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Archivo de enero 2009
Categoría: General
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La provincia de Quispicanchi, cuyo significado quechua es el de "lugar brillante", es una de las regiones cusqueñas más ricas en historia y geografía, ya que reune a la sierra y a la Amazonía. Sus trece distritos, vale decir, Urcos, Huaro, Calca, Cusipata, Lucre, Marcapata, Quiquijana, Ocongate, Oropesa, Ccatca, Camanti, Ccarhuayo y Andahuaylillas, encierran una diversidad de restos de los períodos incaico y virreinal de visita obligatoria. Así por ejemplo, en Lucre podemos descubrir las ruinas de Pikillacta, que acusan la presencia de la culturas Wari e Inca en esta parte del Cusco. También en Lucre, los incas construyeron unas imponentes portadas de piedra, conocidas en la actualidad como Rumicolca. Finalmente, dentro de la época de hegemonía incaica, los andenes y murallas de Tipón, constituyen uno de los conjuntos históricos más importantes de la provincia. Durante el virreinato, en Quispicanchi florecieron las artes plásticas de un barroco recargado, dirigidas a la ornamentación de templos, especialmente los de Huaro y Andahuaylillas, y cuya finalidad era la evangelización de los indios a través de las imágenes. Se sabe que la mayoría de sus habitantes participó de las rebeliones de José Gabriel Condorcanqui "Túpac Amaru" (1780-1781) y la de Mateo Pumacahua (1814-1815). Ya constituída la República, el libertador Simón Bolívar reconoció a Quispicanchi su categoría de provincia, en honor al patriotismo y arrojo de su gente.

La capital y su iglesia.- El distrito de Urcos, la capital de la provincia de Quispicanchi es una pequeña y acogedora localidad rodeada de montañas, a 3,175 m.s.n.m. El pueblo de Urcos está estratégicamente ubicado, pues a través de él confluyen caminos procedentes del Cuzco y de la selva amazónica. Su plaza mayor permite dar una mirada panorámica a la urbe. Los edificios locales son, por lo general, de dos plantas y de techo de tejas a dos aguas. En Urcos llama la atención su templo principal, especialmente por su hermosa portada con tres arcos de medio punto de ladrillo, los que son sostenidos por columnas dóricas. En la parte superior de la fachada, desde donde se evangelizaba a los indígenas, se puede observar cinco más del mismo material y con el mismo tipo de soporte. Al lado izquierdo se levanta el campanario de piedra, el mismo que ostenta ocho ventanales de piedra. El interior es de una sola nave y su altar de moderna factura presenta una imagen de Cristo crucificado. En sus paredes laterales podemos descubrir oleos de la Escuela Cusqueña, cuyos temas se relacionan con el culto mariano.

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Templo de Urcos


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La celebración más importante del año y que congrega el mayor número de gente en Paucartambo es la de la Virgen del Carmen o "Mamacha Carmen", que es fiesta de mestizos. Cuentan la leyenda que los chunchos (o habitantes de la selva) hirieron el cuerpo de la Virgen durante un enfrentamiento con los hacendados de la región. El cuerpo fue hallado en el río Amaru Mayo, el que desde entonces se llama río Madre de Dios. Posteriormente, la imagen fue llevada a Paucartambo. También se narra que los collas (o habitantes del Collao) trajeron en sus viajes a la localidad una cabeza de yeso que encontraron dentro de una olla de barro. Los paucartambinos identificaron la cabeza de la Virgen e inmediatamente le hicieron un cuerpo de madera. Fue así como ella escogió este pueblo como residencia. Los dos grupos étnicos relacionados con su origen, son, coincidentemente, los personajes principales que acompañan a la Reina del Cielo durante su recorrido por las calles de Paucartambo.

La fiesta de la Mamacha se da inicio en la tarde del 15 de julio. Los danzantes, que son el alma de la festividad abandonan discretamente, antes del mediodía, el pueblo para vestirse con los trajes con los que acompañarán a la Señora, evocando a distintos personajes, agrupados en comparsas de acuerdo con su función en la procesión, que es la parodiar a personalidades del pasado serrano. Cada comparsa debe efectuar una serie de gastos como la contratación de los músicos, la compra del vestuario y el pago de una misa. Parte o la totalidad de los costos deben ser cubiertos por su fundador o "carguyoc" (o karquyuq), quien se compromete con la comparsa por el lapso de un año. Además del carguyoc, las comparsas están conformadas por un "caporal", que dirige la coreografía y vigila la disciplina y el orden dentro del grupo. Para lograr tales propósitos cuenta con dos "capitanes". Descendiendo en jerarquía el resto de la agrupación es considerada soldadesca. La algarabía comienza cuando el carguyoc, en compañía de una banda de músicos, sale del pueblo para encontrarse con su comparsa e invitarle a todos sus componentes un vaso de cerveza. Una vez que los carguyoc se han reunido con sus danzantes debidamente disfrazados, se procede a la entrada. El carguyoc ingresa portando la "demanda", que es una pequeña imagen de la Virgen, la misma que deberá custodiar en su casa hasta el año siguiente, cuando finalice su mandato.

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Virgen del Carmen, Paucartambo (perucuzco.com)

Ese día, todos los grupos de danzantes hacen su aparición en Paucartambo, pero no todos tendrán la dicha de acercarse a la Mamacha. Los "sajras" o diablos están prohibidos de caminar o bailar cerca de la Virgen. Así las cosas, se puede observar mucho colorido entre los distintos danzarines, entre los que figura el "Capac negro", que recuerda la triste condición de los esclavos negros durante el virreinato. Los bailarines cubren sus rostros con máscaras negras de yeso de triste expresión, y sus cuerpos con una pechera enjoyada y un mantón de Manila atado a la cintura, sobre el cual se deja ver una cadena que recuerda su antigua sumisión. Los "Capac Negro" junto con los "Capac Colla" son los dos únicos grupos que tiene cantos para la Señora. Los "Majeños", presumidos y ostentosos, encarnan a los viejos comerciantes de Majes que llegaban a Paucartambo para ofrecer sus licores. Ellos lucen un traje compuesto de sombrero de paja, saco y botas de montar con sus espuelas. Otra comparsa del séquito mariano es la de la danza "Qoyacha", baile mixto. En él están representados los jóvenes agricultores de ambos sexos. Los varones lucen chalecos adornados de brillantes y pantalones cortos, similares a los que se usaban en el siglo XVIII. Las doncellas o "qoyachas" llaman la atención por sus máscaras de malla, sus monteras ornamentadas con finos flecos y sus mantillas unidas por prendedores de plata. Los "Chucchu", una de las comparsas más hilarantes, traen a la memoria a los peones de los valles selváticos que retornaban a Paucartambo afectados por el paludismo, es por eso que tienen máscaras amarillas. A lo largo de su recorrido los "chucchu" parodian los métodos utilizados por los médicos de antaño, amenazando al público con jeringas y almohadillones e instrumentos clínicos, que más que temor producen grandes risotadas. La danza del "Cachampa", viril y desafiante, rememora a los jóvenes guerreros incas en el manejo de la onda. Otra comparsa cómica es la de los danzarines del "Huaca Huaca", quienes trajeados de luces como los toreros satirizan la fiesta brava. Aquí, el toro actúa como caporal y ocupa un papel protagónico. En la danza del "Auca chileno" se evoca a los enemigo durante la Guerra del Pacífico, que visten uniforme militar celeste y lazos cruzados por la espalda y pantalón de montar con sus polainas. El personaje principal de dicha comparsa es el "Machu", quien enmascarado con un rostro narigón lleva levita y sombrero de tarro. El "Machu" siempre se presenta acompañado de su consorte, mujer coqueta y veleidosa. Al igual que en la "Qoyacha" los danzantes de la "Contradanza" hacen alusión al trabajo agrícola, pero con una diferencia: ellos parodian los viejos ademanes del baile virreinal, con el que se divertía la élite española. Por su parte, la comparsa del "Siclla Wayra" o "Doctores" alude a las malas autoridades judiciales de antaño, corruptas y abusivas. Este grupo es uno de los más cómicos. Los jueces se presentan con guantes blancos, y levita y tongo negros. Sus máscaras de yeso, de grandes narices con verrugas y de ojos enrojecidos por la bebida, el látigo en la mano derecha y el código de leyes en la izquierda, sugieren poca popularidad entre los nativos. A medida que los doctores avanzan bailando, se unen a ellos los "Majtas" o jóvenes campesinos para representar un juicio. La danza "Chunchacha", integrada en su totalidad por mujeres, representa a las doncellas selváticas. El aspecto de las bailarinas es parecido al de los ángeles de la pintura virreinal cusqueña. La indumentaria de esta comparsa reune coronas ornamentadas con monedas y plumas, máscaras de malla, camisas de mangas anchas, pecheras estofadas de perlas y cascabeles, y anchas y brillosas faldas de color crema. Todas las chunchachas portan en la mano derecha una pequeña chonta. La algarabía crece cuando aparecen los componentes del "Danzaq" o "Tusuq", a quienes se les atribuye capacidades seductoras sobre las jovencitas, las viudas y hasta las mujeres casadas. Los "Danzaq" constituyen uno de los grupos mejor vestidos por su colorido y elegancia. Cubren sus cabezas con chucos (o bonetes de lana), ponchos cortos entrecocidos con adornos, y pantalones azules divididos en franjas de lana con los colores del arco iris. De todos las comparsas las de mayor figuración son la de los "Sajra", la de los "Capac Colla" y los "Capac Chuncho". Los primeros personifican a Lucifer y sus esbirros. Estos demonios siempre se presentan portando bastoncillos y con máscaras de barro rojizas, algunas de las cuales poseen una apariencia zoomorfa, como las de gatos, cerdos y elefantes; sin embargo, también pueden representan versiones humanizadas de Satanás. Para realzar su fealdad e infundir temor en el público, los sajras llevan pelucas con cuernos. Sus vistosos trajes multicolores compuestos de jubón y pantaloncillo, ostentan perfiles de tarántulas y murciélagos. Los segundos, los "Capac Colla" satirizan a los arrieros del Collao que arribaban a Paucartambo para intercambiar sus productos. Ellos, cubriendo sus rostros con pasamontañas y monteras de las que cuelgan monedas de plata y cargando vicuñas disecadas, avanzan cantando con gracia y picardía. Los collas llegan al pueblo custodiando a la "Imilla", doncella casadera, que aparece hilando en una pequeña rueca. Finalmente, los "Capac Chuncho" (o guerreros del Antisuyo), que portan una chonta a manera de lanza y que prometen luchar contra los collas, representan a los habitantes del oriente cusqueño. Los chunchos arriban a Paucartambo con máscaras de malla y plumas de aves de la montaña. Sus cuerpos están vestidos de con camisas claras y anchas, pecheras y faldellines de seda. Los chunchos danzan de acuerdo a las pautas de su rey, quien se distingue por su corona, espada, y también por su capa y chaleco finamente bordados.

Al mediodía se indica el inicio de la fiesta con el estallido de los camaretazos (o bombardas) y la música de las bandas. Poco a poco van ingresando las comparsas. Los primeros en aparecer siempre son los "Majta". Luego, los distintos grupos con sus "cargullocs" a la cabeza, desfilan por la plaza mayor hasta el atrio del templo en el que se custodia a la Virgen. Una vez que todos los grupo han hecho su entrada, en el santuario comienza el "Cera Apaykuy" (o traslado de ceras). Es aquí cuando se deja notar el protagonismo del "prioste", autoridad máxima de la festividad y el responsable de todos los gastos. Al "prioste" se le identifica por su símbolo de autoridad que es el "guión" o estandarte, el mismo que será entregado al nuevo "prioste" al finalizar la celebración. Vale la pena añadir, que una pequeña demanda que su familia conservará por un año, es llevada por su esposa. En el "Cera Apaykuy", el "prioste", sus familiares y las autoridades de Paucartambo trasladan los cirios y los ángeles o "voladoras" desde la casa de cargo hasta la iglesia mayor para adornar el altar de la Mamacha Carmen. Esa noche, en la plaza de armas, al son de las bandas, los "Capac Colla", los "Sajras" y los "Majtas" queman los fuegos artificiales y los castillos. Este primer día concluye con una serenata en el atrio de la iglesia, a la que los paucartambinos llaman "Alba", y es ofrecida a la medianoche por todos los danzantes, que en esa ocasión se presentan vestidos de civil.

El 16 de julio es el día de la procesión, que debe comenzar por la mañana con una gran Misa, que congrega a los vecinos más importantes del pueblo y al "prioste". Posteriormente, el prioste se dirige a la plaza para obsequiar el "Bosque", que consiste en lanzar al público pequeñas piezas de artesanía, atados de coca y frutas regionales desde una plataforma o desde un balcón. Es frecuente que los collas, colaboren haciendo del reparto algo ameno y gracioso, pues en algunas ocasiones hasta llegan a levantar de broma al "prioste", con la amenaza de lanzarlo al suelo. Cerca de la hora del Angelus, en algún local de la municipalidad, el "prioste" lleva a cabo otro convite conocido como el "Once", que no es mas que el regalo de bolsas de pan de variadas formas en porciones reducidas. Y después de terminar con estos deberes, el "prioste" tiene la obligación de ofrecer a las autoridades y a los principales habitantes de Paucartambo un opíparo almuerzo en su casa. Por la tarde se inicia la primera procesión de la Virgen del Carmen, que sale del templo a recorrer las calles de la localidad y es acompañada por las comparsas. Los "Capac Chuncho" y los "Capac Negro" tiene el privilegio de permanecer cerca de las andas de la Señora. A los sajras, diablos traviesos y juguetones, no les agrada la divina presencia de la Virgen, por eso siguen la procesión desde los techos. Cuando la Mamacha pasa cerca de ellos, se cubren el rostro de vergüenza. Pero el sacrificio de no poder acercarse a la Reina del Cielo se ve recompensado con la protección que ella les brinda cuando realizan sus malabares por las techumbres y balcones. Vale la pena señalar, que los músicos de las bandas que acompasan a los danzantes son contratados fuera del pueblo. Ellos a diferencia de los bailarines participan de la fiesta por un contrato en dinero, y pueden ser modestos conjuntos de flauta y tambor o imponentes orquestas de arpa, violín, quena, bombos y acordeón.

El 17 de julio se inicia con una Misa matutina en el santuario de la Mamacha, después de la cual los danzantes se dirigen al cementerio para visitar a sus familiares y a sus compañeros difuntos. Luego pasan a contagiar con su un alegría a los reos de la cárcel local. Esta es la ocasión apropiada para que las comparsas bauticen a sus nuevos integrantes de acuerdo con sus métodos tradicionales, esto es, se les sujeta sus cuatro extremidades y procede a darle una cruel sotaina. La mañana sigue con una jocosa parodia de juicio de los "Siclla Wayra" sobre los "Majta". Después de almuerzo, la Virgen del Carmen sale por segunda vez. En esta oportunidad es llevada al Puente Carlos III, desde el que imparte su bendición a los paucartambinos. Finalizado el peregrinar de la Señora, el pueblo se vuelca hacia la plaza mayor para espectar la "Guerrilla" entre los "Capac Colla" y los "Capac Chuncho". El ritual es precedido por el toro de los "Waka Waka", que actúa como una bestía enfurecida que amenaza con embestir al público. La gente rie muchísimo con el falso cornúpeta y abre paso al campo de batalla entre los representantes del Collasuyo y el Antisuyo. Los pálidos "Chucchu" también colaboran con el buen desempeño del espectáculo, dando de almohadillazos a los concurrentes. Mientras los chunchos se preparan para atacar alzando sus flechas y lanzas, los collas preparan sus "warakas" u ondas, y leen sus hojas de coca para observar el desenlace final de la contienda. La batalla se desata cuando los chunchos intentan raptar a la "Imilla", mujer de los collas, que es identificada con la Virgen. El combate es breve, y el triunfo es siempre de los "Capac Chuncho", quienes vencen a los del Collao. Para demostrar la muerte de los "Capac Colla" los chunchos colocan por los ojos y la boca de sus máscaras dos cañas cruzadas. Finalmente, los "Sajra" aparecen con su "Nina Carro" (o carro de fuego) para llevarse a los collas muertos al infierno. Acabada la "Guerrilla", el público da rienda suelta a su alegría y termina la jornada bailando y cantando hasta bien entrada la noche.

El 18 de julio es el día de la despedida o "Kacharpari". Se abre con una Misa conocida como "Watatiyaykuy". Al culminar con esta Eucaristía, el sacerdote bendice a quienes serán "carguyoc" el próximo año. El final se acerca y los visitantes y peregrinos se despiden. En la tarde, la Virgen del Carmen es trasladada hasta el baptisterio de su templo para bendecir a sus hijos, quienes con entusiasmo se prepararán para el año siguiente.

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Danzantes en la fiesta de la Virgen del Carmen, Paucartambo (picasaweb.google.com)
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La provincia de Paucartambo, cuyo nombre significa "posada florida", se ubica al este de la ciudad del Cuzco, en un punto estratégico en el tránsito comercial entre la capital del Tahuantinsuyo y el valle selvático de Kosñipata. Las tierras de Paucartambo constituyeron desde muy antiguo una región cocalera. De acuerdo con las crónicas, la coca motivó a los incas, en tiempos del soberano Inca Roca, a conquistar dicho territorio, puerta del Antisuyo. Posteriormente, Pachacútec se internó con su ejército por Paucartambo, con la finalidad de someter a los aguerridos indios Mojos. Sabemos también por los cronistas, que durante la conquista española, el capitán griego Pedro de Candia con una hueste de trescientos soldados y más de medio millar de indígenas, deseoso de conquistar el mítico país de Ambaya, pasó por la comarca de Paucartambo, la que fue reconocida por él y su gente con los nombres de "Avisca" y "Pacual". Consciente de la riqueza y propiedades de la coca de esa región, el poder colonial fundó allí un corregimiento para controlar el reparto de esta hoja entre los aborígenes. A fines del siglo XVIII, Paucartambo figuraba como una subdelegación de la intendencia del Cusco, y como una urbe orgullosa por poseer uno de los puentes más imponentes del virreinato peruano. Proclamada la independencia, Paucartambo fue reconocida por el libertador Simón Bolívar como provincia el 21 de junio de 1825. En la actualidad, esta región del Cusco reune a los distritos de Paucartambo, Kosñipata, Colquepata, Challabamba, Huancarani y Caicay.

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Paisaje de Paucartambo (besthike.com)


El Puente de Carlos III.- Este puente de cal y piedra y de arco ojival, que lleva el nombre del monarca que lo mandó construir hacia 1775, es uno de los símbolos de la provincia. Fue edificado sobre el río Mapacho o Paucartambo con la finalidad de reemplazar los efímeros puentes indígenas de mimbre, que no ofrecían ninguna seguridad a los transeúntes, quienes trasladaban ricos cargamentos de maderas, productos agropecuarios, recuas de mulas y piaras de llamas. La solidez del Puente Carlos III, de 34 metros de largo, 5 de ancho y 13 de alto (desde el rio), atrajo a los pobladores de la planicie de Kallipata hacia la capital de la provincia. Las consecuencias de la atracción fue la reorganización urbana de Paucartambo. Sabemos que durante el siglo XIX tuvo dos refacciones una en 1818 y otra en 1855. También, en 1935, el Puente Carlos III sufrió algunas modificaciones, pues se cambió el empedrado por cemento para facilitar el tránsito de vehículos motorizados.

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Puente Carlos III en Paucartambo (panoramio.com)


La capital y su Iglesia.- La capital de la provincia es un acogedor pueblo ubicado a 2950 m.s.n.m. Paucartambo se levanta a la vera del rio Mapacho, y está rodeado de cerros poblados de eucaliptos, lo que le da un aspecto bucólico y un ambiente apto para buena respiración. Se puede acceder a esta localidad oriental del departamento desde el Cusco, después de recorrer 110 kilómetros. El poblado recibe al visitante con su puente Carlos III. La urbe es pequeña, y como casi todas las viviendas serranas, reune casas de adobe, de dos plantas, pintadas de blanco y con sus techumbres de teja de dos aguas para soportar las lluvias. El puente dirige hacia la calle principal, la cual termina en el frontis del santuario, que custodia a la Virgen del Carmen, patrona de Paucartambo. El lado izquierdo del inicio de dicha vía nos conduce hacia la plaza mayor. Sin lugar a dudas, el edificio principal es el templo de la Mamacha Carmen, edificación virreinal, que al parecer data de fines del siglo XVII, vale decir, de la época del obispo del Cusco Manuel de Mollinedo y Angulo. La más temprana historia de esta iglesia parroquial cuenta que ella estuvo destinada a otra advocación mariana: la Virgen del Rosario, de gran veneración entre los indios. Su construcción es modesta y de una sola torre. Es un edificio rectangular con paredes de adobe y techumbre de tejas. El frontis ostenta una portada de piedra con arco de medio punto y molduras, en cuyas enjutas, en medio de follajería, se han esculpido corazones invertidos. A ambos lados del arco se levantan columnas, que sostiene un balcón de madera. Las dos pilastras tienen bases de piedra y están ornamentadas con serpientes de bajo relieve. El balcón es de madera, posee balaustres y goza de la protección de un tejadillo. Encima del cual logramos detectar un óculo. El interior del templo es de una sola nave. Llama la atención el altar mayor, de estilo neoclásico, cuya parte del ara está enchapada de plata. A ambos lados de dicho altar se descubre columnas salomónicas ornamentadas con racimos de uva y rosetones cubiertos en pan de oro. Además de esas figuras en alto relieve, el tabernáculo ostenta lienzos con los temas de la "Asunción de la Virgen", la "presentación del Niño", y "Adán y Eva". Cabe destacar su púlpito de madera, también con columnillas salomónicas en la parte de su cátedra, y con pinturas de Papas en sus intercolumnios.

