Skip to main content.

Archivos

Archivos de November 2011
ALMA (CARTA A TI)

Fuente: REINA DEL CIELO

alma carta a ti reina del cielo krouillong karla rouillon no recibas la eucaristia en la mano


Alma.
Tú eres maravillosa, creada desde la Luz del Amor infinito
Imaginada desde los albores de los tiempos
Soñada como un niño es soñado por su madre recién encinta
Dibujada sobre un trozo de papel invisible, intocable y etéreo
Que es custodiado en el cielo como un testamento de eternidad.

Alma.
Tú estas hecha para cosas extraordinarias
Pensada para dejar un surco de amor en el mundo
Ideada en la perfección del plan que te espera
Para gloria y alegría de los habitantes del cielo
Y unida indisolublemente a la sombra de un madero.

Alma.
Tú eres presa valiosa para el destructor de vidas
Demasiado luminosa y hermosa como para ser ignorada
Desde que viniste al mundo él te ha estado observando
Buscando por donde herirte en tu hermosura
¡Es que tu luz y belleza lo ciegan e invitan a odiar!

Alma.
Te he visto esta noche, triste y llena de temor
Tu luz se ha cubierto de grises escamas
Tu hermosura dio paso a las arrugas de la corrupción
Tu sueño de realeza se ha cubierto de dudas
¿Dónde ha quedado tu destino de Gloria, tu brillo incandescente?

Alma.
Aun estás a tiempo, abre los ojos a tu verdadera naturaleza
Ya no sé que hacer para llamarte y despertarte
Te busco y te provoco, enciendo tu sorpresa y tu admiración
Y sin embargo tú caes nuevamente en ese sopor insoportable
Mira que las agujas del reloj corren de modo inexorable.

Alma.
Las arenas del tiempo se han vuelto en tu contra
Ya escucho venir el rugir del viento del este
Que arrastra y arranca de cuajo cuanto encuentra a su paso
Tu estas allí, desprotegida y expuesta a la tormenta
Mira que aun tienes tiempo, aun puedes abrazarte a Mi Cruz.

Alma.
Tú eres maravillosa, creada desde la Luz del Amor infinito
Imaginada desde los albores de los tiempos
Soñada como un niño es soñado por su madre recién encinta
No me dejes esperando, no hagas de Mi Plan un fracaso
Quiero que tú seas como el dibujo que un día hice de tu vida
Para que estés conmigo por siempre, por los siglos de los siglos.
Primer Domingo de Adviento

El Primer Domingo de Adviento es el primer domingo del Calendario Litúrgico y da inicio a las cuatro semanas anteriores a la Navidad: el Nacimiento de Jesús.

Todos empezamos a pensar en la Navidad y a esperarla con deseos de mejoras, espirituales más que materiales, y sobre todo con promesas de cambio a nivel personal.
Le ofrecemos a Dios un cambio de hábitos, dejamos lo malo atrás, nos compremetemos a no volverlo a hacer y le prometemos vivir nuestra vida cada día mejor, siempre con el ejemplo de Jesús.

Recuerda que Dios te ama y quiere que estés en el Cielo con Él algún día, la mejor manera de hacerlo: "No hacer nada que Jesús no hubiera hecho."

Colorea y diviértete pensando en la Navidad y en la pronta llegada de Jesús y ofrécele un propósito para esta primera semana de adviento.

Karla Rouillon
Lima-Perú


colorea primer domingo de adviento


Descarga la imagen para colorear

COLOREA PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO[373clicks]
Estamos iniciando un nuevo Año Litúrgico. Como cada año, por estas fechas, comenzamos a recordar los sucesos más importantes del plan de salvación de Dios para el hombre y, claro está que el primero de ellos es el Nacimiento de Jesucristo: la hermosa Fiesta de Navidad.

La redención del hombre se debe a la Muerte y Resurrección de Jesús, es decir a la Pascua, pero es lógico celebrar el inicio de esa gran manifestación del amor de Dios, o sea, su venida al mundo, el "Adviento".

Navidad y Adviento no son fiestas independientes. El Adviento nació como tiempo de preparación para celebrar la fiesta de la Navidad.
La propuesta es recorrer el camino previo a la Navidad (los cuatro domingos de Adviento) encendiendo cada domingo una vela y rezando en familia al hacerlo, además de tener un propósito de vida para cada día hasta el 24 de diciembre en que recibimos la Navidad.

Que todos los niños que ya reciben a Jesús Eucaristía asistan a la Santa Misa este domingo que comienza el Adviento y lleven su Corona de Adviento para que sea bendecida por el Sacerdote.


Mira este Video:

VIVE EL ADVIENTO


LA CORONA DE ADVIENTO


corona de adviento primer domingo navidad krouillong karla rouillon no recibas la eucaristia en la mano


Origen: La Corona de Adviento tiene su origen en una tradición pagana europea que consistía en prender velas durante el invierno para representar al fuego del dios sol, para que regresara con su luz y calor durante el invierno. Los primeros misioneros aprovecharon esta tradición para evangelizar a las personas. Partían de sus costumbres para enseñarles la fe católica. La corona está formada por una gran variedad de símbolos:

La forma circular: El círculo no tiene principio ni fin. Es señal del amor de Dios que es eterno, sin principio y sin fin, y también de nuestro amor a Dios y al prójimo que nunca debe de terminar.

Las ramas verdes: Verde es el color de esperanza y vida, y Dios quiere que esperemos su gracia, el perdón de los pecados y la gloria eterna al final de nuestras vidas. El anhelo más importante en nuestras vidas debe ser llegar a una unión más estrecha con Dios, nuestro Padre.

Las cuatro velas: Nos hace pensar en la obscuridad provocada por el pecado que ciega al hombre y lo aleja de Dios. Después de la primera caída del hombre, Dios fue dando poco a poco una esperanza de salvación que iluminó todo el universo como las velas la corona. Así como las tinieblas se disipan con cada vela que encendemos, los siglos se fueron iluminando con la cada vez más cercana llegada de Cristo a nuestro mundo.
Son cuatro velas las que se ponen en la corona y se prenden de una en una, durante los cuatro domingos de adviento al hacer la oración en familia.
Las manzanas rojas que adornan la corona representan los frutos del jardín del Edén con Adán y Eva que trajeron el pecado al mundo pero recibieron también la promesa del Salvador Universal.

El listón rojo representa nuestro amor a Dios y el amor de Dios que nos envuelve.

Los domingos de adviento la familia o la comunidad se reúne en torno a la corona de adviento. Luego, se lee la Biblia y alguna meditación. La corona se puede llevar al templo para ser bendecida por el sacerdote.

Sugerencias
a) Es preferible elaborar en familia la corona de Adviento aprovechando este momento para motivar a los niños platicándoles acerca de esta costumbre y su significado.
b) La corona deberá ser colocada en un sitio especial dentro del hogar, de preferencia en un lugar fijo donde la puedan ver los niños de manera que ellos recuerden constantemente la venida de Jesús y la importancia de prepararse para ese momento.
c) Es conveniente fijar con anticipación el horario en el que se prenderán las velas. Toda esta planeación hará que las cosas salgan mejor y que los niños vean y comprendan que es algo importante. Así como con anticipación preparamos la visita de un invitado importante, estamos haciendo esto con el invitado más importante que podemos tener en nuestra familia.
d) Es conveniente también distribuir las funciones entre los miembros de la familia de modo que todos participen y se sientan involucrados en la ceremonia.


Fuente: ACIPRENSA
Este domingo 27 de noviembre es el primer domingo de adviento.

Comparto contigo este "Camino del Adviento" para que los niños ofrezcan un propósito al Niño Jesús durante cada día hasta la llegada de la Navidad.

el camino del adviento krouillong karla rouillon no recibas la eucaristia en la mano


Descargar el archivo EL CAMINO DEL ADVIENTO[684clicks]
estigmas san pio de pietrelcina krouillong karla rouillon no recibas la eucaristia en la mano


CRONOLOGÍA DEL P. PÍO

1887 - 25 mayo: Nace en Pietrelcina, Italia
1903 - 6 enero: Edad 15 años. Entra al noviciado franciscano OFM cap en Morcone.
1904 - 22 enero: Profesa como franciscano
1910 - 10 agosto: Ordenación sacerdotal en Benevento
1918 - 20 septiembre: Recibe las estigmas, (llagas de Jesucristo)
1923 - 1933 Le fue prohibido celebrar misa en público y comunicación con sus hijos espirituales;
víctima de calumnias.
1947 Comienzan los grupos de oración del Padre Pío.
1956 - 5 mayo: Inauguración de la Casa Sollievo della Sofferenza (alivio del sufrimiento)
1968 - 23 septiembre: Fallece en San Giovanni Rotondo
1998 - 21 de diciembre: Reconocimiento de milagro
1999 - 2 de mayo: Beatificación
2001 - 20 de diciembre: Reconocimiento de 2º milagro
2002 - 16 junio: Canonización en el Vaticano

san pio de pietrelcina krouillong karla rouillon no recibas la eucaritia en la mano


Santos y teología del corazón - San Pio de Pietrelcina
Fuente: Corazones.org

San Pio de Pietrelcina, entró en los Capuchinos con 15 años de edad.Ordenado el 10 de agosto de 1910.Asignado a San Giovanni Rotondo en 1916, vivió allí hasta su muerte.Recibió los estigmas: 20 de septiembre, 1918. Los llevó por 50 años.Entró en la Vida Eterna: 23 de septiembre, 1968.Beatificado por el Papa Juan Pablo II el 2 de mayo de 1999. Canonizado por el Papa Juan Pablo II el 16 de junio del 2002.

"Solo quiero ser un fraile que reza...”
“Reza, espera y no te preocupes. La preocupación es inútil. Dios es misericordioso y escuchará tu oración... La oración es la mejor arma que tenemos; es la llave al corazón de Dios. Debes hablarle a Jesús, no solo con tus labios sino con tu corazón. En realidad, en algunas ocasiones debes hablarle solo con el corazón...” -Padre Pío

El Padre Pío es uno de los más grandes místicos de nuestro tiempo, amado en todo el mundo. Nos enseñó a vivir un amor radical al corazón de Jesús y a su Iglesia. Su vida era oración, sacrificio y pobreza. Alcanzó una profunda unión con Dios.

Famoso confesor. El Padre Pío pasaba hasta 16 horas diarias en el confesionario. Algunos debían esperar dos semanas para lograr confesarse con él, porque el Señor les hacía ver por medio de este sencillo sacerdote la verdad del evangelio. Su vida se centraba en torno a la Eucaristía. Sus misas conmovían a los fieles por su profunda devoción. Poseía una ferviente devoción por la Virgen María.


DONES EXTRAORDINARIOS:
Discernimiento extraordinario: la capacidad de leer los corazones y las conciencias. Profecía: pudo anunciar eventos del futuro. Curación: curas milagrosas por el poder de la oración. Bilocación: estar en dos lugares al mismo tiempo. Perfume: la sangre de sus estigmas tenía fragancia de flores.

Llegaban a verle multitud de peregrinos y además recibía muchas cartas pidiendo oración y consejo. Los médicos que observaron los estigmas del Padre Pío no pudieron hacer cicatrizar sus llagas ni dar explicación de ellas. Calcularon que perdía una copa de sangre diaria, pero sus llagas nunca se infectaron. El Padre Pío decía que eran un regalo de Dios y una oportunidad para luchar por ser más y más como Jesucristo Crucificado. Su beatificación fue la de mayor asistencia en la historia. La plaza de San Pedro y sus alrededores no pudieron contener la multitud que asistió a su beatificación. El Padre Pío es un poderoso intercesor. Los milagros se siguen multiplicando.

BIOGRAFÍA

Infancia

Francisco Forgione (San Padre Pío) nació en el seno de una humilde y religiosa familia, el Miércoles 25 de mayo de 1887 a las 5 de la tarde, hora en que las campanas de la Iglesia sonaban para llamar a todos los fieles a honrar a la Virgen Santísima en su mes. El Beato Padre Pío nació en una pequeña aldea del Sur de Italia, llamada Pietrelcina, una pequeña villa en la provincia de Benevento, Italia. Sus padres, Horacio Forgione y María Giuseppa de Nunzio Forgione, ambos agricultores, encomendaron la protección de su recién nacido a San Francisco de Asís, por esta razón le bautizaron con el nombre de Francisco al día siguiente de su nacimiento.

El Padre Pío, cuando era aún un bebé, lloraba desconsoladamente al grado que su padre no lograba descansar por la noche de lo fuerte y constante de su llanto, su padre decía que “al bebé nunca se le acababa el aire”. Una vez que se encontraba con su papá a solas en casa, este no pudo consolarle para que parara de llorar y lo arrojó en la cama exclamando: “Parece que el diablo hubiese nacido en mi casa”.

Relata el Padre Pío que desde ese preciso momento, nunca más volvió a llorar así. La familia Forgione vivía en el sector más pobre de Pietrelcina. Francisco fue pobre, pero como él mismo diría más adelante, nunca careció de nada... Los valores eran diferentes en aquella época; un niño se consideraba dichoso si tenía lo básico para vivir. Fue un niño muy sensible y espiritual.

Inicio de sus experiencias extraordinarias

Su vida transcurrió en los alrededores de la Iglesia Santa María de los Ángeles, que podríamos decir fue como su "hogar". Aquí fue bautizado, hizo su Primera Comunión, su Confirmación, y precisamente aquí, a los cinco años de edad, tuvo una aparición del Sagrado Corazón de Jesús. El Señor posó Su mano sobre la cabeza de Francisco y este prometió a San Francisco que sería un fiel seguidor suyo. El curso de su vida y su vocación quedaría desde ese momento sellado. Padre Pío se ofrece a tan corta edad como víctima. Este año marcaría la vida de Francisco para siempre; empieza a tener apariciones de la Santísima Virgen, que continuarían por el resto de su vida.

También tenía trato familiar con su ángel guardián, con el que tuvo la gracia de comunicarse toda su vida y el cual sirvió grandemente en la misión que él recibiría de Dios. Es también a esta edad que los demonios comenzaron a torturarlo. El niño acostumbraba a cobijarse bajo la sombra de un árbol particular durante los cálidos y soleados días de verano. Amigos y vecinos testificaron que fueron en más de una ocasión las veces que le vieron pelear con lo que parecía su propia sombra. Estas luchas continuarían por el resto de su vida.

Fue un niño callado, diferente y tímido, muchos dicen que a tan corta edad ya mostraba signos de una profunda espiritualidad. Era piadoso, permanecía largas horas en la iglesia después de Misa. Hizo hasta arreglos con el sacristán para que le permitiera visitar al Señor en la Eucaristía, en los momentos en los cuales la iglesia permaneciera cerrada.

