Cómo se usa 'creer'
Unos Testigos de Jehová tocan un día a la puerta de un viejo profesor de filosofía y, después de sus primeras tentativas, el profesor, en tono paternal, les dice: “Pero, jóvenes, cómo podría creer en su religión si no creo en la católica, que es la verdadera.”
Desde el punto de vista del humor, contiene casi todos los principios exigidos por la teoría del chiste: farsa en la figura del no-creyente que afirma que hay una religión verdadera; ironía en la figura del viejo profesor de filosofía que habla de modo incoherente acerca de la verdad; parodia, porque casi no hay una Facultad en el mundo en la que no pueda reconocerse a algún viejo profesor real en el viejo profesor del chiste, y se asume, además, que los Testigos de Jehová que tocan las puertas de las casas para ganar adeptos no esperan encontrarse con un viejo profesor de filosofía; adulación, porque se celebra el ingenio del viejo profesor; una cierta dosis de sátira respecto de los Testigos de Jehová, que quedan señalados como esforzados propagadores de una falsa religión; y sólo faltarían, en mi opinión, la bufonada y el surrealismo; todo lo cual, desde luego, es perfectamente discutible.
Pero, puesto que no estamos aquí para discutir sobre el humor, sino sobre las creencias religiosas, lo que me interesa es cuestionar que necesariamente haya farsa e ironía en la figura de un no-creyente que afirma que hay una religión verdadera. Para ello, la dificultad principal que debo enfrentar consiste en desmontar una analogía que está instalada en la mayoría de las personas, y que es la misma que le brinda gracia al chiste.
En efecto, solemos asumir que la frase:
(1) No creo en la religión católica, aunque creo que es la verdadera.
es análoga y, por lo tanto, equivalente a:
(2) No creo en la teoría de Darwin, aunque creo que es verdadera.
Si esta analogía se mantiene, entonces el chiste funciona porque la proposición (1), en efecto, expresa farsa e ironía. Pero, como estoy especialmente interesado en mostrar que la analogía puede desmontarse, intentaré lo siguiente. ¿Qué pasaría si permutáramos los componentes del chiste con los elementos de la proposición (2)? Tendríamos algo así:
Versión B.- Unos defensores de la teoría creacionista tocan un día a la puerta de un viejo profesor de filosofía y, después de sus primeras tentativas, el profesor, en tono paternal, les dice: “Pero, jóvenes, cómo podría creer en su teoría si no creo en la de Darwin, que es la verdadera.”
En mi opinión, esta versión es bastante menos chistosa. Al parecer tiene todos los componentes de humor de la versión anterior, pero le falta algo. Podría ser que la dosis de sátira y parodia sea muy pobre, puesto que, a diferencia de los Testigos de Jehová, los defensores de la teoría creacionista no suelen tocar a la puerta de nadie para ganar adeptos. Pero lo que a mí me interesa destacar es que las dosis de farsa e ironía también se afectan en la versión B. En (2) la farsa es menos chistosa porque es tan burda, que afecta la ironía y anula la adulación; gravemente, además, porque la contradicción es tan flagrante, que el viejo profesor queda más bien como un tarado.
¿Qué significa esto? A mí me parece que significa una cosa sumamente interesante: que la contradicción en (1) no es flagrante. Más aún, lo que busco mostrar es que, en realidad, no hay contradicción real, sino sólo aparente. Esta apariencia de contradicción, sutilmente percibida como aparente, es la razón por la cual en (1) se sostienen la farsa, la ironía y la adulación. En otras palabras, quien escucha el chiste comprende que el viejo profesor ha tenido una salida inteligente, ingeniosa y cómica frente a los Testigos de Jehová, cosa que no funciona en modo alguno en (2). ¿Por qué?
Mi respuesta es sencilla: en (1) ‘creer’, en cada incidencia, se usa de manera distinta. En (2) ‘creer’, en ambas incidencias, sólo puede usarse de una manera. Dicho de otro modo, la creencia religiosa tiene unas peculiaridades ausentes en otras creencias.