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Iglesia de Paucartambo (antarqui.com)

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Turismo ecológico y de aventura.- El paisaje de la provincia, compuesto por nevados en las zonas altas y selva tropical y selva baja en las zonas intermedia y baja, respectivamente, además de ríos grandes y pequeños hacen que La Convención cuente con paisajes muy diversos y de gran belleza turística. Si bien las instalaciones hoteleras o los servicios de transporte no están muy bien implementados, el turista informal puede atreverse a descubrir algunos de los atractivos que ofrece la zona, incluyendo el norte de La Convención que ya es una típica selva con paisaje exhuberante, agreste y muy húmedo.

En este sentido la flora es abundante y variada, así como diversidad de árboles maderables. Asimismo la fauna es algo realmente destacable: jaguares, venado rojo, tigrillos, monos, nutrias, sachavaces y sihuayros, entre otros. La caza de estos animales se puede practicar únicamente con la licencia correspondiente, en los meses recomendados y en selva adentro. Es útil señalar, de otro lado, que la pesca deportiva no requiere autorización especial -aunque hay veda entre mayo y agosto- y se realiza en casi todos los ríos de la provincia: Vilcanota, Alfamayo, Pilcopata, Yanatile, Sahuayaco, Kiteni, Coribeni, Tono, Piñi-Piñi, Alcuzama y varios más. Las especies más comunes y abundantes son el paco, súngaro, sábalo, boquichico, anguilas, sardinas, dorados, etc.

Un lugar de gran belleza natural es el Pongo de Mainique, al norte de Quillabamba, distrito de Echarate, en las últimas estribaciones de la cordillera del Vilcanota. Es un lugar apropiado para la práctica del canotaje. Los que acuden a él lo hacen también para escuchar el ensordecedor ruido del agua al estrecharse las paredes del cañón hasta 15 metros en algunos tramos donde se producen rápidos y remolinos. El visitante tgambién puede apreciar la formación de arcos iris como producto de la agitación de las aguas, y en los alrededores diversas grutas, cavernas, acantilados y formaciones rocosas. Se llega a este paradisiaco lugar desde Quillabamba luego de viajar por una ruta afirmada en descenso (364 kilómetros) y de una travesía fluvial (8 horas). Se aconseja la visita entre abril y setiembre ya que en los meses restantes es peligrosa la travesía por las crecidas del río.

Restos arqueológicos.- La provincia cuenta con importantes vestigios de arquitectura incaica, sin embargo, la precariedad de los servicios de alojamiento y transporte obligan a que el turista contrate guías bien informados y viaje en expediciones organizadas. Acudir a estas ruinas, la mayoría en mal estado de conservación y ubicadas en lugares inóspitos, constituye verdaderamente un ejemplo de turismo de aventura. Los restos que vamos a mencionar están localizados en la provincia de Vilcabamba y la mayoría, sobre los 3 mil metros del nivel del mar, se visitan entre marzo y octubre. A todos ellos se llega a pie a a caballo y con equipo de campaña. Los principales son:

Vilcabamba.- Es una zona arqueológica lamentablemente mal conservada de unas 15 hectáreas. Su antiguedad data del siglo XVI y es la más conocida de todas por haber sido la última capital de los Incas o último refugio de la élite cusqueña luego de la Conquista española. Allí se supone que vivieron los llamados "Incas de Vilcabamba": Manco Inca, Sairi Túpac, Titu Cusi Yupanqui, y Túpac Amaru I. Su nombre viene del vocablo "willka pampa" que significa planicie sagrada o planicie del sol.

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Ruinas de Vilcabamba

Rosaspata o Vitcus.- Ruinas ubicadas a la altura del cacerío de Pucyura enla cumbre del cerro Rosaspata. Es un centro administrativo incaico donde se puede apreciar una plaza rectangular, numerosos recintos semidestruidos, andenes y canales de irrigación. Tiene un área de poco más de 3 hectáreas.

Ñusta Hispana.- También conocida como Yurai Rumi ("piedra banca"), este centro ceremonial inca del siglo XVI estuvo al parecer dedicado al culto del dios Punchau (día). Hay una roca central de forma irregular así como algunos baños orientados a ceremonias religiosas. Hay también una especia de calle, andenes y restos de habitaciones.

Espíritu Pampa.- Se trata de un conjunto arqueológico, de aproximadamente 12 hectáreas, compuesto por andenes, pequeñas calles, recintos circulares y diversos campos de cultivo. Data de la época inca, posiblemente construido a inicios del siglo XVI.

Choquequirao.- Sobre la margen derecha del río Apurímac, en la parte alta de una montaña, se encuentra este pequeño pero interesante conjunto prehispánico que se remonta a la época inca aunque su diseño hace recordar la arquitectura chavinoide. Abarca un terreno de aproximadamente 2 hectáreas.

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Choquequirao

Artesanía.- Tiene mucha demanda la artesanía de la comunidad selvática de los machiguengas. Sus integrantes habitan en los ríos y quebradas afluentes del río Urubamba en el distrito de Echarate, también en los afluentes del Manu (Madre de Dios). Se trata sobre todo de objetos de cerámica fina, tejidos de algodón, bolsos, instrumentos musicales y algunos brazaletes y collares. Realmente es una artesanía un poco peculiar que contrasta con el resto de arte popular cusqueño.
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Es provincia del Cusco desde el 25 de julio de 1857 y cuenta con una superficie de 44,836.6 kilómetros cuadrados. Su territortio ocupa más de la mitad del departamento, se extiende por la cuenca del río Urubamba (Vilcanota) y constituye una zona abiertamente tropical en plena ceja de selva. Su capital es la ciudad de Quillabamba y comprende los siguientes distritos: Echarate, Huayopata, Maranura, Ocobamba, Santa Ana, Santa Teresa y Vilcabamba. Por su clima y abundante agua de su fértil valle, esta región es conocida como el granero del Cusco; su población se dedica, básicamente, a actividades agropoecuarias siendo la provincia productora de café, coca, cacao, caña de azúcar, vainilla, cascarilla, caucho, frutas, diversos tipos de madera de sus bosques, y ganado (vacuno, lanar y equino). Algunos pobladores extraen pepitas de oro en los lavaderos de las arenas ribereñas (en todos los ríos afluentes del Urubamba).

La provincia cobró notoriedad a nivel nacional cuando, en la década de 1960, Quillabamba fue centro de la Federación de Campesinos de La Convención que organizó el líder Hugo Blanco para presionar al estado la aplicación de una reforma agraria. La idea era poner término al problema de la concentración de la propiedad (latifundio). Los seguidores de Blanco llegaron a ocupar distintas haciendas pero el movimiento fue duramente reprimido por las fuerzas del orden. A partir de ese momento, los acontecimientos de La Convención fueron considerados emblemáticos en el proceso de reivindicación campesina que culminó con la aplicación de la Reforma Agraria en 1969 por el gobierno militar.

Quillabamba.- A 1,050 metros de altitud y margen izquierda del río Urubamba, esta ciudad es atractiva, en primer lugar, por su clima. Se estima que la temperatura promedio mensual es de 23.6ºC, llegando algunos días a poco más de 30 grados. Las precipitaciones, por ser ceja de selva, abundan entre noviembre y marzo con frecuencias casi diarias. A Quillabamba se llega desde el Cusco por carretera asentada (221 kilómetros) o por el tradicional tren que pasa por Machu Picchu (174 kilómetros). Revisando un poco el pasado de esta zona, sabemos que inicialmente la villa de Santa Ana (hoy distrito) era la capital del departamento, sin embargo, una ley del 29 de noviembre de 1918 otorgó al pueblo de Quillabamba -del quechua "llanura de la luna"- la capitalidad y lo elevó a la categoría de villa. Más tarde, una ley promulgada en 1957, le reconoció su condición de ciudad. La población de Quillabamba suele ir de paseo a Sumbaray, un paraje de gran valor ecológico formado por la confluencia del Urubamba y del Sumbaray donde se puede observar la exhuberante vegetación de tipo subtropical.

Fiestas y Tradiciones.- Sin duda alguna la fechas más celebrada en Quillabamba es el Festival del Café cuyo programa se lleva a cabo durante el mes de julio y dura aproximadamente unas tres semanas. En él se llevan a cabo diversas conferencias sobre la importancia de la economía cafetalera, un festival de la canción popular, concursos de danzas folklóricas, exposición de artesanías, peleas de gallos, corsos de flores y elección de la reina del Festival. El día central es el 25 de julio en el que se celebra el aniversario de la fundación de La Convención.

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Paisaje de Quillabamba

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Junto al pueblo de Raqchi, se encuentra el singular templo de Huiracocha, el cual resulta muy interesante de visitar pues difiere enormemente de los demás ejemplos de arquitectura incaica conocidos. El templo debió ser muy sugerente y de hecho llamó la atención de una serie de cronistas e historiadores entre los que destacan Garcilaso y Huamán Poma, Cieza, Acosta y Sarmiento. Aun hoy en día sigue siendo tema de discusión de arqueólogos que lo califican como un complejo dedicado a funciones religiosas, militares, administrativas y de deposito. Son sus partes:

El gran templo de Huiracocha es una monumental explanada de 100 metros de largo y 26 de ancho, divididos en dos grandes sectores, por el muro central, formando dos grandes naves con 11 gigantescas columnas a cada lado, y con base de piedra. El muro central con base de piedra llega a los 14 metros y sostuvo antiguamente una enorme techumbre que se sostenía por esas columnas paralelas y por los muros terminales hoy destruídos de los que hoy en día sólo se aprecia parte de su basamento. Dicha edificación debió ser el espacio cubierto más grande del antiguo Perú. La leyenda cuenta cuando Huiracocha llegó a aquel lugar encontró que los lugareños le habían olvidado por lo que ordenó que lloviera fuego sobre la región, y las volcánica piedras negruzcas de las que esta construida la edificación atestiguarían aun hoy en día la certeza de aquel relato por el que se levantó aquel adoratorio.

El cuartel es un amplio edifico rectangular de casi 500 metros de largo por 40 de ancho, cercado por muros, con doce pares de habitaciones simétricas divididos por muros internos y por callejones externos. Cada habitación muestra hornacinas dos puertas. Entre la habitaciones hay amplios patios de 24 por 39 metros.

Los Graneros hacia el norte de la zona del cuartel se hayan los graneros dispuesto en siete filas de seis cada uno los cuales son edificaciones circulares de piedra.

Los Baños del Inca, al este del templo, se conoce a una pequeña explanada de muros cortados en ángulo recto con bocas de agua cristalina que corren hacia 7 pozos, el agua llega por canales subterráneos.
Casa de alojamiento. Hacia el norte del templo a un kilometro de distancia lleva el nombre de Raccay Raccay, 8 enormes habitaciones encuadradas alrededor de una enorme plaza y cercado por altas paredes. Se presume que era para alojar.

Chasqui Wasi. Son habitaciones pequeñas algo más alejadas .

Muralla de Checcata por la cimas de las colinas, con una altura de cinco metros por un ancho de tres metros. Completan el conjunto edificaciones que especialistas y moradores llaman la cárcel, el cementerio, el camino real, andenes, el anfiteatro.

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Templo de Raqchi



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La plaza principal del pueblo es bastante amplia y empedrada, en ella destacan los monumentos a Diego Cristóbal Túpac Amaru, Micaela Bastidas, Hipólito Túpac Amaru, el coronel Mamani y Túpac Amaru II, en cuya base aparece escrito “En esta población el 4 de noviembre de 1780 José Gabriel Túpac Amaru dio el grito de insurrección que repercutió en todo el continente”. Una pileta adorna el centro de la gran plaza, la cual se haya rodeada por una serie de construcciones de una planta, de típica construcción en adobe y techos a dos aguas con ventanas enrejadas. Aun se puede distinguir la casa del cura, y entre las otras, tal vez entre la más grandes del lado oriental se encontraría la del corregidor Arriaga, quien gobernaba la localidad en tiempos de Túpac Amaru. Es de recordar que este funcionario español recibió el corregimiento en mérito a su trabajo marítimo en el extremo sur del continente, pero una vez llegado a la región no supo tratar adecuadamente a los lugareños desatando la histórica rebelión que tal repercusión tendría en la historia de la emancipación americana. Cerrando la plaza se encuentra la iglesia de San Bartolomé y la sencilla capilla de Nuestra Señora de las Nieves las cuales comparten un atrio cercado.

La Iglesia, ubicada de modo lateral a la plaza. Construida de piedra y barro, en su interior destaca el altar mayor, de pan de oro, sus retablos y los lienzos de la escuela local y marcos dorados. La estructura de la iglesia es del siglo XVII y en ella destaca la torre del campanario de gruesa mole dividida en tres cuerpos, con cuatro campanas de melodiosa voz bajo el chapitel rodeado de pináculos. En el siglo XIX se añadió la capilla lateral.

El pueblo tiene sus fiestas de San Isidro Labrador (15 de mayo) se simula la siembra, la fiesta de la Virgen de las Nieves, el 5 de Agosto, donde aparece la Quillancada que es una especie de diablada. Fiesta de San Bartolomé del 22 al 26 de agosto, en honor del patrón de Tinta, su día principal es el 24. Hay también una fiesta agropecuaria. Fiesta de San Francisco de Asís el 4 de octubre. También está el carnaval en febrero donde se danza en llamado carnaval de Tinta donde las Pashñas y Maq´tas cantan y tiran hondas a sus galanes declarándoles su amor, también rinden culto al rey del carnaval. Se puede probar en la feria artesanal el cuy, el asado y el timpu.

La iglesia de Tinta.- El templo de San Bartolomé de Tinta en antiguo. Su retablo mayor es barroco, tallado y dorado, de dos cuerpos y tres calles, teniendo la central un cuerpo más. En torno al tabernáculo hay espejerías, el nicho central pertenece a la imagen de una Virgen, siendo el frontal, el sagrario y las gradillas de plata, también, aunque modernas las puestas del tabernáculo.

La techumbre de tijeral ha sido reconstruida totalmente y esta sin pintar, habiéndose perdido su decoración colonial. En el presbiterio de Caín y Abel, los Patriarcas (Abraham, Isaac y Jacob) , Moisés y de los pasajes tocantes a los Evangelios de los Domingos de Pascua cn el Señor Resucitado; hay también seis lienzos de la Vida de San Juan Bautista; once de la Vida de la Virgen; y nueve sobre los Apóstoles (pues faltan tres) del pincel de Diego de la Puente.

El púlpito es barroco, tabaco y oro, con cátedra de circo de paneles ( ls cuatro Evangelistas y san Bartolomé al centro) entre columnillas salomónicas pareadas y sobre cada santo un medallón, terminando inferiormente en seis cresterías bajas que corren sobre el cuerpo escamado y mueren en un perillón; el tímpano es una puerta con monograma mariano; y el tornavoz, de siete cresterías con dos pináculos cada una, culmina en linterna sin cimera. Los fileteados dorados dan mucha vida ha este púlpito.

El piso del templo es de tabla, el sotacoro decoro a pincel y lo mismo el intradís de la entrada lateral. Hay en el sotacoro seis lienzos de la Vida de San Antonio de Padua.

Es de notar, volviendo a la serie de los Apóstoles, las ejecución de San Bartolomé, desollado vivo atado a un arbol, y seguidamente el de Santo Tomás, muerto por los "indios" de la india oriental presentados como "indios" de las Indias Occidentales.

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Iglesia de Tinta


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Canchis, cuyo sinificado en lengua quechua alude al número siete, es la provincia que preseneció la vida y los trajines de la rebelión de José Gabriel Condorcanqui Noguera "Túpac Amaru". Canchis reune a los distritos de Sicuani, que es la capital, Checacupe, San Pablo, San Pedro, Pitumarca, Tinta, Combapata y Maranganí. Como mencionamos la riqueza histórica de esta región cusqueña deja descubrir hermosos paisajes naturales combinados con pequeñas localidades cuya antigüedad se remonta al virreinato, así como algunos restos arqueológicos como es el caso del templo de Wiracocha.

Sicuani y su pinacoteca.- El distrito de Sicuani, capital de la provincia de Canchis es un acogedor pueblo situado a 3,552 m.s.n.m. en la margen derecha de la quebrada de Aca. Vale la pena mencionar que durante la rebelión de Túpac Amaru, sirvió de cuartel general de las tropas españolas. Posteriormente, ya en el período republicano, este distrito recibió con beneplácito a los representantes del Alto y Bajo Perú, quienes fijaron allí los fundamentos legales de la Confederación Perú-Boliviana. Uno de los atractivos contemporáneos de Sicuani es su pinacoteca ubicada en el Centro Cívico de la urbe, que reune 172 lienzos de la Escuela Cusqueña. Además de cuadros el Centro Cívico de Sicuani alberga algunas piezas de cerámica incaica. Muy cerca de la población se puede apreciar el santuario de Pampacucho, pequeño templo de dos torres, de una sola nave y de ciertas características arabescas, destinado a la escena de la Sentencia de Cristo.

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Campesinos en Sicuani, 1918 (foto de Martín Chambi)


La iglesia de Checacupe.- Este pueblo -famoso por haberse dado al sur de él, en Puyca, la derrota final de Túpac Amaru- tiene una de las iglesias más hermosas de los alrededores del Cusco. Su altar mayor es churrigeresco y dorado, de tres cuerpos y tres calles, con varias columnas salomónicas una imagen de la Inmaculada al centro y en lo alto una Piedad en lienzo. Las demás imágenes, todas viejas con San Joaquín y Santa Ana, San José y el Niño así como un San Jerónimo y un San Juan Precursor en lienzo. El altar, tiene, además, el frontal y el sagrario de plata labrada.

El comulgatorio es caso único. Contiene a los doce Apóstoles tallados, carnados, policromados y dorados dentro de arcos separados entre sí por amorcillos. Es una verdadera joya, obra de excepción. El púlpito es de color nogal con cinco paneles que sostienen a la Inmaculada y a cuatro Doctores de la Iglesia, rematándose la cátedra en su parte baja confluyentes en un florón; el tímpano es un Apóstol no identificado, acaso el Evangelista, con un libro en la mano izquierda yl a pluma en la diestra; el tornavoz de siete cresterías tiene lintena y a San Pablo en la cimera. Hay dos altares renacentistas -uno de la Virgen coronada y al frente, en el muro epístolas, otro de la Virgen del Carmelo- ambos inmediatos al presbiterio. En lo alto de ambos muros está la Vida de Jesús, de no excelente pincel más sí en soberbios marcos dorados, y debajo de esta serie otra de la Vida del Alma o del Amor Divino. En el sotacoro hay expresivas pinturas murales de rayana antigüedad que se refieren a San Sebastián asaeteado, San Antonio Abad, san Pablo Ermitaño, Santiago Matamoros y San Lorenzo mártir.

El baptisterio con fuente de piedra blanca de amorcillos en el cuello, guarda el tabernáculo del primer altar mayor renacentista, obra de bello trabajo, y un mural sobre el Bautismo de Jesús en el Jordán, cargado en tarzos oscuros, en lo alto de la habitación. Volviendo al templo tuvo decoración en sus muros que simula colgaduras, variando el motivo en el intradós del arco de la portada lateral, donde predominan las líneas curvas y los colores vivos. Sobre el presbiterio son también muy bellos los faldones y el harneruelo.

En el coro alto, en friso de murales, aparecen las santas Victoria, Inés y Cecilia, más una cuarta desconocida o difícil de identificar. Hay también en este coro varios lienzos menores e imágenes de vestir. En el muro del Evangelio finalmente, hay restos de un muro incaico y de una hornacina grande con la imagen pintada de San Cristobal, apareciendo en los vanos, asi mismo a pincel, la Virgen y San Juan Evangelista. La iglesia de Checacupe es de una sola nave y torre muy gruesa con chapitel tejado.

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Iglesia de Checacupe


Quiquijana.- Su templo de San Pedro presenta a un lado cuatro pilastras y frontón triangular con hornacina y encima una ventana coral. Las acompaña una torre campanario muy gruesa. El atrio con muro en parte derruido hacia la plaza. La parte lateral tiene una portada triangular con dos escudos en los lados, dos medallones con imágenes del santoral y una hornacina central terminada por venera. La iglesia esta tejada a dos aguas. Una nave. Resulta interesante la casa del cura con puerta barroca y adornada por una bella cruz caminera. La plaza del pueblo está rodeada por algunas casas con arquerías y portales. El templo viejo o de la Inmaculada sobre el río con techo saliente sobre una tribuna externa y loggia de madera torneada. Al costado se aprecia una casa adornada por un balcón de cajón trabajado al estilo rococó.


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Del vocablo aymara cana o qhana que significa "luz" o "claridad" proviene el nombre de esta provincia cusqueña, creada por ley del 14 de octubre de 1833. Hoy cuenta con 1,602 kilómetros cuadrados de superficie y está formada por los siguientes distritos: Checca, Kunturkanki, Langui, layo, Pampamarca, Quehue, Túpac Amaru y Yanaoca (capital). Uno de sus aspectos singulares es que su territorio está limitado por las bellas lagunas de Tungasuca al norte, y la de Langui-Layo hacia el sur. Su población, eminentemente campesina, se dedica al cultivo de la papa , el trigo, la cebada y la quinua; esta labor se complementa con la crianza de auquénidos, ovejas, vacas y caballos. Respecto al clima de Canas, es en general frígido ya que se encuentra dentro de las llamadas provincias altas. Los días son soleados pero en las noches la temperatura desciende a casi cero grados centígradois; las precipitaciones se presentan de noviembre a marzo.

