Archivo de diciembre 2008
31/12/08: Bares y tabernas de Lima: El Carbone
El jirón Huancavelica es hoy el emporio de las ópticas. Además, los “jaladores” de estas tiendas han invadido sus calles y casi es imposible transitar con comodidad, especialmente a la altura de la plazuela donde se encuentra el teatro Segura. Allí se ubica el bar o bodega CARBONE que es una “isla” en esta océano de monturas e impertinentes vendedores. Ubicada en la cuadra tres de Huancavelica, en la esquina con el jirón Caylloma, fue fundada hace 84 años, en 1923, por una familia de origen italiano, los Carbone. Cuentan que en sus inicios se vendían productos importados como salames, anchoas enlatadas y salchichas alemanas. Era una bodega muy concurrida por los vecinos de la zona quienes aprovechaban, cada vez que hacían sus compras, en tomarse un refresco o una cerveza. Pero los tiempos fueron cambiando y la bodega fue transformándose en taberna y bar y, con los años, lo único que sobrevivió fue su legendaria butifarra y el pan con jamón.
Solo los limeños “viejos” saben que esta bodega se llama CARBONE pues desde hace muchos años el nombre no aparece en ningún letrero. Ahora es una mecla de taberna, bar y café. La dueña es ahora la señora Atala de Briatore quien nos dice: La clientela cambia. Ahora vienen los nuevos limeños y uno que otro antiguo comensal que creía que ya no existíamos. Ella defiende con uñas y dientes la tradición del local y advierte que, mientras viva, no va a sacar las polvorientas botellas que ocupan los viejos estantes de madera que llegan hasta el techo; tampoco instalará luces de neón ni venderá pizzas, pollo frito o hamburguesas con papas fritas. Alguien tiene que defender lo nuestro, termina sentenciando.
Y hablando del CARBONE y de la butifarra, cuentan algunos especialistas en comida peruana que fueron los inmigrantes italianos los que inventaron nuestro insuperable “jamón del país”. Se trató de una forma de traer a Lima el jamón ahumado de Italia y mezclarlo con un ingrediente peruano como el achiote. Su preparación es trabajosa aunque no complicada: la pierna de cerdo deshuesada es sazonada por dentro y por fuera con sal, pimienta, ajo molido y el color que destilan las pepitas naranjas del achiote. Luego se enrolla y amarra, para finalmente cocerse en agua salada a fuego muy bajo por cinco horas. Ese jamón con pan francés, lechuga y salsita criolla es la delicia de los desayunos, lonches o meriendas de cualquier limeño.




Fotos: Juan Luis Orrego
Solo los limeños “viejos” saben que esta bodega se llama CARBONE pues desde hace muchos años el nombre no aparece en ningún letrero. Ahora es una mecla de taberna, bar y café. La dueña es ahora la señora Atala de Briatore quien nos dice: La clientela cambia. Ahora vienen los nuevos limeños y uno que otro antiguo comensal que creía que ya no existíamos. Ella defiende con uñas y dientes la tradición del local y advierte que, mientras viva, no va a sacar las polvorientas botellas que ocupan los viejos estantes de madera que llegan hasta el techo; tampoco instalará luces de neón ni venderá pizzas, pollo frito o hamburguesas con papas fritas. Alguien tiene que defender lo nuestro, termina sentenciando.
Y hablando del CARBONE y de la butifarra, cuentan algunos especialistas en comida peruana que fueron los inmigrantes italianos los que inventaron nuestro insuperable “jamón del país”. Se trató de una forma de traer a Lima el jamón ahumado de Italia y mezclarlo con un ingrediente peruano como el achiote. Su preparación es trabajosa aunque no complicada: la pierna de cerdo deshuesada es sazonada por dentro y por fuera con sal, pimienta, ajo molido y el color que destilan las pepitas naranjas del achiote. Luego se enrolla y amarra, para finalmente cocerse en agua salada a fuego muy bajo por cinco horas. Ese jamón con pan francés, lechuga y salsita criolla es la delicia de los desayunos, lonches o meriendas de cualquier limeño.


Fotos: Juan Luis Orrego
30/12/08: Bares y tabernas de Lima: el Superba
Pocos en Lima saben que los genoveses llaman también a su ciudad “La Superba” por el nombre de un antiquísimo faro que se ubica al sur de la capital de la Liguria (Italia). Además, la palabra “superba”, en lígure, significa lo mejor, lo máximo: la soberbia. Inspirados por el recuerdo de ese puerto, supuesta cuna de Colón, Mario Carbone y Carlos Onetto, inmigrantes italianos de origen genovés, fundaron hace más de 60 años este histórico bar ubicado en la cuadra 28 de la avenida Petit Thouars (San Isidro), casi esquina con Javier Prado. Hoy, el dueño del bar es el señor Augusto Duffó.
Actualmente, la “memorias vivas” del SUPERBA son dos de sus más antiguos mozos, Herminio Díaz (trabaja desde 1966) y Mauro Vásquez (trabaja desde 1970). Ellos nos confirman que el bar ha sido testigo de innumerables anécdotas de escritores, periodistas, empresarios y distinguidos miembros de la sociedad limeña. Recuerdan que han visto pasar a por allí a Óscar Avilés, Augusto Polo Campos, Jesús Vásquez, Nicomedes Santa Cruz (quien vivía a pocas cuadras) y Chabuca Granda (cuentan que la compositora, quien llegó acompañada de sus amigos, se animó a cantar algunos valses, pero su interpretación no fue del agrado de un grupo de parroquianos, que la criticaron sin piedad; poco después, el rechazo terminó en una ruidosa gresca en medio del bar).
También eran asiduos al SUPERBA futbolistas famosos como Alberto “Toto” Terry y Roberto Challe. La leyenda cuenta que “Toto” Ferry, cuando aún era jugador, se paraba en el dintel de la puerta y gritaba ¡un tallarín, carajo! Y el tipo se metía un cerro de spaguettis, se tomaba seis de estos pomos y luego para bajarla se iba a jugar su partido al Nacional. Y así y todo metía unos golazos. Asimismo, se cuenta que los mozos y los dueños del bar salvaron de un gran apuro al humorista Sofocleto, que era perseguido por la Policía durante la dictadura del general Velasco. Al recinto llegaron las fuerzas del orden para detener al escritor, pero la gente del bar lo ayudó a escapar por la puerta posterior del local.
Otro visitante ilustre es el escritor Alfredo Bryce Echenique, quien visita el bar desde finales de los años cincuenta cuando estudiaba en San Marcos. Aunque pensándolo bien yo debo haber venido desde que estaba en el colegio. Sí, porque nosotros éramos del barrio de Marconi, así que nuestro destino natural eran estos cines: el Orrantia y el San Isidro. Allí pecabamos con las chibolas mientras veíamos películas mexicanas. Luego, sólo los caballeros nos veníamos al Superba. Después, ya en la universidad, no había sábado en el que no acabaras aquí, cuenta Bryce.
Lo cierto es que el SUPERBA se enfrenta, con soberbia (como su nombre el lígure) al paso del tiempo. Un asiduo cliente de este bar lo confirma: Conozco el Superba desde que tenía ocho años, ya que vivía muy cerca. Aunque ahora resido en la Molina, no dejo de venir. Me gusta su comida y el servicio de las personas, que son antiguas y leales. Mi plato preferido son los ‘Choritos a la chalaca’ y el ‘Tacu-tacu’. Los mozos nos describen las especialidades de la casa que se han hecho conocidas: el Apanado co Tacu Tacu, la Milanesa o bistec a lo Pobre, la Sopa Criolla (muy consumida por las noches en invierno), la Patita con Maní, el Cau Cau (o “Chancleta”, como también lo llaman) y el Tallarín Saltado. Entre los tragos, los que más se consumen son "Perú Libre", "Chilcano de Pisco", "Chilcano de Guinda" y "Sol y Sombra".



Bar SUPERBA (fotos: Juan Luis Orrego)
Actualmente, la “memorias vivas” del SUPERBA son dos de sus más antiguos mozos, Herminio Díaz (trabaja desde 1966) y Mauro Vásquez (trabaja desde 1970). Ellos nos confirman que el bar ha sido testigo de innumerables anécdotas de escritores, periodistas, empresarios y distinguidos miembros de la sociedad limeña. Recuerdan que han visto pasar a por allí a Óscar Avilés, Augusto Polo Campos, Jesús Vásquez, Nicomedes Santa Cruz (quien vivía a pocas cuadras) y Chabuca Granda (cuentan que la compositora, quien llegó acompañada de sus amigos, se animó a cantar algunos valses, pero su interpretación no fue del agrado de un grupo de parroquianos, que la criticaron sin piedad; poco después, el rechazo terminó en una ruidosa gresca en medio del bar).
También eran asiduos al SUPERBA futbolistas famosos como Alberto “Toto” Terry y Roberto Challe. La leyenda cuenta que “Toto” Ferry, cuando aún era jugador, se paraba en el dintel de la puerta y gritaba ¡un tallarín, carajo! Y el tipo se metía un cerro de spaguettis, se tomaba seis de estos pomos y luego para bajarla se iba a jugar su partido al Nacional. Y así y todo metía unos golazos. Asimismo, se cuenta que los mozos y los dueños del bar salvaron de un gran apuro al humorista Sofocleto, que era perseguido por la Policía durante la dictadura del general Velasco. Al recinto llegaron las fuerzas del orden para detener al escritor, pero la gente del bar lo ayudó a escapar por la puerta posterior del local.
Otro visitante ilustre es el escritor Alfredo Bryce Echenique, quien visita el bar desde finales de los años cincuenta cuando estudiaba en San Marcos. Aunque pensándolo bien yo debo haber venido desde que estaba en el colegio. Sí, porque nosotros éramos del barrio de Marconi, así que nuestro destino natural eran estos cines: el Orrantia y el San Isidro. Allí pecabamos con las chibolas mientras veíamos películas mexicanas. Luego, sólo los caballeros nos veníamos al Superba. Después, ya en la universidad, no había sábado en el que no acabaras aquí, cuenta Bryce.
Lo cierto es que el SUPERBA se enfrenta, con soberbia (como su nombre el lígure) al paso del tiempo. Un asiduo cliente de este bar lo confirma: Conozco el Superba desde que tenía ocho años, ya que vivía muy cerca. Aunque ahora resido en la Molina, no dejo de venir. Me gusta su comida y el servicio de las personas, que son antiguas y leales. Mi plato preferido son los ‘Choritos a la chalaca’ y el ‘Tacu-tacu’. Los mozos nos describen las especialidades de la casa que se han hecho conocidas: el Apanado co Tacu Tacu, la Milanesa o bistec a lo Pobre, la Sopa Criolla (muy consumida por las noches en invierno), la Patita con Maní, el Cau Cau (o “Chancleta”, como también lo llaman) y el Tallarín Saltado. Entre los tragos, los que más se consumen son "Perú Libre", "Chilcano de Pisco", "Chilcano de Guinda" y "Sol y Sombra".
Bar SUPERBA (fotos: Juan Luis Orrego)
29/12/08: Bares y tabernas de Lima: el Münich
En la cuadra 10 del Jirón de la Unión, en la antigua calle Belén (n° 1045), uno se encuentra con una puerta estrecha, una escalera que desciende y un austero letrero de neón que dice “Bar Munich”. Sus fundadores fueron una pareja de germanos, Hans (suizo) y Helga (alemana); parece que abrieron el local a finales de los años cuarenta, aunque en los registros municipales aparece desde 1954. La idea era montar un bar con estilo entre helvético, tirolés y bávaro. El bar tuvo mucho éxito desde sus inicios hasta que, cuenta la leyenda, Hans se vio involucrado entre los conspiradores a la dictadura del general Odría. Parece que el suizo entró en una crisis de nervios que se suicidó, dentro del mismo bar, con uno de sus rifles.
Producto del escándalo y de la desesperación, Helga quiso deshacerse del local; lo vendió a una bicoca a los mozos y se fue del país. De esta manera, los mozos se encargaron del bar hasta que, en los setenta y los ochenta, cuando el Centro estaba atestado por ambulantes y el desorden (coches-bomba incluidos), decidieron clausurar, momentáneamente, el histórico bar. Nadie venía de noche al Centro, comenta Jorge Picón Paredes, el mozo-administrador que atiende en la barra.
Hoy el bar tiene el “encanto de la decadencia”. Todavía conserva sus aires helvéticos o bávaros en su decoración, en las luces, en la barra y en sus sólidas mesas de madera. Se empieza a llenar a partir de las 10 de la noche y no para hasta altas horas de la madrugada. Casi todos piden cerveza y el famoso “piqueo alemán” (hecho de hot dog, salchichas y papas fritas, para no perder la tradición germánica); también se sirve chicharrón de pollo y lomo criollo con papas fritas. Quizá el personaje más entrañable es el pianista. Se llama Mario Castro y trabaja allí desde 1977; lo acompaña un baterista, Leo Agosto, más conocido como el Tío Baretta por la gorra que lleva. Ellos hacen su concierto alrededor de medianoche y la pieza que más les pide el público es “Zorba el Griego”. Pero la música del local es variada y la gente sale a bailar, desde boleros hasta salsa contemporánea.
Dicen que en este local, antes de que funcionara el MUNICH, había un night club llamado el “Gallo Rojo” donde bailó la Tongolele. También cuentan que ha sido visitado por Gabriel García Márquez, Alfredo Bryce Echenique y Abimael Guzmán, cuando era profesor de filosofía.


Fotos Juan Luis Orrego

Bar Münich (flickr.com)
Producto del escándalo y de la desesperación, Helga quiso deshacerse del local; lo vendió a una bicoca a los mozos y se fue del país. De esta manera, los mozos se encargaron del bar hasta que, en los setenta y los ochenta, cuando el Centro estaba atestado por ambulantes y el desorden (coches-bomba incluidos), decidieron clausurar, momentáneamente, el histórico bar. Nadie venía de noche al Centro, comenta Jorge Picón Paredes, el mozo-administrador que atiende en la barra.
Hoy el bar tiene el “encanto de la decadencia”. Todavía conserva sus aires helvéticos o bávaros en su decoración, en las luces, en la barra y en sus sólidas mesas de madera. Se empieza a llenar a partir de las 10 de la noche y no para hasta altas horas de la madrugada. Casi todos piden cerveza y el famoso “piqueo alemán” (hecho de hot dog, salchichas y papas fritas, para no perder la tradición germánica); también se sirve chicharrón de pollo y lomo criollo con papas fritas. Quizá el personaje más entrañable es el pianista. Se llama Mario Castro y trabaja allí desde 1977; lo acompaña un baterista, Leo Agosto, más conocido como el Tío Baretta por la gorra que lleva. Ellos hacen su concierto alrededor de medianoche y la pieza que más les pide el público es “Zorba el Griego”. Pero la música del local es variada y la gente sale a bailar, desde boleros hasta salsa contemporánea.
Dicen que en este local, antes de que funcionara el MUNICH, había un night club llamado el “Gallo Rojo” donde bailó la Tongolele. También cuentan que ha sido visitado por Gabriel García Márquez, Alfredo Bryce Echenique y Abimael Guzmán, cuando era profesor de filosofía.


Fotos Juan Luis Orrego

Bar Münich (flickr.com)
En la noche barranquina no puede faltar una visita al histórico “Casosul”, más conocido como “JUANITO” que, este año, ha cumplido 71 años de existencia. En efecto, el 16 de junio de 1937 empezó la historia del “Juanito” cuando su fundador, Juan Casosul, abrió una bodega en la Plaza de Barranco. Juan, o “Juanito”, tiene hoy 95 años y goza, afortunadamente, de buena salud. Algunas tardes se le puede ver charlando con amigos o familiares en una mesa del bar tomado un café y probando uno de los estupendos sánguches que son la delicia de la bohemia barranquina. Actualmente, el local es manejado por sus tres hijos (Rodolfo, o “Rodo”, Juan y César) quienes se vanaglorian de que su padre es el dueño más antiguo de un bar en el Perú.
"Don Juan", o “Juanito”, como se le conoce al veterano empresario hostelero, abrió hace 70 años una bodega o almacén donde se vendían desde abarrotes hasta productos de ferretería. Pero un buen día le dio un vuelco al negocio cuando colocó mesas y empezó a servir café, cervezas y otras bebidas alcohólicas (especialmente, pisco), y platos fríos que lo hicieron famoso en Barranco y luego en toda Lima.
Se cuenta que esta taberna ha sido fuente de inspiración de artistas e intelectuales. Todavía hoy uno puede toparse, a cualquier hora de la noche, con artistas, periodistas y escritores de toda procedencia social o ideológica; turistas y desempleados; asimismo, por jóvenes, universitarios o no, que buscan un lugar de diversión y conversación “democráticas”. Asimismo, el "Juanito" ha sido frecuentado por ilustres visitantes como el poeta barranquito José María Eguren; asimismo, en la década de los setenta, el salsero venezolano Óscar de León y, en los noventa, el cantante español Joaquín Sabina; también era habitual encontrarse con la trovadora peruana Susana Baca. Se dice que hasta el actual presidente del país, Alan García, en "sus tiempos mozos", acudía a jugar al futbolín.
Otro de los encantos del "Juanito" es que, prácticamente, se ha quedado en el tiempo. Con su piso de cerámica desdibujado (gastado) por el paso del tiempo, sus botellas de licor amontonadas en los estantes de madera y su tradicional cantante criollo que aporta la única música al local; a veces, también un extraño personaje, con sacos de colores, que juega a ser malabarista. Tanta historia tiene el bar que los hijos de “Don Juan” aseguran que varias parejas se han casado por lo civil y también se han divorciado en el local. También son características sus paredes abarrotadas de afiches sobre obras de teatro y actividades culturales, a los que se suma un enorme carro rojo a pedales en el primer ambiente.
Un personaje emblemático es su antiguo mozo "Motta", un descendiente afroperuano que con sus más de 80 años sigue frecuentando el local. Los clientes más veteranos aseguran que el “Juanito”, antiguamente, no era tan “abierto” como ahora. Por ejemplo, décadas atrás, las mujeres no podían entrar. Pero en la actualidad llegan solas o acompañadas y, además, se las reserva preferentemente las mesas cercanas a la puerta, o en el primer ambiente, para darle un aire "más familiar", según los dueños. Esto a veces no agrada a nuevos clientes y turistas, que en alguna oportunidad se han quejado por segregación, dado que en los lugares más visibles desde el exterior no permiten sentarse a hombres solos. A esta crítica, el clan de los Casosul responden con una sonrisa, porque prefieren hablar de sus especialidades: los sánguches de jamón del norte o jamón del país o asado (que no se han cambiado –dicen- desde que nació el "Juanito"), aderezados con salsa criolla, y sus tragos hechos a base de pisco, como el "chilcano" o el “capitán”; asimismo, las patas de cerdo o las aceitunas hervidas caseras. Por esto, y mucho más, el JUANITO es una referencia para los limeños, para los turistas y para los nostálgicos peruanos que viven en el exterior quienes, cuando vienen de visita, lo primero que hacen es ir al JUANITO y devorar unos de estos sánguches.

Bar Juanito de Barranco (flickr.com)
"Don Juan", o “Juanito”, como se le conoce al veterano empresario hostelero, abrió hace 70 años una bodega o almacén donde se vendían desde abarrotes hasta productos de ferretería. Pero un buen día le dio un vuelco al negocio cuando colocó mesas y empezó a servir café, cervezas y otras bebidas alcohólicas (especialmente, pisco), y platos fríos que lo hicieron famoso en Barranco y luego en toda Lima.
Se cuenta que esta taberna ha sido fuente de inspiración de artistas e intelectuales. Todavía hoy uno puede toparse, a cualquier hora de la noche, con artistas, periodistas y escritores de toda procedencia social o ideológica; turistas y desempleados; asimismo, por jóvenes, universitarios o no, que buscan un lugar de diversión y conversación “democráticas”. Asimismo, el "Juanito" ha sido frecuentado por ilustres visitantes como el poeta barranquito José María Eguren; asimismo, en la década de los setenta, el salsero venezolano Óscar de León y, en los noventa, el cantante español Joaquín Sabina; también era habitual encontrarse con la trovadora peruana Susana Baca. Se dice que hasta el actual presidente del país, Alan García, en "sus tiempos mozos", acudía a jugar al futbolín.
Otro de los encantos del "Juanito" es que, prácticamente, se ha quedado en el tiempo. Con su piso de cerámica desdibujado (gastado) por el paso del tiempo, sus botellas de licor amontonadas en los estantes de madera y su tradicional cantante criollo que aporta la única música al local; a veces, también un extraño personaje, con sacos de colores, que juega a ser malabarista. Tanta historia tiene el bar que los hijos de “Don Juan” aseguran que varias parejas se han casado por lo civil y también se han divorciado en el local. También son características sus paredes abarrotadas de afiches sobre obras de teatro y actividades culturales, a los que se suma un enorme carro rojo a pedales en el primer ambiente.
Un personaje emblemático es su antiguo mozo "Motta", un descendiente afroperuano que con sus más de 80 años sigue frecuentando el local. Los clientes más veteranos aseguran que el “Juanito”, antiguamente, no era tan “abierto” como ahora. Por ejemplo, décadas atrás, las mujeres no podían entrar. Pero en la actualidad llegan solas o acompañadas y, además, se las reserva preferentemente las mesas cercanas a la puerta, o en el primer ambiente, para darle un aire "más familiar", según los dueños. Esto a veces no agrada a nuevos clientes y turistas, que en alguna oportunidad se han quejado por segregación, dado que en los lugares más visibles desde el exterior no permiten sentarse a hombres solos. A esta crítica, el clan de los Casosul responden con una sonrisa, porque prefieren hablar de sus especialidades: los sánguches de jamón del norte o jamón del país o asado (que no se han cambiado –dicen- desde que nació el "Juanito"), aderezados con salsa criolla, y sus tragos hechos a base de pisco, como el "chilcano" o el “capitán”; asimismo, las patas de cerdo o las aceitunas hervidas caseras. Por esto, y mucho más, el JUANITO es una referencia para los limeños, para los turistas y para los nostálgicos peruanos que viven en el exterior quienes, cuando vienen de visita, lo primero que hacen es ir al JUANITO y devorar unos de estos sánguches.

Bar Juanito de Barranco (flickr.com)
El bar ROVIRA de El Callao es un lugar que, prácticamente, se ha quedado en el tiempo. Estantes de madera vacíos, astillosos, despostillados, casi a punto de venirse abajo; el piso de madera, casi negro, lleno de aserrín; mesas y sillas muy viejas que necesitan urgente recambio o compostura. No tenemos dinero para restaurarlo, se lamenta uno de los descendientes de don Miguel Rovira Valle, el emprendedor ciudadano español que hace 96 años (allá por 1912), tuvo la idea de fundar este bar, el más antiguo de nuestro primer puerto.
El ROVIRA es el último exponente de una estirpe de bares chalacos que gozaron su apogeo en los años 40, 50 y 60. Los antiguos habitantes del puerto aún recuerdan al SAMUELITO (en la avenida Buenos Aires, cerca al colegio 2 de Mayo), famoso por el "Sport Boys" (un trago de color rosado fruto de la mezcla de pisco, jarabe de granadina y algo de leche), el "Sol y Sombra" o el "Chilcano de Pisco". También recuerdan al DEMETRIO (entre Guardia Chalaca y Cuzco), conocido por su "Gin con Gin" o el "Gin con jugo Toronja", o el pan con Pejerrey Arrebosado o con Jamón del País; tampoco se olvidan que se servía el célebre “chimbombo” (chalaquismo que significa “pan con pescado”) de Bonito frito. Otros competidores del ROVIRA eran el SALÓN BLANCO, la CASA ESPAÑA, el CHALAQUITO o el célebre EL SABROSO, de Luis Rospigliosi, donde llegaban los marinos colombianos con los primeros discos de cumbia o salsa que se oyeron por estas tierras; dicen los nostálgicos chalacos que este lugar fue la cuna de la salsa en el Perú.
Pejerreyes arrebozados, chicharrón de pescado, ceviche, jalea y el célebre muschame, con palta y galletas de soda son algunas de las especialidades del ROVIRA, así como los tragos con pisco. Pero quizás son los personajes que aún lo frecuentan los que causan mayor curiosidad entre los parroquianos. Tal es el caso de un hombre de barba blanca (parecido a un viejísimo Papá Noel o a un retrato de Nicolás de Piérola) quien siempre dormita sobre algunas de las sillas rechinantes y apolilladas del bar. Se trata de Luis Omar Sasco, marinero uruguayo que llegó al Callao hace más de 50 años. Dice que tiene 80 años y vive en los altos del local. Su fiel compañero es un gato que también dormita, ronronea y se afila las uñas en los pantalones del viejo marinero.
José Rovira es el actual administrador, mozo y testigo de la historia reciente del bar. Cada vez que puede, muestra algunas fotografías que cuelgan en las paredes del local, como la del fundador de bar o la del día en que pasó por allí (hace tiempo ya) el presidente Alan García; también podemos ver el cuadro de una "bailaora" -de cimbreantes y sensuales movimientos- quien parece coquetear con los parroquianos que llegan a degustar su porción de choritos a la chalaca y piden un par de "chelas", para refrescar la tarde.

Pan con pejerrey en el ROVIRA (flickr.com)
El ROVIRA es el último exponente de una estirpe de bares chalacos que gozaron su apogeo en los años 40, 50 y 60. Los antiguos habitantes del puerto aún recuerdan al SAMUELITO (en la avenida Buenos Aires, cerca al colegio 2 de Mayo), famoso por el "Sport Boys" (un trago de color rosado fruto de la mezcla de pisco, jarabe de granadina y algo de leche), el "Sol y Sombra" o el "Chilcano de Pisco". También recuerdan al DEMETRIO (entre Guardia Chalaca y Cuzco), conocido por su "Gin con Gin" o el "Gin con jugo Toronja", o el pan con Pejerrey Arrebosado o con Jamón del País; tampoco se olvidan que se servía el célebre “chimbombo” (chalaquismo que significa “pan con pescado”) de Bonito frito. Otros competidores del ROVIRA eran el SALÓN BLANCO, la CASA ESPAÑA, el CHALAQUITO o el célebre EL SABROSO, de Luis Rospigliosi, donde llegaban los marinos colombianos con los primeros discos de cumbia o salsa que se oyeron por estas tierras; dicen los nostálgicos chalacos que este lugar fue la cuna de la salsa en el Perú.
Pejerreyes arrebozados, chicharrón de pescado, ceviche, jalea y el célebre muschame, con palta y galletas de soda son algunas de las especialidades del ROVIRA, así como los tragos con pisco. Pero quizás son los personajes que aún lo frecuentan los que causan mayor curiosidad entre los parroquianos. Tal es el caso de un hombre de barba blanca (parecido a un viejísimo Papá Noel o a un retrato de Nicolás de Piérola) quien siempre dormita sobre algunas de las sillas rechinantes y apolilladas del bar. Se trata de Luis Omar Sasco, marinero uruguayo que llegó al Callao hace más de 50 años. Dice que tiene 80 años y vive en los altos del local. Su fiel compañero es un gato que también dormita, ronronea y se afila las uñas en los pantalones del viejo marinero.
José Rovira es el actual administrador, mozo y testigo de la historia reciente del bar. Cada vez que puede, muestra algunas fotografías que cuelgan en las paredes del local, como la del fundador de bar o la del día en que pasó por allí (hace tiempo ya) el presidente Alan García; también podemos ver el cuadro de una "bailaora" -de cimbreantes y sensuales movimientos- quien parece coquetear con los parroquianos que llegan a degustar su porción de choritos a la chalaca y piden un par de "chelas", para refrescar la tarde.

Pan con pejerrey en el ROVIRA (flickr.com)
26/12/08: Huaca Pucllana (Miraflores)
Hacia el año 500 d.C. la zona que hoy ocupa el distrito de Miraflores era dominada por un imponente centro ceremonial y administrativo que hoy llamamos Huaca Pucllana (Juliana). Pero lo que vemos hoy es sólo un fragmento (5 hectáreas) de su antiguo esplendor pues se trataba de un sitio que abarcaba una extensión mayor a las 15 hectáreas, y llegaba a lo que es hoy la Bajada Balta. La Huaca Pucllana fue uno de los centros más importantes de la Cultura Lima y dependía del complejo principal de Maranga. Es importante mencionar que “pucllama” es un vocablo quechua que deriva de pucllay y significa “lugar de juego” que probablemente tenga relación con los juegos rituales o ceremonias religiosas que realizaron los antiguos habitantes de Miraflores en este antiguo adoratorio.
Por lo tanto, Pucllana no fue técnicamente una ciudadela sino un centro ceremonial donde residía una elite sacerdotal. Desde allí, esta elite ejercía poder hacia la zona del valle que le correspondía. El recinto está hoy bien conservado y puesto en valor por un Patronato y la municipalidad del distrito (donde incluso se celebran espectáculos culturales y funciona un conocido restaurante).
Posee dos zonas bien diferenciadas: la Gran Pirámide escalonada de 22 metros de altura y sus plazas (que servía como lugar de culto) y una parte baja formada por plazas con banquetas (reservada para actividades cotidianas o al trato directo con los ayllus circundantes). El conjunto arqueológico cuenta con un museo de sitio y una zona de talleres y seminarios. Tras 20 años de excavaciones, los arqueólogos han recuperado textiles, cerámica decorada con diversos colores y restos de maíz, frijol, pallar, chirimoya, pacae, alpacas, llamas, cuyes, patos, peces y moluscos de nuestro litoral. Últimamente, la arqueóloga Isabel Flores dio a conocer el hallazgo de una momia sin cabeza; con el fardo, se hallaron tejidos en buen estado de conservación.
Uno de los mayores ataques que recibió esta huaca ocurrió el 5 de enero de 1855 cuando se celebró, a sus pies, la batalla de La Palma entre los entre los ejércitos seguidores de Castilla y Echenique, en el contexto de la guerra civil entre liberales y conservadores.

Huaca Pucllana (tomado de naya.org.ar)
Por lo tanto, Pucllana no fue técnicamente una ciudadela sino un centro ceremonial donde residía una elite sacerdotal. Desde allí, esta elite ejercía poder hacia la zona del valle que le correspondía. El recinto está hoy bien conservado y puesto en valor por un Patronato y la municipalidad del distrito (donde incluso se celebran espectáculos culturales y funciona un conocido restaurante).
Posee dos zonas bien diferenciadas: la Gran Pirámide escalonada de 22 metros de altura y sus plazas (que servía como lugar de culto) y una parte baja formada por plazas con banquetas (reservada para actividades cotidianas o al trato directo con los ayllus circundantes). El conjunto arqueológico cuenta con un museo de sitio y una zona de talleres y seminarios. Tras 20 años de excavaciones, los arqueólogos han recuperado textiles, cerámica decorada con diversos colores y restos de maíz, frijol, pallar, chirimoya, pacae, alpacas, llamas, cuyes, patos, peces y moluscos de nuestro litoral. Últimamente, la arqueóloga Isabel Flores dio a conocer el hallazgo de una momia sin cabeza; con el fardo, se hallaron tejidos en buen estado de conservación.
Uno de los mayores ataques que recibió esta huaca ocurrió el 5 de enero de 1855 cuando se celebró, a sus pies, la batalla de La Palma entre los entre los ejércitos seguidores de Castilla y Echenique, en el contexto de la guerra civil entre liberales y conservadores.

