los otros cuatro cuerpos eran el del médico familiar y tres criados. Pero ¿dónde estaban los cuerpos de Anastasia y Alexei? La duda desató las teorías conspiratorias.

Eso fue hasta 2007, cuando un grupo de arqueólogos aficionados hallaron una segunda tumba a 70 metros de la primera, que contenía docenas de restos óseos humanos carbonizados que alguien había intentado quemar. "De los 44 fragmentos óseos y dentales presentes, fue posible determinar que por lo menos se trataba de dos individuos, una mujer y un hombre". Punto final al misterio.

Tomado de El País de España (11/03/09)

null
El zar Nicolás II y su familia



Categoría: General
Publicado por: jorrego

Visto: 2358 veces
Entre finales del XIX y comienzos del XX, una extensa colonia europea, especialmente inglesa y norteamericana, muchos de ellos trabajadores de empresas mineras foráneas de nuestra serranía, llegaban por tren a la estación de Desamparados. Se hospedaban en el Grand Hotel Maury, en el Hotel France e Ingleterre (en 1880 estaba en la Plazuela de Santo Domingo, posteriormente ocupó el anexo del Maury, en la esquina de Bodegones con Judíos 204, la misma calle del Maury, mirando hacia la Plaza de Armas y al Palacio de Gobierno), en el Hotel Santa Apolonia (calle Santa Apolonia 355, jirón Lampa, atrás de la Catedral de Lima), o en la sucursal de la calle Coca, jirón Huallaga, a media cuadra del local principal. Las minas de Cerro de Pasco dieron importancia a Lima.

Según la Guía Mignon de Lima (1913), de Carlos B. Cisneros: En Lima no hay hoteles que ofrezcan el confort de aquellos de primer orden en estados Unidos o Europa, a pesar que cada hotelero da título de primera clase al suyo. Los de la ciudad recuerdan por su organización lo de segundo orden de Francia o Italia; sus propietarios se esfuerzan por colocarlos a nivel de las exigencias modernas. En ellos se paga aun por solo un día, el precio de pensión, que comprende: la habitación, la luz, el servicio, el almuerzo y la comida. El desayuno a menudo se cuenta aparte. El alimento, por lo general, es bueno y abundante, sobre todo la comida, compuesta por un menú en que se mezclan guisos de la cocina criolla, italiana y francesa. El personal, aunque nacional, habla o comprende el francés e inglés. El mobiliario de las habitaciones y limpieza dejan mucho que sedear. El personal, frecuentemente, es negligente y poco servicial no comprende las exigencias del extranjero, fuera de las costumbres del país. Hay que soportar con resignación la costumbre peruana de fumar en todas partes. Las casas de huéspedes y posadas son albergues menos que mediocres. El precio de la pensión varía según esté situada la habitación; si se halla al interior o con vista a la calle fluctúa entre Lp. 1 y $6.

El almuerzo se sirve por lo general de 11 am. a 1 pm. Y la comida de 7 a 9 pm. El vino se paga aparte. Hay algunos vinos nacionales regulares pero muy alcoholizados. En el salón de lectura se encuentran periódicos ingleses, americanos, alemanes, italianos y franceses. Hay que tener cuidado con la lencería fina y de color, pues toda la ropa se leva por lo general mecánicamente. En Lima no hay Boarding Houses ni Pensions de Familles
.

Según esta Guía, los hoteles de Lima se dividían de la siguiente manera:

1. Primer orden: Hotel Maury (calle Bodegones con excelente restaurante y Jardín Camal); Hotel Francia e Inglaterra (calle Judíos con sucursales en Portal de Botoneros y calle Santa Apolonia); Gran Hotel (calle Melchormalo con restaurante); y Gran Hotel Cardinal (calle Mercaderes).

2. Segundo orden: Hotel Central (calle Palacio 48); Hotel Europa (calle Jesús Nazareno 7); Hotel París (Plaza del Teatro); Hotel Comercio (calle de la Pescadería) y Hotel Italiano (calle de Trujillo 216).

null
Hotel Cardinal, calle Mercaderes (Jirón de la Unión)


Según la guía Lima en la mano (1922), esta era la lista de los principales hoteles en Lima:

Gran Hotel Bolívar (en construcción)
Hotel Maury (Bodegones 387)
Gran Hotel (Melchormalo 336)
Hotel Francia e Inglaterra (Judíos 204)
Hotel Palais Concert (Baquíjano 1592)
Hotel Cardinal (Mercaderes)
Maisón Terné (Bodegones 354)
Hotel Berlín (Plateros San Pedro)
Pensión Suiza (Portal de Botoneros)
Hotel Europa (Jesús Nazareno)
Hotel Santa Apolonia (Santa Apolonia)

null
Antiguo Hotel Maury
Categoría: General
Publicado por: jorrego

Visto: 2542 veces
La historia de los hoteles en Lima se remonta a mediados del siglo XIX cuando nuestra ciudad empieza a recibir numerosos visitantes gracias a los progresos de la navegación y a la coyuntura económica del guano. Antes de la década de 1850, los lugares de alojamiento se reducían a algunas posadas o casas particulares que recibía a algún huésped. Como mencionábamos, fue a partir de la bonanza guanera que empiezan a llegar numerosos viajeros, básicamente europeos, quienes venían a nuestra capital por algunos negocios o, simplemente, por curiosidad intelectual.

En su Guía del Viajero de Lima (1860), Manuel Atanasio Fuentes dice que en la ciudad había 8 hoteles, 12 posadas y 42 tambos. Los principales hoteles, con sus dueños y dirección, eran:


Hotel Morin (D. Courenjolles, López y Cía) Portal de escribanos 128
Hotel Maury (D. Pedro Maury) Calle de Bodegones 153
Hotel Bola de Oro (D. Marchand y Maroux) Calle de Mercaderes 7
Hotel Americano (D. J. Grelland) Calle de Espaderos 14
Hotel del Universo (D. Estanislao Courtheoux) Plazuela del Teatro 194
Hotel de la Europa (D. Eduardo Gil) Calle de Jesús Nazareno 126

null
(Fuente: Manuel A. Fuentes, Lima: apuntes históricos, descriptivos, estadísticos y de costumbres)

Como vemos, los principales hoteles estaban regentados por ciudadanos extranjeros. Según M.A. Fuentes, los hoteles de Morin y de Maury eran los mejores y pertenecían a empresarios franceses; eran los que ofrecían mayores comodidades y atendían a la mayor cantidad de clientes.