Yanaoca.- Este pueblo, ubicado a casi cuatro mil metros de altitud y sobre la margen derecha del río Tungasuca, es la capital provincial y, según se piensa, su nombre proviene del quechua que significaría "oca negra". Documentos virreinales dan cuenta que fue cabeza de un repartimiento de la jurisdicción del Cusco y que, a principios del siglo XVII, contaba con 3,500 indios tributarios. Lo pecualiar es que esta población indígena fue disminuyendo hasta que en 1792 sólo fueron registrados 992 tributarios, aunque su población se había diversificado pues declararon ser vecinos del lugar 278 mestizos, 15 españoles o criollos y 9 habitantes de otras castas. Lamentablemente el pueblo no cuenta hoy en día con infraestructura turística, sin embargo mucha gente llega a participar de su ruidoso carnaval entre febrero y marzo. En él es curioso apreciar el Baile de los Envarados donde los danzantes se disfrazan de mujer con faldas y una cuña. Se realiza también la "tinka" del ganado que consiste en adornar a las ovejas y a las llamas. Los músicos, finalmente, utilizan como instrumentos básicos el pincullo y la tinya.


Langui.- Distrito de Canas, este pueblo es conocido históricamente por haber sido el lugar donde el cacique rebelde José Gabriel Condorcanqui, Túpac Amaru II, fue traicionado por Francisco Santa Cruz y el cura Antonio Martínez para ser entregado a las autoridades coloniales. El líder indígena había sido derrotado en Checacupe (abril de 1780) y se dirigía a Langui a continuar su resistencia. Hoy este pueblo es conocido en la región por la celebración de la fiesta de la Virgen de Asunta (15 de agosto) con misa, procesión y los bailes de los "abanderados" y los "turcos". Se cree que el nombre del distrito viene del quechua llanqui, que significa "ligoso" o "pegajoso". Su altitud es de 3,850 metros del nivel del mar y las visitas son recomendables de mayo a octubre.

La laguna de Langui.-El punto más atractivo para el turista es la visita a la Laguna de Langui-Lago, ubicada en los distritos de Langui y Layo, de allí deriva su nombre compuesto. Tiene una longitud máxima de 16 mil metros y un ancho de casi 5 mil; su profundidad máxima es de 232 metros. No cuenta con mucha vegetación, aunque se pueden apreciar algunos sectores con totoras, arbustos y campos de cultivo. Lo destacable es que se aprecian en ella gran cantidad de aves como gaviotas, patos silvestres, guayatas y mayomisos. por otro lado, últimamente se ha permitido la práctica de pesca deportiva en la laguna pues su fauna íctica es muy variada: trucha (existe además un pequeño criadero de estos peces), carachi, chinchalhua y suche. Finalmente. La laguna se encuentra a casi 170 kilómetros de la ciudad del Cusco y se llega por Sicuani hasta Yanaoca, carretera asfaltada en buen estado, y de allí por camino asentado; el viaje dura unas 6 horas.

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Vista de la hermosa laguna de Langui


Quehue.- Del vocablo quechua que significa "torcido", este poblado es distrito de Canas desde noviembre de 1917. Ubicado a 3,675 metros del nivel del mar dista 154 kilómetros al sur de la ciudad del Cusco. Llegar a Quehue puede resultar muy complicado. Hay que salir desde Yanaoca rumbo al sur por una carretera afirmada con dirección a Livitaca; de allí, en el tramo cercano al río Apurímac, existe una peligrosa pendiente de constantes descensos hasta llegar al pueblo. De abril a setiembre es la época de visitas, aunque el viaje es propio de un turismo de aventura por las características del camino y por la casi ausencia de servicios para el turista. Lo más interesante para visitar es el Puente de Queswachaca, sobre el río Apurímac, cuya construción original data de la época inca. Es uno de los pocos puentes colgantes que existen en el país, su uso es peatonal, mide unos 50 metros y está hecho de fibras de maguey e ichu, por lo que constantemente sus pobladores lo rehabilitan. Por su ubicación estratégica y su suave movimiento sobre el río, es un potencial atractivo turístico. Es interesante advertir el minucioso trabajo, aparentemente según la tradición inca, de entrelazado de fibras que hacen que el puente sea confiable para su uso cotidiano, incluso para el traslado de mulas.

Tungasuca.- Capital del distrito de Túpac Amaru, su nombre proviene del vocablo aymara que significa "diez surcos". Se encuentra a 3,791 metros del nivel del mar y su emplazamiento está sobre la margen izquierda del río Tungasuca y a orillas de la lagunade Pampamarca. Es en realidad un lugar histórico este pequeño pueblo. Aquí residió José Gabriel Túpac Amaru el que dominó, en su condición de curaca, no sólo este poblado sino también Surimana y Pampamarca. Turísticamente son destacables los arcos coloniales de la plaza principal así como su iglesia. Recientemente restaurada y en aceptable estado de conservación, el templo se orienta lateralmente a la plaza. Su construcción es de adobe con un tejado a dos aguas y es de planta rectangular de una sola nave. Al interior podemos apreciar retablos barrocos en pan de oro y su altar mayor con tabernáculo en plata con la imagen de Cristo crucificado. La torre del campanario está adosada a la nave central.

Artesanía.- En toda la provincia de Canas destaca la producción artesanal de tejidos de bayeta, actividad que demuestra una vieja tradición textil explicada por la presencia de numerosos obrajes en la zona durante la época virreinal. Los ponchos, las llicllas, los chumpis y las fajas son solo algunas de las muestras de esta noble tradición. El material más utilizado es la lana de oveja teñida con tintes naturales predominando los colores negro y rojo. Este trabajo se realiza dentro del ámbito familiar, especialmente por mujeres y en telares manuales.
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Están entre Oropesa y Andahuaylillas. Se trata de una ciudad pre-incaica, del Segundo Horizonte Cultural Andino, y que perteneció a la Cultura Wari. La urbe estaba rodeada por una gran muralla de piedra cuyos restos aún se ven, construida de modo muy peculiar: piedras cortadas, piedras quebradas y todas apoyadas entre sí, en aparente desorden. De este modo, se forman muros de un metro y más de espesor y de seis a diez metros de alto.

Por lo que fue una calle penetramos la muralla, orillamos ruinosos edificios y nos encontramos en la Gran Plaza. Hoy es un lugar despejado, cubierto de hierba, que deja ver al poniente la laguna de Urpicancha y los cananles de Lucre, hacia el levante, en cambio, se descubre, por encima de la ciudad, el cerro de Balconyoc. Desde lo alto de este cerro se vería a la urbe en su totalidad y a sus habitantes, empequeñecidos como insectos. Esto explicaría el nombre de Piquillacta, la Aldea de los Piojos.

Ascendiendo por las terrazas de piedra, ganando la altura por escalinatas bien dispuestas, se llega a un punto elevado y apreciamos la abandonada población. Hay muchas calles y casas. Estan muy deterioradas, con pocas puertas y ventanas menos hornacinas y ningún techo, aunque todo hace ver que los tales fueron de ichu, a dos aguas. Las moradas son de un piso, pero unas pocas debieron tener dos y tres. Los depósitos de grano se encuentran hacia el norte y son torreones circulares, hoy de pequeña altura debido a su destrucción.

Las piedras de los edificios, incluyendo las de aquel que por sus hornacinas se presume templo, son toscas, cortadas por percusión, pero acomodadas aparentemente en forma caprichosa. Los cactus se han apoderado de la parte alta de los muros y asoman sobre las calles llenas de vegetación con flores blancas y amarillas.

La ciudad tiene más de un kilometro por lado y eso es lo que medía su gruesa muralla protectora. Cuando cae el sol en Pikillacta sus ruinas se tiñen de color naranja y el cielo se va tornando violáceo, el viento agita la hierba, las aves recogen a sus nidos. El silencio se hace total y Pikillacta se muestra legendaria más que histórica. No en vano tiene milenio y más de antigüedad. Desde aquí es que se logra la mejor vista del Cusco. Presenciar la caída del sol y asistir al crepúsculo vespertino desde aquí es algo que nadie se ha atrevido a cantar ni en prosa ni en verso.

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Ruinas de la ciudadela de Pikillacta, cultura Wari (Cuzco)

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El territorio de esta provincia fue dominio inca, al parecer desde épocas muy tempranas, ya que sus tierras producen el mejor maíz de la zona andina. Luego de la conquista española, no se sabe con exactitud la fecha de su fundación y se especula que se cumplió poco después del arribo de Francisco Pizarro al Cusco (1533). Algunos documentos mencionan que fue Pedro de Zamora quien recibe la orden de explorar la zona del Vilcanota o río Sagrado de los Incas, porque llegaron informaciones de que Manco Inca había establecido en "Khallka" -que significa en quecha "pedregal"- su cuartel general (1536). Entonces Zamora visaría los diversos ayllus del lugar hasta, según se piensa, fundar la "Villa de Zamora" con la advocación de San Pedro Apóstol. A partir de ese momento la palabra "Khallka" se castellanizó en Calca. A lo largo del siglo XVI, la zona se convierte en sede del corregimiento Calca-Lares, abarcando Chinchero, al que posteriormente se anexaría Vilcabamba. Más tarde al poblado se le daría importancia religiosa al construirse el Monasterio de Belén y la Parroquia de San POedro Apóstol. Nacidos en esta provincia son los líderes rebeldes Bernardo Tmbohuacso Pumayalli, cacique de Písac, quien se levantó contra el gobierno colonial en 1780, y el brigadier Mateo Pumacahua, curaca de Chinchero, líder de la rebelión del Cusco de 1814.

Pasados los años de la lucha por la independencia, Calca se convirtió en provincia del Cusco por decreto de junio de 1825 rubricado por el Libertador Bolívar. Hoy la provincia cuenta con 4,414.49 kilómetros cuadrados de superficie, casi 80 mil habitantes y sus distritos son: Calca (capital), Coya, Lamay, Lares, Písac, San Salvador, Taray y Yanatile. Su territorio abarca las dos márgenes del río Vilcanota y su población se dedica al cultivo del maíz, trigo, cebada, cacao, coca y caña de azúcar. Su clima es templado y sólo en invierno se presentan heladas y escarcha. De octubre a diciembre la temperatura máxima alcanza los 25ºC. y en los meses de mayo a julio llega a menos de cero. La ciudad de Calca, desde setiembre de 1898, funciona oficialmente como capital de la provincia. Tiene 2,928 metros del nivel del mar y se ubica sobre la margen derecha del Vilcanota. El pueblo no presenta atractivos turísticos, salvo la fama de sus aguas termales de Machacancha y Minas Moco.

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Vista panorámica de Calca


Fiestas y tradiciones.- En el pueblo de Calca es renombrada la celebración de la Semana Santa, cuya solemnidad es sólo comparable a las que se realizan en Ayacucho o Arequipa. Los pobladores, siguiendo una vieja tradición, asumen el "cargo" que recae en un casado y una soletra del lugar quienes corren con todos los gastos que damandan el Sermón de las Tres Horas y la procesión del Señor del Santo Sepulcro: tarjetas de invistación, estampas y los servicios de la Orquesta de Cámara y Banda de Músicos que acompaña esta ceremonia. De otro lado, el 15 de agosto Calca celebra su fiesta patronal bajo la advocación de la Virgen Asunta: procesión, bailes y tradicionales viandas en la plaza del pueblo. De Písac es conocido su Carnaval (entre febrero y marzo) que cuenta como escenario el deslumbrante valle Sagrado de los Incas. Toda la población baila por las calles del antiguo centro prehispánico bajo la presencia de numerosos turistas. Finalmente, es muy conocido en la región el Baile del Choclo o Sara Raymi del acogedor distrito de Coya. Esta danza se explica por la vieja tradición de sus pobladores en la siembra del maíz: el cultivo es toda una ceremonia que se repite fielmemente en todas sus fases: siembra, cosecha y consumo final.

La feria de Pisac.- Todos los martes, jueves y domingo, de 9 de la mañana a 6 de la tarde, se celebra una feria comercial en el pueblo de Pisac. Sin embargo, se recomienda al turista asistir los domingos, pues este día es el más surtido en productos y el de mayor colorido. La feria dominical se inicia a las 11 de la mañana con la celebración de una Misa en quechua, a la que asisten las autoridades locales o "varayoc", jerarcas indígenas de viejo cuño, todos vestidos con sus ponchos, calzados de ojotas y portando sus varas. Ellos gozan del privilegio de sentarse en la primera banca del templo. Los regidores también aprecen ese día con sus ponchos, pero lo que los distingue de los "varayoc", es su pututo. Terminada la Eucaristía los jerarcas pasan a degustar un opíparo almuerzo, regado con la mejor chicha de la localidad. Fuera de la iglesia mayor y del local de la municipalidad el turista podrá observar en la plaza del pueblo una multitud de tiendas de toldo con productos comestibles y artesanales dignos de comprar. Los puestos levantados para la ocasión no están ordenados por productos, salvo los de comida, que se ubican en frente del templo. Allí se ofrece la famosa "conejada" o cuy a la parrilla, guisos preparados sobre la base de carne de camélido y las empanadas de la región, horneadas de forma artesanal y rellenas de queso, orégano, cebolla y picadillo de tomate. El resto de tiendas muestra el patrimonio artesanal del Cusco a través de chullos, bolsos, bufandas, guantes, mitones, sombreros, mantos y tapices de lana, chompas de alpaca, llicllas, salamandras, aríbalos, damajuanas, queros, platos y juegos de te con motivos incaicos, retablos, equecos, duendes en duropox, collares de chaquira, y las máscaras de los distintos personajes que integran las comparsas en la fiesta de la Virgen del Carmen de Paucartambo y que se celebra con la misma devoción en Pisac.

Baños termales.- A poca distancia del pueblo de Calca se encuentran los baños minero-medicinales de Minasmocco (recomendados para casos de reumatismo y diversas enfermedades de la piel) y los baños termales de Machacancha (recomendados para casos de reumatismo, afecciones al hígado, anemia y neurastenia; no está recomendado como aguas medicinales de bebida por su alto contenido de cloruro potásico y sílice). Asimismo, a pocas cuadras del pueblo de Lares se ubican los baños termales del mismo nombre (con una temperatura de 62 grados, de naturaleza ferruginosa y recomendado para reumatismo y cólicos). Finalmente tenemos los baños de Kakato en el distrito de Lamay (con instalaciones y servicios recientemente construídos y recomendados para casos de gota, reumatismo, afecciones nerviosas y hepáticas).

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Jóvenes en la feria de Písac (travel.webshots.com)




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1. Historia.- Su nombre viene del quechua y significa "río de arena". Fue declarada provincia del departamento del Cusco el 23 de febrero de 1861 y hoy cuenta con una superficie de 933.03 kilómetros cuadrados. Este territorio comprende la zona ubicada entre el río Apurímac y la cumbre de la Cadena Central, desde la laguna de Pascococha hasta el río Kehuar. Tiene siete distritos, ellos son Acomayo, Acopía, Acos, Mosoc, Lacta, Pomacanchi, Rondocán Y Sangarará. Su capital es Acomayo, población ubicada sobre la margen izquierda del río del mismo nombre y a una altitud de 3,3600 metros del nivel del mar. Sus habitantes se dedican, básicamente, a la producción de maíz, cebada y trigo, así como al pastoreo de ovinos y camélidos. Su clima es seco y frío; para llegar a ella es necesario hacer un largo viaje desde el Cusco (aproximadamente 8 horas) por carretera en aceptable estado de conservación


2. Pomacanchi.- Del quechua "corral del puma" y distrito de la provincia de Acomayo, este pueblo es muy visitado por encontrarse frente a la laguna del mismo nombre. Tiene una altitud de 3,679 metros del nivel del mar y se encuentra a 104 kilómetros de la ciudad del Cusco, y a 38 de la capital Acomayo. La presencia de la laguna hace que el pueblo tenga un clima templado y generalmente soleado, ideal para el descanso; su temperatura promedio oscila entre 13 y 15 grados centígrados.

En realidad el pueblo se puede visitar todo el año, aunque los expertos aconsejan hacerlo entre abril y octubre. Para llegar a Pomacanchi desde el Cusco hay que dirigirse al sur hasta el puente Chuquicahuana en el kilómetro 90 y luego de un desvío hacia la derecha, descender hasta la laguna. Finalmente, el pueblo cuenta con una pequeña oficina de correos, su infraestructura hotelera es precaria y su servicio de agua potable muy irregular.

3. La iglesia de Pitumarca.- La iglesia de San Miguel de Pitumarcas de regular tamaño, centrándola un hermoso altar máximo barroco, tallado y dorado de cuatro cuerpos y tres calles. El púlpito es clásico, de comienzos del siglo XVII, azul y oro, con cátedra de cinco paneles y sólo tres santos carnados, policromados, dorados y rotos; el tímpano es la puerta y el tornavoz, muy destruido, sigue los lineamientos del estilo renacentista. Hay en el templo algunos retablos más, en especial el de la Sagrada Familia en el muro epistolar. Se aprecia antigua decoración mural pictórica, especialmente en el sotacoro y en los res arcos que sostienen el coro alto donde subsiste-viejo, quebrado y mudo- un órgano de tubos que se accionó por fuelles. La iglesia tiene arco triunfal decorado. Sobre este último se representa a la Trinidad como tres personas iguales. También son notables los faldones y harneruelo junto al arco triunfal.

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Iglesia de Pitumarca (mcanchis.galeon.com)


4. Turismo ecológico.- Sin duda, la Laguna de Pomacanchi es uno de los atractivos naturales más bellos del Cusco pues su riqueza ecológica y paisajista se encuentra aún intacta. Rodeada de eucaliptos y cultivos pequeños, su agua es clara o verde-azulada, y su oleaje es nulo; tiene, de otro lado, vegetación acuática circundante de totora en toda la orilla. También se pueden apreciar en su entorno aves como la garza blanca, la gaviota serrana y patos. Es posible, además, realizar en ella pesca deportiva, especialmente de trucha y pejerrey serrano. Cuenta con una extensión aproximada de 7,760 metros de largo por 4,270 de ancho, y vierte sus aguas en el río Vilcanota.

5. Fiestas y tradiciones.- La festividad más importante de Pomacanchi es la de San Agustín, patrón del pueblo, que se celebra el 28 y 29 de agosto. De otro lado, sus danzas más conocidas son la Pashña Marcha (realizada por mujeres solteras cuya vestimenta parodia a la mujer española); el Canchimacho (es en realidad un personaje que se presenta en la fiesta de San Pedro, el 29 de julio, que baja al rayar el alba y desempeña un papel moralizador o de juez frentte a la gente); la Danza de los Echeniques (los bailariness se presentan en harapos parodiando las costumbres del Perú decimonónico); la Danza Tin Tin (es un solo persomnaje con pollera rígida que danza todo el día e invita a bailar, lanzando una moneda, a todo aque que sale a su encuentro); y el Kinray Chuncho (curioso baile que se ejecuta de costado con ropa rígida que impide ir derecho).

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Laguna de Pomacanchi (yachaywasi-ngo.com)




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El nombre del pueblo de Chilca viene del yunga y significa, según el diccionario de Gonzáles Holguín, "mata que tiene hojas amargas y pegajosas"; su uso, en tiempos prehispánicos, estuvo vinculado a la producción de un tinte de color verde al ser hervidas sus hojas con papas negras.

Chilca se encuentra a 65 kilómetros al sur de Lima y pertenece a la provincia de Cañete. El pueblo se ubica al lado derecho de la carretera; tiene una calle principal y sólo los alrededores de la Plaza de Armas están asfaltados. Desde la antigua Panamericana Sur hasta la Plaza de Armas (8 cuadras) está la zona urbanizada, luego de la cual viene la zona de cultivos que termina en la playa. Un poco más al sur, está el balneario de Las salinas, donde hay lagunas medicinales frecuentadas por visitantes a los largo del año, especialmente durante el verano. En la zona agrícola hay cultivos de granada e higos, regados con autobombas que extraen agua del subsuelo. El resto es terreno eriazo, con presencia de ladrilleras y granjas avícolas.

Chilca se divide en cuatro barrios que son los 4 sectores que forman el cruce de las dos calles principales: Mariano Ignacio Prado o Calle Central y Nicolás de Piérola. Los barios son Ribeño, Chalaco, Chirimoyo y Malambo. La arquitectura del pueblo es singular. En Ribeño y Chalaco (al norte), las calles son cortadas regularmente y hay edificios antiguos que resistieron al último terremoto; casa de adobe con puertas y ventanales de madera trabajadas con adornos barrocos y algunos inmuebles tendrían pinturas en su interior con motivos indígenas. En los barrios de Chirimoyo y Malambo (al sur) hay cuadras alargadas y angostas con construcciones de quincha con techo de carrizo (patrón de construcción prehispánico). Lo más importante del pueblo es la iglesia Nuestra Señora de la asunción, muy grande y de estilo colonial. Su reparación ha sido muy lenta (desde el terremoto de 1974); hoy es un atractivo turístico y símbolo de Chilca.

Chilca es, según sus propios pobladores, un pueblo ancestral. Fue uno de los primeros focos agrícolas del Pacífico Sur y núcleo de irradiación hacia otros lugares de la zona. La gente de Chilca es “gente de siempre” y eso se comprobaría por la existencia de apellidos tradicionales como “Manco”. Al relatarnos su historia, los pobladores resaltan el pasado agrícola y la excelencia del manejo del problema del agua. Efectivamente, la historia de chilca demuestra que logró enfrentarse al medio desértico durante el Periodo Formativo (800-500 a.C.) mediante la construcción de canales; en el Intermedio Tardío (100-600 d.C.) se mejoraría el sistema de pozas u hoyas. Por lo tanto, Chilca se convirtió en un pueblo altamente especializado antes de la llegada de los españoles. En el siglo XVI tenía una población de, aproximadamente, 10 mil personas divididas en múltiples oficios: pescadores, salineros, mercaderes, chasquis y agricultores.