Huaca Pucllana (tomado de naya.org.ar)
25/12/08: El 'Baile de la Victoria'
Hacia la década de 1850, en plena bonanza guanera, y cuando ya gobernaba el país José Rufino Echenique, a poca distancia del centro de la capital, se ubicaba la finca o hacienda, “Villa Victoria”, de propiedad de la esposa del presidente, Victoria Tristán de Echenique, prima hermana de Flora Tristán. Esa finca fue la que dio el nombre al hoy populoso distrito de La Victoria.
Fue allí donde se celebró, la noche del sábado 15 de octubre de 1853, la mayor fiesta que se daba en Lima desde que la fundara Francisco Pizarro. La organizó la pareja presidencial para festejar, a lo grande, la elección de Echenique como presidente de la república. La memorable fiesta está detalladamente descrita por Ricardo Palma, en una de sus célebres Tradiciones, quien, muy joven entonces –tenía 19 años-, fue uno de los afortunados invitados. Los periódicos de la oposición estimaron en 60 mil pesos lo invertido en la reparación de la villa, alfombras de Flandes, aparatos de iluminación, mobiliario y demás gastos para el evento. Según los cálculos de la época, fueron invitadas 239 señoras y señoritas, y pasaban de 1000 los caballeros concurrentes. En cuanto a la abundancia de flores que decoraban las puertas, paredes y corredores de la finca, se dijo que se agotaron las de todos los jardines de Lima.
En el centro del gran patio se alzaba un enorme pino de Australia bajo cuya sombra, después de bailar, tomaban asiento muchas señoras, convirtiendo en salón el pintoresco patio. En él empezó a reinar, después de las 12, más animación que en los salones, donde también se agitaban las parejas. En los costados del patio se habían levantado unos tabladillos, con mesas y sillas, en los que se congregaron senadores, ministros, diplomáticos, vocales de la corte suprema y otras autoridades.
Cuenta Palma que había un salón muy espacioso adornado por valiosos cuadros, propiedad del coronel Pascual Saco, deudo de Echenique, y afamado coleccionista. Allí lucían pinturas originales de Velásquez, Murillo y el Españoleto; también una de nuestro pintor Ignacio Merino, recientemente premiada en París. En este salón, además, había mesitas de la China y funcionaba un surtido bar, atendido por un tal Marcenaro, famoso dulcero italiano de la época. Un refresco de naranja con gotas de ron de Jamaica era la delicia de los invitados.
A la 1 de la madrugada hubo media hora de descanso en el baile. Fue entonces que las cantantes de ópera, Clotilde Barilli y Elisa Biscaccianti, interpretaron sus arias; la Barilli cantó Il bacio, de Arditti. La magnífica orquesta estuvo dirigida por el maestro César Lietti, y cuando los músicos tenían necesidad de reposo, eran reemplazados por las bandas militares de la Artillería y del batallón Granaderos. El baile no sufría la menor interrupción. Según testigos, pocos bailarines monopolizaban una pareja: dominó el “mariposeo”.
Quizá lo más espectacular fue la exhibición de alhajas. Las señoras de la antigua aristocracia colonial no dejaron nada en el cofre de la familia y portaron joyas de plata. Pero las señoras de la oligarquía del guano, las “nuevas ricas” de la época, las eclipsaron por el lujo de sus vestidos y por lo vistosas de sus alhajas engarzadas en oro. Cuentan que la esposa de un general llevaba un collar de perlas que llamaría la tención en la más fastuosa de las fiestas de una corte europea. Otra señora, casada con un coronel, lucía un traje adornado de brillantes y rubíes, a la vez de alhajas muy valiosas. La esposa del presidente lució alhajas engarzadas en plata y ninguna en oro; quizá doña Victoria no quiso olvidar que descendía de don Pío Tristán, quien se había proclamado último virrey del Perú.
El baño o toilette para las señoras abundaba en buen gusto y refinamientos orientales. Tenía, además, puerta de comunicación con otra salita donde la costurera, madame Dubreuil, con 6 asistentas, atendía a reparar, a fuerza de puntadas, todo desperfecto ocasionado en las faldas por bailarines poco diestros.
Desde las 3 de la madrugada empezó la cena para 240 cubiertos, y se renovó el servicio 3 veces más. Con el alba se bailó el cotillón, que puso término al más espléndido de los bailes que hasta ese día se dio en la antigua capital de los virreyes.
Tanta resonancia tuvo este baile en todo el país que, como consecuencia de él, se desató una guerra civil pocos meses más tarde cuando se destapó el derroche financiero del gobierno de Echenique; el baile había sido de un lujo insultante. Esta guerra civil recién culminaría en enero de 1855 cuando Castilla venció a Echenique en la batalla de La Palma, en los alrededores de la huaca Pucllana.

José Rufino Echenique
Fue allí donde se celebró, la noche del sábado 15 de octubre de 1853, la mayor fiesta que se daba en Lima desde que la fundara Francisco Pizarro. La organizó la pareja presidencial para festejar, a lo grande, la elección de Echenique como presidente de la república. La memorable fiesta está detalladamente descrita por Ricardo Palma, en una de sus célebres Tradiciones, quien, muy joven entonces –tenía 19 años-, fue uno de los afortunados invitados. Los periódicos de la oposición estimaron en 60 mil pesos lo invertido en la reparación de la villa, alfombras de Flandes, aparatos de iluminación, mobiliario y demás gastos para el evento. Según los cálculos de la época, fueron invitadas 239 señoras y señoritas, y pasaban de 1000 los caballeros concurrentes. En cuanto a la abundancia de flores que decoraban las puertas, paredes y corredores de la finca, se dijo que se agotaron las de todos los jardines de Lima.
En el centro del gran patio se alzaba un enorme pino de Australia bajo cuya sombra, después de bailar, tomaban asiento muchas señoras, convirtiendo en salón el pintoresco patio. En él empezó a reinar, después de las 12, más animación que en los salones, donde también se agitaban las parejas. En los costados del patio se habían levantado unos tabladillos, con mesas y sillas, en los que se congregaron senadores, ministros, diplomáticos, vocales de la corte suprema y otras autoridades.
Cuenta Palma que había un salón muy espacioso adornado por valiosos cuadros, propiedad del coronel Pascual Saco, deudo de Echenique, y afamado coleccionista. Allí lucían pinturas originales de Velásquez, Murillo y el Españoleto; también una de nuestro pintor Ignacio Merino, recientemente premiada en París. En este salón, además, había mesitas de la China y funcionaba un surtido bar, atendido por un tal Marcenaro, famoso dulcero italiano de la época. Un refresco de naranja con gotas de ron de Jamaica era la delicia de los invitados.
A la 1 de la madrugada hubo media hora de descanso en el baile. Fue entonces que las cantantes de ópera, Clotilde Barilli y Elisa Biscaccianti, interpretaron sus arias; la Barilli cantó Il bacio, de Arditti. La magnífica orquesta estuvo dirigida por el maestro César Lietti, y cuando los músicos tenían necesidad de reposo, eran reemplazados por las bandas militares de la Artillería y del batallón Granaderos. El baile no sufría la menor interrupción. Según testigos, pocos bailarines monopolizaban una pareja: dominó el “mariposeo”.
Quizá lo más espectacular fue la exhibición de alhajas. Las señoras de la antigua aristocracia colonial no dejaron nada en el cofre de la familia y portaron joyas de plata. Pero las señoras de la oligarquía del guano, las “nuevas ricas” de la época, las eclipsaron por el lujo de sus vestidos y por lo vistosas de sus alhajas engarzadas en oro. Cuentan que la esposa de un general llevaba un collar de perlas que llamaría la tención en la más fastuosa de las fiestas de una corte europea. Otra señora, casada con un coronel, lucía un traje adornado de brillantes y rubíes, a la vez de alhajas muy valiosas. La esposa del presidente lució alhajas engarzadas en plata y ninguna en oro; quizá doña Victoria no quiso olvidar que descendía de don Pío Tristán, quien se había proclamado último virrey del Perú.
El baño o toilette para las señoras abundaba en buen gusto y refinamientos orientales. Tenía, además, puerta de comunicación con otra salita donde la costurera, madame Dubreuil, con 6 asistentas, atendía a reparar, a fuerza de puntadas, todo desperfecto ocasionado en las faldas por bailarines poco diestros.
Desde las 3 de la madrugada empezó la cena para 240 cubiertos, y se renovó el servicio 3 veces más. Con el alba se bailó el cotillón, que puso término al más espléndido de los bailes que hasta ese día se dio en la antigua capital de los virreyes.
Tanta resonancia tuvo este baile en todo el país que, como consecuencia de él, se desató una guerra civil pocos meses más tarde cuando se destapó el derroche financiero del gobierno de Echenique; el baile había sido de un lujo insultante. Esta guerra civil recién culminaría en enero de 1855 cuando Castilla venció a Echenique en la batalla de La Palma, en los alrededores de la huaca Pucllana.

José Rufino Echenique
24/12/08: Huaca Mateo Salado (Pueblo Libre)
En el límite con el Cercado, a un paso de la Plaza de la Bandera, nos encontramos con la Huaca Mateo Salado, cuyos pobladores explotaban plantaciones de los canales de Lima y Maringa. Son cinco pirámides truncas (distribuidas en un área de 12 mil kilómetros cuadrados) que conformaban un centro administrativo construido durante el Señorío Ichma y que durante la ocupación inca pasó a depender de Pachacamac. Hay patios, pasajes y una plaza principal que posiblemente contenía un ushnu o trono para el curaca.
El nombre de la huaca se debe a Matheus Saladé (1528-1573), un francés protestante que vivía en la huaca y que, en los tiempos del Virreinato, fue acusado de hereje por el Tribunal de la Santa Inquisición; murió quemado en la hoguera. Se dice que arribó al Perú a mediados del siglo XVI y pronto se convirtió en ermitaño. Sus detractores dicen que era descuidado de su apariencia e higiene porque era pobre. Vestía hábito de jerga y se le podía ver todos los sábados en la ciudad cosechando pesetas. Su lugar de habitación era la huaca que hoy lleva su nombre. Las acusaciones que se levantaron contra él son tan diversas como contradictorias. Fue acusado de blasfemo, hereje, contumaz y de decir palabras impías; también se dijo que era un embaucador y que vendía libros apócrifos. Finalmente, que era medio loco puesto que se le veía distraído y trabajando solo en aquella huaca abandonada. Según los testimonios del juicio, Salado cometió su peor crimen cuando cuestionó severamente la doctrina católica ante los jueces del Tribunal del santo Oficio. Dijo, por ejemplo, que quienes habían sido quemados en España por herejes fueron bienaventurados porque habían muerto por la fe y la ley declarada por Martín Lutero. Este pobre francés, fue apresado el 28 de noviembre de 1571 y hubo 10 testigos en su contra. Permaneció en prisión un año y medio y se le condenó por impenitente y por no dar señales de arrepentimiento. Se dice que fue quemado el 15 de noviembre de 1573 en el primer Auto de Fe en la Plaza de Armas de Lima; otros afirman que además de ser quemado, fue ahorcado y descuartizado. De todas maneras, fue la primera víctima de la Inquisición en nuestras tierras.

Huaca Mateo Salado
El nombre de la huaca se debe a Matheus Saladé (1528-1573), un francés protestante que vivía en la huaca y que, en los tiempos del Virreinato, fue acusado de hereje por el Tribunal de la Santa Inquisición; murió quemado en la hoguera. Se dice que arribó al Perú a mediados del siglo XVI y pronto se convirtió en ermitaño. Sus detractores dicen que era descuidado de su apariencia e higiene porque era pobre. Vestía hábito de jerga y se le podía ver todos los sábados en la ciudad cosechando pesetas. Su lugar de habitación era la huaca que hoy lleva su nombre. Las acusaciones que se levantaron contra él son tan diversas como contradictorias. Fue acusado de blasfemo, hereje, contumaz y de decir palabras impías; también se dijo que era un embaucador y que vendía libros apócrifos. Finalmente, que era medio loco puesto que se le veía distraído y trabajando solo en aquella huaca abandonada. Según los testimonios del juicio, Salado cometió su peor crimen cuando cuestionó severamente la doctrina católica ante los jueces del Tribunal del santo Oficio. Dijo, por ejemplo, que quienes habían sido quemados en España por herejes fueron bienaventurados porque habían muerto por la fe y la ley declarada por Martín Lutero. Este pobre francés, fue apresado el 28 de noviembre de 1571 y hubo 10 testigos en su contra. Permaneció en prisión un año y medio y se le condenó por impenitente y por no dar señales de arrepentimiento. Se dice que fue quemado el 15 de noviembre de 1573 en el primer Auto de Fe en la Plaza de Armas de Lima; otros afirman que además de ser quemado, fue ahorcado y descuartizado. De todas maneras, fue la primera víctima de la Inquisición en nuestras tierras.

Huaca Mateo Salado
23/12/08: Huacas en San Borja y San Luis
En lo que hoy corresponde a la jurisdicción del distrito de San Borja, se desarrolló, durante el Intermedio Tardío, la cultura Ichma, que construyó el Complejo Arqueológico Limatambo, hoy prácticamente destruido, y donde vivió Taulichusco, el último curaca de Lima. Su último vestigio es una huaca ubicada en medio de las Torres de Limatambo.
Sin embargo, en este distrito, mejor conservada y digna de ser visitada, es la Huaca San Borja, ubicada en la esquina de las avenidas Canadá y De la Arqueología. Fue construida por la cultura Ichma y está conformada por una pirámide trunca, de aproximadamente unos 8 metros de altura, hecha de tapia. Tiene también un muro elevado perimetral que rodea tres de los cuatro lados del conjunto, también hecho de tapia y que estuvo pintado de blanco. Fue un palacio administrativo principal, en las influencias del Canal Huatita, integrado al desaparecido conjunto Limatambo. Lo interesante es que el sitio estuvo ocupado desde antes de la conquista inca de la zona hasta los principios de la época colonial y republicana. Prueba de ello es que en su cima se han encontrado los cimientos de una casa-hacienda colonial y viviendas republicanas.

Huaca San Borja
POr su parte, en San Luis, dentro de la Villa Deportiva Nacional (VIDENA) y del Parque Zonal Túpac Amaru, junto a la avenida Canadá, se encuentran las huacas Túpac Amaru A y Túpac Amaru B. Pertenecieron a la cultura Lima (300 a 600 d.C.) y se trató de pequeños centros administrativos orientados al control del agua del Canal huatita. Son dos pequeñas plataformas cuadrangulares hechas con muros de adobitos y tapial. Ambos sitios fueron declarados Patrimonio Cultural de la Nación en 2006.
Sin embargo, en este distrito, mejor conservada y digna de ser visitada, es la Huaca San Borja, ubicada en la esquina de las avenidas Canadá y De la Arqueología. Fue construida por la cultura Ichma y está conformada por una pirámide trunca, de aproximadamente unos 8 metros de altura, hecha de tapia. Tiene también un muro elevado perimetral que rodea tres de los cuatro lados del conjunto, también hecho de tapia y que estuvo pintado de blanco. Fue un palacio administrativo principal, en las influencias del Canal Huatita, integrado al desaparecido conjunto Limatambo. Lo interesante es que el sitio estuvo ocupado desde antes de la conquista inca de la zona hasta los principios de la época colonial y republicana. Prueba de ello es que en su cima se han encontrado los cimientos de una casa-hacienda colonial y viviendas republicanas.

Huaca San Borja
POr su parte, en San Luis, dentro de la Villa Deportiva Nacional (VIDENA) y del Parque Zonal Túpac Amaru, junto a la avenida Canadá, se encuentran las huacas Túpac Amaru A y Túpac Amaru B. Pertenecieron a la cultura Lima (300 a 600 d.C.) y se trató de pequeños centros administrativos orientados al control del agua del Canal huatita. Son dos pequeñas plataformas cuadrangulares hechas con muros de adobitos y tapial. Ambos sitios fueron declarados Patrimonio Cultural de la Nación en 2006.
22/12/08: La huaca Melgarejo (La Molina)
En la avenida La Fontana nos encontramos con una impresionante construcción conocida como Huaca Melgarejo (llamada así por haber estado dentro de los límites de la antigua hacienda Melgarejo, ubicada en La Molina). Pertenece a la cultura Lima y su construcción está fechada entre los años 300 y 600 d.C. Al parecer, se trata de un templo y de un centro administrativo local, a orillas del canal de Ate-La Molina, que nace a la altura de santa Clara y corre casi en paralelo al río Rímac, doblando hacia le sur a la altura de la actual cervecería Cristal, para irse a juntar con los terrenos de Surco.
Melgarejo son los restos, bastante erosionados, de lo que fue una gran plataforma escalonada. El edificio presenta varias fases constructivas, producto de continuas remodelaciones y ampliaciones de las estructuras. Al interior del conjunto, hay una sucesión de grandes muros de contención y rellenos, así como de pequeños recintos, rampas, escaleras, banquetas, etc. La plataforma se ha construido con muros de tapias, de adobitos y rellenos. En la parte superior del edificio, se han encontrado un conjunto de pequeños pasadizos y recintos de planta rectangular. Algunos recintos presentan banquetas y huellas de postes lo que indicaría que habrían estado techados. El acceso a estos recintos era restringido, comunicándose con ellos a través de vanos estrechos. Los pisos se hallaron limpios, lo cual es un rasgo bastante común en este tipo de estructuras. Las paredes estuvieron originalmente pintadas. Todos estos cuartos fueron cuidadosamente sellados con rellenos de piedras y barro como parte de un ritual de enterramiento de las estructuras cuando estas eran abandonadas o se producía una ampliación de las mismas.
Los arqueólogos han concluido que Melgarejo formaba parte de un conjunto ceremonial semejante a Maringa y a Pucllana; sin embargo, a diferencia de estos, Melgarejo parece haber sido abandonado antes del comienzo del Segundo Horizonte u Horizonte Medio (600 d.C.). En épocas posteriores, el lugar fue utilizado, básicamente, como cementerio. Asimismo, las recientes excavaciones, promovidas por la municipalidad, han puesto al descubierto, en su cúspide, los cimientos de una vivienda colonial.
Melgarejo son los restos, bastante erosionados, de lo que fue una gran plataforma escalonada. El edificio presenta varias fases constructivas, producto de continuas remodelaciones y ampliaciones de las estructuras. Al interior del conjunto, hay una sucesión de grandes muros de contención y rellenos, así como de pequeños recintos, rampas, escaleras, banquetas, etc. La plataforma se ha construido con muros de tapias, de adobitos y rellenos. En la parte superior del edificio, se han encontrado un conjunto de pequeños pasadizos y recintos de planta rectangular. Algunos recintos presentan banquetas y huellas de postes lo que indicaría que habrían estado techados. El acceso a estos recintos era restringido, comunicándose con ellos a través de vanos estrechos. Los pisos se hallaron limpios, lo cual es un rasgo bastante común en este tipo de estructuras. Las paredes estuvieron originalmente pintadas. Todos estos cuartos fueron cuidadosamente sellados con rellenos de piedras y barro como parte de un ritual de enterramiento de las estructuras cuando estas eran abandonadas o se producía una ampliación de las mismas.
Los arqueólogos han concluido que Melgarejo formaba parte de un conjunto ceremonial semejante a Maringa y a Pucllana; sin embargo, a diferencia de estos, Melgarejo parece haber sido abandonado antes del comienzo del Segundo Horizonte u Horizonte Medio (600 d.C.). En épocas posteriores, el lugar fue utilizado, básicamente, como cementerio. Asimismo, las recientes excavaciones, promovidas por la municipalidad, han puesto al descubierto, en su cúspide, los cimientos de una vivienda colonial.
21/12/08: Huacas en San Miguel
En el antiguo valle de Maranga, dentro de lo que es hoy el Parque de las Leyendas, encontramos la Huaca Tres Palos. Se trata de un edificio piramidal (con una altura de 18 metros, aproximadamente) con terrazas escalonadas en su lado Este; por el Norte, presenta una gran rampa frontal. En la cima, hay una gran cantidad de enterramientos cuadrangulares en forma de damero. Formó parte del Señorío Ichma y, durante la ocupación inca, dependió de Pachamamac. Esta huaca ha sido excavada sistemáticamente por arqueólogos de la PUC. Incluso se han encontrado objetos de la época colonial, del siglo XVI, lo cual revela una ocupación española del lugar (naipes, zapatos, camisas y otros objetos de origen europeo). Lo que se ha encontrado está en el Instituto Riva-Agüero.
El destino de muchos difuntos a lo largo del siglo XIX fue muy incierto. Por ejemplo, cuando estallaba una epidemia y los muertos abundaban y no había donde enterrar tantos cuerpos. En ese caso, las huacas eran una alternativa pues, agrandes rasgos, eran consideradas lugares sagrados. En otros casos, cuando moría alguien de escasos recursos y no pertenecía a la religión católica. Tal fue el caso de los cientos de chinos que se encontraban empleados en las haciendas de los alrededores de Lima como peones agrícolas. Algunos, como sabemos, fueron enterrados en la isla de san Lorenzo, frente al callao; otros encontraron su última morada en las huacas de las afueras de Lima.
Ese fue el caso de la Huaca Panteón Chino, ubicada entre las calles Río Moche y Río Huaura, junto a la avenida Mariano Cornejo, actual distrito de San Miguel. Formó parte del Complejo Arqueológico de Maranga, del Señorío Ichma, entre los años 1000 y 1.500 d.C. Se trató de un centro administrativo, también usado en la época inca y que tiene el perfil de una plataforma alta construida por muros de tapia. Lleva el nombre “Panteón Chino” porque fue utilizada por los culíes como cementerio, ya que estos trabajaban en las plantaciones de los alrededores. La huaca perteneció al periodo del intermedio tardío y fueron centros textiles. El estudio de este sitio arqueológico estuvo a cargo de Josefina Ramos de Cox y Gloria Olivera de Bueno.
No es precisamente una “huaca” pero es digno de ser visitado. Se trata del “Camino Inca”, ubicado dentro del campus de la Universidad Católica, es el último fragmento de la red de caminos prehispánicos que recorrían la costa peruana. Se le conoce como “camino inca” pero su construcción data de la época del Señorío Ichma; lógicamente, los incas también lo usaron y seguramente lo ampliaron. Su forma es “epimural”, es decir tiene muros a ambos lados y está construido elevado al piso. Está en buenas condiciones y esperamos que no sufra otra destrucción más. La última fue en la segunda mitad de los años 80 cuando se abrió la avenida Universitaria.
El destino de muchos difuntos a lo largo del siglo XIX fue muy incierto. Por ejemplo, cuando estallaba una epidemia y los muertos abundaban y no había donde enterrar tantos cuerpos. En ese caso, las huacas eran una alternativa pues, agrandes rasgos, eran consideradas lugares sagrados. En otros casos, cuando moría alguien de escasos recursos y no pertenecía a la religión católica. Tal fue el caso de los cientos de chinos que se encontraban empleados en las haciendas de los alrededores de Lima como peones agrícolas. Algunos, como sabemos, fueron enterrados en la isla de san Lorenzo, frente al callao; otros encontraron su última morada en las huacas de las afueras de Lima.
Ese fue el caso de la Huaca Panteón Chino, ubicada entre las calles Río Moche y Río Huaura, junto a la avenida Mariano Cornejo, actual distrito de San Miguel. Formó parte del Complejo Arqueológico de Maranga, del Señorío Ichma, entre los años 1000 y 1.500 d.C. Se trató de un centro administrativo, también usado en la época inca y que tiene el perfil de una plataforma alta construida por muros de tapia. Lleva el nombre “Panteón Chino” porque fue utilizada por los culíes como cementerio, ya que estos trabajaban en las plantaciones de los alrededores. La huaca perteneció al periodo del intermedio tardío y fueron centros textiles. El estudio de este sitio arqueológico estuvo a cargo de Josefina Ramos de Cox y Gloria Olivera de Bueno.
No es precisamente una “huaca” pero es digno de ser visitado. Se trata del “Camino Inca”, ubicado dentro del campus de la Universidad Católica, es el último fragmento de la red de caminos prehispánicos que recorrían la costa peruana. Se le conoce como “camino inca” pero su construcción data de la época del Señorío Ichma; lógicamente, los incas también lo usaron y seguramente lo ampliaron. Su forma es “epimural”, es decir tiene muros a ambos lados y está construido elevado al piso. Está en buenas condiciones y esperamos que no sufra otra destrucción más. La última fue en la segunda mitad de los años 80 cuando se abrió la avenida Universitaria.
20/12/08: Huacas en Magdalena: Huaca Huantille
En la calle Castilla, entre las avenidas Sucre y La Marina, nos topamos con la Huaca Huantille. Es una plataforma piramidal construida con muros de tapia y rellenos de tierra y cantos rodados. Perteneció al Señorío Ichma, dependió de Maringa y también recibió ocupación inca. Hay restos de patios, corredores, escaleras y muros que estuvieron pintados de blanco. Sobre la importancia de esta huaca, a continuación reproducimos un artículo aparecido en el diario La República el sábado 4 de abril de 2009:
La Huaca Huantille, que antes era una de las zonas rojas más peligrosas de todo el distrito de Magdalena, hoy luce un mejor rostro. Desde el 7 de mayo último un equipo de cinco arqueólogos y 18 operarios comenzaron a descubrir lo que el polvo, el tiempo y la depredación de los invasores ocultaron por años: el templo religioso más importante del Señorío de Magdalena, del período Intermedio Tardío, es decir entre 800 y 900 años después de Cristo.
El arqueólogo encargado de las excavaciones y conservación del sitio, Marco Guillén, informó que estos trabajos ya dieron sus primeros frutos. Ya se encontraron vestigios de ceramios Ishma y de las paredes de lo que fue el adoratorio. Además de una vasija de dos asas intacta y osamentas humanas, que aún falta determinar si corresponden a ese período o al presente. Del mismo modo, ya se pueden evidenciar los muros de lo que fueron los patios, recintos y pasadizos de ese centro ceremonial.
Pese a esos hallazgos, lo que también se evidenció fue el irreparable daño que sufrió la Huaca Huantille, pues pese a que posee 11 mil m2, se encuentra en su tercera parte. El resto fue demolido por una antigua ladrillera que incluso ingresaba a sacar arcilla al sitio, y por las 50 familias que "ampliaban" sus vetustas moradas demoliendo los muros de barro. "Las cinco huacas que Huantille tenía alrededor fueron demolidas", lamenta Guillén.
Según el arqueólogo, los trabajos de campo durarán cuatro meses más, para luego iniciar el proceso de conservación y restauración, y posteriormente iniciar la construcción de lo que será el Museo de Sitio o Centro de Interpretación. Al respecto, el alcalde de Magdalena, Francis Allison, sostuvo que sólo con la recuperación inicial de la huaca el índice delincuencial se ha reducido en un 90%, y espera que con la iluminación ornamental que le colocará la empresa eléctrica Edelnor la zona tendrá mucha mayor seguridad. Además, reveló que el entorno será mejorado con la remodelación de las veredas, el pintado de las viviendas aledañas con matices similares y la construcción de un gran portal que dará la bienvenida a todos los visitantes y turistas. "Además, la calle 1º de Julio (antes 28 de Julio) se cerrará para convertirse en un hermoso bulevar que invite a los vecinos a visitar este patrimonio", dijo. De otro lado, el burgomaestre reveló que la comuna ha invertido en la primera etapa de recuperación y reubicación de los invasores alrededor de 75 mil dólares; mientras que en esta segunda etapa gastan unos 14 mil dólares mensuales para el pago de los arqueólogos y operarios.
Precisiones
TARDE. Recién el 23 de mayo del 2001 la Huaca Huantille fue declarada Patrimonio Cultural de la Nación por el INC.
CEMENTERIO. Durante las primeras excavaciones ya se hallaron los restos de 91 perros, cuyas tumbas deterioraron el sitio.
HECHICERÍA. También se halló hechicería moderna (un pequeño ataúd con un hombrecito clavado) y periódicos de los años 40.
Invasores se fueron en 2006.- El desalojo de la huaca, que duró tres días, se inició el pasado 3 de abril del 2006, luego de que el municipio lograra, mediante el diálogo, que los invasores se retiraran pacíficamente a otro lugar. Tras su partida, en el lugar dejaron un total de 100 toneladas de basura, desmonte y material en desuso. Los principales daños que sufrió la huaca, aparte del recorte del sitio, son la alteración de las estructuras y del cerco perimétrico, erosión basal (pérdida de material en la base), fisuras y quema de desechos que alteraron las paredes.

(foto: diario La República)
La Huaca Huantille, que antes era una de las zonas rojas más peligrosas de todo el distrito de Magdalena, hoy luce un mejor rostro. Desde el 7 de mayo último un equipo de cinco arqueólogos y 18 operarios comenzaron a descubrir lo que el polvo, el tiempo y la depredación de los invasores ocultaron por años: el templo religioso más importante del Señorío de Magdalena, del período Intermedio Tardío, es decir entre 800 y 900 años después de Cristo.
El arqueólogo encargado de las excavaciones y conservación del sitio, Marco Guillén, informó que estos trabajos ya dieron sus primeros frutos. Ya se encontraron vestigios de ceramios Ishma y de las paredes de lo que fue el adoratorio. Además de una vasija de dos asas intacta y osamentas humanas, que aún falta determinar si corresponden a ese período o al presente. Del mismo modo, ya se pueden evidenciar los muros de lo que fueron los patios, recintos y pasadizos de ese centro ceremonial.
Pese a esos hallazgos, lo que también se evidenció fue el irreparable daño que sufrió la Huaca Huantille, pues pese a que posee 11 mil m2, se encuentra en su tercera parte. El resto fue demolido por una antigua ladrillera que incluso ingresaba a sacar arcilla al sitio, y por las 50 familias que "ampliaban" sus vetustas moradas demoliendo los muros de barro. "Las cinco huacas que Huantille tenía alrededor fueron demolidas", lamenta Guillén.
Según el arqueólogo, los trabajos de campo durarán cuatro meses más, para luego iniciar el proceso de conservación y restauración, y posteriormente iniciar la construcción de lo que será el Museo de Sitio o Centro de Interpretación. Al respecto, el alcalde de Magdalena, Francis Allison, sostuvo que sólo con la recuperación inicial de la huaca el índice delincuencial se ha reducido en un 90%, y espera que con la iluminación ornamental que le colocará la empresa eléctrica Edelnor la zona tendrá mucha mayor seguridad. Además, reveló que el entorno será mejorado con la remodelación de las veredas, el pintado de las viviendas aledañas con matices similares y la construcción de un gran portal que dará la bienvenida a todos los visitantes y turistas. "Además, la calle 1º de Julio (antes 28 de Julio) se cerrará para convertirse en un hermoso bulevar que invite a los vecinos a visitar este patrimonio", dijo. De otro lado, el burgomaestre reveló que la comuna ha invertido en la primera etapa de recuperación y reubicación de los invasores alrededor de 75 mil dólares; mientras que en esta segunda etapa gastan unos 14 mil dólares mensuales para el pago de los arqueólogos y operarios.
Precisiones
TARDE. Recién el 23 de mayo del 2001 la Huaca Huantille fue declarada Patrimonio Cultural de la Nación por el INC.
CEMENTERIO. Durante las primeras excavaciones ya se hallaron los restos de 91 perros, cuyas tumbas deterioraron el sitio.
HECHICERÍA. También se halló hechicería moderna (un pequeño ataúd con un hombrecito clavado) y periódicos de los años 40.
Invasores se fueron en 2006.- El desalojo de la huaca, que duró tres días, se inició el pasado 3 de abril del 2006, luego de que el municipio lograra, mediante el diálogo, que los invasores se retiraran pacíficamente a otro lugar. Tras su partida, en el lugar dejaron un total de 100 toneladas de basura, desmonte y material en desuso. Los principales daños que sufrió la huaca, aparte del recorte del sitio, son la alteración de las estructuras y del cerco perimétrico, erosión basal (pérdida de material en la base), fisuras y quema de desechos que alteraron las paredes.

(foto: diario La República)
19/12/08: Huaca Palomino y Huaca La Luz
Junto a la avenida Venezuela (cuadra 27), encontramos la Huaca Palomino. Perteneció al Señorío Ichma y dependió de Maranga. Es una pequeña plataforma de 2 metros de alto construida con muros de tapia. Asimismo, junto a la avenida Mariano Cornejo, está la Huaca la Luz y se ubica en medio de lo que fue un enorme complejo urbano en tiempos prehispánicos. Muy cerca están las pirámides de Mateo Salado y el Complejo Arqueológico de Maranga. Esta pequeña huaca se construyó durante el Señorío Ichma y también presenta ocupación inca Es una platagforma de 3 metros de alto construida con muros de tapia. Según las excavaciones, fue un centro de gran actividad textil. Las prendas que se producían en La Luz eran hechas en algodón y los colores usados eran el azul, blanco, marrón y matices de estos. Los diseños, por lo general, eran rayas verticales. Actualmente, la huaca se encuentra en medio de un parque que, lamentablemente, está destruyendo al sitio arqueológico. Al regarlo se humedece la tierra, y la presencia de plantas acumula humedad en el ambiente. Esta gran concentración de humedad carcome las estructuras de barro del sitio, las que están por desplomarse.