El Hotel Morin (en la Plaza de Armas) tenía 46 habitaciones y daba pensión con comida completa (había comedor y fonda). El servicio era a la francesa y se hablaba español, inglés y francés; en su parte baja de la casa había un café con mesas de billar y servicio de baños tibios. Por su lado, el Hotel Maury (hoy cuadra 3 del jirón Carabaya) tenía 52 habitaciones y el servicio del comedor era a las 9:30 de la mañana y a las 4:30 de la tarde. Había café, billar y un bar bien surtido de vinos y licores.

En los hoteles Bola de Oro (hoy cuadra 4 del jirón de la Unión) y Americano (hoy cuadra 5 del jirón de la Unión) no había comedor pero sí fondas en las cuales los huéspedes podían pedir comida cualquier hora; en ambos había billares y café. En el Hotel de la Europa (hoy cuadra 1 del jirón Ayacucho) no había servicio de comida, solo de té, chocolate y licores. Finalmente, en el Hotel del Universo (hoy frente al Teatro Segura) no había ni servicio de comida ni de café, solo habitaciones amobladas.

Concluye M.A. Fuentes: En las demás posadas, que generalmente pertenecen a fondas de segunda clase, se encuentran habitaciones de doce a veinticinco pesos mensuales. Los tambos situados en las inmediaciones de las portadas sirven por lo general de alojamiento a los arrieros, y a los importadores de víveres de la sierra. Los principales cambios de Abajo del Puente, son del Sol, situado en la plazuela del Baratillo, y el de Huanuco, en la calle del mismo nombre; en todos los tambos que abundan en Maravillas, Cocharcas y Malambo, se paga por el cuarto un real o medio real diario y un cuarto de real por cada bestia que entra en los corrales. En esos tambos no hay servicio ni comodidad alguna para el pasajero. Las habitaciones son chicas y desaseadas, con pocos o ningunos muebles, y entre estos un catre con el asiento de cuero y sin colchón ni ropa de cama.

Las noticias más precisas sobre los hoteles de Lima datan de finales de la década de 1880 cuando visitó el Perú el viajero alemán Ernst W. Middendorf, quien nos dejó sus impresiones sobre nuestra ciudad. Su testimonio respecto al hospedaje es muy severo pues afirma que el viajero no encuentra, es verdad, en Lima la atención a que está acostumbrado en Europa o América del Norte, pero esto no significa ningún reproche a la ciudad. Es más fácil mantener en un país cálido un hotel de primera categoría o cuando menos limpio, que en un país de la zona templada.

Dice Middendorf que en Lima hay dos hoteles que, en comparación con los demás de la ciudad, merecerían considerarse de primera clase: el Hotel Maury y el Hotel de France et d’Angleterre. A continuación, reseñamos lo que nos dice de ambos:

Hotel Maury.- Es el más antiguo de estos dos establecimientos, está situado en la esquina de las calles Bodegones y Villalta, a una cuadra de la Plaza de Armas y en la zona más comercial. Antes era muy frecuentado, pero debido a que su propietario era chileno cayó en disfavor y decadencia durante la guerra y sólo ahora vuelve a recuperarse.

Hotel de France et d’Anglterre.- Está situado también, muy cerca de la Plaza de Armas, en la Plazuela delante del convento de Santo Domingo, en una zona que aunque sin gran movimiento comercial, está cerca del Correo y de las dos estaciones de ferrocarril. Hace pocos años que existe, y por esta razón las instalaciones de los cuartos, especialmente las alfombras, son relativamente nuevas y de calidad. Por esto y porque se puede comer a cualquier hora a la carta, la mayoría de los viajeros prefieren este hotel. Nosotros también quisimos seguir el dictado de la moda y lo elegimos para nuestra residencia.

El edificio no fue construido para hotel, sino para una casa corriente, con un segundo piso, en el que los cuartos interiores dan sobre dos pequeños patios. El primer patio ha sido convertido en un agradable jardín, donde en pequeñas divisiones rodeadas de plantas, se encuentran puestas las mesas, que los huéspedes pueden elegir a voluntad. Los cuartos del segundo piso tienen balcones techados que dan a ala calle y a la plazuela y son utilizados como vestíbulos para los cuartos adyacentes. La casa está bastante bien cuidada por el hotelero y dueño, un francés cojo y con una inteligencia algo torpe, pero con una esposa que posee agilidad y humor por ambos: una mujer pequeña, fortachona, con rostro rojizo y pelo blanco encrespado, que había sido antes lavandera y cuyos salientes pómulos, fuerte y pequeña dentadura y labios ligeramente contraídos anuncian un grado de inteligencia poco común. En la casa, se le oye renegar sin cesar para mantener en orden y en actividad a los perezosos mozos morenos. Sin embargo, el servicio es malo, pero se le puede mejorar en alguna forma, como ocurre también en cualquier otra parte, si se da a entender oportunamente a los criados que el monto de la esperada propina depende de su celo en el servicio, y se les estimula con un pequeño pago adelantado
.

Un inconveniente del hotel, es la proximidad al convento de los dominicos, que está al frente, y en el que el repique de las campanas es incesante; sobre todo en las mañanas en que se celebran generalmente las exequias, el quejido de las campanas pequeñas, que no armonizan entre sí, es una gran molestia hasta para los nervios menos sensibles. Sin embargo, con el tiempo uno llega a acostumbrarse, del mismo modo que se acostumbra a otras molestias. No es lo peor el sonido discordante de las campanas, que en Lima ofende el oído civilizado, sino las voces de los vendedores ambulantes y sus pregones, tan hirientes que es imposible habituarse a ellos, y que según el estado de ánimo en que uno se encuentra llevan, por momentos, a la desesperación o a la rabia.

null
Hotel de Francia & Inglaterra (en su segundo local en la esquina y portal de Botoneros)

Categoría: General
Publicado por: jorrego

Visto: 8036 veces
EL CONTEXTO POLÍTICO.- Como sabemos, el mayor mérito político del coronel Sánchez Cerro (n. Piura, 1889) era el de haber acabado con el gobierno de Leguía en 1930. Derrocado el líder del “Oncenio”, supo ganarse el apoyo del pueblo pero pronto cayó en los círculos sociales de la elite. Fue invitado a formar parte del exclusivo Club Nacional y la oligarquía pronto vio que podía contar con un candidato que tuviera el apoyo de las masas y el respaldo del ejército. El objetivo era frenar a las masas "comunistas" que seguían al APRA, especialmente ahora que el electorado había sido ampliado por la ley que incluía a todos los varones adultos que supieran leer y escribir. Así se fundó la Unión Revolucionaria, que postuló a Sánchez Cerro a las elecciones de octubre de 1931. Fue un partido de enorme arraigo popular. El origen mestizo y provinciano de su líder, que fue capaz de pulverizar el edificio leguiísta, ejercía enorme fascinación entre los obreros y los grupos medios urbanos. Su lema era el Perú sobre todo, lo que demostraba su clara vocación nacionalista propia de un militar que toma el poder, y como respuesta a las influencias "foráneas" representadas por el aprismo y el comunismo.

