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Archivo de octubre 2008
Categoría: General
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La antigua oligarquía, vinculada en su mayoría al Partido Civil, recibió un duro golpe político durante el "Oncenio" de Augusto B. Leguía, al ser desplazada del gobierno. Sin embargo, el líder de la Patria Nueva no afectó mayormente su influencia social y económica. El asunto fue que durante los años 20 nuevas familias, que se enriquecieron bajo los negocios del leguiísmo, tocaron la puerta para ingresar a los círculos de la clase alta. Algunos de estos nuevos ricos fueron aceptados, otros no.

A partir de los años 30 la élite estuvo conformada por personajes vinculados a la agricultura y minería de exportación, y aquellas familias que empezaron a invertir en la industria y la banca conformando un germen de burguesía empresarial. Estos nuevos grupos estuvieron mejor dispuestos a la negociación política y a la apertura democrática, pero no vacilaron en provocar respuestas represivas y antipopulares a fin de mantener su dominio sobre el resto de la sociedad. Si bien este grupo no dio en un inicio ningún presidente, se escudó en militares como Luis M. Sánchez Cerro u Óscar R. Benavides (el tercer militarismo), y luego Manuel A. Odría, para seguir controlando el país. Entre 1930 y 1956, la oligarquía recortó las libertades públicas y sindicales y no dudó en perseguir a los partidos considerados “subversivos” o fuera del orden, como el APRA y el Partido Comunista.

En suma, la clase alta estuvo integrada por familias antiguas y modernas que tuvieron como elemento común el acceso al poder económico. Este grupo, además, ha ido dejando algunos valores tradicionales al incorporar nuevas ideas hábitos de consumo de influencia no tanto ya europea, como en la República Aristocrática, sino norteamericana debido a la hegemonía mundial de los Estados Unidos. Dentro de este grupo hay, además, muchos extranjeros de primera o segunda generación (italianos, sobre todo) ya muy identificados con el país y que tienen acceso a cargos públicos e inclusive aspiraciones presidenciales.

Este grupo empezó a variar moderadamente durante la dictadura del general Odría, en los años 50, debido al enriquecimiento de quienes resultaron beneficiados por el comercio de exportación en los años de la Guerra de Corea y de la reconstrucción de Europa, luego de la Segunda Guerra Mundial, gracias a la ayuda norteamericana del Plan Marshall. Algunos de estos empresarios, como los vinculados a la venta de harina de pescado, no habían pertenecido anteriormente a este grupo. Lo cierto res que ahora el ingreso económico se fue perfilando como el factor determinante en la ordenación de la sociedad. Se aceptó a estos nuevos ricos en este primer estrato, aunque con algunas restricciones, pues instituciones como el Club Nacional no estuvieron dispuestas a admitir en su seno a quienes no poseían ciertas calidades sociales, más allá del simple factor económico.

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El Club Nacional, Plaza San Martín de Lima
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Entre 1890 y 1930, la oligarquía peruana, al igual que las demás en Latinoamérica, intentó buscar en las culturas europea y norteamericana el modelo a imponer en el país y pretendió el desarrollo de una sociedad similar a aquéllas, muchas veces menospreciando lo nativo. La juventud de esta élite, sobre todo, quedó fascinada por los aires de modernidad que traían los extranjeros, o por su propia experiencia: a partir del 900 la formación de muchos de ellos incluía un viaje al Viejo Mundo, es decir, a la "civilización". En el caso peruano, esta oligarquía pudo consolidar su dominio debido a que la clase media era aún numéricamente reducida y “dependiente”, mientras que los sectores populares seguían siendo heterogéneos y sin casi ninguna identidad de “clase” o vínculos de solidaridad.

Hacia 1895, en Lima, según los calculos de Joaquín Capelo, la clase alta sobrepasaba las 18 mil personas. Formaba un grupo cerrado unido por lazos familiares y de afinidad. El parentesco y el matrimonio fueron siempre su fuerza cohesiva. En este sentido la familia fue una entidad casi santificada y sus miembros debían mantener una constante armonía por encima de cualquier diferencia, especialmente al momento de la repartición de las herencias. La vida de este grupo era tediosamente feliz. El aburrimiento terminó siendo un componente importante como resultado de estos matrimonios entre pares y de vidas definidas desde la infancia.

La élite se mantuvo unificada, además, por la existencia de barrios exclusivos, clubes (Club Nacional, Club de la Unión, Lima Polo & Hunt Club, Jockey Club o el Country Club), iglesias parroquiales preferidas y algunos balnearios como Ancón o Chorrillos. Una serie de asociaciones, como la Beneficencia Pública, fortalecía la idea que la prosperidad en los negocios o la fortuna familiar debían tener como base la caridad cristiana, es decir, la preocupación por los más menesterosos. La necesidad de realizar "buenas obras" ayudarían a preparar el camino hacia la salvación personal.

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Country Club de San Isidro, inaugurado en 1927

De otro lado, los colegios donde se educaban los hijos e hijas de la élite (Inmaculada, La Recoleta, San Pedro o Belén) eran de suma importancia porque en ellos se reforzaban y establecían las relaciones y amistades que debían durar toda la vida. Muchos hábitos como los paseos por el Jirón de la Unión, el Paseo Colón o la Plaza Dos de Mayo, o las fiestas frívolas en los clubes formaban también parte sus vidas. Una confitería ubicada en pleno Jirón de la Unión, el Palais Concert -a imitación del parisino Cafè de la Paix- era muy concurrida por este grupo, aunque también por algunos intelectuales de clase media como Abraham Valdelomar.

Al hablar del Partido Civil, núcleo polìtico de la oligarquía, Jorge Basadre describió así la composición y el estilo de vida de esta élite: "Generalmente (con algunas excepciones notorias) pertenecían a este partido los grandes propietarios urbanos, los grandes hacendados productores de azúcar y algodón, los hombres de negocios prósperos, los abogados con los bufetes más famosos, los médicos de mayor clientela, los catedráticos, en suma la mayor parte de la gente a la que le había ido bien en la vida. La clase dirigente se componía de caballeros de la ciudad, algunos de ellos vinculados al campo, algo así como la adaptación del gentelman inglés. Hacían intensa vida de club, residían, residían en casa amobladas con los altos muebles de estilo Imperio y abundantes en las alfombras y los cortinajes, de un tiempo que no amaba el aire libre y vestían chaqué negro y pantalones redondos fabricados por los sastres franceses de la capital. Vivían en un mundo feliz, integrado por matrimonios entre pequeños grupos familiares; los compañeros de juegos infantiles eran luego camaradas en el colegio y en la universidad, las cátedras de éstas en las ciencias jurídicas y en las disciplinas literarias, históricas o filosóficas podían serles adjudicadas más o menos fácilmente".

A partir de la década de 1920, la clase alta empezó a migrar a los barrios del sur, cuando el Centro de Lima se fue poblando de grupos medios y populares. Esto hizo reverdecer Barranco, originó Miraflores y San Isidro, y las mnsiones que rodearon a la avenida Arequipa abierta por el presidente Leguía. Las nuevas residencias siguieron imitando el gusto europeo. Finalmente, como anota Margarita Guerra, "esta clase alta será la que empiece a introducir, además, los modelos euroeos en ideas, en costumbres y en la misma gestión económica, pero en diversas oportunidades carecerá de la experiencia o de la intuición para una mejor asimilación de su propia realidad, quizá por el exceso de frivolidad o superficialidad con la cual examina incluso los problemas más serios".

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El Paseo Colón


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El Cefè de la Paix de París, a cuya imagen y semejanza se diseñó el Palais Concert de Lima (fotos de Juan Luis Orrego)

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Los economistas saben que la clase media es el colchón de la economía porque constituye el mercado de consumidores. La producción industrial, que genera la mayoría de puestos de trabajo, está orientada a ella. Los países de Europa y Norteamérica son sociedades donde la mayor parte de la población es de clase media. Por ello, tienen economías estables con gran capacidad de consumo. La clase media, además, es la que empuja a los países y la que genera los valores y patrones de vida. Allí donde la este grupo social es sólido, la economía es pujante. Afectar, entonces, su nivel de vida, es condenar a la industria de bienes y servicios al fracaso. Eso es lo que, lamentablemente, sucedió en el Perú desde 1970. A finales del siglo XX, el país exhibía una clase media empobrecida, que debe liderar el desarrollo con sus profesionales y técnicos desempleados o subempleados.

Si en los años 60 la clase media llegó a tener una relativa prosperidad, las reformas del gobierno militar de Velasco frenaron bruscamente su consolidación. Además, las crisis económicas a finales de los setenta y, especialmente, durante los ochenta (debido a los efectos del terrorismo y a la hiperinflación desatada durante el gobierno aprista), la diezmó como grupo social. Durante estos años, de 1970 a 1990, la clase media fue la que tuvo que soportar las mayores penurias al elevarse el costo de vida y la presión tributaria. Dicho en otros términos: su capacidad adquisitiva disminuyó drásticamente con relación a los años 50 ó 60.

Durante este periodo, se alejó el tradicional sueño de tener una casa propia. A partir de los 80, se vio el caso inédito de muchas parejas de jóvenes recién casados que tuvieron que resignarse a vivir en las casas de sus padres independizando un área de ellas, como las casas “multifamiliares” en distritos mesocráticos como Miraflores, San Isidro o Monterrico; los más afortunados pudieron alquilar un pequeño departamento u ocupar algún inmueble “donado” por algún padre o pariente cercano. Como si esto fuera poco, también se alejó la aspiración a la compra de un auto nuevo, excepto el de segunda mano.

Las indemnizaciones o las rentas por jubilación perdieron su capacidad adquisitiva y, además, se fijaron topes para ellas, de tal manera que mucha gente trató de permanecer en sus puestos, no obstante, haber cumplido el tiempo de servicios, pues el retiro significaba la reducción de sus ingresos. También otro factor obligaba a las personas a permanecer en sus puestos: sus hijos, al culminar sus estudios, no encontraban trabajo y había que seguir ayudándolos, sobre todo, si se casaban. Definitivamente no se podía dar el caso, salvo contadas excepciones, de padres que se jubilaban y podían vivir tranquilos porque tenían una renta o una pensión adecuadas y sus hijos, ya casados o independizados, eran económicamente autónomos.

Por ello, un sector importante de la clase media perdió su status social y pasó a formar parte de la clase baja. Muchas familias se encontraron en la circunstancia de que, al no poseer casa propia y elevarse los alquileres, debieron cambiar de domicilio; y como ya resultaba imposible conseguir casa en los barrios tradicionales, tuvieron entonces que salir hacia las zonas de expansión de la capital, que correspondían a los nuevos distritos populares, en la mayoría de los casos fruto de invasiones, situación que resultó sumamente traumática para muchos que habían estado acostumbradas a tener una vida más “elevada”. El trauma también lo debieron soportar los hijos que tuvieron que cambiarse a colegios con pensiones más baratas o, incluso, a colegios nacionales; ello no sólo afectó su formación académica sino cambiar su entorno de amigos. Esto sin mencionar los miles de casos de jóvenes que tuvieron que abandonar sus estudios universitarios para trabajar y así ayudar al sostenimiento de sus familias.

Las deudas fueron otro factor que aniquiló a muchas familias. El primer paso era vender el carro o alguna pequeña propiedad. Si ello no era suficiente, pedir un préstamo hipotecando la casa o el pequeño negocio. Al no poder, finalmente, pagar las mensualidades o letras, perdían gran parte de su patrimonio causando grandes estragos en su estabilidad económica y emocional.

A inicios de los noventa, con el control del terrorismo y la inflación, el panorama parecía adecuado para un “resurgimiento” de la clase media. Incluso, entre 1993 y 1995, se percibió un aumento en el consumo debido a toda una campaña de bancos y tiendas en otorgar créditos (recordemos que en 1994 la economía peruana creció a una tasa de 12,9%, la más alta registrada en el mundo). El país pudo vivir una sensación de bienestar. El problema es que la gente no sabía usar el crédito y las empresas lo otorgaron indiscriminadamente, sin criterios técnicos. Al final todo fue una ilusión. A mucha gente las deudas terminaron asfixiándolas y, con la recesión desatada desde 1996, miles perdieron sus trabajos. El panorama era penoso. Muchos profesionales o técnicos tenían que sobrevivir haciendo trabajos eventuales o manejando taxis en las calles.

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Centro Comercial Larcomar en Miraflores: nuevo punto de referencia para la mesocracia limeña desde la década de 1990
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Si entre 1890 y 1920 nace la clase media, a partir del "Oncenio" de Augusto B. Leguía hasta la década de 1960 se consolida como grupo social. Puede decirse que Leguía favoreció a la clase media pues de hecho, durante su gestión, muchas familias de este sector accedieron a la administración pública y alcanzaron su estabilidad económica.

Pertenecen a la clase media los profesionales liberales (médicos, ingenieros y abogados), escritores, periodistas, artistas, profesores de todos los niveles, empleados del estado, pequeños comerciantes, sacerdotes y oficiales de las Fuerzas Armadas. Si bien el ejercicio de estas actividades difícilmente pudo llevar a la construcción de una fortuna, por lo menos les permitió gozar de cierta respetabilidad dentro de la sociedad. La clase media se consolida en las ciudades, especialmente en las de la costa, que son las que ofrecieron mayores perspectivas de desarrollo, tanto económico como social y cultural. Recordemos, además, que es en las ciudades donde hay mayores posibilidades de participación en la vida política. A partir de 1930, algunos sectores de las clases medias encontraron en el Apra y en la Unión Revolucionaria los mejores medios para expresarse; a partir de 1960, en cambio, estuvieron más vinculadas al discurso reformista y moderado de partidos "mesocráticos" como Acción Popular y la Democracia Cristiana.

La clase media llegó a convertirse en la clase pensante por su acceso cada vez mayor de los jóvenes de este grupo a la educación universitaria. Fue un grupo más bien crítico, difícilmente manipulable y no fue, en su mayoría, extremista de derecha ni de izquierda. Recordemos que los principales políticos de este período (Víctor Raúl Haya de la Torre, José Carlos Mariátegui, Fernando Belaunde o Luis Bedoya Reyes) surgieron de familias de clase media; asimismo, nuestros intelectuales y artistas más representativos como César Vallejo, José María Arguedas, Jorge Basadre, Raúl Porras Barrenechea, Luis Alberto Sánchez, Ciro Alegría, Mario Vargas Llosa, José Sabogal y Fernando de Szyszlo, entre muchos más.

El acceso a la educación, además, le permitió a estas familias una mejor organización de sus sistemas de vida, como racionalizar sus gastos y desarrollar una apreciable capacidad de ahorro, formalizar mejor sus familias, utilizar todos los recursos que posee para aumentar sus ingresos y satisfacer mejor sus aspiraciones de acercamiento a los niveles sociales y económicos más altos. En Lima, por ejemplo, invirtieron en inmuebles y formaron barrios o distritos “mesocráticos” como Miraflores, San Isidro, Santa Beatriz, Jesús María, Lince o Magdalena del Mar.

Hasta 1960, en suma, la clase media peruana tuvo un notable desarrollo tanto en número como en el papel que desempeñó por la preparación intelectual y técnica que adquirió, lo cual le abrió las puertas de instituciones antes reservadas para la clase alta, como había sido la Universidad. Alcanzó un desempeño profesional que le permitió un mejoramiento de su status social y económico y, poco a poco, también político. Se puede decir que tomó plenamente conciencia de sus posibilidades para contribuir a la modernización de la sociedad.

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Imágenes de Lima hacia 1950
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La clase media, tal como la entendemos ahora, nació en el Perú hacia la década de 1890. En 1896, en su Sociología de Lima, Joaquín Capelo trazó una de las primeras descripciones de la azarosa vida de este nuevo grupo social en los siguientes términos: [La clase media es] "amenazada constantemente de las invasiones de la clase inferior y excitada por su parte a penetrar en el campo de la clase superior, tendencias encontradas que la condenan a llevar vida intranquila y desequilibrada, incompatible con todo bienestar físico y moral. Débese a esta causal que la clase media, en Lima, sea la más visitada por la estrechez y la miseria; y este mal se agrava, con la dosis de vanidad y desconocimiento de sí mismo, que lleva a sus individuos a pretender lugar más alto que les corresponde por lo que efectivamente son, y que los induce a suplantar con las apariencias creyendo lograr así el objeto que persiguen, sin más fundamento que la audacia, el cinismo, la miopía moral, cualidades todas, propias precisamente, para traer a bajo y no para subir. ¡Cuántos desgraciados lloran hoy, el pasado bienestar y la modesta existencia, que no pudieron conservar, por haber querido saltar más allá de sus posibilidades y vivir en el medio a que sus propios esfuerzos estaban tan lejos de corresponder!"

Entre 1900 y 1920, la clase media peruana era todavía un grupo pequeño y diverso. Estuva conformada por pequeños comerciantes o propietarios urbanos; descendientes de inmigrantes quienes no habían podido ser aceptados en los círculos de la oligarquía; manufactureros con pequeñas industrias de consumo; funcionarios públicos; y empleados de empresas comerciales o de firmas extranjeras. Muchos anhelaban alcanzar algún puesto en el aparato estatal que les brinde seguridad y un sueldo fijo; otros optaban por la carrera militar o por la vida intelectual. Pero al igual que toda la naciente clase media latinoamericana fue “dependiente”, es decir, actuaba subordinada a la clase alta, tratando o deseando imitar su estilo de vida con mucha dosis de alienación y, a veces, de "huachafería".

Sus miembros vivieron casi siempre por encima de sus posibilidades intentando, muchas veces sin éxito, ascender en la escala social. Este "arribismo" se explica ya que por esos años la posición social no radicaba en cómo el individuo se autoidentificaba, sino en cómo era identificado por los demás. Si para la antigua aristocracia la "decencia" se basaba en el apellido, la tradición y todo lo que el dinero no podía comprar, el arribista debía reinventar su pasado, incluso manipulando sus apellidos (convirtiéndolo en compuesto, por ejemplo), para poder ser aceptado en algunos salones o clubes de la élite. Pero la estrategia del arribista no quedaba allí: debía buscar un colegio más caro para sus hijos, eludir el trabajo manual, mandar hacer sus trajes en el sastre de moda o frecuentar el restaurante correcto. Tenía que pasar el invierno en Chosica o el verano en Barranco o Ancón.