Huaca La Luz (tomado de naya.org.ar)

Huaca La Luz (tomado de naya.org.ar)
18/12/08: Huacas en San Isidro
En el cruce de las avenidas El Rosario y Nicolás de Rivera el Viejo (altura de la cuadra 9 de la avenida Javier Prado Oeste), en el corazón del San Isidro residencial, contemplamos un imponente centro ceremonial de forma piramidal, la Huaca Huallamarca o “Pan de Azúcar” (nombre de una antigua hacienda del lugar). Se trata de un templo con entierros de una prolongada ocupación, desde el siglo III de nuestra era hasta la ocupación inca en el siglo XV. “Marca” significa pueblo, lugar o comarca en quechua; “huallamarca” sería “el lugar o el pueblo de los huallas”. Cuando los incas llegaron al valle del Rímac, encontraron varios grupos étnicos provenientes de la sierra; los huallas vendrían a ser uno de ellos.
Como mencionábamos, se trata de un edificio piramidal formado por hasta cinco fases constructivas que se suceden una sobre la otra; la pirámide tiene unos 20 metros de alto. Fue construido en base al alineamiento y sucesión de pequeños adobes en forma de “granos de maíz”. Sus orígenes se relacionan con la cultura Lima y los pobladores de su entorno estaban asociados al cultivo de tierras regadas por el desaparecido río Huatita (afluente del Rímac). Los entierros y objetos encontrados en este sitio arqueológico son de enorme valor documental. Desde momias (la más representativa es la de una mujer con los cabellos más largos del Perú prehispánico) hasta tejidos, juguetes y ceramios asociados a la cultura Lima y a las influencias de Wari. Cabe destacar que en 1958 se rescataron 48 fardos en la cúspide de la pirámide y con este hallazgo se empezó a montar el actual museo de sitio
En la segunda mitad del siglo XX, la Municipalidad del distrito, con el asesoramiento del arqueólogo Arturo Jiménez Borja, quiso salvar Huallamarca de la destrucción debido al crecimiento inmobiliario de la zona. De esta manera, se conservó el yacimiento y se “reconstruyó” para que el visitante pudiera observar cómo pudo haber sido su aspecto original. Este método, influenciado por las corrientes de “puesta en valor” de México o Europa de aquellos años y muy opinable para los “puristas” nos permite ver la impresionante rampa y perfectas plataformas que luce hoy Huallamarca y que, en realidad, no representan al aspecto que tuvo en su tiempo. Hoy en día, las convenciones de la UNESCO y las tendencias de la nueva arqueología están reñidas con este tipo de reconstrucciones “idealizadas” (caso semejante vemos en Puruchuco, con la mano también de Jiménez Borja).

Huaca Huallamarca
La Huaca Santa Cruz también está ubicada en lo que era el valle del Huatita, en la cuadra 3 de la actual avenida Belén. Pertenece a la época del señorío Ichma, que data de los años 1.000 al 1.500 d.C. Se trata de una pequeña plataforma construida por muros de tapia; en su cima se pueden apreciar recintos cuadrangulares y algunos patios. Según los trabajos arqueológicos, fue un centro administrativo, de rasgos palaciegos, y contiene un pequeño cementerio de la época inca con más de 100 tumbas. Se conectaba con la huaca Pucllana mediante un camino y un sistema de canales. Un gran estanque existía al Este de la huaca; se llama también “Huaca Santa María de Santa Cruz”.
En los últimos años, arqueólogos iniciaron el proceso de limpieza en esta huaca para ponerla en valor. Concretamente, se ha retirado el material que colapsó con la destrucción del sitio arqueológico a partir de la década de 1940. Lamentablemente, en Santa Cruz, sólo se dejaron las estructuras más “relevantes” y hoy el sitio parece arrinconado junto a la Residencial Santa Cruz. Sin embargo, un par de hechos recientes colocaron a la huaca Santa Cruz en el centro de la noticia:
El primero ocurrió este año, cuando se encontró en fardo funerario de 400 años de historia. La momia, de unos 60 centímetros, presenta un cuerpo en forma de galleta, atado de pies y manos, tendido en forma vertical y sobre una plataforma rocosa; seguramente, se le rindió culto el día de su muerte en ese lugar. Una sonrisa maquiavélica asoma mostrando enormes dientes. La directora del Museo de Huallamarca, Lydia Casas, dijo: Esta momia sería la primera de una serie de fardos que se podrían encontrar en esta huaca. Este hallazgo no fue casual, ya que en la zona antes se enterraban muertos. No descartamos que se descubran más restos.
El segundo hecho tiene que ver con el hallazgo de momias republicanas. Arqueólogos hallaron en esta huaca una momia que corresponde a un culí del siglo XIX. El cuerpo, envuelto en tela, fue encontrado a 20 centímetros de profundidad; todavía se desconoce la edad de este trabajador chino. ¿Por qué un chino sería enterrado en una huaca? En la época republicana, muchas personas de origen extranjero eran enterradas en las huacas prehispánicas al escasear cementerios para no católicos. Por ejemplo, los culíes chinos, cuando morían en las haciendas, eran enterrados en estos lugares considerados “sagrados” y no en las iglesias o cementerios cercanos. Es el caso, por ejemplo, de la Huaca Panteón Chino, entre las calles Río Moche y Río Huaura, en Pueblo Libre, y hoy rodeada de viviendas. Respecto al hallazgo de la momia del culí, la arqueóloga Lyda Casas comentó: Es probable que el entierro en estas condiciones haya sido por una necesidad. Las poblaciones que trabajaban en un sitio desconocido y fallecen antes de insertarse en la sociedad, son enterradas en los sitios disponibles que consideran sagrado, o en los que por lo menos no serían vulnerados.
Como mencionábamos, se trata de un edificio piramidal formado por hasta cinco fases constructivas que se suceden una sobre la otra; la pirámide tiene unos 20 metros de alto. Fue construido en base al alineamiento y sucesión de pequeños adobes en forma de “granos de maíz”. Sus orígenes se relacionan con la cultura Lima y los pobladores de su entorno estaban asociados al cultivo de tierras regadas por el desaparecido río Huatita (afluente del Rímac). Los entierros y objetos encontrados en este sitio arqueológico son de enorme valor documental. Desde momias (la más representativa es la de una mujer con los cabellos más largos del Perú prehispánico) hasta tejidos, juguetes y ceramios asociados a la cultura Lima y a las influencias de Wari. Cabe destacar que en 1958 se rescataron 48 fardos en la cúspide de la pirámide y con este hallazgo se empezó a montar el actual museo de sitio
En la segunda mitad del siglo XX, la Municipalidad del distrito, con el asesoramiento del arqueólogo Arturo Jiménez Borja, quiso salvar Huallamarca de la destrucción debido al crecimiento inmobiliario de la zona. De esta manera, se conservó el yacimiento y se “reconstruyó” para que el visitante pudiera observar cómo pudo haber sido su aspecto original. Este método, influenciado por las corrientes de “puesta en valor” de México o Europa de aquellos años y muy opinable para los “puristas” nos permite ver la impresionante rampa y perfectas plataformas que luce hoy Huallamarca y que, en realidad, no representan al aspecto que tuvo en su tiempo. Hoy en día, las convenciones de la UNESCO y las tendencias de la nueva arqueología están reñidas con este tipo de reconstrucciones “idealizadas” (caso semejante vemos en Puruchuco, con la mano también de Jiménez Borja).

Huaca Huallamarca
La Huaca Santa Cruz también está ubicada en lo que era el valle del Huatita, en la cuadra 3 de la actual avenida Belén. Pertenece a la época del señorío Ichma, que data de los años 1.000 al 1.500 d.C. Se trata de una pequeña plataforma construida por muros de tapia; en su cima se pueden apreciar recintos cuadrangulares y algunos patios. Según los trabajos arqueológicos, fue un centro administrativo, de rasgos palaciegos, y contiene un pequeño cementerio de la época inca con más de 100 tumbas. Se conectaba con la huaca Pucllana mediante un camino y un sistema de canales. Un gran estanque existía al Este de la huaca; se llama también “Huaca Santa María de Santa Cruz”.
En los últimos años, arqueólogos iniciaron el proceso de limpieza en esta huaca para ponerla en valor. Concretamente, se ha retirado el material que colapsó con la destrucción del sitio arqueológico a partir de la década de 1940. Lamentablemente, en Santa Cruz, sólo se dejaron las estructuras más “relevantes” y hoy el sitio parece arrinconado junto a la Residencial Santa Cruz. Sin embargo, un par de hechos recientes colocaron a la huaca Santa Cruz en el centro de la noticia:
El primero ocurrió este año, cuando se encontró en fardo funerario de 400 años de historia. La momia, de unos 60 centímetros, presenta un cuerpo en forma de galleta, atado de pies y manos, tendido en forma vertical y sobre una plataforma rocosa; seguramente, se le rindió culto el día de su muerte en ese lugar. Una sonrisa maquiavélica asoma mostrando enormes dientes. La directora del Museo de Huallamarca, Lydia Casas, dijo: Esta momia sería la primera de una serie de fardos que se podrían encontrar en esta huaca. Este hallazgo no fue casual, ya que en la zona antes se enterraban muertos. No descartamos que se descubran más restos.
El segundo hecho tiene que ver con el hallazgo de momias republicanas. Arqueólogos hallaron en esta huaca una momia que corresponde a un culí del siglo XIX. El cuerpo, envuelto en tela, fue encontrado a 20 centímetros de profundidad; todavía se desconoce la edad de este trabajador chino. ¿Por qué un chino sería enterrado en una huaca? En la época republicana, muchas personas de origen extranjero eran enterradas en las huacas prehispánicas al escasear cementerios para no católicos. Por ejemplo, los culíes chinos, cuando morían en las haciendas, eran enterrados en estos lugares considerados “sagrados” y no en las iglesias o cementerios cercanos. Es el caso, por ejemplo, de la Huaca Panteón Chino, entre las calles Río Moche y Río Huaura, en Pueblo Libre, y hoy rodeada de viviendas. Respecto al hallazgo de la momia del culí, la arqueóloga Lyda Casas comentó: Es probable que el entierro en estas condiciones haya sido por una necesidad. Las poblaciones que trabajaban en un sitio desconocido y fallecen antes de insertarse en la sociedad, son enterradas en los sitios disponibles que consideran sagrado, o en los que por lo menos no serían vulnerados.

SUMILLA: Esta coletânea reúne contribuições recentes de diversos autores que pesquisam a prática anti-semita na América. O objetivo é questionar a intolerância em diferentes tempos, espaços e aspectos, analisando o anti-semitismo como um fenômeno psicocultural a partir das relações de interação / conflito entre judeus e não-judeus. Daí, a preocupação da maioria dos autores de investigar as raízes deste fenômeno sob o viés da modernidade, da memória coletiva e da persistência dos mitos políticos. As manifestações do anti-semitismo nas Américas não apresentaram o aspecto radical como o da Alemanha nazista, o que não quer dizer que deva ser subestimado como fenômeno social. Assim, é possível identificar correntes distintas do anti-semitismo moderno que, coexistindo num mesmo momento histórico, variam em seus fundamentos e em intensidade.
SUMARIO
Apresentaçao
Maria Luiza Tucci Carneiro
O Anti-semistismo, esta Hidra de Mil Cabecas
Pilar Rahola
PARTE I: ANTI-SEMITISMO TRADICIONAL
Anti-semitismo. Os Marranos e a Fluctuatio Animi
Anita Waigongort Novinsky
Anti-semitismo na América Colonial Espanhola
Yara Nogueira Monteiro
Circulacao de Obras Antijudaicas e Anti-semitas no Brasil Colonial
Bruno Feitler
Os Inícios da Diáspora Caribenha Judaica para Jamaica: Judeus como Culturais no Caribe
Christian Cwik
PARTE II: ANTI-SEMITISMO MODERNO
Trajetória de um Mito Conspirativo: Circulacao e Usos dos Protocolos dos Sábios de Siao e seus Textos Epigonicos na Argentina (1923-1945)
Daniel Lvovich
Em Torno do Mito da Conspiracao Judaica
Miguel Galante e Adrián Jmelnizki
Filossemitas ou Anti-semitas? As Atitudes dos Cristaos Evangélicos em Relacao aos Judeus, ao Judaísmo e ao Estado de Israel
Yaakov Ariel
O México nos Anos 1930: Cardenismo, Imigracao Judaica e Anti-semitismo
Judit Bokser Liwerant
Anti-semitismo no Peu: Balanco no Ano 2000 e Protecao paar Futuro
León Trahtemberg
Atutudes e Discurso Anti-semitas no Peru: 1930 e 1940
Juan Luis Orrego Penagos
Asilo no Uruguai de Refugiados Judeus Perseguidos pelo Nazismo (Até a Eclosao da Segunda Guerra Mundial)
Rosa Perla Raicher
A Questao Judaica na Argentina e no Brasil: A Contraditória Lógica de Inclusao/Exclusao do Populismo durante os Governo de Vargas e Perón
Leonardo Senkman
Peru e Bolivia e os Refugiados Judeus durante a Era Nazista
Haim Avni
Sobre os Autores
17/12/08: Algunas huacas destruidas en Lima
1. En La Victoria, en el cruce de las avenidas Andahuaylas y 28 de julio, existía una huaca asociada al antiguo señorío Cocaguasi, perteneciente al Señorío Ichma. Fue destruida en 1902.
2. En la actual esquina de las avenidas Petit Thouars y 28 de Julio también había otra huaca asociada al valle de Huatica. Fue destruida en 1910.
3. La Huaca Limatambo se ubicaba en los terrenos del actual Colegio Melitón Carvajal; se trataba de 3 huacas que fueron dibujadas por el viajero Squier cuando pasó por Lima en el siglo XIX.
4. La Huaca Matalechuza se ubicaba en la cuadra 19 de la avenida Salaverry, cerca al cruce con la avenida del Ejército. También estuvo asociada al valle de Huatica y fue destruida en 1951.
5. La Huaca La Universidad se ubicó en los terrenos del actual Hospital Rebagliati de ESSALUD, entre las calles E. Rebagliati, P. Cueto, Coronel Zegarra, L. Montero y las avenidas Arenales y Salaverry. También se le llamaba “Huaca Santa Beatriz”; fue destruida entre 1935 y 1950.
6. La Huaca Santa Cruz 2 se ubicaba en los terrenos del actual colegio Santa María Reina, entre las calles Agustín La Torre, Francisco Salas y Felipe Pardo y Aliaga (San Isidro). Era un extenso montículo de 8 a 10 metros de altura y estaba compuesto por recintos, rampas y escalinatas sobre plataformas superpuestas escalonadas. Fue destruida en 1951. Un pena.
7. La Huaca Clínica Delgado, ubicada entre las cuadras 4 de la avenida Angamos y la calle Chiclayo (Miraflores). Asociada a Pucllana, fue destruida en 1946.
8. La Huaca San Isidro B estaba en los actuales terrenos del Lima Golf Club, entre las calles Los Cedros y la avenida El Rosario, a 400 metros al sur de Huallamarca (Pan de Azúcar). En los planos de Lima de principios del siglo XX (1907 y 1908) también se le conocía como “Huaca Orrantia”.
9. La Huaca Orrantia 2 se ubicaba en la cuadra 33 de la avenida Salaverry (Magdalena Vieja). También se le llamaba huaca “San Felipe” o “Salaverry”; fue destruida en 1945.

Antigua huaca Limatambo

2. En la actual esquina de las avenidas Petit Thouars y 28 de Julio también había otra huaca asociada al valle de Huatica. Fue destruida en 1910.
3. La Huaca Limatambo se ubicaba en los terrenos del actual Colegio Melitón Carvajal; se trataba de 3 huacas que fueron dibujadas por el viajero Squier cuando pasó por Lima en el siglo XIX.
4. La Huaca Matalechuza se ubicaba en la cuadra 19 de la avenida Salaverry, cerca al cruce con la avenida del Ejército. También estuvo asociada al valle de Huatica y fue destruida en 1951.
5. La Huaca La Universidad se ubicó en los terrenos del actual Hospital Rebagliati de ESSALUD, entre las calles E. Rebagliati, P. Cueto, Coronel Zegarra, L. Montero y las avenidas Arenales y Salaverry. También se le llamaba “Huaca Santa Beatriz”; fue destruida entre 1935 y 1950.
6. La Huaca Santa Cruz 2 se ubicaba en los terrenos del actual colegio Santa María Reina, entre las calles Agustín La Torre, Francisco Salas y Felipe Pardo y Aliaga (San Isidro). Era un extenso montículo de 8 a 10 metros de altura y estaba compuesto por recintos, rampas y escalinatas sobre plataformas superpuestas escalonadas. Fue destruida en 1951. Un pena.
7. La Huaca Clínica Delgado, ubicada entre las cuadras 4 de la avenida Angamos y la calle Chiclayo (Miraflores). Asociada a Pucllana, fue destruida en 1946.
8. La Huaca San Isidro B estaba en los actuales terrenos del Lima Golf Club, entre las calles Los Cedros y la avenida El Rosario, a 400 metros al sur de Huallamarca (Pan de Azúcar). En los planos de Lima de principios del siglo XX (1907 y 1908) también se le conocía como “Huaca Orrantia”.
9. La Huaca Orrantia 2 se ubicaba en la cuadra 33 de la avenida Salaverry (Magdalena Vieja). También se le llamaba huaca “San Felipe” o “Salaverry”; fue destruida en 1945.

Antigua huaca Limatambo

Fragmento de la Huaca Orrantia (1924)
17/12/08: Las huacas y la Lima prehispánica
La historia prehispánica del territorio que ocupa hoy nuestra Capital empezó a tener perfil propio con la aparición de la CULTURA LIMA (200 a.C.-600 d.C.). Se trató de un Estado Teocrático en la costa central que logró integrar bajo su gobierno a los valles de Chillón, Rímac y Lurín. Posiblemente se extendió también hasta el valle de Chancay por el Norte y las serranías adyacentes por el Este. Toda una red de canales articularon económicamente los valles: los canales de Copacabana, Carabayllo, Huacoy, Infantas, Naranjal y Chuquitanta (Chillón) y los de Carapongo, Nievería, Huachipa, Ate, Surco, Huatica y Maranga (Rímac).
Esta cultura se organizó sobre una red de centros administrativos gobernados desde el centro urbano de Maranga, una suerte de capital política y cultural. Se integraban a ella centros administrativos menores como Copacabana Playa Grande, Culebras y La Uva en el Chillón; Pucllana, Melgarejo, Santa Felicia, Vista Alegre y Cajamarquilla en el valle del Rímac y Pachacamac en Lurín. Junto con ellos aparecen otros centros de tercer orden (plataformas) y una multitud de aldeas de agricultores que pueblan tanto el valle bajo (entre cultivos, pequeños eriazos y a la vera de canales y caminos), como en el valle medio (en las laderas bajas de los cerros y pequeños espolones junto a fuentes de agua).
La “capital” Maranga estuvo compuesta por pirámides truncas escalonadas, grandes cercos, palacios, depósitos, amplias plazas públicas y sectores de viviendas. La arquitectura Lima se caracteriza por el uso masivo de pequeños adobitos paralelepípedos dispuestos verticalmente, en una técnica denominada coloquialmente “en forma de librero”. Ella se empleó tanto en muros como en rellenos constructivos. Para elevar las pirámides se construían recintos cuadrangulares, aglutinados como celdas, que eran luego rellenadas. En algunos casos existen muestras de arquitectura en tapia o restos de murales policromos elaborados sobre la base de diseños geométricos representando monstruos marinos y peces o serpientes entrelazadas. Para ello, se combinaron los colores rojo, negro y blanco. Muchos de los diseños murales son recurrentes en la cerámica, la textilería y talla en madera.
Luego vendría lo que los arqueólogos e historiadores han llamado la CULTURA ICHMA que, en su fase inicial, corresponde al periodo entre los años 600 y 1000 d.C. Esta etapa corresponde a la expansión de Wari en la costa central. Los wari (originarios de Ayacucho) desarrollaron un Estado comercial que alcanzó carácter Imperial. Hay presencia de sacerdotes, especialistas, guerreros y artesanos muy bien organizados que salieron a buscar nuevos mercados y materias primas. Para ello, crearon una red caminera (qapac ñan), tecnología contable (quipus) y un conjunto de ciudades enclave o emporios comerciales desde los cuales se organizó la producción artesanal y se centralizó el comercio a lo largo de la mayor parte de los andes centrales. Se inicia así un nuevo proceso de integración, esta vez, económico-comercial, y religioso.
En este contexto, las sociedades de la costa central fueron integradas en una red comercial ampliada, sin embargo, mantuvieron su independencia política y continuaron desarrollando una cultura propia. Si bien la presencia Wari no fue de dominio físico, efectivo, generó un gran impacto en el modo de vida de las poblaciones. Para el caso de la costa central se aprecian cambios en la calidad de vida de la gente con la incorporación de nuevas especies agrícolas (maíz, frejoles y algodón), el uso de tejidos de lana, algodón y tintes policromos, el empleo del cobre y metales casi masivo en la elaboración de adornos y herramientas. Se incorporan nuevos elementos iconográficos y símbolos religiosos relacionados con el “Dios de los Báculos” (Wiracocha) de Wari y Tiawanaco.
En el valle del Rímac, este fenómeno se asocia con la aparición de la cultura Ichma en su etapa inicial (el vocablo ichma, según María Rostworowski, significa “color de fruto que nace en capullo”). Los habitantes de este valle transformaron su modo de vida y cultura material. Las grandes pirámides truncas y escalonadas gobernadas por sacerdotes son paulatinamente abandonadas para dar paso a un uso más “civil” de los espacios. Al parecer el comercio ampliado genera nueva riqueza y con ella una “nueva clase social” de señores y artesanos especializados (tejedores, tintoreros, ceramistas y orfebres).
Un hecho importante corresponde al cambio en el patrón de enterramiento de la población. Se relegan los entierros extendidos simples (cultura Lima) y se da paso a suntuosos “fardos funerarios con falsa cabeza”, como los encontrados en Ancón, Huallamarca, Cajamarquilla, Huampaní y Pachacamac, entre otros. Parte de la población siguió ocupando los antiguos centros urbanos como Maranga, Cajamarquilla y Pachacamac; otra parte de la población dirigida, por un curaca, fundó nuevos pueblos como Huaycán, Mateo Salado o Limatambo.
La desintegración del gran Estado Wari trae como consecuencia la centralización del poder político y económico en manos de una nueva clase de gobernantes; ahora, la autoridad pasa a los grandes curacas. Es la del SEÑORÍO DE ICHMA (1000-1470 d.C.) que integraba los valles del Rímac y Lurín, y se hallaba compuesto por un conjunto de curacazgos enlazados y subordinados a un Señor Principal, el Curaca de Pachacamac.
Los límites entre curacazgos estaban definidos por el curso de los canales de regadío, y su gobierno estaba en relación con la administración de los sistemas de infraestructura hidráulica. Los canales principales drenan los ríos y hacen circular el agua necesaria para los cultivos por varios kilómetros. La regulación de los volúmenes de agua, los tiempos de riego, el control de bocatomas y su mantenimiento, requirió la presencia de un poder centralizado y de una gradación de administradores y especialistas. Aparecen nuevos asentamientos y se edifican palacios, edificios administrativos, templos y poblados enteros. Junto con la arquitectura pública y civil de elite aparecen construcciones más modestas como barriadas hechas en quincha con cimientos en piedra.
Ahora los edificios públicos de carácter administrativo son piramidales con rampa. Se caracterizan por tener una plataforma cuadrangular baja con un patio rectangular cercado en su frente Norte, ambas se articulan mediante una rampa central. La plataforma posee en la cúspide una suerte de atrio o audiencia abierto en forma de U, con recintos techados en los laterales. En la parte posterior se solían ubicar espaciosos depósitos y en áreas anexas amplios patios, secaderos y zonas de laboreo. Este tipo de arquitectura se evidencia en Pachacamac, Santa Cruz y Armatambo, entre otros restos. Ahora, la ciudad de Maranga decae brevemente y se continúan ocupando espacios y edificios de la época anterior, pero en la zona colindante aparece una importante cantidad de plataformas y palacios administrativos como las huacas La Luz, Pando, Palomino, Culebras o Panteón Chino. En vez de Maranga, surge el imponente centro urbano de Mateo Salado.
La conquista inca de la costa central ocurre en 1470 por obra de Túpac Inca Yupanqui. Los incas crearon la “provincia” de Pachacamac, que comprendía por los valles de Chillón, Rímac y Lurín. A su vez, esta provincia fue subdividida en tres Hunus o Sayas, que para el caso fueron las de Surco-Pachacamac, Maranga y Carabayllo. Cada Saya fue a su vez dividida en Guarangas y cada Guaranga en Pachacas y Ayllus.
A la cabeza de cada Hunu se construyó una ciudad principal, destacando la ciudad de Maranga (Rímac) y la de Armatambo (Surco y Turín). Junto a estas “urbes” aparecieron muchos centros administrativos menores y palacios curacales como elementos de penetración en el tejido social local. Los curacas de Lima fueron aliados de los incas y así mantuvieron sus antiguos privilegios. Desde sus palacios –dispersos por el valle– los curacas continuaron administrado la producción y distribución regional, pero esta vez, bajo la estructura política del Tahuantinsuyo.
Como ciudades principales sobresalen Maranga, en el que destaca un gran palacio, luego la ciudadela de Armatambo y el Santuario de Pachacamac en el Valle de Lurín. Junto con ellos se pueden apreciar muchas de las “huacas” (centros administrativos menores) que ahora vemos por las calles de nuestra ciudad: Mateo Salado, Limatambo, Mangomarca y Huaycán. En un tercer nivel jerárquico aparecen Puruchuco, Mayorazgo, Santa Felicia, San Borja, Santa Cruz, Panteón Chino, Palomino, Corpus, Pando, La Luz, Culebras, Huantille, Huantinamarca, Huaca Rosada y muchas más.

Puruchuco en Ate-Vitarte
Esta cultura se organizó sobre una red de centros administrativos gobernados desde el centro urbano de Maranga, una suerte de capital política y cultural. Se integraban a ella centros administrativos menores como Copacabana Playa Grande, Culebras y La Uva en el Chillón; Pucllana, Melgarejo, Santa Felicia, Vista Alegre y Cajamarquilla en el valle del Rímac y Pachacamac en Lurín. Junto con ellos aparecen otros centros de tercer orden (plataformas) y una multitud de aldeas de agricultores que pueblan tanto el valle bajo (entre cultivos, pequeños eriazos y a la vera de canales y caminos), como en el valle medio (en las laderas bajas de los cerros y pequeños espolones junto a fuentes de agua).
La “capital” Maranga estuvo compuesta por pirámides truncas escalonadas, grandes cercos, palacios, depósitos, amplias plazas públicas y sectores de viviendas. La arquitectura Lima se caracteriza por el uso masivo de pequeños adobitos paralelepípedos dispuestos verticalmente, en una técnica denominada coloquialmente “en forma de librero”. Ella se empleó tanto en muros como en rellenos constructivos. Para elevar las pirámides se construían recintos cuadrangulares, aglutinados como celdas, que eran luego rellenadas. En algunos casos existen muestras de arquitectura en tapia o restos de murales policromos elaborados sobre la base de diseños geométricos representando monstruos marinos y peces o serpientes entrelazadas. Para ello, se combinaron los colores rojo, negro y blanco. Muchos de los diseños murales son recurrentes en la cerámica, la textilería y talla en madera.
Luego vendría lo que los arqueólogos e historiadores han llamado la CULTURA ICHMA que, en su fase inicial, corresponde al periodo entre los años 600 y 1000 d.C. Esta etapa corresponde a la expansión de Wari en la costa central. Los wari (originarios de Ayacucho) desarrollaron un Estado comercial que alcanzó carácter Imperial. Hay presencia de sacerdotes, especialistas, guerreros y artesanos muy bien organizados que salieron a buscar nuevos mercados y materias primas. Para ello, crearon una red caminera (qapac ñan), tecnología contable (quipus) y un conjunto de ciudades enclave o emporios comerciales desde los cuales se organizó la producción artesanal y se centralizó el comercio a lo largo de la mayor parte de los andes centrales. Se inicia así un nuevo proceso de integración, esta vez, económico-comercial, y religioso.
En este contexto, las sociedades de la costa central fueron integradas en una red comercial ampliada, sin embargo, mantuvieron su independencia política y continuaron desarrollando una cultura propia. Si bien la presencia Wari no fue de dominio físico, efectivo, generó un gran impacto en el modo de vida de las poblaciones. Para el caso de la costa central se aprecian cambios en la calidad de vida de la gente con la incorporación de nuevas especies agrícolas (maíz, frejoles y algodón), el uso de tejidos de lana, algodón y tintes policromos, el empleo del cobre y metales casi masivo en la elaboración de adornos y herramientas. Se incorporan nuevos elementos iconográficos y símbolos religiosos relacionados con el “Dios de los Báculos” (Wiracocha) de Wari y Tiawanaco.
En el valle del Rímac, este fenómeno se asocia con la aparición de la cultura Ichma en su etapa inicial (el vocablo ichma, según María Rostworowski, significa “color de fruto que nace en capullo”). Los habitantes de este valle transformaron su modo de vida y cultura material. Las grandes pirámides truncas y escalonadas gobernadas por sacerdotes son paulatinamente abandonadas para dar paso a un uso más “civil” de los espacios. Al parecer el comercio ampliado genera nueva riqueza y con ella una “nueva clase social” de señores y artesanos especializados (tejedores, tintoreros, ceramistas y orfebres).
Un hecho importante corresponde al cambio en el patrón de enterramiento de la población. Se relegan los entierros extendidos simples (cultura Lima) y se da paso a suntuosos “fardos funerarios con falsa cabeza”, como los encontrados en Ancón, Huallamarca, Cajamarquilla, Huampaní y Pachacamac, entre otros. Parte de la población siguió ocupando los antiguos centros urbanos como Maranga, Cajamarquilla y Pachacamac; otra parte de la población dirigida, por un curaca, fundó nuevos pueblos como Huaycán, Mateo Salado o Limatambo.
La desintegración del gran Estado Wari trae como consecuencia la centralización del poder político y económico en manos de una nueva clase de gobernantes; ahora, la autoridad pasa a los grandes curacas. Es la del SEÑORÍO DE ICHMA (1000-1470 d.C.) que integraba los valles del Rímac y Lurín, y se hallaba compuesto por un conjunto de curacazgos enlazados y subordinados a un Señor Principal, el Curaca de Pachacamac.
Los límites entre curacazgos estaban definidos por el curso de los canales de regadío, y su gobierno estaba en relación con la administración de los sistemas de infraestructura hidráulica. Los canales principales drenan los ríos y hacen circular el agua necesaria para los cultivos por varios kilómetros. La regulación de los volúmenes de agua, los tiempos de riego, el control de bocatomas y su mantenimiento, requirió la presencia de un poder centralizado y de una gradación de administradores y especialistas. Aparecen nuevos asentamientos y se edifican palacios, edificios administrativos, templos y poblados enteros. Junto con la arquitectura pública y civil de elite aparecen construcciones más modestas como barriadas hechas en quincha con cimientos en piedra.
Ahora los edificios públicos de carácter administrativo son piramidales con rampa. Se caracterizan por tener una plataforma cuadrangular baja con un patio rectangular cercado en su frente Norte, ambas se articulan mediante una rampa central. La plataforma posee en la cúspide una suerte de atrio o audiencia abierto en forma de U, con recintos techados en los laterales. En la parte posterior se solían ubicar espaciosos depósitos y en áreas anexas amplios patios, secaderos y zonas de laboreo. Este tipo de arquitectura se evidencia en Pachacamac, Santa Cruz y Armatambo, entre otros restos. Ahora, la ciudad de Maranga decae brevemente y se continúan ocupando espacios y edificios de la época anterior, pero en la zona colindante aparece una importante cantidad de plataformas y palacios administrativos como las huacas La Luz, Pando, Palomino, Culebras o Panteón Chino. En vez de Maranga, surge el imponente centro urbano de Mateo Salado.
La conquista inca de la costa central ocurre en 1470 por obra de Túpac Inca Yupanqui. Los incas crearon la “provincia” de Pachacamac, que comprendía por los valles de Chillón, Rímac y Lurín. A su vez, esta provincia fue subdividida en tres Hunus o Sayas, que para el caso fueron las de Surco-Pachacamac, Maranga y Carabayllo. Cada Saya fue a su vez dividida en Guarangas y cada Guaranga en Pachacas y Ayllus.
A la cabeza de cada Hunu se construyó una ciudad principal, destacando la ciudad de Maranga (Rímac) y la de Armatambo (Surco y Turín). Junto a estas “urbes” aparecieron muchos centros administrativos menores y palacios curacales como elementos de penetración en el tejido social local. Los curacas de Lima fueron aliados de los incas y así mantuvieron sus antiguos privilegios. Desde sus palacios –dispersos por el valle– los curacas continuaron administrado la producción y distribución regional, pero esta vez, bajo la estructura política del Tahuantinsuyo.
Como ciudades principales sobresalen Maranga, en el que destaca un gran palacio, luego la ciudadela de Armatambo y el Santuario de Pachacamac en el Valle de Lurín. Junto con ellos se pueden apreciar muchas de las “huacas” (centros administrativos menores) que ahora vemos por las calles de nuestra ciudad: Mateo Salado, Limatambo, Mangomarca y Huaycán. En un tercer nivel jerárquico aparecen Puruchuco, Mayorazgo, Santa Felicia, San Borja, Santa Cruz, Panteón Chino, Palomino, Corpus, Pando, La Luz, Culebras, Huantille, Huantinamarca, Huaca Rosada y muchas más.