Entre los candidatos que se presentaron a las elecciones de 1931, dos fueron los más importantes: Luis M. Sánchez Cerro, por su partido la Unión Revolucionaria, y Víctor Raúl Haya de la Torre, por el Partido Aprista Peruano (PAP). Los otros fueron Arturo Osores, ardiente enemigo de la dictadura de Leguía al que apoyaba la Coalición Nacional, y José María de la Jara Ureta, del Partido Unión Nacional. Pocas veces en la historia republicana hubo tanto entusiasmo y expectativa ante un proceso electoral. Pero, al final, el país se dividió. La Iglesia, el Ejército y la oligarquía costeña no escatimaron esfuerzos para denunciar al APRA como un movimiento subversivo internacional que pretendía destruir la integridad nacional.

Según "El Comercio", los comicios se llevaron a cabo con gran sentido de ecuanimidad. Ellas se caracterizaron por el respeto de unos ciudadanos con otros ciudadanos. Enormes masas de gente fueron a depositar sus sufragios y esperaron el turno correspondiente sin agresiones de ninguna clase. No hubo hechos de sangre ni abusos el día que fue ejercido el acto cívico. Alrededor de 300 mil electores depositaron sus votos a favor de los cuatro candidatos presidenciales y de una multitud de candidatos al Congreso. De acuerdo a la información oficial, votó el 80% de los inscritos en el Registro Electoral. Los resultados fueron los siguientes: Sánchez Cerro 152 mil votos; Haya de la Torre 106 mil; José María de la Jara y Ureta 21,921; y Arturo Osores 19,653.

La victoria de Sánchez Cerro era contundente, pues había obtenido más votos que los otros juntos. Sin embargo, mientras La Jara y Osores reconocían su derrota, los apristas denunciaron fraude electoral y llegaron a decir que Haya de la Torre era el "Presidente moral del Perú". La victoria de Sánchez Cerro era un golpe amargo para las legiones apristas que daban por descontado el triunfo de Haya. Habían sido convencidos de que había llegado el momento de cambiar el país en beneficio de ellos mismos. Su frustración era inmensa. A partir de allí, el Partido del Pueblo inició una cerrada oposición desde el recién instalado Congreso Constituyente y desde las calles. Este fue el inicio del odio aprista hacia Sánchez Cerro y de la violencia que se desató en el país que tuvo sus puntos más álgidos durante la Revolución Aprista de Trujillo (1932) y el asesinato de Sánchez Cerro (1933).

La calma desapareció y los apristas iniciaron una feroz campaña de oposición y violencia que siempre encontró una reacción firme del gobierno en hacer respetar los resultados electorales. Este clima fue empeorando hasta desembocar, prácticamente, en una guerra civil. El primer escenario de enfrentamiento fue el Congreso donde la "cédula parlamentaria aprista" (liderada por Manuel Seoane, Carlos Manuel Cox, Luis Heysen y Luis Alberto Sánchez) empezó sus debates con el oficialismo en medio de gritos, amenazas e insultos. Pronto circularon rumores de conspiraciones e intentos de asesinatos. El Congreso, entonces, aprobó una "ley de emergencia" destinada a reprimir cualquier desmán que a su juicio podía ocasionar el APRA. De este modo, se cerraron sus locales, se clausuró su periódico La Tribuna y el 18 de febrero de 1932 fueron desaforados y luego deportados los parlamentarios apristas. Los principales líderes del "partido del pueblo" fueron perseguidos y varios de ellos pasaron a la clandestinidad. Haya de la Torre fue recluido en la isla de El Frontón.

De este modo, surgía una relación, basada en el terror, entre el APRA y el ejército. Su momento más sangriento fue la revolución aprista de Trujillo que se inició con la masacre de varios oficiales del ejército en el cuartel O'Donovan y culminó con la ejecución masiva de los cabecillas apristas en los muros de la ciudadela de Chan Chan. El gobierno culpó a la dirigencia aprista de instigar o participar directamente en esta frustrada revolución. Como si esto fuera poco Sánchez Cerro sufrió un atentado contra su vida cuando salía luego de escuchar misa en la Iglesia Matriz de Miraflores. Un joven aprista le disparó con un revólver por la espalda y el presidente salvó milagrosamente. Pero estos hechos, todos ocurridos en 1932, el "año de la barbarie", no serían sino el preludio de otro aún más dramático: el asesinato del propio Sánchez Cerro.

EL ASESINATO DE SÁNCHEZ CERRO.- Fueron las tensiones internacionales las que provocaron, sin ser ése el verdadero móvil, la trágica muerte del Sánchez Cerro. La firma del Tratado Salomón-Lozano con Colombia, hecha por Leguía, indignó a la opinión nacional, de manera especial a los loretanos, un grupo de los cuales, en septiembre de 1932, se apoderó del pueblo de Leticia y expulsó a las autoridades del país vecino. Sorprendido ante el hecho, Sánchez Cerro lo consideró obra de la oposición.

Tiempo antes, el líder de la Unión Revolucionaria había declarado a la agencia "Associated Press", lo siguiente: Nosotros no reabrimos la cuestión internacional arreglada por el ex-Presidente señor Augusto B. Leguía. Nosotros miramos tales cuestiones como hechos cumplidos, pues los arreglos hechos por el anterior Gobierno lo fueron a nombre del Perú y no a nombre personal de Leguía; nuestro único interés es la reorganización interna del país y el aseo de la casa. Pero ahora el panorama había cambiado. En su entusiasmo, los captores de Leticia no midieron las consecuencias provocando la protesta colombiana. El Perú se negó a presentar excusas y hubo algunos enfrentamientos fronterizos.

Como vemos, el desarrollo de los acontecimientos ocasionó el desapego de Sánchez Cerro al Tratado. La guerra era inminente y su gobierno decide movilizar 30 mil efectivos a la frontera. El momento trágico no tardaría en llegar.