Todo este intento terminó ahogando económicamente a muchos arribistas. No pocos terminaron en la ruina al hipotecar sus bienes para acariciar ese mundo de lo posible. Esa fue la pobreza de la clase media. Y es que muchos de ellos no se dieron cuenta que el dinero por sí mismo no tenía significación: era el dinero correctamente gastado lo que ganaba posición social. Y si uno no podía seguir los patrones de consumo o comportamiento de la élite podía ser acusado de "huachafo" y verse frustrados sus intentos de movilidad. Tildar al adversario de "huachafo" fue, además, una estrategia bastante eficaz de la élite para “espantar” a los nuevos ricos y a los arribistas. Por último, la mayoría de la clase media vivió, entre 1900 y 1920, en el centro de Lima y en La Victoria; otros en los Barrios Altos, alrededor del Mercado Central y en el área comprendida entre la actual avenida Abancay y la Plaza Italia, mezclados con artesanos y obreros.

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Carnaval limeño hacia 1915


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Cuando los relojes casi marcaban las 4 de la tarde del domingo 31 de agosto de 1969, el Perú entero estallaba de emoción: nunca antes una selección de fútbol tuvo esperanzas tan fundadas de clasificar a una Copa del Mundo, ni contó tampoco , hasta tal punto, con el respaldo popular. Aquellos jugadores, autores de la hazaña de la “Bombonera”, terminaron respondiendo a esa confianza. Con el empate a 2, con los ya casi míticos goles de “Cachito” Ramírez, sellaba su pasaporte a México 70. Era, además, la primera vez que una selección nacional clasificaba, por mérito propio, a un Mundial. Recordemos que para la primera Copa del Mundo, en Uruguay, en 1930, el combinado nacional había acudido por invitación, como las demás selecciones.

No bien terminó el partido, contemplado en vivo y en directo a través de la televisión gracias a la comunicación por satélite –meses antes se había instalado la estación terrena de Lurín-, miles de limeños se lanzaron a las calles. Se organizaron numerosas caravanas que recorrieron las calles de nuestra ciudad. En realidad, nunca antes Lima había vivido una euforia deportiva como la de aquel domingo (la última jornada que se recordaba fue cuando arribó el seleccionado de fútbol que participó en las Olimpiadas de Berlín de 1936). Gente de toda condición social invadió calles, avenidas y plazas públicas para gritar Perú campeón… Arriba Perú… Perú a México y otras expresiones llenas de emoción. Otros pintaron sus automóviles, camiones, “micros” y hasta motos y bicicletas con leyendas alusivas al triunfo peruano y los nombres de los jugadores más destacados y salieron a las calles gritando, tocando pitos, matracas y bocinas hasta bien entrada la madrugada del lunes 1 de septiembre.

Recordemos, además, que el Perú vivía por entonces los efectos de las reformas del casi recién inaugurado “Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas”, presidido por el general Juan Velasco Alvarado. El discurso “nacionalista” que había arropado a la toma de los yacimientos de la Brea y Pariñas y a la aplicación de la Reforma Agraria había desatado todo un ambiente de “orgullo” y de “dignidad”. Como sucede en estos casos, no sólo en el Perú sino en todo el mundo, el gobierno de entonces aprovechó políticamente el acontecimiento deportivo. Esos muchachos, en la cancha de la “Bombonera”, habían demostrado que los peruanos eran capaces de realizar grandes hazañas.

En fin, luego de las 4 de la tarde, en toda Lima casi se paralizó el tránsito porque las calles estaban copadas por el público y los vehículos que dejaron escapar su emoción por este galardón que supieron conquistar aquellos grandes jugadores como Challe, La Torre, Cubillas, “Perico” León, Chumpitaz, o “Cachito” Ramírez en tierras lejanas luchando bravamente contra todos los obstáculos, como el árbitro, el público hostil y los propios jugadores argentinos que trataron en todo momento de liquidar el poderío peruano empleando recursos antideportivos.

“ASALTO” A LA CASA DEL PRESIDENTE

Todo el Perú debe recibir al equipo con los brazos abiertos, dijo el general Juan Velasco Alvarado, ante una multitud que, de manera espontánea, se reunió frente a su casa en la urbanización Aurora, y que lo obligó a salir tres veces a dirigirle la palabra.

En efecto, cientos de personas prácticamente “asaltaron” el aquel tranquilo barrio miraflorino a compartir con el Presidente la gesta deportiva. La multitud interrumpió repetidas veces el discurso improvisado de Velasco con los gritos de Perú… Perú… Perú…, que también coreaba en Presidente agitando, desde el balcón de su residencia, los brazos en alto. Señalando a la multitud, Velasco dijo: Esta espontánea y apoteósica demostración es digno ejemplo para muchos chicos…. El Perú está vibrando desde la capital a las fronteras. Ahora estamos formando un verdadero impacto, de un Perú digno y soberano, todo es posible obtener y esos once corazones peruanos han obtenido un triunfo fuera de nuestras fronteras y los seguiremos obteniendo… Y, dentro de poco, vamos a obtener triunfos significativos, finalizó; la muchedumbre rompió en una salva de aplausos.

Ahora les ruego que con tranquilidad represen a sus hogares. Antes de retirarse, cantaron el Himno Nacional, al que también se unió Velasco. Como vemos, ya Velasco estaba capitalizando, a favor del régimen y sus reformas, el triunfo deportivo. Ya estaba anunciando, además, cómo debían ser recibidos y tratados los muchachos del seleccionado nacional.

GRAN FIESTA EN LA PLAZA DE ARMAS

El primer acto “anecdótico” en la Plaza se dio cuando una pareja acababa de contraer matrimonio justo cuando se dio por terminado el partido. La emoción embargó a los asistentes a la iglesia de “El Sagrario” de la Catedral a tal punto que los felices contrayentes dieron la vuelta en torno a la Plaza de Armas lanzando “vivas” por la victoria nacional. Se trató, sin lugar a dudas, de su mejor regalo de bodas.

Con el correr de la tarde, en la Plaza de Armas de Lima se formó una congestión de centenares de vehículos y el grueso público obstaculizó la fluidez del tránsito. Pero no importaba: los ocupantes de los carros se lanzaron a la calle para bailar alegres canciones nacionales. Hubo otra nota simpática, y llena de emoción, cuando un grupo iba cantando el Himno Nacional y los demás se unieron por el jirón de la Unión y en multitud compacta cantaba con paso marcial el “himno patrio” con todo fervor hasta, casi, derramar lágrimas.

Hubo, de otro lado, un adolescente que se envolvió con la bandera peruana y se subió a las rejas del Palacio de Gobierno y comenzó a gritar con todas sus fuerzas Perú… Perú… Perú, Viva el Perú y la gente respondió igual.

Luego, casi al anochecer de aquel memorable domingo, un grupo de damas se reunió en la esquina de la Plaza San Martín, al que pronto se unió otro del sexo masculino, siguieron por el jirón de la Unión cantando y bailando alegremente el Carnaval limeño. El resto de la gente iba tocando latas y panderetas, hasta llegar a la Plaza de Armas, donde continuó la fiesta. Asimismo, desde los balcones de las casas, la gente arrojaba papel picado de colores al paso de los automóviles que con sus bocinas a todo vuelo celebraba la gran hazaña del elenco peruano de clasificar campeón del grupo X para el Mundial de México, que se celebraría al año siguiente.

EL ANUNCIO DEL ARRIBO A LIMA

Pronto se confirmó la gran noticia: a las 9 de la noche del martes 2 de septiembre, en vuelo de APSA (la desaparecida “Aerolíneas Peruanas”), arribaría la Selección Nacional de Fútbol al aeropuerto Jorge Chávez. En automóviles descubiertos, los triunfadores harían su recorrido entre el terminal aéreo y la Plaza de Armas tomando el siguiente recorrido: la avenida Elmer Faucett, luego la avenida Colonial, la Plaza Dos de Mayo, la avenida Nicolás de Piérola, la Plaza San Martín, el jirón de la Unión y, finalmente, Plaza de Armas. La delegación en pleno presentaría su saludo al Presidente de la República.

EL TRIUNFAL ARRIBO Y LA “PEREGRINACIÓN” A PALACIO

Como podríamos imaginar, el recibimiento que Lima brindó a la Selección tuvo caracteres de apoteosis. Para empezar, testigos cuentan que las terrazas, el hall y las pistas del aeropuerto resultaron estrechas para albergar a los miles de aficionados que esperaban impacientes y con ininterrumpidos gritos de Arriba Perú y Perú Campeón; además de “urras” con los nombres de cada uno de los futbolistas nacionales que plasmaron la clasificación en la temida “Bombonera”. Banderas, serpentinas y papel picado embarcaban el ambiente, siendo casi imposible desplazarse en cualquiera de las zonas de nuestro elegante primer aeródromo, mientras que la avalancha de vehículos de todo tipo seguía arribando de todas direcciones. En realidad, los cordones policiales resultaron impotentes.

Después de aterrizar el avión de APSA, la ola de entusiasmo y gritos deportivos tomó proporciones de huracán. En la pista se había congregado una nube de fotógrafos y camarógrafos que daban trabajo ininterrumpido a sus máquinas. Apenas empezaron a desembarcar los deportistas se escuchó ensordecedora ovación, confundida con sonidos de las bocinas de automóviles, sirenas, pitos y matracas.

Los que asistieron a esa noche de desenfreno patrio recuerdan las únicas “armas” de la multitud eran el lema Arriba Perú y la letra de la pegadiza canción del músico-dentista, Félix Figueroa, “Perú Campeón”. Con ellas, y con un entusiasmo jamás visto, la enfervorizada multitud se lanzó, como a una batalla, sobre la pista donde el avión que traía a los héroes de la “Bombonera” todavía carreteaba y sus absorbentes turbinas rugían amenazadoramente. No importaba el riesgo propio ni ajeno; solo el deseo de toda una ciudad de mostrar a sus ídolos el más ruidoso agradecimiento por una clasificación que se había convertido en un asunto, como anota la revista Caretas, de honor nacional, en una razón de estado. No es difícil imaginar que los jugadores, al bajar por la escalinata, fueron “prácticamente, “asaltados” por la muchedumbre. Tanto fue así, que uno de ellos, Julio Baylón, se quedó sin zapatos.

Al salir de las instalaciones de CORPAC, todos los jugadores fueron embarcados en autos descubiertos para iniciar el camino al centro de Lima, acompañados por una impresionante caravana de carros, que no cesaba de atronar el espacio con el vibrar de sus bocinas. Detrás quedaba el orgulloso aeropuerto Jorge Chávez mostrando sus lunas rotas, sus asientos destrozados, en suma, los restos de la mayor alegría que recordaba la ciudad.

Al paso de la caravana, por todas las avenidas del recorrido, un impresionante gentío vivaba a los ídolos y pugnaba por acercarse a cada vehículo, debiendo realizar grandes esfuerzos la policía para mantener el orden y así librar a los futbolistas de ser arrebatados para transportarlos en hombros en lugar de los coches. Se calcula que unas 250 mil personas fueron partícipes de este paseo triunfal de los mundialistas.

Y el momento cumbre llegó. Aquella noche, la Plaza de Armas resultó pequeña para la gran multitud que se congregó vibrante y emocionada; las cifras hablan de casi 200 mil personas que, desde las primeras horas de la noche, aguardaban a sus héroes. El Presidente, acompañado por su Gabinete y de todos los jugadores, apareció en el balcón principal de Palacio de Gobierno, a las 00.57 minutos de la madrugada. Una cerrada y estruendosa ovación partía de la masa humana. Al iniciarse el homenaje, el Himno Nacional fue cantado. Velasco, con visible emoción dijo estas palabras:

Peruanos: ellos sabían que tenían un deber sagrado que cumplir, y lo cumplieron en los campos de Buenos Aires como verdaderos peruanos. En estos momentos la emoción que todos sentimos no es otra cosa que el renacer de un nuevo Perú. Este triunfo es motivo de orgullo nacional. Nuestros jugadores tuvieron coraje y fe en su capacidad deportiva. Supieron sentir la emoción de ser peruanos. Nuestro seleccionado triunfó porque los alienta la confianza de su pueblo que siente el orgullo de haber conquistado la dignidad nacional.

PD. Queda claro que ni con Chemo ni con Burga ni con esta selección iremos jamás a un Mundial...

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Gol de "Cahito" Ramírez en la Bombonera

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Publicado por: jorrego

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Continuamos transcribiendo fragmentos del último manual escolar de Historia del Ecuador, Época Republicana (Quito: Universidad Andina Simón Bolívar-Corporación Editora Nacional, 2008), escrito por el prestigioso historiador Enrique Ayala Mora, que ha empezado a utilizarse en los colegios de nuestro vecino país este año. A continuación les presento los pasajes en los que se hace referencia a los los conflictos de 1981 y 1995, y a la firma de la paz.

El conflicto de la Cordillera del Cóndor (1981)

En enero de 1981, en la Cordillera del Cóndor se produjo un choque armas con Perú, detenido por la acción internacional. El enfrentamiento se dio en la zona donde la frontera no había sido delimitada por el Protocolo de Río de Janeiro. Un precario acuerdo de división de fuerzas, que se había mantenido por años, se rompió con un incidente de frontera y provocó el conflicto. El gobierno logró consenso interno para enfrentar la situación, pero tuvo que hacer concesiones en su postura progresista internacional. Para equilibrar los enormes gastos realizados y nivelar el presupuesto acudió a impopulares elevaciones de impuestos y precios (página 117).


El conflicto del Cenepa (1995)

En enero de 1995 el Perú atacó destacamentos ecuatorianos en la cabecera del río Cenepa, al sur de la Amazonía. El país reaccionó con unidad y madurez. El Presidente tomó una actitud firme y abierta a un arreglo pacífico, que se expresó en la consigna “ni un paso atrás” y el reconocimiento de la vigencia del Protocolo de Río de Janeiro. Las Fuerzas Armadas tuvieron un gran éxito al defender el territorio. Dirigidos por los generales José Gallardo y Paco Moncayo, los soldados ecuatorianos defendieron sus posiciones ante fuerzas peruanas superiores en número. Lograron también éxitos en enfrentamientos aéreos. Durante el conflicto, la base de Tiwinza en la cabecera del Cenepa se transformó en símbolo de la resistencia ecuatoriana. Luego de unas semanas de enfrentamiento se suscribió un acuerdo de paz y comenzaron las negociaciones (página 119).

La paz con Perú (1998)

El 26 de octubre de 1998, en Brasilia, los presidentes y los cancilleres de Ecuador y Perú, ante delegados internacionales, firmaron varios acuerdos que dieron fin al diferendo territorial e iniciaron una nueva era en las relaciones de los dos países.

Según los acuerdos, los puntos controvertidos de la frontera fueron definidos por los “países garantes”, previas consultas a comisiones técnicas y el compromiso de ambas partes, expresado por sus congresos, de que acatarían su pronunciamiento. Los garantes dieron razón al Perú y fijaron la frontera en la cumbre de la cordillera del Cóndor, le entregaron la cabecera del río Cenepa, y le dieron a Ecuador un kilómetro cuadrado alrededor de Tiwinza. El tratado de comercio ratificó el derecho de Ecuador a la libre navegación por el Marañón y sus afluentes septentrionales y le concedió dos establecimientos comerciales en las riberas del río. Un tratado especial promueve la integración fronteriza y otro las medidas de confianza entre los dos países.

En la búsqueda del acuerdo de paz se comprometieron muchas personas e instituciones que veían la necesidad de superar el diferendo para garantizar el futuro. Tuvieron destacado papel en la negociación los ministros de Relaciones Exteriores Galo Leoro y José Ayala Laso (página 121).

Breve comentario: Como vemos, tendrán que venir otras generaciones para que el relato historiográfico sobre el conflicto entre Ecuador y Perú, que los enfrentó bélicamente hasta en tres oportunidades en el siglo XX, cambie sustancialmente en los textos escolares en nuestro vecino del norte. Reconozco, sin embargo, dos avances: cuando en el texto se habla de la firma de la paz, dice "los garantes dieron razón al Perú"; asimismo, ya no aparece en el texto el polémico mapa con las "pretensiones históricas" ecuatorianas sobre territorios amazónicos del Perú; se trata del mapa que hoy presentamos. Por último, lamentablemente para el Perú, el texto escolar tiene razón cuando reconoce las victorias miliares ecuatorianas sobre el Cenepa en 1995, a diferencia de lo que dijeron aquí el trío Fujimori-Hermoza-Montesinos. La llamada "guerra del Cenepa" fue una derrota militar para los peruanos.

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Tengo en mis manos el último manual escolar de Historia del Ecuador, Época Republicana (Quito: Universidad Andina Simón Bolívar-Corporación Editora Nacional, 2008), que ha empezado a utilizarse en los colegios de nuestro vecino este año. Transcribo a continuación aquellos pasajes en los que se hace referencia a la historia de los límites entre nuestros países y a los conflictos que éstos generaron.

LA GUERRA DEL 41 Y EL PROTOCOLO DE RÍO DE JANEIRO


"En julio de 1941, luego de varios incidentes de frontera, el ejército peruano invadió Ecuador y ocupó varias regiones limítrofes, especialmente la provincia de El Oro. En 1936 los dos países habían aceptado una frontera de hecho, pero Perú aprovechó la coyuntura de la guerra mundial que captaba la atención continental para su acto de fuerza. Los soldados ecuatorianos luchaban en proporción de uno a ocho. Sus actos heroicos no cambiaron el ineludible resultado. Arroyo (el presidente ecuatoriano de entonces) logró un cese de la oposición interna, pero consciente de su impopularidad evitó entregar armas al pueblo, cuya reacción temía. Parte de los recursos bélicos permanecieron dedicados a la represión. El grueso de los carabineros, policía militarizada bien adiestrada y equipada, continuó “defendiendo el orden interno” mientras escasos soldados, mal armados y casi sin jefes, resistían en el frente.

La situación de guerra y la ocupación de El Oro se mantuvieron hasta enero de 1942, cuando se reunió en Río de Janeiro la Conferencia Interamericana, con el objeto de hacer frente común alrededor de los Estados Unidos, que había entrado ala guerra mundial por el ataque japonés a Pearl Harbor. La guerra peruano-ecuatoriana fue allí un tema de tercer orden, pero el delegado ecuatoriano Julio Tobar Donoso tuvo que suscribir un Protocolo de Paz, Amistad y Límites con el vecino del sur, que luego fue ratificado por el Congreso de mayoría rosita. En nombre de la unidad continental el país tuvo que renunciar a territorios amazónicos que había reclamado por más de un siglo, aunque buena parte estaban ya bajo control peruano desde años antes. El resultado era inevitable, pero Tobar actuó con indignidad y humilló al país. De este modo, los viejos adversarios liberales y conservadores sellaron juntos la renuncia al reclamo territorial que habían usado como arma en su centenario enfrentamiento (1). Se debe destacar, además, que detrás del conflicto de países se dio también en esa guerra una disputa entre grandes compañías petroleras por el control de los recursos amazónicos. El descalabro dejó al país con un trauma colectivo y un sentimiento de derrota nacional" (página 85).