Puruchuco en Ate-Vitarte
16/12/08: Huacas de Lima
¿QUÉ ES UNA HUACA O WAKA? Por definición, huaca es el término quechua que hace referencia a un lugar u objeto sagrado. Por lo tanto, huaca puede ser una construcción religiosa, un cerro, una laguna, un riachuelo, un árbol, una cueva o cualquier lugar u objeto (una piedra, un ídolo o una momia) que los antiguos peruanos consideraban sagrado. Con el tiempo, el término ha cambiado de connotación y hoy llamamos huaca a todo el patrimonio monumental y arquitectónico prehispánico como templos, centros administrativos, fortalezas, cementerios, etc. Es decir, los peruanos actuales, asociamos el término con cualquier construcción física levantada por nuestros antepasados. De la misma manera, aplicamos el término huaco a casi cualquier objeto de cerámica precolombina cuando, en realidad, alude a un “cántaro ceremonial”.
En la costa peruana, suele reservarse el nombre de huaca a pequeñas pirámides escalonadas o a un montecillo artificial, que hacían de figura cónica, en que ponían el cadáver sentado con todas sus alhajas y riquezas. Los españoles, poco después de la conquista dieron en abrirlas para sacar el oro y la plata, y los indios, para deslumbrarlos, en el paraje en que había alguna hacían otras muchísimas iguales, pero vacías, por lo cual se abandonó este modo de enriquecer, en que algunos empobrecieron gastando en excavar huacas vacías, pero algunos se hicieron ricos (Antonio de Alcedo).
LIMA, UN ROSARIO DE HUACAS.- En el siglo XVI, cuando llegaron los españoles a nuestras tierras, la costa central, la zona comprendida entre los valles del río Chillón, Rímac y Lurín, era la más densamente poblada. Por ello, dentro del perímetro de la Gran Lima, podemos encontrar numerosas muestras de la arquitectura prehispánica, popularmente llamadas “huacas”. Según cálculos del INC, en Lima existen 250 huacas. La gran mayoría de ellas, lamentablemente, está en abandono.
Cuando se fundó la ciudad de Lima, los españoles destruyeron muchas huacas en búsqueda de tesoros escondidos. Luego, con el proceso de evangelización, los curas doctrineros continuaron con la destrucción de cualquier vestigio que hiciera recordar a los indios su religión ancestral. Ya entrada la república, en el siglo XIX, muchas huacas fueron utilizadas como cementerios ante la escasez de nuevos camposantos (especialmente, personas de otras religiones que no era la católica o cuando los muertos abundaban debido a una epidemia). Luego, con la rápida expansión urbana e inmobiliaria de la Capital, a lo largo del siglo XX, se continuó con la destrucción de estos recintos prehispánicos ante la ausencia de control por parte de las instituciones del Estado. Esto sin mencionar la depredación de los “huaqueros” en busca de posibles tesoros prehispánicos.
Incluso, actualmente, vemos cómo muchas huacas limeñas han sido invadidas con viviendas informales, tienen canchas de fulbito, son escondite de gente de mal vivir, refugio de animales sin dueño (incluso lechuzas) o son usadas como improvisados talleres de mecánica. Es urgente, entonces, la intervención del Estado y de la empresa privada para rescatar, restaurar y poner en valor estos importantes vestigios de los antiguos habitantes de Lima y, por qué no, integrarlos en los circuitos turísticos de nuestra ciudad.

Huaca de San Marcos captada por Hutchinson en 1873
En la costa peruana, suele reservarse el nombre de huaca a pequeñas pirámides escalonadas o a un montecillo artificial, que hacían de figura cónica, en que ponían el cadáver sentado con todas sus alhajas y riquezas. Los españoles, poco después de la conquista dieron en abrirlas para sacar el oro y la plata, y los indios, para deslumbrarlos, en el paraje en que había alguna hacían otras muchísimas iguales, pero vacías, por lo cual se abandonó este modo de enriquecer, en que algunos empobrecieron gastando en excavar huacas vacías, pero algunos se hicieron ricos (Antonio de Alcedo).
LIMA, UN ROSARIO DE HUACAS.- En el siglo XVI, cuando llegaron los españoles a nuestras tierras, la costa central, la zona comprendida entre los valles del río Chillón, Rímac y Lurín, era la más densamente poblada. Por ello, dentro del perímetro de la Gran Lima, podemos encontrar numerosas muestras de la arquitectura prehispánica, popularmente llamadas “huacas”. Según cálculos del INC, en Lima existen 250 huacas. La gran mayoría de ellas, lamentablemente, está en abandono.
Cuando se fundó la ciudad de Lima, los españoles destruyeron muchas huacas en búsqueda de tesoros escondidos. Luego, con el proceso de evangelización, los curas doctrineros continuaron con la destrucción de cualquier vestigio que hiciera recordar a los indios su religión ancestral. Ya entrada la república, en el siglo XIX, muchas huacas fueron utilizadas como cementerios ante la escasez de nuevos camposantos (especialmente, personas de otras religiones que no era la católica o cuando los muertos abundaban debido a una epidemia). Luego, con la rápida expansión urbana e inmobiliaria de la Capital, a lo largo del siglo XX, se continuó con la destrucción de estos recintos prehispánicos ante la ausencia de control por parte de las instituciones del Estado. Esto sin mencionar la depredación de los “huaqueros” en busca de posibles tesoros prehispánicos.
Incluso, actualmente, vemos cómo muchas huacas limeñas han sido invadidas con viviendas informales, tienen canchas de fulbito, son escondite de gente de mal vivir, refugio de animales sin dueño (incluso lechuzas) o son usadas como improvisados talleres de mecánica. Es urgente, entonces, la intervención del Estado y de la empresa privada para rescatar, restaurar y poner en valor estos importantes vestigios de los antiguos habitantes de Lima y, por qué no, integrarlos en los circuitos turísticos de nuestra ciudad.

Huaca de San Marcos captada por Hutchinson en 1873
15/12/08: La Escuela Cuzqueña (2)
Diego Quispe Tito.- Nació por 1611 en el pueblo cusqueño de San Sebastián y murió después de 1681. Descendía de los Incas y por eso firmaba: “Diego Quispi Titu Inga”. Fue el pintor indio más notable que produjo la Escuela Cusqueña. Para la parroquia de su pueblo natal pintó cinco series: Los Doctores de la Iglesia (1634-1649), La Pasión (1635-1663), San Juan Bautista (1663), San Sebastián (1679), y San Isidro Labrador (1680). Asimismo, pintó La Piedad, hoy en la capilla sebastianina de San Lázaro (1643), El Juicio Final para los franciscanos cusqueños (1675), La Sagrada Familia retornando de Egipto (1680) y la famosa serie Los Meses del Año o Los Signos del Zodíaco (1681), hoy en la capilla catedralicia del Triunfo. De sus obras tempranas las más meritorias son La Inmaculada (1627) y La Visión de la Cruz (1631).
Fue Quispe Tito el maestro cobrizo que introdujo en la pintura cusqueña los elementos flamencos de paisajes y ciudades, fuentes y jardines, aves y flores, las telas finas y los brocados en los ropajes femeninos y angélicos. Sus lienzos salieron del Cusco y llegaron a La Paz y Potosí. Dejó una larga lista de discípulos, la impronta de su taller y una obra no superada. Está considerado, repetimos, el mejor pintor indio de la Escuela Cusqueña.
"La Sagrada Familia en Nazareth" (Diego Quispe Tito)
Santa Cruz Pumacallao.- Nació en el Cusco, fue indio ladino y cultivó el estilo barroco al servicio del Obispo Manuel de Mollinedo y Angulo. Para este prelado hizo los grandes y pequeños lienzos del transepto de la Catedral del Cusco. Estos cuadros mayores son: San Cristóbal, San Isidro Labrador, La Aparición de la Virgen a San Felipe Neri y la Imposición de la casulla a San Idefonso de Toledo; los menores, a su vez, son Santa María Egipciaca, y la Discusión de la Eucaristía; así como Santa Tecla, el Extasis de Santa Catalina de Siena, la Transverberación de Santa Teresa de Avila y el Buen Pastor con los Evangelistas. Todas estas obras, repetimos, pueden verse en el transepto señalado.
Para los franciscanos cusqueños realizó los cuatro últimos de la serie de la "Vida de San Francisco de Asís", los cuales son: Muerte de San Fancisco, el Entierro de San Francisco, San Francisco rescatando almas del Purgatorio y el Papa Nicolás V ante San Francisco difunto.
En el Cusco, igualmente, pintó varias vírgenes y ángeles, El Purgatorio y un San Laureano Mártir degollado y sosteniendo su cabeza con las manos (1662). Murió después de 1668, dejando valiosas obras y numerosos discípulos
Los maestros indios de la Escuela Cuzqueña.- Juan Chauqui (1600), Antonio Chaquivi (1600), Diego Huallpa(1600), Juan Chaquivi (1600), Diego Cusihuamán (1600), Francisco Inga (1610), Fernando Inga (1616), Matías Hancco (1637), Mariano Tecse (1637), Tomás Tecse (1637), Juan Tecse Tupa (1637), Diego Quispe Tito Inga (1640), Salvador Humpiri (1643), Juan Sapaca Inga (1649), Alonso Yunca (1650), Andrés Juan Tupa Hanatupa (1650), Diego Callaimara (1650), Bartolomé Chalco Sutic (1651), Cristóbal Páucar (1651), Lucas Hullca (1651), Ascencio Roque Uscamayta (1651), Salvador Sandoval Inga (1659), Manuel Saqui (1660), Simón Inga (1660), Andrés Chihuantupa Nina (1662), Basilio Santa Cruz Pumacallao (1662), Alonso Nina (1662), Alonso Huanca (1665), Juan Páucar Inga (1665), Bartolomé Huamán Quispe (1670), Francisco Chihuantito Inga (1679), Andrés Quispe (1693), Juan Quispe Huamán (1693), Bernabé Nina Inga (1698), Antonio Sinchi Roca Inga (1698), Melchor Sinchi Roca Inga (1698), José Melchor Huamán (1770), Diego Tito (1707), Juan Uscamayta (1712), Juan Maras Mayta (1712), Sebastián Quispe (1717), Martín Quispe Tupa (1721), Francsico Chillitupa (1726), Marcos Sapaca o Zapata (1748), y Juan Huamán Espinosa (1756).
Fue Quispe Tito el maestro cobrizo que introdujo en la pintura cusqueña los elementos flamencos de paisajes y ciudades, fuentes y jardines, aves y flores, las telas finas y los brocados en los ropajes femeninos y angélicos. Sus lienzos salieron del Cusco y llegaron a La Paz y Potosí. Dejó una larga lista de discípulos, la impronta de su taller y una obra no superada. Está considerado, repetimos, el mejor pintor indio de la Escuela Cusqueña.
"La Sagrada Familia en Nazareth" (Diego Quispe Tito)Santa Cruz Pumacallao.- Nació en el Cusco, fue indio ladino y cultivó el estilo barroco al servicio del Obispo Manuel de Mollinedo y Angulo. Para este prelado hizo los grandes y pequeños lienzos del transepto de la Catedral del Cusco. Estos cuadros mayores son: San Cristóbal, San Isidro Labrador, La Aparición de la Virgen a San Felipe Neri y la Imposición de la casulla a San Idefonso de Toledo; los menores, a su vez, son Santa María Egipciaca, y la Discusión de la Eucaristía; así como Santa Tecla, el Extasis de Santa Catalina de Siena, la Transverberación de Santa Teresa de Avila y el Buen Pastor con los Evangelistas. Todas estas obras, repetimos, pueden verse en el transepto señalado.
Para los franciscanos cusqueños realizó los cuatro últimos de la serie de la "Vida de San Francisco de Asís", los cuales son: Muerte de San Fancisco, el Entierro de San Francisco, San Francisco rescatando almas del Purgatorio y el Papa Nicolás V ante San Francisco difunto.
En el Cusco, igualmente, pintó varias vírgenes y ángeles, El Purgatorio y un San Laureano Mártir degollado y sosteniendo su cabeza con las manos (1662). Murió después de 1668, dejando valiosas obras y numerosos discípulos
Los maestros indios de la Escuela Cuzqueña.- Juan Chauqui (1600), Antonio Chaquivi (1600), Diego Huallpa(1600), Juan Chaquivi (1600), Diego Cusihuamán (1600), Francisco Inga (1610), Fernando Inga (1616), Matías Hancco (1637), Mariano Tecse (1637), Tomás Tecse (1637), Juan Tecse Tupa (1637), Diego Quispe Tito Inga (1640), Salvador Humpiri (1643), Juan Sapaca Inga (1649), Alonso Yunca (1650), Andrés Juan Tupa Hanatupa (1650), Diego Callaimara (1650), Bartolomé Chalco Sutic (1651), Cristóbal Páucar (1651), Lucas Hullca (1651), Ascencio Roque Uscamayta (1651), Salvador Sandoval Inga (1659), Manuel Saqui (1660), Simón Inga (1660), Andrés Chihuantupa Nina (1662), Basilio Santa Cruz Pumacallao (1662), Alonso Nina (1662), Alonso Huanca (1665), Juan Páucar Inga (1665), Bartolomé Huamán Quispe (1670), Francisco Chihuantito Inga (1679), Andrés Quispe (1693), Juan Quispe Huamán (1693), Bernabé Nina Inga (1698), Antonio Sinchi Roca Inga (1698), Melchor Sinchi Roca Inga (1698), José Melchor Huamán (1770), Diego Tito (1707), Juan Uscamayta (1712), Juan Maras Mayta (1712), Sebastián Quispe (1717), Martín Quispe Tupa (1721), Francsico Chillitupa (1726), Marcos Sapaca o Zapata (1748), y Juan Huamán Espinosa (1756).
14/12/08: La Escuela Cuzqueña (1)
Esta escuela, abundante en adornos de oro, tuvo su etapa de apogeo en la segunda mitad del siglo XVII y primera del XVIII. Empezó aficionada a los moldes italianos (influencia de Bitti, Medoro y Alesio), pero luego los abandona y se pasa a los flamencos (influjo de Rubens y de las muchas estampas que se traen al Perú), terminando por adquirir personalidad y vida propias frente a los demás estilos pictóricos del Nuevo Mundo. Fue una pintura cultivada por pintores españoles, criollos y mestizos pero, de manera muy principal, por los maestros indios de la ciudad. De ahí que con frecuencia los personajes sean hieráticos.
El oro, lo hemos visto, pareciera constituir a primera vista la nota más resaltante de la escuela Cusqueña. Sus lienzos exhiben Trinidades, Cristos, Niños, Vírgenes y santos con ropas llenas de oro. El buen estofador, ese que sigue los pliegues de las telas y respeta los bordes de los vestidos, es un dadivoso del color solar.
En esto del estafado o bracateado de oro cabe distinguir tres momentos: el bracateado llano, el brocateado en relieve y el brocateado fino que también llaman filigranado. El pintor indígena, antiguo creyente del Sol, hace imprimaciones de oro para dar sacralidad a los personajes relievados por la religión cristiana. A su vez, la figura central, con rigidez muy andina, está frecuentemente rodeada por una girnalda de flores si no inferiormente flanqueada por dos floreros de metal. El fondo, en la época, lo constituyen verdes paisajes de Bruselas con casitas que recuerdan las de Gante o las de Brujas, pero abundan los pintados pajarillos que unas veces semejan aves quietas y otras avesillas coloridas revoloteando entre molles y cantutas.
A todo esto las figuras humanas aparentan no moverse y sus rostros con frecuencia evidencian “expresión inexpresiva”, como si no se percatarán de su principal papel o lo tomaran con indiferencia. Los semblantes se apartan de los modelos renacentistas y, por así decirlo, se andinizan, las caras pierden su blancura y, conservando sus mejillas coloradas, se cobrizan. Mantienen sus facciones arias el Padre Eterno, san José y Melchor, el primero de los Reyes Magos, a quien exageran la calvicie. Pero los Cristos se oscurecen al contacto con la raza de caoba, la Virgen se hace Mamacha y Gaspar, el segundo de los Magos, se hace cholo de verdad. El último lugar entre todos los pintados corresponde a Baltazar, el tercero de los Magos, al que representan negro.
Los pintores logran realismo en los caballos y triunfan con los pájaros estilizados, pero fracasan estruendosamente con los animales nunca vistos: el león, el elefante, camellos y dromedarios. Estos últimos, aunque en pocas ocasiones, son reemplazados con llamas. Si la ambientación temática es fundamentalmente serrana (méstralo esa última cena de la Catedral en cuyo blanco mantel un cuy o una vizcacha hace veces de cordero junto a ajíes encendidos, orneados panecillos de maíz, y un grueso cántaro de chicha), no por ello se olvida a la selva y a la costa. La selva peruana, la Omagua de los Incas, termina reemplazando al bosque flamenco, emergiendo de su seno amazónico blancas y cobrizas Vírgenes con penachos de plumas; la costa menos policromada pero más marinera, está idealizada por galeras y barquillos que navegan el lagunas inspiradas en el mar.
La Escuela Cusqueña es el encuentro de Perú con Europa en un momento de comprensión artística con fundamento religioso y militar. No solamente están para demostrarlo los Arcángeles Arcabuceros sino también Santiago, el Apóstol del caballo blanco, hasta hoy identificado con el trueno en la mágica mentalidad de los andinos. La fusión de los dos mundos tendría su explicación en el hecho que hispana es la figura pero indio es el pintor.

"Dama" (Anónimo, Escuela Cuzqueña)
El oro, lo hemos visto, pareciera constituir a primera vista la nota más resaltante de la escuela Cusqueña. Sus lienzos exhiben Trinidades, Cristos, Niños, Vírgenes y santos con ropas llenas de oro. El buen estofador, ese que sigue los pliegues de las telas y respeta los bordes de los vestidos, es un dadivoso del color solar.
En esto del estafado o bracateado de oro cabe distinguir tres momentos: el bracateado llano, el brocateado en relieve y el brocateado fino que también llaman filigranado. El pintor indígena, antiguo creyente del Sol, hace imprimaciones de oro para dar sacralidad a los personajes relievados por la religión cristiana. A su vez, la figura central, con rigidez muy andina, está frecuentemente rodeada por una girnalda de flores si no inferiormente flanqueada por dos floreros de metal. El fondo, en la época, lo constituyen verdes paisajes de Bruselas con casitas que recuerdan las de Gante o las de Brujas, pero abundan los pintados pajarillos que unas veces semejan aves quietas y otras avesillas coloridas revoloteando entre molles y cantutas.
A todo esto las figuras humanas aparentan no moverse y sus rostros con frecuencia evidencian “expresión inexpresiva”, como si no se percatarán de su principal papel o lo tomaran con indiferencia. Los semblantes se apartan de los modelos renacentistas y, por así decirlo, se andinizan, las caras pierden su blancura y, conservando sus mejillas coloradas, se cobrizan. Mantienen sus facciones arias el Padre Eterno, san José y Melchor, el primero de los Reyes Magos, a quien exageran la calvicie. Pero los Cristos se oscurecen al contacto con la raza de caoba, la Virgen se hace Mamacha y Gaspar, el segundo de los Magos, se hace cholo de verdad. El último lugar entre todos los pintados corresponde a Baltazar, el tercero de los Magos, al que representan negro.
Los pintores logran realismo en los caballos y triunfan con los pájaros estilizados, pero fracasan estruendosamente con los animales nunca vistos: el león, el elefante, camellos y dromedarios. Estos últimos, aunque en pocas ocasiones, son reemplazados con llamas. Si la ambientación temática es fundamentalmente serrana (méstralo esa última cena de la Catedral en cuyo blanco mantel un cuy o una vizcacha hace veces de cordero junto a ajíes encendidos, orneados panecillos de maíz, y un grueso cántaro de chicha), no por ello se olvida a la selva y a la costa. La selva peruana, la Omagua de los Incas, termina reemplazando al bosque flamenco, emergiendo de su seno amazónico blancas y cobrizas Vírgenes con penachos de plumas; la costa menos policromada pero más marinera, está idealizada por galeras y barquillos que navegan el lagunas inspiradas en el mar.
La Escuela Cusqueña es el encuentro de Perú con Europa en un momento de comprensión artística con fundamento religioso y militar. No solamente están para demostrarlo los Arcángeles Arcabuceros sino también Santiago, el Apóstol del caballo blanco, hasta hoy identificado con el trueno en la mágica mentalidad de los andinos. La fusión de los dos mundos tendría su explicación en el hecho que hispana es la figura pero indio es el pintor.

"Dama" (Anónimo, Escuela Cuzqueña)
13/12/08: Artesanía del Cuzco
La artesanía cusqueña es una de las más ricas y variadas del Perú. Hablar de artesanía del Cuzco es hablar de su imaginería, donde destacan las representaciones del Niño Manuelito, en maguey o pasta sólida. El Manuelito o Niño Dios, símbolo de la navidad cusqueña, es expuesto en los Belenes de las casas desde el período virreinal. El divino infante siempre muestra un rostro claro, chaposo y melancólico y una cabeza cubierta de cabellos rizados, rubios o castaños. Es presentado en distintas posturas: reclinado con una túnica de terciopelo como si se dispusiera a gatear o sentado en su trono y llorando por el dolor que causa una espina clavada en su pie izquierdo. Cuando el Manuelito está sentado se le puede representar con sus potencias o con un sombrero. También, en esa misma posición, el Niño Jesús viste pantaloncillo de bayeta negra y chaleco y cinturón de colores. Algunas veces sostiene con la mano izquierda el globo del universo y con la derecha imparte la bendición.
Dentro de la estilizada imaginería también llaman la atención las figuras de Hilario y Geogina Mendívil, cuyos temas favoritos son casi siempre religiosos. Así por ejemplo, han logrado producir estatuillas de San Miguel Arcángel y de los personajes de la Natividad, todos con cuerpos alargados y con colores llamativos, lo que hace de estas piezas algo único en la artesanía cusqueña. Los Mendívil, viejos artesanos del barrio de San Blas, han impuesto un estilo oririginal y que ya se ha difundido por todo el Perú.
Las máscaras también ocupa un lugar importante en la artesanía del Cusco. Las máscaras, de barro cocido o de malla, son utilizadas en las fiestas patronales de Paucartambo y Pisac, y representan distintos personajes del imaginario popular andino, todos con una determinada personalidad, tales como: los cachudos "sajras" o diablos, los humildes "negros", los sobrios "chunchos", los arrogantes "majeños" y los narigones "doctorcitos".
Otro ramo de la artesanía del Cusco es su alfarería. Ella encierra varios elementos dignos de mención, como por ejemplo: las salamandras o jarras de forma ovoidal, y cuya asa, por lo general tiene forma de felino; los platos ornamentales con temas andinos, como paisajes de Macchu Picchu y Sacsayhuaman o tocapus de los incas; damajuanas para los aguardientes; y aríbalos que imitan a los del período incaico.
En madera, hay reproducciones de las tallas virreinales, cuyos temas son siempre de carácter religioso. Estas pueden conseguirse en las casas de artesanos del barrio de San Blas. Igualmente, destacan los palos de lluvia, de madera dura o carrizo, con figuras zoomorfas talladas y que contienen piedrecillas en su interior, de tal forma que su movimiento genera un ruido similar al de la lluvia.
En cera, los artesanos del Cusco producen velas de gran colorido y de interesantes formas, como las que tiene forma de cactus, de cilindros, y las largas, que sirven para las procesiones y fiestas patronales. También las hay chatas y gordas, y que por su forma se las ha llamado "tarros"; y otras cónicas con figurillas de peregrinos serranos, serpientes y camélidos peruanos.
Dentro de la artesanía, la juguetería ocupa un lugar. El caso de las muñecas de manto de bayeta rellenas de algodón, que representan a mujeres andinas con sus hijos son un buen ejemplo.
Finalmente, no pedemos dejar de mencionar la variedad de artículos que produce el arte textil cusqueño sobre la base de la lana de alpaca o de oveja, como: los coloridos tapices con escenas de paisajes del departamento, incas y carneros de la tierra; chullos, ponchos, chompas, bolsos, guantes, mitones, calcetines, boinas y chumpis o fajas de lana. En la textilería cusqueña destacan las llicllas o mantas que llevan las mujeres nativas para cubrirse la cabeza o los hombros, estas prendas ostentan siempre colores vivos y figuras geométricas, cuya combinación le dan gran belleza y originalidad.

Nacimiento de Hilario Mendívil
Dentro de la estilizada imaginería también llaman la atención las figuras de Hilario y Geogina Mendívil, cuyos temas favoritos son casi siempre religiosos. Así por ejemplo, han logrado producir estatuillas de San Miguel Arcángel y de los personajes de la Natividad, todos con cuerpos alargados y con colores llamativos, lo que hace de estas piezas algo único en la artesanía cusqueña. Los Mendívil, viejos artesanos del barrio de San Blas, han impuesto un estilo oririginal y que ya se ha difundido por todo el Perú.
Las máscaras también ocupa un lugar importante en la artesanía del Cusco. Las máscaras, de barro cocido o de malla, son utilizadas en las fiestas patronales de Paucartambo y Pisac, y representan distintos personajes del imaginario popular andino, todos con una determinada personalidad, tales como: los cachudos "sajras" o diablos, los humildes "negros", los sobrios "chunchos", los arrogantes "majeños" y los narigones "doctorcitos".
Otro ramo de la artesanía del Cusco es su alfarería. Ella encierra varios elementos dignos de mención, como por ejemplo: las salamandras o jarras de forma ovoidal, y cuya asa, por lo general tiene forma de felino; los platos ornamentales con temas andinos, como paisajes de Macchu Picchu y Sacsayhuaman o tocapus de los incas; damajuanas para los aguardientes; y aríbalos que imitan a los del período incaico.
En madera, hay reproducciones de las tallas virreinales, cuyos temas son siempre de carácter religioso. Estas pueden conseguirse en las casas de artesanos del barrio de San Blas. Igualmente, destacan los palos de lluvia, de madera dura o carrizo, con figuras zoomorfas talladas y que contienen piedrecillas en su interior, de tal forma que su movimiento genera un ruido similar al de la lluvia.
En cera, los artesanos del Cusco producen velas de gran colorido y de interesantes formas, como las que tiene forma de cactus, de cilindros, y las largas, que sirven para las procesiones y fiestas patronales. También las hay chatas y gordas, y que por su forma se las ha llamado "tarros"; y otras cónicas con figurillas de peregrinos serranos, serpientes y camélidos peruanos.
Dentro de la artesanía, la juguetería ocupa un lugar. El caso de las muñecas de manto de bayeta rellenas de algodón, que representan a mujeres andinas con sus hijos son un buen ejemplo.
Finalmente, no pedemos dejar de mencionar la variedad de artículos que produce el arte textil cusqueño sobre la base de la lana de alpaca o de oveja, como: los coloridos tapices con escenas de paisajes del departamento, incas y carneros de la tierra; chullos, ponchos, chompas, bolsos, guantes, mitones, calcetines, boinas y chumpis o fajas de lana. En la textilería cusqueña destacan las llicllas o mantas que llevan las mujeres nativas para cubrirse la cabeza o los hombros, estas prendas ostentan siempre colores vivos y figuras geométricas, cuya combinación le dan gran belleza y originalidad.