Curado por los chiles

En tiempos en que el Padre era aún pequeño, la tifoidea era una enfermedad mortal y el pequeño Francisco se vio al borde de la muerte a consecuencia de ella. La fiebre le llego tan alta, que el mismo doctor le informó a su madre que al pequeño Francisco le quedaban unas cuantas horas de vida. La madre, aun con el dolor que experimentaba su corazón, debió continuar sus labores domésticas y preparó, como de costumbre, alimentos para los trabajadores que les ayudaban con sus tierras. La comida que Guiseppa preparó fueron chiles fritos y los trabajadores no se los terminaron por ser tan picosos. Al pequeño enfermo, el olor de los chiles le resultó muy apetecible y en cuanto se encontró a solas, no pudiendo caminar, se arrastró hasta el lugar en el que se encontraban los chiles que tanto le apetecían y se los comió todos.

Cuando terminó de comer, se regresó a su cama y sintió una gran sed. Llamó a su hermano Miguel para que le trajera algo de tomar. Su hermano le llevó una botella de leche y le sirvió un poco en una cuchara, como lo habían estado haciendo. Francisco, tomó la botella y se la tomó toda para la sorpresa de su hermano. Cuando su madre regresó más tarde a buscar los chiles, encontró el plato vacío y no se imaginó que hubiese sido Francisco el que se los hubiese comido. Aunque esta comida podría haber sido fatal para su salud, produjo cambios radicales. Desde ese momento, Francisco se curó de la tifoidea y su salud se restauró por completo.


Un milagro en su presencia

Un día, siendo aún pequeño, acompañó a su padre, Horacio, en una peregrinación al Santuario de San Peregrino. La iglesia estaba llena de fieles de todas partes. Francisco se arrodilló para orar al frente del Santuario y observaba la angustia de una madre que se acercó al altar con un niño deforme en sus brazos e imploraba al Santo que intercediera por la sanación de su hijo.

Mientras su padre se preparaba para salir de la Iglesia, Francisco no se movía en profunda oración de intercesión por el niño. La madre de este, en un arrebato de desesperación dijo en voz alta frente a la imagen del Santo: “Cura a mi hijo, si no lo quieres curar, tómalo, yo no lo quiero” y diciendo esto, arrojó al niño en el altar. En el preciso momento en que el niño tocó el altar, éste sanó por completo. Esta experiencia del poder de la oración, afianzó grandemente la confianza de Francisco en el poder de la intercesión de los Santos.

Primeros estudios

Francisco tenía gran sed de aprender. Por no haber escuelas en la villa, unos granjeros se voluntarizaron para enseñar a los niños del área. Su mayor ambición era que los niños pudieran aprender a leer y los más brillantes a escribir. La enseñanza se llevaba a cabo durante la noche por la necesidad existente de trabajar, tanto adultos como niños durante el día. Francisco estudiaba durante este tiempo. Otros niños preferían jugar, pero esto no era una de sus prioridades. Su preferencia era siempre pasar la mayor parte del tiempo en oración y estudiar en el tiempo destinado para el aprendizaje. Padre Pío fue un niño disciplinado, que entendía el sacrificio que era para sus padres patrocinar su tiempo de aprendizaje.

Estudios para prepararlo a la Vida Religiosa

Llegó el momento en el cual Francisco manifestará su deseo de ser religioso. Su padre, al ver la limitación existente de educación en la villa, emigró a los Estados Unidos y a Jamaica buscando mejor solvencia económica que le permitiera sufragar los gastos de educación para Francisco. Sus padres, aunque humildes, recibieron gran sabiduría del Señor para ver el camino que su hijo habría de seguir. Hicieron grandes sacrificios para que se hiciera posible.

Fue durante este tiempo en que su madre, Giuseppa, hizo arreglos para que su hijo recibiera la formación necesaria para poder ingresar en el seminario. La única posibilidad en ese momento era recibir clases con Don Domenico Tizzani, un exsacerdote que habiendo abandonado el ministerio, había contraído matrimonio. Don Domenico tenía la reputación de ser muy buen maestro, pero algo pasaba con el joven Francisco que parecía tener un bloqueo mental en su presencia. Doña Giuseppa buscó otro maestro para Francisco y lo encontró en el maestro Angelo Cavacco. Con él, el joven Francisco avanzó con gran rapidez y mostró tener gran capacidad.

Preparación para el Noviciado

Los días antes de entrar al seminario fueron días de visiones del Señor, que le prepararían para grandes luchas. Jesús le permitió ver a Francisco el campo de batalla, los obstáculos y enemigos. A un lado habían hombres radiantes, con vestiduras blancas, al otro lado, inmensas bestias espantosas de color oscuro. Era una escena aterradora y las rodillas del joven Francisco comenzaron a temblar. Jesús le dice que se tiene que enfrentar con la horrenda criatura, a lo que Francisco responde temeroso, rogándole al Señor que no le pidiera cosa semejante de la cual no podría salir victorioso. Jesús vuelve a repetir su petición dejándole saber que estaría a su lado. Francisco entonces entra en un feroz combate, los dolores infligidos en su cuerpo eran intolerables, pero salió triunfante. Jesús alertó a Francisco de que entraría en combate nuevamente con este demonio a lo largo de toda su vida, que no temiera: “Yo estaré protegiéndote, ayudándote, siempre a tu lado hasta el fin del mundo”. Esta visión particular petrificó a Padre Pío por 20 años.

El día antes de entrar al Seminario, Francisco tuvo una visión de Jesús con su Santísima Madre. En esta visión, Jesús posa Su mano en el hombro de Francisco, dándole valor y fortaleza para seguir adelante. La Virgen María, por su parte, le habla suavemente, sutil y maternalmente penetrando en lo más profundo de su alma.

Ingreso en el Noviciado de Morcone

Padre Pío siempre caminó el sendero estrecho, no permitiéndose lujos ni nada que le pudiera desviar de su relación con Jesús. A los 15 años de edad, Francisco había adelantado lo suficiente como para entrar al Seminario; sería Fraile Capuchino. Ingresó con la Orden Franciscana de Morcone el 3 de enero de 1902. Quince días después de su entrada, el día 22 de enero de 1902, Francisco recibió el hábito franciscano que está hecho en forma de una cruz y percibió que desde ese momento su vida estaría “crucificada en Cristo”, tomó además, por nombre religioso, Fray Pío de Pietrelcina en honor a San Pío V.

La Fraternidad Capuchina en la cual ingresó era una de las más austeras de la Orden Franciscana y una de las más fieles a la regla original de San Francisco de Asís. El ayuno y la penitencia eran prácticas habituales. El Fraile Pío abrazó todas las formas de autoprivación, comiendo siempre muy poco, en una ocasión se alimentó únicamente de la Eucaristía por 20 días y aunque débil físicamente se presentaba a clases con preclara alegría. Fue una de las mejores épocas de su vida: "Soy inmensamente feliz cuando sufro, y si consintiera los impulsos de mi corazón, le pediría a que Jesús me diera todo el sufrimiento de los hombres".

Primera bilocación

En 1905, solo dos años después de haber entrado al Seminario, el Fraile Pío experimenta por primera vez la bilocación. Rezando acompañado de otro fraile en el coro, una noche fría de enero, alrededor de las 11:00 de la noche, se encontró a sí mismo muy lejos, en una casa muy elegante en la cual un padre de familia agonizaba en el mismo momento que su hija nacía. Nuestra Santísima Madre se le apareció al Fraile Pío diciéndole: “Encomiendo esta criatura a tus cuidados; es una piedra preciosa sin pulir. Trabaja en ella, lústrala, hazla brillar lo más posible, porque un día me quiero adornar con ella”. A lo que él contestó: “¿Cómo puede ser esto posible si soy un pobre estudiante, y todavía ni siquiera sé si tendré la fortuna de llegar a ser sacerdote? Y si no llegara a ser sacerdote, ¿cómo podría ocuparme de esta niña estando tan lejos?”. La Virgen le contestó: “No dudes. Será ella quien venga a ti, pero la conocerás de antemano en la Basílica de San Pedro”. Inmediatamente se encontró de nuevo en el coro donde había estado rezando minutos antes.

Dieciocho años más tarde esta niña se presentó en la Basílica de San Pedro, agobiada y buscando a un sacerdote con quien pudiera confesarse y recibir dirección espiritual. Ya era tarde y la Basílica iba a cerrar, miró a su alrededor y vio a un fraile entrar en el confesionario y cerrar la puerta. La joven se le acercó y comenzó a compartirle sus problemas. El sacerdote absolvió sus pecados y le dio la bendición. La joven en agradecimiento quiso besarle la mano, pero al abrir el confesionario solo encontró una silla vacía.

Un año después, la joven fue en peregrinación a San Giovanni Rotondo. Padre Pío caminaba por los pasillos de las celdas repletos de peregrinos y al ver a la joven entre ellos, la señaló diciendo: “Yo te conozco, tu naciste el día que tu padre murió”, la joven, sorprendida, esperó largo rato para poderse confesar con el Padre y aclarar sus inquietudes. Padre Pío le recibe en el confesionario con estas palabras: "Mi hija, has venido finalmente; he esperando tantos años por ti!". La joven aún más sorprendida le manifestó que él estaba equivocado, siendo ésta la primera vez que ella visitaba San Giovanni. A lo que Padre Pío contestó: "Ya tú me conoces, viniste a mí el año pasado en la Basílica de San Pedro". La joven se convirtió en su hija espiritual, obedeciendo siempre a sus consejos. Se casó y formó una sólida y ejemplar familia cristiana.

Ordenación Sacerdotal

El 10 de agosto de 1910, Padre Pío es ordenado sacerdote en la Catedral de Benevento, Italia. La tarde de aquel día, escribe esta oración: “Oh Jesús, mi suspiro y mi vida, te pido que hagas de mí un sacerdote santo y una víctima perfecta”. El día de su ordenación, su padre se encontraba en América, pero su madre, su hermano Miguel y su esposa, y sus tres hermanas le acompañaron en ese día tan especial. Al finalizar la Santa Misa, su madre y sus hermanos se acercaron a la baranda para recibir su primera bendición. Su madre no podía contener sus lágrimas, tanto de la emoción como del dolor de pensar en la ausencia de su esposo, cuyo sacrificio había hecho posible la ordenación de su hijo.

Como era la costumbre, el nuevo Padre celebraría su primera Misa en la iglesia de su pueblo, en Santa María de los Ángeles. En la misma iglesia en la que 23 años antes había sido bautizado, en donde había recibido la Primera Comunión y el Sacramento de la Confirmación. El padre solía decirles a sus hijos espirituales “Si ustedes desean asistir a la Sagrada Misa con devoción y obtener frutos, piensen en la Madre Dolorosa al pie del Calvario”.

De regreso en Pietrelcina

Mientras más alto escalaba el joven sacerdote hacia la perfección, más era asechado por el demonio. Y mientras más atormentado era por Satanás, más crecía en fe y en amor al Señor. Poco después de su ordenación, le volvieron las fiebres y los males que siempre le aquejaron durante sus estudios, y fue enviado a su pueblo, Pietrelcina, para que se restableciera de salud.

Cada vez que se hacía el intento para restaurarlo a la vida religiosa dentro del monasterio, este fracasaba, pues su salud empeoraba. Su vida sacerdotal en Pietrelcina incluía mucha oración acompañada de muchas funciones religiosas, así como estudios teológicos, catecismo para los niños del pueblo y reuniones con individuos y familias. Durante este período en Pietrelcina, su antiguo profesor, el ex sacerdote Tizzani, agonizaba. Su hija, viéndolo cerca a la muerte, llamó al Padre Pío para que asistiera a su padre, quien providencialmente pasaba por su casa en ese momento. El moribundo recibió del Padre la gracia de Dios y la salvación eterna de su alma, hizo su confesión con lágrimas de arrepentimiento y murió en paz.

Primera aparición de los estigmas

Durante su primer año de ministerio sacerdotal, en 1910, el Padre Pío manifiesta los primeros síntomas de los estigmas. En una carta que escribe a su director espiritual los describe así: “En medio de las manos apareció una mancha roja, del tamaño de un centavo, acompañada de un intenso dolor. También debajo de los pies siento dolor”. Estos dolores en la manos y los pies del Padre Pío, son los primeros recuentos de las estigmas que fueron invisibles hasta el año 1918.

Una vez el dolor que el Padre Pío experimentó fue tan agudo, que se sacudió las manos, las cuales sentía que se le quemaban, a lo que su madre le preguntó: “Que es eso?, es que ahora también tocas la guitarra?”. El Padre se limitó a no responder. Este tiempo en su pueblo natal fue un período de grandes combates espirituales con el demonio, pero también de grandes consuelos a través de éxtasis y fenómenos místicos, tanto interiores como exteriores, espirituales y físicos. El demonio solía aparecérsele de distintas maneras. Algunas veces lo hacía en la apariencia de animales, de mujeres bailando danzas impuras, de carceleros que lo azotaban e incluso bajo la apariencia de Cristo Crucificado, de su Ángel de la Guarda, San Francisco de Asís, la Virgen María, también bajo la apariencia de su director espiritual, su provincial, etc. pero después de estos asaltos del demonio, era consolado con éxtasis y apariciones de Jesús, la Santísima Virgen María, su Ángel Guardián, San Francisco y otros santos.

El día 12 de agosto de 1912 experimentó por primera vez la “llaga del amor”. El Padre Pío le escribió a su director espiritual explicándole lo sucedido: “Estaba en la Iglesia haciendo mi acción de gracias después de la Santa Misa, cuando de repente sentí mi corazón herido por un dardo de fuego hirviendo en llamas y yo pensé que me iba a morir”.

Por siete años, Padre Pío permanece fuera del Convento, en Pietrelcina. Naturalmente, esta vida estaba en contraste con la regla franciscana y algunos hermanos frailes se quejaron de esto. Fue entonces cuando el Superior General de la Orden pidió a la Sagrada Congregación de los Religiosos la exclaustración del P. Pío. Fue un golpe muy duro para él y en un éxtasis se quejó con San Francisco de Asís. La Congregación de los Religiosos no escuchó la solicitud del Superior General y concedió que el Padre Pío siguiera viviendo fuera del convento, hasta que estuviera completamente restablecida su salud.

De regreso a la vida monástica

El día 17 de febrero de 1916, el Padre Pío salió de Pietrelcina rumbo a Foggia, donde los superiores lo llamaron para dar un servicio espiritual. Gracias a las oraciones de Rafaelina Cerase, una señora muy enferma y cercana a la muerte, el Padre Pío puede regresar definitivamente a la vida comunitaria. Esta buena señora se ofreció a Dios como víctima para que el Padre pudiese oír confesiones y con ello traer gran beneficio a las almas.