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(1) Así lo ha entendido desde entonces la opinión pública ecuatoriana. En la mesa de sesiones no quedó otra salida que suscribir el Protocolo, pero el mismo Tobar lo hizo sin ni siquiera haber pedido la palabra en el pleno de la conferencia para que la opinión ecuatoriana fuera oída. Firmó avergonzando al país, con mal entendida resignación. En el hecho, además de los responsables individuales, se evidenciaba la responsabilidad colectiva de conservadores y liberales que gobernaron el país sin una política internacional coherente y utilizando el conflicto con el Perú como instrumento de su lucha por el poder.


Mañana transcribiremos lo que señala el manual escolar sobre el conflicto del Cenepa y la paz de Itamarati.

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Julio Tobar Donoso, juriscunsulto y diplomático ecuatoriano, tan denostado por la historiografía de su país al haber firmado el Protocolo de Río de Janeiro


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El Estadio de San Marcos.- Como toda Ciudad Universitaria, el campus de la Universidad Mayor de San Marcos de Lima cuenta con un complejo deportivo que tiene un Estadio Monumental, una piscina y un gimnasio.

El Estadio Monumental es uno de los recintos deportivos de mayor envergadura de nuestro país. Fue inaugurado el 13 de mayo de 1951; a la ceremonia asistió el entonces presidente de la República, general Odría; el ministro de Educación, coronel Juan Mendoza Rodríguez; y el entonces rector, Pedro Dulanto. Ese año, fue escenario de los Juegos Olímpicos Especiales y en 1955 fue sede de los V Juegos Deportivos Universitarios Nacionales.

Según la página de la Universidad, este coloso tiene un campo principal de fútbol y graderías para 67,469 espectadores. Se dice que hay un proyecto que indica que su aforo puede ampliarse hasta 104 mil, pero el tema de la seguridad, en cuanto a salidas y vías de acceso, únicamente permite operar con una asistencia de 43 mil espectadores. Cuenta con 4 torres de iluminación artificial y dos canchas más de fútbol complementarias. Está equipado con servicios higiénicos (7 módulos con dos divisiones para hombres y mujeres respectivamente que de acuerdo a Defensa Civil no son suficientes pero que se pueden solucionar con la adquisición de baños portátiles); vestuarios y una pista atlética (en mal estado). La cancha de fútbol actualmente cuenta con gramado del tipo corriente, la cual incluye un sistema de regadío por aspersión. Sus accesos son por el jirón Amézaga s/n y por la avenida Venezuela.

Durante los años cincuenta se jugaron en su cancha partidos de la liga profesional de fútbol. Actualmente, la selección de fútbol de la UNMSM, que participa en la Segunda División Profesional, juega sus partidos de local en este impresionante estadio, subutilizado y siempre envuelto en la polémica: si la UNMSM debe administrarlo o darlo en concesión a una empresa privada que invierta en su infraestructura y le dé ingresos regulares a la institución y así aliviar en algo su déficit presupuestario. Mientras se resuelva la polémica, el estadio seguirá albergando actividades extra-académicas de los estudiantes, para el campeonato oficial de la Segunda División (como ya anotamos), campeonatos de docentes de la Universidad y para otros eventos extra-deportivos como conciertos, actividades religiosas, etc, que generan esporádicos ingresos que sirven para el mantenimiento de las instalaciones.

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Estadio Municipal de Chorrillos.- Más conocido como la “cancha de los muertos” pues por ese sector quedaba el antiguo cementerio de Chorrillos donde fueron enterrados muchos de los caídos en la defensa del Morro Solar durante la Guerra del Pacífico; luego del terremoto de 1940, el cementerio fue trasladado a Surco.

Cuenta con tres tribunas (Oriente, Occidente y una pequeña tribuna Norte) y una capacidad cercana a los 15.000 espectadores. Se hizo muy popular esta cancha cuando, en 1993, el popular club Deportivo Municipal, por entonces presidido por el alcalde de Lima, Ricardo Belmont, lo eligió como escenario para jugar como local. Hoy sirve para torneos de segunda división y es donde juega como local el Deportivo Aviación.

Estadio San Martín de Porres.- Está ubicado en el límite de tres distritos muy populares de nuestra ciudad: el Rímac, San Martín de Porres y el Cercado de Lima. Sus puertas dan al intercambio vial de Caquetá sobre la carretera Panamericana Norte lo que lo hace de fácil acceso y evacuación. Es propiedad del Instituto Peruano del Deporte y fue construido a inicios de los años 60 en un terreno baldío a orillas del acantilado que daba al río Rímac. Durante muchos años, el estadio no tuvo buena fama para partidos de primera división y, prácticamente, sus instalaciones se fueron deteriorando y quedó en un estado terrible: no había césped en la cancha ni malla de seguridad ni baños. Sólo se jugaban partidos de segunda división o la liga distrital.

Pero la historia de esta cancha cambió en 1995 cuando el club Sporting Cristal firmó un convenio con el IPD por el cual el equipo “cervecero” podía introducir todas las mejoras que fueran necesarias. Así, con una inversión superior a los 200 mil dólares se acondicionaron estacionamientos, las tribunas se pintaron y se instaló un alambrado de seguridad; también se construyeron nuevos baños, camerinos y bancas para los suplentes; finalmente, la cancha se resembró con césped importado de Holanda que lo convirtió, según la prensa de esa época, en la mejor cancha del país para la práctica de fútbol. Teóricamente, el estadio tiene una capacidad para 20 mil espectadores en sus cuatro tribunas; sin embargo, como la tribuna sur da al acantilado del río Rímac, esta no se abre al público. Por lo tanto, en la práctica, la capacidad del San Martín de Porres es para 15 mil personas y la falta de una tribuna hace que este escenario no pueda albergar encuentros de alto riesgo donde se puedan encontrar dos hinchadas rivales.

El estadio fue reinagurado el domingo 24 de septiembre de 1995 a las 11:30 de la mañana para un partido por el campeonato profesional. Ese día, con las tribunas repletas de hinchas rimenses, se enfrentaron el Sporting Cristal, en es entonces campeón vigente, y el Cienciano del Cuzco. Ganaron lo locales por 6-0.



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Estadio “Alejandro Villanueva” o de Matute.- El 15 de febrero de 1951 el entonces presidente de la República, el general Odría, puso la primera piedra de lo que iba a ser el estadio de Alianza Lima. Fue en el barrio de Matute, distrito de La Victoria, en un terreno de 38 mil metros cuadrados. Sin embargo, problemas con el título de propiedad del terreno y otros de índole económico impidieron al club íntimo ver culminada la construcción de su recinto deportivo. Las obras se llevaron a cabo por etapas.

Por ello, no fue sino hasta el 11 de abril de 1966 se inició formalmente la construcción del estadio. El uruguayo Walter Lavalleja se encargó del proyecto del estadio. Pero los hinchas no pudieron ver la obra concluida en los sesenta. Recién el 6 de junio de 1972, el gobierno del general Velasco le otorgó al club la propiedad del terreno. Así, los blanquiazules pudieron pedir un préstamo al Banco de la Nación y pudo terminarse la obra a finales de 1974. El estadio tenía capacidad para poco menos de 40 mil espectadores, lucía cuatro tribunas de cemento y un césped impecable.

Algunos sucesos ocurridos en el Estadio de Matute:

1. El 27 de diciembre de 1974 se jugó el primer partido en el nuevo estadio. Alianza Lima y Nacional de Montevideo igualaron a 2 goles (36,966 hinchas asistieron a aquel histórico encuentro).
2. El 2 de marzo de 1975 se jugó el primer clásico en Matute. Alianza Lima derrotó 3-1 a Universitario.
3. En 1975 los victorianos dieron su primera vuelta olímpica en su estadio. Se proclamaron campeones del fútbol peruano derrotando al Alfonso Ugarte de Puno por 3-1.
4. La selección peruana de fútbol también se presentó en este estadio en 1975. Fue el 7 de agosto cuando derrotó, por la Copa América, al seleccionado de Chile por 3-1.
5. En 1977, Alianza Lima vuelve a obtener el título nacional en su estadio al derrotar, en dos partidos memorables, a su tradicional rival, Universitario de deportes.
6. En diciembre de 1987 el estadio de Alianza es testigo de la mayor tragedia del club en toda su historia. Allí fueron velados los integrantes del plantel que fallecieron tras caer el avión que los traía desde la ciudad de Pucallpa (8 de diciembre). Pero Alianza Lima debía volver a jugar: lo hizo el 17 de diciembre ante Independiente de Avellaneda en un partido amistoso.
7. El 20 de diciembre de 1999 hubo una nueva vuelta olímpica en Matute. Pero esta no fue dada por el club victoriano sino por su clásico rival, Universitario de Deportes. Se jugaban los partidos de definición por el título de ese año. En la ida, la “U” venció 3-0; Con esa diferencia, se presentaron los cremas en Matute y, a pesar de que perdieron 1-0, obtuvieron el bicampeonato.

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Estadio “Lolo” Fernández.- La historia del viejo estadio “crema” se remonta al 19 de diciembre de 1944 (gobernaba el Perú Manuel Prado y Ugarteche) cuando el entonces presidente de la Universitario de Deportes, Eduardo Astengo, consiguió que le adjudicasen al club un terreno irregular en medio de los muladares de una chacra en las afueras del Cercado de Lima; medía algo más de 26 mil metros cuadrados y tenía forma triangular: era poco apto para construir allí un estadio.

Dos años más tarde, el 2 de octubre de 1946, unos 3 mil aficionados se dieron cita en el campo de fútbol para ver el entrenamiento del primer equipo de Universitario. Luego, cuando en 1951, cerró sus puertas el viejo Estadio Nacional para construir el nuevo, gran parte de sus tribunas de madera fueron donadas a la “U”. De esta forma el estadio “Lolo Fernández” pudo tener dos tribunas (Occidente y Oriente). Era el mismo piso, butacas y barandales que habían sido utilizadas durante años por el viejo estadio de madera; el presidente del club era ahora el ingeniero Carlos Cillóniz Oberti y las obras de infraestructura estuvieron a cargo del ingeniero Luis de Souza Ferreira Hubi, quien elaboró los planos, cercó el terreno, construyó una piscina y una cancha de baloncesto, y, lógicamente, la cancha de fútbol.

Lo importante es que el “Lolo Fernández” fue el primer estadio propio de un club de fútbol peruano. Con una capacidad para albergar 18 mil espectadores en tres tribunas, con el tiempo resultó diminuto por lo que el equipo debía jugar mayormente en el Estadio Nacional. Entre 1966 y 1970 el estadio fue remozado. Se derruyó la vieja tribuna de Oriente y se construyó una de estructura metálica con largos tablones. Para el sector Sur, único lugar donde se podía instalar una tribuna popular, se le compró al Comité Nacional de deportes (hoy IPD) una tribuna metálica que se usó para el Festival Mundial de Baloncesto que se celebró en nuestro país. Con estas obras, el aforo llegó a los 18 mil espectadores. También se incluyó, entre las mejoras, un museo que se instaló bajo la tribuna de Occidente. Allí se exhibieron trofeos, fotografías y banderines de los equipos rivales que habían jugado contra la “U” en campeonatos oficiales del Perú y en la Copa Libertadores de América.

Algunos sucesos ocurridos en el “Lolo Fernández”:

1. Su inauguración fue el 20 de julio de 1952 con las instalaciones deportivas y la primera tribuna del estadio (la de Occidente: 4 mil asientos) que antes perteneciera al viejo Estadio Nacional. En el partido inaugural la "U" le ganó a la Universidad de Chile 4-2, con un gol de "Lolo" Fernández y tres de Rovay. Es importante subrayar que ya desde su inauguración el estadio se llamaba “Lolo Fernández” como homenaje a un jugador que había dado todo por la “U” y que al año siguiente se despediría, en medio de multitudes, del fútbol.
2. En 1990, Alianza Lima jugó en el “Lolo Fernández” y perdió ante el sport Boys por 2-0. Al final del partido, los barristas del Alianza, instalados en Sur, propinaron serios destrozos a dicha tribuna (unas semanas antes de ese partido, algunos barristas de Alianza llegaron al estadio de la “U” a romper todo lo que encontraron a su paso). Se dice que a partir de estos serios acontecimientos, la hinchada crema decidió fundar la Trinchera Norte para defenderse.
3. En 1991, Universitario y Sporting Cristal jugaban un partido por el torneo local. El encuentro lo ganaron los visitantes. Cunado los jugadores del Cristal salían del estadio para abordar el bus que los llevaría al Rímac, algunos barristas cremas se acercaron a los rimenses quienes trataron de defenderse. Al verse superados en número, tuvieron que huir. Los barristas decidieron prenderle fuego al bus de Sporting Cristal que ardió hasta quedar totalmente destrozado. Ese día perdió todo el fútbol peruano.
4. En 1992, la "U" jugó la final del campeonato en su estadio con las tribunas rebosantes de espectadores y dando la vuelta olímpica por última vez en este histórico recinto deportivo. Derrotaron 4-1 al San Agustín. Los siguientes campeonatos los celebraría en el Estadio Nacional y, a partir del año 2000, en su Estadio Monumental de Ate.
5. En 17 de septiembre de 1996 falleció el gran “Lolo” Fernández. Sus restos fueron paseados por el campo del estadio ante la masiva presencia de la hinchada crema que coreaba su nombre.
6. El 17 de junio del 2000 la “U” jugó su último partido en el “Lolo Fernández”; le ganó 2-1 al Deportivo Municipal. Las tribunas metálicas de Oriente y Sur fueron desarmadas; la de Occidente sigue allí.

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Hasta 1950, Lima apenas contaba con dos estadios de fútbol de cierta categoría: el viejo Estadio Nacional de madera y el pequeño estadio del Circolo Sportivo Italiano (el puerto del Callao tenía su propio estadio, el Modelo, más tarde llamado “Telmo Carbajo). Pero en los años cincuenta se dio el gran salto en infraestructura deportiva: se construyó el Estadio Monumental de la UNMSM, se puso la primera piedra de lo que sería el estadio de Alianza Lima, se levantó el nuevo Estadio Nacional y se inauguró el primero que pertenecía a un club de fútbol: el de Universitario de Deportes (agradezco al colega Jaime Pulgar Vidal, quien me proporcionó varios de los datos que expongo a continuación).

Estadio Nacional.- Está ubicado en un terreno del barrio de Santa Beatriz, en el Cercado de Lima, junto al Parque de la Reserva y la avenida Paseo de la República. Algunos periodistas deportivos lo han llamado “Estadio Nacional de José Díaz” debido al nombre de una de las calles que lo circunda, sin que este sea su nombre oficial.

En este mismo terreno existía, desde 1921, un estadio con tribunas de madera que fue obsequiado al Perú por la colonia inglesa por motivo del Primer Centenario de la Independencia. Ese antiguo estadio fue llamado “Estadio Nacional” y fue objeto de algunas ampliaciones que no fueron suficientes para el número de aficionados que cada año iba en aumento debido a la popularidad del fútbol. Por ello, en 1951, el presidente de la Sociedad de Beneficencia de Lima, Miguel Dasso, alentó la construcción de un nuevo estadio para reemplazar al pequeño “Nacional”. El general Manuel A. Odría, presidente del Perú, decidió apoyar la iniciativa y alentó la construcción de un gran Estadio Nacional para albergar el Campeonato Sudamericano de Fútbol de 1953.

Recordemos que durante el Ochenio de Odría el Perú vivía una "fiebre" de construcciones monumentales por al auge exportador. Odría impulsó la construcción de grandes hospitales, unidades escolares, edificios públicos y complejos habitacionales. De esta manera, se demolió el viejo estadio de los ingleses (que quedó en la memoria futbolística peruana con el apelativo de "Antiguo Estadio Nacional") y sus tribunas de madera fueron destinadas a varios estadios pequeños en Lima y provincias (el estadio "Lolo Fernández" del club Universitario de Deportes fue el principal beneficiario y las viejas tribunas de madera se utilizaron hasta el año 2000).

En el proyecto inicial, el nuevo estadio debía tener capacidad para 50 mil espectadores y sería íntegramente de cemento. Las dos tribunas populares (Norte y Sur) albergaban un promedio de 15 mil espectadores cada una y las preferenciales (Occidente y Oriente) contaban con tres bandejas (alta, media e intermedia). El estadio fue construido a todo ritmo durante los años 1951 y 1952; fue inaugurado el 27 de octubre de 1952 y tiene hoy capacidad para 45 mil espectadores. La estructura principal del “coloso de José Díaz” se mantiene hasta la actualidad prácticamente inalterada y tiene como elemento distintivo una torre en la Tribuna Norte que albergaba los palcos oficiales (la torre lleva el nombre de Miguel Dasso, impulsor de la construcción del estadio). Esta torre fue dejada en desuso hasta el año 2004 cuando fue remozada para la Copa América. Cabe destacar que debido al tamaño del nuevo escenario deportivo se construyeron instalaciones para la práctica de otros deportes como el boxeo, la natación y el atletismo; también oficinas administrativas para el Instituto Peruano del Deporte y otras federaciones deportivas.