Al parecer, la agricultura dejó de ser importante durante el Virreinato debido al despojo de tierras; así, la pesca se convierte en la actividad primordial. Podemos afirmar que la población de pescadores era grande en Chilca pues la administración colonial (en los tiempos del virrey Toledo) recurrió a pescadores chilcanos para poblar Lurín y otros valles o pueblos aledaños (como Pucusana). En la Colonia, los pescadores no estaban sujetos a la mita por no tener tierras agrícolas; la pesca fue una estrategia para evadir la mita y el tributo.

Los pescadores, al vivir separados, rodeados de arenales, alejados de rutas terrestres y de las autoridades coloniales, pudieron conservar su cultura hasta bien entrado el siglo XX. Los chilcanos se consideran un pueblo muy religioso. La festividad de su patrona, Nuestra Señora de la Asunción, se celebra el 15 de agosto. Cuentan que la imagen llegó a las playas de Chilca en un cajón grande de madera junto con otros objetos echados al mar por un barco español que estaba a punto de hundirse. Cuando los pobladores abrieron la caja y vieron a la Virgen sintieron el llamado especial a que ella sea su patrona. La imagen original desapareció en un incendio y muchos interpretaron que había ascendido.

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Iglesia Nuestra Señora de la Asunción de Chilca

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A continuación, algunas imágenes del mobiliario del siglo XIX que se expone el Louvre de París y que corresponden a la época imperial de Napoleón III. Por estos salones pasaron algunos de los diplomáticos peruanos enviados a la corte presidida por el sobrino de Napoleón y, por supuesto, algunos de los guaneros que intentaron escalar al interior de la sociedad francesa decimonónica (fotos del autor de este blog).

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CERRO AZUL , EL MUNDO DEL SURF Y LOS BEACH BOYS.- Antes del Campeonato Mundial que ganara Felipe Pomar en Punta Rocas, en 1961, una “rompiente” legendaria se sumaría al circuito de playas donde los peruanos practicaban la tabla. Se trataba de la bahía de Cerro Azul, con sus perfectas olas tubulares, un verdadero paraíso para los tablistas, pues ahí reventaba una ola perfecta que durante milenios sólo habían sido corridas por los delfines.

Descripción técnica de la ola de Cerro Azul: Izquierda, de salón, tubular. La ola revienta frente al balneario. Cuando el mar crece demasiado, revienta una ola derecha al otro lado del muelle, ola rápida, fuerte y tubular.

Esta playa, cuyas olas serían cantadas por los Beach Boys (en Surfin´ Safari, una de sus canciones más populares) para hacer que su fama diera la vuelta al mundo, fueron divisadas por primera vez desde la Carretera Panamericana, a fines del verano de 1961, cuando, regresando de su hacienda en Chincha, Mota Navarro y un grupo de amigos volvían a Lima. Un amigo de los Beach Boys, el californiano John Severson, que entre otras cosas era el dueño de la Surfer Magazine (inicialmente llamada Surf), fue quien distinguió el oleaje estrellándose contra las rocas, y algo en el aire le hizo sospechar que las buenas olas estaban cerca. Severson se hallaba en Perú filmando un documental de tabla, y guiado por su espíritu aventurero convenció a sus compañeros a desviarse de la carretera y tomar rumbo hacia Cerro Azul.

Cuando llegaron a la orilla, se toparon con una playa que parecía dibujada por la imaginación del tablista más apasionado. A lo largo de la bahía, una pequeña ola se precipitaba desde la izquierda, luego de estrellarse contra una roca esculpida por el mar y el viento formando la imagen perfecta de un águila. Junto a Mota Navarro y John Severson, estaban algunos tablistas cuyos nombres bastarían para imaginar la película perfecta. Ellos eran Raúl Risso, Pocho Caballero, Carlos Aramburu, Joaquín Miró Quesada y Felipe Pomar. Parados frente al mar, los siete tablistas se quedaron horas mirando las olas, esperando que un cambio de mareas o un viento fuerte las hiciera crecer. Cayó la noche y los siete volvieron a la hacienda de Mota, para regresar al día siguiente, soñando con una crecida que les permitiera disfrutar del nuevo hallazgo. Al llegar el amanecer, el milagro había ocurrido: olas de metro y medio entraban ordenadamente en la bahía, deslizándose a lo largo de más de cien metros hasta llegar al muelle. John Severson instaló una cámara en el muelle y a una señal de Mota, todos entraron hacia la “rompiente”. Las olas que corrieron, las maniobras que hicieron, los tubos que se metieron y, especialmente, la película que Severson hizo de aquella memorable sesión, probaron que Cerro Azul era uno de los descubrimientos más grandes de la década.

CERRO AZUL Y LOS HERMANOS BARREDA.- Desde entonces, Cerro Azul se convirtió en la playa favorita de cientos de tablistas, algunos de ellos tan célebres como los hermanos Sergio y Carlos Barreda. La relación entre la playa de Cerro Azul y la familia Barreda es muy conocida. Alrededor de 1962, construyeron la primera casa de playa en la bahía y doña Sonia, junto a sus hijos Sergio y Carlos, se convirtieron en los primeros tablistas en disfrutar permanentemente de una de las olas más perfectas y legendarias del mundo. Inseparables, afanosos, talentosos e inigualables, el Gordo y el Flaco habrían de tejer pronto su propia leyenda, una leyenda cuyas primeras páginas se escribieron en los sesenta y en las olas de Cerro Azul. El “flaco” Carlos era dueño y señor de las izquierdas, pero cuando el mar crecía y entraban las derechas, el “gordo” Barreda saltaba desde el muelle y recorría centenares de metros dentro de secciones tubulares absolutamente perfectas.

Hay una anécdota memorable. Los hermanos Barreda estudiaban en el colegio Champagnat (cuna de muchos tablistas) y, cada vez que el mar se ponía bueno, Joaquín Miró Quesada y Miguel Plaza pasaban a recogerlos al colegio, para llevárselos a disfrutar de las olas de buenas crecidas. Un buen día, el director del Champagnat llamó urgentemente a doña Sonia Barreda, para preguntarle qué iban a hacer sus hijos con su vida, correr tabla o estudiar; doña Sonia, con la elegancia que la caracteriza, miró al director de pies a cabeza, y respondió elegantemente: Sergio, Carlos, agarren sus cosas porque nos vamos a la playa.

Los hermanos Barreda terminaron el colegio sin mayores problemas, y pronto habrían de convertirse en dos de las figuras más importantes de la tabla nacional. Nadie duda, sin embargo, que gran parte de la experiencia que los llevó a convertirse en excelentes tablistas, se debió a las interminables sesiones de tabla que disfrutaron en Cerro Azul. En un excelente artículo escrito por Carlos “el Flaco” Barreda en 1967, encontramos una hermosa descripción de la rompiente sureña: Cerro Azul parece creado pensando en los tablistas; es el sitio perfecto, el que puede darles todo lo que buscan: olas, sol, ambiente. Es un sitio cerrado, una playa de salón; está aislado del resto del mar por unas rocas negras y puntiagudas, que se blanquean de espuma al reventar una ola. En la pequeña bahía el agua es tranquila como una laguna: sólo se destaca una perfecta formación de olas; todas siguen un orden establecido, comienzan y terminan en un sitio fijo, se van formando a una velocidad constante, son perfectas; no son grandes, son del tamaño que me gusta: un metro y medio de promedio; es la ola que yo puedo dominar en vez de ser llevado por ella, es donde puedo rendir todo lo que soy capaz, porque la ola ya hace todo lo que se le puede pedir. El sol de la tarde da a Cerro Azul un color dorado, una suave brisa de playa hace que las olas tengan una cabellera rubia al reventar; el agua es fresca y contrasta con la salada picazón del sol en mi espalda. Podría pasarme toda la vida corriendo estas olas, no se me puede hacer monótono; es lo más que puedo desear.

Sentado en su consultorio de Miraflores, el doctor Carlos Barreda habla con cariño de Cerro Azul. Todo el que haya corrido las olas de Cerro Azul estará de acuerdo en que la descripción del “Flaco” es perfecta, no le falta ni le sobra una sola palabra. Cerro Azul es exactamente tal y como él lo ve. El encanto de sus muelles, la facilidad de entrar en el point y volver caminando si uno lo desea, la regularidad de sus olas, todo está expresado en su artículo. Después de todo, los Barreda son los mejores conocedores de Cerro Azul, así que dejemos que el Flaco siga hablando: Me acuerdo, por ejemplo, de una semana entera, en mayo de 1966. Joaquín Miró Quesada, Ivo Hanza y yo en Cerro Azul, con olas de la mañana a la noche; olas perfectas día y noche: todo para nosotros tres. No creo que esto pueda suceder en otros lugares del mundo, donde muchas veces se ve docenas de tablistas peleándose a muerte por una miserable ola. Tenemos suerte, estamos mejor que ellos.

Lógico que, actualmente, uno va a Cerro Azul y se encuentra con docenas de tablistas peleándose por cada ola, pero en los sesenta la cosa era diferente. Las playas que hoy en día nos resultan más que familiares recién se habían descubierto, y un puñado de amigos podía disfrutar, para ellos solos, un día entero de olas excelentes, sin que nadie los molestara. Ese era precisamente uno de los grandes encantos de los años sesenta, el hecho de poder deleitarse con las buenas olas cerca de Lima, sin aglomeraciones ni multitudes. Ese encanto se va perdiendo, y cada vez uno tiene que irse más y más lejos para encontrarse a solas con el mar (Fuente: adaptado de la entrevista a Miguel Plaza en peruazul.com. En ella también pueden encontrar fotografías de tablistas en Cerro Azul en los años 60).

Los Beach Boys.- En abril de 2005, cuarenta años después de haber lanzado su álbum Surfin Safari, en el que el tema principal hace referencia a las olas de Cerro Azul, y cuando el grupo estaba en Lima para hacer una presentación, el líder del mítico grupo, Mike Love, dijo que nunca había visitado esa playa sureña. Por ello, Love confirmó que el grupo se quedaría un día más en nuestro país para conocer por fin la playa Cerro Azul de la que tanto han oído hablar y correr por fin sus famosas olas. Este es el fragmento de la canción en el que hacen referencia a Cerro Azul:

They're anglin' in Laguna and Cerro Azul
They're kickin' out in Doheny too
I tell you surfin's runnin' wild, it's gettin' bigger ev'ry day
From Hawaii to the shores of Peru


(RPP Noticias, 17 de abril de 2005).- Pese a que se dijo y recontra dijo que The Beach Boys habían estado en el Perú de incógnito en 1967 y que hasta habían ido a correr olas a Cerro Azul, resulta que la historia no era cierta. El propio Mike Love, líder vocal de la agrupación californiana, se encargó de acabar con el mito. "Es una pregunta que se repite últimamente a propósito de nuestra visita a Lima", dijo riendo a través del hilo telefónico. "La verdad es que nunca visitamos esa playa. Dimos con el nombre gracias a la revista Surfin Magazine, una publicación que se lee en muchas capitales del mundo. Cerro Azul apareció y se integró a la canción que además incluye playas de otros lugares. La idea de hacer ese tema fue precisamente un safari por las mejores olas del mundo y tenía que estar incluida Cerro Azul", señaló. Love añadió que "Nos interesaría conocer el balneario, pero la gira no deja mucho espacio para conocer lugares que, seguramente, son ideales para el surf. No descarto que se dé la ocasión en algún otro momento".

Evocación.- El periodista Mirko Lauer tiene dos novelas cortas ambientadas en Cerro Azul: Secretos inútiles y Órbitas tertulias (con la que ganó el premio internacional Juan Rulfo). A continuación, transcribimos algunas de sus impresiones sobre Cerro Azul: Porque es un lugar que conozco y quiero mucho. Es muy interesante en términos narrativos porque está lleno de historias... Pero lo que lo hace un lugar novelable y novelesco es que Cerro Azul es el centro de muchas cosas. En el siglo XVII, por ejemplo, sus costas cercanas fueron el escenario de la más grande batalla naval de la época colonial. Antes, en la época prehispánica, fue el lugar de una de las más importantes confrontaciones del imperio incaico con un pueblo, el de Guarco. También es donde, en el siglo XIX, más chinos llegan a trabajar en la agricultura; para después tomar partido por el invasor chileno y terminan masacrados por la gente local. Esto sin contar con que es el lugar donde tiene parte de sus intereses el presidente Leguía en el primer decenio, y con que Hipólito Unánue y Pedro Paz Soldán, su nieto, tienen su casa; y donde el libertador Bernardo O‘Higgins vive sus últimos días. Es decir, da un buen marco dentro del cual escribir y hablar también de cosas contemporáneas. Porque esta novela es muy contemporánea. Ocurre este verano o el anterior. No más atrás... Porque Cerro Azul es un lugar de gente muy pobre que vive en los márgenes de la agricultura y de la pesca artesanal de pejerrey y jurel, lo cual no da mucho. El turismo de un balneario moderno y simpático puede sacar de la pobreza a mucha gente. Lo está haciendo muy de a pocos. En eso, la literatura y la gastronomía son dos fuerzas humanas, como dice el valse.

Y en su última novela escribe, Hay en el verano de Cerro Azul crepúsculos largos y deliciosos, que en verdad son secciones de noche que se resisten a llegar, en los que el mar decreta un silencio de maquinaria inmóvil y el puerto es una juguetería desierta. A eso de las nueve el aire ya parece estar devorando la luz del día siguiente. Pero a la vez cada nueva ola color de fósforo llega trayendo un nuevo, impalpable pliego de oscuridad.

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Cerro Azul





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ORIGEN DEL NOMBRE.- Existen 3 versiones acerca del origen su nombre:

1. Según el cronista Pedro Cieza de León, en el lugar había una fortaleza pintada de verde claro que, desde el océano, cobraba un matiz azulino. Con el tiempo, las ruinas de esta fortaleza fueron conocidas por los pescadores que, impresionados por ese baluarte que parecía una montaña azulina, bautizaron al Puerto de Cañete con el nombre de "Cerro Azul".

2. Según el antropólogo norteamericano Alfred L. Kroeber, el nombre de Cerro Azul, tanto del puerto como de la población, se deriva de los cerros. En ciertas estaciones del año, cuando se les ve a distancia, tienen un tinte definitivamente azulado.

3. El viajero y médico alemán Middenfort asegura que antiguamente el cerro estaba cubierto de tilancias (plantas del aire) cuyo color gris verdoso, a la distancia, se ve como una mancha azul pálida, de donde proviene el nombre de Cerro Azul.

Al parecer, la más aceptable y acertada es la versión de Kroeber porque, en la actualidad, no existe la edificación total de la fortaleza, sólo existen restos que a ciertas distancias no se aprecian, y en ninguna estación del año el cerro se cubre de tilancias. Sin embargo, los pescadores manifiestan que los cerros cuando se les ve a distancia tienen un tinte azulado, especialmente en épocas de verano.

ÉPOCA PRE-HISPÁNICA.- La historia de Cerro Azul se remonta a la llamada Confederación del Huarco, que tuvo como jefe máximo al curaca Chuquimanco. Se trataba de un pequeño señorío de aproximadamente 140 kilómetros cuadrados, que ocupaba la cuenca baja del río Cañete, y que tuvo como límites lo que es hoy Lunahuaná, Chincha y Mala. Su población vivía de la pesca y la agricultura. Construyeron grandes obras de riego, fortalezas o fuertes, y tuvieron un singular sistema de cultivo denominado hoyas, puquios, huanchaques o mahamaes (cavaban la tierra hasta encontrar humedad y allí cultivaban).

Este señorío fue sometido por Túpac Yupanqui hacia 1470 d.C. Para lograrlo, los incas debieron emplear diversas estrategias, ya que durante algunos años estuvieron acercándose y replegándose temporalmente, impelidos por los rigores de un clima caluroso al que no estaban acostumbrados. Finalmente, la sorpresa y la emboscada fueron, al parecer, la única táctica efectiva.

Los incas mandaron construir una fortaleza de piedra (Fortaleza de Huarco o Castillo de Cerro Azul), con escalinatas hacia el mar en honor a su victoria y como símbolo a su poder; esta construcción, según Cieza de León, era igual de grandiosa y magnífica como la fortaleza de Sacsayhuamán. Este conjunto se asienta sobre la cumbre del cerro La Barraca o Camacho (de 91 metros de altura), en el distrito de Cerro Azul, cuya formación geológica es sorprendente al introducirse al mar como un enorme espolón. Según el arqueólogo Roger Ravines, en él se distinguen dos grandes sectores: el cementerio, constituido por tumbas en forma de pozos revestidos de piedras, en la falda del cerro; y el área monumental correspondientes a 8 grandes componentes arquitectónicos o establecimientos residenciales de élite, rodeado por una serie de pequeñas estructuras de almacenamiento ligadas a ellas, diseminadas sobre la colina con frente al mar. A simple vista, no se puede apreciar los restos de esta fortaleza porque está en un lugar oculto a la mirada de la gente. Cabe destacar que esta fortaleza fue prácticamente saqueada en la época virreinal, durante los gobiernos de los virreyes Marqués de Mancera (1640) y Conde de Superunda (1746), para llevar sus piedras para construir el muelle de Cerro Azul.

ÉPOCA VIRREINAL.- En 1615, la bahía de Cerro Azul fue escenario de uno de los combates navales más dramáticos del Perú colonial. Ocurrió durante el gobierno del virrey Juan de Mendoza y Luna, marqués de Montesclaros, contra el corsario holandés Jorge Spilbergen. Este célebre corsario fue enviado por la Compañía Holandesa de las Indias Orientales con el fin de buscar una ruta hacia el Asia a través del Estrecho de Magallanes. Llegó a nuestras costas luego de haber causado pánico en Chile, asaltando, incluso, el puerto de Valparaíso.

Según el historiador José Antonio del Busto, en 1615 apareció en el mar peruano este corsario con 6 naves (dicen que cargadas de oro y piedras preciosas producto de sus saqueos). El Virrey mandó a combatirlo a su sobrino Rodrigo de Mendoza con 7 barquichuelos. El combate naval tuvo lugar en Cerro Azul el 17 de julio de 1615 y duró 8 horas; en medio de la noche, las naves de Rodrigo de Mendoza fueron presas de la confusión y tuvieron que retirarse con ventaja para el holandés. El héroe de la jornada fue el almirante Pedro del Pulgar que, intimidado a rendirse, se negó a ello; pereció con sus 500 tripulantes al irse a pique su nave. A pesar de ello, 2 naves del holandés fueron hundidas. Todos estos hechos ocurrieron a una distancia menos de dos kilómetros de las costas y se apreció a simple vista.

Al parecer, consternado por el hecho, Spilbergen, siguió hasta el Callao sin atreverse a desembarcar. Sin embargo, el miedo ya azotaba la Capital y cuentan que santa Rosa de Lima reunió a las mujeres en la iglesia de Nuestra Señora del Rosario para orar ante el Santísimo por la salvación de la ciudad. Apenas llegada la noticia falsa del desembarco, Rosa subió al Altar, y cortándose los vestidos y remangados los hábitos puso su cuerpo para defender a Cristo en el Sagrario. Los ánimos del vecindario eran alarmantes, llegando a huir muchos de Lima hacia lugares distantes. La tradición “concluye” que Rosa de Lima oró con fervor y la población consiguió rechazar con éxito a los piratas, que tuvieron que huir a las naves sin hacer ningún daño a la ciudad.

Según el marino e historiador, Jorge Ortiz Sotelo, en las aguas de Cerro Azul se encuentran los restos de dos naves de la Armada de la Mar del Sur, el galeón Santa Ana o Visitación y un patache, hundidas en este combate. El lugar del combate habría sido ubicado en los últimos años y el Museo Naval del Perú cuenta con un mascarón de proa que supuestamente provendría de dicho lugar.

ÉPOCA REPUBLICANA.- En 1830, se expide un decreto en el que se habilita el puerto de Cerro Azul para el comercio de cabotaje; es decir para permitir la salida al mar de los productos del valle de Cañete, así como la producción de las islas guaneras aledañas. La caña de azúcar se convierte en el principal cultivo del valle y debido a su sobreproducción se ven obligados a construir, en 1870, un pequeño muelle de madera y un ferrocarril para exportar, con rumbo a Inglaterra y Holanda, el azúcar producido en las haciendas de Santa Bárbara, San Benito, Casablanca y todo el valle de Cañete; este auge va a motivar que empresas extranjeras como la British Sugar Company ocupen estas tierras.

Luego de la ocupación de Lima por los chilenos, la zona tuvo que soportar los rigores de la invasión extranjera. Del 17 al 19 de Junio de 1881, el batallón chileno "Victoria" y 110 cazadores a órdenes del comandante Enrique T. Bajeza y el sargento mayor Sofanor Parra, desembarcaron en Cerro Azul y ocuparon Pueblo Viejo, después de resistencia y matanza de negros y cholos como consecuencia de que esta gente carecía de organización y elementos de combate. Al ocupar definitivamente el puerto, el sargento Parra hizo demoler la casi totalidad de los muros de las defensas de Cerro Azul que todavía se conservaban en pie, concluyendo con una obra que había enorgullecido a su población y mandó levantar fortificaciones para poder defenderse.