Aunque el Padre nunca más pudo regresar a Pietrelcina, su amor por ella nunca disminuyó. Durante la Segunda Guerra Mundial, el Padre, refiriéndose a su pueblo dijo: “Pietrelcina será preservada como la niña de mis ojos”. Y antes de morir, hablando proféticamente dijo: “Durante mi vida he favorecido a San Giovanni Rotondo. Después de mi muerte, favoreceré a Pietrelcina”.

Primera visita a San Giovanni Rotondo

El día 28 de julio de 1916, el Padre Pío llega a San Giovanni Rotondo por primera vez. San Giovanni Rotondo era en ese entonces una pequeña villa en la península del Gargano, rodeada por casas muy pobres, sin luz, sin agua potable ni cañería, sin caminos pavimentados y sin formas de comunicación modernos, muy parecido a la forma de vida en las villas pequeñas de aquel entonces.

El monasterio se encontraba a unos dos kilómetros del pueblo y para llegar a este, era necesario ir en mula. El monasterio contaba con una pequeña y rústica Iglesia de Nuestra Señora de la Gracia del siglo XIV.

Regreso permanente a San Giovanni Rotondo

Padre Pío fue invitado a San Giovanni por el Padre Guardián y su breve visita fue del 28 de julio al 5 de agosto. Durante esta visita, la salud del Padre parece haber mejorado un poco lo cual agradó al Padre Provincial y este lo mandó bajo obediencia a regresar a San Giovanni por un tiempo, hasta que mejorase más su salud. El Padre regresó al Monasterio del Gargano el día 4 de septiembre de 1916. En los designios del Señor, lo que en un inicio se pensó sería temporal, duró 52 años, hasta la muerte del Padre.

Experiencia Militar

El Padre Pío fue llamado a las filas militares tres veces durante la Primera Guerra Mundial y las tres veces fue regresado luego de un corto período por motivos de salud. La última vez que fue llamado, su salud desmejoró tanto, que los mismos médicos le dieron de baja para “permitirle morir en paz en su hogar”. Las cortas permanencias en las filas militares causaron en él grandes dolores en su alma, a causa de la dureza de los soldados, las blasfemias que escuchó y el verse alejado de la vida monástica. Otro gran dolor era el no poder ofrecer la Santa Misa todos los días.

El Padre fue dado de baja de las filas militares con papeles que atestiguaban su buena conducta, su honor y fidelidad a la patria, aunque se salvó de haber confrontado cargos de deserción por no presentarse a una cita, a causa de un error del cartero de San Giovanni Rotondo. Este no sabía que Francisco Forgione y el Padre Pío eran la misma persona y por ello no supo a quién darle la cita.

El seminario menor

El Padre Pío sirvió como padre espiritual de los jóvenes que formaban parte del seminario seráfico menor, que en ese momento estaba en San Giovanni Rotondo. Él se encargaba de proveerles meditaciones, de confesarlos y de tener conversaciones espirituales con ellos. Oraba mucho y vigilaba su avance espiritual y hasta llegó a pedir permiso para ofrecerse como víctima al Señor por la perfección de este grupo a quienes como él mismo decía “amaba con ternura”.

Un día en que daba un paseo con los jóvenes les dijo: “Uno de ustedes me traspasó el corazón”. Los jóvenes quedaron perplejos ante este comentario, pero no se atrevían a preguntar quién había sido el culpable. “Uno de ustedes esta mañana hizo una Comunión sacrílega. Y saber que fui yo el que se la dio hoy durante la Misa”. El joven culpable se arrojó a sus pies y confesó ser él el culpable. El Padre hizo seña a los demás para que se retiraran un poco y ahí mismo en la calle escuchó su confesión y lo restauró a la gracia de Dios.

Transverberación del corazón

La transverberación es una gracia extraordinaria que algunos santos como Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz han recibido. El corazón de la persona escogida por Dios es traspasado por una flecha misteriosa o experimentado como un dardo que al penetrar deja tras de sí una herida de amor que quema mientras el alma es elevada a los niveles más altos de la contemplación del amor y del dolor.

El Padre Pío recibió esta gracia extraordinaria el 5 de agosto de 1918. En gran simplicidad, el Padre le narró a su director espiritual lo sucedido: “Yo estaba escuchando las confesiones de los jóvenes la noche del 5 de agosto cuando, de repente, me asusté grandemente al ver con los ojos de mi mente a un visitante celestial que se apareció frente a mí. En su mano llevaba algo que parecía como una lanza larga de hierro, con una punta muy aguda. Parecía que salía fuego de la punta.

Vi a la persona hundir la lanza violentamente en mi alma. Apenas pude quejarme y sentí como que me moría. Le dije al muchacho que saliera del confesionario, porque me sentía muy enfermo y no tenía fuerzas para continuar. Este martirio duró sin interrupción hasta la mañana del 7 de agosto. Desde ese día siento una gran aflicción y una herida en mi alma que está siempre abierta y me causa agonía.”

Las estigmas de Cristo

Sin duda alguna lo que ha hecho famoso al Padre Pío es el fenómeno de los estigmas: las cinco llagas de Cristo crucificado que llevó en su cuerpo visiblemente durante 50 años. Un poco más de un mes después de haber recibido el traspaso del corazón, el Padre Pío recibe las señas, ahora visibles, de la Pasión de Cristo.

El Padre describe este fenómeno y gracia espiritual a su director por obediencia: “Era la mañana del 20 de septiembre de 1918. Yo estaba en el coro haciendo la oración de acción de gracias de la Misa y sentí poco a poco que me elevaba a una oración siempre más suave, de pronto una gran luz me deslumbró y se me apareció Cristo que sangraba por todas partes. De su cuerpo llagado salían rayos de luz que más bien parecían flechas que me herían los pies, las manos y el costado.Cuando volví en mí, me encontré en el suelo y llagado. Las manos, los pies y el costado me sangraban y me dolían hasta hacerme perder todas las fuerzas para levantarme. Me sentía morir, y hubiera muerto si el Señor no hubiera venido a sostenerme el corazón que sentía palpitar fuertemente en mi pecho. A gatas me arrastré hasta la celda. Me recosté y recé, miré otra vez mis llagas y lloré, elevando himnos de agradecimiento a Dios”.

Los estigmas del Padre Pío eran heridas profundas en el centro de las manos, de los pies y el costado izquierdo. Tenía manos y pies literalmente traspasados y le salía sangre viva de ambos lados, haciendo del Padre Pío el primer sacerdote estigmatizado en la historia de la Iglesia (San Francisco Asís no era sacerdote).

El provincial de los Capuchinos de Foggia invitó al Profesor Romanelli, médico y director de un prestigioso hospital, para que estudiara el caso y diera su parecer. El Doctor Romanelli no tuvo la menor duda del carácter sobrenatural del fenómeno. Poco después la Curia Generalicia de los Capuchinos en Roma envió a San Gionanni Rotondo a otro especialista, el profesor Jorge Festa. Sus conclusiones fueron que “los estigmas del Padre Pío tenían un origen que los conocimientos científicos estaban muy lejos de explicar. La razón de su existencia está mas allá de la ciencia humana”.

La noticia de que el Padre Pío tenía los estigmas se extendió rápidamente. Muy pronto miles de personas acudían a San Giovanni Rotondo para verle, besarle sus manos, confesarse con él y asistir a sus Misas.

La palabra ESTIGMA viene del griego y significa “marca” o “señal en el cuerpo”, y era el resultado del sello de un hierro candente con el cual marcaban a los esclavos. En sentido médico, estigma quiere decir una mancha enrojecida sobre la piel, que es causada porque la sangre sale de los vasos por una fuerte influencia nerviosa, pero nunca llega a ser perforación. En cambio los estigmas que han tenido los místicos son lesiones reales de la piel y de los tejidos, llagas verdaderas como, en este caso, las han descrito los doctores Romanelli y Festa.

La Santa Sede interviene en las investigaciones

Después de minuciosas investigaciones, la Santa Sede quiso intervenir directamente. En aquel entonces era una gran celebridad en materia de psicología experimental, el Padre Agustín Gimelli, franciscano, doctor en medicina, fundador de la Universidad Católica de Milán y gran amigo del Papa Pío XI.

El Padre Gimelli fue a visitar al Padre Pío, pero como no llevaba permiso escrito para examinar sus llagas, este rehúso a mostrárselas. El Padre Gimelli se fue de San Giovanni con la idea de que los estigmas eran falsos, de naturaleza neurótica y publicó su pensamiento en un artículo publicado en una revista muy popular. El Santo Oficio se valió de la opinión de este gran psicólogo e hizo público un decreto el cual declaraba la poca constancia en la sobrenaturalidad de los hechos.

Primera gran prueba. Diez años de aislamiento

En los años siguientes hubo otros tres decretos y el último fue condenatorio, prohibiendo las visitas al Padre Pío o mantener alguna relación con él, incluso epistolar. Como consecuencia, el Padre Pío pasó 10 años -de 1923 a 1933- aislado completamente del mundo exterior, entre la paredes de su celda. Durante estos años no solo sufría los dolores de la Pasión del Señor en su cuerpo, también sentía en su alma el dolor del aislamiento y el peso de la sospecha. Su humildad, obediencia y caridad no se desmintieron nunca.

El Sacrificio de la Misa

El Padre Pío se levantaba todas la mañanas a las tres y media y rezaba el oficio de las lecturas. Fue un sacerdote orante y amante de la oración. Solía repetir: “La oración es el pan y la vida del alma; es el respiro del corazón, no quiero ser más que esto, un fraile que ama”. Celebraba la Santa Misa en las mañanas acompañado de dos religiosos. Todos querían verlo y hasta tocarlo, pero su presencia inspiraba tanto respeto que nadie se atrevía a moverse en lo más mínimo. La Misa duraba casi dos horas y todos los presentes se sumergían de forma particular en el misterio del sacrificio de Cristo, multitudes se volcaban apretadas alrededor del altar deteniendo la respiración.

Aunque no existe diferencia esencial en la celebración de la Santa Misa de cualquier otro sacerdote, porque el sacerdote y la víctima es siempre Cristo, con el Padre Pío la imagen del Salvador -traspasado en sus manos, pies y costado- era más transparente.

El Padre Pío vive la Santa Misa, sufriendo los dolores del Crucificado y dando profundo sentido a las oraciones litúrgicas de la Iglesia. En los anales de la Iglesia, Padre Pío es el primer sacerdote estigmatizado; el fue esencialmente sacerdote, y su santidad fue esencialmente sacerdotal.

Toda su vida giraba alrededor de esta realidad en la cual prestaba su boca a Cristo, sus manos y sus ojos. Cuando decía: "Esto es mi Cuerpo...Esta es mi Sangre", su rostro se transfiguraba. Olas de emoción lo sacudían, todo su cuerpo se proyectaba en una muda imploración. “La Misa”, dijo una vez a un hijo espiritual, “es Cristo en al Cruz, con María y Juan a los pies de la misma y los ángeles en adoración. Lloremos de amor y adoración en esta contemplación”. Mientras el Padre celebraba el Santo Sacrificio, el tiempo parecía detenerse.

Una vez se le preguntó al Padre cómo podía pasar tanto tiempo de pie en sus llagas durante toda la Santa Misa, a lo que él respondió: “Hija mía, durante la Misa no estoy de pie: estoy suspendido con Jesús en la cruz”.

El Padre amaba a Jesús con tanta fuerza, que experimentaba en su propio cuerpo una verdadera hambre y sed de Él. “Tengo tal hambre y sed antes de recibir a Jesús, que falta poco para que muera de la angustia. Y precisamente, porque no puedo estar sin unirme a Jesús, muchas veces, aun con fiebre, me veo obligado a ir a alimentarme de su cuerpo”... “El mundo, solía decir el Padre Pío, puede subsistir sin el sol, pero nunca sin la Misa”.

En una ocasión se le preguntó si la Santísima Virgen María estaba presente durante la Santa Misa, a lo cual él respondió: “Sí, ella se pone a un lado, pero yo la puedo ver, qué alegría. Ella está siempre presente. ¿Como podría ser que la Madre de Jesús, presente en el Calvario al pie de la cruz, que ofreció a su Hijo como víctima por la salvación de nuestras almas, no esté presente en el calvario místico del altar?”.


Mártir del Sacramento de la Misericordia
Quien participara en la celebración Eucarística del Padre Pío no podía quedar tranquilo en su pecado. Después de la Santa Misa, el Padre Pío se sentaba en el confesionario por largas horas, dándole preferencia a los hombres, pues él decía que eran los que más necesitaban de la confesión. Al ser tantos los que acudían a la confesión, fue necesario establecer un orden, y confesarse con el Padre Pío podía tomarse fácilmente tres o cuatro días de espera.

Son muchos los impresionantes testimonios y las emotivas conversiones generadas a través de las Confesiones con el Padre Pío. Severo con los curiosos, hipócritas y mentirosos, y amoroso y compasivo con los verdaderamente arrepentidos. Uno de los dones que más impresionaba a la gente era que podía leer los corazones. Una vez se le preguntó al Padre por qué echaba a los penitentes del confesionario sin darles la absolución, a lo que él respondió: “Los echo, pero los acompaño con la oración y el sufrimiento, y regresarán”. El enojo era solamente superficial.

A un hermano le explicó una vez: “Hijo mío, sólo en lo exterior he asumido una forma distinta. Lo interior no se ha movido para nada. Si no lo hago así, no se convierten a Dios. Es mejor ser reprochado por un hombre en este mundo, que ser reprochado por Dios en el otro”. Un ejemplo de ello sucedió un día en que el Padre se encontró con un joven que lloraba sin importarle el gentío que lo rodeaba.

El Padre se le acercó y le preguntó el porqué de su llanto. El muchacho respondió que “lloraba, porque no le había dado la absolución”. Padre Pío lo consoló con ternura diciendo: “Hijo, ves, la absolución no es que te la he negado para mandarte al infierno sino al Paraíso”.

El apostolado de la alegría

El Padre Pío era un hombre muy duro contra todo tipo de pecado, pero tierno, jovial y amante de la vida. Era un conversador brillante, con la astucia para mantener en suspenso a sus oyentes. Le gustaban mucho los chistes, y en su repertorio, no faltaban los que se referían a los soldados, políticos y religiosos. De la boca del Padre Pío, el chiste y la anécdota no eran solo sano humorismo y simple distracción, sino también una especie de apostolado: el apostolado de la alegría y el buen humor.