Nacimiento de Hilario Mendívil
12/12/08: Gastronomía cuzqueña (3)
LOS DULCES.- Entre los más representativos tenemos:
Calabaza.- El dulce de calabaza es uno de los postres más tradicionales entre las familias cusqueñas. La calabaza debidamente cortada y picada en finos trozos es hervida en agua azucarada y aromatizada con palitos de canela y clavo de olor. Luego se le agrega leche simple o condensada, y se espera que tome su punto de ebullición hasta que se convierta en mazamorra.
Coquitos.- Los coquitos son pequeñas bolas de manjarblanco endurecido en forma de pepa de melocotón, preparadas con clavo de olor y espolvoreadas con canela molida. Posteriormente, las bolas del manjar de leche son bañadas en coco rayado, de allí su nombre de "coquitos".
Dulce de Frutilla.- Es un dulce estacional, ya que la frutilla crece en el valle de Urubamba entre diciembre y febrero. Su preparación requiere de la extracción de su colita y de la posterior cocción en azúcar en un perol de cobre. Luego, ya formada la jalea se sirve en pequeñas porciones acompañada de nata de leche.
Dulce de Tomate.- Este postre se prepara con tomates de Quillabamba, los que son hervidos en agua con canela, anís y clavo de olor. Una vez que se logra su total cocción, es servido en pequeñas porciones y espolvoreado con canela molida.
Empanada de Semana Santa.- Su nombre puede confundir al visitante con un pastel salado. La empanada es un pastelillo de forma plana y rectangular, y cuya preparación requiere lograr una masa de harina, manteca, canela y azúcar molida, deberá ser aplastada y horneada sobre un papel. La empana siempre se presenta con una cobertura de yemas y grajeas.
Guisado.- Consiste en una compota de melocotones. Se prepara hirviendo la fruta con agua y azúcar hasta que se logre el almíbar con el que se sirve este postre. Es postre de Lunes Santo. Los cusqueños acostumbran comerlo después de la procesión del Señor de los Temblores.
Maná.- El maná es maíz reventado y endulzado con azúcar pulverizada. Es uno de las golosinas más populares, pues se le puede adquirir empaquetado en las calles del Cusco y Písac.
Manzanas con Chancaca.- Se preparan sobre la base de manzanas verdes sin pelar las que son depositadas en una olla. Luego se le agrega agua y se les hace hervir con clavo y anís. Una vez que la mezcla logra su punto de ebullición se añaden trozos de chancaca para darle dulzura.
Mixtura.- Es un sencillo dulce preparado sobre la base de melocotones y manzanas cortadas en finas tiras, las que se cocinan en azúcar y agua hasta que lograr su total acaramelado. Este postre siempre se debe servir caliente.
Suspiros.- Son pequeños merengues o "bolados", que se logran con claras de huevo, azúcar y unas gotitas de limón. Su preparación requiere que la clara batida se hornee y se le agreguee grageas para su adorno.
LA PANADERIA.- La riqueza cultural del Cusco también se descubre en sus panes, todos, horneados con leña de eucalipto, y cuya combustión le da un sabor y aroma únicos. La localidad de mayor renombre por su panadería es el distrito de Oropesa, enclavado en la provincia de Quispicanchi. Allí, sus habitantes preparan gran parte del pan que se vende en la capital del departamento. En los últimos años, los oropesanos han instituído la celebración del "Tanta Raymi" o fiesta del pan. Cada setiembre, sus pobladores evocan, curiosamente, el pasado prehispánico del pan, pues un vecino, que representa al inca, se viste con "uncu" y "mascaipacha" y ofrece, al pueblo, a manera de comunión, unos bollos de harina de maíz mezclada con sangre de llama. Concluído el ritual indígena, hacen su aparición los conquistadores españoles, trajeados de coracinas y morriones, quienes se imponen simbólicamente sobre los quechuas con sus espigas de trigo. El "Tanta Raymi" continúa con un concurso, en el que se premia a aquellos que presenten la chuta más grande. Justamente, esta pieza por su buen sabor y gran tamaño es el rey de los panes. Su masa se logra con harina de trigo, levadura, afrechillo, manteca, vainilla y anís. Por lo general, su cocción se lleva a cabo en el piso del horno. Una vez listo, la hogaza puede llegar a alcanzar hasta para veinte personas. Otro pan digno de destacar el mollete, preparado con afrecho, lo que permite su consumo por parte de los que están sometidos a algún régimen diétetico. Vale la pena, probar la rejilla, también de Oropesa, que es pan dulzón y mantecoso. En la misma ciudad del Cusco podrá consumir las tortas, de azúcar, levadura, manteca y palillo, las que son barnizadas con leche para darle brillo. Identico baño recibe el caracol. El nombre se debe a su forma enrollada de gasterópodo e incluye, además de harina de trigo, levadura y huevos, tintes vegetales. Una hogaza sabrosa y de buen tamaño es el pan de Jurka, amasado con manteca de cerdo, mantequilla y huevos, y adornado con anís. Aquellos que se deleiten descubriendo formas, sabrán apreciar los churros con corazón, de leche, levadura y huevo, que una vez horneados son similares a un corazón estilizado. Las estrellas, del aspecto que indica su nombre, encierra los mismo ingredientes del anterior pan. Los maizillos, que se venden en unidades pequeñas en el mercado de la capital cusqueña, son panecillos de harina de maíz, manteca, mandioca, leche, azúcar. Ya cocinados, son pintados con el pigmento, procedente de las semillas del airampo, planta cactácea que crece sobre las rocas en la región Quechua. Finalmente, las yemas, que son panes de huevo, leche y azúcar, y que se expenden en pequeñas unidades, coronan al Cusco como una de las regiones de mejor panadería del Perú.

Mercado del Cuzco
Calabaza.- El dulce de calabaza es uno de los postres más tradicionales entre las familias cusqueñas. La calabaza debidamente cortada y picada en finos trozos es hervida en agua azucarada y aromatizada con palitos de canela y clavo de olor. Luego se le agrega leche simple o condensada, y se espera que tome su punto de ebullición hasta que se convierta en mazamorra.
Coquitos.- Los coquitos son pequeñas bolas de manjarblanco endurecido en forma de pepa de melocotón, preparadas con clavo de olor y espolvoreadas con canela molida. Posteriormente, las bolas del manjar de leche son bañadas en coco rayado, de allí su nombre de "coquitos".
Dulce de Frutilla.- Es un dulce estacional, ya que la frutilla crece en el valle de Urubamba entre diciembre y febrero. Su preparación requiere de la extracción de su colita y de la posterior cocción en azúcar en un perol de cobre. Luego, ya formada la jalea se sirve en pequeñas porciones acompañada de nata de leche.
Dulce de Tomate.- Este postre se prepara con tomates de Quillabamba, los que son hervidos en agua con canela, anís y clavo de olor. Una vez que se logra su total cocción, es servido en pequeñas porciones y espolvoreado con canela molida.
Empanada de Semana Santa.- Su nombre puede confundir al visitante con un pastel salado. La empanada es un pastelillo de forma plana y rectangular, y cuya preparación requiere lograr una masa de harina, manteca, canela y azúcar molida, deberá ser aplastada y horneada sobre un papel. La empana siempre se presenta con una cobertura de yemas y grajeas.
Guisado.- Consiste en una compota de melocotones. Se prepara hirviendo la fruta con agua y azúcar hasta que se logre el almíbar con el que se sirve este postre. Es postre de Lunes Santo. Los cusqueños acostumbran comerlo después de la procesión del Señor de los Temblores.
Maná.- El maná es maíz reventado y endulzado con azúcar pulverizada. Es uno de las golosinas más populares, pues se le puede adquirir empaquetado en las calles del Cusco y Písac.
Manzanas con Chancaca.- Se preparan sobre la base de manzanas verdes sin pelar las que son depositadas en una olla. Luego se le agrega agua y se les hace hervir con clavo y anís. Una vez que la mezcla logra su punto de ebullición se añaden trozos de chancaca para darle dulzura.
Mixtura.- Es un sencillo dulce preparado sobre la base de melocotones y manzanas cortadas en finas tiras, las que se cocinan en azúcar y agua hasta que lograr su total acaramelado. Este postre siempre se debe servir caliente.
Suspiros.- Son pequeños merengues o "bolados", que se logran con claras de huevo, azúcar y unas gotitas de limón. Su preparación requiere que la clara batida se hornee y se le agreguee grageas para su adorno.
LA PANADERIA.- La riqueza cultural del Cusco también se descubre en sus panes, todos, horneados con leña de eucalipto, y cuya combustión le da un sabor y aroma únicos. La localidad de mayor renombre por su panadería es el distrito de Oropesa, enclavado en la provincia de Quispicanchi. Allí, sus habitantes preparan gran parte del pan que se vende en la capital del departamento. En los últimos años, los oropesanos han instituído la celebración del "Tanta Raymi" o fiesta del pan. Cada setiembre, sus pobladores evocan, curiosamente, el pasado prehispánico del pan, pues un vecino, que representa al inca, se viste con "uncu" y "mascaipacha" y ofrece, al pueblo, a manera de comunión, unos bollos de harina de maíz mezclada con sangre de llama. Concluído el ritual indígena, hacen su aparición los conquistadores españoles, trajeados de coracinas y morriones, quienes se imponen simbólicamente sobre los quechuas con sus espigas de trigo. El "Tanta Raymi" continúa con un concurso, en el que se premia a aquellos que presenten la chuta más grande. Justamente, esta pieza por su buen sabor y gran tamaño es el rey de los panes. Su masa se logra con harina de trigo, levadura, afrechillo, manteca, vainilla y anís. Por lo general, su cocción se lleva a cabo en el piso del horno. Una vez listo, la hogaza puede llegar a alcanzar hasta para veinte personas. Otro pan digno de destacar el mollete, preparado con afrecho, lo que permite su consumo por parte de los que están sometidos a algún régimen diétetico. Vale la pena, probar la rejilla, también de Oropesa, que es pan dulzón y mantecoso. En la misma ciudad del Cusco podrá consumir las tortas, de azúcar, levadura, manteca y palillo, las que son barnizadas con leche para darle brillo. Identico baño recibe el caracol. El nombre se debe a su forma enrollada de gasterópodo e incluye, además de harina de trigo, levadura y huevos, tintes vegetales. Una hogaza sabrosa y de buen tamaño es el pan de Jurka, amasado con manteca de cerdo, mantequilla y huevos, y adornado con anís. Aquellos que se deleiten descubriendo formas, sabrán apreciar los churros con corazón, de leche, levadura y huevo, que una vez horneados son similares a un corazón estilizado. Las estrellas, del aspecto que indica su nombre, encierra los mismo ingredientes del anterior pan. Los maizillos, que se venden en unidades pequeñas en el mercado de la capital cusqueña, son panecillos de harina de maíz, manteca, mandioca, leche, azúcar. Ya cocinados, son pintados con el pigmento, procedente de las semillas del airampo, planta cactácea que crece sobre las rocas en la región Quechua. Finalmente, las yemas, que son panes de huevo, leche y azúcar, y que se expenden en pequeñas unidades, coronan al Cusco como una de las regiones de mejor panadería del Perú.

Mercado del Cuzco
11/12/08: Gastronomía cuzqueña (2)
Platos típicos.- Entre los más renombrados que el visitante puede encontrar en las picanterías o en restaurantes turísticos de comida tradicional, tenemos:
1. Entradas.- Soltero de cuchicara o ensalada de pellejo de chancho (habas, zanahorias, cebola, tomate y pellejo de chanco); ceso arrebosado (ceso de cordero arrebosado con harina, huevo y perejil); rocoto relleno de carne; soltero de habas (habas, queso serrano y cochayuyo o algas de lago); escabeche con patitas; ensalada de tarwi (con zanahoria y cebolla); cebiche de pejerrey (pez de lago, más grande que el pejerrey marino); cebiche de trucha; tamal cuzqueño (maíz molido con manteca de chancho y huevo); quinua atamalada (se sirve con colas de cangrejo, aceitunas negras, trozos de queso fresco y huevo duro); choclos saltados (se sirven con salsa de tomate o mayonesa); ensalada de choclos (con cebollita china, pimiento, mayonesa y salsa de tomate).
2. Sopas y cremas.- Saralawa (crema de maíz); chuñulawa (crema de chuño); sopa de lisa (tubérculo parecido a la papa que se cocina con habas, apio, col, repollo y carne de cordero); chupe de quinua (lleva quinua, repollo, carnede cordero, zanahoria y habas); capchi de habas (crema de habas, papas y queso); yuyucha (crema a base de una planta de lago parecida al pimiento y de consistencia gelatinosa); patasca (sopa de carne de res, mondongo, cebolla, papas, perejil blanco y especias). Otras sopas no tan conocidas son la sopa de queso, la cazuela de cordero, el patachi (con trigo, chanco y queso fresco), la sopa de ollucos (con papas, habas verdes y queso desmenuzado) y el chupe de papa seca.
3. Platos de fondo.- La variedad es sorprendente, aunque podríamos citar el adobo (carne de chancho, cebolla, ají y especias), el asado de cordero, el lechón al horno, el chicharrón de chancho con papas, el conocidísimo olluquito con charqui, la lengua de res atomatada, la trucha (frita, y al horno) y el cuy al horno. Menos difundidos son el ajiaco de papas (se cocinan con cebollas, especies, leche y queso fresco); las habas guisadas (con papas, tomates, ají y especias); el conejo al horno con papas o el conejo chactado; y el picante de yuyo (cocido con papas, decolla, ajos, ají y huacatay), entre otros.
4. Bebidas y tragos.- La chicha de maíz o "chicha de jora" es recomendable consumirla en lugares donde no tenga mucho tiempo de fermentación y las condiciones higiénicas sean aceptables. Es la bebida tradicional del poblador andino. También tenemos la "Cerveza Cuzqueña" que, según los entendidos, es la mejor que se fabrica en el país; su calidad está reconocida internacionalmente. De otro lado, entre los "tragos" que ofrecen los bares o pubs no hay alguno que pueda considerarse típico del lugar. Los gustos van cambiando y los aperituvos también aunque hemos podido registrar el "machupichu" (pisco, jarabe de granadina, menta y jugo de naranja), el "inca de oro" (ron dorado, hielo, Inka Kola y crema hecha con clara de huevo, azúcar y limón) y el llamado "beso de la ñusta" (vodka, gin, jarabe de granadina, gasesosa blanca o ginger ale, crema de clara de huevo y canela).
5. Cultivos andinos en la mesa.- Queremos por último reseñar tres cultivos que formaron -junto a la mundialmente conocida papa- la base alimentaria de las poblaciones andinas durante el incanato; hoy también forman parte esencial en la preparación de algunos platos típicos aunque combinados con ingredientes de procedencia europea. Nos referimos al tarwi, la quinua y la kiwicha.
Tarwi.- Es un grano que tiene un alto contenido de proteína y grasa. Es amargo por contener alcaloides y es fácil de encontrarlo en los mercados ya sea fresco, seco o en harina. Con él se pueden preparar hamburguesas (con carne molida), solteritos (con mote, zanahoria, lechuga, tomate, cebolla, queso, limón, aceite y especias), saltado (con cebolla, tomate, papas fritas y arroz), escabeche, albóndigas, soufflé, humitas, tortillas, sopa de maíz con harina de tarwi, puré, entre otros platos.
Quínua.- Grano rico en proteínas y en minerales como el calcio, fósforo, potasio. Su verdadero valor está en la calidad de su proteína, pues posee mayor proporción de aminoácidos superando al trigo, la cebada, el maíz o el arroz. Es ingrediente básico en platos como la quínua graneada (con cebolla, ajo y palillo molido) y la quínua a la jardinera (con cebolla, arvejita, perejil, zanahoria, huevo, aceituna, papa y especias), por ejemplo; además es conocido el pan y las galletas con harina de quínua. Existe incluso la chicha de quínua.
Kiwicha.- Otro grano andino, parecido a la quínua pero más pequeño, y rico en proteínas, minerales (calcio, fósforo, hierro) y vitaminas. Por su tamaño y dureza es necesario tostarlo para facilitar su molienda. La kiwicha tostada puede consumirse directamente a manera de cancha de maíz y acompañarla a cualquie bebida fría o caliente. Con ella se preparan turrones, pan, galletas, torrejas, mazamorras, tortas y humitas.

Ensalada de tarwi o chocho
1. Entradas.- Soltero de cuchicara o ensalada de pellejo de chancho (habas, zanahorias, cebola, tomate y pellejo de chanco); ceso arrebosado (ceso de cordero arrebosado con harina, huevo y perejil); rocoto relleno de carne; soltero de habas (habas, queso serrano y cochayuyo o algas de lago); escabeche con patitas; ensalada de tarwi (con zanahoria y cebolla); cebiche de pejerrey (pez de lago, más grande que el pejerrey marino); cebiche de trucha; tamal cuzqueño (maíz molido con manteca de chancho y huevo); quinua atamalada (se sirve con colas de cangrejo, aceitunas negras, trozos de queso fresco y huevo duro); choclos saltados (se sirven con salsa de tomate o mayonesa); ensalada de choclos (con cebollita china, pimiento, mayonesa y salsa de tomate).
2. Sopas y cremas.- Saralawa (crema de maíz); chuñulawa (crema de chuño); sopa de lisa (tubérculo parecido a la papa que se cocina con habas, apio, col, repollo y carne de cordero); chupe de quinua (lleva quinua, repollo, carnede cordero, zanahoria y habas); capchi de habas (crema de habas, papas y queso); yuyucha (crema a base de una planta de lago parecida al pimiento y de consistencia gelatinosa); patasca (sopa de carne de res, mondongo, cebolla, papas, perejil blanco y especias). Otras sopas no tan conocidas son la sopa de queso, la cazuela de cordero, el patachi (con trigo, chanco y queso fresco), la sopa de ollucos (con papas, habas verdes y queso desmenuzado) y el chupe de papa seca.
3. Platos de fondo.- La variedad es sorprendente, aunque podríamos citar el adobo (carne de chancho, cebolla, ají y especias), el asado de cordero, el lechón al horno, el chicharrón de chancho con papas, el conocidísimo olluquito con charqui, la lengua de res atomatada, la trucha (frita, y al horno) y el cuy al horno. Menos difundidos son el ajiaco de papas (se cocinan con cebollas, especies, leche y queso fresco); las habas guisadas (con papas, tomates, ají y especias); el conejo al horno con papas o el conejo chactado; y el picante de yuyo (cocido con papas, decolla, ajos, ají y huacatay), entre otros.
4. Bebidas y tragos.- La chicha de maíz o "chicha de jora" es recomendable consumirla en lugares donde no tenga mucho tiempo de fermentación y las condiciones higiénicas sean aceptables. Es la bebida tradicional del poblador andino. También tenemos la "Cerveza Cuzqueña" que, según los entendidos, es la mejor que se fabrica en el país; su calidad está reconocida internacionalmente. De otro lado, entre los "tragos" que ofrecen los bares o pubs no hay alguno que pueda considerarse típico del lugar. Los gustos van cambiando y los aperituvos también aunque hemos podido registrar el "machupichu" (pisco, jarabe de granadina, menta y jugo de naranja), el "inca de oro" (ron dorado, hielo, Inka Kola y crema hecha con clara de huevo, azúcar y limón) y el llamado "beso de la ñusta" (vodka, gin, jarabe de granadina, gasesosa blanca o ginger ale, crema de clara de huevo y canela).
5. Cultivos andinos en la mesa.- Queremos por último reseñar tres cultivos que formaron -junto a la mundialmente conocida papa- la base alimentaria de las poblaciones andinas durante el incanato; hoy también forman parte esencial en la preparación de algunos platos típicos aunque combinados con ingredientes de procedencia europea. Nos referimos al tarwi, la quinua y la kiwicha.
Tarwi.- Es un grano que tiene un alto contenido de proteína y grasa. Es amargo por contener alcaloides y es fácil de encontrarlo en los mercados ya sea fresco, seco o en harina. Con él se pueden preparar hamburguesas (con carne molida), solteritos (con mote, zanahoria, lechuga, tomate, cebolla, queso, limón, aceite y especias), saltado (con cebolla, tomate, papas fritas y arroz), escabeche, albóndigas, soufflé, humitas, tortillas, sopa de maíz con harina de tarwi, puré, entre otros platos.
Quínua.- Grano rico en proteínas y en minerales como el calcio, fósforo, potasio. Su verdadero valor está en la calidad de su proteína, pues posee mayor proporción de aminoácidos superando al trigo, la cebada, el maíz o el arroz. Es ingrediente básico en platos como la quínua graneada (con cebolla, ajo y palillo molido) y la quínua a la jardinera (con cebolla, arvejita, perejil, zanahoria, huevo, aceituna, papa y especias), por ejemplo; además es conocido el pan y las galletas con harina de quínua. Existe incluso la chicha de quínua.
Kiwicha.- Otro grano andino, parecido a la quínua pero más pequeño, y rico en proteínas, minerales (calcio, fósforo, hierro) y vitaminas. Por su tamaño y dureza es necesario tostarlo para facilitar su molienda. La kiwicha tostada puede consumirse directamente a manera de cancha de maíz y acompañarla a cualquie bebida fría o caliente. Con ella se preparan turrones, pan, galletas, torrejas, mazamorras, tortas y humitas.

Ensalada de tarwi o chocho
10/12/08: Gastronomía cuzqueña (1)
Por su peso histórico e importancia cultural hoy el Cusco es lugar de síntesis o encuentro de casi toda la tradición culinaria andina. Una cocina que se remonta a los platos preparados por los antiguos peruanos y que se enriquecieron con el aporte de ingredientes y recetas traídas por los españoles desde el siglo XVI. Por eso en el Cuzco el visitante puede encontrar muchas bebidas y comidas tradicionales más que en cualquier otro departamento del Perú quizás. La presencia de viejas picanterías o chicherías tanto en la ciudad del Cuzco como en los pueblos del interior son el marco de esta rica tradición que sus pobladores siguen cultivando a pesar de la llegada masiva de comida internacional por el fenómeno turístico.
Las picanterías.- Es el poblador común quien se da cita en la picantería a volcar su espíritu cotidianamente al calor de la espumante chicha o de una cerveza al tiempo y de los platos que se ofrecen en los pequeños pizarrines. Estos "platos extras" pueden ser adobo -que en realidad se sirve en toda la sierra-, albóndigas, bistek a la olla, arroz con carne, cabeza con caldo, carne mechada, conejo, costillar, choclo con queso, estofado de gallina o de lengua, lengua guisada, locro de pecho, patitas con caldo, olluquito con charqui, pescce de quinua, sesos, tallarines, tripas o ubre empanada. Este menú puede variar de una estación a otra, aunque hemos tratado de reseñar los llamados "infaltables". Estos pequeños restaurantes o fondas se ubican dentro de la ciudad, tienen nombre y cartel o letrero. Sus clientes son mestizos, pequeños comerciantes o artesanos, y brinda algunas "comodidades" como mesas bien dispuestas y asientos, el clásico juego de "sapo" o "león", una eventual orquesta típica o un radio que emite huaynos o incluso música moderna.
Las chicherías.- Ellas se distinguen por llevar una señal consistente en un mástil con haz de hierbas o flores y se ubican en los puntos de salida de un pueblo o en algún cruce de carreteras; la mayoría de sus clientes son gente lugareña. Una chichería sólo puede ofrecer una mesita patileca, sucia y sin mantel. Los parroquianos beben su vaso de chicha al calor de un fogón ennegrecido por el humo de la leña ardiendo. Generalmente, una mujer es la que sirve en platillos despostillados y diminutos lo poco que puede ofrecer: papas, mote, ají molido y chicharrón de chancho. En algunas se pueden distinguir conejos o cuyes vivaces cabreando los pies de la anfitriona. Más allá otra humilde mesita con vasos a medio beber y dos borrachos por ahí canturreando un huayno o diciendo "salud". Un cuzqueño diría que la chichería encarna el verdadero espíritu del pueblo pues en ella vuelan las palabras, se comentan las noticias o chismes locales, se dicen los últimos chistes o galanterías populares hasta que, llegada la noche, canta una guitarra y se empiezan a servir las primeras copas de aguardiente.

Juego del sapo en una chichería del Cuzco (foto de Martín Chambi)
Las picanterías.- Es el poblador común quien se da cita en la picantería a volcar su espíritu cotidianamente al calor de la espumante chicha o de una cerveza al tiempo y de los platos que se ofrecen en los pequeños pizarrines. Estos "platos extras" pueden ser adobo -que en realidad se sirve en toda la sierra-, albóndigas, bistek a la olla, arroz con carne, cabeza con caldo, carne mechada, conejo, costillar, choclo con queso, estofado de gallina o de lengua, lengua guisada, locro de pecho, patitas con caldo, olluquito con charqui, pescce de quinua, sesos, tallarines, tripas o ubre empanada. Este menú puede variar de una estación a otra, aunque hemos tratado de reseñar los llamados "infaltables". Estos pequeños restaurantes o fondas se ubican dentro de la ciudad, tienen nombre y cartel o letrero. Sus clientes son mestizos, pequeños comerciantes o artesanos, y brinda algunas "comodidades" como mesas bien dispuestas y asientos, el clásico juego de "sapo" o "león", una eventual orquesta típica o un radio que emite huaynos o incluso música moderna.
Las chicherías.- Ellas se distinguen por llevar una señal consistente en un mástil con haz de hierbas o flores y se ubican en los puntos de salida de un pueblo o en algún cruce de carreteras; la mayoría de sus clientes son gente lugareña. Una chichería sólo puede ofrecer una mesita patileca, sucia y sin mantel. Los parroquianos beben su vaso de chicha al calor de un fogón ennegrecido por el humo de la leña ardiendo. Generalmente, una mujer es la que sirve en platillos despostillados y diminutos lo poco que puede ofrecer: papas, mote, ají molido y chicharrón de chancho. En algunas se pueden distinguir conejos o cuyes vivaces cabreando los pies de la anfitriona. Más allá otra humilde mesita con vasos a medio beber y dos borrachos por ahí canturreando un huayno o diciendo "salud". Un cuzqueño diría que la chichería encarna el verdadero espíritu del pueblo pues en ella vuelan las palabras, se comentan las noticias o chismes locales, se dicen los últimos chistes o galanterías populares hasta que, llegada la noche, canta una guitarra y se empiezan a servir las primeras copas de aguardiente.

Juego del sapo en una chichería del Cuzco (foto de Martín Chambi)
09/12/08: La batalla de Ayacucho
Un día como hoy se llevó a cabo la célebre batalla de Ayacucho en la Pampa de la Quinua; en ella se selló la independencia del Perú y de la América meridional. La ocasión merece recordar algunos pasajes de las meditaciones que hizo el historiador José de la Riva-Agüero y Osma (recopiladas en "Paisajes peruanos") cuando pasó por este hermoso paraje, allá en 1912:
En la quieta y larga gestación de la Colonia, el proceso de nuestra unidad fue el callado efecto de la convivencia y el cruce de razas; pero, realizada la emancipación, se imponía, como deber imperiosísimo, acelerar aquel ritmo, apresurar la amalgama de costumbres y sentimientos, extenderla de lo mecánico e irreflexivo a lo mental y consciente, y darle intensidad, relieve y resonancia en el seno de una clase directiva, compuesta por amplia y juiciosa selección. Sin esto el Perú había de carecer infaliblemente de idealidad salvadora; y desprovisto de rumbos, flotar a merced de caprichos efímeros, de minúsculas intrigas personales, y el azar de contingencias e impulsiones extranjeras. Y aún más se advirtió la urgente necesidad de aquella clase directiva, centro y sostén de todo pueblo, con el establecimiento de la república democrática, que la supone y reclama, porque privada de la guía y disciplina de los mejores, tiende a degenerar por grados en anarquía bárbara, en mediocridad grisácea y burda, y en inerme y emasculada abyección. Nuestra mayor desgracia fue que el núcleo superior jamás se constituyera debidamente.

Crepúsculo en la Pampa de la Quinua (foto: Juan Luis Orrego)
¿Quiénes, en efecto, se aprestaban a gobernar la república recién nacida? ¡Pobre aristocracia colonial, pobre boba nobleza limeña, incapaz de toda idea y de todo esfuerzo! En el vacío que su ineptitud dejó, se levantaron los caudillos militares. Pretorianos auténticos, nunca supieron fjar sostenidamente la mirada y la atención en las fronteras. Héroes de rebeliones y golpes de estado, de pronunciamientos y cuarteladas, el ejército en sus manos fue, no la augusta imagen de la unión patria, la garantía contra los extranjeros, el eficaz instrumento de prestigio e influencia sobre los países vecinos, sino la plapitante y desgarrada presa de las facciones, la manchada arma fratricida de discordias internas, la vana apariencia de las pañabras y los ademanes quijotescos, no oculta en esos jefes el fondo de vulgares apetitos. Absortos en sus enredos personalistas, ávidos de oro y de mando, sus ofuscadas inteligencias no pudieron reconocer ni sus estragados corazones presentior los fines supremos de la nacionalidad; y cuando por excepción alguno acertó en servirlos, todos los émulos se conjuraron para derribarlo, y lo ofrecieron maniantado al enemigo extranjero. Así se frustraron miserablemente las dos altas empresas nacionales, la de La Mar el 28 y la de Santa Cruz el 36.

Pampa de la Quinua (foto: Juan Luis Orrego)
Por bajo de la ignara y revoltosa oligarquía militar, alimentándose de sus concupiscencias y dispendios, y junto a la menguada turba abogadil de sus cómplices y acólitos, fue creciendo una nueva clase directora, que correspondió y pretendió reproducir a la gran burguesía europea. ¡Cuán endeble y relajado se mostró els entimiento patriótico en la mayoría de estos burguese criollos! En el alma de tales negocientes enriquecidos ¡qué incomprensión de las seculares tradiciones peruanas, qué estúpido y suicida desdén por todo lo coterráneo, qué sórdido y fenicio egoísmo! ¡Para ellos nuestro país fue, más que nación, factoría`productiva; e incapaces de apreciar la majestad de la idea de patria, se avergonzaban luego en Europa, con el más vilñ rastacuerismo, de su condición de peruanos, a la que debieron cuanto eran y tenían! Con semejantes vclases superiores, nos halló la guerra de Chile; y en la confusión de la derrota, acabó el festín de Baltasar. Después, el negro silencio, la convalescencia pálida, el anodinismo escéptico, las ínfimas rencillas, el marasmo, la triste procesión de las larvas grises...

Pampa de la Quinua (foto: Juan Luis Orrego)
PD: Qué poco ha cambiado nuestra burguesía o clase dirigente...
En la quieta y larga gestación de la Colonia, el proceso de nuestra unidad fue el callado efecto de la convivencia y el cruce de razas; pero, realizada la emancipación, se imponía, como deber imperiosísimo, acelerar aquel ritmo, apresurar la amalgama de costumbres y sentimientos, extenderla de lo mecánico e irreflexivo a lo mental y consciente, y darle intensidad, relieve y resonancia en el seno de una clase directiva, compuesta por amplia y juiciosa selección. Sin esto el Perú había de carecer infaliblemente de idealidad salvadora; y desprovisto de rumbos, flotar a merced de caprichos efímeros, de minúsculas intrigas personales, y el azar de contingencias e impulsiones extranjeras. Y aún más se advirtió la urgente necesidad de aquella clase directiva, centro y sostén de todo pueblo, con el establecimiento de la república democrática, que la supone y reclama, porque privada de la guía y disciplina de los mejores, tiende a degenerar por grados en anarquía bárbara, en mediocridad grisácea y burda, y en inerme y emasculada abyección. Nuestra mayor desgracia fue que el núcleo superior jamás se constituyera debidamente.

Crepúsculo en la Pampa de la Quinua (foto: Juan Luis Orrego)
¿Quiénes, en efecto, se aprestaban a gobernar la república recién nacida? ¡Pobre aristocracia colonial, pobre boba nobleza limeña, incapaz de toda idea y de todo esfuerzo! En el vacío que su ineptitud dejó, se levantaron los caudillos militares. Pretorianos auténticos, nunca supieron fjar sostenidamente la mirada y la atención en las fronteras. Héroes de rebeliones y golpes de estado, de pronunciamientos y cuarteladas, el ejército en sus manos fue, no la augusta imagen de la unión patria, la garantía contra los extranjeros, el eficaz instrumento de prestigio e influencia sobre los países vecinos, sino la plapitante y desgarrada presa de las facciones, la manchada arma fratricida de discordias internas, la vana apariencia de las pañabras y los ademanes quijotescos, no oculta en esos jefes el fondo de vulgares apetitos. Absortos en sus enredos personalistas, ávidos de oro y de mando, sus ofuscadas inteligencias no pudieron reconocer ni sus estragados corazones presentior los fines supremos de la nacionalidad; y cuando por excepción alguno acertó en servirlos, todos los émulos se conjuraron para derribarlo, y lo ofrecieron maniantado al enemigo extranjero. Así se frustraron miserablemente las dos altas empresas nacionales, la de La Mar el 28 y la de Santa Cruz el 36.

Pampa de la Quinua (foto: Juan Luis Orrego)
Por bajo de la ignara y revoltosa oligarquía militar, alimentándose de sus concupiscencias y dispendios, y junto a la menguada turba abogadil de sus cómplices y acólitos, fue creciendo una nueva clase directora, que correspondió y pretendió reproducir a la gran burguesía europea. ¡Cuán endeble y relajado se mostró els entimiento patriótico en la mayoría de estos burguese criollos! En el alma de tales negocientes enriquecidos ¡qué incomprensión de las seculares tradiciones peruanas, qué estúpido y suicida desdén por todo lo coterráneo, qué sórdido y fenicio egoísmo! ¡Para ellos nuestro país fue, más que nación, factoría`productiva; e incapaces de apreciar la majestad de la idea de patria, se avergonzaban luego en Europa, con el más vilñ rastacuerismo, de su condición de peruanos, a la que debieron cuanto eran y tenían! Con semejantes vclases superiores, nos halló la guerra de Chile; y en la confusión de la derrota, acabó el festín de Baltasar. Después, el negro silencio, la convalescencia pálida, el anodinismo escéptico, las ínfimas rencillas, el marasmo, la triste procesión de las larvas grises...