Otro hecho destacable se produjo el 3 de abril de 1903 cuando desembarcaron, por primera vez, los inmigrantes japoneses que luego se distribuyen por todo el territorio nacional. Los primeros inmigrantes que se asientan en el distrito son las familias Maeda, Watanabe, HiraKawa, Takase, etc. Hacia la década de 1920, empieza a ser cultivado el algodón en gran escala destituyendo a la caña de azúcar. Posteriormente, por la importancia que adquiría el puerto y por el aumento de la población, fue elevado a la categoría de distrito (16 de Agosto de 1921). En 1925, se construyó el actual muelle de concreto con todos los adelantos técnicos y se culminó con el tendido de rieles en todo el valle. También surgen en el puerto diversas agencias de aduanas como La Agencia Marítima y comercial de C.A., Ferrari Hermanos, Yansen y Pella. Además, los pobladores fueron participando, cada vez en mayor número, en las labores que demandaba el tráfico portuario (tasqueros, lancheros, estibadores). De esta manera, el puerto comenzó a extenderse al ofrecer trabajo seguro a la población. Lamentablemente, en 1972, durante el gobierno de Velasco, el muelle, después de haber sido elevado a la categoría de Puerto Menor, va a ser clausurado debido al poco movimiento comercial que se daba en él como consecuencia de la construcción de la Carretera Panamericana sur que permitía la salida de los productos hacia el Callao y Pisco. Actualmente, es una caleta que es utilizada por los pescadores artesanales.

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Cerro Azul


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Se encuentra ubicado entre los valles de Mala, por el norte, y el de Cañete, por el sur; pertenece políticamente a la provincia de Cañete y está dividido en tres distritos: Asia, Coayllo y Omas.

El nombre “Asia” viene por la presencia, en tiempos de los Incas, del tambo de ASYAC, descrito por cronistas como Felipe Guamán Poma de Ayala y nombrado en varios documentos coloniales. Su paisaje es árido pues el agua proveniente de la sierra sólo llega por unos cuantos días al año, en el verano, hasta el bajo valle, y esto limita la actividad agrícola. En los meses de mayo y junio, en sus lomas, gracias a la acumulación de neblina, reverdece el valle y se forman pequeños arbustos que sirven para alimentar ganado caprino y vacuno de la sierra contigua. La riqueza de la zona, entonces, proviene de la pesca en su litoral, presidido por la Isla de Asia donde anidan miles de aves guaneras y lobos marinos. En la actualidad, dos nuevos elementos han contribuido a cambiar la economía de la zona: el cultivo del espárrago (regado con aguas del subsuelo) y los balnearios de moda en el litoral.

Huaca Malena.- Está ubicada a la altura del kilómetro 101 de la Panamericana Sur, en el valle bajo y a 4 kilómetros del litoral. El sitio fue excavado por primera vez por Julio C. Tello y Toribio Mejía Xespe hacia 1925. Ellos exhumaron poco más de 300 fardos funerarios y establecieron, tentativamente, que el sitio tuvo ocupación de los wari y de los incas. Luego, excavaciones realizadas en 1963 por Frederic Engel, demostraron que el sitio fue ocupado desde el segundo milenio antes de Cristo, y que su población se alimentaba de productos marinos y del cultivo de calabazas. Lo cierto es que este sitio, con toda seguridad, ha sido ocupado sucesivamente desde los tiempos del precerámico (2,000 a.C.) hasta la llegada de los españoles en el siglo XVI.

Afortunadamente, desde finales de la década de 1990, las autoridades de Asia contrataron arqueólogos y el sitio ha sido investigado y puesto en valor para los visitantes. Huaca Malena ha pasado del abandono hasta tener un museo (Museo Municipal “Huaca Malena”), inaugurado en 2001, que muestra los hallazgos principales entre los que destacan los tejidos recuperados gracias al programa “Adopte un textil”. Sin duda, el proyecto de Huaca Malena es un excelente ejemplo de cómo las ganancias obtenidas por la expansión inmobiliaria en Asia han servido para proyectos de desarrollo, en este caso cultural, que ponen en valor nuestro rico patrimonio arqueológico. El museo está ubicado en la esquina de las calles Pedro La Rosa y Miramar, junto a la Capilla del distrito de Asia.

Según los arqueólogos, los pobladores de Huaca Malena vivieron agrupados en aldeas y tenían un patrón funerario bien definido: los individuos eran enterrados envueltos en esteras de junco. Desde el precerámico, ya confeccionaban sus tejidos de algodón. Parece que durante el Horizonte temprano (100-600 d.C.) la zona pierde importancia política hasta que, con la conquista Wari (700-1,100 d.C.), recobra su esplendor: hay un tejido muy fino y la zona se convierte en uno de los cementerios más importantes de la costa central. Ya en la época inca, en el sitio se construyen edificios piramidales y su cerámica guarda mucha relación con la fabricada en Lurín, Chilca y Mala.

A lo largo del siglo XX, lamentablemente, los “huaqueros” le ganaron el paso a los arqueólogos y destruyeron buena parte de Huaca Malena buscando lo más atractivio del sitio: sus finos tapices de lana y algodón que databan, como habíamos mencionado, de la época Wari. La iconografía de estos tejidos se relacionan con la tradición Tiahuanaco-Wari y presentan colores muy nítidos, como beige, rojo, rosado, celeste, blanco y negro. Los que se han recuperado recientemente, y están expuestos en el museo local, son excelentes y llegan a casi 4 mil fragmentos. Hay mantos, tapices, camisetas y unkus. En muchos de ellos se ve la figura estandarizada del “dios de los báculos”, más conocido como Wiracocha, lo que demuestra la clara influencia altiplánica traída por los ejércitos wari a la costa central. Muchos de estos tejidos, lógicamente, están asociados a tumbas o contextos funerarios.

Uquira.- Según las últimas excavaciones arqueológicas, esta pequeña ciudadela o centro administrativo habría sido construido en tiempos de los incas y dirigido por un señor local (curaca) vinculado a los valles de Mala, Chilca y Lurín y que, luego de la conquista del Tawantinsuyo, fue intermediario entre los gobernantes del Cuzco y la población local. Los arqueólogos han dividido la ciudadela en 7 sectores (“barrios”), casi todos destinados para artesanos, burócratas y, lógicamente, el “palacio” del curaca. Algunos de sus muros se elevan hasta 20 metros del suelo y algunas de sus plazas, habitaciones y pasadizos han resistido al paso del tiempo.

El sitio se encuentra en la parte baja de la cuenca del río Omas (que es el río de Asia), en el caserío de Uquira, el distrito de San Pedro de Coayllo, provincia de Cañete. Limita al norte con la cuenca de los ríos Mala y Chilca y al sur con el fértil valle de Cañete. Para llegar al sitio, se toma el desvío a la altura del kilómetro 101 de la carretera Panamericana Sur que conduce por los distritos de Asia y Coayllo. En el kilómetro 24,5 se encuentra el sitio arqueológico, en la margen izquierda del río, en la última quebrada antes de llegar al pueblo y a 400 metros sobre el nivel del mar.

El área construida es de 2,4 hectáreas y se nota planificación. El material de construcción empleado para los muros, los espacios para las puertas y nichos rectangulares consiste mayormente de adobes, pero existen muros de tapia con cimientos de piedra, así como los que se usó tanto adobe como tapia. Es decir, el mismo patrón de construcción que utilizaron los incas en otras zonas de la costa central como Tambo Colorado, La Centinela, El Salitre, y Pachacamac. La materia prima consistía en barro, arena gruesa y, en algunos casos, fragmentos de valvas de moluscos; la mayoría de los muros de adobe son anchos. Lamentablemente, el sitio ha sufrido destrucciones parciales, casi todas perpetradas por los “huaqueros”.

Algunas conclusiones de los arqueólogos sobre el sitio son las siguientes:

1. Urquira tuvo dos ocupaciones: una durante el imperio inca y otra a la llegada de los españoles; esta última transformó parcialmente la ciudadela entre 1580 y 1610, en la que funcionó como reducción de indios. En el siglo XX, el sitio fue destruido en, por lo menos, su tercera parte.
2. Durante al ocupación incaica, se desarrolló una cerámica local con cierta semejanza a la encontrada en zonas como Lurín, Chilca y Mala. Su decoración es muy sencilla: líneas, círculos, rombos y estrellas, pintadas o dibujadas; hay también peces y figuras escalonadas. Los colores que emplearon en sus ollas y cántaros fueron marrón, blanco, negro y rojo. Se trata de una cerámica relativamente independiente en su decoración ya que las formas clásicas incaicas no prendieron mucho en la zona.
3. Hubo un camino que conectaba a Uquira con el tambo de Asyac, ubicado en la desembocadura del río Omas, que fue descrito por el cronista Guamán Poma de Ayala. El camino empalmaba estos asentamientos con el camino o red vial que los incas construyeron a través de toda la actual costa peruana.

EL NACIMIENTO DE LOS CLUBES DE PLAYA.- En la década del 60, urbanísticamente hablando, las playas del sur de Lima no eran ni remotamente lo que son ahora. Una vista panorámica de la época muestra casas aisladas, que en realidad eran haciendas, colocadas como casitas de monopolio, sin mayor orden ni pretensión urbanística. Un paisaje, sin duda, inimaginable en este tiempo.
El primer club de playa en constituirse al sur de la capital fue Las Palmas, formado al principio por menos de 10 casas. Ahora los clubes son una suerte de ciudad aparte. “La gente buscaba entonces escapar de la Lima tugurizada, que ahora es mucho más caótica que cuando los clubes recién se formaron”, dice Santiago, uno de los residentes. El acceso a los clubes es, como en toda propiedad privada, restringido. Pero el estatus público que ostenta toda playa abre siempre una vía para caminar frente a las casas que ellos albergan, y preguntarse en qué momento se construyó una ciudad paralela frente al mar.

Espacio para los amigos.- El momento fue a fines de los años 60. Cuenta la historia que en 1968, a la altura del kilómetro 98 de la Panamericana Sur, había una hacienda frente al mar, donde se criaban toros de lidia. A la hacienda Galesi (este era el apellido del dueño) acudían muchos fanáticos de la crianza de toros, acompañados por sus esposas. Mientras los señores departían con el anfitrión, las señoras se juntaban cerca de la playa a disfrutar de las bondades del sol y el mar. Este ritmo de vida ocasionó que no pocos visitantes de Galesi optaran por ser asiduos de la hacienda y acamparan a la orilla del mar, que frente a ella reventaba. Durante la época de la reforma agraria, según cuentan algunos residentes, Galesi tuvo que lotizar su hacienda y la vendió por partes a sus amigos habituales para que construyeran lo que serían las primeras casas de playa de esta parte del litoral.

Según residentes veraniegos de este club, la idea de formarlo partió de esos fines de semana en los que los amigos se juntaban a departir y pasar buenos momentos. “La camaradería es el motor de la historia del club”, dicen. Al ir creciendo el club, Galesi —tal vez añorando las áreas verdes de su hacienda— impulsó el sembrío de las palmeras que ahora son la característica principal de este club, uno de los más cercanos al famoso bulevar, y a cuya playa se puede acceder por el acceso público de playa Asia. Luego, el “boom” inmobiliario convirtió Las Palmas en el gran club que es ahora. Aunque es cierto que gran cantidad de veraneantes son los residentes de las casas de playa, también llegan muchos visitantes esperando disfrutar de sus altas olas con sus tablas. Las aguas que están frente al club son un excelente punto de partida para los zódiac que visitan las islas que frente a Asia se encuentran, donde el contacto con la fauna natural es, sencillamente, sorprendente, y donde las historias de costa, mar y verano para contar, sobran.

Otros datos:
1. El club Las Palmas tiene una extensión total de 25 hectáreas y alberga a por lo menos 250 socios.
2. Esta propiedad cuenta con áreas verdes extensas, zona de juegos infantiles, capilla, canchas de frontón, tenis, bochas, fútbol, gimnasio, sauna, piscinas y hasta plaza de toros.
3. Las Palmas se fundó casi paralelamente a los clubes Cayma y Cocos, que se ubican en playas colindantes. Los accesos públicos al mar de Las Palmas son justamente por los límites con estas dos últimas playas.

NOTA.- La historia del origen de los clubes de palya la hemos tomado del diario El Comercio (edición del sábado 13 de marzo de 2010).


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Se ubica entre los valles de Chilca, por el norte, y Asia, por el sur. Petenece a la provincia de Cañete y está ubicado a 86 kilómetros al sur de la ciudad de Lima. Tiene más de un centenar de sitios arqueológicos, pero menores y casi sin “monumentalidad”. Se trata de un valle de origen aluviónico y es conocido porque, según los mitos, el dios Pachacamac tuvo un hijo en esta zona, al cual el Inca le construyó un templo. Éste correspondería, según las investigaciones etnohistóricas, al sitio arqueológico conocido como “El Salitre”.

El Salitre.- El sitio ya ha sido reconocido como parte del Patrimonio Cultural de la Nación y su antigüedad corresponde al periodo del Intermedio Tardío (Siglos XI –XV). Fue un centro ceremonial bastante complejo pues tenía un cementerio, edificios de tipo piramidal y “conchales”. Está ubicado en un promontorio rocoso en la margen izquierda de la desembocadura del río, a 3.2 Km. al Oeste del pueblo de Mala. Se llega a él desde el pueblo de Mala por una carretera asfaltada que llega hasta el balneario de Totoritas, tomando un camino carrozable a la izquierda del promontorio rocoso.

“El Salitre” forma parte de un terreno eriazo y tiene una extensión de 20 hectáreas; el promontorio, al lado del mar, es un acantilado de entre 50 y 60 metros de altura. Los arqueólogos han dividido el sitio en cuatro zonas bien definidas:

1. El cementerio que está localizado sobre la falda del Cerro La Cruz. Hoy está destruido casi en su totalidad por los sucesivos saqueos de los “huaqueros”. A simple vista, se puede distinguir que las tumbas eran tanto individuales como colectivas.
2. Las viviendas se ubican al sur-este del cementerio. Las estructuras son de piedra y barro, y aún se logra distinguir algún decorado en los muros. No queda ninguna edificación en pie debido a la erosión provocada por la brisa marina, ya que están frente al mar.
3. La estructura piramidal se encuentra al este del cementerio y es el sector “monumental” de El Salitre. Se construyó por la superposición de bloques constituidos por paredes de adobe (de clara influencia inca) y relleno de barro. En la parte superior se pueden observar horcones de madera que sostenían los techos de juncos y otras plantas.
4. El templo o edificio Inca se localiza en una cresta rocosa al sur de todo el complejo y domina toda el área de la desembocadura del valle; la vista es espectacular. Se llega a él por unas escalinatas que aún se pueden apreciar en la zona, a pesar de su gran deterioro. El edificio está construido casi en su totalidad con adobes inca paralepípedos (hechos en molde) de regular tamaño. Lo más notorio de este edificio es que en el área central, donde existe un espacio abierto a manera de "plaza", los muros están decorados con hornacinas trapezoidales con doble jamba.

¿Cómo reconstruir la historia de El Salitre? Según las crónicas del siglo XVI y estudios recientes, al parecer este lugar tuvo especial importancia para los incas por estar dedicado a algún dios, dada su ubicación en un afloramiento rocoso próximo al mar. El sitio cumplió una función administrativa y servía a los intereses del Estado pues era una creación de los gobernantes del Cuzco. Durante el Tawantinsuyo, según Gracilazo de la Vega, los valles de Cañete, Mala y Chilca estuvieron bajo la autoridad de Chuquimanco, curaca de valle Huarcu o Cañete. Estos valles, como sabemos, eran muy ricos por el uso del guano de las islas, el mejor fertilizante natural del planeta. Según las evidencias, Chiquimanco fue conquistado por Túpac Yupanqui hacia 1470; al ser derrotado, su territorio formó parte del Chinchaysuyo. En Mala, los incas (como en otros lugares como Pachacamac o Chincha), utilizaron la zona para construir templos oficiales (dedicados al culto solar) junto a centros ceremoniales dedicados a dioses locales con el objetivo de sintetizar las creencias de los habitantes de la zona y asimilarlos dentro de su sistema de creencias oficial. Al parecer, ese dios local era el “hijo de Pachacamac”, llamado SULCAVILCA, según los testimonios del siglo XVI. Como rezago de dicho “sincretismo”, tenemos que, en el Cerro de la Cruz, donde está el cementerio prehispánico, todavía se practican ceremonias espontáneas, relacionadas con creencias religiosas.


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Pucusana en 1957

Ubicado a 70 kilómetros al sur de Lima, es un tradicional balneario y caleta de pescadores, cuyo topónimo, pucusana, significa “sopladero” y viene de dos voces, una quechua puku, que actúa de raíz y significa “soplo” y otra que es sana o s’ana, que es desinencia, y que unidas dan la palabra puku-sana. La constatación del topónimo está demostrada por la singular posición que tiene Pucusana, de una semi-luna con una isla (“Galápagos”) al frente: las corrientes de aire que van del mar se desplazan tanto por la entrada de la caleta, como por el lado de La Bocana (canal, de escasa profundidad, que separa la isla de Pucusana) con gran intensidad durante el año hacia la población y las partes altas de los cerros que rodean la ciudad.

Su población original (y permanente) está formada por mestizos descendientes de los habitantes de Chilca, el distrito madre, que pobló Pucusana y otros distritos del extremo norte de Cañete. Es decir, de los descendientes de los hombres que vivieron en el señorío del “Rey Chuquimancu”, que escribe Garcilazo, y de aquellos hombres del precerámico, estudiados por Frederick Engel, quienes tuvieron una agricultura muy primitiva asociada a la recolección de semillas, frutos y mariscos, así como la “pesca de cordel” cuya tradición la conservan todavía los pescadores actuales de Pucusana. En la década de 1920, Julio C. Tello descubrió hipogeos en forma de cavernas (con ingreso tubular), similares a los de Paracas, que posiblemente sirvieron a los pescadores como observatorios que les permitían prevenir la aproximación de gentes extrañas o como viviendas temporales que pudieran pasar inadvertidas.

Los hombres de Chilca, descendientes del curaca Chuquimancu, durante la Conquista, formaron la encomienda o repartimiento de Chilca y Mala que le tocó al conquistador don José de Alcochel. Hombres cuyos apellidos Caycho, Chumpitaz, Cuya, Huapaya y Manco, unidos a los Navarro, Ávila, Cabrera y Carrillo, confirma el carácter mestizo de esta gente que pobló toda esta zona.

Historia.- Según el censo de 1876, los pobladores de Chilca iban en burro a pescar en las aguas de Pucusana. Durante el gobierno de Billinghurst, a raíz de una visita que hiciera el propio presidente a la comarca, se pensó prolongar hasta allí el ferrocarril Lima-Lurín; la idea no se materializó. En 1917 se construyeron las primeras casas para abrigo de los pescadores pero en 1920, con la edificación de la vivienda de don Santos Jacobo, natural de Chilca, nació el balneario, pues este señor fue el primero que se quedó permanentemente con su familia; dos años después, llegaron a radicarse Emilio Navarro y José Carrillo. En torno de los hogares de estos tres chilcanos se levantó posteriormente la ciudad. Pero la falta de agua limitó el crecimiento del balneario. Ya en 1928, por ejemplo, era negocio el acarreo de ella. Se hacía en asnos cargados de porongos y era cambiada por pescado. En 1930, Eleodoro Tuma vendía el agua en barriles a 0,20 centavos cada uno y, posteriormente, Hilario Caycho la llevaba en camiones. Estos hechos estimularon el doblamiento.

Hasta 1929, todos los habitantes eran chilcanos, pero ese año llegó el alemán Shoders, quien construyó su casa y llevó el primer automóvil que conoció el pueblo. Luego, entre 1930 y 1935, se construyeron en las Islas Galápagos las primeras “residencias” veraniegas. Ernesto Devéscovi, Enrique Torres Belón y un coronel apellidado O’Connor fueron los primeros vecinos de Lima que las construyeron.

La construcción de la Panamericana Sur en los años 30 puso en evidencia las ventajas de Pucusana. Aparte de los mencionados “residentes”, fue la Asociación Cristiana de Jóvenes la que, entre 1930 y 1940, levantó allí campamentos de verano. Un señor, Vera y Vera, fue el promotor de esta empresa, quien dictaba charlas a jóvenes cristianos en el comedor del primer restaurante que se fundó en Pucusana: “Delicias”. En 1930, Ricardo Cuya funda la primera tienda o bodega, que sobrevive hasta 1940, año en que Juan Manco establece la suya. En 1940 aparecen los restaurantes “Venecia”, de Emilio Navarro; “La Perlita” de Hermógenes Navarro, y el “Hotel Salón Blanco”, de Porfirio Navarro. Eran de madera y sus dueños vivían de la pesca.

Hacia 1940, Pucusana era todavía un caserío donde Santos Jacobo, quien introdujo la primera chalana en 1922, y Eutimio Ávalos competían en la “regata de chalanas” cada 3 de mayo y 8 de diciembre hasta 1950. Pucusana contaba entonces con unas 30 familias de pescadores y, en 1943, se convirtió en distrito. Así, la vieja “Agencia Municipal” se convierte en Municipio, se inicia el levantamiento del plano regulador (culminado en 1952) y se impulsa la venta de terrenos urbanos. Los bajos precios de los terrenos, la carretera ya existente y la cercanía a Lima impulsaron su crecimiento.

La carretera a Lima quedó terminada en 1951 y fue inaugurada por el entonces alcalde Félix Gilardi. Pucusana seguía creciendo y vio levantarse nuevas residencias no solo en su área urbana sino también en las playas de Naplo, las Ninfas y la Isla Galápagos. Algunos pensaron transformar toda Pucusana en balneario pero esto hubiera significado erradicar a los pescadores que habían fundado el caserío. Afortunadamente, ellos siguieron allí y son los que le dan sentido y razón al pueblo de Pucusana. Los pescadores estaban asociados en un gremio que se fundó en 1925, se reorganizó en 1927 y obtuvo su reconocimiento oficial el 10 de abril de 1944.