Una tarde calurosa, en que paseaba, como frecuentaba hacer con sus hermanos e hijos espirituales, les contó esta anécdota: “Una vez entró de monje un joven juglar que no conseguía cantar los salmos ni rezar las oraciones con los hermanos, pero en cuanto el coro quedaba vacío, se acercaba a la estatua de la Santísima Virgen y le hacía piruetas para congraciarse con ella y con el Niño Jesús. Una vez lo vio el fraile sacristán y avisó al Abad. Este después de haberlo observado un rato, se maravilló de ver que la estatua de la Virgen tomó vida. María sonreía y el Niño Jesús aplaudía con sus manitas. Cada uno de nosotros, decía el Padre, hace de bufón en el puesto que Dios le ha asignado. El fraile más ignorante, ofrecía a la Reina del Cielo lo único que sabía hacer, y Ella lo aceptaba con gusto”.

Auxilio seguro

A muchos que acudían a él para pedir su intercesión en momentos de necesidad, el Padre no faltaba en darles una mano con su oración. En una ocasión contaba un monseñor que a un campesino conocido de él, al cual le vino un fuerte y repentino dolor de muelas una noche, en su desesperación por sentirse que el Padre no había escuchado su súplica de intercesión, tomó un zapato y lo arrojó contra el cuadrito en el que estaba la foto del Padre. Pasado el tiempo y habiendo olvidado el gesto irreverente, fue a confesarse con el Padre, el cual le replicó en el confesionario: “Y todavía tienes el coraje, después del zapatazo que me distes en la cara...”.
Sanación milagrosa

Una de las sanaciones más conocidas del Padre Pío fue la de una niña llamada Gema, que había nacido sin pupilas en los ojos. La abuelita de ésta la llevó a San Giovanni Rotondo con la esperanza de que el Señor obrara un milagro a través de la intercesión del Padre. El Padre la bendijo e hizo la señal de la cruz sobre sus ojos. La niña recuperó la vista, aunque el milagro no terminó allí. Gema vio desde ese momento, sin nunca tener pupilas. Ya de adulta, Gema entró en la Vida Religiosa.

El Padre y los niños

El Padre tenía también un gran amor por los niños. Cuando se le pedía la intercesión por el nacimiento de algún bebé que viniese con problemas, o por algún niño que estuviese enfermo, intercedía hasta conseguir la gracia. Un canciller a cuya esposa se le aproximaba el parto que se presentaba lleno de dificultades, fue a consultar con el Padre y a pedir sus oraciones. “Vete tranquilo, le dijo el Padre, y nada de operaciones”. En el momento del parto la situación se complicó y los médicos le dijeron que si no operaban enseguida temían por la vida, tanto de la madre como del bebé. El canciller desesperado se fue al cuarto que estaba al lado donde había una fotografía del Padre Pío en la pared y delante de ella comenzó a insultarlo y a decirle palabrotas. No había terminado de desahogarse cuando escuchó el llanto de un bebé. Salió corriendo hacia el cuarto de su esposa y encontró un hermoso varoncito nacido “sin operaciones”, para sorpresa de los médicos.

Después de algunos días, el canciller fue a San Giovanni a confesarse y a darle las gracias al Padre, el cual le respondió: “Está bien, pero todas las palabrotas y los insultos que dijiste delante de mi fotografía, no tienes que decirlos más”. En otra ocasión, un niño de San Giovanni Rotondo que estaba gravemente enfermo y el cual se esperaba que podía morir en cualquier momento, se echó a reír y recuperó la salud de forma casi instantánea. La madre le preguntó que qué sentía y el niño le respondió: “Mamá, Padre Pío me hizo cosquillas en el pie”. El Padre le había hecho cosquillas en el pie y se sanó.

Hijos espirituales

El Padre Pío tenía entre aquellos que se lo solicitaban, un grupo de hijos espirituales a quienes prometía asistir con sus oraciones y cuidados a cambio de llevar una vida fervorosa de oración, virtud y obras de caridad. Entre este grupo de devotos hay un sinnúmero de anécdotas en las que el cuidado real y oportuno del Padre se manifestó de forma extraordinaria. Entre estas anécdotas está la de un joven cuya madre lo llevaba a donde el Padre desde que este era muy pequeño y un día, saliendo del convento para tomar el autobús de regreso a casa, un coche lo atropelló por la espalda haciendolo volar por los aires. Mientras este volaba sobre el coche, viendo la imagen de la Virgencita del convento al revés, se dio cuenta de lo que estaba ocurriendo. Solo logró gritar: “Virgencita mía, ayúdame”. Lo llevaron de inmediato al hospital y todos los exámenes mostraban que todo estaba en orden, aunque no se explicaban de dónde provenía la sangre que había en su camisa. En cuanto este pudo salió corriendo hacia el convento para darle las gracias al Padre que estaba rezando en el coro. “No me des las gracias a mí, le respondió el Padre, dáselas a la Virgen, fue Ella”. Después de mirarlo con los ojos llenos de amor y con una gran sonrisa en los labios, le dijo: “Hijo mío, no te puedo dejar solo ni un minuto...”

Llamado a la Co-redención

La vida del Padre Pío está tan llena de acontecimientos extraordinarios que es necesario buscar las causas de ellos en su vida íntima. Quien es llamado a servir en la misión redentora de Jesucristo tiene que sufrir mucho moral y físicamente. Estos sufrimientos lo purifican y encienden cada vez más del amor de Dios. En una carta escrita por el Padre en 1913 decía: “El Señor me hace ver como en un espejo, que toda mi vida será un martirio”. Desde que ingresó a la vida religiosa hasta que recibió los estigmas, la vida del Padre Pío fue un vía crucis. En 1912 escribe: “Sufro, sufro mucho pero no deseo para nada que mi cruz sea aliviada, porque sufrir con Jesús es muy agradable”. A una hija espiritual le dijo un día: “El sufrimiento es mi pan de cada día. Sufro cuando no sufro. Las cruces son las joyas del Esposo, y de ellas soy celoso. ¡Ay de aquel que quiera meterse entre las cruces y yo!”.

Su proyecto más grande en la tierra

La tarde del 9 de enero de 1940, el Padre Pío reunió a tres de sus grandes amigos espirituales y les propuso un proyecto al cual él mismo se refirió como “su obra más grande aquí en la tierra”: la fundación de un hospital que habría de llamarse “Casa Alivio del Sufrimiento”. El Padre sacó una moneda de oro de su bolsillo que había recibido en una ocasión como regalo y dijo: “Esta es la primera piedra”. El 5 de mayo de 1956 se inauguró el hospital con la bendición del cardenal Lercaro y un inspirado discurso del Papa Pío XII. La finalidad del hospital es curar al enfermo tanto espiritual como físicamente: la fe y la ciencia, la mística y la medicina, todos de acuerdo para auxiliar la persona entera del enfermo: cuerpo y alma.

Grupos de Oración

“Lo que le falta a la humanidad, repetía con frecuencia, es la oración”. A raíz de la Segunda Guerra Mundial, el mismo Padre funda los “Grupos de Oración del Padre Pío”. Los Grupos se multiplicaron por toda Italia y el mundo. A la muerte del Padre los Grupos eran 726 y contaban con 68.000 miembros, y en marzo de 1976 pasaban de 1.400 grupos con más de 150.000 miembros. “Yo invito a las almas a orar y esto ciertamente fastidia a Satanás. Siempre recomiendo a los Grupos la vida cristiana, las buenas obras y, especialmente, la obediencia a la Santa Iglesia”.

Segunda prueba y persecución

La envidia humana se echó encima de la obra del Padre Pío. Desde 1959, periódicos y semanarios empezaron a publicar artículos y reportajes mezquinos y calumniosos contra la “Casa Alivio del Sufrimiento”. Para quitar al Padre los donativos que le llegaban de todas partes del mundo para el sostenimiento de la Casa, sus enemigos planearon una serie de documentaciones falsas y hasta llegaron, sacrílegamente, a colocar micrófonos en su confesionario para sorprenderlo en error.

Algunas oficinas de la Curia Romana condujeron investigaciones, le quitaron la administración de la Casa Alivio del Sufrimiento y sus Grupos de Oración fueron dejados en el abandono. A los fieles se les recomendó no asistir a sus Misas ni confesarse con él. El Padre Pío sufrió mucho a causa de esta última persecución que duró hasta su muerte, pero su fidelidad y amor intenso hacia la Santa Madre Iglesia fue firme y constante. En medio del dolor que este sufrimiento le causaba, solía decir: “Dulce es la mano de la Iglesia también cuando golpea, porque es la mano de una madre”.

50 años de dolor y sangre

El viernes 20 de septiembre de 1968, el Padre Pío cumplía 50 años de haber recibido los estigmas del Señor. Fue grande la celebración en San Giovanni. El Padre Pío celebró la Misa a la hora acostumbrada. Alrededor del altar había 50 grandes macetas con rosas rojas para sus 50 años de sangre... De la misma manera milagrosa como los estigmas habían aparecido en su cuerpo 50 años antes, ahora, 50 años más tarde y unos días antes de su muerte, habían desaparecido sin dejar rastro alguno de cinco décadas de dolor y sangre, con lo cual el Señor ha confirmado su origen místico y sobrenatural.

El paso a la vida eterna

Tres días después, murmurando por largas horas “¡Jesús, María!”, muere el Padre Pío, el 23 de septiembre de 1968. Los que estaban presentes quedaron largo tiempo en silencio y en oración. Después estalló un largo e irrefrenable llanto. Los funerales del Padre Pío fueron impresionantes. Se tuvo que esperar cuatro días para que las multitudes pasaran a despedirlo. Se calcula que más de 100 mil personas participaron del entierro.

Una promesa de amor

Un día se le preguntó al Padre: “¿Jesús le mostró los lugares de sus hijos espirituales en el paraíso?”. “Claro, un lugar para todos los hijos que Dios me confiará hasta el fin del mundo, si son constantes en el camino que lleva al cielo. Es la promesa que Dios hizo a este miserable”. “Y en el paraíso, ¿estaremos cerca de usted?”. “Ah tontita, ¿y qué paraíso sería para mí si no tuviera cerca de mí a todos mis hijos?”. “Pero yo le tengo miedo a la muerte”. “El amor excluye el temor. La llamamos muerte, pero en realidad es el inicio de la verdadera vida. Y luego, si yo les asisto durante la vida, ¡cuánto más los ayudaré en la batalla decisiva!”.

Proceso de la Causa del Padre Pío

Muchas han sido las sanaciones y conversiones concedidas por la intercesión del Padre Pío e innumerables milagros han sido reportados a la Santa Sede.
Los preliminares de su Causa se iniciaron en noviembre de 1969. El 18 de diciembre de 1997, Su Santidad Juan Pablo II lo pronunció venerable. Este paso, aunque no tan ceremonioso como la beatificación, es ciertamente la parte más importante del proceso. El venerable Padre Pío fue beatificado el 2 de mayo de 1999. Tan grande fue la multitud en la Misa de beatificación, que desbordaron la Plaza de San Pedro y toda la Avenida de la Conciliación hasta el río Tiber sin ser estos lugares suficiente. Millones además lo contemplaron por la televisión en el mundo entero.

Un gran Santo para la Iglesia de hoy

El día 16 de junio del 2002, su Santidad Juan Pablo II canonizará al Beato Padre Pío, quien desde ese momento pasará a ser el primer sacerdote canonizado que ha recibido los estigmas de nuestro Señor Jesucristo.

san pio de pietrlecina krouillong karla rouillon no recibas la eucaristia en la mano


Homilía de S.S. Juan Pablo II en la beatificación del Padre Pío
Domingo 2 de mayo de 1999

Imagen de Cristo Doliente y Resucitado

1. "¡Cantad al Señor un cántico nuevo!" La invitación de la antífona de entrada expresa la alegría de tantos fieles que esperan desde hace tiempo la elevación a la gloria de los altares del Padre Pío de Pietrelcina. Este humilde fraile capuchino ha asombrado al mundo con su vida dedicada totalmente a la oración y a la escucha de sus hermanos.

Innumerables personas fueron a visitarlo al convento de San Giovanni Rotondo, y esas peregrinaciones no han cesado, incluso después de su muerte. Cuando yo era estudiante, aquí en Roma, tuve ocasión de conocerlo personalmente, y doy gracias a Dios que me concede hoy la posibilidad de incluírlo en el catálogo de los beatos.

Recorramos esta mañana los rasgos principales de su experiencia espiritual, guiados por la liturgia de este V domingo de Pascua, en el cual tiene lugar el rito de su beatificación.

2. "No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mi" (Jn 14, 1). En la página evangélico que acabamos de proclamar hemos escuchado estas palabras de Jesús a sus discípulos, que tenían necesidad de aliento. En efecto, la mención de su próxima partida los había desalentado. Temían ser abandonados y quedarse solos, pero el Señor los consuela con una promesa concreta: "Me voy a preparaos sitio" y después "volveré y os llevare conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros" (Jn 14, 2-3).

En nombre de los Apóstoles replica a ésta afirmación Tomás: "Señor, no sabemos a donde vas. ¿Cómo podremos saber el camino?" (Jn 14, 5). La observación es oportuna y Jesús capta la petición que lleva implícita. La respuesta que da permanecerá a lo largo de los siglos como luz límpida para las generaciones futuras. "Yo soy el camino, la verdad, y la vida. Nadie va al Padre sino por mi." (Jn 14, 6).

El "sitio" que Jesús va a preparar esta en "la casa del Padre"; el discípulo podrá estar allí eternamente con el Maestro y participar de su misma alegría. Sin embargo, para alcanzar esa meta solo hay un camino: Cristo, al cual el discípulo ha de ir conformándose progresivamente. La santidad consiste precisamente en esto: ya no es el cristiano el que vive, sino que Cristo mismo vive en él (Cf. Gal. 2, 20) horizonte atractivo, que va acompañado de una promesa igualmente consoladora: "El que cree en mi, también hará las obras que yo hago, e incluso mayores. Porque yo me voy al Padre" (Jn 14, 12).

3. Escuchamos estas palabras de Cristo y nuestro pensamiento se dirige al humilde fraile capuchino del Gargano. ¡Con cuanta claridad se han cumplido en el Beato Pío de Pietrelcina!

"No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios...". La vida de este humilde hijo de San Francisco fue un constante ejercicio de fe, corroborado por la esperanza del cielo, donde podía estar con Cristo. "Me voy a prepararos un sitio (...) Para que donde estoy yo estéis también vosotros". ¿Qué otro objetivo tuvo la durísima ascesis a la que se sometió el Padre Pío desde su juventud, sino la progresiva identificación con el divino Maestro, para estar "donde esta él"?

