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24 julio 2007

Fragmentos de filosofía y religión - 12

Ambiciones teóricas

Hechizados por el concepto aristotélico de ciencia analítica, los teólogos medievales se vieron forzados a encontrar soluciones teóricas a problemas nuevos. En este afán, se mostraban como miembros de una vieja tradición. Desde antiguo los intelectuales cristianos buscaban salvar la unidad de la teología mediante la reconciliación del Dios-Amor con el concepto griego de un Dios perfecto e inmutable. Pero a los medievales se les complicó la tarea debido al grado de sofisticación de la filosofía que manejaban. Esto acrecentó la brecha ya existente entre ambiciones teóricas y vida religiosa.

Me parece que, en cierto sentido, la Reforma puede verse como una reacción comprensible frente a esa negligencia (el gordito de la foto es Martín Lutero).

19 julio 2007

Fragmentos de filosofía y religión - 11

Verdad absoluta

Lo que olvidan muchos teólogos con deficiente entrenamiento en filosofía (y también un montón de filósofos) es que absoluto significa simple. Hablar de algo absoluto es hablar de algo absolutus (literalmente absuelto), es decir, de algo que está suelto, que no depende de relaciones, en una palabra, que es simple.



Hablar entonces de una verdad absoluta es hablar de una verdad simple. Es un buen ejercicio permutar esas dos palabras en las frases que usamos habitualmente para ver el efecto desmitificador que se produce. Por ejemplo, en vez de decir: La religión cristiana no tiene sentido sin la postulación de la verdad absoluta, se puede decir: La religión cristiana no tiene sentido sin la postulación de la verdad simple. Con ello se ha dicho exactamente lo mismo, y la ventaja de la segunda fórmula es evidente: marea menos.

El problema para algunos sofisticados intelectuales de nuestro tiempo es que la segunda fórmula tiene menos distinción, no es elegante ni causa el impacto deseado. Por eso insisten en castigar a su sufrida feligresía con un término que no usan bien.

18 julio 2007

Fragmentos de filosofía y religión - 10

Verdad absoluta: negada y afirmada a la vez

La Biblia nos habla de la ira de Dios, pero ¿puede Dios tener sentimientos? ¿Acaso tener sentimientos no significa padecer? Y si es así, ¿puede padecer un ser que es perfecto?

Seguramente hemos escuchado este tipo de preguntas infinidad de veces. Lo que hay que tener claro es que no hay manera de resolverlas mediante un conocimiento definitivo, consistente y coherente, de la naturaleza divina. Los problemas lógicos que se siguen a partir de los intentos de dar respuesta a preguntas como esas son incontables, interminables e irresolubles. Frente a ello, la salida teológica clásica es la del recurso al misterio: la naturaleza divina se halla más allá de la capacidad humana de conocer, de modo que lo sensato es no aspirar a una coherencia y consistencia absolutas en nuestros discursos acerca de Dios.

Pues bien: el creyente escéptico sigue fielmente este consejo. Si Dios es un misterio, nada de lo que digamos acerca de él puede ser considerado un conocimiento verdadero en un sentido apodíctico, ni por lo tanto una verdad de la que no podamos dudar. Hay que aceptarlo con valentía: no es posible tal conocimiento en esta vida. Qué le vamos a hacer: no hay una verdad absoluta respecto de Dios que se halle al alcance de nuestra capacidad cognoscitiva. De haberla, la fe sería innecesaria.

Las imágenes que ilustran este fragmento han sido tomadas de una célebre parodia de la Inquisición española realizada por Monty Python, el famoso grupo cómico británico de los años setenta. Cuando unos personajes son presionados a responder a ciertas preguntas triviales, exclaman, a modo de queja: ¡No esperaba a la Inquisición española! Dicho lo cual, aparecen en escena tres cardenales que dicen: ¡Nadie espera a la Inquisición española! Y empieza un interrogatorio hilarante con unas torturas muy tontas. Bueno, tampoco en Lima se espera a la Inquisición española, pero en previsión de lo inesperado, más vale aclarar que no niego la verdad absoluta.

La religión no tiene sentido sin la afirmación de la verdad absoluta. Ocurre, sin embrago, que no es una verdad cognoscitiva. Leído lo cual, tampoco se debe saltar a la conclusión, igualmente infundada, de que entonces la fe es irracional. Nada sería más ajeno a la tradición cristiana.

Si no quedó claro, aquí va otra vez: opino que en la religión cristiana la verdad absoluta es enteramente racional, a pesar de no ser una verdad cognoscitiva. Me parece, más bien, que la verdad absoulta es performativa... pero eso será materia de otra entrada.

17 julio 2007

Fragmentos de filosofía y religión - 9

Nota sobre la creencia escéptica


El creyente escéptico puede asumir, sin dificultad alguna, la existencia de Dios como verdad religiosa absoluta. Es más, puede incluso convertir esa verdad en una creencia fundamental de su vida, sin dejar de actuar racionalmente como un escéptico.

¿Qué es, entonces, aquello que lo distingue como escéptico de cualquier otro creyente?

Su capacidad de reconocer que, a pesar de su creencia en Dios, es perfectamente posible que Dios no exista.