Algunos sucesos ocurridos en el Estadio Nacional:

1. El jueves 23 de octubre de 1952, unos 10 mil aficionados fueron espontáneamente al aún no inaugurado estadio nacional para ver a la selección peruana que se preparaba para jugar la Copa América de 1953 en Lima.
2. El 27 de octubre, 61 mil espectadores llenaron las cuatro tribunas para asistir a la ceremonia inaugural. Era lunes y 18 de las 33 puertas del estadio se abrieron al mediodía. A las 16:30 llegó el presidente Odría acompañado de se segundo vicepresidente, Federico Bolognesi. El día de la inauguración, Edwin Vásquez, medalla de oro olímpica en tiro, portó la bandera nacional; lo seguían Lolo Fernández, Daniel Carpio, Luis Alberto Sánchez, Gerardo Salazar y Julia Sánchez. La mayor parte de la ceremonia sirvió para entregar laureles deportivos a decenas de deportistas y a las autoridades que se encargaron de llevar a buen término la construcción del nuevo escenario deportivo (uno de ellos fue Miguel Dasso). Luego hubo números de gimnasia y bailes típicos. Finalmente, se jugó el primer partido en la nueva cancha: la selección peruana, que dirigía el inglés William Cook, se dividió en dos equipos, el blanco y el rojo. Ganaron los primeros por 2-1 con goles de “Tito” Drago y Torres; descontó Reyes.
3. La selección peruana no tuvo una actuación destacada en la primera Copa América jugada en el nuevo estadio en 1953. Perú debutó el 28 de febrero perdiendo con Bolivia por 1-0, empató con Ecuador y Paraguay, y perdió con Uruguay y Chile; el único triunfo fue ante Brasil por 1-0.
4. El 28 de julio de 1853, día de la Fiesta Nacional, la selección goleó a Chile 5-0 con goles de Terry, Heredia y Drago. El marcador sirvió para que un restaurante del estadio se llamara “5-0”.
5. Otro suceso importante en 1953 fue la despedida de “Lolo” Fernández. Tenía 40 años cuanado salió a la cancha para jugar el clásico frente a Alianza Lima. En el primer tiempo, la “U” abrió la cuenta por acción del gran “Lolo” en el minuto 24. En el 47’ puso el 2-0 ante sorpresa general. El tercero de los cremas fue obra de Castro y cerró la cuenta otra vez “Lolo”. Al final, la “U” ganó 4-2 y el gran juego de “Lolo” hizo que los hinchas bajasen a la cancha y pasearan en hombros al gran cañonero. Esa imagen se repetiría años después en la despedida de Héctor Chumpitaz.
6. La selección peruana regresó al estadio nacional en 1957 durante la segunda Copa América. Perú derrotó a Ecuador el 10 de marzo por 2-1.
7. Alfredo Di Stéfano fue la primera gran estrella que jugó en el Nacional vistiendo la casaquilla de España que venció a Perú por 3-1. Fue el 10 de julio de 1960. Al año, siguiente, el 20 de mayo de 1961, Bobby Moore y Bobby Charlton llegaron con Inglaterra y golearon a la selección nacional por 4-0.
8. El 24 de mayo de 1964 se produjo la mayor tragedia deportiva que se recuerde y que cobró la vida de 327 personas que hallaron la muerte, en las puertas cerradas de las tribunas de Oriente y Norte, huyendo de los gases lacrimógenos arrojados por la policía que era dirigida por el comandante Jorge de Azambuja. Ese día, Perú y Argentina jugaban un partido clasificatorio para las olimpiadas de Tokio. El árbitro uruguayo Ángel Eduardo Pazos anuló, a los 84’, un gol a Víctor “Kilo” Lobatón supuestamente por planchar la bola ante el zaguero Bertolotti; eso caldeó los ánimos en las cuatro tribunas del estadio. Había 47,157 espectadores esa tarde. Los de norte zarandeaban la alambrada; los de Oriente destrozaban los asientos de madera y los lanzaban al campo; los de Sur prendían fogatas. El árbitro dio por terminado el encuentro por falta de garantías y de la tribuna de Oriente saltó a la cancha Víctor Campos, más conocido como el “Negro Bomba”, que alcanzó al juez y le propinó un golpe. La policía tumbó al hincha y lo golpeó. Viendo la agresión, los aficionados, convertidos en turba, trataron de llegar al gramado y la policía disparó los gases lacrimógenos. Ese mismo día, el gobierno, presidido por Fernando Belaunde, suspendió las garantías individuales por 30 días debido a la masacre, los miles de heridos y porque la población, sumamente alterada, saqueó establecimientos, robó vehículos y quemó una fábrica de llantas. Tras la tragedia, el aforo del estadio fue rebajado de 50 mil a 45 mil espectadores para mejorar los sistemas de seguridad. Desde aquel día, cada vez que hay un espectáculo deportivo, las puertas del estadio permanecen abiertas.
9. El 19 de febrero de 1965, el rey Pelé llegó a Lima a jugar por el Santos contra la “U” por la Copa Libertadores de América. Los cremas perdieron 2-1.
10. El 3 de agosto de 1969, Perico León anotó el único gol ante Argentina y, tras el 2-2 logrado en la Bombonera de Buenos Aires, la selección de fútbol clasificó al Mundial de México 70.
11. El 17 de mayo de 1972, el Estadio Nacional vivió por vez primera una final de la Copa Libertadores. Universitario e Independiente de Avellaneda empataron a 0 goles.
12. La noche del 26 de marzo de 1977 la selección peruana derrotó a la de Chile 2-0 por las eliminatorias al mundial de argentina 78; los goles fueron marcados por Hugo Sotil y Juan Carlos Oblitas. Culminado el encuentro, el general Francisco Morales Bermúdez, presidente de la República, bajó a la cancha, se puso la camiseta del capitán Julio Meléndez y entonó, junto a los jugadores, el himno nacional.
13. El 6 de septiembre de 1981 la selección peruana lograba su clasificación a un mundial (España 82) jugando en el estadio nacional: empató 0-0 con Uruguay. Ese mismo día, Héctor Chumpitaz se despedía de la selección y fue paseado en hombros vestido con la bandera peruana.
14. El 18 de diciembre de 1981 otra estrella del fútbol mundial llegó al Estadio Nacional: Diego Armando Maradona jugó por Boca Juniors ante Universitario: los cremas ganaron 1-0.
15. En octubre de 1988, la selección femenina de voley, ganadora de la medalla de plata en las olimpiadas de Seúl, fue recibida apoteósicamente en el Estadio Nacional.
16. El 6 de agosto de 1997 el estadio vivió otra final de la Copa Libertadores: Sporting Cristal y Cruzeiro de Brasil igualaron a 0 goles.

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Despedida de Lolo Fernández en el Estadio Nacional

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Muy pronto, las cosas empezaron a cambiar, especialmente en el puerto del Callao, donde surgieron los primeros clubes de extracción popular. Partidos espontáneos entre marinos ingleses y estibadores del puerto fueron los episodios donde la gente común aprendió el nuevo juego de la pelota. Más adelante, los jugadores, además de la satisfacción por el ejercicio del deporte, lograban como recompensa la veneración del público. Las jugadas con el balón, los malabares y combinaciones que realizaban arrancaban aplausos de la multitud que presenciaba el espectáculo. Para un trabajador que diariamente sufría derrotas personales, estas sensaciones cobraban especial importancia.

El Atlético Chalaco.- Fue fundado el 9 de junio de 1902 por iniciativa de Jesús Martínez y Roberto Suárez, alumnos del Instituto Chalaco del Callao. Su primer presidente fue César Rivera, quien también era capitán del equipo. El primer partido de este club fue uno de cricket contra el Sport Victoria, en 1902. Meses después iniciaro sus partidosn de fútbol contra otros equipos del Callao: el Victoria, el Callao High School, el Atlètico Pardo y el Leoncio Prado. Como lo hja estudiado Gerardo Álvarez, el Chalaco se desenvolvía en el ámbito escolar y solía jufgar en la pampa de Mar Brava y, ocasionalmente, en la cancha de Bellavista, a falta de un terreno propio. Entre lo años 1903 y 1904, siguió participando en torneos escolares en el Callao, pero ya hacia 1910, encontró en el fútbol competitivo su prestigio institucional. Sus sucesivos triunfos lo colocaron como el primer equipo del puerto y se enfrentó a los principales clubes de Lima, el Unión Cricket y el Association FBC. En la década del 20, sus principales figuras fueron Telmo Carbajo, Manolo Puente y Claudio Martínez.

Como anota Gerardo Álvarez, la importancia del Atlético Chalaco redicó en tres aspectos:

1. Su evolución institucional: desde su formación en el espacio educativo como club escolar (del Instituto Chalaco) hasta convertirse en un club social de estudiantes universitarios (1908, aproximadamente) cuyo objetivo era la competencia y llegarona alcanzar una fuetye organización interna y una alta actividad social (fiestas, almuerzos, partidos entre socios).
2. El haber alcanzado la primacía en las competencias con los clubes del puerto lo llevó a representar simbólicamente al Callao frente a los clubes de Lima.
3. Al representar al Callao, adquirió reconocimiento público y raigambre popular en la década de 1920.

El estadio Telmo Carbajo.- Construido a finales de los años 20, en sus inicios, se le llamó Estadio Modelo; luego, Telmo Carbajo, en homenaje al capitán, centro delantero y máxima figura del Atlético Chalaco en los años veinte. Hasta 1996 (año en que se inauguró el nuevo estadio “Miguel Grau”), fue el único estadio de fútbol de la Provincia Constitucional del Callao. Durante muchos años fue testigo del surgimiento y progreso del fútbol (y del bésibol) chalaco. Por su cancha desfilaron figuras de la talla de Campolo Alcalde y Titina Castillo, y se disputaron los “clásicos” entre los dos equipos tradicionales de nuestro primer puerto: el Sport Boys y el Atlético Chalaco.

En los años 50, cuando se inauguró el fútbol profesional y se construyeron el Estadio de la Universidad de San Marcos y el nuevo Estadio Nacional, el Telmo Carbajo fue dejado de lado para la práctica del fútbol profesional. Asimismo, como consecuencia del terremoto de 1966, el estadio sufrió serios daños estructurales en su tribuna de oriente, que tuvo que ser clausurada. Así, su capacidad quedó reducida a 5 mil espectadores que cabían en sus tribunas preferenciales. En la década de 1980, un movimiento inspirado por la hinchada del Sport Boys, cansada de no poder ver a su equipo jugar como local, presionó para que el viejo estadio fuese habilitado para jugar partidos de primera división. A pesar de la negativa inicial de la FPF, la directiva del cuadro rosado, luego de realizar algunas mejoras y de brindar las garantías del caso, consiguió que el Sport Boys y el Campeonato Profesional de primera división volvieran al Callao y al Telmo Carbajo. Hoy ha sido remodelado, tiene una capacidad para 15 mil espectadores y es usado por el Club Atlético Chalaco para sus partidos por la Copa Perú. Como dato curioso, podríamos decir que, a diferencia del Estadio Nacional y de los demás estadios grandes de Lima, en los cuales las tribunas preferenciales están al lado de Occidente y Oriente, en el Telmo Carbajo la orientación es al contrario: las preferenciales están en Norte y Sur, y las populares en Occidente y Oriente.
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Escuadra del Atlético Chalaco


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Introducción.- La práctica del deporte llegó al Perú en la segunda mitad del siglo XIX y se difundió rápidamente entre las décadas de 1880 y 1920, cambiando las costumbres y comportamientos de la población (según el poeta José Gálvez, desde la década de 1840 se practicaban el cricket y el tenis en Bellavista y La Legua, aunque de modo ocasional). Si bien es cierto su práctica fue introducida por los extranjeros residentes en Lima muy pronto el Estado y la élite entendieron que era muy útil en la formación del hombre viril, con voluntad y capacidad de acción, que el país necesitaba. En sus inicios, fue visto como un nuevo entretenimiento, vinculado al hombre moderno, que requería un conjunto de actividades al aire libre y así organizar el tiempo de descanso. Se trataba de una actividad saludable que permitía a las personas alejarse de los vicios o de los pasatiempos poco productivos (como los juegos de azar, por ejemplo), algo que era muy común entre los limeños. Asimismo, el deporte fomentaba el optimismo y la competencia, y producía emociones intensas pero sanas. Por ello, al igual que en Europa o Norteamérica, la sociedad peruana le asignó al deporte una función educativa: desarrollar un cuerpo autónomo y dinámico y, al mismo tiempo, inculcar la disciplina y el control.

Practicar deportes era un signo de ser moderno, según los estudios de Fanny Muñoz. Era una fuerza moralizadora que formaba el carácter de las personas. El ejercicio físico estaba, entonces, muy asociado a la idea de progreso tan en boga por estos años. Si muchos pensaban que el peruano promedio era físicamente débil, el deporte era una solución para formar nuevos ciudadanos. Por ello, su práctica debía desarrollarse desde temprana edad. Prueba de ello fue que, en 1896, el gobierno de Nicolás de Piérola reglamentó a todas las escuelas diseñar cursos de Educación Física con el objetivo de formar una generación orgánica y moralmente vigorosa. En otras palabras, se trataba de formar hombres de acuerdo al ideal burgués: sanos, viriles, autónomos y esbeltos. Cabe destacar, además, que hacia 1910 el curso de Educación Física se complementó con la llegada de los Boy Scouts, organización que tenía la tarea de completar la educación física y moral de los niños poniéndolos en contacto con la naturaleza, enseñándoles a valer por sí y a fortalecer sus músculos.

Como es lógico, la práctica del deporte no se limitó a los colegios; también lo hizo la Universidad de San Marcos (Gimnasio de la Universidad de San Marcos) y otros centros de educación superior. Las colonias de extranjeros y la población en general, además, se organizaron en clubes para fomentar la práctica de algún deporte en particular, ya sea el tenis (Lawn Tennis de la Exposición, 1895) , la regata (Club Regatas Lima, 1875), el fútbol (que con el tiempo se convertiría en el más popular), el tiro, el ciclismo (Club Ciclista Lima, 1897), el automovilismo (Touring Club del Perú), el boxeo (Lima Boxing Ring, 1921), la natación (Callao Old Boys Club, 1924) el golf (Lima Golf Club), el polo (Lima Polo & Hunt Club) o el baloncesto.

Los inicios del fútbol.- Se dice que el fútbol llegó al Perú con los barcos ingleses hacia la década de 1880. Sin embargo, recientes estudios (como los de Gerardo Álvarez) afirman que los primeros peruanos que practicaron el fútbol fueron jóvenes de la élite que habían viajado a estudiar a Inglaterra. Allá aprendieron el juego y, al retornar, iniciaron su práctica en nuestro país. El economista y escritor Alejandro Garland (1852-1912) sería el introductor del fútbol en el Perú. Los campos de juego estaban ubicados en los terrenos que existían entre la Penitenciería (donde hoy está el Hotel Sheraton) y el Palacio de la Exposición (hoy Museo de Arte). Pero parece que esta primera iniciativa no prosperó tanto; además, al estallar la Guerra del Pacífico, la práctica del fútbol y de otros deportes se paralizó.

Culminada la guerra, la vida peruana tardó en normalizarse. Así ocurrió con el deporte. Según Jorge Basadre, el primer partido se jugó el 7 de agosto de 1892 en la cancha del Lima Cricket, que tenía un campo deportivo, llamado "Santa Sofía", en un terreno contiguo al actual Politécnico José Pardo de la avenida Grau. Los aficionados eran, por lo general, de los sectores altos. Luego, en las Fiestas Patrias de 1895 se organizó otro partido de fútbol entre un equipo formado por peruanos y otro por ingleses; la victoria correspondió a los últimos. También en 1895 se jugó un partido entre un combinado peruano-inglés frente a los marineros del buque "Leander", al que asistieron 3 mil personas, todo un acontecimiento. En 1896, hubo un partido entre un combinado de Barranco y el Callao contra uno de Lima. También hay noticias que en 1897 se jugó un encuentro entre Barranco y Chorrillos. Pero, como vemos, los partidos eran escasos y aislados. Su práctic se circunscribía a ciudadanos ingleses y jóvenes de la élite limeña. Por ello, cuando se celebró un torneo deportivo en el campo de "Santa Sofía", entre los días 20 y 30 de septiembre de 1897, el fútbol no fue incluido.

El primer club para la práctica exclusiva del fútbol fue el Association FootBall Club, fundado el 20 de mayo de 1897, a iniciativa de Augusto Brondi, alumno del Colegio Labarthe, junto a estudiantes del Colegio Guadalupe y del Convictorio Peruano. Otros clubes que impulsaron el fútbol fueron el Lima Cricket and Football Club, formado básicamente por extranjeros, y el Unión Cricket, de composición mixta. En 1898 se fundaron el Union Foot Ball (10 de julio) y el Club Foot Ball Perú (17 de septiembre). L amayoría de estos clubes eran fundados por jévenes de edad escolar.

El primer torneo entre equipos escolares se llevóa a cabo en 1898 con ocasión del Campeonato Atlético Nacional. Participaron el Instituto de Lima, El Colegio de lima, el Colegio de la Inmaculada, el Instituto Científico el Colegio Guadalupe y el Colegio Whilar; campeonó el Guadalupe.

Las canchas de fútbol.- Aparte del terreno de "Santa Sofía", otro escenario deportivo, donde había una cancha de fútbol, fue la "Cancha Meiggs", contigua a la actual Plaza Dos de Mayo. En 1896, Pedro de Osma, presidente del Unión Cricket, obtuvo de la Municipalidad de Lima un terreno de propiedad municipal en el fundo Santa Beatriz. Allí se inauguró, el 18 de junio de 1897, el primer estadio en el Perú; era para la práctica de varios deportes: fútbol, cricket, salto alto, carrera de 100 metros planos y nudo de guerra. Ya en el siglo XX, el "Circolo Sportivo Italiano" construyó el primer estadio de fútbol de Lima; fue inaugurado el 23 de agosto de 1922 y estaba en Magdalena Vieja (hoy Pueblo Libre). Luego, la colonia inglesa obsequió, como homenaje al Centenario de la Independencia, el antiguo Estadio Nacional (de madera) en Santa Beatriz; fue inaugurado el 29 de julio de 1923 con un partido de fútbol entre el equipo del Lima Cricket y un combinado nacional.

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Escuela de Artes y Oficios de Lima (1905); en los terrenos contiguos a este local se jugaron los partidos de fútbol en la década de 1890


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Para Mariátegui, a diferencia de Haya, en el Perú existía una sociedad semi-colonial y esta condición se iría agravando a medida que se fuera expandiendo el imperialismo. No había forma de alcanzar la independencia nacional dentro del sistema capitalista.

Al igual que Haya, Mariátegui se forma en una América Latina sacudida por grandes convulsiones como la Reforma Universitaria (Argentina), la Reforma Agraria (México) y la lucha antiimperialista (Centroamérica). También hay que recordar que Mariátegui confesó -con alguna exageración- que su mayor aprendizaje lo realizó durante su estancia europea (1919-1922), lo cual exige ubicarlo en el impacto de la Revolución Soviética, los movimientos de masas en Italia o Alemania y el surgimiento de nuevas tendencias dentro del pensamiento marxista, especialmente las ideas del italiano Antonio Gramsci.

De otro lado, debemos recordar que en la década de 1920 la preocupación por el problema nacional adquiere una dimensión generacional; numerosos intelectuales de clase media, muchos de origen provinciano, con sentimiento antioligárquico tratan de responder una pregunta aparentemente simple: ¿qué es el Perú? Ante este tema reiterado Mariátegui, desde un marxismo heterodoxo, escribe su famosos 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana (Lima, 1928) para rescatar la "verdadera" tradición, insertarse en la historia del país.

El Perú era, para Mariátegui, una posibilidad de nación. Quería decir que si bien su proceso de conformación había sido interrumpido y distorsionado por el colonialismo, existían las bases sobre las cuales terminaría levantándose. Los cimientos sobre los cuales debía construirse el nuevo Perú eran fundamentalmente tres:

a) la tradición cultural mantenida y desarrollada por los intelectuales de avanzada, especialmente por la vital corriente indigenista, donde por medio de la reivindicación del hombre andino, los escritores buscaban articularse a las masas campesinas
b) los movimientos populares, al interior de los cuales Mariátegui llamó la atención sobre la necesidad de hacer la crónica de las luchas obreras y estudiar las rebeliones campesinas del presente (como el caso de Rumi Maqui en Azángaro, 1915) y del pasado (Túpac Amaru en el Cusco, 1780)
c) la experiencia histórica del pasado autóctono, anterior a la conquista europea, en el que se había desarrollado un "comunismo agrario" todavía subsistente en las comunidades campesinas.