Quien acudía a San Giovanni Rotondo para participar en su misa, para pedirle consejo o confesarse, descubría en el una imágen viva de Cristo doliente y resucitado. En el rostro del Padre Pío resplandecía la luz de la resurrección. Su cuerpo, marcado por las "estigmas" mostraba la íntima conexión entre la muerte y la resurrección que caracteriza el misterio pascual. Para el Beato de Pietrelcina la participación en la Pasión tuvo notas de especial intensidad: los dones singulares que le fueron concedidos y los consiguientes sufrimientos interiores y místicos le permitieron vivir una experiencia plena y constante de los padecimientos del Señor, convencido firmemente de que "el Calvario es el monte de los santos."

4. No menos dolorosas, y humanamente tal vez aún más duras, fueron las pruebas que tuvo que soportar, por decirlo así, como consecuencia de sus singulares carismas. Como testimonia la historia de la santidad, Dios permite que el elegido sea a veces objeto de incomprensiones. Cuando esto acontece, la obediencia es para el un crisol de purificación, un camino de progresiva identificación con Cristo y un fortalecimiento de la auténtica santidad. A este respecto, el nuevo beato escribía a uno de sus superiores: "Actúo solamente para obedecerle, pues Dios me ha hecho entender lo que más le agrada a El, que para mi es el único medio de esperar la salvación y cantar victoria." (Epist. I. p. 807).

Cuando sobre el se abatió la "tempestad", tomo como regla de su existencia la exhortación de la primera carta de San Pedro, que acabamos de escuchar: Acercaos a Cristo, la piedra viva (Cf. 1 P 2, 4). De este modo, también el se hizo "piedra viva" para la construcción del edificio espiritual que es la Iglesia. Y por esto hoy damos gracias al Señor.

5. "También vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción del templo del Espíritu. (1 P 2, 5). ¡Qué oportunas resultan estas palabras si las aplicamos a la extraordinaria experiencia eclesial surgida en torno al nuevo beato! Muchos, encontrándose directa o indirectamente con el, han recuperado la fe; siguiendo su ejemplo, se han multiplicado en todas las partes del mundo los "grupos de oración". A quienes acudían a el les proponía la santidad, diciéndoles: "Parece que Jesús no tiene otra preocupación que santificar vuestra alma." (Epist. II, p. 153).

Si la providencia divina quiso que realizase su apostolado sin salir nunca de su convento, casi "plantado" al pie de la cruz, esto tiene un significado. Un día, en un momento de gran prueba, el Maestro Divino lo consoló, diciéndole que "junto a la cruz se aprende a amar." (Epist. I, p. 339).

Sí, la cruz de Cristo es la insigne escuela del amor; mas aún, el "manantial" mismo del amor. El amor de este fiel discípulo, purificado por el dolor, atraía los corazones a Cristo y a su exigente evangelio de salvación.

6. Al mismo tiempo, su caridad se derramaba como bálsamo sobre las debilidades y sufrimientos de sus hermanos. El padre Pío, además de su celo por las almas, se intereso por el dolor humano, promoviendo en San Giovanni Rotondo un hospital, al que llamo "Casa de alivio del sufrimiento". Trato de que fuera un hospital de primer rango, pero sobre todo se preocupo de que en el se practicara una medicina verdaderamente "humanizada", en la que la relación con el enfermo estuviera marcada por la más solicita atención y la acogida mas cordial. Sabía bien que quien está enfermo y sufre no sólo necesita una correcta aplicación de los medios terapéuticos, sino también y sobre todo un clima humano y espiritual que le permita encontrarse a si mismo en la experiencia del amor de Dios y de la ternura de sus hermanos.

Con la "Casa del alivio del sufrimiento" quiso mostrar que los "milagros ordinarios" de Dios pasan a través de nuestra caridad. Es necesario estar disponibles para compartir y para servir generosamente a nuestros hermanos, sirviéndonos de todos los recursos de la ciencia medica y de la técnica.

7. El eco que esta beatificación ha suscitado en Italia y en el mundo es un signo de que la fama del Padre Pío, hijo de Italia y de San Francisco de Asís, ha alcanzado un horizonte que abarca todos los continentes. A todos los que han venido, de cerca o de lejos, y en especial a los padres capuchinos, les dirijo un afectuoso saludo. A todos, gracias de corazón.

8. Quisiera concluir con las palabras del Evangelio proclamado en esta misa: "No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios". Esa exhortación de Cristo la recogió el nuevo beato, que solía repetir: "Abandonaos plenamente en el Corazón Divino de Cristo, como un niño en los brazos de su madre". Que esta invitación penetre también en nuestro espíritu como fuente de paz, de serenidad y de alegría. ¿Por qué tener miedo, si Cristo es para nosotros el camino, la verdad, y la vida? ¿Por qué no fiarse de Dios que es Padre, nuestro Padre?

"Santa María de las gracias", a la que el humilde capuchino de Pietrelcina invocó con constante y tierna devoción, nos ayude a tener los ojos fijos en Dios. Que ella nos lleve de la mano y nos impulse a buscar con tesón la caridad sobrenatural que brota del Costado Abierto del Crucificado.

Y tú, Beato Padre Pío, dirige desde el cielo tu mirada hacia nosotros, reunidos en esta plaza, y a cuantos están congregados en la plaza de San Juan de Letrán y en San Giovanni Rotondo. Intercede por aquellos que, en todo el mundo, se unen espiritualmente a esta celebración, elevando a ti sus súplicas. Ven en ayuda de cada uno y concede la paz y el consuelo a todos los corazones. Amén.

L´Osservatore Romano, 7 de mayo de 1999.

Para mas información: Convento PP. Capuchinos; "N. Sra. de las Gracias" 71013 - S. Giovanni Rotondo (Foggia) Italia.

Oración y caridad: síntesis de su testimonio

Homilía de Juan Pablo II en la canonización del Padre Pío
CIUDAD DEL VATICANO, 16 junio 2002


1. «Mi yugo es suave y mi carga ligera» (Mateo 11, 30).

Las palabras de Jesús a los discípulos, que acabamos de escuchar, nos ayudan a comprender el mensaje más importante de esta celebración. Podemos, de hecho, considerarlas en un cierto sentido como una magnífica síntesis de toda la existencia del padre Pío de Pietrelcina, hoy proclamado santo.

La imagen evangélica del «yugo» evoca las muchas pruebas que el humilde capuchino de San Giovanni Rotondo tuvo que afrontar. Hoy contemplamos en él cuán dulce es el «yugo» de Cristo y cuán ligera es su carga, cuando se lleva con amor fiel. La vida y la misión del padre Pío testimonian que las dificultades y los dolores, si se aceptan por amor, se transforman en un camino privilegiado de santidad, que se adentra en perspectivas de un bien más grande, solamente conocido por el Señor.

2. «En cuanto a mí... ¡Dios me libre gloriarme si nos es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo» (Gálatas 6, 14).

¿No es quizá precisamente la «gloria de la Cruz» la que más resplandece en el padre Pío? ¡Qué actual es la espiritualidad de la Cruz vivida por el humilde capuchino de Pietrelcina! Nuestro tiempo necesita redescubrir su valor para abrir el corazón a la esperanza. En toda su existencia, buscó siempre una mayor conformidad con el Crucificado, teniendo una conciencia muy clara de haber sido llamado a colaborar de manera peculiar con la obra de la redención. Sin esta referencia constante a la Cruz, no se puede comprender su santidad.

En el plan de Dios, la Cruz constituye el auténtico instrumento de salvación para toda la humanidad y el camino explícitamente propuesto por el Señor a cuantos quieren seguirle (Cf. Marcos 16, 24). Lo comprendió bien el santo fraile de Gargano, quien, en la fiesta de la Asunción de 1914, escribía: «Para alcanzar nuestro último fin hay que seguir al divino Jefe, quien quiere llevar al alma elegida por un solo camino, el camino que él siguió, el de la abnegación y la Cruz» («Epistolario» II, p. 155).

3. «Yo soy el Señor que actúa con misericordia» (Jeremías 9, 23).

El padre Pío ha sido generoso dispensador de la misericordia divina, ofreciendo su disponibilidad a todos, a través de la acogida, la dirección espiritual, y especialmente a través de la administración del sacramento de la Penitencia. El ministerio del confesionario, que constituye uno de los rasgos característicos de su apostolado, atraía innumerables muchedumbres de fieles al Convento de San Giovanni Rotondo. Incluso cuando el singular confesor trataba a los peregrinos con aparente dureza, éstos, una vez tomada conciencia de la gravedad del pecado, y sinceramente arrepentidos, casi siempre regresaban para recibir el abrazo pacificador del perdón sacramental.

Que su ejemplo anime a los sacerdotes a cumplir con alegría y asiduidad este ministerio, tan importante hoy, como he querido confirmar en la Carta a los Sacerdotes con motivo del pasado Jueves Santo.

4. «Tú eres, Señor, mi único bien».

Es lo que hemos cantado en el Salmo Responsorial. Con estas palabras, el nuevo santo nos invita a poner a Dios por encima de todo, a considerarlo como nuestro sumo y único bien.

En efecto, la razón última de la eficacia apostólica del padre Pío, la raíz profunda de tanta fecundidad espiritual, se encuentra en esa íntima y constante unión con Dios que testimoniaban elocuentemente las largas horas transcurridas en oración. Le gustaba repetir: «Soy un pobre fraile que reza», convencido de que «la oración es la mejor arma que tenemos, una llave que abre el Corazón de Dios». Esta característica fundamental de su espiritualidad continua en los «Grupos de Oración» que él fundo, y que ofrecen a la Iglesia y a la sociedad la formidable contribución de una oración incesante y confiada. El padre Pío unía a la oración una intensa actividad caritativa de la que es expresión extraordinaria la «Casa de Alivio del Sufrimiento». Oración y caridad, esta es una síntesis sumamente concreta de la enseñanza del padre Pío, que hoy vuelve a proponerse a todos.

5. «Te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque... estas cosas... las has revelado a los pequeños» (Mateo 11, 25).

Qué apropiadas parecen estas palabras de Jesús, cuando se te aplican a ti, humilde y amado, padre Pío.

Enséñanos también a nosotros, te pedimos, la humildad del corazón para formar parte de los pequeños del Evangelio, a quienes el Padre les ha prometido revelar los misterios de su Reino.

Ayúdanos a rezar sin cansarnos nunca, seguros de que Dios conoce lo que necesitamos, antes de que se lo pidamos.

Danos una mirada de fe capaz de capaz de reconocer con prontitud en los pobres y en los que sufren el rostro mismo de Jesús.

Apóyanos en la hora del combate y de la prueba y, si caemos, haz que experimentemos la alegría del sacramento del perdón.

Transmítenos tu tierna devoción a María, Madre de Jesús y nuestra.

Acompáñanos en la peregrinación terrena hacia la patria bienaventurada, donde esperamos llegar también nosotros para contemplar para siempre la Gloria del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. ¡Amén!

san pio de pietrelcina krouillong karla rouillon no recibas la eucaristia en la mano


Profetizó a Karol Wojtyla que sería Papa

Según algunas fuentes que no hemos podido confirmar, cuando Karol Wojtyla era un sacerdote en su nativa Polonia, cada vez que visitaba a Italia viajaba a San Giovanni Rotondo para confesarse con el Padre Pío. En una de esas ocasiones, el Padre Pío pareció entrar en un breve trance y le dijo: "Vas a ser Papa".. y continuó: "También veo sangre... Vas a ser Papa y veo sangre".

El 13 de mayo de 1981, ocurrió el atentado contra aquel mismo sacerdote polaco, ahora S.S. Juan Pablo II. La sangre fue derramada. El mismo Papa canoniza al Padre Pío.

El mensaje del Padre Pío coincide con el mensaje de la tercera parte del secreto de Fátima aunque este era aun secreto cuando ocurrió la profecía.


PELICULA SOBRE LA VIDA DEL PADRE PIO DE PIETRELCINA
La Eucaristía deleita
Muchas almas pierden el deleite actual de la Eucaristía... ¡porque están distraídas en Misa o en la Adoración!

Autor: www.iveargentina.org
Fuente: www.catholic.net

La Eucaristía deleita Panem de Coelo praestitisti eis krouillong karla rouillon no recibas la eucaristia en la mano


“¡Comed, amigos, bebed, oh queridos, embriagaos!” (Cant 5, 1). Santo Tomás aplica este versículo del Cantar de los Cantares a la Eucaristía.

Este es uno de los efectos de la Eucaristía: DELEITAR. (“Delectat”, dice Santo Tomás). Así como la comida material deleita al cuerpo, este manjar espiritual deleita al alma.

Por eso: “¡Comed, amigos, bebed, oh queridos, embriagaos!” (Cant 5, 1).

Este sacramento da espiritualmente la gracia junto con la caridad. De ahí que San Juan Damasceno lo compara con el carbón encendido que vio el profeta Isaías: “Como el carbón no es simple leña, sino leña con fuego, así el pan de la comunión no es pan corriente, sino pan unido a la divinidad”.

¡Oh cosa milagrosa!
“¡Comed, amigos, bebed, oh queridos, embriagaos!” (Cant 5, 1).

Enseña San Gregorio Magno que: “el amor de Dios no está ocioso, sino que, teniéndolo, obra cosas grandes”, se sigue que este sacramento tiene de suyo eficacia, no sólo para dar el hábito de la gracia y de la virtud -en especial de la caridad-, sino también para excitar el acto de la caridad, porque como dice San Pablo “el amor de Cristo nos apremia” (2 Cor 5, 14). Con el amor de Cristo “el alma se fortalece, espiritualmente se deleita y de algún modo se embriaga con la dulzura de la divina bondad” enseña Santo Tomás.

El alma... “¡se deleita y de algún modo se embriaga!”

De ahí que: “¡Comed, amigos, bebed, oh queridos, embriagaos!” (Cant 5, 1).

Por eso exclamamos en el “Anima Christi”: “sangre de Cristo, ¡embriáganos!”.


¡Oh cosa milagrosa!

A este deleite llama Santo Tomás efecto actual o caridad actual y, también fervor, porque implica actualidad y actualidad tensa. La gracia de la Eucaristía, que los teólogos llaman gracia cibativa, entre otras cosas produce en acto el sustentar la vida espiritual, el aumentarla, el desarrollarla, el reparar las fuerzas que se pierden, dando mayor gracia y mayor caridad habituales. Pero más allá de la actualidad del hábito está la actualidad del acto en el que prorrumpe el hábito poseído. La Eucaristía produce en las almas el amor a Dios. Por eso cuando estamos en la Misa amamos más; por eso la Misa nos hace bien, porque nos enseña a amar más al prójimo al enseñarnos a amar más a Dios.