En 1953 hubo un nuevo progreso: se instaló el servicio de agua y desagüe gracias a un apoyo del Banco Wiesse. De esta manera, en los años 50, Pucusana ya tenía definido su actual paisaje urbano y su personalidad geográfica: era un pueblo de pescadores al servicio de la salud y descanso de cientos de personas que trabajaban en Lima e iban a descansar allí. Se construyó la Plaza de Armas, el Malecón San Martín, la avenida Billinghurst y el nuevo mercado; el muelle de pescadores es reconstruido y la avenida Lima luce su perspectiva. De esta manera, la pequeña ciudad, con sus avenidas y calles, tomó la forma de triángulo cuya altura es la avenida Lima y su base es el Malecón San Martín. Para coronar este esfuerzo, 12 residentes, en 1958, fundaron el “Yatch Club de Pucusana” y, el 7 de enero de 1966, llegó la energía eléctrica.

La Isla Galápagos.- Se encuentra al frente de Pucusana, abarca 37 hectáreas y su nombre se debe a que en su parte baja vivían tortugas llamadas “galápagos”, ya desaparecidas. Se convirtió en la zona más exclusiva del balneario porque los “cien propietarios”, a través de una Junta de Administración, controlaron la venta de terrenos que efectuaba el Municipio. Si los nuevos “postulantes” no reunían las condiciones que ellos habían establecido, no obtenían el visto bueno para construir allí su casa. El Instituto Geográfico Nacional (IGN) la llama Isla Chuncho.

El Boquerón del Diablo.- Ventana abierta en el cerro que da al sur de la ciudad y que ha sido formado por la erosión marina que ha destruido un dique preexistente. A través de ella, se contempla el mar en la baja marea y, en la alta, penetran grandes y violentas olas que terminan en la Playita del Boquerón.

PLAYAS DE PUCUSANA

Playa La Tiza.- Ubicada al norte de Pucusana, tiene ese nombre por el color blanco o color de tiza que presenta sus alrededores debido a la acción de ciertas sales que hay en el lugar y la descomposición que ha sufrido el suelo. El ingreso es restringido pues se halla un cuartel del Ejército.

Playa La Honda.- Ubicada al norte de Pucusana, esta playa es una pequeña ensenada horadada y profunda. El ingreso es restringido.

Playa La Quipa.- Ubicada al norte de Pucusana, el nombre de esta playa exclusiva viene del quechua chipa o ch’ipa que significa “conjunto o lo que reúne en un solo lugar”; y en dicho cerro, las tres cumbres en un mismo lugar es lo que da el nombre de Quipa. El ingreso es restringido.

Playa Naplo.- Ubicada al norte de Pucusana, es de arena, casi recta, de orilla ancha y plana y un mar muy manso. Hay casas de lujo y el ingreso es restringido.

Playa Las Ninfas.- Está ubicada al sur del muelle de los pescadores. Tiene forma semi-circular y su playa es de piedras labradas y reducidas por las olas. Está rodeada de casas veraniegas y termina al lado sur de La Bocana.

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Balneario de Pucusana

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En los años 40, mientras se desarrollaba San Bartolo como balneario, aparecieron dos urbanizaciones vecinas: Santa María y Punta Negra. La primera de ellas fue, desde un principio, un proyecto privado. Los terrenos del antiguo asentamiento de Curayacu fueron cedidos por el Estado peruano a Luis Debernardi Dávila, primero, y al arquitecto Fernando Belaunde, después; finalmente, fueron adquiridos, en 1945, por los prósperos empresarios mineros Elías y Eulogio Fernandino Clotet. La idea, desde un principio, fue la construcción de un balneario exlusivo con el nombre de "Urbanización Santa María del Mar", quivalente a Ancón, aunque mucho más moderno. Santa María y Embajadores son las playas má srepresentativas de este balneario, que fue elevado a la categoría de distrito el 16 de enero de 1962 y es uno de los más pequeños (9.8 kilòmetros cuadrados) y menos habitados de Lima (250 habitantes aproximadamente).

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Balneario de Santa María (skypercity.com)
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Los orígenes del San Bartolo moderno se remontan a principios del siglo XX y están vinculados a los pescadores de Chilca. Uno de ellos fue Román O. Gentile Huapaya, hijo de un inmigrante italiano y de una chilcana. Gentile solía recorrer la playa de lo que entonces solo se conocía como Curayacu. En 1921 le mostró las playas a un antiguo amigo suyo, Juan Borea Carboni, y juntos decidieron fundar un pueblo en sus alrededores. Cuenta la tradición oral que Borea quería ponerle San Bartolomé, en memoria de su padre, pero Gentile argumentó que ya existía un pueblo con ese nombre y que, por tanto, era mejor ponerle San Bartolo, y así se quedó.

Juan Borea Carboni fue quien se encargó de hacer los trámites ante el gobierno y convencer a inmigrantes italianos, españoles y alemanes a establecerse en el nuevo pueblo o al menos construir una casa de veraneo. Uno de los primeros inmigrantes en veranear fue Klaus Schmitz. A partir de 1934, un nuevo grupo de pescadores, en su mayoría provenientes de Chilca, llegaron a San Bartolo para quedarse. Entre ellos sobresalieron Flaviano Manco -y su esposa Eulogia Navarro Carrillo-, Antonio Carrillo Huapaya, y Emiliano Huambachano Ramos. El matrimonio Manco-Navarro fue la priemra pareja en establecerse permanentemente en San Bartolo y fueron los dueños del primer restaurante, "El Patillo".

Cuentan que cuando Gentile y Borea recién comenzaban a ejecutar sus planes para el desarrollo del nuevo balneario, organizaron una misa para bendecir la playa y darle el nombre de San Bartolo. Luego de la misa, colocaron una cruz de cemento y fierro en el "Cerro del Bufadero", como una forma simbólica de tomar posesión de la playa. La cruz fue hecha por el italiano Cayetano Gaona. Cuentan que, alrededor de 1957, la cruz desapareció, según algunos por orden de la municipalidad, según otros porque se cayó sola producto del paso de los años. La tradición oral cuenta que Román Gentile subió al cerro y, excavando, encontró los restos de la Cruz y se los llevó a su casa. La población le pidió que la Cruz original fuera repuesta y así se hizo (Carlos Augusto Rivas, vecino de San Bartolo, dice que la Cruz original se encuentra deteriorada y que no es posible su restauración).

En los años cuarenta, Juan Enrique Campero crea la Rural Sociedad Anónima que comienza a urbanizar San Bartolo con el objetivo de convertirlo en lugar de veraneo para familias limeñas. Así comienzan aaparecer las primeras casas de "material noble" y algunos antiguos veraneantes se establecen de forma definitiva. En 1946, San Bartolo se convierte en distrito y Juan Enrique Campero es su primer alcalde. El edificio municipal, que mantiene un impecable estilo barco, fue construido poco después.

Con el crecimiento de San Bartolo aumentaron las necesidades de sus habitantes, quienes estaban cansados de tener que viajar hasta Chilca o Lurín para escuchar una misa. Fue así como los vecinos decidieron construir la Ermita de San Bartolo. Fue inauguarada en 1949 y la madrina fue nada menos que María Delgado de Odría, esposa del presidente del Ochenio. Así empieza el "romance" del general Odría con San Bartolo. Al "General de la Alegría" le gustó tanto el nuevo balneario que decidió construirse una casa para pasar el verano y dejar la vieja residencia de la Perla en el Callao. Además, Odría ordenó construir pistas en todo San Bartolo, incluyendo aquellos lugares donde aún no había casas. Pero para que no lo acusaran de favoristismo, también impulsó la urbanización -como vimos- de Punta Negra y Punta Hermosa (la casa de Odría está muy cerca de la Municipalidad).

A medida de que el balneario iba creciendo, se vio la necesidad de que los vecinos se asociaran. Así se fueron creando los primeros clubes, como el Club Deportivo San Cristóbal, fundado por Teodoro Rodríguez Javier. Pero sin lugar a dudas, el club más importante fue el Club de Pesca y Deportes Náuticos de San Bartolo, fundado en 1954 por iniciativa de Carlos Leigh Barreto y Carlos Pastrana Vélez. El Club fue el centro de las fiestas del carnaval y de otras actividades de esparcimiento de residentes y veraneantes. Más tarde, en 1959, Arturo Pie, Arturo Fulema y Juan Cabreizo, entre otros, fundaron el Club de Golf Cruz de Hueso (1959); este club se ubicaba en la Quebrada de Cruz de Hueso, en el límite con Punta Negra.

En los años ochenta, un grupo de pilotos de la antigua empresa de aviación Aeroperú decidió organizar la Asociación de Aviones Ultralivianos del Perú. A partir de ese entonces, el vuelo de aeronaves ultraligeras se convirtió en parte del paisaje no solo de San Bartolo sino también de otros balnearios de la zona. Un detalle curioso acerca de los clubes de San Bartolo es que a pesar de ser un balneario donde se practica mucho el surf, el Club de Tabla de San Bartolo recién se creó en 2004. Sin lugar a dudas, las playas de San Bartolo presentan varios atractivos. "Playa Norte" es ideal para la práctica del surf; por su parte, "Curayacu" y "Playa Sur" presentan paisajes extraordinarios; uno de los atractivos naturales más distintivos es el célebre "Bufadero".

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Vista parcial de la playa y del Club Náutico de San Bartolo


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Lafamosa casa del general Odrìa tal como luce hoy
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La Ermita de San Bartolo, inauguarada en 1949
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El palacio municipal, interesante ejemplo de la "moda barco" de los años 50
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En este local funcionaba el antiguo cine de San Bartolo
(fotos de Juan Luis Orrego)
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Nuestra historia de San Bartolo se remonta a los tiempos prehispánicos, en el sitio arqueológico de Cerro Paloma, donde se han encontrado restos de una antigüedad de 4 mil años. Se trata de huesos, dientes y otros restos humanos entre los innumerables conchales. Cerro Paloma debió tratarse de una pequeña aldea de horticultores y pescadores de unas 15 familias que dormían en viviendas de forma ovalada. La novedad de este asentamiento es que a cierta distancia de la zona hay una construcción cuadrangular de muros rojizos; es decir, ya existía una separación entre los espacios de vivienda y los locales públicos. En lo que discrepan los arqueólogos es en la función que cumplía este edificio rojizo: ¿Era un templo o un recinto para reuniones grupales? Más allá de la polémica, sabemos que los habitantes de Cerro Paloma fueron los primeros pobladores de una zona que mil años después reunirá a pescadores.

Un poco más allá del propio San Bartolo se encuentra el recinto de Curayacu, que algunos arqueólogos vinculan a Chavín. Los restos de huesos, conchas, piedras y alimentos han permitido determinar que los pobladores de Cuyrayacu eran pescadores que utilizaban pequeños anzuelos hechos con huesos y conchas. Además, se encontraron entierros individuales y comunales en que los muertos estaban en posición fetal. Entre los múltiples restos de una cerámica rojiza se encontraron dos estatuillas pequeñas de color chocolate; una de ellas fue llamada el "Bebé de Chocolate" y la otra es la famosa "Venus de Curayacu", que recorrió hace poco México y París como parte de una exposición sobre la mujer durante el Perú precolombino. Hoy, esta "Venus" se encuentra en el museo de Pueblo Libre.

La zona que hoy ocupa San Bartolo luego fue ocupada por los Incas. Se cuenta que luego de recorrer y conquistar buena parte de los Andes, el inca Pachacútec se encontarba cansado y algo enfermo. Al llegar a la costa, se dirigió a una playa que, según contaban, tenía poderes curativos. Una vez instalado en el lugar sugerido, Pachacútec decidió entrar al mar para comprobar las cualidades de sus aguas. Dicen que el Inca no solo se curó de sus males sino que se sintió con tanta energía que exclamó curayacu, que traducido al castellano quiere decir "agua que cura". No se sabe mucho de esta zona durante el periodo colonial. Curayacu vuelve a entrar en nuestra historia cuando desembarcaron en sus playas las tropas chilenas durante la Guerra del Pacífico.

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Tropas chilenas en Curayacu

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Playa de Curayacu
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La playa "Punta Rocas" marca el inicio del distrito de Punta Negra. A diferencia de Punta Hermosa y San Bartolo, sus playas son amplias y de mar abierto. Luego de Punta Rocas, se encuentra una amplia playa llamada "El Puerto", nombre curioso para una playa en la que no se puede sali a navegar. Un gran peñasco, conocido como "El Gigantón", divide al "Puerto" de la "Bikini", un apequeña playa encerrada entre peñascos en la que se encuentra el boquerón de Punta Negra. Luego sigue la "Playa Revés", curioso nombre por su fuerte contracorriente o resaca que jala a los bañistas mara dentro; es la única playa de esta parte del litoral que tiene letreros que anuncian que está prohibido bañarse. Acercándonos a San Bartolo, se encuentran "Santa Rosa", otra playa amplia con mucho espacio para caminar y disfrutar de la arena.

La vida de los años fundacionales de Punta Negra era muy apacible a pesar de algunos que otro conflicto entre los veraneantes (muchos de ellos de origen italiano como los Carbone, Danovaro, Cogorno, Figari, Renegri y D'Onofrio) y los residentes permanentes del pueblo (la mayoría de Chilca o "chilcanos"). La vida transcurría entre el mercado, la iglesia (especialmente en las fiestas del patrón San José) y el coliseo de gllos, que quedaba en el actual colegio de secundaria. Como no había electricidad en el distrito, el alcalde D'Onofrio (`pariente de los dueños de la fábrica de helados) hizo traer dos generadores. Este fue un recurso muy común en los balnearios del sur. En la entrada a Punta Negra, al frente de la antigua Carretera Panamericana, se encontraba la emblemática bodega de don Augusto, por muchos años la única del distrito. En la misma calle, aún se puede encontrar los dos primeros restaurantes, "El Pescadito" y el "Punta Negra".

La vida de los veraneantes giraba en torno al Club Social y Deportes de Punta Negra, fundado en 1955 a orillas de la palya "Bikini". Como el mar de Punta Negra no permite un club náutico, los deporttes más practicados eran el´fulbito, el vóleybol y la natación. Las competencias con los otrs balnerios eran muy comunes. Con el paso del tiempo, el juego de la paleta frontón se convirtió en el deporte más popular del club. Además de los deportes, el Club Social y Deportes Punta Negra se caracterizó, en sus primeros años, por sus celebraciones del carnaval: los corsos, los disfraces y las reinas del carnaval eran el centro de las celebraciones.

Por último, muchas zonas de Lima tiene su toque excéntrico o pintoresco y se convierte en su referente. El "Castillo Melgar" de Punta Negra es el ingrediente exótico de los antiguos balnearios del sur. Carlos Enrique Melgar, además de antiguo militante aprista y abogado de los personajes más pintorescos de la Lima de la segunta mital del siglo XX, como el ladrón "Tatán", es el dueño de castillo. La construcció combina, sin ninguna simetría, muros de estilo neo inca con balcones coloniales, pagodas orientales y torres ojivales, además de estar decorada con los objetos más disímiles: un verdadero monumento a lo kitsch.

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Balneario de Punta Negra (flickr.com)
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"Castillo Melgar" en Punta Negra (flickr.com)
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Luego del impulso que le dio el general Manuel A. Odría a San Bartolo, otros militares y arquietctos urbanistas se lanzaron a buscar nuevos lugares de veraneo. Es así como empiezan a poblarse playas que luego serían conocidas como Punta Hermosa y Punta Negra; ambos balnearios fueron elevados a la categoría de distritos en 1954.

Los primeros veraneantes que llegaron a Punta Hermosa solían pasar el día e irse. Sin embargo, la presencia de estos limeños de cñlase media y alta atrajo a pobladores de las zonas vecinas que vieron la posibilidad de hacer buenos negocios con los veranmeantes. Fue así que Matías Espichán y Francisca Huapaya, provenientes de la hacienda "Las Palmas" (Pachacamac), decidieron construir primero un pequeño kiosco y luego una csa en loq ue hoy es Playa Central o Playa Negra (la casa aún existe). Luego llegaron la familia Rosales (de Lurín), el pescador Godofredo Vásquez y Rufino Bermúdez, entre otros. Estos nuevos pobladores encontraron en la pesca, la albañilería y el comercio su fuente de ingresos.

Al mismo tiempo, las familias limeñas comenzaron a cosntruir sus casas de playa y a pasar más tiempo en Punta Hermosa. Así fueron llegando Juan Fassoli, David Howie, el coronel Francisco de sales Torres (quien sería el primer alcalde de Punta Hermosa), Gastón García Rada, Alejandro Wiese, Carlos Orezzoli, Jorge Bruce y Juan Camet, entre otros. Los confliuctos entre veraneantes limeños y residentes permanentes fueron relativamente frecuentes en los inicios del distrito.

A principios de los años sesenta, la alcaldía promovió la construcción de llamado "Barrio Obrero" de Punta Hermosa, como una forma de reconocer a los pobladores dedicados a la albañiolería y la pesca. Las faamilias fundadoras del nuevo barrio colocaron una cruz en el cerro cercanoa ssu viviendas como una forma de agradecer a Dios. Con el tiempo, estos pobladores rebautizaron al Barrio Obrero como "Urbanización Villa Santa Cruz".

Además de las fiestaas de de Año Nuevo y Carnavales, los veraneantes celebraban la fiesta de la Virgen de Lourdes. No sabemso si las celebraciones religiosas eran tan exclusivas como las laicas, pero lo cierto es que los pobladores de la Villa Santa Cruz decidieron organizar una fiesta religioa propia. Luego de una discusión acerca de a qué Santo o Virgen debían celebrar, se les ocurrió hacer una fiesta en honor a la Santísima Cruz que, después de todo, le dio el nombre al barrio. Fue así que se creó la Hermnandad de al Santa Cruz de Punta Hermosa. Curiosamente, con el tiempo, las festividades de la Virgen de Lourdes desaparecieron paulatinamente, mientras crecían las de la Santa Cruz.

El balneaario de Punta Hermosa se llaamó, en un principio, "Roca Negra", debido al color de los peñones que se encuentran en sus playas. Por esta misma razón el vecino distrito se llamó Punta Negra. No sabemos si se le cambió de nombre para evitar la repetición, sin embargo, la tradición oral cuenta que al ocultarse el sol su luz sereflejaba en el islote de la palya sur y los pobladores exclamaban qué hermosa de ve la punta, lo que derivó luego en "Punta Hermosa". Sea como fuere el origen de su nombre, Punta Hermosa cuenta con hermosas playas como "Playa Norte", "La isla", "PLaya Central", "Playa Negra", "Playa Blanca" y "Kontiki". En los años setenta se amplió el acceso a las otras playa del distrito como "El Silencio", "Señoritas" y "Caballeros" ("Barcaza").

La playa "Caballeros" es conocida entre los surfistas o tablistas como "Pico Alto", porque todos los años, y solo en un día no determinado, las olas llegan atener cerca de 6 metros de altura. Al igual que en San Bartolo, el surf fue la pasión de lso veranteantes de Punta Hermosa. Esta pasión llevó a los deportistas a cometer locuras como la protagonizada por Felipe Pomay y Federico "Pitty" Block, quienes salieron a surfear inmeditaamente después del terremoro de mayo de 1970, con la ide de correr "lo que venga", como efectivamente lo hicieron. Según cuentan, las olas llegaron hast los 15 metros de altura. Felipe Pomar también es famoso por haber ganado el Campeoato Mundial de Tabla que se realizó en 1965 en Punta Rocas. Él recuerda haber sido el único peruano en las finales y se decía a sí mismo: con llegar a las finales ya quedaste bien; ahora busca las olas más grandes y arriesga todo. Nadie ha entregado más, nadie se ha sacrificado más, nadie se lo merece más que tú. Estuvo a punto de ahogarse por no soltar la tabla (sin pita) en un revolcón corriendo hacia la izquierad. Saliendo del mar, después de la final, muchas personas bajaron del cerro y le dijeron: ¡Ganaste, ganaste! Él no les creyó hasta que anunciaron los resultados y entonces lo cargaron en hombros.

NOTA: Buena parte de la información sobre la historia de Punta Hermosa, Punta Negra, San Bartolo y Santa María me fue proporcionada por mi colega Martín Monsalve, a quien agradezco.

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Playa Caballeros (Pico Alto) en Punta Hermosa (fotos: Juan Luis Orrego)
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Como sabemos, la costa peruana es una mina inagotable para los arqueólogos. Esta zona fue intensamente ocupada por grupos humanos desde hace por los menos 10 mil años hasta la llegada de los españoles, en el siglo XVI. Una de las zonas más ricas es la que corresponde a los actuales departamentos de Lima e Ica.

Cuando todos los veranos, miles de limeños se dirigen a los balnearios del sur, hasta Asia o Cerro Azul, no reparan que, durante todo el trayecto, descontando el célebre santuario de Pachacamac (en Lurín), hay una infinidad de restos prehispánicos que, en su mayoría, no se notan pues no hay “monumentalidad” y sólo pueden ser de interés para los arqueólogos. Sin embargo, hay algunos que ya están siendo puestos en valor y, aparte de su interés arqueológico, pueden convertirse en centros de gran atractivo turístico.

Por lo tanto, señores bañistas, los balnearios al sur de Lima no sólo sirven para disfrutar de las playas, comer un buen cebiche con sus cervezas o bailar en alguna fiesta de las discotecas del boulevard de Asia. También podemos ampliar esa oferta de “ocio” con alguna actividad de tipo cultural, “una aventura arqueológica”, y descubrir cómo vivían los antiguos habitantes de San Bartola, Chilca, Mala o Asia.

¿Cómo era el paisaje de nuestro litoral hasta el siglo XVI? Imaginemos el litoral donde se encuentran los balnearios del sur sin autopista, calles, casas, restaurantes o discotecas pero con abundante vegetación, como árboles frutales y terrenos cultivados con ají o maíz. Además, dispersas en este paisaje, se encontraban las viviendas de los campesinos y pescadores y, resaltando a lo lejos, se podía apreciar alguna huaca o centro ceremonial y los pobladores laborando alrededor de estos templos piramidales, casi siempre de adobe.