El domingo 30 de abril de 1933, Sánchez Cerro pasaba revista a las tropas en el hipódromo de Santa Beatriz (hoy Campo de Marte). Viajaba en un Hispano-Suiza descubierto (un gesto imprudente, teniendo en cuenta que había sobrevivido milagrosamente a un atentado anterior). Compartía el asiento posterior el primer ministro José Matías Manzanilla. En el traspuntín, mirando hacia atrás, viajaba el coronel Antonio Rodríguez, jefe de la Casa Militar. Alrededor del vehículo, trotaban los lanceros a caballo. Era casi la 1 de la tarde. Avanzaban con lentitud, atravesando la multitud, cuando un joven, de filiación aprista, Abelardo Mendoza Leiva, corrió hacia el vehículo, saltó al estribo y empezó a disparar (20 días antes lo habían dejado en libertad por orden de la Prefectura). Entonces, estalló el tiroteo. Mendoza Leiva fue capturado y le dispararon a la frente. El cadáver recibió más balazos y fue convertido en pulpa por las lanzas de la escolta. A Sánchez Cerro lo llevaron a toda velocidad al Hospital Italiano (en la actual avenida Abancay). Expiró a la 1 y 10 minutos de la tarde.

El informe del doctor Carlos Brignardello, uno de los médicos que lo asistieron antes de su muerte, decía que hubo dos clases de disparos: de menor calibre, arriba abajo; y de mayor calibre y de necesidad mortal, un disparo de abajo arriba y de adelante hacia atrás. Este último tiro se había hecho de muy corta distancia y causó una hemorragia incontenible. Los disparos de arriba abajo fueron hechos por Mendoza Leiva (portaba una Browning automática, calibre 45, 50 metros de rango efectivo y 243 metros por segundo de velocidad inicial de la bala), que estaba trepado en el estribo y disparaba por encima de Matías Manzanilla. Se presume que el coronel Rodríguez había sacado su arma y que Sánchez Cerro se desplomó hacia delante al recibir las balas de Mendoza. Si Mendoza Leiva ya había caído, la pregunta que siempre quedó en la polémica es ¿quién apretó el gatillo de abajo para arriba?

Según Jorge Basadre, el agresor se apoyó con la mano izquierda en la capota y, con un revólver, disparó a quemarropa, por la espalda del presidente, varios tiros, según declararon los médicos Guillermo Fernández Dávila y Carlos A. Bambarén en el peritaje que luego practicaron. Añade Basadre: Según declaraciones que hizo el doctor Brignardello, la herida que quitó la vida del presidente fue de necesidad mortal desde el primer momento… el orificio de entrada se encontraba en plena región precordial con aparente trayectoria de abajo a arriba y de adelante a atrás.

Todo parece indicar que los disparos de Mendoza Leiva fueron de otro calibre que el del balazo definitivo. Pero se tapa todo… El auto tenía perforaciones del otro lado; también le dispararon desde los jardines del Lawn Tennis (en las fotos, el auto parece una “coladera” de balas). Todo parece indicar que no fue un acto espontáneo, exclusivo, personal y anarquista.

null
Fotografía de Sánchez Cerro el el hispano-suiza antes de su asesinato


CONSECUENCIAS DEL ASESINATO.- Nunca se comprobó la responsabilidad de la cúpula del APRA con el asesinato. La versión “oficial” dice que el joven actuó solo: el temor a que Sánchez Cerro pudiera organizar un partido que lograra tener más éxito con las masas empujó al asesino, o a quienes lo instigaron al crimen, a eliminar físicamente a su principal adversario político. Para Basadre, si el automóvil presidencial fue blanco de ocho disparos hechos por varia manos, o sea si hubo un complot como afirmó perentoriamente la sentencia, no hay modo de encontrar hoy una comprobación.

Asesinado el presidente, esa misma tarde el Congreso decidió nombrar al general Oscar R. Benavides para completar el período del difunto gobernante. El nombramiento era una clara violación constitucional pero se invocó la situación de emergencia. El militarismo continuaba. Dicen que Benavides mandó quemar mucha documentación referente al magnicidio.

El cuerpo de Sánchez Cerro fue velado, del 1 al 4 de mayo, en la capilla del Sagrario, en la Catedral de Lima. El acto fue multitudinario. Hombres y mujeres de toda edad y condición social acompañaron el velatorio del cuerpo y su posterior sepultura en el cementerio Presbítero Maestro.

null
Cortejo fúnebre a su paso por la iglesia de Santa Clara

null
Tumba de Sánchez Cerro



Categoría: General
Publicado por: jorrego

Visto: 6680 veces
null
El asesinato de Pardo, según publicación francesa de la época

EL CONTEXTO POLÍTICO.- Manuel Pardo y Lavalle (Lima, 1834-1878) fue hijo del poeta y político conservador Felipe Pardo y aliaga. Había estudiado en Valparaíso, Lima, Barcelona y París. A su regreso, defendió la construcción de una red ferroviaria para articular social y geográficamente al país, como condición indispensable para alcanzar el progreso: Sin ferrocarriles no puede haber progreso material y sin progreso material no puede haber en las masas progreso moral, porque el progreso material proporciona a los pueblos bienestar, y el bienestar los saca del embrutecimiento y la miseria; tanto vale decir que sin ferrocarriles tiene que marchar a pasos muy lentos la civilización, escribía Pardo.

Su vida política fue como una centella: rápida, brillante y trágica. Desde 1865 hasta su muerte, en 1878, fue, sucesivamente, ministro de Hacienda del “gabinete de los talentos” durante la guerra con España, director de la Beneficencia de Lima, alcalde de Lima, fundador y jefe del Partido Civil, presidente de la República y presidente del Senado.

Fue el más brillante exponente de la elite modernizadora del siglo XIX peruano, la que imaginó un desarrollo alternativo para el país. Así, Pardo fundó Partido Civil y, entre 1872 y 1876, se convirtió en el primer presidente que no vestía uniforme militar. Su programa insistía en la necesidad de institucionalizar el país, fomentar la educación y construir obras públicas. Ya en el poder, poco es lo que pudo hacer: el país se encontraba ahogado en una crisis debido al despilfarro fiscal y la corrupción de los gobiernos anteriores. Su política de recortar los gastos en defensa y controlar los ascensos militares para neutralizar el caudillismo que tanto daño le había causado a la institucionalidad del país le generó gran odio al interior de los grupos castrenses. Ese odio se materializaría más tarde en su asesinato.

Al culminar su mandato, Pardo viajó a Europa y luego se instaló en Chile, donde residió en Valparaíso. Luego, regresó a Lima al ser elegido presidente del Senado. El 16 de septiembre de 1878, cuando salía de su cámara, Pardo fue cobardemente asesinado por un sargento. Se trató de un complot, largamente madurado, en el que prevaleció el odio político al gran estadista, a quien ya se le voceaba como seguro vencedor en las elecciones de 1880.