También se le llama gozo a este deleite que produc e la Eucaristía, porque proviene de la percepción actual del bien que se posee -¡nada menos que Cristo!-, para lo cual no debe haber distracción en la recepción -sacramental o espiritual- de la Eucaristía. Muchas almas pierden el deleite actual de la Eucaristía... ¡porque están distraídas en Misa o en la Adoración! ¡Deja de lado las tontas distracciones!: “¡Comed, amigos, bebed, oh queridos, embriagaos!” (Cant 5, 1).

El deleite que produce la Eucaristía no es necesariamente sensible, ni de un afecto sensible tampoco. Se trata de un gozo espiritual, de un gozo profundo del alma, de un gozo sobrenatural que proviene de la apreciación del gran bien que se recibe: el Señor, ¡Jesucristo!, con todo lo que Él es y con todo lo que Él tiene. Por eso dice Don Miguel de Cervantes Savedra, en una poesía:

¡ Oh cosa milagrosa!

El deleite consiste sustancialmente en la prontitud de la voluntad para las obras virtuosas de la vida cristiana.

Además de las distracciones actuales, o sea en el momento de la comunión, ¿qué otras cosas impiden el deleite de la Eucaristía? Los pecados veniales. Las faltas veniales actuales impiden el efecto actual de la Eucaristía; no el habitual pero sí el actual. La dulzura espiritual es infalible por parte del sacramento, pero el afecto actual a las faltas veniales o la distracción actual en el momento de la Comunión -sacramental o espiritual-, impiden el efecto del gozo actual, del fervor espiritual, del deleite o del amor actual, que es todo lo mismo.

"Comed, amigos, bebed, oh queridos, embriagaos!” (Cant 5, 1).

Decía Urbano IV de la Eucaristía: memorial admirable y estupendo, deleitable, suave... en el cual se gust a todo deleite y toda suavidad de sabor y se paladea la misma dulzura de Dios...” Y León XIII: “derrama en (las almas) gozos dulcísimos, que exceden en mucho a cuanto los hombres puedan en este punto entender y ponderar”.

Por eso: Amigos queridos, ”¡Comed, ... bebed, ...embriagaos!” (Cant 5, 1).

¡Oh cosa milagrosa!

Panem de coelo praestitisti eis. Omne delectamentum in se habentem.

Nos diste, Señor, el pan del cielo. ¡Qué contiene en sí todo deleite!
Vivir el Adviento

Autor: Jorge A. Blanco
Departamento de Audiovisuales Editorial SAN PABLO
audiovisuales@san-pablo.com.ar


Después de celebrar la festividad de Cristo Rey, y a medida que vamos finalizando el año, comenzamos a transitar el tiempo del Adviento. Un período de cuatro semanas que nos conducirá a la Navidad. Por ello, la Iglesia nos invita a estar despiertos y en vigilante y atenta espera de llegada del Salvador.

Posiblemente, nos preguntemos de qué manera hacerlo. O, en todo caso, cómo vivir y a través de qué medios aprovechar al máximo este tiempo tradicionalmente denominado “fuerte”, pero que no siempre sabemos valorar y fructificar en su totalidad. La liturgia, mediante algunos símbolos y signos característicos propios de este tiempo, nos ofrece algunas de estas respuestas y herramientas para comprender, reflexionar y ponernos a trabajar, de manera personal y grupalmente, en la preparación de la venida de Jesús:

Para leer:

Los signos litúrgicos del Adviento

Este es un tiempo muy especial para la Iglesia. La preparación para la Navidad pareciera, incluso, que abarcara también el ambiente que la naturaleza nos regala en estos días: un sol cálido, que acaricia la vegetación fecundándola con una ternura especial, noches serenas que invitan a levantar la mirada, como esperando desde el cielo una palabra silenciosa que susurra en nuestro interior, provocándonos en la intimidad a la esperanza de un mundo nuevo y mejor, aromas de todo tipo que envuelven las calles, plazas y campos surgiendo sin pudor de árboles y plantas florecidas. Todo es fecundidad y, por lo tanto, esperanza de vida.

Una realidad que también cantan los miles de pájaros que en estos días parecen estar de fiesta.

La liturgia se une a este clima y parece expresar, también ella, la alegría en la
espera del Salvador.

Pero, además, la liturgia tiene sus propios signos, particulares y precisos, que
nos ayudan a vivir esta esperanza.

● Los cantos: muchos de ellos son inspirados en textos del Antiguo Testamento
y, especialmente, en algunos salmos. La liturgia nos invita a unirnos al pueblo
que esperaba al Mesías. Es un signo, sin embargo, algo ambiguo, como varios de este tiempo. Porque, por un lado, sabemos que ya ha venido y que está entre nosotros, pero, por otro lado, esperamos un retorno, una venida universal,
gloriosa, a la vez que también celebramos cada venida en nuestras vidas y en la historia. Es por eso que, unidos a la esperanza del antiguo Israel, cantamos
esa espera, pero desde la seguridad de que Dios ha cumplido sus promesas.

• Las vestimentas litúrgicas: el color morado es un signo de espera y de seguridad de que vendrá lo que se espera. Es el color que en el cielo antecede a la alborada. Quien observa el cielo en ese momento sabe que en poco tiempo saldrá el sol. Cristo es "el Sol que viene de lo alto" (Lc 1, 78).

• Las lecturas de la misa: al igual que muchos de los cantos, también están cargadas de esperanza. Textos de los profetas, especialmente de Isaías, nos invitan a esperar a aquel que salvará al pueblo.

• Liturgias penitenciales: no sólo durante la misa, sino también en momentos
especiales fuera de ella, los cristianos preparamos nuestro corazón como un
hogar que ha de recibir la visita más importante de la historia. Es por eso que,
en estos tiempos, que son también, generalmente, de balance del año que termina, observamos, más detenidamente, nuestras opciones, nuestras definiciones y proyectos. En todo esto, encontramos que no siempre hemos vivido conforme al proyecto de Dios. Por eso podemos dedicar un espacio para reconocer con sinceridad nuestros pecados. Sería importante que este gesto también pudiera hacerse en comunidad, pidiendo perdón por los pecados hacia cada uno de sus integrantes, para celebrar una Navidad reconciliada.

• El pesebre: como un signo bien sensible y visible, que nos invita a la oración,
al recogimiento y a la contemplación de la humanidad de Jesús, el cual, desde la pobreza, se ha identificado con el hombre. Necesitamos los signos. Somos hombres y mujeres que nos comunicamos con el cuerpo y los sentidos. Cada gesto, cada detalle, nos pueden ayudar a acercarnos a Dios o a alejarnos de él. Es por eso que debemos prestar atención a este momento.

El Adviento (esperanza del advenimiento del Señor) no puede pasar desapercibido a nuestros sentidos. Por eso mismo, que no pase desapercibido a nuestro corazón.

Los signos litúrgicos del Adviento, en Hola Biblia, n. 121, noviembre de 1998, SOBICAIN


Para la reflexión personal y grupal:

-¿Coincidimos con la apreciación inicial del texto?

-¿Esta lectura nos ha permitido descubrir y valorar algún aspecto, signo, etc. en particular? ¿Cuál y por qué?

-¿Por qué hace mención de la necesidad que tenemos los seres humanos de los signos? ¿Qué relación guarda ello con lo que estamos reflexionando acerca del adviento?

-¿Creemos que la participación y vivencia de la liturgia en adviento nos puede ayudar aún más a ponernos en sintonía con la exhortación que la Iglesia nos hace?

-¿A qué se refiere el escrito cuando nos advierte que no debe pasar desapercibido ni a nuestros sentidos ni a nuestro corazón? ¿Consideramos que corremos ese peligro? ¿Cuándo?

- ¿De qué manera nos disponemos a vivir, personal y comunitariamente, este tiempo de Adviento que comienza? ¿Cuál ha de ser la/s actitud/es que debemos asumir para lograrlo?

-De acuerdo con lo reflexionado y compartido, proponernos alguna iniciativa personal y/o grupal para cumplir durante esta primera semana.


Mira estas divertidas diapositivas sobre el Adviento:

LLEGO EL ADVIENTO


Para profundizar nuestra reflexión:

Queridos hermanos y hermanas:

Con esta celebración vespertina entramos en el tiempo litúrgico del Adviento. En la lectura bíblica que acabamos de escuchar, tomada de la primera carta a los Tesalonicenses, el apóstol san Pablo nos invita a preparar la "venida de nuestro Señor Jesucristo" (1 Tes 5, 23) conservándonos sin mancha, con la gracia de Dios. San Pablo usa precisamente la palabra "venida", parousia, en latín adventus, de donde viene el término adviento.

Reflexionemos, brevemente, sobre el significado de esta palabra, que se puede traducir por "presencia", "llegada", "venida". En el lenguaje del mundo antiguo era un término técnico utilizado para indicar la llegada de un funcionario, la visita del rey o del emperador a una provincia. Pero podía indicar también la venida de la divinidad, que sale de su escondimiento para manifestarse con fuerza, o que se celebra presente en el culto. Los cristianos adoptaron la palabra "Adviento" para expresar su relación con Jesucristo: Jesús es el Rey, que ha entrado en esta pobre "provincia" denominada tierra para visitar a todos; invita a participar en la fiesta de su Adviento a todos los que creen en él, a todos los que creen en su presencia en la asamblea litúrgica. Con la palabra adventus se quería decir sustancialmente: Dios está aquí, no se ha retirado del mundo, no nos ha dejado solos. Aunque no podamos verlo o tocarlo, como sucede con las realidades sensibles, él está aquí y viene a visitarnos de múltiples maneras.

Por lo tanto, el significado de la expresión "adviento" comprende también el de visitatio, que simplemente quiere decir "visita"; en este caso, se trata de una visita de Dios: él entra en mi vida y quiere dirigirse a mí. En la vida cotidiana, todos experimentamos que tenemos poco tiempo para el Señor y también poco tiempo para nosotros. Acabamos dejándonos absorber por el "hacer". ¿No es verdad que con frecuencia es precisamente la actividad lo que nos domina, la sociedad con sus múltiples intereses lo que monopoliza nuestra atención? ¿No es verdad que se dedica mucho tiempo al ocio y a todo tipo de diversiones? A veces las cosas nos "arrollan".

El Adviento, este tiempo litúrgico fuerte que estamos comenzando, nos invita a detenernos, en silencio, para captar una presencia. Es una invitación a comprender que los acontecimientos de cada día son gestos que Dios nos dirige, signos de su atención por cada uno de nosotros. ¡Cuán a menudo nos hace percibir Dios un poco de su amor! Escribir −por decirlo así− un "diario interior" de este amor sería una tarea hermosa y saludable para nuestra vida. El Adviento nos invita y nos estimula a contemplar al Señor presente. La certeza de su presencia ¿no debería ayudarnos a ver el mundo de otra manera? ¿No debería ayudarnos a considerar toda nuestra existencia como "visita", como un modo en que él puede venir a nosotros y estar cerca de nosotros, en cualquier situación?
Otro elemento fundamental del Adviento es la espera, una espera que es, al mismo tiempo, esperanza. El Adviento nos impulsa a entender el sentido del tiempo y de la historia como "kairós", como ocasión propicia para nuestra salvación. Jesús explicó esta realidad misteriosa en muchas parábolas: en la narración de los siervos invitados a esperar el regreso de su dueño; en la parábola de las vírgenes que esperan al esposo; o en las de la siembra y la siega. En la vida, el hombre está constantemente a la espera: cuando es niño quiere crecer; cuando es adulto busca la realización y el éxito; cuando es de edad avanzada aspira al merecido descanso. Pero llega el momento en que descubre que ha esperado demasiado poco si, fuera de la profesión o de la posición social, no le queda nada más que esperar. La esperanza marca el camino de la humanidad, pero para los cristianos está animada por una certeza: el Señor está presente a lo largo de nuestra vida, nos acompaña y un día enjugará también nuestras lágrimas. Un día, no lejano, todo encontrará su cumplimiento en el reino de Dios, reino de justicia y de paz.

Existen maneras muy distintas de esperar. Si el tiempo no está lleno de un presente cargado de sentido, la espera puede resultar insoportable; si se espera algo, pero en este momento no hay nada, es decir, si el presente está vacío, cada instante que pasa parece exageradamente largo, y la espera se transforma en un peso demasiado grande, porque el futuro es del todo incierto. En cambio, cuando el tiempo está cargado de sentido, y en cada instante percibimos algo específico y positivo, entonces, la alegría de la espera hace más valioso el presente. Queridos hermanos y hermanas, vivamos intensamente el presente, donde ya nos alcanzan los dones del Señor, vivámoslo proyectados hacia el futuro, un futuro lleno de esperanza. De este modo, el Adviento cristiano es una ocasión para despertar de nuevo en nosotros el sentido verdadero de la espera, volviendo al corazón de nuestra fe, que es el misterio de Cristo, el Mesías esperado durante muchos siglos y que nació en la pobreza de Belén. Al venir entre nosotros, nos trajo y sigue ofreciéndonos el don de su amor y de su salvación. Presente entre nosotros, nos habla de muchas maneras: en la Sagrada Escritura, en el año litúrgico, en los santos, en los acontecimientos de la vida cotidiana, en toda la creación, que cambia de aspecto si detrás de ella se encuentra él o si está ofuscada por la niebla de un origen y un futuro inciertos.

Nosotros podemos dirigirle la palabra, presentarle los sufrimientos que nos entristecen, la impaciencia y las preguntas que brotan de nuestro corazón. Estamos seguros de que nos escucha siempre. Y si Jesús está presente, ya no existe un tiempo sin sentido y vacío. Si él está presente, podemos seguir esperando incluso cuando los demás ya no pueden asegurarnos ningún apoyo, incluso cuando el presente está lleno de dificultades.

Queridos amigos, el Adviento es el tiempo de la presencia y de la espera de lo eterno. Precisamente por esta razón es, de modo especial, el tiempo de la alegría, de una alegría interiorizada, que ningún sufrimiento puede eliminar. La alegría por el hecho de que Dios se ha hecho niño. Esta alegría, invisiblemente presente en nosotros, nos alienta a caminar confiados. La Virgen María, por medio de la cual nos ha sido dado el Niño Jesús, es modelo y sostén de este íntimo gozo. Que ella, discípula fiel de su Hijo, nos obtenga la gracia de vivir este tiempo litúrgico vigilantes y activos en la espera. Amén.