Desde que llegaron los conquistadores en el siglo XVI, hasta el día de hoy, este escenario ha sufrido muchas transformaciones, algunas muy traumáticas, como el avance del desierto; además, gran parte de lo que antes eran campos de cultivo ahora está bajo el implacable cemento. Donde antes se escuchaban los ruidos de la naturaleza y los instrumentos de labranza de los campesinos de antaño, ahora se oyen bocinas, motores de carros o la música estridente de esas discotecas que funcionan hasta el amanecer. Apenas quedan los restos de alguna huaca o vivienda como testigos de la vida de aquel entonces. El avance implacable de la “civilización”, el descuido de las autoridades y el saqueo de los “huaqueros” han hecho que casi nada pueda ser apreciado por el visitante de hoy. Como dijimos antes, salvo Pachacamac, sólo son visibles pocas estructuras que alguna vez fueron templos, viviendas o cementerios.

¿Cómo construyeron los templos y viviendas? Respecto a los templos, como el de Pachacamac, los constructores de la costa central peruana abrieron primero zanjas en el suelo para hacer los cimientos. Luego, levantaron paredes combinando las técnicas de adobe y tapia. A veces, la tapia está bajo los adobes, pero también hay casos inversos. Como parte final, enlucieron las superficies de las paredes para que tengan un acabado liso. Para esto, emplearon barro fino mezclado con una combinación de tierra muy cernida con restos vegetales. La tapia o tapial es una técnica de construcción rápida y eficaz que se ha mantenido en el tiempo y aún se puede observar en la construcción de casas en nuestra costa.
En un templo o centro ceremonial había áreas abiertas y techadas. Sabemos que techaban porque se han encontrado huecos en las paredes para sostener las vigas de las cubiertas; además, partes de los techos se han encontrado en los pisos de las habitaciones. El clima poco riguroso y las escasas lluvias de Lima no impusieron mayores exigencias en la construcción de los techos, los cuales fueron muy ligeros y sencillos, hechos con juncos o carrizos.

Por su lado, las casas de los campesinos y pescadores eran muy simples; estaban hechas de barro y tenían techos de junco o ramas. Las viviendas se encontraban dispersas, separadas unas de otras y salpicadas sobre el litoral. Cada vivienda era habitada por una familia nuclear (padres e hijos): entre 5 y 8 personas. Era mucha gente la que vivió en esta zona porque los valles fértiles de Lurín, Mala, Chilca y Asia permitieron tener cosechas abundantes y comida para abastecer a un gran contingente de habitantes. Esto sin mencionar, lógicamente, los inagotables productos que ofrecía el mar.

¿Qué comían? Los arqueólogos han observado en sus excavaciones restos de huesos, frutas y herramientas para preparar los alimentos. A parte de los productos del mar, hay restos de distintas zonas pues los pobladores intercambiaban sus tradicionales bienes de subsistencia, como pescado fresco o seco del litoral, camarones, frutas o ají con artículos de las zonas altas de los valles como coca, tubérculos y lana de los camélidos. Aparte del pescado, hay mucha evidencia de moluscos o conchas (como choros o machas); entre las frutas tenemos semillas de lúcuma y pacae. Otros cultivos importantes eran el maíz, el frijol y el algodón. Por último, hay que mencionar el consumo del cuy por su gran contenido proteico y valor ceremonial (servía para “adivinar” el futuro y detectar enfermedades) y el uso de la llama (animal de carga ligera, y proveedor de carne comestible y cuero para elaborar calzado).

¿Cómo se vestían? La ropa era hecha de lana o algodón. Las mujeres se vestían con una túnica que llegaba hasta los tobillos; a veces llevaban en la cintura una faja o ceñidor llamado chumbi. Los hombres usaban un taparrabo y un unku, una especie de camisa. Eran muy sencillos los diseños de los trajes: algunos eran llanos y otros tenían rayas de las distintas gamas del marrón, color original del algodón nativo.

¿Quiénes eran sus dioses? Para los pobladores de la costa prehispánica, la naturaleza estaba imbuida de un sentido sagrado. Los conquistadores del siglo XVI fueron muy claros en afirmar, a partir de sus observaciones y del testimonio de los propios indios, que el sitio más importante de la región fue el santuario de Pachacamac, deidad local a la cual se le atribuía el poder de hacer temblar la tierra (divinidad telúrica). Ubicado en la desembocadura del río Lurín, este santuario era un oráculo o lugar desde donde se realizaban ceremonias de adivinación. Era muy famoso y venerado en otras regiones del área andina, y recibía peregrinaciones y ofrendas de ella. Podemos imaginar, entonces, a los pobladores de Chilca, Mala y Asia yendo habitualmente hasta Lurín a ofrecer sus productos al dios de Pachacamac.

¿Qué restos arqueológicos podemos encontrar entre Lurín y Asia? En Punta Hermosa, las instalaciones de Sedapal (para las lagunas de oxidación) y las áreas de práctica de tiro del Ejército prácticamente han borrado cualquier evidencia arqueológica. Frente a San Bartolo (es decir, al lado contrario del balneario) hay conchales, pequeños campamentos temporales y estructuras muy menores que están cubiertas por la arena de las dunas y las lomas. Similar panorama, siempre al otro lado de la carretera, podemos hallar entre Santa María del Mar y Chilca. Desde Chilca hasta Mala, el panorama también es igual; con excepción de varios pequeños conchales en Puerto Viejo, no existe ningún sitio que demuestre “monumentalidad. En síntesis, saliendo de Lurín (Pachacamac) hasta Chilca, siempre siguiendo el litoral, las evidencias arqueológicas no revisten ningún interés turístico.

En cambio, entre Mala y Asia, hay algunos sitios importantes y, tres de ellos, revisten interés turístico. El primero se encuentra en el Mala; se trata de un complejo conocido como “El Salitre” con evidencias de ocupación en varios periodos hasta la época inca. En el valle de Asia, tenemos “Huaca Malena”, otro sitio con varias ocupaciones, y el centro administrativo inca conocido como “Uquira”. Estos sitios gozan de las características de monumentalidad, interés científico, investigaciones y ser aparentes para una eventual puesta en valor con fines turísticos.

Los “conchales”.- A lo largo de todo el litoral peruano, especialmente en la costa central, podemos hallar “conchales” prehispánicos; en otras palabras, se trata de “basurales” con material de consumo cotidiano de los antiguos pobladores. Estos sitios son de suma importancia para la arqueología pues permite reconstruir la forma de vida en tiempos remotos. La mayoría de “conchales”, desde Lurín hasta Asia, presentan similares vestigios.

En estos “rellenos sanitarios” hay vestigios de quincha acompañados por grandes cantidades de restos de moluscos, de allí el nombre de “conchales”. En su mayoría, estos sitios revelan una ocupación prolongada del lugar y un aprovechamiento intenso de los recursos, especialmente marinos (peces, todo tipo de mariscos, crustáceos, aves marinas, mamíferos marinos, algas, etc.), seguidos por los recursos de los valles (algodón, maíz, maní, lúcuma, ciruela del fraile, pallar, frijol, ají, tubérculos, etc.) y lo que se podía cazar en las lomas (zorros, lagartijas, aves, roedores, camélidos silvestres, venados, etc.), lo que nos demuestra que la ecología de los valles de Chilca, Mala y Asia era más rica que en la actualidad. Se sabe, además, que estos pobladores criaban camélidos en corrales (alpacas y llamas), cuyes y perros. Uno de los “conchales” más ricos está en Lapa Lapa (en la playa del mismo nombre, en Chilca) donde se aprecia la estructura de un centro ceremonial, que data de los tiempos de Wari, rodeado de “conchales”.

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Camino inca en el valle de Lurín
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Cerro "Lomo de Corvina", altura de playa Conchán
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Carretera Panamericana Sur
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Ruinas de Pachamacac, desde la Carretera
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LA "ANTIGUA TABERNA QUEIROLO"


Muchos italianos que llegaron a finales del siglo XIX se dedicaron al cultivo de huertas en los alrededores de Lima. Ellos contribuyeron decisivamente a introducir nuevas hortalizas y modificar la dieta de los limeños: el uso de legumbres frescas en la cocina criolla y el de verduras (acelgas, espinacas, variedades de coles y coliflores, brócoli, berenjena, betarraga, albahaca, etc.). Muchos de estos “hortelanos” comerciaban directamente sus productos que llevaban a vender en carretas hasta las primeras décadas del siglo XX. De otro lado, respecto al cultivo de la uva, los italianos introdujeron importantes mejoras en cuanto a nuevas cepas (algunas traídas especialmente desde Italia o Francia) y aspectos técnicos de la industria vinícola. Por último, estos emprendedores inmigrantes, abrieron establecimientos de expendio de comida. Estos fueron de diverso tipo, desde fondas hasta chinganas o pulperías, que fueron el típico negocio de los italianos en Lima y la costa peruana.

Este fue el caso de Santiago Queirolo Raggio, inmigrante italiano, oriundo de la Liguria, que llegó a Lima en la segunda mitad del siglo XIX y se estableció en Magdalena Vieja aprovechando las bondades de su clima y riqueza agrícola. En su fundo “La Huaca”, que se ubicaba entre Pando y Maringa, cultivó productos de “panllevar” (legumbres y hortalizas) y viñedos. Asimismo, fundó, en 1880, en los tiempos difíciles de la ocupación chilena, una taberna o pulpería para el expendio de comida y los vinos que producía en su propia bodega. Es muy probable que, en sus inicios, esta pulpería haya servido platos de la cocina genovesa o lígure, como el pesto (hoy tallarines verdes), el minestrone o la torta pasqualina (hoy pastel de acelga); sin embargo, con los años, y con el trabajo tesonero de los descendientes de don Santiago, su carta se fue “acriollando” para calzar más con el paladar de los limeños. Por ello, la “Antigua Taberna Queirolo”, ubicada en la avenida San Martín, es hoy una de las más tradicionales de nuestra ciudad. Uno puede encontrar allí desde los célebres sánguches de jamón del país, tamales criollos o choritos a la chalaca hasta ravioles o el criollo mondonguito a la italiana. Además, el público puede degustar los mejores vinos y piscos de la bodega de los Queirolo.

Respecto a la producción vinícola, los descendientes de don Santiago aún mantienen las cepas (Barbera, Italia y Borgoña) con las que se inició el negocio en el fundo “La Huaca”. Sin embargo, debido a la presión urbana del siglo XX, trasladaron los viñedos, en 1963, al fundo “La Lagrima” en Cañete, manteniendo siempre la planta de producción en Magdalena Vieja. Hoy, la empresa Queirolo cuenta con 225 hectáreas de viñedos no solo en Cañete sino también en Ica. Sus vinos y piscos, que pueden degustarse tanto en la Taberna como en la Bodega de Pueblo Libre, han merecido, últimamente, varios premios internacionales.

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Bodega Queirolo
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SITIOS DE INTERÉS

Iglesia Santa María Magdalena.- Es la iglesia principal del distrito. Fue construida por los franciscanos en el siglo XVI en los terrenos donados por el curaca Gonzalo Taulichusco. Las visitas pastorales del Arzobispado en los siglos XVII y XVIII dan testimonio de que por aquellos años los curas impartían la evangelización a los indios en su lengua materna, que debió ser una variante del yunga. El interior del templo es una joya del arte colonial peruano, que nos traslada a mediados del siglo XVII, fecha en la que se construyeron sus altares tallados en cedro y de estilo barroco, y cubiertos en pan de oro; destacan también las columnas salomónicas. En el altar mayor se encuentra la imagen de Santa María Magdalena, en un amplio y sobrio retablo. Sus bellas columnas adornadas con guirnaldas muestran cabezas de ángeles y figuras de animales estilizados. Seis altares laterales con similares características dan cuenta de la exuberancia del estilo churrigueresco y la luminosidad del pan de oro. A la izquierda, entre los altares laterales se alza con gran armonía artística, el púlpito, totalmente dorado y tallado. La orden franciscana dejó la iglesia en 1758. Desde el 22 de Enero de 1944, la parroquia se encuentra a cargo de los padres agustinos recoletos.

Una pregunta importante: ¿Por qué la iglesia no se encuentra en la plaza principal? Tal vez fue factor decisivo la donación del terreno que efectuó el cacique Gonzalo Taulichusco. Está el altar mayor presidido por Nuestra Señora y por una bella estatua de María Magdalena en el ancho y solemne retablo que ha inspirado a pintores nuestros; está el púlpito bellísimo y los seis altares laterales dedicados a Nuestra Señora de la Concepción, a San José, a Santa Rosa, a la bendita Magdalena, hoy dedicado a la Santísima Virgen, el de Jesús Nazareno, y el de Nuestra Señora de la Soledad y Santo Cristo, dedicado ahora al corazón de Jesús… Al final de los años cuarenta, en los afanes por hallar la tumba del cacique Gonzalo, se halló la cripta longitudinal que hoy se puede observar (J.A. de la Puente).

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Parroquia de Santa María Magdalena

La Cruz del Viajero.- Se trata de una cruz del periodo colonial. Según algunas fuentes, fue colocada hacia 1579 como parte de la política de evangelización, y para proteger a los agricultores y viajeros que iban camino al Callao y que continuamente eran asaltados en los matorrales de Maringa. Se cuenta que San Martín y Bolívar se inclinaron ante ella al despedirse de este pueblo. En un principio, se ubicaba en la esquina de los jirones Torre Tagle y Julio C. Tello; hoy la podemos ver en la plazuela que lleva su nombre en la cuadra 6 de la avenida Sucre. Por decreto supremo del 08 de julio de 1998, se declaró a La Cruz del Viajero como patrimonio cultural de la nación.

Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia.- Fue creado en 1938 como resultado de la labor del gran Julio C. Tello. En sus ambientes podemos apreciar los testimonios materiales de la cultura andina prehispánica. Cerámica, objetos utilitarios, y de uso ritual, tallas en madera y en piedra (la estela de Raimondi, los monolitos de Cerro Sechín, cabezas clavas, etc.), textiles, fardos funerarios y otros objetos que nos muestran el gran desarrollo tecnológico que lograron nuestros antepasados. La colección actual, comprende unos 70 mil ceramios y la más completa colección de vestigios humanos en América del Sur. En uno de los jardines principales del museo descansan los restos de Julio C. Tello.

Palacio de La Magdalena.- Fue mandado construir en 1818 por el entonces virrey Joaquín Pezuela. Desde entonces ha sido hogar de ilustres personalidades como José de San Martín y Simón Bolívar; también fue sede del gobierno provisional de Francisco García Calderón durante la etapa de la ocupación Chilena de nuestra capital. Como parte de la exposición podemos encontrar salas dedicadas a los objetos de estos personajes así como una impresionante y variada pinacoteca que muestra obras de grandes artistas como Gil de Castro, Daniel Hernández e indigenistas, como Sabogal, Camino Brent y Camino Sánchez. Con motivo del centenario de la independencia, el gobierno de Leguía fundó en ella el museo Bolivariano. En 1963, se convirtió en el Museo Nacional de Historia y el año de 1992 su estructura se unió al museo de Arqueología, formándose entonces en el museo Nacional de Antropología, Arqueología e Historia del Perú.

Casa Hacienda Orbea.- Casona principal de la antigua hacienda Orbea cuya. En la segunda mitad del siglo XVIII su propietario era Diego José de Orbea y Arandia. Durante la época de la emancipación, pasó a ser propietaria Micaela de la Puente y Querejazu y su esposo, Isidro Cortazar y Abarca, Conde de San Isidro, Alcalde Lima en los días de la Independencia. Actualmente esta tradicional casona es propiedad del historiador José Agustín de La Puente y Candamo (no damos muchos detalle pues ya hablamos de ella en otro programa).

Parque El Carmen.- Se ubica en la cuadra 14 de la Avenida Bolívar. Además de ser una zona de recreación para niños y adultos, es también un rincón de nuestra historia pues allí se encuentra un majestuoso árbol Ombú, especie originaria de las pampas argentinas. Se dice que fue sembrado en 1822 por el libertador José de San Martín durante su estadía en el “Palacio” de la Magdalena. Se trata de un árbol corpulento alcanza los 14 metros de alto; su nombre viene de una voz guaraní y significa sombra o bulto oscuro. También se dice que sus cenizas mezcladas con agua tienen efectos curativos en problemas dermatológicos.

Museo Arqueológico Rafael Larco.- Este museo conserva la colección privada de arte precolombino más grande del mundo. Son conocidas sus colecciones de metales, cerámica, orfebrería textiles, etc. Fue creado el 28 de julio de 1926 en la hacienda Chiclín cercana a Trujillo. La sede actual es una casona colonial del siglo XVII que fuera la casa hacienda del fundo Cueva. Se ubica en la cuadra 15 de la Av. Bolívar.

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LOS TIEMPOS DE LA EMANCIPACIÓN Y LA REPÚBLICA.- En la casa de campo de la Magdalena (ubicada en la plaza y hoy convertida en museo) residieron los últimos virreyes del Perú: Joaquín de la Pezuela y José de La Serna. El 8 de julio de 1821, el libertador San Martín bautiza el lugar como Pueblo Libre en reconocimiento al patriotismo de sus moradores. Un decreto supremo del 10 de abril de 1822, ordenado por el general José Bernardo Torre Tagle, hace cumplir la voluntad del Libertador. Cabe recordar que en este pueblo estableció su cuartel general y su residencia el general San Martín, al igual que su sucesor, el libertador Simón Bolívar. Ambos utilizaron esta casa de campo que construyó el penúltimo virrey del Perú, Joaquín de la Pezuela.

Un testimonio de los tiempos de San Martín.- Fui a la Magdalena, un pequeño pueblo distante como cinco millas de la ciudad, donde el Protector, General san martín, tiene una casa de campo y reside principalmente. Ese día había dado un almuerzo y agasajo, y después una corrida de toros. Los toros eran soltados en la avenida adyacente a la casa del Protector, y atacados tanto por hombres de a pie como a caballo, cuya destreza en evadir la furia de los animales, y cuya violenta defensa, excitaban extraordinario interés y admiración entre los presentes. Sin embargo, esta era más bien un cebo de toros que una corrida; pues los toros estaban reservados por sus atormentadores para otro festín…. Ambos sexos montaban a horcajadas y vestían similarmente, pero los hombres estaban armados con pistolas y arcabuces, sable y cuchillos, como si estuvieran a punto de marchar sobre los españoles. Me parecía una reviviscencia de los tiempos feudales, cuando aún en Inglaterra, un festival semejante hubiera estado concurrido de una manera poco más o menos parecida. Pero aquí no había partidarios de barones guerreros; todos eran ciudadanos libres e independientes, por lo menos, en su propia estimación: y “¡Viva la libertad! ¡Viva la patria!”, era el grito general (Gilbert F. Mathison, marino inglés, de paso por Lima en abril de 1822).

Es preciso decir que cuando Bolívar llega al Perú, Magdalena mantiene su ubicación como lugar de descanso y de grandes decisiones. Continúa presente en la Gaceta de Gobierno, en cartas, partes y despachos. Durante un tiempo es residencia del “cuartel general”; Vidaurre recuerdas sus entrevistas con Bolívar en Magdalena y Paz Soldán recuerda cómo Bolívar ofrece en su “quinta” un almuerzo a gentes representativas del Perú en momentos de intensa tensión política; en fin, Bolívar en Magdalena vive con alegría y con algún “paso de baile” la esperada noticia de la batalla de Ayacucho, y en Magdalena, asimismo, adopta decisiones enérgicas para dominar toda situación de indisciplina.

Durante el segundo gobierno de Castilla, una ley del 2 de enero de 1859 da existencia legal al distrito como “Magdalena Vieja”; su primer alcalde don Pedro del Solar el año de 1873.

Una fecha histórica fue 1875. Ese año, el presidente Manuel Pardo inaugura el ferrocarril de Lima a Magdalena y a la orilla del mar. La estación en Lima estaba ubicada aproximadamente en la avenida Bolivia, cerca al actual Centro Cívico, y su recorrido seguía el rumbo de lo que es hoy la citada avenida Bolivia hasta Chacra Colorada, y luego proseguía su camino al lado del río de la Magdalena, con rumbo semejante al que hoy tiene la avenida Tingo María y avenida sucre. La estación de Magdalena Vieja estaba ubicada en lo que es hoy la esquina de Vivanco con Sucre. Luego continuaba el ferrocarril hasta lo que es hoy Magdalena del Mar. En 1899, se suspendió el servicio de este ferrocarril que “acortó” los vínculos con Lima.

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Plano de Magdalena Vieja (1879)

En 1881, durante la ocupación chilena de Lima, el pueblo de la Magdalena fue declarado territorio neutral para que sea sede del Gobierno Provisorio del presidente Francisco García Calderón. En el antiguo palacio del virrey Pezuela funcionó su casa de gobierno. Su breve mandato, lamentablemente, no contó con el apoyo de todos los peruanos. Trató de negociar una “paz aceptable” con el enemigo y buscó, infructuosamente, un préstamo en Europa para reunir una cantidad importante de dinero para firmar una paz sin cesión territorial. Esto era inaceptable para los chilenos. Por ello, el 6 de noviembre de 1881 se produjo la prisión de garcía Calderón y sus ministros debido a la negativa de ceder las provincias del sur. García Calderón fue conducido prisionero a Chile. A este notable peruano, se le recuerda como “Héroe Civil”, “Presidente Mártir” y “Presidente cautivo”, por enfrentar las fuerzas invasores al mando del general Patricio Lynch y sufrir prisión en Santiago. Por ello, un busto del “Presidente de la Magdalena” se levanta en el centro histórico del distrito (frente a la Taberna Queirolo). Desde esos difíciles años, el patriotismo de Magdalena o Pueblo Libre lleva con orgullo en su memoria el ejemplo de los vecinos que resistieron a la fuerza invasora al lado del doctor Francisco García Calderón. Los nombres de estos héroes figuran en el libro de defunciones de la parroquia Santa María Magdalena.