EL ASESINATO DE PARDO.- Todo ocurrió entre las 2 y 3 de la tarde del fatídico sábado 16 de septiembre de 1878. A las 2 p.m., Pardo llega en coche a la puerta del Congreso. Llegaba de la imprenta del diario El Comercio, donde había revisado las pruebas de un discurso que iba a ser publicado. Lo acompañaban a la Cámara los señores Manuel María Rivas y Adán Melgar. A la entrada, la guardia del batallón Pichincha le presenta armas y Pardo hace un gesto para que cesen los honores. Luego, Pardo ingresa al primer patio del Congreso cuando el sargento Melchor Montoya le dispara. La bala roza la mano izquierda del señor Rivas, penetra en el pulmón izquierdo de Pardo y sale a la altura de la clavícula. El ex presidente se lleva las manos al pecho y, recostado sobre un señor, se dirige al segundo patio (la cámara de senadores estaba, en el siglo XIX, en el actual local del Museo de la Inquisición).

Pardo cae al suelo entre las puertas que separan al patio del salón de sesiones. El señor Melgar se lanza contra el asesino, mientras la guardia permanece impasible. Melchor Montoya huye hacia la Plaza de la Inquisición, pero es apresado por el sargento Juan Vellods. Dos centinelas lo llevan a un cuarto en el segundo patio del Senado. En unos instantes, llegan más de12 médicos, pero la herida es mortal; la hemorragia es casi generalizada. No movieron a Pardo quien, agonizante, preguntó quién había sido el asesino. Al saber que se trataba de un sargento dijo “perdono a todos”; también llegó a decir “mi familia”, “debo mucho”, “me ahogo”. El padre dominico Caballero fue su último confesor. A las 3 de la tarde, exhaló su último aliento. El presbítero González La Rosa cerró sus ojos.

Seis minutos después de su deceso, el cuerpo de Pardo fue trasladado al salón de sesiones del senado donde se le practicó la autopsia. Se comprobó que la muerte fue debida a dos proyectiles de arma de fuego en la cavidad toráxico y que sus órganos estaban en magnífico estado; todo hacía presumir que hubiera podido llegar a una edad avanzada. A las 9 de la noche fue trasladado en hombros a su casa, a pedido de su esposa y su madre. Los funerales tuvieron una solemnidad excepcional y el entierro (en el Presbítero Maestro) dio lugar a una manifestación multitudinaria sin precedentes.

null
Representación del asesinato de Pardo


CONSECUENCIAS DEL ASESINATO.- El presidente Mariano I. Prado, al enterarse de lo ocurrido, salió a pie de Palacio y tomó luego un coche de alquiler para llegar más rápido al senado. Exclamó “vergüenza” y, al referirse al asesino, dijo: “¿Y por qué todavía vive ese miserable?”. La muerte de Pardo provocó sorpresa, indignación, cólera y desesperación en todo el país. Además, dejó sin timonel al Partido Civil: la Patria está en peligro, dijo uno de los editoriales de "El Comercio". Como si esto fuera poco, solo meses más tarde estallaba la guerra con Chile. Por ello, no le faltó razón al historiador italiano Tomás Caivano cuando escribió: El asesinato de Manuel Pardo, podemos decirlo con toda seguridad, sobre todo en consideración a las circunstancias y el momento en que tuvo lugar, fue algo más que el asesinato de un hombre: fue el asesinato del Perú.

En el asesinato de Pardo nada tuvo que ver el gobierno de entonces. Testimonios diversos concuerdan en señalar la ira que produjo en el presidente Prado la noticia del execrable crimen; también quedaron fuera de toda sospecha Piérola y sus seguidores, conocidos enemigos políticos del fundador del Partido Civil.

Al sargento Montoya y a sus cómplices se les siguió un largo juicio. Hubo un clima de libertad de prensa frente al caso y el gobierno se extremó en rodear de garantías la marcha del proceso. Se aclaró que el crimen fue producto de un complot de los sargentos del batallón Pichincha Melchor Montoya, Elías Álvarez, Armando Garay y Alfredo Decourt. La razón es que en el Congreso se discutía una ley sobre ascensos que les hubiera impedido su ascenso a la clase de oficial y convinieron hacer una rebelión sublevando a su batallón y asesinando al presidente del Senado, a quien consideraban autor del proyecto. Urdieron con todo detalle al asesinato, como confesaron. Montoya fue fusilado el 22 de septiembre de 1880 a las 5 de la madrugada. Le auxiliaron un sacerdote descalzo y el vicario castrense. Gobernaba ya Piérola y el país estaba empantanado en la guerra con su vecino del sur.

Modesto Molina, escritor tacneño, y testigo presencial del crimen, describió así al asesino: Montoya, cuyo lugar de nacimiento ignoro, es un hombre como de veintiséis años: cholo claro, bajo de cuerpo, un poco grueso y de facciones grotescas. Sus ojos son pequeños y abotagados y en ellos se ve una mirada siniestra. Los pómulos de la cara revelan al hombre vulgar y de instintos depravados y los labios están desprovistos de barba.

Con la muerte de Pardo quedaron acéfalos tanto su partido como el país. Para éste significaba la pérdida de un líder nacional que le hubiera –estamos especulando- sido muy útil cuando la guerra con Chile estaba a punto de estallar. Para su partido, a la larga, fue “beneficioso”: la muerte del líder fundador obligó al Partido Civil prescindir de un caudillo y tener una dirigencia colegiada; de esta forma el Partido Civil devino en la única agrupación política no “caudillista” en la historia del Perú.


Categoría: General
Publicado por: jorrego

Visto: 6189 veces
null
El asesinato de Balta según el semanario The Graphic (28 de septiembre de 1872)

El contexto político.- El coronel José Balta subió al poder mediante elecciones en 1868. Su gobierno fue uno de los más polémicos del siglo XX pues se empecinó por llevar a cabo una colosal política de obras públicas en un contexto en el que la crisis económica, provocada por la caída del precio del guano en Europa, era difícil de manejar. Una medida muy discutida fue la firma del Contrato Dreyfus por la que se les quitó el negocio del estiércol a los empresarios peruanos a cambio de un préstamo para cubrir el déficit y financiar las obras, especialmente la construcción de ferrocarriles, a cargo del controvertido empresario norteamericano Henry Meiggs. La magnitud de las obras, hizo que el dinero prestado por Dreyfus sea insuficiente. Ante la difícil situación, Balta gestionó dos fuertes préstamos en el mercado de Londres en 1872. Los oscuros manejos de estos préstamos y los precios inflados de las obras públicas convirtieron al gobierno de Balta en uno de los más escandalosos del siglo XIX peruano. Pero el desastre económico vino acompañado por la tragedia política.