Este "comunismo agrario" demostraba que el socialismo en el Perú tenía raíces y podía encontrar en la cultura andina ciertas formas -como la reciprocidad- en las que apoyarse. Por lo tanto, en la medida que el socialismo recogiera la tradición colectivista del Incario, cumpliría con retomar la tradición nacional, dejaría de ser extraño al país y sería el instrumento imprescindible para la construcción de la nación peruana.

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Durante los años veinte, nacieron dos movimientos políticos de masas, el aprismo y el comunismo, que marcarían buena parte del desarrollo político peruano a partir de 1930. El APRA se presentó como una organización política populista, antiimperialista y nacionalista, de clara influencia marxista en sus primeros años de vida e introduciendo la violencia revolucionaria en el léxico de la política peruana. Si bien estas ideas se moderaron en la campaña electoral de 1931, el aprismo fue acusado muchas veces de subversivo por los sectores más conservadores. Su líder, Haya de la Torre, ofrecía un capitalismo de Estado a cargo de un frente único de trabajadores manuales e intelectuales reclutados entre las clases medias y el pueblo trabajador.

El comunismo, por su lado, tuvo en Mariátegui a uno de los pensadores marxistas más creativos de América Latina. Autor de un impresionante número de artículos de divulgación del marxismo, de crítica literaria y de análisis político, Mariátegui fundó el Partido Socialista, la revista Amauta y escribió los 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana, acaso el libro más leído en el Perú durante el siglo XX. La heterodoxia del pensamiento de Mariátegui, sin embargo, fue rechazada por el primer congreso de partidos comunistas pro-soviéticos reunido en Montevideo en 1929.

A su temprana muerte, en 1930, el Partido Socialista varió en Partido Comunista, ahora dirigido por Eudocio Ravines y respaldado por la Internacional Socialista. Esta afiliación pro-soviética repercutiría negativamente en el desarrollo del marxismo en el Perú. Los seguidores del "mariateguismo" ya no tendrían la misma originalidad ni frescura intelectual del autor de los 7 ensayos. Políticamente su influencia fue mínima, por lo menos hasta la década de 1950. Es necesario decir, finalmente, que ni Mariátegui ni Haya fueron capaces de derribar la dictadura de Leguía. Esta cayó víctima de la crisis de 1929 y de un golpe militar encabezado por Luis M. Sánchez Cerro.

José Carlos Mariátegui.- Menos político pero más intelectual que Haya, Mariátegui había nacido en Moquegua el 14 de junio de 1894. A pesar de no haber culminado los estudios escolares y de estar inmovilizado durante sus años maduros en una silla de ruedas, se formó en el periodismo -su actividad preferida- hasta convertirse en uno de los pensadores marxistas más importantes de América Latina.

En 1909 ingresa a trabajar como ayudante, y luego como corrector de pruebas, en el Taller de Linotipia del diario La Prensa. Publicó su primer artículo en enero de 1911 y el último en marzo de 1930. En el lapso de esos veinte años elaboró cerca de 3 mil textos. El volumen de su producción se tornó significativo a partir de 1914, llegando a producir tres años después, durante 1917, cerca de 300 textos. También incursionó en el cuento, la poesía y el teatro; eventualmente, durante su quehacer periodístico recurrió a seudónimos, el más popular de todos fue Juan Croniqueur. Aparte de escribir en La Prensa, también colaboró en las revistas Mundo Limeño, El Turf, Colónida, Claridad, Mundial, Variedades y Labor, y en los diarios El Tiempo, La Noche, La Razón y El Día. En 1918 junto a César Falcón y Félix del Valle funda Nuestra Epoca, revista de moderada tendencia socialista.

Exiliado por Leguía tras la movilización de 1919, viaja a Europa y su producción decrece. Estuvo viviendo los cuatro años siguientes en Francia, primero, y después en Italia. En este tiempo inicia su formación marxista. Ingresa a un círculo de estudios vinculado al Partido Socialista Italiano y asiste, en 1921, al congreso del mismo partido donde el ala izquierda se escinde para fundar el Partido Comunista Italiano. Ese mismo año se casaba con Ana Chiappe. En 1922 funda la primera célula comunista peruana y recorre varios países europeos. Este periplo le sirve para analizar los movimientos revolucionarios que se habían desatado en el Viejo Continente luego de la guerra. No llegó a visitar la Rusia soviética.

A su regreso, en 1923, su actividad intelectual se incrementa. Conoce a Haya de la Torre e inicia un ciclo de conferencias en la Universidad Popular titulado "Historia de la crisis mundial". En setiembre de 1926, aparece la célebre Amauta, revista mensual de definición ideológica. Al año siguiente Leguía clausura la revista denunciando la existencia de un complot comunista y se inicia una persecución; Mariátegui es recluido en el Hospital San Bartolomé. Amauta, sin embargo, logra reaparecer a finales de 1927. Hacia 1928 Mariátegui rompe con Haya, toma contacto con la Tercera Internacional y funda el Partido Socialista; ese mismo año Amauta define su orientación socialista. Al año siguiente forma el Comité Organizador Pro-Central General de Trabajadores del Perú y es nombrado miembro del Consejo General de la Liga Anti-imperialista, órgano impulsado por la Tercera Internacional.

En vida publicó dos libros, La escena contemporánea en 1925 y los 7 Ensayos de interpretación de la realidad peruana en 1928. A fines de marzo de 1930 Mariátegui es internado de emergencia en la clínica Villarán. Muere el 16 de abril cuando tenía 36 años.

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Desterrado por Leguía en 1924, Haya de la Torre fundó en México la Alianza Popular Revolucionaria Americana para articular diversas voluntades que debían impulsar un programa de acción contra el imperialismo norteamericano en todo el continente. Se trataba de un movimiento de juventudes que se inspiraba en la Reforma Universitaria de Córdova y en los contenidos de la Revolución Mexicana.

Desde México, se dirigió a Rusia donde pudo ver los logros de la Revolución soviética. Allí también asistió como espectador al V Congreso Mundial del Partido Comunista y al Congreso Mundial de la Juventud del mismo partido. Invitado a afiliarse al comunismo, se negó al darse cuenta que el modelo era inaplicable para América Latina. Luego de visitar Suiza e Italia llegó a Londres en 1926. Allí escribió su artículo "¿Qué es el Apra?" en la revista The Labour Monthly en el que condensó el programa máximo del aprismo:

1) Acción contra el imperialismo yanqui
2) Por la unidad política y económica de América Latina
3) Por la internacionalización del Canal de Panamá
4) Por la nacionalización de tierras e industrias
5) Por la solidaridad con todos los pueblos y clases oprimidos del mundo

La propuesta era lo suficientemente amplia y radical como para que la Internacional Comunista viera con relativa simpatía al nuevo movimiento.

De Londres Haya pasó a París donde estableció la primera célula aprista que estuvo conformada por estudiantes y escritores entre los que estaban Eudocio Ravines, César Vallejo, Luis Heysen y Armando Bazán. En 1927, asistió en Bruselas al Congreso Antiimperialista Mundial donde hizo público su rechazo a una solución comunista al problema del imperialismo. Ese pensamiento lo desarrollaría en su libro Por la emancipación de América Latina publicado en 1927, luego de un breve periplo en los Estados Unidos. Luego de un recorrido por México y Centroamérica, Haya fue capturado por la policía en el Canal de Panamá y deportado a Alemania donde permaneció hasta 1931; allí seguiría cursos en la Universidad Libre de Berlín.

En su libro El antiimperialismo y el APRA, terminado de escribir en 1928 (pero editado por primera vez en Santiago en 1936), Haya esbozó sus principales ideas sobre el Perú y Latinoamérica. Según él, en el Perú prevalecía una sociedad con relaciones feudales: el grupo dominante estaba formado por un conjunto de gamonales, la industria era aún incipiente, la burguesía nacional estaba en sus inicios y el proletariado demasiado joven y numéricamente reducido. Ante este panorama no criticaba ni negaba la experiencia rusa en su tarea de edificar el socialismo pero el Perú, por tener condiciones distintas, no podía repetir el camino de la Revolución Soviética. Por otro lado, en Rusia el capitalismo surgió como consecuencia del desarrollo interno del país, mientras que en América Latina el capitalismo surgió como consecuencia de la expansión imperialista. Así, en Indoamérica -término preferido por Haya al referirse a Latinoamérica- el imperialismo tenía algo positivo y otro negativo: traía capitales, desarrollo y progreso pero acarreaba dependencia y subordinación.

Se necesitaba el capitalismo para construir en el futuro el socialismo. La tarea era construir una sociedad en transición en la que una política de nacionalizaciones permitiera la consolidación de una sólida economía estatal. De este modo el Estado, al poseer las grandes empresas mineras y petroleras, estaría en una posición más fuerte para negociar con el imperialismo según la legislación del país. ¿Cómo construir el Estado antiimperialista? A través de un frente conformado por las tres grandes clases oprimidas por él: el campesinado, el proletariado y las clases medias. En la nueva sociedad, sin embargo, al lado del sector estatal debía organizarse un sector cooperativista (las empresas agro-industriales) y un sector ocupado por la empresa privada (pequeña y mediana industria).

En suma, la empresa privada, el cooperativismo y el capitalismo estatal serían los tres pilares del estado antiiperialista, el instrumento para superar la feudalidad e impulsar el desarrollo económico y la autonomía nacional. En este nuevo Estado tendrían papel importante y dirigente los intelectuales y profesionales de las capas medias.

De esta forma, Haya se convirtió en uno de los primeros pensadores latinoamericanos nacionalistas en aplicar y readaptar el marxismo a un contexto no europeo neocolonialista, en el que las condiciones diferían radicalmente de la experiencia histórica de los países europeos.

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El APRA fue fundado en 1924 por Haya de la Torre en México, y empezó a participar activamente en la política peruana a partir de 1930 con la creación del Partido Aprista Peruano (PAP). Pero los verdaderos inicios políticos de su fundador se remontan a 1919 cuando empezó a relacionarse con los líderes del movimiento obrero de Lima. Fue allí donde estableció los vínculos de lealtad necesarios para convertirse en un caudillo. Los obreros limeños formarían luego la base popular de su partido.

Haya de la Torre nació en Trujillo el 22 de febrero de 1895, en el seno de una familia vinculada a la elite de la región. Llegó a Lima en 1917 para seguir cursos en la Universidad de San Marcos y se transformó luego en un decidido representante de los obreros. La lectura de los ensayos de Manuel Gonzáles Prada parece haber sido un estímulo decisivo en este cambio. Llevado sobre todo por el rol del intelectual como guía de los trabajadores, Haya empezó a sentirse capaz de conducir a las masas para transformar la situación de los menos favorecidos. Por ello, participó activamente en el movimiento por la lucha de las ocho horas y aprovechó la gran huelga de 1919 para forjar lazos con los trabajadores.

Poco después siguió manteniendo el contacto con los líderes sindicales ofreciéndoles clases de psicología. Esas clases fueron las precursoras de la "Universidad Popular Gonzáles Prada". Fundada formalmente en enero de 1921, se trataba de una escuela para trabajadores integrada por estudiantes universitarios reclutados por Haya dentro de la Federación Estudiantil. Haya instaba a los trabajadores usar su tiempo libre en estas clases en lugar de gastar su dinero en cantinas o burdeles. En el Palacio de la Exposición, sede de la Universidad Popular, se les enseñaba diariamente a cerca de mil obreros y obreras legislación laboral, historia, geografía, literatura y hasta higiene personal. Enseñaron allí historiadores como Raúl Porras Barrenechea y Jorge Basadre; los dirigentes apristas Luis Heysen y Oscar Herrera; el co-fundador del Partido Comunista Eudocio Ravines; y el socialista Luciano Castillo. Para estos estudiantes, el dictado en la Universidad Popular era también una protesta contra una universidad conservadora como consideraban a San Marcos. Varios de los futuros líderes del partido surgiría de este grupo de estudiantes-profesores.

Por su lado, la mayoría de los líderes sindicales estudiaron en la Universidad Popular hasta que fue clausurada por Leguía en 1924. Todos ellos conducirían el movimiento sindical hasta los años cuarenta. Muchos de ellos nunca había recibido una educación formal por lo que su agradecimiento a los estudiantes, especialmente para Haya, era enorme. Haya era llamado "maestro" o "compañero Rector" y lo admiraban por haber abandonado el mundo elitista de San Marcos por el del proletariado limeño.

Estos sólidos lazos de amistad y lealtad con los trabajadores le servirían a Haya para afrontar su primer reto político en mayo de 1923. Ese año, Leguía intentó consagrar al Perú al Sagrado Corazón de Jesús para lograr el apoyo de la Iglesia en sus afanes reeleccionistas. Los estudiantes de San Marcos protestaron enérgicamente y en acalorada sesión eligieron a Haya para encabezar la lucha. El 23 de mayo, una multitud calculada en 5 mil personas, entre estudiantes y obreros, salió por las calles de Lima mostrando su indignación. Las tropas fueron incapaces de reducir a los manifestantes. Hubo sin embargo un hecho trágico: un estudiante y un obrero murieron víctimas de la represión. Al día siguiente, en jugada maestra, un grupo de manifestantes encabezados por Haya logró robarse de la morgue los cadáveres y los llevaron a San Marcos. El funeral fue multitudinario, casi 30 mil personas, y Haya el principal orador. Ese mismo día el Arzobispo anunciaba la suspensión de la consagración. La protesta había sido un éxito.

Los sucesos de mayo habían consolidado la alianza entre estudiantes universitarios y obreros que luego sería traducida políticamente al aprismo. A nivel individual, el más favorecido resultaba Haya que, a pesar de ser acusado de ateo por grupos conservadores, se había convertido en líder casi nacional; además, era un serio peligro para la estabilidad de Leguía en el poder. El fundador de la Patria Nueva, Leguía, no tardaría en deshacerse de este incómodo personaje.

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Haya de la Torre vestido de obrero


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A lo largo de muchos años, la militancia aprista se concentró principalmente en los departamentos de La Libertad, Lambayeque y Cajamarca, es decir, lo que la literatura política llamó el "sólido norte". Es en esas zonas donde deben buscarse los cambios que se tradujeron políticamente en la aparición del APRA. Este es un enfoque distinto, ya que el nacimiento del aprismo no se debió, como algunas veces se dijo, a las consecuencias de la Gran Depresión de 1929 o al efecto carismático de Haya de la Torre.

Los cambios ocurridos en el norte afectaron su estructura agraria. Durante la Guerra con Chile, la producción y toda la economía de la zona colapsó cuando los hacendados vieron sus plantaciones saqueadas o destruidas. Muchos de ellos se vieron obligados a pagar fuertes cupos al invasor. Luego del conflicto la crisis sólo pudo superarse con la inyección de cuantiosos capitales extranjeros y la fusión de gran parte de las haciendas sobrevivientes.

El proceso de concentración fue particularmente intenso entre 1885 y 1890 y tuvo su pico más alto durante la Primera Guerra Mundial con el alza del precio del azúcar. El resultado fue que las haciendas de propiedad de terratenientes nacionales terminaron siendo absorbidas por tres grandes empresas azucareras (Casa Grande, Roma y Cartavio) que simbolizaban la colonización de la agricultura costeña por el capital extranjero. Los consejos de regantes controlados por ellas quitaban los turnos de agua a los pequeños propietarios, y sin agua las tierras del litoral carecen de valor. El resultado fue el despojo de tierras de cerca de 5 mil familias entre 1890 y 1930 y su absorción por estas tres grandes compañías, especialmente por Casa Grande.

En Trujillo la misma familia de Haya de la Torre había perdido sus plantaciones por esta feroz concentración agrícola, así como algunos de sus compañeros del grupo de intelectuales agrupados en la "Bohemia de Trujillo": el poeta César Vallejo, el pintor Macedonio de la Torre, el poeta y escritor Eulogio Garrido, y el periodista e ideólogo del aprismo Antenor Orrego, entre otros.

El aprismo también tuvo apoyo en otras zonas del país controladas por este tipo de empresas como Cerro de Pasco y Ancash, por la presencia de compañías mineras extranjeras, e Ica por sus grandes plantaciones de algodón inyectadas por capital foráneo.

Todas estas transformaciones, especialmente las ocurridas en los valles de La Libertad, crearon las condiciones para el surgimiento de posiciones antiimperialistas como la que enarbolaría el APRA más adelante. En las primeras elecciones donde intervino Haya de la Torre, las de 1931, el 44% de sus votos correspondieron al "sólido norte". Su discurso nacionalista sintonizó entre aquellos cuyos negocios -tierras, pequeñas industrias y comercios- quedaron aplastados por las todopoderosas empresas extranjeras.

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Hijo de Manuel Chávez Moreira y de María Rosa Dartnell, Jorge Chávez nació el 13 de enero de 1887. Durante sus años de juventud, que los transcurrió en Europa, Jorge siempre prefirió el deporte y las actividades que pudieran brindarle emoción: intervino en carreras de autos y destacó en fútbol y en atletismo, llegando a ser campeón de 400 metros planos y de 1.200 metros en carreras de fondo. Su mayor pasión, sin embargo, fue la aviación. Egresó en 1910 de la Escuela Violet de electricidad y mecánica industriales con su título de ingeniero e inmediatamente se inscribió en la escuela de aviación fundada por los hermanos Henri y Maurice Farman, quienes habían construido varios modelos de aviones. Obtuvo el brevete nº 32 y su primer vuelo lo realizó en Reims, logrando mantenerse en el aire durante 1 hora y 42 minutos. Luego participó en varias competiciones aéreas: Biarritz, Niza, Tours (en ésta logró cubrir una distancia de 142 kilómetros), la semana de Lyon, Budapest, Rouen y Champagne.

