30/08/09 | Publicado por: a20063269 | Categoría Narrativa
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La noche por Barranco era tan fría que congelaba el pecho, el corazón clausurado por despecho, por el desamor. Los amigos que miran ávidos a las chicas no eran correspondidos: se querian largar del boulevard al no sé donde, pero aseguraban que ese desconocimiento era más divertido que estar parado pasando frío. Ellos buscaban sexo fácil y divertido. "Un poco de letra, cojudo... algo que tu no sabes", me dijo el Pepe Rioba, que consume la última hoja de marihuana para luego pisar el troncho. Lo miro absorto y no supe cómo responderle, ¿le daría la razón? Acaso cómo sabe que aún soy virgen... Lastimosamente, como dice siempre mi padre cuando me ve con los amigos, los chibolos crecen rápido, tan rápido que a los doce años debutan los jóvenes.
Yo tengo 16 y aún nada... piticlean... sanito...
Pepe Rioba agrupa a nuestra gente. Eramos unos cinco malandrines sedientos del encanto por la incertidumbre e hiperactivos por las hormonas revueltas. "Vamos a malograr a este weon", decía Pepe agarrandome por el cuello. Cierto que no fumo mary jean como él, pero algo quería hacer conmigo. "Ahi que llevarlo al troca a este broder, hay que llevarlo al dentista, pe", dijo Pepe mientras guardaba sus cigarros. Todos me miran y accedieron. Me mostraron el dinero para que acepte, que todo iba a ser pagadito. Pues cómo no iba a serlo, si nos reunimos esa noche, porque era mi cumpleaños.
Bajamos del taxi justo al frente del "dentista". Se trata un local medio abandonado, por la Victoria. Mi amigo me cuenta, mientras ingresamos, que el local lo alquila un dentista para que vayan las putas vayan a hacer lo suyo. Ingreso y el olor al típico plastico dental se adentra a mis malos recuerdos con el dentista. Veo a mujeres semidesnudas caminando de un lado al otro. Habían tan solo 3 clientes muy ebrios. Dos de ellos dormían y el otro gozaba del seno de una de las protitutas. "Como lo lame el huevón. Piensa que es el de su niña", djio Pepe mientras me jalaba hacia un extremo del local. Las chicas parecían conocer a Pepe. Sucede que él es del barrio y aquí todos se conocer por sobrevivencia ante la inclemencia delicuencial de las calles de La Victoria.
"Milaidy, ya pues, bailale al piticlean de acá", gritó Pepe mientras me sentaba a la fuerza. Ni apenas caigo, una chica de unos treinta se acerca hacia mí. EN el camino se saca el sostén y acerca sus dos senos al rostro. Ella bailaba frenética, a ritmo del dinero que le dieron mis amigos antes de acercarse a mí. Ella se menea, mis maigos gritan como los nómades, como el instinto de los hombres cuando claman por sexo salvaje. Me miran todos viendo mis movimientos, mi soltura, mi clase de introduccion a la hombría, al decir "cogí la teta de una mujer que me tiré": la titulación de un muchacho joven como yo.
"Agarrale las tetas, cojudo", me recomienda Pepe. Los demás miran ávidos las contorsiones de la chica. Yo, helado, temblaba... incluso, debajo del pantalon.
"Agarraselas, huevón!", gritaron los demás al unísono. "Agarrala cojudo, ya que esperas, mierda", gritaban mientras consumían alcohol en la barra. Trataba de distraer la mirada para no ver ese voluptuoso cuerpo. Ella se acerca, se acercan sus senos y yo en medio, entre dos gigantescas montañas donde al escalarlas con las manos se debaten mi pertenencia al grupo, mi valor como macho cabrío entre la gente, entre mí mismo y mi debut... Ella se acerca´más. Me susurra al oído... "hazlo... vamos... hazlo, papi", dijo suave, cándida... deliciosa.
No le contesté y mis manos suben hacia sus pechos tensos y pesados por la gravedad.
El resto fue el grito sordido del de seguridad, un par de mierdas y carajos que clavaron sobre mí el peso de la verguenza ajena. "Cochino de mierda", me dijeron las señoritas de la noche mientras vomitaba la poca bilis que tenía en el estómago. Las nauseas, mi vómito en el suelo tibio, el olor a cigarro... mi vómito en el suelo otra vez.
En la calle, Pepe sonríe. "Puta que eres salado broder... jajaja, que cague de risa".
Pues claro, cómo no reirse cuando presionas los senos de una mujer y te manchan la cara con pura leche materna. Y yo, que soy intolerante a la lactosa desde que nací.