En 1872 se convocaron elecciones, “multitudinarias” para la época: poco más de 3 mil votantes dieron la victoria a Manuel Pardo sobre sus más claros contendores, Manuel Toribio Ureta y el general José Rufino Echenique. Pardo era el primer peruano que no vestía uniforme militar que convertía en presidente; entre otros puntos de su plan de gobierno había planteado, ante la bancarrota, una drástica reducción de gastos, especialmente en el campo militar o defensa. Durante las elecciones, la opinión pública se polarizó. Por ejemplo, los diarios "El Comercio" y "El Nacional" apoyaron a Pardo, "La República" defendió a Ureta y "El Heraldo" fue partidario de Echenique.

Como es lógico, la victoria del candidato “civilista” generó fuertes reacciones y absurdas actitudes, como la de los tristemente célebres hermanos Gutiérrez, los coroneles Tomás, Silvestre, Marcelino y Marceliano, pertenecientes al sector más tosco e intolerante del ejército. Los Gutiérrez reaccionaron frente a la victoria de un civil que podía impulsar una política antimilitarista y de revisión crítica de los gobiernos presididos por militares. Se sublevaron en Lima y trataron de obligar al presidente Balta a anular el resultado electoral.

null
Fotografía del presidente José Balta


EL ASESINATO DE BALTA.- El 22 de julio de 1872, los hermanos Gutiérrez, quienes sublevaron a parte del ejército, asaltaron el poder, apresaron al presidente y Tomás Gutiérrez, el mayor de los hermanos, asumió el mando. La mayoría de historiadores coincide que esta rebelión no fue una neta expresión caudillista pues le faltó el apoyo popular; además, buen aparte del ejército no apoyó el pronunciamiento y la marina lo repudió. El golpe de estado no era encabezado un jefe popular ni estuvo tras él un grupo de poder, pues buena parte de la población apoyaba el resultado electoral. Tampoco lo respaldó el Congreso. Cabe pensar en una reacción minúscula, casi personal. Lo cierto es que l movimiento duró a penas 5 días, no tuvo eco en las provincias, provocó un “cierrapuertas” total en Lima y la ira popular enfrentó a los insurrectos.

Lo más probable es que la desesperación de Tomás Gutiérrez de no encontrar apoyo a su golpe de estado (según un testimonio de la época, el viernes 26 el cabecilla del golpe supo desde las primeras horas de la mañana que gran parte de la tropa había desertado y que el pueblo armado y atrincherado, estaba resuelto a combatir hasta la completa extinción de sus partidarios) y la ira cuando se enteró que su hermano Silvestre, en la estación de San Juan de Dios (cuando enrumbaba al Callao a levantar a la población del puerto), cayó acribillado de balas a manos de una muchedumbre enardecida, lo empujó a asesinar a Balta: era el viernes 26 de julio.

Balta se encontraba secuestrado el cuartel San Francisco; en el cargado de vigilarlo era Marcelino Gutiérrez y un puñado de leales. Enterado de la muerte de Silvestre, Tomás le manda el siguiente texto: Marcelino, han muerto a Silvestre. Asegúrate. Marcelino, inmediatamente, formó su batallón y se dirigió a Palacio de gobierno a reunirse con Tomás.

Dos antiguos presidiarios y el mayor Narciso Nájar quedaron custodiando a Balta, quien se encontraba en una de las pequeñas habitaciones al lado izquierdo del patio principal del cuartel cuya única puerta podía verse desde el zaguán. La cama del presidente estaba colocada al lado izquierdo y hacia el fondo del cuarto. Marcelino, antes de irse había dejado la fatídica orden. De esta manera se produjo uno de los actos más cobardes de nuestra vida política. Poco después del mediodía de ese fatídico viernes, Balta acababa de almorzar y dormía cuando fue acribillado a balazos. Su cuerpo cayó al suelo y en las paredes quedaron las huellas de las balas.

Los únicos testigos del cruel acto fueron sus asesinos: el mayor Narciso Nájar, el capitán Laureano Espinoza y el teniente Juan Patiño. Ellos alegaron que procedieron por orden de Marcelino, a quien le llegó la versión que uno de los hijos de Balta habría sido el ejecutor de Silvestre. Marcelino no presenció el crimen. Consumado el magnicidio, fueron las rabonas del cuartel quienes salieron despavoridas del recinto y regaron la noticia por la ciudad.

null
Famosa representación del linchamiento de los hermanos Gutiérrez


CONSECUENCIAS DEL ASESINATO.- El sábado 27 fue el día decisivo. Tomás trató de hacer un último esfuerzo de resistencia desde el cuartel de santa Catalina. Pero ya era tarde: lo habían abandonado. Camuflado, logró burlar las barricadas y el acecho de la multitud, encaminándose hasta el centro de la ciudad. En el trayecto, fue descubierto por un contingente de civilistas encabezado por Bruno Ayarza, quien logró de Tomás la siguiente confesión: He hecho una salvajada, pero cualquier otro en mi situación hubiera hecho lo mismo. Todos los jegfes de cuerpo me han lanzado por este camino y me han abandonado. Me han engañado. Asimismo, Ayarza se enteró de que el rebelde en desgracia desconocía el asesinato de Balta.

Ante la furia de la muchedumbre, captor y detenido lograron refugiarse en la botica “La Unión Peruana” de Francisco Valverde. El pueblo furioso ingresó, dándole espantosa muerte al desgraciado Tomás. En el parte que el boticario pasó a la subprefectura manifestó: Que le clavaron puñales en el pecho y que un individuo le dijo: ¡Dictador!, querías banda, toma banda! Asestándole múltiples cortes en la caja toráxica.

El macabro y nauseabundo cuadro que entonces Lima presenció fue descrito por un testigo que, bajo el seudónimo de “Un creyente” (atribuido a Federico panizo), publicó por esos días con incomparable realismo:

La mutilación de los cadáveres, la extracción del corazón del principal de ellos, el haberlos colgado de los faroles de la plaza pública como los vimos nosotros en la noche del 26 iluminados por el gas, cuyas luces parecían hachones de infierno, desnudos, en medio de una muchedumbre desenfrenada y fuera des í, ávida de venganza, sedienta de sangre, cuya algaraza y griterío, unidos al ruido de las armas y al disparo de los rifles ensordecían a cualquiera. El cadáver de Tomás Gutiérrez pendiente del farol fronterizo al palacio del Arzobispo, al alcance de éste, que le hundía el puñal dos o tres veces, de aquel que le disparaba su revólver, de ese otro que ayudaba a mutilarlo y de todos en fin, que aplaudían y gritaban en confuso y revuelto torbellino, vociferando a maldiciendo.