Pampa de la Quinua (foto: Juan Luis Orrego)
PD: Qué poco ha cambiado nuestra burguesía o clase dirigente...
Se trata de una obra conmemorativa por el Octogésimo Aniversario del Intituto Panamericano de Geografía e Historia, organismo especializado de la Organización de Estados Americanos, editada por Maria Cristina Mineiro, Presidenta de la Comisión de Historia, y Francisco Enríquez Solano, Editor de Revista de Historia de América, impresa por el Instituto Geográfico Nacional de España. A continuación, les presento el Índice del libro:
HISTORIOGRAFÍA
Un esbozo de la historiografía contemporánea, dos fechas míticas, dos fechas históricas: 1492 y 1810
Boris Berenzon Gorn, Georgina Calderón Aragón
CONTACTO
Las Antillas coloniales españolas: preludio de la conquista europea de América
Francisco Moscoso
Descubrimiento, conquista y colonización de México. El contacto
Ernesto Vargas Pacheco, Carmen Orihuela Gallardo
Las poblaciones indígenas de América Cantral ante el expansionismo español e inglés en los siglos XVI y XVII en perspectiva comparada
Eugenia Ibarra Rojas
Terra á vista... e Perssoas também. O encontro entre culturas no litoral do Brasil no século XVI
Maria Cristina Mineiro
Entre mistérios e malogros: os primeros contactos com ameríndios da Amazonia
Cristina Barreto
El contacto hispano-indígena en los Andes centrales (siglo XVI)
Teodoro Hampe Martínez
El impacto de la conquista española en las formas de trabajo indígena durante el siglo XVI en el cono sur
Fernando Castillo Opazo
Contact between Amerindians and Europeans in North America
Frank D. McCann, Lawrence A. Clayton y Joseph P. Sánchez
Indigenous-Europeans in Canada
Lynda Gullason, Roland Tremblay, Catherine Carlson, Eldon Yellowhorn, Jean-Luc Pilon and Michael Deal
INDEPENDENCIA
The American Revolution
Lester D. Langley, Michael L. Conniff
El proceso de independencia de México
Patricia Galeana
La imposibilidad de construir "una nación respetable aunque pobre". El proceso de independencia de Centroamérica, 1808-1823
Arturo Taracena Arriola
Independencia y descolonización del Caribe, siglos XIX y XX
Johanna Von Grafenstein, Laura Muñoz
Venezuela, su proceso de Independencia
Edda O. Samudio
La independencia del Nuevo Reino de Granada
Armando Martínez Garnica
La independencia de los países andinos: Ecuador, Perú y Bolivia
Juan Luis Orrego Penagos
Revolucionaridad y revolución en el frente sur: independencia del Río de la Plata, Uruguay, Bolivia, Paraguay y Chile
Adriana Claudia Rodríguez
O proceso de independencia no Brasil
André Figuereido Rodriguez
Sovereignty in the British Empire: Canada´s Development as an Independent International Actor
Mark Andrew Eaton
CRONOLOGÍA
Cronología comparada de América
Patricia Galeana
HISTORIOGRAFÍA
Un esbozo de la historiografía contemporánea, dos fechas míticas, dos fechas históricas: 1492 y 1810
Boris Berenzon Gorn, Georgina Calderón Aragón
CONTACTO
Las Antillas coloniales españolas: preludio de la conquista europea de América
Francisco Moscoso
Descubrimiento, conquista y colonización de México. El contacto
Ernesto Vargas Pacheco, Carmen Orihuela Gallardo
Las poblaciones indígenas de América Cantral ante el expansionismo español e inglés en los siglos XVI y XVII en perspectiva comparada
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Entre mistérios e malogros: os primeros contactos com ameríndios da Amazonia
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El contacto hispano-indígena en los Andes centrales (siglo XVI)
Teodoro Hampe Martínez
El impacto de la conquista española en las formas de trabajo indígena durante el siglo XVI en el cono sur
Fernando Castillo Opazo
Contact between Amerindians and Europeans in North America
Frank D. McCann, Lawrence A. Clayton y Joseph P. Sánchez
Indigenous-Europeans in Canada
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INDEPENDENCIA
The American Revolution
Lester D. Langley, Michael L. Conniff
El proceso de independencia de México
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La imposibilidad de construir "una nación respetable aunque pobre". El proceso de independencia de Centroamérica, 1808-1823
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Edda O. Samudio
La independencia del Nuevo Reino de Granada
Armando Martínez Garnica
La independencia de los países andinos: Ecuador, Perú y Bolivia
Juan Luis Orrego Penagos
Revolucionaridad y revolución en el frente sur: independencia del Río de la Plata, Uruguay, Bolivia, Paraguay y Chile
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O proceso de independencia no Brasil
André Figuereido Rodriguez
Sovereignty in the British Empire: Canada´s Development as an Independent International Actor
Mark Andrew Eaton
CRONOLOGÍA
Cronología comparada de América
Patricia Galeana

08/12/08: Antonio López de Santa Anna (2)
Tras la caída de Santa Anna, el país libró una dramática guerra con los Estados Unidos (1846-1848) que significó la pérdida del lejano norte mexicano. Este proceso supuso el reajuste del equilibrio de poder en Norteamérica a favor de los Estados Unidos y en detrimento de México. La pérdida territorial sacudió profundamente a la elite criolla. Su frustración enardeció aún más los ataques de los conservadores hacia los liberales, facción predominante en el poder desde la Independencia.

Hacienda "El Lencero" en Jalapa, Veracruz (foto: Juan Luis Orrego)
Los conservadores, encabezados por Lucas Alamán, pensaban que México había sido humillado debido a que había tratado ingenuamente de adoptar los valores anglosajones: debía haber un retorno a la tradición hispana. Específicamente, llamaban la atención el volver a los ideales aristocráticos, proteger los privilegios del Ejército y la Iglesia y crear, si fuera posible, una monarquía constitucional. Este nuevo giro explica, de alguna manera, el tono que tuvo el regreso de Santa Anna al poder después de 1850. Pero lo que sí es cierto es que esta derrota fue mortificante y un doloroso recuerdo que nunca ha muerto en México.
En 1853 recuperó el poder por undécima vez, abolió el federalismo y gobernó sin constitución. Fue un gobierno centralista y personal, pues quería establecer una suerte de despotismo ilustrado. Se dio poderes absolutos y el derecho de nombrar a su sucesor. Lucas Alamán ocupó el cargo de ministro de Asuntos Exteriores. Le restituyó a la Iglesia todos sus poderes y privilegios para lograr el apoyo del clero. Pero el enigmático caudillo, para encontrar una nueva fuente de ingresos, aparte de aumentar los impuestos, vendió a los Estados Unidos el sur de Arizona por 10 millones de pesos. Ahora, y con razón, los liberales estaban indignados. Pero esta vez el caudillo no tuvo reparos: acalló su prensa, los encarceló y los exilió. Fue, sin duda, uno de los errores de Santa Anna. Antes, su falta de principios, facilitaba su alianza o “entendimiento” con todos los sectores. Su perfil ecléctico allanaba el tráfico de alianzas. Pero esta dictadura conservadora, casi reaccionaria (se hizo llamar Alteza Serenísima), que duró hasta 1855, acabó con las ilusiones de muchos y con la carrera política del jalapeño. Según John Lynch, no había aprendido que en México cualquier gobierno central era vulnerable a dos peligros: la rebelión en las provincias y la disidencia militar.
La amenaza aparecía cuando los militares, una facción heterogénea y veleidosa, se aliaban a los intereses provinciales. Finalmente, como lo anota Enrique Krauze: en el fondo de la derrota de Santa Anna y de la desaparición de los grandes pensadores de la primera mitad del siglo yacía un hecho esencial: la derrota de los criollos. En poco más de treinta años, habían perdido su oportunidad histórica. La nación pasaría a otras manos, más cercanas al suelo de México, más cercana a la raíz indígena: las manos de los jóvenes mestizos, nacidos durante la Insurgencia o después, sin recuerdos de la Colonia, sin ataduras vitales con España. Los primeros hijos de la Independencia mexicana. El paso de unas manos a otras se haría a través de un personaje que, como Santa Anna, pero en un sentido inverso, enlazaría su biografía a la de México por tres lustros decisivos: un mexicano étnica y culturalmente anterior al nacimiento de México, anterior a la Conquista española, un indio zapoteca: Benito Juárez.

"El Lencero" (foto: Juan Luis Orrego)

Hacienda "El Lencero" en Jalapa, Veracruz (foto: Juan Luis Orrego)
Los conservadores, encabezados por Lucas Alamán, pensaban que México había sido humillado debido a que había tratado ingenuamente de adoptar los valores anglosajones: debía haber un retorno a la tradición hispana. Específicamente, llamaban la atención el volver a los ideales aristocráticos, proteger los privilegios del Ejército y la Iglesia y crear, si fuera posible, una monarquía constitucional. Este nuevo giro explica, de alguna manera, el tono que tuvo el regreso de Santa Anna al poder después de 1850. Pero lo que sí es cierto es que esta derrota fue mortificante y un doloroso recuerdo que nunca ha muerto en México.
En 1853 recuperó el poder por undécima vez, abolió el federalismo y gobernó sin constitución. Fue un gobierno centralista y personal, pues quería establecer una suerte de despotismo ilustrado. Se dio poderes absolutos y el derecho de nombrar a su sucesor. Lucas Alamán ocupó el cargo de ministro de Asuntos Exteriores. Le restituyó a la Iglesia todos sus poderes y privilegios para lograr el apoyo del clero. Pero el enigmático caudillo, para encontrar una nueva fuente de ingresos, aparte de aumentar los impuestos, vendió a los Estados Unidos el sur de Arizona por 10 millones de pesos. Ahora, y con razón, los liberales estaban indignados. Pero esta vez el caudillo no tuvo reparos: acalló su prensa, los encarceló y los exilió. Fue, sin duda, uno de los errores de Santa Anna. Antes, su falta de principios, facilitaba su alianza o “entendimiento” con todos los sectores. Su perfil ecléctico allanaba el tráfico de alianzas. Pero esta dictadura conservadora, casi reaccionaria (se hizo llamar Alteza Serenísima), que duró hasta 1855, acabó con las ilusiones de muchos y con la carrera política del jalapeño. Según John Lynch, no había aprendido que en México cualquier gobierno central era vulnerable a dos peligros: la rebelión en las provincias y la disidencia militar.
La amenaza aparecía cuando los militares, una facción heterogénea y veleidosa, se aliaban a los intereses provinciales. Finalmente, como lo anota Enrique Krauze: en el fondo de la derrota de Santa Anna y de la desaparición de los grandes pensadores de la primera mitad del siglo yacía un hecho esencial: la derrota de los criollos. En poco más de treinta años, habían perdido su oportunidad histórica. La nación pasaría a otras manos, más cercanas al suelo de México, más cercana a la raíz indígena: las manos de los jóvenes mestizos, nacidos durante la Insurgencia o después, sin recuerdos de la Colonia, sin ataduras vitales con España. Los primeros hijos de la Independencia mexicana. El paso de unas manos a otras se haría a través de un personaje que, como Santa Anna, pero en un sentido inverso, enlazaría su biografía a la de México por tres lustros decisivos: un mexicano étnica y culturalmente anterior al nacimiento de México, anterior a la Conquista española, un indio zapoteca: Benito Juárez.

"El Lencero" (foto: Juan Luis Orrego)
07/12/08: Antonio López de Santa Anna (1)
El célebre caudillo mexicano (1794-1876) nació en Jalapa, Veracruz. Era un criollo de “clase media” que inició su vida como soldado del ejército realista. No tenía, entonces, buenos antecedentes para convertirse en un caudillo republicano, según John Lynch. De otro lado, no tenía la herencia aristocrática ni la base económica de Rosas o la trayectoria patriótica y la convicción republicana de Páez. Su gran problema era cómo superar a sus competidores por el poder. No dudó, entonces, en aplicar la violencia, el personalismo y el maltrato a lo poco de institucional que tenía el país para satisfacer sus apetitos. Por todo ello, el liberal José María Luis Mora lo calificó como el Atila de la civilización mexicana.
Desde los inicios de su vida pública, Santa Anna se dio cuenta de que necesitaba una base personal y material para sus fines. Adquirió haciendas y sus dos matrimonios contribuyeron a multiplicar su patrimonio, casi todo ubicado en el estado de Veracruz, su cuartel general. Sus haciendas eran más que casas y propiedades. Eran, en realidad, su retiro político, sus fortalezas y el foco de atención del país. En ellas se escondía de sus enemigos y, desde ellas, se recuperaba y de nuevo arremetía para alcanzar el poder. Su personalidad, de otro lado, cautivaba o enardecía a la población. Lloraba en público, le gustaban las mujeres, las ferias, los juegos de azar y era aficionado a la gallística; cuando ocupaba la presidencia, dejaba Ciudad de México por días para asistir a las peleas de gallos. Jugaba al populismo. Sus aventuras políticas y esa afición por disfrutar de los escenarios de la cultura popular mexicana nutrían su curriculum vitae de caudillo.

Actual sede del gobierno del estado de Veracruz en Jalapa (foto: Juan Luis Orrego)
El caudillo de Jalapa llegó al poder en 1833. Esta vez su vicepresidente, Valentín Gómez Farías, era un liberal. Fiel a su estilo, Santa Anna dejó el ejercicio del poder a su vicepresidente y se refugió en Veracruz esperando la reacción del país. Farías, muy influenciado por Mora, emprendió una amplia reforma liberal que incluía la abolición de una serie de privilegios del clero y la reducción del tamaño del ejército. No pasó mucho tiempo antes de que los oficiales le pidieran a Santa Anna que interviniera. Abandonó Veracruz, tomó directamente el poder, suspendió las reformas y expulsó del poder a Farías. Más adelante, un Congreso decidió implantar una república centralista y, en 1835, aprobó una constitución según la cual los estados serían sustituidos por departamentos y sus gobernadores serían designados por el presidente de la República. Pero una serie de acontecimientos, imprevistos e inoportunos, dieron un giro a su gestión. El más importante, quizá, fue la negativa de Texas en aceptar el centralismo y se levantó en armas. Luego de una rocambolesca campaña militar en la que Santa Anna fuera derrotado y tomado prisionero, se aceptó la independencia de Texas y reconoció a Río Grande como frontera entre ambos países. Pero la derrota en el Norte se vio atemperada por un acontecimiento circunstancial: la invasión francesa a Veracruz con el objeto de lograr una compensación por los daños sufridos por un francés (1838). Santa Anna avanzó sobre Veracruz y su victoria lo convirtió en héroe nacional.
Sin embargo, la agitación política no cesaba. Eran años de frenética pugna entre conservadores y liberales, centralistas y federalistas, católicos y anticlericales y Santa Anna, desde su refugio de Veracruz, se las arregló para sostener en el poder al moderado Anastasio Bustamante. Pero el nuevo títere del caudillo pronto perdió apoyo, tanto de los centristas como de los federalistas. Ni siquiera satisfizo a Santa Anna quien desconfiaba de su propia constitución, la de 1836, que establecía un curioso “poder conservador supremo” en calidad de freno del poder del presidente. Además, el poder centralizado no se mostraba más capaz que el federal para mantener la unidad de México. Prueba de ello fue la declaración de la independencia de Yucatán. Había que recuperarla. De otro lado, el centralismo era incluso más caro que el liberalismo: los impuestos habían aumentado. Las condiciones estaban para que Santa Anna hiciera un nuevo golpe de estado. Esta vez, el camaleónico caudillo, tras una breve alianza con liberales, federales y anticlericales (1841), volvió con los centralistas y conservadores para lograr el apoyo de la Iglesia (1842). Gobernó por decreto y estableció impuestos al margen del Congreso. La extorsión fiscal liquidó su imagen y en 1844 fue depuesto, encarcelado y exiliado.

Hacienda "El Lencero" en Jalapa (Veracruz), adquirida por Santa Anna en 1842 (foto: Juan Luis Orrego)

Juan Luis Orrego en El "Lencero" (Jalapa, Veracruz)
Desde los inicios de su vida pública, Santa Anna se dio cuenta de que necesitaba una base personal y material para sus fines. Adquirió haciendas y sus dos matrimonios contribuyeron a multiplicar su patrimonio, casi todo ubicado en el estado de Veracruz, su cuartel general. Sus haciendas eran más que casas y propiedades. Eran, en realidad, su retiro político, sus fortalezas y el foco de atención del país. En ellas se escondía de sus enemigos y, desde ellas, se recuperaba y de nuevo arremetía para alcanzar el poder. Su personalidad, de otro lado, cautivaba o enardecía a la población. Lloraba en público, le gustaban las mujeres, las ferias, los juegos de azar y era aficionado a la gallística; cuando ocupaba la presidencia, dejaba Ciudad de México por días para asistir a las peleas de gallos. Jugaba al populismo. Sus aventuras políticas y esa afición por disfrutar de los escenarios de la cultura popular mexicana nutrían su curriculum vitae de caudillo.

Actual sede del gobierno del estado de Veracruz en Jalapa (foto: Juan Luis Orrego)
El caudillo de Jalapa llegó al poder en 1833. Esta vez su vicepresidente, Valentín Gómez Farías, era un liberal. Fiel a su estilo, Santa Anna dejó el ejercicio del poder a su vicepresidente y se refugió en Veracruz esperando la reacción del país. Farías, muy influenciado por Mora, emprendió una amplia reforma liberal que incluía la abolición de una serie de privilegios del clero y la reducción del tamaño del ejército. No pasó mucho tiempo antes de que los oficiales le pidieran a Santa Anna que interviniera. Abandonó Veracruz, tomó directamente el poder, suspendió las reformas y expulsó del poder a Farías. Más adelante, un Congreso decidió implantar una república centralista y, en 1835, aprobó una constitución según la cual los estados serían sustituidos por departamentos y sus gobernadores serían designados por el presidente de la República. Pero una serie de acontecimientos, imprevistos e inoportunos, dieron un giro a su gestión. El más importante, quizá, fue la negativa de Texas en aceptar el centralismo y se levantó en armas. Luego de una rocambolesca campaña militar en la que Santa Anna fuera derrotado y tomado prisionero, se aceptó la independencia de Texas y reconoció a Río Grande como frontera entre ambos países. Pero la derrota en el Norte se vio atemperada por un acontecimiento circunstancial: la invasión francesa a Veracruz con el objeto de lograr una compensación por los daños sufridos por un francés (1838). Santa Anna avanzó sobre Veracruz y su victoria lo convirtió en héroe nacional.
Sin embargo, la agitación política no cesaba. Eran años de frenética pugna entre conservadores y liberales, centralistas y federalistas, católicos y anticlericales y Santa Anna, desde su refugio de Veracruz, se las arregló para sostener en el poder al moderado Anastasio Bustamante. Pero el nuevo títere del caudillo pronto perdió apoyo, tanto de los centristas como de los federalistas. Ni siquiera satisfizo a Santa Anna quien desconfiaba de su propia constitución, la de 1836, que establecía un curioso “poder conservador supremo” en calidad de freno del poder del presidente. Además, el poder centralizado no se mostraba más capaz que el federal para mantener la unidad de México. Prueba de ello fue la declaración de la independencia de Yucatán. Había que recuperarla. De otro lado, el centralismo era incluso más caro que el liberalismo: los impuestos habían aumentado. Las condiciones estaban para que Santa Anna hiciera un nuevo golpe de estado. Esta vez, el camaleónico caudillo, tras una breve alianza con liberales, federales y anticlericales (1841), volvió con los centralistas y conservadores para lograr el apoyo de la Iglesia (1842). Gobernó por decreto y estableció impuestos al margen del Congreso. La extorsión fiscal liquidó su imagen y en 1844 fue depuesto, encarcelado y exiliado.

Hacienda "El Lencero" en Jalapa (Veracruz), adquirida por Santa Anna en 1842 (foto: Juan Luis Orrego)

Juan Luis Orrego en El "Lencero" (Jalapa, Veracruz)
06/12/08: ¿Invierno en México DF?
Es increíble hasta dónde puede llegar el populismo en América Latina. El pasado fin de semana estuve en la capital mexicana y vi, realmente alucinado, cómo el gobierno de la ciudad decidió instalar en el Zócalo la pista de patinaje sobre hielo más grande del mundo, un tobogán con nieve artificial y un pabellón donde los niños podían moldear muñecos de nieve. Así como en La Habana de los años 20 a alguien se le ocurrió, en pleno calor caribeño, la delirante idea de instalar una pista de hielo, ahora los mexicanos, gracias al partido de "izquierda" que gobierna en el DF, pueden disfrutar gratuitamente de estas juegos para escabullirse momentáneamente de los verdaderos problemas que azotan al querido país azteca: desempleo, corrupción, delincuencia y narcotráfico. La consigna sigue siendo "pan y circo", pero con el dinero del pueblo. Aquí van las fotos, dignas del mejor estilo de lo real maravilloso, captadas por el autor de este blog.

Foto: Juan Luis Orrego

Foto: Juan Luis Orrego

Foto: Juan Luis Orrego

Foto: Juan Luis Orrego

Foto: Juan Luis Orrego

Foto: Juan Luis Orrego

Foto: Juan Luis Orrego

Foto: Juan Luis Orrego
Las nuevas andanzas de Flores.- Al fracasar sus planes en Europa, Flores inicia un largo camino de desterrado político. Llegó a Washington donde el presidente James Polk se negó a recibirlo. Luego pasó a Cuba, Jamaica y Caracas en diciembre de 1847. Allí fue recibido por antiguos amigos de armas que le confirieron el título de General en Jefe y un sueldo vitalicio.
Mientras tanto, la vida política en Ecuador se tornaba un tanto anárquica. En 1849, al dejar el mando el presidente Roca, ningún candidato alcanzó la mayoría requerida. Toma el poder el coronel Manuel de Ascábuzi apoyado por el notable hombre público Benigno Malo. Pero en 1850 se subleva el general Urbina quien pone en la presidencia a Diego Noboa al que luego derrocó y exilió en 1851.
Pero Noboa como presidente había brindado algunas concesiones a los partidarios de Flores, entre ellas la reinscripción de 52 militares floreanos e incluso dispuso una pensión a la esposa de Flores. No es difícil suponer que esta coyuntura fue interpretada por Flores como el momento oportuno de recuperar el poder perdido 6 años antes.
Fue así que el 17 de junio de 1851, al mando del bergantín Almirante Blanco, intentó desembarcar en Paita siendo impedido por el prefecto de Piura. Luego con la misma nave se dirigió al Callao donde logró desembarcar el 8 de julio. Por esos días era ya presidente del Perú el general José Rufino Echenique, hombre de posturas conservadoras afines a las de Flores. Digamos que Castilla nunca habría permitido un desembarco de Flores en el litoral peruano.
Echenique sostiene que autorizó el desembarco de Flores bajo la firme promesa de no conspirar contra el gobierno ecuatoriano: nada, por cierto, hubo que hiciera reprochable su conducta, a lo menos que llegara a mi conocimiento y tal vez sus propósitos eran verdaderos cuando me los hizo. Pero, sagaz y agradable en su trato, con el prestigio de su nombre por los servicios que había prestado a la causa americana y con sobrada capacidad, logró bien pronto captarse el aprecio y consideración de la parte notable del país, principalmente de propietarios pudientes y de militares de alta clase que lo trataban con intimidad y confianza, quienes, por lo visto, después debieron lisonjear su ambición ofreciéndole medios y cooperación para recuperar el poder de que había sido despojado; y como, a la vez de esto, también de su país, según me lo demostró, le hacían grandes promesas de cooperación y le ofrecían las mayores facilidades asegurándole que aun el ejército, estaba por él, de deducirse es que todo esto lo sedujera y decidiese a obrar. Como anécdota, cuenta Basadre que en Lima se hizo pronto de grandes amigos en el mundo social y llegó a ser famoso por los espolines de oro que se ponía para ir de visita. Publicaciones de la época afirman que podía dársele el título re “rey de la noche”.
Lo que iba sucediendo en el Ecuador abonaba los planes de Flores en el Perú. El general Urbina, de tendencia liberal, derrocaba a Noboa en julio de 1851. Urvina decretó la abolición progresiva de la esclavitud, la expulsión de los jesuitas y prácticamente suspendió el tributo indígena. Flores entonces logró convencer a Echenique del peligro liberal que representaba Urbina quien contaba, además, con el respaldo del presidente colombiano López. Flores lograba de este modo la tolerancia de Echenique: insistió en que sólo necesitaba mi desentendencia y, ofreciéndosela, se despidió de mí. Repito que fue una debilidad mía y acaso la única falta de mi administración que en mi conciencia reconozco haber cometido.
Sin embargo, en su manifiesto de 1858, confesó que de su propio bolsillo dio dinero a Flores para comprar el vapor “Chile” junto con otras personas de categoría, comerciantes y hacendados del país. Fue notorio, por ejemplo, el apoyo de los generales Gutiérrez de la Fuente y de Alejandro Déustua, este último gobernador del Callao. Con el apoyo velado del gobierno de Echenique, Flores reinicia su aprestos militares. Reclutó algunos voluntarios ecuatorianos y colombianos, y mercenarios enganchados en las costas de Perú y Chile, algunos engañados con la promesa de ir a California. También adquirió el vapor Chile a una compañía británica y fletó el bergantín Almirante Blanco y tres goletas más.
Estos preparativos fueron conocidos en Ecuador, Venezuela y Colombia, quienes se armaron y prepararon ante una eventual invasión. Es necesario anotar, además, que el ministro de Ecuador en el Perú, el general Antonio Elizalde, advirtió a la cancillería de Lima lo que estaba ocurriendo. También hizo lo mismo el ministro de Colombia, Mariano Arosemena. Ambos, como es lógico, alertaron a sus respectivas cancillerías.
Lo cierto es que Flores zarpó con su expedición y aguardó durante meses en la aguas del río Guayas sin atacar Guayaquil. Luego sus tropas se instalaron en la isla Puná por varios meses sin conseguir el apoyo de los guayaquileños ni de otras poblaciones menores. Según Félix Denegri pese a los consejos enviados desde Lima, Flores bombardeó el puerto el 4 de julio de 1852, pasando luego a Machala, población que ocupó muy brevemente.
Pero todas estas peripecias y la poca acogida que había tenido Flores en Ecuador enfriaron a los peruanos y extranjeros que lo habían apoyado: la aventura había fracasado. Sus tropas se dispersaron. Según el historiador ecuatoriano Pedro Moncayo algunos de sus seguidores fueron tentados económicamente por Urbina y terminaron entregando los buques de la expedición dejando a Flores y unos 150 mercenarios en Zarumilla. Incluso en Paita fueron apresados algunas de las naves con sus armas y municiones. Cuentan, además, que el propio Flores apareció de incógnito en Piura con algunos fugitivos de su expedición; otro grupo llegó al Callao. El gobierno de Echenique, finalmente, se negó a brindar asilo al fracasado Flores; por su lado, los peruanos y domiciliados en el país que colaboraron en la expedición fueron sometidos a diversos juicios.
Es necesario aclarar que si bien es cierto que algunos conservadores en el Perú vieron con buenos ojos las aventuras de Flores, un buen grupo de personajes influyentes, encabezados por Castilla, criticaron el apoyo velado que Echenique le había dado al caudillo ecuatoriano. Como anota Pedro Moncayo: Lima censuraba abiertamente la conducta del Gobierno. Muchas personas notables manifestaban su desagrado y sentían que el Perú mandase una expedición con Flores para turbar la paz y la tranquilidad de un pueblo hermano que había dado en todo tiempo muestras de simpatía al Perú. Pero el Ministerio [del Interior y de Relaciones Exteriores] se mantenía firme y combatía los escrúpulos del Presidente [Echenique], que comenzaba a temer las fatales consecuencias de esta empresa.
La actitud del gobierno de Echenique trajo problemas al Perú con otros países como Colombia, aliada con Ecuador. El congreso de aquel país había aprobado ir a la guerra con cualquier país que apoyara a Flores. Por ello el Perú tuvo que enviar a Santiago Távara a Bogotá donde firmó, en octubre de 1852, un convenio por el cual se acordó cancelar las deudas de la independencia y prohibir el ingreso de Flores en territorio peruano.
Finalmente, los gobiernos del Perú y Ecuador lograron un acuerdo más amplio 5 meses después. En Lima se reunieron el canciller José Manuel Tirado y el plenipotenciario ecuatoriano Pedro Moncayo. Ellos firmaron a principios de 1853 un convenio de paz y exclusión del general Flores del Perú. Asimismo pusieron bajo el arbitraje de Chile los buques y demás pertrechos que habían sido tomados a la expedición floreana, mientras el Perú se comprometía a no permitir que en su territorio se hicieran preparativos bélicos contra Ecuador. Si bien el presidente Echenique ratificó la convención, ésta nunca fue sometida formalmente al congreso para su aprobación.
Flores nuevamente en el Perú.- Insólitamente, y pese a las protestas del Ecuador, el presidente Castilla recibe a Flores en 1855; llegó incluso a asignarle una pensión. En esta ocasión el plenipotenciario ecuatoriano Francisco J. Aguirre reclamó en función de la convención de 1853. El canciller peruano, Toribio Ureta, repuso que el documento aludido no estaba vigente pues no había obtenido la aprobación del congreso. El plenipotenciario Aguirre se retiró del país y las relaciones entre ambos países se suspendieron hasta la firma en Santiago del pacto de unión Americana de 1856.
Aparentemente, Flores vivía tranquilo en Lima sin planear ninguna revolución contra el gobierno de su país. En diciembre de 1859, cuando fue inaugurado en la plaza de la Inquisición el monumento a Bolívar, hizo uso de la palabra en su condición de haber sido uno de sus generales. El texto del discurso esta reproducido en el diario “El Peruano” en su edición del 14 de diciembre.
En 1860 Flores retornaría finalmente a su país, como jefe del ejército, llamado por el conservador García Moreno. Su misión era vencer al gobierno del general Guillermo Franco que contaba con el apoyo de Castilla por haber firmado el tratado de Mapasingue. En 1861 preside el congreso constituyente de su país. No es casualidad que ese mismo año el Perú denunciara internacionalmente a García Moreno quien había solicitado el protectorado primero de España y luego de Francia. La circunstancia de estar a la cabeza del ejército ecuatoriano el general Flores le daba un cariz grave al asunto.
Flores muere en 1864 cuando dirigía una campaña contra el general Urbina, quien pretendía invadir Ecuador con el velado apoyo de Ramón Castilla. García Moreno colmó de honores su memoria. Su cadáver fue llevado de Guayaquil a Quito en hombros de los soldados que lo idolatraban. Hoy sus restos se hallan enterrados en la Catedral de Quito.
Mientras tanto, la vida política en Ecuador se tornaba un tanto anárquica. En 1849, al dejar el mando el presidente Roca, ningún candidato alcanzó la mayoría requerida. Toma el poder el coronel Manuel de Ascábuzi apoyado por el notable hombre público Benigno Malo. Pero en 1850 se subleva el general Urbina quien pone en la presidencia a Diego Noboa al que luego derrocó y exilió en 1851.
Pero Noboa como presidente había brindado algunas concesiones a los partidarios de Flores, entre ellas la reinscripción de 52 militares floreanos e incluso dispuso una pensión a la esposa de Flores. No es difícil suponer que esta coyuntura fue interpretada por Flores como el momento oportuno de recuperar el poder perdido 6 años antes.
Fue así que el 17 de junio de 1851, al mando del bergantín Almirante Blanco, intentó desembarcar en Paita siendo impedido por el prefecto de Piura. Luego con la misma nave se dirigió al Callao donde logró desembarcar el 8 de julio. Por esos días era ya presidente del Perú el general José Rufino Echenique, hombre de posturas conservadoras afines a las de Flores. Digamos que Castilla nunca habría permitido un desembarco de Flores en el litoral peruano.
Echenique sostiene que autorizó el desembarco de Flores bajo la firme promesa de no conspirar contra el gobierno ecuatoriano: nada, por cierto, hubo que hiciera reprochable su conducta, a lo menos que llegara a mi conocimiento y tal vez sus propósitos eran verdaderos cuando me los hizo. Pero, sagaz y agradable en su trato, con el prestigio de su nombre por los servicios que había prestado a la causa americana y con sobrada capacidad, logró bien pronto captarse el aprecio y consideración de la parte notable del país, principalmente de propietarios pudientes y de militares de alta clase que lo trataban con intimidad y confianza, quienes, por lo visto, después debieron lisonjear su ambición ofreciéndole medios y cooperación para recuperar el poder de que había sido despojado; y como, a la vez de esto, también de su país, según me lo demostró, le hacían grandes promesas de cooperación y le ofrecían las mayores facilidades asegurándole que aun el ejército, estaba por él, de deducirse es que todo esto lo sedujera y decidiese a obrar. Como anécdota, cuenta Basadre que en Lima se hizo pronto de grandes amigos en el mundo social y llegó a ser famoso por los espolines de oro que se ponía para ir de visita. Publicaciones de la época afirman que podía dársele el título re “rey de la noche”.
Lo que iba sucediendo en el Ecuador abonaba los planes de Flores en el Perú. El general Urbina, de tendencia liberal, derrocaba a Noboa en julio de 1851. Urvina decretó la abolición progresiva de la esclavitud, la expulsión de los jesuitas y prácticamente suspendió el tributo indígena. Flores entonces logró convencer a Echenique del peligro liberal que representaba Urbina quien contaba, además, con el respaldo del presidente colombiano López. Flores lograba de este modo la tolerancia de Echenique: insistió en que sólo necesitaba mi desentendencia y, ofreciéndosela, se despidió de mí. Repito que fue una debilidad mía y acaso la única falta de mi administración que en mi conciencia reconozco haber cometido.
Sin embargo, en su manifiesto de 1858, confesó que de su propio bolsillo dio dinero a Flores para comprar el vapor “Chile” junto con otras personas de categoría, comerciantes y hacendados del país. Fue notorio, por ejemplo, el apoyo de los generales Gutiérrez de la Fuente y de Alejandro Déustua, este último gobernador del Callao. Con el apoyo velado del gobierno de Echenique, Flores reinicia su aprestos militares. Reclutó algunos voluntarios ecuatorianos y colombianos, y mercenarios enganchados en las costas de Perú y Chile, algunos engañados con la promesa de ir a California. También adquirió el vapor Chile a una compañía británica y fletó el bergantín Almirante Blanco y tres goletas más.
Estos preparativos fueron conocidos en Ecuador, Venezuela y Colombia, quienes se armaron y prepararon ante una eventual invasión. Es necesario anotar, además, que el ministro de Ecuador en el Perú, el general Antonio Elizalde, advirtió a la cancillería de Lima lo que estaba ocurriendo. También hizo lo mismo el ministro de Colombia, Mariano Arosemena. Ambos, como es lógico, alertaron a sus respectivas cancillerías.
Lo cierto es que Flores zarpó con su expedición y aguardó durante meses en la aguas del río Guayas sin atacar Guayaquil. Luego sus tropas se instalaron en la isla Puná por varios meses sin conseguir el apoyo de los guayaquileños ni de otras poblaciones menores. Según Félix Denegri pese a los consejos enviados desde Lima, Flores bombardeó el puerto el 4 de julio de 1852, pasando luego a Machala, población que ocupó muy brevemente.
Pero todas estas peripecias y la poca acogida que había tenido Flores en Ecuador enfriaron a los peruanos y extranjeros que lo habían apoyado: la aventura había fracasado. Sus tropas se dispersaron. Según el historiador ecuatoriano Pedro Moncayo algunos de sus seguidores fueron tentados económicamente por Urbina y terminaron entregando los buques de la expedición dejando a Flores y unos 150 mercenarios en Zarumilla. Incluso en Paita fueron apresados algunas de las naves con sus armas y municiones. Cuentan, además, que el propio Flores apareció de incógnito en Piura con algunos fugitivos de su expedición; otro grupo llegó al Callao. El gobierno de Echenique, finalmente, se negó a brindar asilo al fracasado Flores; por su lado, los peruanos y domiciliados en el país que colaboraron en la expedición fueron sometidos a diversos juicios.
Es necesario aclarar que si bien es cierto que algunos conservadores en el Perú vieron con buenos ojos las aventuras de Flores, un buen grupo de personajes influyentes, encabezados por Castilla, criticaron el apoyo velado que Echenique le había dado al caudillo ecuatoriano. Como anota Pedro Moncayo: Lima censuraba abiertamente la conducta del Gobierno. Muchas personas notables manifestaban su desagrado y sentían que el Perú mandase una expedición con Flores para turbar la paz y la tranquilidad de un pueblo hermano que había dado en todo tiempo muestras de simpatía al Perú. Pero el Ministerio [del Interior y de Relaciones Exteriores] se mantenía firme y combatía los escrúpulos del Presidente [Echenique], que comenzaba a temer las fatales consecuencias de esta empresa.
La actitud del gobierno de Echenique trajo problemas al Perú con otros países como Colombia, aliada con Ecuador. El congreso de aquel país había aprobado ir a la guerra con cualquier país que apoyara a Flores. Por ello el Perú tuvo que enviar a Santiago Távara a Bogotá donde firmó, en octubre de 1852, un convenio por el cual se acordó cancelar las deudas de la independencia y prohibir el ingreso de Flores en territorio peruano.
Finalmente, los gobiernos del Perú y Ecuador lograron un acuerdo más amplio 5 meses después. En Lima se reunieron el canciller José Manuel Tirado y el plenipotenciario ecuatoriano Pedro Moncayo. Ellos firmaron a principios de 1853 un convenio de paz y exclusión del general Flores del Perú. Asimismo pusieron bajo el arbitraje de Chile los buques y demás pertrechos que habían sido tomados a la expedición floreana, mientras el Perú se comprometía a no permitir que en su territorio se hicieran preparativos bélicos contra Ecuador. Si bien el presidente Echenique ratificó la convención, ésta nunca fue sometida formalmente al congreso para su aprobación.
Flores nuevamente en el Perú.- Insólitamente, y pese a las protestas del Ecuador, el presidente Castilla recibe a Flores en 1855; llegó incluso a asignarle una pensión. En esta ocasión el plenipotenciario ecuatoriano Francisco J. Aguirre reclamó en función de la convención de 1853. El canciller peruano, Toribio Ureta, repuso que el documento aludido no estaba vigente pues no había obtenido la aprobación del congreso. El plenipotenciario Aguirre se retiró del país y las relaciones entre ambos países se suspendieron hasta la firma en Santiago del pacto de unión Americana de 1856.
Aparentemente, Flores vivía tranquilo en Lima sin planear ninguna revolución contra el gobierno de su país. En diciembre de 1859, cuando fue inaugurado en la plaza de la Inquisición el monumento a Bolívar, hizo uso de la palabra en su condición de haber sido uno de sus generales. El texto del discurso esta reproducido en el diario “El Peruano” en su edición del 14 de diciembre.
En 1860 Flores retornaría finalmente a su país, como jefe del ejército, llamado por el conservador García Moreno. Su misión era vencer al gobierno del general Guillermo Franco que contaba con el apoyo de Castilla por haber firmado el tratado de Mapasingue. En 1861 preside el congreso constituyente de su país. No es casualidad que ese mismo año el Perú denunciara internacionalmente a García Moreno quien había solicitado el protectorado primero de España y luego de Francia. La circunstancia de estar a la cabeza del ejército ecuatoriano el general Flores le daba un cariz grave al asunto.
Flores muere en 1864 cuando dirigía una campaña contra el general Urbina, quien pretendía invadir Ecuador con el velado apoyo de Ramón Castilla. García Moreno colmó de honores su memoria. Su cadáver fue llevado de Guayaquil a Quito en hombros de los soldados que lo idolatraban. Hoy sus restos se hallan enterrados en la Catedral de Quito.