En julio de 1910 se decidió por el monoplano Bleriot y en los balnearios ingleses de Bournemouth y Blackpool alcanzó el récord de altura con 1.755 metros. Luego volvió a batir el récord mundial de altura en Issy-Les-Moulinreaux, llegando a volar a 2.652 metros, como un ensayo para un proyecto aún mayor: participar en la travesía de los Alpes. Es justo reconocer que todas estas prácticas las realizó Chávez con la debida preparación y apoyo profesional; además, está probado que poseía las condiciones físicas (talla, peso, contextura) ideales para la práctica de la aviación; además, siempre se planteó problemáticas en el campo aeronáutico y con frecuencia sugería modificaciones en su avión. En noviembre de 1910 participó, finalmente, en una prueba que consistía en un vuelo de Suiza a Italia con el paso de los Alpes por el cuello de Simplón. Hubo tres concursantes, uno de los cuales –de nacionalidad italiana- fue eliminado por no presentarse a tiempo; el otro, un norteamericano, debió retirarse tras dos intentos fallidos. El único que quedó fue Jorge Chávez, quien con su monoplano Bleriot partió en 23 de setiembre de Briga (Suiza), cruzó los Alpes por el Paso de Simplón y llegó al valle de Domodossola (Italia): ¡había logrado la hazaña! Sin embargo, a punto de aterrizar, a 5 metros de altura, las alas del Bleriot se desprendieron y doblaron, y el aparato se precipitó al suelo por la parte delantera.

Se descubrió poco después que una pieza de unión entre el fuselaje y un ala presentaba señales de una rotura anterior y había sido reparada de forma defectuosa con clavos. El heroico piloto sufrió la fractura de ambas piernas, no por su culpa o por falla del motor, sino por la endeble y mal arreglada armazón de un primitivo monoplano de principios del siglo XX. Quedaron intactas la cola, los timones y las ruedas de bicicleta; las alas no se deformaron mayormente. Chávez, gravemente herido, fue conducido al hospital de Domodossola mientras recibía mensajes de felicitación por su hazaña de personalidades como el Rey de Italia y el Presidente de Francia.

Por aquellos años, su proeza sólo era comparable con la del vuelo de Lindbergh que unió Estados Unidos con Europa. Lo cierto es que Chávez no perdió la conciencia ni tuvo lesiones internas, solo fracturas en las piernas y algunas contusiones en el rostro. Sin embargo, tuvo una larga agonía debido a un shock traumático y hemorrágico causado por una fuerte caída a baja altura; era insuficiente su sangre circulante al desangrarse por las fracturas de las piernas. Dado el nivel de la medicina de entonces, no era posible efectuarle una transfusión que hubiera sido salvadora; solo le suministraron purgantes y se le hizo beber café y un poco de champagne. Se dice que clamaba por líquido. Durante su agonía pronunció, según Luigi Barzini, frases entrecortadas como: “la altitud, la altitud”, “el motor, el motor”, “quiero levantarme”. Parece que sus últimas palabras fueron: “No, no, yo no me muero”, pero la versión de Juan Bielovucic ha sido la más difundida: “¡Arriba… más arriba todavía!”. El poeta italiano Giovanni Pascoli concluyó una elegía en su nombre de esta manera: “Cae con su gran alma sola siempre subiendo. ¡Ahora sí, él vuela!”.

El 27 de septiembre de 1910 había concluido la vida de este gran peruano. Dicen que en Domodossola, en incesante procesión, llegaban numerosas personas desde toda Italia para darle la última despedida, mientras se preparaban sus restos para enviarlos a París. Un amultitud, vestida de negro, llenaba las calles y ventanas de la pequeña ciudad, en todo el trayecto hasta la estación del ferrocarril. Detrás del féretro, avanzaban su anciana tía y su hermano Juan. El tren cruzó el Simplón y llegó a París el 1 de octubre. Después de las honras fúnebres realizadas en la iglesia de San Francisco de Sales, en la calle Brèmontier de París, a cargo del padre Martinet y del abate Pagas, el cortejo pasó por los boulevares de malesherbes y Huasman y la avenida de La República, llegando al cementerio del Padre Lachaise, donde sus restos fueron depositados en el mausoleo de la familia Chávez. Los sentidos discursos fueron pronunciados por el Secretario de la Embajada del Perú en Francia, Francisco García Calderón, y León Barthou, a nombre del Aero Club de París.

Sus restos fueron repatriados al Perú en 1957. El 12 de septiembre de ese año, antes de embarcarse sus restos a nuestro país, en la iglesia de Saint Pierre de Chaillot de París, se realizó una misa de réquiem, con el ataúd cubierto con la bander adel Perú; asistieron los hermanos del héroe, el Jefe de Protocolo de la Cancillería de Francia, un edecán del Presidente y miembros de la colonia peruana. Sus restos hoy reposan en la plaza mayor de la escuela de oficiales de la F.A.P. en Las Palmas en Lima.

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Jorge Chávez Dartnell

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Inauguración del monumento a Jorge Chávez en Lima (1937)
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El automóvil.- El primer automóvil que circuló en el Perú no lo hizo en Lima. Llegó a Huaráz en 1899 y lo trajo desde Europa, en cajas para ser armado, el minero Arturo Wertheman; era un “Gardner Serpollet” a vapor que tuvo un notable desempeño al circular a más de 4 mil metros de altitud, sin duda un récord mundial. En 1903 paseó por Lima el primer automóvil; fue un Locomobil a vapor de origen europeo, importado por Ricardo L. Florez. El primer auto a gasolina llegó en 1904 y, en 1905, llegó el primer auto norteamericano marca Reo, traído por Abraham y Miguel Elguera quienes se convirtieron en los primeros comerciantes de venta de autos en Lima. Un hecho sin precedentes ocurrió en 1907 cuando 25 autos y una moto, casi todos los que existían en Lima por esos años, realizaron un rally desde el Paseo Colón hasta el balneario de La Punta; el segundo gran rally, cubrió la ruta de Lima a Ancón. Un hecho histórico ocurrió en 1908 cuando el ingeniero Alberto Grieve diseñó y construyó el primer auto en el Perú; el modelo llevó su nombre.

La importación cada vez mayor de automóviles permitió la realización de algunas “proezas”. En 1914 Carlos Olavegoya, quizá el primer fanático del automovilismo, ascendió al Morro Solar y luego, en julio, batió el récord mundial de altura al llegar al punto más alto del Ferrocarril Central. A su llegada familiares, amigos y numerosos curiosos lo esperaban en la Estación de Desamparados. En 1917, otro “corredor”, Octavio Espinoza ascendió al Cerro San Cristóbal en siete minutos, toda una hazaña para la época. Lógicamente con la circulación de los primeros automóviles se desataron los primeros accidentes. La gente pedía seguridad y se quejaba por el ruido ensordecedor de estas máquinas rodantes; ni qué decir del olor que despedían los motores. La población solicitaba que antes de seguir importando vehículos había que reglamentar el tránsito en favor de la seguridad de los peatones. Por último, un hecho importante ocurrió en 1917: la Municipalidad de Lima importó de Estados Unidos el primer camión para el servicio de baja policía; se trataba de un camión Moreland, de dos toneladas y media, que recogía la basura del Mercado Central superando en eficacia a las antiguas carretillas. Con los años llegarían más camiones para los nuevos barrios de la ciudad.

El tranvía.- En 1877 se inauguró en Lima el tranvía con tracción animal. Ahora, en 1903, ese viejo tranvía se trasformó en eléctrico y facilitó el transporte de la población capitalina. El primer “eléctrico” comenzó construirse en 1903 y unía a Lima con Chorrillos (14 kilómetros que atravesaban Miraflores y Barranco); la velocidad máxima que alcanzaba era de 40 a 60 kilómetros por hora. Al año siguiente otro tranvía unió a Lima con el Callao. Por esos años, el alcalde de la capital era Federico Elguera, de notable gestión pues durante su administración (1901-1908) la ciudad se trasformó al modernizarse todos sus servicios públicos. Sin embargo, el entusiasmo por el nuevo sistema de transporte quedó ensombrecido por un temprano accidente. En febrero de 1904 un coche que cubría la ruta a Chorrillos sufrió un desperfecto a la altura de la Bajada de Armendariz, en Miraflores, cuando el vehículo se desconectó del cable de electricidad y quedó detenido a oscuras con todos sus pasajeros a bordo. Pocos minutos después, un segundo coche de tranvía de la misma ruta, colisionó con el averiado sin saber, obviamente, que se encontraba detenido. Cuentan que las rápidas maniobras del conductor evitaron una tragedia mayor. Por ello, felizmente solo hubo heridos y pérdidas materiales en ambos coches. Este accidente obligó a los responsables del tranvía a tomar medidas de seguridad y se construyeron teléfonos en determinados tramos de la ruta para avisar inmediatamente de cualquier situación de emergencia.

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El cine.- El sábado 2 de enero de 1897 se llevó a cabo la primera función pública de cine en el “Jardín de Estrasburgo”, célebre confitería ubicada en la Plaza de Armas de Lima. El aparato usado fue el Vitascope, patentado por Thomas Alva Edison en 1896. La función, a la que asistieron el presidente Piérola, ministros e invitados, duró dos horas y se inició a las 9 de la noche. Dos días después el cine fue mostrado al público; los limeños pagaron entonces, por primera vez, para asistir a un espectáculo cinematográfico.

Un anónimo operador filmó, hacia 1899, las primeras vistas del Perú y el 23 de abril de 1899, en el teatro Politeama de Lima, se proyectaron veinte vistas entre las que se encontraban tres llamadas La catedral de Lima, Camino a La Oroya y Chanchamayo. Fueron tal vez las primeras imágenes de la geografía peruana proyectadas por un aparato cinematográfico.

De otro lado, la proyección de películas nacionales en estos años fue escasa, sin embargo, a pesar de que el cine era un oficio muy nuevo, esto no impidió que se lograra realizar algunos films como Las salidas de misa de 11 am. De la iglesia de San Pedro (1904), Corridas de toros en la Plaza de Acho (1904), Ejercicios de fuego de la batería de Alfonso Ugarte del Callao (1904), Los centauros peruanos (1911), Negocio del agua (1913), del manicomio al matrimonio (1913) y otros más. El cine, sin embargo, no estaba todavía en condiciones técnicas para competir con el teatro y la ópera porque era un cine mudo, con muchas imperfecciones, un espectáculo que demandaba ciertos gastos de instalación.

Finalmente, si los limeños miraban a Europa no fue difícil la excepcional acogida que dio la ciudad al curioso aparato, proveniente del soñado París, que mostraba los cafés de los Campos Elíseos, el Arco del Triunfo o la Torre Eiffel. Como sostiene Giancarlo Carbone, el cine ayudó a ensanchar el horizonte visual local, introdujo nuevas costumbres, trastocó y rompió antiguas morales sociales, presentó noticias sobre flamantes rumbos políticos y sobre todo inyectó una modernidad en una sociedad que a pesar de haber entrado a un nuevo siglo parecía aún estancada en los moldes sociales coloniales. Es, pues, bajo el signo del cine que hemos ido modelando nuestra cultura y construyendo nuestro imaginario y nuestros sueños.

Las carreras de caballos y el hipódromo de Santa Beatriz.- Tenemos noticias que la colonia inglesa introdujo la afición por las carreras de caballos desde la década de 1860. La primera carrera de caballos de la que hay registrado se realizó el 29 de febrero de 1964 en el Callao, en la cancha de Bellavista. La carrera estuvo bien concurrida y estuvo presidida por el prefecto del Callao. También sabemos que existía un club hípico y los caballos eran peruanos o chilenos cruzados con sementales ingleses. En 1869 se abandona Bellavista y, con el objeto de acercar el deporte a la capital, se inaugura un "hipódromo" en la Pampa del Pino, o sea, en una extnsión plana, entre las faldas del cerro de El Agustino y los terrenos de la urbanización Manzanilla. . A partir de la década de 1870 se construyó un nuevo "hipódromo", a mitad de camino entre Lima y el Callao, cerca de la estación del ferrocarril trasandino, donde era más fácil que el público pudiera asistir, cerca de la actual Plaza Dos de Mayo. Se trataba de un terreno donado por los herederos de Henry Meiggs, por ello era llamada la Cancha Meiggs. La inauguración fue el 15 dea gosto de 1877. Las carreras de gala se celebraban los 29 y 30 de julio con motivo de la fiesta de la Independencia. Lamentablemente, la guerra con Chile truncó, por el momento, la actividad hípica.

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Antiguo hipódromo de Bellavista

Pero, como hemos visto, si bien la afición por la hípica había crecido a lo largo del último tercio del siglo XIX, Lima no contaba con un recinto lo suficientemente moderno, como otras capitales latinoamericanas, para albergar a todos los entusiastas por las carreras de caballos. Por ello, El jueves 11 de junio de 1903 se inauguró, gracias al esfuerzo del Jockey Club de Lima, el nuevo hipódromo de Santa Beatriz, ubicado en el actual Campo de Marte. El hipódromo fue durante muchos años una de las construcciones más hermosas y modernas que pudo exhibir la capital. Su elegante arquitectura, una curiosa mezcla de estilos afrancesados y arabescos, y su perfecta ubicación, en un inmenso campo verde, ofrecieron el marco adecuado para que los altos círculos limeños lo tomaran como uno de sus lugares favoritos de reunión. Memorables fiestas y eventos se celebraron en sus instalaciones. Una de las más recordadas fue la carrera de gala con motivo de la visita del general argentino Roque Sáenz Peña, futuro presidente de su país, en 1905. Los domingos y feriados sus tribunas de madera se abarrotaban de público por lo que fue necesario luego abrir la avenida Guzmán Blanco para facilitar el acceso desde el elegante Paseo Colón y la novísima Plaza Bolognesi.

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El vuelo de Juan Bielovucic sobre el hipódromo de Santa Beatriz

Los inicios de la aviación.- El 15 de enero de 1911 Juan Bielovucic realizó el primer vuelo que se vio en Lima. Lo hizo en un improvisado aeródromo en el hipódromo de Santa Beatriz. Ante numeroso público, entre el que se encontraba el propio presidente Leguía, Bielovucic elevarse a un altura de 40 metros con la duración de un minuto. Catorce días después, el 29 de enero, cruzó el cielo de Lima con un monoplano modelo “Farman” que alcanzaba una velocidad de 50 caballos de fuerza. Luego, en 1913, Bielovucic emprendió la misma travesía en la que Jorge Chávez perdió la vida años antes. En 1914 se enroló formalmente en el ejército francés como voluntario, siendo nombrado subteniente infantería y destacado al servicio de aviación. Se distinguió en los vuelos de reconocimiento de gran distancia y obtuvo la Legión de honor y la Cruz de Guerra con Palma, en mérito a su desempeño.

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Juan Bielovucic

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Durante estos años, las elites miraban a Europa en la vida cotidiana, especialmente hacia París. Lima, por ejemplo, empezaba a transformarse y las avenidas principales, La Colmena y el Paseo Colón, terminaron irradiando una fisonomía francesa que era signo y norte de un modo de existir. De otro lado, el auge de la riqueza generada por la exportación del caucho y el mito del “imperio” pionero de Carlos Fermín Fitzcarrald, que acababa de morir, estaban en su cúspide.

La cultura de la República Aristocrática, entonces, estaba totalmente europeizada o, en otras palabras, afrancesada. En este sentido, la llegada del cinematógrafo, con sus imágenes, trasladaba imágenes del Viejo Mundo a las mentes urbanas, limeñas y de otras ciudades de la costa. Esas imágenes en movimiento hacían posible que la gente pudiera saber cómo eran los países europeos o los Estados Unidos. Podían ver cómo se vestían sus gentes, cómo calzaban, cómo caminaban, qué tipo de sombrero llevaban, cómo eran sus bares o restaurantes y es bastante probable que fue de esta forma como la elite asimiló costumbres y comportamientos. El cinematógrafo, en síntesis, cumplió, una eficaz función -como ahora podrían ser los noticieros y los documentales de televisión- de vehículo de transmisión de estas influencias foráneas, más modernas o “civilizadas”.

El Perú de esa época estaba viviendo lo que Europa había vivido entre los siglos XVIII y XIX. Existía un retraso de los comportamientos sociales respecto de Europa, a pesar de que nuestro orden político, una República "democrática", era un sistema muy moderno. En otras palabras: las costumbres de las personas, la forma de pensar o la vida cotidiana más bien pertenecían a una sociedad de antiguo régimen. Pero frente a estos esquemas tradicionales, llegaban el cinematógrafo, el automóvil, el teléfono, el aeroplano o las vacunas que fueron lo que la computadora, un producto de punta de la tecnología moderna, representa para el momento actual. Todos estos “avances” o inventos se incorporan aquí como algo postizo, como ocurrió con los ferrocarriles que construyó Henry Meiggs en el siglo XIX.

De otro lado, las élites ejercían sobre los demás grupos de la sociedad una suerte de tolerancia paternalista fruto de la educación y la moral de su tiempo. Asistían a las procesiones, a las corridas de toros, a los paseos por las lomas de Amancaes, a ciertos espectáculos deportivos y también al cine. Eran actitudes típicas de principios de siglo donde los grupos superiores se entremezclaban con el pueblo para obtener legitimidad y consenso.

La moral por esos años era sumamente tradicional. Una moral machista, donde el espacio público (la calle o la política) estaba reservado para los hombres; el espacio privado (la casa), en cambio, era el reino de la mujer. La mujer era una especie de “objeto sagrado” que se conservaba al interior de las paredes del hogar y representaba la virtud y la moral de una familia. Sin embargo, poco a poco, la llegada de las imágenes a través del cine o las revistas introdujeron nuevos comportamientos. Las nuevas actitudes amorosas, por ejemplo, que los peruanos pudieron ver en el cinematógrafo afectaron profundamente las relaciones entre hombres y mujeres. Si hasta 1900 las mujeres llevaban vestidos muy largos y los hombres trajes muy pesados, poco a poco la gente se va a despojar de todo lo que es indumentaria inútil, inadecuada para establecer una mejor relación el tipo de clima de la costa. Se inicia una especie de racionalización de la vida cotidiana, es decir, la gente quiere comportarse de manera más práctica.

LA "belle epoque".- Nacida en Europa, fue una expresión nostálgica, retrospectiva. Los europeos echan de menos la época anterior a los horrores de la Primera Guerra Mundial. Evoca el período entre 1890 y 1914 de una Europa próspera que todavía conserva la paz. Y la época es “bella” porque la civilización del Viejo Mundo es todavía la más refinada e influyente del planeta. Un tiempo donde los aristócratas vacacionaban y buscaban placer en Niza o Biarritz. La burguesía, por su lado, vive en sus edificios señoriales de las grandes ciudades; compra los primeros automóviles, descubre los baños de mar y la emoción en los casinos. Fue también la época de los pintores vanguardistas que encarnan la creación lúdica. A las muchedumbres urbanas, por último, la sociedad le propone los primeros ocios de masas (como la práctica del deporte). Sin embargo, esta época no fue “bella” para todos. Cientos de barcos repletos de inmigrantes seguían la ruta hacia el gran sueño americano. Eran personas a quienes la “prosperidad” les negaba un lugar. Los menos afortunados, los que se quedaron, tuvieron que sobrevivir en medio de las hambrunas campesinas de la Europa oriental o trabajar, como topos, en los centros mineros. El Perú, especialmente Lima, vivió, a su manera, la belle epoque. Fue una locura, sobre todo entre los jóvenes de la élite y la clase media quienes sentían inconformidad ante esa sociedad aburrida y sin emociones. Por ello los automóviles, los cafés, una vida nocturna más prolongada -desde que se instaló la luz eléctrica-, y los nuevos vicios como los fumadores de opio en el barrio chino, le dieron a la Capital una nueva vida.