Al día siguiente, el deseo llevado a la ejecución de profanar nuevamente a los cadáveres, el haberlos colgado ya de los faroles, sino de una de las torres de la Iglesia Catedral, a una altura de veinte metros, a la que nos se ha visto jamás ascender el cuerpo de delincuente alguno por muy detestable que en su vida hubiera sido; el descolgarlos cortando las cuerdas que los sostenían para que cayeran de golpe y se estrellaran contra las baldosas del atrio de la casa de dios. El expediente más pronto de reducirlos a cenizas en una inmensa hoguera que se encendió y las nuevas mutilaciones ejecutadas en al hoguera misma con el cadáver de Marcelino que se había traído arrastrando, dieron a Lima un espectáculo horripilante e inolvidable
.

La sangrienta aventura concluyó el sábado 27 de julio. “El Comercio”, que reapareció ese mismo día, hizo el siguiente cometario: Que de la sangre de los Gutiérrez, terrible y dolorosamente derramada, nazcan de una vez por todas el orden, el respeto a la ley y el amor a las formas republicanas. Por su lado, Pardo, hizo su entrada a la capital y pronunció, delante de su casa, estas polémicas declaraciones: ¡Pueblo de Lima! Habéis realizado una obra terrible pero una obra de justicia… Aquellos tres cadáveres que se ostentan ante nuestra Metropolitana envuelven una tremenda lección que no olvidaré jamás (¿serían premonitorias estas palabras?). El costo social de estos días de revuelta fue de 44 muertos en Lima y 114 en el Callao.

Con el asesinato de Balta culmina, dramáticamente, el primer militarismo en la historia del Perú. Los caudillos militares, luego de la penuria económica por las guerras de independencia, gozaron 30 años de relativa prosperidad en el gobierno por la exportación guanera. Sin embargo, desde Castilla hasta Balta, el saldo fue negativo: el dinero fue destinado a rubros casi improductivos, en medio de la corrupción y el despilfarro fiscal. El Perú no había podido convertirse en un país moderno con instituciones civiles sólidas.





Categoría: General
Publicado por: jorrego

Visto: 4009 veces
Se considerada magnicidio al asesinato cometido contra la persona que ostenta la máxima representación del Estado. Según la constitución o las leyes de los estados, puede ser un emperador, un papa, un rey, un heredero a la corona, un presidente, un primer ministro, un canciller, etc. Históricamente, es el delito más agravado en los códigos penales y, por lo general, la presión de la opinión pública exige la muerte del culpable o de los culpables del homicidio.

Por extensión, el término magnicidio también se ha aplicado al homicidio de algún líder político, religioso o empresarial, o simplemente de alguna personalidad que ejerce una enorme influencia nacional o internacional. Hay que añadir que, en la memoria histórica, no es lo mismo el asesinato de una personalidad de grandes cualidades personales o intelectuales que el de un dictador impopular; por ejemplo, el asesinato de Kennedy frente al linchamiento de tiranos como Mussolini o de Caucescu.

En la Historia Universal, desde la Antigüedad, tenemos magnicidios famosos; tal es el caso de los asesinatos de Filipo de Macedonia, padre de Alejandro Magno, y de Julio César, muerto en el senado de Roma a manos de Marco Bruto y Casio Longino. Para los nostálgicos de las monarquías, la ejecución de Luis XVI (y de su esposa, María Antonieta), por ejemplo, en plena Revolución Francesa, puede significar un feroz magnicidio. En tiempos más contemporáneos, en el siglo XIX, el asesinato del presidente Abraham Lincoln, conmocionó al pueblo norteamericano.

A principios del siglo XX, Europa recuerda el asesinato del archiduque Francisco Fernando, heredero del trono austro-húngaro, episodio lamentable que hizo estallar la Primera Guerra Mundial. En la misma línea, podríamos citar el fusilamiento del zar Nicolás II y su familia por los bolcheviques durante la Revolución Rusa. Lamentablemente, el “civilizado” siglo XX siguió cobrando más víctimas que el mundo no ha logrado comprender: el mahatma Gandhi, John F. Kennedy, Martin Luther King y Yitzjak Rabin, solo por citar los más comentados. Hace poco tiempo, en pleno siglo XXI, vimos consternados el asesinato de la líder pakistaní Benazir Bhutto. No debemos olvidar, por último, la gran impresión que provocó en todo el planeta el intento de asesinato a Juan Pablo II en la plaza de San Pedro de Roma por un terrorista turco.

MAGNICIDIOS EN LA HISTORIA DEL PERÚ.- Si bien el término “magnicidio” no existía en la mente de los pobladores andinos, la muerte del inca Atahualpa, en la plaza de Cajamarca, dictada por los conquistadores en 1533, marcó profundamente a los antiguos pobladores del Perú, ya que fue el inicio del fin de su mundo: de sus instituciones políticas, de sus creencias, de sus dioses, en fin, de toda su cosmovisión. Similar impacto causó la ejecución de Túpac Amaru I, último inca de Vilcabamba, en la plaza del Cuzco, por orden del virrey Francisco de Toledo en 1572. Cuentan que su cuerpo fue desmembrado y cada parte enterrada en los cuatro lados que conformaron el Tawantinsuyo, y su cabeza quedó sepultada en el Cuzco. Según el mito, esta cabeza está viva y se está regenerando en secreto el cuerpo del Inca. Cuando se reconstituya el cuerpo de Inkarri, éste volverá, derrotará a los españoles y restaurará el Tawantinsuyo y el orden del mundo quebrado por la invasión europea. Siguiendo con la tradición andina, tenemos, por último, la dramática ejecución de José Gabriel Condorcanqui, Túpac Amaru II, líder de la “gran rebelión” del siglo XVIII, por órdenes del visitador Areche, en la misma plaza del Cuzco en 1781. Los detalles de su ejecución, junto a la de su esposa, Micaela Bastidas, son muy conocidos.

Del lado “español” de nuestra historia colonial, no podemos omitir el trágico asesinato del conquistador Francisco Pizarro, fundador de Lima, en el primitivo Palacio de Gobierno, en manos de los almagristas en 1541; según el contexto de la época, Pizarro era la máxima autoridad del Estado, pues ejercía el cargo de de Gobernador de Nueva Castilla, como se conocía el Perú por aquellos tiempos. Pocos años más tarde, en 1544, ocurrió otro magnicidio. Los encomenderos, liderados por Gonzalo Pizarro, asesinaron al primer virrey del Perú, Blasco Núñez de Vela, en la batalla de Iñaquito. El primer representante del Rey en nuestras tierras había llegado a hacer cumplir las Leyes Nuevas que limitaban fuertemente el poder de los encomenderos. Estos se sublevaron y, con el asesinato del Virrey, desafiaron abiertamente el poder de la Corona. Tuvieron que pasar varios años para que el Perú se pacificara y se asiente el gobierno dictado desde la Península con sus respectivos funcionarios.