Las gestiones del Perú.- Como vimos ayer, las andanzas de Flores por el Viejo Mundo no pasaron desapercibidas en nuestro continente. En este sentido, el gobierno ecuatoriano designó plenipotenciarios para alertar a los países amigos sobre el inminente peligro. Por ello, la respuesta fue unánime en su apoyo al Ecuador: Perú, Chile, México, Argentina, Bolivia y Venezuela rechazaron la expedición floreana y sus representantes diplomáticos en Europa, junto al ministro de Relaciones Exteriores ecuatoriano Manuel Gómez de la Torre, iniciaron una eficaz campaña contra Flores.
En este sentido, al Perú fue comisionado el expresidente Vicente Rocafuerte ante el gobierno de Castilla. Desde ese momento se inicia una estrecha relación entre ambos países para combatir a Flores. Por ello el historiador ecuatoriano Luis Robalino Dávila anota: la unión con el Perú, gracias a las gestiones de Rocafuerte, fue más íntima que con cualquiera otra nación hispanoamericana. Y la cancillería peruana procedía igualmente con suma actividad.
Recordemos que por aquellos años el Perú estaba en capacidad de hacer un eficaz despliegue de apoyo al vecino amenazado. Los ingresos provenientes del guano habían mejorado la presencia diplomática de nuestro país en América y Europa: su capacidad de negociación se encontraba en un momento óptimo. Y Ecuador sabía esta circunstancia. También nuestro país estaba en condiciones de brindar apoyo bélico. En este sentido el gobierno de Castilla envió lo necesario para artillar el puerto de Guayaquil y obsequió 3 mil fusiles y varias decenas de quintales de pólvora. Incluso el propio Castilla mantenía correspondencia con otros mandatarios de la región. Por ejemplo en sus cartas con el general Tomás Cipriano Mosquera, presidente de Nueva Granada, declara la buena voluntad del gobierno peruano en apoyar la causa ecuatoriana señalando que en caso de invasión la asistencia militar sería total.
Recogiendo la opinión del historiador ecuatoriano Jorge Villacrés Moscoso, en su "Historia diplomática de la República del Ecuador", la actitud del Perú fue importante por un aspecto trascendental: el gobierno de Castilla envió, con fecha 9 de noviembre de 1846, dos circulares a todos los gobiernos de América, incluidos los Estados Unidos.
1. En la primera transcribía las informaciones que había recibido de su plenipotenciario en Londres Juan Manuel Iturregui sobre la empresa de Flores denunciando la amenaza de agresión y solicitando un frente americano para resistir
2. En la segunda, el canciller peruano José Gregorio Paz Soldán, pedía convocar un congreso continental para acordar medidas claras de defensa común en vista del proyecto floreano de instaurar en América monarquías europeas: en los derechos del Ecuador ultrajados por la España, ha recibido el Perú una injuria, porque estima como propios los agravios hechos a los pueblos del continente americano… la independencia de la América es un hecho consumado, y cuanto se pretenda para destruirla, debe reputarse como un crimen de lesa sociedad. El gobierno del infrascrito, que profesa sinceramente estos principios, no puede enmudecer cuando los ve amenazados… que la reunión de un Congreso, como el que se proyectaba, podía fijar de un modo sólido las bases de la futura tranquilidad y seguridad de los pueblos de Sud-América.
Las respuestas de las cancillerías americanas no se hicieron esperar. El canciller argentino Felipe Arana, por ejemplo, intensificó sus acciones dirigiéndose a los gobierno del Brasil, de Su Majestad Británica y de Francia para denunciar los planes de Flores. Del mismo modo actuaron los cancilleres de Chile (Manuel Camino Vial) y de Nueva Granada (Manuel Mallarino). Por último todos los gobiernos contestaron al peruano que participaban de los mismos sentimientos expresados en la circular del canciller Paz Soldán. Asimismo fue valiosa la gestión de nuestro ministro en Chile Felipe Pardo y Aliaga quien difundió acertadamente la necesidad de reunir un congreso continental en Lima para actuar contra los planes de Flores. Incluso Pardo llegó a proponer a la cancillería de Santiago una combinación de las fuerzas marítimas de Perú y Chile para bloquear cualquier incursión floreana por el Estrecho de Magallanes.
El Congreso Americano de Lima.- De los diez países invitados, sólo enviaron su representación cinco. Los países concurrentes designaron a los siguientes plenipotenciarios: de Bolivia, José Ballivián; de Chile, Diego José Benavente; de Ecuador, Pablo Merino; de Nueva Granada, Juan de Francisco Martín; y del Perú, Manuel Ferreyros, quien por su experiencia como ministro de Estado, como jefe de varias misiones diplomáticas y como presidente del Congreso de Huancayo lo señalaban como la persona idónea para representar a nuestro país en esta reunión continental de Lima.
Fueron 21 las conferencias que se celebraron, desde la sesión de instalación, el 11 de diciembre de 1847, hasta la de clausura de los trabajos el 1 de marzo de 1848. Los acuerdos a los que llegó no fueron suficientemente estimulantes, pero se estableció el deseo de llegar a acuerdos internacionales para proteger la soberanía americana según la Doctrina Monroe. Durante el congreso, además, se comprobó con satisfacción que la cancillería de Londres daba las garantías de que tal expedición no se produciría.
El Perú, por recomendación de su canciller Paz Soldán, sentó en las reuniones los principios de armonía continental y la necesidad de encontrar canales para mantener la paz en el continente. En este sentido se suscribió un tratado de confederación, otro de comercio y navegación, una convención de correos y otra consular. Hubo promesas, por último, de continuar las conversaciones: esto sólo resurgió en casos de peligro evidente.

José Gregorio Paz Soldán, ministro de Relaciones Exteriores del Perú en 1847
En este sentido, al Perú fue comisionado el expresidente Vicente Rocafuerte ante el gobierno de Castilla. Desde ese momento se inicia una estrecha relación entre ambos países para combatir a Flores. Por ello el historiador ecuatoriano Luis Robalino Dávila anota: la unión con el Perú, gracias a las gestiones de Rocafuerte, fue más íntima que con cualquiera otra nación hispanoamericana. Y la cancillería peruana procedía igualmente con suma actividad.
Recordemos que por aquellos años el Perú estaba en capacidad de hacer un eficaz despliegue de apoyo al vecino amenazado. Los ingresos provenientes del guano habían mejorado la presencia diplomática de nuestro país en América y Europa: su capacidad de negociación se encontraba en un momento óptimo. Y Ecuador sabía esta circunstancia. También nuestro país estaba en condiciones de brindar apoyo bélico. En este sentido el gobierno de Castilla envió lo necesario para artillar el puerto de Guayaquil y obsequió 3 mil fusiles y varias decenas de quintales de pólvora. Incluso el propio Castilla mantenía correspondencia con otros mandatarios de la región. Por ejemplo en sus cartas con el general Tomás Cipriano Mosquera, presidente de Nueva Granada, declara la buena voluntad del gobierno peruano en apoyar la causa ecuatoriana señalando que en caso de invasión la asistencia militar sería total.
Recogiendo la opinión del historiador ecuatoriano Jorge Villacrés Moscoso, en su "Historia diplomática de la República del Ecuador", la actitud del Perú fue importante por un aspecto trascendental: el gobierno de Castilla envió, con fecha 9 de noviembre de 1846, dos circulares a todos los gobiernos de América, incluidos los Estados Unidos.
1. En la primera transcribía las informaciones que había recibido de su plenipotenciario en Londres Juan Manuel Iturregui sobre la empresa de Flores denunciando la amenaza de agresión y solicitando un frente americano para resistir
2. En la segunda, el canciller peruano José Gregorio Paz Soldán, pedía convocar un congreso continental para acordar medidas claras de defensa común en vista del proyecto floreano de instaurar en América monarquías europeas: en los derechos del Ecuador ultrajados por la España, ha recibido el Perú una injuria, porque estima como propios los agravios hechos a los pueblos del continente americano… la independencia de la América es un hecho consumado, y cuanto se pretenda para destruirla, debe reputarse como un crimen de lesa sociedad. El gobierno del infrascrito, que profesa sinceramente estos principios, no puede enmudecer cuando los ve amenazados… que la reunión de un Congreso, como el que se proyectaba, podía fijar de un modo sólido las bases de la futura tranquilidad y seguridad de los pueblos de Sud-América.
Las respuestas de las cancillerías americanas no se hicieron esperar. El canciller argentino Felipe Arana, por ejemplo, intensificó sus acciones dirigiéndose a los gobierno del Brasil, de Su Majestad Británica y de Francia para denunciar los planes de Flores. Del mismo modo actuaron los cancilleres de Chile (Manuel Camino Vial) y de Nueva Granada (Manuel Mallarino). Por último todos los gobiernos contestaron al peruano que participaban de los mismos sentimientos expresados en la circular del canciller Paz Soldán. Asimismo fue valiosa la gestión de nuestro ministro en Chile Felipe Pardo y Aliaga quien difundió acertadamente la necesidad de reunir un congreso continental en Lima para actuar contra los planes de Flores. Incluso Pardo llegó a proponer a la cancillería de Santiago una combinación de las fuerzas marítimas de Perú y Chile para bloquear cualquier incursión floreana por el Estrecho de Magallanes.
El Congreso Americano de Lima.- De los diez países invitados, sólo enviaron su representación cinco. Los países concurrentes designaron a los siguientes plenipotenciarios: de Bolivia, José Ballivián; de Chile, Diego José Benavente; de Ecuador, Pablo Merino; de Nueva Granada, Juan de Francisco Martín; y del Perú, Manuel Ferreyros, quien por su experiencia como ministro de Estado, como jefe de varias misiones diplomáticas y como presidente del Congreso de Huancayo lo señalaban como la persona idónea para representar a nuestro país en esta reunión continental de Lima.
Fueron 21 las conferencias que se celebraron, desde la sesión de instalación, el 11 de diciembre de 1847, hasta la de clausura de los trabajos el 1 de marzo de 1848. Los acuerdos a los que llegó no fueron suficientemente estimulantes, pero se estableció el deseo de llegar a acuerdos internacionales para proteger la soberanía americana según la Doctrina Monroe. Durante el congreso, además, se comprobó con satisfacción que la cancillería de Londres daba las garantías de que tal expedición no se produciría.
El Perú, por recomendación de su canciller Paz Soldán, sentó en las reuniones los principios de armonía continental y la necesidad de encontrar canales para mantener la paz en el continente. En este sentido se suscribió un tratado de confederación, otro de comercio y navegación, una convención de correos y otra consular. Hubo promesas, por último, de continuar las conversaciones: esto sólo resurgió en casos de peligro evidente.

José Gregorio Paz Soldán, ministro de Relaciones Exteriores del Perú en 1847
El 16 de setiembre de 1846, el ministro del Perú en Londres, Juan Manuel Iturregui, informaba a nuestra cancillería lo siguiente: el general Flores se halla organizando en Madrid unos batallones que deben servir de base a una expedición que prepara ostensiblemente contra el Ecuador. Los periódicos de aquella capital aseguran que la expedición enunciada amenaza también al Perú y procede de un acuerdo hecho entre el Gobierno Español y dicho General para invadir ambas Repúblicas y formar de ellas una monarquía, a cuyo frente se intenta colocar a uno de los dos hijos habidos por doña María Cristina de Borbón de su segundo matrimonio con el Duque de Rianzares, -que el gabinete Español protege visiblemente esta empresa, y se están sacando Jefes, oficiales y centenares de soldados de los mismos cuerpos del ejército Peninsular para incorporarlos en lo que está levantando el general Flores, -que Agentes de este se hallan enganchando soldados de Irlanda para engrosar las filas de los expedicionarios, -y en fin que todos están ya listos y citados para reunirse en Aspeitia, -de donde saldrán para dar la vela para América. Los mismos periódicos, examinado el proyecto bajo todas sus fases, le dan abiertamente las bien merecidas calificaciones de impolítico, injusto, alevoso e irrealizable. Por cartas particulares se me asegura, después de confirmarme las anteriores noticias, que Don Andrés Santa Cruz, que se halla en Burdeos, tiene también parte en esta trama, y que Don José Joaquín de Mora, redactor de “El Heraldo”, es uno de los escritores que aboga por ella con más ardor, pero con argumentos que por su futilidad dan lástima (con copia al canciller de S.M.B.).
¿Quién era el general Flores? Hacia 1845, aparentemente, la era del general Juan José Flores había culminado en Ecuador. Ese año, una revolución derrocaba al caudillo quien, por el Tratado de La Virginia, aceptaba retirarse a Europa. El nuevo gobierno, sin embargo, debía respetar los empleos, honores, rentas y propiedades del depuesto presidente.
Quince años había durado el poder de Flores, un caudillo bolivariano quien fue “ecuatorianizado” mediante una ley ad hoc para hacerse cargo del gobierno de la naciente república del Ecuador. Nacido en el Caribe venezolano, estaba dotado de grandes talentos naturales. Gozó siempre del reconocimiento de Bolívar quien le consideraba el más genial de sus soldados, en la teoría en la práctica, en el gabinete o en el combate, según testimonio de Lacroix, edecán del Libertador.
Durante estos quince años, logró mantener el orden interno de un país poblado por 500 mil habitantes. Su régimen representaba la hegemonía de Quito y la sierra; propició la anexión de las islas Galápagos, creó varios colegios y permitió el avance de la enseñanza universitaria. Sin embargo, se rodeó de muchos asesores y militares venezolanos lo que ocasionó una especie de reacción nacionalista que culminó en una guerra civil, nacida en la Guayaquil liberal, que lo derrocaría en 1845. La oposición a Flores fue movilizada por un antiguo rival: Vicente Rocafuerte, célebre escritor y diplomático, y exiliado en Lima antes de la revolución.
A los pocos días de firmarse el Tratado de La Virginia Flores, parte a su exilio europeo, vía Panamá. Entre tanto, el gobierno nuevo gobierno ecuatoriano desconoce los convenios de la Virginia y se niega a reconocer los derechos que habían obtenido Flores y sus partidarios. Para el político ecuatoriano Benigno Malo: esa resolución, lejos de cerrar las puertas a su regreso, no hizo más que tentarlo a adoptar represalias de naturaleza extremada e inmoral… Flores burlado se creyó plenamente autorizado para seguir los consejos de la venganza: se engañaba. Un crimen no se lava con otro.
En efecto, desde Europa, Flores organiza uno de los planes más audaces del caudillismo latinoamericano para recuperar el poder. En Inglaterra encomendó al general irlandés Ricardo Wright la tarea de reclutar mercenarios, conseguir armamento y adquirir naves de guerra para invadir Ecuador. Luego pasó a Francia donde trató de conseguir más apoyo para su arriesgada empresa: llegó a proponer convertir a su país en una monarquía a cargo de un príncipe europeo con él como regente. Por último, en Nápoles, el Duque de Rivas, embajador español ante esa corte, escuchó sus planes de colocar un príncipe español al frente del Ecuador. Pero el plan no quedaba allí: bajo el Protectorado de España, dicho príncipe procuraría engrandecer geográficamente al Ecuador hacia el norte y hacia el sur, a costa de sus vecinos.
En España, la reina María Cristina, regente, y el gobierno de turno acogen con mucho entusiasmo los planes de Flores. De esta forma, España brinda un apoyo informal a la empresa. A fines de 1846, por ejemplo, Flores contaba con unos 1.500 hombres acuartelados en el puerto de Santander. España soñaba, una vez más, con la idea de reconquistar sus antiguas colonias. Por su parte en Inglaterra, Wright había logrado reunir dos batallones de 400 hombres cada uno y las 3 naves de guerra acordadas.
La intriga monárquica se encuentra denunciada en numerosos documentos, especialmente diplomáticos. En ellos se desataca el deseo de la reina María Cristina, viuda de Fernando VII, de colocar en tronos de América a los hijos de su segundo matrimonio. Incluso se precisa la edad del niño en 13 años, su domicilio escolar en Roma y el título de Conde de San Agustín. Según Alberto Ulloa, este plan aventurado pareció corresponder al carácter de María Cristina, que tenía de sus orígenes italianos una vocación de condottieri y la personalidad empeñosa de una luchadora sin desánimo. Los documentos coinciden, además, que María Cristina, seducida por la ilusión de una restauración monárquica en América, auxilió a Flores de su propio y cuantioso peculio.
Según Francisco Michelena y Rojas, ministro del Ecuador en Londres por esos años, los planes de Flores habrían tenido eco en las principales cortes europeas con pretensiones en América. Acusa principalmente a Francia de agitarse en distintas formas para establecer su dominación, ofreciendo sus príncipes bajo alianzas de familia, o su protectorado, tratando de influir en los gobiernos contra los intereses nacionales y humillando nuestras nacionalidades. Para Michelena, el dinero necesario a la expedición prevendría del rey Luis Felipe de Orleans. Manuel Moreno, ministro argentino en Londres, sospecha también de la intervención francesa, porque cree que la candidatura del hijo de Cristina no es sino aparente y provisional y que el fondo es dirigido todo por Luis Felipe para demoler la otra parte del tratado de Utrecht; y atraer con el tiempo las Indias a la rama Orleans, que ha introducido en España con el casamiento de su hijo el Duque de Montpensier con la infanta María Fernanda Luisa, hija de la reina Cristina y hermana de Isabel II en cuyo beneficio sería la monarquía en América.
Todo parecía listo para la reconquista del poder. Sin embargo, ante la protesta de la opinión pública británica y de las gestiones de las legaciones latinoamericanas, especialmente de la peruana, el gobierno del canciller Lord Palmerston confiscó las naves e inició un juicio contra los responsables de la empresa. Esto obliga a Flores acudir a Inglaterra para defenderse y conseguir la devolución de las naves, pero ante la posibilidad de verse envuelto en el juicio intentó retornar a España vía París. Pero las malas noticias no terminaban para Flores: en España el gabinete que lo había apoyado se vio obligado a dimitir, entre otras razones por su apoyo a la descabellada aventura floreana.
Es preciso anotar que Flores había buscado anteriormente, desde la presidencia, un acuerdo con el gobierno español. Se sabe que el cónsul español en el Ecuador, elDduque de la Victoria, le había trasmitido el pedido de proporcionarle dos fragatas de guerra hasta el establecimiento de monarquías en Sudamérica.

El general Juan José Flores
¿Quién era el general Flores? Hacia 1845, aparentemente, la era del general Juan José Flores había culminado en Ecuador. Ese año, una revolución derrocaba al caudillo quien, por el Tratado de La Virginia, aceptaba retirarse a Europa. El nuevo gobierno, sin embargo, debía respetar los empleos, honores, rentas y propiedades del depuesto presidente.
Quince años había durado el poder de Flores, un caudillo bolivariano quien fue “ecuatorianizado” mediante una ley ad hoc para hacerse cargo del gobierno de la naciente república del Ecuador. Nacido en el Caribe venezolano, estaba dotado de grandes talentos naturales. Gozó siempre del reconocimiento de Bolívar quien le consideraba el más genial de sus soldados, en la teoría en la práctica, en el gabinete o en el combate, según testimonio de Lacroix, edecán del Libertador.
Durante estos quince años, logró mantener el orden interno de un país poblado por 500 mil habitantes. Su régimen representaba la hegemonía de Quito y la sierra; propició la anexión de las islas Galápagos, creó varios colegios y permitió el avance de la enseñanza universitaria. Sin embargo, se rodeó de muchos asesores y militares venezolanos lo que ocasionó una especie de reacción nacionalista que culminó en una guerra civil, nacida en la Guayaquil liberal, que lo derrocaría en 1845. La oposición a Flores fue movilizada por un antiguo rival: Vicente Rocafuerte, célebre escritor y diplomático, y exiliado en Lima antes de la revolución.
A los pocos días de firmarse el Tratado de La Virginia Flores, parte a su exilio europeo, vía Panamá. Entre tanto, el gobierno nuevo gobierno ecuatoriano desconoce los convenios de la Virginia y se niega a reconocer los derechos que habían obtenido Flores y sus partidarios. Para el político ecuatoriano Benigno Malo: esa resolución, lejos de cerrar las puertas a su regreso, no hizo más que tentarlo a adoptar represalias de naturaleza extremada e inmoral… Flores burlado se creyó plenamente autorizado para seguir los consejos de la venganza: se engañaba. Un crimen no se lava con otro.
En efecto, desde Europa, Flores organiza uno de los planes más audaces del caudillismo latinoamericano para recuperar el poder. En Inglaterra encomendó al general irlandés Ricardo Wright la tarea de reclutar mercenarios, conseguir armamento y adquirir naves de guerra para invadir Ecuador. Luego pasó a Francia donde trató de conseguir más apoyo para su arriesgada empresa: llegó a proponer convertir a su país en una monarquía a cargo de un príncipe europeo con él como regente. Por último, en Nápoles, el Duque de Rivas, embajador español ante esa corte, escuchó sus planes de colocar un príncipe español al frente del Ecuador. Pero el plan no quedaba allí: bajo el Protectorado de España, dicho príncipe procuraría engrandecer geográficamente al Ecuador hacia el norte y hacia el sur, a costa de sus vecinos.
En España, la reina María Cristina, regente, y el gobierno de turno acogen con mucho entusiasmo los planes de Flores. De esta forma, España brinda un apoyo informal a la empresa. A fines de 1846, por ejemplo, Flores contaba con unos 1.500 hombres acuartelados en el puerto de Santander. España soñaba, una vez más, con la idea de reconquistar sus antiguas colonias. Por su parte en Inglaterra, Wright había logrado reunir dos batallones de 400 hombres cada uno y las 3 naves de guerra acordadas.
La intriga monárquica se encuentra denunciada en numerosos documentos, especialmente diplomáticos. En ellos se desataca el deseo de la reina María Cristina, viuda de Fernando VII, de colocar en tronos de América a los hijos de su segundo matrimonio. Incluso se precisa la edad del niño en 13 años, su domicilio escolar en Roma y el título de Conde de San Agustín. Según Alberto Ulloa, este plan aventurado pareció corresponder al carácter de María Cristina, que tenía de sus orígenes italianos una vocación de condottieri y la personalidad empeñosa de una luchadora sin desánimo. Los documentos coinciden, además, que María Cristina, seducida por la ilusión de una restauración monárquica en América, auxilió a Flores de su propio y cuantioso peculio.
Según Francisco Michelena y Rojas, ministro del Ecuador en Londres por esos años, los planes de Flores habrían tenido eco en las principales cortes europeas con pretensiones en América. Acusa principalmente a Francia de agitarse en distintas formas para establecer su dominación, ofreciendo sus príncipes bajo alianzas de familia, o su protectorado, tratando de influir en los gobiernos contra los intereses nacionales y humillando nuestras nacionalidades. Para Michelena, el dinero necesario a la expedición prevendría del rey Luis Felipe de Orleans. Manuel Moreno, ministro argentino en Londres, sospecha también de la intervención francesa, porque cree que la candidatura del hijo de Cristina no es sino aparente y provisional y que el fondo es dirigido todo por Luis Felipe para demoler la otra parte del tratado de Utrecht; y atraer con el tiempo las Indias a la rama Orleans, que ha introducido en España con el casamiento de su hijo el Duque de Montpensier con la infanta María Fernanda Luisa, hija de la reina Cristina y hermana de Isabel II en cuyo beneficio sería la monarquía en América.
Todo parecía listo para la reconquista del poder. Sin embargo, ante la protesta de la opinión pública británica y de las gestiones de las legaciones latinoamericanas, especialmente de la peruana, el gobierno del canciller Lord Palmerston confiscó las naves e inició un juicio contra los responsables de la empresa. Esto obliga a Flores acudir a Inglaterra para defenderse y conseguir la devolución de las naves, pero ante la posibilidad de verse envuelto en el juicio intentó retornar a España vía París. Pero las malas noticias no terminaban para Flores: en España el gabinete que lo había apoyado se vio obligado a dimitir, entre otras razones por su apoyo a la descabellada aventura floreana.
Es preciso anotar que Flores había buscado anteriormente, desde la presidencia, un acuerdo con el gobierno español. Se sabe que el cónsul español en el Ecuador, elDduque de la Victoria, le había trasmitido el pedido de proporcionarle dos fragatas de guerra hasta el establecimiento de monarquías en Sudamérica.