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Frontis del famodo "Palais Concert" de Lima

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A nivel de la clase media y los grupos populares, a partir de 1900 ocurren dos fenómenos claves respecto a la ubicación de la mujer en el ámbito productivo. Uno fue su participación en la educación y el otro su incorporación al trabajo artesanal e industrial.

En relación al primero, podríamos mencionar el creciente número de mujeres de clase media dentro del profesorado escolar. Un censo en Lima (1908) señalaba que el número de profesoras en la capital superaba el millar. Esto suponía, en primer lugar, haber acudido a la Escuela Normal para capacitarse y luego ejercer la docencia en algún colegio de la ciudad. De otro lado, las mujeres también ingresan a la vida universitaria, lo que derivó en la existencia de mujeres profesionales, especialmente en el campo del derecho, la medicina y las bellas artes. Sin embargo, debido a la mentalidad todavía tradicional y machista frente a llamado “sexo débil”, la presencia de la mujer en el campo profesional originó resistencias, censura y un velado hostigamiento que en muchos casos derivó en la deserción profesional, especialmente cuando llegaba la hora del matrimonio.

Por su lado, dentro del campo productivo, la mayor presencia femenina no estuvo en la industria, como se cree, sino en las tareas que realizaban independientemente, como la costura. Si en 1876 hubo 1.461 costureras en Lima, en 1908 éstas llegaron a 7.021 (un incremento de 380%); en 1920 esta tendencia se acentuó pues se calculó en 9.538 el número de costureras y modistas en Lima. Este espectacular aumento no significó, necesariamente, un mayor progreso social o económico de la mujer. Muchas se vieron forzadas a trabajar para poder subsistir frente al sistemático aumento del costo de vida entre 1910 y 1920, especialmente. Finalmente, en los talleres de costura, por lo general, no se les respetaba la jornada laboral de 8 horas y percibían un jornal muy reducido, por debajo del que recibían los hombres.

Esta no fue la única desventaja de la mujer frente al hombre. Otra derivó de la irresponsabilidad del padre de sus hijos. A principios del siglo XX, dos tercios de los niños de Lima eran “ilegítimos”, es decir, nacidos fuera del matrimonio. Cientos de ellas resultaron víctimas de la seducción, en un medio donde la conducta sexual fue variando y en el que no había mucho control sobre la reproducción. Abandonadas a su suerte, muchas mujeres tuvieron que trabajar y asumir el difícil papel de ser madre y padre de sus hijos. Según Joaquín Capelo: Exceptuando a unas cuantas de clase inferior que trabajaban en talleres públicos… la mayor parte de las 6.000 costureras… son personas que han tenido cierta posición en la sociedad y que después han debido abandonarla, descendiendo muchos grados en rango, una vez que la escasez de recursos las obliga a buscar trabajo en clase inferior a la que antes ocuparon… La costurera se ve privada de las consideraciones sociales a que ha estado acostumbrada; y a fuerza de un trabajo rudo y sin descanso, logra apenas un pedazo de pan amasado con lágrimas, humillaciones y vergüenzas, tal vez ocasionada por alguno que fue de su amistad, en los tiempos de su opulencia.

Con respecto al feminismo y a la lucha por el voto, el avance del liberalismo influyó en la lucha por los derechos de la mujer en la vida política. Desde finales del siglo XIX, mujeres como Juana Manuela Gorriti, Teresa Gonzáles de Fanning, Mercedes Cabello de Carbonera y Margarita Práxedes, entre otras, reclamaron la participación de la mujer en la política nacional. Luego, muchos de sus planteamientos fueron recogidos por la primera feminista peruana, María Jesús Alvarado, quien hacia 1911 pidió el sufragio femenino al plantear que la supuesta “inferioridad” de la mujer se debía a factores históricos y no a la naturaleza femenina. Fundó "Evolución Femenina" en 1914, institución que logró el acceso de las mujeres a cargos públicos, como en los de las Sociedades de Beneficencia Pública (1915). La propia María Jesús Alvarado ocupó un puesto de concejal en la Municipalidad de Lima. Finalmente, sus luchas “feministas” la llevaron la deportación durante el Oncenio de Leguía.

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Juana Manuela Gorriti

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Hoy es el Día de la Marina de Guerra del Perú, fecha del recordado Combate de Angamos en el que Miguel Grau, nuestro máximo héroe, se inmoló dando una lección de coraje a los que habían llevado al país al desastre. En este día, sin embargo, no queremos reseñar los ya conocidos los hechos bélicos en los que, durante el siglo XIX, intervino la Marina en defensa de los intereses del Perú: guerra contra la Gran Colombia (1827-29), guerra de la Confederación Perú-Boliviana, guerra con Ecuador (1859-60), guerra contra España (1866) y Guerra del Pacífico (1879-83). Hoy nos ocuparemos de algunas tareas poco divulgadas de nuestros marinos pero que también contribuyeron fuertemente a la construcción del Perú como nación.

La Marina de Guerra y la Amazonía.- En los primeros años de la vida republicana, la Amazonía era un conjunto de territorios poco conocidos para los que gobernaban nuestro país. Pero si hubo una institución que colaboró firmemente en “integrar” ese vasto territorio a la vida nacional fue la Marina. En efecto, la relación de la Armada con esa región fue múltiple:

1. Marinos peruanos acompañaban cualquier expedición que se organizaba con el fin de conocer mejor esos territorios, los cursos de sus ríos o las riquezas que encerraban.
2. A través de su presencia en la Amazonía, la Armada fue muy eficaz en la defensa de la integridad del territorio peruano mediante los patrullajes de los ríos y la vigilancia de los hitos fronterizos.
3. Diversos estudios hechos por integrantes de la Armada enriquecieron los conocimientos sobre las características de esa extensa zona.
4. Fue muy valiosa la acción cívica desarrollada por los marinos allí, brindando ayuda material a las poblaciones nativas, o efectuando labores educativas o de fomento del sentimiento nacional.

En 1834, por ejemplo, un oficial naval, el teniente Ramón Azcárate, fue designado para tomar parte de una expedición científica dirigida por marinos ingleses (William Smith y Frederick Lowe) que se realizaría por los ríos Ucayali y Pachitea. Todo indica que fue la primera exploración efectuada a través de esos ríos. Luego, en 1846, se llevó a cabo una importante expedición que siguió un largo itinerario en la Amazonía a cargo de una comisión científica enviada por el gobierno francés, y dirigida por el conde Francis de Castelnau. Con ellos viajaron dos oficiales de la Armada peruana: el capitán de fragata Francisco Carrasco y el alférez de fragata José Becerra. Luego de la expedición, el capitán Carrasco presentó un utilísimo diario de la navegación realizada por el río Huillcamayo y parte del Ucayali, que incluía datos geográficos y estadísticos; también elaboró un mapa del río Ucayali. La larga expedición navegó también por el río Urubamba, en el que naufragaron, tras lo cual padecieron graves penalidades.

En la década de 1850, uno de los hechos más significativos fue el arribo a los ríos del Oriente de dos pequeños vapores comprados por el gobierno de Ramón Castilla, el "Tirado" y el "Huallaga", llegados desde los Estados Unidos a través del Brasil, y comandados por los oficiales Manuel Villar y Juan Fanning. La compra de esos buques fue una acertada idea: relacionar sus itinerarios con los de las embarcaciones brasileñas que surcaban el Amazonas con el fin de que los nuevos vapores pudiesen cubrir el tráfico por los tributarios de éste, especialmente el Ucayali y el Huallaga.

A inicios de la década de 1860 –fines del segundo gobierno de Castilla- se estableció el Apostadero y Arsenal de Iquitos, junto con una factoría, un dique y 4 buques a vapor que integrarían la flamante Marina fluvial. Eso también significó la auténtica fundación del puerto y de la ciudad de Iquitos. Con todo ello, se afianzó la presencia de la Armada en la Amazonía y, por ende, la influencia del propio Estado en zonas tan apartadas de la sede del gobierno central. Los 4 buques mencionados iniciaron la navegación a vapor en 1864, la cual se desarrollaría en forma ininterrumpida durante varios años. Uno de ellos, el "Morona", bajo el mando de Manuel Ferreyros tuvo un valeroso desempeño en defensa del derecho de navegación por el río Amazonas frente a los obstáculos puestos por Brasil.

El nombre del comandante Federico Alzadora no puede omitirse al hacer referencia a la fundación y primer desarrollo de la Marina fluvial, como en lo relacionado a la fundación de Iquitos. Fue el gran propulsor del desarrollo de la Marina en la Amazonía. Durante su gestión, además, se realizaron diversas exploraciones, como las efectuadas por el vapor "Putumayo" a través de los ríos Ucayali y Pachitea, en cuyo curso murieron dos oficiales navales en manos de indios cashibos. Otro hito importante en el proceso de conocimiento de la selva por parte de los marinos estuvo constituido por la travesía del vapor Napo (1869) al mando de Melitón Carvajal, por el río Marañón, durante la cual se logró atravesar el pongo de Manseriche.

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Melitón Carvajal

Durante la década de 1870, se siguieron realizando expediciones integradas por marinos, pero muy relacionadas con las labores de comisiones de límites con los países fronterizos. Sin embargo, hubo dificultades en esos viajes debido a que, por la crisis económica, no se atendían adecuadamente las necesidades del apostadero de Iquitos y del departamento de Loreto en su conjunto: no se remitían los recursos necesarios para cubrir las necesidades de los vapores de la Marina fluvial, y muchos operarios de la factoría naval de Iquitos tuvieron que ser despedidos por los mismos problemas económicos.

Luego de la guerra con Chile, muchos pensaron que el futuro del Perú podría depender de la exploración de la selva y aprovechar sus riquezas. Por ello, en 1886, se creó la Junta Informadora sobre la Región Fluvial de Loreto, con el fin de recopilar todo tipo de información sobre la región. Estuvo integrada básicamente por marinos; su presidente fue el capitán de navío Federico Alzadora y uno de los vocales fue Melitón Carvajal. La Junta elaboró un dictamen muy útil en reunión de datos con algunas conclusiones:

1. La necesidad de que se verificaran las fronteras del Perú con los países vecinos, y de que se vigilaran y recorrieran periódicamente.
2. Debía solucionarse la casi absoluta falta de vías de comunicación entre Iquitos y Lima.
3. Ponderan la gran riqueza que la Amazonía encerraba desde el punto de vista animal y vegetal.
4. Denunciaron la ausencia de una organización administrativa en el departamento de Loreto.

En los primeros años del siglo XX, una figura clave en la investigación en torno a la Amazonía fue el coronel Pedro Portillo, el cual recibió importante colaboración de miembros de la Armada. Entre 1901 y 1904 fue prefecto de Loreto, desarrollando desde Iquitos un plan de exploración de los ríos amazónicos; algunos viajes los hizo personalmente, y en otros casos los encomendó a los marinos que dependían de esa prefectura. Así se pudieron elaborar diversas cartas sobre el curso de esos ríos, lo que luego hizo posible la publicación del Atlas de Loreto. La labor de Portillo, además, puso especial interés en custodiar la soberanía del Perú en esos territorios orientales. Basadre comenta: con Portillo en Loreto el cerebro y la mano del Perú parecieron llegar a distantes e inhóspitos lugares de la selva: un cerebro lúcido y una mano suave y fuerte que implicaban el acierto y la eficacia.

Finalmente, cuando fue necesario, la Marina actuó en defensa del patrimonio territorial peruano en la Amazonía: así ocurrió, por ejemplo, en la región del río Napo, donde se produjeron los encuentros bélicos de Angoteros y Torres Causano entre fuerzas peruanas y ecuatorianas hacia 1910. Allí participó de modo decisivo el oficial Óscar Mavila, quien quedó herido en una de las acciones, a bordo de su lancha Pizarro. Pero, a medida que fue avanzando el siglo XX, fueron mejorándose progresivamente los medios que estaban a disposición de los oficiales de la Armada destinados a la Amazonía. Así se adquirieron algunas lanchas cañoneras que pudieron prestar servicios por varios lustros.

La Marina de Guerra y el progreso de la ciencia en el Perú.- Estudios científicos muy valiosos y de diverso tipo fueron realizados en diferentes épocas por marinos, o fueron auspiciados por la propia Armada.

En los primeros años de la República, tenemos la figura de Eduardo Carrasco. Este marino llegó a tener una de las bibliotecas más importantes del Perú y gracias a su experiencia hidrográfica pudo colaborar decisivamente con las tareas cartográficas que vino a realizar en el Perú, hacia 1835, el marino británico Robert Fitz Roy, quien era un importante cartógrafo naval. La labor que Roy vino a desempeñar (en su célebre buque "Beagle", en el cual también viajaba Charles Darwin) consistía en elaborar el diseño hidrográfico y cartográfico de las costas peruanas. Carrasco, además, publicó, a lo largo de la década de 1840, la Guía de Forasteros de la República Peruana, la cual aparecía cada año y contenía datos estadísticos muy precisos de la geografía física y política, al igual que información variada proporcionada por los diversos niveles de la administración pública. Se trataba, pues, de la guía más amplia del Perú de entonces.

En cuanto a la investigación hidrográfica, debe destacarse la figura de Aurelio García y García, quien publicó su Derrotero de las costas del Perú (1863), obra muy elogiada. Se trató de un trabajo fundamentado en la buena experiencia de navegación de este oficial, al igual que en la capacidad que tuvo para estudiar obras navales en otras lenguas. Luego, en la década de 1870, realizó un útil estudio sobre el puerto de Mollendo. Asimismo, como ministro de Gobierno de Manuel Pardo, dispuso que se publicara el célebre Diccionario Geográfico de Mateo Paz Soldán.

También hubo interés por la astronomía. En 1878, una comisión científica, presidida por Camilo Carrillo, tuvo como misión la elaboración de un informe sobre un fenómeno astronómico importante que se produciría en mayo de ese año: el tránsito del planeta Mercurio por el disco del Sol. Ese fenómeno congregó en el puerto de Paita a otras misiones científicas, y la comisión peruana, a bordo del monitor "Huáscar" y compuesta íntegramente por marinos, emitió el informe solicitado.

Después de la guerra con Chile, volvió a manifestarse el interés de los marinos por los asuntos científicos. Por ejemplo, varios oficiales de la Armada estuvieron entre los miembros fundadores de la Sociedad Geográfica de Lima, creada en 1888. Entre sus miembros, destacó Melitón Carvajal quien colaboró en la determinación precisa de algunas coordenadas geográficas, con la idea de que ello sirviera de base para la confección de un detallado mapa del Perú.

Ya en los primeros años del siglo XX, muchos marinos continuaron realizando investigaciones de carácter hidrográfico. Efectuaron sus labores tanto en el litoral como en los ríos de la Amazonía. En cuanto a sus trabajos en la costa, por ejemplo, realizaron estudios para fijar los lugares donde se instalarían 13 faros que alumbraría n el litoral; se levantó una carta del puerto de lobitos; se hizo un estudio para analizar si Puerto Pizarro podría ser un buen punto de partida de un ferrocarril a Tumbes. Igualmente, el Germán Stiglich publicaría su utilísimo Diccionario Geográfico del Perú (1918-22, 4 vols.).

Los marinos en la vida política.- A diferencia de los que ocurre hoy, durante todo el siglo XIX e incluso a inicios del XX, los marinos podían participar en política, es decir, podía elegir y ser elegidos como autoridades. Esta situación empezó a cambiar con la llegada de la misión norteamericana en 1920. Ahora, hay que distinguir entre la participación de la Marina como institución en defensa de algún gobierno frente a un peligro revolucionario o la participación individual de determinados jefes u oficiales como congresistas, diplomáticos o ministros.

En el campo de la actuación colectiva de la Armada debe destacarse que la mayoría de las veces fue para respetar el orden constitucional, como ocurrió con la defensa del gobierno de José Rufino Echenique frente al movimiento revolucionario de Ramón Castilla en 1854. Esa unidad, pocas veces se vio luego y la Marina se dividió apoyando a uno u otro caudillo, tal como ocurrió en 1856 cuando Manuel I. de Vivanco intentó terminar con el segundo régimen de Ramón Castilla. Entre los casos individuales, destacamos:

a. Aurelio García y García.- El gobierno de Manuel Pardo lo envió como embajador ante los imperios de China y el Japón para solucionar el conflicto desatado por el tráfico de trabajadores chinos en el Pacífico, denunciado por la prensa internacional. Las negociaciones no fueron nada fáciles pues el Perú se había ganado una mala imagen por los malos tratos a los chinos durante la travesía al Callao. Perteneció al Partido Civil y fue senador por Ayacucho (1878). Luego, concluida la guerra con Chile, su experiencia diplomática le valió para el gobierno de Miguel Iglesias lo nombrara representante del Perú en Inglaterra y la Santa Sede.
b. Camilo Carrillo.- Fue profesor en San Marcos, llevó la Dirección General de Correos, fue miembro del Partido Civil, Ministro de Hacienda y Comercio de Manuel Pardo, diputado y presidente de su Cámara. En 1985, fue Ministro de Guerra y Marina de Nicolás de Piérola.
c. Lizardo Montero.- Fue quizá el marino de mayor vigencia en la vida política: participó en el levantamiento de Vivanco contra Castilla (1856); ayudó a Mariano I. Prado a derrocar a Pezet (1865); miembro del Partido Civil y senador por Piura (1871); candidato a la Presidencia de la República (1876); cuando Francisco García Calderón, "Presidente de la Magdalena", fue enviado cautivo a Chile, se proclamó presidente de los departamentos del sur durante el conflicto (tuvo el honroso gesto de ofrecerse a los chilenos para reemplazar a García Calderón en su prisión en Chile); senador en 1890. Falleció en 1905 retirado de la política.
d. Miguel Grau.- Participó en el movimiento de Vivanco contra Castilla (1856); apoyó la revolución de Mariano I. Prado contra Pezet (1865); su vocación constitucionalista la demostró en su lucha contra la revolución de los hermanos Gutiérrez (1872). Fue miembro del Partido Civil y diputado por Paita (1875).