Ya en los tiempos republicanos, en la primera mitad del XIX, ocurrió un hecho que aún provoca polémica entre los historiadores: la muerte del presidente Agustín Gamarra, en la batalla de Ingavi, en 1841. Los datos “objetivos” nos dicen que el presidente en ejercicio –Gamarra- tomó al ejército peruano e invadió Bolivia para reanexarla a nuestro país; murió en plena batalla. ¿Dónde está la polémica? Hay versiones que dicen que fue un grupo de soldados peruanos que aprovecharon el desorden de la batalla para eliminar al caudillo, muy enfrentado por muchos sectores de la opinión pública; incluso, cuando se hizo un examen en los agujeros de bala del uniforme de Gamarra éstos pertenecerían a municiones de los fusiles del ejército peruano. ¿Fue magnicidio o no? La polémica está servida (el famoso uniforme de Gamarra está en el Museo de Oro de Monterrico, sección armas). A partir de mañana, comentaremos tres magnicidios de nuestra historia republicana: los asesinatos de José Balta, Manuel Pardo y Luis M. Sánchez Cerro.

null
Ejecución de Túpac Amaru I, según el cronista indio Felipe Guamán Poma de Ayala
null
Representación de la muerte de Gamarra en Ingavi
Categoría: General
Publicado por: jorrego

Visto: 717 veces
El edificio de varios pisos que contenía miles de archivos históricos de la ciudad alemana de Colonia se ha derrumbado este martes, incidente que ha dejado al menos un herido y otros nueve desaparecidos. Los bomberos están buscando entre las ruinas de una casa vecina al archivo, con la esperanza de rescatar a una pareja que probablemente está atrapada en ese lugar, según las autoridades.

Los empleados y los visitantes del edificio han podido salir a tiempo antes de que el edificio, construido en la década de los setenta, se viniera abajo completamente. La prensa alemana dice que una posible causa del desplome es la construcción de una línea de metro por la zona, aunque las autoridades no han confirmado esa versión.

El edificio era uno de los archivos más grandes en su tipo en Alemania. Entre sus 65.000 documentos existían algunos que databan de hace más de 1.000 años, y también contaba con 104.000 mapas y planos, 50.000 carteles y cerca de medio millón de fotos sobre la vida de la ciudad de Colonia. Además, albergaba 780 legados y colecciones, entre ellos el de Heinrich Böll, que había sido comprado por la ciudad de Colonia a la familia del escritor el mes pasado. El legado de Böll consta de 6.400 manuscritos, además de cartas y documentos.

Empleados del archivo declararon a los medios de comunicación alemanes que lo perdido en el derrumbe puede ser incluso más valioso que lo que se perdió en el incendio de la biblioteca Anna Amalia de Weimar. "Estamos hablando de 18 kilómetros de estanterías que contenían documentos del más alto valor a nivel europeo", dijo Eberhard Illner, un hombre que durante muchos años trabajó en el archivo, a la emisora Deutschland Radio.

Fuente: El País de España

null
Así quedó el archivo histórico de Colonia
Categoría: General
Publicado por: jorrego

Visto: 773 veces
El mundo ha reconocido en él a uno de los más importantes historiadores del último siglo, su vasta obra de investigación es una referencia obligada y su biografía de riguroso intelectual marxista le mereció en su día el muy restringido honor real de Compañero de Honor por sus "servicios a la nación". Las credenciales que exhibe Eric Hobsbawm a sus 91 años no parecen sin embargo impresionar a los servicios de espionaje británicos, cuya rama doméstica (MI5) se empecina en denegarle el acceso a su propio expediente, amparándose en nebulosas razones de seguridad nacional.

El nonagenario historiador ha solicitado esos documentos para corregir posibles errores en su autobiografía, cuya primera edición fue publicada en 2002. En ella se recoge su filiación al hoy difunto Partido Comunista británico desde 1936, o sus años de universitario izquierdista en el campus de Cambridge, donde entró en contacto con aquella cantera de espías encabezada por Anthony Blunt. Pero "hasta donde alcanza mi conocimiento, nunca he estado implicado en ningún asunto que concierna a la seguridad del país", aduce sorprendido por el veto. El caso Hobsbawm sí se ha convertido en un asunto de interés nacional.

El laborista lord Lipsey, miembro vitalicio de la Cámara alta, utilizaba ese foro la semana pasada para reclamar al Gobierno que resuelva el absurdo. Antiguo consejero especial del primer ministro James Callaghan, durante los años setenta, Lipsey pudo "comprobar cómo los servicios de espionaje estaba ansiosos por recabar información sobre los comunistas -entonces un partido que no representaba una amenaza para nadie- mientras obviaban a las sectas trotskistas que sí encarnaban una amenaza potencial para la seguridad nacional". El lord laborista concluye que el MI5 quiere en realidad "evitar exponer su propia ineptitud".

La actual legislación británica sobre protección de datos permite al ciudadano solicitar el acceso a los archivos secretos sobre su persona, pero también ampara a la agencia de seguridad para denegarlos por diversos motivos, entre ellos si considera que la seguridad nacional puede verse lesionada. Tras dirigir su petición al MI5, en junio de 2007, Hobsbawm recibió una negativa como respuesta. "La única razón que se me ocurre es que no quieren revelar quién me delató a las autoridades", señala. Igual de sorprendente le resulta la apostilla de la carta remitida por el MI5. "No debe concluir de nuestra respuesta que poseamos o no cualquier dato personal sobre usted".

Nota: Tomado del diario El País de España

null
Eric Hobsbawm (n. Alejandría, 1917)


Categoría: General
Publicado por: jorrego

Visto: 894 veces
null
Foto oficial en la iglesia de la Compañía de Quito

La semana pasada, entre el 24 de febrero y 1 de marzo de 2009, se llevó a cabo en el campus de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, el III Seminario Internacional del Alumniprogram "Ciudadanía y memoria-Construcción de la Ciudadanía: logros, límites y perspectivas en vista de la conmemoración del Bicentenario de la Independencia", organizado por la PUCE y la Stipendienwerk Latenamierika-Deutschland-ICALA (Tübingen-Alemania). El autor de este blog participó como ponente en esta reunión académica que tuvo como sede la capital ecuatoriana, donde hace 200 años se formó la junta de gobierno que, a la postre, declararía la independencia de la Audiencia de Quito, aspiración que fuera aplastada por los ejércitos enviados, desde Lima, por el virrey Fernando de Abascal.

null
null
null
Categoría: General
Publicado por: jorrego

Visto: 1810 veces
null

null
null
null
null
null
null
null
Fotos: Juan Luis Orrego (Quito, febrero de 2009)