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Blog de Andre Suarez
Relatos que saben a cuentos cuando uno se toma el tiempo de escribirlo... Claro, la vida no deja de ser cuento.

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Archivos de 08 March 2010
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Estaba leyendo el portal web de El Comercio para saber qué noticias hubo de la premiación. Me llamó la curiosidad el comentario del actor argentino Ricardo Darín, de la película El secreto de sus ojos. El actor señala que “Cuando empecé a ver las otras películas empecé a ver que podíamos ganar. Le ofrecían a nuestra historia una brecha a través de la cual se puede contar una historia dura y áspera sin inhabilitar el humor y la cotidianeidad”. Personalmente repasé las películas nomidas, me tomé el tiempo de mirarlas, revisarlas, sacar secuencias interesantes para que aparescan en el programa donde trabajo, por lo que estoy de acuerdo con el actor argentino.
El profeta, La cinta blanca, La teta asustada y Ajami son buenas en su calidad dramática, pero no se abren a otros caracteres. El tono blanco y negro de La cinta blanca de por si ingresa al espectador en un mundo maniqueo, entre el bien y el mal, y toda la meditación que está implícita en considerar qué es bueno y qué malo. El profeta siento que es una película ligada más a la sobrevivencia, a la diferenciación sociocultural en un prisión donde el contacto entre diferentes sufre de más libertad de lo normal, porque en la prisión está permitida la violencia. Esta película siento que es una minifrancia anarquica donde grupos sociales distintos se enfrentan con violencia justificada por la sobrevivencia con los demás. Ajami es una película que muestra que el conflicto entre árabes, cristianos y musulmanes no está excento de miedo. Siento que la película quiere mostrar que existe un "panmiedo" en los seres humanos, que no hay enemigos, sino personas corrientes compuestas por experiencias distintas, duras y forjadas por la violencia cultural.
Y por último La teta asustada, si bien podría decirse que tiene algunas tomas de humor, este queda sumergida por la tristeza y el miedo heredado de Fausta. O sea las escenas de comedia resultan patéticas por el contexto dramática que las encierra. Además, como la película puede resumirse que es un historia descriptiva y emocional de Fausta, la comedia no es percibida por el espectador. Estas escenas se enajenan y el valor dramático se resalta.
Entonces, como propuesta diferenciada al resto, El secreto de sus ojos conjuga una historia policial y la tristeza de un amor imposibilitado. La película era una propuesta, de cierta manera, más norteamericanizada en el sentido que la trama cuenta con emociones encontradas, diluidas a lo largo de la hora y cuarenta minutos que dura la película; además esta película ganó el Globo de Oro, que valga la coincidencia, usualmente son las que ganan el Oscar.
No digo que La teta asustada fue mala, sino que su género se encimismo sobre sí mismo y no congenió con otros géneros. Como me repite siempre un escritor-poeta, "el humor es imprescindible para cualquier tipo de texto". Y aunque su campo sea la letra escrita, el texto cinematográfico debería tener lo mismo: humor.
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-Ya voy esperando una hora, atiéndeme rápido cholo de mierda.

El silencio imperaba entre los clientes de un sanguchería. Los clientes se veían entre ellos las caras, como quien espera cuál de todos reaccionara por la ofensa al cocinero para sacarle la mierda. No faltó la mecha para que una miniguerra contra la discriminación comience.

-Puta que yo a ese gringo no lo atiendo pero ni cagando...- dijo un señor de lentes, de piel clara, treintaenton, que se servía de su sánguche campesino, lo dijo sin observar directamente al "gringo", sino que lo hizo a través del espejo del local. Se cruzaron miradas y el "gringo" se acercó desafiante para reclamarle respeto ajeno. El defensor mediático del cocinero le dijo que respete al cocinero, que no tiene derecho a insultar y apurar su pedido, porque llegó de último. El gringo estaba ebrio, todos miraban atentos para ver si se iniciaba la política de los puños. Yo lo miraba espectante, quería que ocurra el primer golpe para ceñirme contra el gringo. Pienso que la misma idea estaba en la cabeza de los demás.

-Ya anda no más, cojudo- dijo el señor de lentes con una sonrisa confiada, porque estaba acompañado de tres compañeros.
El gringo se acerca otra vez donde el cocinero y le pide con los ojos que apure su labor. El cocinero no se inmuta, solo atiende sin opinar ni mostrar enojo. El señor de lentes hablaba de su experiencia con peruanos en otro país, sospecho que era Chile. "Y no habían cholos como este cojudo que trataban así a los demás", dijo el señor de lentes provocando al gringo. El gringo lo mira esperando que la batalla de lisuras comience, pero no sucedió.
El gringo se fue del local con su pedido, afuera lo esperaba su pareja y un taxi con un destino desconocido. El de lentes dice en voz alta "puta, que este huevón porque tiene cabello castañito viene acá a cholear. Pobre cojudo", todos los del local se rieron y comentaron sobre el hecho. "Oye, ese está bien cojudo, cómo puede gritar así al cocinero. Tremendo cholaso pelo teñido que era el imbecil", dijo un par de chicos que estaban por irse.
Por menos de cinco minutos, un grupo de 10 peruanos desconocidos entre sí reían y charlaban debido a una indignación en común: el racismo. Todos querían hablar a la misma vez, pero el tiempo amenazaba la cofradía: eran las tres y cuarto de la mañana.
Nos despedimos con un "jajaja" y con cierta verguenza de mostrar simpatía hacia un extraño que hizo lo que los demás pensaron pero no se atrevieron a hacer: defender al cocinero. Camino de regreso a la casa de mi amigo sonreí: si el Perú fuera una sanguchería, nos iría todo muy bien.