(Homilía del Santo Padre Benedicto XVI, Celebración de las primeras vísperas de Adviento, 28/11/2009, tomado de www.vatican.va)


--------------------------------------------------------------------------------


Para rezar:

Tiempo de Adviento, Tiempo de espera.
Dios que se acerca, Dios que ya llega.
Esperanza del pueblo, la vida nueva.
El Reino nace, don y tarea.
Te cantamos, Padre bueno,
a la esperanza.
Con María, ayúdanos, Señor,
a vivir generosos en la entrega,
a ofrecer nuestra vida como ella,
a escuchar tu Palabra en todo tiempo,
a practicar sin descanso el Evangelio,
ayúdanos a vivir solidarios con los que sufren,
con quienes hoy como ayer
en Belén no tienen lugar.
Te cantamos, Padre Bueno, a la esperanza.
Con los pastores de Belén,
ayúdanos, Señor,
a vivir la vigilia de tu Reino,
a correr presurosos a tu encuentro,
a descubrir tu rostro en medio del pueblo,
a no quedarnos "dormidos" en la construcción del mundo nuevo.
Te cantamos, Padre Bueno, a la esperanza.
Con los ángeles de Belén,
ayúdanos, Señor,
a cantar al mundo entero tu presencia,
¡Dios-está-con-nosotros!
Construyamos la paz entre los hombres,
edifiquemos la justicia entre los pueblos.
Te cantamos, Padre Bueno,
a la esperanza.
Con Jesús niño-Dios,
ayúdanos, Señor,
a abrigar la esperanza que nace en cada Adviento,
a escuchar los clamores de tu pueblo,
a regar con nuestras vidas
la semilla de tu Reino,
a ser mensajeros de tu amor,
a construir comunidades de servicio y oración.
Navidad, fiesta del hombre.
Navidad, fiesta de Dios.
Queremos ser tus testigos,
danos la fuerza, Señor.

(Marcelo A. Murúa, en Ver la vida con la mirada del Evangelio, SAN PABLO)


Algunas notas sobre Santa Cecilia
Autor: Ricardo Fernández Gracia

22/11/2011

santa cecilia patrona musicos krouillong karla rouillon no recibas la eucaristia en la mano


El cuadro de Santa Cecilia adquirido por el Museo de Navarra en 1981


A más de doce siglos de la muerte de la mártir romana, en el año 1594, Santa Cecilia fue declarada patrona de la música por el Papa Gregorio XIII. A partir de entonces y con gran fuerza, su figura que ya era venerada como abogada de los músicos, lo fue universalmente. Su fiesta, el 22 de noviembre, que correspondería con la de su nacimiento, ha sido adoptada mundialmente para la celebración el Día de la Música.

Desde el siglo XVII, varios países europeos han celebrado su día con festivales musicales. En 1683, la Musical Society of London estableció los festivales anuales del día de Santa Cecilia, donde han participado los más grandes compositores y poetas británicos. Henry Purcell lo hizo con su conocida oda Laudate Ceciliam en el citado año. Músicos, pintores y poetas como Rafael, Poussin, Dryden, Pope, Purcell .etc., la celebraron con sus obras. El movimiento Cecilianista del siglo XIX la tomó como abogada especial para la reforma de la música litúrgica, que culminó en el Motu Proprio de San Pio X, en 1903.

En los últimos tiempos ese patronato no ha pasado por sus mejores momentos. Sirvan como muestra un par de ejemplos. Por una parte, la revista americana Caecilia, después de 92 años de publicación, cambió su nombre por el de Sacred Music y por otra la pamplonesa Orquesta de Santa Cecilia, creada en 1879, pasó a denominarse, en 1993, Orquesta Pablo Sarasate (actual Orquesta Sinfónica de Navarra).

Sin embargo, la joven Cecilia, martirizada hacia el año 230, había llegado a este patronato, en gran parte, por una defectuosa traducción de lo que contenían las Actas que recogían su martirio y datan del siglo V, siendo por tanto posteriores en más de tres siglos a su muerte. El relato posee escaso valor histórico y es más bien un romance pío, como tantos otros recopilados en los siglos V y VI.

Al tratar de su matrimonio con Valerio, al que convirtió al cristianismo, se afirma: "Venit díes in quo thalamus collacatus est, et, cantantibus organis, illa [Cecilia virgo] in corde suo soli Domino decantcbat [dicens]: Fiat Domine cor meum et corpus meus inmaculatum et non confundar" ("Llegó el día en que el matrimonio se celebró, y, mientras sonaban los instrumentos musicales, ella (la virgen Cecilia) en su corazón a su único Señor cantaba [diciendo]: [Señor] haga el corazón mío y el cuerpo mío inmaculados y no confunda"). La palabra latina organis (instrumentos musicales), se tradujo como órgano y de este instrumento se acompañaría en muchas de sus representaciones, desde tiempos bajomedievales.

En realidad, los códices más antiguos no decían "cantantibus" o "canentibus", sino "candentibus organis". Por tanto la referencia serían los instrumentos de tortura, y la antífona describiría a Cecilia, "entre las herramientas candentes, cantaba a su único Señor en su corazón". La antífona no se referiría tanto al banquete nupcial, sino más bien al momento del martirio.

En definitiva, una errónea traducción del latín, habría derivado en el patronazgo universal sobre la música. Algo parecido en relación con traducciones del latín ocurrió en el caso del profeta Elías, representado con dos cuernos sobre su frente, cuyo origen radica en la Vulgata, en que se comparan los rayos luminosos con cuernos: "Videbant faciem Moysi esse cornutam". Una defectuosa versión de ese texto hizo que se le representase con cuernos, a los que se les suponía presentes por ser símbolo de potencia y fuerza, en herencia de los dioses cananeos.

Culto e imágenes en Navarra

Las imágenes de Santa Cecilia la muestran, plena de alegría por la presencia del Señor, tocando instrumentos musicales como la lira, la cítara, el órgano, el clavicordio, el arpa, el violín, el violoncelo, y rodeada de ángeles cantando y personificando el espíritu del canto y de la música sacra y, en definitiva de la belleza, la verdad y el bien que convergen juntos y conducen a los hombres a reencontrarse con Dios. Entre los ejemplos de grandes artistas que la han representado destacan Rafael, Poussin, Domenichino, Guido Reni, Rubens, Pierre Mignard o Francisco Salzillo.

En Navarra, cuatro son las parroquias que Santa Cecilia tiene bajo su advocación: Gurbizar, Muniáin de Arce, Sorlada y Arizala. En apariencia, pocas respecto a otros santos, aunque si se compara con las santas está por encima de la media, puesto que no le adelantan mas que Santa Eulalia con 11 y Santa Catalina con 7 (Santa Águeda tiene 3, Santa Eufemia 3, Santa Engracia 3, Santa Lucía 2, Santa María Magdalena 2, Santa Fe 2, Santa Bárbara 1, Santa Marina 1, Santas Nunilo y Alodia 1).

En lo que a ermitas se refiere, sus ermitas no destacan sobremanera, ya que Santa Lucía es la más favorecida con 54, seguida de Santa Bárbara con 45, Santa María Magdalena con 24, Santa Águeda con 23 y Santa Catalina y Santa Engracia con 22 cada una. En pleno corazón de la Pamplona medieval, en la Navarrería, una basílica bajo su advocación se erigía desde el siglo XI hasta su demolición en 1852. Para ella diseñó el retablo principal José Pérez de Eulate en 1745, adjudicado al maestro valenciano Tomás Font en 1745 y tasado por el citado Eulate y José Coral en 1746.

Su culto creció con el culto que le tributaron desde el siglo XIX numerosas bandas de música y coros, con celebraciones de hermosas celebraciones litúrgicas y el canto de auroras al amanecer, muchas de ellas bellamente musicalizadas.

Respecto a sus imágenes, hemos de citar en primer y destacado lugar sus representaciones en las dos Biblias, conocidas como de Pamplona. En la actualidad se conservan en dos bibliotecas extranjeras. La de Amiens fue encargada por Sancho VII el Fuerte en 1197. En ella Santa Cecilia es la protagonista de varios pasajes de su vida, a diferencia con otros santos del martirologio que no poseen mas que uno. Las llamadas Biblias de Pamplona son dos códices realizados por Ferrando Petri de Funes y su taller en el entorno de 1200. Se trata de una visión de los textos bíblicos a través de imágenes a los que se agregó un buen número de santos, mártires en su casi totalidad. La parte escrita se reduce a una antología de fragmentos que explican las ilustraciones. Ferrando Petri era un canónigo de la catedral de Calahorra que alcanzó el título de canciller real entre 1192 y 1194. Su labor consistió en seleccionar y adecuar los textos, y ordenar las ilustraciones. Los especialistas han detectado la mano de tres escribanos y al menos cuatro pintores.

La localidad de Sorlada tiene, como se ha indicado a Santa Cecilia por titular de su parroquia y conserva un delicadísimo busto-relicario de la santa de estilo renacentista. El retablo mayor de la parroquia, obra atribuida a Pedro de Troas (1570-1580) alberga además de a la talla sedente de su titular, dos relieves de sus desposorios y su martirio, muy divulgados en la Leyenda Dorada. Por los mismos años del siglo XVI se construyó el retablo mayor de Arizala, en el valle de Yerri, en este caso y con gran probabilidad por Martín de Morgota. En él encontramos la escultura de la santa y otros dos relieves con dos escenas de su vida: sus desposorios ante unos músicos que tañen instrumentos de cuerda y su glorificación. La cruz procesional de la misma localidad también ostenta un relieve argénteo de la santa.

Representaciones y reliquias de la santa se encuentran también entre otras localidades en Arróniz, Larrangoz, Lumbier, Legarda, Puente la Reina y Mendigorría.

Hace un par de años el Museo de Navarra adquirió el cuadro de Vicente Berdusán (1632-1697), firmado y fechado en 1691, que forma pareja con otro llegado al Museo. en 1981, que representa a Santa Catalina. La pintura está acorde con la última fase productiva del artista establecido en Tudela y resulta muy pictórico, con una técnica deshecha, la misma que hizo denominar a su pincel como "valiente" y que sus servicios fuesen contratados para la capilla de los Villahermosa en San Carlos Borromeo de Zaragoza.

Iconografía notable se conservan en la catedral, en una pintura de pequeño formato del siglo XVII embutida en la decoración dieciochesca de la sacristía capitular, y en las Agustinas Recoletas, en un hermoso lienzo de su locutorio. Esta última pintura es una versión italiana de una conocida estampa grabada. No deja de llamar la atención que en esta ocasión haga pendant con una pintura del rey músico David. No en vano en otros periodos históricos la música se relacionaba con David o con San Jerónimo, San Antonio de Padua y San Francisco de Asís, por pasajes de sus vidas en donde la música tuvo un protagonismo especial.

En lo que respecta a artes suntuarias, la mayor parte de las piezas -a excepción de la platería- son importadas de fuera, destacando sobre todas ellas el bello marfil del Museo Diocesano y catedralicio de Pamplona. Por lo demás, hay que hacer notar que, desde las estampas en vitela flamencas del siglo XVII o los esmaltes y medallas de los siglos del Barroco, hasta las litografías decimonónicas, francesas en muchos casos, han abundado en la difusión imagen de la santa también en Navarra.

Salir de las trincheras
Hay que dar a conocer a los hombres que el Amor es hermoso, que la Bondad existe, que las lágrimas pueden ser consoladas. Autor: P. Fernando Pascual | Fuente: Catholic.net


krouillong karla rouillon salir de las trinceras youtube



Existe el peligro, en muchos católicos, de vivir a la defensiva, de esconderse en las trincheras para resistir cientos de ataques que llegan por todos lados.

¿Atacan al Papa? Hay que buscar argumentos para defenderlo. ¿Critican las “riquezas” del Vaticano? Hay que explicar que tales “presuntas riquezas” son patrimonio de la Iglesia y, en cierto modo, de la humanidad. ¿Se ríen de la moral sexual católica? Hay que estudiarla y refutar críticas a veces ridículas. ¿Nos acusan de fundamentalistas e intolerantes? Respondemos con ejemplos del pasado y del presente que muestran la profunda actitud de respeto hacia todos los hombres que nace de nuestra fe católica.

El cristianismo surgió en un ambiente hostil. Cristo mismo nos dijo que muchos nos odiarían, nos excluirían, nos atacarían. No es de extrañar, por tanto, que hoy, como en tantos momentos del pasado, haya numerosas personas e instituciones dedicadas, a veces con energías y medios desproporcionados, a atacar, marginar, incluso destruir la fe de los corazones, el respeto hacia la Iglesia, la pujanza de sus instituciones y obras de caridad.

Pero ese cristianismo, perseguido, arrinconado, despreciado, tomó, desde sus orígenes, una actitud claramente conquistadora. Se convirtió en un movimiento espiritual que no se limitó a unas fronteras estrechas, que no cerró las puertas a cal y canto para evitar las heridas de los posibles agresores, de los enemigos de la luz.

Al contrario, los primeros cristianos buscaron mil caminos para irradiar, entre quienes vivían a su lado, una experiencia, una fe, un amor, que da sentido a la existencia humana, que ilumina de esperanza la mirada de los corazones, que alivia las penas profundas y las heridas que la vida deja inexorablemente en nuestras vidas.

El cristiano no vive, por lo tanto, para defenderse. Estudiará, desde luego, su fe, su historia, su riqueza doctrinal. Sabrá reconocer también que ha habido errores y fallos en no pocos católicos durante los 2000 años de nuestra historia. Respetará la dignidad de los “adversarios”, a los que ofrecerá una respuesta justa y, más profundamente, una mano respetuosa y llena de afecto sincero.

Pero, de modo especial, tendrá la alegría y el arrojo de comunicar algo que ni el dinero, ni el poder, ni la belleza, ni la medicina, ni la ciencia, es capaz de dar: la verdad del Evangelio, la certeza de que Dios nos ama en Jesucristo.

El mundo necesita y pide, quizá sin saberlo, testigos de la bondad de Dios, mensajeros de una Buena noticia, heraldos de un Amor que arranca del Padre de los cielos y pone su tienda entre los hombres con la llegada del Hijo.

Hay que salir de las trincheras. No podemos guardar un tesoro que es para todo el mundo. Hay que poner la lámpara sobre el celemín, hay que dar a conocer a los hombres que el Amor es hermoso, que la Bondad existe, que las lágrimas pueden ser consoladas, que la muerte no es la última palabra de la historia humana.

Sabemos que el Sepulcro de Cristo está vacío. Percibimos su presencia continua, como Señor Resucitado, entre nosotros. Dar testimonio de su Cruz salvífica y victoriosa es una urgencia que todos debemos sentir en lo más profundo de nuestra identidad cristiana. Porque muchos hombres viven en tinieblas y sombras de muerte (cf. Lc 1,79). Porque muchos desean, profundamente, descubrir que son amados, reconocer que la salvación de Cristo también es para ellos.
La Presentación de Nuestra Señora al Templo
Fiesta, 21 de noviembre

Autor: Mario Sgarbossa y Luiggi Giovannini | Fuente: Un Santo para cada día
Recopilado de: Catholic.net

presentacion de la virgen maria


La memoria de la Presentación de la Santísima Virgen María, tiene una gran importancia, porque en ella se conmemora uno de los "misterios" de la vida de quien fue elegida por Dios como Madre de su Hijo y como Madre de la Iglesia. En esta "Presentación" de María se alude también a la "presentación" de Cristo y de todos nosotros al Padre.