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Lizardo Montero



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Este fue un fenómeno poco estudiado, sacado a la luz por los historiadores Manuel Burga y Alberto Flores Galindo a principios de la década de 1980 quienes afirmaron que hubo una situación de sublevación general del campesinado del sur andino peruano, sin organización ni coordinación, y con matices milenaristas. Los líderes eran del interior mismo del campesinado, del mismo grupo étnico (nuevo factor, pues antes los líderes habían sido mistis o mestizos) y la rebeldía surgió desde las propias haciendas.

El movimiento estaría relacionado a la política del "Oncenio" de Leguía, cuando se reconoce la personaría jurídica y legal de las comunidades y el líder de la Patria Nueva parece enfrentarse a los gamonales. También coincide con la caída de los precios de los artículos de exportación en el mercado internacional entre 1920 y 1921.

A mediados de 1920, el gobierno de Leguía designa una comisión paar recorrer la zona y atender las reclamaciones de los campesinos. La comisión recibió, prácticamente, una "avalancha" de 7,080 quejas, de las cuales 6,132 eran por usurpación de tierras por parte de los gamonales. La situación estaba a punto de desbordarse. Esta vez la sublevación fue más extensa, con claros objetivos antifeudales y con un programa milenarista de auténtica tradición campesina (incluía hasta la adoración de las piedras). No hubo ejércitos campesinos, no hubo grandes líderes venidos de fuera: se trató de unaconflagración regional expresada a través de numerosos brotes de violencia y del control permanente de las punas.

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Campesina indígena, según el lente de Martín Chambi
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Como sabemos, en diferentes momentos de la República, la población andina alcanzó situaciones de rebelión abierta contra el gobierno central, contra alguna autoridad local o, en realidad, contra la permanencia de una situación que la ponía al margen de la s0ciedad "oficial". En este sentido, los momentos culminantes de esta agitación andina se presentaron en Huancané (1857-1868), Ancash (1885), Puno (1915) y el sur andino (1920-1923).

En realidad, no fueron las únicas rebeliones andinas pero, a diferencia de las ocurridas durante la segunda mitad del siglo XVIII, fueron más bien modestas y no parecen configurar una situación de crisis general, pues en el siglo XIX se presentó una situación de menor presión del Estado frente a la población andina. No podríamos compararlas, por ejemplo, a las movilizaciones encabezadas por Túpac Amaru II o los hermanos Catari.

Una de las rebeliones más importantes en la zona andina fue la encabezó un oscuro mayor del ejército, Teodomiro Gutiérrez Cuevas (1864-1936?), cuyo nombre de guerra fue Rumi Maqui ("Mano de Piedra"). Cumpliendo órdenes oficiales, Gutiérrez Cuevas había estado en la zona del altiplano como subprefecto de Chucuito en 1903 y al año siguiente prohibió los trabajos gratuitos de los indios en su jurisdicción hasta ser retirado de su cargo, aparentemente por presión de los gamonales puneños. Más tarde, luego de un autoexilio en Chile, vuelve a Puno y se instala entre los indios e inicia una campaña de agitación. De inmediato los hacendados lo acusaron de presentarse como Mesías, de agitar a la indiada y de propiciar un enfrentamiento racial. Así empezó a ser conocido como Rumi Maqui e inició, en 1915, una rebelión de indios en Huancané y Azángaro, que fue debelada, siendo él apresado.

Se le abrió en 1916 un juicio y se le acusó de "traidor a la patria" por querer desmembrar el territorio y establecer un Estado independiente. Además se le inculpó por querer regresar a los tiempos del Tahuantinsuyo, de incitar el bandolerismo y atentar contra la propiedad privada. En el Congreso tuvo algunos defensores, pero todo lo que se hizo fue formar una comisión que estudiaría los problemas de la región que, como todas, nunca llegó a funcionar.

Lo cierto es que el levantamiento liderado por Rumi Maqui no se debió únicamente a la expansión de las haciendas ganaderas a costa de las tierras comunales indígenas por causa del aumento de precio de la lana en los mercados internacionales, o a la secuela de abusos a los que eran sometidos los indios por las autoridades locales. Influyó poderosamente la poca preocupación de los gobiernos de entonces que poco a nada hicieron por resolver o abordar la situación de los indios. Finalmente, el pretendido proyecto de Rumi Maqui de restaurar el Imperio incaico fue más que todo una invención de personas interesadas en distorsionar su verdadero proyecto de establecer en el Perú un Estado federal.

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Probable retrato de Teodomiro Gutiérrez Cuevas, alias "Rumi Maqui"

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Hasta principios del sioglo XX, más del 80% de la población estaba en el campo. Allí los indios seguían viviendo en un mundo arcaico y tradicional, y sometidos a la autoridad o al abuso de los hacendados y prefectos del lugar. Solo los indios que pudieron bajar a la costa a trabajar en una hacienda azucarera o algodonera pudieron tener contacto con la modernidad al integrarse al llamado “proletariado rural”. Si se quedaban en la sierra, podían vivir en una hacienda, en condiciones de trabajo servil, o al interior de sus comunidades.

La hacienda, en efecto, era el eje de la vida social y económica. No contamos con cifras precisas pero es probable que hacia 1900 existieran casi 4 mil haciendas en el país con una población de medio millón de habitantes, en su mayoría indios analfabetos. Las cifras sobre el número de comunidades campesinas también son aproximadas: se calcularon casi 2 mil hacia 1920. Un detractor de estas comunidades fue Francisco Tudela y Varela, quien en su obra Socialismo peruano las condenaba por improductivas, debido a que allí se difundía el alcoholismo, la ociosidad y el fanatismo. Señalaba, además, que en ellas estaba concentrada gran parte de la población indígena y que constituían un germen de retraso en el país. A la postura de Tudela se contrapuso la de Manuel Vicente Villarán, quien sostuvo que la comunidad era la única protección del indio frente al blanco, la única manera de tener su propia organización, prescindiendo des su integración como trabajador en la hacienda del terrateniente.

Los hacendados o gamonales buscaron expandir sus propiedades con la finalidad de incorporar tierras, rebaños y hombres, siempre a costa de las comunidades. Una familia común de campesinos trabajaba en su comunidad, en las tierras de su hacendados, tenía un pequeño rebaño y, por último, tejía. De preferencia eran las mujeres las que cumplían la tarea de hilado y tejido. Podríamos decir que la vida de los campesinos en la sierra casi no había variado desde la época virreinal; solo sabemos que los campesinos habitantes del Valle del Mantaro gozaron de cierta independencia económica, y de una muy tenue “occidentalización”, gracias al comercio lanero.

Gamonal y gamonalismo han formado parte del habla cotidiana en el Perú. El primero alude a un individuo y el segundo a un sistema. El sistema se basó en una explotación con rasgos feudales de los campesinos ubicados dentro o fuera de las haciendas, especialmente en las ubicadas en los departamentos de la sierra sur. El panorama estas haciendas se caracterizaba por la pobreza y la casi total exclusión cultural de sus peones agrícolas. En este sentido la hacienda andina se caracterizó por su escasa productividad, baja rentabilidad y derroche de fuerza de trabajo. La explotación del gamonal sobre sus peones era una mezcla de autoritarismo (relaciones de subordinación y servidumbre) con paternalismo. Incluso los propios gamonales -en su mayoría mistis o mestizos- podían hablar quechua y compartir muchas de las costumbres ancestrales andinas.

De este modo, los gamonales terminaron ostentado un apreciable poder local (muchos llegaron a ser senadores o diputados, alcaldes o prefectos) y dirigieron fuerzas "paramilitares" para imponer su dominio sobre los campesinos y aún enfrentar las amenazas del Estado central. Asimismo trataron de legitimarse siendo exageradamente católicos y piadosos con la Iglesia y sus representantes (el párroco local). Durante muchos años desafiaron el centralismo y en ocasiones apoyaron el federalismo. En todo caso se trató de un fenómeno exclusivamente republicano y criollo gestado a lo largo del siglo XIX.

Según Alberto Flores Galindo, los mistis ejercían su poder en dos espacios complementarios: dentro de la hacienda, sustentados en las relaciones de dependencia personal, en una suerte de reciprocidad asimétrica; fuera de ella, en un territorio variable que en ocasiones podía comprender, como los Trelles en Abancay, la capital de un departamento, a partir de la tolerancia del poder central. El Estado requería de los gamonales para poder controlar a esas masas indígenas excluidas del voto y de los rituales de la democracia liberal, que además tenían costumbres y utilizaban una lengua que las diferenciaban demasiado de los hábitos urbanos… El racismo era un componente indispensable en la mentalidad de cualquier gamonal: existían razas, unas eran superiores a otras, de allí que el colono de una hacienda debiera mirar desde abajo al misti, tratarlo con veneración, hablarle como si estuviera siempre suplicando, mientras que el gamonal debía mantener un tono estentóreo y de mando en la voz. Hombres de a pie y hombres de a caballo; hombres descalzos y hombres con altas botas. Algunos gamonales se encariñaban con esos hijos desvalidos que eran los indios, se emborrachaban con ellos, participaban en sus fiestas; otros, por el contrario, estaban dispuestos a cualquier violencia: abusos sexuales, marcas con hierros candentes por ejemplo. Pero la combinación de racismo con paternalismo hacía que las relaciones entre mistis e indios fueran siempre ambivalentes. Se podía pasar fácilmente de un situación a otra teniendo la garantía de la impunidad. Estos rasgos del mundo rural no quedaban confinados a las haciendas; a través de la servidumbre urbana llegaban a las casas de las ciudades.

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Fiesta en una hacienda cuzqueña (foto de Martín Chambi)


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El ingeniero Barnardo Badani leyó nuestro artículo que sobre la hacienda Higuereta publicamos en junio. Con mucha amabilidad, nos escribió y nos contó algunos de sus recuerdos porque vivió en aquella hacienda limeña entre finales de los 50 y comienzos de los 60. A continuación, reproducimos su texto:

Yo viví en la hacienda Higuereta entre, más o menos, 1954 y 1966. Mi viejo, el ingeniero agrónomo Augusto Badani Chávez, era el Superintendente de la Corporación Vitivinícola Pedro Venturo que incluía esa hacienda, una en Villa (parte se convirtió en el Country Club Villa) y unas bodegas en la sierra de cuyo nombre no me acuerdo para añejar los mejores vinos.

La casa hacienda era parte de un complejo de edificios rodeando a un jardín interior de la zona de empleados de confianza. En realidad, eran dos casas juntas pared con pared que, mirándola(s) de frente, mostraban a mano derecha (al lado de la entrada a los establos) la casa del dueño (el dueño en esos años era Rodolfo Venturo, alcalde de Surco e hijo de Pedro Venturo, y uno de sus propios hijos – nieto de Pedro – vivía allí) y a su lado izquierdo, y de igual diseño, la casa del Superintendente de la Corporación (donde vivíamos nosotros). Ambas casas tenían un amplio balcón cubierto y eran de dos pisos pero con solo el piso de arriba dedicado a usarse como habitación pues toda la parte de abajo era realmente parte del complejo de las bodegas aparte de una oficinita en el “primer piso” de mi casa. A la izquierda de la casa del Superintendente había un patio de carga y descarga de los camiones que venían a las bodegas que, como mencioné estaban totalmente integradas pared con pared con el resto de la casona doble del dueño y el administrador. En los flancos, de un solo piso, y también pared con pared, estaban las casas de los otros empleados de confianza (enólogo, contador y uno o dos más), una capilla y las oficinas y central telefónica.


No puedo confirmar si la construcción databa a la fundación de la hacienda o no, pero se consideraba muy antigua. Y me inclino a pensar que la capilla era tanto o más vieja, de muros muy gruesos si no me falla la memoria. Un detalle simpático: absolutamente todos los muros eran blancos y todas las puertas, ventanas, portones, etc., de color “azul venturo” (al menos así le decíamos en casa pues no había ninguna variación. Algo me parece recordar de que el dueño en algún momento compró un enorme volumen de pintura de ese color a precio de descuento y de allí se siguió usando solo ese azul contra los muros blancos – pero puede haber sido chiste de familia)


El complejo agroindustrial incluía viñedos, producción de pan llevar, bodegas, establos (llegó hasta cerca de las 300 vacas holstein), corrales para terneras, padrillos (el toro se llamaba “Churchill”), corrales de los caballos de paso, otros corrales separados para los animales del centro de engorde que iban luego al camal (también se sacrificaban cerdos en ese camal – se oían sus chillidos desde la casa), una granja avícola (pollos, pavos y huevos), estanque, estadio, rancherías, depósito de leña, herrería, taller de mecánica y carpintería, baños público, un cine teatro (con hasta mezanine para los empleados de confianza) y hasta una escuela primaria, si la memoria no me falla. Y, por supuesto, las grandes bodegas de vino y – separada – la de vinagre. Producían blancos (incluyendo un buen “Sauterne”), tintos, champagne hecho a la francesa (carbolización natural y girado a mano) y vermouth (concesión de la “Cinzano”).

Justo afuera del primer portón, pero aún en terrenos de la hacienda, había una tienda cooperativa ("la cooperativa") regentada por chinos (con su mini chifa) y un bar. Un caballo de los Venturo ganó el premio de caballos de paso en 1964; se llamaba Maranon. En el jardín del complejo de los empleados - frente a la casona - y en los bulevares había enormes árboles de Tipas. No sé si se conserven (vi una foto aérea de lo que creo es ese lugar por la dirección que usted dio y veo muchos árboles). Además, se habían preocupado de alegrar un poco la hacienda plantado muchas flores, (principalmente Canas), en el largo bulevar arbolado y empedrado que iba del primer portón - pasando por un par de rotondas - hasta llegar al complejo de los empleados y las bodegas (El primer portón, rotonda y tramo de ese bulevar desapareció al comenzarse la urbanización Chama por los mismo dueños que exigió extender la avenida que pasa frente al Von Humbold hasta Chama. Me acuerdo que había grandes letreros pintados en los muros blancos que advertían: “Las flores las admiramos pero no las tocamos".

Ing. Agrónomo Bernardo Badani, MSc.
Director de la Oficina de Seguimiento de Cumbres de las Américas
Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura
San José, Costa Rica

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El 23 de septiembre de 1956 un avión Camberra se estrelló en los terrenos de la hacienda Higuereta
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Mientras la oligarquía civilista intentaba consolidar su modelo liberal-exportador, los cambios demográficos y el crecimiento de las ciudades colaboraban en alterar el perfil del país. Si en 1876 la población total fue calculada en 2,7 millones de personas, en 1908 fue de 3, 5 millones y en 1920, fue de 4,8; esto equivalía a un crecimiento anual de 0,9%.

Hacia 1900 la población urbana era claramente minoritaria y las ciudades vivían en un entorno propio favorecido por la escasez de medios de comunicación. En ese escenario Lima intentaba modernizarse y sacudirse de sus aún fuertes rezagos virreinales. En 1896 los limeños eran 100 mil, en 1903 casi 140 mil, en 1908 poco más de 150 mil y en 1920 llegaron a 200 mil. Diez años después habrían aumentado a 100 mil limeños más para llegar, en 1940, a pasar el medio millón. En términos demográficos, la preponderancia de Lima era apabullante si tenemos en cuenta que en 1917 Arequipa tenía 30 mil habitantes, Trujillo 20 mil, Ica alrededor de 15 mil, Abancay apenas 5 mil y el Cuzco 25 mil. Por último, la expansión de Lima era indudable si añadimos, de otro lado, que a finales del siglo XVIII la capital ocupaba apenas 456 hectáreas; en 1908 se habían triplicado a 1,292 y en 1931, con las obras de urbanización emprendidas por el Oncenio, llegó a más de 2 mil hectáreas.

Durante estos años, se continuó con la tarea de modernizar Lima, empresa iniciada por el gobierno de José Balta hacia 1870. Se construyó la avenida La Colmena (hoy llamada Nicolás de Piérola), se empezó a trazar lo que luego sería la avenida Brasil y se construyó el Paseo Colón. En el Callao se levantó el monumento a Miguel Grau (1897). También llega el cinematógrafo (1896) y por las calles de Lima empiezan a circular los primeros automóviles. La vida urbana se fue tornando más acelerada. La aparición del automóvil creó una idea distinta del espacio. El transporte público adquirió una dimensión más bien avasallante. En 1906 se puso en servicio el primer tranvía eléctrico con siete rutas. Los 40 kilómetros de vía conectaron distintos barrios y Lima quebró por fin los límites de su trazo colonial.

Pero este acelerado crecimiento no estuvo acompañado de una mejora en la construcción de viviendas ni en los servicios urbanos. Las viviendas eran insuficientes e insalubres. Al lado de las mansiones de la oligarquía estaban los célebres callejones que fueron la expresión más viva del hacinamiento. En ellos se aglomeraban las familias y la suciedad. La mayoría de sus viviendas tenían silos poco profundos, paredes huecas, amplias cavidades entre el entablado de las habitaciones y el suelo, además de combinar muchas veces el adobe de la planta baja con la quincha en la planta superior.

Respecto a los servicios de salubridad estos dejaban mucho que desear. Es cierto que se renovaron algunos básicos como el agua, desagüe y alumbrado público eléctrico. Pero, por ejemplo, las 60 toneladas de basura que producían los limeños a inicios de siglo eran depositadas en los muladares ubicados en las márgenes del Rímac. Allí se alimentaban los cerdos que luego eran sacrificados en un matadero cercano. No había un adecuado servicio de baja policía. Además casi no habían alcantarillas cerradas, la mayoría de las acequias eran abiertas y recorrían las estrechas calles. La situación no variaba sino empeoraba en las demás ciudades, especialmente en algunos puertos como Mollendo y Paita. Todas esto favoreció, por ejemplo, la multiplicación de las ratas. Entre 1903 y 1904 Lima fue castigada por una gran epidemia de peste bubónica.

A pesar de estos problemas, Lima se consolidó como centro administrativo y financiero de una economía orientada a la exportación. Su crecimiento económico y su cada vez mejor comunicación con otras zonas del país, especialmente con la ampliación del Ferrocarril Central, atrajo un número cada vez mayor de provincianos. Muchos de ellos eran campesinos quienes llegaba empujados por un crecimiento demográfico en el mundo rural (entre 1876 y 1940, por ejemplo, la población de la sierra central se duplicó); llegaban a Lima con la esperanza de conseguir un empleo. Sin embargo, como hemos anotado antes, los servicios urbanos eran muy limitados como para cubrir la demanda no solo de los antiguos habitantes capitalinos sino, sobre todo, de los recién llegados. En 1903, por ejemplo, surgió la primera “barriada” en La Tablada de Lurín, a 21 kilómetros al sur de la capital. Esta constante migración rural aumentó el porcentaje de la población ciudadana que vivía en las afueras la ciudad que creció 37% en 1858, 58,5% en 1908 y 63,5% hacia 1920.

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Un acalle limeña a inicios del siglo XX