En 1887, se funda el colegio Brenner que se convierte en el primero del distrito; su primer director fue el señor José Timorán y funcionaba en el actual local del museo de Arqueología. En 1919, este colegio se subdividió en los centros educativos Nro 450 y 452 de varones y mujeres respectivamente. Al iniciar el siglo XX, todavía se escuchaban en las calles del distrito el "Viva Dios y Sereno", los pregones y las serenatas que nos hablan de una época de tradición y señorío que caracterizó a Pueblo Libre. Hablamos de una época en la que se distribuía la "cremosa" producida por los establos de Maranga, donde no faltaban las “pachamancas huerteras” y en las que se bailaba al son de la palizada. Ya en plena expansión urbana de Lima, en tiempos de Leguía, por mandato de la Ley 4101 del 10 de mayo de 1920, San Miguel y Magdalena del Mar se independizan de la Magdalena Vieja. Por estos años también funcionaba el tranvía que atravesaba la actual avenida Brasil cuyo paradero llegaba al Óvalo, a partir del cual funcionaba un vagón con tracción animal que realizaba el recorrido entre la avenida Vivanco y Sucre.

Los primeros años del siglo XX.- El “pueblo”, siempre muy pequeño. El ingreso, desde Lima, por el óvalo en Brasil y por Vivanco, entre unos álamos altos y muy verdes y con pequeñas huertas inmediatas. Las casas, unos doscientos metros antes de la plaza, y unas pocas más en la dirección a la actual esquina de Vivanco con Sucre, en esos años el más ancho y polvoriento “callejón de chacra”; era el final de lo urbano. Paralela a Vivanco, sólo la calle Chávez y La Mar, de los últimos años del siglo pasado o de principios de éste. San martín, por donde pasa el “río de la Magdalena”, están la Iglesia y la sala parroquial; son sólo cuatro cuadras entre la “quinta” del General Clement y la casa de la Hacienda Orbea. Este, un plano mental de la Magdalena Vieja que llega a 1930. De este a oeste, el óvalo de Vivanco y la “huerta de Fresero”, frente a la esquina de Vivanco y el “callejón de chacra”, que es hoy día, Sucre; de norte a sur, la “quinta” de Clement y la casa de Orbea. Fuera de estos extremos, todo es campo, poteros, callejones.

La “plazuela” era modesta pero bella por su armonía. Los tres frentes, aparte de los actuales museos, con el característico “rancho costeño”, con la graciosa y muy sencilla reja delantera de la cual queda hoy día sólo una muestra en la casa de la esquina de la plazuela con San Martín. Al centro, una “pérgola”, con una pequeña altura, graciosa porque era muy modesta. La asocio a las “retretas” que ofrecía la “banda” del cuartel de artillería vecino, dos veces por semana (p. 101-102).

Por último, en retribución a la presencia de sus más ilustres vecinos, el pueblo llamó a Pueblo Libre, “Villa de Los Libertadores”, recordándose que durante la residencia del libertador Simón Bolívar, vivieron también aquí sus Generales, Sucre, Córdova, La Mar, y otros cuyos nombres llevan las calles del distrito. En resumen, su nombre resume la historia de su gente. Fue en este distrito se mantuvo izada la bicolor mientras la bandera chilena flameaba en todo el resto de la ciudad.

Los caminos.- El tema de los caminos es interesante. Recuerdo de los años de mi infancia lo que aún quedaba del “camino real” que unía Magdalena, Maranga, Chacra Alta, Bellavista y el Callao. Tengo muy claro en la memoria como este camino tenía su punto inicial en Magdalena al pie de la casa hacienda de Colmenares, cerca del Cementerio, más o menos en la manzana que hoy día está en contorno de Sucre, Juan Acevedo y Colmenares. Este camino real o “gran callejón” era ancho, con grandes acequias a los lados y con la huella profunda que formaban las carretas. Su desarrollo más bien sinuoso llegaba hasta lo que es hoy día la avenida de la Marina y pasaba frente a la bella casa hacienda de Maringa de la cual hoy queda solamente la capilla. A los lados del camino, ente la tapia y la acequia, los “bordos” de gramalote y caña brava, los sauces y algunos platanales. El camino a Lima seguía un desarrollo igualmente sinuoso que partía de Breña y por Jesús María y Oyague, llegaba a Pueblo Libre. Otro camino, une a Magdalena en dirección a Chacra Ríos, más o menos por la actual Tingo María (J.A. de la Puente).

LOS TIEMPOS ACTUALES.- En los últimos años, el centro histórico del distrito ha sido puesto en valor. Varios de sus monumentos han sido remodelados y salvados del deterioro del tiempo. El proceso de recuperación abarcó dos cuadras del histórico jirón San Martín. En él se encuentran la Iglesia Santa María Magdalena, muy de moda entre las parejas que desean contraer matrimonio, y la “Antigua Taberna Queirolo”, tradicional bodega de vinos y piscos y rincón clásico donde se reúnen jóvenes y no tan jóvenes. Hoy las fachadas de la Taberna y la Bodega lucen remodeladas. El interior de ambos locales ha sido debidamente refaccionado. En los alrededores se ha suprimido un carril vehicular para permitir que la iglesia cuente con un atrio y una ancha vereda contigua a la Taberna y la Bodega Queirolo, con bancas y faroles, estacionamiento ordenado y una vía vehicular de dos carriles.

En los últimos 3 años, se han otorgado 521 licencias para levantar edificaciones multifamiliares que han generado ingresos de más de 4 millones de soles. Por ello, no es raro encontrar en terrenos cercados, casas que son demolidas para dar paso a un edificio y construcciones en proceso que van cambiando el perfil de las avenidas y calles. Se trata de una fuerte presión inmobiliaria atraída por un distrito de fácil accesibilidad, urbanizaciones consolidadas, suficientes servicios y áreas verdes.

Pueblo libre enfrenta ahora el reto de continuar aceptando inversiones inmobiliarias sin desequilibrar las actuales condiciones de vida de sus 70.000 habitantes y, sobre todo, sin perder su principal fortaleza: el patrimonio cultural e histórico propicio para el fomento de la actividad turística, el cual aún está desaprovechado. En 2005, por ejemplo, se aprobó el Plan de Desarrollo Sostenible, en el que se advierte la necesidad de elaborar un plan maestro para definir las formas de intervención que permitan revalorar la zona monumental y consolidarla como atractivo en el ámbito metropolitano. En este espacio están la plaza Bolívar, la Iglesia Santa María Magdalena, la calle La Mar en sus cuadras 7 y 8, la calle Jorge Chávez y el jirón Necochea desde la calle La Mar hasta la calle Julio C. Tello, donde se ubican la mayoría de predios declarados ambientes urbanos monumentales.


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La historia de lo que hoy conocemos como Pueblo Libre se remonta al 14 de agosto de 1557 cuando se creó el pueblo para la doctrina de Santa María Magdalena. En esa misma fecha, se empezó a edificar el templo en torno al cual empezó a crecer esta doctrina o pueblo de indios, bajo la tutela de la orden de los franciscanos. Los terrenos, según la Confirmación Real del Sitio, de la Casa, Monasterio y Huerta de la Magdalena fueron donados por el cacique Gonzalo Taulichusco, hijo de Taulichusco el Viejo (último cacique de Lima). El documento fue suscrito en presencia del Cacique, del virrey Andrés Hurtado de Mendoza y del padre Joan de Aguilera.

El título o nombre de “Pueblo Libre” fue otorgado al pueblo de la Magdalena por el marqués de Torre Tagle, asesor del libertador José de San Martín. Sin embargo a los lugareños, hasta el día de hoy, les gusta referirse a este lugar como la “Magdalena Vieja”: Ese nombre tiene más tradición, viene de antes, dice el historiador José Agustín de la Puente, quien también vive en este distrito desde siempre. Fue recién en el gobierno de Manuel Prado, por la Ley 9162 del 5 de septiembre de 1940, cuando el nombre de Pueblo Libre fue oficializado. La “Magdalena Vieja” queda entonces en el recuerdo, en las memorias de los antiguos pobladores que hablan de la tradición de sus antiguos habitantes hasta hoy.

LOS TIEMPOS PREHISPÁNICOS.- Lo interesante de Pueblo Libre es que su historia no se remonta a partir de su creación española: tiene profundas raíces andinas que se remonta a la cultura Lima cuyo desarrollo se dio entre los años 200 –600 d.C. Durante este periodo, sus pobladores construyeron un gran centro administrativo (urbano-religioso) como el de Maranga (o Malanca), una de cuyos sectores sería lo que hoy conocemos como Huaca San Marcos. Hacia el año 1100, el curacazgo de Maranga habría sido el gran eje de lo que hoy conocemos como Pueblo Libre, parte de lo que actualmente es el Cercado de Lima y San Miguel.

Se trataba de una bulliciosa “ciudad” formada por decenas de pirámides construidas en adobe, depósitos de alimentos, plazas, recintos amurallados, acequias y zonas de residencias. Entre estos ambientes se habrían desplazado los pobladores del lugar, ocupados en las diarias faenas agrícolas, tal vez realizando la limpieza de una acequia o realizando el trueque de algún producto necesario. Josefina Ramos de Cox calculó que las poblaciones de Maringa y Magdalena pudieron llegar a 10 mil familias. ¿Qué cultivaban estos pobladores? La arqueología lo ha demostrado: lúcumo, pacae, guayabo, algodón, habas, pallares, frijoles (hasta 3 especies), calabazas y ají.

Los incas llegaron a este valle hacia mediados del siglo XV. Fueron las tropas de Túpac Yupanqui las que incorporaron Maranga al Tawantinsuyu. Para un mejor control y administración de la zona edificaron el centro administrativo de “Mateo Salado” (nombre actual), ubicado en la avenida Mariano Cornejo, cerca de la Plaza de la Bandera; asimismo, ampliaron, como ciudadela, los que hoy es la huaca “Tres Palos”, en la actual avenida Riva-Agüero. Los vestigios del “camino inca” (hoy en el campus de la PUC) es otra prueba de la importancia de la zona para los señores del Cuzco. Hay testimonios de una “visita” del inca Huayna Cápac en 1508. El historiador y vecino del distrito, José A. de la Puente Candamo nos cuenta: recuerdo con exactitud en “los años treinta”, las “huacas” que pertenecían al paisaje familiar, al pie de los potreros y de los callejones rurales. La conservación, el cuidado, el respeto que merecen, no era frecuente en esa época. Se jugaba, se subía a caballo, y algunos con ufanía hablaban de sus indebidas hazañas de “huaqueros”. La huaca de “San Miguel” era una de las mayores y más importantes para nuestros ojos infantiles; y no olvido una, llamada “San Isidro”, más pequeña pero muy alta, ubicada frente al actual Seminario de Santo Toribio. Y tengo memoria nítida de los adobes pequeñitos de la “Huaca Aramburu” y de los muros de “Mateo Salado”. Las “huacas” despertaban una original mezcla de curiosidad y respeto. En algún caso, tal vez, sólo curiosidad.

LOS TIEMPOS VIRREINALES.- Cuando se fundó Lima (Ciudad de los Reyes), los indios naturales fueron desplazados a Chuntay, lugar que posteriormente fue transformado en la iglesia y plaza de San Sebastián. Sin embargo, al poco tiempo, y debido al crecimiento urbano de la nueva capital, faltó espacio para las casas y huertas de los vecinos españoles y, el Marqués de Cañete, tercer virrey del Perú, decidió crear una reducción (pueblo) de indios llamada Santa María Magdalena. Así nació el pueblo de la Magdalena el 14 de agosto de 1557 bajo el patronazgo de Don Gonzalo, cacique principal del valle de Lima. El cacique donó la Iglesia, convento y hospital a los franciscanos. Por ello, desde el siglo XVI, este pueblo funcionó como doctrina de indios, es decir, un espacio donde los curas adoctrinaban a los indios para enseñarles la nueva fe. Desde 1672, el lugar fue conocido como “Magdalena Vieja”.

La Magdalena era un pueblo muy organizado. Quizá por ello su parroquia incluía también al pueblo de Miraflores y todas las huertas, chacras y haciendas de sus alrededores, las que eran regadas por los ríos Huatica, Magdalena, Maranga y Legua. Cada uno de estos ríos eran canales artificiales y brazos del río Rímac. El pueblo de Magdalena fue un cacicazgo importante cuyos jefes fueron llamados Cacique Principal y Gobernador del pueblo de la Magdalena y eran herederos del famoso Don Gonzalo. En 1647 era Cacique don Pedro Illintan y Gobernador, don Francisco Jacobo de la Cruz; en 1689 y aún en 1705, era Cacique Principal y Gobernador, don Pedro Santillán. Asimismo, había un municipio con sus respectivos alcaldes. En 1661 eran alcaldes Juan de Carvajal y Salvador Fernández y en 1705 era alcalde ordinario Marcelo Ate; Pedro Santiago Rodríguez era alcalde en 1759. Cabe destacar, que las huacas de Maranga, de origen prehispánico, continuaron habitadas en los tiempos virreinales. Incluso contaban con su propio alcalde; por ejemplo, en 1797, Alfonso Rojas era el alcalde de estas huacas.

Distante a media legua de La Ciudad de los Reyes, su población se hallaba rodeada de extensos olivares, huertas de variadas frutas, viñedos, tranquilidad y buen clima. Sus modestas casas de indios y sus chacras le daban al lugar un aspecto tan sosegado que el cronista Vásquez de Espinoza escribía en el siglo XVII que es un pedazo de paraíso por el buen sitio, verdor y alegre cielo que tiene. Así prosperó la vida de esta reducción o pueblo de indios. Por sus características, se convirtió en lugar de descanso: Andrés Hurtado de Mendoza, Marqués de Cañete, acudía a Magdalena con el propósito de descanso en horas de conflicto con autoridades virreinales. En el tiempo del virrey Conde de Nieva, Diego López de Zúñiga y Velásquez, Magdalena es un ambiente oportuno para el reposo y la distracción.

El historiador José A. de la Puente la califica como la población cercana a Lima más interesante debido a su antigüedad y a su fuerza agrícola. Añade que era el lugar escogido por los virreyes, primero, y luego por los libertadores para el descanso. Su buen clima y su bajo nivel de humedad fueron apreciados desde entonces. Hasta allí iba la gente que no podía viajar a Jauja para tratar sus males respiratorios. Sus plantaciones destilaban un aroma tan agradable que salir a pasear, ya sea caminando o a caballo, resultaba un placer para el descanso y la “purificación” del cuerpo.

CHACRAS Y HACIENDAS DEL VALLE DE LA MAGDALENA EN 1813:

1. Arámbulo
2. Ascona
3. Borda
4. Buenamuerte, La
5. Cueva
6. Concha
7. Desamparados, Los
8. Maranga
9. Matalechuzas
10. Mirones
11. Orbea
12. Oyague
13. Palomino
14. Pando
15. Ríos
16. San Cayetano
Categoría: General
Publicado por: jorrego

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Este exitoso empresario peruano, sin duda el máximo exponente del boom de la industria de la harina de pescado en los años sesenta, había nacido en Tacna en 1929; sus padres eran de origen italiano. Cuentan que, al cumplir los 17 años, su padre quiso confiarle la bodega familiar, pero su madre escribió secretamente a un hermano de ella, Benito Rossi, residente en Trujillo, para pedirle que diera acogida a su hijo Lucho que acababa de culminar la secundaria. Así, Luis viajó a Trujillo para ingresar a la universidad y seguir la carrera de químico-industrial. Era 1946.

Su primer negocio fue la venta de un auto a uno de sus profesores, en la que recibió una comisión de la firma concesionaria. Cuando culminaba sus estudios, tomó la representación para la venta de alcoholes y melaza de la hacienda Laredo. Así se inició en el mundo de los negocios. También entró a trabajar con la firma Manucci, vendiendo lubricantes. Con las ganancias obtenidas, pasó a ser socio de la empresa. Al fallecer Manucci, en 1956, Banchero propone a la viuda y heredera el cambio de sus acciones en los lubricantes por una fábrica de envasado de pescado, perteneciente a Manucci. Las instalaciones se ubicaban en Chimbote.

De esta manera, Banchero dio el primer paso para convertirse en el zar de la pesquería peruana. Pronto, se da cuenta que el futuro de la pesca estaba en la harina de pescado. Por ello, la fábrica de envasado (que llevaba el nombre “Florida”) la transforma en una planta para procesar harina y, luego, funda la fábrica Humboldt; en esa ocasión afirmó: Con esto me voy arriba o me tendrán que guardar. Por esos años, Banchero viajaba constantemente entre Lima, Chimbote y Trujillo, viendo sus negocios y, sacando tiempo de donde no había, terminando su carrera universitaria.

Sus amigos tacneños no supieron nada de él hasta que, en los años 60, aparecieron las primeras informaciones del imperio pesquero que se empezaba a formar en el país, y que este joven empresario se perfilaba como el gran capitán del boom. Los años siguientes serían de admiración para quien de “la nada” estaba construyendo la más colosal empresa industrial y comercial del país y del mundo. Además, su vida empezó a teñirse de un glamour especial: compró un diario ("Correo", vocero del sector empresarial) y un equipo de fútbol (el recordado "Defensor Lima"); era amigo personal de grandes empresarios y millonarios extranjeros (como de Aristóteles Onassis); y se daba todos los lujos en hoteles y restaurantes de primera, tanto en el Perú como en el mundo. Nunca adquirió casa propia en Lima pues vivía en todo un piso que había alquilado en el entonces Hotel Crillón. En 1971, la misma persona que había regalado una gallina de macizos huevos de oro al magnate Aristóteles Onassis, con ocasión de su boda con la no menos célebre Jackie, viuda del presidente Kennedy, se presentó, humildemente, ante un jurado de profesores de la Universidad Nacional de Trujillo para sustentar su tesis “Proyecto de una planta de congelación y conservación de túnidos”.

Muchos lo vieron como potencial político de éxito, incluso como presidente del Perú. Cuando vino el golpe de Velasco y empezaron las expropiaciones, Banchero se entrevistó varias veces con el dictador pidiéndole, reiteradamente, que no estatice la industria pesquera.

La noticia de su trágico asesinato, ocurrido en el Año Nuevo de 1972, sumió a gran parte del país en una tristeza y desconcierto totales. Nadie podía creer que el excepcional empresario, lleno de vida, juventud y talento, podía morir en forma tan horrorosa y a muy temprana edad (como dijimos, algunos lo veían como futuro presidente el Perú). Tenía 42 años; sus restos fueron sepultados en el cementerio “El Ángel”. Los guardianes del camposanto aseguran que es la única tumba a la que nunca le faltan flores, pues llegan pescadores, gente anónima y hasta los mismos floristas le dejan una rosa porque, según dicen, les da suerte y augura buenas ventas.

Se ha conjeturado hasta lo inverosímil sobre el execrable crimen que cortó su fecunda existencia. Fue ultimado a golpes con una estatuilla en su residencia campestre de Chaclacayo. La crueldad del asesinato propició una serie de especulaciones. Hasta unos nazis no identificados fueron mencionados como posibles responsables del asesinato. Los acusados fueron su secretaria, María Eugenia Sessarego, y Juan Vilca Carranza, hijo del jardinero de su mansión. En Lima se inició un largo y sonado juicio que, no obstante los voluminosos expedientes de las diligencias practicadas, no dejó nada en claro, quedando así impune un demencial asesinato que conmovió a la sociedad peruana entera. Lo cierto es que después de su desaparición, el régimen de Velasco expropió toda la industria pesquera (se creó Pesca-Perú), con los resultados ya conocidos.

Algunos se preguntan ¿Qué hubiera sido del Perú si aún viviera Lucho Banchero Rossi? ¿Hubiéramos dominado antes que nadie la posibilidad de convertir la anchoveta en harina digerible por humanos, logrando una verdadera revolución en la lucha contra el hambre? ¿Su flota se habría dedicado a pescar para la mesa al igual que para la industria? ¿Chimbote habría sido el Hamburgo de sus sueños futuristas? Alguna vez, Banchero dijo: La pesquería es un negocio de hombres, es un negocio en el que la iniciativa y la decisión del hombre son vitales, y hemos demostrado en nuestro país que la iniciativa de la empresa privada es la que ha permitido lo que se ha dado en llamar el milagro de la pesquería peruana.

En 1980, el cineasta Francisco Lombardi presentó su película “Muerte de un magnate”, en la que reconstruye la vida y, sobre todo, la trágica muerte de Banchero. En la cinta se ve que Banchero llega a primeras horas de la mañana a su casa acompañado de su secretaria, Eugenia Sessarego, una mujer atractiva e inteligente con la que el magnate sostenía una estrecha relación. El tercer personaje aparece ante ellos poco después: Juan Vilca, jardinero de la casa. Durante el largo juicio que siguió a este caso, el jardinero alegó dos motivos principales para asesinar a Banchero: su fealdad era algo que ya no podía resistir, quería dinero para hacerse la cirugía plástica y cambiar su rostro; la segunda razón era su pasión por Eugenia Sessarego, a quien contemplaba ansioso desde hacía mucho tiempo. En el filme, no se descartaron las razones políticas que podían haber entrado en juego en este asesinato, y Eugenia Sessarego fue acusada de complicidad en el crimen. En la película se procuró el parecido físico de los actores con los protagonistas del caso, y los nombres recuerdan también vagamente a los de ellos.

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Luis Banchero Rossi