El general Juan José Flores
En la década de 1960 las fuerzas policiales estaban divididas en:
1. La Guardia Civil, que controlaba el orden interno (urbano y rural)
2. La Guardia Republicana, que custodiaba las fronteras y los centros penales
3. La Policía de Investigaciones del Perú (PIP), técnicamente especializada
Cuando en 1968 el gobierno de Velasco creó el Ministerio del Interior, los cuerpos policiales adquirieron mayor apoyo funcional y control por parte del estado. Sin embargo, a raíz los sucesos del 5 de febrero de 1975 (el famoso “limazo”), ocasión en la que un amplio movimiento de protesta de la Policía hizo una huelga, y reclamó mejores sueldos y mejor consideración institucional, provocaron una nueva reorganización: la Policía fue incorporada al sistema de la Defensa Nacional. Luego, el primer gobierno de Alan García, en 1988, unificó los tres cuerpos policiales en una sola institución, la Policía Nacional del Perú (PNP). Bajo esta nueva modalidad, los policías peruanos cumplieron una importante labor de inteligencia, rastreo e intervención en la lucha contra el terrorismo (aquí Gonzalo podría, en forma muy sencilla, rendir homenaje a los cientos de policías caídos durante estos años de lucha antisubversiva).
LA POLICÍA MONTADA.- Durante la independencia, ya existía el “Escuadrón Guardia Lima” que era un Cuerpo de Policía a caballo ubicado en la Quinta Presa, actualmente cuartel Los Cibeles en el Rímac. Al retirarse de la capital el ejército realista, este escuadrón continuó cumpliendo con el mantenimiento del orden y seguridad pública. Más tarde, cuando las tropas bolivarianas llegan al Perú, formaron el Ejército Patriota, integrado por efectivos pertenecientes al Escuadrón Guardia Lima y otros voluntarios, quienes noveles frente a las tropas libertadoras, fuero denominados Húsares del Perú. Fue el 6 de agosto de 1824, en las pampas de Junín, donde los patriotas enfrentan a los realistas, que el sargento mayor Andrés Rázuri, quien se encontraba al frente de los Húsares del Perú, ocasiona que su intervención cambie la historia de una derrota en victoria. Así nació el “Glorioso Regimiento Húsares de Junín”. Luego, este regimiento se distribuyó en militantes del Ejército y otros cumplirían la función policial, de acuerdo a la creación de la Guardia Nacional por Bolívar en 1825. En 1852, el gobierno de Echenique, crea la Gendarmería, institución que cumple la función policial y que contaba con unidades a caballo. En 1873 se crea la Guardia Civil peruana, la cual contaba con fuerzas a caballo. En Lima, esta función la continuaba cumpliendo el Escuadrón Guardia Lima.
En el siglo XX, la policía moderna fue producto de la reorganización iniciada por el presidente Leguía en 1919. El Escuadrón Guardia Lima pasó a conformar el Primer Regimiento Mixto de Infantería y Caballería del Cuerpo de Seguridad de la República, que era la policía urbana, perteneciente a la Guardia Civil. En 1930, Leguía dispone la autonomía de la función de caballería en la Policía. Es en este momento histórico en que se traslada completamente la Unidad de Caballería Policial, jinetes y caballos de la Quinta Presa al Cuartel El Potao, quedando como Jefe del Regimiento de Infantería del Cuerpo de Seguridad de la República el Coronel Rufino Martinez y el Teniente Coronel Manuel Pella Cáceda fue nombrado como el flamante Jefe de Regimiento de Caballería en el Cuartel El Potao. En 1931, se le da la denominación al Cuartel de caballería El Potao, con el nombre de «Cabo Manuel Gutiérrez Candia», quien se inmoló en la acción de armas de Paucarcolla-Puno, el 30 de Junio de 1931, en defensa del orden constituido. En 1938, se le denominó Primer Regimiento de Caballería de la Guardia Civil y en 1941, 24 Comandancia de Caballería. Por las reformas dadas durante el gobierno de Alan García Pérez, en 1986, se fusionan las instituciones policiales de la Guardia Civil, Policía de Investigaciones y Guardia Republicana, denominándoseles Fuerzas Policiales, trayendo como consecuencia que, en 1988; se crea la Policía Nacional del Perú. Así, el regimiento de Caballería asentado en el Cuartel Manuel Gutiérrez Candia pasa a denominarse 24 Comandancia de la PNP. En 1993 y al redistribuirse las fuerzas de la Policía Nacional debido a la reorganización, se cambia la denominación por Unidad de Policía Montada. En 2001, se le denominó Unidad de Servicios Especiales Norte- El Potao y, finalmente, en 2003, pasa a denominarse División de Control de Disturbios Norte. Como vemos, la Policía Montada está unida a la evolución de la patria, desde el nacimiento y formación de la función policial en el nuevo Estado hasta nuestros días.

Policía montada (1972)
1. La Guardia Civil, que controlaba el orden interno (urbano y rural)
2. La Guardia Republicana, que custodiaba las fronteras y los centros penales
3. La Policía de Investigaciones del Perú (PIP), técnicamente especializada
Cuando en 1968 el gobierno de Velasco creó el Ministerio del Interior, los cuerpos policiales adquirieron mayor apoyo funcional y control por parte del estado. Sin embargo, a raíz los sucesos del 5 de febrero de 1975 (el famoso “limazo”), ocasión en la que un amplio movimiento de protesta de la Policía hizo una huelga, y reclamó mejores sueldos y mejor consideración institucional, provocaron una nueva reorganización: la Policía fue incorporada al sistema de la Defensa Nacional. Luego, el primer gobierno de Alan García, en 1988, unificó los tres cuerpos policiales en una sola institución, la Policía Nacional del Perú (PNP). Bajo esta nueva modalidad, los policías peruanos cumplieron una importante labor de inteligencia, rastreo e intervención en la lucha contra el terrorismo (aquí Gonzalo podría, en forma muy sencilla, rendir homenaje a los cientos de policías caídos durante estos años de lucha antisubversiva).
LA POLICÍA MONTADA.- Durante la independencia, ya existía el “Escuadrón Guardia Lima” que era un Cuerpo de Policía a caballo ubicado en la Quinta Presa, actualmente cuartel Los Cibeles en el Rímac. Al retirarse de la capital el ejército realista, este escuadrón continuó cumpliendo con el mantenimiento del orden y seguridad pública. Más tarde, cuando las tropas bolivarianas llegan al Perú, formaron el Ejército Patriota, integrado por efectivos pertenecientes al Escuadrón Guardia Lima y otros voluntarios, quienes noveles frente a las tropas libertadoras, fuero denominados Húsares del Perú. Fue el 6 de agosto de 1824, en las pampas de Junín, donde los patriotas enfrentan a los realistas, que el sargento mayor Andrés Rázuri, quien se encontraba al frente de los Húsares del Perú, ocasiona que su intervención cambie la historia de una derrota en victoria. Así nació el “Glorioso Regimiento Húsares de Junín”. Luego, este regimiento se distribuyó en militantes del Ejército y otros cumplirían la función policial, de acuerdo a la creación de la Guardia Nacional por Bolívar en 1825. En 1852, el gobierno de Echenique, crea la Gendarmería, institución que cumple la función policial y que contaba con unidades a caballo. En 1873 se crea la Guardia Civil peruana, la cual contaba con fuerzas a caballo. En Lima, esta función la continuaba cumpliendo el Escuadrón Guardia Lima.
En el siglo XX, la policía moderna fue producto de la reorganización iniciada por el presidente Leguía en 1919. El Escuadrón Guardia Lima pasó a conformar el Primer Regimiento Mixto de Infantería y Caballería del Cuerpo de Seguridad de la República, que era la policía urbana, perteneciente a la Guardia Civil. En 1930, Leguía dispone la autonomía de la función de caballería en la Policía. Es en este momento histórico en que se traslada completamente la Unidad de Caballería Policial, jinetes y caballos de la Quinta Presa al Cuartel El Potao, quedando como Jefe del Regimiento de Infantería del Cuerpo de Seguridad de la República el Coronel Rufino Martinez y el Teniente Coronel Manuel Pella Cáceda fue nombrado como el flamante Jefe de Regimiento de Caballería en el Cuartel El Potao. En 1931, se le da la denominación al Cuartel de caballería El Potao, con el nombre de «Cabo Manuel Gutiérrez Candia», quien se inmoló en la acción de armas de Paucarcolla-Puno, el 30 de Junio de 1931, en defensa del orden constituido. En 1938, se le denominó Primer Regimiento de Caballería de la Guardia Civil y en 1941, 24 Comandancia de Caballería. Por las reformas dadas durante el gobierno de Alan García Pérez, en 1986, se fusionan las instituciones policiales de la Guardia Civil, Policía de Investigaciones y Guardia Republicana, denominándoseles Fuerzas Policiales, trayendo como consecuencia que, en 1988; se crea la Policía Nacional del Perú. Así, el regimiento de Caballería asentado en el Cuartel Manuel Gutiérrez Candia pasa a denominarse 24 Comandancia de la PNP. En 1993 y al redistribuirse las fuerzas de la Policía Nacional debido a la reorganización, se cambia la denominación por Unidad de Policía Montada. En 2001, se le denominó Unidad de Servicios Especiales Norte- El Potao y, finalmente, en 2003, pasa a denominarse División de Control de Disturbios Norte. Como vemos, la Policía Montada está unida a la evolución de la patria, desde el nacimiento y formación de la función policial en el nuevo Estado hasta nuestros días.

Policía montada (1972)
Alférez Mariano Santos Mateos, “El valiente de Tarapacá”. Este cuzqueño, nacido en el distrito de Lucre, provincia de Quispicanchis, ingresó, en 1875, a la entonces Institución de la Guardia Civil. Cuando estalla la Guerra del Pacífico, prestaba servicios en Arequipa. Por ese motivo, pasó a formar parte del Batallón de Guardias, que se integró al Ejército del Sur. El 27 de noviembre de 1879, en la batalla de Tarapacá, el guardia Mariano Santos avanzó delante de sus compañeros y a la voz de “¡A las banderas, a las banderas!”, se abrió paso a golpes de culata y bayonetazos entre las filas chilenas, hasta capturar la insignia del 2° Batallón de línea y excitar así la voluntad combativa de los soldados peruanos. Falleció en 1900. El Congreso de la República lo declaró Héroe Nacional. Posteriormente, en reconocimiento a su heroísmo, el Congreso de la República dio la Ley Nº 27018 del 21 diciembre 1998, mediante la cual se precisa su jerarquía en la Policía Nacional, otorgándosele el Grado de Alférez.
La clausura de una casa de juego en Lurín.- En 1926 funcionaba una casa de juego en Lurín conducida por un asiático. Como este tipo de actividades era ilegal, el cabo César Gallegos Melgar, responsable del puesto policial de la zona, luego de una investigación, sorprendió a los jugadores y los condujo detenidos al puesto, junto con los implementos del juego. Nada de particular hubiese tenido el hecho si un senador de la República, Pablo Chueca, no hubiera exigido al cabo la libertad de los detenidos. El cabo Gallegos negó cortés pero firmemente la libertad y, pese a las amenazas del senador, puso a los chinos a disposición de las autoridades correspondientes. El senador calificó de desacato la conducta del cabo y se quejó ante el Ministerio de Gobierno y exigió la interpelación del ministro. El ministro no fue a la interpelación y el senador la retiró. En las actas de las sesiones del Senado salió triunfante la verdad y la justicia valerosamente defendidas por un modesto cabo de la Guardia Civil.
Asesinato del cabo Caballero.- La mañana del 27 de julio de 1931, el cabo Víctor Caballero López pasaba por el grifo Santa rosa de la “Portada de Guía” cuando escuchó gritos dentro de la garita del negocio. El cabo se dirigió hacia el lugar y encontró que 4 salteadores habían detenido al propietario y lo estaban amordazando e inmovilizando para robarle, lo mismo que a su empleado que estaba acompañado de su mujer y de su hijo. El cabo, que se encontraba desarmado, se lanzó a detenerlos. Los maleantes ofrecieron resistencia y agredieron al cabo, pero al convencerse de la fortaleza del policía le dispararon en el abdomen, danto tiempo para la fuga de los criminales quienes se llevaron el producto del asalto. El herido fue conducido al hospital Militar donde murió.
El Día de la Policía.- Fue establecido el 21 de marzo de 1928 dando por Patrona a Santa Rosa de Lima. El objetivo era presentar a las autoridades del gobierno y al país las fuerzas de la Guardia Civil y del Cuerpo de Seguridad, en parada militar. Asimismo, celebrar una misa de campaña por los caídos en el cumplimiento del deber y realizar números de habilidad profesional ecuestre, en motocicleta, bicicleta y automóvil, a pie, con armas y con otros elementos propios de acciones militares y policiales para la captura de delincuentes y otros cometidos de la función. A la vez, el Presidente de la República debería entregar condecoraciones y premios a los jefes, oficiales y tropa que se habían distinguido en el año, en cumplimiento del deber. La primera fecha del Día de la Policía se realizó en el campo del hipódromo de Santa Beatriz y asistió el presidente Leguía. Luego de la parada y desfile de los policías, el presidente distribuyó los premios correspondientes.
Durante los años 80, y luego de la reforma policial, Santa Rosa de Lima fue designada Patrona de la PNP mediante Decreto Supremo 0027-89-IN, publicado el 18 de septiembre de 1989. Después, en 1995, la santa limeña fue condecorada con la Orden al Mérito de la Policía Nacional en el grado de Gran Cruz. Además, se le otorgó la Banda Honorífica como Generala de la Policía Nacional, en su calidad de Patrona del instituto. En el Calendario Anual de Festividades Institucionales de la Policía, se designó al 30 de agosto de cada año como “Día de Santa Rosa de Lima y de la Virtud Policial”, conforme a lo estipulado en el Decreto Supremo 0027-89 y la Resolución N° 355092 del 6 de agosto de 1992.
El uniforme.- Vistosos y elegantes fueron los primeros uniformes de la policía. El Cuerpo de Seguridad salió al servicio con uniforme de paño azul tina con rojos vivos en las mangas y en el pantalón, gorra del mismo material e iguales vivos. Este uniforme suscitó curiosidad en al gente y el mote de “huairuros” con que popularmente se llamaba a los miembros de este cuerpo. La Guardia Civil introdujo el uniforme de gala, de media gala y de diario, de finos paños y gabardina kaki: la teresiana, prenda de cabeza de antiguo modelo, con apariencia de kepís y algo de gorra; la pelliza, elegante prenda de abrigo de tipo español; guantes blancos y avellana; botas de charol y de montar, espolines, florete con empuñadura morada y sombrero de fieltro, especial prenda militar de los primeros tiempos, todo lo que revela el notable interés de la Misión Española por dignificar a la Policía.
El tránsito.- El batallón de “tráfico” fue creado en 1929 en sustitución de la policía municipal que ejercía este control en forma deficiente. Es cierto que el tráfico fue siempre un derecho y un deber de los concejos municipales pero como el problema se iba agravando cada vez más, el gobierno tuvo que convertirlo en un servicio estatal, encargando a la Guardia Civil esta nueva misión. Esta unidad inició su instrucción en la Escuela de la Guardia Civil a cargo de profesores expertos. Se seleccionó el personal dentro de los de mayor talla, buena presencia y mayor preparación.
Durante los años 50, a la entrada del jirón de la Unión, estuvo un policía moreno al cuidado del tráfico. Tenía unos brazos tan largos como las aspas de molino. Era Reynaldo Nonone Viviano. Lima jamás volvió a tener un policía de tránsito de tanto talento y elegancia. Cuentan los que lo vieron que en sus 20 años de policía, con gran elegancia y la precisión de un director de orquesta, ordenaba cotidianamente el tráfico limeño dejando contentos a conductores y viandantes. Dinámico y siempre respetuoso, nunca tuvo necesidad de emplear su revólver ni agredir verbal o físicamente a un chofer. En su honor, el `Carreta' Jorge Perez y el `Pato' Jorge Alvarez lo inmortalizaron en una polca que decía así: ¡Qué tráfico compadre! Nonone ya está loco, metiendo papeletas, a más ya no poder... Murió en febrero 1997. Fue el policía de tránsito más digno y respetado de nuestra historia. Hay varias fotos de él.
El asalto a un banco.- El 13 de septiembre de 1940, el Nacional City Bank of New York de Lima, sufrió un gran asalto. Los ladrones lograron extraer casi 124 mil soles. Pero el guardia Escolástico Calle Reyna de la comisaría de Cotabambas y el guardia de tránsito Matías Ramírez Salguero, que se encontraba de franco y desarmado, persiguieron tenazmente a los autores del robo, quienes se daban a la fuga en un automóvil. Los valientes policías los capturaron y recuperaron la suma robada.

Policías en los años 50
Capitán Alipio Ponce Vásquez.- Este oficial, nacido en 1906 en el distrito de San Lorenzo, provincia de Jauja, se inició como Guardia de Esquina y ascendió hasta Sargento Primero, recorriendo diversas comisarías de Lima y el Norte. Luego, fue Cadete de la Escuela de Oficiales, egresando como alférez en 1937. Al estallar el conflicto con Ecuador en 1941, Alipio Ponce, ya Teniente, fue destinado como Oficial de la Guardia Civil. Participó decididamente en la Batalla de Zarumilla, logrando notables victorias en las acciones de armas que culminaron con la toma de Quebrada Seca, Carcabón y Huabillos. Fue en la toma del puesto de Carcabón donde Alipio Ponce, el 25 de Julio de 1941, al mando de un puñado de soldados de ingeniería y policías de su destacamento, tras una acción de sólo 25 minutos, logró desalojar a las fuerzas oponentes, izando en el mástil la Bandera Nacional. Al día siguiente lanzó un sorpresivo ataque contra la posición de Huabillos, que el enemigo no pudo contener. El 11 de Setiembre de 1941, pereció heroicamente en acción de armas durante una emboscada en la Quebrada de Porotillo (Ecuador), cuando su patrulla realizaba una misión de reconocimiento. El Congreso de la República, en mérito a su heroica actuación durante dicho conflicto, lo declaró Héroe Nacional, y dispuso que sus restos reposen en la Cripta de los Héroes de la Patria (hay fotografías de Alipio Ponce y un monumento a los policías caídos en el conflicto con Ecuador en el Campo de Marte).

Alipio Ponce Vásquez
El origen de los patrulleros: la radio patrulla.- Con el nombre de Escuadrón de radio policial, esta unidad fue creada por Odría en 1949, con un total de 10 carros y el personal de oficiales, tropa y choferes necesarios para servirlos. Su primer comandante fue el teniente coronel Isaac Ingunza Apolinario. Ante los buenos resultados del “patrullaje” de estas unidades en la ciudad de lima, en 1950 se adquirieron 48 unidades móviles más, mejorando el servicio. Se estableció una central radiotécnica destinada a dirigir el servicio de los patrulleros. Tan importante fue este servicio que, durante los años 60, algunos distritos de la gran Lima adquirieron por su cuenta carros patrulleros y los cedieron al Estado.
El “rochabus”.- En el Perú hemos llamamos así a los carros rompemanifestaciones que usa la policía y que lanzan chorros de agua para su propósito. Según la tradición “oficial”, el nombre deriva de Temístocles Rocha, hacendado de Ica y ministro de Hacienda durante la dictadura de Odría. En 1956 fue presidente del Jurado Nacional de Elecciones. En ese puesto, se opuso a la inscripción de la candidatura a la presidencia de Fernando Belaunde. Muchos de partidarios del fallecido ex presidente salieron a las calles y como respuesta por primera vez se usaron estos vehículos. Tan populares, y temidos, eran estos carros que, en 1957, ya caído Odría, Guido Monteverde fundó un Semanario Político, con muchas caricaturas llamado ROCHABUS. Sin embargo, en cuanto al origen del nombre “rochabús”, hay una coincidencia etimológica, lo que a algunos les hace pensar que no sería absolutamente Temístocles Rocha el que dio origen al vocablo. Veamos. En el Diccionario de la Real Academia Española existe el verbo “rochar”, que significa “romper”, “rozar”, “limpiar”; a lo que se agrega el sustantivo “bus”, y se obtiene la palabra compuesta “rochabús”; es decir, un bus que sirve para romper o limpiar las calles atestadas de muchedumbres manifestantes. Esta coincidencia solo sirve para dar una nueva explicación a este “peruanismo” que aparece en el Diccionario Americano. Desde los años 80, a estos carros también se les conoce como “Pinochitos” ya que el cañón que usan para lanzar el agua es similar a la nariz del personaje del cuento.
El Casino de Policía.- Al entonces coronel Isaías morón Márquez le corresponde la labor de haber iniciado la fundación del Casino de Policía en 1937. Producto de cuotas de inscripción y mensualidades se compró un terreno de 17 mil metros cuadrados en la urbanización “Country Club” (hoy San Isidro), zona residencial de alta categoría con el visionario propósito de construir no solo un simple local sino un “country” con toda clase de comodidades para los policías y sus familiares. Sin embargo, el proyecto no se realizó porque, en 1945, a pesar de la oposición de la mayor parte de socios, el terreno se vendió. En 1946, el entonces general Morón, fue elegido presidente del casino cuando el ministro de Gobierno, el general Manuel Encarnación Rodríguez, había ordenado que se construya el actual edificio (avenida Wilson, casi esquina con Bolivia), mandando elaborar los planos y presupuestos por un ingeniero civil en vez de un arquitecto. La ley adjudicando el terreno fue dada en 1950, los trabajos concluyeron en 1952 y en 1953 fue inaugurado el local.
La clausura de una casa de juego en Lurín.- En 1926 funcionaba una casa de juego en Lurín conducida por un asiático. Como este tipo de actividades era ilegal, el cabo César Gallegos Melgar, responsable del puesto policial de la zona, luego de una investigación, sorprendió a los jugadores y los condujo detenidos al puesto, junto con los implementos del juego. Nada de particular hubiese tenido el hecho si un senador de la República, Pablo Chueca, no hubiera exigido al cabo la libertad de los detenidos. El cabo Gallegos negó cortés pero firmemente la libertad y, pese a las amenazas del senador, puso a los chinos a disposición de las autoridades correspondientes. El senador calificó de desacato la conducta del cabo y se quejó ante el Ministerio de Gobierno y exigió la interpelación del ministro. El ministro no fue a la interpelación y el senador la retiró. En las actas de las sesiones del Senado salió triunfante la verdad y la justicia valerosamente defendidas por un modesto cabo de la Guardia Civil.
Asesinato del cabo Caballero.- La mañana del 27 de julio de 1931, el cabo Víctor Caballero López pasaba por el grifo Santa rosa de la “Portada de Guía” cuando escuchó gritos dentro de la garita del negocio. El cabo se dirigió hacia el lugar y encontró que 4 salteadores habían detenido al propietario y lo estaban amordazando e inmovilizando para robarle, lo mismo que a su empleado que estaba acompañado de su mujer y de su hijo. El cabo, que se encontraba desarmado, se lanzó a detenerlos. Los maleantes ofrecieron resistencia y agredieron al cabo, pero al convencerse de la fortaleza del policía le dispararon en el abdomen, danto tiempo para la fuga de los criminales quienes se llevaron el producto del asalto. El herido fue conducido al hospital Militar donde murió.
El Día de la Policía.- Fue establecido el 21 de marzo de 1928 dando por Patrona a Santa Rosa de Lima. El objetivo era presentar a las autoridades del gobierno y al país las fuerzas de la Guardia Civil y del Cuerpo de Seguridad, en parada militar. Asimismo, celebrar una misa de campaña por los caídos en el cumplimiento del deber y realizar números de habilidad profesional ecuestre, en motocicleta, bicicleta y automóvil, a pie, con armas y con otros elementos propios de acciones militares y policiales para la captura de delincuentes y otros cometidos de la función. A la vez, el Presidente de la República debería entregar condecoraciones y premios a los jefes, oficiales y tropa que se habían distinguido en el año, en cumplimiento del deber. La primera fecha del Día de la Policía se realizó en el campo del hipódromo de Santa Beatriz y asistió el presidente Leguía. Luego de la parada y desfile de los policías, el presidente distribuyó los premios correspondientes.
Durante los años 80, y luego de la reforma policial, Santa Rosa de Lima fue designada Patrona de la PNP mediante Decreto Supremo 0027-89-IN, publicado el 18 de septiembre de 1989. Después, en 1995, la santa limeña fue condecorada con la Orden al Mérito de la Policía Nacional en el grado de Gran Cruz. Además, se le otorgó la Banda Honorífica como Generala de la Policía Nacional, en su calidad de Patrona del instituto. En el Calendario Anual de Festividades Institucionales de la Policía, se designó al 30 de agosto de cada año como “Día de Santa Rosa de Lima y de la Virtud Policial”, conforme a lo estipulado en el Decreto Supremo 0027-89 y la Resolución N° 355092 del 6 de agosto de 1992.
El uniforme.- Vistosos y elegantes fueron los primeros uniformes de la policía. El Cuerpo de Seguridad salió al servicio con uniforme de paño azul tina con rojos vivos en las mangas y en el pantalón, gorra del mismo material e iguales vivos. Este uniforme suscitó curiosidad en al gente y el mote de “huairuros” con que popularmente se llamaba a los miembros de este cuerpo. La Guardia Civil introdujo el uniforme de gala, de media gala y de diario, de finos paños y gabardina kaki: la teresiana, prenda de cabeza de antiguo modelo, con apariencia de kepís y algo de gorra; la pelliza, elegante prenda de abrigo de tipo español; guantes blancos y avellana; botas de charol y de montar, espolines, florete con empuñadura morada y sombrero de fieltro, especial prenda militar de los primeros tiempos, todo lo que revela el notable interés de la Misión Española por dignificar a la Policía.
El tránsito.- El batallón de “tráfico” fue creado en 1929 en sustitución de la policía municipal que ejercía este control en forma deficiente. Es cierto que el tráfico fue siempre un derecho y un deber de los concejos municipales pero como el problema se iba agravando cada vez más, el gobierno tuvo que convertirlo en un servicio estatal, encargando a la Guardia Civil esta nueva misión. Esta unidad inició su instrucción en la Escuela de la Guardia Civil a cargo de profesores expertos. Se seleccionó el personal dentro de los de mayor talla, buena presencia y mayor preparación.
Durante los años 50, a la entrada del jirón de la Unión, estuvo un policía moreno al cuidado del tráfico. Tenía unos brazos tan largos como las aspas de molino. Era Reynaldo Nonone Viviano. Lima jamás volvió a tener un policía de tránsito de tanto talento y elegancia. Cuentan los que lo vieron que en sus 20 años de policía, con gran elegancia y la precisión de un director de orquesta, ordenaba cotidianamente el tráfico limeño dejando contentos a conductores y viandantes. Dinámico y siempre respetuoso, nunca tuvo necesidad de emplear su revólver ni agredir verbal o físicamente a un chofer. En su honor, el `Carreta' Jorge Perez y el `Pato' Jorge Alvarez lo inmortalizaron en una polca que decía así: ¡Qué tráfico compadre! Nonone ya está loco, metiendo papeletas, a más ya no poder... Murió en febrero 1997. Fue el policía de tránsito más digno y respetado de nuestra historia. Hay varias fotos de él.
El asalto a un banco.- El 13 de septiembre de 1940, el Nacional City Bank of New York de Lima, sufrió un gran asalto. Los ladrones lograron extraer casi 124 mil soles. Pero el guardia Escolástico Calle Reyna de la comisaría de Cotabambas y el guardia de tránsito Matías Ramírez Salguero, que se encontraba de franco y desarmado, persiguieron tenazmente a los autores del robo, quienes se daban a la fuga en un automóvil. Los valientes policías los capturaron y recuperaron la suma robada.

Policías en los años 50
Capitán Alipio Ponce Vásquez.- Este oficial, nacido en 1906 en el distrito de San Lorenzo, provincia de Jauja, se inició como Guardia de Esquina y ascendió hasta Sargento Primero, recorriendo diversas comisarías de Lima y el Norte. Luego, fue Cadete de la Escuela de Oficiales, egresando como alférez en 1937. Al estallar el conflicto con Ecuador en 1941, Alipio Ponce, ya Teniente, fue destinado como Oficial de la Guardia Civil. Participó decididamente en la Batalla de Zarumilla, logrando notables victorias en las acciones de armas que culminaron con la toma de Quebrada Seca, Carcabón y Huabillos. Fue en la toma del puesto de Carcabón donde Alipio Ponce, el 25 de Julio de 1941, al mando de un puñado de soldados de ingeniería y policías de su destacamento, tras una acción de sólo 25 minutos, logró desalojar a las fuerzas oponentes, izando en el mástil la Bandera Nacional. Al día siguiente lanzó un sorpresivo ataque contra la posición de Huabillos, que el enemigo no pudo contener. El 11 de Setiembre de 1941, pereció heroicamente en acción de armas durante una emboscada en la Quebrada de Porotillo (Ecuador), cuando su patrulla realizaba una misión de reconocimiento. El Congreso de la República, en mérito a su heroica actuación durante dicho conflicto, lo declaró Héroe Nacional, y dispuso que sus restos reposen en la Cripta de los Héroes de la Patria (hay fotografías de Alipio Ponce y un monumento a los policías caídos en el conflicto con Ecuador en el Campo de Marte).

Alipio Ponce Vásquez
El origen de los patrulleros: la radio patrulla.- Con el nombre de Escuadrón de radio policial, esta unidad fue creada por Odría en 1949, con un total de 10 carros y el personal de oficiales, tropa y choferes necesarios para servirlos. Su primer comandante fue el teniente coronel Isaac Ingunza Apolinario. Ante los buenos resultados del “patrullaje” de estas unidades en la ciudad de lima, en 1950 se adquirieron 48 unidades móviles más, mejorando el servicio. Se estableció una central radiotécnica destinada a dirigir el servicio de los patrulleros. Tan importante fue este servicio que, durante los años 60, algunos distritos de la gran Lima adquirieron por su cuenta carros patrulleros y los cedieron al Estado.
El “rochabus”.- En el Perú hemos llamamos así a los carros rompemanifestaciones que usa la policía y que lanzan chorros de agua para su propósito. Según la tradición “oficial”, el nombre deriva de Temístocles Rocha, hacendado de Ica y ministro de Hacienda durante la dictadura de Odría. En 1956 fue presidente del Jurado Nacional de Elecciones. En ese puesto, se opuso a la inscripción de la candidatura a la presidencia de Fernando Belaunde. Muchos de partidarios del fallecido ex presidente salieron a las calles y como respuesta por primera vez se usaron estos vehículos. Tan populares, y temidos, eran estos carros que, en 1957, ya caído Odría, Guido Monteverde fundó un Semanario Político, con muchas caricaturas llamado ROCHABUS. Sin embargo, en cuanto al origen del nombre “rochabús”, hay una coincidencia etimológica, lo que a algunos les hace pensar que no sería absolutamente Temístocles Rocha el que dio origen al vocablo. Veamos. En el Diccionario de la Real Academia Española existe el verbo “rochar”, que significa “romper”, “rozar”, “limpiar”; a lo que se agrega el sustantivo “bus”, y se obtiene la palabra compuesta “rochabús”; es decir, un bus que sirve para romper o limpiar las calles atestadas de muchedumbres manifestantes. Esta coincidencia solo sirve para dar una nueva explicación a este “peruanismo” que aparece en el Diccionario Americano. Desde los años 80, a estos carros también se les conoce como “Pinochitos” ya que el cañón que usan para lanzar el agua es similar a la nariz del personaje del cuento.
El Casino de Policía.- Al entonces coronel Isaías morón Márquez le corresponde la labor de haber iniciado la fundación del Casino de Policía en 1937. Producto de cuotas de inscripción y mensualidades se compró un terreno de 17 mil metros cuadrados en la urbanización “Country Club” (hoy San Isidro), zona residencial de alta categoría con el visionario propósito de construir no solo un simple local sino un “country” con toda clase de comodidades para los policías y sus familiares. Sin embargo, el proyecto no se realizó porque, en 1945, a pesar de la oposición de la mayor parte de socios, el terreno se vendió. En 1946, el entonces general Morón, fue elegido presidente del casino cuando el ministro de Gobierno, el general Manuel Encarnación Rodríguez, había ordenado que se construya el actual edificio (avenida Wilson, casi esquina con Bolivia), mandando elaborar los planos y presupuestos por un ingeniero civil en vez de un arquitecto. La ley adjudicando el terreno fue dada en 1950, los trabajos concluyeron en 1952 y en 1953 fue inaugurado el local.









