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Blog de Andre Suarez
Relatos que saben a cuentos cuando uno se toma el tiempo de escribirlo... Claro, la vida no deja de ser cuento.

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Archivos de 01 August 2009


El desliz más sonado del mensaje presidencial fue cuando Alan García afirmó la construcción del Sepa, la prisión en la selva, mientras que su ministro de Justicia, Aurelio Pastor, afirmaba luego del mensaje que no existía aún tal construcción. Un poco de maquillaje con el tiempo para que Aurelio Pastor señale: "Es un proyecto a evaluar..." evidenciando el parche puesto luego de la herida.
Y así como este deliz, pues, no hay que ser suficientemente intelectual para darse cuenta entre la realidad en cifras y la realidad misma. El tema por excelencia de este punto enunciado en el discurso es sobre la telefonía celular.
Y si en el 2005 teníamos 5 millones de teléfonos celulares, hoy tenemos 22 millones fortaleciendo la comunicación y la libertad de nuestro pueblo. Además, las cifras lo demuestran. La compra de ropa, de calzado, de alimentos y el pago por estudios creció en 25 por ciento. Porque el país tiene un nuevo espíritu, producir, consumir, trabajar, estudiar, vivir. Ese es el nuevo Perú.
Analicemos un poco. Si la ropa, alimentos y calzado ha aumentado en producción, cómo 437 niños han fallecido en lo que va del invierno por neumonía. Más aún, cómo puede decir el presidente que si bien contamos con 22 millones de celulares que fortalecen la comunicación del pueblo, ¿cómo diablos explica que el sistema telefónico se sature en casos de emergencia? ¿Tantos celulares vale la pena? ¿Cómo diablos un presidente dice que su pueblo está fortalecido con la comunicación, SI NI ÉL SUPO QUE HUBO VÍCTIMAS MORTALES EN EL TERREMOTO DE ICA? ¿Se acuerda de la cara del presidente diciendo NO HAY VICTIMAS, SEÑORES?
Cuando vi su mensaje por la tv, no veía a un presidente dando un discurso emotivo, sincero con las realidad... era un presidente ingenuo de las "cifras" sin realidades.
Pues, coincidiendo con Javier Bedoya, "Fue optimista (el mensaje) pero me dio la impresión que era el discurso de asunción de mando del 2006": muchas promesas, pocas pruebas.
Y para terminar la frase del mendigo llamado Estado...
Por enésima vez les digo ¿porqué esperan tanto para entregar esos cientos de millones en obras o maquinaria al pueblo o a sus núcleos ejecutores?, ¿Quieren ustedes estabilidad democrática?, contribuyan a la estabilidad democrática trabajando de una vez.
Si facil fuera ser escuchado, señor presidente. Pues, esa parte del discurso, me pareció un saludo a la bandera. Me resulta condenable que un presidente pida favores a empresas para el desarrollo nacional, porque el presidente es, efectivamente, el jefe de Estado, como sostiene la Constitución. Y al escuchar frases como estás demuestran dos cosas: debilidad autónoma como sistema y falta de proyecto nacional. ¿Y por ello pide favores a las empresas que firmaron contratos con el Estado? ¿Y pide favores luego del contrato hecho a puño y letra? ¿Dónde estaba la cabeza, señor presidente, para que hoy pida a los señores empresarios lo que no pudo Ud. y su partido considerar en el contrato empresarial?

Son cosas que no me explico...
Cómo crea amargura, Ud, señor presidente.
¿Creo que un vaso de litio ayuda, no?

Mi sobrinita

Hoy es el cumpleaños de mi sobrinita Nicole. Y eso me hace recordar que su nacimiento, ocurrido hace dos años exáctamente, motiva cierta reflexión sobre la cesaria y la "magia" del nacer. Claro, si es que existe ese término, pero como a lo que me refiero es el consagramiento del "nacimiento" de las personas.
Recuerdo que a las cuatro de la tarde visité por primera vez a mi sobrina en la clínica Gonzales, ubicada en Lince. Era pequeñita, con su caracteristico atrevimiento al quitarse siempre la colchita que la cubria: las primera evidencia de su caracter majadero y travieso.
Ella estaba hechada en una especie de dormitorio con varias camillas, donde reposaban varios bebes. Mi hermano me señala a través de un vidrio quién es Nicole. Mi hermano temblaba hasta los huesos y toda la familia estaba dentro de un cuarto, esperando a la bienaventurada madre luego de parir a una bebe "muy gordita para su edad, señor", como describió el doctor que conversó conmigo y mis padres.
Le pregunté a mi hermano a qué se debía su preocupación. Él me dijo que Nicole nació por cesaria y "cualquier cosa puede pasar. Ya sabes como es la casualidad y todas esas cosas. Me preocupa cómo estará Alessandra", me contó mi hermano mientras se distraía hipócritamente con el televisor: un punto más al raiting del programa que veía, pero cero en interés de seguro.
Como suelo ser el más perdido en la familia, el último en enterarme sobre las cosas, pregunté a la suegra de mi hermano y me contó que efectivamente "Alessandra estaba internada desde hace una semana antes que Nicole salga. Ella vino, porque la bebe no salía".
En eso se acerca mi padre, con su tono policial, de la división antiestafa de la DIRINCRI, se acercó y repuso "En realidad, eso de la cesaria es un negocio para las clínicas. Ya casi nadie nace naturalmente, porque no sabes cuánta plata ingresa por el tratamiento".
Regresé mi mirada a la vitrina para ver a Nicole durmiendo. Me pregunté si, cuando creciera, me preguntaría alguna vez si creo en el destino. O quizás ella me lo pregunte, porque no encuentra alguno. Sea como fuese, alguna vez espero me tocará el tema y no tengo, al parecer, con qué cara contestarle si afirmo que el destino existe.
O sea, cómo existirá para ella, o cómo me creerá, si su nacimiento formó parte, siguiento la retórica de mi padre, de un negocio de la clínica. "Mira, Nicole, tú naciste, porque el doctor metió la rata a tus padres. O sea, naciste hoy, primero de agosto, porque simplemente así se quiso. No fue cosa de la naturaleza ni nada por el estilo", algo así sería mi respuesta, supongo, cuando ella crezca y me pregunte cosa semejante.
Por ahora no habla, pero seguro que me lo pregunta con sus ojos cuando sabe que debe dejar de ver hi5 para ir a la cama o dejar de ver Barney para comer el desayuno, porque se enfrenta al querer, al estado presente, como la vaca de Kant, con los deberes categóricos, el porvenir...