Por otra parte, constituye un gesto concreto de ecumenismo con nuestros hermanos de Oriente. Esto se puede apreciar en el comentario de la Liturgia de las Horas que dice: "En este día, en que se recuerda la dedicación de la iglesia de Santa María la Nueva, construida cerca del templo de Jerusalén en el año 543, celebramos junto con los cristianos de la Iglesia oriental, la "dedicación" que María hizo de sí misma a Dios desde la infancia, movida por el Espíritu Santo, de cuya gracia estaba llena desde su concepción inmaculada".

El hecho de la presentación de María en el templo no lo narra ningún texto de la Sagrada Escritura; de él, sin embargo, hablan abundantemente y con muchos detalles algunos escritos apócrifos. María, según la promesa hecha por sus padres, fue llevada al templo a los tres años, en compañía de un gran número de niñas hebreas que llevaban antorchas encendidas, con la participación de las autoridades de Jerusalén y entre el canto de los ángeles. Para subir al templo había quince gradas, que María caminó sola a
pesar de ser tan pequeña. Los apócrifos dicen también que en el templo María se nutría con un alimento especial que le llevaban los ángeles, y que ella no vivía con las otras niñas sino en el "Sancta Sanctorum", al cual tenía acceso el Sumo Sacerdote sólo una vez al año.

La realidad de la presentación de María debió ser mucho más modesta y al mismo tiempo más gloriosa. Por medio de este servicio a Dios en el templo, María preparó su cuerpo, y sobre todo su alma, para recibir al Hijo de Dios, viviendo en sí misma la palabra de Cristo: "Bienaventurados más bien los que escuchan la palabra de Dios y la practican".


-- // --

Conoce más sobre la infancia de la Virgen María con las revelaciones de la Beata Ana Catalina Emmerich, en cuyo libro detalla cómo a la edad de tres años la niñita María ingresó al templo caminando sola a pesar de ser tan pequeña y las gradas tan altas.

LA INFANCIA DE LA VIRGEN MARIA Y DE SAN JOSE - ANA CATALINA EMMERICH
Fiesta de Jesucristo Rey del Universo`

Ultimo domingo del tiempo ordinario que cierra el año litúrgico, la fiesta de Jesucristo Rey del Universo.

Recuerda que Dios te ama y quiere que estés en el Cielo con Él algún día.

Colorea y diviértete pensando en Él y en el Cielo al que algún día llegarás si eres bueno contigo, con Él y con los demás.

colorea jesucristo rey del universo krouillong karla rouillon


Descargar la imagen en archivo

COLOREA JESUCRISTO REY DEL UNIVERSO[193clicks]
¡Viva Cristo Rey!
Cristo en tu inteligencia, Cristo en tus labios, Cristo en tu corazón, Cristo en tus obras”. Porque Cristo reina.



Este domingo 20 de noviembre es la FIESTA DE JESUCRISTO, REY DE UNIVERSO, último domingo del año litúrgico que pone fin al tiempo ordinario y da inicio al tiempo de adviento.

null


La fiesta de Cristo Rey fue instaurada por el papa Pío XI el 11 de Marzo de 1925. El Papa quiso motivar a los católicos a reconocer en público que el mandatario de la Iglesia es Cristo Rey. Un reinado que no es como los del mundo, sino que se trata del reino de la verdad y la vida, de la santidad y la gracia, de la justicia, del amor y la paz.

Posteriormente se movió la fecha de la celebración dándole un nuevo sentido. Al cerrar el año litúrgico con esta fiesta se quiso resaltar la importancia de Cristo como centro de toda la historia universal. Es el alfa y el omega, el principio y el fin. Cristo reina en las personas con su mensaje de amor, justicia y servicio.

null
"Su imperio es un Imperio Eterno, que nunca pasará,
y Su Reino no será destruido jamás"
Daniel (7, 13-14).


El Reino de Cristo es eterno y universal, es para siempre y para todos los hombres

El Santo Padre Benedicto XVI adelantó la imagen victoriosa de Jesús al hablar de la “verdadera realeza, vivida en el servicio y el don sí”, ubicando la soberanía de Cristo, no en el marco de los poderes temporales (en los que la democracia delega el poder legislativo, ejecutivo y judicial en diversas personas), sino en la del Reino de Dios; del Amor invicto con el que Cristo vence “las potencias del mundo”.

En la fiesta de JESUCRISTO, REY DE UNIVERSO distintas imágenes del Señor nos van perfilando cómo es Él y cómo se realiza su reinado en el universo. La primera tiene un profundo calado bíblico y pascual: Cristo es el Cordero degollado. Él fue la inocente víctima de la redención, llevado al matadero por los culpables. Pero el Cordero está en pie ya que ha vencido el mal y la muerte: «Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos».
Así pues, aunque parezca contradictorio Cristo reina, en primer lugar, desde el trono de la Cruz «ofreciéndose a sí mismo, como víctima perfecta y pacificadora en el altar de la cruz».

Pero ¿Reina Cristo en nuestras vidas? o, mejor ¿es Cristo el Rey de mi vida?

Cuando satisfacemos nuestro egoísmo perdemos lo que de eternidad nos quiere regalar Dios y nos entregó Jesucristo cuando, por nosotros y por nuestra salvación, se dejó clavar en una cruz.

Y situándonos en este momento del Calvario debemos examinar nuestros deseos de vida cristiana y de santidad; para “reaccionar” con un acto de fe ante nuestras debilidades y confiar ciegamente en Dios, haciendo el propósito de situarnos con absoluta sinceridad ante nuestro quehacer ordinario, reconocer nuestros pecados y tomar en serio la fe que profesamos.

Reconocer nuestro pecado debe conducirnos al dolor sincero, nuestra voluntad tiene que detestar ofender a Dios y llevarnos a una decisión más madura y más honda de identificarnos con Cristo y de perseverar, cueste lo que cueste, en la misión que Él nos ha encomendado y que nos empuja a ser “sal y luz del mundo.”

El consejo de mi confesor de “nunca hacer lo que Jesucristo no hubiera hecho” puede ser útil para una guía de vida que nos invite a reflexionar, diariamente, si lo que hacemos está bien o mal.

Estamos viviendo una época en la que todo es relativo, nada permanece, las familias ya nos son para siempre, en medio de todo este relativismo que vivimos la palabra de Dios insiste: hay un Rey Eterno que ofrece una vida eterna y un castigo eterno (el infierno).

Pero ese destino eterno va a depender de nuestra oración, de nuestra conducta cristiana en el trato con los demás y, especialmente, con los más insignificantes ¿Y quiénes son los insignificantes? Son las personas que pasan hambre, sed, andan de forasteros, desnudos, enfermos o encarcelados.
Los insignificantes son los que no significan nada para la sociedad, la política, la familia, el trabajo, la escuela, y resulta que hacerles el bien a ellos es el pase a la vida eterna.

Hace falta la entrega con obras y con verdad, no sólo con la boca.

El amor a Dios nos invita a llevar a pulso la cruz, sin dejarla de lado, a sentir también sobre nosotros el peso de la humanidad entera, compensándolo con nuestra oración hacia ella, y a cumplir dentro de nuestro estilo de vida los designios claros y amorosos de la voluntad del Padre.

Aceptemos sin miedo la voluntad de Dios en nuestras vidas, formulemos sin vacilaciones el propósito de edificar toda nuestra vida de acuerdo con lo que nos enseña y exige nuestra fe. (1)
Estemos seguros de que encontraremos lucha, sufrimiento y dolor, pero, si poseemos de verdad la fe, no nos consideraremos nunca desgraciados: también con penas e incluso con calumnias, seremos felices con una felicidad que nos impulsará a amar a los demás, para hacerles participar de nuestra alegría sobrenatural, echando fuera todas las preocupaciones que nos alejan de Él. (2)

null


¡Viva Cristo Rey!

Hay que reconocer a Cristo como Rey del Universo, sin anteponerle lo material de nuestro mundo y saber que no hay facultad alguna ni persona que se sustraiga a Su Soberanía, y que tal actitud servirá para santificar el alma y purificarla en aras de una más exacta perfección.

Cristo Reina y lo hará siempre hasta que vuelva a juzgar a vivos y a muertos. Eso lo dice el Credo y, como creemos en lo que decimos, hemos de hacer lo que creemos.

Exclamemos ¡Viva Cristo Rey! como última expresión de nuestras vidas y será la primera expresión que pronunciaremos cuando pasemos a la Casa del Padre.


(1) “Porque el Señor nos reclama tal como somos, para que participemos de su vida, para que luchemos por ser santos” dice San Josemaría Escrivá de Balaguer en su libro “Es Cristo que pasa”

(2) “Mirar a Cristo para comprender el sentido de la verdadera realeza, vivida en el servicio y en el don de sí” es la invitación del famoso Salmo real 110, a dicho el Papa Benedicto, en la síntesis de su Catequesis a los peregrinos de lengua española, en el Aula Pablo VI. CATEQUESIS DE BENEDICTO XVI



Texto del saludo del Santo Padre Benedicto XVI en español en su Catequesis a los peregrinos de lengua española, en el Aula Pablo VI. (16-11-2011)

Queridos hermanos y hermanas:

Dedicamos la última catequesis sobre la oración del Salterio al salmo 110, uno de los más famosos salmos sobre la realeza. La tradición de la Iglesia, siguiendo el uso y la interpretación que de él hizo el Nuevo Testamento, lo ha considerado siempre como uno de los textos mesiánicos más significativos. El rey que canta el Salmista es Cristo, el Mesías que instaura el Reino de Dios y vence a las potencias del mundo. Él es el verdadero Rey que con su resurrección ha entrado en la gloria y está sentado a la derecha del Padre. Él es también el verdadero y definitivo sacerdote que lleva a su cumplimiento definitivo el sacerdocio de Melquisedec y que, en el misterio del pan y del vino, dona la remisión de los pecados y la reconciliación con Dios. Así, este salmo nos invita a mirar a Cristo, su misterio pascual, para comprender el sentido de la verdadera realeza, vivida en el servicio y en el don de sí. Rezando con este salmo pedimos al Señor que nos ayude a caminar siguiendo a Cristo, el Rey Mesías, dispuestos a subir con Él al monte de la cruz para llegar con Él a la gloria.

Invito a todos a enriquecer vuestra relación con Dios con el rezo piadoso de los salmos, especialmente en la liturgia de las horas. Muchas gracias por vuestra visita.





CRISTO AYER Y CRISTO HOY,
CRISTO SIEMPRE SERÁ EL SEÑOR.
TÚ ERES DIOS Y ERES AMOR;
ME HAS LLAMADO ¡AQUÍ ESTOY!


1. ¡GLORIA AL SEÑOR! SUYO ES EL DON,
GRAN JUBILEO DEL PERDÓN.
TIEMPO DE GRACIA SINGULAR:
SIN MEDIDA SU AMOR NOS DA...
¡AMÉN! ¡ALELUYA!

2. ¡GLORIA AL SEÑOR! VAMOS A ÉL,
A SUS PROMESAS SIEMPRE FIEL,
SIEMPRE DISPUESTO A PERDONAR:
SIN MEDIDA SU AMOR NOS DA...
¡AMÉN! ¡ALELUYA!

3. ¡GLORIA AL SEÑOR! QUE SE ENCARNÓ
Y POR NOSOTROS PADECIÓ
SOBRE UNA CRUZ HASTA EXPIRAR:
SIN MEDIDA SU AMOR NOS DA...
¡AMÉN! ¡ALELUYA!

4. ¡GLORIA AL SEÑOR! EL NIÑO DIOS,
AL QUE LA VIRGEN ALUMBRÓ
JUNTO A BELÉN, EN UN PORTAL:
SIN MEDIDA SU AMOR NOS DA...
¡AMÉN! ¡ALELUYA!

5. ¡GLORIA AL SEÑOR! EN NAZARET,
HUMILDE OBRERO DEL TALLER,
LUZ QUE EN LA SOMBRA BRILLA YA:
SIN MEDIDA SU AMOR NOS DA...
¡AMÉN! ¡ALELUYA!

6. ¡GLORIA AL SEÑOR! EL BUEN PASTOR
QUE EN EL REDIL SU GREY DEJÓ
Y A SU OVEJUELA FUE A BUSCAR:
SIN MEDIDA SU AMOR NOS DA...
¡AMÉN! ¡ALELUYA!
7. ¡GLORIA AL SEÑOR! MAESTRO Y DIOS,
ES EL CAMINO, EL SALVADOR;
ÉL NUESTROS PASOS GUIARÁ:
SIN MEDIDA SU AMOR NOS DA...
¡AMÉN! ¡ALELUYA!

8. ¡GLORIA AL SEÑOR! ÉL NOS AMÓ
Y EL JUEVES SANTO ENTREGÓ
SU CUERPO Y SANGRE EN VINO Y PAN:
SIN MEDIDA SU AMOR NOS DA...
¡AMÉN! ¡ALELUYA!

9. ¡GLORIA AL SEÑOR! ÉL SE INMOLÓ
CORDERO SANTO Y REDENTOR,
PARA CONCORDIA UNIVERSAL:
SIN MEDIDA SU AMOR NOS DA...
¡AMÉN! ¡ALELUYA!

10. ¡GLORIA AL SEÑOR! POR EL PERDÓN,
DESDE LA CRUZ, AL BUEN LADRÓN,
MISERICORDIA SIN IGUAL:
SIN MEDIDA SU AMOR NOS DA...
¡AMÉN! ¡ALELUYA!

11. ¡GLORIA AL SEÑOR! NO HAYA TEMOR,
ESTE MILENIO ESPERA A DIOS,
JESÚS VIVIENTE VOLVERÁ:
SIN MEDIDA SU AMOR NOS DA...
¡AMÉN! ¡ALELUYA!

12. ¡GLORIA AL SEÑOR! A NUESTRA VOZ,
.UNE LA VIRGEN SU ORACIÓN
Y EN CRISTO LLEGA A CULMINAR:
SIN MEDIDA SU AMOR NOS DA...
¡AMÉN! ¡ALELUYA!

13. ¡GLORIA A LA SANTA TRINIDAD,
Y GLORIA A DIOS EN LA UNIDAD,
DE NUESTRA FE LA LUZ VITAL!:
SIN MEDIDA SU AMOR NOS DA...
¡AMÉN! ¡ALELUYA!